Gigi Scaria, Wheel [Rueda], 2009.
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Queridas amigas y amigos,
Saludos desde las oficinas
del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
En agosto de 2025, en el 79° Día
de la Independencia de la India, el primer ministro Narendra Modi dedicó
su discurso a la iniciativa del gobierno de la India
“Viksit Bharat 2047” (India Desarrollada 2047) y anunció una Misión Nacional de
Manufactura. Dijo que la misión debe “reducir la dependencia de las
importaciones y fortalecer la resiliencia económica” en sectores que van desde
la industria aeroespacial hasta la inteligencia artificial. Instó a los 28
estados, a los 8 territorios de la unión y al gobierno central de la India a
identificar 100 “productos prioritarios” para la fabricación nacional y agregó
que los gobiernos estatales deberían agilizar las regulaciones y aprobaciones,
“especialmente con respecto a la tierra, los servicios públicos y la
infraestructura social”, con el fin de “atraer a empresas mundiales”. Viksit
Bharat 2047 es una versión recalentada del programa Make in India [Producir en
India] de Modi de 2014. Ambos proyectos se basan en tres premisas:
La inversión extranjera directa
impulsará la manufactura nacional.
Las empresas indias pueden
fabricar bienes, pero solo bajo la supervisión de conglomerados extranjeros.
Ni siquiera estas empresas
necesitan construir toda la cadena de suministro, o la mayor parte de los
eslabones de valor agregado, dentro de la India, ya que el ensamblaje es
suficiente para calificar como “hecho en la India”.
Cuando la economía india se abrió
a la inversión extranjera en 1991, en la fase conocida como liberalización, no
existía claridad sobre la naturaleza y composición de la inversión necesaria
para construir capacidad industrial y tecnológica, ni sobre las condiciones que
debían regir al capital extranjero, ni tampoco un plan a largo plazo para la
industrialización. El último dossier del Instituto Tricontinental de
Investigación Social, La turbulencia de la economía india (enero de 2026),
analiza cómo la liberalización desmanteló empresas públicas estratégicas, como
las del sector electrónico, y encasilló a la India en el rol de exportadora de
servicios, sin lograr abordar el enorme desafío del desempleo.
Las economías capitalistas
avanzadas no lograron una industrialización sostenida simplemente porque
comenzaron antes, ni porque las manufacturas iniciales fueran intrínsecamente
más intensivas en mano de obra. Su desarrollo industrial fue posible gracias a
condiciones políticas y económicas que, actualmente, están prácticamente
ausentes en los países poscoloniales: protección prolongada de los mercados
nacionales, acceso a los territorios coloniales como fuentes de mano de obra y
materias primas y, lo que es más importante, mercados externos que podían
sostener la demanda de productos manufacturados cuando la profunda desigualdad
interna limitaba el poder adquisitivo de las masas.
Las colonias jugaron un papel
central en la estabilización de la acumulación industrial en Europa y
Norteamérica. Absorbieron el excedente de mano de obra, suministraron alimentos
e insumos baratos y funcionaron como mercados cautivos o privilegiados para las
exportaciones manufactureras. Esta externalización de la demanda significó que
la producción pudo continuar expandiéndose a pesar de la limitación de las
desigualdades internas, permitiendo que el empleo manufacturero persistiera y
las tecnologías evolucionaran. Incluso en el caso de Estados Unidos, la
temprana industrialización fue apoyada por el acceso a mercados externos,
primero a través de los déficits comerciales británicos y más tarde mediante su
propia posición hegemónica en la economía mundial. En el período de posguerra, este
sistema fue reforzado por la gestión keynesiana de la demanda y por el
fortalecimiento del poder de negociación del trabajo, influenciado en parte por
la existencia del campo socialista.
Por el contrario, economías del
Sur Global como la de la India operan dentro de una estructura global que
restringe el espacio de las políticas públicas, disciplina la intervención
estatal y privilegia la liberalización comercial y la movilidad del capital. En
este contexto, la principal restricción para la industrialización no es el
acceso a la tecnología, sino la falta de demanda, tanto interna como externa.
En la India, la extrema desigualdad de ingresos limita la demanda interna de
bienes manufacturados, mientras que los mercados externos son altamente
competitivos y están dominados por empresas y Estados con una profundidad
tecnológica y apoyo estatal mucho mayores.
Por lo tanto, el estancamiento de
la industria manufacturera en la India no debe entenderse como el resultado de
una oportunidad histórica desperdiciada o de un proceso irreversible de “desindustrialización prematura“. Desde sus inicios, el
empleo industrial formal nunca fue sustancial, y su limitada expansión ha
estado seguida de un estancamiento más que de un colapso. El problema más
profundo radica en la erosión selectiva de capacidades industriales críticas
para el desarrollo a largo plazo, como bienes de capital, maquinaria pesada y
electrónica, incluso mientras ciertas industrias orientadas al consumidor, como
la automotriz, han crecido.
En consecuencia, el dossier
sostiene que la crisis industrial de la India se entiende mejor como el
resultado de opciones políticas que han restringido la demanda, debilitado
sectores industriales estratégicos e integrado la economía en el capitalismo
global en términos subordinados. La producción manufacturera se ha estancado no
porque la industrialización ya no sea posible, sino porque las condiciones
necesarias para su expansión, esto es, redistribución del ingreso, política
industrial liderada por el Estado y acceso a mercados estables, han sido
sistemáticamente socavadas.
Nuestro dossier plantea cinco
puntos clave:
Desde el año 2000, la India ha
experimentado un declive sostenido en la manufactura, cuya participación en el
PIB ha caído a niveles no vistos desde hace más de 60 años. Esto ha estado
acompañado por un débil crecimiento industrial y una reducción del empleo
formal. El economista R. Nagaraj argumenta que la participación de la manufactura en el
PIB de la India se estancó en un 15-17% incluso mientras la economía crecía. La
proporción del empleo en la manufactura disminuyó, mientras que la de la
agricultura aumentó, ambas señales de desindustrialización prematura. Nagaraj
señala que la caída de la inversión y la dependencia de las importaciones,
particularmente de bienes intermedios y de capital, son causas inmediatas de
estos acontecimientos.
Las sucesivas iniciativas de
política, incluyendo Make in India, Atmanirbhar Bharat [India Autosuficiente] y
los esquemas de Incentivos Vinculados a la Producción, han fracasado en
construir un sector industrial tecnológicamente avanzado y de base amplia. En
cambio, han fomentado una producción basada en el ensamblaje que depende de
componentes importados (como se muestra en un estudio de 2020 de Ramaa Arun Kumar y Biswajit Dhar).
El fracaso en llevar a cabo una
reforma agraria y la intensidad de la desigualdad de clase en la India han
restringido la demanda interna, limitando la escala de la industrialización.
La liberalización comercial, la
privatización y el debilitamiento del sector público han erosionado las
industrias de bienes de capital e intermedias, aumentando así la intensidad de
las importaciones y socavando las capacidades tecnológicas nacionales (lo
mostramos a través de ejemplos del sector informático).
Finalmente, sostenemos que el
crecimiento liderado por los servicios es un pobre sustituto de la manufactura,
ya que este tipo de crecimiento, particularmente en los sectores de TI y
finanzas, no absorbe mano de obra ni fortalece la capacidad industrial. Este
patrón deja a la mayoría de lxs trabajadorxs atrapadxs en empleos de bajos
salarios e inseguros y provoca precariedad en la nación.
Proponemos los siguientes
argumentos para continuar el debate sobre la industrialización de la India:
La política industrial debe verse
como un programa político, no como un ejercicio tecnocrático. Requiere la
movilización explícita del pueblo, incluyendo sindicatos, organizaciones
campesinas, gobiernos estatales, organismos de autogobierno local y otras
instituciones y organizaciones, en un debate económico.
El objetivo primario de cualquier
política industrial debe ser el empleo productivo (como argumentó Satyaki Roy hace una década). El éxito
industrial debe juzgarse por la absorción de mano de obra desde la agricultura
y el trabajo informal, no por los volúmenes de exportación o las valoraciones
bursátiles. Esto requerirá inversión en educación y capacitación, para que la
India no quede atrapada en un modelo de mano de obra poco calificada.
La redistribución debe verse como
una condición previa para el crecimiento industrial. Aumentar la demanda
interna requiere elevar los salarios, garantías de empleo rural y urbano, y
provisión pública universal (de alimentos, vivienda, salud, educación y
transporte).
El Estado debe ser un productor,
no solo un regulador. Esto significa que la capacidad del sector público para
producir bienes de capital, energía, maquinaria, productos farmacéuticos y
equipos de transporte debe mejorarse y desarrollarse mediante la creación de
competencia de mercado dentro del sector público.
La dependencia de las
importaciones, el flagelo de cualquier país en desarrollo, debe superarse
mediante el uso selectivo de aranceles y restricciones cuantitativas a las
importaciones. Deberían existir requisitos de contenido local para ciertos
bienes y sistemas de contratación pública que favorezcan a los productores
nacionales.
Cualquier proyecto de desarrollo
debe construirse en torno a una mayor capacidad tecnológica y científica. La
integración en las cadenas globales de valor no debe ser un fin en sí mismo,
sino un medio para aumentar el aprendizaje a través de la transferencia de
conocimiento y tecnología, y para expandir la investigación y el desarrollo
nacional.
Las metas de la política
industrial deben ser específicas para cada sector. Por ejemplo, los sectores
intensivos en mano de obra, como los textiles y la ingeniería liviana, deben
orientarse a la absorción de empleo, mientras que los sectores farmacéutico y
de electrónica, a la soberanía estratégica. Cada sector requiere combinaciones
a medida de inversión pública, protección estatal y regulación. La
industrialización debe descentralizarse y no confinarse a enclaves urbanos si
quiere evitar tanto la congestión urbana como el deterioro rural.
El sistema financiero debe estar al servicio de la producción, y no al revés. Los controles de capital son
necesarios para frenar los flujos especulativos, el crédito debe canalizarse
hacia sectores estratégicos (particularmente hacia las pequeñas y medianas
empresas) y los bancos públicos deben ser orientados a trabajar en función de
metas de desarrollo nacional y no solo del lucro privado.
Ésta ciertamente no es una lista
exhaustiva, sino más bien una invitación al debate y la discusión, no solo en
la India, sino en todos los países del Sur Global que luchan por salir del
modelo de desarrollo del FMI.
Mientras escribía este boletín,
pensé en lo que todo este discurso sobre la industrialización podría significar
en la vida de las mujeres de las castas oprimidas, quienes tan a menudo no son
el sujeto de la política industrial. Recordé a la poeta tamil Sukirtharani,
quien rechazó un premio del Grupo Adani, diciendo que su actitud hacia el mundo “es contraria a
mis principios”. Una poeta poderosa que escribe contra el patriarcado y el sistema de castas,
su poema Nature’s Fountainhead [Manantial de la naturaleza] nos
transmite el sentimiento de la emancipación humana plena que debería ser
central en todo nuestro pensamiento:
Digamos
que me entierras viva.
Me convertiré en una verde pradera
y permaneceré extendida, como una tierra fértil.
Puedes prenderme fuego.
Me convertiré en un pájaro flameante
y volaré por el inmenso, inmenso espacio
Puedes agitar una varita mágica
y encerrarme, como un genio en una botella.
Me evaporaré como el mercurio
y me erguiré hacia el cielo.
Puedes disolverme en el viento
como el agua sumergida en el agua.
Desde todas las direcciones
surgiré, como un soplo.
Puedes enmarcarme, como a un cuadro
y colgarme en tu pared.
Me derramaré, lejos de ti,
como un río en una crecida repentina.
Me convertiré en
tierra
fuego
cielo
viento
agua.
Cuanto más me limites, más me derramaré,
manantial de la naturaleza.
Cordialmente,
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Fuente: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-india-liberalizacion-industrializacion/
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