jueves, 3 de octubre de 2024

DE KARL MARX AL ECO-MARXISMO


Michael Löwy

24/Sep/2024

 

La reflexión sobre la contribución de Marx a una perspectiva ecológica ha progresado mucho en las últimas décadas. La imagen un tanto caricaturesca de un Marx “prometeico”, productivista, indiferente a los retos medioambientales, transmitida por algunos ecologistas, ansiosos de “sustituir el paradigma rojo por el verde”, ha perdido mucha credibilidad. El pionero en el redescubrimiento de la dimensión ecológica en Marx y Engels fue sin duda John Bellamy Foster, con su obra La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza (Ediciones de Intervención Cultural, 2000), que pone de manifiesto los análisis de Marx sobre la “fractura metabólica” (Riss des Stoffwechsels) entre las sociedades humanas y el medio natural, provocada por el capitalismo. Bellamy Foster transformó la Monthly Review, una de las publicaciones más importantes de la izquierda norteamericana, en una revista eco-marxista, y fomentó el avance de toda una escuela de pensamiento marxista en torno a la temática del metabolic rift, incluyendo a autores tan importantes como Brett Clark, Ian Angus, Paul Burkett, Richard York y otros. Se puede criticar a Bellamy Foster por su lectura de Marx como un ecologista comprometido desde sus escritos de juventud hasta sus últimos trabajos, sin tener en cuenta textos o pasajes que muestran una lógica productivista; pero no se puede dudar de la importancia, la novedad, la profundidad de sus escritos. En la lectura de Marx en una perspectiva ecológica hay un antes y un después de Bellamy Foster.

Próximo a esta escuela de pensamiento -su primer libro, Karl Marx’s Ecosocialism, Capital, Nature and the Unfinished Critique of Political Economy (2017) [La naturaleza contra el capital, Bellaterra, 2022] fue publicado por Monthly Review Press-, el joven investigador japonés Kohei Saito se distingue por una interpretación más matizada de los escritos de Marx. Tanto en su primer libro como en el siguiente, Marx in the Anthropocene. Towards the Idea of Degrowth Communism (2022), muestra que la reflexión de Marx sobre el medio ambiente no es un todo homogéneo. No trata los escritos de Marx como un conjunto sistemático, definido de comienzo a fin por un gran compromiso ecológico (según algunos) o una poderosa tendencia no ecológica (según otros), sino como un pensamiento en movimiento. Es cierto que se pueden descubrir elementos de continuidad en la reflexión de Marx sobre la naturaleza, pero también hay cambios y reorientaciones muy significativas. Además, como lo sugiere el subtítulo del libro de 2017 -publicado en francés como La Nature contre le Capital. L’écologie de Marx dans sa critique inachevée du capital (2021)- sus reflexiones críticas sobre la relación entre la economía política y el medio natural quedaron “inacabadas”.

Entre las continuidades, una de las más importantes es la cuestión de la “separación” capitalista de los humanos respecto de la tierra, esto es de la naturaleza. Marx pensaba que en las sociedades precapitalistas existía una forma de unidad entre los productores y la tierra, y consideraba como una de las tareas esenciales del socialismo la de restablecer la unidad original entre los humanos y la naturaleza, destruída por el capitalismo, aunque a un nivel más elevado (negación de la negación). Eso explica el interés de Marx por las comunidades precapitalistas, tanto en sus discusiones ecológicas (por ejemplo, Carl Fraas) como en sus investigaciones antropológicas (Franz Maurer): estos dos autores eran considerados “socialistas inconscientes”. Y desde luego, en su último documento importante, la carta a Vera Zasulich (1881), Marx afirmaba que gracias a la supresión del capitalismo, las sociedades modernas podrían volver a una forma superior de un tipo “arcaico” de propiedad y de producción colectivas. Se diría que esto pertenece al momento “anticapitalista romántico” de las reflexiones de Marx… Sea como sea, esta interesante visión general de Saito resulta muy pertinente hoy día, cuando las comunidades indígenas de las Américas, de Canadá a la Patagonia, están en primera línea de la resistencia a la destrucción capitalista del entorno.

No obstante, la principal contribución de Saito es mostrar el movimiento, la evolución de las reflexiones de Marx sobre la naturaleza, en un proceso de aprendizaje, reconsideración y remodelación de sus pensamientos. Antes de El Capital (1867), se puede encontrar en los escritos de Marx una evaluación bastante poco crítica del “progreso” capitalista -una actitud muchas veces descrita con el vago término mitológico de “prometeismo”. Esto resulta evidente en el Manifiesto Comunista, que celebraba la “sumisión de las fuerzas de la naturaleza al hombre” y la “roturación de continentes enteros para el cultivo”; pero se aplica también a los Cuadernos de Londres (1851), a los Manuscritos Económicos de 1861-63 y a otros escritos de aquellos años. Curiosamente, Saito parece excluir de su crítica a los Grundrisse (1857-58), una excepción no justificadaen mi opinión, porquees conocido cómo admiraba Marx en este manuscrito la “gran misión civilizadora del capitalismo” respecto a la naturaleza y a las comunidades precapitalistas, prisioneras de su localismo y de su ¡”idolatría de la naturaleza”!

El cambio ocurre en 1865-66, cuando Marx descubrió, leyendo los escritos del químico agrícola Justus von Liebig, el problema del agotamiento de los suelos, y la ruptura metabólica entre las sociedades humanas y el medio natural. Esto llevaría, en el volumen I del Capital -aunque también en los otros dos volúmenes inacabados- a una valoración mucho más crítica de la naturaleza destructiva del “progreso” capitalista, en particular en la agricultura. Después de 1868, leyendo a otro científico alemán, Carl Fraas, Marx descubrió también otras cuestiones ecológicas importantes, como la deforestación y el cambio climático local. Según Saito, si Marx hubiera podido terminar los volúmenes 2 y 3 del Capital, habría puesto más el acento en la crisis ecológica -lo que significa también, al menos implícitamente, que en su estado inacabado actual, el acento no estaba suficientemente puesto en esas cuestiones…

Esto me lleva a mi principal desacuerdo con Saito: en varios pasajes del libro, afirma que para Marx “la no durabilidad medioambiental del capitalismo es la contradicción del sistema” (p. 142, subrayado por Saito); o que al final de su vida, llegó a considerar la ruptura metabólica como “el problema más grave del capitalismo”; o que el conflicto con los límites naturales era para Marx “la principal contradicción del modo de producción capitalista”.

Me pregunto dónde ha encontrado Saito semejantes declaraciones, en los escritos de Marx, los libros publicados, los manuscritos o los cuadernos… Son inencontrables, y por una buena razón: la insostenibilidad ecológico del sistema capitalista no era una cuestión decisiva en el siglo XIX como lo es hoy día: o mejor dicho, desde 1945, cuando el planeta ha entrado en una nueva era geológica, el Antropoceno. Creo además que la ruptura metabólica, o el conflicto con los límites naturales, no es “un problema del capitalismo” o una “contradicción del sistema”, ¡es mucho más que eso! Es una contradicción entre el sistema y las “condiciones naturales eternas” (Marx), y por tanto con las condiciones naturales de la vida humana en el planeta. De hecho, como afirma Paul Burkett (citado por Saito), el capital puede continuar acumulando en cualquiercondición natural, incluso degradada, mientras no haya extinción completa de la vida humana: la civilización humana puede desaparecer antes de que la acumulación del capital se vuelva imposible…

Saito concluye su libro con una valoración sobria que me parece una resumen muy pertinente de la cuestión: El Capital (el libro) fue un proyecto inacabado. Marx no respondió a todas las cuestiones ni predijo el mundo de hoy. Pero su crítica del capitalismo proporciona una base teórica extremadamente útil para la comprensión de la crisis ecológica actual. Por consiguiente, añadiría que el ecosocialismo puede apoyarse en las ideas de Marx, pero que debe desarrollar plenamente una nueva confrontación eco-marxista con los desafíos del Antropoceno en el siglo XXI.

En su último libro, Marx and the Anthropocene, Saito desarrolla y amplia su análisis de los escritos de Marx, criticando el productivismo de los Grundrisse y del famoso Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, a menudo considerada la formulación definitiva del materialismo histórico. En el Prólogo de 1859, las fuerzas productivas aparecen como la principal fuerza motriz de la historia, que sería liberada, gracias a la revolución, de los “obstáculos” que constituyen las relaciones de producción capitalistas. Sitio muestra cómo, a partir de 1870, en sus escritos sobre Rusia y en sus cuadernos de notas etnográficas o naturalistas, Marx se aleja de esta visión de la historia. En este “último Marx” se esboza, según Saito, una nueva concepción del materialismo histórico -ciertamente inacabado- en donde el medio natural y las comunidades pre-modernas (o no-europeas) juegan un papel esencial. Saito intenta mostrar también, sobre todo a partir de los Cuadernos de Notas recientemente publicados por la nueva MEGA, una adhesión de Marx a la idea de decrecimiento, pero esta hipótesis no encuentra un fundamente efectivo en estos escritos.

Marx crítico de la acumulación ilimitada

Me parece que la cuestión de la contribución de Marx al ecosocialismo, o si se prefiere, al eco-marxismo, no se limita a sus textos sobre la relación con la naturaleza -que son, hay que reconocerlo, relativamente marginales en su obra: no hay un solo libro, o artículo, o capítulo de libro, de Marx o de Engels, dedicado a la ecología, o a la crisis ecológica. Lo cual es del todo comprensible, considerando que la destrucción capitalista del entorno sólo estaba en sus primeras manifestaciones, y no tenía en absoluto la gravedad que hoy día tiene. Pienso que en sus escritos se encuentran argumentos que no tienen por objeto la naturaleza, pero constituyen contribuciones esenciales para una reflexión eco-marxista, a condición de ser repensadas en función de la crisis ecológica de nuestra época. Hay que considerar aquí dos elementos:

1.      La crítica de Marx a la hybris capitalista: la acumulación/expansión sin límites.

2.     El comunismo como “Reino de la Libertad”

3.     El capitalismo es un sistema que no puede existir sin una tendencia expansiva ilimitada. En los Grundrisse, Marx observaba:

“El capital, en tanto que representa la forma universal de la riqueza -el dinero- es la tendencia sin límites ni medida a superar su propio límite. Cualquier límite no puede ser superado más que por él. Si no, dejaría de ser capital: el dinero en tanto que se produce a sí mismo (…) es el movimiento perpetuo que tiende siempre a crear más”[1].

Es un análisis que se desarrollará en el primer volumen de El Capital. Según Marx, el capitalista es un individuo que no funciona más que como “capital personificado”. Como tal, es necesariamente un “agente fanático de la acumulación”, que “fuerza a los hombres, sin piedad ni tregua, a producir para producir”. Este comportamiento es “el efecto de un mecanismo social del que sólo es un engranaje”. ¿Cuál es ese “mecanismo social”, cuya expresión psíquica en el capitalista es “la más sórdida avaricia y el espíritu calculadormás mezquino”? Esta es su dinámica, según Marx:

“El desarrollo de la producción capitalista necesita una expansión continua del capital colocado en una empresa, y la concurrencia impone las leyes inmanentes de la producción capitalista como leyes coercitivas externas a cada capitalista individual. No le permite conservar su capital sin ampliarlo, y no puede continuar ampliándolo sin una acumulación progresiva”[2].

La acumulación ilimitada del capital es la regla inflexible del mecanismo social capitalista: “¡Acumulad, acumulad! ¡Es la ley y los profetas! (…) Acumular para acumular, producir para producir, es la consigna de la economía política que proclama la misión histórica del período burgués”[3].

Acumulación para la acumulación, producción para la producción, sin tregua ni piedad, sin límites ni medida, en un movimiento perpetuo de crecimiento, una ampliación continua: ésta es, según Marx, la lógica implacable del capital, ese mecanismo social del que los capitalistas son “agentes fanáticos”. El imperativo de acumulación se convierte en una especie de religión secular, de culto “fanático”, en el que la mercancía sustituye a “la ley y los profetas” del judeo-cristianismo.

El significado de este diagnóstico para el Antropoceno del siglo XXI resulta evidente: esta lógica productivista del capitalismo, esta hybris que exige la expansión permanente y que rechaza cualquier límite, es la responsable de la crisis ecológica y del proceso catastrófico de cambio climático de nuestra época. El análisis de Marx permite comprender por qué el “capitalismo verde” no es más que un señuelo: el sistema no puede existir sin acumulación y crecimiento, un crecimiento “sin límite ni medida”, que depende en un 80% de las energías fósiles. Por eso, a pesar de las lenificantes declaraciones de los gobiernos y de las reuniones internacionales sobre el clima (las COPs) o sobre la “transición ecológica”, las emisiones de gas de efecto invernadero no han dejado de crecer. Los científicos hacen sonar la voz de alarma y enfatizan la necesidad urgente de cesar cualquier nueva explotación de energías fósiles, esperando reducir rápidamente la utilización de los recursos existentes; pero los grandes monopolio del petróleo abren cada día nuevos pozos, y su representante, la OPEP, anuncia públicamente que harán falta explotar estos recursos durante mucho tiempo todavía, “para satisfacer la demanda creciente”. Lo mismo ocurre con las nuevas minas de carbón, que no dejan de abrirse, de la Alemania “verde” a la China “socialista”.

En efecto, la demanda de energía no deja de crecer, y con ella el consumo de energías fósiles, mientras que las renovables vienen simplemente a añadirse a aquellas, en vez de reemplazarlas. Si un capitalista “verde” quisiera realizar una práctica diferente, sería echado del mercado: como recordaba Marx, “la competencia impone las leyes inmanentes de la producción capitalista como leyes coercitivas externas a cada capitalista individual”.

La temperatura media del planeta se ha acercado peligrosamente, en 2023, al límite de 1,5 grados por encima de la época preindustrial -límite por encima del cual amenaza desencadenar un proceso de recalentamiento global incontrolable, con mecanismos de retroacción cada vez más intensos. Los científicos del GIEC recuerdan la necesidad de reducciones inmediatas de las emisiones, de aquí a 2030, como última posibilidad de evitar la catástrofe. Ahora bien, la Unión Europea y otros gobiernos anuncian, con gran suficiencia, que podrán alcanzar las “cero emisiones netas”… en 2050. Un anuncio doblemente mixtificador, no sólo porque finge ignorar la urgencia de la crisis, sino también porque “cero netas” no es lo mismo que cero emisiones: gracias a los “mecanismos de compensación”, las empresas pueden continuar con sus emisiones, si las “compensan” protegiendo un bosque en Indonesia.

El capitalismo industrial moderno es totalmente dependiente del carbón y del petróleo desde hace tres siglos y no muestra ninguna disposición a prescindir de ellos. Para ello habría bastado con romper con la acumulación “sin límites ni medida” y con el productivismo, organizando un proceso de decrecimiento planificado, con supresión o reducción de sectores enteros de la economía: una gestión totalmente contradictoria con los fundamentos mismos del capitalismo. Greta Thunberg recordaba, con toda razón, que es “matemáticamente imposible resolver la crisis climática en los marcos del sistema económico existente”. Los análisis de Marx en El Capital sobre el inexorable mecanismo, “sin tregua ni piedad”, de la acumulación/expansión capitalista explican esta imposibilidad.

Muchos ecologistas tienen tendencia a apuntar al consumo como responsable de la crisis medioambiental. Es cierto que el modelo de consumo del capitalismo moderno es claramente insostenible. Pero la fuente del problema se encuentra en el sistema productivo. El productivismo es el motor del consumismo. Marx ya observó esta dinámica. En su Contribución a la crítica de la economía política (1859) escribía:

“La producción produce el consumo: 1. Proporcionándole el material; 2. Determinando el modo de consumo; 3. Haciéndolo aparecer para el consumidor como necesidad de los productos que colocaen forma de objeto. Produceel objeto del consumo, el modo de consumo, laimpulsión al consumo[4].

Esto es mucho más cierto aún en nuestra época que en el siglo XIX… Los productores capitalistas suscitan “la impulsión al consumo” por medio de un vasto e inmenso aparato publicitario, que machaca, día y noche, en las paredes de las ciudades, en los periódicos, en la radio o la televisión, por todas partes, “sin tregua ni piedad”, con la necesidad imperativa de consumir tal o cual mercancía. La publicidad comercial se apropia de todos los ámbitos de la vida: el deporte, la religión, la política, la cultura, la información. Se crean necesidades artificiales, se fabrican “modas”, y el sistema induce un frenesí consumidor, “sin límites ni medida”, de productos cada vez menos útiles, lo que permite a la producción ampliarse y extenderse al infinito. Si la producción produce el consumo, como constataba Marx, hay que transformar el sistema productivo, mejor que predicar la abstinencia a los consumidores. La supresión pura y simple de la publicidad comercial es el primer paso para superar la alienación consumidora y permitir a los individuos volver a encontrar sus verdaderas necesidades.

Otra dimensión del consumismo capitalista criticado por Marx -una dimensión con evidentes implicaciones ecológicas actuales- es el predominio del tener sobre el ser, de la posesión de bienes, o de dinero, o de capital, sobre la libre actividad humana. En los Manuscritos de 1844 se desarrolla esta temática. Según Marx, en la sociedad burguesa predomina, de forma exclusiva, “el sentido de la posesión, del tener”. En lugar de la vida de los seres humanos aparece “la vida de la propiedad”, y “en lugar de todos los sentidos psíquicos e intelectuales aparece la simple alienación de todos esos sentidos, el sentido del tener”. La posesión, el tener, es una vida alienada: “Cuanto menos eres, menos manifiestas tu vida, más posees, más aumenta tu vida alienada, más acumulas tu ser alienado”[5].

Se trata aquí de otra forma del consumismo: lo importante no es el uso, sino la posesión de un bien, de una mercancía. Su manifestación más evidente es el consumo ostentatorio de las clases privilegiadas, estudiado por Thorstein Veblen en su clásico Teoría de la clase ociosa (1899). En nuestros días alcanza proporciones monumentales, y alimenta una extensa industria de productos de lujo: aviones privados, yates, joyas, obras de arte, perfumes… Pero la obsesión posesiva gana también a otras clases sociales, conduciendo a la acumulación de bienes como fin en sí mismos, independientemente de su valor de uso. El ser, la actividad humana como tal, es sacrificada al tener, la posesión de mercancías, alimentando así el productivismo, la inundación de la vida social por una masa creciente de productos cada vez menos útiles. Bien entendido, los recursos necesarios para la producción de esta montaña de bienes mercantiles son, todavía y cada vez más, el carbón y el petróleo…

El comunismo, reino de la libertad

El comunismo, en tanto que reino de la libertad, se basa en la prioridad del ser sobre el tener, invirtiendo la lógica alienada impuesta por el capitalismo. La economía política burguesa lleva hasta sus últimas consecuencias esta lógica perversa: “Su tesis principal es la renuncia a sí mismo, la renuncia a la vida y a todas las necesidades humanas. Cuanto menos comes, bebes, compras libros, cuanto menos vas al teatro, al baile, al cabaret, cuanto menos piensas, amas, haces teoría, cuanto menos cantas, hablas, haces esgrima, etc., más ahorras, más aumentas tu tesoro (…), tu capital (…), todo lo que el economista te coge de vida y de humanidad y te lo sustituye por dinero y riqueza (…)”.

Marx incluía en lo que constituye el ser -es decir, la vida y la humanidad de los humanos- tres elementos constitutivos: I. La satisfacción de las necesidades esenciales (beber, comer); II. La satisfacción de las necesidades culturales: ir al teatro, al cabaret, comprar libros. Hay que señalar que estas dos categorías se refieren a actos de consumo vital, pero no de acumulación de bienes (¡todo lo más, libros!) y aún menos de dinero. La inclusión de las necesidades culturales es ya una protesta implícita contra el capitalismo, que quiere limitar el consumo de obrero a lo que permite su supervivencia elemental: beber y comer. Para Marx, el obrero, como todos los seres humanos, necesita ir al teatro, al cabaret, leer libros, educarse, divertirse; III. La auto-actividad humana: pensar, amar, hacer teoría, cantar, hablar, hacer esgrima… Esta lista es fascinante, por su diversidad, su carácter tanto serio como lúdico, y por el hecho de que incluye a la vez lo esencial -pensar, amar, hablar- y el “lujo”: cantar, hacer teoría, practicar esgrima… Todos estos ejemplos tienen en común su carácter activo: aquí el individuo ya no es consumidor sino actor. Bien entendido, podrían añadirse muchos otros ejemplos de autoactividad humana, individual o colectiva, artística o deportiva, lúdica o política, erótica o cultural, pero los ejemplos elegidos por Marx abren una amplia ventana sobre el “reino de la libertad”. Es verdad que la distinción entre estos tres momentos no es absoluta, comer y leer libros son también actividades. Se trata de tres manifestaciones de la vida -el ser- frente a lo que está en el centro de la sociedad burguesa: el tener, la propiedad, la acumulación.

Escoger el ser más que el tener es por tanto una contribución significativa de Marx a una cultura socialista/ecológica, a una ética y una antropología en ruptura con los datos fundamentales de la civilización capitalista moderna, donde el absoluto predominio del tener, bajo su forma mercantil, conduce con frenesí creciente a la destrucción de los equilibrios ecológicos del planeta.

Se encuentran importantes reflexiones -directamente inspiradas por los Manuscritos de 1844- sobre la oposición entre “ser” y “tener” en los escritos freudo-marxista del filósofo y psicoanalista Erich Fromm. Judío alemán anifascista emigrado a los Estados Unidos, Fromm publicó en 1976 el libro Tener o Ser. Una elección de la que depende el futuro del hombre, comparando dos formas opuestas de existencia social: el modo tener y el modo ser. En el primero, mi propiedad constituye mi identidad: tanto el sujeto como el objeto son reificados (cosificados). Se siente a uno mismo como una mercancía, y el “eso” posee al “yo”. La avidez posesiva es la pasión dominante: ahora bien, insisteía Fromm, la codicia, al contrario que el hambre, no tiene punto de saciedad, su satisfacción no llena el vacío interior…

¿Qué es por tanto el modo ser? Fromm cita un pasaje de Marx en los Manuscritos de 1844:

“Partimos de la idea de que el ser humano es un ser humano y que su relación con el mundo es una relación humana. El amor, por tanto, sólo puede ser intercambiado con amor, la confianza con confianza”

El modo ser, explicaba Fromm, es un modo activo, en que el ser humano expresa sus facultades, sus talentos, la riqueza de sus dones; ser activo significa aquí “renovarse, desarrollarse, desbordar, amar, transcender la prisión del yo aislado; es ser interesado, atento; es darse”. El modo ser es el socialismo, no en su versión social-demócrata o soviética (estaliniana), reducido a una aspiración de consumo máximo, sino, según Marx: autoactividad humana. En resumen, concluía Fromm, citando una vez más a Marx en el volumen III de El Capital, el socialismo es el reino de la libertad, cuyo objetivo es “el desarrollo de la potencia humana como fin en sí”.

Karl Marx escribió muy poco sobre la sociedad emancipada del futuro. Se interesaba de cerca por las utopías, pero desconfiaba de las versiones demasiado normativas, demasiado restrictivas, esto es, dogmáticas: su objetivo era, como recuerda de forma pertinente Miguel Abensour, el transcrecimiento de la utopía al comunismo crítico. ¿En qué consiste esto? En el tercer volumen de El Capital -manuscrito inacabado editado por Friedrich Engels- se encuentra un pasaje esencial, muchas veces citado pero pocas analizado. No aparece la palabra “comunismo”, aunque se trata desde luego de la sociedad sin clases del futuro, que Marx definía, y es una opción muy significativa, como Reino de la Libertad (Reich der Freiheit).

“El reino de la libertad comienza allí donde acaba el trabajo determinado por la necesidad y los fines exteriores: por la naturaleza misma de las cosas, está fuera de la esfera de la producción material (…) La libertad en este ámbito sólo puede consistir en esto: el ser humano socializado (vergesellschafte Mensch), los productores asociados, regulan racionalmente su metabolismo (Stoffwechsel) con la naturaleza, sometiéndolo a su control colectivo, en lugar de estar dominados por él como por un poder ciego; lo hacen con los esfuerzos más reducidos posibles, en las condiciones más dignas de su naturaleza humana y las más adecuadas a esta naturaleza. Más allá de este reino comienza el desarrollo de las potencias del ser humano, que es a su vez su propio fin, que es el verdadero reino de la libertad, pero que sólo puede expandirse apoyándose en este reino de la necesidad. La reducción de la jornada de trabajo es la condición fundamental”.

Es interesante el contexto en el que aparece el pasaje. Se trata de una discusión sobre la productividad del trabajo. El aumento de esta productividad permite, sugiere el autor del Capital, no simplemente ampliar la riqueza producida, sino sobre todo reducir el tiempo de trabajo. Esto aparece como prioritario respecto a una extensión ilimitada de la producción de bienes.

Marx distingue por tanto dos ámbitos de la vida social: el “reino de la necesidad” y el “reino de la libertad”: a cada cual corresponde una forma de libertad. Comencemos examinando más de cerca el primero: el reino de la necesidad, que corresponde a la “esfera de la producción material” y por tanto del trabajo “determinado por la necesidad y fines exteriores”. También existe libertad en esta esfera, pero es una libertad limitada, en el marco de las condiciones impuestas por la necesidad: se trata del control democrático, colectivo, de los seres humanos “socializados” sobre sus intercambios materiales -su metabolismo- con la naturaleza. En otras palabras: Marx nos hablaba aquí de la planificación democrática, esto es, de la propuesta esencial del programa económico socialista: la libertad significa aquí la emancipación respecto al poder ciego de las fuerzas económicas -el mercado capitalista, la acumulación del capital, el fetichismo de la mercancía.

Volviendo al pasaje citado del volumen III del Capital: es interesante observar que no se trata, en este texto, de la “dominación” de la sociedad humana sobre la naturaleza, sino del dominio colectivo de los intercambios con ésta: lo que un siglo más tarde será uno de los principios fundadores del eco-socialismo. El trabajo sigue siendo una actividad impuesta por la necesidad, de cara a la satisfacción de las necesidades materiales de la sociedad, pero dejará de ser un trabajo alienado, indigno de la naturaleza humana.

La segunda forma de libertad, la más radical, la más integral, la que corresponde al “Reino de la Libertad”, se sitúa más allá de la esfera de la producción material y del trabajo necesario. Entre las dos formas existe sin embargo una relación dialéctica esencial: gracias a una planificación democrática del conjunto de la economía se podrá dar una prioridad al tiempo libre; y recíprocamente, la extensión máxima de este último permitirá a los trabajadores participar activamente en la vida política y en la autogestión, no sólo de las empresas sino de toda la actividad económica y social, a nivel de los barrios, las ciudades, las regiones, los países. El comunismo no puede existir sin una participación de toda la población en el proceso de discusión y toma democrática de decisiones, no como hoy día por medio de una votación cada cuatro o cinco años, sino de forma permanente -lo que no impide la delegación de poderes. Gracias al tiempo libre, los individuos podrán asumir la gestión de su vida colectiva, que ya no será dejado en manos de políticos profesionales.

Lo que añade Marx en el Capital III a su argumento de 1844 es el hecho de que la autoactividad humana -el tercer momento planteado en los Manuscritos económico-filosóficos- exige, para poder expandirse, tiempo libre, tiempo obtenido por la reducción de las horas de trabajo “necesario”. Esta reducción es por tanto la llave que abre la puerta hacia el “Reino de la Libertad”, que es también el “reino del ser”. Gracias a este tiempo de libertad, los humanos podrán efectivamente desarrollar sus potencialidades intelectuales, artísticas, eróticas, lúdicas. Es lo opuesto al universo capitalista de acumulación hasta el infinito de mercancías cada vez menos útiles, de la “expansión” productivista y consumista sin límites y sin medida.

Conclusión: más allá de sus escritos referidos directamente a la naturaleza y su destrucción por el “progreso” capitalista, la obra de Marx contiene reflexiones que tienen, al nivel más profundo, un significado ecológico, por su crítica del productivismo capitalista y por su imaginación de una sociedad donde la actividad humana es el centro de la vida social, y no la acumulación obsesiva de “bienes”. Son unas indicacioones esenciales para el desarrollo de un eco-marxismo del siglo XXI.

Michael Löwy

Traducción: viento sur

[1] Karl Marx, Manuscritos de 1857-1858, llamados Grundrisse.

[2] Karl Marx, El Capital, libro I

[3]Ibid.

[4] Karl Marx, Contribución a la crítica de la economía política.

[5] Karl Marx, Manuscritos de 1844.

Fuente: https://vientosur.info/de-karl-marx-al-eco-marxismo/

ORGANIZACIÓN Y PLANEACIÓN (5): FRANCOIS QUESNAY, EL CUADRO ECONÓMICO

 


   La nación se reduce a tres clases de ciudadanos: la clase productiva, la clase de los propietarios y la clase estéril.


   La clase productiva es la que, mediante el cultivo de la tierra, hace renacer las riquezas anuales de la nación, la que realiza los adelantos para los gastos de los trabajos de la agricultura y la que paga anualmente las rentas de los propietarios de las tierras. Dependen de esta clase todos los trabajos y todos los gastos que se realizan hasta la primera venta de las producciones, venta que permite conocer el valor de la reproducción anual de las riquezas de la nación.


   La clase de los propietarios comprende al soberano, a quienes poseen las tierras y a quienes se benefician del diezmo. Esta clase subsiste por la renta o producto neto del cultivo, que le es pagado anualmente por la clase productora después de que ésta haya retirado de la producción que hace nacer anualmente las riquezas necesarias para recuperar sus adelantos anuales y para conservar las riquezas de explotación.


   La clase estéril está formada por todos los ciudadanos que se ocupan en servicios o en trabajos no agrícolas y cuyos gastos son pagados por la clase productiva y por la clase de los propietarios, clase que también obtiene sus rentas de la clase productiva.


   Para seguir y calcular con claridad las relaciones que mantienen las tres clases entre sí es necesario fijarse en un caso determinado, ya que es imposible establecer un cálculo positivo basándonos en simples abstracciones.


   Supongamos pues un gran reino en cuyo territorio la agricultura, llevada a su máximo nivel, dé cada año una reproducción por valor de cinco mil millones y en el que el estado permanente de este valor se vería establecido a partir de los precios constantes que rigieran entre las naciones comerciantes, siempre que la libre competencia del comercio fuera constante y que la propiedad de las riquezas de explotación de la agricultura estuviera totalmente segura. (1)

 

   Nota 1: La extensión del territorio sería aproximadamente de 130 millones de arpents de tierras de diferentes calidades, el fondo de riquezas de explotación necesarias para que el territorio se cotizara a buen valor se elevaría a alrededor de doce mil millones y la población sería de unos treinta millones de personas, número que podría subsistir con desahogo, de acuerdo con su estado, con el producto anual de cinco mil millones.


   Sin embargo, no ha de olvidarse que dondequiera que sea que la población goce de una vida apacible, aumenta de ordinario por encima del producto del territorio; por otra parte, la fuerza de un Estado y el número de ciudadanos que lo componen son factores que siempre están asegurados cuando se basan en un fondo de riquezas de explotación suficiente para mantener una agricultura rica. La conservación de este fondo de riquezas de explotación ha de ser la finalidad principal de todo gobierno económico, ya que las rentas del soberano y de la nación dependen por completo de ellas, como se demostrará por el orden regular de la distribución de los gastos pagados y mantenidos por la reproducción anual. (Fin de Nota 1)

 

   El Tableau économique incluye a las tres clases y a sus riquezas y describe su comercio de la siguiente forma:


   CLASE productiva: Adelantos anuales de esta clase, que se elevan a dos mil millones (2) y que han producido cinco mil millones, de los que dos mil millones corresponden al producto neto o rentas.

   CLASE de los propietarios: Rentas que para esta clase se elevan a dos mil millones; mil millones los gasta en compras a la clase productiva, y los otros mil millones, en compras a la clase estéril.

   CLASE estéril: Adelantos de esta clase de la suma de mil millones, gastados por la clase estéril en compras de materias primas a la clase productiva.

 

   Nota 2: Los adelantos anuales consisten en los gastos que se realizan anualmente para los trabajos del cultivo y no deben confundirse con los adelantos primitivos, que forman el fondo de establecimiento de cultivo y que importan alrededor de cinco veces más que los adelantos anuales. (Fin de Nota 2)


   Así, la clase productiva vende artículos por valor de mil millones a los propietarios de las rentas y por el mismo valor a la clase estéril, la cual le compra las materias primas para sus obras; esto significa ... ... ... 2.000.000.000 lib.


   Los mil millones que los propietarios de las rentas han gastado en compras a la clase estéril son empleados por ésta, para la subsistencia de sus miembros, en compras de artículos de la clase productiva; esto significa ... ... ... 1.000.000.000 lib.

   El total de las compras realizadas por los propietarios de las rentas y por la clase estéril a la clase productiva es de ... ... ... 3.000.000.000 lib.


   De los tres mil millones que recibe la clase productiva por los tres mil millones de producciones que ha vendido, ha de pagar dos mil millones a los propietarios en concepto de rentas del año y gasta mil millones en producciones de la clase estéril. Esta clase retiene estos mil millones para reemplazar sus adelantos, que han sido gastados en la compra de materias primas que ha empleado en sus productos, materias primas que ha comprado a la clase productiva. Por tanto, esos adelantos no producen nada: gastan, se devuelven y de año en año quedan en reserva.


   Las materias primas y el trabajo empleado en las obras hacen que las ventas de la clase estéril importen dos mil millones, de los que mil millones se gastan en atender a la subsistencia de los miembros de esta clase. De ahí que no haya más que consumo o aniquilación de las producciones, que no haya reproducción en absoluto, ya que la clase estéril sólo subsiste gracias al pago sucesivo de la retribución debida a su trabajo, la cual es inseparable del gasto empleado en las subsistencias, es decir, en gastos de consumo puro, sin que se regenere lo que se aniquila por este gasto estéril que surge enteramente de la reproducción anual de los campos. Los otros mil millones se reservan para reemplazar los adelantos realizados, los cuales serán empleados el año siguiente de nuevo en compras a la clase productiva de las materias primas que la clase estéril emplea en las obras que fabrica.


   Así, los tres mil millones que recibe la clase productiva por las ventas que ha realizado a los propietarios de las rentas y a la clase estéril son empleados por la primera en el pago de los dos mil millones que importa la renta del año que transcurre y en la compra, por valor de mil millones, de productos fabricados por la clase estéril.


   El desarrollo de este comercio entre las diferentes clases y las condiciones esenciales en que se desenvuelve no son en absoluto hipotéticas. Quien quiera que se pare a pensar en ello verá que están copiados del natural. En cualquier caso, y ya lo hemos advertido, los datos que se han utilizado sólo son aplicables al caso concreto que hemos expuesto.  P. 37

 

   Los diferentes estados de prosperidad o de decadencia de una nación agrícola ofrecen multitud de casos diversos y, por consiguiente, multitud de datos diversos; cada uno de estos datos es la base de un cálculo particular que pertenece por completo a cada nación.


   Los datos de los que hemos partido fijan, de acuerdo con la regla más constante dentro del orden natural, en cinco mil millones la reproducción total que la clase productiva hace renacer anualmente mediante dos mil millones de adelantos anuales en un territorio tal como el que hemos descrito. Según esta hipótesis, los adelantos anuales reproducen el doscientos cincuenta por ciento. De este modo, las rentas de los propietarios pueden igualar a los adelantos anuales. Sin embargo, estos datos dependen de unas condiciones sine quabus non.  P. 41

 

   RESUMEN  Del total de los cinco mil millones divididos primeramente entre la clase productiva y la clase de los propietarios, total que se gasta anualmente en un orden regular que garantiza de forma perpetua la misma reproducción anual, mil millones los gastan los propietarios en compras a la clase productiva y otros mil millones en compras a la clase estéril; la clase productiva, que vende producciones por valor de tres mil millones a las otras dos clases, devuelve dos mil millones en concepto de pago de las rentas y gasta mil millones en compras a la clase estéril; así, la clase estéril recibe dos mil millones y los emplea en compras, a la clase productiva, de subsistencias para sus miembros y de materias primas para fabricar sus obras; la clase productiva también gasta dos mil millones en producciones, lo que completa el gasto o el consumo total de los cinco mil millones de reproducción anual.


   Éste es el orden natural de la distribución del gasto de los cinco mil millones que la clase productiva hace renacer anualmente mediante el gasto de los dos mil millones de adelantos anuales, comprendidos en el gasto total de los cinco mil millones de reproducción anual.  P. 43

 

      Francois Quesnay  El Tableau Économique y Otros Escritos Fisiocráticos  1758.

      Editorial Fontamara, Barcelona, 1974, 282 págs.

 

      Francois Quesnay (1694-1774).  Los hallazgos de Francois Quesnay en torno al papel del capital en el aumento de la renta nacional, dadas particularmente en el Tableau Économique, en torno a la formación, circulación y distribución de los valores económicos representan uno de los primeros análisis profundos para comprender el naciente modo de producción capitalista. La propia estructura analítica del Tableau significa un claro prolegómeno a los posteriores y decisivos escritos de Ricardo y Marx en una línea de paulatina, aunque a veces discontinua, comprensión teórica del capitalismo. (Editorial Fontamara).

      Su análisis del Tableau sólo fue descifrado por Marx (Anti-Dühring, Parte Segunda, X: De la Historia Crítica, 1878).  En 1767 publicó dos escritos fundamentales: Despotismo de China, y Análisis del Gobierno de los Incas en Perú, análisis que es nuestro deber rescatar, valorar y continuar

 

Compilación: Ragarro

(02.01.08)

 

 

miércoles, 2 de octubre de 2024

ORGANIZACIÓN Y PLANEACIÓN (4): MAQUIAVELO, EL ARTE DE LA GUERRA



Muchos son, Lorenzo, quienes han sostenido y sostienen: que no hay cosa que menos conformidad tenga con otra, ni que sea tan disímil, como la vida civil respecto de la vida militar. Por lo cual a menudo se ve que si alguien decide dedicarse a la actividad militar, no sólo cambia repentinamente de indumentaria, sino que se diferencia de todo uso civil también en sus costumbres, hábitos, en su voz y presencia; porque no cree poder vestir un traje civil quien quiere estar dispuesto y pronto a toda violencia; ni puede tener costumbres y hábitos civiles quien juzga afeminada esas costumbres y no favorables a sus operativos esos hábitos; no le parece conveniente mantener la presencia y lenguaje corrientes a quien con su apariencia y sus blasfemias quiere infundir miedo en los otros hombres; lo cual hace que en estos tiempos esta opinión resulte muy acertada.

 

Pero si consideramos las antiguas instituciones, no encontraríamos cosas más unidas, más acordes, y que necesariamente se amen tanto una a la otra, como éstas; porque todas las artes que se organizan en una civilización por el bien común de todos los hombres, todas las instituciones en ellas establecidas para vivir en el temor de Dios y de las leyes, serían vanas si no estuviera preparada su defensa; la cual bien organizada mantiene a aquellas, aun cuando no estén bien organizadas. P. 7

 

Sé que les he hablado de muchas cosas que ustedes hubieran podido por sí solos comprender y considerar; pero sin embargo lo hice, como les dije hoy, para poderles mostrar mejor a través de ellas la calidad de este ejercicio, y también para satisfacer a quienes no las comprendan con tanta facilidad como ustedes, si los hubiera. Y me parece que no me queda por decirles más que algunas normas generales, que para ustedes serán muy familiares, y que son éstas:

 

- Lo que beneficia al enemigo te perjudica, y lo que te beneficia perjudica al enemigo.

- Quien en la guerra esté más alerta observando los planes del enemigo, y más esfuerzo dedique a adiestrar a su ejército, incurrirá en menores peligros y podrá esperar más de la victoria.

- Nunca conduzcas a la batalla a tus soldados si antes no confirmaste su ánimo y te cercioraste de que no tienen miedo y están organizados; y nunca hagas la prueba sino cuando ves que ellos esperan vencer.

- Es mejor vencer al enemigo por hambre que por la espada, victoria en la que puede mucho más la fortuna que la virtud.

- No hay decisión mejor que la que está oculta al enemigo hasta el momento en que se la lleva a la práctica.

- Nada beneficia tanto en la guerra como reconocer la oportunidad y aprovecharla.

- La naturaleza genera pocos hombres sólidos; el trabajo y el ejercicio generan muchos.

- La disciplina puede en la guerra más que la furia.

- Cuando algunos se desprenden del bando enemigo para ponerse al servicio del tuyo, son grandes adquisiciones cuando son fieles; porque las fuerzas del adversario disminuyen más con la pérdida de los que huyen que con los muertos, aun cuando el nombre de los fugitivos sea sospechoso a los nuevos amigos y odioso a los viejos.

- Al prepararse para la batalla es mejor conservar tras del primer frente reservas suficientes, que esparcir a los soldados para hacer el frente mayor.

- Difícilmente es derrotado quien sabe reconocer sus fuerzas y las del enemigo.

- Más vale el coraje de los soldados que su cantidad; a veces el lugar beneficia más que la virtud.

- Las cosas nuevas y súbitas desalientan a los ejércitos; las cosas lentas y acostumbradas les merecen poco aprecio; por eso harás que tu ejército practique y conozca en pequeñas peleas un enemigo nuevo, antes de librar combate con él.

- Quien persigue desordenadamente al enemigo derrotado, no quiere otra cosa que convertirse de triunfante en perdedor.

- El que no prepara las vituallas necesarias para vivir es derrotado sin armas.

- La elección del sitio de combate depende de si el capitán confía más en la caballería que en la infantería, o en la infantería que en la caballería.

- Cuando quieres saber si durante el día llegó un espía al campo, ordena que todos vayan a su cuartel.

- Cambia de planes, cuando te des cuenta de que el enemigo los conoce.

- Asesórate con muchos sobre lo que tienes que hacer; lo que después decidas compártelo con pocos.

- En los ejércitos los soldados se mantienen con el miedo y los castigos; cuando van a la batalla, con la esperanza y el premio.

- Los buenos capitanes nunca van a la batalla si la necesidad no los obliga o no los llama la ocasión.

- Tus enemigos no deben saber cómo quieres que sea el orden de combate en la pelea; y cualquiera sea ese orden, las primeras escuadras deben poder ser recibidas por las segundas y las terceras.

- En la pelea nunca utilices una compañía para otra cosa que aquella para la cual la habías destinado, si no quieres crear desorden.

- Es difícil poner remedio a los percances sufridos, en cambio es fácil poner remedio a los pensados.

- Los hombres, las armas, el dinero y el pan son el nervio de la guerra; pero de los cuatro los más necesarios son los dos primeros, porque los hombres y las armas encuentran el dinero y el pan, pero el dinero y el pan no encuentran a los hombres y las armas.

- Adiestra a tus soldados en el desprecio de las comidas delicadas y los trajes suntuosos.

 

Esto es lo que me ocurre recordarles en términos generales; sé que podría haber dicho muchas otras cosas en toda mi exposición, como por ejemplo: cómo y de cuántas maneras los antiguos organizaban las escuadras; cómo se vestían y cómo se adiestraban en muchas otras cosas, y añadirles muchos detalles que no me pareció necesario dar, porque ustedes podían verlos por ustedes mismos y porque mi intención no era mostrarles exactamente cómo se componía la antigua milicia, sino cómo en esos tiempos se podía organizar una milicia con más virtud que la acostumbrada hoy. De allí que no me pareció exponer de las cosas antiguas sino las que juzgué necesarias a esta introducción. También sé que debí extenderme más sobre las milicias a caballo, y referirme a la guerra naval, porque quien conoce la milicia dice cómo es un ejército de mar y de tierra, a pie y a caballo. Del ejército de mar no pretendería hablar porque no tengo información de él; pero haría hablar a los genoveses y a los venecianos, quienes con estudios similares hicieron en otros tiempos grandes cosas. En cuanto a la caballería, no quiero decirles más de lo que ya dije, porque es el sector menos corrompido del ejército. Además, si la infantería, que es el nervio del ejército, está bien organizada, necesariamente la caballería es buena. A quien organizara en su territorio la milicia llenándola de caballos, le recordaría dos precauciones: una, que distribuya caballos de buena raza  por el condado y adiestre a sus hombres a que hagan acopio de potrillos, como ustedes en esta comarca hacen con los terneros y mulos; la segunda, para que estos encuentren compradores les prohibiría tener mulo a quien no tenga un caballo, de modo que el que quiera tener una sola cabalgadura, esté obligado a tener un caballo; y además que no pueda vestirse de brocado sino quien tenga caballo. Entiendo que algún príncipe de nuestro tiempo estableció estos criterios, y en muy poco tiempo su comarca tuvo una caballería óptima. En cuanto a las demás cosas, en lo que respecta a los caballos me remito a cuánto les dije y a lo que se acostumbra. ¿Tal vez desearían también saber qué función debe cumplir un capitán?  Los satisfaré muy brevemente, porque no sabría elegir otro hombre que el que supiera hacer todas las cosas de las que hoy hemos hablado; las cuales no bastarían si no pudiera descubrirlas por sí, porque nadie fue grande en su oficio si no tiene imaginación; y si la invención hace honor en las otras cosas, en la actividad militar te honra por sobre todo. Y vemos que los escritores celebran todos los inventos, incluso los débiles. (...) P. 198.

 

Si usted recuerda bien, Cosimo, usted me decía que yo por un lado exalto a la antigüedad y condeno a quienes no la imitan en las cosas serias; y por otro no la he imitado en las cosas de la guerra a las que me he dedicado, para lo cual usted no encontraba razón; y yo le respondí que los hombres que quieren hacer una cosa, primero tienen que prepararse para saber hacerla, y poder después ponerla en práctica cuando se presente la oportunidad. Quiero que ustedes que me han escuchado disertar largamente sobre este tema sean mis jueces en decidir si sé o no organizar a las milicias con criterios antiguos; a partir de mi exposición ustedes han podido reconocer cuánto tiempo dediqué a estos pensamientos, y también creo que pueden imaginar cuánto deseo hay en mí de hacerlos realidad. Pueden conjeturar fácilmente si pude hacerlo, si alguna vez se me dio la oportunidad. (...) P. 202.

 

Me quejo de la naturaleza, que o no debió hacerme conocer esto, o debía darme la oportunidad de ponerlo en práctica. Ahora que soy viejo, no creo tener ya ninguna oportunidad; por eso he sido generoso con ustedes, que siendo jóvenes y estando capacitados podrán, si les gustan las cosas que les dije, a su debido tiempo, ayudar y aconsejar a sus príncipes. No quiero que ustedes se desalienten o desconfíen, porque esta provincia parece nacida para resucitar las cosas muertas, como se ha visto en la poesía, la pintura y la escultura. En lo que a mí respecta, por estar avanzado en años, no confío. Verdaderamente, si la fortuna me hubiera concedido en otro tiempo un Estado tal que bastara para esta empresa, creería haber demostrado en poco tiempo al mundo el valor de las instituciones antiguas; y sin duda lo habría acrecentado con gloria o perdido sin deshonor.  P. 208.

 

      Nicolás Maquiavelo, El Arte de la Guerra, 1521

      Editorial Losada, Buenos Aires, 1999, 219 págs., 14 x 22 cms.

      (Maquiavelo, 1469-1527, es el introductor del término Estado. En esta obra ya se puede apreciar la relación entre lo civil y lo militar, entre la política y la guerra).

19.12.07 

Ragarro

martes, 1 de octubre de 2024

¿CUAL CAIDA DEL SOCIALISMO?

 


 (01 de octubre de 2024)

Por Miguel Aragón

 

El Sr ~Kgc Diferen.... ha reenviado un texto anónimo titulado "XIV. Sobre la URSS", que lastimeramente termina con la siguiente expresión: "estamos ya a 30 años de la "caída del socialismo".

Esa es una conclusión propia de un pesimista, derrotista y claudicante.

 

I

Muy a pesar de los negativos deseos del anónimo autor, el socialismo continúa desarrollándose en varios países del mundo, en China, Vietnam, Corea y Cuba.

Mientras el capitalismo continúa en su fase de "capitalismo monopolista, capitalismo parasitario y capitalismo agonizante", pero todavía no muerto (Lenin), el socialismo continúa desarrollándose en su fase primaria.

La implosión de la URSS solamente ha sido un revés temporal, no ha sido "una derrota" del socialismo, como desea el autor anónimo de ese texto.

Desde 1917 hasta el presente, han transcurrido algo más de 100 años. En la historia humana, 100 años es lapso muy breve.

En escasamente 100 años no se puede transformar toda la sociedad, no se puede barrer con la pesada herencia negativa sembrada y dejada durante varios siglos por el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo. Solamente a un socialista utópico se le puede ocurrir semejante idea tan absurda.

La lucha por construir la nueva sociedad socialista, tal vez se prolongue por más de 200 o 300 años. Tenemos que entender que recién estamos en LOS INICIOS, estamos en "la infancia" de la nueva sociedad.

Resulta más que natural, que en este periodo ocurran reveses temporales, pero eso es lo secundario.

Lo más importante es aprender las lecciones del desarrollo del socialismo en varios países del mundo, desde 1917.

Recordemos siempre que, la lucha es dura y prolongada, muy prolongada.

 

II

Hoy día 1° de octubre de 2024, estamos conmemorando el 75° Aniversario de la victoria de la revolución en China, gran victoria que creo las condiciones para   el inicio de la construcción del socialismo en el país más poblado del mundo.

Para los materialistas, lo más importante es "buscar la verdad en los hechos".

Comparemos la pujante China actual, que continúa su largo proceso de modernización, con lo que era China hace 75 años, cuando era uno de los países más atrasados y más pobres del mundo.

No hay punto de comparación entre la nueva China actual de 2024, y la vieja China del pasado en 1949.


ORGANIZACIÓN Y PLANEACIÓN (3): MAQUIAVELO, EL PRÍNCIPE

 


No quiero sea reputada presunción que un hombre de abajo e ínfimo estado ose discurrir y regular los gobiernos de los príncipes; porque así como los que trazan diseños de las comarcas se sitúan bajos en la llanura para considerar la naturaleza de los montes y lugares altos, y para considerar la de los bajos se ponen altos, en los montes, semejantemente para conocer bien la naturaleza de los pueblos se requiere ser príncipe, y para conocer la de los príncipes conviene pertenecer al pueblo. P18 (Otra traducción del párrafo: Desearía yo, sin embargo, que no se mirara como una reprensible presunción en un hombre de condición inferior, y aun baja si se quiere, el atrevimiento que él tiene de discurrir sobre los gobiernos de los príncipes, y de aspirar a darles reglas. Los pintores encargados de dibujar un paisaje, deben estar, a la verdad, en las montañas, cuando tienen necesidad de que los valles se descubran bien a sus miradas; pero también únicamente desde el fondo de los valles pueden ver bien en toda su extensión las montañas y elevados sitios2. Sucede lo propio en la política: si para conocer la naturaleza de los pueblos es preciso ser príncipe, para conocer la de los principados, conviene estar entre el pueblo. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Espaza – Calpe, S.A.)

En la antigüedad y continuidad de un dominio se extinguen la memoria y motivo de las innovaciones: que siempre una mutación deja preparado el camino a otra nueva.  P.24

 

Toda la monarquía turca es gobernada por un señor. Los demás son sus siervos, y él, dividiendo su reino en provincias, manda allí diversos administradores, a quienes muda y cambia según le parece. P.42

Así, quien piense atacar el reino del Gran Turco, debe esperar encontrarlo todo unido, y más le conviene confiar en sus propias fuerzas que en los desórdenes ajenos.  P.43

Siguiendo los hombres casi siempre los caminos trillados por otros, y procediendo en sus actos con imitación (a la vez que tampoco cabe seguir del todo ajenas vías ni llegar a la virtud de aquel que se imita), debe el hombre prudente seguir siempre los caminos abiertos por los grandes hombres e imitar a aquellos que fueron excelentísimos.  P.50

Si examinamos las vías y acciones de esos hombres, no se verá que recibiesen de la fortuna otra cosa que la ocasión, la cual les dio materia para poder emprender lo que deseaban, y sin cuya ocasión la virtud de su ánimo se habría perdido, así como sin su virtud la ocasión les hubiera llegado en vano. Era necesario a Moisés encontrar al pueblo de Israel en Egipto, oprimido y esclavo de los egipcios, para que, por salir de la esclavitud, se dispusiese a seguirle. Precisábase que Rómulo no pudiese venir al mundo en Alba y fuese expuesto al nacer para que llegase a rey de Roma y fundador de tal patria. Menester era que Ciro encontrase a los persas descontentos del imperio de los medos, y a los medos, muelles y afeminados por la larga paz. No pudiera tampoco Teseo demostrar su virtud de no hallar a los atenienses dispersos. Aquellas ocasiones, pues, hicieron venturosos a estos hombres, y la excelsa virtud de los tales hizo a semejantes ocasiones ser conocidas.  P.52

Ha de considerarse que no hay cosa más difícil de emprender, ni de resultado más dudoso, ni de más arriesgado manejo, que ser el primero en introducir nuevas disposiciones. Porque el introductor tiene por enemigos a todos los que se benefician de las instituciones viejas, y por tibios defensores a todos aquellos que se beneficiarán de las nuevas, tibieza que procede, en parte, de la incredulidad de los hombres, quienes no creen de verdad en cosa alguna nueva hasta que la ratifica una experiencia firme.  P.53

Es necesario, pues, si se quiere aclarar bien esta cuestión, examinar si aquellos innovadores se mantienen por sí mismos o dependiendo de otros; esto es, si para conducir su obra necesitan rogar o si pueden forzar. En el primer caso, rigen siempre mal y no pueden conducir cosa alguna; pero cuando dependen de sí propios y pueden forzar, entonces rara vez declinan.  P.54

Merece, pues, notarse que, al usurpar un Estado, debe su ocupador discurrir y hacer todas las crueldades de un golpe, para no tener que insistir en ellas todos los días y para poder, no repitiéndolas, tranquilizar a los ciudadanos y ganárselos haciéndoles beneficios. (...)En cambio, los beneficios deben hacerse poco a poco, para que se saboreen mejor. P.78

Y siempre fue de opinión y sentencia de los hombres doctos que nada es tan incierto e inestable como la fama de la potencia no fundada en las propias fuerzas. Fuerzas propias son aquellas que se componen de súbditos, o de ciudadanos, u otras creados por ti. Todas las demás son mercenarias o auxiliares.  P.113

En efecto, el hombre que quiera en todo hacer profesión de bueno ha de arruinarse entre tantos que no lo son. De aquí que sea menester a un príncipe, si quiere mantenerse, aprender a saber no ser bueno, y usar esto o no usarlo según la necesidad.  P.120

Y no hay otra cosa que tanto se consuma a sí misma como la liberalidad, ya que mientras la usas pierdes la facultad de usarla, y te tornas, o pobre o despreciado, o, por rehuir la pobreza, rapaz y odioso.  P.125

De esto nace una controversia: Si es mejor ser amado que temido, o mejor temido que amado. La respuesta es que se quisiera ser ambas cosas; mas, como es difícil que vayan juntas, resulta mucho más seguro ser temido que amado cuando haya de faltar una de las dos.  P.128

Uno de los más poderosos remedios que tiene el príncipe contra las conjuras es no ser despreciado u odiado de la generalidad, porque siempre el que conspira cree satisfacer al pueblo con la muerte del príncipe; pero cuando con ella juzga ofenderlo, no encuentra ánimo para tomar semejante partido, ya que las dificultades que encuentran los conjurados son infinitas. P.141

Y para reducir la cosa a breves palabras, digo que por parte del conspirador no hay sino temor, celos y miedo de la pena que lo amenaza, en tanto que de parte del príncipe están la majestad del principado, las leyes y la defensa de los amigos y del Estado que le protege.  P.142

Sin duda, los príncipes se hacen grandes cuando superan las dificultades y oposiciones que se les presentan, y por eso la fortuna, sobre todo cuando quiere engrandecer a un príncipe nuevo, quien necesita adquirir mayor reputación que uno hereditario, hace que le sobrevengan enemigos y empresas contrarias, para que halle motivo de superarlo todo y ascender más arriba por la escala que le ofrecen sus enemigos. P.162

No es de poca importancia para un príncipe la elección de ministros, los cuales son buenos o no según la prudencia del príncipe. Como primero se conjetura acerca de un señor y de su cerebro es viendo los hombres que tiene en torno.  P.174

Tres géneros de cerebros hay: el uno entiende por sí; el otro entiende cuanto por otros le es mostrado, y el tercero no entiende por sí mismo ni por demostración de otros. El primero es excelentísimo, el segundo excelente, el tercero inútil.  P.175

No quiero olvidar un extremo importante y un error del que los príncipes con dificultad se defienden, salvo si son muy prudentes y tienen buena elección. Y esto es lo que atañe a los aduladores, de los cuales están las cortes llenas, porque los hombres se complacen tanto en las cosas propias y de tal modo sobre ellas se los engaña, que con dificultad se defienden de esa peste, y, a querer defenderse, corren el peligro de terminar menospreciados.  P.177

Un príncipe, pues, debe aconsejarse siempre, pero cuando él quiere y no cuando quieran los demás, debiendo quitar a todos el ánimo de darle consejos si no los pide. Mas, por otra parte, debe pedirlos con prodigalidad, ser pacienzudo oyente de las verdades preguntadas, e incluso si entiende que alguno, por miramiento, no se las dice, ha de enojarse con él.  P.179

Creo, además, que es venturoso aquel cuyo modo de proceder se ajusta a la calidad de los tiempos, y semejantemente desventurado aquel con cuyo proceder los tiempos no se ajustan. Porque se ve a los hombres en las cosas que los conducen al fin que cada uno tiene ante la vista: es decir, las glorias y las riquezas, proceder diversamente, el uno con miramientos, el otro con ímpetu; uno con violencia, otro con astucia; uno con paciencia, otro con lo contrario. Y es el caso que todos, con estos diversos medios, pueden conseguir lo que se proponen. También se ve a veces cómo de dos, el uno alcanza su fin y el otro no, e igualmente ser afortunados dos con diversos manejos, siendo el uno mirado y el otro impetuoso, todo lo cual no se debe sino a la calidad de los tiempos, que se acomodan o no a los procedimientos respectivos.  P.186

Y esto no os será muy dificultoso si os proponéis imitar los actos y vida de los supradichos, pues aun cuando esos hombres hayan sido excepcionales y maravillosos, hombres fueron al fin y al cabo, y cada uno de ellos tuvo menos ocasión que la presente, porque su empresa no fue más justa que ésta, ni más fácil. (...)Aquí hay justicia grande, porque la guerra es justa cuando es necesaria, y las armas son piadosas allí donde no hay otra esperanza más que en ellas. P.193

He oído decir que la Historia es maestra de nuestras acciones, sobre todo de las de los príncipes, porque el mundo ha sido siempre habitado por hombres que tienen las mismas pasiones, y siempre hubo quien sirve y quien manda, y quien sirve mal de su grado, y quien bien de su grado, y quien se rebela y es reprimido.  P.205

No las digo como verdaderas y razonables, sino como cosas oídas, pareciéndome que el oficio de un servidor es declarar al señor cuanto oye, a fin de que el último pueda discernir lo que de bueno haya y recordarlo.  P.230

A más, hombre alguno ha sido tan exaltado en ninguno de sus actos como lo son aquellos que con leyes e instituciones han reformado las repúblicas y los reinos. (...)Y porque ha habido pocos que tuvieron ocasión de hacerlo, y poquísimos que lo hayan sabido hacer, es pequeño el número de los que lo han hecho; y tan estimada ha sido esta gloria por los hombres que no han buscado otra cosa que la gloria, que, no habiendo podido crear una república de hecho, la han formado en sus escritos, como Aristóteles, Platón y muchos otros, los cuales han querido mostrar al mundo que, si no pudieron, como Solón y Licurgo, fundar un orden civil, no se debió a su ignorancia, sino a su imposibilidad de efectuarlo.        P.374

      Nicolás Maquiavelo El Príncipe  y Escritos Políticos, 1513

      Aguilar Editor, 1976, 381 págs. 9 x 14 cms.

      (Antonio Gramsci, en sus estudios acerca del Partido proletario utiliza El Príncipe como analogía; así se puede comprender mejor el porqué de la presente recopilación).

 

05.12.07

Ragarro

«HAY SUFICIENTES POBRES EN LA ALEMANIA RICA, PERO ¿POR QUÉ SIGUE TODO TAN TRANQUILO POR AQUÍ?»

 



Hemos traducido y publicado este texto, escrito por Christian Frings y subido originalmente a la web alemana Analyse & Kritik (y traducido al inglés por Angry Workers of the World), porque nos parece que pone sobre la mesa una serie de análisis y debates en torno a la lucha de clases que pueden ser de gran valor: ya sean las posibles intervenciones del Estado y los llamados ‘agentes sociales’ para parchear problemas económicos y sus consecuencias sociales, así como la necesidad de romper con los compartimentos estancos en los que nos dividen al proletariado y que evitan la conexión de las diversas luchas y problemáticas.

 

Cuando la tasa de inflación en Alemania se disparó a partir de marzo de 2022 y durante un breve periodo de tiempo -de septiembre de 2022 a febrero de 2023- fue de casi el nueve por ciento, los extremistas de derecha vieron nuevas oportunidades para sus planes golpistas, e incluso el ministro de Asuntos Exteriores advirtió de «levantamientos populares» en otoño. Esto sorprendió a algunas fuerzas de izquierda, que descubrieron de repente la «cuestión social», no porque el debate sobre una «nueva política de clase» que se había perdido durante la crisis del coronavirus hubiera dado sus frutos, sino para adelantarse a las movilizaciones de la derecha. A pesar de lo interesantes que fueron algunos de estos intentos, la atención se desvaneció rápidamente cuando el gobierno rebajó la presión social con tres paquetes de ayuda y la inflación comenzó a caer nuevamente en la primavera de 2023.

A partir de septiembre de 2022, el Banco Central Europeo comenzó a subir los tipos de interés oficiales para frenar la inflación. Esta intervención recordó a las llevadas a cabo durante la crisis financiera de 2007/2008, que en ese momento dieron la impresión de control global y frustraron las esperanzas de desarrollos revolucionarios en el norte global. Marx una vez llamó al sistema bancario «el producto más artificial y desarrollado que el modo de producción capitalista puede producir», es decir, el nivel más alto posible de conciencia con el que la clase dominante puede intervenir en el ciclo económico. Con esto Marx no quería decir de ninguna manera que el carácter fetichista del impulso capitalista hubiera sido superado, de lo contrario, las burbujas no tendrían por qué estallar. Pero en un sistema financiero mundial con la (todavía) única moneda de reserva del dólar estadounidense, existe la posibilidad de correcciones de la política monetaria, lo que también se demostró durante este corto invierno de la inflación. Además, las tasas de inflación de casi el diez por ciento son amenazantemente altas para los estándares locales, pero muy lejos de los horrores de la inflación en países del sur global como Zimbabue (660%), Venezuela (330%), Sudán (170%), Argentina (130%) o Turquía (más del 50%).

«Pobres merecedores y pobres indignos»

Esta yuxtaposición nos recuerda que, además de las intervenciones de política monetaria, fue sobre todo el margen financiero de un país rico lo que permitió evitar grandes disturbios a través de medidas de política social. Desde sus inicios a finales del siglo XIX, la contención del conflicto de clases por parte del Estado de bienestar en este país se ha basado en la explotación colonial (ahora neocolonial) del sur global y tiene como objetivo dividir al proletariado dentro de los países del norte. Esto permite «dorar» las cadenas invisibles con las que estamos atados al capital, como lo denominó Marx, o hacerlas soportables a través de un «modo de vida imperial», algo que actualmente se pone de relieve de la mano de la crisis ecológica.

Sin embargo, incluso en este país las personas sin medios de producción disfrutan de este modo de vida en grados muy diferentes. El Estado de bienestar, que se puso en marcha en la Alemania de 1881 a raíz de la Comuna de París de 1871, tuvo como objetivo desde el principio disciplinar y controlar al proletariado, atomizarlo a través de la juridicatura y dividirlo en diferentes categorías. Son precisamente estos mecanismos y divisiones los que hacen que sea tan difícil, o incluso imposible, que hoy se produzcan protestas o levantamientos de «gente pobre».

Una de las divisiones más importantes es la tradicional distinción entre «merecedores» y «no merecedores», es decir, la pobreza «auto infligida», que se expresa hoy en la separación entre el seguro social (actualmente en forma de prestaciones por desempleo, pensiones y por salud) y el socorro (hoy en día el apoyo a los ingresos, llamado Hartz IV o ahora Bürgergeld en Alemania), que, a diferencia de los seguros, depende de una prueba de recursos. Al comienzo de la legislación social, este contraste se ofrecía como una línea de compromiso con el primer movimiento obrero, dominado por los hombres, que se había formado no sólo en oposición al capital, sino también en distinción con los estratos inferiores del proletariado, a menudo denunciados como el «lumpen-proletariado». La construcción de beneficios sociales para las personas que no trabajan o que ya no pueden trabajar y, por lo tanto, ganan «su» propio dinero como seguro, se relaciona con lo que Marx criticó como el encubrimiento decisivo de la explotación: el fetichismo de la forma salarial, que nos hace creer que el salario es un intercambio justo de trabajo por dinero, mientras que en realidad solo nos alimentamos de ello para reproducir nuestra capacidad de trabajar para la explotación. Porque si recibo prestaciones de un «seguro», puedo imaginar que estas provienen de las «contribuciones» que yo mismo he generado, es decir, que no son «limosnas». Esto mantiene la ilusión de que yo, como persona explotada, sigo siendo un propietario independiente de una mercancía (la mercancía del trabajo) como todos los demás en la sociedad burguesa, incluso en un estado de necesidad, y de ninguna manera recibo nada como un «regalo» del Estado, como las personas que viven de la caridad.

¿Disturbios-huelgas-disturbios?

En paralelo a la introducción de la seguridad social, el establecimiento y la protección jurídica de los sindicatos los situaron como la representación exclusiva de esta parte del proletariado, los «trabajadores asalariados», que pueden señalar con orgullo que viven del «trabajo honrado de sus propias manos». En los primeros días de los sindicatos de masas modernos, después de la ola de huelgas en gran medida espontánea que recorrió Europa entre 1889 y 1891, las mentes más críticas del movimiento obrero se referían a ellos como «asociaciones de prevención de huelgas». Esto se debió a que el monopolio que les había concedido el Estado y el capital sobre la forma de lucha de la huelga en conjunción con los convenios colectivos de paz, tenía como objetivo poner fin a los desenfrenados acontecimientos de paros laborales, ocupaciones de fábricas, sabotajes y disturbios en las calles. Aunque se necesitaron dos guerras mundiales, el fascismo y la Guerra Fría para que este modelo se estableciera efectivamente en el norte global, todavía funciona bastante a día de hoy con el uso muy moderado de las huelgas.

En su libro Riot.Strike.Riot, Joshua Clover intentó clasificar las dos formas de lucha, la huelga en el lugar de trabajo y los disturbios en las calles, en una secuencia cronológica que corresponde a diferentes fases de la acumulación capitalista, en las que la circulación (disturbios) o la producción (huelga) están en el centro. En su crítica a este esquema, Amanda Armstrong, basándose en su investigación sobre las huelgas en los ferrocarriles británicos en los años entre los siglos XIX y XX, mostró que esta separación no se aplica a la historia de las huelgas de masas antes de que fueran contenidas por el Estado de bienestar. Las huelgas de esa época siempre iban acompañadas de acciones de la gente de los barrios proletarios circundantes, que apoyaban a los huelguistas con bloqueos de carreteras y ferrocarriles, saqueos de almacenes y batallas con la policía, lo que también les permitía hacer valer sus propias preocupaciones. A lo largo de la historia del capitalismo moderno, las huelgas han abierto repetidamente espacios para otros «pobres» y les han ofrecido oportunidades para luchar por sus intereses incluso sin su propia fuerza productiva, para salir de la soledad de los tribunales y de las garras de una administración paternalista de la pobreza.

Esta es la razón por la que la regulación de los conflictos en el trabajo asalariado bajo la ley de negociación colectiva es tan importante para la estabilidad política en las metrópolis: solo con ellos se puede trazar una línea divisoria clara entre los gestos amenazantes de colaboración social, que hoy se denominan huelgas, y las convulsiones de la vida cotidiana que asustan a «los buenos ciudadanos» como son los disturbios. Cualquiera que haya participado alguna vez en una huelga sabe que incluso en las huelgas sindicales, por muy reguladas y controladas que estén, hay momentos en los que se sale de la rueda de hámster, se crean nuevas relaciones sociales y se siente la alegría de invertir el equilibrio de poder en el lugar de trabajo. Precisamente por esta razón, las huelgas no deben ocurrir con demasiada frecuencia, no deben durar demasiado tiempo y nunca deben convertirse en una expresión del conflicto antagónico inherente a la misma relación de clase que devenga en una escala «desproporcionada» de la perturbación social.

El encanto de los bonos de ayuda

En este sentido, un componente de los paquetes de ayuda con los que el gobierno alemán respondió a las preocupaciones por la inflación jugó un papel especial: el bono de compensación por inflación, libre de impuestos, de un máximo de 3.000 euros, que los empleadores pueden pagar a sus empleados hasta finales de 2024. En el pasado, el hecho de que los salarios acordados colectivamente hayan ido a la zaga de la inflación ha llevado a menudo a huelgas salvajes, como en 1969 o 1973, o a que los sindicatos se vean presionados para arriesgarse en huelgas más extensas. La ayuda, que fue acogida con gratitud tanto por las asociaciones de empleadores como por los sindicatos, tenía como objetivo evitar estas posibles luchas laborales. A mediados de marzo de 2024, más de tres cuartas partes de los empleados cubiertos por convenios colectivos habían recibido la bonificación o la recibirían a finales de 2024. Está claro que se trata de un regalo envenenado, ya que las empresas pueden utilizar este pago único para evitar aumentos salariales a largo plazo que afecten a la escala salarial y el bono no tiene ningún efecto en las pensiones. Pero el atractivo de poder aliviar la presión de la negociación colectiva con unos pocos miles de euros era simplemente demasiado grande.

Si, por otro lado, se produjera «una intensificación de la lucha, con el objetivo de hacer que todo se detenga» (Armstrong) con las huelgas masivas simultáneas e indefinidas en trenes, autobuses y aeropuertos que parecían al alcance de la mano en esta primavera, entonces se habrían abierto espacios para las protestas para otras «personas pobres» y las habrían alentado a actuar. En su lugar, ahora podemos esperar a las próximas restricciones a las ayudas a la renta (Bürgergeld), como ya han anunciado los partidos Demócrata Cristiano y Liberal.

 

Fuente: https://www.todoporhacer.org/corto-invierno-inflacion/