(07 de enero de 2026)
Por Miguel Aragón
Uno de los más grandes aportes
del capitalismo al desarrollo de la humanidad ha sido la internacionalización
de las relaciones económicas.
I
Ese proceso comenzó a fines del
siglo XV, con el descubrimiento de América (revisar primer capítulo del Manifiesto
Comunista), y recibió un enérgico impulso a fines del siglo XVIII, con el
desarrollo de la revolución industrial y el aumento vertiginoso de la
producción. Desde entonces, la mayor parte de la producción capitalista es para
el mercado mundial.
Al pasar a su fase superior, el
capitalismo monopolista cumplió con integrar casi toda la economía mundial,
pero manteniendo una política nacionalista heredada del pasado.
La política nacionalista, por
oposición a la economía internacionalista, ha sido la causante de las dos
guerras mundiales del siglo XX (la de 1914 y la de 1939), dos guerras de rapiña
por un nuevo reparto del mundo (revisar Internacionalismo y nacionalismo de José
Carlos Mariátegui).
Igualmente, la política
nacionalista ha sido la causante de las dos grandes crisis económicas
capitalistas mundiales, la de 1929 y la de 2008. El total de la producción
mundial, cada cierto tiempo supera la capacidad de consumo de la población
empobrecida, y así estallan las crisis de superproducción relativa.
Mientras existan contradicciones
entre estados nacionales, las grandes crisis económicas y las guerras
continuarán siendo inevitables.
La solución a esta gran contradicción
histórica será la internacionalización de la política, la superación de la
división mundial en los caducos estados nacionales.
Este proceso revolucionario comenzó
en 1917 con la victoria de la revolución rusa, se aceleró a partir de 1945 con
la gran victoria de la URSS, y actualmente continúa con la combinación de dos
grandes iniciativas: la formación de la
Asociación de los países BRICS+, y el gran proyecto de la Iniciativa de la
Franja y la Ruta, dos grandes proyectos que están integrando países y naciones
en todo el mundo.
II
Desde 1840, a partir de la Guerra
del Opio, el pueblo y la nación china, fueron sometidos a un siglo de
humillación, por parte de las grandes potencias capitalistas que reiteradamente
invadieron y saquearon a esa gran
nación.
Esa etapa de oprobio concluyó en
1949 con la victoria de la Gran Revolución China.
El día de la victoria, el heroico
pueblo chino juró nunca más el pueblo chino será humillado. El año 2049 se
cumplirá un siglo de ese gran juramento y la dignidad del pueblo chino brillará
y alumbrará como ejemplo para todos los pueblos.
Para desarrollarse, como lo está
haciendo en los últimos 75 años, el pueblo chino necesita vivir en paz,
rechazar cualquier agresión externa y no intervenir en la vida de ningún otro
país.
A comienzos de la década de 1950,
ya en el poder, el gran dirigente Zhou Enlai presentó la propuesta de los Cinco
Principios de Coexistencia Pacífica, los cuales son los siguientes:
1.- El respeto mutuo por la soberanía
y la integridad territorial
2.-La no agresión mutua
3.- La no interferencia en los
asuntos internos de otros países
4 - La igualdad y el beneficio
mutuo
5.- La coexistencia pacífica
Desde entonces, los gobiernos de
la República Popular China han respetado y aplicado esos cinco principios, han
resuelto las contradicciones y disputas, heredadas del pasado, con sus países
vecinos, Rusia, India, Vietnam, y están en negociaciones para resolver sus
disputas con Japón, heredadas de los tiempos de la segunda guerra mundial.
A diferencia de EEUU, China no tiene bases
militares estacionadas en ningún país. La cuestión de la provincia de Taiwán es
un problema interno, que China tiene previsto resolverlo a largo plazo por
medios pacíficos, siempre y cuando no haya injerencia extranjera de alguna
potencia.
Para continuar viviendo en Paz,
China se está armando para hacerse respetar y rechazar cualquier agresión.
III
Ante la reciente agresión de la
gran burguesía monopolista norteamericana al pueblo de Venezuela, se han
levantado voces desesperadas qué reclaman la intervención militar del gobierno
de China, demostrando por un lado el desconocimiento de los principios de la
política exterior china, y por otro lado, demostrando una mentalidad colonial,
que no confía en las fuerzas internas y espera que otros países vengan a
resolver nuestros problemas.
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