jueves, 4 de junio de 2020

DEL “MUNDO POST-COVID” AL “NUEVO ORDEN POST-MUNDO”


04/06/2020

Casi todas las descripciones del más que probable infausto desenlace mundial de la cuarentena global, insisten todavía en certificar una realidad que ya no tiene sentido. Porque es lo que, precisamente, la plan-demia global ha desmoronado definitivamente: un “mundo post-covid” ya no tiene sentido como “mundo”; y menos en los términos que la modernidad se ufanaba de prometer, desde el liberalismo hasta la globalización. Esa idea de “mundo”; que se acuñó en la filosofía con Husserl (lebenswelt) y Heidegger (seis-in-der-welt), ha dejado lugar a un sombrío escenario indeseable que ya no puede ser considerado un “mundo” (al menos ya no, literalmente, para todos).

El fracaso de la modernidad no podía haber sido más fehaciente. Amanece con el genocidio de la Conquista, genocidio que es esencial para dar vida al verdadero virus que porta la expansión europea desde 1492; porque le brinda, parasitariamente, la posibilidad de una “acumulación pre-originaria” (el trabajo impago y jamás reconocido de 100 millones de indios y afros) para financiar toda una forma de vida donde ese virus se pueda realizar en toda su plenitud.

Esa forma de vida es el mundo moderno, como nicho de realización de las expectativas exponenciales de este virus llamado capital-ismo. No en vano decía Marx que el capital nace chorreando sangre por todos los poros, porque es parido en el genocidio del Abya Yala y, desde entonces, para darle vida –que no la tiene– hay que privársela a otros: la humanidad y la naturaleza; por eso concluía lógicamente: “la producción capitalista sólo sabe desarrollar la técnica y la combinación del proceso social de producción socavando al mismo tiempo las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre”.

Pregona la modernidad de boca para afuera: “liberté, egalité et fraternité”, y declara que: “todos los hombres son creados iguales”; porque, de boca para adentro, lo que considera humanidad es apenas el recorte racializado que establece como su propia y más acabada antropología: “todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros”. Aquella observación de Orwell no es imputable a un sistema de gobierno sino a un sistema-mundo; por eso Benjamín Disraeli sentenciaba ya en su tiempo: “a los derechos humanos preferimos los derechos de los ingleses”.

La hegemonía expansiva que logra, bajo el diseño –no sólo geopolítico sino también antropológico– centro-periferia, le otorgó una legitimidad que se fue diluyendo ya en el siglo XX; fue el siglo de las “exposiciones universales” (que comienzan en París, en 1878) que, promoviendo la religiosidad del progreso infinito, desplazaba su ficción civilizatoria a un futuro donde sea posible todo, hasta la vida eterna. Su liberal creencia hasta piadosa en el progreso y el desarrollo, pedía confiar en la ciencia y la tecnología, como los mediadores mesiánicos de un ascenso evolutivo hacia la perfección absoluta (la misma crédula insistencia neoliberal de la fe en el mercado, como la moneda de salvación milenarista).

Esas creencias, como sus dogmas de fe, constituían la base de legitimidad de la sociedad moderna; por eso podía auto-denominarse “sociedad del progreso”, como el verdadero “mundo libre”; o “sociedad del futuro”, como la auténtica “tierra prometida”. Pero, ahora, todo eso ha fracasado.

“El mundo ya no volverá a ser el mismo”, dicen los que le hacen el coro a la narrativa imperial; aunque lo que debieran subrayar es que: nunca el mundo había sido literalmente clausurado para el ser humano, y de modo indefinido. La “globalización” ya fue la culminación de una expansión irrestricta del capital y del mercado, y un arrinconamiento coercitivo de la humanidad, vendida al mundo entero como la apoteosis de la libertad y la riqueza para todos.

No hay un “mundo post-covid”, porque después de la cuarentena (que no es sino un Estado de sitio no declarado), lo que se puede vislumbrar es un Estado de excepción global, donde quedarían conculcadas, de facto, todas las libertades y derechos, civiles y políticos en todo el mundo. Esto significa acabar, definitivamente, con la idea de “mundo”. Porque si el mundo es un algo común, un orbe válido y accesible para todos; después de la cuarentena, quedará confirmado que el mundo se deshizo ante nosotros y lo único que nos queda, es un orden impuesto, ajeno a todo lo que podía significar un “mundo”.

La misma etimología del concepto de economía, nos sugería la administración de una casa común; porque en la idea de mundo se compendiaba siempre la posibilidad del cómo del existir plenamente humano; ya sea como facticidad o como historicidad, el mundo constituía el horizonte irrebasable de toda experiencia, incluso como trascendencia. La negación de todo ello era el tan promovido “fin de la historia” (la pueril efusividad de Fukuyama no le permitía advertir que esa idea significaba, en realidad, el fin de la humanidad).

En ese sentido, el fin del mundo no es la destrucción de la vida sino el sinsentido globalizado de la existencia. Si con el lawfare se acabó con la presunción de inocencia, con el health-fare se criminaliza la salud, es decir, si todos somos susceptibles de contagio, el estar sano es motivo de sospecha; para universalizar la vacuna que pretenden instalar como la nueva identidad, nadie puede pretender siquiera creerse sano.

En semejante situación, con la infección como el nuevo enemigo invisible, la delación se convierte en la nueva moneda de admisión ciudadana. La lucha contra el terrorismo se legitima por otros medios: el terror se interioriza y todo resto de vida que queda sólo consiste en asegurar una condición aséptica siempre dudosa. La ficción kafkiana nos enseñó que uno podía ser culpable de un crimen inexistente; la narrativa actual nos muestra que el enemigo somos todos, es decir, el pecado original resignificado nos convierte en culpables perpetuos, siendo la desobediencia al aislamiento el nuevo terror que hay que denunciar.

De ese modo, la lucha imperial “del bien contra el mal” alcanza su más plena consagración sacrificial: para que vivas, tenemos que deshacernos de otros. Sólo entonces, la propia humanidad, admitiría como inevitable el fatalismo imperial, legitimando su propia eliminación. En tal caso, ya no hay “mundo” sino un virtual purgatorio y la vida es sólo el reflejo de algo inevitablemente perdido.

Sólo así, el sistema económico, la ciencia y su forma de vida –moderna– se redimen, transfiriendo su fracaso a toda la humanidad como “culpable” y a la naturaleza como “vengativa”. La tesis de la zoonosis como causa del actual virus responde a esa típica “externalización” de responsabilidades que, el neoliberalismo, tiene como dogma de las propias miserias que ha venido provocando; pues, de ese modo, busca siempre transferir obligaciones suyas –nunca admitidas– al resto afectado.

El concepto de “cambio climático” formaba parte de esa estrategia discursiva imperial acorde a esa transferencia de responsabilidades, como el contenido real de la política de “gestión de riesgos” (mi riesgo lo asumen los afectados) que ejecuta sistemáticamente, desde la crisis del 2008, el poder financiero; haciendo aparecer como “natural” una situación que no tiene un origen natural sino de intervención irracional del factor financiero/petrolero en el ecosistema; por ello los poderes fácticos acuñan, para lavarse las manos, el concepto de “resiliencia”, como la adaptación resignada y fatalista de algo que supuestamente no tendría causantes con nombre y apellido.

El actual infierno producido ya no es la lucha de todos contra todos, sino la indolencia e indiferencia del sacrificio global. Y eso ya no constituye “mundo” alguno. Si la vida es sólo posible haciendo imposible vivir “en sociedad”, entonces el “nuevo orden” es, en realidad, un laboratorio aséptico donde todos son condenados a existir en tubos de ensayo, como la única posibilidad de realización confinada de las fantasías individuales.

La cuarentena ya es, como ejercicio militar de disuasión estratégica, el adiestramiento obligado de la “vida virtual”, como única vida posible. Para instalar definitivamente la necesidad de la digitalización de todo y la inminencia de la “inteligencia artificial”, se requería provocar este tipo de ejercicios globales que hagan inevitable la cesión consentida e inevitable de los derechos y las libertades humanas.

Eso ya fue ensayado con el auto-atentado a las torres gemelas, el 2001. Aquella conculcación de los derechos y libertades civiles en USA fue justificada por la apoteósica guerra contra el terrorismo, acuñada religiosamente como “la lucha del bien contra el mal”. Para amplificar aquello al resto del planeta, tenían los poderes fácticos que imaginar una situación resignada de aceptación mundial de un Estado de excepción de alcances globales. La pandemia, como plan-demia, era lo más oportuno para imponer la doctrina neoliberal del “there is no alternative”. No les quedaba otra. El neoliberalismo fracasó, porque se hace ya imposible su continuidad por vías democráticas (aunque sean fraudulentas), porque ya ni en el primer mundo creen en la narrativa neoliberal.

Pero el fracaso del neoliberalismo es también fracaso del capitalismo; pero no por acumulación de crisis, pues el capitalismo siempre ha estado en crisis, es más, necesita de la crisis para seguir su espiral acumulativa, es decir, necesita poner en crisis todo, para legitimar su afán exponencial. Lo que hace ahora que este fracaso sea definitivo son los mismos límites finitos de la vida, que se han venido encargado, desde fines del siglo XX, de hacer ya imposible las expectativas exponenciales, es decir, infinitas, del capital.

De los límites naturales pasamos a los límites humanos; el desangramiento de los pobres del planeta ya no era suficiente para el casino financiero, ahora su gula infinita se dirigía contra los propios ahorros en el centro. Después del asalto al sistema global de pensiones, ya no queda casi nada para la voracidad del casino financiero global. La última inyección de “dinero fiat” que la FED está realizando en la economía gringa, sólo hace periclitar aún más el irracional sistema económico mundial. Ya no hay más posibilidades de que el capital siga creciendo. Pero si el capital no crece, muere. Y esta amenaza es lo que se confunde con la muerte de todo, incluso de la vida misma.

Esta su tendencia interna, a crecer indefinidamente, es inobjetable para el sistema económico (y es la base de sustentación del mismo desarrollo), por eso, la imposibilidad del crecimiento económico es la amenaza que obliga a los poderes fácticos a un nuevo sacrificio, esta vez, de características universales. Por eso señalamos que la racionalidad económica moderno-capitalista provoca irracionalidades, y esa es la realidad que yace detrás de la plan-demia.

Para que el capital no muera, el sistema económico mundial –llamado por eso capital-ismo– debe, como siempre ha hecho, sacrificar nuevos chivos expiatorios sobre los cuales transferir su crisis y sus fracasos. Lo novedoso de la situación actual y del neomaltusianismo que promueven los poderes fácticos con nuevos eufemismos, es la arrogante administración etaria que están imponiendo. El robo al sistema global de pensiones es la instauración fatídica de la política de eutanasia amplificada como solución del crónico decrecimiento económico: reducimos ya no sólo la población sino la esperanza de vida, para que el capital siga viviendo. Bajo el mismo tenor que se colige del aborto promovido como bandera de liberación femenina, esta política de reducción de la esperanza de vida, pone en evidencia la cancelación y abolición de todo futuro posible: la humanidad ya no tiene derecho a vivir más de lo que el capital exige.

Este fracaso desmiente las promesas iluministas, del Renacimiento y la Ilustración (la mitología moderna del autodenominado “mundo libre”), a su vez que desencubre la lógica suicida del capital, arrinconando a la humanidad en la falsa disyuntiva maltusiana. El problema no son los pobres o los viejos. Sin vida no hay ser humano y sin trabajo humano no hay riqueza alguna; el capital es posible porque hay trabajo y hay vida, en consecuencia, jamás el capital es lo primero sino la vida, es decir, el capital no puede ser criterio de la vida sino al revés. El fetichismo económico es el que ha puesto al mundo de cabeza y ahora pretende “racionalizar” hasta la esperanza de vida.

La política de eutanasia implícita hace colapsar los cimientos mismos de la “sociedad del progreso”. Porque matando a los viejos no se mata al pasado. Se mata al futuro. Si el mensaje es: vive ahora porque mañana te eliminamos; el mañana deja de existir. El mundo ya no se recorta sólo en su espacialidad, como sucede con la globalización, donde sólo posee carta de tránsito el dólar y sus portadores; sino ahora en su temporalidad: ya no hay lugar para los viejos.

Si todo lo que se espera humanamente como deseable, se lo transfiere al futuro (por eso, por ejemplo, se ahorra); ahora esa última esperanza, de quienes todavía encuentran algún sentido en el sacrificio presente, ha sido hecho trizas. Interpretar a los viejos como una “carga para la economía”, es amputarse los supuestos históricos reales de la economía, pue sin el trabajo precedente no hay riqueza presente. Entonces, deshacerse de los viejos es poner a todo el sistema económico en el campo de la pura ficción. Por eso no es raro que los estrategas tecnocráticos de los organismos internacionales sean, curiosamente, jóvenes (como los nuevos astros del futbol). Mientras más jóvenes, más fáciles de manipular y de usar, pero, además, más proclives a imaginar un mundo sin pasado y sin historia. Con el mundo de la post-verdad se exaltó definitivamente el instante como criterio de toda experiencia posible, dejando a la experiencia misma sin sentido.

El futuro no es la niñez sino la vejez, porque dejamos atrás la infancia y siempre nos proyectamos, vía experiencia, hacia la madurez. Todo lo que se puede lograr en la vida, sólo se lo puede gozar en la vejez. Pero el capitalismo, como un auténtico parásito, le extrae a uno no sólo fuerza física sino fuerza vital, de modo que uno llega a viejo ya no para acopiar lo logrado sino para ser escupido y despreciado por una sociedad que no acepta a los “inútiles”.

Desde el colapso de la Unión Soviética (provocado también por la geopolítica imperial), el capitalismo ya no necesitó mostrarse “humano”; por ello también el neoliberalismo ha sido concebido como “capitalismo salvaje”. El posmodernismo (surgido en Francia bajo auspicio de la CIA, como ya se sabe actualmente), constituyó su ideología, filtrándose hasta en los movimientos de resistencia anarquista y socialista, para desarmar al bloque popular unificado y minar, a su vez, toda posibilidad de la creación del poder popular. El mundo de la post-verdad es la apoteosis de toda esa estrategia geopolítica de cooptación ideológica que desubicó completamente a la izquierda mundial, llegando a la situación actual, donde hasta los supuestos críticos no hacen sino confirmar su consciencia periférica-satelital, haciendo eco de la narrativa imperial.

Cuando el Imperio actúa, crea su propia realidad. Para eso diseña todo un sistema académico que piensa las necesidades imperiales como necesidades humanas y planetarias. La intelectualidad periférica sólo se dedica a estudiar, o sea, a “interpretar” esa realidad. Como sólo “interpretan” (hasta “decolonialmente”) y nunca “transforman” esa narrativa, el Imperio y sus mandarines actúan y crean nuevas realidades, para el consumo comedido de la consciencia periférica-satelital. Así suceden las cosas, como en la actual plan-demia; mientras el Imperio actúa, la izquierda global sólo se dedica a “interpretar” la escenografía que el Imperio dispone para naturalizar su nuevo embuste.

Lo cual se evidencia en la repentina lucidez que adquieren incluso sectores conservadores, a la hora de verificar que, detrás de la cuarentena global, se encubre una planificada política de imposición de un “nuevo orden”. Para aclarar a los despistados izquierdistas, que se han creído la ficción sobredimensionada de una epidemia que, hasta numéricamente, no alcanza mundialmente los niveles tangibles para provocar semejante zozobra global; ésta es una nueva lucha de capitales que la patrocina el capital financiero, en contra hasta del capital productivo, donde, curiosamente, se recluyen sectores conservadores que en plena globalización, vieron su desplazamiento definitivo del liderazgo capitalista, nacional y global. Por eso no es de extrañar la aparición de personajes como Trump que, en plena carrera electoral, prorrumpía con una demagógica retórica anti Estado profundo. Son los capitales nacionales, desplazados por el financiero –que ahora son el poder detrás del trono– los que tratan infructuosamente de sobrevivir en esta nueva recomposición del proceso de acumulación capitalista.

Este nuevo diseño global ya fue descrito por Kissinger y, sobre todo, por Brzezinski. La cuarentena tiene, como uno de sus objetivos, hundir la economía de la gran mayoría de los Estados, incluso del primer mundo. Siguiendo la lógica de la mafia, para el casino financiero, los Estados se han ido reduciendo a meras empresas fantasma, cuyo fin ya nunca ha sido generar nada, sino “lavar” el origen espurio del verdadero capital que tiene a un Estado particular como garante de todos sus movimientos; es decir, son creados para la quiebra, mientras las verdaderas ganancias se canalizan por otros medios. La quiebra multiplicada de los Estados, sobre todo periféricos, es lo que se viene; por eso no es raro el comedimiento del FMI y su “flexibilización” crediticia. Ya no queda más para robar, por eso el capital financiero apuesta por robar el futuro, colapsando toda la economía mundial.

Pero, poco a poco, se va develando esta política profunda, y los planes del 1% de billonarios mundiales –que también compiten, como buitres hambrientos– se van desenmascarando por las propias filtraciones de información que jamás podrían denunciarse en los mass-media mundiales, comprados por el dinero del 1%. Una vez más, le toca al pueblo, extendido ahora como humanidad desplazada de lo que podía considerar su mundo, resistir y transformar el diseño financiero de un “nuevo orden” exclusivo para la locura suicida del capitalismo.

En Chile perdieron los ojos para que abras los tuyos. En Ecuador, las muertes sólo serán muertes si los vivos no despiertan. En Bolivia lo que se está quebrando no es el pueblo, sino la derecha antinacional que promovió el racismo golpista. En España e Italia ya no se habla del covid sino del cómo recuperar lo que se ha perdido. En Francia e Inglaterra vuelven las protestas. En Alemania y Rusia ya se asevera que la epidemia viral fue sobredimensionada. En USA, “black lives matter”. Si es así, entonces, “indigenous lives matter”, “humanity matters”. “PachaMama matters”, “capital doesn´t matter”.

Si el capitalismo muere no ha de ser por una crisis interna, aunque sea terminal, porque en la crisis está en su elemento (por eso enferma todo y a todos, para seguir viviendo). Como el cáncer, sólo muere dando fin al espacio vital que lo ha hecho posible. Si muere el capitalismo, ha de ser por una decisión humana; cuando la propia humanidad despierte y adquiera consciencia de que no es ella la que le debe su vida al capital sino al revés. Entonces el mundo se pondrá de pie y será verdaderamente mundo, como una Casa Grande, hogar natural de toda la humanidad; “donde todos quepan”, “donde todos vayamos juntos y nadie se quede atrás” y, donde “los que manden, manden obedeciendo”.

La Paz, Chuquiago Marka, Bolivia, 3 de junio de 2020

Rafael Bautista S., autor de: “El tablero del siglo XXI: geopolítica des-colonial  de un nuevo orden post-occidental”, yo soy si Tú eres ediciones, 2019
Dirige “el taller de la descolonización”




https://www.alainet.org/es/articulo/207015


lunes, 1 de junio de 2020

APURIMAC SOLIDARIA


Dicen que mucho se habla de lo malo y muy poco de lo bueno, mucho de tragedias y poco o nada de la solidaridad entre los seres humanos, que sufren el confinamiento y la supresión de toda actividad humana.

Ante el Covid-19, y su difusión a nivel planetario, podemos constatar la solidaridad de los hombres de buena voluntad, así como la ayuda que hay entre algunos pocos pueblos y naciones que vienen compartiendo alimentos y medicamentos con los que no tienen.

En estos últimos días, los pueblos de Apurímac, han puesto de nacimiento su práctica ancestral que es la solidaridad. Las familias, en coordinación con sus directivos comunales y autoridades municipales se han movilizado, organizado para enviar varias toneladas de alimentos para sus hermanos residentes en diferentes ciudades del interior del país en especial de Lima. Las que han sido recepcionadaspor los directivos y/o comisiones de las asociaciones representativas. Quienes hicieron entrega a los beneficiarios en forma personal.

Estas acciones se han realizado de manera transparente, y no como el condicionado reparto de los bonos del gobierno, que no ha llegado a los pobres y de extrema pobreza. Quienes no saben, cómo se ha seleccionado a los beneficiarios, tampoco saben dónde ni cómo reclamar.

Estos hechos marcarán un hito en la labor de producción, administración y gobierno de las comunidades y municipios. Donde el factor monetario no es lo determinante, sino, la capacidad de producción, con las que se satisface las necesidades básicas de la población.

Apurímac, es un departamento que produce muchos productos alimenticios gracias a su clima ya que éste beneficia a los terrenos agrícolas sin riego. Lo que nos permite señalar categóricamente, que la actividad económica fundamenta de Apurímac esla agricultura y no la minería.

El confinamiento a la que estamos sometidos en Lima, viene transformado a todos en seres encerrados, reclutados, dependientes, enfermos, sometidos a la medicina, que sólo genera cuantiosas ganancias a la industria químico-farmacéutica. Lo que ha obligado a muchos a retornar a sus pueblos de origen. Quienes ven como alternativa de supervivencia a las comunidades campesinas. Donde pueden realizar las actividades vitales, con libertad, creatividad y en beneficio de todos los comuneros.

Esa es la nueva mentalidad con la que retornan principalmente los cientos de jóvenes. Con el compromiso de explicar a los comuneros las ventajas del cultivo en común, colectivo en cooperativas. Lo que les permitiría ampliar su producción con capacidad de producir para el mercado.

Evidentemente, son conscientes de que sólo de un modo gradual y prudente, y con el ejemplo práctico y acertado se puede influir sobre la totalidad de los comuneros. Por lo tanto, este tema es materia de investigación por parte de las asociaciones de apurimeños residentes en Lima. Si es que, realmente se tiene claro el propósito de contribuir al progreso de nuestras comunidades de origen.

Esperamos las propuestas de los directivos de las asociaciones de apurimeños residentes en Lima, que son en promedio de cien asociaciones, entre anexales, distritales, provinciales y regional. Quienes podrán exponer sus puntos de vista en las teleconferencias que se vienen realizando los lunes con los intelectuales y los sábados con los señores alcaldes de los centros poblados, distritales y provinciales de Apurímac, vía Zoom de FEDIRAL y contraseña FOROVES.

¡VIVA LA SOLIDARIDAD APURIMEÑA!

                                                                                                 Lima, 1 de junio de 2020.

CONSEJO DIRECTIVO

FEDIRAL-APURIMAC

CRISIS: SOLUCIONES ANCESTRALES


Escribe: Milcíades Ruiz
En los momentos más dramáticos de la vida, nos acordamos de nuestros padres. Extrañamos su sabiduría y nos duele en el alma haber sido tan ingratos e injustos con ellos. Ahora que sufrimos el exterminio por nuestros desatinos planetarios, es bueno recordar a nuestros ancestros andinos. Su sabiduría milenaria salvó muchísimas vidas en el genocidio colonial. La coca fue la tabla de salvación, como lo puede ser ahora.

Hemos sido ingratos con los cultivos andinos, a los que hemos dado la espalda adquiriendo hábitos de consumo extranjeros, que ahora resultan más caros y nos esclavizan con la dependencia alimentaria. Han sido desplazados por el pollo industrial que nos hace dependientes del maíz norteamericano, habiendo sido país originario de este cereal. Ahora importamos papa para lo mismo. Nos hemos acostumbrado al arroz que nos quita divisas y hasta importamos chocolate, teniendo de sobra nuestro cacao nativo.

Nuestra coca tiene doble virtud. Es un gran alimento y una gran medicina. Dos pilares del origen y desarrollo de la civilización andina. Fue su principal alimento en estado salvaje y su salvación ante muchas epidemias, incluyendo las que trajeron los conquistadores europeos. Perseguida, satanizada, pisoteada, reprimida de mil maneras durante siglos, no han podido eliminarla de nuestra cultura. Esta planta milenaria sigue alimentando y curando. ¿Cómo no comprender la adoración ancestral por ella?

La coca siempre ha sido y es la vida para hombres y mujeres ancestrales. La peor desgracia fue la llegada de los conquistadores que les arrebataron sus fuentes de vida y los sometían al trabajo criminoso. Pero allí estaba la coca, siempre aliviando los males del holocausto colonial. Esta identidad, jamás fue comprendida por los descendientes de los conquistadores que se adueñaron de la república, hoy bicentenaria. El tesoro natural, que nos legó nuestra cultura milenaria, ha sido envilecido por la cultura occidental.

Hoy que la pandemia mata mucha gente por falta de oxígeno, viene a mi memoria la triste historia de la mita colonial que, obligaba a aportar un joven de la familia para los trabajos en los socavones mineros, donde faltaba el oxígeno. Pero allí estaba la coca socorriéndolos, oxigenando su sangre. ¿Cómo no estar agradecidos de su bondad? Y fueron millones los que lograron sobrevivir, sin medicinas, sin apoyo alimentario, sin protección sanitaria.

Es que la coca es un cardiotónico que regula la carencia de oxígeno, mejorando la circulación sanguínea. El oxígeno es absorbido por los glóbulos rojos y llevado por ellos a todos las partes del cuerpo. Allí reacciona con las sustancias grasas, produciéndose la combustión que mantiene la temperatura del cuerpo y, con ello, la vida misma. ¿A cuántos no ha sucedido el síndrome hipóxico del mal de altura, por deficiencia de oxígeno en la sangre? La receta, mate de coca.

Ella fue siempre la salvación en el martirio colonial. Esto debemos tener presente ahora que el hambre amenaza a los más desprotegidos. Y es el alimento más barato. Con un dólar a la semana se cubre los requerimientos del organismo, aunque no te llene el estómago. ¿Saben por qué? Esto es lo que hay en cada 100 gramos de coca:

Análisis Bromatológico:
Vitaminas
Oligoelementos
Calorías 305
Caroteno(*) 8 mg
Fósforo(*) 405 mg
Acidos orgánicos 3.2 mg.
Alfa carotina 2.65 mg.
Bario 17.00 mg.
Carbohidratos 46.2 g.
B2 (riboflavina)(*) 1.49 mg.
Boro 24.00 mg.
Fibras 14.4 g.
B1 (tiamina)(*) 0.8 mg.
Calcio(*) 2196.00 mg.
Grasas 3.3 g.
B6 (piridoxina) 6.30 mg.
Aluminio 49.00 mg.
Proteínas 18.9 g.
Beta carotina 20.00 mg.
Cobre 1.10 mg.
Humedad 7.0 g.
E (tocoferol) 44.10 mg.
Cromo 0.23 mg.
Nitrógeno(*) 2.88 g
G (niacina)(*) 8.62 mg
Estroncio 204.00 mg.

Acido nicotínico 5.00 mg.
Hierro (*) 7. mg.

H (biotina) 0.54 mg.
Fosfato 911.8 mg.


Magnesio 0.37 mg.


Manganeso 0.50 mg.


Potasio 1.90 mg.


Zinc 3.80 mg.

Tabla elaborada sobre la información: “Nutricional value of coca” James Duke, D. Aulik, T. Plowman. Botanical Museum Leaflets, 1975. (*) “Nutrición y coqueo” Carlos Collazos, R. Urquieta, E. Alvistur. Rev. del viernes médico, 1975. “Tabla de Composición química de los Alimentos” Carlos Collazos, E. Alvistur y otros.

También contiene alcaloides que, en estado natural son benéficos como estimulantes vitales. Hoy que el estrés y la depresión abruma, no hay nada mejor que un mate de coca. Solo la maldad por lucro capitalista, extrae químicamente la cocaína. El centro de este negocio es EE UU, que amasa inmensas fortunas pues el narcotráfico mueve su economía, expandiendo el mercado e inversiones. Pero este es otro cantar. Este problema nunca existió en las sociedades andinas.

Los elementos vitamínicos y minerales de la coca, ingeridos al masticar o, como harina sola y combinada con otros alimentos, desarrolla un proceso metabólico de resultados asombrosos. Es levanta muertos e inmunizante. Como sabemos, un organismo debilitado es presa fácil de enfermedades y epidemias, pero no un cuerpo nutrido con coca, pues se defiende y desarrolla anticuerpos. Casos hay muchísimos. Hasta de cáncer. Con coca no hay obesidad ni anorexia, ni raquitismo ni hambre.

La harina de coca combina con una inmensa cantidad de alimentos para preparar galletas, caramelos. chocolates, queques, jugos, refrescos, etc. pero también con productos terminados como gelatinas, helados, postres, dulcería diversa. Pero la cultura de la dominación ha demonizado el consumo de alimentos andinos, discriminándolos como propios de costumbres salvajes. Por eso es necesario reivindicar el enorme valor de la coca como alimento. Rescatar el sentimiento de compartir, inherente a su consumo.

Al igual que otros recursos naturales, nuestro país no ha sabido darle a la coca la condición de recurso estratégico, como sí, lo ha hecho EE UU, utilizándola como insumo de la bebida gaseosa coca kola distribuida en todo el mundo acopiando divisas para su fortalecimiento económico. En nuestro país, tenemos la empresa estatal ENACO, que no es desarrollada para combatir el hambre ni para explotar comercialmente las virtudes de la coca. Apenas fabrica filtrantes sin incursionar en otros rubros legales rentables.

Pero al igual que la coca, nuestro país posee una inmensa variedad de cultivos de alto valor nutritivo, en granos, tubérculos, raíces, frutas, hortalizas, semillas comestibles, como también crianzas de animales menores. Escuelas e instituciones pueden disponer de espacios para esto, aliviando esta crisis. Aprovecho esta nota para sugerir la agricultura urbana, en terrazas, terrenos desocupados, patios y jardines. Hortalizas y frutales se cultivan en macetas y jardineras. A los dos meses ya hay producción.

Criar animales menores es un encanto para los niños. Criar gallinas ponedoras y codornices será de gran valor nutritivo. La comida de descarte también es reciclable. Las autoridades deben proporcionar lo necesario. Todas las municipalidades poseen terrenos, instalaciones y personal de parques y jardines que bien podrían dedicarse a la producción de hortalizas para la gente necesitada, como alivio a la crisis.

Pero tenemos otro gran tesoro ancestral sepultado por la república bicentenaria: La ayuda mutua. La minca y ayni, no reconoce desigualdades sociales. Solo el bien común y la solidaridad con los que necesitan ayuda. Todos podemos colaborar aportando trabajo o un pan, para socorrer a las víctimas de la crisis en nuestra vecindad. Reconciliémonos con nuestro pasado nativo. Lo necesitamos.

Junio, 2020

NOTA: Si usted no cree en los cuentos de caperucita y de la “meseta” pandémica, podrá ver las tendencias de este mal en cada país, pulsando el siguiente enlace.


CREAR UN PERU NUEVO EN EL MUNDO NUEVO



(29 de mayo de 2020)

Por Miguel Aragón

Estimado compañero Bryan Serrano;

El día 13 de mayo, comentando un mensaje mío en el cual yo incluí la frase ”Un Perú nuevo en el mundo nuevo”, usted escribió lo siguiente: “De acuerdo compañero Miguel, aunque no considero darle tanta importancia al pronombre “Un", o "El”, lo que sí me parece que reviste suma importancia es el periodo histórico que puede abarcar una etapa de transición como el Socialismo, no lo podemos adivinar puesto que ello dependerá de las leyes particulares que se ejerzan en la sociedad, pero definitivamente, sujeta a estas mismas leyes de desarrollo será un periodo de mucha menor duración que el capitalismo” (Ver whats app del foro Bicentenario,13 de mayo)

En tan breve texto, usted ha planteado  dos problemas muy importantes,  muy trascendentes, y muy actuales.

El primer problema  es ¿En qué época histórica vivimos actualmente?; 

El segundo problema es ¿Cuánto tiempo se prolongará  la etapa de transición del Socialismo?

1.- Comencemos por lo primero: LA ÉPOCA ACTUAL.

José Carlos Mariátegui, en la presentación del primer número de la revista “Amauta”  (Setiembre de 1926) reconoció que el movimiento que publicaba  la revista  tenía la voluntad de “crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo”. Esa era su orientación programática.

Seis meses después, en marzo de 1927, en su “Réplica a Luis Alberto Sánchez”, JCM anotó “Aquí estamos… los que queremos crear un Perú nuevo en el mundo nuevo”. Y dos meses después,  el 14 de mayo de 1927, en “Carta al Presidente de la Federación Gráfica del Perú”, reiteró: “La circular adjunta contiene una exposición precisa de las bases y fines de la Sociedad, cuyo programa es el de la Revista Amauta sintetizado en la frase de su editorial de presentación “Queremos crear un Perú nuevo en el mundo nuevo”

En las tres oportunidades, Mariátegui utilizó con bastante precisión gramatical los artículos “Un” y “El”. Usted propone no darle tanta importancia al uso del “pronombre Un o El”. Pero ocurre que Mariátegui no  utilizó esas dos palabras como “pronombres”,  sino como “artículos”, uno es un artículo definido (EL), y el otro es un artículo indefinido (UN).

El artículo “El” delante de mundo nuevo, es un artículo “definido”, se refiere a algo ya existente, justamente a “El mundo nuevo“  que ya había comenzado a construirse el año 1917.  Mientras que el artículo “Un” delante de Perú nuevo, es un artículo “indefinido”, se refiere a algo  todavía no existente, a una aspiración futura.

Sin embargo durante muchos años ha habido, y todavía hay,   muchos comentaristas que al citar la frase de Mariátegui cambian la expresión “El mundo nuevo” por esta otra “Un mundo nuevo”, con lo cual, están negando la existencia “del mundo  nuevo”, del mundo socialista.

Este simple cambio de un artículo de “dos letras”, por otro artículo también de dos letras, encierra toda una negación de la realidad histórica en la cual vivimos en la actualidad. Como podrá ver, la cuestión no es tan simple, y al dejarlo pasar pecaríamos de ligereza.

Todavía hay quienes equívocamente siguen proponiendo que “vivimos en la época del imperialismo”, mientras que otros, partiendo de la nueva realidad iniciada hace cien años, y de las enseñanzas de  Lenin y de Mariátegui, consideramos que desde 1917  vivimos en “la época del socialismo”. Este es el real problema de fondo, que encierra el uso correcto o incorrecto de los artículos “El” y “Un”.  

Algunos lectores apresurados (y superficiales), al leer el folleto de Stalin “Los fundamentos del leninismo” (abril de 1924), solamente han llegado hasta  la página 03. En esa página, y comenzando un párrafo muy largo de 16 líneas, Stalin escribió  “El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria”. Pero estos apresurados lectores no han leído la última parte de ese mismo párrafo,  donde Stalin anotó “la revolución proletaria ha triunfado ya en un país, ha destruido la democracia burguesa y ha inaugurado la era de la democracia proletaria, la era de los Soviets”.

Yo le pregunto ¿podemos considerar que es lo mismo “la era de los soviets” que “la época del imperialismo”?

Pero nuestros apresurados (y superficiales), lectores no llegaron a la página 55, en la cual Stalin, citando  a Lenin  anotó: “Lenin tiene razón cuando dice que, con la aparición del Poder Soviético, la época del parlamentarismo democrático-burgués ha terminado y se abre un nuevo capítulo de la historia universal: la época de la dictadura proletaria”.

Indudablemente que, no es lo mismo, y no podemos reducir la expresión  “un nuevo capítulo de la historia universal: la época de la dictadura proletaria”, a la simple expresión de “la época del imperialismo”. Son dos  conceptos radicalmente diferentes, que describen dos realidades diferentes.

Tanto para Lenin, como para Mariátegui, con el triunfo de la Gran Revolución Rusa de 1917 se inició una nueva época histórica en el desarrollo de la humanidad: se inició  la época del  proletariado, la época de la dictadura del proletariado, en síntesis se inició la actual “época del socialismo”.

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA, DESDE 1917.-

Al comienzo, en 1917, el socialismo comenzó a construirse  en un solo país (Rusia), pero después de la gran victoria contra la agresión armada del  nazi fascismo en el año 1945,  la construcción del socialismo se expandió a otros países de Asia, Europa y América.

Hasta el año 1917, la clase social que dirigía los destinos de la humanidad,  todavía era la burguesía. Pero desde 1917 hasta el presente, la clase social que está dirigiendo  los destinos de la humanidad es el proletariado. Este hecho,  esta transferencia de mando en la dirección de los destinos de la humanidad,  es un hecho irreversible.

Ocurra lo que ocurra, en un futuro cercano o lejano, por más dificultades que se presenten en el camino, por más reveses y retrocesos temporales que se puedan presentar, el destino de la humanidad continuará siendo dirigido  por el proletariado, el mundo nuevo continuará construyéndose, y cada vez más fuerte y mejor definido.

En los últimos cien años “el mundo nuevo” ha sido sometido  a pruebas muy severas, pero siempre salió adelante, demostrando en los hechos la  superioridad por encima de los países capitalistas.  El año 1929 en todos los países capitalistas estalló la crisis económica más grave de la historia hasta ese entonces, pero la construcción del socialismo en la URSS no fue alterada, por el contrario continuó indetenible, sin ser afectada mínimamente por la gran crisis económica capitalista. Entre los años 1939 y 1945, los países capitalistas más desarrollados desataron una segunda  guerra mundial por un nuevo reparto del mundo, pero el pueblo de la URSS dirigió la lucha de los pueblos del mundo y derrotó la agresión nazi fascista en Europa y en Asia. En el año 2007 estalló otra grave crisis económica y financiera en  los países capitalistas más desarrollados, acrecentando el desempleo y la pobreza en muchos países, pero la República Popular China y otros países socialistas continuaron construyendo la nueva sociedad y no fueron afectados por la grave crisis. Este año 2020, se ha desatado y expandido por todo el mundo una grave pandemia, pero los pueblos de los países que han iniciado la construcción del socialismo, los pueblos de China, Cuba y Viet Nam, están resistiendo y manejando acertadamente la crisis, y son los países que  se están preparando mejor para la urgente tarea de recuperación  económica, tarea  que ahora es preocupación mundial.

En los próximos años,  el proletariado en el poder nuevamente demostrará que es la clase que está dirigiendo a la humanidad en la presente época histórica. Ya lo demostró  en la gran crisis económica del año 1929, en la gran guerra de 1939, en la gran crisis económica y financiera del 2007, y ahora lo está demostrando en la gran crisis sanitaria y social de este año 2020.
Pero la responsabilidad de lo que actualmente ocurre en el mundo, no es solamente  responsabilidad del proletariado en el poder, sino que todavía, y temporalmente,  es y será una responsabilidad compartida con los remanentes de la burguesía que se obstinan en mantener la obsoleta sociedad capitalista en algunos países.

Este periodo de coexistencia y corresponsabilidad mundial, entre el proletariado ascendente  y la burguesía decadente, todavía se prolongará por unos años más, pero a la larga el proletariado superará y dejará atrás  la influencia de la burguesía. En el pasado ocurrió algo similar en el periodo del tránsito del feudalismo al capitalismo, del viejo poder de la aristocracia terrateniente feudal al nuevo poder de la burguesía. Ese tránsito de poder demoró más de 300 años, desde 1492 hasta mediados del siglo XIX, la tarea de la burguesía no fue nada fácil.

Así como ahora muchos dudan que el proletariado pueda  superar y derrotar a la burguesía, en el pasado muchos dudaban que la burguesía pudiera superar y derrotar a la aristocracia terrateniente.

En el pasado, durante la primera mitad del siglo XX,  el doctrinarismo de inspiración trotskista negaba la existencia y el desarrollo del socialismo en la Unión Soviética, y se comportaron como enemigos jurados del pueblo soviético y de la construcción del socialismo en la URSS. De manera similar, en la segunda mitad del siglo XX  se desarrolló otra variante del doctrinarismo, pero  de inspiración “seudo maoísta” o “maoísmo falseado”, que negaba y niega la existencia y desarrollo del socialismo en la República Popular China. Esta última variante del doctrinarismo fue promovida por Lin Piao y otros más, pero cumple similar función a la que cumplió el  trotskismo en el pasado, son enemigos jurados del pueblo chino y de la construcción del socialismo  en la República Popular China y en otros países.  

El segundo tema en debate “¿Cuánto tiempo se prolongará  la etapa de transición del Socialismo?” lo dejaremos para otro comentario.