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jueves, 18 de noviembre de 2021

MALDIGO LA FILOSOFÍA CONCEBIDA COMO UN LUJO

Jaime Araujo Frias

jaraujofrias@gmail.com

“La filosofía no piensa la filosofía, piensa la realidad”.

Enrique Dussel

 

Hace más de dos mil años condenaron a muerte a un hombre por hacer demasiadas preguntas, el tábano lo apodaban. Medio siglo después cuando parecía que se tenía las respuestas a todo, a una mujer se le ocurrió cuestionar aquellas certezas, razón por la que fue asesinada a pedradas y luego descuartizada, Hipatia la llamaban. Nuestra América no fue ajena al riesgo de filosofar. En 1989, Ignacio Ellacuría, fue fusilado por un pelotón de las fuerzas armadas de El Salvador. Su delito fue haber pensado los problemas de su realidad y denunciarlo. Dieciséis años antes, en la Argentina, otro filósofo había sido víctima de un atentado de bomba por cuestionar el orden político de su tiempo. Afortunadamente sobrevivió para contarlo, su nombre es Enrique Dussel.

Filosofar por cuenta propia y señalar problemas allí donde la mayoría ve normalidades, advertir alternativas allí donde muchos proponen resignación, cuestionar y agrietar las certezas del orden cultural, científico, político, económico y social trae aparejado sus peligros. Es una labor que requiere esfuerzo y disposición a no dar nada por supuesto. Un navegar en contracorriente. La duda no es mera vacilación, sino interpelación, llamada de atención e instigación a cuestionar todo aquello que no contribuya a afirmar la vida humana toda. Esta es precisamente una de las tareas —tal vez la más urgente hoy— de la filosofía, o, mejor dicho, del filosofar: agrietar los límites que se le impone a la vida. Porque pensando el ser humano habita la tierra, la hace habitable, suya.

La filosofía no es una doctrina, sino un ejercicio de pensamiento. Y todo pensamiento, tal como lo entendemos, es mediación para el desarrollo de la vida. Por eso, es acción no pasividad, acusación no adoración, desacuerdo no conformidad. La misma que nace de la realidad y vuelve hacia ella para comprenderla y transformarla. ¿Cómo? Por un lado, depurando el conjunto de nuestras creencias, costumbres, prejuicios que nos impiden ver los problemas reales que ocurren en nuestras narices; y, por otro lado, incitándonos a indignarnos y rebelarnos contra toda forma de relación social que se funde en la denigración del ser humano.

Si la filosofía ha subsistido ha sido a través de un ataque constante a la bajeza de pensamiento, al conformismo, al mimetismo intelectual respecto de los problemas de la realidad. Tuvo su origen en las dudas y críticas a las ideas y prácticas existentes en su tiempo de aparición, y permanecerá viva y saludable sólo si no renuncia a dicha tarea. Por eso, sin la labor crítica, la filosofía muere y con ella la imagen del filósofo, del hombre y mujer impertinentes, que interpelan al saber y a la realidad problemática con el propósito provocarla, de abrir grietas allí donde muchos se resignan a la normalidad. La cual en el Perú se podría expresar en el rostro de un niño que revuelve la basura con la esperanza de encontrar restos de comida para alimentarse.

Concebida así la filosofía, el oficio del filósofo consiste en ser un permanente agitador del pensamiento, un subversivo de las ideas y prácticas únicas, con la intención de generar las condiciones para fisurar e iluminar los ámbitos estrechos y oscuros del saber y el hacer. Ensanchar las fronteras del conocimiento para ponerlo al servicio de la vida humana y de los escenarios que la posibiliten sin restricciones. Cuestionando e inconformando respecto de los supuestos órdenes establecidos como únicos. Lo cual, le convierte en un tipo incómodo y peligroso. Porque no acepta nada por el mero hecho de que haya sido transmitido por la tradición, establecido por la autoridad, o se haya hecho familiar a través de la costumbre o la pereza de pensamiento.

Por esta razón, filosofar es un oficio desagradable para los perezosos de pensamiento, los consumidores de modas, los mezquinos de imaginación. Pero, sobre todo, para los opresores y verdugos del pueblo. Porque les perturba y contraria. Les provoca terror. Por eso, el filosofar en el Perú, donde la gente muere de hambre, no puede ejercerse honestamente sin abrazar una causa y sin cargar con sus riesgos y agravios: no se puede amar la libertad sin odiar al opresor, querer la justicia sin abominar al tirano, luchar por la vida sin aborrecer al asesino, aspirar a la inteligencia sin detestar la estupidez.

Concebida así la filosofía, el oficio del filósofo consiste en ser un permanente agitador del pensamiento, un subversivo de las ideas y practicas únicas, con la intención de generar las condiciones para fisurar e iluminar los ámbitos estrechos y oscuros del saber y el hacer.

 “La filosofía sirve para detestar la estupidez, hacer de ella una cosa vergonzosa”, escribió Deleuze (2002, p. 149). Si el filósofo francés tiene razón, nuestras autoridades necesitan un curso urgente de filosofía, porque han perdido toda vergüenza por las estupideces que dicen y hacen. Puede que así tomen conciencia —como decía Gonzáles Prada (2004) — del horror de su envilecimiento y de su miseria. En suma, “filosofar siempre ha sido un acto subversivo”, afirma Garcés (23/01/2018). Sino, se pregunta Colli (2004), ¿por qué en la antigua Grecia se les llamaba terribles a los filósofos? Porque cuestionaban el supuesto orden de la ciudad y del mundo, aquello que se daba por natural y normal.

Finalmente, si en la antigua Grecia a los filósofos se les llamaba terribles, no es de extrañar que, en el Perú, a veces, se les llame “terroristas” a los que ejercen el pensamiento y la palabra para cuestionar el orden vigente. Porque si hay algo que caracteriza al filósofo es su insubordinación al orden vigente. Pero, como nos advierte Colli (2004, p. 269), salvo algunas excepciones, hoy “los filósofos son corderos”. Por eso, me despido parafraseando un verso del poeta español Gabriel Celaya, sustituyendo la palabra “poesía” por “filosofía”:

“Maldigo la Filosofía concebida como un lujo cultural por los neutrales, que lavándose las manos se desentienden y evaden. Maldigo la Filosofía de quien no toma partido, partido hasta mancharse”.

Referencias bibliográficas

Colli, G. (2004). Filosofía de la expresión. 2da. Ed. Madrid: Siruela.

Deleuze, G. (2002). Nietzsche y la filosofía. (7ma. Ed.), Barcelona: Anagrama

Garcés, M. (23/01/2018). “Filosofar siempre ha sido un acto subversivo”. BBC. [Entrevistada por Irene Hernández Velasco]. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-42735951 . Consultado el 20 de octubre de 2021.

Gonzales Prada, M. (2004). Pensamiento y librepensamiento. Caracas: Colección Claves de América

Fuente: https://barropensativocei.com/2021/11/18/maldigo-la-filosofia-concebida-como-un-lujo/

 


viernes, 27 de agosto de 2021

DESFETICHIZAR EL PENSAR



29 enero, 2018

 

“Toda libertad, toda acción, toda filosofía […], presupone el estar vivo. Presupone por tanto, la posibilidad de la vida, en cuanto vida material, concreta, corpórea. Y esta posibilidad de la vida presupone el acceso a los medios para poder vivir”1.

En uno de sus libros intitulado ¿Qué significa pensar? Martin Heidegger diagnosticaba en su momento: “lo que más merece pensarse es que nosotros todavía no pensamos; todavía no, aunque el estado del mundo se hace cada vez más problemático”2.  Siguiendo la interrogante que se plantea este filósofo intentaremos, no explicar lo que él pensaba que significa pensar, sino apoyados en los aportes de la ciencia y la reflexión de algunos filósofos actuales, dar una respuesta, como es natural parcial y provisional de lo que nosotros pensamos qué significa pensar.

Una de las ciencias más avanzadas actualmente, la neurociencia, nos dice que pensar es trabajar cerebralmente con información para conseguir una meta o resolver un problema de acuerdo con criterios de valor. Si esto es cierto, los problemas sociales, al menos los más sensibles tales como la desigualdad y la pobreza tendrían que haber disminuido, porque nunca como antes en la historia de la humanidad tenemos tanta información disponible.

Sin embargo, no solamente no han disminuido, sino que algunos se han agudizado, entre ellos la desigualdad social. Según un informe publicado recientemente por OXFAM, en  2017 el 1% más rico de la población mundial acaparó el 82% de la riqueza. En América Latina el  10% más rico de la población concentró el 68% de la riqueza total, y el 50% más pobre solo accedió al 3.5% de la riqueza total3. La relación criminal se sigue repitiendo: la riqueza extrema de unos pocos se erige sobre la explotación y el trabajo mal pagado de la mayoría. Lo cual significa hambre, desnutrición y muerte prematura.

¿Esto quiere decir que no se está pensando? Consideramos que no. Entonces, ¿por qué no resolvemos nuestros problemas? Porque el pensar ha sido fetichizado4, en el sentido de que los criterios de valor que usamos al pensar se han tornado autorreferentes, es decir, fines en sí mismo. Son criterios de valor, por ejemplo, la ley, la democracia, la justicia, etc., pero ¿por qué estas valen para el ser humano? Porque contribuyen a asegurar temporalmente la vida en comunidad o como dice el poeta: a hacer retroceder a la muerte y dilatar el espacio de la vida5.

En efecto, el fin de fines al cual remite toda actividad humana es poder vivir6. El órgano productor de pensamiento, el cerebro, nos dicen algunos neurocientíficos no tiene otro objetivo más que el mantenernos vivos7, y para eso crea mediaciones. Es la voluntad de vivir, entonces, la que da valor a las mediaciones que los seres humanos nos vamos dando en la historia. Estas son valiosas  no por sí mismas, sino por referencia a la afirmación de la vida humana. En última instancia toda actividad humana vale porque es una manera concreta de cumplir con la exigencia de producción, reproducción y desarrollo de la vida en comunidad8. La vida no es un valor, es la fuente de todo valor9.

En base a lo expuesto podemos sostener que el pensar no es un fin en sí mismo, sino una actividad cerebral que a partir de información disponible busca solventar problemas en base a valores funcionales a la afirmación de la vida. Los valores con los cuales trabaja el pensar valen porque contribuyen a ensanchar la vida y a reducir la muerte en la medida de lo posible. Esto es lo que a nuestro juicio significa pensar, y esto es lo que hoy  urge recuperar. Porque en un mundo donde la gente muere por hambre y otros por indigestión, pensar no es un lujo sino una necesidad de vida o muerte.

De lo que se trata entonces es de poner de pie el pensar porque ha sido puesto de cabeza10, es otras palabras, de desfetichizarlo.

Origen: Desfetichizar el pensar: Iberoamérica Social. Revista-red de estudios sociales

 

Notas

↑1

Hinkelammert, F. & Mora Jiménez, H. (2005). Hacia una economía para la vida. San José: DEI, p. 22.

↑2

Heidegger, Martin  (2005). ¿Qué significa pensar? Madrid: Trotta, p. 16.

↑3

OXFAM. (22 de Enero de 2018). Premiar el trabajo, no la riqueza. Recuperado el 20 de enero de 2018, de El poder de las personas contra la pobreza: https://peru.oxfam.org/policy_paper/premiar-el-trabajo-no-la-riqueza.

↑4

Usamos la expresión fetichizar en el sentido de tomar como fin lo que es medio, como absoluto lo que es relativo. Por ejemplo, la ley no es absoluta, es un criterio de orientación social en vistas de la vida humana. Cuando se absolutiza la ley  y se la defiende aún en contra del fin para el cual fue creada, entonces decimos que la ley se ha fetichizado.

↑5

Gómez Aguilera, Fernando (2010). José Saramago en sus palabras. Madrid: Alfaguara, p. 106

↑6

Fichte, citado por Dussel, Enrique (2009). Política de la liberación. Arquitectónica. Vol. II. Madrid: Trotta, p. 376. Si bien el poder vivir es el fin supremo del ser humano, la vida no es un fin. La vida, dice Hinkelammert: “es la posibilidad de tener fines, pero no es un fin”. Porque para tener fines hay que estar vivo. Esto es así porque la vida es el modo de realidad del sujeto humano. Véase Dussel, Enrique (1998). Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid: Trotta.

↑7

Mora, Francisco. (2017, agosto 25). Neuroeducación. [Video] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=MMNQMwVb4SE.

↑8

Dussel, Enrique (1998). Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid: Trotta, p. 141

↑9

Dussel interpretando a Marx sostiene que la vida no es un valor, es más que un valor, es la fuente de todo valor.

↑10

Pensamos para vivir y no vivimos para pensar. Argumentamos para vivir y no vivimos para argumentar.

 

Fuente: https://jaraujofrias.wordpress.com/2018/01/29/desfetichizar-el-pensar/

 

 

martes, 24 de agosto de 2021

PERIODISMO EMPUTECIDO

Jaime Araujo Frias

10 mayo, 2015  

Nos mean y la prensa dice llueve…

Eduardo Galeano



Y desgraciadamente habitamos un país periodísticamente emputecido. En el que, entre otros problemas, la mentira se ha convertido en regla y la verdad en un valor sospechoso. Salvo algunas excepciones, nada se ha prostituido más que los profesionales de la comunicación: deben informar y desinforman, deben culturizar y embrutecen, deben comunicar la verdad y mienten, etc.

Cabe precisar que el término prostitución tiene una connotación que abarca muchos aspectos. Lo propio de la prostitución es el desprendimiento de la autonomía, la renuncia al ejercicio libre y deliberado de las pasiones que nacen del cuerpo. La enajenación de la subjetividad: convicciones, valores morales, ideológicos, etc., a cambio de dinero. En conclusión, los prostitutos (as) no son dueños de sí mismos, porque han sido desposeídos del uso independiente, libre y autónomo de su subjetividad (Onfray, 2011: 103). El cual implica dirigir su vida en mérito a sus propias decisiones y no a los quereres de nada ni de nadie.

Los medios de comunicación, concretamente los profesionales que la componen en general, se han prostituido porque han renunciado a su conciencia. Reproducen narrativas orales y escritas con la única finalidad de  satisfacer a sus clientes, aunque ello implique mutilar la verdad. En el camino han olvidado que el verbo está al servicio del logos y este a favor del pueblo: su morada primigenia del cual emana la justicia. Así lo entendió Rawls (2010: 17) cuando escribió que “la justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad de los sistemas de pensamiento”. Las palabras brotan de su boca, pero expresan la voz del verdugo, los intereses de las corporaciones, de los amos del país. No se detienen a preguntarse a favor de qué están realmente y qué están dispuestos a defender por sí mismos como algo propio (Nussbaum, 2005: 51).

En suma, podemos decir que son como instrumentos en los que el mercado (capitalismo) toca su melodía, o como las antiguas máscaras teatrales por donde habla la voz del tirano y el público ingenuo se deleita.

Las consecuencias son perniciosas. Los profesionales de la comunicación al mentir acerca de lo que realmente ocurre en nuestro país, contribuyen a dar forma a nuestras percepciones sobre los problemas de sociedad. El conciudadano incauto (mayoritariamente) se convierte en víctima de lo que se ha dado en llamar armas del engaño de masas (Bunge, 2007: 16). Es un sujeto sujetado por una especie de chaleco de fuerza de mentiras que le impide ver lo que pasa en sus narices. Y vive considerando que las cosas están bien como están, y que en consecuencia, no hay nada por cambiar, sino todo por aplaudir.

De manera que desvelar las mentiras que se oculta detrás de las pantallas, de los micrófonos, panfletos, etc., es un imperativo de quienes aún defendemos el valor de la verdad y pensamos que con un poco de atrevimiento y dedicación es posible comunicarla: el logos debiera ser vestido con las alas del lenguaje que dice la verdad y arrojarse al mundo a fin de posibilitar la vida y no ser teñido de mierda por unas cuantas caricias monetarias.

Si esto no ocurre, ¿qué hacer? No lo sé exactamente. Tal vez impedir que los absurdos, las mediocridades, las estupideces se justifiquen en nombre de la verdad, que no es otra forma de decir la razón, se me ocurre, ¿Cómo? Desacreditándolas, atacándolas, cuestionándolas, haciendo de ellas algo vergonzoso. A un a riesgo de que por nuestro accionar seamos tenidos por algunos (los dueños del Perú,o algún estúpido) como arrogantes, o incluso, como un peligro para el progreso de nuestro país. En última instancia, no declinando jamás a pensar y a decir lo que pensamos. Y definimos al pensamiento como discernimiento, a este como crítica, y a la crítica como el fundidor por el que pasa el lenguaje y es depurado de sus inmundicias hasta quedar un resto sustancial: verdad. O, para decirlo poéticamente, no callando jamás “hasta que un puñado de tierra nos tape la boca…, Pero ¿es eso una respuesta?” (Heinrich Heine, Lázaro).

Referencias bibliográficas:

Bunge, Mario (2007). A la caza de la realidad. La controversia sobre el realismo. Barcelona: Gedisa.

Nussbaum, Martha (2005). El cultivo de la humanidad. Una defensa clásica de la reforma en la educación liberal. Barcelona: Paidós.

Onfray, Michel (2011). Política del rebelde. Tratado de resistencia e insumisión. Barcelona: Anagrama.

Rawls, John (2010). Teoría de la justicia. México D.F: Fondo de Cultura Económica.

Fuente: https://jaraujofrias.wordpress.com/2015/05/10/periodismo-emputecido/