martes, 9 de enero de 2024

"MUCHOS TONTOS DE IZQUIERDA COMBATEN UN FASCISMO INEXISTENTE Y ACEPTAN EL MERCADO"



ENTREVISTA A DIEGO FUSARO

Por Esteban Hernández

29/06/2019 - 05:00 Actualizado: 01/07/2019 - 15:21

Diego Fusaro es uno de los intelectuales más polémicos de Italia, ya que ocupa una posición ideológica que aúna posiciones conservadoras y de izquierda. Es marxista, y sus referentes son Gramsci, Pasolini y Costanzo Preve, al mismo tiempo que antiglobalista y soberanista, y eso le ha llevado a sostener posiciones con las que muchos salvinistas no están en desacuerdo. Varios libros suyos han sido editados en España, tanto por editoriales ligadas a la izquierda, como 'Antonio Gramsci, la pasión de estar en el mundo' (Ed. Siglo XXI) o 'Todavía Marx' (Ed. El Viejo Topo), o a la derecha, como el recién publicado 'El contragolpe' (Ed. Fides). El de Fusaro es un pensamiento heterodoxo, que está destinado a recibir críticas de un lado y de otro, y en no pocas ocasiones ha sido tildado de rojo y de fascista, como también se ha hecho con quienes le han entrevistado, a quienes acusan de blanqueamiento. Pero aquí asumimos gustosos ese riesgo, porque las ideas del filósofo de moda en la política italiana también merecen ser conocidas.

PREGUNTA. Acaba de publicar 'La notte del mondo'. Explíqueme, por favor, por qué estamos en una noche oscura, en qué punto se cruzan Marx y Heidegger.

RESPUESTA. Mi libro 'La notte del mondo. Marx, Heidegger e il tecnocapitalismo' (UTET, 2019) es un intento de razonar según las categorías de Marx y Heidegger sobre lo que Heidegger mismo, con los versos de Hölderlin, define "La noche del mundo". La noche del mundo es una época en la que la oscuridad está tan presente que ya ni siquiera vemos la oscuridad en sí y, por lo tanto, no somos conscientes de esa oscuridad. Heidegger lo expresa diciendo que "es la noche de la huida de los dioses", en la que ya ni siquiera somos conscientes de la pobreza y la miseria en las que nos encontramos. Esta es una situación de máxima emergencia. Por su parte, Marx en los 'Grundrisse' decía que "el mundo moderno deja insatisfecho, o si en algo satisface es trivialmente". Es otra manera de decir que estamos efectivamente en la noche del mundo, donde ni siquiera vemos el enorme problema en el que nos encontramos. En el libro empleo las categorías de dos autores muy diferentes, como Marx y Heidegger, para tratar de poner de manifiesto cuáles son las contradicciones de nuestro presente en el que todo el mundo calcula y nadie piensa. En el que la razón económica y técnica, técnico-científica, se ha impuesto como la única razón válida, y pretende reemplazar a todas las demás.

El siervo debe luchar por la soberanía nacional-popular como base de la democracia y de los derechos sociales

P. Insiste en que el eje político no debe ser izquierda y derecha, sino los de arriba y los de abajo. Y que ideológicamente hay que ser conservadores en cuanto a los valores (arraigamiento, lealtad, familia, eticidad, patria) y de izquierdas (emancipación, socialismo democrático, dignidad del trabajo). ¿Es esa la forma de ser marxista hoy?

R. Sí, creo que la geografía de la política actual ha cambiado profundamente. Hoy hay una especie de totalitarismo liberal que nos permite ser liberales de derecha, liberales de izquierda, liberales de centro, siempre y cuando seamos liberales, siempre, y, por lo tanto, izquierda y derecha se convierten en dos formas diferentes de ser liberales o, precisamente, en liberalismo político y económico, en práctica libertaria en las costumbres y, por supuesto, en atlantista en la esfera geopolítica. Creo que hoy debemos replantearnos una recategorización de la realidad política según la dicotomía alto/bajo o la categoría élite/pueblo, que a veces se utiliza como sinónimo. Esto implica que si la élite, el Señor globalista, es precisamente cosmopolita, a favor de la apertura ilimitada de la libre circulación, el siervo, en cambio, debe luchar por la soberanía nacional-popular como base de la democracia de los derechos sociales. Hoy es preciso restablecer el vínculo entre el Estado nacional y la revolución socialista. Este es el punto fundamental.

La UE es la despolitización de la economía y la imposición del interés del capital cosmopolita contra las comunidades nacionales

P. ¿Cuál va a ser el futuro de la UE? ¿Se romperá? ¿Qué opciones se abrirían? ¿Cree posible una alianza de los países del norte, como Alemania, Países Bajos, Suecia y demás y otra de los países del sur? ¿Cómo se recompondrá el orden internacional si la UE se hace más débil aún o si se rompe?

R. Debemos ser muy claros al dar una definición de la Unión Europea. La Unión Europea es la unión de las clases dominantes europeas contra las clases trabajadoras y los pueblos de Europa. Es la victoria post-1989 de un capitalismo que se realiza completamente disolviendo los últimos bastiones de resistencia: los Estados soberanos nacionales con el primado de lo político y de la democracia sobre el automatismo total del tecnocapitalismo. Esta es la Unión Europea. Un proceso de globalización, de despolitización de la economía y de imposición del interés del capital cosmopolita contra los intereses de las comunidades nacionales. Por eso, la lucha contra el capitalismo en nuestro continente hoy no puede dejar de ser una lucha contra la Unión Europea. La tragedia es que la izquierda ha abandonado esta lucha, en la medida en que ha pasado del internacionalismo proletario al cosmopolitismo liberal y, por lo tanto, deja que la lucha contra la Unión Europea, contra la globalización capitalista, la lleven a cabo fuerzas que, muy a menudo, no quieren la emancipación humana ni la solidaridad de los trabajadores, tratan simplemente de reaccionar mirando hacia un pasado que ya no existe.

P. ¿Cómo deberían actuar los países de Europa frente a EEUU y China?

R. Creo que Europa puede salvarse solo si recupera, por una parte, sus propias identidades culturales y su pluralidad estructural y, por otra parte, si se libera de la dictadura llamada Unión Europea, que es la dictadura del capital, de los mercados contra los trabajadores y los pueblos, y si se libera del yugo mortal del atlantismo de Washington. Tenemos que apuntar a un eje euroasiático que vaya desde la Rusia de Putin hasta China en función antiatlantista. Debemos liberarnos de esto y cambiar nuestro punto de vista.

Hay que huir del cosmopolitismo que destruye a las naciones y del nacionalismo, que es un egoísmo pensado a nivel de la nación


P. Insiste en que hay combatir el globalismo, pero tampoco hay que apoyar el nacionalismo. ¿Cuál es la opción?

R. Creo que hoy debemos ir más allá del globalismo y del nacionalismo. Al fin y al cabo, el globalismo no es más que el nacionalismo estadounidense que se ha hecho mundo y, por lo tanto, es una forma de nacionalismo llevado a su máximo desarrollo. Creo que es necesario hacer valer, contra estos dos opuestos, un modelo de internacionalismo entre Estados soberanos solidarios, basados en la democracia, el socialismo y los derechos de las clases más débiles y, en consecuencia, una especie de soberanía internacionalista, democrática y socialista, alejada tanto del cosmopolitismo que destruye a las naciones, como del nacionalismo que es un egoísmo pensado a nivel de la propia nación individual.

P. El Estado es el primado de lo político sobre lo económico. ¿Por eso el mundo global quiere acabar con los Estados?

R. Los Estados nacionales soberanos, en la modernidad, no han sido solo los lugares del imperialismo, del nacionalismo y de las guerras, como repite el orden del discurso dominante, que quiere destruir a los Estados para imponer el primado del capital globalista, donde los Estados se convierten únicamente en los mayordomos del capital. Esta es la visión liberal del Estado. En realidad, los Estados nacionales soberanos también han sido los lugares de las democracias y de las conquistas salariales de las clases débiles. Y es por esta razón que hoy el capital quiere destruirlos, ciertamente no para evitar las guerras o el imperialismo que, de hecho, prosperan más que nunca en el marco posnacional. Hoy el Estado puede representar el único vector de una revolución opositora contra el capital mundialista, tal y como demuestran perfectamente los acontecimientos de los países bolivarianos, como Bolivia, Venezuela o Ecuador que, a pesar de sus límites estructurales, están creando formas de populismo soberanista, socialista, patriótico, anti-globalista e identitario.

Muchos tontos que se dicen 'de izquierda' luchan contra el fascismo, que ya no existe, para aceptar el totalitarismo del mercado

P. Por ideas como estas, a usted se le ha llamado fascista. Sus posturas políticas asustan más a la izquierda que a la derecha. ¿Por qué? En esa demonización, ¿qué papel juegan los medios de comunicación y la Academia?

R. Por supuesto, hoy en día la categoría de 'fascismo' se usa de manera completamente deshistorizada y descontextualizada, para demonizar simplemente al interlocutor. Hoy quien reafirma la necesidad de controlar políticamente la economía y, por lo tanto, reintroducir la soberanía contra la apertura cosmopolita, es vilipendiado y tachado inmediatamente de 'fascista', 'rojipardo' y 'estalinista'. La categoría de fascismo está, pues, completamente deshistorizada, solo sirve para ocultar el verdadero rostro de lo que Pasolini ya había identificado como el verdadero fascismo de hoy: el de la sociedad de mercado, el totalitarismo de los mercados y de las bolsas de valores especulativas. Este es el verdadero rostro del poder hoy en día, y muchos tontos que se hacen llamar 'de izquierda' luchan contra el fascismo, que ya no existe, para aceptar plenamente el totalitarismo del mercado. Estos últimos son los que luchan en Francia contra Le Pen para aceptar de buena gana a Macron. Luchan contra un fascismo que ya no existe para poder aceptar la nueva porra invisible de la economía de mercado. Y, por supuesto, la clase intelectual, el circo mediático y el clero intelectual desempeñan un papel fundamental en este proceso; la tarea de la clase intelectual, académica y periodística es garantizar que los dominados acepten el dominio de la clase dominante en lugar de rebelarse. De modo que, como en la caverna de Platón, amen sus propias cadenas y luchen contra cualquier libertador.

P. Ha insistido en que con una mano nos dan derechos civiles y con otra nos quitan derechos sociales. ¿En esto consisten las llamadas políticas de la diversidad?

R. Los llamados 'derechos civiles' hoy en día son, en realidad, ni más ni menos, los derechos del 'bourgeois', que Marx había descrito en 'La cuestión judía'. En otras palabras, son los derechos del consumidor, como diríamos hoy, los derechos del individuo que quiere todos los derechos individuales que puede comprar concretamente. Estoy pensando en los vientres de alquiler, por ejemplo, en la custodia de los niños según el coste del consumidor. Pues bien, hoy estamos asistiendo a un proceso mediante el cual el capital nos quita los derechos sociales, que son derechos vinculados al trabajo, a la vida comunitaria en la polis; anula estos derechos y, en cambio, aumenta los derechos del consumidor, siempre vinculados a un consumo que se lleva a cabo de manera individual, sin cuestionar nunca el orden de la producción y que, de hecho, terminan fortaleciendo el sistema capitalista en lugar de debilitarlo.

Además, crean una especie de microconflictualidad generalizada que actúa como un arma de distracción masiva y, también podríamos decir, como un arma de división masiva permanente. Por un lado, distrae de la contradicción capitalista que ya ni siquiera se menciona, y por otro lado, por así decirlo, divide a las masas en homosexuales y heterosexuales, musulmanes y cristianos, veganos y carnívoros, fascistas y antifascistas, etcétera. Y mientras esto ocurre de manera natural, el capital deja que las personas salgan a la calle por el orgullo gay, por los animales y por todo, pero ¡qué no se atrevan a echarse a las calles para luchar contra la esclavitud de los salarios, contra la precariedad o contra la economía capitalista! De ser así, ahí está la represión, como sucedió en Francia con los chalecos amarillos.

El capitalismo ha declarado la guerra a las raíces éticas en el sentido hegeliano, a las formas comunitarias de solidaridad

P. Señala que los lazos estables, representados en el matrimonio, se han convertido hoy en revolucionarios. ¿Por qué? ¿Cómo han cambiado las cosas para que algo radicalmente frecuente en la Historia se convierta hoy en revolucionario? ¿En qué consiste el consumismo erótico?

R. El capitalismo actual es flexible y precarizador. Disgrega a toda comunidad humana y quiere ver en todas partes al individuo sin identidad y sin vínculos, al consumidor que entabla relaciones desechables basadas en el consumo. Por eso, el capitalismo hoy ha declarado la guerra a lo que yo, en mi libro 'Storia e coscienza del precariato. Servi e signori della globalizzazione' (Bompiani, 2018) llamo las raíces éticas en el sentido hegeliano; es decir, aquellas formas comunitarias de solidaridad que van desde la familia a los organismos públicos como los sindicatos, la escuela, la universidad, hasta completarse en el Estado. Tiene como objetivo romperlas para reducir el mundo a un mercado único, como dijo Alain de Benoist: la sociedad se convierte en un único mercado global. Esta es la razón por la cual hoy en día la reetización de la sociedad, es decir, la revalorización de las raíces éticas en el sentido hegeliano es un gesto revolucionario.

Me parece que Podemos últimamente está entrando cada vez más en el frente único del partido único del capital

P. Afirma que hay que recuperar a Gramsci y apartarlo de las izquierdas liberal-libertarias que hoy dominan y que son quienes más lo han utilizado últimamente y que encarnan bien lo que Gramsci combatió. ¿Definiría también, por ir al caso español, a Pablo Iglesias o Íñigo Errejón, y a Podemos en general, como un fenómeno cultural de glorificación del capitalismo globalizado?

R. Sí, en lo esencial, Gramsci es todo lo opuesto de lo que está haciendo la izquierda en Italia y en gran parte de Europa, las izquierdas ya no son rojas sino fucsias, ya no son la hoz y el martillo, sino el arco iris. Luchan por el capital y no por el trabajo, luchan por el cosmopolitismo liberal y no por el internacionalismo de las clases trabajadoras. El caso específico de Podemos en España me parece bastante interesante, porque comenzó como fuerza soberanista y socialista, más allá de la derecha y la izquierda, pero me parece que últimamente está entrando cada vez más en el frente único del partido único del capital, y es realmente una lástima porque el partido Podemos originariamente parecía ser un partido de ruptura.

La izquierda es demofóbica: odia al pueblo porque el pueblo se le escapa de las manos

P. ¿Qué papel debe jugar el intelectual en este escenario?

R. En mi opinión, el intelectual de hoy debe restablecer lo que Gramsci llamaba la "conexión sentimental con el pueblo-nación", es decir, debe volver a conectar el pueblo a la política, a la intelectualidad misma, para que el pueblo salga de la pasividad y se transforme en subjetividad activa, como ya está sucediendo, en la medida en que el pueblo está rebelándose contra la élite cosmopolita. Lo hace votando por el Brexit, lo hace votando por Trump, lo hace votando en Italia contra el referéndum constitucional, lo hace votando en Grecia por el referéndum contra la austeridad de la Unión Europea. Pero el pueblo, dice Gramsci, debe ser 'interpretado', necesita de una filología viva, el pueblo es un texto que debe ser interpretado y no dirigido de manera unívoca. Hay que escuchar sus necesidades, sus exigencias, lo que la izquierda hoy no está haciendo; la izquierda es demofóbica, es decir, odia al pueblo, odia al pueblo porque el pueblo se le escapa de las manos, ya no se siente representado por una izquierda amiga del capital y de los amos, en lugar de los trabajadores y del pueblo.

P. Propone recuperar la utilización del italiano frente al inglés, y además de un italiano bien hablado o escrito. Lo entiende como una batalla cultural imprescindible. ¿Por qué?

R. Sí, yo propongo, en contra de la neolengua de los mercados que habla el inglés del 'spread', de la 'spending review', de la 'austerity' y de la 'governance', una veterolengua basada en la recuperación del italiano con toda su riqueza, el italiano de Dante y Maquiavelo. Es una batalla cultural de resistencia a la globalización y a ese 'genocidio cultural', como lo llamaba Pasolini, que la globalización está llevando a cabo destruyendo las culturas en nombre del único modelo permitido: el consumidor de mercancías, apátrida, posidentitario, que habla el inglés anónimo de los mercados financieros apátridas.

P.S. La entrevista ha sido realizada a través del correo electrónico y la traducción de las respuestas de Fusaro corresponde a su traductora al español, Michela Ferrante Lavín.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-06-29/diego-fusaro-estado-soberania-derechas-izquierdas_2093646/

 

EL ARTE RUSO DE LA GUERRA: CÓMO OCCIDENTE LLEVÓ A UCRANIA A LA DERROTA


Por Jacques Baud

 

Un resumen del último libro del coronel Jacques Baud, (L'art de la guerre russe: Comment l'occident conduire l'ukraine a la echec) que describe de manera detallada el conflicto en el que Occidente ha utilizado a los ucranianos para perseguir un viejo sueño imposible: la conquista de Rusia

Jacques Baud *, The Postil Magazine 1 ENE 2024

 

Pensamiento militar ruso

Durante todo el período de la Guerra Fría, la Unión Soviética se vio a sí misma como la punta de lanza de una lucha histórica entre el sistema “capitalista” y las “fuerzas progresistas”. Esta percepción de una guerra permanente e ineludible llevó a los soviéticos a estudiar la guerra de una manera casi científica y a estructurar un pensamiento militar que no tiene igual en el mundo occidental.

El problema con la gran mayoría de nuestros llamados expertos militares es su incapacidad para comprender el enfoque ruso de la guerra. Y el resultado de esta falta de comprensión son oleadas de ataques terroristas contra la población rusa: el adversario está tan estúpidamente demonizado que nos abstenemos de comprender su forma de pensar. 

Como resultado, no podemos desarrollar estrategias, articular nuestras fuerzas o incluso equiparlas para las realidades de la guerra. El corolario es que nuestras frustraciones son traducidas por medios de comunicación sin escrúpulos en una narrativa que alimenta el odio y aumenta nuestra vulnerabilidad. Por lo tanto, no podemos encontrar soluciones racionales y efectivas al problema.

La forma en que los rusos entienden el conflicto es holística. En otras palabras, ven los procesos que se desarrollan y conducen a la situación en un momento dado. Esto explica por qué los discursos de Vladimir Putin incluyen invariablemente un regreso a la historia. En Occidente tendemos a centrarnos en el momento X y tratamos de ver cómo podría evolucionar. Queremos una respuesta inmediata a la situación que vemos hoy. 

El concepto que buscar explicar “las razones de cómo surgió la crisis está la manera de resolverla” es totalmente ajena a Occidente. En septiembre de 2023, un periodista de habla inglesa incluso me sacó la “prueba del pato”: “si parece un pato, nada como un pato y grazna como un pato, probablemente sea un pato”. En otras palabras, todo lo que Occidente necesita para evaluar una situación es una imagen que se ajuste a sus prejuicios. La realidad es mucho más sutil que el modelo del pato….

La razón por la que los rusos son mejores que Occidente en Ucrania es que ven el conflicto como un proceso; mientras que nosotros lo vemos como una serie de acciones separadas. Los rusos ven los acontecimientos como una película. Nosotros lo vemos como fotografías. Ellos ven el bosque, mientras nosotros nos centramos en los árboles. Por eso situamos el inicio del conflicto el 24 de febrero de 2022, o el inicio del conflicto palestino el 7 de octubre de 2023. Ignoramos los contextos que nos molestan y libramos conflictos que no entendemos. Por eso perdemos nuestras guerras…

En Rusia, como era de esperar, los principios del arte militar de las fuerzas soviéticas inspiraron los que se utilizan actualmente:

  • disposición para llevar a cabo las misiones asignadas;
  • concentración de esfuerzos en resolver una misión específica;
  • sorpresa (poco convencional) de la acción militar frente al enemigo;
  • la finalidad determina un conjunto de tareas y el nivel de resolución de cada una de ellas;
  • la totalidad de los medios disponibles determina la forma de resolver la misión y alcanzar el objetivo (correlación de fuerzas);
  • coherencia del liderazgo (unidad de mando);
  • economía de fuerzas, recursos, tiempo y espacio;
  • apoyo y restauración de la capacidad de combate;
  • libertad de maniobra.

Cabe señalar que estos principios se aplican no sólo a la implementación de acciones militares como tales. También son aplicables como sistema de pensamiento a otras actividades no operativas.

Un análisis honesto del conflicto en Ucrania habría identificado estos diversos principios y habría sacado conclusiones útiles para Ucrania. Pero ninguno de los autoproclamados expertos que aparecen en la televisión son intelectualmente capaces de hacerlo.

Así, los occidentales son sorprendidos sistemáticamente por los rusos en los campos de la tecnología (por ejemplo, las armas hipersónicas), la doctrina (por ejemplo, el arte operativo) y la economía (por ejemplo, la resistencia a las sanciones). 

En cierto modo, los rusos se aprovechan de nuestros prejuicios para explotar el principio de sorpresa. Podemos ver esto en el conflicto ucraniano, donde la narrativa occidental llevó a Ucrania a subestimar totalmente las capacidades rusas, lo que fue un factor importante en su derrota. Es por eso que Rusia realmente no intentó contrarrestar esta narrativa y dejó que se desarrollara: la creencia de que somos superiores nos hace muy vulnerables…

Correlación de fuerzas

El pensamiento militar ruso está tradicionalmente vinculado a un enfoque holístico de la guerra, que implica la integración de un gran número de factores en el desarrollo de una estrategia. Este enfoque se materializa mediante el concepto de “correlación de fuerzas” 

A menudo traducido como “equilibrio de fuerzas” o “relación de fuerzas”, los occidentales sólo entienden este concepto como una cuestión cuantitativa, limitada al ámbito militar. Sin embargo, en el pensamiento soviético la correlación de fuerzas reflejaba una lectura más holística de la guerra.

Existen varios criterios para evaluar la correlación de fortalezas: 

– En el ámbito económico, los factores que suelen compararse son el producto nacional bruto per cápita, la productividad laboral, la dinámica del crecimiento económico, el nivel de producción industrial, particularmente en los sectores de alta tecnología, la infraestructura técnica de las herramientas de producción, los recursos y el grado de calificación de la fuerza laboral, el número de especialistas y el nivel de desarrollo de las ciencias teóricas y aplicadas.

– En el ámbito militar, los factores comparados son la cantidad y calidad del armamento, la potencia de fuego de las fuerzas armadas, las cualidades combativas y morales de los soldados, el nivel de formación del personal, la organización de las tropas y su experiencia de combate, el carácter de la doctrina militar y los métodos de pensamiento estratégico, operativo y táctico.

– En la esfera política, los factores que entran en consideración son la amplitud de la base social de la autoridad estatal, su organización, el procedimiento constitucional para las relaciones entre el gobierno y los órganos legislativos, la capacidad de tomar decisiones operativas y el grado y carácter de Apoyo popular a la política interior y exterior.

– Finalmente, al evaluar la fuerza del movimiento internacional, los factores que se toman en consideración son su composición cuantitativa, su influencia sobre las masas, su posición en la vida política de cada país, los principios y normas de relaciones entre sus componentes y el grado de su cohesión.

Es decir, la evaluación de la situación no se limita al equilibrio de fuerzas en el campo de batalla, sino que tiene en cuenta todos los elementos que inciden en la evolución del conflicto. Así, para su Operación Militar Especial, las autoridades rusas habían planeado apoyar el esfuerzo bélico a través de la economía, sin pasar a un régimen de “economía de guerra”. Así, a diferencia de Ucrania, no hubo interrupción de los mecanismos fiscales y de asistencia social.

Por eso las sanciones aplicadas a Rusia en 2014 tuvieron un doble efecto positivo. La primera fue la comprensión de que no eran sólo un problema de corto plazo, sino sobre todo una oportunidad de mediano y largo plazo. Las sanciones alentaron a Rusia a producir bienes que antes prefería comprar en el extranjero. 

La segunda fue la señal de que Occidente utilizaría cada vez más armas económicas como medio de presión en el futuro. Por lo tanto, se hizo imperativo, por razones de soberanía nacional, prepararse para sanciones de mayor alcance que afectarían a la economía del país.

En realidad, se sabe desde hace tiempo que las sanciones no funcionan. En realidad, han tenido el efecto contrario, actuando como medidas proteccionistas para Rusia, que ha podido así consolidar su economía, como había ocurrido tras las sanciones de 2014. 

Una estrategia de sanciones podría haber dado sus frutos si la economía rusa hubiera sido efectivamente el equivalente de la economía italiana o española, es decir, con un alto nivel de deuda; y si todo el planeta hubiera actuado al unísono para aislar a Rusia.

La inclusión de la correlación de fuerzas en el proceso de toma de decisiones es una diferencia fundamental con respecto a los procesos de toma de decisiones occidentales, que están vinculados más a una política de comunicación que a un enfoque racional de los problemas.

Esto explica, por ejemplo, los objetivos limitados de Rusia en Ucrania, donde no pretende ocupar todo el territorio, ya que la correlación de fuerzas en la parte occidental del país sería desfavorable.

En todos los niveles de liderazgo, la correlación de fuerzas es parte de la evaluación de la situación. A nivel operativo se define de la siguiente manera:

  • El resultado de comparar las características cuantitativas y cualitativas de las fuerzas y recursos (unidades, armas, equipo militar, etc.) de las tropas (fuerzas) propias y las del enemigo. Se calcula a escala operativa y táctica en toda el área de operaciones, en la dirección principal y en otras direcciones, con el fin de determinar el grado de superioridad objetiva de uno de los bandos enemigos.
  • La evaluación de la correlación de fuerzas se utiliza para tomar una decisión informada sobre una operación (batalla) y para establecer y mantener la superioridad necesaria sobre el enemigo durante el mayor tiempo posible, cuando las decisiones se redefinen (modifican) durante las operaciones militares (combate).

Esta simple definición es la razón por la que los rusos se comprometieron con fuerzas inferiores a las de Ucrania en febrero de 2022, o por la que se retiraron de Kiev, Járkov y Jersón en marzo, septiembre y octubre de 2022.

Estructura de la doctrina

Los rusos siempre han concedido especial importancia a la doctrina. Mejor que Occidente, han comprendido que “una forma común de ver, pensar y actuar” –como dijo el mariscal Foch– da coherencia, al tiempo que permite infinitas variaciones en la concepción de las operaciones. La doctrina militar es una especie de “núcleo común” que sirve de referencia para diseñar operaciones.

La doctrina militar rusa divide el arte militar en tres componentes principales: estrategia ( strategiya ), arte operativo ( operativnoe iskoustvo ) y táctica ( taktika ). Cada uno de estos componentes tiene sus propias características, muy similares a las que se encuentran en las doctrinas occidentales. Utilizando la terminología de la doctrina francesa sobre el uso de la fuerza:

  • El nivel estratégico es el de la concepción. El objetivo de la acción estratégica es llevar al adversario a la negociación o a la derrota.
  • El nivel operativo es el de cooperación y coordinación de acciones entre fuerzas, con miras a lograr un objetivo militar determinado.
  • El nivel táctico, finalmente, es el de la ejecución de maniobras a nivel de arma como parte integrante de la maniobra operativa.

Estos tres componentes corresponden a niveles que se traducen en estructuras de liderazgo y en el espacio en el que se llevan a cabo las operaciones militares. En aras de la simplicidad, digamos que el nivel estratégico asegura la gestión del teatro de guerra ; una entidad geográficamente vasta, con sus propias estructuras de mando y control, dentro de la cual hay una o más direcciones estratégicas. 

El teatro de guerra (TV) comprende un conjunto de teatros de operaciones militares  (TVD), que representan una dirección estratégica y son el dominio de la acción operativa. Estos distintos teatros no tienen una estructura predeterminada y se definen según la situación. Por ejemplo, aunque comúnmente hablamos de la “guerra en Afganistán” (1979-1989) o la “guerra en Siria” (2015-), estos países son considerados en la terminología rusa como TVD y no TV.

Lo mismo se aplica a Ucrania, que Rusia considera un teatro de operaciones militares (TVD) y no un teatro de guerra (TV), lo que explica por qué la acción en Ucrania está designada como “Operación Militar Especial” (SMO— Spetsialaya ). Una operación militar especial” (— Spetsial’naya Voyennaya Operatsiya —SVO, o SMO en abreviatura inglesa) y no una “guerra”.

El uso de la palabra “guerra” implicaría una estructura de conducta diferente a la prevista por los rusos en Ucrania, y tendría otras implicaciones estructurales en la propia Rusia. Además –y este es un punto central–, como reconoce el propio secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, “la guerra comenzó en 2014” y debería haber terminado con los Acuerdos de Minsk. Por lo tanto, la SMO es una “operación militar” y no una nueva “guerra”, como afirman muchos “expertos” occidentales.

La operación militar especial en Ucrania

La correlación de fuerzas

Los rusos consideran todos los factores que directa o indirectamente influyen en el conflicto. Por el contrario, como hemos visto en Ucrania y otros lugares, los occidentales tienen una lectura mucho más política de la guerra y terminan mezclando ambas. Por eso la comunicación juega un papel tan esencial en la conducción de la guerra: la percepción del conflicto juega un papel casi más importante que su realidad. Por eso, en Irak, los estadounidenses literalmente inventaron episodios que glorificaban a sus tropas.

El análisis de Rusia de la situación en febrero de 2022 fue sin duda considerablemente más pertinente que el de Occidente. Sabían que estaba en marcha una ofensiva ucraniana contra el Donbass y que podría poner en peligro al gobierno. En 2014-2015, tras las masacres de Odessa y Mariupol, la población rusa se mostró muy a favor de la intervención. El obstinado apego de Vladimir Putin a los Acuerdos de Minsk no fue bien comprendido en Rusia.

Los factores que contribuyeron a la decisión de Rusia de intervenir fueron dos: el apoyo esperado de la población étnicamente rusa de Ucrania (a la que llamaremos “de habla rusa”) y una economía lo suficientemente robusta como para soportar sanciones.

La población de habla rusa se había levantado masivamente contra las nuevas autoridades tras el golpe de Estado de febrero de 2014, cuya primera decisión fue despojar a la lengua rusa de su carácter oficial.

Desde la aprobación de la Ley de Pueblos Indígenas el 1 de julio de 2021, los rusoparlantes (rusos étnicos) no son considerados ciudadanos ucranianos normales y ya no disfrutan de los mismos derechos que los ucranianos étnicos. Por lo tanto, se puede esperar que no ofrezcan resistencia a la coalición rusa en la parte oriental del país….

Desde el 24 de marzo de 2021, las fuerzas ucranianas han intensificado su presencia en los alrededores del Donbass y han aumentado la presión contra los autonomistas con su fuego.

El decreto de Zelensky del 24 de marzo de 2021 para la reconquista de Crimea y el Donbass fue el verdadero detonante de la SMO. A partir de ese momento, los rusos comprendieron que si había una acción militar contra ellos, tendrían que intervenir. Pero también sabían que la causa de la operación ucraniana era la pertenencia a la OTAN, como había explicado Oleksei Arestovitch. 

Por eso, a mediados de diciembre de 2021, presentaron propuestas a los EE.UU. y a la OTAN: su objetivo era entonces eliminar la ofensiva de Ucrania en el Donbass.

La Operación Militar Especial (SMO) rusa es, por tanto, la protección de las poblaciones de Donbass; pero esta protección era necesaria debido al deseo de Kiev de pasar por una confrontación para entrar en la OTAN. Por tanto, la ampliación de la OTAN es sólo la causa indirecta del conflicto en Ucrania. De hecho, esta guerra podría haberse ahorrado implementando los Acuerdos de Minsk, pero lo que quería occidente era una derrota para Rusia.

En 2008, Rusia intervino en Georgia para proteger a la minoría rusa que entonces estaba siendo bombardeada por el gobierno de Kiev, según confirmó la embajadora suiza, Heidi Tagliavini, encargada de investigar este suceso. 

En 2014, muchas voces se alzaron en Rusia para exigir una intervención cuando el nuevo régimen ucraniano decidió enviar al ejército contra la población civil de las cinco provincias autonomistas (Odessa, Dnipró, Járkov, Lugansk y Donetsk) aplicando una feroz represión. 

En 2022, se esperaba que la población de Rusia no comprendiera la inacción del gobierno de Putin, después que Ucrania y Occidente no hicieran ningún esfuerzo para hacer cumplir los Acuerdos de Minsk. Los rusos sabían que no tenían los medios para lanzar una represalia económica, pero también sabían que una guerra económica contra Rusia inevitablemente sería contraproducente para los países occidentales.

Un elemento importante del pensamiento político y militar ruso es su dimensión legalista. La forma en que nuestros medios presentan los acontecimientos, omitiendo sistemáticamente hechos que podrían explicar, justificar, legitimar o incluso legalizar las acciones de Rusia. 

Sin embargo, tendemos a pensar que Rusia actúa fuera de cualquier marco legal. Por ejemplo, nuestros medios presentan la intervención rusa en Siria como si hubiera sido decidida unilateralmente por Moscú; a pesar que esta se llevó a cabo a petición del gobierno sirio, después de que Occidente financiara al Estado Islámico para cercar a Damasco, como confesó John Kerry, entonces secretario de Estado. Al contrario la prensa occidental, ¡nunca menciona la ocupación del este de Siria por tropas estadounidenses, que ni siquiera fueron invitadas allí!

Podríamos multiplicar los ejemplos en que nuestros periodistas acusan de crímenes de guerra a las fuerzas rusas. Esto podría ser cierto, pero el simple hecho que estas acusaciones no se basen en ninguna investigación imparcial y neutral, ni en ninguna investigación internacional, arroja una sombra sobre la honestidad de estas acusaciones. Por ejemplo, el sabotaje de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 fue inmediatamente atribuido a Rusia, y se le acusó, engañosamente, de violar el derecho internacional.

De hecho, a diferencia de Occidente, que aboga por un “orden internacional basado en reglas”, los rusos insisten en un “orden internacional basado en leyes”. A diferencia de Occidente, Rusia aplica la ley al pie de la letra. Ni mas ni menos.

El marco legal para la intervención de Rusia en Ucrania ha sido planificado meticulosamente. Como este tema ya ha sido tratado en uno de mis libros anteriores, no entraré en detalles aquí…

Los objetivos y la estrategia de Rusia

El 23 de febrero de 2023, el “experto” militar suizo Alexandre Vautravers comentó sobre los objetivos de Rusia en Ucrania:

“El objetivo de la Operación Militar Especial era decapitar el gobierno político y militar ucraniano en el espacio de diez días o , tal vez dos semanas. Luego, después de una serie de fracasos, los rusos cambiaron su plan, por lo que cambian sus objetivos y sus orientaciones estratégicas”.

El problema es que nuestros propios “expertos” definen los objetivos de Rusia según lo que imaginan, para luego poder decir que no los ha alcanzado. Entonces. Volvamos a los hechos.

El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó su “Operación Militar Especial” (SMO) en Ucrania “con poca antelación”. En su discurso televisado, Vladimir Putin explicó que su objetivo estratégico era proteger a la población de Donbass. Este objetivo se puede dividir en dos partes:

  • “desmilitarizar” las fuerzas armadas ucranianas reagrupadas en el Donbass en preparación para la ofensiva contra la RPDonetsk y la RPLugansk; y
  • “desnazificar” (es decir, “neutralizar”) a las milicias paramilitares ultranacionalistas y neonazis en la zona de Mariupol.

La formulación elegida por Vladimir Putin ha sido muy mal analizada en Occidente. Se inspira en la Declaración de Potsdam de 1945, que preveía el desarrollo de la derrotada Alemania según cuatro principios: desmilitarización, desnazificación, democratización y descentralización.

Los rusos entienden la guerra desde una perspectiva clausewitziana: la guerra es la realización de la política por otros medios. Esto significa que buscan transformar los éxitos operacionales en éxitos estratégicos y los éxitos militares en objetivos políticos. Mientras que la desmilitarización evocada por Putin está claramente vinculada a la amenaza militar a las poblaciones del Donbass, porque el ejército ucraniano debía aplicar inmediatamente el decreto del 24 de marzo de 2021, firmado por Zelensky.

Pero este objetivo esconde un segundo: la neutralización de Ucrania como futuro miembro de la OTAN. Esto es lo que entendió Zelensky cuando propuso una resolución al conflicto en marzo de 2022. 

Al principio, su propuesta fue apoyada por los países occidentales, probablemente porque en ese momento creían que Rusia había fracasado en su intento de apoderarse de Ucrania y que no podría sostener su esfuerzo bélico debido a las sanciones masivas que se le impusieron. Sin embargo, a pesar de este idea en la reunión de la OTAN del 24 de marzo de 2022, los aliados decidieron no apoyar la propuesta de Zelensky.

El 27 de marzo Zelensky cambió públicamente su propuesta y el 28 de marzo, Vladimir Putin alivió la presión sobre la capital y retiró sus tropas de la zona. La propuesta de Zelensky sirvió de base para el Comunicado de Estambul del 29 de marzo de 2022, un acuerdo de alto el fuego como preludio a un acuerdo de paz. 

Fue este documento el que Vladimir Putin presentó en junio de 2023, cuando una delegación africana visitó Moscú. Fue la intervención de Boris Johnson la que llevó a Zelensky a retirar su propuesta, intercambiando la paz y las vidas de sus hombres por el apoyo de occidente “durante el tiempo que sea necesario”.

Esta versión de los hechos fue finalmente confirmada a principios de noviembre de 2023 por David Arakhamia, entonces jefe negociador para Ucrania196. Explicó que Rusia nunca tuvo la intención de apoderarse de Kiev.

En esencia, Rusia acordó retirarse a las fronteras del 23 de febrero de 2022, a cambio de un límite máximo de las Fuerzas Armadas ucranianas y el compromiso de no convertirse en miembro de la OTAN, junto con garantías de seguridad de ambos países…

Se pueden sacar dos conclusiones:

  • El objetivo de Rusia no era conquistar territorio. Si Occidente no hubiera intervenido para presionar a Zelensky para que retirara su oferta, Ucrania probablemente todavía tendría su ejército.
  • Si bien los rusos intervinieron para garantizar la seguridad y la protección de la población del Donbass, su SMO les permitió alcanzar un objetivo más amplio, que implica la seguridad de Rusia.

Esto significa que, aunque este objetivo no esté formulado, la desmilitarización de Ucrania podría abrir la puerta a su neutralización. Esto no es sorprendente ya que, en una entrevista con el canal ucraniano Apostrof’ el 18 de marzo de 2019, el asesor de Zelensky, Oleksei Arestovitch, explicó cínicamente que, con Ucrania en la OTAN, se crearán las condiciones para que Rusia ataque Ucrania y sea “derrotada definitivamente”

El problema es que el análisis ucraniano y occidental se ve impulsado por sus propias narrativas. La convicción que Rusia perderá ha hecho que no se haya preparado ninguna contingencia alternativa. En septiembre de 2023, Occidente, empezando a observar el colapso de esta narrativa, intentó avanzar hacia una “congelación” del conflicto, sin tener en cuenta la opinión de los rusos, que ya dominaban sobre el terreno.

Al principio, Rusia habría estado satisfecha con la propuesta de acuerdo hecha por Zelensky en marzo de 2022. Lo que Occidente quiere en septiembre de 2023 es simplemente una pausa hasta que estalle un conflicto aún más violento, una vez que las fuerzas ucranianas hayan sido rearmadas y reconstituidas.

La Estrategia ucraniana

El objetivo estratégico de Zelensky y su equipo es unirse a la OTAN, como preludio a un futuro dentro de la UE, complementada por el respaldo de los Estados Unidos. 

El problema, del momento, es que las tensiones con Rusia, por Crimea, están provocando que los miembros de la OTAN pospongan la participación de Ucrania. En marzo de 2022, Zelensky reveló en CNN que esto es exactamente lo que le dijeron los estadounidenses.

Antes de llegar al poder en abril de 2019, el discurso de Zelensky se dividía entre dos políticas antagónicas: la reconciliación con Rusia prometida durante su campaña presidencial y su objetivo de ingresar en la OTAN. Pero, el sabe que estas dos políticas son mutuamente excluyentes, ya que Rusia no quiere ver a la OTAN y sus armas nucleares instaladas en Ucrania y quiere neutralidad o no alineación.

Es más, sabe que sus aliados ultranacionalistas se negarán a negociar con Rusia. Así lo confirmó el líder del Sector Derecho (Praviy Sektor) Dmitro Yarosh, quien abiertamente lo amenazó de muerte en los medios de comunicación ucranianos un mes después de su elección. Por lo tanto, Zelensky sabía desde el comienzo de la campaña electoral que no podría cumplir su promesa de reconciliación y que sólo quedaba una solución: la confrontación con Rusia.

Pero Ucrania no podía librar esta confrontación sola contra Rusia y necesitaba el apoyo material de Occidente. La estrategia ideada por Zelensky y su equipo fue revelada antes de su elección en marzo de 2019 por Oleksei Arestovitch, su asesor personal, en el medio ucraniano Apostrof’.

Arestovitch explicó que sería necesario un ataque de Rusia para provocar una movilización internacional que permitiera a Ucrania derrotar a Rusia de una vez por todas, con la ayuda de los países occidentales y la OTAN. Con asombrosa precisión, describió el curso del ataque ruso tal como se desarrollaría tres años después, entre febrero y marzo de 2022. No sólo explicó que este conflicto era inevitable para que Ucrania se uniera a la OTAN, sino que también situó esta confrontación en 2021-2022! … y describió las principales áreas de la ayuda occidental.

El principal asesor de Zelensky dijo:

“En este conflicto, Occidente nos apoyará activamente con armas, equipo y asistencia militar. Habrá nuevas sanciones contra Rusia. Lo más probable es que se introduzca un contingente de la OTAN en Ucrania. Se establezca una zona de exclusión aérea, etc. En otras palabras, no perderemos la guerra, la ganaremos”.

Como podemos ver, esta estrategia tiene mucho en común con la descrita por la estadounidense Corporación RAND. De hecho, es difícil no verlo como una estrategia fuertemente inspirada en  Estados Unidos. En su entrevista, Arestovitch destacó cuatro elementos que se convertirían en los pilares de la estrategia ucraniana contra Rusia, y a los que Zelensky recurría periódicamente:

  • Ayuda internacional y suministros de armas.
  • Sanciones internacionales
  • Intervención de la OTAN
  • Creación de una zona de exclusión aérea.
  • Cabe señalar que Zelensky entiende estos cuatro pilares como promesas cuyo cumplimiento es esencial para el éxito de esta estrategia. En febrero de 2023, Oleksiy Danilov, secretario del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de Ucrania, declaró en The Kyiv Independent que el objetivo de Ucrania era la desintegración de Rusia.
  • La movilización de los países occidentales para suministrar armas pesadas a Ucrania parece dar sustancia a este objetivo, que es coherente con lo que Oleksiy Arestovich había declarado en marzo de 2019.

Unos meses más tarde, sin embargo, quedó claro que el equipo suministrado a Ucrania no era suficiente para garantizar el éxito de su contraofensiva, y Zelensky pidió equipo adicional y mejor adaptado. En este punto, había cierta irritación occidental ante estas repetidas demandas. El ex ministro de Defensa británico Ben Wallace declaró que los occidentales “no son Amazonas”. De hecho, Occidente no respetó sus compromisos.

Al contrario de lo que nos dicen nuestros medios de comunicación y pseudo expertos militares, desde febrero de 2022 ha quedado claro que Ucrania no puede derrotar a Rusia por sí sola. Como dijo Obama, “Rusia siempre podrá mantener su dominio en la escalada”. En otras palabras, Ucrania sólo podrá alcanzar sus objetivos con la participación de los países de la OTAN. 

Esto significa que su destino dependerá de la buena voluntad de los países occidentales. Por lo tanto, Occidente debe mantener una narrativa que aliente a continuar con la guerra. Esta narrativa se convertirá entonces en lo que llamamos, en términos estratégicos, su “centro de gravedad”.

A medida que pasaban los meses, el curso de las operaciones demostró que la perspectiva de una victoria ucraniana se hacía cada vez más remota, y Rusia, lejos de debilitarse, se hacía más fuerte, militar y económicamente. Incluso el general Christopher Cavoli, comandante supremo estadounidense en Europa (SACEUR), dijo a un comité del Congreso que “las capacidades aéreas, navales, espaciales, digitales y estratégicas de Rusia no han sufrido degradación durante esta guerra”.

Occidente, que espera un conflicto breve, ya no puede mantener el esfuerzo prometido a Ucrania. La cumbre de la OTAN en Vilna (11 y 12 de julio de 2023) terminó con un éxito parcial para Ucrania. Su membresía se pospone indefinidamente. Su situación es incluso peor que a principios de 2022, ya no hay justificación realista para su entrada en la OTAN.

Ucrania dirigió entonces su atención a un objetivo más concreto: recuperar la soberanía sobre todo su territorio de 1991.

Así, la noción ucraniana de “victoria” evolucionó rápidamente. La idea de un “colapso de Rusia” se desvaneció rápidamente, al igual que la de su desmembramiento. Se habló de un “cambio de régimen”, objetivo que Zelensky propuso al prohibir cualquier negociación mientras Vladimir Putin estuviera en el poder. 

Luego vino la reconquista de los territorios perdidos, gracias a la contraofensiva de 2023. Pero también aquí las esperanzas se desvanecieron rápidamente. El plan era simplemente dividir las fuerzas rusas en dos, con un avance hacia el Mar de Azov. Sin embargo, en septiembre de 2023, este objetivo se había reducido a la liberación de tres ciudades.

A falta de éxitos concretos, la narrativa sigue siendo el único elemento que Ucrania puede esgrimir para mantener la voluntad de Occidente de apoyarla. Al respecto, Ben Wallace, exministro de Defensa, dijo en The Telegraph el 1 de octubre de 2023: “En este caso el bien más preciado es la esperanza”. 

Tenía razón Wallace, pero la evaluación occidental de la situación debe basarse en análisis realistas del adversario. Sin embargo, desde el comienzo de la crisis ucraniana, los análisis occidentales se han basado en prejuicios.

La noción de victoria

Rusia opera dentro de un marco de pensamiento clausewitziano, en el que los éxitos operativos se realizan con fines estratégicos. La estrategia operativa (“arte operativo”) juega, por tanto, un papel esencial en la definición de lo que se considera una victoria.

Como vimos durante la batalla de Bajmut, los rusos se adaptaron perfectamente a la estrategia impuesta a Ucrania por Occidente, que prioriza la defensa de cada metro cuadrado. De este modo, los ucranianos le hicieron el juego a la estrategia de desgaste anunciada oficialmente por Rusia. 

Por el contrario, en Járkov y Jersón, los rusos prefirieron ceder territorio a cambio de la vida de sus hombres. En el contexto de una guerra de desgaste, sacrificar potencial a cambio de territorio, como está haciendo Ucrania, es la peor estrategia de todas.

Por eso el general Zaluzhny, comandante de las fuerzas ucranianas, intentó oponerse a Zelensky y propuso retirar sus fuerzas de Bajmut. Pero en Ucrania, es la narrativa occidental la que guía las decisiones militares. Zelensky prefirió seguir el camino que le marcaron nuestros medios de comunicación para conservar el apoyo de la opinión occidental. 

En noviembre de 2023, el general Zaluzhny tuvo que admitir abiertamente que esta decisión fue un error, porque prolongar la guerra sólo favorecería a Rusia.

El conflicto ucraniano es asimétrico aunque Occidente quiso convertirlo en un conflicto simétrico, proclamando que las capacidades de Ucrania podrían ser suficientes para derrotar a Rusia. Esto fue sin ninguna duda una ilusión desde el principio, y su único propósito era justificar el incumplimiento de los Acuerdos de Minsk. En la práctica los estrategas rusos lo han convertido en un conflicto asimétrico.

El problema de Ucrania es que no tiene una relación racional con la noción de victoria. En comparación, los palestinos, conscientes de su inferioridad cuantitativa, han adoptado una forma de pensar que da al simple acto de resistir una sensación de victoria. Ésta es la naturaleza asimétrica del conflicto que Israel nunca ha logrado comprender en 75 años, y que se ve reducido a superar mediante la superioridad táctica en lugar de la “delicadeza estratégica”. 

En Ucrania ocurre el mismo fenómeno. Al aferrarse a una noción de victoria vinculada a la recuperación de territorio, el régimen de Zelensky se ha encerrado en una lógica que sólo puede conducir a la derrota.

El 20 de noviembre de 2023, Oleksiy Danilov, secretario del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, pintó un panorama sombrío a las perspectivas para 2024. Su discurso mostró que Ucrania no tenía ni un plan para salir del conflicto, ni un enfoque que asociara una sensación de victoria; se vio obligado a vincular la victoria de Ucrania con la de Occidente. En Occidente, sin embargo, el fin del conflicto en Ucrania se percibe cada vez más como una debacle militar, política, humana y económica.

En una situación asimétrica, cada protagonista es libre de definir sus propios criterios para la victoria y de elegir entre una variedad de criterios bajo su control. Por eso Egipto (1973), Hezbolá (2006), el Estado Islámico (2017), la resistencia palestina desde 1948 y Hamás en 2023 salen victoriosos, a pesar de pérdidas masivas. Esto parece extraño para ciertas mentes en Occidente, pero es lo que explica por qué los occidentales son incapaces de “ganar” realmente sus guerras

En Ucrania, los dirigentes políticos se han encerrado en una narrativa que impide una salida a la crisis sin perder la cara. La situación asimétrica que hoy perjudica a Ucrania surge de una narrativa que se ha confundido los deseos con la realidad y ha llevado a una respuesta que no se adapta bien a la naturaleza de la operación rusa

* Jacques Baud (nacido el 1 de abril de 1955) es un ex coronel del ejército suizo, analista estratégico y especialista en inteligencia y terrorismo

Fuente: https://infoposta.com.ar/notas/13308/el-arte-ruso-de-la-guerra-c%C3%83%C2%B3mo-occidente-llev%C3%83%C2%B3-a-ucrania-a-la-derrota/