martes, 7 de enero de 2014

ENTREVISTA AL SUBCOMANDANTE MARCOS: “LA EXPECTATIVA DE ESTE MOVIMIENTO ES TRIUNFAR, LOGRAR QUE HAYA DEMOCRACIA, LIBERTAD PARA ESCOGER UNA U OTRA FORMA DE GOBIERNO O SISTEMA SOCIAL"



Entrevista inédita al subcomandante Marcos sobre el origen y el balance de la guerra de 1994


desInformémonos
07-01-2014
“Nuestro análisis político sobre la situación en la que íbamos a estallar se quedó corto. Calculábamos que había descontento y que iba a atraer simpatías el hecho de que alguien se levantara a protestar, pero no a tal grado de lo que ocurrió”, Subcomandante Marcos, marzo de 1994


Durante casi 20 años, y sin motivo aparente, se guardó esta entrevista con el subcomandante Marcos, vocero y jefe militar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Los primeros días, semanas y meses de 1994 corrían vertiginosamente y los casetes se acumulaban, pues los y las periodistas le plantábamos la grabadora al primer descuido. Y en uno de esos, en la comunidad tzeltal de Prado Payacal, el subcomandante accedió a hablar sobre la estrategia de la guerra, las maniobras y el despliegue militar, sobre los errores de esos días primeros de combates con el ejército federal, los cálculos iniciales, el resultado, el primer balance. Habló del origen de las armas y del equipo, y delineó la primera victoria de un movimiento que hoy cumple 20 años.

También habló del inicio del diálogo con el gobierno, de las primeras sorpresas, de su postura frente a los partidos políticos y de lo que en ese entonces pronosticaban ya los zapatistas para este país.

Los casetes se guardaron y se transcribieron este diciembre de 2013. La entrevista se realizó en marzo de 1994, luego del asesinato del entonces candidato priista a la presidencia, Luis Donaldo Colosio. Marcos concedió en ese momento hablar con el semanario Punto, pero el resultado no vio la luz entonces. Hoy se publica en Desinformémonos este material inédito de un hombre que habló así cuando probablemente se estaba descubriendo a sí mismo, y le daba a conocer al mundo entero los motivos de su lucha.

¿Cuál es la estrategia militar del primero de enero de 1994? ¿Qué se propusieron?

La estrategia tenía que ser la de un ejército regular, y no la de una guerrilla, porque se contaba con la gente necesaria para hacer esas acciones como ejército regular; de eso dependía que pudiéramos brincar los obstáculos que preveíamos, sobre todo de manejo ideológico del movimiento, que nos acusaran de narcoguerrilla, de extranjeros, de bandidos, y de todo eso con lo que tienen que cargar las guerrillas cuando aparecen.

Era necesario dar un golpe que fuera lo suficientemente espectacular para que no se sostuvieran las tesis que manejan el gobierno y los medios en contra nuestra. Por eso se decide que el ataque sea en las ciudades. No empezar combatiendo como las guerrillas tradicionales, con pequeños golpes en algunos lados a columnas móviles o pequeñas guarniciones, sino ir sobre las ciudades para inmediatamente dar a conocer el movimiento, sus características y su fundamento social.

Se planea empezar con Altamirano, Margaritas, Ocosingo, San Cristóbal de las Casas, y continuar con Oxchuc, Chanal, Huixtán y Comitán. Tres de estos últimos se consiguen: Chanal, Huixtán y Oxchuc y el de Comitán no alcanza a realizarse porque el ataque en todos lados no empieza simultáneamente, sino con horas de diferencia, lo que permite que el enemigo alcance a reaccionar en sus cuarteles-base, en estos casos los de Rancho Nuevo y Comitán, y los periféricos: Tuxtla Gutiérrez, Tapachula, Tonalá, Villahermosa y Tenosique, el cerco externo, como le decimos nosotros.

Con el pensamiento básico de la propaganda armada se decide la estrategia del primero de enero, es decir, no es en términos militares que se decide, sino en términos de propaganda.

La estrategia estaba pensada para el 31 de diciembre a las cero horas, pero se da hasta el primero de enero. No alcanzamos a salir a tiempo. Había unidades que estaban muy retiradas de los puntos de reunión y no llegaron a tiempo el día 31 para iniciar los ataques. Esto ya es parte de los errores. Los ataques en Altamirano y Ocosingo empiezan hasta las seis de la mañana. El primer ataque que se da y el primero que tiene éxito es el de San Cristóbal, a la una de la mañana; después el de Las Margaritas, a las tres de la mañana; luego el de Altamirano, a las siete de la mañana; y el último el de Ocosingo, hasta las tres de la tarde del día primero. En parte de ese día caen Chanal y Oxchuc; y en la madrugada del 2 de enero cae Huixtán. Esa madrugada ya tenemos siete cabeceras municipales en nuestras manos.

¿Cuál es el despliegue militar, en qué consistió?

No es despliegue, es la maniobra estratégica. Las maniobras militares son, agrosso modo, de dos tipos: las de dispersión o dislocación, que quiere decir que te repartes en el terreno; y las de concentración, que es cuando juntas fuerza en un lado para dirigirla en una dirección. En este caso fue una maniobra de concentración de fuerzas sobre los puntos de ataque, y después de despliegue.

En el caso de las maniobras de concentración, el problema es que tienes tropa dispersa, porque tu base combatiente es la misma población, su asiento natural no es un cuartel, como el ejército federal, sino su mismo poblado, por lo que para poder tener masa, cantidad de tropa, pues necesitas concentrarla, y para eso necesitas moverla. Y como es el golpe inicial, se necesita hacerlo en secreto. Tienes que cuidar el paso por fincas, por carreteras, y llegar a un punto, concentrar tropa y tratar de moverla con vehículos hacia los puntos de ataque, en este caso a Ocosingo, San Cristóbal, Altamirano y Las Margaritas.

Después de que las concentraciones se dan con disparidad de tiempo, cosa que no estaba en el plan, por supuesto, aunque era una variable que habíamos tomado en cuenta, se dan los ataques, tienen éxito, y luego se da el despliegue de fuerzas para juntarlas otra vez sobre puntos más fuertes, en este caso los cuarteles de Comitán y de Rancho Nuevo. Otra parte de la fuerza se repliega, es decir, se retira a controlar el territorio del que se salió, la plataforma de despegue, en este caso la Selva Lacandona. De la fuerza que atacó Ocosingo, una parte pequeña de la tropa se queda ahí, es la que queda cercada; y la mayor parte de la tropa se regresa a controlar este territorio, que es el nosotros teníamos previsto que si había fracaso en las otras ofensivas, tendríamos que replegarnos para acá.

Se da el despliegue de las fuerzas y empiezan a marchas dos columnas sobre el cuartel de Rancho Nuevo y, ya fuera de tiempo, otra columna sobre Comitán, cuyo ataque tendría que haber sido simultáneo.

Llegan dispares las columnas en Rancho Nuevo. Una está a tiempo y la otra llega después, por lo que no se logra concentrar la fuerza. Hay una patrulla que se adelanta imprudentemente (por el mando que la envía) y choca con el ejército. Ahí perdemos a 14 compañeros, y se desorganiza esa columna, pierden el control los grupos de mando, y empieza una retirada muy desordenada. Otra columna se queda en las montañas del sur de San Cristóbal esperando órdenes, en este caso teníamos que hostigar el cuartel de Rancho Nuevo, para dar tiempo a la tropa que había quedado dispersa a que se retirara en orden para que no la persiguieran; ya había empezado el cerco sobre Ocosingo y teníamos también que aflojar ahí. Entonces, los días 3, 4, 5 y 6 estuvimos peleando en las inmediaciones del cuartel de Rancho Nuevo con ese objetivo, es decir, ya no tratábamos de tomarlo, sino de fijar a la tropa ahí para que no desplegara.

Cuando Ocosingo cae en las manos del ejército federal, nos retiramos de Altamirano y de Las Margaritas, de acuerdo al plan. Y también la columna que estaba fijando el cuartel de Rancho Nuevo. Todos esos días son de repliegue, hasta que se da el cese al fuego.

¿Entraron a Rancho Nuevo?

No. Es mentira eso de que entramos y que agarramos a no sé quién.

¿Estaba contemplado?

Sí, pero falló la llegada de las columnas. Con una maniobra de pinzas se iba a atacar por dos extremos.

¿Y en conjunto cuales fueron los errores? Mencionaste ya el de Ocosingo, Altamirano, el de la patrulla. ¿Qué fue lo que pasó?

Bueno, la tardanza en el inicio de los ataques en Altamirano y Ocosingo no es un error. En términos militares manda el general clima y el coronel terreno. Tú puedes hacer planes maravillosos, pero el clima es quien te va a permitir hacerlo, y el terreno te va a obligar a hacerlos de una u otra forma. Los verdaderos generales de la guerra son esos, el tiempo y el terreno. En este caso el tiempo jugó en contra nuestra en Altamirano y Ocosingo. Había que sacar tropa de muy atrás, el camino estaba muy malo….todo eso que ves, ahí por donde entraste, todo lleno de lodo. Los vehículos se atascaban y como era mucho trasiego se jodió más el camino. Otra tropa de plano tuvo que irse caminando, diez, doce horas, para llegar a los puntos de recolección ya en la carretera buena. Entonces lo que pasó no es un error del mando.

¿Y errores estratégicos?

Ninguno, tácticos sí. Entre los errores tácticos es que la tropa que estaba en Ocosingo cede los accesos y se encierra en el mercado. Es un terreno que no manejamos. Es decir, tú no puedes llevar a la tropa a pelear donde no sabe pelear, pues la pones en desventaja. Para un ejército popular, que no está bien armado, tienes que llevarlo a pelear en ventaja, cuando estás seguro de que vas a ganar. En Ocosingo, el oficial al mando se encierra en la zona del mercado, y aunque tenían órdenes de retirarse inmediatamente después de que chocaran con el ejército, no lo hacen, se mantienen y luego los cercan, por lo que tienen que combatir en una terreno que no les tocaba, en donde además implicas a la población civil, que es algo que no debes hacer. Esto fue un error táctico. Y los errores tácticos en las guerras se pagan con muertes, los estratégicos con muertes y con retrocesos gigantescos, no sólo la gente que se te muere, sino además la forma en la que queda tu ejército o tu organización para hacer lo que sigue, lo que tienes planeado, lo que puedes hacer después.

¿Otros errores?

No, pues fueron pequeños, sin consecuencias. Órdenes incumplidas, como que no se destruyeran los palacios municipales hasta que se hubieran abandonados. Hubo varios que fueron destruidos a la entrada en lugar de a la salida. Pero esto es comprensible, porque para los compañeros significan el centro del oprobio, donde vive el gobierno que tanto los despreció, humilló y maltrató. Por eso es comprensible que no se pudieran controlar, pero no deja de ser un problema en un ejército que no se pueda controlar en determinado momento a la tropa. Pero eso no tuvo consecuencias. Ocosingo sí.

¿Hubo después un Tribunal de Guerra donde se evaluaron estos errores? ¿A qué se llegó? ¿Para qué fue el Tribunal?

Los Tribunales de Guerra se conforman bajo determinadas circunstancias, es decir, no existen más que para un caso concreto. Uno fue el de Absalón Castellanos, lo que se iba a hacer con él, sabiendo que había que juzgarlo. Y los demás fueron de indisciplinas o faltas a los reglamentos que hubo en los combates, o lo que pasó después, como indicaciones que dieron los mandos y no se cumplieron, o que ya estaban de por sí en las leyes y no fueron cumplidas. Por ejemplo, está prohibido que los militares cobren impuesto de guerra, pues tiene que hacerlo una autoridad civil del poblado o de la región, y hubo oficiales que estuvieron cobrando impuestos de guerra. Tres. Claro, lo entregaban al poblado, pero como quiera no les tocaba eso. Lo tienes que señalar porque si dejas el precedente luego lo pueden seguir haciendo y se puede colar la corrupción o el bandidaje, es decir, que tengas un ejército en el que una parte se convierte en una gavilla de bandidos que luego se dedique a robar, en este caso bajo la bandera zapatista. Por eso se tenían que señalar y sancionar estas conductas.

¿Y el armamento de dónde viene?

Armas viejas, pedaceadas, algunas que se consiguieron ya rotas, descompuestas, de la Segunda Guerra Mundial, fueron reconstruidas por compañeros del servicio de materiales de guerra, los armeros. Ellos agarraban la pieza y con manuales y diagramas fueron probando la forma de acomodarlas, hasta que quedaban listas. Y así arreglaban otra y otra. El principal trabajo de ese servicio era arreglar armas viejas que estaban descompuestas, rifles 22, chimbas, escopetas de taco que ya tenían mucho tiempo en los poblados y que las tenían los compañeros en los poblados.

¿Y también las demás armas las perfeccionan? ¿Las modifican?

Ahí lo que hacíamos era convertir armas semiautomáticas en automáticas, de ráfaga. O se les hacen arreglos para francotirador, o para lanzar granadas. Estos son arreglos más fáciles.

¿Y todo esto cómo lo aprendieron?

Es la misma historia que no crees tú ni nadie, que es la de los manuales. La vieja técnica del método del ensayo y el error. Se hace una pieza, se prueba, no sirve, se vuelve a hacer y así hasta que queda.

¿Fabrican explosivos?

No. No tenemos material para fabricarlos. Los explosivos que tenemos son los que le quitamos al enemigo en combate. El único explosivo que no es explosivo es la pólvora, que se usa para cohetes y cohetones. Es fácil de hacer, pero no es muy eficaz como explosivo. Hace ruido pero no tiene poder destructivo. No es como la dinamita.

¿Minas?

Las minas sí, con la dinamita que le decomisamos al enemigo. Hacer una mina no es problema, el problema es el explosivo para que truene, para que haga daño, para que chingue un tanque o un camión.

¿Granadas?

Granadas de mano fabricamos algunas. Otras conseguíamos (inertes), que se anulan para que no exploten, las reparábamos y las rellenábamos de pólvora. Y les cambiábamos el mecanismo de acción, no es el stoping que usan las granadas modernas, que se los quitas y automáticamente se encienden, corre un tiempo y explotan. Nosotros las usamos con mecha, así como en las caricaturas, nada más que el cuerpo es de una granada normal, pero el contenido explosivo no es el plástico que usan las granadas, igual su poder destructivo es más limitado.

¿De dónde sale el dinero para comprar todo eso y hacerse un ejército regular?

El despegue sale de los mismos compañeros o gente que colaboraba en las ciudades. Es relativamente barato el inicio del Ejército Zapatista. Quiero decir, éramos pocos hombres y prácticamente lo único que se compró fueron los parques, las balas. Porque las armas se fueron recolectando de varios puntos, armas viejas, carabinas M, rifles 22, armas usadas que había por varios lados. El problema era el parqueo y ahí sí se gastó. Pero el gasto mayor era la alimentación porque no había entonces apoyo de los pueblos, y había que meterla desde la ciudad. Pero como era una unidad pequeña que tendía a ser autosuficiente, tenía que aprender a vivir de la montaña, comer de ella, y cuando se aprendió esa carga económica bajó.

En esa primera etapa se hace el trabajo de sobrevivencia y ahí se resuelve la dependencia de la línea logística, que es cómo se alimenta tu tropa. La línea que viene de la ciudad es muy vulnerable porque la pueden agarrar en un retén o cortar simplemente con un cerco y ya te chingaron. Entonces, cuando puedes resolver que el mismo terreno te de comer, acortas tu línea logística. Un ejército con esa línea corta, es fuerte, uno que la tiene muy larga es débil, porque es muy vulnerable. Cuando nosotros nos adaptamos a la montaña, acortamos la línea, y eso evitó también que fuéramos detectados, pues no hay mucho trasiego de gente, ni de medios, ni de equipos de la ciudad al campo.

Luego se pasa a la etapa política y entonces se amplía la línea logística, que se hace más rica, más grande, y ahí es donde ya es posible ampliar la línea de combatientes, sin recargarse en la línea logística de la ciudad, porque puedes mantenerlo con el mismo apoyo de los pueblos, y lo puedes hacer porque es la misma gente de los pueblos la que se incorpora. Eso es lo más difícil de un ejército, darle de comer y un lugar dónde moverse, vivir pues.

Del lado de los equipos, nosotros ya habíamos probado equipos comerciales que no servían en la montaña, como los que usa el ejército federal o el ejército norteamericano, o el camping, los equipos que usan los exploradores, boy scouts y todos esos…o los periodistas, como esa bota que traes ahí…

La bota es lo más importante de una guerrilla, el calzado, y ese sí no te lo puede dar la montaña, por lo menos en una primera etapa. Tendrías que pasar a la etapa del apoyo de los poblados para curtir piel, y poner a alguien a aprender zapatería y conseguir los materiales. Esto se hace y se manda gente a que aprenda. Sigue siendo pequeña la columna y no se batalla en hacerlos, pues no tienes que conseguir muchos pares, ni de uniformes, en el caso de la costura.

También sabíamos que la ropa que no sirve es la ropa de algodón, se pudre muy rápido. La mezclilla tarda mucho en secarse y no sirve para la montaña. El naylon es más resistente, no se pudre y tarda poco en secarse en un territorio en el que llueve nueve meses al año y los otros tres meses te llueve adentro, porque sudas mucho. Para esto hicimos un taller de costura también en comunidades. Se hacen en varios poblados cuando empiezan a entrar muchos combatientes milicianos e insurgentes. La tela se compra por varios lados, de tal forma que no se detecte que alguien está comprando mucha tela del mismo color. Pero aunque así fuera, como no es una guerrilla actuante, es difícil pensar que eso se está formando.

El naylon, los techos donde vivimos, los compramos en cualquier mercado. Con eso te proteges de la lluvia. Y las hamacas las tejemos nosotros, sólo comprábamos el hilo. Cada uno que llegaba tenía que tener su hamaca.

Es una guerrilla barata.

¿Pero de dónde sale el dinero para comprar todo eso que es barato?

En la primera etapa, como te digo, sale de las colaboraciones de los compañeros que tienen empleo en la ciudad, o familiares de gente que no sabe para qué va el dinero.

¿Y para las armas?

En la segunda etapa, cuando ya entran más compañeros en los poblados, están las armas que de por sí tienen. Y por otra parte las que empiezan a comprar algunos pueblos que pueden hacerlo porque tienen ganado o cafetal en colectivo. Ellos juntaban el dinero, nos lo pasaban a nosotros, y ya alguien de nosotros se encargaba de buscar dónde conseguir esas armas. Es ahí donde se hace el contacto con gente del antinarcotráfico, que son los que daban los golpes a los narcotraficantes y luego revenden las armas. Ahí se consiguieron armas baratas, porque son “negras”, es decir, ya tienen el antecedente de que fueron usadas y nadie las quiere, y por eso bajan de precio. Las armas limpias, que nadie ha usado antes, son más caras. Así se logran conseguir algunas armas de calibres grandes, pero sobre todo parque, que es el coco de cualquier guerrilla. Ahí el problema de las armas no es grande, porque el terreno juega del lado nuestro.

Cuando se da la orden del Comité de que hay que atacar las ciudades, ahí sí tienes un problema porque ya el terreno no juega de tu lado, entonces se hace un trabajo de infiltración e investigación, de inteligencia militar, para ver dónde hay armas. Infiltramos a las guardias blancas de los finqueros y hacemos una especie de retrato hablado de todas las fincas, hasta saber incluso en que cajón están las armas. Esa información la usamos el 31, cuando todos los finqueros estaban en las ciudades celebrando el año nuevo. Fue una operación limpia, rápida, porque ya sabíamos dónde mero buscar, y obtenemos así varios cientos de armas.

Luego, apoyados en la sorpresa del golpe inicial, recuperamos otros cientos de armas ya de calibres del ejército y de la policía.

¿Se arman más entonces prácticamente después del primero de enero?

Sí. Definitivamente. El 31 de diciembre es cuando tenemos potencial de fuego. Antes, no. Sí teníamos armas adecuadas para el terreno en el que estábamos, pero no para lanzar un ataque de tal envergadura. De hecho, los ataques de las ciudades dependían de esa peinada a las fincas.

¿A más de dos meses de la guerra, cuál es el balance que hacen?

A nivel estratégico es una victoria. Es decir, aunque perdimos algunos combates, por ejemplo el de Ocosingo, mantenemos el control de un territorio todavía, a casi tres meses del inicio de la guerra. En inferioridad numérica y de medios, damos a conocer nuestro movimiento, nuestras demandas, su base social, y brincamos todas las acusaciones de narcoguerrilla y la de los extranjeros que ya nadie se la traga, aunque todavía alguien lo suelta por ahí. En ese sentido, el problema se desplaza de quiénes son, a si es bueno o no el camino. Es decir, ya nadie cuestiona las causas que originaron el movimiento. Todos aceptan que hay condiciones sociales muy lacerantes, una situación política muy asfixiante, que hacen hasta cierto punto lógico que pase lo que pasó. Entonces la discusión se desplaza a por qué con las armas, por qué no mejor el diálogo y todo eso. Todo esto le da mucho oxígeno a un movimiento armado, eso te hace brincar etapas donde primero tienes que convencer a la gente de que no eres extranjero, no eres narcotraficante, no perteneces a una facción del gobierno, que sí tienes base popular. Y eso ya te pone frente a otros problemas. Nosotros le jugamos eso, le apostamos a brincar etapas y ponernos de lleno ante la sociedad como interlocutores. La sociedad es la que pregunta entonces quiénes son y qué quieren. En este sentido, creo que lo logramos, que tuvimos un éxito estratégico, sobrevivimos, existimos, aunque nuestras posibilidades militares son muy limitadas, nuestras posibilidades políticas son gigantescas, envidiables, diría yo, para cualquier otro movimiento.

Nuestro análisis político sobre la situación en la que íbamos a estallar se quedó corto. Calculábamos que había descontento y que iba a atraer simpatías el hecho de que alguien se levantara a protestar, pero no a tal grado de lo que ocurrió.

Luego viene la etapa del diálogo, que es la que nos agarra de sorpresa.

El inicio del diálogo con el gobierno y con la sociedad civil

El mismo revuelo que causó la guerra hace que el gobierno busque saber también qué está pasando. No creemos que el gobierno haya querido llegar a un acuerdo de paz, sino saber quiénes éramos y qué pasaba, saber porqué no nos podía acabar como le habían prometido los militares.
Al mismo tiempo, en la sociedad se empieza a generar esa misma expectativa: saber quiénes son, y buena parte de ella pide que se busque otro camino, dice que sí son justas las causas, pero que se busque el camino político; otra parte pide que nos presentemos para saber quiénes somos, para conocernos, para ver si somos lo que decimos que somos o somos otra cosa. Y ahí es donde nosotros decidimos presentarnos al diálogo, sin ninguna esperanza respecto a la respuesta del gobierno, pero queríamos hablarle al país de otra forma y por otros medios.

Y luego viene la etapa posterior al diálogo, donde se polarizan muchas fuerzas que estaban subyacentes hasta antes del diálogo. Parecía que sí había consenso por la paz, y luego se ve que no, que hay sectores de la población que quieren la paz, pero la de antes, no una nueva paz. Se ve que por lo menos una parte del gobierno no está interesado en la salida polítíca, sino sólo en ganar tiempo, en esperar el momento oportuno para una solución militar. Entonces se deteriora mucho el clima político para una solución negociada, y la culminación es el asesinato de Luis Donaldo Colosio.

¿Las cabezas que han caído, la de Elmar Setzer (gobernador del estado), la de Patrocinio González (secretario de Gobernación); la de José Córdoba Montoya (brazo derecho de Salinas de Gortari), forman parte de ese balance?

Tal vez la de Córdoba, pero la de Patrocinio y la de Setzer responden a ajustes de cuentas internos más que a presión nuestra. Patrocinio tenía encima que era el encargado de Gobernación y debería haber sabido lo que estaba pasando, y además fue el gobernador de Chiapas cuando nosotros estábamos creciendo. Por qué no se dio cuenta, o si se dio cuenta por qué no dijo nada y si sí dijo por qué no lo escucharon. Alguien tenía que pagar por eso y le tocó a él. Lo de Setzer, pues fue por sus torpezas, por cómo se manejó al principio del movimiento. Ellos pensaron que para que nosotros nos sentáramos a dialogar había que mandar una señal, en ese caso la de quitar a un gobernador duro.

¿Y la de Córdoba?

Yo pienso que viene del deterioro del ambiente, en el que una parte es lo que hizo el EZLN, pero no todo. Está el propio asesinato de Colosio. Córdoba ya tenía entonces dos errores grandes, el del EZLN, por supuesto, y luego el de Colosio.

La participación del EZLN en esos cambios dentro del gobierno es mínima. Luego dicen “bueno, ya lograron muchas cosas, ya cálmense, tranquilícense”, pero como quiera todo eso que ha pasado no le hado ni democracia, ni libertad ni justicia a este país, que es lo que nosotros queremos.

Nosotros no queremos un cambio de nombres. Si sigue sin haber cambios profundos que propicien una democracia, el ejercicio de la libertad política y como consecuencia el cumplimiento de la justicia, porque si no la cumples pues te quitan y ponen a otro, que es la presión que debe tener cualquier gobernante, pues entonces no hay un cambio. Tienden mucho los periodistas y algunos politólogos a ver en todo esto cambios estructurales, pero nosotros, de veras, no lo vemos así.

¿Cuáles son sus expectativas en estos momentos?

La expectativa de este movimiento es triunfar, lograr que en este país haya democracia, libertad para escoger una u otra forma de gobierno o sistema social o como le llamen ahora, y un equilibrio inicial de los factores sociales y económicos, hasta lograr una justicia real.

El movimiento tiene la perspectiva de, por lo menos una parte, seguir creciendo en la clandestinidad; mientras la otra también se mantiene clandestina pero visible en el sentido de que ahí están, están armados, poseen un territorio, quieren tal cosa y pueden atacar y defenderse. Otra parte, los topos se preparan para cuando nos golpean a nosotros tomar ellos el relevo.

¿Y qué hay en el resto del país?

Algunos puntos sueltos de simpatizantes…La parte que es mero del ejército, sobre la que se fincó el EZ, es muy pequeña, no podemos decir que sea del país, aunque tiene ramificaciones, es muy ralita, como la barba.

Ya después del primero de enero, pues aparecen simpatías por varios lados, pero en el nivel declarativo o en el de ayuda, sin implicarse.

¿No hay organización zapatista en el resto del país?

En el sentido clásico del término, no. Hay como una base de despegue, muy, muy pequeña.

¿Sólo en el centro?

Yo no dije que era en el centro. No, no está en el centro.

La formación del EZLN. Sus primeros pasos

En la formación original del EZLN coinciden dos factores, por un lado un grupo de personas de origen citadino, pequeño, unos diez o doce…Digamos que eran 12, que venían de los fracasos en movimientos pacíficos o legales, consideraban que estaban agotadas las vías para un cambio democrático, gente del 1968, del 1971, de los choques populares de protesta, con la expectativa de que la lucha fuera un camino, entre otros, para cambiar el mundo. No en el sentido de la lucha armada como un todopoderoso, que por sí sola generara un cambio, en ellos no estaba esa concepción. Eso fue hace diez años.

Por otro lado, un grupo indígena, campesino, del sureste de Chiapas, también en el mismo proceso, pero sin preferencia con la lucha armada, sino en el sentido de abrir cauces democráticos ante la imposibilidad de la lucha legal, con condiciones de vida muy pobres y con un sector social integrado por los finqueros, los ganaderos, los terratenientes, muy beligerantes contra ellos, en fin, lo que ahora es Chiapas, lo que ahora ustedes descubren en Altamirano, desde hace muchos años así era.

Estos dos grupos, los de la ciudad y los indígenas, se plantean la necesidad de preparar la lucha armada. Desde el inicio en el primer grupo, el que es citadino, urbano, se maduran las experiencias de las guerrillas de los setentas, la concepción del foco, el balance de guerrilla urbana y de guerrilla rural, el movimiento urbano que crecía con acciones de propaganda y se solventaba económicamente con secuestros, con recuperaciones. Digamos que es la línea muy esquemática, con muchos matices de la experiencia guerrillera de los setentas, muy golpeada por la represión, desmantelada casi en su totalidad.

Este grupo pensaba que no, que la guerrilla no podía nacer de un foco, que era algo que había preparar, que su parte primordial, su columna vertebral, era el apoyo de la población, que no necesariamente se manifestaba en el momento del enfrentamiento armado, sino desde su preparación.

La cuestión económica, el financiamiento de esta guerrilla en esta nueva concepción, no podía venir de acciones de este tipo, que pusieran en riesgo la vida de los compañeros o del personal civil, como los secuestros o asaltos con fines terroristas. Entonces se recurría a la colaboración. Era una organización muy pobre económicamente, se sostenía con lo que cada uno podía aportar, según sus medios o el trabajo en el que estaban como profesionistas, maestros, etcétera.

Confluyen dos necesidades: Por un lado la necesidad de la autodefensa frente a un sector social compuesto por los finqueros y el gobierno estatal y municipal que los favorecía, y que los protege todavía. Y del otro, una nueva concepción guerrillera en México, tan nueva que no se viene a conocer hasta el primero de enero de 1994, porque su novedad estaba en que no supeditaba su aparición al hecho de actuar, sino a que estuviera preparada para hacerlo. La forma de financiamiento fue de tal forma que el aspecto militar correspondiera al aspecto político, es decir, tú crecías tanto como el mismo pueblo te abastecía, no recurrías a otros medios para conseguir apoyo económico, recursos o equipo. Eso hace que esa concepción sea a muy largo plazo, o al plazo que marque su mismo crecimiento político. Y es eso lo que marca la línea militar nuestra, tan antimilitar en ese sentido, donde no se le da tanto peso al aspecto militar, sino al político.

Pues bien, esas dos formas confluyen y se plantean el problema de dónde. Finalmente, si tú quieres preparar un grupo armado, entrenarlo, pues tiene que ser un lugar que reúna ciertas características para no ser detectado, porque tu propósito es justo que no te descubran, lo que quieres es prepararte, no enfrentarte. Entonces el grupo de indígenas campesinos de Chiapas, muy avanzado políticamente, una especie de élite política, dice “vénganse para acá, aquí hay condiciones”. Y es así como entra el primer grupo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en 1983. Ahí dicen, “bueno, nos vamos a alzar y nos vamos a llamar Ejército”, porque la aspiración era a no funcionar como guerrilla sino plantear una estructura de ejército regular, pensando en que la tirada era aglutinar grandes contingentes armados y no grupitos que estuvieran haciendo acciones terroristas. Zapatista, por la expectativa de los compañeros del campo, con todo el problema de la tierra que es muy agudo en el estado. Y de Liberación Nacional porque siempre se planteó que la lucha fuera nacional, y que se articularía con otras fuerzas para un movimiento más amplio, revolucionario.

Así llega el primer grupo a la selva y se empieza a trabajar en el aspecto militar. Hay que estudiar manuales norteamericanos y mexicanos de instrucción militar, primero guerrillera. Agarramos los manuales de contrainsurgencia norteamericanos y luego los mexicanos, que en realidad son sólo una traducción de los primeros. Y empezamos a aprender a vivir en la montaña, a caminar, a cargar, a conocer las rutas, el terreno, los animales, sus huellas, su olor. En fin, toda la lógica dentro de la selva. En la selva de la que te estoy hablando no hay poblados, nadie se mete ahí, ni siquiera los campesinos, porque es muy hostil, muy agresiva. La montaña te hace de nuevo o te avienta para afuera.

Pasaron varios años en los que el grupo que está en la montaña vivía del grupo que estaba en la ciudad, con la ayuda de ese otro grupo de indígenas que es el que apoya en pasar las cosas hasta la montaña, a un lugar en el que nosotros pasábamos a recogerlo.

De cualquier forma nosotros tratamos de no depender del alimento que mandaban de la ciudad, porque sabíamos que en cualquier momento se cortaba. Por eso le dábamos mucho a la cacería y al conocimiento de plantas que hay en la montaña, y así poder balancear un poco la alimentación que teníamos.

Lo que sigue es que el grupo de indígenas empieza a hacer el trabajo político, explicando en los pueblos que en determinado momento se va a necesitar la lucha armada, porque el gobierno no hace caso, y que eventualmente se van a agotar los caminos legales, las vías pacíficas para resolver los problemas. Y en un caldo de cultivo donde los ganaderos y los finqueros son muy agresivos, esta idea empieza a prender, pero todavía muy lento.

La concienciación sobre las condiciones de vida es tan evidente que no necesitas explicar más. En este caso, el trabajo político consistía en explicarles que había que contemplar una forma más de lucha, en este caso la lucha armada. En esos momentos el contacto sigue siendo muy cuidadoso, compartimentado, y así se va creciendo poco a poco, lo que hace que se alargue la vía de abastecimiento, y que sea más fácil meter y sacar cosas, porque más gente colabora. Y empiezan a aparecer colaboraciones espontáneas, nos mandan tostadas, alguna fruta, lo que se da en las casas de los compañeros, y un poco de café. Primero todo esto se mandaba hasta determinado punto, ahí lo dejaban, y sin que ellos supieran quién lo hacía, uno de nosotros bajaba y lo pepenaba, y lo llevábamos a otro lado, a donde estaba nuestro campamento.

La cosa era tan limitada que la tostada la guardábamos para una fiesta, por ejemplo para el 8 de marzo, para el primero de mayo, 20 de noviembre, esos días nos tocaba una tostada a cada uno y tomábamos café también. En ese tiempo los compañeros de los pueblos, que eran pocos aún, querían conocer personalmente a quienes estaban ayudando. Y ahí hay otro cambio respecto a guerrillas anteriores, porque les damos paso a los campamentos, que se supone que es algo que no debe hacer la guerrilla, por seguridad y por otras cosas. Pero ellos llegan a los campamentos y empiezan a pedir instrucción militar, algo muy elemental porque nosotros estábamos más dedicados a aprender a vivir de la montaña y apenas estábamos aprendiendo de los manuales posiciones de tiro y orden cerrado (lo que hace que una unidad militar se mueva como colectivo). Entonces llegan ellos y nos dicen “por qué no me enseñas eso”. Y a partir de ese momento ya no nada más entregan la carga, sino también llegan a aprender. Y como nosotros llevábamos una vida muy intensa, le sacábamos provecho al día porque dependíamos de la luz del sol, en las tardes y en las noches nos sentábamos a platicar, y ahí los que habíamos leído algo pues les platicábamos a los demás. Era un especie de seminario, como dicen ustedes, y a cada quien le tocaba exponer un tema. Y entonces los compañeros empiezan a meterse también en esa dinámica, en esa forma de aprender la política, sobre todo la historia de México.

Ahí se empieza a tejer entre nosotros y ellos una relación muy grande, muy unida, muy difícil de romper.


lunes, 6 de enero de 2014

¿EXISTE LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL?

  
06-01-2014

Relata cierta historia que alguna vez el presidente de Estados Unidos salió a hacer una gira por países amigos… y a la tarde ya estaba de regreso. ¿Hay amigos en política? No, definitivamente no: sólo intereses. 

Si entendemos por política las relaciones de poder, en otros términos, el arte o técnica de gobernar, de mandar, de ejercer ese poder, la solidaridad, el amor y el cariño no entran en su ámbito. Esto último está en el lado de la amistad, de la generosidad, de la entrega desinteresada. El ejercicio del poder no tiene absolutamente nada que ver con eso. Es una pura cuestión de intereses, de cálculo, de dominio de uno sobre otro (dialéctica del Amo y del Esclavo se le llamó).

De ahí, entonces, que la pregunta en torno a si es posible la cooperación entre países nos remite a la dura realidad que intenta ilustrar el chiste con que abrimos el texto: la cooperación internacional es, en definitiva, un mecanismo más de control y sojuzgamiento de las potencias del Norte sobre los empobrecidos y saqueados países del Sur. Si se dan algunas monedas, no es por un sentimiento de culpa; en todo caso eso constituye un mecanismo más al servicio de la dominación (colchones para hacer más tolerable la miseria y que no revienten rebeliones populares, limosnas que sólo sirven para paliar pero que no tocan las verdaderas causas estructurales de las asimetrías). En otros términos: mantenimiento de las injusticias pero con rostro humano. 

Desde inicios de la década de los 60 del siglo pasado, algunos pocos países (las potencias capitalistas del Norte) implementan proyectos comúnmente llamados de “cooperación”. No debe olvidarse que en realidad nacieron –y en muy buena medida siguen siendo eso– como “estrategias contrainsurgentes no militares”. ¿Cooperan con los pobres del Sur? En décadas de estar realizando estos procesos, ningún país pobre dejó de ser tal gracias a esas supuestas ayudas. “En el plano político –decía críticamente Luciano Carrino, funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno italiano, muy buen conocedor de estas cuestiones– la cooperación representa la voluntad de una parte de las poblaciones de los países ricos de luchar contra racismos, la pobreza, la injusticia social y mejorar la calidad de vida y las relaciones internacionales. Una voluntad que los grupos en el poder tratan de voltear en su provecho [pues] la cooperación para el desarrollo humano persigue objetivos oficialmente declarados pero sistemáticamente traicionados (…) Los datos sobre el uso global de los financiamientos de la cooperación parecen demostrar que menos del 7% total de las sumas disponibles es orientado hacia la ayuda a dominios prioritarios del desarrollo humano. El resto sirve para objetivos comerciales y políticos que van en el sentido contrario.” [1] 

El tema, por cierto, es apasionante. Por eso mismo, días atrás lo tocábamos en alguna clase con estudiantes de Ciencias Sociales. Y al respecto uno de mis alumnos consiguió un material que me parece de antología. Es un análisis hiper crítico de la cooperación internacional, realizado a través de un caso puntual pero válido para toda la cooperación en su conjunto. Creo que lo mejor es leerlo íntegro abajo y dejar que el lector saque sus conclusiones.

Nota
[1] Luciano Carrino. “Salud Mental Comunitaria: nuevos enfoques”. Roma, 1991.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


UNESCO - GUATEMALA: UNA DENUNCIA MÁS SOBRE LA MAL LLAMADA "COOPERACIÓN INTERNACIONAL"
Por Zoila Paganinni* - Guatemala, 11 de enero de 2006

Luego de seis años de trabajo, y habiendo terminado de cerrarse, es buen momento para detenerse a hacer un balance de lo logrado por el Proyecto Cultura de Paz que desarrolló la UNESCO, con fondos de la Cooperación Italiana, desde el año 2000 hasta fines del 2005.

¿Qué se logró en relación a la cultura de paz en Guatemala con todo este esfuerzo?

No mucho, casi nada. Pero el coordinador, Roberto Bonini, logró un nuevo proyecto para el año 2006, que por supuesto le asegura trabajo por un par de años màs. Ese podría ser el balance más importante.

Triste, ¿no? Pero es la cruda realidad.

Como tantas veces pasa con estos proyectos de ¿cooperación?, el único beneficiado es el donante. Por supuesto que oficialmente eso no se va a aceptar jamás. Por el contrario, se presentan las cosas como un gran éxito, como un gran aporte. Por supuesto que en el informe final (para el que se gastaron miles de dólares, bien presentadito, con un hermoso power point para mostrar el día del show final en el Palacio Nacional -no puede faltar la palomita de la paz, por supuesto-, con invitaciones a ministros, autoridades "importantes", prensa, y por supuesto algún traje típico bien visible -eso tampoco puede faltar, es políticamente correcto-) por supuesto, decíamos, no se va a decir que todo el esfuerzo de varios años está dirigido a seguir teniendo chance. Pero esa es la realidad, así de simple, a lo macho. (Dicho sea de paso, esos aburridos shows no convencen a nadie: para muestra, en el recién realizado en diciembre como cierre de todo el Proyecto fue muchí­simo menos gente de la esperada, a punto que sobraron innumerables botellas de vino que finalmente se terminaron repartiendo entre el personal del Proyecto en el convivio navideño).

¿Importa de verdad el trabajo con pueblos mayas ? No, en absoluto. Pero no puede faltar un toque maya (una guarda, el fondo de algún tejido típico) en cada publicación, en el trifoliar de presentación, en el informe final. "Queda muy bien" mostrar la honda preocupación por los pueblos mayas a través de un bordado escaneado y puesto en la portada de un libro. O haciendo que los números de página sean mayas. Más aún si ese libro se va a ver en Roma, o en París. Pero, seamos francos, ¿qué aportó de verdad este proyecto a la lucha frontal contra la discriminación racial? Nada, nada de nada. A lo sumo se apoyó cofinanciando un par de libros de una organización medio indigenista (más intelectual que indígena), y con la cual el coordinador Roberto Bonini quedó peleado (como, dicho sea de paso, quedó peleado con medio mundo). Fuera de haber apoyado esta iniciativa intelectualoide, sin gran peso poítico real, ¿qué cosa se hizo en relación al tema étnico? ¿La publicación de afiches sobre los pueblos indígenas? Es preciso mencionar que muchos de esos miles de afiches, más de la mitad -concebidos como para niños de parvulitos, valga aclarar-, por mucho tiempo apilados en una bodega, finalmente debió ser regalada a las contrapartes para no terminar transformándose en comida de las cucarachas. ¿Ese fue el aporte para acabar con el racismo? Un poco triste, ¿no? Pero en el informe final se habla de logros en este campo, por supuesto. Cosa simpática: la encargada del trabajo étnico fue, en los últimos años, no una persona maya sino una iraní (amiga íntima del coordinador Roberto Bonini. ¿Tráfico de influencias?)

¿Y qué se aportó de verdad en el tema de género ? Si bien el proyecto y todos sus lujosos informes se llenaron la boca hablando del trabajo a favor de la equidad de género, la verdad, la pura verdad pelada es que no se hizo ni mierda en este campo. Tanto el coordinador general Roberto Bonini -el único que tomaba decisiones en la oficina- como los coordinadores educativos, fueron siempre varones, machos. Las mujeres en el Proyecto, como sucede tantas veces en estos programas cosméticos, no pasan de secretarias, o contadoras, (o por supuesto, la "cholera", aunque esa palabra jamás se va a usar), siempre supeditadas a hacer lo que dice el varoncito jefe (en un sentido, más allá de las declaraciones formales, todas las mujeres fueron "choleras" en el Proyecto). Dicho sea de paso, hablando hasta el hartazgo de estas cuestiones de género, el coordinador Roberto Bonini, casado en Guatemala, no tuvo inconvenientes en dejar embarazada a una joven en México, y luego desentenderse. ¿Dónde está la equidad de género? Y que no se intente explicar esto por su frustrada paternidad, dado que su pareja chapina no le da hijos. .¡El machismo es el machismo, y punto! Y seamos sinceros: en 6 años de proyecto ni siquiera se planteó en serio en algún momento entrarle a este tema, más allá de la declaración.

Si uno intenta ver en qué se incidió de verdad en estos temas de género y de la discriminación étnica, en qué forma se incidió sobre políticas públicas, el balance para el Proyecto Cultura de Paz es triste. Fuera de alguna publicación -bien presentada, eso sí; bonita, a colores- el impacto real en estos temas fue nulo. Para decirlo rápidamente: este fue un Proyecto pensado, hecho y desarrollado siempre en la capital, en una oficina de la capital, tras una computadora, más pendiente de Roma (quien financiaba) o París (donde está la oficina central de UNESCO en la que el coordinador se desviví ­a por conseguir un nombramiento que nunca se le dio), que del terreno de Guatemala donde están los problemas reales. ¿Cuántas veces el personal del Proyecto fue al campo? ¿Con cuántos indígenas de verdad se trabajó? Y si se lo hizo, ¿se fue más allá de la foto? Y lo mismo podría preguntarse para el caso de las mujeres.

Si intentamos hacer un balance objetivo, crítico, veraz de todo lo que se trabajó en estos años, vemos que el Proyecto buscó siempre -antes que nada- lo "políticamente correcto", lo neutro ..... y las cámaras de televisión. Ha sido, es y seguramente seguirá siendo una obsesión de su coordinador, Roberto Bonini, el tema de la visibilidad. Para él, y por tanto para el Proyecto, lo más importante, lo que realmente contaba, era que se viera. Y que se viera bien (.¡Véase al respecto lo que fue el show de cierre con cambio de la rosa!). Cuando se hablaba de impacto nunca se pensaba en la incidencia real sobre el tejido social guatemalteco. Por el contrario -esto, seguramente, es producto de la historia misma del Proyecto y de quien le dio su aliento original: la santa iglesia católica apostólica romana, tan conocedora de montajes mediáticos- la importancia siempre estuvo concebida como rédito político, como rédito de cúpulas políticas. Es decir; de rédito para el donante, por supuesto. El Proyecto fue un esfuerzo de la comunidad católica de Sant'Egidio, avanzada social del Vaticano que desarrolló todo lo concerniente a cultura de paz montándose en el pretendido final de las ideologías que trajo el derrumbe del muro de Berlín, y siempre su actitud fue de jalar agua para el molino de los intereses de la alta política vaticana. Incluso el propio coordinador Roberto Bonini se sentía un diplomático de la Santa Sede. En realidad, para eso trabajó; las acciones concretas eran una excusa no más.

Eso explica el tan poco, o ningún compromiso con la gente popular, con la gente que ha vivido y sigue viviendo la violencia en Guatemala. El Proyecto se concibió como un gesto político, para reforzar la agenda de no-violencia preconizada por el Vaticano (la misma institución que, en medio de una tremenda pandemia de VIH-SIDA llama a no usar condón. ¿inconcebible, no?). Gesto político típicamente cupular, dejando de lado a la gente común, dando recomendaciones y regañando. Eso explica, también, el perfil del Proyecto. Un Proyecto que se limitó a decir "lo que se debe hacer", lo políticamente correcto, pero que nunca hizo nada de nada (más allá de la capacidad de su personal, entre el que hubo gente realmente muy capaz, algunos de proyección internacional inclusive, pero siempre atados de pie y manos por las decisiones superiores).

Esa actitud vertical, autoritaria, típica de la jerarquía vaticana, y acentuada por la personalidad del coordinador Roberto Bonini (quien, insistimos, terminó peleado con medio mundo: empleados y contrapartes; con muchos llegando al colmo de no dirigirse la palabra. ¿cultura de paz?, ¿pero dónde pisados?), esa actitud de soberbia, de arrogancia -decíamos- explica el por qué del tan poco, o nulo, impacto del Proyecto. No se trabajó para el impacto de verdad sino para la foto, y para el próximo chance.

Y ya que mencionamos la personalidad del coordinador Roberto Bonini, podríamos detenernos un instante en eso, con lo cual se entenderá más de la dinámica de todo el Proyecto.

Gris profesor de religión en su ciudad natal en Italia, modesto clase media que vivía endeudado, hijo de un primermundista que cuando quebró su empresa marchó a ganarse la vida en Latinoamérica -y heredero, por tanto, de esa "preocupación" por los pobres- separado de su primera esposa (se ve que es muy difícil aguantarlo, de verdad que sí), en Guatemala se siente en un pedestal. No por nada se hace llamar siempre "doctor" (y, por cierto, no lo es). Como tantos europeos (no todos, pero sí muchos) vino al Tercer Mundo con una actitud asquerosa, sintiéndose superior, mirando desde arriba a los "inditos", enseñándoles a vivir en democracia a estos bárbaros (mientras siguen teniendo colonias vergonzosas, o manteniendo reyes en su "culto" continente al mismo tiempo que les cobran la deuda externa a los pobres del Sur). De hecho, la mujer guatemalteca que se buscó aquí es una canche europeizada, rubia y de ojos celestes, hija de diplomático, que habla mejor el inglés que el español.

Pues bien: este doctor Bonini lo único que hizo en sus seis años de Proyecto es hacer en la práctica exactamente lo contrario de lo que dicen los hermosos documentos que manda a Roma y a París. Petulante, intratable, nada democrático, autoritario como patrón de finca, los empleados del Proyecto preferían evitarlo (hizo llorar a todas las secretarias con sus exigencias y manías, y con todos los consultores y consultoras terminó peleado), a todo le encontraba objeciones, siempre criticando todo, pero nunca movía un dedo para hacer nada, desde servirse el café hasta los poquísimos discursos que dio en estos seis años (se los hacía escribir). En otros términos: el Proyecto y su coordinador se la pasaron hablando de cultura de paz, mientras lo único que hacía era asegurarse su sueldazo de 5,500 euros, los viáticos (también los cobraba por la comunidad de Sant'Egidio), colocar a sus allegados en algunos puestos (a su mujer en una consultoría de $ 2,000 para el próximo proyecto 2006, a su amiga iraní en un puesto sin llamado a concurso, a su cuñado como traductor antes que se instalara en Londres, al esposo de esta consultora iraní en una consultoría en la Embajada Italiana.

¿eso es la cultura de paz?, ¿el tráfico de influencias?), y hacerse llevar en carro de aquí para allá por el chofer (y a veces también a su esposa). Pero de trabajar en serio, de ir a las comunidades, de conocer de cerca el problema de la violencia juvenil, de platicar y hacer algo concreto con víctimas de la violencia, con viudas, con torturados por el ejército, de ir alguna vez al campo, de ensuciarse los zapatos con lodo y transpirar caminando en los barrios pobres donde está la violencia, de meterse a trabajar con las maras o de ir a una prisión: ni mierda . Ni tampoco de escribir, de manejar un taller, de romperse el alma trabajando de verdad y no sentado ante la computadora leyendo los diarios italianos (¿o mirando pornografía?). Llegaba a las 9 de la mañana y se iba a las 4.30 de la tarde. ¿Eso es la cultura de paz? Bueno. es una vida "pacífica", sin dudas. De ahí su buena cirimba.

No puede explicarse el éxito o el fracaso de un proyecto por la personalidad de su jefe; pero sin dudas eso cuenta. Para el caso, el referido "doctor" Bonini es un tipo que anda por el lado de la paranoia: viendo enemigos por todos lados, desconfiando siempre de todo y de todos y todas, construyéndose enemigos, peleando contra molinos de viento.

Por cierto eso influyó en la marcha del proyecto: es decir, hizo que fuera absolutamente intrascendente como aporte real a la paz. ¿Cómo puede haber terminado peleado con todo el mundo? ¿Y la cultura de paz? Este "pacifista" no tiene amigos personales, ni uno. Al contrario: son muchos lo que no pueden verlo. ¿Curioso, verdad? Y hablando de paz.

Está claro que no importaba lo que se hacía. Si no, no hubiera sido posible, si realmente había un compromiso con los derechos humanos, con la mínima decencia, no hubiera sido posible hacer la jugada sucia que se hizo para recuperarle a la empresa de seguros el carro que le eviaron al Proyecto a principios del 2005. Hablando hasta el hartazgo de no violencia, etc., etc., se mintió descaradamente ante la aseguradora para poder recuperar el vehículo. Claro que "ladrón que roba a un ladrón tiene cien años de perdón"; pero eso de ningún modo puede justificar el proceder mafioso del Proyecto (la administradora se vio forzada a hacerlo, por órdenes del capo Bonini), no puede justificar la mentira, el engaño. ¿Y dónde pisados están los principios de la cultura de paz? ¿Y el Manifiesto 2000 que habla de solidaridad, etc., etc.?

Lo más importante que se hizo en estos años fueron unos cuantos murales. Y se hicieron, fundamentalmente, porque la directora de la Cooperación Italiana -sobrina de un diputado de la Democracia Cristiana en Italia y persona ligada a la iglesia igual que el coordinador Roberto Bonini- vio en ello algo bonito, presentable en Roma. Fue por eso que, con oportunismo político, el coordinador decidió, sin tenerlos previamente programados, entrarle duro al tema de estos murales. .¡Hasta uno en Tegucigalpa, Honduras, se hizo! Lo que se gastó en estas pinturas (bonitas sin dudas, pero totalmente cuestionables como aporte real a un proceso genuino de trabajo de base por la paz), más todas las publicaciones y películas conexas que se hicieron, fue como una tercera parte del presupuesto de todo el Proyecto. Y en realidad eso fue puro oportunismo político. Los murales son algo neutro, bien vendible, mostrable (se hicieron tres libros al respecto, y un video que se pasó como cuatro veces por televisión); algo que se puede exhibir como aporte al país. Aunque, siendo objetivos y sinceros, ¿qué aportan para la paz? Aportan, sin duda, buena imagen en Roma, o en París. Pero en Guatemala, no mucho. Uno de ellos no se pudo inaugurar oficialmente con la gente "importante" que se acostumbraba invitar para esos actos, por la violencia local que lo impidió. ¿Dónde está el aporte a la paz? Pero por supuesto se hizo un libro sobre todo esto, mostrando los "logros".

En definitiva: terminado este proyecto sin pena ni gloria lo único que queda como resultado es que para el 2006/2007 el coordinador ya tiene trabajo asegurado con un nuevo proyecto que continúa la línea de "la paz y la reconciliación". Ahora trabajando de lleno con el gobierno, sin siquiera hablar de organizaciones populares. Valga aclarar que durante todo el año 2005 se dedicó a gestionar este proyecto, pensando sólo en él (bueno, y en su esposa), y dejando desamparado a todo el equipo de trabajo al que ni siquiera le comentó de esta nueva perspectiva. En la única persona que pensó fue en su amiga iraní, la que hizo entrar por puro cuello, pero que finalmente lo defraudó, puesto que se fue a Canadá.

Como conclusión puede decirse entonces que el Proyecto Cultura de Paz no deja nada sustancioso, sostenible. No incidió para nada ni en organizaciones de base, ni en políticas públicas sostenibles que de verdad cambien la situación de violencia que vive el país. Porque no hay que engañarse: la violencia en Guatemala sigue en niveles espantosos, con pobreza extrema, racismo, machismo, delincuencia desbocada, impunidad. Lo único que hizo fue catapultar al coordinador Roberto Bonini ya no a la UNESCO (esto no le salió bien, hay que reconocerlo) pero sí a mejores posiciones dentro de la Cooperación Italiana. La casa que se compró en Antigua, más la que sigue pagando en Roma, Italia, hablan de ello. Así como el carro nuevito que se compró, que chocó manejando solito en el parqueo de la oficina por falta de reflejos (¿estará demasiado gordo?, ¿será demasiado tonto?).

Para terminar, y no es un puro dato anecdótico sino que marca la actitud de respeto -o de falta de respeto, mejor dicho- hacia la gente, es que el coordinador Roberto Bonini, como tantos europeos, sigue en estas tierras tropicales con su tradicional costumbre de bañarse poco. Pero, claro: el olor a chilaca lo tenían que soportar sus empleados.

¿Eso es la cultura de paz? ¿Usar los mismos calcetines tres días seguidos? Y esto no es un mínimo detalle: marca toda una actitud, un proyecto de vida. Lo que menos interesa, lo que menos importa es el otro concreto, el que se tiene enfrente. Toda la intervención es pura cosmética, y si uno ve la actitud del coordinador, ve que se pasa por la raja del culo a la gente. Si no, no podría holer así. ¿Puede un italiano orgánico al Vaticano, alguien que desprecia viajar en transporte público (jamás, jamás, jamás en su vida se subió a una camioneta en Guatemala), que le da vasca la comida típica del país, que jamás le daría un beso pasional a una "indita" (más bien sentiría asco por eso), un tipo que lo único que le preocupa es si a cada actividad que organizaba el Proyecto iba a llegar gente "importante" y si iba a haber medios de prensa, puede alguien así trabajar genuinamente por la paz en la post guerra de un país tan sufrido como Guatemala? Si vemos la experiencia del presente Proyecto Cultura de Paz y el papel de su coordinador Roberto Bonini, la respuesta es NO. ¡DEFINITIVAMENTE NO!

Entonces: ¿para qué se hacen estos programas?

*Seudonimo
Fuente: enviado a la redacción de albedrio.org por medio del correo electrónico. Dirección original desde donde está siendo difundido a la red: pazguaunesco@intelnett.com