Posiciones de Gonzalo Fernandez
¿Dónde queda, para qué sirve el
llamado a "Peruanizar el Perú?
Resulta que para valorar algo tan nuestro, tan peruano, como la Reforma
Agraria empezada a implantarse en 1969, el autor del comentario nos hace viajar
en el tiempo a lejanas latitudes del planeta tierra. ¿Eso es la materialización
de "Ni calco ni copia, creación heroica”??
El comentarista para interpretar
lo ocurrido en el Perú nos lleva a hacer un paralelo con !!RUSIA!! Para esto
arranca con estudios teóricos de Carlos Marx de 1872, es decir de hace 154
años, referidos a Inglaterra. Luego menciona a Federico Engels quien estudio
las guerras campesinas en Alemania, referidas al año 1525 !!! ¡¡No me jodan!!
En 1525 Pizarro no había arribado
aún a Cajamarca y un conflicto de esos años en los campos de Alemania, va a
servir para interpretar lo hecho por el Gral Velasco... ! ¡Dios Mio!
En el Perú, además de Mariátegui,
se ha escrito libros, tesis, tratados, ensayos, artículos, se han organizado
conferencias, paneles, etc. sobre la RA
1969 y sus consecuencias. Sin embargo, para el comentarista nada de eso existe.
Se limita a mencionar un autor cuyo aporte es muy relativo. Cuando Arones pisa
tierra, escribe disparates sin sustento alguno. Todo por no decir: "la
reforma agraria de 1969 fue pro terrateniente" mayúscula estupidez solo
comparable a la de: "el régimen de Velasco fue fascista"
Respecto
a la reforma agraria de 1969, el articulista quiere sorprender recurriendo al
tremendismo de la autoridad de los investigadores académicos, como si tales
fuentes fueran unánimes en lo que el plantea como principio indiscutible: que
la reforma agraria de 1969 fue revolucionaria, además única en su género; pero
esto es una maniobra falaz, los investigadores no son unánimes y hay
diferencias entre ellos.
Concedamos
primero que no se debe evaluar la reforma del 1969 con el prejuicio
seudogerencial de la derecha oligárquica desplazada, la cual condena como
“colectivista” lo que fue, en realidad, un modelo cooperativista formal. Esta
forma de organización, tan exaltada como si fuera una “creación heroica” del
militar Velasco, fue una forma de sociedad privada seudo autónoma, copiada del
modelo “ni capitalista ni comunista” de Yugoslavia, país que participó en el
plan Marshall norteamericano después de la segunda guerra mundial. Claro que no
sabemos si el articulista ignora estos antecedentes, tanto el modelo de autogestión
yugoslavo como la reforma agraria del General Mac Arthur en Japón, también
impulsada por Estados Unidos, o el articulista lo sabe y pretende tomar por
ignorantes a los que hemos estudiado fríamente los números y los hechos
históricos.
Pero
tampoco se debe asumir el punto de vista apologético que exalta a Velasco
Alvarado (“el general Velasco”, análogo ideológicamente en el culto a la
personalidad a “el presidente Gonzalo”, los apologistas se parecen en ese
aspecto) como si fuera un líder “tercermundista” que superó al capitalismo y al
comunismo. Vamos a las cifras: los campesinos involucrados como socios del
modelo cooperativista de las CAP fueron SOLAMENTE el 5 % del total del campesinado
peruano, llegando como máximo al 8 % en el mejor de los casos (KAY, Cristobal),
así que la demagogia de los velasquistas-antauristas se desmorona con la
realidad y los datos duros (el famoso “dato mata relato”). La inmensa mayoría
del campesinado permaneció en las comunidades campesinas indígenas, dedicadas
al cultivo de subsistencia y al pastoreo extensivo, y en el minifundismo más
vinculado al mercado local y nacional. Estas CAPS se dividían entre los
complejos agroazucareros de la costa norte y las Caps no azucareras. El aspecto
positivo que se reconoce, digámoslo de frente, fue el derrocamiento de la
oligarquía azucarera, representa una contradicción en el seno de las clases
explotadoras, el nuevo sector comercial y financiero urbano -del cual Velasco
fue un impulsor, (mediante el endeudamiento con los petrodólares y el FMI,
aprox 1900 millones de dólares)- desplazó a la oligarquía latifundista costeña
en su posición económica y en su hegemonía política, los nuevos ricos aupados
con Velasco ya eran banqueros y comerciantes, el caso paradigmático es el grupo
Romero, que de terrateniente pasó a la banca. Esto ocultan y pretenden que
olvidemos los apologistas velasco-antauristas.
Pero
en el resto de CAPS no azucareras los conflictos internos entre capas de
trabajadores, las deudas, los despilfarros, las gestiones improvisadas, pero
sobre todo las deudas hicieron que dentro de las cooperativas se iniciasen unos
procesos de parcelación desigual y muy disputada. Estos procesos son vistos por
muchos especialistas como un accidente desafortunado que llevó al fracaso a la
“revolución tercerista” agraria de Velasco. No hay tal: la deuda fue el camino
para transferir a los parceleros un proceso de acumulación de capital y
desarrollo de monocultivos comerciales, pues desaparecieron todos los rastros
de yanaconaje y de subsistencia. Sobre todo en la costa y en los valles
templados de la sierra la parcelación derivó en competencia aguda entre los
campesinos que persistían y los que quebraban, los que persistían tenían deuda
heredada de las CAPS y los que quebraban vendían la tierra y se desplazaban: se
creó así un mercado interno más diversificado.
Aquí
hacemos la aclaración de que tal parcelación no se trató de una “vía
campesina”, pues la vinculación con la banca privada y los prestamistas unía a varios
de los nuevos parceleros con el mercado internacional de fertilizantes,
semillas y agrotóxicos, ni tampoco fue una “vía terrateniente” clásica de
países capitalistas independientes; se trató de una “vía neocolonial agraria”, la
cual luego se intensificó con los gobiernos de Belaunde y García primero y después
con la recomposición de un nuevo latifundismo con Fujimori; así que tampoco le
damos crédito a los análisis maniqueos de la oligarquía desplazada (lampadia,
IPE y otros) ni a los “análisis” de
apologistas etnonacionalistas del “tercer camino”, asimismo tampoco le damos
valor actual a las disquisiciones de Arones, las cuales son demasiado
doctrinaristas, e inaplicables a la situación actual, no porque el Perú sea un
país andino místicamente profundo y con una mentalidad especial y demás
sandeces que repiten los etnonacionalistas, los racistas inversos y los
velasquistas apologetas insipientes, sino porque el país es un país
semicolonial en el cual se ejecutó primero una gestión privada cooperativa de
endeudamiento, luego una segunda fase, monitoreada por la banca urbana, de
fraccionamiento, quiebra y venta de las antiguas CAPS y finalmente un proceso
de concentración de tierras en base al apoyo del estado a empresarios
agroexportadores modernizados. Y no hablamos de “camino capitalista a secas”
sino de un modelo de fases de gestión asesorada pública y gestión asesorada privada,
pero conservando como saldo final la propiedad privada de la tierra en las
zonas naturalmente productivas: Costa principalmente.
Por
otro lado, entendamos que el país fue sometido a diversas corrientes extranjeras
reaccionarias y anticomunistas, una de las cuales fue justamente “el tercer
camino” tercermundista de Velasco, Tito y Nasser -todos fracasados- tesis que
ahora recogen los posmodernos de la “decolonialidad del poder y del saber”,
estos nostálgicos asumen el “socialismo” peruano a partir de un culto
artificial a pensamientos mágicos e irracionalistas, sea la Pachamama, el
velasquismo ulisollantista, o ahora el fascista heideggeriano de Duguin. Así
que no vengan con su supuesto indigenismo puro sin contaminación occidental,
que bien afines al fascismo trasnochado étnico son.
En
cuanto a las SAIS, la reforma agraria no restituyó las tierras comunales
despojadas por las antiguas haciendas a las comunidades, el modelo SAIS
integraba a las comunidades en sus límites precarios, sin cuestionar los despojos
de los hacendados, solo convertía a las comunidades en beneficiarios rentistas
de una problemática y futura ganancia de las actividades de la hacienda central
convertida en SAIS, aquí si se podría hablar de un modelo próximo de evolución
terrateniente burocrático, pero no hay que olvidar que las SAIS solo integraban
como máximo hasta un 40% del total del campesinado peruano, así que tampoco los
velasquistas pueden ufanarse de un “logro revolucionario” en estas zonas. El
proceso de destrucción de las SAIS fue más rápido, sin mediación de deuda con
banca urbana y con conflictos latentes entre diversas comunidades para integrar
las tierras de la SAIS a sus parcelas
comunales propias; es decir, varias comunidades luchaban entre sí para tomar
posesión de las parcelas o las zonas de pastoreo, así quedo una situación de
conflicto latente entre comunidades, pero se llevó a cabo de todas maneras la
parcelación, el reparto de ganado y la zonificación informal de pastos hacia
diversas comunidades. Tal situación pretendió ser capitalizada por el
senderismo extremista, pero fracasó al cabo de pocos años de iniciadas sus
acciones. Actualmente esas zonas están atrasadas, castigadas por la emigración
y dependientes más que nunca del consumo urbano y de los intermediarios nativos
informales, el saldo de la reforma agraria fue más negativo en esas zonas. Sin embargo,
no todo es negativo, lo positivo está en que las parcelaciones particulares
serranas y en parte las parcelaciones particulares costeñas, repito, solo en
parte, dan soporte a una característica que solo tiene el Perú: un cierto grado
de soberanía alimentaria y una biodiversidad botánica y ganadera que da un
soporte de vida a una economía nacional y a un mercado interno. Esta situación
ya se perdió en Chile, Argentina y Brasil. Perú todavía tiene una gran cantidad
de campesinos productivos, pero esto no fue mérito de Velasco, como quieren
hacernos creer los apologetas, sino de los campesinos mismos
Tampoco
nos da miedo situar a los personajes que agita como tótems el articulista,
Entonces postulamos que los análisis de Mariátegui sobre el campesinado tendrán
a lo más una disminuida y muy pequeña vigencia ahora, debido a la división
interna de las comunidades campesinas, la economía mercantil lleva a esta
diferenciación inevitable. Por esta última razón el etnicismo del campesinado
en su conjunto es residual, aunque puede exaltarse en algunos sectores urbanos
en forma artificial, pero siempre mezclado con racismo inverso y con
anticomunismo, como claramente se distingue en los articulistas F. y E. En
cuanto a Quijano, del trotquismo pasó al posmodernismo en su versión
“decolonial”, la cual comparte con Dussel y Kohan, mexicano y argentino
respectivamente, como buen posmoderno desecha el factor económico por ser este
factor un planteamiento “marxista” y europeo para destacar en cambio la
“mentalidad”, la colonialidad está en la mente, no en las estructuras
internacionales ni en las ideologías y el estado. Arguedas hizo etnografía y
literatura y es una de las bases de la nacionalidad, pero querer hacer de él un
teórico que superó al marxismo es solo un delirio antaurista o pachamamista, delirio
que continúa los postulados indigenistas de Luis E Valcárcel. Salazar Bondy
tuvo un análisis aproximado al marxismo, quien haya leído “Lima, la horrible”
se puede dar cuenta de esto, no nos tomen el pelo.
Posiciones de Alonso Emilio
Hay que valorar el alcance del
velasquismo en sus logros y sus fracasos. Ya sabemos que no se trató de una
revolución proletaria y ni siquiera campesina. Se dio de arriba a abajo a
través del poder de los militares y la burocracia estatal. Pero Velasco atacó
directamente la colonialidad del poder (¿alguien lo ha hecho con más
efectividad en el Perú? No las guerrillas, ni el PC, no SL, ni la Izquierda
Unida, ni Humala, ni Perú Libre, ni Castillo.
Además, la valoración de la
identidad quechua, pese a ser limitada, vale mucho. Revalorar el quechua no es
como imponer el alemán o latinizar al mundo. Mientras sigamos con el esquema
que todo lo reduce a la clase social no vamos a lograr valorar el proceso de
Velasco. Entonces, hay mucho de la peruanización del Perú.
Nosotros los peruanos del
interior, de la sierra tenemos un problema con la fractura que hay con la
costa. El hombre de la costa muchas veces no dimensiona el problema de la
identidad andina atada a su situación socio-económica. Después de todo, en la
costa desaparecieron TODOS los idiomas nativos (Culli, Hibito, Cholón, Muchik,
Sechura, Tallán, Quingnam, etc.). Hoy el quechua costeño está muerto. El hombre
de la sierra —muchas veces— al ir a la costa se avergüenza de su clase social
(ej. campesino), idioma, apellido, color de piel, rasgos físicos, idiomas
nativos, dialecto español, pueblo de origen, prendas tradicionales, y hasta de
sus papás.
Todo eso es parte de la
colonialidad del saber y sobre todo la colonialidad del ser. Velasco intentó
atacar eso, exitoso o no, merece mayor cuidado en estudiar.
Es desconocimiento y terquedad.
No existen Quijano, Salazar Bondy, Flores Galindo, Gamaliel Churata, Arguedas.
La izquierda marxista "ortodoxa" los entierra, los ignora. ¿Esos
hombres se sacaron la mugre por gusto para crear lo que hicieron y dedicar su
vida a entender mejor el Perú para transformarlo?
No
vale la pena refutar a este señor, su ignorancia es supina y su argumentación
es pobre y patética, pero diremos algunas palabras sobre el militar Velasco: su
política demagógica “ni capitalista ni comunista” se inspiró, como ya se ha
dicho, en el titoismo y el nasserismo, la nacionalización de “recursos
estratégicos” no era incompatible con los préstamos de la banca privada, como
también ya se ha dicho; la política demagógica se combinaba con una dura
represión a los movimientos populares urbanos, particularmente los de clase
media, obreros y estudiantiles: Huanta y Ayacucho, mina Cobriza, represión de
estudiantes de Lima. Velasco es el precursor de personajes dúplices en el campo
internacional, como Kadafi y Saddam Hussein: por un lado, tienen actitudes y
medidas nacionalistas, como nacionalizaciones de compañías norteamericanas y
por otro lado siguen los lineamientos contrarrevolucionarios y anticomunistas
de Estados Unidos. Lo que podemos admitir es que debimos haber tenido una doble
política con esos tipos de gobiernos, por un lado, denunciar y combatir su
represión y su intento de avasallamiento de movimientos populares, pero, por
otro lado, apoyar críticamente las medidas nacionalistas, a pesar de su
posterior fracaso. Justamente el militar Velasco se vio desbordado cuando la
represión tocó a la prensa oligárquica, desde dentro de su gobierno y desde
fuera de su gobierno, con Kissinger vía Morales Bermúdez, conspiraron para
matarlo y sacarlo del poder, en el marco de la operación Cóndor. Esta operación
barrió con lideres militares, como Torrijos en Panamá y Torres en Bolivia.
Situaciones que no pudimos interpretar a tiempo por el radicalismo meramente
antigubernamental; pero eso no quiere decir que los movimientos de resistencia,
particularmente los estudiantiles, estuvieran mayormente equivocados, pues la
política educativa velasquista era copia fiel del departamentalismo
norteamericano y se resistió en esa época.
Finalmente,
Arones trae provocadores, como F. y E., para desviar la polémica de temas
realmente importantes a una discusión estrictamente localizada en el pasado,
sin compromiso ni ideológico ni organizativo, concorde a su línea frentista
indiscriminada y academizando el marxismo a un mero método de análisis.
27
marzo 2026
Un
peruano sin más.
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