viernes, 2 de marzo de 2018

HOMENAJE A LOS OCHENTA Y OCHO (88) AÑOS DE CREACIÓN DE LA CONTRALORIA GENERAL Y EL RECUERDO A MIGUEL ANGEL CUSSIANOVICH, PRIMER CONTRALOR CONSTITUCIONAL


Estimados amigos:
En los últimos días del mes de febrero de 1930 se dio la ley de creación de la contraloría general de la república firmada por Augusto B, Leguía, que ratificó el decreto supremo de 1929; la CG hoy cumple 88 años de su existencia.
En su recorrido ha tenido momentos oscuros y luminosos, en dirección a que la CG sea la institución autónoma más importante de todas las instituciones no ministeriales, cuyos objetivos no solo han sido la fiscalización de los recursos del Estado; sino que, a través de la cuenta general de la república y de las evaluaciones trimestrales marca la situación presupuestal/financiera (gastos e inversiones) ordenadas contablemente más el control de resultados de lo que de manera tangible realiza el Estado en el corto y mediano plazo.
Esto último, a pesar de tantas décadas no tiene un orden secuencial y codificado que establezca con meridiana exactitud los logros de lo que hacen las entidades públicas; asimismo, al producirse los hallazgos relacionados con el control, se hace importante apreciar el desempeño de los funcionarios responsables de las gestiones administrativas y de inversión, sobre si han cumplido o en cambio se han presentado desmanejos e irregularidades, que motivaran sanciones administras o denuncias a la fiscalía y al poder judicial.
Es importante exponer una breve historia de la contraloría general peruana. Se puede señalar que ha tenido dos etapas, la de 1930 a 1992, la que se distinguió por perfilar el concepto y la acción de la supervigilancia, este objetivo no se logró de inmediato. A los pocos años de creada la CG se hizo presente la misión Kemmerer, la que trabajó por encargo de la academia universitaria y el gobierno de los EE.UU. respectivamente; la misión propuso en el proyecto de ley de reorganización de la CG, lamentablemente el proyecto no fue sancionado, aun cuando se observara que el mencionado proyecto señalaba perspectivas y atributos que sirvieran en camino al proceso de modernización de la contraloría general.
El olvido del proyecto de la misión Kemmerer correlativamente condujo que después de treinta y cuatro años se sancionara la ley del presupuesto funcional de la república (enero de 1964) en que se le concedió al ente contralor autonomía funcional y con objetivos destinados a la evaluación presupuestal, tanto en el aspecto contable/financiero como por primera vez del cumplimiento de las metas tangibles que permitieran objetivamente medir lo realizado o de lo no se pudo efectuar en los plazos programados.  
Sin embargo, el capítulo VIII dedicado a la CG que formaba parte de la mencionada ley de 1964  apuntaba al presupuesto por programas, cuyo destino era registrar los avances operativos y los técnico/administrativos, pero no tuvo la acogida del caso. La desatención en especial de la alta burocracia del ministerio de hacienda y de la propia contraloría no haría posible poner a punto sus funciones en la acción contralora, a pesar del tiempo transcurrido de 34 años, todavía se reflejaba las carencias no solo en el nivel de la toma de decisiones, como para optar por la reorganización; sino implícitamente no existía personal multiprofesional que reclamaba el quehacer del control público.   
Es decir, los directivos del ministerio de hacienda y comercio no tenían la  disposición por la independencia de la contraloría, y mantendría secuestrada a  la institución contralora, prolongando esta dependencia hasta inicios de la década del setenta. En esos años las reparticiones públicas estaba en manos de los diletantes, no había personal técnico/administrativo y profesional suficiente. Los contralores no todos eran profesionales sean de la especialidad contable o abogados dedicados a laborar en la administración pública.
En 1971 el gobierno militar dispuso la reorganización de la CG en condiciones de ser un órgano autónomo y con un sentido moderno del control público que tuviera el objetivo de la supervigilancia tanto en la fiscalización de los recursos del erario, como del control de resultados.
Esto último representaría que la CG se convirtiera en el Órgano Superior de Control, pues solo la contraloría y su sistema nacional de control, por crear asumirían la responsabilidad de ser una organización de control autónoma. Así, el decreto ley 19039 de noviembre de 1972 consagró todo lo mencionado y a la vez señaló los requisitos para ser contralor general; de los procedimientos de determinación de responsabilidades (PDR); y correlativamente todo lo que significaba las sanciones administrativas de control y las denuncias a la fiscalía en caso de indicios razonables de comisión de delitos de quienes ejercían la responsabilidad de la dirección y de ser jefes de los programas presupuestales en los distintos sectores de la administración pública.
Es importante resaltar que la ley 19039 tuvo la misión de recrear la CG, estuvo dirigida por el general de brigada (EP) don Oscar Vargas Prieto y un grupo selecto de asesores militares en el manejo de las instituciones públicas, de los presupuestos por programas y de la ubicación geopolítica del Estado. A la presencia del grupo militar se sumó la nueva generación de profesionales, muchos ya venían trabajando en la contraloría, y fueron quienes formularon  las nuevas disposiciones bajo la dirección del grupo militar que incluía tanto la ley de la Contraloría General y del Sistema nacional de Control y su reglamento.
Así, el nuevo quehacer del control fue iniciado en 1972; en 1980 se sumó la administración civil de la contraloría de acuerdo a las disposiciones que señalaba la nueva Constitución Política de 1979, así fue que el nuevo contralor general presentado por el poder ejecutivo al Senado de la república, él cual designó por votación calificada al Ingeniero Miguel Ángel Cussianovich Valderrama, siendo el primer contralor constitucional. Para quienes conocen las cuestiones de administración institucional y particularmente en relación al tema del accionar de control, consideran que Miguel Cussianovich representó una administración prudente y firme en sus decisiones.
Las excelencias del periodo 1980-1987 estuvieron en que mantuvo las disposiciones de la ley 19039 dictada por el gobierno militar; asimismo, en ese período hubo decisión en desarrollar y continuar con la política del control público abierta en 1972.
La excelencia también estuvo en el sentido de la continuidad institucional, si se cambiaba el personal harían perder el paso de la organización contralora. Cussianovich al no retirar el personal encontrado, porque éste no solo tenía experiencia por los años de su desempeño en la CG; sino que ostentaban formación profesional, ayudó a reestructurar el escalafón institucional señalando perfiles en los cargos y de las promociones, respondiendo a la carrera de control de funcionario y servidor de la institución.  
Lo que mencionamos de lo ocurrido desde 1972, el historiador económico Antonio Zapata, lo califica como “la edad de oro” al periodo 1980-1987 bajo la dirección de un peso pesado como Miguel Ángel Cussianovich.
De acuerdo al diseño constitucional de la Carta de 1979 vendría la designación de la nueva contralora doctora Luz Áurea Sáenz (1987/1994), quien tenía los meritos suficientes al haber sido fiscal. Es importante resaltar que una contraloría autónoma en sus actos y decisiones no solo actúa dentro de planes y programas ajustados a los objetivos institucionales; sino que sólo se puede desarrollar en el país con un Estado de derecho y de respeto a los designios que señala la democracia política liberal, y que después se desarrolle la democracia económica de la república.
Es así que la contraloría general que tuvo dos décadas (1972 a 1992) de un trabajo donde sobresalió la dirección inicial por parte del general Vargas Prieto y que tendría el período culminante de la “edad de oro” bajo la rectoría del Ing. Cussianovich; sin embargo, a pesar de los meritos de la segunda designación de la doctora Luz Aúrea Sáenz en su período hubo injerencia partidaria desde el poder ejecutivo y de la célula parlamentaria aprista, observándose tanto limitaciones funcionales, como los preludios futuros del desborde institucional.
Lamentable, el desborde llegaría y comienza la segunda etapa con el autogolpe del gobierno que presidía Alberto Fujimori. Comenzaría la etapa negra para la institucionalidad contralora. Desde el 5 de abril de 1992 la Contraloría General fue anulada en su autonomía y rebajada en sus funciones e intervenciones hacia las instituciones estatales.
La Constitución Política de 1993 ratificó el reemplazo de la supervigilancia contralora por la supervisión de la legalidad, este disloque administrativo y de su racionalidad, será patente para que la CG no tuviera los procesos de determinación de responsabilidades (PDR), y menos las sanciones directas de los funcionarios y jefes de pliegos y programas que gozarían de impunidad.
Lamentablemente, contrario a la primavera democrática del gobierno de transición constitucional presidido por Valentín Paniagua, sus actos de respetar  la institucionalidad y la vuelta según los casos a una recomposición no tuvo eco; desde el 2001 a la actualidad los cuatro gobiernos elegidos  no han hecho nada por reestructurar la CG, podemos afirmar, para mal se presentaron las olas delictivas en la apropiación de los fondos del erario.
Hubo como se ha dicho puerta abierta, exprofesamente para que los malos funcionarios arrebataran los fondos del erario público. Esta situación en estos últimos veinticinco años tiene la comprobación ya histórica y actual en que se han desarrollado dos olas delictivas: la década del 90 con la corrupción mafiosa de Fujimori/Montesinos/Hermoza; y la segunda promovida por las empresas del Brasil -de cariz geopolítico rapaz- en alianza con la empresas nacionales de la construcción y los sobornados presidentes, altos funcionarios del gobierno central, y de los gobiernos regionales, incluidos algunos gobiernos municipales.
Esperamos que la contraloría con la nueva administración no solo se fortalezca; sino sea posible tener una institución que intervenga dentro de los marcos que señala el moderno quehacer de los Órganos de Control Superior, lo que aún no se han cubierto, se requiere la recomposición institucional, entiéndase reformas constitucionales, reorganización y nuevas disposiciones que devuelvan los fueros de la administración contralora, sin menoscabo del control previo y concurrente.
Sin embargo, se hace necesario que se establezca realizar con metodologías actualizadas las rendiciones de cuentas de orden periódico, trimestral a las cuales se someten a todas las organizaciones públicas sin excepción, y se llegue al balance anual, a través de la cuenta general, para que se produzca el examen en que participen todos los miembros del congreso en la primera legislatura.
Tamaña labor reformadora no será un canto de sirena para los peruanos, sino un himno entonado por la institucionalidad, la excelencia administrativa dentro del marco del Estado de derecho democrático.
Atentamente,

Fernando Arce Meza

CHINA, DISCUSIONES SOBRE CAPITALISMO Y SOCIALISMO (I)





02-03-2018

En los últimos años, el conocido Reino de Centro ha estado muy presente en todos los debates. China cerró 2017 con un crecimiento del 6.9%, un repunte de dos décimas en su crecimiento, tras un periodo de desaceleración en años pasados. Mientras tanto, en Europa, economistas y expertos celebran alcanzar un 2%. No es la única cifra sorprendente que nos deja el país, en los últimos años, unos 68, 53 millones de personas han salido de la pobreza en China según el National Bureau of Statistics (NBS). Eliminar la pobreza extrema es una de las “tres batallas” que la administración se ha marcado para 2020. 

No obstante, hay un pensamiento bastante asentado en el mundo académico y político del carácter capitalista de China. El consenso hegemónico dicta que todos estos progresos se deben a la asunción por parte del país asiático de un capitalismo voraz a partir de 1978. Consenso asumido incluso entre círculos de izquierdas, que se limitan a ventilar el problema rápidamente, “un país capitalista más”. No solo eso, a medida que China sale del subdesarrollo amenaza los intereses de los EE. UU. A medida que China avanza, los EE. UU. comienzan a perder hegemonía. Los norteamericanos siempre han pensado en China como un país poblado por pacíficos campesinos, tal y como dijo un senador de Missouri “Con la ayuda de Dios, levantaremos Shangai más y más hasta colocarla a la altura de Kansas City”. Esta es la idea que se ha transmitido de China, la China del “enriquecerse es glorioso” de Deng Xiaoping y del capitalismo desenfrenado.

La respuesta a ello es un enfático y rotundo no. En China no se ha producido una reforma hacia el capitalismo. Tras un análisis de la estructura económica de este país podremos ver la importancia de dirección del Estado en la economía y de lo alejado que está el consenso hegemónico de la realidad de este país. No es casualidad, la calumnia sobre China no es nueva y en ella convergen derecha e izquierda. La famosa frase “enriquecerse es glorioso” falsamente atribuida a Deng Xiaoping (que nunca dijo ni escribió) producto del historiador Orville Schell es un ejemplo entre muchos. 

La “nueva era” abierta por Xi Jinping tras el XIX Congreso y el socialismo con características chinas deja claro que China sigue siendo una economía dirigida y controlada por el Estado. China se mantiene como un país poco abierto a la inversión extranjera y sin una perspectiva atractiva para las empresas foráneas. A eso hay que añadir los proyectos para impulsar y liderar el sector tecnológico a través sobre todo de sus empresas nacionales como es el caso del “Made in China 2025”.

Es curioso como se tiende a olvidar la importancia de este crecimiento. Una de las luchas que estamos presenciando es la lucha contra la desigualdad a nivel global de China. Lo que ha cambiado es el monopolio de occidente de la división internacional del trabajo que durante años ha condenado a la sumisión a los pueblos no occidentales. La reducción de la brecha tecnológica es un ejemplo del inicio de una independencia y la reducción de la desigualad global no tienen otro significado que la emancipación del país. Como dijo en una entrevista el periodista Rafael Poch, “China es uno de los países mejor gobernados del mundo” debido al nivel ingente de población, los problemas de recursos y su desmesurado tamaño. 

Espero, a través de los datos y el estudio de su realidad económica, hacer ver lo que la izquierda occidental no quiere ver, un cambio estructural a nivel global.

Dirección económica del Estado 

Ya he dicho que la economía China está dirigida y controlada por la acción del estado. ¿Cómo se produce dicha dirección? 

A través del sector público, sobre todo de las empresas estatales (State Owned Enterprises). La imagen popularmente conocida de estas empresas como el último reducto de la etapa socialista en China, viejos dinosaurios de una época pasada, se encuentra muy lejos de la realidad. Estas empresas son la fuerza que conduce los sectores clave de la economía china, las mayores inversiones en infraestructuras y servicios provienen de este sector. Las empresas extrajeras, incluso las más poderosas, no tienen posibilidad de oponerse a las empresas estatales. El economista británico Michael Robert, en su ensayo “ Xi takes full control of China’s future”, hace referencia a un informe de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China, informe realizado por EE. UU. en el que se analiza y aporta información muy útil. En este se dice:

La parte de propiedad y control estatal de la economía china es grande. Basándose en suposiciones razonables, parece que el sector público visible- las empresas estatales y las entidades controladas directamente por las empresas estatales, representan más del 40% del PIB no agrícola de China. Si se consideran las contribuciones de las entidades controladas indirectamente, colectivos urbanos y empresas municipales públicas, la proporción del PIB de propiedad y control del Estado es de aproximadamente el 50%”. Los grandes bancos son propiedad del Estado y sus políticas de crédito y de depósito están dirigidas por el gobierno (para disgusto del Banco Central de China y otros elementos pro-capitalistas). No hay flujo libre de capitales extranjeros dentro y fuera de China. Los controles de capital son impuestos y aplicados y el valor de la moneda se manipula según los objetivos económicos (para gran disgusto del Congreso de Estados Unidos y los fondos de cobertura occidentales).”
 
Es que hay que recordar que el stock de activos públicos que tiene China es de un 150%, muy diferente al resto de economías capitalistas, cuyo stock es menor de un 50%. La propiedad pública en China es claramente dominante, llegando la inversión pública a un 16% en comparación con un 3% de EE. UU. Si tomamos como ejemplo 2016, la inversión estatal creció un 23.5% respecto al pasado año frente a la inversión privada, cuyo crecimiento se desaceleró un 2.3%. 

Si bien el número de empresas de propiedad estatal se ha reducido considerablemente, siguen dominando una serie de sectores (como petróleo y minería, telecomunicaciones, servicios públicos, transporte y diversos sectores industriales); se encuentran protegidas frente a la competencia, se alienta la inversión en el exterior y dominan las listas sobre índices bursátiles en China. Hay un menor número, pero las empresas deficitarias y viejas han sido reformadas y ahora son rentables y productivas.

Un estudio del 2010 encontró que las empresas estatales constituían el 50% de las 500 empresas manufactureras más grandes de China y el 61% de las 500 principales empresas del sector de servicios.

Las SOE´s no solo son actores dominantes en la economía de China, sino que son además sectores grandes para los estándares globales. La lista de Fortune de las 500 empresas más grandes del mundo en 2016 incluye 103 empresas chinas (en comparación con las 29 enumeradas en 2007). De las 62 de las 103 empresas chinas enumeradas, Fortune identificó 75 compañías (73% del total) donde el gobierno poseía el 50% o más de la compañía. Juntas, estas 75 empresas en 2016 generaron $ 7,2 billones en ingresos, tenían activos valorados en $ 20,7 billones y empleaban a 16,2 millones de trabajadores. De las otras 28 firmas chinas en la lista de Fortune 500, varias parecen tener vínculos financieros con el gobierno chino.

Como se puede ver, el consenso hegemónico es fácilmente contrastable a la luz de los datos. Como comentó el Banco Mundial en un informe llamado China 2030, "China se ha convertido en uno de los usuarios más activos del mundo en el uso de políticas y administraciones industriales". El Consejo de Estado de China actualmente cuenta con 150,000 empresas estatales a nivel del gobierno central y local.


Fuente: Capital Accumulation, Private Property and Rising Inequality in China, 1978-2015
Thomas Piketty

Además, mediante los bancos estatales, se ofrecen créditos baratos (privilegiados) que permiten una política expansiva de la producción. Beijing ha usado las empresas estatales para dirigir la economía y alcanzar las metas propuestas por el Estado. No solo hay una predominancia de los activos del Estado, sino que las inversiones se canalizan también hacia el Estado y han aumentado después de 1980. 

Tres cuartas partes de todos los préstamos bancarios se otorgan a empresas estatales. Estos créditos se otorgan en su mayor medida a empresas públicas obligando a las empresas privadas a recaudar dinero fuera del sistema bancario. La planificación principal se realiza a través de préstamos de fondos en vez de asignaciones directas. De esta manera, las empresas tienen un acceso privilegiado al crédito bancario que las privadas no. 

En el trabajo del FMI “2017 Article IV Consultation for the People’s Republic of China”, encontramos un apartado que refleja la conversación entre el FMI y el gobierno chino. 

Las autoridades argumentaron que la productividad de las empresas estatales continúa mejorando las reformas del lado de la oferta y de la propiedad mixta. También señalaron que el rendimiento comercial de las empresas públicas era comparable con la de las empresas privadas, particularmente si se contabilizaban sus importantes responsabilidades. Citando avances significativos en la eliminación del exceso de capacidad, desapalancamiento y gobernanza, señalaron que las ganancias de SOE habían aumentado un 10 por ciento año tras año, mientras que las tasas de apalancamiento había declinado”

A lo que añaden: 

Las empresas estatales eran entidades de mercado independientes y, por lo tanto, recibían el mismo trato que otras entidades del mercado. En la medida en que los bancos optaron por extender el acceso de crédito preferencial a las empresas estatales, esto reflejó la solvencia crediticia de estos prestatarios.”

Además, como el propio Xi ha reconocido en el último Congreso, se debe de continuar con el camino de las reformas, sobre todo en las empresas estatales y a nivel del mercado. Pero, en contra de los deseos de muchos, estas reformas no pondrán en peligro la autoridad del Partido Comunista Chino sobre el sector publico. La pérdida sobre el control de la economía puede suponer una amenaza para el liderazgo del PCCh por lo que, pese a una possible reducción de las empresas estatales, el PCCh no puede prescindir de su propiedad pública, es la base de su estabilidad.

¿Capitalism omnia vincit? 

Ya hemos dicho que en China el capitalismo de mercado no es el modo de producción dominante, la rentabilidad no es la que guía los ciclos económicos en China. Una de las claves fue evitar el desarrollismo aislado, típico de la URSS. Las reformas de 1978 daban cuenta de que era imposible mantenerse fuera del complejo mundo que para 1980, comenzaba a tener un fuerte componente internacionalizado. Esto no se debe de confundir, como se ha dicho hasta ahora, que China adoptase el capitalismo global sino ser pragmáticos para el aprovechamiento del motor de desarrollo global. En diciembre de 1978, en la celebración del 3ra Sesión Plenaria del Comité Central del XI Congreso de Partido Comunista Chino, se inicia el proceso de apertura y reforma bajo la mano de Deng Xiaoping. La interacción con la economía global se entendió beneficiosa para llevar adelante la modernización, para aprovechar el impulso que ofrecía la atracción de inversiones extranjeras pero controladas y la facilidad de acumulación de capital. Eso llevo a integrarse en el sistema de producción global pero no como una parte explotada sino obteniendo ciertos beneficios y comenzando a poner sus reglas progresivamente. Estamos hablando de un desarrollo que provoco que la participación de China en el PIB mundial aumentase de menos del 3% en 1978 al 20% en 2015. Todo ello se ha llevado con la dirección del PCCh, una coordinación planificada que mediaba entre la esfera internacional y el capital chino nacional. China comenzó exportando mayoritariamente textiles de bajo valor y hoy, productos informáticos. Por si fuera poco, la dependencia de las exportaciones se está reduciendo (hay un paso de la exportación al consumo interno), pasando de un 35% de su PIB en 2006 23% en el año 2014. 

China también ha aprovechado esta “apertura” para obtener tecnología de otras latitudes e incorporarla a su propia base tecnológica. Esto ha sido totalmente fundamental debido a que sin la obtención de esta tecnología no se podría haber entendido la industrialización tal y como la hemos conocido y seguiría exportando manufacturas de bajo valor agregado. La acción del Estado ha permitido la presencia de las condiciones tecnológicas que la industria necesita.

¿Cómo se ha producido esta escalada tecnológica? Mediante universidades, centros de investigación, planes como el “programa 973” que han permitido que China a través de las inversiones privadas, haya podido obtener tecnología extranjera. No es nada nuevo que el Banco Mundial haya reconocido que China se convierta en 2020 en una potencia tecnológica e innovadora. Otro punto importante han sido las patentes. A través de la adquisición de patentes mediante las fusiones y alianzas que el Estado promovía, así como a partir de la inversión extranjera, ha permitido la adquisición de conocimientos que difícilmente hubiese podido adquirir de otra manera.


Fuente: José Ignacio Martínez Cortés con datos de National Bureau of Statistics

A medida que la dependencia del país por la inversión extranjera se reduce, aumenta en número de patentes y el porcentaje de gasto público en I+D ha pasado de 0.95% en 2001 a 2.07 en 2015. 

No solo es una cuestión de innovación tecnológica, se observa un progreso similar y asombroso en educación, en lucha contra la pobreza, en la salud y en otros indicadores que nos llevan a pensar lo que Domenico Losurdo comentaba como “la segunda revolución anticolonial” por parte de China. El monopolio tecnológico ya no es algo exclusivo de occidente. La aparición de China, que, con todos sus errores, está poniendo en jaque el poderío militar, tecnológico o económico occidental, mientras que la izquierda permanece ausente e irreflexiva y ciega ante estos cambios. 

Tecnología y futuro del liderazgo, Made in China 2025 

No es un secreto que la República de la China plantea liderar la producción de inteligencia artificial para 2030. China busca, a través del apoyo estatal, el desarrollo de sectores clave con el apoyo de las empresas chinas, actores integrale s para impulsar y reestructurar su industria y mejorar la calidad de su producción 

Encuadrado en el decimotercer plan de cinco años (2016-2020), China busca convertirse en una nación de ciencia. En el 13º Plan Quinquenal de Innovación Científica y Tecnológica se informó sobre la voluntad de llegar a esa innovación robótica y tecnología a través de serie de 15 "Megaproyectos 2030 de Innovación Científica y Tecnológica". Tras su particular lanzamiento de Sputnik, la victoria de Alpha Go sobre el campeón mundial de este juego de mesa, se han iniciado una serie de proyectos para introducir la inteligencia artificial en todos los ámbitos de la sociedad. Gobiernos locales y provincias enteras ya están otorgando millones de dólares para el desarrollo de esta tecnología. 

Por supuesto, esta dirección se realiza gracias al apoyo estatal, bajo las principales empresas del sector, los famosos campeones nacionales y ha puesto entre las cuerdas a los EE. UU, que cada vez realizan una menor inversión en este campo. En el ya mencionado informe de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China sobre computación y robótica se dice que: 

“El gobierno chino ha establecido los planes industriales donde el gobierno -no las fuerzas del mercado- desempeña un papel central en el desarrollo Las empresas chinas en el líder mundial en tecnologías de vanguardia y de doble uso (vea la Figura 1) ‡ Estos planes industriales establecen la estrategia para el desarrollo del sector a nivel nacional y local objetivos del gobierno y establecer objetivos para la localización y productividad.” 

Además: 

El enfoque liderado por el estado de China catapultó a China a la dominación global en industrias estratégicas como solar, eólica, * aluminio y acero en menos de una década.” 

El gobierno chino impone altas barreras regulatorias para la entrada en el mercado que buscan una discrecionalidad clara en la producción. En el sector del automóvil, por ejemplo, el gobierno requiere que firmas extranjeras se unan a empresas conjuntas con propiedad, algo así como un precio de entrada en el mercado. 

Aquí   se integra el importante plan “Made in China 2025” con una serie de objetivos a largo plazo para convertirse en una potencia tecnológica. Una reestructuración e impulso del sector industrial para mejorar la producción.

Nos encontramos ante un plan global de 30 años. Se desarrollaría en tres fases: La primera sería disminuir la distancia entre otros países (2025), la segunda fortalecer la posición (2035) y finalmente liderar la innovación (2045). En base a esos puntos se plantea un cambio integral de la industria y un objetivo nacional como es el crecimiento en la era digital. 

El plan se concentra en 10 sectores principales para afianzar la tecnología nacional como son el sector aeroespacial, robótica o tecnologías de la información, No solo se aplica a la innovación, también están englobados la producción y la industria tradicional. Todo ello acompañado de 15 centros nacionales de ciencia que se esperan para 2020 y 40 más para 2025. 

A las políticas de apoyo al plan como son la mejora de la administración industrial, el aumento de la producción de componentes básicos de producción local o la reforma del sector financiero, se prevé desarrollar proyectos en cinco áreas importantes como son los centros de investigación, infraestructuras, equipos de alta gama y la fabricación sostenible e inteligente. 

Un plan ambicioso que va desde los chips de computadoras hasta los coches eléctricos en los que están presentes los jugadores subsidiados por el gobierno. Una especie de plan quinquenal con unos efectos a nivel global. Mientras el emperador Xi quiere fabricar la mitad de los robots del mundo en China, en el sur de Europa todavía vamos cargando con la lápida del neoliberalismo. 

Conclusiones 

Resulta curioso que mientras se producen estos cambios radicales en la estructura global, mientras que el escenario se desplaza desde Europa y el protagonismo americano hasta Asia, se mantenga un silencio “cargado de recelo”. 

Hay un nerviosismo fácilmente palpable en Bruselas y en Washington, frente a la parálisis de los políticos alemanes, el estancamiento en el ruedo europeo o el fracaso del “pivot to Asia” americano, China rellena los huecos que se quedan vacíos. Por mucho que la Unión Europea mantenga la receta de capitalismo neoliberal y hegemonismo unipolar en las relaciones internacionales, lo cierto es que China sigue su camino imparable. Lo que se ha dicho aquí es un ligero esbozo, que se ampliará en las siguientes publicaciones y que espero, rompa cada vez más el silencio para anunciar como en el cuento, que el rey se encuentra desnudo. 

Fernando Solana Romero. Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la UAM.

EN MEMORIA DE LA ROSA BLANCA, EL MOVIMIENTO ALEMÁN QUE ENFRENTÓ A HITLER




The New York Times
02-03-2018

El 22 de febrero se cumplieron 75 años de que un grupo de jóvenes idealistas alemanes, estudiantes que se habían atrevido a pronunciarse en contra de los nazis, fueron ejecutados por el régimen al que desafiaron. Como una llama titubeante en la oscuridad, la Rosa Blanca, como se llamaban sus miembros, es un grupo inspirador que nunca perdió la valentía, así como un atemorizante recordatorio de lo inusuales que son tales héroes.

El fundador del grupo, Hans Scholl, y su hermana, Sophie, crecieron fuera de Múnich. Su padre les infundió una fuerte moral rectora y una cosmovisión religiosa. Como muchos de su edad, Hans se unió a las Juventudes Hitlerianas. Sin embargo, comenzó a tener dudas casi de inmediato: los nazis no le permitían cantar ciertas canciones, ondear ciertas banderas ni leer a Stefan Zweig, su autor favorito. Ganó un puesto de abanderado en uno de los congresos anuales de Núremberg y regresó sintiéndose perturbado por lo que había visto.

Hans quería convertirse en doctor y cuando lo reclutaron lo apostaron como paramédico en Francia. Después de un viaje de servicio, regresó a la Universidad de Múnich para continuar con sus estudios médicos. Pronto Sophie se unió a él como estudiante de la universidad. Hans leía mucho —a Platón, Sócrates, San Agustín y Pascal— y decoró su habitación en la casa estudiantil con arte modernista francés. Atrajo a un círculo de estudiantes afines: Alexander Schmorell, el hijo de un doctor; Christoph Probst, el joven padre de dos niños que apenas comenzaban a caminar, y Willi Graf, un introvertido meditabundo. Pronto encontraron un mentor intelectual en Kurt Huber, un profesor de Filosofía y apasionado creyente de la democracia liberal.

En el verano de 1942, Hans y sus amigos —inspirados por los sermones del obispo de Münster, que se oponía al nazismo— comenzaron a distribuir panfletos hechos a máquina de escribir que denunciaban al régimen. Sus palabras eran incendiarias. “Cualquier alemán honesto se avergüenza de su gobierno actual”, escribió Hans; un gobierno que cometía “los crímenes más horribles, crímenes que sobrepasan ilimitadamente cualquier medida humana”. Los miembros de la Rosa Blanca declararon que cualquiera que no hiciera nada era cómplice e imploraban a todos los ciudadanos que participaran en una “resistencia pasiva” ante el Estado nazi.

La Rosa Blanca también denunciaba las atrocidades cometidas contra los judíos. Schmorell y Hans escribieron en el segundo panfleto del grupo: “Aquí vemos el más espantoso crimen en contra de la dignidad humana, un crimen que no tiene paralelo en toda la historia puesto que los judíos también son seres humanos”. No se mordían la lengua ni siquiera respecto al Führer: “Todas las palabras que salen de la boca de Hitler son mentiras”. Salpicados con referencias eruditas a Goethe, Aristóteles, Schiller, el libro del Eclesiastés, Lao-Tse y otros, los panfletos concluían con un ruego para apoyar a la Rosa Blanca haciéndolos circular. “No guardaremos silencio”, terminaba el cuarto. “Somos su conciencia. La Rosa Blanca no los dejará en paz”.

Los panfletos aparecieron en los buzones y las casetas telefónicas entre finales de junio y mediados de julio de 1942 y se propagaron entre estudiantes afines en Fráncfort, Hamburgo, Berlín y Viena. Se detuvieron cuando Hans, Schmorell, Graf y Probst fueron enviados al este, después de ser notificados solo un día antes, al frente ruso, donde los alemanes estaban empantanados. Aun así, Hans se rebeló contra los nazis con actos de simple humanidad incluso mientras se dirigía al frente. En el tren hacia Rusia, vio a una pequeña niña judía que hacía un trabajo rudo y traía la Estrella de David color amarillo que los nazis obligaban a los judíos a portar. Bajó corriendo y le dio una barra de chocolate de su propia ración —y una margarita para que se la pusiera en el cabello—.

Después de regresar del frente, Hans y los demás emitieron dos panfletos más, en los que advertían que tras ser vencidos en Stalingrado la derrota alemana era inevitable. En una declaración de lo preciados que son los derechos individuales, los panfletos preguntaban: “¿Tendremos que ser por siempre una nación odiada y rechazada por toda la humanidad?”. Hans, Schmorell y Graf salían a hurtadillas por la noche y pintaban letreros que decían “Abajo Hitler”, “Libertad” y otros lemas en la avenida principal de Múnich.

Luego, el 18 de febrero de 1943, Hans y Sophie decidieron distribuir panfletos en la universidad y dejaron pilas de ellos en los corredores. Cuando estaban por irse, Sophie notó que había más copias en su maleta y se dirigió a lo alto de la escalera, que daba a un atrio. Lanzó los panfletos restantes al aire y miró cómo caían por el pozo de la escalera.

El encargado de mantenimiento, Jakob Schmid, un ferviente simpatizante de los nazis, estaba mirando. De inmediato cerró las puertas y notificó a las autoridades. Los hermanos fueron arrastrados al palacio de Wittelsbach, cuartel general de la Gestapo. Poco después también arrestaron a Probst, cuya esposa había tenido a su tercer hijo semanas antes. Fueron interrogados durante varios días, pero se rehusaron a implicar a alguien más.

Los tres fueron declarados culpables de alta traición y sentenciados a muerte. A las pocas horas, los ejecutaron en la guillotina. Antes de poner su cabeza en el bloque, las últimas palabras de Hans hicieron eco a través de la prisión: “Que viva la libertad”. En las semanas siguientes, los demás miembros principales de la Rosa Blanca fueron aprehendidos y ejecutados.

La historia de la Rosa Blanca llegó al frente, donde inspiró a los soldados que se oponían al régimen. Sin embargo, la esperanza que tenían sus miembros de motivar a sus compatriotas no se cumplió. Su llamado fue ignorado.

“No buscaban el martirio en nombre de ningún ideal extraordinario”, recuerda Inge Scholl en sus memorias sobre sus hermanos y los camaradas de la Rosa Blanca. “Querían que la gente como tú y yo pudiéramos vivir en una sociedad compasiva”. Estamos lejos de la oscuridad del fascismo, pero nos beneficia recordar la noble aunque triste historia de estas almas hermosas en el aniversario de su trágico sacrificio.