Publicado por Francisco Umpiérrez Sánchez
He estado estudiando dos
capítulos del libro Sobre dialéctica de Manuel Sacristán
titulados La metodología de Marx y ¿Qué es la dialéctica? También
he leído su reflexión sobre El trabajo científico de Marx y su noción de
ciencia. Mi impresión general es que Sacristán habla del pensamiento de
Marx y del pensamiento de Hegel con un tono de superioridad que no se
corresponde con lo que después demuestra. En su texto el mundo en su concreción
desaparece. Lo más concreto de lo que habla es de un perro que se llama Boby.
Pero este perro es un perro abstracto, y lo pone como ejemplo de un movimiento
teórico que va de un perro individual al género mamífero. Sacristán no se
percata que el ejemplo que pone, el perro Boby es un mamífero, supone un cambio
en el objeto del conocimiento, su ejemplo pertenece a la lógica del juicio y no
a la economía política. Después detallaré mi crítica a este ejemplo.
Sacristán
nos habla de El Capital, de los Grundrisse y de Las
teorías sobre la plusvalía. Pero no habla de un solo capítulo ni de un
solo concepto de esas obras teóricas de Marx. Solo nos dice cuál es su
impresión general. Pero eso no tiene nada de riguroso ni de metódico. No
podemos tomarnos como ciertas y válidas opiniones que no son exhaustivas ni
detalladas. Además, es muy dado a proporcionarnos juicios aislados
supuestamente de Marx y de Hegel. Pero en materia de proporcionar citas de esos
dos pensadores no es nada riguroso ni preciso. Y nos proporciona la siguiente
definición de método: “Por método normalmente entendemos un conjunto de
operaciones seriado, repetible, operaciones ordenadas y repetidas”. Una
definición extremadamente formal. Según Sacristán por método solo entenderíamos
el método de la Lógica matemática. Pero esto no es así. La lógica y el
comportamiento metódico están en todo. En todos los trabajos hay lógica y
método. En la captura de Maduro por parte del gobierno de EEUU hay lógica y
método, como lo hay en el juego de la Bolsa, en la guerra y en los intercambios
comerciales. No se puede pretender que la Lógica matemática sea el paradigma de
la teoría del conocimiento, del método y de la lógica. Métodos los hay de
muchos géneros; y, de todos modos, el estudio y análisis del método no es
suficiente para explicar cómo se elaboran las teorías.
Para que el lector no piense que
este tema es muy complicado y que hay que tener una mente especial o
privilegiada para comprenderlo, le recomiendo que sustituya los términos
abstracto y concreto por los términos simple y complejo, pues son más fáciles
de entender. También le digo que lo abstracto no es una cosa vacía e
indeterminada, sino que lo abstracto también tiene determinaciones. Pero hay
más: lo que desde un punto de vista se presenta como abstracto, bajo otro punto
de vista se presenta como concreto. El presente trabajo contiene un total de
veintinueve secciones. No constituyen una unidad. El concepto de valor de uso
aparece en varias secciones. He preferido recurrir siempre al concepto de valor
de uso porque es más fácil de entender que el concepto de valor. Trato con este
trabajo que el lector conozca mejor el pensamiento de Marx, Engels y Hegel,
pero también el de Wittgenstein, Luria y Einstein. Algunas citas son un poco
extensas, pero no me ha quedado otro remedio. Como dije antes, si queremos
conocer relativamente bien el pensamiento de los otros, es necesario ser
exhaustivo y entrar en ciertos detalles.
Un edificio en construcción
Pongo este ejemplo analógico con
el fin de que el lector no se pierda y tenga una representación precisa de los
conceptos “abstracto”, “simple”, “concreto”, “complejo”, “relación unilateral
abstracta” y “todo concreto y vivo”. Cuando se hace un edificio se empieza por
los cimientos y a continuación se levantan las columnas. Las columnas podemos
considerarlas como partes abstractas o partes simples del todo edificado.
Después se ponen las vigas, que son también elementos simples. Pero como las
vigas van enlazadas con las columnas, su conjunto ya representa cierto grado de
concreción. La concreción debemos considerarla como un proceso. Concebir las
cosas como procesos es un rasgo fundamental del pensamiento dialéctico. Después
se emplean bloques para hacer el suelo y las paredes. Luego se ponen ventanas,
puertas, desagües, cañerías y el sistema eléctrico. Cada uno de estos factores
es una parte abstracta o un elemento simple. Supongamos, para no cansar al
lector con más detalles, que el edificio está ya acabado y listo para ser
habitado. Cuando llegan sus usuarios, ponen los muebles, y compran vestimenta,
calzado, productos de limpieza y alimentos. De manera que los usuarios entran
en contacto con los comercios de la zona, con supermercados, con restaurantes y
terrazas, con avenidas y calles. También haciendo uso de su automóvil se
trasladan al norte, centro y sur de la isla de Gran Canaria, por ejemplo. Y
también viajan entre islas mediante barcos (puertos) y a la península mediante
aviones (aeropuerto). De ahí que, siguiendo la categorización de Marx,
llamaremos al edificio un concreto de múltiples determinaciones y vivo.
Pero este edificio está
interrelacionado con el todo urbano al que pertenece, con el que mantiene una
relación unilateral abstracta. Supongamos que ese todo urbano sea Las Palmas de
Gran Canaria. En dicha ciudad podemos destacar los mojones o referencias
principales: La playa de las canteras, el auditorio Alfredo Kraus, el bulevar
de Mesa y López, la Catedral de Santa Ana, el barrio histórico de Vegueta y la calle
comercial de Triana. En esta ciudad seguramente habrá decenas de miles de
inmuebles, y miles de kilómetros de carretas y aceras, además de plazas y
parques. De ahí que nuestro edificio, aquel del que detallamos su construcción,
en relación con el todo urbano al que pertenece sea un elemento simple o una
parte abstracta. Así que el edificio en relación con los elementos que lo
constituyen es un concreto de múltiples determinaciones, pero en relación al
todo urbanístico al que pertenece es un abstracto o un elemento simple. Ahora,
en este último caso, el concreto es el todo urbanístico, el municipio al que
pertenece el edificio. De lo que concluimos que la condición de abstracto o
concreto no son formas lógicas fijas, sino que depende de la posición en la que
se encuentre un ente en relación a las partes que lo constituyen o en relación
a la totalidad a la que pertenece. Y, por último, vemos que en el mundo de la
construcción se va de lo abstracto a lo concreto, o de lo simple a lo complejo.
De manera que resulta de lo más razonable que si este ocurre en el ámbito de la
práctica, deba ocurrir del mismo modo en el ámbito de la teoría.
Hegel y las ideas vagas según
Sacristán
En su trabajo La metodología
de Marx, Sacristán hace estas dos afirmaciones sobre el pensamiento de
Hegel: “Ahora bien, Hegel se fija en que cuando empezamos a comprender un
fenómeno empezamos con ideas imprecisas, diría él”. A continuación, pone el
ejemplo de cómo podríamos conocer el Congo supuestamente según el proceder de
Hegel. Y a este respecto Sacristán afirma lo siguiente: “Esta descripción se
puede admitir si uno admite ya un prejuicio previo idealista, a saber, que lo
general es vago”. Yo no sé de dónde extrae Sacristán esta idea, pues tiene la
costumbre de no citar, sino de afirmar lo que él piensa sobre un determinado
pensador, como es el caso de Hegel, sin presentar la prueba documental
correspondiente.
En su obra Fenomenología del
espíritu, la más abstracta de las obras de Hegel junto con la Ciencia de
la Lógica, Hegel se expresa en los siguientes términos: “El saber, que es ante
todo o de modo inmediato nuestro objeto, no puede ser sino aquello que es él
mismo saber inmediato o de lo que es. (.) El contenido concreto de la certeza
sensible hace que este se manifieste de un modo inmediato como el conocimiento
más rico e incluso como un conocimiento de riqueza infinita a la que no es
posible encontrar límite si vamos más allá en el espacio y en el tiempo en que
se despliega, como si tomásemos un fragmento de esta plenitud y penetrásemos en
él mediante la división. Este conocimiento se manifiesta, además, como el más
verdadero, pues aún no ha dejado a un lado nada del objeto, sino que lo tiene
ante sí en toda su plenitud”.
Aconsejo al lector que se suba a
una loma y contemple su ciudad portuaria y disfrute de todo lo que ve:
edificios, parques, carreteras, raudos automóviles, transeúntes, barcos
atracados, una pequeña playa y sus bañistas, y un mar y un cielo azules inmensos.
Eso es la certeza sensible. Hegel toma como punto de partida ese saber
inmediato que usted tiene en la loma desde donde ve la ciudad. Y con respecto a
este saber, Hegel dice lo siguiente: “este saber es inmediato, es un saber de
riqueza infinita, y es lo más verdadero; pues como todavía no ha puesto en
marcha su pensamiento reflexivo, no ha dejado nada atrás de la situación
objetiva que contempla”.
Así que no es cierto lo que dice
Sacristán. Hegel no inicia su Fenomenología del espíritu, como ninguna de
sus obras teóricas, a partir de ideas imprecisas, como tampoco entiende lo
general como conocimiento vago. Todo lo contrario: empieza con el saber
inmediato. Y si algunos de los seguidores de Sacristán piensan que yo estoy
equivocado, que nos digan en qué libro Hegel hizo esas supuestas afirmaciones
que le atribuye Sacristán. Hegel, estimados lectores, es un pensador de un
rigor y precisión máximos, y en sus ideas de sus magnos libros no hay nunca
vaguedad ni imprecisiones.
Alusión de Sacristán a
Aristóteles
En su trabajo La metodología
de Marx, refiriéndose a Aristóteles, Sacristán se expresa en los
siguientes términos: “En la física y en la ontología aristotélica se explica
que un cuerpo cambia diciendo que todo ente, todo cuerpo finito, es un cuerpo
de parejas de factores, materia-forma, esencia-accidente, y también potencia y
acto. Entonces que un cuerpo pase de un estado A a un estado B consiste en que
el estado B, que estaba en potencia en él, actualiza A. ¿Qué valor explicativo
tiene una conceptualización así? Ninguno seguramente. Lo que sí hace es
codificar en un lenguaje normal experiencia cotidiana no científica,
experiencia directa, vulgar, y eso da lugar a metáforas como esta de
potencia-acto o de materia y forma aristotélica”.
Antes que nada, he de decir que
me sorprende esta forma tan despreciativa con la que habla Sacristán del
pensamiento de Aristóteles, otro de los grandes filósofos de todos los tiempos.
Pero cuando Sacristán critica el pensamiento de Aristóteles, no elabora
argumento alguno, no elabora concepto alguno, solo hace afirmaciones como las
siguientes: las conceptualizaciones de Aristóteles no tienen valor explicativo;
y Aristóteles codifica en un lenguaje normal experiencias cotidianas no
científicas, y eso da lugar a metáforas como potencia y acto y materia y
forma. Pregunta: ¿Por qué la pareja potencia-acto no tiene valor
explicativo alguno y por qué es una metáfora? Respuesta sencilla: porque
Sacristán lo afirma. Sería importante saber por qué ciertas experiencias que la
ciencia todavía no ha estudiado se transforman en metáforas. Lo de decir que
ciertos pensamientos de grandes pensadores clásicos son metáforas es una simple
operación nominativa. Las teorías presuponen ciertos conceptos básicos y
ciertas premisas básicas, sobre los cuales encadenar juicios y formar
razonamientos, para, por último, extraer conclusiones lógicas, pero Sacristán
no hace nada de esto.
Qué diferente es la actitud de
Marx cuando habla de Aristóteles. En la sección dedicada a la forma de
equivalente en El Capital, dice Marx lo siguiente: “Las dos últimas
particularidades de la forma de equivalente (que el trabajo concreto se
convierte en forma fenoménica de su opuesto, trabajo humano
abstracto; y que el trabajo privado devenga la forma de su opuesto, trabajo en
forma social directa) son aún más comprensibles si volvemos al gran
investigador que analizó por primera vez la forma del valor, igual que tantas
formas del pensamiento, sociales y naturales. Se trata de Aristóteles.
En primer lugar, Aristóteles dice
claramente que la forma de dinero de la mercancía no es más que la figura más
desarrollada de la forma simple del valor, o sea, de la expresión de valor de
una mercancía en otra mercancía cualquiera, pues escribe: “5 camas = 1 casa no
se distingue de 5 camas = tanto dinero”. Percibe, además, que la relación de
valor supone, por su parte, que la casa se equipara cualitativamente a la cama,
y que estas cosas, sensiblemente distintas, no pueden compararse entre sí como
magnitudes conmensurables sin esa igualdad de esencia. El cambio, dice
Aristóteles, no puede suceder sin la igualdad, ni la igualdad puede realizarse
sin la conmensurabilidad”. Aquí Marx defiende el pensamiento de Aristóteles con
conceptos y argumentos, y por haber sido el primero en investigar la forma de
valor, incluso por haber descubierto dos de las tres particularidades de la
forma de valor equivalente de la mercancía. Aquí, como en todos los aportes de
Marx, aprendemos, y aprendemos en profundidad tanto la naturaleza del mundo
como la del pensamiento.
Vayamos ahora por la pareja de
contrarios “en potencia” y “en acto”. En el capítulo titulado I. El ciclo
del capital monetario del tomo I del libro II de El Capital, Marx se
expresa en los siguientes términos: “Cualesquiera que sean las formas sociales
de la producción, sus factores serán siempre los obreros y los medios de
producción. Pero tanto unos como otros solo lo son en potencia en su estado de
mutua separación. Para que en general se produzca, tienen que unirse. El modo
peculiar en que se realice esta unión es lo que distingue las diferentes épocas
económicas de la estructura social. En el caso presente, la separación del
obrero libre respecto de sus medios de producción constituye el punto de
partida dado, y ya hemos visto cómo y en qué condiciones se unen ambos en manos
del capitalista, a saber, como modo productivo de existencia del capital”. Todo
lo dicho aquí por Marx es una verdad científica que pertenece a una esfera de
saber determinada: la economía.
Pregunta: ¿El hecho de que Marx
utilice de forma explícita el concepto de “en potencia” y de forma implícita el
concepto de “en acto” disminuye en algo la naturaleza científica de esta
verdad? Respuesta: no. Todo lo contrario: enriquece y fortalece a esta verdad.
Cuando las trabajadoras y trabajadores están en paro, esto es, separados de los
medios de producción, son solo trabajadoras y trabajadores en potencia. Solo
cuando las trabajadoras y trabajadores son contratados y entran en contacto con
los medios de producción, las trabajadoras y los trabajadores son en acto. Por
lo tanto, los conceptos en potencia y en acto tienen un gran valor explicativo.
Nos enriquecen, nos proporcionan herramientas conceptuales para defender mejor
nuestros intereses de clase, y al menos en el terreno mental nos hacen más
libres.
¿Por qué Sacristán considera que
los conceptos en potencia y en acto carecen de valor explicativo? La respuesta
es clara y directa: en vez de poner un ejemplo concreto donde apreciar y medir
el valor explicativo de dichos conceptos, como hace Marx, recurre a un medio
formal y abstracto, y dice: “que un cuerpo pase de un estado A a un estado B
consiste en que el estado B, que estaba en potencia en él, actualiza A”. Pero A
y B son puros símbolos que no dicen nada. No sabemos de qué habla Sacristán,
mientras que sí sabemos de lo que habla Marx: de la relación de las
trabajadoras y trabajadores con los medios de producción.
Vayamos ahora a por la pareja de
contrarios materia y forma. En el capítulo titulado El proceso de
trabajo de la sección tercera del tomo I del libro I de El Capital,
Marx dice lo siguiente: “Al final del proceso de trabajo se obtiene un
resultado que existía ya al comienzo del mismo en la imaginación del obrero en
forma ideal. No solo es que efectúe un cambio de forma en el elemento
natural…”. En todo proceso de trabajo manufacturero se produce un cambio de
forma de la materia. El panadero pone en la amasadora harina, levadura y sal.
Luego la vuelca en una máquina que la divide en piezas de 100 gramos, por
ejemplo, y después la bolea. Ya se produce un primer cambio de forma. Después
una operaria le hace un pequeño corte en la parte superior con una cuchilla. Ya
se produce un segundo cambio de forma. Luego, se pone en carros en la cámara de
fermentación. Se produce un tercer cambio de forma. Y, por último, los panes
fermentados se ponen en el horno y se cocinan. Se produce ahora el cuarto y
último cambio de forma. Y esto que ocurre en esta industria ocurre en todas las
industrias y en todos los trabajos artesanales: continuos cambios de forma de
los materiales. Y esto es una verdad económica, y no como dice Sacristán una
metáfora. El error de Sacristán es que no pone ejemplos concretos donde medir
la validez de sus afirmaciones, sino que se limita a formular juicios muy
formales. Y cuando uno se vuelve muy formal, los juicios se vacían de
contenido.
Sobre el uso de la categoría
“metáfora”
Sacristán cataloga como metáforas
ciertos pensamientos de Marx, de Engels y de Aristóteles, con el propósito de
su descatalogación científica. Pero si Sacristán quiso ser lógico y metódico,
como continuamente anuncia, debió haber elaborado previamente el concepto de
metáfora antes de ponerlo en circulación. Y esa elaboración debió realizarla en
el ámbito de la Lingüística y después, tal vez, en el ámbito de la Filosofía
del Lenguaje. Pero no lo hizo. Hay que saber que las metáforas es una especie
del género “ejemplo analógico”. Si hubiera indagado en la naturaleza de las
metáforas y de los ejemplos analógicos, hubiera comprobado que en ocasiones son
necesarios y útiles. También pudo haber reflexionado sobre los límites
cognitivos de las metáforas. Pero no hizo nada de eso. Según mi propia
experiencia teórica, lo que Sacristán cataloga como metáforas no lo son. De
todos modos, y repito, no es lógico que un teórico emplee una categoría sin
haberla elaborado previamente, puesto que, si no conocemos el contenido
conceptual en sentido estricto y en sentido desarrollado del concepto de
“metáfora”, no sabremos si lo que Sacristán cataloga como metáfora es en verdad
una metáfora.
Ya que Sacristán hace tantas
alusiones a la lógica, procedamos entonces con lógica en esta materia. Por lo
menos establezcamos las diferencias básicas. En toda metaforización hay que
distinguir dos cosas: el objeto metaforizado y la metáfora. Pero Sacristán no
nos habla para nada del objeto metaforizado, solo de la metáfora. Y si no
sabemos cuál es el objeto metaforizado, no podremos saber, uno, si la metáfora
es necesaria, y, dos, si la metáfora mejora o empeora la representación que
tenemos del objeto metaforizado. Dicho de forma más corriente: si Sacristán
dice que tal pensamiento o categoría son metáforas, la pregunta es sencilla:
¿de qué son metáforas ese pensamiento y esa categoría? Pero en su planteamiento
aquello de lo que tal pensamiento o categoría son metáforas, no es presentado.
Y así no podemos saber si lo afirmado por Sacristán es verdadero o falso.
Ahora les pondré un ejemplo de
metáfora empleado en el mundo del fútbol y dos ejemplos de analogías contenidos
en El Capital. Mbappé es un francés que juega de delantero centro en
el Real Madrid. Tiene la tendencia a escorarse a la izquierda, como si fuera extremo
izquierdo y no delantero centro. La causa está en que cuando jugaba en el
Mónaco y otros equipos franceses, siempre jugaba por el lado izquierdo de la
delantera. Pues bien, un comentarista, mientras narraba un partido de fútbol,
dijo lo siguiente: la cabra siempre tira al monte; y Mbappé siempre tiende a
irse a la izquierda. El objeto metaforizado es Mbappé jugando de delantero
centro escorándose a la izquierda, y la metáfora es “la cabra tira al monte”.
¿Beneficia o perjudica esta metáfora para representarnos mejor el
comportamiento futbolístico de Mbappé? Lo beneficia: fortalece la idea de que
Mbappé tiende a escorarse a la izquierda de forma natural, instintiva, como la
cabra de forma natural e instintiva tira al monte.
Vayamos a por el primer ejemplo
de analogía. Marx afirma que cualquiera que sea la relación de cambio, siempre
se puede representar por medio de una ecuación donde se equiparan dos
mercancías. Por ejemplo: 1 metro de tela = 5 kilos de trigo. Marx se pregunta:
¿Qué nos dice esta ecuación? Y responde: que, en dos cosas diferentes, 1 metro
de tela y 5 kilos de trigo, existe algo de común y de la misma magnitud. Por
consiguiente, las dos son iguales a una tercera, que, en y de por sí, no es la
una ni la otra. Cada una de las dos debe ser reducible, en cuanto valor de
cambio, a la tercera. Y a continuación recurre al ejemplo analógico: “Un simple
ejemplo geométrico puede darnos una idea de esto. Para determinar y comparar la
superficie de todas las figuras geométricas se las descompone en triángulos. Se
reduce el triángulo mismo a una expresión totalmente distinta de su figura
visible, el semiproducto de su base por la altura. De igual modo se pueden
reducir los valores de cambio de las mercancías, a algo común a ellos, y de lo
cual representan una cantidad mayor o menor”.
Donde en el ejemplo analógico
tenemos las figuras geométricas visibles unas distintas de otras, en el mundo
de las mercancías tenemos sus valores de uso distintos unos de otros; y donde
en el ejemplo geométrico tenemos el semiproducto de la base por la altura de
los triángulos, en la relación de cambio entre las mercancías tendremos el
valor. Después Marx nos advierte que lo que hay de común en la relación de
cambio entre mercancías “no puede ser una propiedad física, química o cualquier
otra propiedad natural”. ¿Para qué sirve el ejemplo analógico? Para demostrar
que el problema con el que se enfrenta Marx en el análisis de la naturaleza del
valor, también se da en el mundo de la geometría. Así enriquecemos nuestra
representación y disponemos de un ejemplo geométrico que ilustra a qué clase de
problema teórico nos enfrentamos.
Vayamos ahora a por la segunda
analogía. En la sección dedicada a la forma de equivalente, en el tomo I del
libro I de El Capital, Marx dice lo siguiente: “La primera particularidad
que resalta en la observación de la forma de equivalente es esta: el valor de
uso se convierte en forma fenoménica de su opuesto, del valor”. Para que lector
no tenga dificultad en entender esta idea por causa de la expresión “fenoménica”,
nos limitaremos a decir que el valor de uso se presenta como forma del valor;
quitamos la expresión “fenoménica”. Los marxistas, guiados por Marx, concebimos
las cosas como proceso, de manera que cuando hablamos del dinero no hablamos
del dinero tal y como se presenta en la actualidad, como dinero papel, sino que
hablamos del dinero durante todo el proceso de gestación: desde que era una
simple mercancía hasta que se convirtió primero en dinero oro, y luego en
dinero papel, signo de valor.
Hasta los economistas
convencionales cuando hablan del precio de una mercancía, afirman que es la
expresión del valor de dicha mercancía. No entramos en discusión acerca de qué
entiende por valor un economista convencional y qué entiende un marxista. En la
ecuación 1 traje = 20 kilos de trigo podemos preguntar: ¿cuánto vale 1 traje? Y
respondemos: 20 kilos de trigo. Luego 20 kilos de trigo es el valor de 1 traje.
Así que los 20 kilos de trigo, que sensiblemente es una cantidad determinada
del valor de uso trigo, se presenta como valor. Esta es la primera
particularidad de la forma de equivalente: el valor de uso se convierte en
forma del valor.
Ahora viene el ejemplo analógico:
“Como cuerpo, un pan de azúcar es pesado y tiene, por tanto, un peso, pero no
se puede ver ni tocar el peso de ningún pan de azúcar. (Del mismo modo 1 traje
tiene un valor, pero no se puede ver ni tocar el valor de 1 traje). Tomemos
ahora diversos trozos de hierro, cuyo peso se ha determinado
previamente. La forma corpórea del hierro es la forma de existencia
de la gravedad, también lo es la del pan de azúcar. Sin embargo, para expresar
el pan de azúcar en términos de gravedad, lo colocamos en una relación de peso
con el hierro. (Para expresar el valor de 1 traje, lo ponemos relación de valor
con 20 kilos de trigo. Ninguna mercancía puede expresar su valor en sí misma,
siempre tiene que hacerlo en otra mercancía). Como valores, 1 traje y 20 kilos
de trigo, son iguales, pero como valores de uso son cualitativamente
distintos. En esta relación el hierro figura como cuerpo que no
representa nada más que gravedad. (En esta relación los 20 kilos de trigo no
representan nada más que valor). De ahí que las cantidades de hierro
sirvan para medir el peso del azúcar. (De ahí que los 20 kilos de trigo sirvan
para medir el valor de 1 traje)”. La analogía tiene más detalles. Lo puesto
entre paréntesis en la cita de Marx es mío. Lo hice para que el lector
comprendiera mejor la analogía. Lo que intenta Marx con esta analogía es que,
con un ejemplo más corriente, más al alcance de la experiencia de los antiguos
vendedores de hace cuarenta años, que usaban una balanza con dos platillos y
unas pesas para medir el peso de las mercancías que vendían, el lector mejore
su representación y comprensión de la relación de cambio entre las mercancías,
y más específicamente la primera particularidad de la forma equivalente del
valor. Se trata de ampliar el conocimiento y mejorar nuestra representación de
los fenómenos mercantiles.
Solo dos últimas ideas que ya
dije anteriormente: una, que las metáforas son una especie del género de las
analogías, y dos, que tanto las metáforas como las analogías sirven para
mejorar nuestras representaciones del objeto metaforizado, en un caso, y del
objeto analogizado, en el segundo caso.
Einstein: abstracción y
representación
En su trabajo La metodología
de Marx, Sacristan dice lo siguiente: “En una ciencia muy teórica, la
física, por ejemplo, repito o insisto, estaríamos dispuesto a decir que lo real
es lo contrario: conocer consiste en pasar de lo concreto a lo cada vez más
abstracto, de una experiencia concreta, sensible, directa, a conceptos físicos
que no tienen ni siquiera correlato sensible”. Sacristán incurre en dos
errores, el primero, hablar de forma general sin concretar, y, segundo, pensar
que todas las ciencias proceden del mismo modo. Y no es así. Para demostrarlo
recurriré a la exposición que hace Einstein sobre el movimiento de un cuerpo,
contenido en su obra titulada Sobre la teoría especial y la teoría general
de la relatividad. Habla Einstein: “Me encuentro en la ventanilla de un vagón
de ferrocarril animado de un movimiento uniforme y dejo caer una piedra sobre
el terraplén, sin comunicar a aquella impulso alguno. Veré entonces
(prescindiendo de la influencia de la resistencia del aire) que la piedra cae
en línea recta. Un peatón que observa la fechoría desde la carretera nota que
la piedra cae a tierra según un arco de parábola. Pregunto ahora:
las posiciones que recorre la piedra, ¿se hallan en realidad sobre una recta o
una parábola? ¿Qué significa además aquí movimiento “en el espacio”? A partir
de las consideraciones hechas en la sección 2, la respuesta es evidente. En
primer lugar, dejamos a un lado la oscura palabra “espacio” y la sustituimos
por “movimiento con respecto a un cuerpo de referencia prácticamente rígido”.
Si en lugar de “cuerpo de referencia” introducimos el concepto de “sistemas de
coordenadas”, concepto útil con vistas a una descripción matemática, podemos
decir entonces: respecto a un sistema de coordenadas rígidamente unido al
vagón, la piedra describe una recta; respecto a un sistema de coordenadas
rígidamente unido al suelo, una parábola. En este ejemplo, se ve claro que no
existe ninguna trayectoria propiamente dicha, sino solo trayectorias con relación
a un cuerpo de referencia determinado”.
Analicemos estas ideas bajo el punto de vista de la teoría del conocimiento. En su conceptualización teórica, Einstein no parte de la percepción sensible, sino de la representación sensible, pero con muchos grados de abstracción. (En la percepción el objeto o situación objetiva vienen dados, mientras que en la representación la situación objetiva la pone el sujeto). No sabemos cuántos vagones tiene el tren, no sabemos cuál es su velocidad, no aparecen los pasajeros que están sentados al lado de la venta, no sabemos en qué municipio está el tren, no sabemos si en el terreno sobre el tren circula hay árboles y plantas, insectos, pájaros y lagartijas. No sabemos si hay niños jugando a la pelota. No sabemos cuántas personas caminan en los alrededores del tren. El propio Einstein dice que hace abstracción del aíre, pues puede modificar el movimiento ideal de la piedra, y un largo etcétera. Luego en la representación de Einstein hay muchas abstracciones. El punto de partida del conocimiento que elabora sobre el movimiento de los cuerpos incluye como punto de partida abstracciones. Y hay en la representación de Einstein un elemento que no pertenece a la representación sensible: el sistema de coordenadas. Dicho de otra forma: la representación del movimiento que realiza Einstein está mediado por conceptos, no es una representación sensible, no es un saber inmediato de lo sensible, todo lo contrario, es un saber muy mediato de lo sensible. Enumero los conceptos que median la representación de Einstein: movimiento uniforme, impulso, línea recta, arco de parábola, movimiento con respecto a un cuerpo de referencia prácticamente rígido y movimiento ideal de la piedra. Así que en este caso deberíamos afirmar que nos encontramos ante una representación conceptual.
El lector habrá comprobado,
primero, que no se debe hablar, ni de la práctica ni de la teoría, de forma
general, que es necesario ser más exhaustivo y entrar en detalles; segundo, que
el método por sí solo no puede servir para explicar cómo se construyen las
teorías; y, tercero, que no existe un método que sea válido para todas las
ciencias. Sí es cierto que Einstein parte de lo concreto, pero de lo concreto
representado, donde hay muchas abstracciones y mediaciones conceptuales. No nos
movemos en el análisis de la relatividad espacial, como dice Sacristán, de lo
concreto a lo abstracto, sino que ya en lo concreto encontramos abstracciones:
una, por las cosas que no se ven o no se tienen en cuenta, y dos, por la abstracción
que suponen los propios conceptos. Y como muy acertadamente dijo
Hegel en la Fenomenología del espíritu: el lenguaje nunca puede expresar
el ser sensible que nosotros suponemos, puesto que el lenguaje solo expresa lo
universal que hay en los hechos. Y esto es lo que ha hecho Einstein para
demostrar que no existe ninguna trayectoria propiamente dicha, sino solo
trayectorias con relación a un cuerpo de referencia determinado: expresar lo
que hay de universal en los hechos que se representan.
El método y la teoría del
conocimiento
El conocimiento relativamente
completo de una cosa transcurre en dos etapas: etapa sensible, práctica o
experimental y etapa lógica o teórica. Las reflexiones de Marx sobre el método
en la economía política, contenidas en su Contribución a la crítica de la
economía política, que es el objeto de la reflexión crítica de Sacristán,
pertenece a la etapa lógica o teórica del conocimiento. Pero el problema de
cómo Marx elaboró El Capital o cómo Adam Smith elaboró Una
investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, no se
resuelve conociendo algunas ideas generales sobre el método. Solo hay que
observar que la exposición sobre el método de la Economía política de Marx no
alcanza las diez páginas, mientras que El Capital supera las tres mil
páginas.
Hay que distinguir entre la fase
en que un concepto es elaborado de la fase en que un concepto empieza a
circular. Por ejemplo, Marx elabora el concepto de valor de uso en los
siguientes términos: cosa que por sus propiedades puede ser útil o satisfacer
necesidades humanas. Una vez elaborado este concepto, Marx dice: los valores de
uso, además de constituir el contenido material de la riqueza, constituyen los
portadores materiales del valor de cambio. Y a partir de ahí empieza
a elaborar el concepto de valor de cambio. Lo más diáfano en el ámbito de la
teoría es que todos los conceptos estén elaborados. Pero esto es imposible: Los
conceptos de propiedades y satisfacción de necesidades humanas sirven para
elaborar el concepto de valor de uso, pero ellos mismos carecen de elaboración.
Pues bien, resulta que los conceptos de abstracto y concreto contenidos
en El método de la economía política de Marx no están elaborados.
Tampoco lo hace Sacristán. Para superar esta dificultad aconsejo al
lector que lea la sección titulada Lo abstracto y lo concreto en
Hegel en el presente trabajo, dado que allí puede encontrar una mínima
elaboración de esos conceptos.
No está de más transcribir unas
palabras de Edmund Husserl contenidas en la sección titulada La
imperfección teorética de las ciencias particulares de su magna obra Investigaciones
Lógicas, para aclararnos más sobre las dificultades a las que nos enfrentamos:
“Ni siquiera el matemático, el físico o astrónomo necesita llegar a la
intelección de las últimas raíces de su actividad, para llevar a cabo las
producciones científicas más importantes; y aunque los resultados
obtenidos posean para él y los demás la fuerza de una convicción racional, no
puede el científico tener la pretensión de haber probado siempre las últimas
premisas de sus conclusiones, ni de haber investigado los principios
en que descansa la eficacia de sus métodos. Pero esta es la causa del estado
imperfecto de todas las ciencias”.
Estas ideas son claves: todas las
ciencias son imperfectas, no hace falta llegar a las últimas raíces de su
actividad para que los científicos lleven a cabo su producción científica,
nunca se prueban todas las premisas de las conclusiones científicas, y nunca se
investiga por completo los principios en los que descansa la eficacia de los
métodos de investigación experimental y de elaboración teórica. De ahí la
necesidad de la filosofía, que es la esfera de saber que enfrenta esos
problemas gnoseológicos. Enfrentar no es solucionar los problemas ni acertar en
los objetivos propuestos de la teoría del conocimiento. En teoría del
conocimiento todavía hay mucho por hacer. Y pretender tener plena claridad
gnoseológica en las elaboraciones teóricas es de momento imposible, independientemente
de la esfera de saber en la que te muevas, incluida la Lógica matemática y la
física.
Engels: sobre la sensoriedad
abstracta
Después de afirmar que el
verdadero padre del materialismo inglés es Bacon, en su obra titulada Del
socialismo utópico al socialismo científico, Engels formula la siguiente
conjetura: “En Bacon, como su primer creador, el materialismo guarda todavía de
un modo ingenuo los gérmenes de un desarrollo multilateral. La materia sonríe
con un destello poéticamente sensorial a todo el hombre. En cambio, la doctrina
aforística es todavía de por sí un hervidero de inconsecuencias teológicas.
En su desarrollo ulterior, el
materialismo se hace unilateral. Hobbes sistematiza el materialismo de Bacon.
La sensoriedad pierde su brillo y se convierte en la sensoriedad abstracta del
geómetra. El movimiento físico se sacrifica al movimiento mecánico o
matemático, la geometría es proclamada como la ciencia fundamental. El
materialismo se hace misántropo”.
De estas palabras de Engels extraemos
una primera deducción: La sensoriedad o conocimiento sensible no es la misma en
todas las esferas del saber. En la física y lógica matemática, la sensoriedad
es abstracta y carece de brillo, mientras que, en la economía, la sociología y
la psicología la sensoriedad es concreta y adquiere todo su brillo y esplendor.
Por lo tanto, no podemos pensar en elaborar una teoría del conocimiento que sea
válida para todas las esferas de saber. Y si la elaboramos, dicha teoría del
conocimiento tiene que ser muy general. Un ejemplo de esta teoría del
conocimiento general puede ser Sobre la práctica de Mao Zedong. Pero
lo que es evidente en todo caso es que habrá que distinguir la sensoriedad
abstracta, que predomina en la física y en la lógica matemática, de la sensoriedad
concreta, que predomina en las ciencias sociales y en el arte.
Engels: ciencias naturales y
ciencias sociales
En su obra Ludwig Feuerbach
y el fin de la filosofía clásica alemana, Engels formula la siguiente
conjetura: “La historia del desarrollo de la sociedad difiere sustancialmente,
en un punto, de la historia del desarrollo de la naturaleza. En esta, los
factores que actúan los unos sobre los otros y en cuyo juego mutuo se impone la
ley general, son todos agentes inconscientes y ciegos. (.) En cambio en la
historia de la sociedad, los agentes son todos hombres dotados de conciencia,
que actúan movidos por la reflexión o la pasión, persiguiendo determinados
fines; aquí, nada acaece sin una intención consciente, sin un fin deseado”.
Aquí queda claro una cosa: si yo elaboro una teoría del conocimiento basada en
las ciencias naturales, no me sirve para fundamentar una teoría del
conocimiento que trate sobre las ciencias sociales: la economía, la historia,
la sociología y la psicología. ¿Por qué? Porque los factores que actúan en las
ciencias naturales son agentes que no están dotados de conciencia y son ciegos,
mientras que en las ciencias sociales los agentes actuantes están dotados de
conciencia. Así que una teoría del conocimiento elaborada sobre la Lógica
Matemática no me sirve para explicar cómo el conocimiento actúa en el ámbito de
la economía y de la historia. Por lo tanto, la filosofía analítica no sirve
para proporcionarle rigor a la teoría del conocimiento marxista.
¿Qué ciencia debe desempeñar el
papel de paradigma en la teoría materialista del conocimiento?
Escuchemos a Engels en su
obra Del socialismo utópico al socialismo científico: “La concepción
materialista de la historia parte de la tesis de que la producción, y tras ella
el cambio de sus productos, es la base de todo orden social; de que en todas
las sociedades que han desfilado por la historia, la distribución de los
productos, y junto a ella la división de los hombres en clases o estamentos, es
determinada por lo que la sociedad produce y cómo lo produce, y por el modo de
cambiar sus productos. Según eso, las últimas causas (no las únicas causas) de
todos los cambios sociales no deben buscarse en las cabezas de los hombres ni
en la idea que ellos se forjen de la verdad eterna y de la eterna justicia, sino
en las transformaciones operadas en el modo de producción y de cambio; han de
buscarse no en la filosofía, sino en la economía de la época de que se trate”.
(Lo que aparece entre paréntesis es mío).
Si la distribución de la
productos (modo en que se manifiesta el reparto de la riqueza y de
la pobreza entre los hombres), está determinado por la economía; si la división
de los hombres en clases o estamentos está determinada por la economía; si la
causa última de los cambios sociales debe buscarse no en la filosofía, sino en
la economía, entonces la ciencia que debe servir de paradigma de la teoría del
conocimiento materialista debe ser la economía, y no la lógica matemática, la
física o la filosofía
¿Por qué es científico el
socialismo propuesto por Marx?
En el mismo texto referido
anteriormente, Engels dice lo siguiente: “Cuando nace en los seres humanos la
conciencia de que las instituciones sociales vigentes son irracionales e
injustas, esto no es más que un indicio de que en los métodos de producción y
en las formas de cambio se han producido calladamente transformaciones con las
que ya no concuerda el orden social, cortado por el patrón de condiciones
económicas anteriores. Con lo cual dicho está que en las nuevas relaciones de
producción tienen forzosamente que contenerse ya -más o menos desarrollados-
los medios necesarios para poner término a los males descubiertos. Y esos
medios no han de sacarse de la cabeza de nadie, sino que es la cabeza la que
tiene que descubrirlos en los hechos materiales de la producción, tal y como
los ofrece la realidad”.
Que las instituciones sociales
son irracionales e injustas es un hecho que se ha producido muchísimas veces
durante los últimos ochenta años. Que este hecho es un indicio de que en los
métodos de producción y en las formas de cambio se han producido más o menos
calladamente transformaciones es una evidencia científica que, como en la
actual fase de globalización, hasta los propios liberales reformistas reconocen
(Martin Wolf, por ejemplo). Y que la sociedad socialista no debe buscarse en la
cabeza de nadie sino en las propias condiciones materiales de la economía es
una posición materialista y científica que nadie asistido de razón puede poner
en duda. No otra cosa significa socialismo científico: buscar en el seno del
propio capitalismo los gérmenes del socialismo.
Pero como Engels, como es
habitual en este pensador, se expresa preferentemente con conceptos sintéticos
generales, les transcribiré unas palabras de Marx contenidas en El
Capital expresados con conceptos analíticos concretos que se encuentran en
el capítulo titulado El papel del crédito en la producción capitalista:
“III. Formación de sociedades anónimas. De donde: 2) El capital que descansa de
por sí sobre un modo social de producción y presupone una concentración social
de medios de producción y fuerza de trabajo, adquiere aquí directamente, la
forma de capital social (capital de individuos directamente asociados) en
contraste con el capital privado; y sus empresas aparecen como empresas
sociales en contraste con las empresas privadas. (Presten atención a lo que
dice Marx a continuación). Es la supresión del capital como propiedad privada
dentro de los límites del propio modo capitalista de producción”.
A esto se llama encontrar en el
propio capitalismo los gérmenes del socialismo: las sociedades anónimas como
transformación del capital privado en capital social. (Banco Santander tiene
más de tres millones de accionistas y 200.000 empleados, como ejemplo de
sociedad anónima)
Sigamos escuchando a Marx: “3)
Transformación del capitalista realmente en funciones en un mero director,
administrador de capital ajeno, y del propietario del capital en mero
propietario, en simple capitalista monetario. (.) Las sociedades anónimas, la
función está separada de la propiedad del capital y, por tanto, también el
trabajo está totalmente separado de la propiedad sobre los medios de producción
y sobre el plustrabajo. (Presten atención a lo que dice Marx a continuación).
Este resultado del máximo desarrollo de la producción capitalista es un punto
necesario de transición hacia la reversión del capital a propiedad de los
productores, pero ya no como propiedad privada de productores aislados, sino
como propiedad de éstos en cuanto asociados, como propiedad social directa”.
No hay que decir más: no se trata
de imaginar cómo puede ser una sociedad socialista, sino de conocer el mundo
mercantil y el mundo capitalista en toda su complejidad y profundidad, y hallar
en el propio capitalismo los gérmenes del socialismo. Y no hay mejor obra
teórica para lograr estos objetivos que El Capital de Karl Marx. En
la crisis financiera de 2007 y durante la pandemia, todos los Estados
capitalistas hicieron socialismo. Así que los hechos demuestran que hasta el
propio capitalismo necesita del socialismo para sobrevivir.
Marx y el mercado
Afirma Sacristán en La
Metodología de Marx, que Marx rechazaba la economía de mercado. No sé de
donde extrae Sacristán esta idea. Hasta la propia expresión “rechazar”
no es propia del pensamiento de Marx. El mercado está presente en El
Capital desde el principio. Cómo no va estarlo si los valores de las
mercancías se realizan en el mercado. Cuando en la tercera página Marx analiza
el valor de cambio, el valor de cambio es el mercado en sus orígenes. En el
libro primero Marx expone y analiza el proceso de intercambio, y el proceso de
intercambio es el mercado. Cosa diferente es la crítica que Marx realiza a los
conceptos de oferta y demanda, que es el modo peculiar en que los teóricos del
capitalismo se representan el mercado. Pero a estos conceptos de oferta y
demanda Marx les da un contenido en el que integra su concepto de valor. Es
decir, Marx no rechaza la economía de mercado, sino que lo integra en su
conceptualización. Hace tiempo que he mantenido que la economía convencional
está presente en El Capital de Karl Marx. Quien esté familiarizado
con la economía convencional, sabrá que esta afirmación mía es acertada.
Además, los conceptos de capital, trabajo, salario, capital fijo, capital
circulante, ganancia, beneficio, interés y renta del suelo están presentes
tanto en la economía convencional como en El Capital, aunque con
distintos contenidos.
En el capítulo de El Capital titulado Nivelación
de la cuota general de ganancia por medio de la competencia. Precios de mercado
y valores de mercado, superganancia, Marx estudia algunas de las
peculiaridades del mercado, esto es, las leyes de la oferta y la demanda. Marx
dice lo siguiente: “Las necesidades sociales, es decir, lo que regula el
principio de la demanda, están esencialmente condicionadas por la relación de
las distintas clases entre sí y por su respectiva posición económica”. Idea
clara y metódica: el principio que regula la demanda son las necesidades
sociales. Pero estas necesidades sociales están determinadas por lo que gana
cada cual: lo que ganan los trabajadores en concepto de salario, y lo que ganan
los más diversos capitalistas en concepto de ganancia, interés, y renta del suelo.
De lo que concluye Marx: la relación entre la oferta y la demanda no explica
nada antes de desarrollar la base sobre la que descansa esta relación, esto es,
lo que ingresa cada clase social bajo las más diversas rúbricas.
Mas adelante dice Marx, otra vez
de forma muy metódica: “Mientras tratábamos únicamente de mercancías
individuales, podíamos suponer que existía la necesidad de esta determinada
mercancía, sin preocuparnos más del volumen de la necesidad que se ha de
satisfacer. Mas este volumen se convierte en un factor esencial tan
pronto como aparece, de un lado, el producto de toda una rama de producción y,
de otro, la necesidad social”. En eso consiste el método: Si estoy analizando
las mercancías individuales debo suponer que existe la necesidad de esta
mercancía y no debo tener en cuenta el volumen de esta necesidad presente en el
mercado; pero si ahora considero toda una rama de producción, debo tener en
cuenta el volumen de esta necesidad social presente en el mercado, es decir,
ahora debo tener en cuenta la relación entre oferta y demanda.
También añade Marx, refiriéndose
a la oferta, lo siguiente: “…como en la producción de mercancías se presupone
la división del trabajo, la sociedad compra estos artículos empleando en su
producción una parte de su tiempo de trabajo disponible, esto es, los compra
mediante una determinada cantidad del tiempo de trabajo de que puede disponer
esta sociedad dada”. Eso es la oferta en términos marxistas: la cantidad de
trabajo que la sociedad emplea en producir los medios para satisfacer las
necesidades sociales.
Cuando Sacristán habla de que
Marx estaba en contra de la economía de mercado, en verdad los marxistas no nos
expresamos así. Sabemos que una cosa es la forma mercantil de la riqueza, que
ya existía en las sociedades esclavistas, y otra es la forma de capital de la
riqueza, que solo se da en las sociedades donde predomina el modo de producción
capitalista. De modo que los marxistas no hablamos de la economía de mercado,
sino de la economía de mercado capitalista. Son los liberales, tanto su ala
reformista como su ala conservadora, quienes hablan de economía de mercado a
secas.
Marx insiste en diferenciar la
necesidad de mercancías representada en el mercado de la necesidad social real,
y a este respecto se expresa en los siguientes términos: “Los límites dentro de
los cuales la necesidad de mercancías representada en el mercado -la demanda-
se distingue cuantitativamente de la necesidad social real, es, naturalmente,
muy diferente para las distintas mercancías; me refiero a la diferencia entre
la cantidad demandada de mercancías y a la cantidad que se demandaría con otros
precios monetarios de la mercancía u otras condiciones monetarias o de vida de
los compradores”. Está claro: en la actualidad, en España, por ejemplo, la
necesidad social real exige que los precios de las viviendas sean más baratos y
que los salarios y las pensiones sean más altos. Lo que sucede es que la
economía de mercado capitalista solo tiene en cuenta la necesidad representada
en el mercado de acuerdo con los actuales precios de la vivienda y los actuales
salarios, y no la necesidad social real.
En suma, Marx no está en contra
de la economía de mercado, todo lo contrario: estudia y analiza en sus
conexiones internas la economía de mercado capitalista y descubre la necesidad
del socialismo.
El movimiento del ser y la nada
en Hegel
Sacristán emparenta a Marx con
Hegel por medio del primer capítulo de la lógica objetiva de la obra Ciencia de
la Lógica de este último, donde se habla del ser, la nada y el devenir, y lo
presenta erróneamente como ejemplo del movimiento que va de lo abstracto a lo
concreto. En esa obra de Hegel todo es abstracto. Pero oigamos primero lo que
dice Sacristán al respecto en su trabajo ¿Qué es la dialéctica?: “Hegel piensa
que la historia de la realidad es la historia de la idea, el pensamiento ha
empezado con la idea general de Ser, que es lo que al principio hubo, que el
primer Ser es el Ser como tal, sin mayor determinación, el Ser en abstracto y
que la historia del Ser, su evolución a través del tiempo, ha consistido en
irse concretando. Primero estaba la idea pura del Ser; luego esa idea pura del
Ser hace emanar de sí la Nada, luego sintetiza Ser y Nada, y el producto es el
devenir”.
Sacristán habla de la concepción
de Hegel sobre la historia de la realidad, pero para dilucidar en este caso esa
concepción de Hegel, Ciencia de la lógica no es la obra teórica
adecuada, sino Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Y en
el índice de esa obra de Hegel, podemos ver que empieza con la idea (no con el
ser), pero después sigue con los medios de realización (la individualidad), y a
continuación sigue con el material de la realización (El Estado). Hay un
capítulo decisivo que se titula: La conexión de la naturaleza o los
fundamentos geográficos de la historia universal, que aconsejo al lector
que la lea, y así observará el materialismo de Hegel. Y a lo largo de ese
libro, Hegel habla del mundo oriental, del mundo griego, del mundo romano y del
mundo germánico. Como puede observarse por el índice, Hegel empieza con la
idea, pero las páginas dedicadas a la idea son veinte, el resto es
materialismo, teñido por supuesto de idealismo, pero muy rico en datos y
categorías. A este respecto voy a transcribirles unas palabras de Hegel sobre
la revolución francesa en la obra citada: “El primero son las leyes del
contenido de la libertad, de la razón, del derecho en sí, la libertad objetiva
o libertad real; esta comprende la libertad de la propiedad y la libertad de la
persona. Termina toda la sujeción del vínculo feudal; desaparecen todas las
determinaciones procedentes del derecho feudal, los diezmos y gabelas. La
libertad real comprende además la libertad del trabajo; que se permita al
hombre emplear sus fuerzas como quiera y el libre acceso a todos los cargos
públicos”. Este es el núcleo racional, materialista, del que hablaba Marx
cuando se refería al pensamiento de Hegel. Porque la clave del caso es siempre
cuánto conoces tú los hechos y con qué calidad. Y Hegel conoce la historia
universal en un grado y con una calidad que pocos marxistas, entre los que me
incluyo, pueden estar a su altura.
Pero examinemos al detalle lo que
dice Sacristán sobre el Ser y la Nada de Hegel. El ser con el comienza la
lógica Hegel, no es el ser en general ni el ser abstracto, como dice Sacristán,
sino el ser puro, un ser carente de determinación, no hay nada en él que
podamos percibir ni que podamos pensar. Si hubiera en el ser puro algo que
pudiéramos percibir o pensar, entonces no sería un ser indeterminado sino un
ser determinado. Y esto es absolutamente lógico, aunque pueda aparentar ser muy
especulativo.
Cuando Sacristán afirma que en
Hegel el ser hace emanar de sí la nada, eso no es cierto. Lo que afirma Hegel
es que el ser carente de determinación es igual a la nada. No es lo mismo
afirmar, como hace Sacristán, que la nada emana del ser, que afirmar que la
nada es igual al ser puro. Y cuando Sacristán afirma que Hegel “sintetiza Ser y
Nada, y el producto es el devenir”, tampoco es cierto. Los momentos del devenir
son el nacer y el perecer, y tanto el nacer como el perecer son unidades del
ser y la nada, donde en el nacer la nada es lo inmediato, y en el perecer lo
inmediato es el ser.
Pero para no cansar al lector,
escuchemos lo que dice Marx en su obra La dialéctica y la filosofía
hegeliana: “La lógica -el dinero del espíritu, el valor discursivo,
especulativo del hombre y la naturaleza-, su esencia que se ha vuelto
completamente indiferente a toda determinación real, y, por tanto, irreal, el
pensamiento enajenado y, por consiguiente, abstraído de la naturaleza y del
hombre real; el pensamiento abstracto”. Y si, de acuerdo con Marx, la Lógica de
Hegel representa el pensamiento enajenado, esto es, el pensamiento abstraído de
la naturaleza y del hombre real, es obvio que el movimiento del ser a la nada
en la Lógica de Hegel es pensamiento abstracto, de ningún modo puede
presentarse como un movimiento que va de lo abstracto a lo
concreto. Y repito: toda la lógica de Hegel es pensamiento abstracto.
El proceso de abstracción
en El Capital
En el prólogo de El
Capital dice Marx que “para el análisis de las formas económicas no sirven
ni el microscopio ni los reactivos económicos. Es la fuerza de abstracción la
que tiene que sustituir a ambos. Pero, para la sociedad burguesa, la forma
económica celular la constituye la forma de mercancía del producto del trabajo
o la forma de valor de la mercancía”. Y más adelante añade: “Por tanto, salvo
la sección dedicada a la forma de valor, nadie podrá acusar a este libro de ser
difícil de entender. Me imagino, naturalmente, a lectores que quieren aprender
algo nuevo, esto es, que también desean pensar por sí mismo”.
De ahí que me duela que Sacristán
afirme, sin exponer ni analizar un solo concepto, que los primeros capítulos
de El Capital son difíciles de entender, además de catalogarlos como
pesados e inútiles, cuando Marx le está advirtiendo de la dificultad: para
analizar las formas económicas es necesario e imprescindible el uso de la
fuerza de abstracción. ¿Y cuál es el pensador por antonomasia experto en el
pensamiento abstracto? Respuesta: Hegel. Pero Sacristán menosprecia a Hegel. De
ahí que le resulte difícil leer los primeros capítulos de El Capital. Y
cuando Sacristán afirma que esos capítulos son además pesados e inútiles,
sencillamente me parece desprecio y tener un comportamiento altanero. Máxime,
como dije antes, cuando hace esa afirmación sin exponer ni analizar un solo
capítulo de El Capital. Lo que es cierto es que la Filosofía analítica no
se caracteriza justamente por una filosofía donde se aprenda el ejercicio de la
fuerza de abstracción, circunstancia que demostraré más adelante analizando
algunos textos de Wittgenstein.
En esta sección Marx parte de una
percepción, la relación de cambio entre mercancías, y llega a un concepto: el
valor. Luego aquí Marx se mueve de lo concreto a lo abstracto. Sigamos: Marx
afirma que el valor de cambio aparece como la proporción en que los valores de
uso de un tipo se cambian por los de otro. A continuación, nos muestra que 1
kilo de trigo, por ejemplo, tiene múltiples valores de cambio, pues se cambia
por otros valores de uso en las proporciones más diversas. Añade que los
valores de cambio son sustituibles unos por otros. Y de ahí hace dos
deducciones: uno, que los valores de cambio expresan la misma cosa, y, dos, que
el valor de cambio no puede ser más que un modo de expresión de un contenido
distinguible de él. De ahí que la siguiente tarea sea descubrir cuál es este
contenido. (Si el lector quiere profundizar en la naturaleza de los modos de
expresión puede hacerlo estudiando mi trabajo titulado Reflexiones sobre
Semiótica que puede encontrar en mi blog).
Más adelante dice Marx: “es precisamente
la abstracción de sus valores de uso lo que caracteriza evidentemente la
relación de cambio de las mercancías. Dentro de ella, un valor de cambio vale
tanto como cualquier otro solo si existe en la proporción suficiente”. Hay que
observar aquí que la abstracción del valor de uso en la relación de cambio
entre las mercancías es un hecho práctico, no una operación de la mente. Y a
partir de aquí Marx inicia el proceso de abstracción.
Si al cuerpo de las mercancías se
le resta su valor de uso, solo le queda una propiedad: ser producto del
trabajo. Pero cuando al cuerpo de la mercancía le restamos su valor de uso, le
restamos las propiedades y utilidades del valor de uso. Pero resulta que en la
utilidad está representado el trabajo útil, la actividad conforme a un fin. Así
que también al cuerpo de la mercancía le tenemos que restar el trabajo útil.
¿Qué nos queda? Gasto de fuerza de trabajo humana sin tener en cuenta la forma
de su gasto. Este es el abstracto que se obtiene después del proceso de abstracción:
el trabajo humano abstracto. Pero hay que hacer una observación para entender
bien la naturaleza del pensamiento abstracto: si nos hablan de trabajo humano
abstracto, no sabemos que nos tenemos que representar, pero si decimos gasto de
fuerza de trabajo sin tener en cuenta la forma de su gasto, o gasto de nervios,
músculos y cerebro, sí sabemos que nos tenemos que representar. Lo abstracto no
es algo que no se pueda ver o representar. Lo abstracto siempre debe tener una
determinación que cuanto menos debe poder representarse. A partir de aquí Max
expone la fuerza productiva del trabajo y cómo repercute en el valor y queda
determinado socialmente.
No piense el lector que Marx solo
se va a mover a partir de aquí en puras abstracciones. Empezará analizando la
forma simple del valor, luego la forma desarrollada del valor y, por último, la
forma general del valor, que nos da la forma dinero. Después definirá la forma
de precio. Y a continuación expone el proceso de circulación. Y aquí hace la
siguiente brillante observación: “Lo que distingue al poseedor de mercancías de
la mercancía misma es ante todo la circunstancia de que, para ella, cualquier
otra mercancía figura solamente como forma fenoménica de su propio valor.
Niveladora y cínica por naturaleza está siempre a punto de cambiar no solo el
alma sino también el cuerpo con cualquier otra mercancía, aunque tenga más
desencantos que Maritornes. Ese sentido que le falta para apreciar lo concreto
del cuerpo de la mercancía lo suple su poseedor con sus cinco y más sentidos.
Para él, su mercancía carece de valor de uso inmediato. De otro modo no la
llevaría al mercado. Tiene valor de uso para otros. Para él, su único valor de
uso inmediato es la de ser portadora de valor de cambio y, así, medio de
cambio. Por eso quiera enajenarla por mercancías cuyo valor de uso le
satisfaga. Todas las mercancías son no-valores de uso para sus poseedore, y
valores de uso para sus no-poseedores. Por consiguiente, tienen que cambiar
universalmente de manos”.
Esto es una maravillosa
exposición. A Marx no se le queda nada atrás. Hasta el proceso de intercambio
los seres humanos no habían aparecido en su exposición. Recuerdan, apreciados
lectores, que el valor de cambio suponía la abstracción de los valores de uso.
Pero eso no ha significado que el valor de uso y su importancia práctica y
teórica haya desaparecido de la teorización llevada a cabo por Marx. Nos dice:
las mercancías no saben apreciar lo concreto del cuerpo de las mercancías y
están dispuestas a cambiar su cuerpo por cualquier otro cuerpo. Y añade: esto
lo suple su poseedor con sus cinco y más sentidos. El comprador sabe apreciar
las propiedades, las utilidades e incluso el trabajo útil invertido en ella.
También muestra Marx en esta
exposición la naturaleza del pensamiento dialéctico: movimiento y negación y
riqueza de determinaciones: para su poseedor, la mercancía carece de valor de
uso inmediato, para su poseedor su mercancía tiene como valor de uso inmediato
ser medio de cambio; la mercancía es no-valor de uso en manos de sus poseedores
y es valor de uso en manos de sus no-poseedores, y por eso tienen que cambiar
universalmente de manos. Es muy hegeliano la negación. Y aquí aparece en su
dinamismo: ser valor de uso y no ser valor de uso y ser poseedor y no ser
poseedor. Y cómo en manos del no-poseedor se vuelve valor de uso lo que no es
valor de uso inmediato en manos de su poseedor.
De lo concreto a lo abstracto en
Hegel
Sacristán defiende la idea de que
el método de la economía política que va de lo abstracto a lo concreto es de
Hegel. Pero esto no es así y lo demostraré. En la Lógica subjetiva o doctrina
del concepto, en el capítulo dedicado al juicio, Hegel se expresa en los
siguientes términos. Escogeremos el ejemplo de Sacristán donde en forma de
juicio podemos afirmar que el perro Boby es un mamífero, en términos de Hegel:
el sujeto es el predicado. Hegel afirma que tanto el perro Boby, en calidad de
sujeto, como mamífero, en calidad de predicado, son totalidades, que el perro
Boby figura como universal concreto, y mamífero como universal abstracto. Pero
después añade esta serie de ideas: “…el predicado (mamífero) es una
determinación aislada del sujeto (el perro Boby), solo una de sus propiedades;
pero el sujeto mismo (el perro Boby) es lo concreto, la totalidad de múltiples
determinaciones, tal como el predicado contiene una sola de ellos (ser
mamífero); es lo universal”. Aquí Hegel se mueve en la dirección sujeto
predicado, pero ahora se moverá en la dirección predicado sujeto, y en este
sentido afirma la siguiente serie de ideas: “Pero, por otro lado, también el
predicado es universalidad independiente, y viceversa el sujeto (el perro Boby)
es solo una determinación del él (mamífero). Por lo tanto, el predicado subsume
al sujeto; la individualidad y la particularidad (el perro Boby) no existen por
sí, sino que tienen su esencia y sustancia en lo universal (mamífero)”. Y, por
último, donde se demuestra que lo afirmado por Sacristán no es cierto, dice
Hegel lo siguiente: “Por lo tanto, se toma lo individual como lo primero,
inmediato, y esto se halla elevado, por medio del juicio, a la universalidad,
así como al contrario lo universal, que existe solamente en sí, se halla
rebajado en lo individual al ser determinado, o sea, se convierte en un
existente por sí”. Es evidente que Hegel afirma que lo individual se eleva a lo
universal, y que lo universal se halla rebajado en lo individual al ser
determinado. Cuando captamos al sujeto, el perro Boby, ingresando en lo
universal, mamífero, Hegel habla de subsunción; pero cuando captamos a mamífero
ingresando en lo individual, el perro Boby, Hegel habla de inherencia. Esto es
también dialéctico, el movimiento constante de los contrarios: en este caso,
inherencia y subsunción. Se observa en el pensamiento de Hegel, como
siempre, una enorme riqueza categorial, movimiento en las dos direcciones, del
sujeto al predicado y del predicado al sujeto, y matices, siempre matices: no
dice Hegel que lo universal se halla rebajado a lo individual, sino que se
halla rebajado en lo individual al ser determinado.
Pero Hegel es muy rico en
términos expresivos, de manera que la misma contradicción en la sección
titulada El juicio de existencia, la expresa en estos otros términos: “En
el juicio subjetivo, suele verse un único y el mismo objeto de manera doble,
una vez en su realidad individual (el perro Boby como el perro
Boby), la otra en su identidad esencial, o sea, en su concepto (el perro Boby
como mamífero), lo individual elevado a su universalidad, o lo que es igual, lo
universal individualizado en su realidad (mamífero se ha individualizado en la
realidad que constituye el perro Boby). Repito: así es el pensamiento de Hegel,
no para en su movimiento, en su variación expresiva, y siempre en la doble
dirección: del sujeto al predicado y del predicado al sujeto, de lo individual
al concepto, y del concepto a lo individual.
Pero la cosa no queda ahí. Si ahora
afirmamos que los mamíferos son animales, mamífero se presenta como universal
concreto, la totalidad de múltiples determinaciones, y animal se presenta como
universal abstracto. Es decir, en el primer juicio, mamífero se presentaba como
predicado, y bajo esa condición era un universal abstracto; y en el otro
juicio, mamífero se presenta como sujeto, y bajo esa condición es un universal
concreto. ¿Qué conclusión extraemos de estos hechos lógicos? Que lo universal
abstracto, lo abstracto, la determinación simple, los conceptos simples, lo
universal concreto y la totalidad, no son formas lógicas adheridas de manera
fija a las cosas o a los conceptos, sino formas lógicas móviles, esto es,
formas que varían dependiendo de la posición que desempeñen en el juicio o en
los discursos los objetos, los sujetos, los conceptos y sus relaciones mutuas.
Y esto es dialéctica: las formas lógicas no se presentan como formas fijas,
pensamiento metafísico, sino como formas móviles y relativas, pensamiento
dialéctico.
Epílogo a la segunda edición
de El Capital de 1873
Antes que nada, he de decirle al
lector que de un prólogo o de un epílogo no se pueden extraer grandes cosas
acerca de cómo un determinado autor, en este caso Marx, elabora una teoría, en
este caso El Capital. Se pueden extraer algunas ideas generales o algunas
ideas sin apenas desarrollo, pero nada más. Como ya dije antes Sacristán no
examina ni tan siquiera los conceptos básicos de El Capital, como son el
dinero y el capital, o la diferencia entre capital constante y capital
variable, o entre capital fijo y capital circulante. También pretende
Sacristán hacernos pasar la Filosofía analítica como una gran filosofía,
superior a la filosofía de Hegel y a la filosofía de Marx, cuando en la
realidad no es así. La Filosofía analítica no ha tenido ninguna influencia
destacada en el desarrollo de las ciencias naturales, y en el ámbito de las
ciencias sociales su influencia ha sido nula. Sin embargo, la influencia de
Hegel y de Marx en la historia de la filosofía y en la historia del siglo XX no
tiene parangón. Otro aspecto erróneo en el proceder de Sacristán es que no
transcribe las ideas de Marx tal y como este las expuso y en todos sus
detalles. Y, por último, otra cosa: el método no es todo. Sólo por el método no
puede explicarse una teoría
Escuchemos lo que dice Sacristán
acerca del epílogo mencionado. Habla de Marx: “Luego empieza una comparación
entre su método y el de Hegel completamente confuso, inútil, que demuestra que
en mi opinión está defendiendo su texto con escasa
convicción. Recuerda el criterio de distinción entre método y
sistema en Hegel, el método vale para todo el mundo y el sistema es solo
idealista, que es una afirmación insostenible y el propio Hegel lo sabía y, en
mi opinión, es una excusa que Marx busca para engañarse a sí mismo acerca de la
combinación entre su hegelismo y su carácter científico, para intentas
armonizar las dos caras de su obra. Luego dice que lo que él hace es invertir
el método de Hegel, que es una metáfora que, en mi opinión es también absurda.
Un método no se puede invertir, no se sabe que quiere decir invertir un método.
Puedo pensar que quiere decir invertir un sistema de teoremas”.
Sacristán tacha de confuso a
Marx, pero se equivoca. Así que les transcribiré y comentaré las ideas de Marx
en el mencionado epílogo. Dice Marx: “Mi método dialéctico difiere del
hegeliano no solo por su fundamento, sino que es directamente su opuesto. Para
Hegel el proceso de pensamiento, que incluso transforma en sujeto independiente
con el nombre de Idea, es el demiurgo de lo real, que no constituye más que su
fenómeno externo. Para mí, por el contrario, lo ideal no es más que lo material
transferido y traducido en el cerebro humano”.
Comentemos estas ideas de Marx y
demostremos que son totalmente claras y útiles. La contradicción principal en
filosofía es la existente entre ser y pensamiento, entre realidad e idea, entre
sensibilidad y pensamiento, entre práctica y teoría. Para Hegel la realidad es
la manifestación externa de la idea, y para Marx, las ideas, los conceptos, el
proceso del pensamiento, son la manifestación interna de la realidad. Y a eso
se llama inversión: donde en Hegel está la idea, Marx pone la realidad; y donde
en Hegel está la realidad, Marx pone la idea (los conceptos). No hay nada
oscuro en esto ni es inútil esta distinción. Todo lo contrario: la lucha entre
materialismo e idealismo ha atravesado toda la historia del pensamiento, tanto
en el ámbito de la ciencia como en el ámbito de la filosofía. Quien haya
estudiado la obra de Pavlov titulada Actividad nerviosa superior, observará
que dedica varios artículos a luchar contra el idealismo en el campo de la
fisiología, incluido el dualismo de Descartes. Pero para que los lectores no se
queden con una idea rígida de esta contradicción, les transcribo unas palabras
de Marx contenidas en el capítulo de El Capital dedicado al proceso
de trabajo, y que demuestra de paso que un prólogo o un epílogo son
insuficientes, y más que insuficientes, para explicar cómo un determinado
pensador o pensadora elaboró su teoría: “Al final del proceso de trabajo se
obtiene un resultado que existía ya al comienzo del mismo en la imaginación del
obrero en forma ideal. No es que efectúe solamente un cambio de
forma del elemento natural, sino que, al mismo tiempo, realiza su fin en el elemento
natural, pues sabe que la modalidad de su acción rige como ley, y al cual tiene
que supeditar su voluntad”. Dicho de forma directa: no de forma absoluta lo
real existe antes que lo ideal, sino que en ocasiones lo ideal existe antes que
lo real: “Al final del proceso de trabajo se obtiene un resultado que existía
ya al comienzo del mismo en forma ideal”. Pero hay más: hay que observar cómo
Marx detalla el lado subjetivo de la cuestión y con extremada riqueza y rigor:
realización del fin, modalidad de la acción y supeditación de la voluntad a
dicha modalidad de la acción.
A este respecto Sacristán, en su
trabajo titulado La metodología de Marx, dice lo siguiente: “Es la idea de
que como todo el Ser para Hegel es de naturaleza ideal, entonces el pensamiento
tiene la misma naturaleza que el Ser”. Pero esto no es cierto. De acuerdo con
Marx, en Hegel la realidad, el ser, es el fenómeno externo del proceso de
pensamiento. No es lo mismo afirmar que el ser tiene naturaleza ideal que
afirmar que el ser es el fenómeno externo de la idea. Le falta precisión a
Sacristán.
Sigamos con la cita del epílogo
de Marx: “Por eso me confieso abiertamente discípulo de ese gran pensador (se
refiere a Hegel), y en algunos pasajes del capítulo sobre la teoría del valor
coqueteo con su modo peculiar de expresión. La mistificación que sufre la
dialéctica en manos de Hegel no impide en absoluto que fuese el primero en
exponer ampliamente sus formas generales del movimiento. En él se encuentra
patas arriba. Sólo hay que darle la vuelta para descubrir el núcleo racional en
su envoltura mística”.
Comentemos estas ideas de Marx y
demostremos que son claras y útiles. Que Marx coquetee con el modo peculiar de
expresarse Hegel no es una cosa mala ni errónea. Hegel se expresaba muy bien y
si Marx en ocasiones lo imitó, pues alegrémonos, no nos disgustemos. Hegel era
muy rico en términos léxicos y su sintaxis es de alto nivel. Borges, que amaba
a los filósofos por su imaginación, hubiera alucinado con los textos de Hegel.
La otra cuestión es que Hegel expuso
ampliamente las formas generales del movimiento de la dialéctica, tanto las que
afectan al ser como al pensamiento. Y el aprendizaje de estas ideas fue básico
para que Marx pudiera hacer una obra de la envergadura filosófica de El
Capital. Y cuando Marx afirma que la dialéctica tiene en Hegel una envoltura
mística y un núcleo racional, afirma algo muy acertado. Y si Marx se quedó con
su núcleo racional desprendiéndose de su envoltura mística, y si para ello tuvo
que darles la vuelta a sus ideas, no hay nada de raro e imposible en eso.
Afirmar que es un absurdo porque a un método no se le da la vuelta, como dice
Sacristán, es sencillamente porque para Sacristán el método solo lo es en la
Lógica matemática.
Transcribamos lo último que dice
Marx en su epílogo: “En su forma mística, la dialéctica se convirtió en moda
alemana, porque parecía transfigurar el estado de cosas existente. En su forma
racional, la dialéctica es un escándalo y un horror para la burguesía y sus
portavoces doctrinarios, porque en la comprensión positiva del estado de cosas
existente también incluye al mismo tiempo la comprensión de su negación, de su
necesaria caída, porque considera toda forma devenida en el curso del
movimiento también en su aspecto transitorio, porque no se deja intimidar por
nada, y porque en su esencia es crítica y revolucionaria”.
Comentemos estas palabras de
Marx. Ahora Marx, que es un pensador flexible y plástico, en vez de hablarnos
de envoltura y núcleo, nos habla de forma mística y forma racional del
pensamiento de Hegel; y de que su forma mística servía para transfigurar,
cambiar de aspecto, el estado de cosas existentes en Alemania de aquel
entonces, como hace la extrema derecha con el mundo actual. Pero en su forma
racional el pensamiento de Hegel no solo incluía la comprensión positiva del
estado de cosas existente, sino también la comprensión de su negación, esto es,
de su necesaria caída. (Eso es lo que deseamos los marxistas con el actual
sistema capitalista: su necesaria caída. Y como es eso lo que queremos, tenemos
una comprensión negativa del estado actual del capitalismo mundial. La negación
es un rasgo fundamental de la dialéctica, tanto del pensamiento de Hegel como
del pensamiento de Marx).
Y en el curso del movimiento de
la historia de la sociedad capitalista hay formas que devienen, como el
predominio en la actualidad de las tecnológicas en las bolsas, de los fondos de
inversión y de los supermillonarios que son la expresión positiva de la
desigualdad; y son esas formas devenidas las que tienen un carácter
transitorio, esto es, están ahí también para perecer, para que un Estado
socialista acabe con su razón de ser, y la propiedad pública triunfe de una vez
por todas sobre la propiedad privada. Y, por último, cuando Marx dice de Hegel
que no se deja intimar por nada y que en esencia su filosofía es crítica y
revolucionaria, pues los marxistas deberíamos hacernos hegelianos. Y también
está claro que la Filosofía analítica no es crítica ni revolucionaria con el
mundo capitalista. Así que la Filosofía analítica no es un gran aliado de los
marxistas.
En suma, las ideas de Marx
contenidas en el epílogo no son oscuras ni inútiles, todo lo contrario, son
grandiosas, vitales, profundas y revolucionarias.
Algunas palabras sobre
Wittgenstein
Ya que algunos marxistas afirman
que la filosofía analítica es el no va más del rigor, les transcribiré unas
palabras contenidas en el Tractatus Lógico-Philosophicus de
Wittgenstein, para comprobar si aquello que se anuncia es cierto. Al final de
ese texto Wittgenstein se expresa en los siguientes términos: “El verdadero
método de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada, sino aquello que
se puede decir; es decir, las proposiciones de la ciencia natural -algo, pues,
que no tiene nada que ver con la filosofía-; y siempre que alguien quisiera
decir algo de carácter metafísico, demostrarle que no ha dado significado a
ciertos signos en sus proposiciones. Este método dejaría descontentos a los
demás -pues no tendrían el sentimiento de que estábamos enseñándoles filosofía-,
pero sería el único estrictamente correcto”. Antes que nada, quiero que el
lector observe cómo estos pensamientos tan superficiales, pobres y
conservadores, quiere Wittgenstein hacerlos pasar como el verdadero método de
la filosofía.
Según Wittgenstein lo único que
se puede decir son las proposiciones de la ciencia natural. Las proposiciones
de la economía, de la historia, de la sociología y de la filosofía no se pueden
decir. No puedo decir que la inflación ha subido en 2025 en España el 3%, no
puedo decir que ha subido el precio del oro, no puedo decir que Rusia invadió
Ucrania ni que Israel ha asesinado a más de 70.000 gazatíes, no puedo decir que
han muerto dos mil africanos en el 2024 intentando llegar a las costas
europeas, no puedo decir que Trump ganó las últimas elecciones presidenciales
en EEUU, no puedo decir que EEUU ha realizado 400 incursiones militares e
invadido 34 países en los últimos 80 años, en suma, no puedo decir multitud de
cosas que constituyen el mundo de cada día. ¿Y por qué? Porque Wittgenstein lo
dice, porque a su juicio solo se pueden decir las proposiciones de las ciencias
naturales. Tampoco puedo decir que la manzana que está fuera del espejo está
constituida por cuerpo de manzana y apariencia cromática de manzana, mientras que
la manzana que está en el espejo tiene apariencia cromática de manzana, pero no
cuerpo de manzana. Y esta distinción filosófica, clara y evidente, entre el ser
real y el ser ideal, no puedo decirla. ¿Por qué? Porque es una afirmación que
va más allá de lo físico, esto es, porque es una afirmación metafísica. Y no
sabemos quién nos dirá que yo no le dado significado a ciertos signos, de
acuerdo con el supuesto método filosófico de Wittgenstein. ¿Y por qué ese
alguien que no sabemos quién es, tendrá la capacidad para detectar que algunos
de los signos que he empleado carecen de significado? Porque Wittgenstein lo
supone así. Si ese alguien no tiene conocimientos sobre la naturaleza de los
modos de expresión, que es el caso de la relación de la manzana con el espejo,
¿cómo puede saber que algunos de los signos que empleo carecen de significado?
No puede saberlo.
En el mundo de la metafísica, si
entendemos por metafísica a la filosofía y si sabemos que la producción de
pensamientos filosóficos se produce desde hace 2400 años, hay demasiadas cosas
que saber y también hay muchas verdades. Así que nadie que no tenga el
conocimiento en la materia de la filosofía de la que se trate, puede saber qué
signos no tienen significado.
La forma de hablar de
Wittgenstein es demasiado abstracta, abstracto en el sentido de que el mundo
real no se ve, y no sabemos hacia donde nos quiere dirigir con su filosofía.
Escuchemos, solo para comparar,
la primera tesis de Marx sobre Feuerbach: “El defecto fundamental de todo el
materialismo anterior -incluyendo el de Feuerbach- es que solo concibe el
objeto, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de
contemplación, pero no como actividad sensorial humana, como práctica, no de un
modo subjetivo. De aquí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo,
por oposición al materialismo, pero solo de un modo abstracto”.
La primera lección que extraemos
de aquí es que todos los materialismos no son iguales: hay materialistas donde
predomina el modo contemplativo y hay materialistas donde predomina el modo
subjetivo. Pero para que se dé esta última condición es necesario que el
materialista en cuestión conozca de modo amplio y profundo la subjetividad. Y
en este sentido seguirá habiendo idealistas que conozcan mejor la subjetividad
que muchos materialistas. De ahí que no debamos dar por sentado nada y que
siempre estemos dispuestos, a los materialistas me refiero, a aprender de los
idealistas. Es obvio también que para el conocimiento de la subjetividad es
necesario tener conocimientos conceptuales de la psicología contemporánea.
Pero para ilustrar esta idea, les
transcribo lo que dice Marx en El Capital en la sección
titulada El carácter doble del trabajo representado en la mercancía: “Por
un lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en sentido
fisiológico, y en esta calidad de trabajo humano constituye el valor de las
mercancías. Por otro lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana
específica y determinado por su fin, y en esta calidad de trabajo útil concreto
produce valores de uso”. Un ejemplo: La mesa en la que usted habitualmente
come, atento lector, es obra del trabajo del carpintero, una modalidad de la
actividad sensorial humana. Y el trabajo del carpintero está representado en la
mesa de dos modos: como valor de uso, actividad conforme a un fin, y como
valor: gasto de fuerza de trabajo humana sin tener en cuenta la forma de su
gasto. Dicho de otra forma: el sujeto, el carpintero, está en el objeto: la
mesa. Y otra cosa: el propio trabajo es doble en sentido filosófico: es
abstracto y es concreto. Y ambos lados, el carácter abstracto y el carácter
concreto, se dan de forma simultánea en el proceso de producción de la mesa.
Esto es otro ejemplo de cómo la correlación entre lo abstracto y lo concreto no
se da solo como un movimiento cognitivo que va de lo abstracto a lo concreto,
sino que ambas determinaciones en el ámbito de la práctica productiva se dan de
forma conjunta.
Cuando leemos a Marx, el mundo se
nos presenta una y otra vez en su concreción, en su riqueza sensible; mientras
que cuando leemos a Wittgenstein, el mundo concreto, el mundo de la
sensoriedad, desaparece por completo. Solo tenemos abstracciones vacías y
formales. Y Wittgenstein presenta sus palabras como el verdadero método de la
filosofía. Resulta sorprendente que la pobreza conceptual y la falta de
conocimiento del mundo, pues quien no sabe economía poco puede decirnos del
mundo en que vivimos, lo presente Wittgenstein, como el verdadero método
filosófico. Así que mejor quedarse con la rica y revolucionaria filosofía
marxista y no con la pobre y conservadora filosofía analítica.
Wittgenstein y el sujeto
En sus Textos fundamentales,
Wittgenstein dice lo siguiente sobre el sujeto: “Si tomamos primero el mundo
como espacio visual, es decir, como aquello hacia donde miramos, hemos de
constatar que, de principio, el mundo nos es dado sin sujeto. El espacio
visual, en efecto, no tiene esencialmente dueño alguno y no tiene el menor
rastro de un sujeto. Cuando vemos el espacio visual, no vemos el ojo. Y nada en
el campo visual permite concluir que sea visto por un ojo”. Tome nota el lector
de cómo Wittgenstein presenta al mundo: como espacio visual. Lo normal en todas
las personas es que después de desayunar, lave la losa, barra el suelo y lo
friegue, recoja todo lo que está tirado en el salón y haga las camas. Después,
bañarse, vestirse y salir a la calle. Y toda esta riqueza mínima del mundo de
cada día, Wittgenstein lo presenta como espacio visual. Y cuando afirma que el
espacio visual no tiene esencialmente dueño alguno, es una idea totalmente
disparatada, puesto que todo lo hay en el espacio visual es de alguien: o es
del Estado, los bienes públicos, o es de particulares, los bienes privados.
Después añade estas otras ideas:
“Uno de los modos de representación más equívocos de nuestro lenguaje es el uso
de la palabra “yo”, especialmente allí donde representa a la vez la vivencia
inmediata como en yo veo una mancha roja”. “Si no encuentro el yo como sujeto
cognoscente, ¿cómo entra entonces el yo en la filosofía? A saber, porque el
mundo es mi mundo y porque yo soy la frontera, no una parte del mundo”. “Puesto
que mi leguaje significa el mundo, las fronteras de mi lenguaje son las
fronteras de mi mundo”.
El mundo que nos retrata
Wittgenstein no es un mundo real, es un mundo abstracto, donde las personas,
presentadas en calidad de yo, se dedican a ver manchas rojas; y a no sentirse
parte del mundo, sino la frontera del mundo; o que las fronteras de mi lenguaje
son las fronteras de mi mundo. ¡Qué cosas! ¡Qué forma tan extraña de estar en
el mundo!
Francamente, no sé en qué mundo
vivía Wittgenstein. Las personas no solo tienen ojos, también tienen oídos,
gusto, manos y piernas. Y cuando salimos a la calle, vemos a muchos sujetos,
vemos automóviles, guaguas y motos conducidos por personas, vemos barrenderos
limpiando las aceras, vemos terrazas con personas desayunando, vemos calles
peatonales con muchos sujetos paseando, vemos sujetos comprando en las
farmacias, en las tiendas de ropa y zapatería, vemos a fontaneros cargando en
sus camionetas tuberías. Vamos al mercado central y vemos al carnicero cortando
la carne, entregándosela al cliente y el cliente pagando en efectivo o con
tarjeta. Vemos a las personas en las escaleras metálicas trasladándose a
Mercadona. Vemos a los niños esperando la guagua que los llevará al colegio.
Vemos a grúas y camiones trasladar materiales para la construcción de unos
inmuebles conducidos por sujetos. Vemos a gente correr. En suma, vemos al mundo
tal y como es, con su enorme colorido, movimiento y bullicio. Y si Wittgenstein
no ve sujeto alguno en su campo visual, será porque su pensamiento abstracto ha
segado todos sus sentidos y su vida locomotriz se habrá reducido a cero.
No entiendo cómo se puede
presentar a Wittgenstein como un pensador riguroso cuando su conocimiento del
mundo es tan pobre y solo es capaz de presentarlo de una forma tan abstracta y
vacía. Y lo peor: me parece un total desatino que algunos intelectuales afirmen
que la Filosofía analítica serviría para proporcionarle rigor al pensamiento de
Marx. Todo es función del conocimiento que se tenga del mundo: una eficaz
inteligencia, una rica percepción, y una voluntad de poder para transformar el
desastroso capitalismo en el que vivimos hoy. Pero con el conocimiento del
mundo que nos aporta Wittgenstein, nada podemos hacer. ¿Qué es el mundo según
Wittgenstein? Respuesta: el mundo. Y, ¿qué sucede en este mundo? Respuesta: ver
una mancha roja.
Wittgenstein y el mundo
En el capítulo titulado mundo, contenido
en Los textos fundamentales de Wittgenstein, Wittgenstein en el apartado
24 dice lo siguiente: “Puedo considerar el mundo como un sistema fundamental, y
dentro de ese mundo como sistema fundamental puedo encontrar sistemas
particulares, es decir, mundos especiales”. Estas palabras de Wittgenstein
constituyen una pura abstracción. No sabemos nada de ese sistema fundamental
que constituye el mundo. En el mundo hay 195 naciones, y cada nación tiene su
propia historia y llena de vicisitudes y acontecimientos, y que todos ellos
constituyan un sistema fundamental, sin saber nada de ese contenido
fundamental, es más que cuestionable. Así que el mundo de que nos habla
Wittgenstein es un mundo vacío. Y después nos dice que la filosofía analítica
que encabeza, entre otros, Wittgenstein es rigurosa.
Pero sigamos. En el apartado 26,
Wittgenstein dice lo siguiente: “Los libros y las sillas de este cuarto, por
ejemplo, son totalidades empíricas. Su extensión depende de la experiencia. El
sistema, por el contrario, depende del principio que está a su base”. Vuelve
Wittgenstein a hablarnos de forma abstracta y vacía. Decir que la silla es una
totalidad sin decir en que consiste esa totalidad, es no decir nada o decir
algo muy abstracto. Y decir que su extensión depende de la experiencia sin
darnos el menor detalle de esa experiencia, pues igualmente: pensamiento
abstracto y vacío.
Vamos a El Capital, al
primer capítulo, que Sacristán considera pesado e inútil, y escuchemos las
primeras palabras de Marx: “En las sociedades capitalistas la riqueza se
presenta como inmensa acumulación de mercancías, y la mercancía individual como
su forma elemental. De ahí que nuestra investigación comience con el análisis
de la mercancía”.
Observen antes que nada el
extremado rigor y precisión de Marx: nos habla de la forma elemental de la
riqueza y de la mercancía individual. Cuando nos dice que la riqueza en las
sociedades capitalistas se presenta como inmensa acumulación de mercancías, nos
habla de un rasgo del llamado abstractamente por Wittgenstein como sistema
fundamental. Para verificar este hecho perceptivo del que nos habla Marx, solo
tenemos que recordar las pasadas navidades para ver que nuestro mundo estaba
rodeado de mercancías: la propia decoración navideña, los expositores de los
comercios, el movimiento incesante de automóviles y vehículos de transporte,
los consumidores llevando las bolsas con regalos, los restaurantes con una
afluencia masiva de comensales, y un largo etcétera. Pero si consideramos que
cada año hay en el mundo un tráfico de 250 millones de contenedores, se muestra
con total evidencia que la riqueza se presenta como inmensa acumulación de
mercancías. Y esto es una evidencia, una percepción, para los que viven sobre
todo en las grandes ciudades y visitan los grandes puertos de las ciudades
costeras. Así que El Capital no empieza con una abstracción, sino con
una concreción pletórica de color y viveza.
Observen hasta qué punto a Marx
no se le escapa nada, que en la sección titulada Instrumento de
circulación de su obra Contribución a la Crítica de la economía
política, dice lo siguiente: “En las calles más animadas de Londres, los
establecimientos se suceden unos a otros, y detrás de las lunas de sus
escaparates se ofrecen tentadoras todas las riquezas del Universo: chales de la
India, revólveres americanos, porcelanas chinas, corsés de Paris, pieles de
Rusia, productos de los trópicos; pero todas estas cosas mundanas ostentan
debajo de ellas unas fatales etiquetas blancas que llevan grabadas cifras
árabes seguidas de los caracteres lacónicos, libra, chelín. Así aparece la mercancía
en la circulación”.
Aquí demuestra Marx su
conocimiento del mundo particular más inmediato, con una gran riqueza de
detalles, y un estilo literario de gran calidad. Y nos presenta el carácter
doble de la mercancía en su circulación: su valor de uso, que se muestras tras
las lunas de los escaparates y nos atrae con poderosa fuerza, y su precio, que
lo expresa en términos muy ilustrativos: fatales etiquetas blancas, números, y
el nombre de la moneda.
Sigamos. Después de presentarnos
a la riqueza como mercancía, Marx proporciona dos definiciones de valor de uso:
cosa que por sus propiedades puede satisfacer necesidades humanas; y conjunto
de propiedades que por ellas puede ser útil al ser humano en diversos aspectos.
Después añade que es obra de la historia descubrir estos diversos aspectos y,
por tanto, los múltiples usos de las cosas. Estos dos conceptos de valor de uso
elaborados por Marx son concretos y su asimilación no tiene dificultad alguna.
Pero la cosa no queda ahí, cuando Marx elabora el concepto de valor de cambio,
y lleva a cabo un proceso de abstracción, dice lo siguiente: “si se prescinde
al valor de uso de los cuerpos de las mercancías, no les queda todavía más que
una propiedad, la de ser productos del trabajo. Y luego examina el cuerpo de
las mercancías como producto del trabajo y llega a la conclusión de que el
trabajo está representado doblemente en la mercancía: como productor de valor
de uso y como creador de valor. Y con respecto al trabajo productor de valor de
uso, Marx lo ejemplifica en un traje, y afirma lo siguiente: “El traje es un
valor de uso que satisface una necesidad particular. Para producirlo se
requiere un tipo determinado de actividad productiva, Esta viene determinada
por su fin, su modo de operar, su objetivo, sus medios y su resultado”. Aquí
también nos topamos con un concepto concreto. No hay abstracciones oscuras ni
hay dificultades especiales para entender las afirmaciones de Marx.
Es obvio que Marx es
absolutamente metódico y lógico: empieza presentándonos la riqueza como
mercancía, después elabora el concepto de valor de uso, luego nos advierte que
los valores de uso son los portadores materiales del valor de cambio, y a
continuación elabora el concepto de valor de cambio y demuestra que es un modo
de expresión. Después mediante un riguroso análisis de abstracción da con el
concepto de valor. Después analiza el carácter doble del trabajo representado
en las mercancías. Luego, retorna al valor de cambio para analizar las formas
del valor. Termina en el análisis de la forma general del valor hasta llegar a
la forma objetivamente social del valor, a la mercancía general, al dinero.
Decir, como hace Sacristán, de todo esto que es pesado e inútil sin hablar en
detalle de aquello que descalifica, no es serio, no es riguroso, y tampoco es
científico.
Y esta sección, la que va de la
mercancía al dinero, es una parte del mundo capitalista en particular y del
mundo mercantil en general. Y en esa exposición, como todos los textos de Marx,
observamos una riqueza categorial inmensa, que nos sobrepasa. Mientras que
cuando leemos el capítulo Mundo de la mano de Wittgenstein solo
encontramos abstracciones vacías. La primera condición de un filósofo es que
conozca el mundo del que habla. Y lo que se demuestra es que del mundo que nos habla
Wittgenstein, no existe, no hay concreción, lo más concreto que nos dice del
mundo del que nos habla es que las sillas y los libros son totalidades
empíricas. Pero lo concreto como insinuación está en los nombres “sillas” y
“libros”, puesto que lo que se predica de ellos, “totalidades empíricas”, es
una pura abstracción.
Wittgenstein y la certeza
En el capítulo dedicado a la
certeza, contenido en Los textos fundamentales de Ludwig Wittgenstein,
Wittgenstein dice lo siguiente: “El que algo esté fuera de duda se muestra en
el obrar. Tomemos, como ejemplo, una acción en lo que algo puede ser puesto en
duda y que es muy corriente: una orden, por ejemplo, “tráeme un libro”. Puedo
dudar de que aquello que traigo sea realmente un libro. Pero tal cosa puedo comprobarla,
por ejemplo, consultando lo que significa (la palabra) “libro”. Si no sé
exactamente lo que es un libro, sí sé, sin embargo, lo que eso significa y lo
que significa la palabra, que encuentro en el diccionario, y cómo se usa. La
superación de la duda es, por tanto, un hecho de experiencia”. En esta cita lo
puesto entre paréntesis es mío.
Las experiencias o los hechos de
experiencia sirven para analizarlos y elaborar conceptos o hacer ciertas
conjeturas conceptuales. Pero hay que ser rigurosos y no arbitrarios al
describir los hechos de experiencia. Pero Wittgenstein siempre pone ejemplos
triviales, y lo que es peor: mal razonados. Nadie va a una librería y dice:
“deme un libro”. Dirá, por ejemplo: “vengo en busca del libro titulado Sobre
la belleza y el gusto y cuyo autor es Antonio Raphael Mengs. Y si estoy en
mi casa, puedo decirle a mi hija: “en la estantería de la derecha de mi cuarto
de estudio hay un libro de Sófocles, tráemelo, por favor”. O también puedo
decir: “tráeme el libro que está sobre la mesa de noche”. Sé que es un libro
determinado, por ejemplo: Las mil y una noches. Así que en la
experiencia nadie pide un libro de título y autor indeterminados.
Ahora viene la circunstancia
supuesta, según Wittgenstein, de que mi hija no sepa lo que es un libro,
circunstancia que no es posible, primero, porque en mi casa siempre ha habido
libros, y, segundo, porque ella desde los dos años ha tenido sus propios
libros. Y esto ocurre en todas las casas del mundo, con sus excepciones como en
todo. Las experiencias que se toman de ejemplos deben ser experiencias cuyo
conocimiento sea universal y evidente. De manera que si yo supongo que mi hija
no sabe lo que es un libro, resulta una suposición del todo extravagante y
fantasiosa. Puesto que, obligado por la arbitrariedad de Wittgenstein, estoy
forzando la realidad para adecuarla a mis conjeturas conceptuales. Pero
aceptemos esa extravagancia y fantasía. De todos modos, lo que resulta un
verdadero absurdo es que mi hija tenga que comprobar qué significa la palabra
“libro” y que para ello recurra a un diccionario, puesto que el diccionario es
también un libro. Y supuestamente, según Wittgenstein, mi hija no sabe lo que
es un libro. Todo un absurdo.
Por lo tanto, Wittgenstein carece
de rigor cuando presenta los hechos de experiencia y pone un ejemplo que
resulta caprichoso, arbitrario y fantasioso. Además, es un ejemplo trivial. Así
que no tiene sentido esperar de la filosofía de Wittgenstein que proporcione
rigor a la filosofía marxista.
Lo abstracto y lo concreto en
Engels en alusión a Feuerbach y a Hegel
En su obra Ludwig Feuerbach
y el fin la filosofía clásica alemana, Engels dice lo siguiente: “Este
Feuerbach que predica en cada página el imperio de los sentidos, la sumersión
en lo concreto, en la realidad, se convierte, tan pronto como tiene que
hablarnos de otras relaciones entre los hombres que no sean las simples relaciones
sexuales, en un pensador completamente abstracto. Para él, estas relaciones
solo tienen un aspecto: el de la moral. Y aquí vuelve a sorprendernos la
pobreza asombrosa de Feuerbach, comparado con Hegel. En este, la ética o teoría
de la moral es la filosofía del Derecho y abarca: 1) El Derecho abstracto; 2)
la moralidad; 3) la moral práctica que, a su vez, engloba la familia, la
sociedad civil y el Estado. Aquí, todo lo que tiene de idealista la forma, lo
tiene de realista el contenido. En Feuerbach, es al revés. Por la forma,
Feuerbach es realista, arranca del hombre; pero, como no nos dice una palabra
acerca del mundo en el que vive, este hombre sigue siendo el mismo hombre
abstracto que lleva la batuta en la filosofía de la religión”.
Feuerbach se declara materialista
porque defiende el imperio de los sentidos o lo concreción, y Hegel puede
catalogarse de idealista porque defiende el imperio de las ideas o la
abstracción. Pero con eso no basta para evaluar a los filósofos. Hay
que saber en qué grado y calidad conocen el mundo. Y en este sentido Hegel es
muy superior a Feuerbach. Así que, por la forma, Feuerbach es materialista y
Hegel es idealista, pero por el contenido Feuerbach es idealista, esto es,
abstracto, y Hegel es materialista, esto es, concreto. (Los conceptos no deben
usarse de manera rígida y como si tuvieran un solo contenido y un solo sentido,
carentes de movimiento y desarrollo. De hecho, aquí “abstracto” significa
idealista, y “concreto”, materialista. No está de más aquí recordar las
palabras de Lenin sobre Kuno Fischer en sus Cuadernos Filosóficos: “Kuno
Fischer no muestra al lector cómo buscar la clave de las difíciles
transiciones, matices, flujos y reflujos de los conceptos abstractos de Hegel”.
Así es como hay que tratar los conceptos abstractos de Hegel: con sus
transiciones, matices, flujos y reflujos. Y esa tarea no es nada fácil).
El capital
En el capítulo titulado La
metodología de Marx, de la obra reseñada, Sacristán formula la siguiente
serie de afirmaciones: “En El capital mismo tiene unos tres tipos de
literatura, por así decirlo, de dificultad diferente. Unos primeros capítulos
muy hegelianos, difíciles de leer, pesados; en mi modesta opinión, en gran
parte inútiles. Luego, capítulos de tipo histórico, predominantemente
históricos, muy lisos y buenos de leer; por ejemplo, los capítulos sobre la
historia de la jornada de trabajo. Por último, un núcleo más teórico en el
sentido moderno de la palabra, no hegeliano, sino construido con las técnicas y
los métodos habituales de la ciencia”.
Sacristán no se comporta en
términos filosóficos de manera profesional, según le gusta expresarse a López
Arnal. Primero, debería indicar dónde y cómo se manifiesta la influencia de
Hegel en los primeros capítulos de El Capital; segundo, demostrar por qué
esa influencia de Hegel perjudica la representación científica de Marx sobre,
por ejemplo, cómo se transforma la mercancía en dinero y cómo se transforma el
dinero en capital. Tercero: afirmar que los primeros capítulos de El Capital son
difíciles de leer, pesados e inútiles, no dejan de ser una simple apreciación
subjetiva que no añade valor teórico alguno al estudio de la naturaleza del
dinero y el capital. Muchos marxistas, de entre ellos destacados economistas,
no consideran que El Capital sea difícil de leer, pesado e inútil. Y
no sé por qué deberíamos aceptar que Sacristán está en lo cierto y la mayoría
de los marxistas estamos equivocados.
Si Sacristán hubiera querido
expresarse de forma profesional, pudo, por ejemplo, exponer las ideas
principales de Marx sobre la transformación de la mercancía en dinero, después
exponer las ideas principales de Adam Smith del capítulo IV de su obra Una
investigación sobre la naturaleza y causas de las riquezas de las
naciones titulado Del origen y uso del dinero, o exponer la sección
titulada el dinero: el lubricante del intercambio del libro de
Samuelson y Nordhaus titulado Economía. Y una vez hecho eso,
demostrar qué autor representó de modo más científico la naturaleza del dinero.
Pero no hizo nada eso, se limitó a esgrimir unas afirmaciones sin pruebas
documentales ni demostración razonada alguna. Yo creo que Sacristán habla del
pensamiento de Marx con unos aíres de suficiencia improcedentes. Hay que ser
más rigurosos, más exhaustivos y más precisos cuando hablamos de estos temas,
tan importantes para el pasado, el presente y futuro de la humanidad.
Seguimos. Sacristán no nos dice
de qué capítulos está hablando, solo menciona el dedicado a la historia de la
jornada de trabajo. Pero los aspectos históricos están presentes a cada momento
en el transcurso de la obra de Marx. En la página undécima y para ilustrar que
una cosa puede ser útil y producto del trabajo sin ser mercancía, Marx dice lo
siguiente: “El campesino medieval producía el grano de tributo para el señor
feudal, el grano de diezmo para los curas. Más ni el grano del tributo ni el
del diezmo devenían mercancías por hecho de que se producía para otro”. Unas
cuarenta y cinco páginas después, en la sección dedicada al carácter fetichista
de la mercancía y su secreto, Marx se expresa en los siguientes términos:
“Trasladémonos ahora desde la luminosa isla de Robinsón a la oscura Edad Media
europea. En vez del hombre independiente hallamos que todo el mundo es
dependiente, siervos y señores, vasallos y señores feudales, laicos y clérigos.
La dependencia personal caracteriza tanto las relaciones sociales de la
producción material como las esferas de la vida edificadas sobre ella”. En el
capítulo dedicado al proceso de intercambio, Marx dice lo siguiente: “Los
pueblos nómadas son los primeros en desarrollar la forma de dinero porque sus
bienes y pertenencias se encuentran en forma móvil, esto es, inmediatamente
enajenables, y porque su modo de vida los pone constantemente en contacto con comunidades
ajenas, moviéndolos así al intercambio de productos. A menudo, los hombres
incluso han hecho de los hombres, en la forma de esclavos, el material
originario del dinero, pero nunca la tierra. Tal idea solo pudo surgir en la
sociedad burguesa ya constituida”. No sigo para no cansar al lector, pero solo
vamos por las primeras setenta páginas de El Capital. Lo cierto es que
Marx ilustra de continuo sus conceptos con hechos históricos, y los expone de
forma rigurosa y con un lenguaje admirable. Así que lo que afirma Sacristán no
es cierto.
Otra cosa más: cuando Sacristán
afirma que los primeros capítulos de El Capital son difíciles de
leer, pesados e inútiles, yo supongo que se referirá a los capítulos dedicados
a la transformación de la mercancía en dinero, o lo que es lo mismo, al
análisis de la naturaleza del dinero. Y aquí caben dos cosas: una, que hablar
del dinero es inútil o lo es cómo habla Marx, y, dos, la forma acertada y
científica de hablar del dinero es como lo hace la economía convencional, esto
es, la economía que no explica en parte alguna cómo surgió el dinero o que
concibe el capital como una cosa y no como una relación social. Si el
capitalismo es por esencia la economía mercantil en su máximo desarrollo, es
obvio que será necesario conocer el mundo mercantil, con todas sus formas y su
forma más vistosa: el dinero. Pero Sacristán no nos habla del dinero y, por
consiguiente, tampoco nos habla del concepto que tiene del mismo. Y después
cuando dice, tras afirmar que los primeros capítulos de El Capital son
inútiles, “en mi modesta opinión”, es obvio que su opinión no tiene nada de
modesta.
En otro orden de cosas, la forma
en que Sacristán divide El Capital es arbitraria, no corresponde al
contenido de esa magna obra teórica. Así que enmendemos esa catalogación de
Sacristán. En el capítulo titulado I. Precio de costo y ganancia, del tomo
I del libro III, Marx dice lo siguiente: “En el libro I se analizaron los
fenómenos que presenta el proceso de producción capitalistas, considerado de
por sí. Pero este proceso directo de producción no agota el curso de vida del
capital. En el mundo real se completa mediante el proceso de circulación, y
este constituye el objeto de las indagaciones del libro II. Aquí,
particularmente, en la sección tercera, al observar el proceso de circulación
como mediación del proceso social de reproducción, se puso de manifiesto que el
proceso capitalista de producción, considerado en su totalidad, es la unidad
del proceso de producción y del proceso de circulación. Aquí, en el libro III,
no se trata de formular reflexiones generales sobre esta unidad. Más
bien se trata de hallar y exponer las formas concretas que brotan del proceso
de movimiento del capital, considerado como un todo. En su movimiento real, los
capitales se enfrentan bajo tales formas concretas, en las que tanto la figura
del capital en el proceso directo de producción como su aspecto en el proceso
de circulación no son más que momentos particulares. Las configuraciones del
capital, tal como se desarrollan en este libro, se van aproximando gradualmente
a la forma en que aparecen sobre la superficie de la sociedad, en la acción
recíproca de los distintos capitales, la competencia, y en la conciencia
habitual de los agentes de la producción”.
Resumiendo: En el primer libro se
expone el proceso de producción, en el segundo libro se expone el proceso de
circulación, y en el tercer libro se expone las formas concretas del proceso de
movimiento del capital considerado como un todo. Y en este tercer libro, tal y
como dice Marx, las configuraciones del capital se van aproximando gradualmente
a la forma en que aparecen sobre la superficie de la sociedad. Por lo tanto,
esta es la forma correcta y rigurosa en que hay que dividir El Capital, y
no esa forma arbitraria y no fundamentada en que lo hace Sacristán: una parte
hegeliana inútil, una parte histórica, y una parte con un núcleo teórico más
moderno no hegeliano. Pero se equivoca Sacristán: El Capital es una
obra científica en sus tres libros y en todos ellos está presente el
pensamiento de Hegel.
Pero para que el lector tenga una
representación más precisa de lo que afirma Marx, expondré una serie de ideas
que aclaren las siguientes conceptualizaciones: “la acción recíproca de los
distintos capitales”, “las formas concretas que se presentan a la conciencia
habitual de los agentes de la producción”, y “la competencia”. Empecemos con la
acción recíproca de los distintos capitales: supongamos un capitalista que
tiene una industria de panadería que produce diariamente 1000 unidades de
productos panificados. Los proveedores, también capitalistas, le suministran la
harina, la levadura, la sal, otras materias primas y también la maquinaria y
algunos utensilios. Y con estos proveedores nuestro capitalista lucha por
obtener los precios más bajos. A su vez, nuestro capitalista vende sus
productos panificados a otros capitalistas, dueños de supermercados, hoteles y
restaurante, e intenta vender a los precios más altos. Así es como debemos
entender la interacción entre los distintos capitales.
Ahora vamos por la explicación
de las formas concretas que se forma en la conciencia nuestro capitalista, como
ejemplo de un agente práctico de la producción. En el libro I Marx nos expone
cómo el valor de la mercancía se presenta con la siguiente
fórmula: M= C + (V + P); valor de la mercancía es igual al capital
constante más (capital variable más plusvalía). El proceso en pocas palabras es
el siguiente: los trabajadores y las trabajadoras transfieren el valor de los
medios de producción (maquinaria y materia prima) al producto final, y al mismo
tiempo crean valor nuevo: sus propios salarios y la plusvalía de la que se
apropia el capitalista. Pero en la superficie de la sociedad, las cosas no se
presentan así, sino de este otro modo. El valor de la mercancía se presenta
para el capitalista de la siguiente forma: M= Pc + g. Valor de la mercancía es
igual al precio de costo (el capital constante más el capital variable) más la
ganancia. De este modo queda borrado que la plusvalía brota del capital
variable y se presenta como si brotase del capital total. Esta es la forma
concreta en que se presenta el valor mercantil en la superficie de la sociedad.
Ahora vamos, por último, al tema
de la competencia. Nuestro capitalista no está solo en el mercado, hay otros
industriales panaderos que buscando aumentar su cuota de mercado, bajan los
precios. Esto obliga a nuestro capitalista también a bajar los precios,
reduciendo su margen de ganancia. Porque no tiene otra opción: o baja los
precios o pierde el cliente. Ahora la ganancia se le presenta a nuestro
capitalista como la diferencia entre el precio de venta y el precio de costo. Y
esta es otra forma concreta en que se presenta la plusvalía, transfigurada como
ganancia, para la conciencia habitual de nuestro capitalista.
Por último, señalaré las
expresiones hegelianas presentes en este pequeño fragmento de Marx y que tanto
detesta Sacristán: “por sí”, “mediación” y “momentos particulares” de una
totalidad, y “superficie” y “fondo”. Y como también les hablé antes de la
ganancia, les transcribo esta expresión hegeliana de Marx, doce páginas más
adelante que la cita anteriormente reseñada: “Como en un polo aparece el precio
de la fuerza de trabajo bajo la forma transfigurada de salario, en el polo
opuesto se presenta la plusvalía bajo la forma transfigurada de ganancia”. Con
lo que se demuestra que el lenguaje de Hegel, “forma transfigurada”, también
está presente en el tercer libro de El Capital. Pero estas formas de
certificar la presencia del pensamiento de Hegel en el pensamiento de Marx
aludiendo al lenguaje me parecen superficiales. La presencia del pensamiento de
Hegel en el pensamiento de Marx afecta más al fondo lógico de su discurso. Pero
no quiero extenderme más para no agotar la paciencia del lector.
La economía
Sacristán casi al inicio del
trabajo de referencia dice lo siguiente: “El conjunto de la obra de Marx no es
economía pura en el sentido que incorpora también, como la escuela histórica,
factores políticos, culturales, institucionales, históricos. Ese parentesco es
evidente. Lo que ocurre es que Marx nunca niega la existencia de un núcleo de
economía pura, de tipo deductivo, al modo de Smith y Ricardo, mientras que la
escuela histórica niega que ello tenga validez”.
Antes que nada, hay que decir que
la economía pura no existe, sino la economía política, que tiene una época
clásica y otra época vulgar; y que a la economía política actual suele
llamársele economía convencional, y su base es la de la economía vulgar y no la
de la economía clásica. Y no es cierto la distinción que establece Sacristán
entre la economía clásica, la de Adam Smith, y la economía marxista. Debe ser
que Sacristán no leyó La riqueza de las naciones de Adam Smith, pues
esa obra económica incorpora elementos políticos, culturales, institucionales e
históricos. En su índice podemos leer el título de los siguientes capítulos:
“Desigualdades que derivan de la naturaleza misma de los empleos, Desigualdades
producidas por la política de Europa, Del desaliento de la agricultura en la antigua
Europa tras la caída del Imperio Romano, De la aparición y desarrollo de
ciudades y pueblos tras la caída del Imperio Romano, De las colonias, Causas de
la prosperidad de las nuevas colonias, De las ventajas conseguidas por Europa
con el descubrimiento de América y el paso a las Indias Orientales por el Cabo
de Buena Esperanza, De los gastos de defensa, De los gastos de Justicia, De las
obras públicas e instituciones para facilitar el comercios de la sociedad, Del
gasto de las instituciones para la educación de la juventud, De las fuentes del
ingreso público general de la sociedad: Impuesto sobre la renta, impuestos
sobre el beneficio o ingreso originado por el capital, e impuestos sobre los
salarios del trabajo”. Como puede observarse en el índice de La naturaleza
y causas de la riqueza de las naciones, la economía de Adam Smith contiene, al
igual que la economía de Marx, componentes sociales, políticos,
institucionales, históricos y culturales. Otra cosa más: cuando se exponen los
componentes históricos, culturales, institucionales y políticos, también se
hacen deducciones. Esa distinción de Sacristán entre economía pura, donde reina
la deducción, y componentes políticos, institucionales, históricos y culturales
no es acertada; al igual que no sirve para distinguir la economía de Smith de
la economía de Marx. Tampoco una teoría puede reducirse a deducciones.
Sigamos. Estamos en
una esfera de saber determinada: la economía. La economía es una ciencia. Adam
Smith está considerado el economista más importante del siglo XVIII y Marx el
economista más importante del siglo XIX. Es indudable que Marx como economista,
y de los grandes, es un científico. La economía política es obra en lo
fundamental de Adam Smith y de David Ricardo y es el reflejo en lo teórico de
la sociedad capitalista. De hecho, Marx considera que la economía política es
la ideología principal de la sociedad capitalista como la religión lo es de la
sociedad feudal. Mientras que la economía que representa Smith y Ricardo
representa, de acuerdo con Marx, la economía clásica, los economistas que
vinieron después representan la economía vulgar. Pero ambas son economía
política. Mientras que El Capital representa el estudio del modo de
producción capitalista y donde, además, se estudian los gérmenes de la sociedad
socialista. Y también representa El Capital la crítica a la economía
política.
Economía clásica y economía
vulgar
Si leemos el índice de los dos
primeros tomos de Teoría sobre la plusvalía de Marx, veremos que
dedica muchas páginas a las ideas de los fisiócratas, Adam Smith y David
Ricardo, y otros autores más. Y los temas tratados son muchísimos: plusvalía y
ganancia, precio de costo, trabajo productivo, salario y ganancia, la renta de
la tierra, etcétera. Lo que podemos concluir solo leyendo algunos de los
capítulos de esa obra teórica, son dos cosas claves: una, que Marx en Teoría
sobre la plusvalía y en El Capital trata de las mismas materias
y conceptos que los economistas clásicos, y dos, que Marx somete a crítica los
conceptos de la economía clásica. Y El Capital representa en parte
una crítica a los conceptos de la economía política clásica. Lo que le sucede a
Sacristán es lo que le sucede con toda su crítica al pensamiento de Marx: no
expone un solo concepto o un solo capítulo de los tres gruesos tomos que
constituyen Teorías sobre la plusvalía. De ahí que las valoraciones
críticas de Sacristán sobre esta obra teórica carezcan de valor.
Y en el tercer tomo de esa misma
obra, Marx somete a crítica los conceptos de Malthus, Ramsay, Cherbuliez y
Richard Jones, y termina con un apéndice dedicado a la economía vulgar. Marx es
tan prolífico que me desborda. Es un pensador demasiado grande y demasiado
profundo. Y señala una cantidad de detalles y matices en su crítica que nunca
ha dejado de sorprenderme y sobrepasarme. Pues bien, en este tomo Marx
establece las diferencias entre la economía clásica y la economía vulgar. Y
Marx cuando habla, es concreto, todo lo presenta con sus múltiples
determinaciones, nunca habla de forma insinuada, aproximada o con pobreza de
determinaciones.
Oigamos entonces sus sabias
palabras en ese tercer tomo: “La economía clásica trata de reducir a unidad
interior, mediante el análisis, las diferentes formas fijas de la riqueza,
extrañas las unas a las otras, despojándolas de la forma en que se mantienen
indiferentes entre sí. Pretende comprender la concatenación interna, a
diferencia de la diversidad de la forma de manifestarse. De ahí que reduzca la
renta a ganancia extra, con la que aquella deja de ser una forma especial,
independiente, y es desglosada de su aparente fuente, la tierra. Y despoja, a
sí mismo, al interés de su forma independiente, poniéndolo de manifiesto como
una parte de la ganancia. Reduce, así, a una sola forma, la de la ganancia,
todas las formas de ingreso y todas las figuras y títulos independientes bajo
los que los no trabajadores participan del valor de la mercancía”.
Enumeremos las categorías y pensamientos
contenidas en esta cita. Reducir a unidad interior las formas fijas de la
riqueza (renta del suelo e interés) y despojarlas de la forma en que se
mantienen indiferentes entre sí. Tal y como se presentan a la percepción y a la
representación, la renta del suelo y el interés, parecen formas independientes.
Tal y como se presentan a la conceptualización de Smith, la renta del suelo y
el interés son lo mismo: partes de la ganancia. Marx, filósofo inteligente como
es, destaca la diferencia entre la concatenación interna entre ganancia
industrial y comercial, renta del suelo e interés, y las formas diversas de
manifestarse.: distingue entre concatenación interna y manifestación externa o
perceptiva.
Y ahora vamos por la economía
vulgar. Dice Marx: “fue solamente a partir del momento en que la economía
política hubo logrado cierto margen de desarrollo y contó ya con formas fijas,
cuando se desgajó en ella, como una exposición aparte de la economía, el
elemento en que la mera reproducción de los fenómenos se hace pasar por la
representación (científica) de ellos: el elemento vulgar”. Aquí basta con
distinguir la reproducción de los fenómenos en los que viven inmersos los
agentes prácticos de la producción, como hace la economía vulgar, de su
representación científica, como hace la economía política clásica y la economía
marxista. Y la representación científica de los fenómenos que analizamos
consiste en reducir a unidad interna la manifestación externa de la ganancia:
beneficio industrial y comercial, interés y renta del suelo.
Para culminar la concepción de
Marx sobre la economía vulgar, les transcribiré unas palabras contenidas
en Las rentas y sus fuentes del libro III del tercer tomo de El
Capital: “La economía vulgar no hace en realidad más que traducir, sistematizar
y defender doctrinalmente las ideas de los agentes de producción cautivos de
las relaciones de producción del régimen burgués. Por eso no debe maravillarnos
que la economía vulgar se encuentre perfectamente a gusto precisamente bajo la
manifestación extrañada de las relaciones económicas, en las que estas aparecen
prima facie como contradicciones perfectas y absurdas -y toda ciencia sería
superflua si la forma de manifestarse y la esencia de las cosas coincidiesen
directamente-, y que estas relaciones aparezcan más evidentes cuanto más se
oculta en ellas el nexo interno, pero son más familiares a la concepción
corriente. Por eso no tiene la menor idea de que la trinidad de la que parte:
tierra-renta, capital-interés, trabajo-salario o precio del trabajo son tres
composiciones imposibles prima facie”. Después Marx demuestra por qué son
absurdas.
Esta trinidad sigue dominando hoy
día en lo que denominamos economía convencional, incluido el pensamiento
económico de Keynes. Un ejemplo para poner de manifiesto la
contradicción entre esencia y forma de manifestación, por si a alguien esto le
suena a precientífico o piensa que es una metáfora. Aparentemente el sol sale
por el este y se pone por el oeste, pero en esencia este movimiento aparente
del sol lo produce el movimiento de rotación de la Tierra sobre sí mismo. Este
descubrimiento se lo debemos a Galileo y a Copérnico.
De lo abstracto a lo concreto en
la psicología contemporánea
En el texto referido, Manuel
Sacristán formula la siguiente serie de juicios: “En la “introducción” de 1857,
Marx reproduce una idea de método científico directamente hegeliana, la idea de
que el método científico es un método que asciende de los abstracto a lo
concreto. En el uso corriente del lenguaje es obvio que ninguno de nosotros
dice esto. Mas bien decimos que se asciende de lo concreto a lo abstracto. Es
decir, nosotros consideramos que cuando se pasa de la percepción de tal o cual
perro a la idea de mamífero, se asciende, pensamos que se sube de generalidad;
no diríamos que se sube desde mamífero hasta Boby, sino al contrario, diríamos
que se baja. En cambio, para un hegeliano se asciende de lo abstracto a lo
concreto”.
Una primera cuestión preliminar:
Marx no habla del método científico, sino del método de la economía política. Y
la economía política es una esfera de saber determinada, no toda la ciencia. Y
es obvio que todas las ciencias no emplean el mismo método. Cuando hablamos de
epistemología, esto es, de cómo las personas conocemos el mundo, una ciencia
fundamental a tener en cuenta es la psicología del conocimiento. En esa cita
Sacristán habla de la percepción y de la idea, esto es, de dos funciones
psicológicas superiores. Aunque, no está demás decirlo, el término idea es
bastante impreciso. En esta esfera de saber, la psicología contemporánea,
destacan grandes nombres: Leóntiev, dedicado al estudio de la psicología del
desarrollo y fundador de la teoría de la actividad, Vygotsky, teórico de la
psicología del desarrollo, fundador de la psicología histórico cultural y
precursor de la neuropsicología; Luria, fundador de la neurociencia cognitiva y
de la neuropsicología; y Jerome Bruner, estadounidense y destacado
representante de la psicología cognitiva y teoría del aprendizaje. Yo utilizo
el pensamiento de todos esos autores para lo que denomino psicología del
conocimiento, un conocimiento que es básico si queremos saber cómo los seres
humanos conocen el mundo.
Sacristán supone un hecho que en
la realidad no se da: que se pasa de la percepción de tal o cual perro a la
idea de mamífero. Así que paso primero a exponerles las ideas fundamentales de
un texto de Luria titulado Lenguaje y pensamiento. Hay dos formas de
manifestación de la actividad intelectual: las tareas constructivas prácticas y
el pensamiento discursivo o lógico verbal. Esta segunda forma constituye el
medio fundamental de la actividad cognoscitiva compleja del ser humano.
Partimos de la base de que la palabra constituye la unidad básica del lenguaje
y en ella cabe destacar dos componentes fundamentales: la catalogación objetiva
o función designativa y el significado. La catalogación objetiva debemos
entenderla como el hecho de que cada palabra designa cierto objeto, lo señala y
suscita la imagen de una u otra cosa. Y el significado debemos entenderlo como
el medio que nos da la posibilidad de analizar los objetos, destacar en ellos
las propiedades esenciales y situarlos en determinada categoría. La palabra es
un medio de abstracción y síntesis, refleja los nexos y relaciones profundas
que hay tras los objetos del mundo exterior. En este sentido la palabra entra
en conexión con otras categorías coordinadas, subordinadas y superiores.
Vayamos primero a deshacer el
malentendido de Sacristán. Un niño, enseñado por sus padres, llama perro a un
perro individual, sea suyo o del vecino. Progresivamente llamará perro a otros
perros que ve por la calle. Así el niño generaliza el uso de la palabra
“perro”, haciendo abstracción del tamaño, aspectos de la figura y del color del
perro, y se queda con los rasgos esenciales. Es decir, la generalización supone
ir del perro individual a la especie perro, pero no del perro individual al
género mamífero. En segundo lugar, aunque el niño haya realizado la generalización
de la palabra perro y lo use como nombre de todos los individuos de una
especie, no por ello el niño está capacitado para definir verbalmente el
concepto de perro, y mucho menos el de mamífero. Las definiciones verbales de
los conceptos, y más especialmente la de los conceptos científicos, se
adquieren en la enseñanza educativa: en primaria, en enseñanza media y en la
universidad. Así que el concepto de mamífero se adquiere de forma mediata y no
por vía de un supuesto ascenso de lo individual hasta la idea de mamífero.
Vayamos ahora al ascenso de lo
abstracto a lo concreto en la psicología. Les transcribo unas palabras de Luria
en la obra referida: “Toda palabra generaliza y es un medio formativo de
conceptos; dicho, en otros términos, la palabra extrae dicho objeto de la
esfera de las imágenes sensoriales y lo inserta en el sistema de categorías
lógicas, lo que permite reflejar el mundo más profundamente que lo hace nuestra
percepción. …He ahí por qué la palabra no solo designa la imagen, sino que
inserta el objeto en el riquísimo sistema de nexos y relaciones al que
pertenece”. “Esta tesis, conocida en la filosofía materialista como teoría del
concepto concreto, indica que el tránsito de las designaciones más directas
(como “abedul”, “pino”) a los conceptos más generales (como “árbol”,
“vegetal”), no solo no empobrece, sino que enriquece sustancialmente nuestras
representaciones”. Y nos vamos ya por último al movimiento de lo abstracto a lo
concreto. A este respecto dice Luria lo siguiente: “En el tránsito de la
designación individual del objeto a la designación del concepto abstracto, la
filosofía marxista ve no un proceso de empobrecimiento o de ascensión a lo
abstracto, sino un proceso de enriquecimiento o de auténtica ascensión a lo
concreto, si entendemos por “entidad concreta” la riqueza de conexiones en cuyo
sistema dicho concepto inserta el objeto dado”. Así que, de acuerdo con la
psicología contemporánea, el movimiento de la percepción o de la designación
individual del objeto a la designación del concepto abstracto es un movimiento
que va de lo abstracto a lo concreto, si, como dice Luria, entendemos por
concreto la riqueza de conexiones del objeto en el sistema o sistemas a los que
pertenece. Así que Sacristán se equivoca.
Lo simple y lo compuesto en
Descartes
René Descartes, en su obra Discurso
del método, después de afirmar que en la lógica se encierra numerosos preceptos
y que él se bastaba con cuatro, en el tercero de los preceptos afirmó lo
siguiente: “El tercero, en conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando
por los objeto más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a
poco como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos”. Marx, en su
exposición sobre el método de la economía política, a lo abstracto también lo
llama determinación simple y habla igualmente de “las leyes del pensar
abstracto que se eleva de lo simple a lo complejo”. Por lo tanto, es obvio que
también Descartes consideraba que el pensamiento abstracto, esto es, el
pensamiento teórico, debe ascender de lo simple a lo compuesto, o en palabras
de Marx: de lo simple a lo complejo, o de lo abstracto a lo concreto. Y otro
aspecto a mi juicio muy importante en el quehacer teórico: hay que exponer los
pensamientos ordenados, muy ordenados. Y Sacristán no es un filósofo de
pensamiento ordenado, como tampoco lo es de ideas claras y distintas.
De lo abstracto a lo concreto
en El Capital
Quien haya estudiado con cierto
detenimiento El Capital, sabe que el primer capítulo trata de la
transformación de la mercancía en dinero, y que es un movimiento teórico que va
de una abstracción, el valor en su forma natural, a una concreción, el valor en
su forma objetivamente social: el dinero. Pero resulta que todo el movimiento
teórico de la transformación de la mercancía en dinero no se presenta como un
movimiento que va de lo abstracto a lo concreto, sino también, por ejemplo,
como un movimiento que, partiendo del valor de cambio o mercado, esto es, de
una percepción, llega a la forma general del valor, esto es, un concepto.
También sucede que solo en el primer tomo hay capítulos que son muy concretos,
como, por ejemplo, el proceso de intercambio y el proceso de trabajo.
Cuando Marx expone las formas del
valor lo divide en tres partes: forma simple, individual o fortuita del valor
(corresponde al periodo histórico donde entre los puntos de contacto de
comunidades extrañas se intercambiaban ciertos excedentes y en las proporciones
más variadas, y de forma excepcional); forma desarrollada del valor, donde un valor
de uso se cambiaba por muchos otros valores de uso distintos (corresponde al
periodo histórico donde los productos se intercambian unos por otros en las
mismas proporciones o con pocas variaciones, y de forma más regular); y forma
general del valor (que corresponde al periodo histórico donde todas las
mercancías excluyen a una de ellas en la que expresan su valor). A este
respecto dice Marx lo siguiente: “Las mercancías presentan ahora sus valores 1)
de una manera simple, porque lo hacen en sola especie de mercancía; 2)
unitariamente, porque lo hacen en la misma mercancía. Su forma de valor es
simple y común, es decir, general”. Obsérvese la definición de general: lo que
es simple y común. Y a partir de este instante, todas las mercancías se
presentan como mercancías particulares, menos una de ellas, que se presenta
como mercancía general: el dinero. Y es así como ocurre en el día a día de
nuestras compras: en los expositores de los comercios están las mercancías
particulares, y en nuestros bolsillos está la mercancía general: el dinero. Y
se produce el cambio de la mercancía general con las mercancías particulares.
Como se ve, no podemos tener ese conocimiento rígido, de carácter lógico
formal, donde desde lo particular se va a lo general, sino que de forma
simultánea se da lo particular junto a lo general, y cada lado se transforma en
lo contrario, lo particular en general y lo general en particular, esto es, la
mercancía particular, unos zapatillas deportivas, se cambia por la mercancía
general, sesenta euros; y la mercancía general, sesenta euros, se cambia por la
mercancía particular, unas zapatillas deportivas. Y a esto se llama dialéctica:
la transformación de un contrario en otro.
También sucede que en el tomo II
del libro I encontramos otros capítulos también muy concretos: XI. Cooperación;
XII. División del trabajo y manufactura; y XIII. Maquinaria y gran industria. Y
así sucede con todos los tomos que constituyen los tres libros de El
Capital.
Las alusiones a Hegel: la
presencia del pensamiento de Hegel en el pensamiento de Marx
En la sección dedicada al proceso
de trabajo en El Capital, Marx dice lo siguiente: “El proceso de trabajo
se extingue en el producto. (.) El trabajo se objetiva, y el objeto se elabora.
Y lo que en el trabajador era dinamismo, se presenta ahora en el producto como
quietud, en la forma del ser”. Mientras hacemos una tortilla todo en nosotros
es dinamismo, pero después de recoger la losa y poner la tortilla de papas en
un plato sobre la mesa, dicho dinamismo se presenta en la tortilla como
quietud, en la forma del ser. Hegel, en la sección dedicada a El
eliminarse del devenir en la Ciencia de la Lógica, dice lo siguiente: “El
equilibrio en que se ponen el nacer y el perecer, es ante todo el devenir
mismo. Pero este se recoge también en tranquila unidad. Ser y nada están en él
solo como desapareciendo; pero el devenir como tal existe solo por medio de la
diversidad de ellos. Su desaparecer significa por lo tanto el desaparecer del
devenir. (.) El devenir es una inquietud carente de firmeza, que cae en un
resultado de reposo”. Es obvio la presencia útil, más que útil, del pensamiento
de Hegel en el pensamiento de Marx: Lo que Marx enuncia como la
extinción del proceso de trabajo en el producto, es lo que Hegel enuncia como
el desaparecer del devenir (puesto que el proceso de trabajo es un devenir); y
lo que Marx enuncia como lo que era dinamismo en el proceso de trabajo se
presenta en el producto como quietud, es lo que Hegel enuncia del modo
siguiente: el devenir es una inquietud carente de firmeza (durante el proceso
de elaboración de la tortilla no paramos), que cae en un resultado de reposo
(la tortilla depositada en un plato llano sobre la mesa).
En la misma sección, Marx afirma
lo siguiente sobre el medio de trabajo: “El medio de trabajo es la cosa o
complejo de cosas que el obrero interpone entre él y el objeto de trabajo, y
que le sirven para encausar su actividad sobre este objeto. Utiliza las
propiedades mecánicas, físicas y químicas de las cosas para hacerlas actuar, conforme
al fin perseguido, como instrumentos de poder sobre otras cosas”. El propio
Marx, a pie de página, transcribe estas palabras de Hegel contenidas en su
obra Enciclopedia: “La razón es tan astuta como poderosa. La astucia
estriba generalmente en la actividad mediadora que, haciendo que los objetos
actúen unos sobre otros de acuerdo con su propia naturaleza y se desgasten
recíprocamente, sin inmiscuirse directamente en este proceso, no hace más que
realizar su propio fin”. Estas palabras de Hegel, como todas las suyas, son
maravillosas, demuestra una inteligencia fuera de lo normal, y hace gala
siempre de una riqueza categorial que muy pocos filósofos, por no decir
ninguno, pueden imitarlo. Y es obvio que la presencia del pensamiento de Hegel
en el pensamiento de Marx es totalmente beneficioso.
En la sección titulada Historia de La
ideología alemana, Marx y Engels se expresan en los siguientes términos: “…la
primera premisa de toda existencia humana y también, por tanto, de toda
historia, es que los hombres se hallen para hacer historia en condiciones de
poder vivir. Ahora bien, para vivir hacer falta comer, beber, alojarse bajo un
techo, vestirse y algunas cosas más. El primer hecho histórico es, por
consiguiente, la producción de los medios indispensables para la satisfacción
de estas necesidades…”. Pues bien, en la sección titulada El sistema de
las necesidades de Principios de la filosofía del derecho, Hegel se
expresa en los siguientes términos: “Hay ciertas necesidades universales, tales
como comer, beber, vestirse, etcétera, y el modo en que sean satisfechas
depende totalmente de circunstancias exteriores”. Y en la sección
titulada El modo de la necesidad y de la satisfacción, se expresa de este
otro modo: “El animal tiene un círculo limitado de medios y modos para
satisfacer sus necesidades igualmente limitadas. Incluso en esta dependencia el
hombre muestra al mismo tiempo que va más allá del animal y revela su
universalidad, en primer lugar, por la multiplicación de las necesidades y los
medios para su satisfacción, y luego por la descomposición y diferenciación de
las necesidades concretas en partes y aspectos singulares, que se transforman
de esta manera en distintas necesidades particularizadas y por lo tanto más
abstractas”.
En estas palabras de Hegel
observamos, en primer lugar, el parentesco con el pensamiento de Marx y Engels,
en segundo lugar, una inteligencia de alto nivel en el análisis de los hechos
del mundo, y, en tercer lugar, cómo plantea que lo concreto se descompone y se
diferencia en partes más abstractas en el ámbito de las necesidades humanas. De
manera que no siempre el pensamiento de Hegel se mueve de lo abstracto a lo
concreto, sino, como en este caso, la propia realidad, que él conoce muy bien,
lo lleva a moverse de lo concreto a lo abstracto. En sus palabras: las
necesidades concretas se transforman en necesidades particularizadas y por lo
tanto más abstractas.
Hegel en los
Grundrisse 1857-1858
En el capítulo dedicado al cambio
y producción de valor de cambio, esto es, la circulación de
mercancías, Marx se expresa en los siguientes términos: “En la circulación como
realización de los valores de cambio se contienen dos puntos: 1) que mi producto
solo es producto en cuanto lo es para otros; es, por tanto, algo individual
superado, algo general; 2) que solo es mi producto para mí en cuanto se enajena
y se convierte en producto para otros; 3) que solo es para otro en cuanto éste
enajena su propio producto; en lo que va ya implícito; 4) que la producción no
se manifiesta para mí como un fin en sí mismo, sino como medio. La circulación
es el movimiento en que la enajenación general aparece como apropiación general
y la apropiación general como enajenación general”.
Ideas contenidas en esta cita:
los valores de cambio se realizan en la circulación de mercancías (ser y
realización); que algo es para mí en cuanto lo es para otro; que mi producto es
algo individual superado, esto es, general; que mi producto solo es para mí en
cuanto se enajena y es para otro; que mi producto es solo para otro cuando el
otro enajena su propio producto; que la producción no es un fin en sí mismo
sino un medio; la enajenación aparece como apropiación y la apropiación aparece
como enajenación (cada contrario aparece como el otro contrario, cada contrario
es por medio del otro contrario)”. (Lo puesto entre paréntesis es mío) Esta
serie de juicios son totalmente claros: Si yo quiero vender una mercancía,
tengo que encontrar un comprador que tenga en su bolsillo el dinero que figura
en la etiqueta de mi mercancía. Yo solo puedo hacer de vendedor si otro hace de
comprador; y el otro solo puede hacer de comprador si yo hago de vendedor. De
manera que cada extremo de la relación lo es por medio del otro. (Esto es
dialéctica). Y cuando yo enajeno mi mercancía me apropio del dinero que me
entrega el otro, y el otro se apropia de mi mercancía cuando enajena su dinero.
De manera que cada acto de la relación de intercambio se convierte en su contrario:
la enajenación en apropiación y la apropiación en enajenación. Y esto es
también dialéctica y de la fina.
En esta cita se ve a todas luces
el pensamiento de Hegel en el pensamiento de Marx y se observa la omnipresencia
del pensamiento dialéctico, donde todo es movimiento: cómo lo individual se
presenta como superado, esto es, no permanece en esta determinación y se
convierte en general, y cómo cada contrario presupone al otro contrario, cómo
cada contrario se transforma en el otro contrario y cómo cada contrario es por
medio del otro contrario. Y todo esto es un enorme festín para el pensamiento.
Una gran victoria y liberación para el pensamiento. Siempre lo he dicho: el
pensamiento de Marx es el mejor medio para conocer el virtuoso y maravilloso
pensamiento de Hegel.
La filosofía de Hegel
En esta sección expondré un
ejemplo de cómo piensa Hegel, tan denostado erróneamente por Sacristán. Les
transcribiré las palabras contenidas en la Introducción a la Historia de
la Filosofía, y haré algunos leves comentarios. Creo que el lector quedará
encantado con sus palabras, por su poderío, por su riqueza y por su
profundidad. Así que vamos a por ello: “La historia de la filosofía despliega
ante nosotros la sucesión de los nobles espíritus, la galería de los héroes de
la razón pensante, que, sostenidos por la fuerza de esta razón, han sabido
penetrar en la esencia de las cosas, de la naturaleza y del espíritu, en la
esencia de Dios, y que han ido acumulando con su esfuerzo, para nosotros, el
más grande de los tesoros, que es el del conocimiento racional”. Aquí no hay
nada que objetar, todo debe ser admiración. Y si hay una categoría como la de
espíritu que nos puede resultar idealista, solo tenemos que darle un contenido
materialista. Y llamaremos espíritu al conjunto de las fuerzas de la
subjetividad, y que solo una parte de ellas ha sido tratada y representada
científicamente por la psicología contemporánea: atención y memoria, sensación
y percepción, y pensamiento y leguaje. Pero hay otras fuerzas de la subjetividad
que son decisivas en la vida de las personas, pero que todavía la psicología no
ha podido indagar su naturaleza: voluntad, decisión, ánimo, emoción, pasión,
carácter, ilusión, entusiasmo y algunas más.
Seguimos escuchando a Hegel: “Las
creaciones -se refiere a las creaciones de los héroes de la razón pensante- son
tanto mejores cuanto menos imputables son, por sus méritos o responsabilidad,
al carácter general del hombre como tal hombre, cuanto más se ve tras ellas,
como sujeto creador, al pensamiento mismo, que no es patrimonio exclusivo de
nadie”. Cuando Hegel habla del pensamiento mismo, es justamente ese pensamiento
que hemos adquirido en los institutos, en la universidad y de forma
autodidacta, es ese pensamiento que le debemos a todos los que nos han precedido. Y
cuando afirma que ese pensamiento no es patrimonio exclusivo de nadie,
sencillamente está afirmando una premisa del socialismo en el terreno de la
producción espiritual.
Habla de nuevo Hegel: “A primera
vista, estas hazañas del pensamiento, en cuanto históricas, parecen pertenecer
al pasado y hallarse más allá de nuestra realidad presente. Pero, bien mirada
la cosa, se ve que lo que nosotros somos hoy lo somos, al mismo tiempo, como un
producto de la historia. O, dicho en términos más exactos, que lo pasado no es
más que uno de los aspectos de la cosa. Por eso, lo común e imperecedero se
halla inseparablemente unido a lo que somos históricamente”. Aquí Hegel formula
uno de los principios del materialismo histórico: lo que somos los seres humanos,
en todos los ámbitos de la vida, es un producto histórico o está históricamente
determinado. Nada tenemos que objetar y sí mucho que agradecer a este
pensamiento de Hegel.
Pero la cosa no queda ahí, ahora
lo volveremos a escuchar y quedaremos impresionados: “La razón consciente de sí
misma que hoy consideramos patrimonio nuestro y que forma parte del mundo
actual no ha surgido de improviso, directamente, como si brotase por sí sola
del suelo del presente, sino que es también, sustancialmente, una herencia y,
más concretamente, el resultado del trabajo de todas las anteriores
generaciones del linaje humano. Del mismo modo que las artes de la vida
externa, la gran masa de recursos y aptitudes, de instituciones y hábitos de la
convivencia social y la vida política son el resultado de las reflexiones, la
inventiva, las necesidades, la pena y la dicha, el ingenio, la voluntad y la
creación de la historia anterior a nuestro tiempo”. Esto es puro materialismo y
es socialismo. Es una crítica fundamentada a la meritocracia. Lo que somos los
seres humanos en la actualidad, y en todos los aspectos de la vida, lo somos en
una parte importante por herencia. Cada generación aporta lo suyo, pero siempre
lo hace sobre la base de la herencia de los esfuerzos de las generaciones
anteriores.
Vayamos ahora al concepto de
sustancia espiritual y escuchemos de nuevo a Hegel: “Lo que cada generación
crea en el campo de la ciencia y de la producción espiritual es una herencia
acumulada por los esfuerzos de todo el mundo anterior, un santuario en el que
todas las generaciones humanas han ido colgando, con alegría y gratitud, cuanto
les ha sido útil en la vida, lo que han ido arrancando a las profundidades de
la naturaleza y del espíritu. Este heredar consiste a la vez en recibir la herencia
y en trabajarla. Esta herencia constituye el alma de cada nueva generación, su
sustancia espiritual como algo adquirido, sus principios, sus prejuicios, su
riqueza”. ¿Qué es la sustancia espiritual? Lo que heredamos de las generaciones
anteriores. Nosotros añadimos trabajo nuevo, creaciones nuevas, a esa herencia,
pero, ¿cuánto nos corresponde en materia de ingreso a nuestro propio trabajo y
cuánto le corresponde a la sociedad por esa herencia? El sistema capitalista se
caracteriza justamente por el hecho de que los grandes millonarios no pagan
nada por esa herencia, sino que se lo embolsan todo, lo que ellos aportan y lo
que han aportado las generaciones anteriores.
Linda Macquaig y Neil Brooks, en
su libro El problema de los supermillonarios tratan este problema.
Les transcribiré algunas citas de este texto. Primera cita: “John Stuart Mill
señaló que era la sociedad, no solo el esfuerzo o el trabajo individuales, lo
que determinaba lo que una persona era capaz de hacer o crear, y que la
sociedad estaba moralmente legitimada para recibir una compensación acorde a su
contribución”. Segunda cita (Presten atención a esta segunda cita porque
coincide plenamente con la idea de Hegel): “Una de las formas fundamentales que
tiene la sociedad de ayudar a los individuos en su capacidad para generar
riqueza reside en el legado de las generaciones anteriores. Esta herencia del
pasado es tan enorme que prácticamente escapa a cualquier posibilidad de
cálculo. Abarca cada aspecto de lo que se considera civilización y cada
elemento del saber científico y técnico del que nos servimos actualmente, y se
remonta a los comienzos del lenguaje humano y a la invención de la rueda”.
Tercera cita: “Alfred Kahn, experto en derechos de patentes, sostiene que
ninguna invención es producto del trabajo de un solo individuo, sino más bien
de la suma de un número casi infinito de unidades de invención individuales,
cada una de las cuales es la contribución de una persona concreta. Es poco
menos absurdo llamar invención a una de estas unidades interrelacionadas y
creador a su inventor”. Cuarta cita: “Thomas Paine, el renombrado escritor de
la época de la Guerra de la Independencia norteamericana, señaló que, si un
individuo se separa de la sociedad, aun teniendo un continente entero a su disposición,
no puede adquirir la propiedad personal de nada. No puede ser rico. Toda
acumulación de propiedad privada, más allá de lo que un hombre puede producir
con sus propias manos, procede del hecho de que vive en sociedad; y conforme a
los principios elementales de justicia, gratitud y civilización, debe a su vez
devolver una parte de dicha acumulación a la sociedad de donde todo provino”. Y
quinta cita: “Según Hobhouse, la verdadera función de los impuestos es asegurar
a la sociedad la parte de la riqueza que tiene origen social o, en un sentido
amplio, todo aquello que no debe su origen al esfuerzo de individuos
concretos”.
Lo primero que observamos en las
palabras de Hegel es que su contenido es materialista, y lo segundo que
observamos es siempre lo mismo: tiene un gran conocimiento del mundo y hace uso
de una riqueza categorial casi inagotable. Pero en este caso, hay más, su
propuesta es socialista, puesto que por medio del concepto de sustancia
espiritual pone de manifiesto que el esfuerzo de las generaciones anteriores
constituye la base sobre las que las nuevas generaciones hacen su trabajo. Y
sus palabras tienen plena actualidad, más en la época de los supermillonarios,
donde Macquaig y Brooks demuestran que gran parte de toda la riqueza acumulada
y apropiada por los supermillonario es de origen social. Y un revolucionario
concepto sobre los impuestos: no es que el Estado mediante los impuestos
redistribuya la riqueza, sino que los individuos devuelvan a la sociedad lo que
han tomado de ella.
De lo abstracto a lo concreto en
la Contribución a la Crítica de la Economía política
Antes que nada, repetiré lo que
dije anteriormente: la descripción del método de la economía política, unas
diez páginas, es insuficiente para explicar cómo se elaboró El
Capital, más de tres mil páginas. Y en este caso le ocurre a Sacristán lo
mismo que le ocurre con El Capital y las Teorías sobre la
plusvalía: no es nada exhaustivo, expone solo ocho renglones del pensamiento de
Marx, y de una manera distinta a cómo se expresó Marx. Escuchemos entonces a
Sacristán. Primera idea: “En la introducción de 1857 Marx reproduce una idea de
método científico que es directamente hegeliana, la idea de que el método
científico es un método que asciende de lo abstracto a lo concreto. En el uso
corriente del lenguaje es obvio que ninguno de nosotros dice esto. Más bien
decimos que se asciende de lo concreto a lo abstracto. Es decir, nosotros
consideramos que cuando se pasa de la percepción de tal o cual perro a la idea
de mamífero, se asciende, pensamos que se sube de generalidad; no diríamos que
se sube desde mamífero hasta Boby, sino al contrario, diríamos que se baja. En
cambio, para un hegeliano, se asciende de lo abstracto a los
concreto”. Algunas cosas previas: Marx no habla del método
científico, sino del método de la economía política; no hay texto de Hegel
donde se hable del ascenso de lo abstracto a lo concreto; y, por último, ya que
a Sacristán le gusta catalogar a ciertas ideas de Marx, Hegel y Aristóteles de
metáforas, es obvio que en estas reflexiones las expresiones “ascender” y
“bajar” son metáforas. Ya que nadie asciende en su sentido literal cuando pasa
del perro Boby al concepto de mamífero, como tampoco baja cuando pasa del
concepto de mamífero al perro Boby. Pero también es obvio que estás
metáforas son válidas y útiles.
Segunda idea de Sacristán: “El
punto de partida del conocimiento es lo concreto real, pero de ese
concreto-real el pensamiento consigue un abstracto, y de ese abstracto, por
acumulación de conocimiento y análisis, va consiguiendo un concreto de
pensamiento”. Y más adelante dice: “Pero, así y todo, para quien no viene de la
metafísica de Hegel, como es mi caso, la idea tiene, claro, un punto débil, y
es que identifica concepto general con concepto vago. Una cosa es que al
empezar a estudiar uno sepa muy poco, tenga una idea muy vaga, y otra cosa son
los conceptos generales, que pueden ser clarísimos, obtenidos sobre la base de
cierto conocimiento”. No sé dónde se ha sacado Sacristán esta idea de que en
Marx el concepto general es un concepto vago. Ya respondí en parte a
este error más arriba refiriéndome a Hegel.
Advierto al lector que aquí las
citas serán un poco extensas, pero debe ser así si queremos captar de modo fiel
lo que dice Marx. Escuchemos entonces a Marx: “Cuando estudiamos un país
determinado desde el punto de vista de la economía política, comenzamos por su
población, la división de esta en clases, sus establecimientos en las ciudades,
en los campos, a orillas del mar; las distintas ramas de la producción, la
exportación y la importación, la producción y consumo anuales, los precios de
las mercancías, etc.”. Aquí vemos a Marx hablando de forma concreta, de forma
exhaustiva y de forma ordenada. Marx, como Hegel, siempre es categorialmente
muy rico cuando se expresa.
Sigamos con Marx: “Parece
correcto comenzar por lo que hay de concreto y real en los datos; así, pues, en
la economía empezamos por la población, que es base y sujeto de todo el acto
social de producción. Pero, bien mirado, este método sería falso. La población
es una abstracción si dejo a un lado las clases de las que se compone. Estas
clases son, a su vez, una palabra sin sentido si ignoro los elementos sobre los
cuales reposan: el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos suponen el
cambio, la división del trabajo, los precios, etc. Si comenzase, pues, por la
población, resultaría una representación caótica del todo, y por medio de una
determinación más estricta, llegaría analíticamente siempre más lejos con
conceptos más simples; de lo concreto representado, llegaría a abstracciones
más lejos con conceptos más simples; de lo concreto representado llegaría a
abstracciones más sutiles, hasta alcanzar a las más simples determinaciones”.
Reflexionemos entonces sobre
estas palabras de Marx. Supongamos que nos encontramos en la ciudad de Madrid.
Marquemos un horario: desde las seis hasta las diez de la mañana. ¿Qué
percibiremos y nos representaremos? Que en las viviendas se encienden las luces
a la primera hora de la mañana, que las personas que habitan en esas viviendas
se levantan, desayunan, se bañan y luego se visten. Después los veremos en las
calles en forma de multitud, vemos a los niños acompañados de sus padres ir al
colegio, a los jóvenes ir a los institutos y universidades, vemos a las
personas agolparse en la boca de los metros y en las estaciones de los
ferrocarriles; vemos a automóviles, camiones y furgones surcar las carreteras,
vemos aglomeraciones de personas caminando por las calles, vemos cómo abren sus
puertas los comercios y las cafeterías, vemos a personas trabajando en las
miles de empresa que hay en Madrid y en las instituciones. Vemos a los turistas
hacer cola ante las puertas de los museos y paseando por el retiro. Vemos, en
suma, un enorme ajetreo poblacional. Pero como los miembros de la población
pertenecen a clases y grupos sociales diferentes, nos tendríamos que informar
si viven en casa de alquiler o en casa propia, cuánto dinero tienen ahorrado en
sus cuentas corrientes, si tienen planes de pensiones y planes de inversión, en
qué zonas de la ciudad viven. Veríamos además el movimiento constante de
pacientes, médicos y enfermeros en los centros médicos. Veríamos
igualmente en las oficinas de negocio, de abogados y en los tribunales personas
que litigian y se ponen de acuerdo. E iríamos al aeropuerto para comprobar
también un enorme ajetreo de viajeros y a los aviones despegando y aterrizando. Y
estamos hablando de una sola ciudad: Madrid. Pero si tuviéramos que hablar de
la población española, como es el caso, tendríamos que sumar el resto de
ciudades y pueblos de España.
Ahora pensemos en las palabras de
Marx. Nos habla de que la población, en este caso la población española, es la
base y sujeto social de la producción. (En la producción hay que incluir la
producción propiamente dicha, la circulación y el consumo) Y si partimos de la
población en el análisis de lo economía capitalista, tomando como ejemplo lo
que hemos dicho de Madrid, es obvio que Marx tiene razón: tendríamos una
representación caótica del todo. Lo primero que debió hacer Sacristán es
examinar, primero, si Marx tenía razón o no tenía razón: si al partir de lo
concreto, esto es, de la población, tenemos una representación caótica o no la
tenemos. Pero Sacristán tomó una decisión ontológica con transcendentales
consecuencias lógicas, filosóficas y metodológicas: Donde Marx puso a la
población, con toda la enorme complejidad de determinaciones que constituye su
ser, nos puso a un individuo, el perro Boby, carente de complejidad y con una
sola determinación: ser mamífero. Sacristán no se percató que esa decisión
ontológica no era procedente bajo el punto de vista lógico y metódico.
Surge aquí una pregunta: ¿Por qué
Marx habla de concreto representado y no de concreto percibido? La respuesta,
si pensamos un poco, es fácil: nosotros podemos percibir un perro, una
plazoleta y cualquier otro entre asilado, pero lo que no podemos percibir es a
la población España en su conjunto: no somos dioses y no podemos estar en todos
los sitios a la vez. Luego la consecuencia epistemológica es evidente: solo
podemos representárnosla. Pero esta representación será más rica o más pobre
dependiendo de la riqueza perceptiva y conceptual de la que disponga el sujeto
cognoscente.
Sigamos. Si aceptamos como cierto
que, tomando como punto de partida a la población, tendríamos una
representación caótica del todo, tiene razón Marx cuando afirma: por medio de
una determinación más estricta, llegaría analíticamente siempre más lejos con
conceptos más simples. Esa es la cuestión: ¿Cómo llego más lejos en el
conocimiento de la economía capitalista? ¿Partiendo de una representación
caótica o partiendo de conceptos simples? Es clara la respuesta: partiendo de
conceptos simples. (Marx llamará después a los conceptos simples con otros dos
nombres más: “determinaciones simples” y “abstractos”. Pero yo aconsejo al
lector que se quede en principio con las denominaciones “conceptos simples” o
“determinaciones simples”. Son más fáciles de representarse y entender.
Después, poco a poco, le parecerá natural emplear abstracto, pero ya tendrá una
representación más precisa de ese concepto y no una representación intuitiva y
oscura.
Sigamos oyendo a Marx: “Llegados
a este punto, habría que hacer el viaje a la inversa, hasta dar de nuevo con la
población, pero esta vez no con una representación caótica de un todo, sino con
una rica totalidad de determinaciones y relaciones diversas”. Volvamos a
nuestro ejemplo del edificio en construcción. Cuál será el mejor modo de
comprender su ser y esencia. ¿Partiendo del todo o partiendo de sus
determinaciones simples? No cabe duda que el mejor método es partir de sus
determinaciones simples hasta dar con su totalidad. En esta materia será el
arquitecto y el jefe de obra quienes mejor nos puedan mostrar este proceso.
Pues igual sucede con el estudio de un país bajo el punto de vista de la
economía política: hay que partir de las determinaciones simples para llegar a
la totalidad.
Volvemos de nuevo con Marx: “Los
economistas del siglo XVII, por ejemplo, comienzan siempre por el conjunto
vivo: la población, la nación, el Estado, varios Estados, etc.; pero terminan
siempre por descubrir mediante el análisis cierto números de relaciones
generales abstractas que son determinantes, tales como la división del trabajo,
el dinero, el valor, etc. Una vez que han sido más o menos fijados o abstraídos
estos momentos aislados, comienzan los sistemas económicos que se elevan de lo
simple, tal como trabajo, división del trabajo, necesidad, valor de cambio, al
mismo Estado, al cambio entre naciones y el mercado universal. El último método
es manifiestamente el método científicamente correcto”.
Observemos el cambio en las
nominaciones: donde antes Marx hablaba de determinaciones simples y conceptos
simples, ahora habla de relaciones generales abstractas y de momentos aislados;
y donde antes hablaba del todo y de lo concreto representado, ahora habla de
conjunto vivo. Esta riqueza expresiva, esta plasticidad en el uso del lenguaje,
Sacristán lo vuelve fijo e inamovible: abstracto y concreto. Con el cambio de
las nominaciones, no solo nos enriquecemos en términos lingüísticos, sino que
mejoramos la representación que tenemos de los hechos. También habla Marx de
que los momentos aislados han sido abstraídos, esto es, son resultado de un
proceso de abstracción. Así que podemos afirmar que cuando de una determinación
decimos que es un abstracto, lo podemos decir porque es resultado de un proceso
de abstracción. De este modo tenemos una concepción dinámica de lo que es un
abstracto o determinación simple
Escuchemos de nuevo a Marx. “Lo
concreto es concreto, porque es la síntesis de muchas determinaciones, es
decir, unidad de lo diverso. Por eso lo concreto aparece en el pensamiento como
proceso de síntesis, como resultado, y no como punto de partida, aunque sea el
verdadero punto de partida y, por consiguiente, el punto de partida también de
la percepción y de la representación. En el primer método, el dominante entre
los economistas del siglo XVII, la representación plena se volatiza en
abstracta determinación; en el segundo, las determinaciones abstractas conducen
a la representación de lo concreto por la vía del pensamiento. Así
es como Hegel dio en la ilusión de concebir lo real como resultado del
pensamiento que se mueve en sí, del pensamiento que se abarca y se profundiza
en sí mismo”.
Tenemos otras dos nuevas formas
de definición de lo concreto: síntesis de muchas determinaciones y unidad de lo
diverso. Marx no para en el movimiento del pensamiento y, por eso, los cambios
en las categorías no cesan. Eso es un rasgo del pensamiento dialéctico. Afirma
Marx que lo concreto aparece en el pensamiento como resultado y, sin embargo,
es el verdadero punto de partida. Si tenemos en cuenta el proceso de
conocimiento en su conjunto, con su etapa sensible y su etapa teórica, debemos
afirmar que el punto de partida es lo concreto, que es el punto de partida de
la percepción y de la representación. Pero si tenemos en cuenta solo la etapa
lógica o teórica del conocimiento, el punto de partida es el concepto y su
resultado es lo concreto.
Sigamos con Marx: “La más simple
categoría económica, pongamos por ejemplo el valor de cambio, supone la
población, una población que produce en determinadas condiciones y también
cierta clase de familias, comunidades o Estado. Dicho valor no puede existir de
otro modo que como relación unilateral abstracta de un todo concreto y vivo ya
determinado”. Aquí la clave está en ver que las determinaciones simples, como
la división del trabajo el valor de cambio (el dinero) no tienen existencia
independiente, sino que forma parte de una totalidad. De manera que cada
determinación simple solo puede existir como relación unilateral abstracta (o
parte) de un todo concreto y vivo. Les recuerdo el ejemplo del edificio en
construcción. Una de sus determinaciones simples eran los bloques con que se
hacían las paredes. Así que los bloques solo pueden existir como una relación
unilateral abstracta del edificio del que forman parte. Lo mismo sucede con la
división del trabajo y el dinero, solo pueden existir como partes de un todo
económico concreto y vivo. No se trata solo de que con las partes abstractas
(las determinaciones simples) construyo lo concreto, sino que solo pueden
existir como partes de lo concreto. Lo abstracto solo es abstracto como parte
de un concreto, y lo concreto es solo concreto como unidad de partes
abstractas. No se deben representar como partes separadas. Si se las concibe
como partes separadas, dejan de ser abstracto y concreto. Esto sucede con todas
las relaciones: esta mesa es objeto percibido porque yo la percibo, y yo tengo
esta percepción porque esta mesa es objeto percibido. Cada extremo de la
relación lo es por medio del otro. La mesa y yo, fuera de la relación
perceptiva, es un yo en general y una mesa en general.
Me queda solo por aclarar una
cosa. Decíamos que los bloques con los que hacíamos las paredes en el edificio
en construcción, son determinaciones simples o partes abstractas del todo que
constituye el edificio. Pero esos bloques han sido suministrados por una
fábrica, que constituye por sí misma un concreto, al igual que los bloques en
el ámbito de la empresa productora constituye una unida concreta. Los bloques
están hechos con arena, cemento, grava y agua. Ahora la arena, el cemento, la
grava y el agua son las determinaciones simples o las partes abstractas del
todo que constituyen los bloques. Igual sucede en el ámbito de la economía. La
división del trabajo y el dinero, por ejemplo, son determinaciones simples o
partes abstractas del todo económico, pero la división del trabajo y el dinero
son en sí mismas también concretos. En Una investigación sobre la
naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Adam Smith dedica tres
capítulos a la división del trabajo, y ocupa un total de 13 páginas. En dichas
páginas expone, entre otras cosas, cómo es la división del trabajo en una
pequeña manufactura de producción de alfileres. Y a este respecto dice lo
siguiente: “Un hombre estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo corta,
un cuarto lo afila, un quinto lo lima en un extremo para colocar la cabeza; el
hacer la cabeza requiere dos o tres operaciones distintas, … y así la producción
de un alfiler se divide en hasta dieciocho operaciones diferentes”. En la
fábrica había diez empleados y en un día fabricaban ocho mil alfileres. Lo que
trataba de demostrar Adam Smith es que la división del trabajo permitía tres
cosas: la especialización de los operarios en una o dos o tres operaciones,
reducir los tiempos muertos del trabajo, y aumentar la capacidad de trabajo o
productividad. ¿Qué observamos? Que la división del trabajo tal y como la
expone Smith es un concreto, compuesto al menos por tres determinaciones
simples: especialización, productividad y reducción del tiempo de trabajo
improductivo. También es importante señalar que el ejemplo de la manufactura de
alfileres supone la inclusión de lo particular en la exposición del todo conceptual.
Los conceptos necesitan ser ilustrados con ejemplos particulares para ser
comprendidos. Así que la división del trabajo en relación al todo
teórico elaborado por Smith es una determinación simple, pero en relación a sí
mismo es un concreto. De manera que vuelve a cumplirse aquí lo que dijimos
antes: lo abstracto y lo concreto, lo simple y lo complejo, no son formas fijas
de los factores de la economía, sino formas móviles, y también que una misma
cosa, en este caso la división del trabajo, puede ser dos cosas contrarias:
abstracto y concreto. Así que la dialéctica no nos abandona ni un solo momento.
Hay todavía muchísimas cosas que
decir de la Contribución a la Crítica de la economía política, solo
he comentado dos páginas y son un total de diez, pero con las dichas creo
que bastan para demostrar que la razón práctica y teórica asiste a Marx y no a
Sacristán. No se puede decir todo de una vez. Cuando pretendemos decirlo todo,
generamos cierto desorden y agotamos la paciencia de los lectores. Ya habrá más
ocasiones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario