viernes, 27 de marzo de 2026

UN DEBATE EN TORNO A LOS HECHOS HISTÓRICOS EN EL AGRO PERUANO

 


Posiciones de Gonzalo Fernandez

¿Dónde queda, para qué sirve el llamado a "Peruanizar el Perú?    Resulta que para valorar algo tan nuestro, tan peruano, como la Reforma Agraria empezada a implantarse en 1969, el autor del comentario nos hace viajar en el tiempo a lejanas latitudes del planeta tierra. ¿Eso es la materialización de "Ni calco ni copia, creación heroica”??

El comentarista para interpretar lo ocurrido en el Perú nos lleva a hacer un paralelo con !!RUSIA!! Para esto arranca con estudios teóricos de Carlos Marx de 1872, es decir de hace 154 años, referidos a Inglaterra. Luego menciona a Federico Engels quien estudio las guerras campesinas en Alemania, referidas al año 1525 !!! ¡¡No me jodan!!

En 1525 Pizarro no había arribado aún a Cajamarca y un conflicto de esos años en los campos de Alemania, va a servir para interpretar lo hecho por el Gral Velasco... ! ¡Dios Mio!

En el Perú, además de Mariátegui, se ha escrito libros, tesis, tratados, ensayos, artículos, se han organizado conferencias, paneles, etc.  sobre la RA 1969 y sus consecuencias. Sin embargo, para el comentarista nada de eso existe. Se limita a mencionar un autor cuyo aporte es muy relativo. Cuando Arones pisa tierra, escribe disparates sin sustento alguno. Todo por no decir: "la reforma agraria de 1969 fue pro terrateniente" mayúscula estupidez solo comparable a la de: "el régimen de Velasco fue fascista"

Respecto a la reforma agraria de 1969, el articulista quiere sorprender recurriendo al tremendismo de la autoridad de los investigadores académicos, como si tales fuentes fueran unánimes en lo que el plantea como principio indiscutible: que la reforma agraria de 1969 fue revolucionaria, además única en su género; pero esto es una maniobra falaz, los investigadores no son unánimes y hay diferencias entre ellos.

Concedamos primero que no se debe evaluar la reforma del 1969 con el prejuicio seudogerencial de la derecha oligárquica desplazada, la cual condena como “colectivista” lo que fue, en realidad, un modelo cooperativista formal. Esta forma de organización, tan exaltada como si fuera una “creación heroica” del militar Velasco, fue una forma de sociedad privada seudo autónoma, copiada del modelo “ni capitalista ni comunista” de Yugoslavia, país que participó en el plan Marshall norteamericano después de la segunda guerra mundial. Claro que no sabemos si el articulista ignora estos antecedentes, tanto el modelo de autogestión yugoslavo como la reforma agraria del General Mac Arthur en Japón, también impulsada por Estados Unidos, o el articulista lo sabe y pretende tomar por ignorantes a los que hemos estudiado fríamente los números y los hechos históricos.

Pero tampoco se debe asumir el punto de vista apologético que exalta a Velasco Alvarado (“el general Velasco”, análogo ideológicamente en el culto a la personalidad a “el presidente Gonzalo”, los apologistas se parecen en ese aspecto) como si fuera un líder “tercermundista” que superó al capitalismo y al comunismo. Vamos a las cifras: los campesinos involucrados como socios del modelo cooperativista de las CAP fueron SOLAMENTE el 5 % del total del campesinado peruano, llegando como máximo al 8 % en el mejor de los casos (KAY, Cristobal), así que la demagogia de los velasquistas-antauristas se desmorona con la realidad y los datos duros (el famoso “dato mata relato”). La inmensa mayoría del campesinado permaneció en las comunidades campesinas indígenas, dedicadas al cultivo de subsistencia y al pastoreo extensivo, y en el minifundismo más vinculado al mercado local y nacional. Estas CAPS se dividían entre los complejos agroazucareros de la costa norte y las Caps no azucareras. El aspecto positivo que se reconoce, digámoslo de frente, fue el derrocamiento de la oligarquía azucarera, representa una contradicción en el seno de las clases explotadoras, el nuevo sector comercial y financiero urbano -del cual Velasco fue un impulsor, (mediante el endeudamiento con los petrodólares y el FMI, aprox 1900 millones de dólares)- desplazó a la oligarquía latifundista costeña en su posición económica y en su hegemonía política, los nuevos ricos aupados con Velasco ya eran banqueros y comerciantes, el caso paradigmático es el grupo Romero, que de terrateniente pasó a la banca. Esto ocultan y pretenden que olvidemos los apologistas velasco-antauristas.

Pero en el resto de CAPS no azucareras los conflictos internos entre capas de trabajadores, las deudas, los despilfarros, las gestiones improvisadas, pero sobre todo las deudas hicieron que dentro de las cooperativas se iniciasen unos procesos de parcelación desigual y muy disputada. Estos procesos son vistos por muchos especialistas como un accidente desafortunado que llevó al fracaso a la “revolución tercerista” agraria de Velasco. No hay tal: la deuda fue el camino para transferir a los parceleros un proceso de acumulación de capital y desarrollo de monocultivos comerciales, pues desaparecieron todos los rastros de yanaconaje y de subsistencia. Sobre todo en la costa y en los valles templados de la sierra la parcelación derivó en competencia aguda entre los campesinos que persistían y los que quebraban, los que persistían tenían deuda heredada de las CAPS y los que quebraban vendían la tierra y se desplazaban: se creó así un mercado interno más diversificado.

Aquí hacemos la aclaración de que tal parcelación no se trató de una “vía campesina”, pues la vinculación con la banca privada y los prestamistas unía a varios de los nuevos parceleros con el mercado internacional de fertilizantes, semillas y agrotóxicos, ni tampoco fue una “vía terrateniente” clásica de países capitalistas independientes; se trató de una “vía neocolonial agraria”, la cual luego se intensificó con los gobiernos de Belaunde y García primero y después con la recomposición de un nuevo latifundismo con Fujimori; así que tampoco le damos crédito a los análisis maniqueos de la oligarquía desplazada (lampadia, IPE y otros)  ni a los “análisis” de apologistas etnonacionalistas del “tercer camino”, asimismo tampoco le damos valor actual a las disquisiciones de Arones, las cuales son demasiado doctrinaristas, e inaplicables a la situación actual, no porque el Perú sea un país andino místicamente profundo y con una mentalidad especial y demás sandeces que repiten los etnonacionalistas, los racistas inversos y los velasquistas apologetas insipientes, sino porque el país es un país semicolonial en el cual se ejecutó primero una gestión privada cooperativa de endeudamiento, luego una segunda fase, monitoreada por la banca urbana, de fraccionamiento, quiebra y venta de las antiguas CAPS y finalmente un proceso de concentración de tierras en base al apoyo del estado a empresarios agroexportadores modernizados. Y no hablamos de “camino capitalista a secas” sino de un modelo de fases de gestión asesorada pública y gestión asesorada privada, pero conservando como saldo final la propiedad privada de la tierra en las zonas naturalmente productivas: Costa principalmente.

Por otro lado, entendamos que el país fue  sometido a diversas corrientes extranjeras reaccionarias y anticomunistas, una de las cuales fue justamente “el tercer camino” tercermundista de Velasco, Tito y Nasser -todos fracasados- tesis que ahora recogen los posmodernos de la “decolonialidad del poder y del saber”, estos nostálgicos asumen el “socialismo” peruano a partir de un culto artificial a pensamientos mágicos e irracionalistas, sea la Pachamama, el velasquismo ulisollantista, o ahora el fascista heideggeriano de Duguin. Así que no vengan con su supuesto indigenismo puro sin contaminación occidental, que bien afines al fascismo trasnochado étnico son.

En cuanto a las SAIS, la reforma agraria no restituyó las tierras comunales despojadas por las antiguas haciendas a las comunidades, el modelo SAIS integraba a las comunidades en sus límites precarios, sin cuestionar los despojos de los hacendados, solo convertía a las comunidades en beneficiarios rentistas de una problemática y futura ganancia de las actividades de la hacienda central convertida en SAIS, aquí si se podría hablar de un modelo próximo de evolución terrateniente burocrático, pero no hay que olvidar que las SAIS solo integraban como máximo hasta un 40% del total del campesinado peruano, así que tampoco los velasquistas pueden ufanarse de un “logro revolucionario” en estas zonas. El proceso de destrucción de las SAIS fue más rápido, sin mediación de deuda con banca urbana y con conflictos latentes entre diversas comunidades para integrar  las tierras de la SAIS a sus parcelas comunales propias; es decir, varias comunidades luchaban entre sí para tomar posesión de las parcelas o las zonas de pastoreo, así quedo una situación de conflicto latente entre comunidades, pero se llevó a cabo de todas maneras la parcelación, el reparto de ganado y la zonificación informal de pastos hacia diversas comunidades. Tal situación pretendió ser capitalizada por el senderismo extremista, pero fracasó al cabo de pocos años de iniciadas sus acciones. Actualmente esas zonas están atrasadas, castigadas por la emigración y dependientes más que nunca del consumo urbano y de los intermediarios nativos informales, el saldo de la reforma agraria fue más negativo en esas zonas. Sin embargo, no todo es negativo, lo positivo está en que las parcelaciones particulares serranas y en parte las parcelaciones particulares costeñas, repito, solo en parte, dan soporte a una característica que solo tiene el Perú: un cierto grado de soberanía alimentaria y una biodiversidad botánica y ganadera que da un soporte de vida a una economía nacional y a un mercado interno. Esta situación ya se perdió en Chile, Argentina y Brasil. Perú todavía tiene una gran cantidad de campesinos productivos, pero esto no fue mérito de Velasco, como quieren hacernos creer los apologetas, sino de los campesinos mismos

Tampoco nos da miedo situar a los personajes que agita como tótems el articulista, Entonces postulamos que los análisis de Mariátegui sobre el campesinado tendrán a lo más una disminuida y muy pequeña vigencia ahora, debido a la división interna de las comunidades campesinas, la economía mercantil lleva a esta diferenciación inevitable. Por esta última razón el etnicismo del campesinado en su conjunto es residual, aunque puede exaltarse en algunos sectores urbanos en forma artificial, pero siempre mezclado con racismo inverso y con anticomunismo, como claramente se distingue en los articulistas F. y E. En cuanto a Quijano, del trotquismo pasó al posmodernismo en su versión “decolonial”, la cual comparte con Dussel y Kohan, mexicano y argentino respectivamente, como buen posmoderno desecha el factor económico por ser este factor un planteamiento “marxista” y europeo para destacar en cambio la “mentalidad”, la colonialidad está en la mente, no en las estructuras internacionales ni en las ideologías y el estado. Arguedas hizo etnografía y literatura y es una de las bases de la nacionalidad, pero querer hacer de él un teórico que superó al marxismo es solo un delirio antaurista o pachamamista, delirio que continúa los postulados indigenistas de Luis E Valcárcel. Salazar Bondy tuvo un análisis aproximado al marxismo, quien haya leído “Lima, la horrible” se puede dar cuenta de esto, no nos tomen el pelo.  

Posiciones de Alonso Emilio

Hay que valorar el alcance del velasquismo en sus logros y sus fracasos. Ya sabemos que no se trató de una revolución proletaria y ni siquiera campesina. Se dio de arriba a abajo a través del poder de los militares y la burocracia estatal. Pero Velasco atacó directamente la colonialidad del poder (¿alguien lo ha hecho con más efectividad en el Perú? No las guerrillas, ni el PC, no SL, ni la Izquierda Unida, ni Humala, ni Perú Libre, ni Castillo.

Además, la valoración de la identidad quechua, pese a ser limitada, vale mucho. Revalorar el quechua no es como imponer el alemán o latinizar al mundo. Mientras sigamos con el esquema que todo lo reduce a la clase social no vamos a lograr valorar el proceso de Velasco. Entonces, hay mucho de la peruanización del Perú.

Nosotros los peruanos del interior, de la sierra tenemos un problema con la fractura que hay con la costa. El hombre de la costa muchas veces no dimensiona el problema de la identidad andina atada a su situación socio-económica. Después de todo, en la costa desaparecieron TODOS los idiomas nativos (Culli, Hibito, Cholón, Muchik, Sechura, Tallán, Quingnam, etc.). Hoy el quechua costeño está muerto. El hombre de la sierra —muchas veces— al ir a la costa se avergüenza de su clase social (ej. campesino), idioma, apellido, color de piel, rasgos físicos, idiomas nativos, dialecto español, pueblo de origen, prendas tradicionales, y hasta de sus papás.

Todo eso es parte de la colonialidad del saber y sobre todo la colonialidad del ser. Velasco intentó atacar eso, exitoso o no, merece mayor cuidado en estudiar.

Es desconocimiento y terquedad. No existen Quijano, Salazar Bondy, Flores Galindo, Gamaliel Churata, Arguedas. La izquierda marxista "ortodoxa" los entierra, los ignora. ¿Esos hombres se sacaron la mugre por gusto para crear lo que hicieron y dedicar su vida a entender mejor el Perú para transformarlo?

No vale la pena refutar a este señor, su ignorancia es supina y su argumentación es pobre y patética, pero diremos algunas palabras sobre el militar Velasco: su política demagógica “ni capitalista ni comunista” se inspiró, como ya se ha dicho, en el titoismo y el nasserismo, la nacionalización de “recursos estratégicos” no era incompatible con los préstamos de la banca privada, como también ya se ha dicho; la política demagógica se combinaba con una dura represión a los movimientos populares urbanos, particularmente los de clase media, obreros y estudiantiles: Huanta y Ayacucho, mina Cobriza, represión de estudiantes de Lima. Velasco es el precursor de personajes dúplices en el campo internacional, como Kadafi y Saddam Hussein: por un lado, tienen actitudes y medidas nacionalistas, como nacionalizaciones de compañías norteamericanas y por otro lado siguen los lineamientos contrarrevolucionarios y anticomunistas de Estados Unidos. Lo que podemos admitir es que debimos haber tenido una doble política con esos tipos de gobiernos, por un lado, denunciar y combatir su represión y su intento de avasallamiento de movimientos populares, pero, por otro lado, apoyar críticamente las medidas nacionalistas, a pesar de su posterior fracaso. Justamente el militar Velasco se vio desbordado cuando la represión tocó a la prensa oligárquica, desde dentro de su gobierno y desde fuera de su gobierno, con Kissinger vía Morales Bermúdez, conspiraron para matarlo y sacarlo del poder, en el marco de la operación Cóndor. Esta operación barrió con lideres militares, como Torrijos en Panamá y Torres en Bolivia. Situaciones que no pudimos interpretar a tiempo por el radicalismo meramente antigubernamental; pero eso no quiere decir que los movimientos de resistencia, particularmente los estudiantiles, estuvieran mayormente equivocados, pues la política educativa velasquista era copia fiel del departamentalismo norteamericano y se resistió en esa época.

Finalmente, Arones trae provocadores, como F. y E., para desviar la polémica de temas realmente importantes a una discusión estrictamente localizada en el pasado, sin compromiso ni ideológico ni organizativo, concorde a su línea frentista indiscriminada y academizando el marxismo a un mero método de análisis.

27 marzo 2026

Un peruano sin más.

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