sábado, 19 de enero de 2019

LOS ACTOS CONTRARIOS A LA DEMOCRACIA DEL FUJIMORISMO, ALIMENTAN EL PASO FINAL DE SU EXISTENCIA COMO MOVIMIENTO POLÍTICO





Fernando Anibal Arce Meza
Estimados amigos:
Tal vez muchos de nosotros no hay espacio relacionado con el tiempo como para la lectura de un diario, revista o libro, igualmente pasa con mis escritos; sin embargo, considero que los artículos extensos son de mayor motivo de rechazo, dado que en una carilla no se puede ocuparse de una de las tantas desventuras que el Perú no merece. Esto no impide mi insistencia por dar una información objetiva que se convierte en una obligación a los amigos, por tanto se requiere de amplitud en los escritos por más equivocados que parezcan. Espero con paciencia que los peruanos lean, no recibiendo o reflexionando lo que la prensa conservadora intensifique ese constructo que se llena de contenido del anticambio y de las reformas públicas.
Atentamente,
Fernando Arce Meza
LOS ACTOS CONTRARIOS A LA DEMOCRACIA DEL FUJIMORISMO, ALIMENTAN EL PASO FINAL DE SU EXISTENCIA COMO MOVIMIENTO POLÍTICO
La crisis por la que viene pasando la “segunda ola del fujimorismo” parece que  llega a ser terminal. Esta vez su crisis ha sido más fuerte de la que sufrió el fujimorismo del 90; donde Alberto Kenya se fugó, aunque paradójicamente no desaparecerían de la vida política ni él, ni sus adeptos, incluida Keiko Fujimori.  
El fujimorismo esperaba que el caudillo regresara, y contra todo pronóstico regresó, para encabezar el movimiento, pero en el camino fue repatriado de Chile y puesto en manos del poder judicial, acusado por los daños y tropelías de su gobierno. Chile limitó a solamente ser procesado por las matanzas de barrios altos (jirón Huanta) y de los alumnos y el profesor de la Cantuta, ambos con atentados de muerte, que fueron físicamente ejecutados por grupos paramilitares, y que en esencia no eran tales, dado que dichos grupos pertenecían al SIE y firmaban planillas, como militares en ejercicio y retirados.
A Alberto Fujimori se le responsabiliza penalmente, porque conociendo de los operativos, nada hizo como presidente para investigar, sabiendo que su asesor personal, no dejaba de darle cuenta de los planes y sus resultados de combatir al senderismo. Estos casos son genocidios por la forma de su realización y estar compelida en delito de lesa humanidad, éstos serían unos de los tantos operativos que el asesor Montesinos preparó con el alto mando del SIE.
Es importante relievar estos acontecimientos, para entender la mentalidad personal y social de quienes actuaron en la lucha contra la subversión terrorista de sendero, y a la vez considerar que parte de la civilidad mostraba su apoyo, convencidos que el combate contra el terrorismo todo valía.
La falta de información de este andar criminal del gobierno de la autocracia fujimorista, la ciudadanía no recibió oportuna explicación y menos se significó la gravedad de estos hechos contra la dignidad que merece la persona humana. Claro está, ¿cómo cabe pedir a una autocracia que elabore un informe condenatorio? Esto explica que una buena cantidad de ciudadanos que darían pase a los hechos ocurridos, y allí estarían las primeras bases de lo que posteriormente serían los electores de Fuerza Popular.
Empero, Fujimori preso en una cárcel dorada por tiempo considerable, no podía ser el jefe del movimiento, para ello sus consejeros convencieron a la hija, quien aceptó ser la nueva jefa de la organización; sin embargo, Keiko se dio el tiempo necesario para quitar a los viejos amigos de Cambio 90 y de Nueva Mayoría: tanto en la dirección de FP; como para ser candidatos al congreso y a los gobiernos descentralizdos, precisamente apuntó a quienes en esas organizaciones tuvieron presencia activa en los años 90.
La señora Keiko seguiría organizando no solo a su propio grupo de allegados y amigos, éstos no solo serían los nuevos consejeros, sino que con ellos habría de articular el movimiento, y que como se ha visto no tomaría en cuenta a los miembros del antiguo fujimorismo, a la vez intentó iluminarse de ideas provenientes de la doctrina democrática, aunque sin éxito, porque su personalidad y quienes la acompañaban no son de creer en la democracia, pues practican el escondido autoritarismo, ligado al pensamiento conservador muy vinculado a los intereses de los grupos de poder económico.
El eje será que Fuerza Popular engañosamente habría tomado la forma de un partido político, regido bajo los lineamientos y comportamientos de los llamados partidos tradicionales, donde impera particularmente el verticalismo de la cúpula; es decir, que Keiko estableció un clan, y ellos son quienes hacen “lo mejor”, y es aceptado por la segunda línea de dirigentes, incluida su “militancia”.
Se armaba toda una organización del doble discurso, al igual que los tradicionales, así podían participar en el campo accidentado de la política peruana, la misma que al momento viene pasando por una democracia que en 18 años sigue con baja intensidad, presente a raíz de la caída del gobierno de los años 90, paradójicamente, también fujimorista. Estas situaciones se explican por el comportamiento sinuoso que tiene la política peruana.
El fujimorismo fue un vendaval inimaginable de votos en las elecciones del 2011 y 2016, aparecía como un movimiento de alianzas entre los antiguos fujimoristas postergados, los nuevos fujimoristas –tecnócratas, financistas “verdaderos y mentirosos”-, los grupos del selecto pensar conservador del anti cambio, los grupos de poder económico y la mancha de adeptos de los sectores C y D de raigambre clientelista y populista, y sin dejar de contar con el apoyo millonario de los medios de comunicación -radio, TV y prensa escrita-.
En las elecciones del 2016 fue un aluvión al conseguir una mayoría congresal de 73 miembros de 130 –nunca visto-, ello le permitía un control absoluto del poder legislativo. Esta representación se consiguió por el trabajo de colocar en las listas a personas destacadas en el medio regional y local. En la segunda vuelta recibió el apoyo de muchos indecisos de las otras organizaciones políticas, inclinadas al conservadurismo, que veían en PPK un presidente débil para gobernar, en cambio a Keiko se le apreciaba como la figura joven y que sería capaz del orden público con la misma dureza que impuso su padre.
El candidato PPK ganó por un estrechísimo margen de 40 mil votos, y es aquí donde surge el antifujimorismo que era la gran mitad de la ciudadanía, ésta veía que FP era dueña del poder legislativo y  habría de ejercer un verticalismo, considerando que esto último era un presagio de que FP seguía al fujimorismo de los 90: autócrata y mafioso.
El triunfo de PPK empero deslizaba visibles expresiones de no estar empoderado, no tenía un partido organizado, escasa representación en el parlamento y no avizoraba alianzas de gobiernos con otros grupos partidarios; estas carencias debieron ser reemplazadas con la iniciativa en planes de gobierno, pues el fujimorismo siendo perdedor no daría tregua. Como así fue, el segundo fujimorismo –FP- se sintió poderosa y dispuesto a la revancha apremiado por la derrota, donde Keiko estaba dolida como para superar el no haber sido presidenta, ello debió motivar de hacer propuestas que se volvieran proyectos favorables a la marcha del país.
Más bien tuvo una reacción contraria al gobierno, todo habría de indicar que se prepararon para el enfrentamiento que, por cierto se volvió imparable, sus congresistas mostrarían constancia en evidenciar cualquier error del ejecutivo, censuró ministros y llegó a lo muy deseado por Keiko, acabar con la presidencia de PPK. Fueron momentos culminantes del poder fujimorista.
Estas acciones forzadas tienen que ver, ya lo hemos dicho, de contar con aliados del catolicismo fundamentalista y los evangélicos -pero del luteranismo conservador de medio pelo-, de estos y de otros casos aislados. En conjunto aparecen vectores que evidenciaban una inclinación al negacionismo (de corte fascista) de valorar la mentira y el rumor acusatorio, el mentir por el mentir que algo queda del nazismo de Goebbels, para eliminar la verdad histórica. Es el caso de las instalaciones culturales que a cuento de la visión moderna de presentar los hechos históricos en los museos públicos, tienen manifiesta dirección y participación de especialistas vinculados a la subversión senderista, la misma que se evidencia con el “terruquismo” tan peruano para éstos casos, habiendo sido usada como denuncia por el general en retiro y congresista Edwin Donayre -actualmente sentencia judicial por apropiación ilícita-.  
El fujimorismo se acerca y se asemeja al  movimiento y gobierno de la falange franquista de la España que nació en la guerra civil, en que se validaba  trastocando el saber científico sobre las cuestiones del recorrido del desarrollo humano y que esclarece verdades del ser y sus creaciones culturales.  
La renuncia del presidente PPK significó un aparente triunfo del Fuerza Popular y de encumbrar a su jefa Keiko Fujimori, a fin de que el poder alcanzado facilite  el acceso del primer vice presidente Martín Vizcarra a la presidencia, en clara sujeción para ser presidente, bajo condiciones de cumplir las propuestas, en particular de Keiko Fujimori. Probablemente, la reacción del nuevo presidente inicialmente evaluó el precio de la continuidad constitucional, y luego, vinieron las exigencias que el presidente Vizcarra no podía aceptar, ello significó un rompimiento que, se inicia por la inteligencia policial, que serían puestas en conocimiento de la ciudadanía en relación a las investigaciones que realiza la fiscalía de Callao sobre grupos delincuenciales, y que en esas investigaciones apareció como jueces y fiscales que tramaban organizaciones criminales vinculadas y dirigidas por el juez supremo Hinostroza Pariachi.  
La coincidencia de los audios de vergüenza judicial tuvo eco en el presidente Vizcarra, para las diferencias entre el poder ejecutivo y el legislativo, ante las incriminaciones sobre los aportes a sus campañas de FP que giran en torno a Keiko Fujimori y que serían negadas. El discurso del 28 de Julio del 2018 del Presidente Vizcarra fue el detonante para tambalear el poder del Keiko y FP.  
El presidente propuso cuatro reformas constitucionales en dos momentos: primero, la aprobación del congreso; y segundo, el referéndum que significaría si la ciudadanía aprobaba dichas reformas. La presentación del proyecto de reformas fue en agosto del 2018 por parte del poder ejecutivo, y con un plazo de aprobación del congreso que fuese antes para someter el 9 de diciembre al  referéndum. El congreso consideró un ultimátum del ejecutivo, lo que hizo que la revisión y aprobación de los proyectos de las reformas tuvieran resistencias.
Esto último se tomó como que el Ejecutivo prácticamente estaría asediando al Legislativo o mejor lo obliga a realizar -lo que debió ser iniciativa de la mayoría fujimorista-. Tal vez la forma era imperativa; sin embargo el fondo del asunto tenía un significado, al ser el presidente Vizcarra quien asumía una decisión política que el país requería de reformas, tocando la parte importante y tan sensible de obtener una administración de justicia contraria en una de las relaciones de vida, como impedir a los ciudadanos y los inversionistas de contar con una justicia adecentada y moderna con los tiempos, lo que evidenciaba en opinión de los especialistas que estas reformas son un clamor válido que se conjuga con los resultados de las investigaciones delictivas que el propio Ministerio Público encontró en miembros del CNM, de jueces y fiscales.   
Todos estos hechos demuestran que el poder “enloqueció” al fujimorismo y su jefa, y que ellos eran dueños del país, y por tal razón quería apoderarse de las instituciones públicas con todo el derecho que le permitía ser mayoría absoluta en el congreso; sin embargo, cometió muchos desatinos –a pesar de colocarse en la cúspide- y por tal razón confió en que nadie descubriría los entretelones de su accionar, pero no calculó que Marcelo Odebrecht y Jorge Barata de la constructora brasilera, manifestaran que ellos aportaron a las campañas de los candidatos. Empero cabe señalar que esas declaraciones eran ciertas, gracias a la justicia brasilera.
Luego, viene a ser asimiladas por los fiscales y jueces peruanos que realizan las investigaciones que con justicia y probidad –antes no existían- se mostraría que en FP había una organización criminal en su alta dirigencia, que aprovecharon de esos aportes sus más conspicuos dirigentes.
Esta organización llegó a delinquir, no midió lo que hacían e imponía en el caso de los aportes de origen mal habido; sino que asumió un control extremo de sus congresistas, sujeción que les costaría las renuncias y abandonos de ser 73 quedando en 56, igual ocurrió con su accionar, partió de revanchas para enfrentarse bajo una constancia inigualable, censuró por censurar, bloqueó y consiguió que el país se paralice al eliminar al presidente de la república con arrogancia y soberbia, no le importó que el presidente tomaba una decisión que no cumplía con los requisitos como el indulto a Alberto Fujimori, la intención presidencial era disminuir el poder exigente del fujimorismo; asimismo, el indulto conseguido se debió a los esfuerzos de su hermano, Kenji.
Empero, la dirección de FP no solo ha llegado en su prepotencia e intransigencia al máximo de su intolerancia, precipitando más allá de que sea así, con un presidente que cometió errores de función y de dudosas operaciones de su empresa con la corrupción brasilera; sino que arremetió con su competidor político dentro de FP, lo que Keiko no ponía aceptar. La respuesta ha sido desaforar al hermano y su grupo disidente del Legislativo, acusándolos sin mayores pruebas de recibir del ejecutivo ventajas en los proyectos de obras, una versión más del revanchismo autoritario. Los disidentes fueron reemplazados en la seguridad de que se someterían a la mayoría congresista de FP jefaturada por Keiko Fujimori.    
En síntesis, el comportamiento del núcleo directivo del fujimorismo se sintió que eran los delfines del conservadorismo, oportunistas por que éstos no hicieron y más bien escondían los actos de corrupción y tienen al Estado secuestrado. Por tan razón hubo empatía entre fujimoristas y conservadores extremos, a la que se agrega la tecnocracia del neoliberalismo en lo económico y en lo social, estuvo también el apoyo del clero ultramontano del catolicismo y de grupos determinados de evangélicos fanáticos y nada sapientes.
En semejantes condiciones la alta dirigencia del fujimorismo le costaría caro tomar poder en la política peruana, para ello usó del blindaje de determinadas autoridades, por ejemplo al ex Fiscal Supremo Pedro Chávarry y de otros fiscales supremos, a parlamentarios de muchas faltas a su función congresal, casos de Becerril, Mamani y Edwin Donayre. Ello trajo la protesta ciudadana de los que gozan del blindaje de la mayoría fujimorista y sus aliados apristas.
Es decir, con ese comportamiento de FP en el congreso se corren de la verdad y la transparencia, ¿qué podemos pedir a ese movimiento político?, esto es consecuencia de que en los partidos no hay calidad en sus dirigentes, no tienen trayectoria, no tienen relación con los académicos y los profesionales sobresalientes. Prefieren ser mandones y caudillos, no dando cuenta de sus actos contrarios a la verdad, razón por la cual recurren como hemos dicho a consejeros de medio pelo, y que a buen seguro tienen pasados vergonzantes.
En consecuencia, ese poder casi omnímodo, los ha llevado a su autodestrucción, no cayendo necesariamente por acción de terceros, haciendo analogías sobre lo que dice Arnold J. Toynbee sobre los grandes reinos y países en que ellos mismos –por sus propios errores- no mueren por asesinato sino por suicidio. Así pues, FP como movimiento político al sentirse poderoso al haber cometido no solo errores, sino su dirigencia potente se volvió una organización criminal dentro de ese movimiento político, no hubo acción de terceros que empujaran su oposición a ellos, paradójicamente su dirigencia se va poniendo al margen y en una contienda electoral próxima, si se presenta, perderán inclusive su inscripción en el JNE.
Esto último nos lleva a la conclusión que el gobierno de la transición y los subsiguientes gobiernos elegidos han debido proponer la ley que impida la existencia de organizaciones de origen y accionar que niegan la democracia; sin embargo el poder conservador y el fundamentalismo clerical semejante al falangismo español de dimensión nazi/fascista intenta conseguir que se mantenga a jueces que  todavía carecen de ética y sin moral de trabajo que los lleven a sentir que su actuar es correcto y que reciben el apoyo de la ciudadanía; estos jueces al formar parte significativa del sistema de administración de la justicia, los gana la envidia porque hay pocos fiscales y jueces de calidad y probidad, y que usando los espacios judiciales han quitado a uno de esos jueces, como Richard Concepción Carhuancho, reemplazándolo por uno de los tres candidatos que tienen pasado vergonzante y han sido retirados, quedando solo la jueza para el caso lava jato a Elizabeth Arias, quien ha tenido sentencias favorables para la jefa de FP en camino de ser juzgada por presidir una organización criminal.
Finalmente se puede decir que el fujimorismo “organizado” aún cuenta con adeptos que gozan de poder y dinero para descabezar a jueces y fiscales que han roto con el doble discurso de una administración de justicia envenenada paradójicamente perversa para no hacer justicia. Se necesita de las reformas del poder público de la administración de justicia, estas reformas incluyen a los agentes de justicia preparados académicamente, porque los abogados y las otras profesiones de analistas sociales y políticas se distinguen en su actuar profesional que merezcan seguridad jurídica, y que vocales y fiscales rindan cuenta, no solo a sus entidades; sino también a las organizaciones civiles que representan a la ciudadanía, esto último de continuar, seguirá negando justicia.
Fernando Arce Meza                    Surco, 18 de Enero del 2018

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