Manuel Mosquera*
25/08/08
El Expediente Mafioso
A inicios de los '80 se destapó el caso de Carlos Lamberg, lo que fue no sólo
un escándalo sino que permitió esclarecer las conexiones de los altos
dirigentes del APRA (Partido Aprista) con el narcotráfico. Lamberg fue uno de
los principales financistas de la campaña presidencial de Armando Villanueva
del Campo en 1980, época en la que adquirió Villa Mercedes, hogar de Víctor
Raúl Haya de la Torre.
Las investigaciones periodísticas de aquellos años demostraron que existía
dentro del APRA una conexión mafiosa, en la que estaba comprometido el
mismísimo Jorge Idiáquez (Secretario Personal de Haya de la Torre), detenido en
México junto con Lamberg en posesión de once kilos de clorhidrato de cocaína.
Gracias a las afinidades proimperialistas entre el PRI (Partido Revolucionario
Institucional) de México y el APRA, no encarcelaron a Lamberg
Este, no fue un hecho aislado. En esos años, Alan García Pérez llegó a tener
como cliente de su estudio jurídico de efímera existencia a Evaristo Porras
Ardila, uno de los principales narcos colombianos. De inmediato Vladimiro
Montesinos, alias El Doc, asumiría su defensa, ayudándolo a fugar del país.
Durante el primer gobierno de García Pérez el Estado peruano se transformó en
un Narco-Estado. Producto de las políticas antinacionales y estagflaccionarias,
la economía y la sociedad ingresaron a un proceso acelerado de corrupción y
descomposición nunca antes visto en la historia del Perú.
Junto con las matanzas que se sucedieron en todo el país, las políticas
estatales de recesión e inflación destruyeron la economía urbano - popular y la
campesina, permitiendo que los cárteles de la droga controlaran gran parte del
territorio amazónico mediante el terror. Desde la segunda mitad de los años
'80, la economía de la droga se convirtió en la principal fuente de
financiamiento del Estado peruano y de acumulación capitalista de la oligarquía
y de las burguesías regionales, lo que hasta cierto punto permitió que se
pudiera mantener al Ejército en la supuesta lucha antisubversiva. Así como a
amplios sectores de la tecnocracia aprista, que había tomado por asalto las
dependencias estatales.
Las cerezas que coronaron al pastel fueron los casos del diputado aprista
Miguel Ángel del Pomar y del general FAP® Frank Tweedle, descubierto en 1989
cuando trataba de sacar del país un maletín lleno de clorhidrato de cocaína. Un
año después caería en la Argentina la motonave peruana Mar Pacífico con 250
kilos de cocaína. El mafioso del Pomar huyó del país luego de quedar al
descubierto su actividad delictiva conchabada con altos dirigentes del
APRA.
El Estado mafioso alcanzó mayores dimensiones con sus abyectos continuadores:
Montesinos y Fujimori, la dupla del oprobio.
Imperio y Peón Sudamericanos
Desde su constitución como partido político, el APRA se caracterizó por su
vocación caudillista con fuerte influencia mussoliniana. Saludos, estandartes,
desfiles, himnos, documentación ampulosa, en fin, toda su parafernalia está
inspirada en el fascismo italiano.
Su arraigo de masas se circunscribió a la burguesía media y al proletariado
cañero del norte y a sectores pauperizados de Lima, sectores sociales golpeados
por la crisis en los inicios de la década del 30. Se levantaron en armas, y
fueron derrotados y fusilados, víctimas de la feroz represión. A consecuencia
de ello, parte de la dirección aprista fugó del país mientras los militantes de
base eran acosados, encarcelados y hasta asesinados.
Quince años después, Víctor Raúl Haya de la Torre dejaría la retórica
antiimperialista para perfilar definitivamente al APRA como partido
"liberal" y anticomunista. El cacareado "panamericanismo"
le serviría para articularse a la pax americana, embarcarse en el cogobierno
1945-1948 con Luis Bustamante y Rivero. Más adelante, tramar con astucia
sucesivas alianzas con el dictador Manuel Apolinario Odría y el representante
de la oligarquía Manuel Prado Ugarteche. La superconvivencia con la oligarquía
convirtió a Haya de la Torre en acomedido vigilante del orden oligárquico junto
con el Partido Aprista.
Como resultado de su política servil con los dueños del Perú, en 1956 surgió el
APRA Rebelde, es decir, lo poco rescatable que quedaba de su gente. Liderando
la escisión, se encontraba Luis de la Puente Uceda, muerto en combate años
después, a la cabeza del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y de sus
hombres alzados en armas.
Cincuenta años más tarde, y con el lastre de su desastroso gobierno 1985-1990,
Alan García asumió el guión escrito por Washington para su campaña electoral,
enfilando sus baterías contra el líder venezolano Hugo Chávez y el movimiento
patriótico que ubicó a Ollanta Humala Tasso en la cresta de la ola.
Con el apoyo de la embajada norteamericana en Lima, Alan García logró imponerse
al movimiento nacionalista. En este propósito colaboraron la burguesía
trasnacionalizada, las corporaciones y el fraude electoral. Para el imperio era
importante derrotar en el Perú a la corriente patriótica para impedir la
expansión del movimiento antiimperialista y la consolidación del proyecto
bolivariano gestado en Venezuela, que conjuntamente con Cuba representan el eje
catalizador de la unidad y la real independencia de Latinoamericana.
La estrategia geopolítica yanqui se orienta a la constitución de gobiernos
peleles, destinados a establecer el área de libre comercio. Los TLC (Tratados
de Libre Comercio) representan la profundización del neoliberalismo y la
destrucción total de las estructuras económicas y sociales erigidas en los
países de Latinoamérica en los últimos ochenta años. El objetivo es desaparecer
el Estado-Nación, su posterior absorción por parte de las mega corporaciones y,
finalmente, construir el modelo Corporación-Estado bajo la protección del
ejército estadounidense. Irak es el dramático ejemplo de la absorción de un
país por las grandes corporaciones imperialistas. Con la nueva expresión
colonial las mega empresas consolidarán sus dominios políticos y la apropiación
de minas, campos petroleros y gasíferos, recursos hídricos, bosques,
yacimientos mineros, control de la producción de drogas.
De acuerdo con los resultados de las investigaciones, desde hace más de veinte
años la participación en el narcotráfico es una de las principales fuentes de
acumulación de las transnacionales y del gobierno norteamericano. El cual para
consumar su dominio impulsa la constitución de estados narco-terroristas, como
el que hubo en Bolivia tras el asesinato del general J. J. Torres y los
talibanes en Afganistán. Con la destrucción total de las leyes, la ofensiva
neoliberal pone a millones de personas en condiciones de esclavitud. Con esto
intentan impedir la expansión en Latinoamérica de China Popular y las
corporaciones de la Unión Europea. La lucha es, como en las dos guerras
mundiales, por el control de los mercados y para poner atajo a la crisis económica
por la que atraviesa EE.UU.
Para llevar adelante su plan genocida, Washington requiere destruir a las
revoluciones bolivariana y cubana, así como al bloque democrático-popular que
conduce el Presidente Evo Morales Ayma en la hermana Bolivia. Tales procesos
representan la lucha por el control de territorios, manejo de recursos e
impuestos justos a los monopolios. Por su inquebrantable lucha
antiimperialista, Fidel Castro y Hugo Chávez han ganado el respeto y la
solidaridad de los pueblos del continente y el mundo entero.
El APRA con Alan García a la cabeza ha reforzado el discurso y la práctica
proimperialista. Junto con Colombia, Chile y México construyen una alianza
continental para apoyar a los EE.UU. en su lucha por aislar y destruir los
procesos por la autonomía nacional, que se viene expandiendo por todo el
continente como el fuego sobre los pastizales resecos.
Para eso hicieron ganar al APRA en las elecciones presidenciales.
* Manuel Mosquera es Antropólogo, Periodista y Co Editor del
periódico Juan Pueblo.
Fuente: https://www.nodo50.org/mariategui/apranarcotraficoysumision.htm
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