sábado, 1 de abril de 2017

LAS 13 RAZONES DEL POR QUÉ EN VENEZUELA NO HAY GOLPE DE ESTADO





MENTIRAS MEDIÁTICAS - Las 13 razones del por qué en Venezuela.... NO hay Golpe de Estado 

El Parlamento quiso torcer la ley a su antojo y el peso de la ley les calló encima
1-Venezuela no tiene un sistema parlamentario como los europeos

2. Tiene cinco poderes en lugar de tres (ejecutivo, legislativo, judicial, ciudadano y electoral)

3. Contrariamente a lo que ocurre en los regímenes parlamentarios el parlamento no tiene en Venezuela la misma significación que en los sistemas europeos

4. Se rige por una Constitución que le establece las funciones así como a los demás poderes públicos

5. El órgano contralor y máximo intérprete de la Constitución es la Sala Constitucional del Tribunal Supremo

6. Es de este órgano de donde han emanado las sentencias controversiales

7. Las sentencias han sido emitidas a solicitud de recurso de interpretación sobre los acontecimientos institucionales que vive el país a partir del momento en el cual la oposición pasó a ser mayoría en el parlamento venezolano

8. El parlamento se ha extralimitado en sus funciones, ha desviado el poder y la autoridad que como institución tiene, ha usurpado en algunos casos las funciones del poder ejecutivo y desacata las medidas judiciales tomadas con competencia constitucional para ello por el Tribunal Supremo de justicia

9. Desde el mes de enero de 2017 se ha declarado en rebeldía absoluta

10. Las sentencias pretenden ordenar jurídica e institucionalmente el estado frente a un poder que desobedece al Tribunal Supremo y crea conflictos con los otros poderes

11. En la última sentencia la Sala Constitucional ha establecido, que temporalmente hasta cuando el Poder Legislativo vuelva a la normalidad, algunas de las funciones de ese poder, necesarias para el funcionamiento del estado, serán asumidas por el Tribunal Supremo.

12. Las funciones parlamentarias se incumplen por omisión o por actos no ajustados a derecho. La sentencia pretende asumir las funciones que por omisión impidan el funcionamiento del estado (ejemplo aprobar inversiones petroleras con compañías privadas para lo cual es necesario un protocolo que debe ser aprobado conjuntamente por el poder ejecutivo y el legislativo)

13. La constitución está intacta, el parlamento no ha sido disuelto, hay total respeto a los derechos humanos, existe plena libertad de expresión dentro del país, la participación política es plural dentro del país, los partidos existen y hay libre acceso a la justicia. Estos hechos demuestran que no hay golpe de estado en Venezuela.


Mentiras sobre lo que pasa en Venezuela

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El 9 de enero de 2017, la Asamblea Nacional venezolana desconoció al Presidente de la República, Nicolás Maduro. Votaron a favor de ese golpe de estado constitucional todos los diputados de la oposición salvo los tres diputados del partido de Henry Falcón, quienes entendieron la gravedad de esa decisión. Venezuela es un sistema político presidencialista […]

El 9 de enero de 2017, la Asamblea Nacional venezolana desconoció al Presidente de la República, Nicolás Maduro. Votaron a favor de ese golpe de estado constitucional todos los diputados de la oposición salvo los tres diputados del partido de Henry Falcón, quienes entendieron la gravedad de esa decisión.

Venezuela es un sistema político presidencialista desde 1811, influido por el constitucionalismo norteamericano. 

Al Presidente le vota directamente el pueblo -a diferencia de un sistema presidencialista como el español, donde al Presidente le vota el Parlamento- y le corresponde al Presidente, que es el Jefe del Estado, la dirección del país. 

Cuando la Asamblea decidió desconocer el poder legítimo del Presidente se estaba poniendo al margen de la Constitución. 

La prensa internacional no dijo nada.

La gran discusión entre el Presidente Maduro y la Asamblea tiene que ver con las actas de tres diputados de Amazonas. 

Se ha demostrado que compraron votos entre otras muchas irregularidades, lo que obligaría a repetir la elección en esos tres casos. La Asamblea se declaró en rebeldía y decidió echar un pulso a la Presidencia de la República. 

A imitación del constitucionalismo europeo, cuando hay un conflicto constitucional entre poderes el Tribunal Supremo puede asumir competencias del Parlamento en los casos en que fuera necesario. Hasta un fantoche como Donald Trump ha tenido que asumir las decisiones recientes del Tribunal Supremo norteamericano. Con su tradicional irresponsabilidad, la derecha española llama a desobedecer el estado de derecho en Venezuela y la decisión del Tribunal Supremo. 

No me extraña de Esperanza Aguirre o Pablo Casado: el PP, especialmente en Madrid, ha financiado sus campañas electorales con dinero negro. 

Es decir, el PP lleva varías legislaturas usando maneras propias de golpistas. E históricamente, al menos desde 1936, tienen oído músical para esa partitura. 

Quienes digan desde España que los venezolanos deben desoír las decisiones de su Tribunal Supremo son unos irresponsables que tiren piedras no solamente sobre el tejado venezolano, sino también sobre el nuestro.

Por si fuera poco, esa Asamblea dominada por la oposición proclamó que el Presidente había abandonado su cargo (algo absurdo y evidentemente falso) y propuso convocar elecciones presidenciales en el plazo de un mes. 

Ese intento de golpe de estado desde el Parlamento no recibió ni una sola crítica de los que ahora dicen que hay un golpe de estado en Venezuela. 

Entre ellos, el máximo responsable de la OEA que ayer mismo se reunía en la Ciudad de México con ex presidentes latinoamericanos procesados por lesionar los derechos humanos, y el Departamento de Estado de los EEUU. 

Qué curioso que justo después haya salido la petición de Almagro de enjuiciar a Venezuela desde la OEA. 

El papel de Almagro como Secretario General de la OEA está haciendo mucho daño a la tan necesaria institucionalidad internacional (Pepe Mujica ya se distanció de él de manera definitiva y dejó ver a quién se había vendido). Almagro lleva varios meses mintiendo. 

Por ejemplo, ha dicho en dos ocasiones recientes que a Venezuela se la ha aplicado la Carta Democrática de la organización (que, tras muchos trámites -ni siquiera iniciados-, podría llevar a su expulsión como ya ocurrió con Cuba pero nunca ha ocurrido con los Estados Unidos, pese a haber promovido golpes de Estado como el de Pinochet contra Allende). 

Pero era mentira, como demuestra que hoy mismo ha pedido a la OEA que aplique la Carta Democrática. Ergo miente. Todo el rato. Él sabrá por qué, pero en su Uruguay natal dicen que se ha vendido por un puñado de dólares a los que siempre han querido que América Latina sea el patrio trasero norteamericano. Washington siempre busca a un criollo para hacer la tarea del traidor. 

Almagro no vive en Montevideo.

El Tribunal Supremo de Venezuela ha usado un artículo de la Ley de Hidrocarburos -la principal riqueza del país- que establece que los convenios internacionales y las asociaciones con grupos extranjeros deben ser aprobados por la Asamblea. 

Pero la Asamblea está en situación jurídica de desacato, de manera que no puede -ni quiere- firmar ningún acuerdo, lo que pone en riesgo financiero a Venezuela. 

Es por eso que el Tribunal Supremo ha asumido las competencias estrictas de la Asamblea para la aprobación de esos contratos, de manera que el país pueda asumir los compromisos necesarios en un momento económicamente complicado por el hundimiento de los precios del petróleo (preguntémonos en España qué pasaría si se hundiera un 80 % el turismo).

El Tribunal Supremo no ha disuelto la Asamblea ni se han convocado nuevas elecciones para elegir nuevos diputados. Lo contrario de lo que están diciendo los medios de comunicación.

Lo único que está haciendo el tribunal supremo es asumir unas competencias concretas para evitar que Venezuela se paralice mientras dure el descato. Si los diputados de la oposición quisieran, el desacato desaparecería de inmediato -bastaría con que reconocieran que los tres diputados elegidos en la Amazonía no pueden hacer uso de su acta debido a las muchas irregularidades probadas-, pero les resulta mucho más rentable seguir regalando falsas portadas a la prensa internacional. 

La derecha internacional, esa que se regala entre sí viviendas oficiales y que tiene una trama global de fondos buitres -donde están los Aznar, Botella, sus hijos, De Guindos, Rato, Aguirre y toda esa tropa de malos españoles donde también se ha colado algún “socialista” como Felipe González- quiere tumbar a Venezuela, igual que han hecho con Dilma Roussef en Brasil. 

¿Quién que no esté vendido a esos intereses puede decir que asumir de manera temporal unas competencias esenciales para firmar unos contratos sin los cuales un país se quedaría entregado a los capitales internacionales es un golpe de Estado? 

¿No son acaso los mismos que ven “normal” desconocer al Presidente del Gobierno y llamar a nuevas elecciones? Demasiados hipócritas.

Venezuela necesita mucho diálogo. 

El choque entre instituciones es malo para el país. Esa debiera ser la tarea de España: ayudar al diálogo. En todo el continente latinoamericano. En México -desde donde escribo- han asesinado este último mes a tres periodistas (¿Nos imaginamos lo que pasaría si hubieran asesinado a tres periodistas en Caracas?) y hay al menos 30.000 desaparecidos. 

El día a día de México es la aparición de fosas con cadáveres, la trata, el asesinato de mujeres, la desaparición de líderes sociales, la creciente pobreza y desigualdad junto a una impunidad del Estado estremecedora. 

Aún lloran en México a los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el Presidente Peña Nieto se ríe de las víctimas no reconociendo las lagunas que apuntan al ejército, a la policía y a políticos vinculados al narco en la desaparición de las muchachas y muchachos. 

Parece que el PP y sectores del PSOE quieren ver a Venezuela convertida en México. Para seguir la trama de los negocios.

Hay mercenarios que desearían abocar a Venezuela a una guerra civil. Creen que así podrían volver a recuperar el paraíso que tenían cuando controlaban el petróleo contra los venezolanos y venezolanas. Se equivocan, porque el pueblo venezolano no va a permitir que eso ocurra. 

Apuntar en esa dirección es querer llevar a Venezuela a un escenario terrible como los que ha creado la OTAN y las potencias occidentales en Oriente Medio. 

Ojalá el Estado de derecho que forma parte de los logros civilizatorios de Europa pueda funcionar también en Venezuela. 

Esa es la principal tarea en la que podríamos colaborar los españoles en ese país: ayudar a reforzar el Estado de derecho. Aunque el PP de la Gürtel y la Púnica ¿qué va a enseñar?

Fue el diario ‘El País’ el que celebró el golpe de estado contra Chávez en 2002 y fue el Presidente Aznar el que ordenó a nuestro Embajador a reunirse con el Presidente golpista. 

Ayudemos a que no vuelva a ocurrir nada de esto. 

Para ello, es esencial que los que no tienen otros intereses que los del dinero, dejen a la justicia funcionar. 

Y que nadie sea tan hipócrita para pedir en otros países lo que no pedimos para el nuestro.


LA TORMENTA VENEZOLANA





01-04-2017

Como si no fueran suficientes los huaicos, el desborde los ríos, la caída de los cerros, las lluvias incesantes, el implacable rugido de la naturaleza, el colapso de los puentes y la pérdida de vidas humanas e inconmensurables daños materiales; los medios de comunicación peruanos han desatado una nueva tormenta: la crisis venezolana . 

El tema, para la “Prensa Grande” ha desplazado de las primeras planas a lo que hasta hoy -y desde hace casi 20 días- era la información cotidiana. Y el rostro de Nicolás Maduro -desdibujado- ha asomado como si fuera una suerte de “amenaza” para América entera. 

Esta “tormenta” ha desubicado incluso a algunos sectores progresistas y hasta a personalidades de la izquierda nacional. Arrinconados por la aviesa campaña del enemigo, los más débiles finalmente se han sumado -aun con reticencias- a la condena al proceso bolivariano de Venezuela y han calificado de “Golpe de Estado” lo ocurrido en Caracas, y lo ha “rechazado” por considerarlo “anti democrático”.

En torno al tema, debemos hablar claro, y sin tapujos. 

En Venezuela hay una profunda convulsión social. El proceso de transformaciones democráticas y antiimperialistas iniciado en 1992 –y continuado hoy- sobrevive sometido a toda clase de amenazas por parte de la reacción mundial y el Imperio, y acosado por presiones provenientes de las castas parasitarias que siempre detentaron el Poder. 

Ellas remecieron incluso los cimientos de la sociedad venezolana hasta en dos oportunidades: cuando en abril del 2002 la “nube negra” se abatió sobre Caracas y las organizaciones patronales y sus camarillas políticas derrocaron y encarcelaron al Presidente Hugo Chávez; y cuando también en abril del 2014 pretendieron impedir por la fuerza el ascenso al Poder de Nicolás Maduro, generando una criminal violencia, que d ejò una dolorosa estela de muerte y destrucción.. 

Para la “Prensa Grande” estas no fueron “acciones antidemocráticas”, sino tan sólo “expresiones de una confrontación interna ”, a la que, por lo demás, saludaron. Ante el fracaso de las mismas, alentaron otras que ahora pretenden imponer en la Patria de Bolívar. 

¿Fue acaso una casualidad que hace algunos años el Congreso de Honduras depusiera al Presidente Manuel Zelaya; que luego en Paraguay se hiciera esencialmente lo mismo con el Mandatario Lugo; y que más recientemente se concretara con la destitución de Dilma Rousseff en el gigantesco Brasil ?. Incluso, antes, en el Chile de los años 70 ¿No fue acaso el Congreso el que pretendió “destituir” al Presidente Allende mediante una acción parlamentaria? El “ Golpe” parlamentario, les parece “legal” a los fariseos de la “democracia”. 

Claro que todo eso no fue sino la antesala a lo que se ha venido urdiendo en Venezuela. Se buscaba en el país llanero, y afanosamente, que el Poder Legislativo depusiera al Jefe del Estado . Incluso ocurrió ya, hace algunas semanas, que el Congreso aprobó una resolución en tal sentido, la misma que no tuvo vigencia porque fue declara írrita por el Tribunal Supremo de Justicia, vale decir, por el Poder Judicial Venezolano. 

Ese Parlamento Venezolano actuó desde un inicio al margen de la ley. Y se declaró en rebeldía - desacato, más precisamente- negándose a aceptar las disposiciones judiciales que le impelían a actuar de acuerdo a las normas de la Constitución vigente. Agotado el empeño del TSJ por hacer valer su autoridad, finalmente ese organismo judicial lo anuló. Hoy, llora sobre la leche derramada. Y con él, lloran sus viudas. 

Fue el Tribunal Supremo de Justicia -y no el Presidente Maduro- el que tomó la decisión referida al Parlamento Venezolano. Se la atribuyen al Jefe del Estado, porque lo que quieren es satanizarlo a él, para destituirlo a él y, como lo ha dicho sin rubor el Presidente de ese “Poder” írrito “acabar con este proceso social que ha traído el desorden en Venezuela”.

 Más claro, ni el agua: lo que buscan, es acabar con las transformaciones sociales y políticas que han devuelto la soberanía al Estado Venezolano y entregado conquistas a los trabajadores y al pueblo de ese país. Y ellos quieren eso, para imponer a rajatabla el “modelo” Neo Liberal que hoy afecta a millones en todo el continente. Los peruanos los sabemos bien. 

Por eso lo ocurrido en Venezuela, no se parece en nada a lo del 5 de abril del 92 en nuestra patria. Aquí el “Golpe” -que sí lo fue- tuvo un sólo objetivo: imponer y perpetuar el régimen de dominación que agobia a los peruanos . Allá, la medida judicial tuvo un sentido enteramente opuesto: impedir la consumación de un golpe reaccionario destinado a imponer ese “modelo” contra el pueblo Venezolano. 

Ni siquiera en las formas, puede equipararse un hecho con el otro; pero mucho menos, en su esencia. Por eso la reacción peruana –que hizo remilgos el 5 de abril- apoyó a manos llena a la dictadura fujimorista a la que hasta hoy canta loas asegurando que “acabó con el terrorismo” y “salvó a la economía”.

¿Fue una acción “antidemocrática”? Muy discutible, por cierto, Pero en todo caso, lo anti democrático fue pretender destituir al Presidente y apoderarse del Gobierno en colusión con la reacción interna y el Imperio ¿alguien podría negar que era eso lo que se proponía Fedecámaras y su cogollo empresarial? 

Hay que entender que en un Proceso de Transformaciones Revolucionarias resulta indispensable dictar normas que “violenten” procedimientos formales. Jamás ha sido posible hacer una Revolución verdadera cumpliendo al pie de la letra las disposiciones vigentes en un determinado país. Una Revolución implica rebasar las reglas establecidas para alcanzar un objetivo superior: la justicia social ¿Es muy difícil entender eso?. 

Por lo demás, lo que ocurre en Venezuela no está desligado del escenario mundial. El signo de nuestro tiempo está marcado por la desbocada agresividad del Imperio. Estados Unidos busca uncir a su carruaje a todos los países productores de petróleo: Por eso invadió Irak y mató a Saddam Hussein; derrocó y asesinó a Gadaffi; atacó militarmente a Siria; amenaza de manera constante a Irán. Y quiere, de Venezuela, no a Maduro, sino al Petróleo. Y es eso, lo que está en juego. 

Alguna vez le preguntaron a Mariátegui si el justificaba “la violencia” en la Rusia Soviética. Y él respondió con entera dignidad: “si la revolución genera violencias; yo las justifico, sin reservas cobardes”. No olvidarlo jamás 

Es bueno que en torno al tema, piense mejor las cosas la izquierda peruana. Lo que busca la reacción es destruir el proceso emancipador latinoamericano. Venezuela es, apenas, un eslabón de esa cadena. Saben que no pueden acabar con su proceso mediante procedimientos “ordinarios” y por eso exigen acciones violentas: buscan a cualquier precio derribar al gobierno de Nicolás Maduro. Y están dispuestos a todo, para ello. 

Las “viudas” de la “democracia fallecida” en Caracas, claman hoy exigiéndole a Donald Trump, que “de una vez ”, invada Venezuela, ocupe militarmente ese país y encarcele o extermine a su pueblo . Si alguien duda que ése es el temperamento de los lacayos del Imperio, que escuche las declaraciones de Jorge del Castillo, lea la columna de Aldo M. o haga caso a las “condenas” de Luz Salgado a lo que ocurre hoy en Caracas. 

Y los que -desde la izquierda a la que representan, o dicen representar- compartan esas “condenas”, debieran entender el sentido real de los proceso sociales: aquí no hay escapatoria, ni puntos intermedios: o con los explotadores, o con los explotados; con los opresores, o los oprimidos; con los imperialistas, o con los pueblos. (fin) 

* Gustavo Espinoza M. pertenece a el Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / http://nuestrabandera.lamula.pe