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martes, 12 de febrero de 2019

LA NUEVA LÓGICA DE LOS BANCOS DEMASIADO GRANDES PARA QUEBRAR


11/02/2019

La quiebra de Lehman Brothers, en 2008, puso de relieve la insuficiencia regulatoria tanto del sistema financiero nacional en EEUU como en el sistema financiero internacional. A 10 años de la crisis, estas deficiencias aún no se han corregido, facilitando que los bancos obtengan ganancias a través de actividades fraudulentas que son multadas pero no criminalizadas. (Tabla 1).




¿Qué motiva a los bancos a operar violentando las leyes y regulaciones existentes? Principalmente la búsqueda de ganancias y la compensación por las pérdidas resultado de la crisis del 2008. Esto ha hecho que los controles internos pasen por alto este tipo de actividades. Las multas representan un monto menor en comparación con las ganancias obtenidas en las operaciones fuera de la ley. Basilea III no mira las grietas en el sistema financiero que representan estas operaciones de inversión de los Bancos Demasiado Grandes para Quebrar (BDGQ). Estamos ante un aparato financiero con algunas instituciones que pueden y otras que no pueden quebrar y hacen lo que quieren.[1]
 




 Las operaciones ilícitas representan para los BDGQ ganancias extraordinarias, sin embrago esto no se aprecia en el precio de sus acciones, en declive desde la crisis del 2008 (Gráfico 1). Aparentemente los BDGQ actúan de manera mafiosa, en colaboración con sus pares, donde el negocio no es otorgar créditos, sino realizar actividades ilegales junto con otros bancos pares con miras de obtener beneficios económicos extraordinarios y luego pagar la multa.[2] (ver tabla 1)

El papel de capo de la mafia de la banca europea está representado por Deutsche Bank que, con 25 multas, continúa acumulando infracciones (Tabla 2). Sólo en 2016, el banco alemán pagó US$ 7,200 millones, después de ser reducida su multa a la mitad,[3] por el que fuera su abogado y que ahora se desempeña como presidente de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) en el gobierno de Trump. Además, recientemente se le asocia con el fraude de impuestos Cum-Ex en Europa[4] y con lavado de dinero junto con Danske Bank[5], delitos por los que aún no se ha aplicado su respectiva multa y, por tanto, aún no se contempla en la Tabla 2. Muchos menos se contempla una acusación penal.

Incluso Al Capone fue encarcelado por evadir impuestos y cometer fraude, pero ningún funcionario de Deutsche Bank ha sido castigado penalmente. En EEUU se limitan a multar y en Europa, ni siquiera a eso. Ahora que su abogado en Wall Street ha sido nombrado presidente del SEC merecen menos multas.




La crisis financiera de 2008 fue producto de la creación de valores tóxicos operados internacionalmente y respaldados en hipotecas basura, impagas en EEUU. Sin embargo, la impunidad ante este modo de operación muestra que no hay aparato jurídico para castigarlo penalmente, ni voluntad. La crisis del 2008 fue impulsada por decisiones de la dirección de los bancos y por el comportamiento y la supervisión que, con el mantra de ganar-ganar, ignoraron los problemas y abusaron de la confianza de los depositantes e inversionistas.

Los operadores financieros son conocidos como “tomadores de riesgo”; término que abarca desde directores financieros, miembros de la junta ejecutiva, hasta cualquier persona que asuma "riesgos" en nombre de la institución. Su rol en la empresa es compensado con un salario y una bonificación anual. Por ejemplo, el CEO de Credit Suisse, ganó en 2018 US$ 10.26 millones[6] premiado aunque el banco haya registrado una pérdida en 2017 de 983 millones de francos suizos, equivalentes a US$1,005. Por su parte, Christian Sewing CEO de Deutsche Bank, tuvo una compensación para el 2017 de 2.9 millones de euros[7], aunque el banco pagara una multa ese año de casi US$7 mil millones y el precio de sus acciones estén en el piso. Es verdad que con su abogado en el SEC, logró que le rebajaran la multa de US$ 14,000 millones a la mitad en el 2017.

La interrogante es si esta nueva forma de operar rompiendo la ley y pagando multas, es el nuevo normal y si los bancos demasiado grandes para quebrar saben también que son demasiado grandes como para que les pase nada en los tiempos en que el Estado no puede intervenirlos, como debería, sin duda. Aparentemente están por encima del código penal. Mientras tanto el precio de sus acciones es una fracción de lo que fue en el 2008 sin visos de recuperación.


- Oscar Ugarteche, investigador titular Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM SNI/CONACYT, Coordinador del proyecto OBELA (www.obela.org).
Larry Vargas, benemérita Universidad Autónoma de Puebla, proyecto OBELA (www.obela.org).



[1] Ugarteche, Arquitectura financiera internacional. Una genealogía (1850-2015), AKAL, Madrid, Mexico, Buenos Aires, capitulo 10.
[2] O. Ugarteche, J. Zaldivar (2016). Gran Banca=¿Crimen organizado?, Observatorio Económico Latinoamericano.
https://www.alainet.org/es/articulo/198056

viernes, 8 de junio de 2018

EL DESPLOME DEL SISTEMA FINANCIERO Y LA NUEVA CRISIS CATASTRÓFICA GLOBAL



            
Opinión
08/06/2018

Las noticias más importantes sobre la crisis financiera y la consecuente crisis económica catastrófica, tenemos que leerlas, entre líneas, de los mismos sujetos políticos y financieros que las niegan reiteradamente, y de los que, sin negarlas admiten sin pestañear que estamos en pleno crecimiento económico, que se están reduciendo las cifras de paro o que cuando lleguen ellos al poder evitarán o corregirán los déficit presupuestarios, y mejorarán los servicios públicos que los anteriores han privatizado, rescatado, o los recortes de imposible recuperación en Educación, Sanidad y gastos en sectores clave.

No importa que ese mercadeo ocurra en asuntos tan importantes como el de la integración en el Presupuesto –por la vía de las partidas extraordinarias- de los fondos que hacen posible el acceso a la Universidad a los hijos de las familias más pobres, las familias en paro y las familias sin recursos; los que posibilitan el acceso a una vivienda digna, o los que eliminan el fraudulento negocio derivado de las hipotecas o de la ausencia total de viviendas sociales, recompradas y negociadas por los grandes bancos.

Sin mencionar el problema socialmente indigno de la quiebra del sistema de pensiones y el asuntillo criminal del mercadeo electoral que se hace con el crecimiento de las dichas pensiones y ajuste de las mismas. Como mucho se promete un “ajuste corto” para un “regate en largo” con la consabida promesa de que la recuperación de las mismas es asunto para estudiar con calma en el Pacto de Toledo, jubilado el mismo desde hace muchos años.

Con los falsimédicos medios de comunicación que tenemos, nadie negaría la “necesidad de nuestra defensa para asegurar la Libertad, la “gran guerra contra el terrorismo” y los enormes pagos anuales a la OTAN, con el añadido de los pagos demorados (es decir: la deuda armamentista), por los “programas especiales de armamento”. Las migajas de todo eso serviría para alejar el riesgo, muy probable, casi diría, muy seguro, del empobrecimiento general que está sufriendo casi toda nuestra población.

Por supuesto todos niegan o miran hacia otra parte cuando la OTAN declara que sus próximos blancos son Siria, lo que queda de Ucrania, el Yemen, Corea y, sobre todo Cuba y Venezuela, amenaza considerable, como todo el mundo sabe, para la seguridad de Occidente y para la nuestra propia. Ya se sabe de nuestra hispanofobia que nos lleva a apoyar la intervención de todo tipo de Estados Unidos contra los pueblos en lucha por la independencia de América Latina.

Por supuesto que Rusia y China están en el punto de mira. Nuestra seguridad es tan globalizada como la de Washington y sus aliados.

El descalabro que se niega o se utiliza solo para ganar grupos de votantes es evidente. Está a la vista.

En ese fango estamos. En eso cuando es ya evidente el desplome del sistema financiero global y, en consecuencia, el reforzamiento, hasta límites catastróficos, no definidos todavía, no definibles diría yo, de la crisis económica sistémica.

Hace un poco menos de 10 años, en 2008 dos gigantescas emisiones en dólares y euros de la reserva Federal y del Banco Central Europeo, anunciaron la explosión de una crisis que siguieron negando durante meses los EEUU y la Unión Europea, hasta que la crisis se hizo evidente.

Los segundos grandes anuncios del descalabro actual son más evidentes que entonces:


Desde hace tiempo, los Estados Unidos pretenden hacer un reciclado del dólar para poder aumentar sin control su deuda externa. Tenían tres caminos que fueron minuciosamente estudiados:

-Resetear el dólar; es decir, dejar fuera de circulación el actual “dólar” y devaluarlo con la emisión de una nueva moneda (algunos pensaban en llamarlo Trump, sin mucha consideración a tal anuncio público del fraude. Con eso producirían grandes pérdidas a los países con reservas en dólares con lo que tendrían enormes problemas con muchos países, no solo con China, su gran antagonista económico.

EEUU tendría que evitar, además, la realización de transacciones comerciales en otras monedas y cestas de monedas. Eso agravaría su crisis y le crearía grandes enemigos incluso dentro de su zona de influencia.

Los EEUU tendrían que reducir sus gastos militares y cargarles el costo de la OTAN a sus aliados.

-Bajar la cotización del dólar en relación con el oro, garantizado por un nuevo acuerdo internacional como el de Bretton Woods. En estos momentos es imposible ya que la distribución global del oro no les resulta favorable.

-Ajustar el precio del dólar al de una cesta de materias primas escasas: barriles de petróleo, reservas de oro, minerales de gran valor tecnológico como el hierro, aluminio, coltan, diamantes, etc.

Esto no es realizable desde el punto de vista de los EEUU ya que tendría competidores muy serios; por ejemplo: Venezuela. Como decía con razón mi suegro puertorriqueño: “Venezuela ha sido favorecida por Dios con las mayores riquezas del mundo. Como último regalo les regaló la isla Margarita”.

Antonio Maira
Miembro del FAI y colaborador de Rebelión.



jueves, 15 de febrero de 2018

LA CAÍDA DE LA BOLSA: ¿CÓMO 1987, 2007 O 1937?




07/02/2018

El 5 de febrero el mercado de valores de Estados Unidos experimentó su mayor caída desde mediados de 2007, justo antes de la crisis crediticia, la crisis de la banca y el inicio de la Gran Recesión.

¿Se repite la historia? Según el viejo dicho, la historia no se repite, pero rima. En otras palabras, hay ecos del pasado en el presente. Pero ¿cuáles son esos ecos en este momento? Hay tres posibilidades.´

1) Esta caída será similar a la de 1987 y será seguido por una recuperación rápida y decisiva y el mercado de valores y la economía de Estados Unidos reanudarán su reciente marcha ascendente. La caída será vista como un bache en la recuperación de la Larga Depresión de los últimos diez años.

2) O podría ser como 2007, cuando la caída de la bolsa anunció el comienzo del mayor colapso de la producción capitalista mundial desde la década de 1930 y del mayor colapso conocido en el sector financiero - para ser seguido por la recuperación económica más débil desde 1945.

3) O, finalmente, podría ser como 1937, cuando el mercado de valores cayó cuando la Reserva Federal de Estados Unidos subió los tipos de interés y el 'New Deal' de la administración Roosevelt dejó de invertir para estimular la economía.  La Gran Depresión se reanudó y sólo se terminó con la carrera de armamentos y la entrada de los EEUU en la Segunda Guerra Mundial en 1941.

Ya he analizado la relación entre el mercado de valores (capital ficticio como lo llamaba Marx) y la economía 'real' del capital productivo en un artículo anterior de 2016. .

El mismo día de la caída de la bolsa prometía su cargo el nuevo presidente de la Fed Jerome Powell, que reemplaza a Janet Yellen. Powell se enfrenta ahora a algunos nuevos dilemas.

Marx hizo la observación clave que lo que impulsa los precios del mercado de valores es la diferencia entre las tasas de interés y la tasa general de ganancia. Lo que ha mantenido los precios del mercado de valores al alza ha sido el muy bajo nivel de los tipos de interés a largo plazo, fijados así deliberadamente por los bancos centrales, como la Reserva Federal, de todo el mundo, con tasas cero a corto plazo y flexibilización cuantitativa (QE, la compra de activos financieros con inyecciones de crédito). La brecha entre los rendimientos sobre la inversión en el mercado de valores y el coste de los préstamos para invertir en ellos ha sido enorme.

Por supuesto, todos los días, los inversores toman decisiones 'irracionales', pero, con el tiempo y, en conjunto, las decisiones de los inversores de comprar o vender acciones o bonos se basa en la rentabilidad que han obtenido (sean intereses o dividendos) y los precios de bonos y acciones evolucionan en consecuencia. Y esa rentabilidad, en última instancia, depende de la diferencia entre la rentabilidad del capital invertido en la economía y los costes de financiación. Si los precios de las acciones se desvían en relación con la rentabilidad del capital en una economía, es inevitable con el tiempo que caigan de nuevo. Cuanto más se desvíen, tanto mayor será la eventual caída.

Así que hay dos factores clave para juzgar si esta caída de la bolsa se parece a  1987, 2007 o 1937: la rentabilidad del capital productivo (¿sube o cae?); y el nivel de endeudamiento de la industria (¿será demasiado caro su servicio?).

En 1987, la rentabilidad del capital aumentaba. Estábamos justo en la mitad del período neoliberal de creciente explotación del trabajo, la globalización y los nuevos avances tecnológicos, todos los cuales eran factores que contrarrestaban la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. La rentabilidad siguió aumentando hasta 1997. Y las tasas de interés, tras las subidas de la Fed, se reducían gracias a la inflación.

En 2007, la rentabilidad caía (había estado disminuyendo desde finales de 2005), el mercado inmobiliario estaba comenzando a hundirse y se esperaba que la inflación aumentase y por ello, la Fed preveía elevar su tasa política, como planifica ahora en 2018. Sin embargo, existen diferencias entre 2007 y la actualidad. El sistema bancario no está tan expuesto e involucrado en derivados financieros de riesgo. Y aunque la rentabilidad en la mayoría de las grandes economías está todavía por debajo del pico de 2007, las ganancias totales está aumentando. Puede ser que los salarios estén empezando a crecer y esto podría reducir las ganancias en el futuro. Además, la Fed planea elevar las tasas de interés y, por lo tanto, eso también reduce las ganancias a medida que aumentan los costes de servicio de la deuda.


Tal vez 1937 se acerque mucho más a la situación actual del capitalismo estadounidense.  He escrito sobre los paralelismos con 1937 antes. La rentabilidad en 1937 se había recuperado de las profundidades de 1932, pero todavía estaba muy por debajo del pico de 1926.

Y más preocupante ahora es que la deuda corporativa desde el final de la Gran Recesión en 2009 no se ha reducido. Por el contrario, nunca ha sido mayor. Basandose en una muestra global de 13.000 entidades, la agencia S & P estima que la proporción de sociedades altamente apalancadas - aquellas cuya deuda/ganancias excede x5 - se situó en el 37 por ciento en 2017, comparado con el 32 por ciento en 2007, antes de la crisis financiera global. Durante 2011-2017, la deuda corporativa no financiera mundial creció en 15 puntos porcentuales hasta el 96 por ciento del PIB.

La caída de la bolsa me dice dos cosas. En primer lugar, que la economía de Estados Unidos, siendo la economía capitalista más grande y más importante, es la que arrastra a las demás. No es Europa, ni Japón, ni China donde se desencadenará una nueva crisis mundial, sino los EEUU. En segundo lugar, esta vez la recesión no estallará por una crisis inmobiliaria o una crisis bancaria, sino por una crisis del sector de sociedades no financieras. Comenzarán las quiebras y las bancarrotas en la medida en que las empresas capitalistas más débiles tengan dificultades para cumplir con sus cargas crediticias y se producirá una reacción en cadena.


es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.