miércoles, 31 de agosto de 2016

LAS RELIGIONES EN LA POLÍTICA INTERNACIONAL

Religión y Política



LAS RELIGIONES EN LA POLÍTICA INTERNACIONAL

Iosu Perales

Desde hace más o menos cincuenta años la religión parece estar ocupando un notable peso en los conflictos mundiales. Este hecho sucede a un largo período de tiempo en que las religiones parecían no tener relevancia en las relaciones internacionales. No se trata, sin embargo, de un regreso del fenómeno espiritual sino de la religión como instrumento político. La dimensión instrumental se desarrolla en dos vertientes: como revitalización de identidades y como pretexto para justificar estrategias y hechos de otro modo injustificables. El historiador y economista libanés Georges Corm lo plantea de una manera contundente: “El retorno de lo religioso es un importante fenómeno político que de religioso sólo tiene el nombre”. De ahí que el papa Francisco tenga razón al afirmar que no hay una guerra de religiones.

El mosaico de religiones es muy amplio, sobre todo si sumamos la ingente cantidad de movimientos y confesiones con frecuencia divididas y subdivididas. Pero en este artículo me fijo en las tres grandes monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam, que comparten un origen semítico, reconociendo en todo caso la creciente importancia de las religiones de procedencia india de orientación mística, y las de tradición china. Lo curioso es que las tres grandes religiones monoteístas, comparten elementos comunes que en lugar de unirlas las confronta debido a diferentes interpretaciones que generan hostilidad. Pero no es indagar en qué las une y qué las separa el objeto de este texto, sino reflexionar el porqué de su mayor presencia en la política internacional y sus conflictos.

Como afirma el catedrático de la Universidad Complutense, Santiago Petschen, la fecha de 1967 es una referencia clave para una didáctica explicativa de lo que trataré de mostrar.  El 5 de junio de ese año, una coalición árabe formada por Egipto, Jordania, Siria e Irak, lanzaron un ataque contra el estado de Israel con el objetivo de hacerlo desaparecer del mapa. Fue la guerra de los Seis Días. La reacción israelí fue tan exitosa que terminó por ocupar toda Cisjordania, Jerusalén, Gaza, los altos del Golán y la península del Sinaí. Aquella victoria en desiguales condiciones fue interpretada por muchos judíos como la realización de un plan divino. El judaísmo cambió de configuración de tal manera que Moshe Dayan dijo: “Quién no fuera religioso a partir de hoy lo es”.

Lo que ocurrió realmente es que el factor religioso junto con la necesidad de fortalecer la seguridad empezó a ganar proporciones. Israel, presionada por la comunidad internacional que le conminaba a devolver los territorios ocupados necesitó encontrar nuevos argumentos y una mayor cohesión interna. En ese contexto los países árabes, siguiendo a Naciones Unidas, exigían la aplicación del derecho internacional, pero la respuesta israelí fue contundente: el partido ultra conservador Likud ganó las elecciones de 1977 y los partidos religiosos ganaron terreno en las instituciones, dando comienzo a una época de crecimiento imparable de asentamientos de colonias. Al mismo tiempo, el factor religioso sustituía al socialsionismo laico por un sionismo bíblico que coloca la voluntad de Dios por encima del derecho internacional y de los derechos de las poblaciones árabes que habitaban los territorios antes de la guerra. Con ello la identidad israelí se vio reforzada con una nueva dimensión que sacraliza la política. Los asuntos de la seguridad y de las fronteras tomaron una interpretación que llevó al pragmático Ben Gurion a decir blandiendo el Antiguo Testamento, “esta es nuestra Constitución”.

Aquí Guerra 7 dias

El cambio en Israel supuso asimismo el cambio en el judaísmo norteamericano. Antes de 1967 había una gran distancia entre la población judía de Estados Unidos y la del estado de Israel. Los fondos enviados tenían un carácter humanitario. Pero la guerra de los Seis Días y la del Yom Kippur (guerra árabe-israelí de 1973) cambiaron la situación: los judíos norteamericanos comenzaron a preocuparse por la seguridad de Israel. Al mismo tiempo en Israel, el miedo a su destrucción conllevó la incorporación de la religión hebrea a la política de estado para dotarle de un cemento ideológico potente; los partidos laicos fueron desplazados del poder; y el mito del Gran Eretz unificó a nacionalistas y ortodoxos.

Lo ocurrido con el judaísmo tuvo en el islam su reverso. La monarquía Saudí interpretó la derrota árabe como el resultado de haberse separado del islam. Había que rechazar la secularización y regresar al Corán y la Sharía. La recuperación de Palestina pasaba por el impulso de la yihad, reapareciendo de este modo la unidad de la religión y la política en otro ámbito de la escena internacional. Pero el islam de Arabia Saudí no era precisamente abierto y dialogante, sino rigorista y cerrado a cualquier influencia. El poder financiero de la monarquía Saudí extendió el wahabismo en las regiones sunitas y formó una especie de internacional musulmana radicalizada. Se dio por finalizado el largo período que inauguró Kemal Atatürk en 1920, quien sustituyó el Sultanato por la República en Turquía; que siguió Reza Pahlevi en Persia; Nasser en Egipto; el nacionalista y socialista Michel Aflak en Siria. Fue una época en la que desde Marruecos a Indonesia o Nigeria, el islam no constituía una herramienta política importante.

Triunfo de Jomeini

El triunfo de Jomeini dio un impulso a la emergencia del islamismo que ya tomaba fuerza después de 1967. En 1979 quedó establecida la República islámica en Irán que se apoyaba en las mayorías pobres, en una intelectualidad islamista y en una burguesía piadosa. Ya no era sólo Arabia Saudí. Desde Irán se organizó una ofensiva para extender la revolución islámica en las zonas de chiismo. Era un islamismo de izquierdas que competía con el de derechas de los saudíes. Desde esos dos motores el islamismo político tomó fuerza. Osama Bin Laden y su terrorismo dio una dimensión internacional, global, al movimiento, que ya contaba con prestigio después de la derrota soviética en Afganistán. Luego vendrían los Al Qaeda locales, y por fin el Estado Islámico que resucita el califato, que es el mito un día perdido y ahora nuevamente hallado, de mayor fuerza movilizadora.

Fue el atentado de las Torres Gemelas lo que hizo ver a Estados Unidos que se había equivocado al dar apoyo a los talibanes en su lucha contra los soviéticos. El gobierno estadounidense creía que podía dominar para sus intereses a los movimientos islámicos radicalizados. El ataque a las Torres puso fin al idilio norteamericano con talibanes y otros grupos terroristas, y en cierto modo fue desencadenante de una renovada identidad cristiana de la nación estadounidense.

También en Estados Unidos, como en un tiempo en el judaísmo nacionalista y en el islam, la política en Estados Unidos operaba separada de la religión. El propio John F. Kennedy explicó una vez a un público de confesión baptista que él, como hombre público, su condición de católico la mantenía como algo privado. Fue con la administración Reagan a partir de 1980 que se produjo el cambio. La presencia de la religión comenzó a tener cada vez más peso en la escena pública. La llegada al poder del presidente Bush hizo de la Casa Blanca la más religiosa de la historia. Las reuniones del gabinete comenzaban con una oración.

Torres Gemelas

El 11 de septiembre hizo que hasta el vocabulario del presidente tuviera un trasfondo religioso: “Eje del mal” “Justicia infinita”. Al igual que con el judaísmo y el islamismo, la identidad religiosa en su versión más conservadora se hizo fuerte en Estado Unidos. La derecha cristiana acentuó su coincidencia con los ortodoxos judíos. Coincidencia no sólo en aspectos religiosos sino que también en que hay que conservar para Israel los territorios ocupados y seguir colonizando hasta completar la obra del Gran Israel. Toma fuerza entonces una interpretación teológica cristiana de origen judío: la necesidad de que dichos territorios estén en manos judías para no retrasar la segunda venida del Mesías.

No sorprende que en la actual contienda pre-electoral entre Donald Trump y Hillary Clinton, la elección de vicepresidentes haya tenido en cuenta factores religiosos: Mike Pence es un ultra conservador evangélico; y Tim Kaine, conservador católico. La idea de pueblo elegido forma parte del ADN norteamericano.

En este contexto, la religión en la política europea moderna tiene una presencia limitada. Otra cosa es que más de cuarenta oficinas religiosas hacen lobby en Bruselas y a su modo tratan de incidir sobre las políticas europeas. Sí son preocupantes las voces que pronosticando una mayoría de población musulmana dentro de algunas décadas, proclaman la necesidad de definir a la UE como de confesión cristiana a modo de vacuna. De momento la idea de que las creencias religiosas deben desenvolverse en la esfera privada, prevalece.

Lo que sí creo es que el espacio laico que ocupa Europa debería facilitar la toma de iniciativas para implementar el ecumenismo e iniciativas de diálogo inter-religiosas. Movimiento que en todo caso deben procurar los líderes de las tres grandes religiones monoteístas. Un diálogo en el que deberían participar las religiones orientales que tienen una virtud de la que se puede aprender: tienden a la unidad, a la intercomunicación. Del diálogo que debe incluir la irrupción de las religiones en la política internacional debe surgir un nuevo escenario de separación de ambos elementos. Hay que separar a la religión de la política y hay que construir una reconciliación entre religiones. No olvidemos que todas ellas quieren dar respuesta a las mismas cuestiones fundamentales de los seres humanos y ofrecen caminos parecidos de salvación. El diálogo permanente entre líderes religiosos creo que es lo que espera la inmensa mayoría de creyentes que ni apoyan ni aprueban la instrumentalización política de las religiones. Un diálogo que condene todo terrorismo y presione a los líderes políticos para que busquen la concordia y la paz mundial.

de: Alai-AmLatina <alai-amlatina@alai.info>
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fecha: 11 de agosto de 2016, 16:16
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COLECTIVO PERÚ INTEGRAL
29 de agosto 2016

DEMÓCRATAS Y REPUBLICANOS: ¿LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA? (I)



Trump el malo le está alfombrando el camino a Hillary la buena, asesina de Gadafi

DEMÓCRATAS Y REPUBLICANOS:
¿LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA? (I)

09/08/2016
Opinión



Foto: OtraMirada

En Estados Unidos hay básicamente un partido político; el partido de los negocios. Tiene dos facciones: el partido Demócrata y el Republicano, que tienen diferencias entre sí, pero son solo variantes de la misma política. Yo estoy claramente opuesto a esta política, como lo está la mayoría de la población.
-Noam Chomsky1

La postura de Noam Chomsky, uno de los intelectuales estadounidenses más lúcidos, frente a este punto crucial de la política estadounidense es clara. En coyunturas preelectorales es inevitable el debate interno e internacional en torno a las preguntas: ¿Hay diferencias entre el partido Demócrata y el Republicano? ¿Los trabajadores, las comunidades afro, latinas, asiáticas, los inmigrantes están mejor representados por los demócratas (quienes reclaman para sí este atributo)?

Cuando en los noventa Ralph Nader presentó su candidatura como independiente, y fue atacado por “dividir el voto progresista”, respondió que en algún momento había que trazar la raya en la arena. ¿A qué se refería? A que el Partido Demócrata desde la derrota electoral de 1984 y bajo el liderazgo de Bill Clinton fue moviéndose aceleradamente hacia la derecha. Como presidente, Clinton recortó drásticamente la ayuda social (Welfare) incrementando la pobreza en las comunidades pobres, mayoritariamente afroamericanas y latinas. De la misma manera, modificó las leyes de encarcelamiento causando un explosivo incremento en las detenciones masivas, otra medida que perjudicó particularmente a las comunidades afro y latinas. Además, Clinton promovió enérgicamente los acuerdos de “libre comercio” (firmando NAFTA), que brindaron inmensos beneficios a las corporaciones y perjudicaron a la clase trabajadora. Con NAFTA se perdieron 9.2 millones de puestos de trabajo en EE.UU.

El próximo paso de Clinton fue beneficiar al gran sector financiero representado por Wall Street. En 1995, el entonces presidente Bill Clinton nombró como Secretario del Tesoro a Robert Rubin, co-director de Goldman Sachs (una de las tres grandes compañías financieras de Wall Street). Desde su nombramiento, Rubin trabajó ardua y exitosamente para eliminar toda forma de regulación y control del sector financiero. Esta desregulación sentó las bases para la “crisis financiera” con las hipotecas de alto riesgo que estalló en 2008, y que fue resuelta por los sucesivos gobiernos, entregando a los bancos millones procedentes de las arcas del Estado. Tanto los gobiernos de Bush hijo (republicano) como de Obama (demócrata) tuvieron en los puestos económicos clave, como es la secretaría del Tesoro, a hombres de Wall Street. “En los últimos 24 años, Wall Street ha extendido sus tentáculos y ha saqueado la economía, a los contribuyentes y la ley de Estados Unidos… Durante ese periodo, los Clinton han cultivado una relación carnal con Wall Street, que ha beneficiado enormemente a ambas partes. Han recibido 68,72 millones de los bancos de Nueva York como contribuciones a sus campañas políticas, y 8,85 millones en pago por conferencias. Y a su vez, los bancos han ganado cientos de miles de millones de dólares con la desregulación impuesta por Bill Clinton”, señala Richard Behan.2

La Convención del Partido Demócrata acaba de nominar a otro Clinton como candidato presidencial. Hillary, quien será probablemente la primera mujer en llegar a la presidencia de EE.UU., cuenta con el apoyo de la burocracia de su partido (que la ayudó en las primarias orquestando una campaña de desprestigio contra su rival Bernie Sanders), las grandes corporaciones incluyendo el poder financiero de Wall Street, y los medios de prensa hegemónicos (de CNN a The New York Times, prácticamente todos los grandes conglomerados informativos son voceros de Clinton). En el pasado una maquinaria de esta envergadura hubiera sido más que suficiente para ganar las elecciones, incluso con candidatos débiles. Pero estas elecciones podrían tener un desenlace diferente. No por la estatura política del oponente -el millonario empresario inmobiliario Donald Trump que ha ganado la nominación de su partido presentándose como un outsider - sino por el nivel de descontento de grandes sectores, especialmente de la clase trabajadora y de las comunidades negras y latinas por el deterioro del salario, el desempleo, el costo excesivo de la salud y la educación, la brutalidad policial, las tasas de encarcelamiento masivo y otros temas acuciantes como la inmigración.

¿Cuál es la postura de Black Lives Matter ante las elecciones de EE.UU.?

El movimiento Black Lives Matter (BLM) se ha convertido en una de las voces principales de la rebelión contra el neoliberalismo estadounidense. Este movimiento pro defensa de los derechos de los negros y las comunidades de color y LGBT se ha fortalecido desde las jornadas de protesta por el asesinato de Michael Brown, joven negro abatido por la policía en Ferguson, Missouri, en agosto de 2014. En las protestas, BLM lanzó la consigna que se propagó por todo el país: "Las vidas de los negros importan". ¿Cuál es la postura de BLM ante las elecciones de EE.UU.? No apoyan ni a los demócratas ni a los republicanos. Después de las convenciones de dichos partidos, BLM presentó su plataforma independiente con seis puntos clave: Fin de la guerra contra los negros (terminar con las detenciones masivas, la criminalización y el asesinato); Reparaciones (por daños históricos y actuales); Reinvertir en las comunidades (desinvertir en represión e invertir en salud, educación de las comunidades marginalizadas); Justicia Económica; Control comunitario (de leyes, instituciones y políticas); Poder Político.

"Donald Trump sería una catástrofe neofascista y Hillary Clinton, un desastre neoliberal"

Cornel West, destacado intelectual y activista afroamericano, trabajó en la campaña de Bernie Sanders y al concluir esta con la nominación de Hillary Clinton, anunció su apoyo a Jill Stein del partido Verde. Dijo: “Jill Stein demanda reparaciones, libertad a los prisioneros por delitos menores… masiva redistribución de la riqueza, programa de trabajos “verdes”, apoyo a la causa de los Palestinos… y está preocupada por las violaciones de las leyes internacionales cometidas por el gobierno de EE.UU.”

Cornel West señaló que las reformas al Welfare (asistencia social) y al Código Penal implementadas por Bill Clinton generaron el empobrecimiento y la encarcelación masiva e indiscriminada de afroamericanos. Fustigó las guerras imperialistas de Estados Unidos: "Los drones caen sobre civiles inocentes. ¿Cuántos niños han muerto hasta ahora? La prensa no lo dice: 231 niños. Un niño en Afganistán, Yemen o Pakistán tiene el mismo valor que un niño de un suburbio blanco adinerado... no me digan que un bebé de Estados Unidos tiene más valor que uno de Pakistán… Martin Luther King dijo que las bombas que caían en Vietnam también caían en los guetos..." Cornel West concluyó diciendo que el país se halla en una encrucijada porque "se permite la hegemonía del poder corporativo por un lado y el complejo militar-industrial por el otro, y luego, se pretende que ser progresista es hablar solo de temas sociales... Donald Trump sería una catástrofe neofascista y Hillary Clinton, un desastre neoliberal. Los dos tienen nexos con Wall Street. Los dos son peligrosos."3

Una plataforma de halcones

La plataforma demócrata (julio de 2016) ha sido llamada “la más progresista de las plataformas que haya tenido el partido Demócrata”. Si bien contiene algunos puntos que podrían considerarse socialmente progresistas, no plantea ningún cambio en las condiciones estructurales de injusticia social, desigualdad económica, dominio de las corporaciones en la política nacional e internacional, guerras imperiales sin fin, encarcelamiento masivo y racismo institucional. En política exterior se enfoca en amenazar a Irán, continuar los ataques en Irak, Libia y Siria, apoyar incondicionalmente a Israel e ignorar el sufrimiento palestino. Algunos puntos de la plataforma:

Irán: "es un Estado líder en apoyar el terrorismo internacional… ha dejado sus huellas en prácticamente todos los conflictos del Medio Oriente”. Con respecto al tratado nuclear: “no dudaremos en accionar militarmente contra Irán si no respeta el acuerdo”.

Asia y Medio Oriente: El partido Demócrata reafirma que Estados Unidos junto a sus aliados Israel, Pakistán e India tienen el derecho al monopolio de las armas nucleares en la región. Además se atribuye "el derecho" de atacar militarmente a cualquier otro país que intente desarrollar armamento nuclear.

Palestina e Israel: Hillary Clinton se opuso a la inclusión de un llamado -propuesto por el sector progresista de Sanders- para terminar con la ocupación israelí de Palestina. En su lugar, propiciaron la inclusión del siguiente texto: “Estados Unidos debe proveerle a Israel una ventaja militar cualitativa... Celebramos la democracia, igualdad, tolerancia y pluralismo de Israel"?

Para los miles de refugiados y los palestinos que padecen la ocupación militar israelí los elogios a Israel equivalen a un insulto. Como es un insulto, con consecuencias criminales, la enorme ayuda militar de Estados Unidos a Israel. En estos momentos ambos países están negociando un nuevo acuerdo. Desde 2007, EE.UU. le transfiere tres mil cien millones de dólares a Israel por año -más que a ningún otro país en el mundo. Pero Israel no está conforme y demandaría entre cuatro y cinco mil millones para el nuevo acuerdo que regirá a partir de 2018, por 10 años. La enorme transferencia de dinero desde los contribuyentes estadounidenses hacia Israel que alcanzaría una nueva cifra récord, ocurre cuando Israel ha expandido los asentamientos ilegales en Cisjordania y reprime sangrientamente a civiles en Gaza. El plan de Netanyahu era esperar hasta la elección de Hillary Clinton, quien les garantizaría un acuerdo aún más beneficioso. Pero ante la posibilidad de que gane Trump -quien ha mencionado la necesidad de “neutralidad estadounidense en el tema Israel/Palestina"- ha preferido no correr riesgos y negociar con el gobierno de Obama.

Los sucesivos gobiernos demócratas y republicanos han tenido una responsabilidad directa en el genocidio cotidiano de palestinos implementado por Israel a lo largo de décadas de ocupación. Un informe del Servicio de Recursos del Congreso reportó: “Prácticamente toda la ayuda de EE.UU. a Israel es asistencia militar. La ayuda estadounidense ha ayudado a transformar las fuerzas armadas israelíes en una de las fuerzas militares tecnológicamente más sofisticadas del mundo”. Hillary Clinton es un adalid de esta política, como lo prueban no solo los e-mails revelados por WikiLeaks sino sus propios discursos y documentos públicos.

El reality show de demócratas y republicanos

La cobertura de prensa de las convenciones republicana y demócrata y de la coyuntura preelectoral es un costoso y gigantesco reality show. Entre los temas exhaustivamente debatidos por CNN, The New York Times, Washington Post, y reproducidos por miles de diarios y cadenas televisivas del mundo figuraron el "escándalo" de que el discurso de Melanie Trump hubiera plagiado un discurso de Michelle Obama (ambos plagados de frases hechas tales como "hay que esforzarse para conseguir lo que uno quiere en la vida", "los niños deben saber que pueden alcanzar sus sueños si se esfuerzan". O si Trump cometió “traición a la patria” al ironizar que Rusia debería hackear los e-mails de Clinton. El nivel de infantilismo y banalidad del debate en la supuesta gran democracia de Occidente sería cómico si no fuera una cortina de humo para tapar los temas que sí importan en la vida de las grandes mayorías dentro y fuera de Estados Unidos.

El periodista Robert Scheer -que ha reportado desde las convenciones, comenzando en 1956- ha comentado sobre la presencia récord de militares y el militarismo exacerbado en el tono de esta última convención demócrata. Dice Scheer: “Aunque esta no sea la primera vez que los demócratas presenten un halcón con plumas de paloma, esta vez siento terror porque el candidato republicano es un payaso verdaderamente peligroso, lo que hace que la candidata demócrata se vea atrayente, cuando no debería. Clinton es responsable de demasiada muerte alrededor del mundo, incluyendo la de mujeres y niños, a los que dice defender. Ha sido la supervisora del desastre en el Medio Oriente… Si bien la invasión a Irak fue obra de Bush, ella la apoyó; y después inició los desastres de Siria y Libia… Los cánticos de ‘¡USA! ¡USA!’ ordenados por los halcones de Hillary para apagar los gritos por la paz de los seguidores de Sanders solo se pueden interpretar como un respaldo sin límites a la naturaleza belicosa de Clinton. Fue una convención del complejo militar-industrial…”4

Y el tono de la convención fue coherente con el récord demócrata. El sesenta por ciento de los senadores demócratas, incluyendo Hillary Clinton, votaron a favor de la guerra de Irak. La idea de que los demócratas no son militaristas demuestra un desconocimiento total de la historia de EE.UU. o la intención de cubrir la historia real con un manto de ficción.

(Primera parte; la segunda parte se centrará en la política exterior para América Latina y los inmigrantes de esta región en EE.UU.)

1 “President Obama is involved in war crimes right now”, entrevista realizada por Alyssa McDonald, The New Statesman:
2 The Clintons and Wall Street: 24 Years of Enriching Each Other, Richard W. Behan, CounterPunch: http://www.counterpunch.org/2016/02/26/the-clintons-and-wall-street-24-years-of-enriching-each-other/
3 Cornel West: Donald Trump Would be a Neofascist Catastrophe, Hillary Clinton a Neoliberal Disaster, Robert Hennelly -Alternet:

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