martes, 24 de agosto de 2021

PERIODISMO EMPUTECIDO

Jaime Araujo Frias

10 mayo, 2015  

Nos mean y la prensa dice llueve…

Eduardo Galeano



Y desgraciadamente habitamos un país periodísticamente emputecido. En el que, entre otros problemas, la mentira se ha convertido en regla y la verdad en un valor sospechoso. Salvo algunas excepciones, nada se ha prostituido más que los profesionales de la comunicación: deben informar y desinforman, deben culturizar y embrutecen, deben comunicar la verdad y mienten, etc.

Cabe precisar que el término prostitución tiene una connotación que abarca muchos aspectos. Lo propio de la prostitución es el desprendimiento de la autonomía, la renuncia al ejercicio libre y deliberado de las pasiones que nacen del cuerpo. La enajenación de la subjetividad: convicciones, valores morales, ideológicos, etc., a cambio de dinero. En conclusión, los prostitutos (as) no son dueños de sí mismos, porque han sido desposeídos del uso independiente, libre y autónomo de su subjetividad (Onfray, 2011: 103). El cual implica dirigir su vida en mérito a sus propias decisiones y no a los quereres de nada ni de nadie.

Los medios de comunicación, concretamente los profesionales que la componen en general, se han prostituido porque han renunciado a su conciencia. Reproducen narrativas orales y escritas con la única finalidad de  satisfacer a sus clientes, aunque ello implique mutilar la verdad. En el camino han olvidado que el verbo está al servicio del logos y este a favor del pueblo: su morada primigenia del cual emana la justicia. Así lo entendió Rawls (2010: 17) cuando escribió que “la justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad de los sistemas de pensamiento”. Las palabras brotan de su boca, pero expresan la voz del verdugo, los intereses de las corporaciones, de los amos del país. No se detienen a preguntarse a favor de qué están realmente y qué están dispuestos a defender por sí mismos como algo propio (Nussbaum, 2005: 51).

En suma, podemos decir que son como instrumentos en los que el mercado (capitalismo) toca su melodía, o como las antiguas máscaras teatrales por donde habla la voz del tirano y el público ingenuo se deleita.

Las consecuencias son perniciosas. Los profesionales de la comunicación al mentir acerca de lo que realmente ocurre en nuestro país, contribuyen a dar forma a nuestras percepciones sobre los problemas de sociedad. El conciudadano incauto (mayoritariamente) se convierte en víctima de lo que se ha dado en llamar armas del engaño de masas (Bunge, 2007: 16). Es un sujeto sujetado por una especie de chaleco de fuerza de mentiras que le impide ver lo que pasa en sus narices. Y vive considerando que las cosas están bien como están, y que en consecuencia, no hay nada por cambiar, sino todo por aplaudir.

De manera que desvelar las mentiras que se oculta detrás de las pantallas, de los micrófonos, panfletos, etc., es un imperativo de quienes aún defendemos el valor de la verdad y pensamos que con un poco de atrevimiento y dedicación es posible comunicarla: el logos debiera ser vestido con las alas del lenguaje que dice la verdad y arrojarse al mundo a fin de posibilitar la vida y no ser teñido de mierda por unas cuantas caricias monetarias.

Si esto no ocurre, ¿qué hacer? No lo sé exactamente. Tal vez impedir que los absurdos, las mediocridades, las estupideces se justifiquen en nombre de la verdad, que no es otra forma de decir la razón, se me ocurre, ¿Cómo? Desacreditándolas, atacándolas, cuestionándolas, haciendo de ellas algo vergonzoso. A un a riesgo de que por nuestro accionar seamos tenidos por algunos (los dueños del Perú,o algún estúpido) como arrogantes, o incluso, como un peligro para el progreso de nuestro país. En última instancia, no declinando jamás a pensar y a decir lo que pensamos. Y definimos al pensamiento como discernimiento, a este como crítica, y a la crítica como el fundidor por el que pasa el lenguaje y es depurado de sus inmundicias hasta quedar un resto sustancial: verdad. O, para decirlo poéticamente, no callando jamás “hasta que un puñado de tierra nos tape la boca…, Pero ¿es eso una respuesta?” (Heinrich Heine, Lázaro).

Referencias bibliográficas:

Bunge, Mario (2007). A la caza de la realidad. La controversia sobre el realismo. Barcelona: Gedisa.

Nussbaum, Martha (2005). El cultivo de la humanidad. Una defensa clásica de la reforma en la educación liberal. Barcelona: Paidós.

Onfray, Michel (2011). Política del rebelde. Tratado de resistencia e insumisión. Barcelona: Anagrama.

Rawls, John (2010). Teoría de la justicia. México D.F: Fondo de Cultura Económica.

Fuente: https://jaraujofrias.wordpress.com/2015/05/10/periodismo-emputecido/

 

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