Escribe: Milcíades Ruiz
La sociedad peruana se encuentra
agobiada por la proliferación de la delincuencia que, se ha expandido a todos
los sectores. Hasta los pequeños negocios de gente humilde sufren el asedio
criminal. Todos esperan que la policía acabe con este problema, pero nada
detiene este creciente fenómeno que rebasa las fronteras. Sucesivos gobiernos
fracasan con todas sus estrategias. Hay razones que explican esto.
La criminalidad es producto
social. Es habitual juzgar los hechos, sin considerar que, es el resultado de
un proceso. En la vida práctica, si algo nos sale mal, buscamos la causa, la
corregimos y obtenemos lo deseable. En la comida, si resulta desagradable, es
porque hay alguna falla en la preparación. Sin embargo, en la política como en
los fenómenos sociales, no aplicamos la misma costumbre de corregir las fallas
perturbadoras que, arrojan productos detestables.
La dialéctica de la naturaleza
nos dice que no hay efecto sin causa. Los desbordes sociales, son efecto de
causas previas. Pero los gobernantes, que son producto de fallas electorales
fraudulentas, no tienen ningún interés en buscar las fallas sociales que
ocasionan criminalidad, sino en sacar provecho particular en su paso por el
poder. Si la criminalidad desborda causando estragos a la sociedad, simplemente
desde su comodidad dorada, pasan el problema a la policía para que corrija el
producto indeseable.
Pero la policía no gobierna.
Actúa por órdenes superiores, reprimiendo el producto social mecánicamente, sin
importar las causas. Más presupuesto para equipamiento, más presupuesto para la
fiscalía y poder judicial, más presupuesto para el montaje de oficinas e
instalaciones represivas, mayor presupuesto para aumentar los gastos de
carcelería, etc. etc. Todos actúan y remachan sobre el producto final, pero la
fábrica social sigue arrojando el producto detestable, porque no se corrige la
falla defectuosa de su funcionamiento.
Entonces, por más que la policía
haga los esfuerzos de controlar el producto final, el problema continuará. Es
que, el problema social de desborde delincuencial, no es un asunto policial,
que se combate con represión. Es un asunto de gobernanza. En el caso de un
desastre natural causado por el desborde de agua de lluvia, no se actúa sobre
los destrozos. Si el embalsamiento no tiene desfogue, rompe toda contención.
Para evitar este peligro, se construyen preventivamente los desfogues.
Por lo mismo, tampoco los
delincuentes son culpables del desborde social indeseado. Por el contrario, son
víctimas del sistema que, genera el desborde que los involucra. Por lo general,
no nos fijamos, ni nos ponemos en el caso de estas víctimas. Haríamos lo mismo,
si estuviésemos en las mismas condiciones de vida que los afecta y los obliga a
delinquir. Ellos no crean esas condiciones. Son los malos gobernantes los que
originan con sus políticas negativas, las condiciones para el desborde social.
Lo más triste es que se trata de
los recursos humanos que posee nuestro país y mayormente de la juventud que, es
el sector mayoritario. Y no solo de varones. Niños y niñas son arrastradas por
el torrente. Entonces, ¿Qué futuro podemos esperar para nuestra patria y
posteriores generaciones de peruanos, si no se corrige esta falla social? Se
presiona sobre la policía, culpándola de ineficacia represiva y, los políticos
trafican con este drama explotando la ineficacia.
Pero, ¿Qué, es el sistema
político que rige en actualmente en nuestro país? ¿Acaso no es una fábrica
delincuencial? Casi todos los ex presidentes, en lo que va del siglo, están
presos o, enjuiciados por actos delictivos. El actual presidente de la
república ha sido pillado en plena conexión delincuencial y seguirán en esto
los sucesivos. Como en el caso de la corrupción, en que, los candidatos
electorales ofrecieron acabar con ella; hoy, acabar con la delincuencia se
convierte en una bandera electoral que no se podrá cumplir porque es una
falsedad que los delincuentes acaben con la delincuencia.
Los delincuentes mayoristas
suelen estar en los poderes del estado. A estos, que roban por millones, no les
importa nada, los robos al por menor, de celulares y extorsiones a la gente
humilde. Ese, no es “la cosa nostra” en el que operan las bandas de crimen
organizado al más alto nivel. Pero una cosa es robar por necesidad y otra, por
ambición. La necesidad, surge de la pobreza y el desamparo. Los hijos piden pan
y si no hay dinero hay que ir a buscarlo de emergencia y así, se va fermentando
la delincuencia.
Si tampoco hay dinero para
sufragar los gastos escolares, uniformes, útiles de estudio, transporte,
lonchera, etc., los hijos se quedarán sin estudiar. Tampoco podrán acceder a un
trabajo, al no tener preparación y así, se van formando o, deformando las
generaciones juveniles que ni estudian, ni trabajan- “Ninis”. Pero, la pobreza
y el desempleo son obras de los gobernantes y no de los gobernados.
Según la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), las “transiciones fluidas entre
la educación y el mundo laboral son esenciales para mejorar los resultados de
vida de los jóvenes”. Informa que, el Perú es el quinto país con mayor
proporción de jóvenes de 15 a 29 años que no estudian, ni trabajan, ni reciben
formación, conocidos como ‘ninis’. 21% de este grupo de edad, están en esa
situación. Estima la OCDE que, en el Perú no se están dando las condiciones
para que todos los jóvenes accedan a un nivel educativo en condiciones
apropiadas. ¿Acaso los jóvenes tienen la culpa de esto? ¿Quiénes son los
culpables?
Sobre esto mismo, la cultura
campesina nos dice. “Árbol que crece torcido, nunca su tronco endereza” y, la
moralidad ancestral tilda de “mala hierba” a los jóvenes descarriados cuando no
se les cuida de las malas influencias. Es que por propia experiencia sabe que,
para que los cultivos sean productivos, se les debe dar cuidado desde la siembra
hasta la adultez. Cuida que germinen adecuadamente las semillas y, eliminan las
malas hierbas en la juventud del cultivo. Si no actúan preventivamente, la mala
hierba hará fracasar la cosecha.
Por su parte el INEI, en su
“informe técnico sobre el estado de la niñez y la adolescencia” a junio del
2025, nos da cifras oficiales en el siguiente cuadro.
Se puede apreciar que, las nuevas
generaciones de jóvenes no estudian por razones económicas (Pobreza) y cada año
es peor. Entonces, ¿Qué podemos espera de esta falla estructural? ¿Son estos
niños y adolescentes culpables de su situación? Esta falla, ¿se arregla con
represión policial? Se sabe pues, las causas de la delincuencia, pero en vez de
culpar a los gobernantes, se señala a sus víctimas.
Es así, como se trata a los
recursos humanos de nuestro país. A diferencia de los campesinos que cultivan
las plantas alimenticias, los gobernantes ignoran que, el cultivo de los
recursos humanos peruanos, es fundamental para nuestra patria. La desigualdad
en el trato de los recursos más valiosos que posee el Perú, es la causa del
desborde delincuencial. Los campesinos, no dan trato preferencial, ni
discriminatorio a sus plantas. Solo la perversidad del sistema político hace
esto y, de allí, sus resultados.
Bueno pues, si se tiene la
información oficial sobre las fallas del sistema de gobierno, que ocasiona la
delincuencia masiva, entonces ¿Por qué, no se corrigen los errores? La
respuesta es …….. “Porque tenemos al gato de despensero”. A los grupos de
poder, que gobiernan a través de los partidos políticos, no le conviene cambiar
el orden establecido por ellos. Estamos bajo un sistema en que no puede haber
ricos, sin que haya pobres. A más pobreza en un lado hay más riqueza en el otro
lado.
De eso se trata. De cambiar las
reglas del sistema en busca de la mayor equidad social. Si por lo menos, se
pusieran en marcha programas sectoriales de empleo productivo para los “Ninis”
podríamos salvar a generaciones enteras de caer en la delincuencia. Estos
programas pueden autofinanciarse. Por ejemplo, Promperú y el ministerio de
comercio exterior, podrían dar empleo en agroindustria, orientada a la
exportación de alta rentabilidad, como también el ministerio de vivienda y de
transporte fabricando materiales de construcción para proyectos de vivienda
popular e infraestructura vial, etc. Quizá es pedirle peras al olmo, pero
sugerir no es malo.
No pretendo justificar la
criminalidad que, a todos nos indigna. Pero la pasión nos hace perder el
sentido de la ecuanimidad y la lucidez. No buscamos la explicación y actuamos
por venganza, sin reparar en lo contraproducente de actuar a la ciega. Solo
trato de contribuir al esclarecimiento de un fenómeno social, cuyo desborde
tiene causas. Si estas, se corrigen, tendremos menos preocupaciones. Disculpen
si soy impertinente.
Enero 27/2026
Mayor información en https://wordpress.com/view/republicaequitativa.wordpress.com
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