domingo, 24 de enero de 2021

NUEVO ORDEN DIGITAL O LA JAULA 5.0

 


Ilán Semo

 

Fue Max Weber en La ética del protestantismo y el espíritu del capitalismo (1905) quien señaló el dilema central que acabaría arrojando la racionalización de las sociedades industriales sobre las condiciones de vida. Tal y como sucedió, el cálculo (o la opción) racional convertiría al trabajador en un engranaje más de una maquinaria burocrática cuya única perspectiva de transformación sería pensar en un engranaje mayor y más complejo. Tiempo después, Talcott Parsons tradujo la noción que veía al ser humano siendo reducido a una pieza de los mecanismos de una maquinaria burocrática como una jaula de hierro. Desde entonces, la metáfora quedó adscrita, no sin buenas razones, al puño de Weber.

Un siglo después, ya en el XXI, la tecnocracia habría de sustituir a la burocracia –dos formas de control y dominación radicalmente distintas– y el principio de la jaula de hierro se transformaría en una nueva maquinaria sin afuera ni límites predecibles. Por ahora la llamaremos la jaula 5.0.

La digitalización del mundo, si así se puede definir a la tendencia (ya irreversible) de la cibernetización de todas y cada una de las relaciones humanas –des-de la producción y el comercio hasta el aprendizaje y la sexualidad– ha traído consigo un proceso doble: ahora la antigua maquinaria de control burocrático ha devenido un auténtico organismo (casi como si fuera un ser vivo) de control tecnocrático y sus engranajes ya no son sólo los trabajadores, sino todos y cada uno de quienes se insertan en las redes. Los engranajes han sido sustituidos por los chips. Internet ha dejado de ser un medio para tener el mundo a la mano; ahora somos nosotros el medio a través del cual el organismo-red se expande.

Hace algunas semanas, un alto funcionario de América Móvil recaudó más de 50 opiniones de expertos para esbozar cómo se vería la sociedad después de la estampida a las redes provocada por el confinamiento y la reclusión inducidas por la pandemia del Covid-19. Dividió ese desolador paisaje en 20 aspectos. Enumero los más perturbadores.

1. La situación actual, que es vista como un paréntesis de excepción pandémico, ya contiene los elementos esenciales de lo que será la nueva normalidad. En otras palabras, la nueva normalidad se asemeja mucho a lo que estamos viviendo en estos momentos.

2. El trabajo a distancia se impondrá cada vez más. Las formas híbridas de trabajo ( online y presencial) se reducirán drásticamente y, en muchos casos, desaparecerán por completo. El trabajo a distancia permite un control absoluto de los operadores (nuevo término que recibirán los trabajadores) y descarta las formas de solidaridad y resistencia entre ellos. Además aumenta exponencialmente los márgenes de utilidad y la eficacia productiva (léase: los niveles de explotación de las capacidades productivas de la gente).

3. Los grandes edificios y corporaciones de oficinas que hoy significan a la prosperidad de una ciudad, quedarán reducidos a monumentos de la era burocrática industrial. Algunos serán preservados como atractivos turísticos. Toda esa labor será ya invisible, disipada y fragmentada en el subsuelo de las conexiones digitales.

4. Los viajes y congresos de trabajo desaparecerán por completo. Las plataformas digitales producirán espacios virtuales y holográmicos para dar el efecto de presencias no virtuales. Y con ello, se hundirá toda la economía de la movilidad por razones de trabajo: rutas aéreas, hoteles, restaurantes, sitios de entretenimiento, etcétera.

5. Las casas se adaptarán al trabajo diario. Se abrirá una nueva época en el diseño, construcción y adecuación de interiores. Éstas serán los engranajes centrales de la jaula 5.0. La vida en sociedad –llámese oficina, fábrica, universidad, ONG, cine, cantina, etcétera– se reducirá gradualmente. Lo que quedará es un mar de vidas moleculares. Las cenas con los amigos, la familia o eventos casuales sucederán de vez en cuando durante el mes.

6. La productividad no dependerá de jefes ni de capataces. Sistemas digitales de autocontrol serán los encargados de vigilar y medir la eficiencia de cada actividad. Un orden jerárquico sin nombres ni rostros. No habrá protestas sociales, ya que no existirán los sujetos ni las instituciones que respondan a los sistemas de autocontrol.

7. La fuerza laboral se reducirá dramáticamente. Se avecina una era de despidos sin precedente en la era moderna. Las jornadas de trabajo se ampliarán a las cifras donde se encontraban en el siglo XIX: 10 o 12 horas al día. Los sindicatos y los organismos de resistencia quedarán inutilizados por la molecularización de la vida.

8. No habrá monedas ni billetes, ni dinero ni cajas y edificios bancarios. El dinero será estrictamente digital. Los bancos escaparán así a la condición que los obliga a mostrar sus activos en alguna forma dineraria o metálica. El seguimiento de los consumidores y sus vidas más íntimas será milímetrico.

9. La educación nunca regresará a lo que era. Será sustituida por la enseñanza a distancia o, a veces, los sistemas híbridos. Desaparecerá el estudiantado como fuerza política, social e intelectual.

Desde esta perspectiva, el confinamiento actual representa tal vez el primer y más gigantesco experimento empresarial para transformar la docilidad y adaptabilidad social de la jaula de hierro a la nueva jaula 5.0.

Fuente: La Jornada, México, 23 enero 2021

https://www.jornada.com.mx/2021/01/23/opinion/014a1pol

 

SUCESIÓN GENERACIONAL Y LAS TAREAS DEL PRESENTE

 


El pa­sado muere y renace en cada generación”

                                                                                  La Novela y la Vida

                                                                                             JCM

                                                                                       11-02-1926

 

Han transcurrido los 25 años, desde 1995 al 2020, considerada el periodo de gestión de la Cuarta Generación del Socialismo Peruano. Para hacer un balance de este periodo, es necesario partir de la aplicación de la normativa socialista y de organización política propuesta por Mariátegui, “Hay que prestar toda la atención posible a tres cosas: la preparación teórica socialista de nuestros grupos; el estudio directo de nuestros problemas, conforme al método marxista; la vinculación con las masas” (Carta de José Carlos Mariátegui a Ernesto Reyna-26 de enero de 1930.

Esta normativa es de aplicación para toda nueva oleada de activistas que participan en cada gestión generacional. Sin comprender y sin cumplir con esta normativa socialista y de organización política, no ha sido posible, ni será posible lograr la formación de una militancia revolucionaria. Conforme señala Mariátegui: “No es posible entregarse a medias a la Revolución. La revolución es una obra política. Es una realización concreta. Lejos de las muchedumbres que la hacen, nadie puede servirla mejor y válidamente. La labor revolucionaria no puede ser aislada, individual, dispersa. Los intelectuales de verdadera filiación revolucionaria no tienen más remedio que aceptar un puesto en una acción colectiva”

Después de Mariátegui, se han constituido diversas organizaciones, mal llamado partidos, que se dicen de izquierda, que forman parte del movimiento socialista nacional. Cuya labor de sus dirigentes se reduce a captar y conservar a sus activistas con incentivos de orden laboral dentro del aparato del Estado que logran controlar. Y estos pasan a ser los consecuentes defensores de su organización partidaria.

 En un escenario de crisis, se inicia el nuevo año 2021, año del Bicentenario de la Independencia del Perú. Donde el Perú superficial, el país formal, publicita sus programas conmemorativos a nivel de las Municipalidades Distritales, Provinciales, Gobiernos Regionales y Gobierno Central. Y, por otro lado, el Perú profundo, el país real, se proponen construir puentes de entendimiento entre las organizaciones populares para posibilitar la elaboración de nuevos proyectos para afrontar los desafíos de este siglo.

En el año 2020, la humanidad conoció la pandemia viral (Covid-19) Donde los trabajadores del mundo han sido encerrados en sus casas, además, una inmensa cantidad de trabajadores han quedado sin trabajo o con trabajo precario. El resultado, de este plan del sistema dominante, hace que el campo haya quedado abandonado y las ciudades abarrotadas de población sin empleo. Por otro lado, la población, los sectores populares y la clase trabajadora se encuentran desarticulados, sin organización propia que lo defienda.

Mariátegui, al referirse a la opinión de los escritores occidentales, señala: “No son pocos los escritores de Occidente que reducen la crisis de la democracia europea a un problema de “elites” Luego señala: “Las verdaderas “elites” intelectuales operan sobre la historia revolucionando la conciencia de una época. El verbo necesita hacerse carne. El valor histórico de las ideas se mide por su poder de principios o impulsos de acción. He aquí algo que los desconsolados críticos de la democracia parecen olvidar totalmente” Con esta aclaración, ante la realidad actual del país y de la clase, hoy, nos queda la pregunta, a que se debe la falta de una organización del proletariado peruano. Será a la falta de una “élite “del Socialismo Peruano.

En el periodo de la VG-SP, se cumple el Centenario del Partido Socialista del Perú y de 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (1928-2028) Para asumir una función decisiva en esta etapa histórica del socialismo peruano, se requiere que los activistas de esta generación cuenten con una preparación espiritual y doctrinaria, que les posibilite sentirse capaces de tomar en sus propias manos el timón.

 

                                                                                     Domingo Suárez

                                                                                           21-01-2021

 

SOCIEDAD COLMENA o SOCIEDAD DE LA VIGILANCIA

Google y Facebook se quedan con nuestros datos, incluso con nuestro historial de navegación para luego venderlos.

22/01/2021

En la variedad de especies sobre la tierra, los humanos, el bípedo sin plumas, es el único, en nuestra Era del Capitalismo de la Vigilancia, libro de Shoshana Zuboff que pagamos para que nos dominen. Google y Facebook se quedan con nuestros datos, incluso con nuestro historial de navegación para luego venderlos. Hoy se tiene más acceso a la internet que a la electricidad. La navegación nos la vendieron como una necesidad para nuestras vidas muy equiparable a la sangre que corre por nuestras venas o como el aire que respiramos, sin ellos morimos. Tanto es así que hoy se habla del acceso digital como un derecho vital. Pero el asunto acá es la modulación de nuestras conductas al servicio del Gran Capitalismo de Mercado Digital. Poder que se las ingenia para hacerse obedecer.

Las casas inteligentes con sus datos proporcionados son almacenadas por estos gigantes monopólicos de la internet. Bien dice la autora del libro referenciado que ellos son los titiriteros y nosotros, la gran masa maleable de los internautas somos los títeres como en Black Mirror de la serie de Neflix. No es exageración si recordamos cómo Facebook se ha metido en las elecciones de ciertos países para inducir o inclinar la votación al candidato que bien ha pagado para ganar. Mucho en el ser humano es transparentado por el mundo digital.

Pero bueno, esta antesala es en esencia para resaltar otra gravedad más que puede rayar con la estupidez. Las medidas a cuestionar tienen que ver con el control social o de biopolítica que ha motivado en gobernantes la denominada pandemia de Covid 19. En chiste se dice que cada mañana toca revisar cuál medida restrictiva es la vigente: pico y cédula, pico y placa, cuarentena, toque de queda…. Lo restrictivo raya con la manipulación, es, mucho mejor, control social, biopolítica, controlar los cuerpos, someterlos, hacerlos obedecer sin que opongan ninguna clase de resistencia. Llegar al grado de que sean dóciles, maleables, no interroguen, no se hagan preguntas de por qué eso o por qué aquello. Que haya obediencia ciega o incuestionada es la meta a cumplir. Esto en la práctica es quebrantar la voluntad que tienen cada persona, su aparato crítico le ha sido doblegado, apagado. Nadie dice nada, nadie protesta.

Y creed, se está logrando, los ciudadanos dóciles están, acatan a pie juntillas cualquier medida por absurda que sea del gobernante que de todo tiene interés, menos por el bienestar de la gente. Mírese esto de que una falencia logística de la salud como son la falta de camas UCI, incluso se está muy por debajo de las mínimas necesarias acorde a los estándares internacionales, se resuelva, decimos, con control social, con restringir la libre movilidad de la población. Y mucho peor aún, golpean la economía de los pobres y la clase media que se las tienen que ver día a día con tener que salir para llevar el pan a la mesa. Un dato para reforzar este desinterés filántropo de las clases gobernantes. Recuerden la corrupción en la hidroeléctrica de Hidroituango, alrededor de 12 billones de pesos colombianos, dos años del presupuesto de Medellín, fueron a parar a los bolsillos de la clase que gobierna. Dinero se ha tenido, se ha recaudado pero no se ha invertido en el bienestar de la población. Por eso no cuadra que un problema de inversión de salud lo quieran resolver encerrando al ciudadano, quitándole su libertad ganada siglos atrás. Esto da para decir, entonces, que la pandemia está sirviendo para hacer demagogia y para ensayar el control social hasta doblegar, quebrantar la voluntad ciudadana. O cómo explicar que éstas no han reducido las llamadas curvas de contagio, por el contrario, han aumentado. 

A renglón seguido, recordar lo absurdo del Poder bien reflejado en las obras de Kafka el Castillo y el Proceso, el ciudadano K, el personaje se ve apresado, inmovilizado por la mano del policía que no sabe explicar el porqué de su detención, simplemente aduce debe esperar que luego vendrá un funcionario, un burócrata a explicar sus razones. El funcionario no llega pero el apresamiento se mantiene y la promesa de algo así como esa mano invisible que captura y restringe la libertad. Para resumir es todo eso absurdo e invisible, que está ahí pero no se ve, pero que se padece: Es el Poder. El Poder que toma y suelta cuando así se le antoje. Lo importante es que cada quien se sienta notificado que puede ser dominado, que mientras más diestro es mucho mejor, mientras menos resistencia se tenga mejor.

Una variante parece alentadora y fue revelada por Blanchot y corresponde a algo así que no hacer nada para que todo pase, quedarse quieto para que de pronto surja lo inesperado, surja el cambio que favorece. Sucedió con las víctimas del holocausto, inermes, impotentes, y de pronto esto mismo se convirtió en fuerza liberadora. "Incluso en la obediencia hay resistencia... Nadie renuncia a su potencia propia, y el mandamiento comporta alguna concesión... Las libertades luchan por el poder y no por su existencia; el vencido no está aniquilado, sino que está rechazado o subordinado; nadie se aniquila en el orden del espíritu." Nietzsche. Cada individuo es energía, voluntad de potencia que puede ser victoria o vencimiento. La potencia nunca es neutralizada ni vencida. Con la pandemia algo parecido se ha dicho en relación con la ralentización de la economía que amenaza la propia existencia sobre el planeta. La Gaya ciencia dominadora versus la pacha mama gruñuna, regañona de nuestros indebidos, de nuestras malas prácticas que devastan a nuestra propia madre tierra. 

Es cierto que el mundo no está caminando a la misma velocidad, pero también es cierto que algunos muy pocos están ganando con la pandemia, Bill Gates ha aumentado sus riquezas con su empresa y con sus aparentes causas humanitarias en salud. Así las cosas, son una especie de medición de fuerza entre aquella ralentización y estos poderes que se creen aplastantes hasta el grado de ponernos a vivir con lo casi nada y con apagar cualquier capacidad de rebeldía que nos pueda liberar.

Este contexto en el que vivimos es interesante pero de poner mucho cuidado en especial a tratar de resistir al doblegamiento de nuestra voluntad, de nuestro libre albedrío. Impedir nos conviertan en la Sociedad Colmena.

Adenda: incorporo el concepto del amigo Iván Castrillón "No me gusta el título porque la colmena implica una sociedad donde la división del trabajo está claramente determinada por la epigénesis. El problema de la sociedad de la vigilancia que en principio es la máxima expresión de una sociedad del marketing y del gobierno corporativo, es qué hacer con una buena parte de los que sobramos porque no somos útiles para producir y otros para consumir. Aún es prematuro precisar el poliedro de la economía del dato.

 

Mauricio Castaño H.
Historiador
Colombiakrítica

 

http://colombiakritica.blogspot.com/2021/01/sociedad-colmena.html

 


miércoles, 20 de enero de 2021

DESMONTANDO LA PLANDEMIA

Por Juanlu González

 

18/01/2021

 

Veamos con atención este paquete de medidas adoptadas contra la pandemia provocada por el Covid-19 durante los últimos días:

  • Uso obligatorio de mascarillas
  • Distanciamiento social
  • Lavado y desinfección de manos
  • Confinamiento domiciliario excepto para tareas esenciales 
  • Cierre de bares (salvo comida para llevar) y del ocio nocturno
  • Cierre de cines y teatros
  • Cierre de gimnasios
  • Clausura de parques
  • Limitaciones al transporte público 
  • Cierre perimetral de provincias y de ciudades con controles policiales.
  • Prohibición de fiestas particulares
  • Exigencia de PCR negativo para turistas que entren en el país 
  • Interrupción del curso escolar
  • Clases por televisión
  • Vacunaciones masivas

No parece que sean especialmente extrañas. Tampoco muy diferentes a las tomadas, por ejemplo en el Estado español ¿verdad? Lo único que puede chirriar del recetario anterior es que las clases no son por vía telemática, sino por televisión. Y es que el país en cuestión sufre un brutal e ilegal bloqueo económico por parte del Tío Sam que le impide, por ejemplo, usar Zoom —la omnipresente herramienta de videoconferencia— dentro de sus fronteras y es más fácil hacerlo usando las redes de TV que las de fibra óptica para llegar a todos los hogares sin excepción.

Creo que ya no es necesario dar más pistas. Se trata del conjunto de medidas adoptadas por la Cuba comunista para enfrentar al virus. La mayor parte de ellas están vigentes estos días por ejemplo en La Habana, el mayor foco de contagio del país y han sido extraídas del Consejo de Defensa provincial de la capital caribeña, entre un total de 22 medidas dictadas ante el pico tan «grave» detectado en días atrás, además de otras de Pinar del Río. ¿Sabéis a cuánto asciende la ratio de contagio para tomar esas medidas tan drásticas?  A 46,1 casos por cada 100.000 habitantes. El sueño húmedo de cualquier gobernante de nuestro país, sobre todo en momentos en que estamos, a nivel general, en niveles cercanos a los 1.000, no siendo infrecuentes municipios que superan los 2.000 casos por cada 100.000 habitantes. 

O sea, que las medidas que se están tomando con ratios que aquí podríamos considerar despreciables, se toman en Cuba con afecciones 20 veces menores. Y lo peor es que, según la opinión de un sector de la población, todo se trata de una campaña de mentiras para lograr controlar a la población y quitarles su libertad, además de eliminar a buena parte de los habitantes del planeta en una especie de programa eugenésico o, simplemente, de desconeje masivo. En esa campaña participarían los gobiernos, las élites financieras, los medios de comunicación de masas, las farmacéuticas, la Organización Mundial de la Salud, BillGates, Soros y hasta el sursum corda… que las variantes de las teorías alternativas mutan más que las cepas del virus.

A pesar de las evidencias que relacionan a la extrema derecha norteamericana con la campaña de bulos sobre el coronavirus, sigue habiendo una minoría ruidosa de conspiranoicos de izquierda que insiste en que todo lo relacionado con el covid es un plan ideado en las cloacas del «Satánico Doctor No». Teniendo el origen que tiene, no es de extrañar que los máximos seguidores de estas teorías en el mundo sean los Trump, Bolsonaro, Orban, Salvini o los mismísimos líderes de Vox en las españas. No en vano tienen en común la asesoría de Steve Bannon, el gran Goebbels de nuestro tiempo, un ejecutivo de medios de comunicación y banquero que fue pillado financiando el «informe» de la científica china que defiende que el coronavirus se creó en un laboratorio del país de los dragones. 

Es normal que entre ellos se retroalimenten, pero… ¿cómo gentes de izquierda se prestan al juego de la extrema derecha mundial? ¿Cómo se convierte a una persona profundamente anticapitalista en funcional al neoliberalismo más salvaje? Pues usando la desconfianza natural que profesan contra el sistema y subiéndole un nivel más de descreimiento. Así, a través de ingeniería social, mediante el uso de redes sociales, se convierten en perfectos bots útiles al capitalismo. Porque es el capitalismo lo que ha sido tocado por esta pandemia y es el estado quien puede protegernos de este tipo de catástrofes. El mercado se muestra absolutamente inútil frente a este tipo de sucesos; sólo un estado fuerte puede encargarse con garantías de la seguridad de su ciudadanía. Por eso la extrema derecha está tratando de desviar la atención para que miremos el dedo y no a la luna. Para que nos entretengamos con el árbol que no nos deja ver el bosque.

¡Claro que ha habido cientos, miles de errores! A los españoles se nos ha caído el mito de que teníamos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, probablemente perderemos por el camino a un centenar de miles de personas, hemos visto cómo el sistema de atención de nuestros mayores raya en la indignidad, cuando no vulnera abiertamente los derechos humanos. Se han probado tratamientos que resultaron ser un fracaso, se aprobaron medicamentos que luego se certificaron como inútiles y viceversa. Se dejó a morir a ancianos por aplicación de triajes de guerra por incapacidad de un sistema sanitario colapsado… La lista podría ser interminable y los responsables deberían pagar por ello algún día.

Pero en vez de exigir reparación, muchos se entretienen con estrambotes inútiles, con bazofia lisérgica creada ex profeso para cambiar el punto de mira y el objetivo de la lucha. Así, en vez de demandar en las calles estados fuertes con una cobertura social acorde a las necesidades reales de la población, se dedican a mostrar su rebeldía con estupideces tales como no usar la mascarilla o tomar un café un minuto después de la hora oficial de cierre. ¿Habrase visto actos más revolucionarios?

Bueno, ¿pero qué pinta Cuba en todo esto? —os preguntaréis—. Precisamente es la prueba fehaciente de que las molestas medidas que todos y todas estamos sufriendo son las únicas que pueden adoptarse frente a una pandemia de estas características. Nadie en su sano juicio creería que el gobierno cubano esté complotando junto con las multinacionales farmacéuticas o los conglomerados mediáticos contra su propio pueblo, al menos nadie en la izquierda real o revolucionaria. Y Cuba, igual que España, confina, obliga al uso de mascarillas, al distanciamiento social y está vacunando a la población… incluso con valores de afección infinitamente más bajos que nosotros. Es cierto que también hay que poner en valor la calidad del sistema nacional de salud de la isla, incluso en tiempos duros como los que atraviesan en estos momentos debido a los efectos recrudecidos del bloqueo en la era Trump. Las medidas preventivas tomadas por su gobierno han sido tremendamente exitosas, así como la colaboración ciudadana de una población, tan preocupada siempre por lo colectivo. 170 fallecidos en total desde el inicio de la pandemia, es menos que el número de muertes en nuestro país en un solo día cuando ya dejaron de ser noticia. Una vez más Cuba nos muestra de lo que es capaz un gobierno centrado en defender a su gente y, por comparación, nos muestra la verdadera faz del capitalismo. Justo por eso es tan odiada por los neoliberales.

Ya basta de basura funcional al capitalismo, basta de apuntar al enemigo equivocado, de hacer el juego a la extrema derecha, de magufos y chamanes apocalípticos. Recuperemos el sentido común y luchemos por recuperar la soberanía popular frente a los ataques del capital y sus brigadas mediáticas negacionistas. Esa es la tarea prioritaria de la que no debemos distraernos.

Fuente: https://www.bitsrojiverdes.org/wordpress/?p=20207

 


FELIPE QUISPE. EL ÚLTIMO MALLKU

Fuente de la imagen: Viejo Topo

Desde el altiplano boliviano, a orillas del lago Titicaca, Felipe Quispe se convirtió en uno de los referentes del movimiento indígena. Y también en uno de los posibles catalizadores de una sociedad convulsionada, de unos movimientos sociales que habían tumbado a tres presidentes en tres años. El otro candidato era Evo Morales.

Por Martín Cúneo

Felipe Quispe, con su chaqueta de cuero y sombrero negro, explica el desenlace de esta disputa mientras toma una sopa de fideos de menú en un bar de La Paz. Sitúa en la mesa dos vasos de agua. “Había dos vasos, agua tibia y agua caliente. El agua tibia era Evo. Yo la caliente”.

“Podría haber sido Felipe Quispe, pero no lo fue y ahí se perdieron muchísimos intereses históricos”, dice el sociólogo aymara Pablo Mamani. “Evo era la salida intermedia más afín a formas de admitir lo indígena, lo popular en espacios públicos de poder. Felipe Quispe representaba la posibilidad de un cambio estructural del Estado. La salida intermedia, que es Evo en este caso, fue muy estratégica para sectores de la clase media, moderada, ilustrada, liberal, que tuvieron el miedo de que la indiada se les fuera por encima, que es lo que Quispe estaba más o menos planteando”.

Aunque la figura de Felipe Quispe fue perdiendo notoriedad pública tras la llegada al poder de Evo Morales en 2006, se le sigue conociendo con el cargo de “Mallku”, cóndor en aymara, la autoridad más respetada dentro de una comunidad. Sin su figura es imposible entender la historia reciente de Bolivia. La reorganización del mayor sindicato campesino, la CSUTCB, a fines de los ‘90, la revuelta indígena del altiplano en los años 2000 y 2001 y el cerco a La Paz en 2003 –tres acontecimientos que tuvieron a Felipe Quispe como protagonista– marcaron una época de luchas sociales junto con las movilizaciones por el agua en Cochabamba y los bloqueos de los cocaleros en el Chapare.

Los orígenes

“Tendríamos que remontarnos más allá, cuando se levanta Tupaj Katari, cuando los indios cercan La Paz y matan a los españoles”, dice Felipe Quispe. “Es el único hombre que hizo temblar a la corona española de esa época. Y murió descuartizado por cuatro caballos. Pero dejó una herencia, una herencia inmortal. Nosotros nos consideramos como seguidores y continuadores de Tupaj Katari, por eso enarbolamos su bandera, como también su pensamiento medular, el indianismo, que también nos han transmitido nuestros mayores, nuestros abuelos”. Tupaj Katari, al frente de 50.000 indígenas, cercó La Paz durante seis meses. “Volveré y seré millones”, fue lo que dijo antes de morir, según la memoria aymara. Se había adelantado treinta años a los primeros gritos de independencia latinoamericana.

Felipe Quispe nació en una familia campesina aymara en la provincia de Omasuyos, cerca de La Paz. No aprendió a hablar español hasta los veinte años. El inicio de su militancia se remonta a los tiempos del Pacto Militar Campesino. Con la bandera de la revolución del ‘52 y una política asistencialista, los militares se hicieron poco a poco con el poder y la adhesión del movimiento campesino. Las milicias agrarias creadas con la revolución del MNR terminaron sirviendo como grupos de choque contra las reivindicaciones sindicales de los mineros, reprimidos a bala y sangre. Detrás del discurso nacionalista del general René Barrientos se hallaba una política de sumisión a los intereses estadounidenses en el contexto de la guerra fría.

“En los años ‘60 yo estaba prestando el servicio militar. En esa época había una línea política muy fuerte anticomunista. A pesar de que nosotros habíamos nacido en una comunidad no sabíamos qué era el comunismo”, cuenta el Mallku. “Había un oficial, de nombre Aurelio Torres, que repartía unos folletos que decían que iban a matar a nuestros abuelos y que nos iban a quitar nuestras tierras, que todo iba a ser en común, que no iba a haber iniciativa privada… Bueno, yo también estoy en contra de la iniciativa privada, porque vengo de una comunidad, pero eso de que iban a matar a mi abuelo, que me iban a quitar mi tierra, mis animales… eso no me convencía. Pero una vez que salí del cuartel en el ‘64 busqué el Manifiesto Comunista. Y después busqué otros libros de Carlos Marx y otros autores, pero nunca encontraba eso de que me iban a quitar mi tierra, nunca encontraba que iban a matar a mis mayores”.

Conociendo a Tupaj Katari

En esos años Felipe Quispe comenzó a formarse políticamente con personajes como Fausto Reinaga, entre otros muchos pensadores indios, y otras personalidades de la izquierda más clásica. Por su oposición a la dictadura de Hugo Bánzer tuvo que refugiarse en Santa Cruz, donde trabajó como obrero hasta 1977. En esos años realizó su primer acercamiento a la lucha armada. Pero no duró mucho. “Por razones de seguridad, entre nosotros no nos conocíamos. Cuando murió nuestro contacto nos quedamos desprendidos, se había roto el hilo y ya no se podía coordinar con nadie”.

De forma paralela, empezaba a trabajar en la organización desde las comunidades. “Poco a poco hemos ido avanzando, nos introdujimos más y más, aglutinando a la gente. Entonces conocimos a Tupaj Katari, quién era, cómo era, qué buscaba, sus debilidades, también dónde tenía su fuerza”.

Comenzaba así la creación de un ideario a medida de las comunidades

Comenzaba así la creación de un ideario a medida de las comunidades. “Nosotros salimos de la escuela marxista. Estaban hablando de Marx, de Lenin, de la lucha armada, de la lucha de clases, y nuestra gente no entendía nada, entendía cero, ni jota, las orejas totalmente metidas. Pero pronto nosotros hemos cambiado de discurso, hemos empezado a hablar de nuestros incas, de nuestros antepasados, de Tupaj Amaru, de Tupaj Katari, del ayllu comunitario, y la gente comenzaba a levantar la cabeza y se ponían como las llamas, con las orejas para arriba”, recuerda Quipe.

A mediados de los ‘70, este lento resurgir indígena se traduce en dos posiciones: el indianismo de Fausto Reinaga y el katarismo de Jenaro Flores o Víctor Hugo Cárdenas, más inclinado a la creación de alianzas con otros partidos políticos, incluso con partidos conservadores como es el caso de Cárdenas, que llegó a la vicepresidencia con el neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada en 1993.

Inspirado en las ideas de Reinaga, en 1978 el Mallku participó en la creación del Movimiento Indio Tupak Katari, una agrupación que sufrió en los años siguientes numerosas escisiones y conflictos internos. Quispe fue el secretario permanente de este grupo hasta 1980, cuando el golpe de Estado de Luis García Meza lo expulsó al exilio. De Perú pasó a México y de ahí a Guatemala y El Salvador. Una experiencia que le serviría años después, cuando tomó las armas en un intento de terminar con la histórica de explotación de los indios por parte de la “otra Bolivia”.

El intento guerrillero

“Ellos no eran nada”, dice el Mallku en referencia a los intelectuales de buena familia que se habían sumado a la lucha armada, como el actual vicepresidente Álvaro García Linera. “Habían leído los 70 tomos de Lenin, las obras escogidas de Mao, los tres tomos de El Capital, pero no sabían cómo organizar una emboscada, no sabían cómo entrar a un banco. Sin embargo, nosotros ya estábamos de vuelta, porque habíamos viajado a Centroamérica, estuvimos en el Frente Farabundo Martí y en el EGP de Guatemala… Todo eso nos sirvió para entrenar luego a la gente aquí, en la cordillera de los Andes”.

Pero todavía era pronto para tomar las armas. Después de volver a Bolivia en 1983 y pasar por la dirigencia de la Federación Sindical de Trabajadores Campesinos y la Central Obrera Departamental de La Paz, Felipe Quispe fundó el Movimiento de Ayllus Rojos. En 1988, en nombre de esta organización de comunidades indígenas y campesinas de base, el Mallku presentó al Congreso de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) la tesis de la lucha armada como camino hacia la liberación del pueblo indio oprimido. La propuesta, rechazada por la CSUTCB, le valió siete meses de cárcel en el penal de San Pedro.

Fue recién en 1990 cuando Felipe Quispe, junto con los hermanos Álvaro y Raúl García Linera, se incorporó al recién creado Ejército Guerrillero Tupaj Katari (EGTK). La estrategia de este grupo pasaba por iniciar un levantamiento armado popular, al estilo de la revuelta de Tupaj Katari de 1781, armando a las comunidades indígenas. Por su inserción en las comunidades, el Gobierno temía que pudiera convertirse en una versión aymara del senderismo peruano.

Pero para alzarse “en armas contra el sistema imperante en Bolivia”, en palabras de Quispe, se necesitaba dinero. Y ahí Alvaro García Linera cumplió un papel fundamental. “Conocí a Alvaro García en 1984”, recuerda Quispe. “Era un estudiante recién llegado de México… Nosotros también le necesitábamos… porque en este país los oficiales son blancos, el indio es de base no más, de la tropa. Y necesitábamos dinero para hacer una organización clandestina, una organización revolucionaria. Estábamos obligados a recuperar los recursos económicos de la burguesía, de las empresas, de los capitalistas. Y con ese dinero organizar. Y para eso nos servía el tipo de estilo de uniforme… A él lo manejamos como un muñeco, porque de otra forma no nos iban a creer, a nosotros no nos iban a creer”.

¿Cómo crees que un tipo así va a ser el ideólogo de los indios?

El Mallku no desaprovecha ocasión para descalificar al actual vicepresidente. “Yo no lo dejaba hablar porque él no tenía nada que ver. Es como si a usted lo llevo a mi comunidad, no vas a entender nada de lo que hablamos. Si ahora nos ponemos a hablar en aymara no vas a entender”, dice Quispe y suelta una parrafada en aymara. “Ni jota, ¿no? Él era como un papagayo, de hermosos colores, pero la gente decía: ‘¿Para qué traes a ese inútil? No sabe nada’. ¿Cómo crees que un tipo así va a ser el ideólogo de los indios? Para ser nuestro ideólogo primero tiene que saber nuestro idioma, porque el idioma es ideología, el idioma es pensamiento. Nosotros pensamos diferente, venimos de otra cultura, no hemos nacido en el hospital, hemos nacido en una choza, ahí nos han cortado nuestro cordón umbilical”, recalca el Mallku.

Pero este intento guerrillero tampoco duró de masiado. En 1992, cuando todavía se encontraba “en proceso de organización y de propaganda”, el ejército katarista fue desbaratado por la Policía. “Por mala suerte cayó el hermano mayor del Álvaro, Raúl, y delata todo, las casas de seguridad, los nombres, todo. Éramos más de 500, pero los que hemos caído fuimos unos 30”. El 19 de agosto Felipe Quispe fue detenido y encerrado en la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro durante cinco años. “¿Por qué hacen esto?”, le preguntó entonces la periodista Amalia Pando. Felipe Quispe respondió mirándola a los ojos: “Para que mi hija no sea tu empleada doméstica”.

El proyecto de “enarbolar la bandera de Tupaj Katari encima del Illimani”, la gigantesca montaña a escasos kilómetros de La Paz, tenía que esperar. En cuanto a la whipala, la bandera de siete colores y 49 cuadrados de Tupaj Katari, “hasta esa fecha no la conocía nadie”, apunta Quispe. “La whipala es nuestra, nosotros la hemos impuesto, con las armas, por las buenas y por las malas”, dice. Ahora es el símbolo oficial del Gobierno boliviano al mismo nivel que la bandera boliviana. Hasta los policías la llevan en sus uniformes.

El altiplano en llamas

Felipe Quispe aprovechó los años de reclusión para terminar el bachillerato e iniciar la carrera de Historia. Las movilizaciones por su liberación consiguieron sacarlo de la cárcel en 1998. En ese mismo año fue elegido secretario ejecutivo de la CSUTCB. En esos años Felipe Quispe empezó a ser conocido como el Mallku por el espíritu combativo de su dirección. Entre 1998 y 2001, Quispe se transformó en una de las figuras prominentes de la oposición a la política económica del presidente Hugo Bánzer, a la cabeza de cortes de ruta y otras formas de protesta en el altiplano que terminaron contribuyendo a la dimisión del ex dictador en 2001.

“Nosotros solíamos llegar con las manos vacías, hambrientos como un perro vagabundo, así hemos andando, en las comunidades nos daban de comer. Ese trabajo viene de los años ‘70. No ha caído del cielo, no es milagro, tampoco los maestros dioses nos lo han dado… En esa época hemos caminado comunidad por comunidad hablando en aymara, en nuestro idioma. Eso tenía que desatarse en una guerra civil, en una lucha armada, pero como nos han capturado, la cosa se quedó ahí. Cuando he salido de la cárcel como dirigente teníamos que rearticularnos, reactivarnos”, recuerda el Mallku.

“Pero fue sencillo, ya estaba trabajado… Para organizamos en común nos copiamos de nuestros antepasados, del inca, de la mita [trabajo comunitario y rotativo]. Por ejemplo, tres comunidades entraban a bloquear el camino a las 7:00 de la mañana y se quedan todo el día y toda la noche. Y al día siguiente, a las 7:00 salen y otra comunidad llega y releva. Si están todos los días se cansan. En cambio, con tropa fresca no”.

En abril de 2000, mientras vecinos, regantes y cocaleros paralizaban Cochabamba hasta echar al consorcio de multinacionales Aguas del Tunari, se generalizaban los bloqueos en las provincias del altiplano paceño. Además de antiguas reivindicaciones educativas y económicas relacionadas con el desarrollo rural, la población indígena y campesina se movilizó contra una ley que abría las puertas a la privatización del agua, un recurso que hasta entonces era gratuito para los campesinos.

“Tuvimos que detener ese proyecto de ley que ya estaba entrando al Parlamento, aplazarlo, hasta hoy, porque nos querían cobrar el agua”, cuenta el Mallku. “Dice nuestra gente: ‘Estos españoles, estos q’aras, han venido acá a hacernos trabajar para ellos, a hacernos pagar impuestos, nosotros no vamos a pagar, que paguen ellos, que son los inquilinos’. Ésa es la idea, pero que Álvaro García y los otros no han captado porque no saben aymara”. Además de las demandas concretas, el alzamiento incorporaba la reivindicación de “la nación aymara”, la creación de un nuevo Estado indígena ante la incompatibilidad de las “dos Bolivias”.

Tal como documenta la socióloga Carmen Rosa Rea Campos, el levantamiento indígena, que duró once días, tuvo características sui generis: por primera vez se ejecutaba el “Plan Pulga”, como lo denominara Felipe Quispe, “consistente en el bloqueo de caminos de manera extensiva a lo largo y ancho de las carreteras donde las poblaciones rurales tuvieran acceso para el ‘sembrado de piedras’. A esta estrategia se incorporaron otras como la suspensión del envío de productos agrícolas a los centros urbanos”. Para esta socióloga, la postergación de la ley de agua y el compromiso del Gobierno de cumplir las demandas de desarrollo rural significaron “una victoria política, pues el ‘indio’ había doblegado la fuerza estatal y los había obligado a conocer la realidad campesina/india que desconocen”.

El epicentro de todas las batallas

A este “primer ensayo”, como lo denominó entonces Felipe Quispe, le siguió un nuevo levantamiento. “Para nosotros, los ministros de Estado, así se llamen de izquierda o derecha, son lo mismo. Ellos han estudiado en las universidades de privilegio de EE UU y Europa, se preparan para manejarnos, para matarnos”, dice el Mallku. “Ellos decían: ‘vamos a cumplir, vamos a traer tractores, ustedes van a tener una universidad, ustedes van a tener seguro social indígena originario, ustedes van a gozar de banco propio, van a tener caminos, etcétera’. Pero nosotros les dimos 90 días de término, un ultimátum. El Gobierno no cumplió y entonces estuvimos obligados a salir nuevamente a bloquear los caminos y las carreteras, y cercar la ciudad de La Paz, no dejar que entre ningún producto agropecuario”.

Para nosotros, los ministros de Estado, así se llamen de izquierda o derecha, son lo mismo

El nuevo levantamiento, iniciado en junio de 2000 y radicalizado en septiembre, se extendió a todo el país. Al “sembrado de piedras” en las rutas que llegan a La Paz se unieron los cocaleros de Evo Morales, que bloquearon las carreteras que unen Cochabamba con la capital y con Oruro. Evocando el cerco de Tupaj Katari de 1781, la capital quedó completamente incomunicada. Sólo los aviones Hércules de las Fuerzas Armadas podían entrar a La Paz con provisiones.

El “epicentro de todas las batallas” fue la localidad de Achacachi, a orillas del lago Titicaca. “En Achacachi hemos destruido todos los poderes estatales, ya no había juez, ya no había policía, no había tránsito, no había [sub]prefecto, ya no había nada. Todo indio. Y lo administraban los dirigentes del lugar”, rememora Quispe. “El levantamiento de Achacachi es la toma del poder total. Hay que ser dueño del poder, incluso de sí mismo y volver al Qollasuyo [denominación inca del occidente boliviano], no a Bolivia”, sentencia.

Desde la expulsión de las instituciones republicanas de Achacachi se instauraron las autoridades tradicionales comunitarias. “El policía trae ladrón; el Ejército, guerra y el subprefecto, corrupción”, dijo entonces el Mallku ante las acusaciones de la prensa de que Achacachi se había convertido en “una ciudad sin ley”. Los intentos del Ejército de ‘recuperar’ Achacachi y sus alrededores llevaron a la creación del Cuartel General de Qalachaka, situado a la entrada del pueblo. “Para impresionar a la prensa poníamos armas viejas de la segunda guerra mundial, armas que utilizaron los alemanes –ésas las tenemos todavía–, y sobre esas las armas automáticas y, más arriba, armas más pesadas, por eso el Ejército tenía miedo de entrar, porque nosotros teníamos gente preparada”, dice el Mallku.

En julio de 2001 los tanques del Ejército rodeaban Achacachi para poner fin al levantamiento. Pero no consiguieron entrar en la ciudad ni deponer el control comunal de la administración de la zona. “En 2001 en Huarina, mataron a nuestros hermanos, los bombardearon, han utilizado tanques, ametralladoras, aviones… Hubo muchos muertos, aunque nosotros también matamos”, dice el Mallku. Ninguno de los Gobiernos posteriores consiguió entrar en Achacachi. Hasta la llegada de Evo Morales. “Cuando el Evo llegó ha puesto todo, todo completo, ahora hay Ejército, hay Policía…”, se queja el Mallku.

El segundo cerco a La Paz

Tras el éxito del bloqueo, en noviembre de 2000 Quispe formó su propio partido político, el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP). En las elecciones nacionales de 2002 obtuvo el 6% de los votos y seis diputados, él entre ellos. Sin embargo, los conflictos internos y las acusaciones cruzadas entre los diputados del MIP colocaron al partido en una situación de crisis. Años después Quispe dimitió de su cargo al no considerar al Parlamento una institución legítima.

El auge de la figura de Evo Morales y el MAS, que superó el 20% en las elecciones de 2002, con un discurso menos etnicista y radical, comenzó a quitarle protagonismo a Felipe Quispe. Sin embargo, el Mallku cumpliría todavía un papel importante en las masivas movilizaciones del año siguiente, en la ya histórica Guerra del Gas.

El estallido social estuvo precedido de una serie de movilizaciones, en un principio independientes entre sí. Ante la amenaza de un aumento de impuestos a la vivienda, los vecinos de El Alto hicieron retroceder al alcalde José Luis Paredes. El 8 de septiembre, Felipe Quispe, como líder de la CSUTCB, encabezó una marcha a La Paz para exigir la liberación del líder campesino Edwin Huampo, acusado de haber participado en un acto de justicia comunitaria que concluyó con la muerte de dos presuntos ladrones de ganado. El 10 de septiembre, el Mallku inició una huelga de hambre junto con centenares de campesinos en la radio San Gabriel de El Alto por la liberación del dirigente entre otras históricas demandas.

El asesinato por parte de la Policía de cuatro indígenas en un bloqueo cerca de la localidad paceña de Warisata el 20 de septiembre provocó la furia de la población aymara, tanto del altiplano como de El Alto y enardeció las protestas exigiendo el cumplimiento de los acuerdos firmados en 2002. El proyecto de exportar gas a Estados Unidos a través de Chile, sin industrializar y con unos beneficios mínimos para el país terminaron de crispar el ambiente. A una manifestación masiva convocada el 19 de septiembre, se le sumó la huelga general convocada por la COB. Los mineros de Huanuni con sus mujeres comenzaron la marcha hacia La Paz. El paro cívico decretado por todas las organizaciones sociales a partir del 8 de octubre estuvo acompañado por bloqueos de caminos de los cocaleros en Cochabamba y en los Yungas, y de los campesinos de la CSUTCB de Felipe Quispe en el resto de los accesos a la ciudad de La Paz.

A medida que se generalizaban los cortes de ruta y comenzaban a escasear los alimentos y el combustible en La Paz, las reivindicaciones se concentraron en la renuncia de Sánchez de Lozada, la convocatoria de una Asamblea Constituyente y un referéndum por la soberanía de los hidrocarburos. “Fue un salto cualitativo”, recuerda Quispe. En los días siguientes la represión del Ejército y la Policía hizo que se generalizaran los bloqueos y el levantamiento vecinal en El Alto.

Las organizaciones sociales quedaron sobrepasadas por la población, al igual que líderes como Felipe Quispe, a quien la prensa se empeñaba en señalar junto con Evo Morales como los únicos responsables de la revuelta. Tras marchas, batallas campales, bloqueos y 65 manifestantes muertos, el 17 de octubre Sánchez de Lozada presentó su renuncia. Esta vez, el cerco a La Paz había conseguido sus objetivos.

Tras un inicial apoyo al nuevo Gobierno de Carlos Mesa, que prometió dar solución a muchas de las demandas campesinas, Felipe Quispe no tardó en convertirse en un férreo opositor e incluso llegar a una efímera alianza con Evo Morales para acabar con su Gobierno. Sin embargo, las elecciones de diciembre de 2005 sellaron el fin de su carrera parlamentaria: el MIP apenas consiguió el 2,15% de los votos. Evo Morales se había convertido en el primer presidente indígena de la historia de Bolivia con el 54%.

El nuevo Gobierno asumió muchos de los símbolos y discursos del katarismo y el indianismo (...). Pero para el Mallku, esos símbolos han sido vaciados de contenido

El nuevo Gobierno asumió muchos de los símbolos y discursos del katarismo y el indianismo, entre ellos la apelación al pasado precolonial o términos como “socialismo comunitario” o “Estado plurinacional”. Pero para el Mallku, esos símbolos han sido vaciados de contenido. “Están hablando de un Estado plurinacional, pero es un Estado controlado nada más que por ellos. Nosotros queremos nuestro propio Estado, controlado por nosotros, no un Estado blanco, un Estado q’ara. Evo es bolivianista. Si Tupaj Katari viviera al Evo Morales le hubiera llevado a la horca o a la punta del cuchillo”, dice Felipe Quispe. “Era más fácil combatir al neoliberalismo, porque no está encapuchado”, reconoce.

Evo prácticamente ha anulado a los movimientos como en los tiempos del pacto militar campesino.

El Mallku compara los últimos años de Gobierno de Evo Morales con una época histórica que conoció bien: “Evo prácticamente ha anulado a los movimientos como en los tiempos del pacto militar campesino. Hay unos cuantos perros que ladran, pero no muerden”. Sin embargo, admite que tras el gasolinazo de diciembre de 2010 algo ha cambiado. “No es que hayan despertado. Siempre estaban mirando de un lado sólo, porque el otro ojo estaba cerrado a lo que estaban haciendo los masistas”, apunta. “Yo creo que viene un movimiento más fuerte, yo no soy el único que está hablado de eso. Es un movimiento de abajo, no de arriba. El temblor siempre viene de abajo, no de arriba”.

Yo creo que viene un movimiento más fuerte (...).  Es un movimiento de abajo, no de arriba. El temblor siempre viene de abajo, no de arriba”.

Pese a su distanciamiento de la alta política, el Mallku sigue siendo una figura polémica. Su discurso indianista y su denuncia de la persistencia del colonialismo sigue representando una amenaza para ciertos sectores de las clases altas y medias. Una encuesta de febrero de 2011 revelaba que Felipe Quispe era la tercera persona peor valorada en once barrios de La Paz, sólo superado por Evo Morales y García Linera.

“Hemos tumbado a tres gobiernos y para eso hay que seguir trabajando, seguir organizando, seguir preparando, porque nos toca a nosotros. Sólo el pueblo libera al pueblo”, dijo el Mallku en un reciente congreso del periódico katarista Pukara. “¿Quién va a trabajar para nosotros, sino nosotros mismos?, ¿quién va a reideologizar, reindianizar al pueblo?, ¿esos señores que están hoy en Gobierno?”.

El Mallku nos ofrece parte de su filete a la plancha. “Prácticamente desde el año 2000 hasta 2005 nosotros hemos aniquilado a los partidos políticos de derechas. Por eso es que están arrinconados en este momento. Pero sus cachorros están en el Gobierno”, dice Quispe mientras termina su gelatina.

Para Denise Y. Arnold, en su estudio sobre las identidades regionales en Bolivia, “el Mallku impulsó a los actores sociales de la región a replantearse su pasado sindicalista y recuperar la estructura de los ayllus como la forma identitaria política más apropiada para una nueva fase de lucha política en el periodo 2000-2005”.

Felix Patzi, ministro de Educación en los primeros años del Gobierno del MAS, comparaba en el mismo congreso katarista la aportación de las dos figuras más importantes del reciente ciclo de movilizaciones. “Creo que el Evo, igual que Felipe Quispe, ya cumplió su misión histórica. La misión histórica de Felipe Quispe, en los años 2000 al 2002, fue el haber levantado el orgullo indígena en el campo y en la ciudad. La generación nueva es tributaria de esa misión histórica exitosa. La misión histórica de Evo Morales fue la de haber derrotado a la derecha el año 2005 y en otras elecciones democráticas. Siempre vamos a recordar el éxito de esa misión, pero creo que ya no tiene capacidad para cumplir otra misión histórica, la de concluir las transformaciones profundas, estructurales, que el país necesita”.

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Fuente: Publicado en seiembre de 2011 en el número 284 de la revista Viejo Topo (ver PDF). Tomado del portal web: Crónicas del estallido: http://cronicasdelestallido.net/bolivia-felipe-quispe-el-ultimo-mallku/

 

https://www.servindi.org/actualidad-informe-especial/19/01/2021/felipe-quispe-el-ultimo-mallku