viernes, 19 de marzo de 2021

LA COMUNA DE PARÍS Y LA PERVIVENCIA DEL ESPÍRITU REVOLUCIONARIO

Guardias nacionales en una barricada de Belleville, el 18 de marzo de 1871. / Wikipedia

  • Se cumplen los 150 años del inicio de la última revolución francesa del siglo XIX
  • Pese a su brevedad, la insurrección de 1871 sigue presente en el imaginario de la izquierda
  • “Gracias a su brevedad, la Comuna es una revolución más pura”, afirma el historiador Marc César

Enric Bonet

El jueves, 18 de marzo de 2021

 

PARÍS (FRANCIA).- Solo fueron 72 días de democracia radical, pero su recuerdo sigue influyendo en el imaginario revolucionario. Este jueves 18 de marzo se cumplen 150 años del inicio de la Comuna de París de 1871. El legado de la última revolución francesa del largo siglo XIX —según la terminología del historiador británico Eric Hobsbawm— resulta menos concreto que las de 1789 o la de 1848. Mientras que la Revolución Francesa de 1789-1794 tuvo como insignia las distintas Declaraciones de Derechos del Hombre y del Ciudadano y la de 1848 supuso el final del régimen monárquico en Francia, ¿qué herencia dejó la Comuna?

La gran medida social de la Comuna fue su existencia y acción”, escribió Karl Marx en el libro La guerra civil en Francia. Esta revuelta fue sinónima de utopía. Un oasis de democracia radical en medio de la era del capital. El hecho de que fuera reprimida con brutalidad perpetuó su memoria entre los anarquistas y socialistas (y más tarde los comunistas) a finales del siglo XIX y buena parte del XX. Desde la revuelta zapatista de Chiapas hasta los ecologistas de las Zonas Autónomas a Defender (ZAD), pero también en la Nuit Débout de 2016 o en las protestas de los chalecos amarillos, abundaron recientemente las reminiscencias a la Revolución de 1871.

La memoria de la Comuna representa un puente difuso que conecta el presente con el espíritu revolucionario del republicanismo decimonónico. “La Comuna es la última revolución en Francia del siglo XIX. Forma parte del mismo hilo histórico que une 1793 —momento de mayor intensidad social de la Revolución Francesa—, 1848 y 1871”, explica a cuartopoder la historiadora Mathilde Larrère, profesora en la Universidad Paris-Est-Marne-la-Vallée. Según recuerda esta especialista en las revoluciones del siglo XIX, “esta revolución tiene muchas más similitudes con aquellas que la precedieron que con las revoluciones bolcheviques y comunistas del siglo XX”. “El sujeto revolucionario era prácticamente el mismo que a finales del siglo XVIII: el pueblo de las tiendas y los talleres industriales”, añade.

Marx, que siguió desde Londres los acontecimientos revolucionarios, elogió la revuelta del pueblo parisino en 1871. No se mordió la lengua para exaltarla: “El París obrero, con su Comuna, será celebrado como el precursor de una sociedad nueva”. Un pronóstico contestado actualmente por la historiografía. “La Comuna resultó más bien un crepúsculo que un despertar”, sostiene Éric Fournier, profesor de historia contemporánea en la Universidad de París I Sorbona y autor del libro La Commune n’est pas morte. El anhelo de una república social de los communards estaba más cerca de los postulados republicanos de un Maximillien Robespierre que de las interpretaciones marxistas que hicieron Vladimir Lenin o Léon Trotski.

La insurrección del 18 de marzo

La última revolución francesa estuvo estrechamente relacionada con el desenlace de la guerra franco-prusiana. Las tropas del Segundo Imperio de Napoleón III habían sido derrotadas en la Batalla de Sedán a principios de septiembre de 1870. Pocos días después era proclamada en París la III República. Esta se fundamentaba, sin embargo, en un frágil equilibrio entre una Asamblea Nacional dominada por sectores monárquicos y un pueblo de París mayoritariamente republicano. Unas tensiones que cristalizaron con la insurrección del 18 de marzo.

Ese día los vecinos de Montmartre y la guardia nacional formada por ciudadanos parisinos se opusieron al hecho de que el ejército nacional se apoderara de unos cañones instalados en el norte de la capital. Esto forzó al ejército y el Gobierno central a huir de París e instalarse en Versalles, donde estuvo históricamente la corte de los reyes de Francia. En esa misma ciudad se encontraba el Parlamento francés, con una mayoría conservadora, desde principios de 1871.

Los revolucionarios aprovecharon esta huida a Versalles para ocupar el Ayuntamiento parisino. Convocaron unas elecciones municipales en la capital para el 26 de marzo. Los candidatos más de izquierdas se impusieron y formaron una de las cámaras representativas con una mayor presencia de obreros en la historia. Esta fue bautizada con el nombre de Comuna, una referencia a la asamblea municipal y popular de París que en el verano de 1792 lideró la revuelta que acabó con la monarquía de Luis XVI.

Una de las asambleas con mayor presencia de obreros en la historia

Mientras que en las Asambleas revolucionarias de 1793 y en 1848 la presencia de categorías populares era minoritaria, estas representaban más de la mitad de los cargos electos en la Comuna”, recuerda Larrère. Con una población total de 1,8 millones de personas, el 45% de los habitantes de París eran obreros. Era la capital por excelencia de las revoluciones europeas. Entre los revolucionarios de 1871 coexistían diversas tendencias, pero que se podrían sintetizar en dos corrientes: por un lado, los republicanos que se consideraban herederos de los sans-culottes y los montagnards de Robespierre; y, por el otro, los miembros de la Primera Internacional de trabajadores, en la que había socialistas y anarquistas.

Su programa consistió en hacer realidad los principios de la República social. La Comuna estableció el sufragio universal (solo masculino), la separación entre la Iglesia y el Estado o una educación gratuita para todos. También prefiguró una democracia más directa en que los cargos electos eran revocables y se favorecía la auto-organización popular a través de las asambleas de distrito y los clubs políticos. Además, impulsó ambiciosas medidas sociales, como una moratoria en el pago de los alquileres, la requisa de talleres y viviendas vacías o la prohibición del trabajo nocturno de los panaderos.

La Comuna estuvo marcada por una doble dimensión patriótica e internacionalista”, afirma el historiador Marc César, profesor en la Universidad Sorbona París Norte y coautor de La Commune de 1871: une relecture. En la Revolución de 1871, cohabitaron el orgullo nacional herido tras la derrota ante Prusia con la aceptación y la solidaridad respecto a los otros pueblos europeos. Una fraternidad simbolizada por la relevancia que tuvieron revolucionarios como el húngaro judío Léo Frankel, representante de la Comuna y miembro destacado de la comisión de Trabajo.

La revolución más pura”

Aunque hubo otras insurrecciones comunales en otras localidades de Francia, aquella que duró más tiempo fue la de París. En su defensa férrea tuvieron un papel destacado las mujeres. Sobresalieron figuras como la trabajadora de imprenta Nathalie Le Mel, la profesora Louise Michel o la joven internacionalista rusa Élisabeth Dmitrieff, fundadora de la Unión de Mujeres para la Defensa de París. “El rol de las mujeres fue importante, pero no más que en otras revoluciones precedentes”, asegura Larrère. Aunque la igualdad de género estuvo presente en la Comuna con reivindicaciones de equiparación salarial y la abolición de la prostitución, la aprobación del voto femenino estuvo ausente del debate. 

La Comuna logró resistir 72 días, hasta finales de mayo. Entonces, el ejército francés recuperó el control de París y reprimió a los revolucionarios con brutalidad. La historiografía discrepa en las cifras, pero se calcula entre 5.000 y 20.000 communards abatidos. Hubo unos 40.000 detenidos y miles de ellos fueron deportados a Nueva Caledonia, a unos 17.000 kilómetros de la metrópolis francesa. Una represión feroz que creó un cierto mito en torno a la Comuna y favoreció que su memoria estuviera muy presente en las distintas familias de la izquierda francesa, tanto los socialistas, los comunistas como los anarquistas.

“Gracias a su brevedad, la Comuna aparece en el imaginario como una revolución más pura”, afirma César. Al haber durado solo 72 días, no desembocó en controvertidos episodios de Terror revolucionario. Esto favorece que siga siendo evocada en el presente. Y así permite recuperar la rica tradición revolucionaria del republicanismo francés del largo siglo XIX.

Fuente: https://www.cuartopoder.es/internacional/2021/03/18/la-comuna-de-paris-y-la-pervivencia-del-espiritu-revolucionario/

 


No hay comentarios: