jueves, 6 de febrero de 2025

PRIMEROS COMENTARIOS SOBRE LA ESCENA CONTEMPORÁNEA (01)

 


(05 de febrero de 2025)

 

Buen día Roberto. Tu comentario es muy sustancial, e invita a continuar desarrollando el análisis de las contradicciones en la década de 1920 (y por analogía, en la presente década de 2020) 

Desde hace varios años, yo estoy tratando de descubrir como Mariátegui utilizó y desarrolló el método dialéctico para ubicar las contradicciones en el mundo contemporáneo, que recién se estaba formando.

Para eso me estoy   ayudando con la Biobibliografía de Mariátegui escrita por Guillermo Rouillon (un fichero ordenado cronológicamente de todos los títulos de los artículos escritos por JCM).

Ese valioso fichero, nos permite revisar y leer en el orden en que fueron escritos los artículos por Mariátegui. Hay que tener presente que Mariátegui escribía un artículo semanal (más de 50 al año) en la revista   Variedades.

 

I

 

En setiembre de 1923, Mariátegui comenzó a escribir artículos en la revista Variedades, todos sus artículos tenían el epígrafe o título general Figuras y Aspectos de la Vida Mundial.   

Los tres primeros artículos que escribió fueron Mussolini y el fascismo, Lloyd George y Lenin.

En el artículo sobre Lloyd George, Mariátegui dio a conocer cuál era su plan de investigación: "Lenin es el político de la revolución, Mussolini es el político de la reacción, Lloyd George es el político de la reforma".

Hasta ese momento, (setiembre de 1923) su plan de investigación tenía tres partes.

Esos tres artículos claves, serían los puntos de partida para sus tres primeros ensayos, la burguesía y el capitalismo tenían dos representantes (Lloyd George y Mussolini), mientras que el proletariado y el socialismo tenía un representante (Lenin). 

Pocas semanas después, Ramsay Mc Donald del partido laborista (socialista) inglés, fue nombrado Premier en Inglaterra.  Me parece que esa fue la primera vez que un socialista ganaba y ocupaba un cargo tan alto en un país capitalista. 

En parte influido por ese acontecimiento, Mariátegui abre e inicia un cuarto capítulo. El socialismo en Europa también estaba dividido en dos bandos: el socialismo reformista y la revolución rusa.

Hasta ahí, su plan de investigación dividido en cuatro capítulos, era relativamente "europeísta".

El despertar de Asia había comenzado con la revolución china de 1911, y con las luchas revolucionarias de otros pueblos asiáticos en los años siguientes. Esas luchas en la década de 1920 no tenían mucha trascendencia y eran casi desconocidas en el mundo occidental.

Meses después de iniciada su investigación, Mariátegui abrió e inició un nuevo y quinto capítulo del libro, la realidad de los países orientales.

La comprensión del capítulo sobre Israel y el pueblo judío es más compleja. Los dos artículos de Mariátegui incluidos en el libro, son muy polémicos.  Me parece que para Mariátegui ahí estaba la clave para el futuro de la humanidad.

 

II

 

Volvamos a los tres primeros artículos. Al armar el libro, Mariátegui realizó algunos cambios. El papel destacado de Lloyd George fue desplazado por la figura de Wilson, presidente de Estados Unidos.

¿Qué había ocurrido? Hasta el comienzo de la gran Guerra Europea, Inglaterra (Lloyd George) era la mayor potencia capitalista. Después de la guerra, en los primeros años de la década de 1920, Estados Unidos (Wilson) desplazó a Inglaterra de esa primera ubicación.

Pero al publicarse el libro, ocurrió algo confuso y hasta ahora no explicado.

El artículo Lenin, el articulo clave y el más importante del capítulo sobre la revolución rusa (e incluso de todo el libro) fue omitido.

En primer lugar de ese capítulo apareció el artículo sobre Trotsky, lo cual ha llevado a muchos malentendidos sobre la posición de Mariátegui.

Mal grado, las causas de la omisión de ese artículo en el libro, tenemos que reconocer que el más importante de todo el libro es ese artículo sobre Lenin.

En la edición publicada el año 2015, por la USP-JCM ese artículo poco conocido se incluye como anexo en la página 197 Lo correcto hubiera sido incluirlo como primer artículo del capítulo Hechos e ideas de la revolución rusa.

En otra oportunidad ampliaré mi comentario sobre este artículo. 

 

III

 

Muy poco se comenta, y muy poco se conoce, sobre las condiciones históricas mundiales, en que fue escrito el libro, y por eso se incurre en muchos errores de interpretación, y no se entienden las diferencias entre las propuestas de Mariátegui en ese tiempo anterior a 1925, y sus propuestas posteriores a ese año.

A partir de 1914, la crisis económica se combinó con la crisis diplomática, y estalló la Gran Guerra Europea. De esa manera se inició un largo periodo de situación revolucionaria.

Pero ninguna situación revolucionaria es eterna, Entre 1924 y 1925 concluyó y se inició un periodo de relativa estabilidad capitalista.

La mayoría de los artículos que formaron el libro La Escena Contemporánea, fueron escritos cuando existía situación revolucionaria en Europa. Los artículos de JCM de ese tiempo tienen ese "sello", de inminencia del estallido de la revolución. 

 

III

 

No bien terminó de escribir ese libro, a comienzos de 1926 JCM comenzó a escribir otro libro más orgánico, continuación de La Escena Contemporánea.

Su siguiente libro sobre la situación mundial, Mariátegui lo tituló Polémica Revolucionaria, constaba de dos ensayos largos:

Teoría y Práctica de la Reacción, y

Teoría y Práctica   de la Revolución.

En otra oportunidad podremos comentar las vicisitudes de este otro libro sobre temas teóricos.

 

IV

 

En tu breve comentario mencionas a Mao Zedong.

China es tan grande y tan poblada, sus problemas son mayores que los nuestros, que Mao Zedong no tuvo tiempo, ni la preparación previa de Mariátegui, para escribir un ensayo, o por lo menos un artículo, con la visión tan amplia que tenía Mariátegui sobre la situación mundial.

En las obras de Mao Zedong, él escribió mayormente sobre la realidad china, algo sobre la realidad japonesa y tangencialmente sobre la URSS y EEUU.

En amplitud, la visión del mundo de Mariátegui fue superior a la visión desarrollada por Mao Zedong.

Igualmente, en profundidad hay una gran diferencia entre los dos autores.

El Análisis de las clases en China escrito por Mao Zedong es un texto muy modesto en comparación a la profundidad desarrollada por Mariátegui en 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana

 

V

Las contradicciones en el mundo se encuentran en constante cambio. Hay algunos hitos que marcan rupturas en la continuidad.

Después de 1925, me parece que los principales hitos han sido: Culminación de la Guerra Mundial (1945), revolución china (1949), revolución cubana (1959), implosión de la URSS (1991), ingreso de China a la OMC (2001), Reunión Cumbre de los BRICS+, Operación Militar Especial en Ucrania.

Ordenar el esquema general de evolución de las contradicciones en el mundo hasta el presente, y prever el futuro próximo, justamente es la tarea del plan anual de estudios. El libro de Mariátegui es nuestro punto de partida.

Como escribió Engels "la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación" (Carta a Sombart, 1895).

¡Y LLEGÓ DEEPSEEK!


3 febrero, 2025

Por Loretta Napoleoni

LAS TRES RAZONES POR LAS QUE DEEPSEEK REPRESENTA UN PUNTO DE INFLEXIÓN TRASCENDENTAL

Irónicamente, la primera iniciativa de alta tecnología que tendrá un impacto positivo en el bien común proviene de China. DeepSeek, el nuevo sistema de inteligencia artificial Made in China que el lunes provocó el desplome de las bolsas provocando una pérdida de 750 mil millones de dólares a los grandes nombres del sector tecnológico antes de la apertura del mercado americano, publicó la semana pasada la metodología de su funcionamiento de su modelo R1.

Es un acontecimiento trascendental por una serie de razones.

En primer lugar, la elección del código abierto, es decir, la divulgación de la metodología choca con el sistema de secreto y la estructura oligopólica del sector de alta tecnología estadounidense. En el segundo caso, el objetivo es maximizar los beneficios, un principio clave del capitalismo; en el primer caso, sin embargo, DeepSeek «regala» sus descubrimientos e innovaciones tecnológicas al mundo fomentando su uso para mejorar la eficiencia de la «inteligencia artificial». Un gesto apreciado por la industria mundial de la alta tecnología y que podría pulverizar el monopolio estadounidense en este sector.

En segundo lugar, DeepSeek ha utilizado capital humano a un nivel muy alto y ha pagado mucho por ello, en forma de capital humano reclutado exclusivamente en China y procedente de las mejores universidades chinas, no estadounidenses. La elección refleja el deseo de producir un producto enteramente chino y el éxito de

DeepSeek es una señal de que en términos de investigación e innovación tecnológica China ahora camina sola. ¿Estamos ante un adelantamiento? La respuesta por ahora es negativa, pero asistimos a una remontada que podría traducirse en un adelantamiento por una sencilla razón, la ley de los grandes números.

China tiene un capital humano potencial del cual extraer que es mucho mayor que el disponible para Estados Unidos, incluyendo incluso esa porción del mundo de la que este último extrae regularmente capital humano.

La elección Made in China de Liang Wenfeng, fundador y creador de DeepSeek, recuerda la de Mao quien, a diferencia de la elite revolucionaria china, como Deng Xiaoping, nunca se sintió fascinado por Occidente y no viajó ni estudió nunca en Europa. Y la historia demuestra que tenía razón.

En tercer lugar, DeepSeek logró resultados similares a los de los modelos estadounidenses de inteligencia artificial con costos mucho más bajos y utilizando una fracción del hardware, particularmente microconductores. ¿La razón? El tipo de inteligencia creada. DeepSeek está estructurado para hacer pensar a la inteligencia artificial, la respuesta a las preguntas proviene de un proceso que imita el razonamiento humano. En lugar de buscar la respuesta correcta en un pozo de datos repleto hasta el borde, DeepSeek utiliza solo una fracción de esos datos para generar la respuesta correcta. El pozo del que dispone DeepSeek está sólo a la mitad, lo que explica los menores costes y el menor uso de hardware.

Si el nuevo proceso cognitivo tiene éxito, como se piensa, entonces el modelo americano, que se basa en la expansión del hardware, en el consumo de energía y en inversiones asombrosas, quedará obsoleto. Al mismo tiempo, el proteccionismo de alta tecnología Made in America que Donald Trump está a punto de implementar no tendrá ningún impacto, con consecuencias apocalípticas imaginables para el mercado de valores occidental.

Fuente: l’AntiDiplomatico

https://www.elviejotopo.com/topoexpress/y-llego-deepseek/

 


HORIZONTE ECONÓMICO

 Escribe: Milciades Ruiz

La situación económica es la base estructural sobre la que cimientan las condiciones sociales y, políticas. Un mal año económico, repercute en las condiciones de vida de la población que sufre según su nivel social. Esto, predispone a la agudización de la lucha social y política entre los más afectados. En esta perspectiva, ¿Qué es lo que nos corresponde en el 2025?

El Perú es un país, de producción primaria fundamentalmente. No elabora, no procesa su propia producción con sus propios medios ni participa del valor agregado en cada una de las etapas de la cadena de abastecimiento nacional e internacional. No crece hacia adentro, sino hacia afuera. Es decir, alimenta a las economías extranjeras que succionan nuestra riqueza, Vivimos de la carroña tributaria que nos dejan nuestros depredadores.

Es un autoengaño, decir que nuestro país crece, mostrando el Producto Nacional o, PBI, cuyo mayor componente es producción ajena y, pertenece a inversionistas extranjeros en minería, hidrocarburos y servicios. No publican la producción netamente peruana. Hay sobrevaloración y, la rentabilidad se queda en los países inversionistas que, acumulan poder económico.

Eso hace que nuestra economía y nuestras condiciones de viva dependan de los negocios de nuestros depredadores y no de lo que hagamos por cuenta propia. Si los minerales suben de precio tendremos mayores ingresos tributarios, pero si bajan la caja fiscal bajará también. No obstante, siguiendo la información oficial, de la CEPAL, Comisión Económica ONU, para América Latina y el Caribe, tenemos lo siguiente.

Se estima que en 2024 la tasa de crecimiento de la economía mundial será de alrededor de un 3,2% (en comparación con un 3,3% en 2023) y que, continuará en ese nivel en 2025. El estancamiento económico mundial, estanca automáticamente la economía nacional, por nuestra dependencia y, eso significa, ajustes económicos, desempleo, caída de los negocios locales, etc.

Si, además, EE UU, (25% del PIB mundial), emprende una guerra comercial, olvidando su ideología de libre comercio y aplica aranceles como extorsión coercitiva, generará contramedidas que dificultarán los negocios internacionales. Entonces, las perspectivas económicas para el 2025, son desalentadoras.

Tampoco va bien la economía china que se ha convertido en el amparo más importante del Perú. Pero en general, el escenario internacional proyecta un bajo crecimiento de la economía mundial para el 2025, con una tasa del 3,2%, respecto del 2024, principalmente impulsado las economías emergentes de Asia (5%), que contrastaría con el crecimiento moderado en las economías avanzadas, incluidos los Estados Unidos, en desaceleración respecto de 2024.

La situación se agrava con las políticas anti migratorias de los países depredadores. La migración no es un problema aislado, ni de vigilancia policial solamente. La migración es un problema de desarrollo y, por consiguiente, su solución también. Hagan lo que hagan, el desequilibrio mundial seguirá desbordando humanos, como un embalse en peligro de colapso.

En la región latinoamericana, el crecimiento promedio anual en la década 2015-2024 es del 1%, lo que implica un estancamiento del PIB per cápita durante ese período. Se estima que en 2024 las economías de la región crecieron un 2,2%, siendo el del año pasado 2,3%mientras que en 2025 el crecimiento regional sería de un 2,4%, manteniendo un bajo nivel. Todos estamos mal y sin refugio ni salida regional.

En este contexto, la situación de nuestro país, se muestra en los siguientes gráficos.






En este año pre electoral, nos corresponde estimular y participar en los movimientos sociales que se avecinan. La pobreza continuará afectando de manera desproporcionada a las mujeres en edad laboral, y a las poblaciones indígenas y afrodescendientes. Es en estos sectores, en los que debería incidir nuestro trabajo social y político, esclareciendo las causas, consecuencias y opciones de lucha reivindicativa. Sembrar ideología para aumentar nuestra producción de capacidades, en la lucha contra nuestros opresores. Salvo mejor parecer.

Febrero 5/2025

Mayor información en https://wordpress.com/view/republicaequitativa.wordpress.com

 

lunes, 3 de febrero de 2025

CIEN AÑOS DE LA ESCENA CONTEMPORÁNEA (Propuesta de Plan de Estudios)

 


(3 de febrero de 2025)

 

Por Miguel Aragón

 

En el mes de noviembre del presente año, se conmemorará el Centenario de la publicación  del primer libro de José Carlos Mariátegui La Escena Contemporánea.

 

I

 

Por mi parte, me he propuesto desarrollar un Plan de Estudios individual. Comparto con los interesados, mi propio plan de estudios.  Si en el transcurso del año, hay voluntad de realizar trabajo conjunto, podremos intercambiar materiales de investigación, algunos avances de comentarios, y en forma conjunta convocar seminarios en el mes de noviembre.  

El orden del estudio, y de los primeros comentarios, de los Siete Ensayos que constituyen el libro, será el siguiente:


Cap. I. Biología del Fascismo, página 93, Febrero y Marzo de 2025,

Cap. II La Crisis de la Democracia, pp.123, Abril de 2025,

Cap. III. Hechos e Ideas de la Revolución Rusa, pp.171, Mayo y Junio de 2025,

Cap. IV. La Crisis del Socialismo, pp.221, Julio de 2025,

Cap. V. La Revolución y la Inteligencia, pp.253, Agosto de 2025,

Cap. VI. El Mensaje de Oriente, pp.291, Setiembre de 2025,

Cap. VII. Semitismo y Antisemitismo, pp.311, Octubre de 2025.

Final, Comentario General y Síntesis, Noviembre de 2025.  

 

A los interesados, se les recomienda adquirir la Colección de cinco libros de Mariátegui, publicados el año 2015 por la Universidad Socialista del Perú José Carlos Mariátegui. Esta edición incluye varios textos anexos muy valiosos. Por el tamaño de su formato, y por el tipo de letra, es una edición más cómoda para la lectura.

 

II

 

Al iniciar el estudio del libro La Escena Contemporánea, lo primero que debemos de preguntarnos es: ¿Cuál fue el objetivo de este libro? ¿Cuál fue el método utilizado por Mariátegui para afrontar “este bosquejo o ensayo de interpretación de esta época”?

De igual manera, al culminar el estudio del libro, en noviembre de 2025, deberemos preguntarnos ¿Las conclusiones de Mariátegui escritas hace 100 años, fueron correctas?

¿En el presente, cuál es la vigencia y cuál es la proyección de cada uno de esos siete ensayos de interpretación de la realidad mundial? 

 

III

 

Entre el Manifiesto Comunista (1848) y el libro La Escena Contemporánea (1925), hay una distancia en el tiempo de 75 años, hay un hilo de continuidad, y a la vez, hay más de una gran diferencia.

En el primer capítulo del Manifiesto Comunista, los autores expusieron de manera breve y brillante una síntesis de la época moderna o época de la burguesía. Mientras que, en La Escena Contemporánea el autor expuso, también de manera breve y brillante, la interpretación de los primeros años de la época contemporánea o época del proletariado, época que recién se había iniciado el año 1917. 

En el análisis de las contradicciones sociales y políticas,  hay una diferencia entre ambos textos, diferencia propia de las diversas épocas en que fueron escritos. Mariátegui no copió ni repitió a Marx y Engels. Mariátegui iniciando la nueva época, aplicó el método descubierto por Marx y Engels, y desarrolló las conclusiones teóricas de ambos autores.

En el primer capítulo del Manifiesto Comunista, Carlos Marx planteó la contradicción fundamental de su tiempo, en los términos de lucha entre el proletariado y la burguesía. Lucha que ya se había iniciado en los pocos países industrialmente más desarrollados del continente europeo que existían en 1847.

Por su parte, setenta y cinco años después, a partir de la nueva realidad que se venía formando en el mundo, Mariátegui fue desarrollando, su análisis de las nuevas contradicciones fundamentales, en varios momentos o etapas.  En la estructura y en la composición del libro, se puede observar las etapas de la evolución de su pensamiento y de su aproximación a la nueva realidad.

Al comenzar a escribir el libro, en setiembre de 1923, Mariátegui planteó la contradicción fundamental en los siguientes términos:

“Lenin es el político de la revolución; Mussolini, es el político de la reacción; Lloyd George es el político del compromiso, de la transacción, de la reforma.  Según Mariátegui, esos fueron los nuevos términos en que estaba planteada la lucha de clases en la década de 1920: Revolución, Reacción y Reforma.

Así comenzó Mariátegui el desarrollo de su primer libro, estudiando el desarrollo de esas tres grandes fuerzas sociales y políticas que se desarrollaban en el continente europeo.

Pocos meses después, a medida que evolucionaba el mundo, y él avanzaba en su investigación, Mariátegui descubrió que el mundo occidental estaba dividido en dos campos y en cuatro bandos. Esa nueva división dialéctica de una parte del mundo, la va a exponer en los cuatro primeros capítulos del libro. El campo del capitalismo en decadencia estaba dividido en dos bandos, la democracia burguesa en crisis (capítulo 2) y la reacción burguesa (capítulo 1). Por su parte, el campo del socialismo, también estaba divido en dos bandos, el socialismo reformista en crisis (capítulo 4) y la revolución rusa (capítulo 3).

En el segundo semestre del año 1924, Mariátegui  va a dar un tercer salto dialéctico en la evolución de su pensamiento. Después de avanzada casi la mitad del libro, Mariátegui descubrió una división del mundo más amplia y más integral.

Por un lado, el mundo occidental (analizado en los primeros cinco capítulos) y por otro lado, el resurgimiento del mundo oriental (capítulo 6). La exposición de las primeras manifestaciones de la lucha entre el renacer de la civilización oriental y la decadencia de la civilización occidental, fue un gran aporte de Mariátegui, un aporte que se adelantó a su tiempo. Esta diferencia y contradicción entre estas dos civilizaciones, ha continuado desarrollándose hasta el presente. El tratamiento, y la ubicación del capítulo 7 sobre Semitismo y Antisemitismo, dentro de la dialéctica del mundo entero, requiere un tratamiento aparte. Tenemos hasta el mes de octubre, para precisar la importancia de ese capítulo.   

 

IV

 

El objetivo de este Plan de Estudios no es repetir lo escrito por Mariátegui. En cien años en el mundo en su conjunto han ocurrido grandes cambios, y en el presente, somos testigos de otra oleada de nuevos cambios. Asimilando y aplicando el método de Mariátegui, nos proponemos tratar de continuar cada uno de los 7 ensayos. 

Este es un plan de estudio individual, que espero sirva de incentivo para que otros estudiosos elaboren sus propios planes, y juntos lleguemos al mes de noviembre, para convocar seminarios en varias ciudades del país, e incluso en otros países.

El desarrollo de este plan de estudios, también tiene otro objetivo más ambicioso. Del éxito de este Plan 2025, depende el poder continuar uniendo fuerzas y voluntades, para en noviembre de 2028, impulsar la conmemoración digna del Centenario de la publicación del libro 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana.


DEL ESTADO-NACIÓN A LA CIVILIZACIÓN-ESTADO: UNA REVOLUCIÓN GEOPOLÍTICA EN CIERNES


Por GérardDussouy/F.Bousquet

Un análisis de Gérard Dussouy ( entrevista )

En un fascinante ensayo, Gérard Dussouy explora la transición de una globalización liberal a una globalidad pluriversal, donde las especificidades culturales y civilizatorias pasan a primer plano. Así es como funciona la civilización-Estado, y este es el razonamiento de la civilización estatal, un modelo en el que, a diferencia del Estado-nación westfaliano, las nociones de poder e identidad cultural están inseparablemente entrelazadas. Estas civilizaciones estatales, que forman parte del largo plazo, dan testimonio de la resiliencia de las identidades culturales frente a los excesos universalistas de Occidente. Es hora de que Europa lo entienda si quiere desempeñar un papel en el nuevo equilibrio mundial que se está construyendo. 

François Bousquet -7 de enero de 2025 Revue Éléments

 

Éléments: ¿Qué le llevó a pensar de nuevo sobre el concepto de Estado-civilización? ¿El debate geopolítico contemporáneo no puede evitarlo?

GÉRARD DUSSOUY. Desde el comienzo de mis estudios y mi trabajo en economía, geografía, historia, ciencias políticas, me he interesado por el aire libre, los conceptos de imperio y hegemonía. Sin embargo, los hechos parecen confirmar los pronósticos del geógrafo Frédéric Ratzel y del sociólogo Norbert Elias. Según él, la ampliación y complejización de los espacios políticos es un fenómeno histórico comprobado. Hubo surgimiento y dominación en el siglo XX, siglo de los estados continentales (EEUU, URSS). Considerando que, desde principios del siglo XIX, En el siglo XX, debido al giro civilizatorio que han tomado las relaciones internacionales, tras el colapso de las ideologías mesiánicas (aunque el liberalismo haya salido victorioso de la Guerra Fría), el concepto de civilización estatal propuesto por los chinos se expone como una continuación del Estado-continente o superpuesto a él.

Aunque en algunos casos su base pueda resultar más estratégica que científica, este concepto tiene la ventaja de no separar lo material de lo inmaterial, la naturaleza o el poder de la cultura, cuando se trata de comprender el nuevo mundo. La posglobalización que se está imponiendo es un pluriverso civilizatorio (y ciertamente no un universo occidentalizado). La redistribución del poder, combinada con el resurgimiento de los etnocentrismos civilizatorios, cambió por completo las perspectivas geopolíticas. En el horizonte se vislumbra una bipolaridad China/USA, y la búsqueda de un nuevo equilibrio global, esencialmente euroasiático, que movilizará a una serie de actores, pertenecientes a diferentes esferas civilizatorias, con capacidades estratégicas dispares.

¿Por qué considera que China es el modelo más exitoso de un Estado-civilización?

. Me gustaría señalar de inmediato que presentar a China como el modelo del Estado-civilización no implica que sea replicable. Ni siquiera que se haya realizado del todo, ya que el estado chino no cubre todo el espacio confuciano. Pero China es el caso más notable (tipo ideal), y contra el que podemos calibrar a quienes solicitan este mismo estatus. La antigüedad, la longevidad, la homogeneidad, la continuidad del pensamiento político, a pesar del budismo y del período maoísta, del Imperio-Estado chino no tienen parangón. Es, en comparación, como si el Imperio Romano, doscientos años más antiguo, se hubiera mantenido hasta hoy conservando su fundamento ideal grecolatino, y preservándolo sin prohibirse tomar prestado de otras civilizaciones.

¿De qué manera el surgimiento de las civilizaciones constituye una ruptura con el orden mundial liberal dominado por Occidente?

Las civilizaciones no son actores políticos. Por lo tanto, no pueden contribuir directamente a un orden mundial. Son espacios-tiempos específicos que reúnen a lo largo del tiempo comunidades humanas que tienen una experiencia histórica común, que comparten la misma concepción del mundo, de la vida, del arte, de la organización social.

Es por ello que el concepto de Estado-civilización o el concepto menos significativo y menos coagulante de Samuel Huntington de Estado emblemático, son aportes fundamentales porque designan máquinas políticas capaces de hacerse cargo de las aspiraciones civilizatorias, así como de instrumentalizarlas.

Dicho esto, la impugnación de la hegemonía occidental y liberal por parte de las nuevas potencias del mundo no occidental es un hecho. China, en nombre de la civilización que ha sido durante milenios, es el protagonista más notable. Está dando grandes pasos en el desarrollo de los medios para lograr sus ambiciones. Está extendiendo su influencia a través de los BRICS, de los que es el verdadero líder, y las Rutas de la Seda. Mucho mejor y más de lo que Japón pensó que podía hacer a finales de los años 70, puede decir no a los mandatos occidentales. El Islam en su forma brutal y desordenada, en la espera infinita de un Estado emblemático, la India en su forma sutil pero decidida, y la Rusia nacionalista, son los otros escollos, de la esencia civilizatoria, del nuevo orden mundial.

¿Cómo explica el fracaso de las élites occidentales a la hora de anticipar la redistribución global del poder?

La arrogancia del vencedor, la inhibición ideológica y la ignorancia del mundo y de los Otros se combinan ciertamente para explicar la ceguera de las élites occidentales a las consecuencias reales de la globalización (acentuación de las desigualdades y desestabilización de las sociedades), y más particularmente a la reconstrucción del mapa geopolítico. La victoria del liberalismo sobre el sovietismo nos hizo creer que por fin se había roto el último candado, que impedía la generalización del mercado, por supuesto, pero también la transformación de las sociedades consideradas menos avanzadas, en términos de costumbres y regímenes democráticos, inspirados en los modelos europeos o americanos, por supuesto. La fuerza del etnocentrismo occidental es tal que, a principios del siglo pasado, vimos a una serie de políticos, especialmente franceses, impartir sus lecciones en lugares tan lejanos como China.

El éxito político de Occidente ha fortalecido las convicciones ideológicas de sus élites hasta el punto de engullirlas en su propia inhibición. En Europa en particular, donde se prohíben cualquier análisis de las relaciones internacionales en términos de equilibrio de poder. Estas élites creían que el mundo se había convertido en lo que ellos querían que fuera (el fin del poder, la regulación social de una humanidad sin fronteras, la convivencia nacional y por qué no planetaria), y que seguiría siéndolo. Como llevan mucho tiempo esperando, sabiendo que se adhieren a una ideología progresista, basada en residuos marxistas, más que liberal. Su maquinaria conceptual (en Francia: Educación Nacional, institutos universitarios como el demasiado famoso Sciences Po Paris, medios de comunicación) han moldeado así a las generaciones de una clase política y mediática de la que escapan las realidades globales. Además, hay que subrayar que las enseñanzas que permitían el acceso al conocimiento del mundo han sido o bien abandonadas, o bien podadas o "aclimatadas" en gran medida a la visión que se pretende dar de este último.

¿De qué manera la noción de "pluriverso civilizatorio" pone en tela de juicio la universalidad de los derechos humanos?

Cada civilización, como explicó Max Weber, tiene su paradigma de humanidad. Como resultado, la concepción universal o universalista de los derechos humanos en Occidente se ve cuestionada por la existencia tangible y probada del pluriverso. De hecho, es difícil imaginar que a la formulación occidental se le pueda seguir atribuyendo durante mucho tiempo un estatus de mayor valor que las basadas en tradiciones que privilegian a la persona en un colectivo, como el Ren confuciano, por ejemplo. Sin embargo, no se trata de una negación de los derechos humanos, sino de una reapropiación de su definición. Para Raimundo Panikkar, sociólogo indio, sería apropiado dejar que cada comunidad civilizatoria "formule sus propias nociones homeomórficas correspondientes u opuestas a los 'derechos' de la concepción occidental".

¿Qué papel atribuye al Islam en esta reconfiguración de las relaciones internacionales?

Las relaciones internacionales de los últimos años demuestran que el Islam es un factor a tener en cuenta. Ya sea en estados como Turquía o Irán, al menos a nivel regional, pero aún más y sin duda con lo que se conoce como el movimiento islamista, y su estrategia centrada en el terrorismo. Aunque esencial, este factor es sobre todo perturbador, porque, si el islam político es capaz de desestabilizar una región o una sociedad, nunca ha sido capaz de estabilizar una situación a su favor.

Desde el punto de vista de la civilización, el islam político tiene dos caras en la vida internacional. Por un lado, encarna la resistencia al orden liberal occidental. La mayoría de las veces obedeciendo consignas que parecen muy retrógradas (Afganistán). Pero en algunos casos, se acomoda a este orden e incorpora ciertas formas de modernización (Arabia Saudita). Esto podría resultar más eficiente a largo plazo. Por otro lado, debido a su expansionismo demográfico en el lado europeo en particular, el Islam no se desvía de su tradición conquistadora. Es el principal reto para estos últimos, junto con la demografía africana. Pero, en ausencia de un Estado-civilización o incluso de un Estado emblemático (en realidad hay varios competidores que desempeñan este papel), no es posible considerar al Islam como un arquitecto del orden mundial.

 ¿Qué riesgos ve en la rivalidad chino-estadounidense por el equilibrio global? ¿Puede la actual transición hegemónica tener lugar sin grandes conflictos entre grandes potencias?

Lo único de lo que podemos estar seguros (salvo el colapso interno de uno de los dos protagonistas) es que la relación (o rivalidad) chino-estadounidense sobre determinará las relaciones internacionales en los próximos años. Es decir, comandar las alianzas que se van a formar. Creo que tenderán a la consecución de un equilibrio euroasiático, con una geometría más o menos variable, en función del nuevo mapa geopolítico mundial y teniendo en cuenta los cambios regionales que aún están por esperarse, especialmente en Oriente Medio. Porque solo China tendrá finalmente la capacidad (una vez adquirido su equipamiento militar) de desafiar abiertamente la hegemonía de Estados Unidos, que ya refuta. Sin embargo, sabemos que en la historia las fases de transición hegemónica han sido a menudo portadoras de conflictos. Sin embargo, es muy difícil proyectarse hacia el futuro.

Algunos creen que podría estallar un conflicto chino-estadounidense por Taiwán, especialmente si la guerra ruso-ucraniana se volviera a favor de Moscú, ya que creen que esto alentaría a Beijing a actuar de la misma manera, incluso si eso significa romper con su legendaria cautela. Sin embargo, a pesar de su importancia geoestratégica (la contención oceánica de China), Taiwán no es una cuestión territorial para Estados Unidos, con un valor histórico y simbólico comparable al caso ucraniano. En cuanto a utilizarlo como pretexto para una guerra preventiva, el riesgo parece desproporcionado en relación con lo que está en juego.

La situación internacional podría volverse verdaderamente agonizante el día en que China, si continúa su ascenso económico y financiero, sea capaz, gracias a su influencia global, de poner fin a lo que un economista ha llamado el "privilegio exorbitante del dólar". A saber, la ventaja para Washington de administrar su moneda nacional, que al mismo tiempo sirve como moneda internacional, de acuerdo con sus propios intereses.

En la nueva configuración global que se está configurando, hay que subrayar que China no es enemiga de Europa, aunque sí un formidable competidor comercial y tecnológico. Sería deseable que nuestros líderes pensaran en esto, antes de seguir los pasos de los Estados Unidos.

Usted critica la arrogancia liberal. ¿Qué señales ve de una posible renovación de este modelo en crisis?

Si la economía de mercado ha alcanzado sus límites geográficos desde que se ha vuelto global, la sistematización de sus reglas ultraliberales parece ir y venir. La primera causa de esto es que los propios EEUU, que han sido los cerebros de la globalización, se están moviendo con Trump hacia una política comercial puramente mercantilista en lugar de proteccionista. Desde hace algún tiempo, los estadounidenses están entre los que ya no respetan las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que querían. La segunda razón es que la fase de arrogancia liberal ha desestabilizado demasiado a las sociedades que han comenzado a reaccionar, la estadounidense primero con su última votación presidencial. La Unión Europea es la última instancia que persiste en esta dirección (como lo demuestran las negociaciones con el Mercosur). Su obstinación le valió la desaprobación de gran parte de sus pueblos, a la vez que fue causa de debilitamiento al no permitir que las empresas europeas se concentraran en los grandes temas industriales, científicos y tecnológicos. Dicho esto, la era del libre mercado no ha terminado, simplemente porque el estatismo y el colectivismo han demostrado su incapacidad para cumplir sus promesas. Pero surgirá un nuevo modelo, en el que la tecnología será más preponderante que nunca, y concentrará un poco más de poder económico y conocimiento. Este es un motivo adicional de preocupación para las naciones europeas que no son capaces de reformarse y adaptarse, socialmente hablando. Y para reunirse.

¿Cree que todavía es posible que Occidente se adapte a esta nueva era civilizatoria?

Occidente no es una entidad geopolítica en sí misma (salvo para asimilarlo al espacio hegemónico de EEUU, y analizar su funcionamiento únicamente desde los intereses de este último). Y su unidad civilizatoria es más artificial de lo que parece (excepto por sus componentes anglosajones, potencialmente), o está en proceso de desmoronarse debido a los cambios demográficos y culturales que la animan. Por lo tanto, es poco probable que se adapte a la nueva situación mundial con un solo bloque o con un solo impulso. La adaptación de Occidente se hará, o no se hará, según su centro y sus periferias.

Los EEUU de Trump han comenzado su reconversión con un notable esfuerzo de reindustrialización, empoderamiento energético y, por supuesto, el estruendoso lanzamiento de nuevas tecnologías a partir de la inteligencia artificial, bajo el impulso de Elon Musk. También se están moviendo hacia la constitución de un gran espacio norteamericano unido, preservado y autosuficiente desde el punto de vista energético y mineral. Esto está implícito en la oferta del futuro presidente a Canadá para unirse a los EEUU. Y que no deberíamos ridiculizar como lo hacemos en Europa, por el aplomo y los modales de Trump. Por otra parte, más allá de las protestas de Ottawa, si la iniciativa llegara a tomar forma, hay que ver que, dada la proximidad cultural de un agricultor o de un habitante de Manitoba o Alberta en el lado canadiense, con sus homólogos en las grandes llanuras y mesetas del medio oeste americano, la integración plantearía pocas dificultades. Tal vez un poco más para Quebec. En cuanto a la repetida propuesta de compra, a la que no le falta audacia, desde Groenlandia hasta Dinamarca, forma parte de la misma estrategia. Como el deseo de restablecer la supervisión estadounidense del Canal de Panamá. Toda esta proyección continental no significa en modo alguno su retirada del mercado mundial, que USA necesita demasiado por las salidas que ofrece. Pero esta es la mejor manera de que lo aborden de nuevo desde una posición de fuerza.

Australia y Nueva Zelanda se han sumado definitivamente al redil estadounidense, tanto que temen a China. Al igual que en el Canadá anglófono, la proximidad lingüística y cultural facilita el acercamiento. La situación se complicará para Japón, que tendrá que movilizar un tesoro de diplomacia para darse margen de maniobra entre China y EEUU

En cuanto a los Estados europeos, que no vieron venir la actual convulsión mundial, se han puesto en una situación muy mala al no impedir la guerra entre Ucrania y Rusia, que ahora se está llevando a quién sabe dónde por su nacionalismo exacerbado. De este modo, los europeos no sólo se han prohibido constituir un gran espacio de cooperación con este último (una casa común, abogaba Gorbachov), como hará EEUU con toda América del Norte, sino que tendrán que pagar a Washington un precio más alto que nunca para que la OTAN siga garantizando su seguridad. Esto se hará porque los estadounidenses no tienen la intención de perder el mercado europeo, y quieren mantener su cabeza de puente en Europa, ya sea contra Rusia, que no debe subestimar su determinación, o más tarde contra China.

¿Tiene Europa, como entidad cultural y política, los cimientos necesarios para transformarse en un Estado-civilización, o está condenada a seguir siendo un conglomerado de Estados-nación fragmentados? ¿Cómo puede la Unión Europea superar sus divisiones internas y afirmar una identidad civilizatoria coherente frente a modelos de Estados-civilización como China o India?

Teniendo en cuenta lo que se puede deducir de la observación del comportamiento o el análisis de las declaraciones de los líderes europeos, por un lado, y la impotencia de la Unión Europea para definir una estrategia de autonomía militar, diplomática y tecnológica de su propio espacio, por otro lado, es difícil vislumbrar cómo la vieja Europa (en el pleno sentido del término) podrá salir de la fragmentación y la subordinación. La principal tendencia que está surgiendo es la de un deterioro gradual de la situación económica y social, de un agravamiento de la inseguridad tanto a nivel interno como externo. A largo plazo, como comenzó para los fabricantes alemanes, una huida de las poblaciones más dinámicas y productivas hacia los EEUU. La contrapartida, si esa es la palabra correcta, es la tercermundización de Europa con la afluencia de poblaciones del Sur.

¿Cómo se puede detener un proceso de este tipo? La historia es escasa en ejemplos en esta dirección, y en Europa es necesario que haya tanto una conciencia de la realidad como una voluntad de afrontarla. Con un cuestionamiento de las instituciones vigentes, en particular de los Estados-nación que se han vuelto obsoletos. Sería conveniente que los pueblos y las naciones de Europa admitieran que pertenecen a un mismo Todo, que es la civilización europea que, como la china, se remonta a la Antigüedad y que merece ser conservada. Saber que al hacerlo, asegurarían su futuro, eso es obviamente común. Y que es hora, dado el nuevo orden mundial, de poner fin al ciclo de las nacionalidades (o peor de los nacionalismos) que sólo puede acabar mal. Privilegiar la comunidad civilizatoria, en nombre de los períodos más prósperos de comunión, de intercambio y de compartir bienes e ideas, y así reavivar y prosperar una intersubjetividad europea de solidaridad.

¿Es compatible la concepción europea de los derechos humanos y de la democracia liberal con la emergencia de un modelo de Estado-civilización, o requiere una revisión profunda para responder a los nuevos retos globales?

El surgimiento y la construcción de un Estado-civilización europeo presuponen un reenfoque social y cultural, también ideal, de los europeos sobre sí mismos. Esto es obvio porque, si el proceso no es consciente, procederá, y ya está procediendo (Asia, Oriente Medio, África) del rechazo de los demás o al menos de la reorganización política del mundo. En el peor de los casos, si los europeos persisten en su universalismo, no se tratará de volver a centrarse, sino de borrarse.

En cuanto a la democracia, debe considerarse inherente a la propia diversidad europea, ya que hay muchos matices culturales nacionales y regionales que deben tenerse en cuenta. Al mismo tiempo, esta complejidad europea exige una reflexión positiva sobre la democracia, que vaya de la mano de un trabajo sobre el federalismo, para que el sistema político europeo sea lo más eficiente posible (lo que no ocurre con el de la Unión Europea), y más respetuoso de las libertades fundamentales y locales que de ciertos ritos electorales que fomentan la acumulación de incompetencias. Con el fin de evitar un máximo de abusos o disfunciones (deuda, despilfarro de recursos), como ha ocurrido en la democracia liberal contemporánea, que se caracteriza por la irresponsabilidad generalizada.

¿Pueden coexistir las identidades nacionales con el surgimiento de las civilizaciones como marco dominante? Usted menciona el riesgo de fragmentación interna en las democracias occidentales. ¿Qué papel podría jugar el populismo en esta dinámica?

Si partimos del principio de que una civilización es un Todo del que las naciones son partes porque tienen las mismas raíces, y aunque hayan experimentado trayectorias diferentes y a veces contradictorias, la soldadura o fusión de destinos, por necesidad, es racional y viable. Esto se hace tan pronto como los mecanismos políticos establecidos permiten tanto el ejercicio de la soberanía en común como el respeto mutuo de las entidades regionales y lingüísticas y las tradiciones nacionales. En cualquier caso, la historia no se puede borrar de un plumazo. Pero, si admitimos que, en el nuevo mundo, existe hoy una comunidad de destino para los europeos, y que el separatismo conduce a la impotencia, sólo queda encontrar un equilibrio entre una centralidad europea indispensable y una gestión autónoma de los aspectos sociales y culturales que satisfaga a las unidades históricas implicadas.

Sin embargo, la pregunta que se hizo el sociólogo Michel Crozier hace unos cincuenta años sobre si las sociedades democráticas occidentales siguen siendo gobernables es más relevante que nunca. Tanto es así que se han fragmentado étnicamente, socialmente, pero también, podemos decir, tecnológicamente. Y tenemos derecho a pensar que lo que es cierto a nivel nacional no hace más que empeorar a nivel europeo. La proliferación del populismo es, desde este punto de vista, el mejor testimonio de la complejidad de la sociedad y sus problemas.

La fragmentación étnica está directamente relacionada con la inmigración, y se agravará mientras dure esta última. Por lo tanto, se plantea la cuestión inmediata de detener la inmigración y, en última instancia, de reducir la fragmentación étnica o religiosa, que es la más difícil de resolver. El empeoramiento de las desigualdades o disparidades sociales contribuye a la fragmentación de la sociedad. Pero también tiene un origen técnico. Es causada por el auge de las redes sociales, tras la explosión de las tecnologías de la comunicación. Como resultado, la digitalización de la sociedad ha dado lugar a una democracia de la multitud (cada uno encuentra los medios para expresar su opinión, que obviamente considera más relevante que la de los demás) cuyos estados de ánimo, movimientos de opinión, expectativas variadas y contradictorias son difíciles de satisfacer o canalizar, y cuyos votos electorales son, por lo tanto, difíciles de predecir.

Es este contexto, tanto social como tecnológico, el que ha favorecido el resurgimiento del populismo en sus diversas formas u obediencias. El fenómeno parece algo irreversible, ya que las élites están desbordadas por los problemas que tienen que resolver y que al mismo tiempo han creado. Desafortunadamente, al menos por el momento, el populismo es correlativo a una regresión cognitiva de la opinión ordinaria. El debate parlamentario de hoy en Francia da fe de ello. Es de esperar que esto no siga siendo así, y que en el seno de los movimientos populistas surjan con bastante rapidez generaciones jóvenes formadas, dotadas también de un sentido de ciudadanía, y así puedan participar, preferiblemente a escala europea, porque es esto lo decisivo, en la renovación (actualmente bloqueada por el sistema ideológico e institucional vigente) de las élites.

¿Podemos concebir un diálogo civilizatorio que sea realmente fructífero o las diferencias culturales seguirán siendo irreconciliables?

Las guerras de civilización del pasado fueron ante todo guerras de religión. Uno piensa inmediatamente en el conflicto entre el Islam y el Cristianismo, a veces también entre el Islam y el Hinduismo. El problema de la convivencia proviene de las civilizaciones cuya fuerza motriz y autoridad organizativa es la religión, y a fortiori cuando se trata de una religión universalista y proselitista. Como es la religión musulmana o como ha sido la religión cristiana; Porque, a partir de entonces, la civilización en cuestión está destinada a ser expansionista. Este no es el caso de las civilizaciones sin dios como la china, o muchas otras que han permanecido civilizaciones cerradas. La actitud del Occidente moderno es ambigua debido a su concepción de los derechos humanos, que algunos de sus nacionales y líderes han elevado al rango de una religión, que a veces todavía pretenden imponer a los Otros.

Pero si podemos deshacernos del factor religioso, o absorberlo, el diálogo entre civilizaciones es perfectamente concebible, como lo sería el diálogo entre la civilización europea, que ha vuelto al pragmatismo, y la civilización china, que, en esencia, ya lo integra.

Fuente: https://infoposta.com.ar/notas/13897/del-estado-naci%C3%83%C2%B3n-a-la-civilizaci%C3%83%C2%B3n-estado-una-revoluci%C3%83%C2%B3n-geopol%C3%83%C2%ADtica-en-ciernes/

INTELIGENCIA ARTIFICIAL, CAPITALISMO Y GEOPOLÍTICA ¿UNA RECONFIGURACIÓN DEL CAPITALISMO?

 

Pierre Khalfa

“El molino de mano os dará la sociedad con el señor supremo; el molino de vapor, la sociedad con el capitalismo industrial” escribió Marx en Miseria de la filosofía (1847). ¿Podría la combinación del big data, la nube y la IA dar lugar a una nueva forma de capitalismo? Ciertamente debemos desconfiar de cualquier determinismo tecnológico y, digámoslo, Marx no escapa a él con esta formulación. De hecho, las relaciones sociales mantienen un doble vínculo con el desarrollo científico y técnico. Por un lado, el uso de una determinada tecnología entre todas las potencialmente disponibles, depende de la configuración de las relaciones sociales y, en particular, de las relaciones de producción. Por otro lado, la tecnología utilizada puede participar en sí misma en una reconfiguración de estas relaciones sociales.

Por ejemplo, el gran molino hidráulico se inventó a principios del Imperio Romano. Este invento nunca se utilizó en la época en que se inventó porque los grandes propietarios de esclavos no los necesitaban. Reapareció mil años después, en el siglo XI, en el contexto del contexto de relaciones sociales diferentes en el marco de la dominación señorial. El gran molino se impuso contra el pequeño [molino] manual de los campesinos para consolidar la dominación señorial y, en parte, la reconfiguró 1. Se utilizó para producir textiles en centros especializados, aumentando así el comercio y creando nuevos estratos sociales, ya fueran los trabajadores y trabajadoras o los burgueses propietarios. Del mismo modo, la generalización del maquinismo posible gracias a la invención de la máquina de vapor en Inglaterra, cuna del capitalismo industrial, presuponía que las condiciones políticas y sociales habían sido creadas de antemano: impuso el movimiento de las  enclosures en el siglo XVIII, que permitió disponer de mano de obra para trabajar en las fábricas; victoria política de las fuerzas contrarrevolucionarias a finales del siglo XVIII; aplastamiento de los luditas a principios del siglo XIX. Sólo cuando se cumplieron estas condiciones políticas y sociales fue cuando la revolución industrial, marcada por un ramillete de innovaciones técnicas, se convirtió en un arma en manos de la clase dominante británica, desarrollando el capitalismo industrial.

Sin embargo, aunque debamos rechazar todo determinismo tecnológico, la cuestión no deja de plantearse: ¿cuáles son las consecuencias de la introducción de las nuevas tecnologías digitales para la organización del capitalismo? o, dicho de otro modo, ¿se transformará el modo de acumulación del capital en función de ello? Para verlo, hay que remontarse a la propia historia del capitalismo.

Del capitalismo fordista al capitalismo financiero


Después de la Segunda Guerra Mundial, sobre la base de la relación de fuerzas de la época, los países del Norte pusieron en marcha lo que los economistas regulacionistas denominaron capitalismo fordista. Aunque las formas concretas que pudo adoptar diferían de un país a otro, este tipo de capitalismo tuvo, no obstante, algunos rasgos comunes. Se trata de un capitalismo organizado esencialmente sobre una base nacional, con una dirección macroeconómica por parte del Estado en el marco de políticas anticíclicas. A escala internacional, los acuerdos de Bretton Woods garantizaron la estabilidad financiera y económica y la hegemonía de Estados Unidos, a pesar de la existencia del bloque soviético. Las finanzas estaban restringidas, tanto a escala nacional como mundial. Se puso en marcha una nueva relación salarial sobre la base de compromisos sociales institucionalizados, caracterizados por la existencia de convenios colectivos nacionales o de rama, que limitaban los efectos de la competencia entre las empresas. El modelo dominante fue el de la gran empresa de gestión integrada en la que las y los accionistas estaban efectivamente limitados, con una organización del trabajo taylorista que permitía la producción en serie, aumentos salariales regulares y un reparto de las ganancias de productividad para permitir el consumo de masas. Al mismo tiempo, se creaba un Estado social con el desarrollo de la protección social.

Esta estructura se vio apuntalada por la segunda revolución industrial, surgida a finales del siglo XIX y principios del XX (electricidad, automóvil, teléfono). Esta ola de innovaciones surgió durante la Gran Depresión de finales del siglo XIX (1873-1896), que marcó el fin del capitalismo competitivo, analizado por Marx, y el nacimiento del capitalismo monopolista, caracterizado por la formación de estructuras de mercado oligopolísticas y la introducción del taylorismo, que poco a poco se fue imponiendo a pesar de la fuerte resistencia obrera. Ésta fue destrozada en Europa durante la Primera Guerra Mundial en nombre de la Unión Sagrada y en Estados Unidos por una violencia de clase a una escala sin precedentes. El continuo movimiento hacia la concentración industrial, combinado con esta nueva organización del trabajo, condujo a un fuerte crecimiento de la productividad y creó las condiciones para la estandarización de la producción en masa. Pero este capitalismo se vio inmediatamente atrapado en una contradicción entre producción en masa y una demanda solvente insuficiente. La producción de masas debe ir acompañada de un consumo de masas, lo que exige un aumento del poder adquisitivo de la mayoría de la población, lo que las clases dominantes se negaron a hacer. Esta contradicción estuvo en el origen de la crisis de los años 30 y se resolvió tras la Segunda Guerra Mundial por la puesta en marcha del capitalismo fordista.

Se trata entonces de un orden productivo coherente, capaz de garantizar las condiciones de una acumulación eficiente del capital a largo plazo. En retrospectiva, este período parece haber sido una edad de oro, pero los Treinta Gloriosos no fueron una edad de oro para los asalariados y asalariadas sujetos a una división jerárquica alienante del trabajo, ni para los trabajadores y trabajadoras del sector informal, ni para las mujeres atrapadas en la dominación patriarcal, ni para el equilibrio ecológico en una sociedad de consumo en la que los deseos de las y los consumidores estaban moldeados por las grandes empresas.

Esta forma particular de capitalismo entró gradualmente en crisis a finales de los años 60 como consecuencia de una combinación de factores. Por un lado, la creciente internacionalización de las grandes empresas hizo cada vez más ineficaces las políticas macroeconómicas aplicadas a nivel nacional. En segundo lugar, el periodo de reconstrucción de la posguerra y de la primera fase del equipamiento de los hogares llegó a su fin, lo que redujo el efecto de arrastre de la demanda solvente. Por último, el creciente número de revueltas obreras, el auge de un poderoso sentimiento de cuestionamiento del capitalismo en muchos países, indicaron claramente que el fordismo había llegado a sus límites. Las dos crisis del petróleo de 1973 y 1979 sirvieron de detonantes de la crisis, que provocó una fuerte caída de la rentabilidad del sector industrial y la estanflación, una combinación de estancamiento económico y alta inflación.

A mediados de la década de 1980 se introdujo una nueva forma de gestión empresarial, cuyo objetivo era aumentar el precio de las acciones en bolsa y pagar mayores dividendos al accionariado. La empresa se puso al servicio del mismo. Los intereses de los directivos pasaron a estar estrechamente ligados a los del accionariado, con una explosión de la remuneración de las y los directivos (opciones sobre acciones, salarios vinculados a la cotización de las acciones, bonos, etc.). Fue este aumento de los beneficios no reinvertidos lo que, al permitir liquideces muy importantes, alimentó la financiarización de la economía. Esta financiarización fue posible y se desarrolló con la desregulación de los mercados financieros, que eliminó todos los obstáculos a la libre circulación de capitales y redujo en gran medida los controles públicos sobre las instituciones financieras. El resultado fue la globalización del capital, la globalización neoliberal. Pero el estancamiento de los salarios, o incluso su descenso en algunos países, ha hecho resurgir un viejo problema del capitalismo visto en su tiempo por Marx y Keynes. Los salarios son ciertamente un coste para toda empresa, que por ello intenta pagar lo menos posible a sus asalariadas y asalariados. Pero también es un factor decisivo para garantizar una demanda solvente, sobre todo en los países donde la gran mayoría de la población es asalariada. En Estados Unidos y la Unión Europea, por ejemplo, entre el 60% y el 70% de la demanda la cubren los y las asalariados y esta demanda tiene consecuencias sobre el nivel de inversión productiva. Desde los años 70, sin embargo, hemos asistido a una tendencia a la baja del aumento de la productividad, hasta el punto de que algunos economistas han hablado de estancamiento secular. ¿Cómo puede mantenerse la actividad económica, fuente de beneficios, cuando los salarios se estancan o disminuyen?

La respuesta del neoliberalismo a esta pregunta ha sido: cada vez menos salarios, pero cada vez más y más deuda. Aunque este modelo ha sido adoptado plenamente por Estados Unidos, Gran Bretaña, España e Irlanda, todos los países capitalistas desarrollados están más o menos comprometidos con él. En Estados Unidos, esta lógica no sólo afectaba al sector inmobiliario, sino también al gasto cotidiano de los hogares, en particular de los más pobres. Gracias a un marketing bancario que a menudo rozaba la estafa y técnicas financieras innovadoras (titulización, reposición permanente del crédito, etc.), las instituciones financieras llevaron al límite el endeudamiento. Este fue el origen de la crisis financiera de 2007-2008. La crisis comenzó cuando los hogares más expuestos no pudieron devolver sus préstamos, y se extendió como un reguero de pólvora, ya que los cortafuegos que cerraban el paso a las llamas fueron sistemáticamente destruidos por la desregulación financiera.

Por tanto, esta crisis puede considerarse una crisis del régimen de acumulación del capitalismo neoliberal. Es lo que ocurrió en la esfera de la producción lo que estuvo en la raíz de la crisis en la esfera financiera. Si las clases dominantes fueron capaces de tapar los agujeros mediante políticas monetarias no convencionales, no consiguieron estabilizar el sistema en su conjunto, máxime cuando la crisis ecológica, que se agrava día a día, está socavando los cimientos físicos sobre los que se asienta. Es en este contexto en el que debemos contemplar la llegada de las nuevas tecnologías.

Los efectos paradójicos de las innovaciones técnicas

El último cuarto del siglo XX vio surgir una nueva base tecnológica con la revolución digital. La instauración del capitalismo neoliberal vino acompañada de una transformación de las condiciones de producción, posibilitada por la llegada de un cúmulo de nuevas tecnologías. Los efectos han sido desiguales. Con la excepción de Estados Unidos, durante un breve período a finales de los 90 y principios de los 2000, los aumentos de productividad han seguido cayendo.

Todos conocemos la famosa paradoja de Robert Solow, Premio Nobel de Economía: “Vemos ordenadores por todas partes excepto en las estadísticas de productividad”. Y de hecho, a pesar de los aparentes fabulosos avances de la tecnología de la información, los aumentos de productividad se han desacelerado en todas partes, pasando de alrededor del 5% anual en los años 1950 a menos del 1% antes de la crisis sanitaria, e incluso a un descenso neto de la productividad en Europa desde entonces. Dicho de otro modo, la llamada ley de Moore, que se refiere al deslumbrante progreso de los ordenadores, sigue limitándose a los propios ordenadores, sin desarrollar la productividad en otros sectores, al menos en proporciones comparables.

Se suponía que la introducción de nuevas tecnologías digitales impulsaría una productividad aletargada, en particular mediante la automatización del trabajo. Pero después de décadas, y a pesar de la creciente sofisticación de estos útiles, no ha ocurrido así. ¿Cómo puede explicarse esta paradoja? Una primera explicación es la desconexión entre el aumento de los beneficios empresariales y el virtual estancamiento de la inversión productiva, con una proporción cada vez mayor de beneficios redistribuidos de una forma u otra al accionariado. El neoliberalismo se caracteriza por la utilización fundamental de los beneficios para la rentabilidad financiera, lo que da lugar a un arbitraje favorable a la distribución de dividendos, así como la redistribución de beneficios, a las y los accionistas y a la recompra por las empresas de sus propias acciones en lugar de aumentar la inversión neta. Pero esta falta de inversión no puede explicarlo todo, porque, a pesar de todo, las empresas siguen invirtiendo, con la renovación acelerada de los equipos. Y, atrapadas en una lógica competitiva y en un discurso ideológico que les insta constantemente a adoptar las últimas tecnologías digitales, las empresas se ven llevadas a una fuga hacia adelante, en la que se ven abocadas a una carrera precipitada en la que, junto a las formas tradicionales de trabajar, que más o menos controlan, se suman nuevos procesos poco dominados, con nuevos oficios que se agregan a los antiguos. Por tanto, lejos de ser un factor de racionalización, la introducción de las tecnologías digitales ha sido un factor de complejidad suplementario y de pérdida de productividad, tanto más que la destrucción del modelo social en curso desde hace decenios no favorece una productividad elevada de los asalariados y asalariadas. La cuestión es si la introducción masiva de la IA cambiará esta situación o, al contrario, la empeorará.

Es más, un número creciente de estudios están empezando a plantear la idea de que las innovaciones técnicas que han surgido desde finales del siglo XX no están aportando tantos cambios como cabría esperar, porque los nuevos objetos nos hacen producir diferentemente las mismas cosas que antes, no cosas nuevas. Ejemplos: compramos billetes de tren, pero eso no es lo que nos hace viajar más o de forma diferente; el click and collect en los supermercados no está cambiando nuestros hábitos alimentarios ni nos hace comer más ni mejor. Esta es una de las diferencias con el ciclo anterior del capitalismo fordista, que produjo nuevos objetos que alteraron profundamente la forma en que vivimos en comparación con las generaciones anteriores. ¿Cambiará esta situación la aparición del big data, la nube y la IA? ¿Conducirá el uso generalizado de algoritmos a una revolución de los objetos y a una transformación radical del sector servicios?

Pero, ¿es sostenible tal eventualidad? La huella ecológica del mundo digital es colosal. Contrariamente a una visión ingenua, el mundo digital dista mucho de ser inmaterial. Se compone de metales raros y de petróleo, y depende de una enorme infraestructura que consume mucha energía. Es más, aunque la eficiencia energética de los dispositivos electrónicos mejore con el tiempo se asiste clásicamente a un efecto rebote, porque no sólo hay cada vez más de ellos, invadiendo nuestra vida cotidiana, sino que, a medida que se vuelven más y más sofisticados, su fabricación genera daños ecológicos cada vez mayores. Este efecto rebote es tanto más fuerte cuanto que la competencia entre las empresas del sector fomenta la renovación periódica de los aparatos, lo que se traduce en un amontonamiento de residuos electrónicos. Con la IA y la nueva competencia que induce entre las firmas, se asiste a la búsqueda continua de una potencia de cálculo y de almacenamiento de datos cada vez más importantes con la construcción de superordenadores y la multiplicación de los centros de datos enormes consumidores de energía. La generalización de las tecnologías digitales va pues a aumentar la contradicción entre el respeto a los equilibrios ecológicos y la dinámica de un capitalismo reconfigurado por las tecnologías digitales.

El énfasis en el uso de algoritmos pasa por alto el hecho de que nada sería posible sin la intervención masiva de los trabajadores y trabajadoras del clic que colectan, transforman los datos o entrenan los algoritmos2. Esta compra de trabajo, con sus empleos precarios y mal pagados, es la otra cara de la moneda de la inteligencia artificial. A esto hay que añadir los empleos uberizados de los y las trabajadoras de las plataformas, con salarios a destajo, y los trabajadores y trabajadoras de la logística, sometidos a una disciplina laboral deshumanizadora. Por último, cabe señalar que los usuarios y usuarias de las plataformas ofrecen trabajo, a menudo gratuito, que contribuye a mejorar su funcionamiento; por ejemplo, puntuando contenidos. Lejos de desaparecer, el trabajo humano es la condición de existencia de la digitalización generalizada y del desarrollo de la IA.

¿Un nuevo capitalismo?

Asistimos a un doble fenómeno. Por un lado, los imperativos de la acumulación de capital influyen en el desarrollo de los algoritmos. Por otro, estos últimos están transformando el proceso de acumulación3. Independientemente de lo que pensemos sobre los posibles usos de los datos masivos y la IA, hay que partir de una constatación: hoy, las tecnologías digitales están utilizadas y desarrolladas por las empresas como medios de acumulación del capital. Utilizan gratuitamente las experiencias proporcionadas por la actividad humana que ellas transforman en productos predictivos destinados bien a localizar a compradores de sus productos, bien a ser vendidos a actores económicos que los utilizarán para dirigirse a consumidores finales.

Aquí es donde entra en juego la lógica de la acumulación capitalista: para ser cada vez más eficaces a la hora de predecir y moldear el comportamiento de las y los consumidores finales, es necesario aumentar constantemente la cantidad y variedad de los datos disponibles, pero, sobre todo, usar los datos que se refieren a los comportamientos más íntimos. Asistimos así a una acumulación exponencial de datos, el big data, posible gracias a la llegada de la nube, que permite almacenarlos y utilizarlos en las máquinas de aprendiza formateadas por el aprendizaje profundo, el deep learning. Además, la invención de los modelos de lenguaje (LLM) ha permitido la generación de textos cada vez más potentes (IA generativa) y los considerables avances en el rendimiento de los procesadores gráficos (GPU) hacen que un mismo conjunto de algoritmos pueda utilizarse en una gran variedad de situaciones. Este conjunto de innovaciones se está utilizando por primera vez en un nuevo tipo de empresa, la plataforma, que es técnicamente un conjunto de ordenadores conectados en red y gobernados por algoritmos, cuya función es actuar como intermediario para facilitar las interacciones entre varios grupos de usuarios o agentes económicos (lo que se conoce como plataforma multilateral), o que actúa como intermediario entre la persona consumidora y los productos o servicios que desean (lo que se conoce como plataforma revendedora)4.

Pero estas tecnologías digitales pueden utilizarse en casi todos los sectores de la vida social. Lejos de limitarse a las empresas de plataformas, la lógica algorítmica está impregnando a toda la economía y, más allá de eso, a la vida social en su conjunto. Las empresas tradicionales no sólo hacen un uso masivo de los datos que les suministran las empresas digitales, sino que ellas mismas están produciendo objetos conectados que, a su vez, proporcionan nuevos datos. Es más, la capacidad predictiva de la IA tiende a convertir a los seres humanos en meros accesorios de la máquina. Aunque el ser humano sigue siendo quien toma las decisiones en última instancia, ¿quién se atrevería a ir contra la recomendación de una máquina que ha tratado miles de millones de datos? La toma de decisiones humana ya no sería una cuestión de debate y confrontación entre distintas opciones basadas en diferentes alternativas políticas y concepciones éticas, sino en el tratamiento estadístico probabilístico de miles de millones de datos. El objetivo es no sólo anticipar el comportamiento de las y los consumidores, sino también influir en su consumo futuro.

Este último objetivo no es, en sí mismo, nuevo. Desde el reclamo en la época de la creación de los grandes almacenes, descrita por Zola en Au bonheur des dames, hasta la publicidad moderna, controlar e influir en las y los consumidores siempre ha sido un objetivo que va de la mano de la creciente mercantilización. Sin embargo, la publicidad tradicional afecta a las personas desde el exterior –por lo que es fácil de detectar – y de forma global, incluso si está destinada a objetivos concretos, lo que, no obstante, limita su alcance. En cambio, la IA actúa de forma casi invisible, se dirige a las personas en función de su comportamiento anterior. Peor aún el desarrollo de los robots conversacionales (chatbot) permite a la plataforma interactuar directamente con las personas que los utilizan, extrayendo de ellas nueva información sobre sí mismas que luego se transformará en datos que podrán utilizarse para fabricar nuevos productos. De este modo, la producción de bienes está ahora sujeta a un proceso de digitalización de la actividad humana. La extracción de datos personales, que permite manipular el comportamiento, tiende a convertirse en el combustible de la acumulación de capital. En sí misma, esta acumulación de datos no serviría de mucho si no se reinyecta de un modo u otro en el circuito de producción de mercancías, es decir, en bienes y servicios con una utilidad social, un valor de uso, que puede proporcionarse gratuitamente a cambio del abandono de sus datos por los usuarios y usuarias, o monetizarse y venderse.

¿Llevará el desarrollo de la IA, la computación en la nube y los Big Data a una nueva lógica de acumulación de capital? En primer lugar, hay que señalar el desarrollo de fenómenos rentistas que puede sugerir el advenimiento del tecnofeudalismo. Estas rentas pueden ser de varios tipos5: rentas vinculadas a la propiedad intelectual; rentas vinculadas a la utilización de bienes inmateriales (programas informáticos, bases de datos, procedimientos informáticos, etc.) que, una vez realizada la inversión inicial pueden reproducirse a un costes marginales insignificantes6; la llamada innovación dinámica permitida por la acumulación de datos en las cadenas de valor controladas por las empresas. Cabe señalar, no obstante, que el fenómeno de las rentas es consustancial al funcionamiento del capitalismo  –Marx llegó a hablar de “feudalismo industrial”– y se agravó considerablemente con el nacimiento del capitalismo monopolista, en el que los beneficios de las empresas se basan tanto en la explotación del trabajo como en la existencia de rentas ligadas a su poder de mercado.

Encontramos este mismo poder de mercado en el caso de las plataformas a través del efecto red, que se manifiesta de dos maneras: en primer lugar, cuantas más personas utilizan un servicio, más útil y eficaz se vuelve ese servicio para sus usuarios y usuarias; en segundo lugar, un número creciente de usuarios aumenta el valor económico del servicio en cuestión. El valor o la utilidad de unirse a la plataforma dependen del número de personas usuarias. Por tanto, el efecto de red fomenta el monopolio, con el resultado de que el ganador se lo lleva todowinner take-all. Por lo tanto, a priori no es la técnicamente mejor plataforma la ganadora, sino la que, por una razón u otra, consigue atraer a un mayor número de personas usuarias.

Hay que destacar un punto en relación con la tarificación de los servicios prestados por la plataforma. El poder de mercado del efecto red le permite subir sus precios por encima de sus costes aunque el servicio se preste a un coste marginal prácticamente nulo. Estos precios son, por tanto, administrados por la plataforma y no responden a ninguna realidad económica necesaria, salvo el deseo de obtener los mayores beneficios posibles. Pero también aquí hay fuertes similitudes con el capitalismo moderno. Contrariamente a lo que afirma la economía estándar, el precio no es, por lo general, el mecanismo mediante el cual se igualan la oferta y la demanda en un mercado, sencillamente porque el mercado no existe, salvo para unos pocos productos y para los activos financieros. Para que exista un mercado, tiene que haber una institución que lo organice y ponga en contacto a compradores y vendedores. Para millones de productos disponibles, no hay mercado en el sentido estricto del término, y los precios los administran las empresas. Las empresas utilizan campañas publicitarias para intentar distinguir sus productos en función de cualidades reales o supuestas, siendo el precio sólo uno de los factores en la elección del consumidor. Hablar aquí de mercado es una exageración y significa simplemente que la validación social de la producción tiene lugar a posteriori en el mercado.

Sin embargo, es evidente que el capitalismo está experimentando cambios sustanciales: la aparición de un nuevo tipo de empresa, la plataforma; de un nuevo motor de acumulación, los datos; la recomposición de las fronteras entre trabajo gratuito y trabajo remunerado; el nuevo tipo de trabajo polarizado, que combina el empleo precario y mal pagado, regido cada vez más por contratos mercantiles (autoempleo), y empleos de alto nivel y ultra-cualificados; una nueva forma de capital que se entremezcla con el capital financiero y el capital industrial, el capital digital o algorítmico, que tiene su propia lógica, que tiene su propia lógica y tiende a extenderse a todas las esferas de la vida social. Cierto, esta nueva forma de capital se basa en la explotación del trabajo, pero también, a una escala nunca antes vista, incorpora datos derivados de la experiencia humana en su proceso de valorización. Lo que es nuevo es que las plataformas se basan en la explotación del comportamiento de las y los usuarios para desarrollar y revender una capacidad para predecir sus comportamientos. Este efecto de bucle se dio de forma diferente en el capitalismo fordista, donde las y los asalariados participaban en su propia explotación y opresión a cambio del acceso a los bienes de consumo de los que ellos eran los productores. La diferencia esencial radica en el hecho de que lo que en gran medida era un proceso externo –de ahí las revueltas obreras de finales de los 60– es ahora, de hecho, casi invisible y, por tanto, interiorizado.

Esta nueva configuración no sustituye al capitalismo financiarizado del neoliberalismo, sino todo lo contrario. En primer lugar, la lógica neoliberal, totalmente centrada en la mercantilización de todas las actividades sociales, ha sido la condición previa para el surgimiento del capitalismo digital, ya sea mediante la desregulación del sector de las nuevas tecnologías, en particular de las telecomunicaciones, ya sea mediante el considerable endurecimiento de los derechos de propiedad intelectual y la posibilidad de mercantilizar los datos. En segundo lugar, este capitalismo digital o algorítmico está vinculado con el capitalismo financiero, industrial y comercial. Si la lógica de acumulación neoliberal dominada por el peso decisivo de las y los accionistas, en particular de las instituciones financieras, no ha desaparecido, depende cada vez más de plataformas y máquinas algorítmicas. En el funcionamiento de las empresas se tiende a combinar la lógica empresarial que hace de la competencia el motor de la acción y la lógica algorítmica que se basa en procesos predictivos que conducen a decisiones automatizadas, una lógica que también se está aplicando en el seno de las instituciones públicas. Por último, las empresas digitales participan plenamente en el juego del capitalismo financiero (cotizaciones de bolsa, adquisiciones de empresas, etc.).

Por último, hay que insistir en un punto. El capitalismo siempre ha funcionado históricamente con la hegemonía de una gran potencia, el Reino Unido en el siglo XIX, Estados Unidos a continuación. El declive relativo de la hegemonía estadounidense y el impresionante auge de China como postulante a esta hegemonía estructuran en gran parte las relaciones internacionales. Esta lucha por la supremacía se juega en gran parte en el terreno de las tecnologías digitales, como lo muestran las medidas de represalia tomadas por Estados Unidos contra China. En esta situación, no solo la mayor parte de los países, en particular la Unión Europea, están en una situación subordinada, sino que la cuestión de la regulación de la IA, a fin que pueda permanecer bajo control político y ciudadano, tiene el riesgo de pasar a segundo plano.

Pierre Khalfa es antiguo miembro del CESE en representación de Solidaires, antiguo co-presidente de la Fundación Copernic y miembro del Consejo Científico de ATTAC.

Les posibles-ATTAC nº 41 (invierno 2024-2025)

Traducción: viento sur

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Inteligencia Artificial: la sorpresa china

 

Eduardo Lucita

 

Derrumbe de las bolsas. Pérdidas multimillonarias de las tecnológicas. Sorpresa y asombro por el avance chino en el campo de la Inteligencia Artificial. El Momento DeepSeek.

El pasado 27 de enero un temblor atravesó el tablero geopolítico internacional. Wall Street vio derrumbarse las cotizaciones. A la vanguardia de ese derrumbe estuvieron las acciones de las tecnológicas, que arrastraron al resto, para luego impactar en los mercados bursátiles del mundo. Un verdadero lunes negro. En pocas horas las big tech perdieron casi 1 billón de dólares ese día.

¿Que había provocado semejante desbande? El anuncio de que una empresa china colocó en el mercado un asistente de Inteligencia Artificial que utiliza procesadores de bajo costo, que sería más eficiente en el procesamiento de datos y por lo tanto consumiría menos energía. Su costo de producción es muy inferior al de sus similares de origen estadounidense y también lo es su costo al público. Por lo demás es de código abierto, lo que significa que todo usuario o usuaria puede tomar conocimiento de sus fuentes, ver cómo fue construido el algoritmo e incluso adaptarlo a sus necesidades.

Sin embargo DeepSeek R1 no deja de tener restricciones. Por ejemplo para “evitar contenidos que atenten contra la seguridad nacional” no da información sobre Plaza Tiananmen o  Taiwán. Además, los servicios están regulados para que “se respeten los valores socialistas fundamentales”

El momento DeepSeek

En 1957 la URSS lanzó al espacio su satélite Sputnik 1 que sorprendió al mundo y generó grandes expectativas, al mismo tiempo que dejó claro que la Unión Soviética se había adelantado en la carrera espacial y que eso podría significar una amenaza para la seguridad nacional de EE UU. Ese acontecimiento se lo conoce desde entonces como el Momento Sputnik.

La situación planteada por el lanzamiento de la empresa China  de un modelo de chatbot de búsquedas con IA, capaz de competir con ventajas con los buscadores ChapGPT,  Gemini o Meta AI, puede equipararse, por lo sorpresivo e impactante, con aquel momento de fines de la década del 50 del siglo pasado.

Claro que hay diferencias. El lanzamiento del Sputnik 1 se dio en medio de la Guerra Fría, que tuvo su momento más peligroso cuando al Crisis de los Misiles en Cuba, que enfrentaba dos modelos de acumulación y gestión de la fuerza de trabajo diferente. Por el contrario, el lanzamiento de DeepSeekR1 se da en el marco de la dialéctica disputa-colaboración entre las dos grandes potencias del período, EE UU/China.

Por lo demás, aquel lanzamiento significó “el comienzo de la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética” que, según me informa Meta AI, “tuvo un impacto significativo en la historia de la exploración espacial y marcó una nueva era en que la humanidad comenzó a entender el espacio”. Por el contrario, la aparición del buscador DeepSeekR1, es un nuevo capítulo de la disputa por el liderazgo geopolítico en el plano tecnológico, particularmente en lo más avanzado que es la IA...

Geopolítica y tecnología

En los últimos tiempos las dos grandes potencias han tomado medidas proteccionistas. EE UU bajo la administración Biden amplió los controles establecidos por el primer gobierno Trump.  Prohibió la venta de productos de alta tecnología a China, luego presionó a Japón y Países Bajos para que se sumaran a la prohibición de exportar a la República Popular equipos avanzados para la fabricación de chips. La respuesta China a esas trabas no se hizo esperar. Restringió la exportación de dos minerales claves –el germanio y el galio- imprescindibles para la producción de chips de última generación, prohibiendo también comprar productos a la empresa estadounidense Micrón.

Las principales empresas norteamericanas de alta tecnología advirtieron oportunamente que la política proteccionista perjudicaría a su propia industria y terminaría favoreciendo la producción china. Tanto porque prohibía a sus empresas participar del mercado chino –exportaban unos 400.000 millones de dólares anuales en chips– como porque impulsarían la investigación sustitutiva en la República Popular.

No les faltó razón. La empresa DeepSeek fue fundada en 2023, justo cuando EE UU comenzaba a profundizar sus restricciones. Poco tiempo después, y en forma sorpresiva, empresas chinas anunciaron resultados muy positivos en la producción de un tipo de chips competitivos, incluso superiores, a los desarrollados por Nvidia y AMD en EE UU. Se hizo evidente que las restricciones impuestas por EE UU no retrasaban el desarrollo chino; por el contrario, lo estimulaban.

Ahora fue el turno del R1, que utiliza chips fabricados por Nvidia. Estos chips no son de última generación, por lo tanto son más económicos. El presupuesto de entrenamiento del nuevo buscador es solo el 10% de lo invertido en el ChatGPT. Estos datos ponen en cuestión las grandes inversiones que hicieron por ejemplo Microsoft o Meta AI cuando la empresa china lo logró con muchos menos recursos. Puede que de ahora en adelante cambien los criterios de evaluación para medir la eficiencia del gasto e inversiones en alta tecnología.

El momento del Momento

China anunció el 20 de enero el lanzamiento del DeepSeek R1, pocas horas antes que Donald Trump, ya como presidente en funciones, anunciara, con bombos y platillos, una inversión de 500.000 mil millones de dólares en el proyecto Stragate, pensado para construir centros de datos en función de nuevos emprendimiento en IA. Era el inicio de la Edad Oro de EE UU que anunciara el día de su asunción.

El momento DeepSeek, que dejó muy descolocado a Donald Trump y minimizó su anuncio, ¿fue producto de la evolución lógica de los tiempos del proyecto o ese momento fue políticamente pensado? En otros términos ¿darlo a conocer el 20 de enero fue una decisión de la empresa que lo produce o del Estado chino?

Cualquiera que fuera la respuesta, es evidente que China está avanzando en cerrar la brecha tecnológica con EE UU. Por algo Trump y Elon Musk han anunciado que buscaran un acuerdo estratégico con la República Popular. Es porque existe una fuerte interdependencia económica entre las potencias y  las nuevas tecnologías tienen un papel central en esa integración conflictiva. Es porque el control de la IA, lo más avanzado de los procesos tecnológicos actuales, será decisiva en la resolución de la actual disputa entre las dos grandes potencias.

 Así, la colaboración competitiva se impone, si es que no aparece un nuevo cisne negro…

29/01/2025

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda-

 

  • 1 Véase Pierre Dockes, La libération médiévale, Flammarion 1979 y Mathieu Arnoux, Le temps des laboureurs, Albin Michel, 2012.
  • 2 Véase Antonio A. Casilli, En attendant les robots. Enquête sur le travail du clic, Seuil 2019.
  • 3 Nos basamos aquí en cuatro obras que, a pesar de sus diferencias, sintetizan y reúnen un enorme corpus de trabajos: Cédric Durand, Tecno-féodalisme. Critique de l'économie numérique, Zones 2020; Maya Bacache-Beauvallet, Marc Bourreau, Économie des plataformas, La Découverte, 2022; Jonathan Durand Folco y Jonathan Martineau, Le capitalisme algorithmique. Accumulation, pouvoir et résistance à l'ère de l'intelligence artificielle, Écosociété 2023;Yanis Varoufakis, Les nouveaux serfs de l'économie, LLL 2024. Véase también Daniel Bachet, Les marchés réorientés: Plataformaes, intelligence artificielle et capitalisme algorithmique.
  • 4 Estas definiciones proceden de Maya Bacache-Beauvalleyt y Marc Bourreau, op. cit.
  • 5 Seguimos sobre este tema la taxonomía señalada por Cédric, Durand, op. cit.

 

Fuente: https://vientosur.info/inteligencia-artificial-capitalismo-y-geopolitica/