viernes, 14 de diciembre de 2018

FRANCESES VAN A PARO GENERAL EN APOYO A LOS CHALECOS AMARILLOS




La dirección de la CGT indicó que el llamado a paro es en apoyo a las demandas sociales y salariales impulsadas por el movimiento popular de los chalecos amarillos.

Como estaba previsto, este viernes la mayoría de los trabajadores de Francia acataron el paro nacional convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) en solidaridad a la lucha social del movimiento ciudadano chalecos amarillos.

La medida de fuerza fue anunciada por el principal sindicato francés el pasado 11 de diciembre al fracasar las negociaciones con el Gobierno sobre reivindicaciones salariales.

"URGENTE: se cancela la negociación del 11 de diciembre. ¡Vamos a tener éxito la movilización del 14 de diciembre y rechazar el ahorro en el seguro de desempleo!."

"Debemos actuar por un aumento inmediato de los salarios, las pensiones y la protección social", indicó el llamado de la CGT que apoya la recuperación del poder adquisitivo de los franceses.

La CGT precisó que el paro será un "Gran día de acción en todo el territorio", en el que continuarán las manifestaciones de fuerza pacíficas en contra del Gobierno de Emmanuel Macron.

El llamado al paro general adhiere a las protestas llevadas adelante por los chalecos amarillos desde el 17 noviembre.

Para hacer frente a las demandas sociales y salariales de los chalecos amarillos, el Gobierno anunció este semana el incremento del salario mínimo en 100 euros mensuales, el congelamiento del alza de las cotizaciones para los jubilados con pensiones inferiores a dos mil euros, y la exclusión de tributación de las horas extras, entre otras disposiciones.

La administración de Macron declaró estado de emergencia económica y social, además pidió la cancelación de las protestas del movimiento el próximo fin de semana, por las circunstancias que se viven en el país tras un enfrentamiento perpetrado el pasado martes en donde fallecieron tres personas y otras 13 resultaron heridas.
Miles de ciudadanos acuden a las demostraciones de los chalecos amarillos y más de cuatro mil 500 fueron detenidos por agentes antidisturbios, durante las movilizaciones organizadas por el movimiento popular.+



PLAN ESCALERA


Escribe: Milcíades Ruiz

En el libro RAZONANDO CON LA DIALÉCTICA he explicado con detalle el ciclo de vida humana y el rendimiento óptimo en cada etapa de nuestra existencia para llegar a la cúspide en óptimas condiciones de productividad y mejores condiciones de vida. Lo que pretendo ahora es propiciar que al finalizar el presente año, hagamos un balance de nuestro desempeño, como persona, como trabajador especializado, como padre, como hijo(a), como ser político y demás, para luego proyectar planes para el futuro.

¿Tendremos el coraje de hacer una autoevaluación a consciencia, y valorar honestamente los resultados de nuestro desempeño en el año que fenece? Solamente los seres irracionales viven su vida sin aspiraciones, pero también hay humanos que viven su vida según como les lleve el viento. A nadie se le ocurre hacer un breve paréntesis para hacer una autoevaluación anual ni a proponerse metas para el año venidero y como no es costumbre, resulta odioso que alguien sugiera esto.

Sin embargo, es la familia la que absorbe las consecuencias de nuestra gestión personal. Pero en general, las repercusiones de lo que hayamos hecho durante el año, son muchas en terceras personas, aunque no tengamos la capacidad de percibirlas. Es cierto que amamos a nuestros seres queridos y muchos estarán satisfechos de haber hecho algo por ellos. Pero quizá los hemos afectado con nuestros hechos. Para otros, no habrá problema ni arrepentimiento si se acude a recibir la hostia y todo queda condonado. Borrón y cuenta nueva.

Aun cuando a muchos no les agrade la autocrítica personal, siempre es bueno tener planes de mejoramiento personal, familiar y social o comunitario. Un plan, es una escalera. Es mejor tener un plan que no tenerlo. Tener una escalera puede servir de mucho para escalar posiciones. Esperar que la suerte nos alce en peso no es de inteligentes. Pero no todo es cuestión de suerte, y a veces de nada sirve la suerte si no estamos preparados para aprovecharla. Si por lo menos dijéramos “Este es mi año”, ya tendríamos una predisposición a emprender retos factibles para el año venidero.

Pero así como, nos proponemos planes personales, podremos plantearnos planes institucionales haciendo una evaluación anual de nuestra organización y de la trascendencia de su desempeño. Para algunas organizaciones es un buen momento para dar un salto significativo y para otras, recuperar el terreno perdido. Analicemos las condiciones y sopesemos lo que podemos hacer para lograr un 2019 fructífero. No es una costumbre hacer esto en las organizaciones de izquierda pero es necesario establecerlo como tradición.

Si no tenemos un plan anual, todo quedará a la deriva, en estado caótico. Si queremos crecer orgánicamente hay que seguir un plan en el corto, mediano y largo plazos. El plan anual nos da la pauta de las metas inmediatas a cumplir dentro de la estrategia de largo plazo. ¿Cuánto podemos avanzar? Ello dependerá de las condiciones propias y externas. Pero hagamos el esfuerzo de planificar siguiendo objetivos, estrategia y metas. Nada es fácil cuando se carece de todo, pero al menos, hagamos una programación calendarizada que nos permita dinamizar el grupo.

Si pensamos en el país, hagamos una evaluación general de las condiciones imperantes, de las tendencias y perspectivas. No solo hay que fijarse en lo que han hecho o dejado de hacer las instancias gubernamentales sino mirar todo el conjunto. Lógicamente, no se puede ver la paja en ojo ajeno sin ver la viga en el nuestro. ¿Cuánto hemos avanzado en relación con el año pasado? “Somos la segunda fuerza política del país” dijeron alucinados ciertos izquierdistas tras las últimas elecciones generales. ¿Seguirán pensando igual?

Los acontecimientos coyunturales suelen distraer nuestra atención y mientras nos arremolinamos en torno a los escándalos, las fuerzas que medran a costa del pueblo avanzan sin que nos demos cuenta. Así, por ejemplo, mientras los agricultores del valle Tambo y los grupos de izquierda que los apoyaron se han quedado quietos después hacer retroceder a la transnacional minera que, con apoyo del gobierno corrupto, había empezado a destruir la ecología agrícola, por el contrario la empresa depredadora ha avanzado sigilosamente y está lista con un nuevo plan de retorno.

El presidente Vizcarra ya anunció con entusiasmo un incremento de 19% en la inversión minera y la Southern se apresta a re emprender el proyecto Tía María, estando planificado empezar a producir 120 mil toneladas anuales de cobre a partir del 2021. El acondicionamiento político ya empezó y, ya se trabaja en la promoción de los supuestos beneficios en la recaudación tributaria, canon, generación de empleo y todas las consabidas lisonjas. Contrariamente a esto, Cerro de Pasco, Huancavelica, Cajamarca y otras históricas zonas mineras figuran en los peores lugares de la escala de pobreza.

Pero esto es solo una muestra de lo que se pretende con nuestros recursos naturales que mientras estén bajo suelo se dice que somos ricos, pero cuando se extraen son otros los dueños de esa riqueza. El gobierno anuncia de común acuerdo con el sector empresarial, un venidero Plan de Competitividad que incluye “reformas estructurales” en la legislación laboral y demás. Entonces, tenemos que parar la oreja y actuar como corresponde sin esperar los hechos consumados. Para planificar acciones es necesario informarse adecuadamente.

Si las perspectivas del acontecer nacional no son buenas para el desarrollo nacional, lo más probable es que la lucha popular se hará presente en defensa propia. Las organizaciones de izquierda no deberían seguir desvinculadas de los sectores sociales que sufren los abusos del sistema. Acompañarlas en sus demandas es una obligación ideológica. Sea como fuere, hagamos planes. Pongamos a prueba nuestra capacidad. Hay que acabar con la ineptitud. Sembremos y cosecharemos. Disculpen la impertinencia.

Diciembre 2018

EL CONCEPTOR, SÍMBOLO DE LA NUEVA SOCIEDAD



Dr. Hugo SALINAS

El conceptor, el científico en las ciencias y en las artes, en todas las ramas del saber humano, remplazará al obrero en la parte central y más importante de la actividad económica. Será el creador de riqueza por excelencia, dejando lejos, muy lejos al obrero y al campesino. Una nueva sociedad y un nuevo cuadro de vida se está construyendo aceleradamente. Su visualización requiere de un nuevo paradigma.

Aquí el nuevo paradigma que les propongo. La actividad socio-económica tiene dos elementos: el proceso de trabajo y la decisión socio-económica. Esta nueva forma de enfocar nuestros problemas de sociedad (desempleo, pobreza, marginación, y todo lo que sigue), nos permite visualizar con claridad el origen de tales flagelos, así como proponer, de una manera simple y precisa, su alternativa de solución.

Existen dos formas de manifestación de la “decisión socio-económica”: la repartición igualitaria y la repartición individualista del resultado neto de la actividad económica. Tema que lo hemos abordado en nuestros tres artículos precedentes.[i] En este artículo, abundaremos un poco más en cuanto al “proceso de trabajo” en su rol de creador de riquezas.

La evolución de los procesos de trabajo

En sus orígenes, el grupo social resuelve su necesidad alimenticia recolectando frutas, cazando venados o pescando en los ríos, lagos y mar. Los trabajadores realizan esta actividad económica con sus manos. De ahí su nombre: Proceso de Trabajo a Mano Desnuda.

Luego, con el correr del tiempo y de su experiencia, los trabajadores crean y utilizan una serie de herramientas de trabajo tanto en la recolección como en la caza y la pesca. Dentro de ellos tenemos a la lanza, el mazo, la flecha, la piedra tallada, etc. De esta forma se configura el Proceso de Trabajo con Herramientas, mucho más productivo que su precedente.

Los miles de años en contacto permanente con su Centro de Alimentación, como los bosques, le permite al ser humano comprender que lo que la Naturaleza provee, él mismo lo puede producir, a condición de crear la tierra cultivable. Es el nacimiento de los Dos Procesos Naturales de Producción, la agricultura y la ganadería en sus estados primarios.

Una vez más, los miles de años de ejercicio en la ganadería, por ejemplo, hacen que el ser humano visualice que a partir de la lana de la alpaca puede producir hilo de alpaca. Con ello da nacimiento a una nueva actividad económica antes inexistente. Ya no se trata de replicar lo que la Naturaleza provee, sino de producir bienes completamente nuevos, inexistentes, que dan confort al ser humano. Como resultado inmediato tenemos al poncho, chullo, ojotas, pantalones, camisas, etc. De esta forma, nace una de las formas de trabajo que sigue maravillando a los seres humanos: el Proceso Artificial de Producción, más conocido como la “economía industrial”.

En esta evolución de los procesos de trabajo se pasa de la economía de autoconsumo a la economía de mercado, en donde se compra y se vende. Y todas las transacciones se efectúan con precios expresados en unidades monetarias.

Con esta nueva manera de trabajar se pueden producir “n” bienes diferentes los unos de los otros. Y cada nuevo bien exige un centro de trabajo, la fábrica, que puede exigir un trabajador o miles de trabajadores. Y cada centro de trabajo puede ser replicado “m” veces. Entonces, ¿por qué existe desempleo? Y peor todavía, desempleo masivo.

Como se podrá apreciar, el desempleo no se origina en la dinámica interna del proceso de trabajo sino, como ya lo hemos visto en los artículos[ii] precedentes, es resultado de la repartición individualista de la riqueza creada.

Proceso de Trabajo de Concepción

Con la economía industrial, podríamos decir, que se ha resuelto el problema de confort material de los seres humanos y de su sociedad. Sin embargo, la humanidad no se detiene en la evolución de los procesos de trabajo.

Y es así como se está instalando una nueva forma de trabajar que es completamente diferente a todos los anteriores procesos de trabajo. El resultado del trabajo ya no es un bien material, es inmaterial. Y los medios y herramientas de trabajo son igualmente inmateriales, a excepción del soporte del bien que es material. Es decir, ya no se trata de “producción” sino de “elaboración” de bienes económicos.
Como ejemplo de dichos bienes tenemos a Facebook, YouTube, Word, Excel, etc. Son bienes únicos, no necesitan de una producción en serie. Ya no se consumen, se utilizan, por una persona o millones de personas al mismo tiempo, estén aquí o en la otra parte del mundo.

Los medios de comunicación se han transformado totalmente. Ahora, ellos dan sus servicios en tiempo real. Y casi todos los campos de la actividad económica han sido invadidos por esta nueva manera de trabajar; así como han aparecido otros. Incluso tienen su propia Bolsa de Valores, el Nasdaq, que se ha convertido en poquísimos años, un rival de la Bolsa de Valores de la economía industrial, el Dow Jones. Y el trabajador, símbolo de esta nueva sociedad, es el Conceptor.

Esta nueva forma de trabajar es la que, en términos de valor, es la que crea más riquezas. Es el proceso de trabajo que muy pronto se convertirá en el hegemónico en remplazo de la economía industrial. Ello no quiere decir, que los bienes materiales desaparecerán. Todo lo contrario. Aparecerán nuevos bienes económicos materiales, pero todos ellos condicionados por el nuevo proceso de trabajo. 

Algo más, y muy importante para nuestro futuro próximo. Cada bien de esta nueva forma de trabajar es el resultado de una creación, innovación o descubrimiento. De nada sirve apropiárselos, porque el trabajador-conceptor estará en la medida de crear, innovar o descubrir otro mejor en todo sentido. Y esta condición de la economía inmaterial será la base real para impedir la Repartición Individualista. Es decir, impedir que alguien se le apropie para su beneficio personal o grupal. Es el asiento real de la Repartición Igualitaria.

En guisa de conclusión

En fin, la nueva actividad socio-económica que se impondrá a corto plazo, es una en donde el proceso de trabajo tendrá la forma de la economía inmaterial y, la decisión socio-económica se impondrá en su forma de Repartición Igualitaria del resultado neto de la actividad económica.

Cuanto más rápido seamos capaces de visualizar la nueva economía, estaremos en mejor disposición para construir las nuevas instituciones que le corresponden.

La tarea que sigue es encontrar el medio más correcto para poner en práctica este modelo socio-económico que cambiará nuestro espíritu, nuestro comportamiento,  y nos dará confianza en nuestro futuro.

Es indudable que para ponerlo en práctica nos debemos encontrar en posición de poder realizar la emisión monetaria que facilita el financiamiento ilimitado. Y esta posición puede ser la del Presidente de la República, así como de un Gobernador de Región, de un Alcalde o de un líder de una comunidad que se comprometa a poner en acción el modelo.

Una de las primeras acciones a realizar es abrir mil centros de trabajo con mil centros de emisión monetaria, al mismo tiempo, a fin de eliminar lo más rápidamente posible el desempleo masivo de jóvenes y adultos. Y con mayor razón, porque son los trabajadores quienes crean la riqueza de un pueblo. Y la tarea inmediata es resolver los problemas básicos de las personas, como alimentación, alojamiento, etc. Esto pasa por un incremento sustancial y acelerado del salario. Este incremento debe comenzar por el salario mínimo de los trabajadores de las empresas-país.

Todos estos proyectos de inversión deberán ser ejecutados por empresas-país, elemento esencial no solamente para hacer crecer rápidamente la propiedad colectiva o comunitaria, sino porque es el zócalo esencial para rendir iguales a todos los habitantes del país, tanto en activos como en el financiamiento de sus proyectos. Es decir, dar nacimiento real a la Igualdad de Oportunidades que se merecen todas las personas, vengan de donde vengan.

Paris, 14 de diciembre del 2018


jueves, 13 de diciembre de 2018

DEL REFERÉNDUM A LA PERSPECTIVA



Gustavo Espinoza
13-12-2018

El referéndum del pasado 9 de diciembre no FUE un hecho intrascendente, como aseguran algunos, incluso desde la vereda de la izquierda; pero tampoco ha sido inútil. Es verdad que no tenia incidencia notable en el escenario constitucional -largamente el más importante- y no habría de generar tampoco modificaciones sustantivas en la vida de nuestro pueblo; pero tenía otras connotaciones y ribetes. Era el colofón de una dura lucha contra la corrupción y, en particular, contra la Mafia Keiko-Alanista, que ha resultado severamente castigada.

Objetivamente era la primera confrontación electoral desde el 2016, cuando por apenas 40 mil votos de diferencia fue posible evitar la victoria de la Mafia. Se requería, entonces, que el país registrara las mutaciones que se han venido procesando en los últimos dos años, y que han expresado una voluntad que luce irrebatible: el Apra y el Fujimorismo, son hoy dos magras expresiones de un pasado vencido, al que la inmensa mayoría de los peruanos no quiere volver.

La votación ha concluido con una derrota estruendosa que algunos no quieren entender. La írrita “mayoría parlamentaria” ha sido virtualmente borrada del escenario nacional; y los viejos carcamanes que aun la representan, han perdido desde el honor hasta la vergüenza. Todo se ha definido como se esperaba: ha ganado el pueblo gracias a su instinto de clase y a su inclaudicable voluntad de lucha

Pero esta victoria, más que triunfo material y concreto, se proyecta ahora como aliento para nuevas batallas. La brega por una nueva Constitución, toma fuerza, y exige trabajo definido en diversos segmentos de la sociedad. Hay que ganar la conciencia de millones –y eso es posible ahora- para lograr una nueva Carta Magna que archive el “modelo” Neo Liberal, restituya el papel del Estado en la economía, afirme la participación ciudadana, asegure una verdadera democracia social, preserve las riquezas del país a fin que sirvan para el bienestar de millones, garantice los derechos de las grandes mayorías, elimine los privilegios de la clase dominante y proyecte una política exterior independiente, soberana y plenamente solidaria con los pueblos de nuestro continente. En otras palabras, una Constitución acorde con las ansias liberadoras que asoman en la víspera del bicentenario de la Independencia.

Conscientes de eso, dijimos desde un inicio que el Referéndum, ni de lejos agotaba las metas de nuestro pueblo. Al contrario, las colocaba en un nivel más alto y perfilaba nuevos derroteros que hoy asoman con mayor precisión.

Hace algunos días tuvo lugar en Lima un evento convocado por los organismos vinculados al sector financiero, al Banco Mundial y al Fondo Monetario. Estuvieron en él, funcionarios de distintos organismos del Estado, convocados para conocer nuevos elementos referidos a la realidad de hoy. ¿El tema global? Los 25 años de la aplicación del “Modelo” gracias a la Constitución del 93 y el oscuro maridaje entre AFF y el FMI En la base del certamen estuvo por cierto la CONFIEP y los organismos patronales aún en boga.

La orientación entregada en esa circunstancia, partió de la gravedad de la crisis que remece las bases de la sociedad peruana, y la necesidad de enfrentarla con nuevos “ajustes” del mismo signo de los ya aplicados. Para superar esa etapa -se dijo de modo general- hay que “aplicar mejor” las viejas recetas fondomonetaristas. Combatir la corrupción, claro, y no dejar que en nombre de la lucha contra ella, se empinen “recetas populistas” o “socializantes”.

Tres áreas preocuparon a los promotores de la cita: la educación, la salud y la problemática laboral.

En el primer ítem, el mensaje fue categórico: hay que culminar el proceso de privatización de la educación a través de diversas modalidades. Se tomó conciencia, claro, que en el Perú hoy el 50% del “servicio educativo” se brinda con fines de lucro. Y eso, desde la Escuela Básica hasta la Universidad, pasando por todos los niveles.

El argumento orientado a sustentar la idea , es simple: El Estado no está en capacidad de brindar una educación eficiente a la población. Hay que recurrir, entonces a la inversión privada. Y como se requiere acelerar ese proceso, entonces hay que tomar medidas para degradar aún más la educación pública: no construir ni modernizar escuelas, no dotarlas de tecnología de punta, desalentar la carrera docente. Básicamente, afirmar la idea que la educación no puede ser sólo atribución de un Estado que “nos se da abasto” para enfrentar la tarea. En contrapartida, y para alentar la educación privada, hay que mantener sus privilegios tributarios y otorgarle nuevas facilidades operativas. Asegurar que sea “un negocio rentable”.

El mismo esquema, e idénticas consideraciones, se usaron en el área de la salud. Los presupuestos requeridos son demasiado altos –dijeron- y no pueden ser considerados obligación del Estado. También los servicios de salud requieren de la inversión privada, y eso pasa por atraer inversiones, otorgando nuevas concesiones y beneficios a los interesados. Para eso, hay que acabar con la consigna populista que asegura que “no se puede lucrar con la salud”. Esa formulación, debe ser definitivamente desterrada.

El capital privado debe hacer empresa en todas las áreas. Y debo hacerlo también, por cierto, en el área social “regulando” los llamados costos laborales de las empresas. Hoy en día las empresas –se dijo- no están en capacidad de mantener gruesas planillas, ni cargas tributarias excesivas, ni satisfacer las demandas de los trabajadores organizados, ni pagarles beneficios “adicionales” a su salario que, por lo demás, no puede ser “castigado” con aumentos constantes otorgados por las autoridades de trabajo. Todo eso, debe ser morigerado, fue el criterio predominante en la cita.

Y, naturalmente, en este marco, resultaría indispensable complementar las cosas con una política exterior crecientemente sometida a Washington. De ahí que el Canciller Popoliizio haya salido, una vez más, con la misma monserga: “hay que romper con Venezuela”. Una manera de “hacer méritos” ante la Casa Blanca para fortalecer aquí el manejo anti bolivariano.

A nadie se le ocurrió, sin embargo, reparar en el hecho que afectar la educación, la salud y las conquistas laborales de los trabajadores; generaría un agravamiento extremo de la crisis y colocaría al gobierno que impulsara esas medidas en el extremo del más franco rechazo popular. Pareciera que , precisamente con esa idea , es que se alienta un programa de “ajuste” como el sugerido. A los empresarios no les parece mal la idea que el gobierno caiga en el juego y, finalmente, se desprestigie y pierda en un solo haz, todo lo que ha ganado.

Daría la impresión que lo que se busca es ahuyentar a los trabajadores y enfrentar   a los sindicatos con el gobierno. Bloquear la posibilidad de cualquier “acercamiento” entre ambas fuerzas, por cuanto esa alianza, sería letal para el modelo en boga.   Y sería más bien “caldo de cultivo” para el temido “populismo chavista”, que aterra aquí a la Clase Dominante.

En pocas ocasiones como en éste, la Clase Obrera y sus vanguardias tienen que tener las cosas claras. Una cosa es luchar a brazo partido contra la repudiable y purulenta mafia Keiko-Alanista; y otra, defender resueltamente los intereses del país y de los trabajadores combatiendo contra el modelo Neo Liberal y su secuela. Es la lucha de clases en su más pura expresión.

Por el lado de los trabajadores, haciendo honor al legado de José Carlos Mariátegui y al imperecedero ejemplo de Pedro Huilca, será indispensable izar muy en alto banderas democráticas, patrióticas y anti imperialistas, al lado de los históricos estandartes de clase. No hay otro camino.

Por el lado del gobierno, mucho cuidado. Sus adversarios, quieren que pierda el Santo y la Limosna. Pero no es fatal que le haga el juego a los empresarios. Tiene otro camino. 

Gustavo Espinoza M. Colectivo de dirección de Nuestra Bandera

LOS “CHALECOS AMARILLOS”: ¿POR QUÉ Y CÓMO COMENZARON?


EuropaMovimientos sociales 12 diciembre, 2018 Alain Bihr


No es preciso recordar la amplitud de un movimiento sin igual por la sorpresa general que ha provocado su despliegue y que dilata su duración y radicalización; y que, al contrario su propia existencia y su transcurso implica plantearse algunas cuestiones teóricas y políticas.

Los reportajes periodísticos en caliente así como los testimonios de los militantes que tomaron parte en los bloqueos permiten señalar la heterogeneidad en términos de composición de clase que contrasta con su composición espacial.

Su composición multiclasista no deja lugar a dudas, en lo fundamental integrado por proletarios (obreros y empleados, asalariados o no), a los que se añaden miembros de las capas inferiores del marco (agentes de control, técnicos) o de la pequeña burguesía (esencialmente artesanos, a menudo autónomos, pero también campesinos e incluso intelectuales, por ejemplo, enfermeras liberales) e incluso elementos de pequeños empresarios. Podemos también destacar la presencia de mujeres y jubilados con mucha más importancia de la habitual en las movilizaciones.

Si esta heterogeneidad no ha dañado al movimiento, es que el conjunto comparte cierto número de  puntos comunes que han hecho posible su convergencia. Son las víctimas de las políticas austericidas llevadas a cabo por todos los gobiernos desde hace cuarenta años. Estas se han traducido para ellas en la degradación de sus condiciones de empleo, de trabajo y de remuneración; en la dificultad creciente para “reunir dos sueldos a final de mes”; en la angustia creciente respecto al mañana para sí y los suyos (sobre todo los hijos); en la degradación o incluso la desaparición  de los servicios públicos y equipamientos colectivos a los que apenas podían acceder; en el sentimiento de no sentirse ya representados (tomados en cuenta o consideración) por nadie (sobre todo las organizaciones sindicales, profesionales y políticas), salvo por algunos alcaldes (aunque estos tienen cada vez menos poder); por el sentimiento de estar abandonados y dejados a su albur y de estar francamente despreciados, por los gobernantes que solo tienen ojos, oídos y voz, para ¡”los primeros de la fila”!

Sin embargo estos “desposeídos” aun disponen de esta fuerza colectiva que es la solidaridad local, basada en los vínculos de parentesco y vecindad, hecha de conocimiento y reconocimiento recíprocos, y también de una “economía subterránea” de colaboración; de intercambio de servicios de donaciones recíprocas, que asegura, más allá de la supervivencia, la posibilidad de “ir tirando”, Sin eso, no se explicaría que hombres y mujeres hayan participado en las operaciones realizadas por los “chalecos amarillos”, en la frialdad de noviembre durante varios días, y más de diez en ciertos casos.

La segunda característica sociológica notable del movimiento es su localización en el área rural peri-urbana. Eso es porque a las categorías sociales antes citadas cada vez se les expulsa más de los centros urbanos e incluso de las periferias urbanas más cercanas debido al aumento de precios de los alquileres y de las viviendas urbanas y a la expansión espacial de las ciudades (desarrollo rural-urbano). Por otra parte, en este espacio, la dependencia respecto al automóvil individual es máxima: se necesita al menos un automóvil por hogar, no solo para ir al trabajo, sino también para hacer las compras, llevar a los niños a la escuela y a las actividades complementarias, ir al médico, realizar las gestiones administrativas indispensables, participar en las actividades asociativas locales, etc., dada la concentración creciente de los equipamientos y los servicios, privados o públicos, en los centros de las periferias urbanas, por la ausencia o carencia de medios de transporte colectivo, por la preferencia concedida a la vivienda individual que favorece la dispersión del hábitat.

De ahí, el carácter obligatorio de los gastos en carburantes para estos hogares y en consecuencia, vista su precariedad presupuestaria, la extrema sensibilidad de estas personas respecto a su precio. Son sus aumentos continuos en el transcurso de los últimos meses, siguiendo el precio del petróleo en el mercado mundial y el anuncio de su próximo aumento ( el 1 de enero: 6,5 céntimos el litro de gasoil, 2,9 céntimos el litro de gasolina sin plomo de 95) derivado de la elevación del impuesto interior de consumo de productos energéticos (TICPE) que ha significado la ¡gota que colma el vaso! Tanto más que, dado que el gasoil ha estado durante mucho tiempo subvencionado respecto a otros carburantes, el parque de automóviles individuales supone aún hoy más del 60% de vehículos con motor diésel. De ahí la opción de sus formas de actuar (bloquear o filtrar la circulación de automóviles para sensibilizar a los conductores) y la elección del símbolo de convocatoria (el chaleco amarillo).

La composición sociológica del movimiento basta en esencia para explicar los límites originales en el terreno político e ideológico. Sus reivindicaciones inmediatas se han limitado a exigir una reducción del precios de los carburantes, sobre todo de los impuestos que configuran el 60% del precio. Pero esta dimensión anti fiscal no ha considerado más que una parte ínfima de la política fiscal del gobierno. Sin criticarla en su conjunto; sobre todo el aumento de la fiscalidad indirecta por encima de la directa, y en este contexto la fiscalidad sobre los ingresos del trabajo más que la de  los ingresos del capital, por lo tanto los ingresos mayores y de las grandes fortunas: así, la reducción del tipo del impuesto de sociedades (las empresas), el tipo fijo sobre los ingresos del capital, la supresión de los tipos superiores del impuesto sobre la renta (IRPP), la supresión del impuesto de solidaridad sobre los grandes patrimonios (IRF). Y los “chalecos amarillos” no desafiaron de inmediato el efecto de los ingresos fiscales (la vertiente de los gastos públicos) que aún beneficiaban al capital (veamos por ejemplo el crédito competitividad-empleo -CICE- de un total aproximado de 110.000 millones en cinco  años) en detrimento del trabajo (los recortes claros en la financiación de los servicios públicos y equipamientos colectivos, del que una parte constituye la porción socializada del salario). Pero parecidos límites no sorprendían a priori a partes de la población que no han tenido hasta hoy , en su mayoría, ninguna experiencia ni formación política y que por tanto era a menudo su primera movilización reivindicativa.

Fue argumentando con semejantes límites inmediatos como se han hecho oír diferentes voces para desacreditar el movimiento, o al menos, para arrojar sospechas sobre él. Dejemos el desprecio ordinario de los “primeros de la fila” por el “bajo pueblo”. Más sorprendentes e inquietantes han sido las voces provenientes de la izquierda o incluso de la extrema izquierda. El movimiento ha sido así calificado de poujadiste. En la segunda mitad de los 50, el poujadisme fue un movimiento compuesto por elementos de la pequeña burguesía (especialmente comerciante) y del pequeño capital amenazado por la penetración del gran capital (convertido en oligopolista) en ciertos sectores de la industria , del comercio y de los servicios, así como por el despliegue de instituciones características del compromiso fordista entre capital y trabajo asalariado (principalmente la Seguridad Social). En tanto que el movimiento actual está dominado por elementos del proletariado amenazados por el desmantelamiento continuo de las conquistas del compromiso fordista. Único punto común: el antifiscalismo; pero mientras que eso fue un elemento esencial para el movimiento poujadiste, el movimiento actual de los “chalecos amarillos”, lo ha superado, como veremos más adelante.

Nuestras “almas cándidas” de izquierda y de una parte de la extrema izquierda han acusado a este movimiento de haber sido arrastrado por la derecha dura y la extrema derecha. Tales acusaciones han sido difundidas basándose en la observación de objetivos, eslóganes o comportamientos sexistas y racistas en el seno de los colectivos de “chalecos amarillos”; de la presencia en los colectivos de símbolos o marcadores de la derecha o la extrema derecha nacionalista (la bandera tricolor, la Marsellesa); del apoyo inmediato obtenido por ellos, proveniente de los líderes de la extrema derecha o de la derecha extrema (Le Pen, Dupont-Aignan, Vauquiez) tendente a recuperarlo para sus propios fines y a la participación de militantes de la extrema derecha en alguno de sus colectivos.

Aunque en múltiples ocasiones los “chalecos amarillos” hayan declarado reivindicarse como “apolíticos” (ciertamente el apoliticismo es más bien de derecha), respondamos al menos a las acusaciones precedentes. Aparte de que los actos y expresiones racistas o sexistas han quedado en minoría en su seno, los “chalecos amarillos” no tienen por desgracia el monopolio del sexismo o del racismo. Desde este punto de vista, los militantes y organizaciones de izquierda y de extrema izquierda, tendrían que desembarazarse de su propia basura. Además, esperar que un movimiento popular espontaneo sea ideológicamente puro para apoyarlo e intervenir en él, es condenarse a la impotencia y poner el carro delante de los bueyes: exigir como punto de partida lo que solo puede ser un punto de llegada. Por otra parte, es discutible hacer de la bandera tricolor y la Marsellesa marcas solo de la derecha o extrema derecha nacionalista: podemos también recordar la herencia revolucionaria que conlleva, la única disponible de personas privadas de cualquier otra herencia revolucionaria. Finalmente, y sobre todo, no es tanto la presencia de elementos de la derecha y la extrema nacionalistas en el movimiento de los “chalecos amarillos” por lo que hay que alarmarse es por la ausencia de la izquierda y la extrema izquierda que sirva de contrapeso para expulsarlos del movimiento.

En su conjunto, estas organizaciones se han mantenido en efecto al margen de este movimiento, al menos en el primer momento. En el ámbito político, hemos asistido a un sostén de boquilla por parte del PS (aún no recuperado de su colapso del año pasado) y del PC (ocupado en su congreso), a un apoyo más claro por parte de la FI, del NPA o de AL (Alternativa libertaria) aunque sin llamar a una participación masiva al movimiento -excepción hecha de algunas individualidades (Ruffin,Besancenot, Poutou). En cuanto a las organizaciones sindicales, han presentado un gradiente de actitudes yendo de la indiferencia a la franca desconfianza englobando la hostilidad (el adorno anticuado como es habitual en la CFDT, cuyo secretario general habría visto en ello “una forma de totalitarismo”)- excepto algunas estructuras locales o federales (CGT metalurgia, Sud industria, SUD PTT, FO Transports) y, por supuesto, las de sus militantes o miembros que muy rápidamente, al contrario, tomaron la opción opuesta.

Las razones de tal actitud son múltiples. Han tomado en consideración las críticas precedentes del movimiento, emparejadas con la acusación de moverse en favor del patronato…del sector del transporte por carretera, que ha sostenido al movimiento por el hecho de emplear su reivindicación primordial, antes de retractarse rápidamente protestando contra los bloqueos de carreteras. Más profundamente, hay sin duda que incriminar la hostilidad de inicio respecto a los movimientos sociales espontáneos (el movimiento de los “chalecos amarillos” partió de una petición que circuló en las “redes sociales”) por parte de los estados mayores que tienen la costumbre de hacer desfilar sus tropas solo dónde y cuándo ellos deciden. Finalmente, hay que señalar su extemporaneidad respecto a toda esta parte de las capas populares en la que estas organizaciones no tienen (ya) ninguna implantación y que ha llegado a serle tan extraña e invisible como ésta resulta para el poder. Lo que dice mucho sobre su falta de anclaje en el “país real” y ha valido a estas pretendidas vanguardias encontrarse arrastradas por un movimiento popular, al menos en sus inicios.

Evidentemente, similar actitud es no solo un error sino una falta política grave. El movimiento de los “chalecos amarillos” es por supuesto complejo, compartido entre tendencias divergentes,  acrecido de probables contrarios. Su plataforma reivindicativa inicial era pobre y su horizonte político limitado (por no decir inexistente). Pero su potencial de lucha era y es enorme. Como ya lo ha probado la primera y la ampliación del segundo. Y esta es precisamente la misión de las organizaciones sindicales y políticas anticapitalistas de intervenir en su seno y en sus márgenes para ampliar y acelerar ese doble proceso y orientar al movimiento en un sentido globalmente favorable a los intereses de clase de sus miembros. Queda por determinar como.

Sobre todo no intervenir como donantes de lecciones y, aún menos, dando la impresión de querer recuperar el movimiento en favor de una organización cualquiera o de un programa político concreto. Defender, al contrario, la autonomía total del movimiento respecto al exterior y la democracia interna. Y contentarse con defender en su seno, un cierto número de propuestas entre las cuales dejo estas siguientes para la discusión.

En cuanto a las formas de organización. Promover la democracia asamblearia en los colectivos. Hacer de cada reunión un lugar de discusión y deliberación. Defender la autonomía de los colectivos locales aunque argumentando por la mayor coordinación posible entre los colectivos locales en términos de una base territorial definida por ellos. Mandatar estrictamente a los delegados para las coordinaciones en cuestión. No aceptar la institución de denominados representantes nacionales encargados de negociar con el gobierno. Pero buscar, tanto como sea posible, favorecer los lazos con las organizaciones y movimientos que se hayan declarado favorables al movimiento y que lo hayan apoyado, sin tentativas de instrumentalización de una u otro, empezando por aquellas (principalmente organizaciones sindicales y movimientos estudiantiles) que ya se han comprometido en acciones reivindicativas en su propio campo. Pues el potencial de descontento y de revuelta es inmenso en el conjunto del país, como lo probaron el sábado 1 de diciembre las escenas tumultuarias en París pero también en otros lugares (Marsella, Saint-Étienne, Le-Puy-en-Velay, Tours), que no han sido hechas por los “destructores” habituales.

Respecto al contenido reivindicativo. Proponer la elaboración de una plataformas reivindicativa que integre las reivindicaciones inmediatas aunque defendiendo la necesidad de ampliarlas y profundizarlas. A guisa de ejemplo:

-Reducción inmediata del precio de los carburantes mediante el TICPE, que constituye actualmente la cuarta fuente de ingresos fiscales del Estado (tras el TVA -IVA-, el IRPP -IRPF- y el IS). Institución de un precio administrado como forma de evitar deslizamientos de precios;

-Clara revalorización de los principales ingresos de los que viven las capas populares movilizadas: llevar el SMIC -SMIG- y las pensiones de jubilación al nivel del salario medio actual (en torno a 1700€); revalorización equivalente del conjunto de prestaciones sociales; llevar los minima sociales por encima del actual umbral de pobreza ( por ejemplo a los 1200€).

-Adopción y despliegue urgente de un plan de lucha contra la pobreza.

-Realojamiento de todos los SDF en las viviendas vacantes como ya autoriza la ley.

-Instaurar una limitación de alquileres. Lanzamiento de un programa plurianual de aislamiento del conjunto de viviendas, sociales o no, financiado con fondos públicos, comenzando por los ocupados por familias con precariedad energética.

-Reducción de la fiscalidad indirecta (por ejemplo, ampliación de la cesta de bienes y servicio sometidos a una TVA -IVA- reducido con imposición de un precio máximo, para evitar que los comerciantes se embolsen la diferencia).

-Reducción de la fiscalidad directa que grava el trabajo (por ejemplo, las tasas de la CSG). Aumento de la fiscalidad directa sobre el capital, las rentas elevadas y las grandes fortunas: restablecimiento de las franjas superiores del IRPP; aumento de los tipos impositivos de los ingresos de la propiedad bajo protección social; elevados impuestos sobre la parte de beneficios distribuidos en forma de dividendos; aumento de los tipos del IS; restablecimiento del ISF; supresión del CICE y del conjunto de nichos fiscales, cuyo total será orientado para financiar diferentes medidas ecológicas y sociales previamente enunciadas.

-Adopción de una moratoria sobre la deuda pública. Apertura de un procedimiento de auditoria de esta deuda para determinar su parte ilegítima que no será reembolsada.

-Elaboración de una cuaderno reivindicativo contra la degradación de los servicios públicos e, inversamente, para el refuerzo de dichos servicios, sobre todo en materia de transportes (reapertura de lineas locales de ferrocarril cerradas, gratuidad de los transportes colectivos), de salud (institución de un período de presencia obligatoria de jóvenes médicos en los desiertos médicos, reapertura de hospitales y servicios hospitalarios cerrados, dotándoles de medios suplementarios) y de educación (ningún cierre de aulas en la primaria, institución de una distancia mínima a recorrer por los  estudiantes de secundaria y puesta en funcionamiento de recogida escolar sistemática, de medios suplementarios para las actividades extraescolares.

-Supresión del conjunto de medidas destinadas al desmantelamiento de la protección social: supresión de las medidas de copago de medicinas; plan de urgencia para dotar a los hospitales públicos de medios suplementarios y abandono de toda subvención a las clínicas privadas; instauración de un derecho a la jubilación para todos después de 30 años de actividad basado en el 75% del mejor ingreso bruto limitado a dos veces el SMIC

En cuanto a las formas de acción. Sin abandonar las operaciones de bloqueo o de filtración de la circulación automóvil a las entradas de las ciudades (para discutir con los conductores, incitarlos a juntarse al movimiento, hacerles conocer las reivindicaciones) adoptar formas de acción adaptadas a las anteriores reivindicaciones (por ejemplo, bloqueo u ocupación de los servicios públicos para apoyar las reivindicaciones del personal de esos servicios e informar a los usuarios de tales reivindicaciones; incidencia en los alcaldes, los consejos departamentales y regionales, las permanencias de los diputados y senadores para obligarlos a reforzar las anteriores reivindicaciones.

Pero, sobre todo, me parece necesario privilegiar las actuaciones descentralizadas pero coordinadas en las provincias más que las acciones centralizadas en París: para permitir al máximo de personas implicarse; para permitir a los colectivos locales dominar sus decisiones y su calendario; para paralizar progresivamente el país; para agotar al gobierno y sus “fuerzas del orden” obligándoles a multiplicar sus puntos de intervención y su desplazamiento.

Más allá de las propuestas precedentes, que pueden y han de ser debatidas colectivamente en el seno del movimiento, hay sobre todo la necesidad y la urgencia de intervenir en el seno de éste para permitirle ir lo más lejos posible lo que no ha de discutirse en el seno de las organizaciones sindicales y políticas anticapitalistas. Y, cualquiera que sea su salida, este movimiento habrá revelado la existencia de un inmenso campo de capas populares que debe constituir una auténtica tierra de misión para esas organizaciones en los meses y años venideros. Sin ello, no habrá que sorprenderse y quejarse por ver a esas capas populares ceder aún un poco más a los cantos de sirena de la extrema derecha que sabrán, por su parte, atizar el resentimiento y sembrar la xenofobia y el racismo y favorecer con ello el repliegue identitario.

Texto publicado originalmente en el blog A l’Encontre
Traducción de Ramón Sánchez Tabarés para Sin Permiso