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domingo, 14 de febrero de 2021

LO QUE HUNDE A LA MAYORÍA DE LAS EMPRESAS Y NO MENCIONAN QUIENES DICEN DEFENDERLAS

 


11 febrero, 2021

Juan Torres López es miembro del Consejo Científico de Attac. Publicado originalmente en Público.

Los políticos y economistas de derechas suelen autocalificarse como los grandes defensores de las empresas pero la realidad es que las políticas que vienen defendiendo y aplicando en los últimos años son destructoras de actividad económica y una amenaza para la gran mayoría de los negocios y empresas.

La realidad es que impulsan políticas que solo benefician a las grandes empresas y al sector financiero pero no a las pequeñas y a las medias, ni a las microempresas o a las de titularidad individual.

Mientras que las pymes y las microempresas tienen que ser competitivas día a día en los mercados, tratando de reducir costes de cualquier forma y soportando las condiciones que les ponen las grandes cuando son sus proveedoras o clientes, las empresas poderosas que dominan los mercados operan en el mundo de la política y actúan como verdaderas rentistas, gracias a los privilegios que pueden conseguir comprando voluntades y consiguiendo que en los boletines oficiales se escriba siguiendo sus dictados. No hay una gran empresa que carezca de un departamento específico y bien dotado dirigido a lograr ese objetivo, algo que está completamente vedado para las más pequeñas.

La peor amenaza que recae sobre la inmensa mayoría de las empresas es la puesta en práctica de los dos grandes mantras de las políticas neoliberales de los últimos años y que vienen provocando el freno de la actividad económica y el incremento constante de la deuda pública y empresarial: moderar salarios y rebajar impuestos.

El primero de ellos se ha conseguido gracias a las reformas laborales que reducen el poder de negociación de los trabajadores y al desempleo y el empleo precario que generan las políticas de los últimos años. Pero, en contra de lo que se quiere hacer creer, la constante pérdida de peso de la masa salarial en el conjunto de las rentas no beneficia a todas las empresas sino solo a las grandes.

La razón es sencilla: la inmensa mayor parte de los salarios se destinan directamente al consumo, es decir, a generar ingresos para las empresas. Las rentas del capital, por el contrario, se ahorran en su gran medida (no generan ingresos para otras empresas) y se dedican en menor proporción a ampliar capital productivo y en mayor a la inversión financiera precisamente cuanta menos rentabilidad haya en la economía real como consecuencia de la caída en las ventas que provoca la devaluación salarial.

Además, las grandes empresas oligopolistas tienen más posibilidades de fidelizar clientelas o suelen proporcionar bienes más necesarios, de modo que venden con más independencia de la renta familiar, al contrario de lo que ocurre a las pequeñas y medianas empresas.

Es por todo ello que -aunque parezca paradójico- la estrategia de moderación salarial perjudica a la mayoría de las empresas porque supone menos ingresos para la inmensa mayoría de ellas.

El segundo mantra de los economistas y políticos de derechas es que la mejor manera de ayudar a las empresas es bajar impuestos. Algo completamente falso: piensen en lo que ocurriría si se eliminaran todos ellos pero, al mismo tiempo, no hubiera clientes a las puertas de las empresas.

Lo que ayuda de verdad a las empresas no es que haya menos impuestos sino la promoción de la actividad económica que pone clientes en sus puertas porque genera ingresos para el consumo y la inversión.

Para colmo, detrás de la reclamación de bajada de impuestos de las derechas hay truco en contra de las empresas de menor dimensión.

Hablan mucho de reducir las cargas impositivas de las empresas pero, cuando realizan reformas fiscales, resulta que no las bajan para todas ellas sino, de nuevo, solo para las más grandes. Y, al mismo tiempo, nunca hablan de otras cargas que suponen un lastre mucho más pesado y letal para la inmensa mayoría de las empresas.

En España, las pequeñas y medianas empresas terminan dedicando a impuestos casi tres veces más beneficios que las grandes. No porque haya tipos discriminatorios sino porque los impuestos están diseñados en beneficio de estas últimas, bien por el tipo de deducciones o desgravaciones que contemplan o porque pueden disponer de mejores equipos contables y de costosas asesorías para evitar pagarlos. La elusión fiscal de las grandes empresas y grupos empresariales españoles (unos 350.000 millones de euros de sus dividendos y plusvalías no tributan en el impuesto de sociedades, según los técnicos del Ministerio de Hacienda) es, en realidad, uno de los “impuestos invisibles” que soportan las pequeñas y medianas empresas y de los que nunca hablan quienes dicen que quieren rebajar la carga que soportan.

Tampoco hablan de otras cargas que frenan su actividad como directa consecuencia de los privilegios que, por el contrario, conceden día a día a las grandes empresas.

Uno de ellos es el constante incumplimiento de la ley por parte de estas últimas a la hora de realizar los pagos a proveedores, lo que supone un coste extra para las pequeñas y medianas empresas. Según la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad, las grandes empresas del IBEX tuvieron un plazo medio de pago a proveedores de 183 días (123 más del legal) en el primer semestre de 2020.

Según esta plataforma, si las empresas del IBEX pagaran en plazo se inyectarían 56.488 millones de euros, salvando a muchas pymes y autónomos; mientras que, al no hacerlo, se pone en riesgo de quiebra a medio millón de empresas españolas.

Si los políticos y economistas de la derecha que se proclaman liberales quieren apoyar a todas las empresas y no solo a las más grandes y rentistas deberían proponer un fuerte régimen sancionador que evite estos retardos.

Otro de estos “impuestos invisibles” que recaen sobre las pequeñas y medianas empresas es el de la dificultad que tienen (por no decir que práctica imposibilidad) para acceder a la contratación pública, a pesar de lo que estableció la ley de 2018. Si se quisiera ayudarlas de verdad, también se avanzaría mucho más en este aspecto, abriendo vías de acceso privilegiado no para las grandes sino para las más pequeñas y medianas de nuestras empresas.

Se podrían señalar otras cargas de este tipo, en forma de discriminaciones bien directas o como consecuencia de tratar igual a las desiguales, que suponen un lastre incluso peor que los impuestos para el 99% de las empresas que generan el 54% del empleo y el 63% del valor añadido bruto de nuestra economía. Entre otros, los topes máximos de las cotizaciones sociales que benefician a las más grandes, en las que suelen estar los niveles salariales superiores; el alto coste de los suministros a causa de la estructura oligopolista de los mercados que no se quiere corregir; o las dificultades de acceso a la financiación especializada para el tipo de negocio que suelen llevar a cabo.

Es cierto que la gran mayoría de las empresas españolas es de pequeña o mediana dimensión y que las economías más fuertes son las que tienen grandes empresas pero es completamente irreal pensar que todas las economías pueden ser potencias mundiales y grandes o multinacionales la mayoría de las empresas. Decir que los problemas de las pequeñas y medianas empresas españolas se deben a que son de pequeña o mediana dimensión es un absurdo que oculta la realidad poco competitiva de nuestros mercados, su concentración ineficiente y costosa y las políticas de privilegios hacia las grandes que se vienen realizando.

La estrategia adecuada es la de convertir a las pymes españolas e incluso a las microempresas o a los propios trabajadores autónomos (a los reales, no a los falsos) en fuentes de valor, promoviendo cooperación y sinergias, redes, mercados auténticamente competitivos, y proporcionándoles las normas y el medio ambiente que les permita innovar en un mercado interno potente, vertebrado y autosostenido.

Los políticos y los economistas que diseñan las políticas económicas dominantes en los últimos años no defienden a las empresas sino a un capitalismo oligopólico, financiarizado y volcado en la especulación y en la extracción de rentas mediante la ocupación del poder político que es, en realidad, el gran enemigo de las que realmente son eficientes y productivas y, sobre todo, de las de pequeña y mediana dimensión.

Fuente: https://attac.es/lo-que-hunde-a-la-mayoria-de-las-empresas-y-no-mencionan-quienes-dicen-defenderlas/?utm_source=feedly&utm_medium=rss&utm_campaign=lo-que-hunde-a-la-mayoria-de-las-empresas-y-no-mencionan-quienes-dicen-defenderlas

 

jueves, 17 de diciembre de 2015

MACRI Y EL GOLPE MORTAL PARA LAS PYMES Y SUS TRABAJADORES




Mauricio Macri elimina las DJAI


AgePeBA
17-12-2015

El gobierno nacional anunció que “a fin de año” 18 mil productos, de un total de 19 mil, podrán ingresar al país automáticamente. Desde la Asociación Pyme, lo consideraron “un regalo de Navidad” para los grandes centros mundiales que no tenían dónde colocar sus manufacturas. “Volvemos al espiral que se cierra sobre sí mismo hasta que implosiona, como pasó en 2001”, subrayaron a AgePeBA.

Luego de los anuncios realizados este lunes por el gobierno de Mauricio Macri, en el marco de la 21° Conferencia Industrial Argentina en Parque Norte, a las pequeñas y medianas empresas les esperan años aciagos. 

El ministro de Desarrollo Productivo, Francisco Cabrera, informó que desde hoy queda sin efecto el régimen que obligaba a las compañías a brindar información al Estado sobre su estructura de costos, márgenes de ganancias e información vinculada a la formación de precios, y adelantó que “a fin de año acabarán” las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI).

“Vamos a ir hacia un Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones, que básicamente es ir a un mecanismo simple de licencias automáticas y no automáticas”, dijo el funcionario y precisó que “de las 19.000 posiciones arancelarias que tiene la Argentina, salvo 1.000, hay 18.000 que son productos de insumos que se deben ingresar automáticamente”.

Según Cabrera, la medida “no va a poner el empleo en peligro”, pero las Pymes, que ocupan el 75 por ciento de la mano de obra del país, ya salieron a desmentirlo.

“Las DJAI, con todas las falencias que puedan tener, son una traba, un tapón, para que no entre cualquier mercadería al país, en defensa de la industria nacional. Al eliminarlas, las pymes seremos las principales afectadas porque vamos a tener una competencia en lo que hace a costos que no podremos sostener”, explicó a AgePeBA Daniel Moreira, secretario de la Asociación Pyme.

Para Moreira, el lugar elegido para adelantar el fin de las DJAI no fue causal: “Lo anuncia ante la Unión Industrial Argentina (UIA) porque las grandes empresas, sobre todo corporaciones y multinacionales, son las primeras que salen beneficiadas. Ellas pueden llegar a importar desde las casas que tengan en distintas partes del mundo productos que acá, por una cuestión de costos no les conviene fabricar. La liberalización que está implementando este gobierno en todos los ámbitos, apunta a beneficiar a los más fortalecidos. Las pymes y los pequeños productores agrarios, con las medidas que también anunciaron hoy en Pergamino (fin de las retenciones a las patronales del campo), seremos los primeros en quebrar”.

A esto habrá que sumarle la eliminación de las retenciones a las exportaciones industriales, que hoy están gravadas con el 5 por ciento. Macri se prestaba a oficializarlo al cierre de la conferencia de Parque Norte, a pedido del presidente de Fiat en Argentina, Cristiano Rattazzi.

“Esta obsesión de la derecha argentina de liberalizar todo no tiene en cuenta que el contexto internacional está a la baja. Cuando las mercaderías manufacturadas abundan en el mundo porque no tienen mercado, que se abra un mercado como el nuestro, que estuvo protegido durante mucho tiempo, es un regalo de Navidad importantísimo para los grandes centros mundiales”, ironizó Moreira.

En esta línea, el referente del sector Pyme consideró que Macri está llevando al país a “un espiral que se cierra sobre sí mismo hasta que implosiona, como nos pasó en 2001”.

“Si tenés 19 mil posiciones arancelarias –continuó- y sólo mil seguirían más o menos salvaguardadas, hay 18 mil productos de insumos que van a entrar automáticamente, lo cual afecta principalmente a las pequeñas industrias. Estos productos van a entrar a precios irrisorios y no vamos a poder competir, y esto condena a las pymes a cerrar, dejando a toda la gente que trabaja en esas empresas en la calle. Esa gente, además, va a consumir menos porque no va a tener el ingreso mensual que necesita para vivir, y ese menor consumo va a hacer que haya cada vez menos mercado interno”.

Moreira destacó, por último, que el desprecio de Cambiemos por el sector fue evidente desde la propia campaña electoral.

“Como Asociación Pyme este nuevo gobierno no nos ha convocado ni ahora ni durante la campaña, cosa que sí había hecho el Frente para la Victoria. Aparte, el PRO, durante toda la gestión del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires nunca tuvo políticas para las pymes. La de Macri es una gestión que no nos tiene en cuenta a nosotros ni a nuestros trabajadores”, sostuvo y advirtió que “cuando una pyme cierra hace un gran agujero en el barrio o en la localidad donde funciona”.