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viernes, 24 de octubre de 2025

MIRAR ADELANTE NO ATRÁS

 


ARRASTRANDO EL PASADO: LA POLÉMICA CONTINÚA… 

Véase 

UNA CONTROVERSIA: RUPTURA O DESLINDE CON EL APRISMO AURORAL publicada hoy a las 16 horas.

 

 

MIRAR ADELANTE NO ATRÁS

 

“Se han enredado por mirar atrás y no adelante”.

 

Volvemos a publicar un documento, difundido a principios de este año, que trata algunos de los temas objeto de controversia entre los Cruzados del Anti Revisionismo y Eusebio Leyva.

Uno de los rasgos característicos del doctrinarismo es mirar atrás, como si la vida estuviera detenida en el tiempo. Pero, la lucha por la vida continúa, no se detiene ni una milésima de segundo. El pasado sólo nos sirve como experiencia para abrir camino en el presente - futuro. La vieja fórmula que gobernó la actuación de José Carlos Mariátegui: poner los pies firmemente en la realidad material, combatir el viejo orden y entenderse ante la realidad concreta, sigue siendo faro que alumbra la actuación de los activistas en el siglo XXI. 

Las tendencias en la lucha de clases son inevitables como inevitable es la diversidad de opiniones. Si no arrojamos a la basura el facilismo de hacer “política” con el pasado. Las potencialidades quedarán atrapadas en el círculo vicioso de la esterilidad de interminables debates. El doctrinarismo –dice Eusebio Leyva- es infértil porque busca la verdad en los libros, no en los hechos. Y tiene mucha razón. Los hechos son la vida y la vida es producción material, es lucha de clases y es experimentación científica, esto es, práctica y más práctica. Así, la práctica y sólo la práctica, marcará la diferencia entre cien mil escuelas en el circo agonal de la vida. Oficio de políticos es mirar adelante; oficio de historiadores es mirar atrás. Dejemos el trabajo de escudriñar el pasado a los historiadores. Tenemos un mundo por conquistar, ¿Qué nos detiene? ¡Nada! ¡Absolutamente nada!

Tacna, 01 octubre 2012

Edgar Bolaños Marín

 

 

 

NARCISISMO, ADANISMO Y UN MUNDO POR CONQUISTAR

 

 No hay mejor almohada que la conciencia sana.

 

¡Amen![1]

¡DOS VECES AMÉN! ¿Ese "joven cito" fuera del agua no tendrá ocupación más provechosa?

¿Quién inventó el adanismo? ¡No! ¡No fue Adán Ramones! El comediante que se cree inventor de los Monólogos. Su origen se remonta al amanecer de la propiedad privada y, más tarde, al de los derechos privados, copyright. Así un tal Jehová o Yahvé, tiene su Adán y… su Eva como simple accesorio. Eva en la narrativa bíblica es un objeto decorativo. ¡Hasta la moda en el vestir la inventó la Serpiente! La muy rastrera enreda a Eva y provoca en la adánica pareja vergüenza por la desnudez. Así, desde aquellos tiempos y mientras dure el macro ciclo clasista, el complejo de Adán y el narcisismo caminan de la mano.

¡Al maestro, cuchilladas! Hay quien mantuvo viva la flama del marxismo. Y hay quienes hacen de la frase castellana norma en su vida. La Verdad sea dicha[2] y otros anti-panegíricos nos recuerdan a Víctor Raúl Haya de la Torre y sus trastornos de personalidad. Entre 1928 - 1930, las limitaciones de clase de Víctor Raúl, sólo toleraban o le permitían “rebatir” con agravios el proyecto de José Carlos Mariátegui. La conducta de Haya y sus epígonos no es poco frecuente; es, en todo caso, el modus operandi del Petit bourgeois siempre oscilante entre los extremos: capital y trabajo.

Haya de la Torre hace más de ochenta años escribió: “Mariátegui no transigirá nunca porque es inválido, porque es cojo y porque es fantaseador.”[3] Hoy, algunos seguidores de la “plañidera narcisista”[4], sueltan la sin huesos, sin mirar el leño que cubre sus pupilas. En un triste espectáculo cuál viejas solteronas -orgullosas de su estéril pureza moral- vociferan a los cuatro vientos: ¡crisis de senilidad! ¡Cobardía!

La ironía es un recurso cuando la necedad de un "argumento" se repite y repite como disco rayado. Albert Camus, alguna vez dijo: La estupidez siempre insiste e insiste. En un medio donde todo es blablabla, narcisismo y adanismo, se dan la mano en relegar y subordinar los proyectos colectivos. Contra las disputas por quién corrió primero o quién es la prima donna hasta los dioses luchan en vano. Hace más de 400 años, el filósofo francés Michel Eyquem de Montaigne dijo: Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis.

El drama de la pequeña burguesía es su ambición y temor. Sueña con poder, riqueza y prestigio; pero, al mismo tiempo, teme la pobreza que la amenaza todos los días. Por su misma naturaleza de clase, defiende la propiedad privada de los medios de producción; pero, simultáneamente, se opone a la liberalización irrestricta de la economía (consciente de su incapacidad para competir). Esa es la base de su reformismo de buen vecino o su radicalismo estéril. La empleocracia vive entre la aspiración de ascenso social y la brutal realidad de estar encadenado a un puesto, sometidos a un jefe incapaz, tan frustrado como ellos. Todos angustiados, todos atrapados sin salida, todos simulando un éxito huidizo. La angustia de la pequeña burguesía, sólo encontrará descanso eterno cuando el curso ineluctable de la vida termine por doblegar sus instintos en la fría tumba de los anaqueles de la historia. Entre tanto, la duda hamletiana consume su inteligencia y, la lucha de clases, los empuja hacia los extremos: burguesía o proletariado. Su protesta incendiaria (desde la extrema derecha o la extrema izquierda) se canaliza a través del dicterio y la diatriba, para ellos los soldados (no las organizaciones) son los culpables de todos los males sociales. 

En 1924, cuando Mariátegui regresó al Perú, encontró un movimiento obrero sumido en disputas fratricidas y sometido a la pequeña burguesía. Su llamamiento, a los révoltè de aquél entonces, da la pauta para salir del pantano (de las riñas por quítame esta paja) y sigue siendo una luz que alumbra nuestro futuro:

“La existencia de tendencias y grupos definidos y precisos no es un mal; es, por el contrario, la señal de un periodo avanzado del proceso revolucionario. Lo que importa es que esos grupos y esas tendencias sepan ENTENDERSE ante la REALIDAD CONCRETA DEL DÍA. Que no se estrellen bizantinamente en excomuniones y exconfesiones recíprocas. Que no alejen a las masas de la revolución, con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. QUE NO EMPLEEN SUS ARMAS NI DILAPIDEN SU TIEMPO EN HERIRSE UNOS A OTROS, SINO EN COMBATIR EL VIEJO ORDEN SOCIAL, SUS INSTITUCIONES, SUS INJUSTICIAS Y SUS CRÍMENES.”[5]

Realidad concreta, combatir el viejo orden y entenderse, son las claves de la unidad Mariateguiana. Los verdaderos hombres se entienden en la práctica concreta, en la lucha de clases. Los discursos, las palabras, se las lleva el viento. De qué sirven las palabras si no tienen el respaldo de la organización. De qué sirven los grupos si no tienen el respaldo de la lucha concreta. De qué sirven las tendencias si no tienen el respaldo de un proyecto. De qué sirve el proyecto si no brota en medio de una tenaz lucha (ideológica, teórica, política y orgánica) por la hegemonía en el frente de clases. De qué sirve la hegemonía en el frente unido si no tiene el respaldo de la clase obrera organizada en partido.

Parafraseando a Vladimir Ilich Lenin, hoy podemos decir: !Oh Dios mío, qué verdades tan elementales hay que deletrear, cuando se han confundido y embrollado todos los objetivos! ¡No está claro aún! Hay que repetirlo mil veces y aún será necesario volver a repetirlo: unidad en la lucha contra el enemigo común.

De cara al Toro, situase el Diestro en la rectitud de su terreno, avanza agitando la capa dispuesta al Capotazo. Y el torero deja con un palmo en la nariz al buey rojo de furia… En algunas ocasiones, no otra cosa ocurre entre los homínidos. Para qué entretenerse despejando las dudas hamletianas de los que no creen. No insistas. Déjalos bufar y sigue tu camino.

La variedad de tendencias y la diversidad de matices ideológicos es inevitable en este siglo decisivo. Asimismo, las colisiones en la diversidad son ineludibles como inevitable es la necesidad que obligará a la colaboración en la lucha contra el enemigo común. Luchar por el alimento (para el cuerpo y el alma) es el modus vivendi de la especie que impulsa la producción material, la lucha de clases y la experimentación científica. Esta práctica social nos elevó del salvajismo a la civilización y nos permitirá dejar atrás el macro ciclo clasista. Sí Marx y Mariátegui, tenían la certeza que el desarrollo intelectual de la clase obrera, debía ser el resultado inevitable de la acción conjunta y de la discusión.[6] Con mayor razón, se tiene la seguridad que de los escombros de la crisis terminal del modelo civilizatorio (climática, energética, económica, financiera y alimentaria) brotará la nueva organización de la sociedad del futuro. La lucha por el pan, el agua, la educación y la dignidad es el motor que revitaliza el movimiento del futuro en el movimiento del presente. El capitalismo ha saltado los límites del planeta y el instinto de las masas, que casi nunca se equivoca, se orienta de la lucha por la existencia (agua, habitad y alimento sano) a la lucha por la dirección de los procesos de producción y distribución.

Innovar es arriesgar y exponerse al error. Pero, no hay por qué temerle al error. El error forma parte de la historia de la humanidad. Sólo se equivoca el que se atreve a hacer algo. En 1886, Friedrich Engels, al hacer un recuento de sus experiencias con Marx, recomendaba a los alemanes, cómo si les estuviera hablando a los peruanos del siglo XXI: 

Lo que debieran hacer los alemanes es elevarse hasta su propia teoría –si la comprenden, como lo hicimos en 1845 y 1848–, entrar en todo movimiento obrero real, ACEPTAR SUS PUNTOS DE PARTIDA PRÁCTICOS Y CONDUCIRLOS GRADUALMENTE AL NIVEL TEÓRICO, señalando cómo todo error cometido, todo revés sufrido, es consecuencia necesaria de las concepciones teóricas erróneas del programa original…[7] 

Efectivamente, qué nos impide vincular nuestra crítica con la crítica de la política, qué nos impide tomar partido en política, qué nos impide renovar la política, qué nos impide participar en luchas reales e identificarnos con ellas. ¡Nada! Nada nos impide innovar la organización y sus formas de lucha. Innovar es reinventar la política. Innovar es reinventar la organización. Innovar es reinventar el Perú, ese Perú de todos los trabajadores, ¿Qué esperamos?

Renovarse o morir es la disyuntiva del presente. El siglo XXI será conocido como el siglo de las innovaciones. Organización que no se renueva está llamada a desaparecer. Sin innovaciones no hay renovación. Sin renovación no hay nuevos procesos ni nuevos conceptos. Atreverse a ser visionarios no es sólo pensar diferente, no es sólo una nueva manera de ver las cosas, sino, sobre todo, una manera de REALIZARLAS. ¡Atreverse a mover las ideas del plano conceptual al plano de la realidad! ¡Ese es el punto! ¡Qué cada quién experimente sus ideas o proyectos! Que 100 flores florezcan y cien escuelas de pensamiento compitan, que cada grupo o tendencia realice lo que tenga que realizar combatiendo el viejo orden social, sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes. Así, la práctica y sólo la práctica, marcará la diferencia y la unidad entre cien escuelas en el circo agonal de la vida. Y bien, tenemos un mundo por conquistar, ¿qué nos detiene? ¡Nada! ¡Absolutamente nada!

Tacna, 01 de enero 2012

Edgar Bolaños Marín

 


[1] Un provocador Amén, el de Gustavo Pérez, da origen a estas breves notas que probablemente saquen más de una cana, si es que todavía tienen cabello. Gustavo Pérez explica su ¡Amén! El señala que el Amén viene al cuento por “el aire clerical, solemnemente religioso del título: La Verdad sea dicha. Me hizo recordar –dice– las arengas del MOVADEF que son recitadas como oraciones religiosas (19.12.2011)”. (Véase: Gustavo Pérez Hinojoza, Domingo, diciembre 18, 2011 4:00 P.M., Re: [foro_centenario] LA VERDAD SEA DICHA.) Ese aire clerical –hasta “ANGELICAL” diríamos – que hace referencia Gustavo, nos recuerda la unción o devoción de los “testículos de Mariátegui” –como los calificara el irreverente poeta Ayacuchano Artidoro Velapatiño Castilla– de la década de los ochentas del siglo pasado.

[2] Eduardo Ibarra, 12.11.11

[3] Carta de Haya de la Torre a Eudocio Ravines, 19 de febrero de 1929

[4] Carta de Esteban Pavletich a JCM, México 12 abril 1930

[5] JCM, El 1º de Mayo y el Frente Único, Mayo 1924

[6] F. Engels, Prefacio a la edición Alemana de 1890 del Manifiesto Comunista.

[7] Carta de Engels a Florence Kelley Wischnewetski, 28 diciembre 1886

viernes, 18 de febrero de 2022

GIORDANO BRUNO Y UNA APOSTILLA MÍNIMA

Nola, enero o febrero de 1548, Roma - 17 de febrero de 1600

 

“Las palabras que revelan la verdad no son agradables y las palabras agradables muchas veces no dicen la Verdad” ( Lao Tse (S. IV o III a.C.))

 

I

 

«El joven estudioso estrecha el libro contra su pecho mientras se abre paso entre la multitud. El Campo dei Fiori está abarrotado; es un año jubilar y Roma rebosa de peregrinos, pedigüeños y carteristas. Él avanza lento ignorando a los vendedores que le tiran con fuerza de la manga. Días antes una pequeña noticia había llamado su atención en una publicación local. Se iba a ejecutar a un monje dominico de Nola que había agotado la paciencia y la buena voluntad de las autoridades. El estudioso suspira. Se le encoge el corazón ante la expectativa. Aún no ha pasado un siglo desde la muerte de Leonardo pero la ilustración se ha desvanecido tanto que parecen haber transcurrido eones.

El estudioso trepa con dificultad el andamiaje situado detrás del puesto de un mercader y eso le permite ver desde arriba las cabezas de la masa. El griterío procedente de un extremo de la plaza le comunica que Bruno ha llegado tras haberlo exhibido desnudo por las calles de Roma. Lo atan al poste con cuerda gruesa mientras un funcionario local lee los cargos. El estudioso sólo alcanza a oír palabras sueltas: “hereje impenitente…, negativa a retractarse…, despropósitos constantes”.

Un soldado atraviesa la lengua y la mandíbula de Bruno con una aguja para que deje de hablar. Como gesto de clemencia, el soldado le cuelga un saco de pólvora alrededor del cuello para acelerar el fin del sufrimiento. Bruno aparta la cabeza cuando le ofrecen el crucifijo. Los gritos saturan el aire; antorchas encendidas se elevan a lo alto y luego descienden. El estudioso no soporta mirar más y se abre camino a empellones para salir de la plaza.

El libro que sostenía entre las manos el joven estudioso era Del infinito: el universo y los mundos, escrito por Giordano Bruno en 1584.»

 

Fuente: Blog LA HOGUERA DE LOS HEREJES, Autor: Renzo Ortiz

http://elherejeimpenitente.blogspot.com/2011/04/giordano-bruno.html

 

II

 

EL ANTIDOGMA, UNA APOSTILLA MINÍMA

 

“No importa las cartas que tengas, sino cómo las juegas.”

 

Giordano Bruno es un dogmático; pero, un dogmático a la inversa. Giordano no puede creer en los dogmas de su tiempo, tiene que creer que nada puede ser susceptible de fe en tanto el conocimiento es relativo.

Giordano Bruno, (nació en Nola, Nápoles, 1548) fue un religioso, filósofo, astrónomo y poeta italiano. Giordano hablaba 11 idiomas y, por decir lo menos, era un hombre brillante. Estudió en Nápoles especializándose en humanidades y dialéctica. Después de su muerte se convirtió en paradigma de la subversión del dogma, en adalid del librepensamiento y precursor de la revolución de la ciencia.

Bruno redactó y publicó toda su obra entre 1582 y 1591, año en que inició su proceso inquisitorio. Fue alrededor de esta época que una de las primeras obras de Bruno fue publicada, “Las Sombras de las Ideas” al cual le siguió prontamente “El Arte de la Memoria”.  En estos libros mantenía que las ideas son sólo sombras de la verdad.

Después de 8 años en los calabozos del Vaticano, prefiere la muerte a retractarse. El 8 de febrero fue leída la sentencia en donde se le declaraba herético, impenitente, pertinaz y obstinado. Es famosa la frase que dirigió a sus jueces: "Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla". Fue expulsado de la Iglesia y quemado vivo, junto a sus trabajos, el 17 de febrero de 1600 en la plaza pública Campo dei Fiori, Roma.

«El 27 de octubre del pasado año 1553, el español Miguel Server fue quemado en Ginebra a causa de sus convicciones religiosas y a instancias de Calvino, pastor de esa iglesia», escribe Giordano. No acaba allí su alegato. Lee atento y contiene el aire y la emoción, puesto que lo mismo podrá ser dicho algún día de su ilustre persona. «Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet no defendieron ninguna doctrina, sacrificaron a un hombre, y no se hace profesión de la propia fe quemando a otro hombre, sino únicamente dejándose quemar uno mismo por esa fe».

La aristocracia de su tiempo lo veía como un salvaje, radical, subversivo y peligroso. Giordano sólo contra el mundo enfrentó a católicos y protestantes. En su obra la "Cábala del Garañón como Pegaso con la Adición del Asno de Cilene", una discusión irónica sobre las pretensiones de la superstición.  Este “asno” de la superstición, dice Bruno, se lo encuentra en todos lados, no sólo en la iglesia sino en las cortes de ley e incluso en los colegios. En otro libro "La Expulsión de la Bestia Triunfante", ataca la pedantería que encuentra en las culturas católica y protestante. En "El Infinito, el Universo y sus Mundos", escribe: “Existen, pues, innumerables soles; existen infinitas tierras que giran igualmente en torno a dichos soles, del mismo modo que vemos a estos siete (planetas) girar en torno a este sol que está cerca de nosotros.”

Los hombres, con hábito o sin él, del caos capitalista. Pragmáticos todos ellos, no se atreven a decir cómo debieron proceder en ese momento. Piensan, ellos, que los jerarcas de la Iglesia de tiempos de Giordano Bruno “fueron sabios al librarse de él, porque no escribió más libros; pero debieron haberlo estrangulado al nacer”.  Según resultó al final, no se lo quitaron de encima para nada.  Su suerte no fue inusual para un hereje; este extraño genio fue rápidamente olvidado, pero no tanto como esperaban. Sus obras fueron honradas con un sitio en el Index Expurgatorius el 7 de agosto de 1603 y sus libros se hicieron difíciles de conseguir, y por lo mismo, muy buscadas. Bruno fue un pionero que despertó a Europa de su largo sueño intelectual.

Vivir a plenitud es renovarse permanentemente. Y Giordano fue uno de esos tipos que jamás renunció a luchar. Toda creación humana cuando es auténticamente renovadora rompe con dogmas y tradiciones y, por tanto, emerge a la vida como una herejía. Los revolucionarios son por naturaleza, inconformes, iconoclastas, herejes, cuando se proponen encontrar respuestas. La herejía les sirve para hallar la solución. En uno de sus libros, "La Hoja Trifoliada y la Medida de las Tres Ciencias Especulativas y el Principio de Muchas Artes Prácticas", encontramos una discusión sobre un tema que iba a ser tomado en un siglo posterior por el filósofo francés Descartes.  El libro fue escrito cinco años antes de que naciera Descartes, y en él se dice: "Aquél a quien le inquiete la filosofía debe ponerse a trabajar poniendo todas las cosas en duda".

Ni la eternidad del descubrimiento ni la gloria individual les preocupa a estos genios del cambio. El Adanismo no forma parte de su conducta. Sabe que la “verdad” es suya y, a la vez, no le pertenece. Y lo sabe porque es conciente que su ciencia brota de la verdad de otros. Es que la ciencia es resultado del esfuerzo intelectual pasado y presente de la humanidad.  

Los dogmas del pasado caen para dar paso a nuevos dogmas. El hombre iconoclasta cuando encuentra una VERDAD, y entra en posesión de ella, cesa de encontrar utilidad en la herejía. Una vez en el dominio y disfrute de la solución: la transforma en dogma.

¿Qué es el dogma? De todas las definiciones nos quedamos con la del maestro José Carlos Mariátegui. Dogma es una verdad que deja de ser susceptible de desarrollo. Cuando esa verdad se estanca, deja de ser objeto de desarrollo, muere. Dogma es una verdad petrificada que deriva en código de una ideología del pasado. Dogma es una verdad que en el curso de la experimentación se transforma en lo opuesto; es decir, una verdad que se transforma en falsedad. Por eso, la verdadera lucha contra la ignorancia es el combate a los dogmas.

Giordano Bruno fue un hereje torturado y quemado vivo. Si el santo oficio “purificaba” a los herejes en la hoguera; el doctrinarismo de izquierda los condena a la exclusión y marginación. Están convencidos que para unir fuerzas hay que someterlas. La mentalidad de conquistador español sobrevive en las filas del socialismo. La “igualdad” en la cooperación se basa en el sometimiento, en la “unidad” de rodillas. La persuasión, el arrancar a los contrarios de la ignorancia no pasa por su mente.

Las obras imperecederas son producto del ingenio humano. Muchas de éstas quiebran las reglas, destruyen los viejos dogmas, debilitan las tradiciones culturales o científicas, sustituyéndolas por nuevos paradigmas. Una nueva idea produce un gran revuelo entre los comunes. ¡Soltad un Pegaso en un monte y veréis como las cabras no saben que hacer! En todo tiempo y lugar, romper las reglas establecidas es una herejía. Cambiar el viejo orden es recrear la realidad y, por tanto, es otra herejía. Y, como los revolucionarios son “herejes” en potencia, los Torquemadas, siempre estarán listos para empalar a los blasfemos, a los sacrílegos, a los sospechosos de pensar con cabeza propia.

 

Tacna, 26 junio 2011 – 17 febrero 2022

Edgar Bolaños Marín

 

 

Fuentes:

 

-      “GIORDANO BRUNO Y LA VIGENCIA DE SU SACRIFICIO”, Juan Daniel González Hernández. https://docplayer.es/41754750-Giordano-bruno-y-la-vigencia-de-su-sacrificio.html

 

 

 

 

jueves, 16 de diciembre de 2021

SOBRE LOS DOCTORES DEL MARXISMO: "MARX SERÁ EL ÚLTIMO REVOLUCIONARIO DE TODOS LOS TIEMPOS"

  


Por César Vallejo 

 

          Hay hombres que se forman una teoría o se la prestan al prójimo, para luego tratar de meter y encuadrar la vida, a horcajadas y a mojicones, dentro de esa teoría. La vida viene, en este caso, a servir a la doctrina, en lugar de que ésta —como quería Lenin— sirva a aquélla.

Los marxistas rigurosos, los marxistas fanáticos, los marxistas gramaticales, que persiguen la realización del marxismo al pie de la letra, obligando a la realidad histórica y social a comprobar literal y fielmente la teoría del materialismo histórico —aun desnaturalizando los hechos y violentando el sentido de los acontecimientos— pertenecen a esta clase de hombres.

A fuerza de querer ver en esta doctrina la certeza por excelencia, la verdad definitiva, inapelable y sagrada, una e inmutable, la han convertido en un zapato de hierro, afanándose por hacer que el devenir vital —tan preñado de sorpresas— calce dicho zapato, aunque sea magullándose los dedos y hasta luxándose los tobillos.

Son éstos los doctores de la escuela, los escribas del marxismo, aquellos que velan y custodian con celo de amanuenses, la forma y la letra del nuevo espíritu, semejantes a todos los escribas de todas las buenas nuevas de la historia. Su aceptación y acatamiento al marxismo, son tan excesivos y tan completo su vasallaje a él, que no se limitan a defenderlo y propagarlo en su esencia —lo que hacen únicamente los hombres libres— sino que van hasta interpretarlo literalmente, estrechamente. Resultan así convertidos en los primeros traidores y enemigos de lo que ellos, en su exigua conciencia sectaria, creen ser los más puros guardianes y los más fieles depositarios. Es, sin duda, refiriéndose a esta tribu de esclavos que el propio maestro se resistía, el primero, a ser marxista.

Partiendo de la convicción de que Marx es el único filósofo que ha explicado científicamente el movimiento social y que ha dado, en consecuencia, y de una vez por todas, con la clave de las leyes de la historia, la primera desgracia de estos fanáticos consiste en amputarse de raíz sus propias posibilidades creadoras, relegándose a la condición de simples panegirista: y papagayos de «El Capital».

Según ellos, Marx será el último revolucionario de todos los tiempos y, después de él, ningún hombre podrá descubrir nada. El espíritu revolucionario acaba con él y su explicación de la historia contiene la verdad última e incontrovertible, contra la cual no cabe ni cabrá objeción ni derogación posible, ni hoy ni nunca. Nada puede ni podrá concebirse ni producirse en la vida, sin caer dentro de la fórmula marxista. Toda la realidad universal es una perenne y cotidiana comprobación de la doctrina materialista de la historia.

Para decidirse a reír o llorar ante un transeúnte que resbala en la calle, sacan su «Capital» de bolsillo y lo consultan. Cuando se les pregunta si el cielo está azul o nublado, abren su Marx elemental y, según lo que allí leen, es la respuesta. Viven y obran a expensas de Marx. Ningún esfuerzo les está exigido ante la vida y sus vastos y cambiantes problemas. Les es suficiente que, antes de ellos, haya existido el maestro que ahora les ahorra la obligación y la responsabilidad de pensar por sí mismos y de ponerse en contacto directo con las cosas.

Freud explicaría fácilmente el caso de estos parásitos, cuya conducta responde a instintos e intereses opuestos, precisamente, a la propia filosofía revolucionaria de Marx. Por más que les anime una sincera intención revolucionaria, su acción efectiva y subconsciente les traiciona, denunciándolos como instrumentos de un interés de clase, viejo y culto, subterránea y «refoulé» en sus entrañas orgánicamente reaccionarias. Los marxistas formales y esclavos de la letra marxista son, en general, casi siempre, de origen y cepa social burguesa o feudal. La educación y la cultura y aún la voluntad, no han logrado expurgarlos de estas lacras y fondo clasistas.

         Texto del escritor César Vallejo de su libro El arte y la revolución, escrito entre 1929 y 1930.

 

Compartido en WhatsApp por Eduardo Ho 

 

viernes, 16 de abril de 2021

LOS DOCTORES DEL MARXISMO

15 abril, 2021

César Vallejo


©César Vallejo por Pablo Picasso, 1983

Hay hombres que se forman una teoría o se la prestan al prójimo, para luego tratar de meter y encuadrar la vida, a horcajadas y a mojicones, dentro de esa teoría. La vida viene, en este caso, a servir a la doctrina, en lugar de que ésta —como quería Lenin— sirva a aquélla.

Los marxistas rigurosos, los marxistas fanáticos, los marxistas gramaticales, que persiguen la realización del marxismo al pie de la letra, obligando a la realidad histórica y social a comprobar literal y fielmente la teoría del materialismo histórico —aun desnaturalizando los hechos y violentando el sentido de los acontecimientos— pertenecen a esta clase de hombres.

A fuerza de querer ver en esta doctrina la certeza por excelencia, la verdad definitiva, inapelable y sagrada, una e inmutable, la han convertido en un zapato de hierro, afanándose por hacer que el devenir vital —tan preñado de sorpresas— calce dicho zapato, aunque sea magullándose los dedos y hasta luxándose los tobillos.

Son éstos los doctores de la escuela, los escribas del marxismo, aquellos que velan y custodian con celo de amanuenses, la forma y la letra del nuevo espíritu, semejantes a todos los escribas de todas las buenas nuevas de la historia. Su aceptación y acatamiento al marxismo, son tan excesivos y tan completo su vasallaje a él, que no se limitan a defenderlo y propagarlo en su esencia —lo que hacen únicamente los hombres libres— sino que van hasta interpretarlo literalmente, estrechamente. Resultan así convertidos en los primeros traidores y enemigos de lo que ellos, en su exigua conciencia sectaria, creen ser los más puros guardianes y los más fieles depositarios. Es, sin duda, refiriéndose a esta tribu de esclavos que el propio maestro se resistía, el primero, a ser marxista.

Partiendo de la convicción de que Marx es el único filósofo que ha explicado científicamente el movimiento social y que ha dado, en consecuencia, y de una vez por todas, con la clave de las leyes de la historia, la primera desgracia de estos fanáticos consiste en amputarse de raíz sus propias posibilidades creadoras, relegándose a la condición de simples panegirista: y papagayos de «El Capital».

Según ellos, Marx será el último revolucionario de todos los tiempos y, después de él, ningún hombre podrá descubrir nada. El espíritu revolucionario acaba con él y su explicación de la historia contiene la verdad última e incontrovertible, contra la cual no cabe ni cabrá objeción ni derogación posible, ni hoy ni nunca. Nada puede ni podrá concebirse ni producirse en la vida, sin caer dentro de la fórmula marxista. Toda la realidad universal es una perenne y cotidiana comprobación de la doctrina materialista de la historia.

Para decidirse a reír o llorar ante un transeúnte que resbala en la calle, sacan su «Capital» de bolsillo y lo consultan. Cuando se les pregunta si el cielo está azul o nublado, abren su Marx elemental y, según lo que allí leen, es la respuesta. Viven y obran a expensas de Marx. Ningún esfuerzo les está exigido ante la vida y sus vastos y cambiantes problemas. Les es suficiente que, antes de ellos, haya existido el maestro que ahora les ahorra la obligación y la responsabilidad de pensar por sí mismos y de ponerse en contacto directo con las cosas.

Freud explicaría fácilmente el caso de estos parásitos, cuya conducta responde a instintos e intereses opuestos, precisamente, a la propia filosofía revolucionaria de Marx. Por más que les anime una sincera intención revolucionaria, su acción efectiva y subconsciente les traiciona, denunciándolos como instrumentos de un interés de clase, viejo y culto, subterránea y «refoulé» en sus entrañas orgánicamente reaccionarias. Los marxistas formales y esclavos de la letra marxista son, en general, casi siempre, de origen y cepa social burguesa o feudal. La educación y la cultura y aún la voluntad, no han logrado expurgarlos de estas lacras y fondo clasistas.

 

Texto del libro que César Vallejo llamó su “libro de pensamientos”: El arte y la revolución, escrito entre 1929 y 1930.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/los-doctores-del-marxismo/