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sábado, 21 de diciembre de 2024

VIVIMOS TIEMPOS DECISIVOS

 


 

El capitalismo ya no es sinónimo de progreso sino de destrucción de vidas y la morada humana (la Tierra).

El factor trabajo tiene que someter al capital porque de ello depende la supervivencia de la humanidad. Inteligencia Artificial + Robótica se convertirá en la espada que extermine a los humanos, si los trabajadores no toman el control de sus vidas y la administración del poder global.

IA + robótica + propiedad social = socialismo

La defensa del derecho a la vida es prioritaria frente a la política de destrucción y muerte que impone la agonía de occidente colectivo. Podemos decir, a manera de síntesis, que el socialismo no es un problema a resolver, ni un misterio que vivir sino una realidad a crear. Socialismo es sinónimo de vida, de humanidad.

¡Un nuevo orden está en la orden del día!

¡Trabajadores de todos los países, uníos!

Tacnacomunitaria

Tacna, 18 noviembre 2023

 

jueves, 4 de junio de 2020

¿HAY UNA REBELIÓN SOCIAL EN ESTADOS UNIDOS?


04/06/2020

Una vez más los acontecimientos recientes en Estados Unidos han sido expresión de una diversidad extrema de comentarios en los medios de comunicación y en las redes, una vez más las opiniones van desde las más apocalípticas hasta las que suponen que todo ha sido una táctica de Trump para salir de la catástrofe en la que ha sumido a su país tras el desastroso manejo de la pandemia del Covid 19.

Se menciona que Estados Unidos ha entrado en una etapa “de revolución indetenible” y que el “pueblo” se cansó del sistema y ha salido a las calles a manifestarlo. De la misma manera, se asume que la violencia es expresión del hartazgo de los ciudadanos por un “sistema que los oprime”. Me parece que esos puntos de vista exponen excesos en el análisis o incluso expresión del deseo de que el imperio sufra un remezón en sus entrañas.

Pero hay que ser objetivo, las rebeliones de los negros de Estados Unidos o afroamericanos como se denominan ellos a si mismos son recurrentes a través de la historia. La independencia obtenida en 1776 no cambió la institución de la esclavitud presente desde los inicios de la colonia a comienzos del siglo XVII, aunque ya los españoles habían traído negros de África para ser esclavizados en sus territorios coloniales que después pasaron a formar parte de Estados Unidos. Tampoco la constitución de 1787 trajo modificaciones en la “corporación esclavista”. Al contrario, legalizó y legitimó la opresión contra los negros.

Las primeras y más importantes rebeliones de negros esclavos vinieron a tener lugar apenas a comienzos del siglo XIX. Fueron las dirigidas por Gabriel Prosser en Richmond, Virginia en agosto de 1800, Denmark Vessey en Charleston, Carolina del Sur en junio de 1822 y la de Nat Turner, en Southampton, Virginia en agosto de 1831.

La esclavitud vinculada al feudalismo se transformó en un freno para el desarrollo capitalista de un país que ambicionaba ser una gran potencia imperialista mundial. Fue necesaria una guerra, llamada de “secesión” porque los once estados que defendían el esclavismo quisieron crear un nuevo país. El triunfo de los estados de la Unión y del capitalismo que propugnaban legitimaron el racismo, la exclusión, la represión y el menosprecio de los negros como atributo del modelo económico y político que había vencido, aunque se otorgaron algunos derechos civiles a los negros que por obra de la guerra habían sido liberados de la esclavitud.

Como recuerda el historiador estadounidense Morris Berman en su obra ”Las raíces del fracaso americano”, incluso Abraham Lincoln, considerado el apóstol de la lucha contra la esclavitud en Estados Unidos dijo en su discurso de la sesión especial del Congreso el 4 de julio de 1861, que no tenía “la intención directa e indirecta de interferir con la esclavitud en Estados Unidos donde quiera que exista”. De manera que es falso que la guerra se haya librado para liberar a los esclavos como lo señala la historia oficial, sino que respondía a la clara intención de evitar el plausible objetivo de evitar la secesión. Berman señala que Lincoln ya había dejado claro que no era favorable a la igualdad social y política de los negros “de ninguna forma”. Si esa fue la opinión del presidente que “abolió” la esclavitud, podríamos preguntarnos entonces ¿qué se puede esperar de otros?

Desde ahí hasta la muerte de George Floyd el pasado el 25 de mayo de 2020, en Powderhorn, Minneapolis han pasado más de un siglo y medio de continuos levantamientos de los negros americanos en su lucha contra la exclusión y la discriminación.

Pero salvo en casos muy específicos, la lucha racial no ha pasado de ser eso: movimientos espontáneos de rechazo desesperado cuando el abuso pierde incluso la cordura que la formalidad de la sociedad blanca les impone.

Ayer, en una entrevista para “la iguana.tv” el periodista venezolano Clodovaldo Hernández expresaba que: “Hay quienes dicen que esta ola de disturbios y protestas hunde definitivamente a Donald Trump, quien se encamina a perder las elecciones. Otros aseguran que lo fortalece porque radicaliza las posiciones y él vive del radicalismo” y me preguntó cual era mi criterio respecto de si Trump ganaba o perdía con este giro inesperado de la campaña.

He aquí mi respuesta:

“Lo primero que hay que considerar es que los negros en Estados Unidos representan 13% de la población. Y ese segmento es abrumadoramente votante del Partido Demócrata. Entonces, en términos electorales, Trump está agrediendo a un sector opositor, que ya no le favorecía antes de estos eventos”.

Por otro lado, en términos más estructurales hay que decir que el racismo es un fenómeno permanente en EEUU, es intrínseco a ese país. Yo era un niño entonces, pero recuerdo que en los años 60 estaba aquel movimiento de Panteras Negras, que incluso asumió la lucha armada y llegó a adquirir gran fuerza, sobre todo en las Olimpíadas de México de 1968, cuando los atletas estadounidenses negros ganadores de medallas alzaban el puño y miraban al piso mientras sonaba el himno. Eso demostraba la raigambre del movimiento. Pero siempre estuvo circunscrito a los negros.

Cada cierto tiempo, cuando ocurre este tipo de hechos, como el que acaba de pasar ahora, sucede lo mismo con mayor o menor fuerza. Esta vez ha sido muy fuerte, mucha gente lo compara con lo que ocurrió después del asesinato de Martin Luther King. Pero sigue siendo un movimiento racial, no tiene ninguna otra connotación. Se circunscribe a un sector minoritario de la población de EEUU.

No hay que confundirse. Hay gente hablando de revolución en EEUU y de crisis del sistema político. No hay que equivocarse pensando que esto lleva a las puertas de una rebelión social que vaya a producir cambios sustanciales. Por otro lado, hay que tener en cuenta que los negros en EEUU votan por el Partido Demócrata, pero en las internas se inclinan por la derecha demócrata. En esta ocasión, le dieron el apoyo a Joe Biden en contra de Bernie Sanders.

Así que tampoco podemos engañarnos pensando que se trata de negros libertarios, antisistema. No. Son negros que están luchando, y es bueno que lo hagan, en función de los intereses de su raza, que es discriminada, explotada, expoliada, lo cual se manifiesta en la pandemia, cuando, siendo apenas 13% de la población global [de EE.UU], son entre 24% y 25% de los contagiados, es decir, el doble de la proporción.

En EEUU han creado una serie de mitos sobre el supuesto fin del racismo. El tercer lunes de enero celebran el Día de Martin Luther King, que es feriado a escala nacional; en el béisbol, el 15 de abril todos los peloteros usan el número 42, por Jackie Robinson, que fue el primer afroamericano al que le permitieron jugar en las Grandes Ligas. Pero, finalmente, a esos mismos negros los montan en un barco y vienen a invadir a Venezuela sin problema. Ninguno de sus líderes tiene la entereza, la estatura moral, la fuerza de ideas que tuvo Muhammad Alí, que siendo el boxeador más grande de la historia, renunció al título mundial, fue a la cárcel y fue sometido a persecuciones porque se negó a participar en una guerra en la que no creía, la de Vietnam.

Tampoco olvidemos que Obama es negro y fue el que inició la persecución contra Venezuela en las dimensiones que tenemos ahora. ¿Dónde están Obama y otros negros, como Condoleezza Rice y el general Colin Powel? Están en el bando de los poderosos, del sistema, de los opresores. Entonces, creo que la respuesta de Trump es calculada, en el sentido de que está golpeando a una población que no le favorece y está incentivando acciones que son bien recibidas por ese sector de la población, los WASP (blancos, anglosajones y protestantes, el segmento más conservador [de la sociedad]).

Los negros en EEUU, además, no tienen ningún tipo de conciencia de clase, están en contra de los latinos, persiguen a los inmigrantes. No estamos hablando de una revolución social o política, sino, si acaso, de una rebelión racial. Al único que he escuchado planteando esto en términos políticos sustanciales, en términos de clase, es al director de cine Spike Lee. Hizo un planteamiento sólido. Todos los demás lo han hecho en términos de la marginación de los negros, pero no en términos del sistema y de la estructura del capital. Entonces, insisto, no va a significar grandes cambios sociales y políticos porque para ello tendrían que incorporarse los marginados, las mujeres, los inmigrantes y los desempleados, que son millones, pero obviamente no han estado en estas protestas”.

Ante otra pregunta del periodista agregué que: “…Ayer [Joe] Biden se reunió con unos líderes negros y su propuesta fue que, si llega a la presidencia, dará instrucciones para que la policía no les dispare [a los manifestantes] al pecho, sino a las piernas. Y dijo que buscará el control del armamento de los ciudadanos. Esa es una jugada electorera de un candidato mudo, que no ha aparecido en todo el Covid-19.

Yo creo que todo eso es calculado [por Trump] porque sabe que en EEUU hay un gran fervor por el uso de las armas y es una mayoría tan aplastante la de los blancos que nadie se atreve a desafiarla. Además, a ese grupo se sumarán seguramente los latinos y otros, en el caso de que haya un conflicto violento racial. Por eso, en esa hipótesis, los negros serán aplastados, a un costo de miles o de cientos de muertos. Si Trump dijo que era aceptable que por el Covid-19 murieran 200 mil personas, que mueran 100 mil negros no es una cosa que le pueda preocupar mucho”.


  

miércoles, 15 de abril de 2020

GRAN VICTORIA DE LOS CAMINANTES




(14 de abril de 2020)

Por Miguel Aragón

La organización y la resistencia “desde las bases”, comienza a tomar forma, contra el improvisado e impositivo encierro.

Varios cientos de pobladores naturales de Junín, Huancavelica y Huánuco, que estaban “varados” en Lima, sin poder regresar a sus provincias, se AUTOORGANIZARON por su cuenta,  e iniciaron una larga y heroica caminata para dirigirse a sus propios pueblos.

Después de caminar más de 60 km por la Carretera Central, fueron detenidos en Matucana.

Ante la razón justificada de su propuesta, el gobierno se ha visto obligado a retroceder. Les ha entregado alimentos, control sanitario, y transporte en omnibuses para llevarlos a su destino

¡VIVA  LA RESISTENCIA DEL PUEBLO!  


jueves, 7 de noviembre de 2019

REBELIONES POPULARES. ¿Y DESPUÉS?




Chile, octubre 2019
Foto: Prensa Opal


Opinión
07/11/2019 


Pletórico, nos dice Cristóbal León Campos que “La rebeldía que recorre Nuestra América dignifica el sentido pleno del sueño unitario e integrador de los próceres fundadores de las naciones hoy en disputa, los tiempos esperanzadores vuelven con la brisa enfurecida que derriba la injuria pedante del opresor, las cordilleras ven pasar a sus pueblos enardecidos de orgullo y valentía dirigiéndose a los centros del desprecio para tender la mano incluso a quienes por siglos los ignoraron, pueblos originarios, mestizos, campesinos, obreros, mujeres y hombres, proletarios todos en el sentido emancipador, Nuestra América despierta y entre piedras y palos clama por su liberación. Tiemblan los poderes sostenidos por las capillas y capellanes de la explotación, caen las rejas, muros y ballestas, en su lugar nacerán las flores primaverales que tanto cantara Pablo Neruda, pues nos han robado todo menos la dignidad”.

¡Qué lindo si fuera cierto todo esto! ¿Realmente está despertando la población latinoamericana? ¿Efectivamente tiemblan los poderes? Sin el más mínimo ánimo de ser agorero o aguafiestas, y justamente porque seguimos teniendo inquebrantables esperanzas, es que debemos analizar muy en detalle, con actitud crítica, lo que está pasando alrededor del mundo en este momento.

Pareciera que arde el planeta. Por distintos puntos se suceden protestas populares espontáneas muy masivas que constituyen una verdadera afrenta a los poderes constituidos.

En Líbano, el aumento en las tarifas de las redes sociales detonó masivas protestas que hicieron tambalear al gobierno del Primer Ministro Saad Hariri, quien tuvo que retractarse de la medida. En Egipto, miles y miles de manifestantes autoconvocados a través de redes sociales salieron a protestar en varias ciudades (El Cairo, Suez, Alejandría, Daimeta) contra el presidente Abdelfatá al Sisi, acusado de severos actos de corrupción. Pese a que las protestas están oficialmente prohibidas desde 2013, la población salió en forma masiva a las calles, desafiando la represión policial. La respuesta del gobierno fue la represión.

En Ecuador masivas concentraciones de los pueblos originarios pusieron en jaque al gobierno del neoliberal y traidor Lenín Moreno quien, luego de una furiosa represión, tuvo que dar marcha atrás en medidas de ajuste fiscal impuestas por el Fondo Monetario Internacional. En Chile, el aumento del boleto del metro desató enormes protestas, iniciadas por el movimiento estudiantil en principio, al que se le sumó luego masivamente la población, las cuales hicieron retroceder al presidente Sebastián Piñera, quien luego de reprimir salvajemente pidió perdón, comprometiéndose a implementar medidas de protección social, reconociendo la precariedad de muy buena parte de la población chilena, más allá del preconizado “milagro económico” del país que fuera primer laboratorio de ensayo de los planes neoliberales.

En Cataluña, España, el juicio condenatorio llevado adelante por Madrid a los líderes independentistas catalanes que propiciaron el referéndum separatista de 2017, produjo masivas concentraciones que confluyeron en Barcelona, exigiendo la libertad de los procesados y, una vez más, la proclamación de la República Catalana, independizándose del católico reino borbónico español.

En Honduras, uno de los países más pobres y corruptos del continente americano, la población sigue protestando masivamente por el ilegal gobierno de Juan Orlando Hernández, neoliberal y represor, llegado a la presidencia por medio de un escandaloso fraude electoral. En las últimas semanas, en consonancia con estas protestas que están dando vueltas por todo el mundo, las manifestaciones populares arreciaron, así como la represión gubernamental. En Haití, país igualmente empobrecido y olvidado, gigantescas manifestaciones exigen la renuncia del presidente Jovenel Moïse, acusado de corrupción, y quien mantiene firmemente medidas de ajuste neoliberal que empobrecen aún más a una población históricamente diezmada. La represión policial es la única respuesta por parte del Estado.

En Francia, algunos meses atrás, una población empobrecida por medidas neoliberales que recortaron drásticamente beneficios sociales, salió a las calles propiciando una poderosa ola de protestas espontáneas. Como “chalecos amarillos” se les conoció. Aquí, como en cualquier país mal llamado “periférico”, del Sur del mundo, la policía reprimió sin miramientos. El presidente Emmanuel Macron, empujado por esa ola de protestas, debió cancelar entonces los anunciados aumentos a los combustibles.

Las poblaciones, diezmadas hasta la médula por los planes neoliberales vigentes (capitalismo rapaz sin anestesia, que recorta cuanto colchón de amortiguación pueda haber existido), sale a manifestar en una mezcla de protesta ante el empobrecimiento creciente que traen esas políticas y la corrupción rampante de la casta política, que se da por igual en todas partes del globo, siempre de espaldas a los pueblos, trabajando para los grandes capitales.

En Argentina, que años atrás también vivió estas masivas respuestas espontáneas cuando en diciembre de 2001 en dos semanas expulsó a cinco presidentes, volvió a protestar, ahora desde las urnas. Con un masivo “no” evidenció su repudio en las recientes elecciones a las medidas de ajuste estructural impuestas por el presidente Mauricio Macri, siguiendo las recetas marcadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Se podría decir que también en Guatemala, en el año 2015, más allá de manipulaciones que pueda haber habido por parte de la injerencia estadounidense, la población, hastiada de la corrupción gubernamental, manifestó masivamente, sirviendo esas protestas para expulsar del gobierno al binomio Otto Pérez Molina-Roxana Baldetti, acusados de groseros delitos en el ejercicio del poder.

No hay dudas que existen climas masivos contagiosos. No confundir eso con “modas”. Pero llámense como sea, es evidente que se dan tendencias que arrastran, que son imitadas, que son seguidas por las grandes mayorías. He ahí principios de la Psicología de las masas, que actúan más allá de voluntades individuales (por eso son masas, justamente). Esos climas crean atmósferas sociales, culturales, políticas. En las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, por ejemplo, el mundo vivía una cierta euforia de cambio, actitudes contestatarias, una rebeldía generalizada (movimiento hippie llamando al no consumo, movimientos pacifistas intentando desarticular la Guerra de Vietnam, guerrillas de orientación marxista, liberación femenina, Mayo Francés de 1968 como ícono del cambio, mística guevarista, grandes movimientos de liberación nacional en África y Asia, Teología de la Liberación con su opción preferencial por los pobres). Hoy, ese clima se ha tornado (o lo han tornado los poderes dominantes) mucho más conservador, de derecha, reaccionario. Lacras como el racismo y la segregación étnica vuelven a tomar impulso extendidamente. ¿Por qué, si no, la gente votaría por candidatos neofascistas como Bolsonaro, Macri, Trump, Piñera, los neonazis en Europa y toda una pléyade de hiper conservadores?

Efectivamente, las masas comportan una psicología colectiva muy particular: se contagian las tendencias. En esa lógica, en esa perspectiva podría decirse que estos últimos meses marcan un movimiento reactivo anti-sistémico sin parangón. O, en sentido estricto, más que anti-sistémico, anti-consecuencias espantosas de ese sistema llevado al límite por las políticas fondomonetaristas. Por los cuatro puntos cardinales del globo explotan protestas masivas. Todas tienen algo en común: es la reacción visceral de la gente ante situaciones agobiantes en términos socio-económicos. Hay algo en las distintas poblaciones del mundo (en Medio Oriente, en Europa, en Latinoamérica) que las une: sentirse indignadas, sentirse burladas y expoliadas. Y en todos lados, también, la respuesta gubernamental es la misma: represión brutal.

En ese contexto deben diferenciarse y no confundirse otros movimientos, como las actuales protestas en Bolivia, o en Hong Kong. Estas dos recuerdan, en todo caso, lo que se llamaron algunos años atrás “revoluciones de colores”: movimientos supuestamente espontáneos, manipulados en realidad por la agenda hegemónica de Washington para quitar de en medio gobiernos que no son de su conveniencia: revolución de las rosas en Georgia, revolución naranja en Ucrania, revolución de los tulipanes en Kirguistán, revolución blanca en Bielorrusia, revolución verde en Irán, revolución azafrán en Birmania, revolución de los jazmines en Túnez, así como los “movimientos de estudiantes democráticos antichavistas” en la República Bolivariana de Venezuela, o las “Damas de blanco” en Cuba. Esas no son reacciones populares viscerales: son afinados mecanismos de “ingeniería social”, con agendas claramente estipuladas.

La ola de reacciones que se está dando en estos momentos, en realidad no tiene agenda previa. Es, en el más cabal sentido de la palabra, una expresión espontánea de la furia popular. Empobrecidas como están, engañadas, manipuladas, las poblaciones reaccionan visceralmente. No es cierto, en absoluto, que tras las protestas en Latinoamérica haya una conspiración “castro-comunista bolivariana”, como un trasnochado discurso de derecha (¿rémora de la Guerra Fría?) pretende enviar. Hay hambre, bronca, frustración, profundo malestar; hay desencanto y desilusión. Es por eso que la gente, enardecida, manifiesta, aún a riesgo de su vida. Quizá sin ideología política clara (los “chalecos amarillos” de Francia se autonombraban “apolíticos”), pero como expresión veraz de un estado de desesperación real.

A partir de estas rebeliones, estas espontáneas insurrecciones, muchos ven un período revolucionario que se abre. Las transformaciones, de esa cuenta, estarían esperando a la vuelta de la esquina. Pero, como se dijo al principio del texto luego de la esperanzadora, y quizá bastante romántica, cita con que abrimos, ¿será cierto que los poderes tiemblan y estamos ante del despertar revolucionario de los pueblos?

Más allá de las esperanzas (¡que nunca hay que perder!), el análisis de la situación debe ser crítico, realista, utilizando instrumentos pertinentes y no solo la pasión (“Actuar con el pesimismo de la razón y con el optimismo del corazón”, pedía Antonio Gramsci). No cabe dudas que las poblaciones, en todas partes, han sido severamente dañadas con las políticas neoliberales. En realidad, ese es el plan trazado por los grandes poderes globales: no solo volver más ricos a los ya ricos sino, quizá básicamente, desarticular la protesta social. Para eso se pergeñó lo que ahora llamamos “neoliberalismo”.

¿Qué sigue después de estas protestas? Lamentablemente, estos años de hiper derechización que vivimos, con ajustes estructurales que diezmaron los Estados nacionales y con un tremendo estancamiento en la organización popular, marcan una falta de proyecto político en las izquierdas que se evidencia justo ahora. No se puede decir que los pueblos son conservadores, aunque hayan elegido con voto popular a los gobiernos contra los que ahora se enfrentan e intentan defenestrar. Los pueblos, como siempre, son manipulados y engañados (¿por qué, si no, votarían por sus propios verdugos?). Ello muestra que esta democracia formal en absoluto confiere poder real a la gente que emite un sufragio; eso es una vil mentira, muy bien montada.

Estas explosiones populares no parecieran desembocar en cambios reales, en transformaciones profundas en la sociedad. En Ecuador, años atrás los movimientos indígenas y populares, a través de masivas protestas, quitaron del poder a tres presidentes (Bucaram, Gutiérrez y Mahuad), así como la Primavera Árabe abrió una enorme esperanza. Pero ahí quedaron. Los planes neoliberales, contrario a lo que cierto exitismo proclama, no están muertos. Lamentablemente: ¡no están muertos! Ante la protesta se saben readecuar, quizá con incumplibles promesas de politiquero, pero no perdamos de vista en el análisis que ningún presidente (Piñera en Chile, Moreno en Ecuador, Hernández en Honduras, Hariri en Líbano, al Sisi en Egipto, Macron en Francia) ha renunciado luego de estas puebladas. Y las condiciones de vida no se modificaron en lo sustancial, más allá de esas promesas circunstanciales. Se lograron cosas importantes, por supuesto: los correspondientes “paquetazos” o aumentos programados se debieron suspender. Pero las deudas externas no se condonaron, las condiciones laborales de super explotación no cambiaron, y la represión -como se acaba de ver- siguió lista para operar con brutalidad cuando es necesario.

Todo ello permite sacar al menos dos conclusiones: 1) sin la fuerza volcánica de la población en la calle no puede haber ningún cambio real en las dinámicas socio-políticas. Y 2) es imprescindible contar con una dirección para la lucha, llámese partido, vanguardia, organización o como sea. Eso no constituye, como algunos malintencionadamente opinan, un grupo de “iluminados”. Son, simplemente, una guía para la acción. Pero, ¿qué es en definitiva sino eso un partido revolucionario? Sucede que hoy, luego de los terribles golpes que la derecha infringió al campo popular en estas últimas décadas, no hay partidos de izquierda sólidamente constituidos que estén a la altura de estas puebladas. Lo que siguió a todas estas rebeliones espontáneas lo deja ver. ¿Habrá que constituirlos entonces?


https://www.alainet.org/es/articulo/203109

lunes, 4 de noviembre de 2019

CHILE DESPIERTA: EL PUEBLO ESTÁ CREANDO UNA NUEVA LEGALIDAD



por José Moro

Chile despertó, pero aún no sale de la pesadilla. Ya no es la conciencia de tener instituciones injustas, como en 2011 o en 2016. Es la certeza de vivir en un sistema de relaciones sociales capitalistas, patriarcales y coloniales; de llevar una forma de existencia alienada, de ser simple objeto de explotación y mantener un modo de vida inhumano. Por eso, se trata de un despertar más profundo. Abandonado por las instituciones que decían protegerlo, el pueblo despertó sin democracia ni derechos humanos. Pero, en medio de la pesadilla, escuchó el grito de la juventud, que sabe de esta orfandad: «evade, rompe la lógica del mundo de las mercancías, sumérgete en tu propio mundo, captura los sueños negados y sal con ellos a conquistar el porvenir”. Desde el subsuelo de la sociedad, donde la juventud rebelde hizo oír sus cánticos de lucha, emergió una nueva legalidad, que se apoderó de las calles, plazas, barrios y territorios. Esta nueva legalidad, de la evasión y control territorial, de la protesta y acción directa contra el sistema, de unidad y auto organización popular, es el principio revolucionario del movimiento. 

La evasión quebró la vieja legalidad de las relaciones mercantiles y dio al pueblo la posibilidad de reconocerse como propietario colectivo de los medios de vida; una perspectiva para abolir, en consecuencia, los privilegios de quieres detentan la propiedad privada sobre esos medios de producción y subsistencia. Como siempre, los dueños del poder y la riqueza prefirieron quemar, dejar saquear y reprimir, para impedir la extensión de este principio revolucionario, el de la expropiación colectiva de los medios de vida privatizados. Para que el pueblo no impusiera la gratuidad en Metro, lo quemaron. Para que no aplicaran el control y la administración popular de los comercios mayoristas, llamaron al pillaje y los incendiaron. Para que no ejercieran el poder sobre las calles, dieron a militares y policías licencia para disparar contra el pueblo. Sin embargo, pese a los golpes y balas recibidos, con un certero instinto de clase, el pueblo sigue aferrado a su propia legalidad. No abandona sus posiciones; es más: se organiza en cada territorio y extiende su nuevo horizonte de relaciones y redes asociativas, ahora sí humanas, al conjunto de los espacios sociales.

Las relaciones capitalistas son las que demuestran su obsolescencia, ya no sólo las instituciones que en ellas descansan. Por eso, las salidas institucionales que propone la burguesía sólo podrán asentarse si el pueblo desconfía de su capacidad para organizar la sociedad, fuera del modo de vida capitalista, y entrega esa tarea de reorganización a las instituciones del régimen actual. El camino de la reforma de las instituciones condena al pueblo a mantener las relaciones alienadas del capitalismo; en cambio, el camino del poder popular, extiende esta nueva legalidad, todavía germinal, al conjunto de la sociedad, para hacerla verdaderamente dueña de su destino.

Las organizaciones populares que se nutren de esta nueva legalidad, servirán al pueblo para retomar, en el momento del próximo estallido, la obra comenzada con la evasión: abolir la lógica del capital y crear la lógica de socialización de los medios de vida colectivos. Las Asambleas Populares, que se multiplican por el país, tienen la misión de extender el principio revolucionario del movimiento, y no el triste engaño del recambio institucional. El principio matriarcal que la juventud rebelde susurró al pueblo, se cumple aquí también. No es necesario refundar la patria, sino reconocer en la sociedad la madre colectiva de toda riqueza y bienestar. El modo de vida patriarcal, sustentado en las instituciones tiránicas del capital, es lo que debe de morir en este siglo. La nueva legalidad, que nuestro pueblo está creando en cada calle, barrio y territorio, constituye el vientre donde se gesta y crece el poder popular.



EL DESTINO ACIAGO DE LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

por Iván Alinov 

El día de ayer 1 de Noviembre se efectuó un Cabildo Abierto en el Liceo Pedro Montt, Avda. Alemania Valparaíso, y que contó con la participación del expositor Jaime Bassa, abogado constitucionalista de la Universidad de Valparaíso. La modalidad de este Cabildo, al cual asistieron alrededor de 500 personas consistió en la exposición del jurista respecto a la posibilidad de la conformación de un plebiscito para establecer un mecanismo constituyente que se encargue de una nueva Constitución y acto seguido el trabajo en mesas temáticas como Salud, Educación, Medio Ambiente, Derechos Humanos, etc. Respecto a esto último, curiosamente no se incluyeron las temáticas de Pueblos originarios y minorías sexuales.

El aludido expositor basó su intervención en primer lugar a un llamado a convocarse, a reconocerse, reconstruir el tejido social, visualizar sus demandas, luego en una segunda fase convocar a un plebiscito para definir la conformación de esta AC con delegados elegidos por el pueblo que funcionarían en forma paralela al actual Congreso y que luego se disolverían tras la promulgación del cuerpo legal. Sin perjuicio de ello, debiese continuar una AC denominada “política” que operaría como órgano de debate permanente.

En el ámbito nacional, se ha sabido que los presidentes de los partidos de la ex Nueva mayoría han hecho una presentación para realizar un plebiscito en Diciembre de este año. Los partidos políticos están desprestigiados y permeados por la corrupción, salvo honrosas excepciones y esta maniobra es sólo un acto escénico de maquillaje para blanquear su imagen. Además, se necesitan los dos tercios de ambas cámaras para que la iniciativa prospere. Y ya sabemos de sobra que hacen los Chaín, Walker, Insulza y otros burócratas de la extinta Nueva Mayoría.  Hace años se hizo el ejercicio de Cabildos abiertos durante el gobierno de la presidenta Bachelet los cuales no tuvieron ningún destino porque ellos mismos se encargaron de darle sepultura. Tampoco serán los representantes de este Régimen quienes nos dirán que tenemos que hacer. Tienen las manos manchadas con sangre. 

Desde luego que los reaccionarios del Régimen, que han recibido la advertencia, opondrán feroz resistencia, no permitirán que los derechos básicos del pueblo amenacen sus intereses de clase, la clase empresarial no está dispuesta a repartir sus privilegios como se le escapara a Cecilia Morel. No habrá término de los abusos como en  las AFP, la Salud, la Educación, servicios básicos, respeto al Medio Ambiente, etc. Utilizarán a las FFAA si es necesario para torcer la voluntad del pueblo y echarán mano al golpe de Estado como lo ensayaron en las última 2 semanas en forma similar al tanquetazo conducido por el Coronel Souper el año 73. Es necesario que el movimiento de masas considere esto. Se debe acusar a Piñera por crímenes de lesa humanidad y denunciarlo en todas las tribunas del mundo. Piñera debe renunciar. Sus medidas se han puesto al margen de la Ley. El único camino para el pueblo es aumentar la presión sobre el Régimen y combatirlo en todos los frentes de lucha. No existe otra salida. El camino institucional de esta AC estará condenado al fracaso si no plantamos cara al sistema y mantenemos la lucha hasta acabar con el Gobierno de Piñera y construimos un Gobierno de Trabajadores.