viernes, 3 de enero de 2020

GUERRA EN AMÉRICA LATINA (II): RECETA PARA INCENDIAR UN CONTINENTE


Por: Claudio Fabian Guevara 


La agenda guerrerista del Pentágono anticipó hace 15 años que una gran parte de América Latina iba a engrosar las zonas del mundo bajo guerra y caos.

Publicado 31 diciembre 2019

Un plan explícito y documentado se enfoca a encender una conflagración en América Latina en torno a Venezuela y la cuenca del Caribe. Ahora se agrega la transformación de Bolivia en un nuevo estado sicario que colabore con la generación de la guerra. En el horizonte, un caos de larga duración y la subdivisión política del continente en unidades más pequeñas.

“Estados Unidos, en vista de su retroceso mundial, quiere reordenar su espacio geopolítico …() y sumir a Nuestra América en un caos sin fin de odios ideológicos externamente implantados”.
Miguel Angel Barrios
“América Latina es una vez más el territorio de la dialéctica geopolítica de la colonización / descolonización. En todas partes - Bolivia, Chile, Argentina, Brasil, Venezuela, Uruguay y así en el mismo patrón: los liberales pro-EE. UU. (+ liberales de extrema derecha) vs las fuerzas de descolonización, en su mayoría de izquierda”.
Alexander Dugin

Las piezas se van armando. Con el desmentelamiento del UNASUR y las instituciones multilaterales que cimentaban la paz y los proyectos de integración entre las naciones sudamericanas, todas las fichas están moviéndose en dirección a una guerra inducida en América Latina.

En las últimas semanas, todas las variables se han acelerado.

Las principales hipótesis de conflicto parten del cerco multidimensional en torno a Venezuela. Ahora se agregan los peligros de una ruandización de Bolivia, y su transformación en un nuevo estado sicario que colabore con la generación de la guerra, junto a Colombia, Perú, Ecuador, Brasil y Guyana.

Las naciones latinoamericanas no tienen motivos históricos reales para entrar en guerra. Un potencial conflicto bélico sólo puede engendrarse artificialmente a partir de falsos positivos, atentados de falsa bandera, o decisiones gubernamentales que inmolen al continente en el altar de una entelequia de origen extranjero, como la “defensa de la democracia” en Venezuela, o la “lucha contra el terrorismo” que ahora enarbola el régimen usurpador de La Paz.

Un plan detallado para involucrar a un grupo de naciones latinoamericanas en un conflicto de este tipo salió a la luz el año pasado, y sus primeros pasos están a la vista.

La agenda profunda del “Golpe Maestro”

A principio de 2018, un artículo de la periodista argentina Stella Calloni sacó a la luz un documento de 11 páginas con la firma del almirante Kurt Walter Tidd, entonces comandante en jefe del Comando Sur (SouthCom) estadounidense: “Plan to overthrow the Venezuelan Dictatorship – Masterstroke”. Allí se esboza la agenda profunda de la guerra contra Venezuela, que en su etapa más avanzada prevé una operación multinacional.
El documento llama ejecutar pasos prácticos con vistas a erosionar el gobierno de Maduro y forzar su caída:

-En el plano económico, incrementar la inestabilidad interna, intensificando la descapitalización del país, la fuga de capital extranjero y el deterioro de la moneda nacional, mediante la aplicación de medidas inflacionarias que incrementen ese deterioro. Obstruir todas las importaciones y desmotivar a los inversores foráneos. Sabotear la industria del petróleo. Generalizar el desabastecimiento de comida, medicinas y bienes básicos. Contribuir a hacer más crítica la situación de la población y fomentar el descontento. Todas las calamidades vividas por la población serán explotadas para “culpar al gobierno”.

-En el plano social, apelar a aliados internos y agentes externos implantados en el país, para provocar protestas y actos violentos, generar inseguridad, saqueos y robos. Promover los secuestros de embarcaciones para desertar del país. Estructurar un plan para lograr la deserción de los profesionales más calificados del país. Promover la fatiga entre los miembros del partido gobernante y sus seguidores.

-En el plano mediático, ridiculizar la figura de Maduro, hacerlo caer en incontinencias verbales y equivocaciones para provocar desconfianza hacia su figura. Acosarlo, ridiculizarlo y ponerlo como ejemplo de torpeza e incompetencia. Minimizar su importancia internacional. Exponerlo como una marioneta de Cuba. Exacerbar las diferencias entre los miembros del grupo en el gobierno. 

-En el plano militar, fogonear un golpe de Estado, continuar el fuego continuo en la frontera con Colombia, multiplicar el tráfico de combustible y otros bienes, el movimiento de los paramilitares, incursiones armadas y tráfico de drogas. Provocar incidentes armados con las fuerzas de Seguridad de la Frontera. También reclutar paramilitares mayormente de los campos de refugiados en Cúcuta, la Guajira y del Norte de Santander.

En un primer nivel de lectura, el plan es una explícita declaración de guerra y de injerencia desembozada, que explica gran parte de los padecimientos de Venezuela hoy.

En un segundo nivel de lectura, el documento puede interpretarse como un manual para el acoso y control de la población de las colonias. Este conjunto de estrategias se aplican en otros escenarios, contra otros pueblos.

En un tercero, es un instructivo ideológico para los centros generadores de noticias. Los estereotipos y construcciones discursivas que propone el documento para desacreditar al “líder enemigo” permean transversalmente la cobertura noticiosa sobre la Venezuela actual.

Preparación de una coalición internacional

A la par del fomento de la inestabilidad interna, se traza un plan para obtener la cooperación de las autoridades aliadas de “países amigos”: Brasil, Argentina, Colombia, Panamá y Guyana.

-Las provisiones de las tropas, apoyo logístico y médico se realizarán desde Panamá. Se hará uso de las facilidades de la vigilancia electrónica y las señales inteligentes; de hospitales y dotaciones desplegadas en Darién (selva panameña), el equipamiento de drones del Plan Colombia, como también las tierras de las antiguas bases militares de Howard y Albroock (Panamá) así como las pertenecientes a Río Hato.

-Además se utilizará el Centro Regional Humanitario de Naciones Unidas, diseñado para situaciones de catástrofe y emergencia humanitarias, que cuenta con un campo de aterrizaje aéreo y sus propios almacenes.

-Se desarrollará la operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, “en el contexto legal y mediático, del secretario general (de la OEA) Luis Almagro” (SIC).

-Se prevé una Operación Multilateral con contribución de Estados, organismos no estatales y cuerpos internacionales, anticipando especialmente los puntos más valiosos en Aruba, Puerto Carreño, Inirida, Maicao, Barranquilla y Sincelejo en Colombia, y Roraima, Manaos y Boavista en Brasil.

-Se unirá a Brasil, Argentina, Colombia y Panamá para contribuir al mejor número de tropas, con la presencia de unidades de combate de Estados Unidos y de estas naciones, bajo el mando general del Estado Mayor Conjunto liderado por Estados Unidos.

Este plan -razona Stella Calloni- “hace comprensibles las recientes maniobras militares de Estados Unidos en esta región en la frontera de Brasil con Venezuela (Brasil, Perú Colombia), en el Atlántico Sur (Estados Unidos, Chile, Gran Bretaña, Argentina), en el caso argentino sin autorización del Congreso nacional”.

El “Golpe Maestro” preveía acelerar los acontecimientos antes de las elecciones de mayo de 2018. No logró sus objetivos en los plazos anunciados. El almirante Kidd fue retirado pocos meses después de las revelaciones periodísticas.

Pero el plan continúa su marcha.

Ultimas novedades en el frente venezolano

En el orden interno, Venezuela vive todos los ingredientes del plan previsto en el Golpe Maestro: al boicot de la economía, se suma un cúmulo de acciones desestabilizadoras. Durante 2019, cinco conspiraciones violentas de la derecha venezolana lograron ser desactivadas. El último incidente ocurrió el 23 de diciembre,con el ataque de un grupo armado al Batallón 513 en el sureño estado fronterizo de Bolívar, donde murió un miembro de las FANB. El Gobierno venezolano informó del robo de armamento de guerra, supuestamente con el propósito de realizar una acción de bandera falsa para propiciar una intervención militar de EEUU contra Venezuela.

Los gobiernos de la región, lejos de obstaculizar la propagación de la violencia, muestran una convergencia con las líneas de acción previstas en el plan del Comando Sur. El ministro de información de Venezuela, Jorge Rodríguez, dijo que Colombia, Perú, Ecuador y Brasil facilitaron los movimientos del grupo armado responsable del ataque al Batallón 513. Los hechos parecen darle la razón.

El presidente Maduro exigió a Brasil la captura de los militares responsables, que sin embargo fueron recibidos en territorio brasileño en el marco de la “Operación Bienvenida”. La cancillería brasileña anunció que los desertores solicitaron asilo, y fue concedido.

Es decir que por un lado, hay un fomento a la emigración, una recepción “amigable”, incluso si se trata de elementos violentos.

Por otro lado, se agita el éxodo de los venezolanos como un motivo de “alarma internacional”. El 11 de septiembre de 2019, 11 países de las Américas (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay, República Dominicana) resolvieron convocar una reunión del TIAR (Tratado Inter Americano de Asistencia Recíproca), con el argumento de que la situación actual en Venezuela tiene un "impacto desestabilizador" y plantea una "amenaza para la paz y la seguridad en el Hemisferio".

Esta reunión puede ser la antesala de una operación militar conjunta.

Las venas abiertas de América Latina

La guerra ya empezó hace muchos años, con epicentro en Colombia. Hace más de medio siglo que la patria de Gabriel García Márquez se desangra, con el Estado ausente en muchas zonas rurales, hoy en manos de narcotraficantes y paramilitares. Colombia en las últimas décadas registró al menos 260 mil muertos, 60 mil desaparecidos y más de siete millones de desplazados. Desde la firma de los acuerdos de paz en 2016, se registró el asesinato de 620 líderes sociales.

En este clima, se teme que el presidente Iván Duque se aventure en una guerra contra su vecino, Venezuela. Duque se sumó a la campaña contra la patria bolivariana, a principios de año con la operación de “asistencia humanitaria” en Cúcuta, y en septiembre con un show lastimoso en la ONU donde denunció a Venezuela de proteger a guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Pero Duque presentó como “prueba” fotos falsas, y quedó en ridículo cuando la Agencia France-Presse lo dejó en evidencia.

La frontera colombiano-venezolana es una zona de permanentes fricciones. Desde junio en Cúcuta y Maicao, poblaciones fronterizas con Venezuela, se encuentra un contingente de “Cascos Blancos” de la cancillería argentina. En Siria y otros escenarios, los Cascos Blancos han sido responsables de operaciones de falsa bandera y fraudes noticiosos. La misión, más que una acción de asistencia sanitaria, forma parte del cordón de presión contra Venezuela y puede detonar episodios que sirvan de pretexto para el inicio de las operaciones.

Centroamérica es otra zona de tensiones. Cuba y Nicaragua han sido advertidas una vez más que son un target militar del Pentágono. La fortaleza militar de la isla no parece haber menguado, pero Nicaragua dio muestras de haber sido infiltrada con el ensayo de guerra híbrida de abril del 2018. La NED y la USAID le dieron un respaldo explícito a los estudiantes/paramilitares nicaraguenses que el año pasado movilizaron protestas violentas que arrojaron centenares de muertos y heridos.

Bolivia es otro ariete contra la paz regional. El desgobierno de facto de Jeanine Añez empieza a hacer el papel de “perro rabioso”, al estilo de Israel en Medio Oriente. Hace semanas hubo una incursión ilegal de militares bolivianos en territorio argentino. Ahora se anuncia la potencial invasión de la embajada de México en La Paz, y la expulsión de la embajadora mexicana y diplomáticos españoles. Este incidente sigue la matriz de la crisis de las embajadas venezolanas, y el descrédito creado a partir del reconocimiento en algunos estados de los falsos representantes diplomáticos de Guaidó.

La política de Bolivia hoy es funcional al deterioro de la institucionalidad de la región, una línea de acción persistente del Pentagonismo. Se trata de ridiculizar el orden jurídico de los países de la zona “no integrada”, entronizar líderes de papel, desconocer normas elementales de convivencia entre las naciones y confundir a la población con falsos debates.

Conclusiones: los piromaníacos que se arrojan al fuego

Un programa guerrerista de largo aliento, acuñado por el Pentagonismo, tiene estrategias bien definidas para encender una conflagración en América Latina. El nuevo mapa del Pentágono se va perfilando con preparativos en el terreno, condiciones sociales largamente abonadas y una narrativa que lo justifica en los noticiarios. Se trata de una miríada de elementos de gran dinamismo, con diferentes actores capaces de entrar o salir de escena según el curso de los acontecimientos.

Esta receta para incendiar América Latina no arrojará vencedores entre las naciones latinoamericanas. El diseño de la guerra tiene por objeto una ruina generalizada, la imposición de un caos de larga duración, que facilite la reconfiguración de la región, y la subdivisión política del continente en unidades más pequeñas (la secesión de Santa Cruz, la balcanización de Venezuela y el desmembramiento de la Argentina figuran en la agenda globalista).

Así lo ve Stella Calloni: "Estados Unidos está armando un escenario de guerra en Latinoamérica, que luego amenazará a todos los países de la región, incluso a los que hoy se prestan para los planes contra Venezuela".

En Caracas se librará una batalla decisiva. Como lo ha dicho Atilio Borón, Venezuela es la nueva Stalingrado.


¿CAMBIAR LA CONSTITUCIÓN O LEVANTAR UN NUEVO ESCENARIO DE REBELIÓN POPULAR?



por Romario Torres

Cualquiera que se defina como revolucionario, debería tener claro que la tarea es destruir el Estado Burgués, no perfeccionarlo. El cambio constitucional definido en el pomposo “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución” tiene como premisas “partir de una hoja en blanco”, y el “voto obligatorio”, así, más allá del contenido, se va a definir una constitución “aprobada en democracia por votación universal”, es decir, una relegitimación de las instituciones políticas del país, superando la “constitución de Pinochet”. La nueva institucionalidad que sustente la explotación capitalista va a tener el aval de la mayoría que se va a pronunciar en las próximas votaciones. 

Toda forma de gobierno mientras exista el modo de producción capitalista es en esencia la dictadura del capital, de hecho, su forma más perfecta es la república democrática. Esto se debe al simple hecho de que si existe explotación, existe una inmensa mayoría que trabaja y produce toda la riqueza, pero solo se apropia de la parte que le permite reproducir sus condiciones de vida como clase explotada (aun cuando se tenga acceso a muchos bienes de consumo), y por otro lado, existe una ínfima minoría que se apropia de todo el resto de la riqueza y de los medios de producción. Esta acumulación de riqueza a partir de la desposesión genera un inmenso poder económico, el cual se traduce por muchos mecanismos en poder político, militar, ideológico, mediático, etcétera. Quienes tienen la riqueza hacen de los políticos (del sistema político) sus funcionarios, además de militares, policías, jueces, medios de comunicación, intelectuales, etcétera. 

En este contexto, donde todo el poder, todas las herramientas y medios están del lado de los capitalistas y sus funcionarios, todo ejercicio “democrático” está de punta a cabo manipulado por los intereses de los poderosos. El posicionamiento de candidatos y figuras “elegibles” (que generan redes de “confianza” y legitimidad reales, aun cuando esto se base en ser “lo menos malo”), el financiamiento de campañas y de la operación de los partidos, la monopolización de los medios de comunicación y toda la estructura de difusión ideológica que va desde la publicidad hasta las universidades opera hacia sus intereses, a corto o largo plazo. 

Aunque justamente pensar la política reducida a la votación por candidatos o por opciones en diversos tipos de consulta o manifestando la “opinión” ya es la victoria más tajante de clase dominante. Incluso verla reducida a marchas y manifestaciones contra o a favor de algo que finalmente se ejecutará en el sistema político sigue estando dentro de los márgenes del modelo. La política no debiera ser otra cosa que la organización consciente de la sociedad desarrollada entre iguales, donde la deliberación, discusión y planificación es una parte, pero la parte fundamental es la ejecución de las líneas, directrices y tareas, así todas las personas deberíamos tener un rol y una responsabilidad. En la medida en que nos es enajenado el ejercicio de la política y se reduce a “opinar”, “votar” o “marchar”, es decir, como una acción puntual, extraordinaria y alejada de nuestra actividad cotidiana, ahí es cuando ya estamos sumidos en la derrota como pueblo. En el trabajo desarrollamos una actividad colectiva fundamental para la sociedad, pero nuestra producción no resuelve las necesidades de las personas en base a una planificación, sino que va al mercado, donde se pierde el origen de cada producto y también se pierde su fin, solo importa por cuánto se vende. En el mercado todos nos volvemos individuos atomizados donde solo importa la variable de cuánto dinero tenemos. 

En este escenario, mientras el poder esté concentrado en manos de los poderosos, la libertad, la igualdad ante ley y la democracia son todas unas ilusiones, toda institucionalidad que nos enfrente como individuos iguales oculta la desigualdad fundamental que se genera en la producción y en la sociedad, por tanto, va a reproducir la desigualdad. Todo lo que pueda ser escrito en una constitución va a ser algo manipulable o letra muerta si es que no va en consonancia con los intereses de los poderosos, tienen todos los medios y mecanismos extrainstitucionales para arreglar el asunto a su conveniencia. 

En este punto algunos podrán plantear que, si bien la constitución en si misma no cambia nada, el “proceso constituyente” es un escenario propicio para acumular fuerza. Se plantea que podría ser un proceso donde el pueblo piense y delibere en torno a las cosas fundamentales, como quiere vivir, cómo quiere organizarse, qué derechos y obligaciones quiere tener, etcétera. Así podría facilitarse el desarrollo de conciencia. Nada más alejado de la realidad. El carácter abstracto, técnico de la discusión, y donde además se excluye toda acción y organización, hoy no hará más que expresar y amplificar la dispersión del pueblo. Si la discusión se carga a las declaraciones de principios, el producto real que se podrá tener son manifiestos de buenas intenciones pero de los que cada uno entenderá lo que quiera, todo cuando no lo que ocurra sea que se entrampen permanentemente en discusiones que no van al caso o que tienen poca relevancia práctica. Por otro lado, si la discusión se carga a la ingeniería institucional, tomará un carácter totalmente técnico, excluyendo a la inmensa mayoría que no tiene una formación especializada en derecho o cuestiones jurídicas y legales. En ambas alternativas y quizás otras, serán discusiones que reproducirán la pasividad del pueblo ante la política real, que tiene que ver con el ejercicio del poder y con la organización de la sociedad, y su dispersión política e ideológica. 

En este escenario la ventaja la tomarán quienes puedan instalar sus listas de candidatos a la convención constituyente, que no son otros que los partidos políticos que tienen las estructuras, los cuadros y la experiencia, quienes instalen los debates fundamentales a partir de los medios de comunicación que monopolizan y quienes concentren también las capacidades técnicas en las discusiones jurídicas y legales. Así, el pueblo será un mero espectador del proceso donde le pedirán posicionarse en base a discusiones que harán parecer distintas pero que son en realidad matices más o matices menos del mismo sistema, donde la variable no es cómo se diseña el entramado institucional o cómo se gestiona la explotación, sino que el rol pasivo y episódico que tiene el pueblo en la política y en el ejercicio del poder, además del rol individualizado y atomizado que tiene en la organización de la sociedad. 

Pero si no es la constitución ¿qué? Las derrotas estratégicas que hemos sufrido como pueblo en los 70 y en los 80, además de la inclusión ideológica producto de 40 años de neoliberalismo, nos tienen entre muchas otras cosas con una mentalidad donde ante la injusticia no planteamos una nueva sociedad, sino que en el fondo planteamos que el modelo neoliberal funcione un poco mejor, donde existan menos abusos y más justicia, y por otro lado deslegitimamos totalmente la organización popular para alcanzar nuestros objetivos. En este escenario, lo que debemos plantear es una cancha donde las herramientas, por más rudimentarias que sean, las tenga el pueblo y en eso pueda avanzar. En las condiciones actuales, se trata de desarrollar la protesta popular y generar un escenario de ingobernabilidad, pero no llamando a los centros, a las calles principales (alameda en Santiago) y menos a la Plaza Italia, sino en las mismas poblaciones y territorios, donde el pueblo pueda copar calles, bloquear caminos, afectar el transporte y pueda dispersar a las fuerzas represivas y del orden. La tarea en este escenario es generar avances organizativos en la coordinación, preparación y ejecución de la protesta, desarrollando medios informativos y medios de lucha cada vez más fuertes, pero donde lo importante va a ser menos el efecto concreto (si sale mejor o peor el plan) y más la cantidad de personas que vamos a lograr involucrar y comprometer a un largo plazo. Las discusiones y asambleas que se hagan también deben ser territoriales, donde los participantes se conozcan e interactúen en la vida cotidiana, pero no para cabildear sobre instituciones y leyes abstractas, sino para organizar primero la protesta y segundo la vida misma en la población, que implique tareas, encargados, trabajo práctica, en tercera medida nos debiéramos dedicar a elaborar reivindicaciones que realmente nos hagan sentido y se puedan pelear en este contexto, las cuales pueden ser bien locales o también más generales. En paralelo se debe deslegitimar todo el proceso que intentan instalar los poderosos para llevarnos a lo que más les acomoda, que votemos (donde el voto obligatorio es su ideal). Por ahora lo importante va a ser darles vuelta el escenario político a los poderosos y sus acompañantes (Frente Amplio), donde el avance va a estar en el nivel de organización y lucha que pueda alcanzar en el pueblo. Si este escenario resulta exitoso, ante las nuevas condiciones y posibles fisuras que se abran habría que plantear nuevas líneas y directrices, pero hablar de esto no sería más que ficción por lo pronto. Así, lo mejor que puede ocurrir en marzo y abril de 2020 es que se levante una alternativa que deslegitime el proceso constituyente en las calles y se pueda levantar un nuevo escenario de rebelión y protesta popular.


EVALUACIÓN Y PLAN POLÍTICO


Escribe: Milcíades Ruiz

Al iniciar un nuevo año, es bueno hacer un balance de nuestro desempeño personal, en cuanto a mejorar nuestras condiciones de vida familiar como consecuencia de nuestro mejoramiento laboral y económico. Esta reflexión nos debería conducir a plantearnos metas personales factibles de obtener durante el año en curso. No tener objetivos, es carecer de rumbo de vida y estaríamos comportándonos como animales, que solo viven por vivir. 

De nuestras aspiraciones personales también depende la vida de nuestra descendencia como también, el standard familiar y social. Es de nuestra responsabilidad planificar nuestro desarrollo familiar y trazar nuestro proyecto de vida. Tener un plan a cumplir que concentre nuestra perspectiva diaria es mejor que no tener un plan. Vivir a la deriva, es vivir sin futuro. 

Lo dicho, también es válido para las personas que han elevado su categoría humana cultivando ideales políticos para el mejoramiento del grupo social al que pertenece y con mayor razón para las personas de ideales supremos que comparten la aspiración de lograr una sociedad con justicia social. De nada sirve tener los ideales si no hacemos nada por conseguirlos y esperar que sean otros, los que hagan el trabajo.

No basta tener consciencia política y renegar de nuestra situación. Tenemos que hacer algo para no llevar el cargo de consciencia por no haber hecho nada o, por haberlo hecho mal. Entonces estamos obligados a hacer un examen de nuestra actuación política, de nuestro desempeño en la lucha social por el mejoramiento de la sociedad y trazar los planes políticos proyectando actividades, programas y metas. ¿Qué tanto hemos avanzado en los objetivos trazados?

En el año que ha fenecido, ¿la izquierda se ha fortalecido políticamente? ¿Se han encumbrado por su lucha, los movimientos populares? El mejoramiento político tiene que ver con el fortalecimiento orgánico con incremento de la militancia como reflejo de una actuación política crecientemente popular. La gestión de cualquier dirigencia y de las instituciones políticas, se juzga por los resultados obtenidos. 

Si el rendimiento del trabajo político ha sido óptimo seguramente festejarán los logros obtenidos. De lo contrario, pasaremos por la vergüenza de nuestra incapacidad, en cuyo caso, se impone dar un paso al costado, para permitir otras alternativas de recuperación reorganizando métodos y estrategias en el plan de trabajo anual. Las falsas autocríticas no resuelven el problema real y es preferible la honestidad que las justificaciones que no reconocen errores.

¿Fue acertado el apoyo de la representación parlamentaria de izquierda a los afanes de Vizcarra incluyendo el cierre del Parlamento? ¿Con ello se fortaleció la izquierda o, fue Vizcarra el fortalecido? ¿Qué hemos ganado con esta actuación política? ¿Tendremos un mejor Parlamento y mejores bancadas de izquierda en calidad y cantidad? ¿El pueblo salió ganando? ¿Qué ha cambiado favorablemente desde entonces? Estas y otras interrogantes tendremos que hacernos al evaluar nuestra actuación política.

Por lo pronto la lideresa de Nuevo Perú, en su artículo en La Republica del 29 Dic 2019 escribió: 

(…) “podemos avanzar hacia la construcción de un nuevo pacto entre peruanas y peruanos, sobre la base de nuevas reglas y nuevos valores; un nuevo pacto que marque el cumplimiento de la transición inconclusa del año 2000 y de nuestra independencia tras 200 años de una República excluyente. Sí podemos recuperar el Perú”.

Su agrupación seguramente ha evaluado la situación del país y esta es la conclusión. Al parecer, no tienen problemas por su informalidad y no está afectada por el divisionismo ni menos ha perdido protagonismo, como se creía. Pero sí, es discutible que la crítica situación de nuestro país, se resuelva con un nuevo pacto, lo que supone que hay uno anterior que desconocemos. Solo se necesita nuevas reglas y nuevos valores y ya está.

El partido aprista es el más experimentado en cuestión de pactos políticos, pero no creo que quieran repetir esa experiencia. Sea como fuere, necesitamos evaluar nuestro desempeño político y plantearnos tareas factibles en nuestro trabajo social. No por tratarse del bicentenario de la independencia del virreinato, fecha en la que los usurpadores colonialistas suplantaron a los dueños nativos del Perú, arrebatándoles su patria sino, por nuestra legítima aspiración por lograr justicia social. 

Solamente con trabajo político, podemos esperar resultados de nuestro esfuerzo. Sin ello, no podremos avanzar en lo concreto. Nuestro trabajo a nivel universitario es muy importante como lo ha demostrado la última experiencia chilena de movilización popular. Necesitamos más acción y más continuidad en nuestras reuniones políticas con los sectores populares.

Me he atrevido a escribir esta nota con este tono, no porque me crea inmaculado, sino con la sana intención de mejorar nuestras filas. Discúlpenme si he sido demasiado mordaz. Lo hago porque estoy en la obligación de trasmitir mi experiencia, sobre todo a los jóvenes. También he sido líder y he cometido errores, pero tengo la ventaja moral que respalda mi trayectoria de lucha. 

Criticar a la derecha es muy fácil y ser duro entre nosotros trae inconvenientes, pero es necesario si queremos mejorar. Feliz año 2020. A protegerse del infeliz daño nuevo.
Enero 2020
Otra información en https://republicaequitativa.wordpress.com/