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martes, 14 de marzo de 2017

EL MANIFIESTO COMUNISTA




13/03/2017

En febrero de 1848, casi coincidiendo con la revolución que ese año conmovería a Europa, vio la luz el Manifiesto del Partido Comunista. Redactado por Carlos Marx y Federico Engels, el Manifiesto, constituyó la carta de presentación de una organización obrera internacional, la Liga de los Comunistas, que luchaba por abolir el injusto sistema capitalista y construir el socialismo.

Además de un programa, el Manifiesto es una magnífica síntesis de la teoría social que más ha influido en la sociedad actual, el marxismo. Desde que fue escrito, y gracias a su sencilla redacción, este manifiesto ha sido fuente de inspiración y escuela política de trabajadores de todo el mundo.

Su propuesta, resumida en una idea es: los trabajadores del mundo debemos constituir nuestro propio partido para luchar contra la burguesía (sus partidos y gobiernos), conquistar el poder político y acabar con la miseria que nos impone el capitalismo, construyendo una sociedad basada en el bienestar colectivo, el comunismo, sobre la base de la propiedad social de los medios de producción.

Pese al tiempo transcurrido el Manifiesto conserva en lo esencial de su planteamiento plena vigencia. Pero el marxismo no es un dogma religioso, ni este manifiesto es una Biblia. Por supuesto que hay aspectos obsoletos en él, además de fenómenos nuevos que han cobrado importancia y que sus autores no pudieron percibir al momento de su redacción porque la realidad aún no los había planteado con claridad. A esto nos referiremos más adelante.

Vigencia del Manifiesto

En principio, queremos destacar cinco ideas de lo que en el Manifiesto, a nuestro juicio, continúa siendo útil, lo que sigue siendo un arma política para los trabajadores del mundo, y que reafirma su vigencia 150 años después. A las ideas que mencionaremos rápidamente se pueden agregar otras más:

1. "La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases", primera afirmación del manifiesto, de profunda trascendencia teórica y práctica. Con ella se establece la base de la concepción materialista de la historia que, como dice Trotsky, puso fin a las interpretaciones que intentaban explicar la historia y el mundo social a partir de verdades morales absolutas y eternas.

Este decisivo aporte metodológico hecho por Marx y Engels, no sólo tiene utilidad teórica para interpretar el pasado, sino que es imprescindible para comprender las vicisitudes de la sociedad contemporánea. No podemos comprender los problemas que conmueven a nuestro mundo, si no partimos de la lucha incesante de clases sociales, que en el sistema capitalista se concreta en la lucha entre capitalistas y trabajadores.

Pasadala "caída del muro", y de la propaganda de que "el socialismo murió, el capitalismo triunfó", "fin de la historia", etc., El Manifiesto conserva toda su vigencia en este sentido.
¿Cómo explicar los problemas que se abaten sobre Europa occidental, como la crisis del "euro", sino nos referimos a la lucha de clases: por ejemplo, a la huelga francesa de diciembre del 95, o a las luchas de los obreros alemanes por preservar sus conquistas sociales? ¿Cómo explicar que, pese a la política de burócratas como Yeltsin, el capitalismo no termina de restaurarse en la ex URSS y el Este, si no nos referimos a la resistencia de los trabajadores rusos el absoluto control capitalista de la industria?

2. "Mas toda lucha de clases es una lucha política". Esta conclusión obligada y derivada de la primera idea es decisiva para el futuro de la lucha de clases mundial y del movimiento obrero. Los reformistas de todo tipo tratan de negarla, limitando las luchas obreras al plano económico, o levantando falsas esperanzas en algún sector supuestamente "progresivo" de la burguesía, y negando que, en última instancia la única solución a todas las reivindicaciones obreras se resume en una tarea política: la toma del poder por el proletariado.

Esta lección elemental del Manifiesto sigue planteada con mayor urgencia en los países atrasados, donde los dirigentes traidores del movimiento obrero han impedido, hasta ahora, la conformación de la "... organización del proletariado en clase y, por tanto, en partido político...", independiente de la burguesía, peldaño elemental para la lucha por la revolución socialista.

La lucha que opone a capitalistas y obreros, obliga a los últimos a combatir a los patrones, sus partidos y sus gobiernos, y a constituir partidos que representen a los trabajadores, que dirijan la lucha por la toma del poder y el socialismo.

3. "Desde hace algunas décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la rebelión de las fuerzas productivas modernas contra las actuales relaciones de producción, contra las relaciones de propiedad".

Si esto era cierto hace siglo y medio, ahora lo es todavía más. No podemos entender nada de la crisis económica que conmueve a Asia y al mundo, en 1998, sin recurrir al análisis que hacen Marx y Engels en el Manifiesto sobre las crisis capitalistas.

Pese a todas las promesas respecto a un nuevo tipo de sociedad, hechas por el neoliberalismo y la mundialización de la economía, y repetidas por los renegados del marxismo, ésta no ha superado la leyes básicas del sistema capitalista descritas por Marx y Engels.

Por esa razón, sigue estando en la base de cualquier explicación científica de la crisis económica la caída constante de la cuota de ganancia, por efecto del desarrollo de las fuerzas productivas que, contradictoriamente, en el capitalismo, sólo aumentan el desempleo y la miseria entre los trabajadores.

4. Para describir la situación que afecta al proletariado mundial, ¿qué es más preciso que la siguiente afirmación?: "El obrero moderno, por el contrario, lejos de elevarse con el progreso de la industria, desciende siempre más y más por debajo de las condiciones de vida de su propia clase. El trabajador cae en la miseria, y el pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza".

Como dijera Trotsky en A noventa años del Manifiesto Comunista, una pléyade de curas, profesores, ministros socialdemócratas y periodistas han combatido la "teoría de la pauperización" creciente de la clase obrera. Para hacerlo han intentado hacer "pasar a la aristocracia obrera por el proletariado o tomando por estable una tendencia pasajera".

Pero la miseria capitalista es tan evidente que un organismo imperialista como las Naciones Unidas se ve obligado a reconocer que, de los 5,400 millones de habitantes del planeta, al menos 1,100 millones naufraga en la pobreza, y que el 10% de la población mundial sufre de malnutrición.

Esta realidad, que ataca principalmente a los llamados "países subdesarrollados", donde vive el 90% de la población mundial, no es ajena a los grandes países capitalistas. Estados Unidos cuenta ya con unos 40 millones de pobres, mientras que la miseria crece en Europa occidental acompañada del alto desempleo que afecta a 18 millones de personas, más del 10% de la fuerza laboral. Que lo digan los trabajadores de Rusia, a quienes se les prometió el "paraíso" capitalista, y están viendo cómo sus vidas se hunden en la miseria con la medidas de restauración capitalista.

Por eso, los trabajadores están obligados a luchar, y tomar el poder, para poner la producción al servicio de todos. "En este sentido los comunistas pueden resumir su teoría en esta fórmula: abolición de la propiedad privada", dice el Manifiesto. Y luego aclara que se trata de la gran propiedad capitalista, no de la pequeña propiedad de campesinos y artesanos.

5. La otra importante afirmación del Manifiesto, que conserva su actualidad, es que "los obreros no tienen patria", son una clase que tiene los mismos problemas en todo el mundo y luchan contra el mismo enemigo: el capitalismo.

Si esto era cierto 1848, cuando el capitalismo aún estaba en una fase de libre concurrencia y grandes zonas del planeta vivían todavía bajo otros modos de producción social, lo es con mayor razón en el siglo XX, fase imperialista del capitalismo en la que casi no hay país que se escape a la extracción de plusvalía.

La concentración y centralización del capital es tan grande que ha surgido un estado mayor de la burguesía imperialista, que define la política y la explotación económica en el mundo entero, el cual se encarna en organismos como el Grupo de los Siete, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, etc. Desde ellos se imponen recetas económicas antipopulares igualitas para todos los países que condenan al hambre a millones de seres humanos.

Para derrocar este sistema imperialista mundial se requiere la unidad de los trabajadores a nivel internacional. De todas las corrientes obreras, sólo el trotskismo sostiene la lucha consecuente por este criterio internacionalista del Manifiesto, bregando por la organización de un partido mundial de la revolución socialista, la IV Internacional, en el que se concrete el grito en que concluye El Manifiesto: "Proletarios de todos los países, uníos".

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Reconocer la vigencia de las ideas principales del Manifiesto Comunista, no implica que no haya algunos pasajes que se han quedado obsoletos, que algunas predicciones no se cumplieron en los ritmos previstos y que hoy habría que incorporarle importantes aspectos que la realidad posterior ha colocado y que no pudieron visualizar sus autores.

Hace 60 años León Trostky decía al respecto:

"¿Qué otro libro podría compararse, ni de lejos, con el Manifiesto Comunista? Pero esto no significa que, después de noventa años de desarrollo sin precedentes de las fuerzas productivas y de grandes luchas sociales, el Manifiesto no precise de correcciones y adiciones. El pensamiento revolucionario no tiene nada en común con la idolatría. Los programas y las predicciones se verifican y corrigen a la luz de la experiencia, que es el criterio supremo de la razón humana".

En ese momento, Trotsky hizo ocho observaciones al texto original para actualizarlo, que siguen siendo válidas:

1. En el Manifiesto se vaticinó una declinación y estancamiento inmediato del sistema capitalista, cuando en realidad hubo un gran desarrollo de las fuerzas productivas hasta principios de este siglo.

2. Se sobrevaloró la madurez del movimiento obrero previendo su triunfo revolucionario inminente.

3. El capitalismo analizado por el Manifiesto es el de la libre concurrencia, y su tendencia a transformarse en capitalismo monopolista la percibe Marx con posterioridad en El Capital.

4. Una visión unilateral del proceso de liquidación de las clases intermedias por el capitalismo.

5. En el prefacio de 1872, los autores declaran que las 10 reivindicaciones transicionales del capítulo II, eran obsoletas, lo cual fue aprovechado por los reformistas socialdemócratas para defender su "programa mínimo". Trotsky reivindica ese programa transicional y el verdadero espíritu del prefacio "contra el fetichismo de la democracia burguesa".

6. La parte "más envejecida", referente a la crítica de la literatura socialista, a la que habría que agregar una crítica de la degeneración de la Segunda y la Tercera Internacional.

7. El error de la previsión de que "la revolución alemana... no será sino el preludio de una revolución proletaria que la seguirá inmediatamente". Error debido a que Marx veía la revolución burguesa alemana produciéndose en condiciones más maduras (capitalistas) que la inglesa y francesa. Trotsky concluía que la madurez capitalista conlleva la pérdida de todo vestigio revolucionario de la burguesía, siendo incapaz (en los países atrasados) de consumar sus propias tareas históricas. Las cuales deben ser realizadas por la clase obrera combinadamente con las tareas socialistas, en el proceso de una revolución ininterrumpida (permanente). "Para los partidos revolucionarios de los países atrasados de Asia, Latinoamérica y Africa, la clara comprensión de la conexión orgánica entre la revolución democrática y la dictadura del proletariado -...- es una cuestión de vida o muerte", dice Trostky.

8. "El Manifiesto no contiene ninguna referencia a la lucha de los países coloniales y semicoloniales". En la medida en que creían inminente el triunfo del proletariado en los países avanzados, dieron por resuelta por esa vía el problema de las naciones oprimidas. A Lenin le correspondió el aporte principal en este sentido.

En el Programa de Transición, Trotsky incorpora éstos y otros señalamientos, para realizar una puesta al día del Manifiesto. Casi cincuenta años después, Nahuel Moreno haría lo mismo, con la redacción de Actualización del Programa de Transición.

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Deseamos centrar nuestra reflexión final, en la importancia del último punto señalado por Trotsky, la lucha por la independencia nacional de los países coloniales y semicoloniales para cualquier programa que se pretenda revolucionario.

El proceso de la revolución socialista en el siglo XX, contra todos los vaticinios de Marx y Engels, no se inició en países capitalistas avanzados, sino que la cadena se rompió por sus eslabones más débiles, países atrasados, donde la lucha por la autodeterminación nacional contra la expoliación imperialista ha tenido un papel de primer orden.

Poderosos movimientos de liberación nacional han marcado la lucha de clases de la presente centuria. No sólo la lucha por la independencia nacional de importantes naciones de África y Asia, sino también en América Latina la movilización popular ha tenido un claro carácter antiimperialista.

El derecho a constituir naciones independientes, que decidan libremente su futuro, frente a la agresión imperialista, ha movido revoluciones y al movimiento internacional de solidaridad que las ha apoyado, como fue el caso de Vietnam, Cuba, Nicaragua sandinista, etc.

La lucha contra la opresión nacional y por la autodeterminación de los pueblos, ha sido una poderosa palanca revolucionaria del presente. Esta constituye una de las tareas democráticas, la principal, que la burguesía de los países atrasados no puede cumplir porque se ha convertido en socia menor de la burguesía imperialista.

La lucha por la autodeterminación de las naciones oprimidas es tremendamente revolucionaria, ya que cuestiona directamente al sistema capitalista imperialista, rompe sus reglas del juego para la repartición del mundo en áreas de influencia y dominación, debilita al sistema capitalista.

Aunque los marxistas no somos "nacionalistas", sino que propugnamos por la unidad de la clase obrera mundial, tal y como señala el Manifiesto Comunista, hemos aprendido de Lenin a distinguir entre dos tipos de nacionalismo: el nacionalismo reaccionario de los países imperialistas, y el nacionalismo progresivo de los países oprimidos.

Como dijo el propio Marx, "cualquier nación que oprima a otra, forja sus propias cadenas". La opresión nacional debilita la lucha de la clase obrera de los países desarrollados y fortalece a su burguesía. Al revés, la liberación de las naciones oprimidas debilita a la burguesía imperialista y acerca el triunfo de los obreros de los países avanzados.

En los países coloniales, semicoloniales y dependientes la clase obrera, a la cabeza del pueblo, debe asumir la lucha por la autodeterminación nacional como una tarea esencial del proceso de la revolución socialista.

En palabras de Lenin: "Completa igualdad de derechos de las naciones; derecho de autodeterminación de las naciones; fusión de los obreros de todas las naciones; tal es el programa nacional que enseña a los obreros el marxismo, que enseña la experiencia del mundo entero y la experiencia de Rusia".

Hoy, este programa se expresa de manera muy concreta en la lucha y la solidaridad con Cuba, contra el bloqueo y la agresión norteamericana; en el derecho a la autodeterminación de Irak, contra la agresión imperialista; en el derecho a la independencia nacional de pueblos como Bosnia o Kosovo; el derecho del pueblo palestino a constituir su propio estado; la lucha del pueblo panameño contra la presencia de bases militares norteamericanas; en general, en la movilización de los pueblos del mundo contra las deudas externas y los planes económicos neoliberales impuestos por el FMI.

Panamá, 17 de marzo 1998.


http://www.alainet.org/es/articulo/184081

miércoles, 16 de noviembre de 2016

SEPARACIÓN DE PANAMÁ, LA HISTORIA DESCONOCIDA

Conozcamos Nuestra América


SEPARACIÓN DE PANAMÁ,

LA HISTORIA DESCONOCIDA

Olmedo Beluche

Contrario a lo usualmente afirmado por la historia oficial panameña, la Separación de Panamá de Colombia en 1903, no fue producto de un movimiento genuinamente popular, ni de un anhelo liberador de los istmeños frente al "olvido" en que supuestamente nos tenía Bogotá. El estudio documental de la época más bien demuestra una integración cultural y política de los panameños en el conjunto de la nación colombiana, incluso entre los sectores de la oligarquía comercial conservadora de la ciudad de Panamá, que sería agente de la conspiración separatista (Beluche, 2003).

Las diversas crisis políticas producidas a lo largo del siglo XIX, expresadas en lo que nuestra historia llama genéricamente "actas separatistas" (1826, 1830, 1831, 1840-41, 1860), muchas veces han sido sacadas de su verdadero contexto para ser presentadas como expresiones de una nación en ciernes que viene a concretarse en 1903. Pero un repaso cuidadoso de los hechos que rodearon a cada una de esas coyunturas muestra que, más que un proceso de conformación nacional diferenciado de Colombia, estos movimientos expresaron conflictos políticos (liberales vs conservadores), económicos (librecambismo vs proteccionismo) y administrativos (federalismo vs centralismo) (Beluche, 1999).

En Panamá, conocer y aceptar los verdaderos móviles y actores de la Separación ha sido un parto que nos ha tardado cien años producir, pero al que están contribuyendo nuevas investigaciones recientemente aparecidas (Díaz Espino, 2003). Aunque hubo pioneros que desde hace décadas se atrevieron a señalar los hechos en toda su crudeza (Terán, 1976), sus trabajos fueron sistemáticamente ocultados y denigrados. También hubo historiadores extranjeros que abordaron objetivamente el acontecimiento, pero estos libros quedaron como material de especialistas y lejos del alcance del gran público (Lemaitre, 1971) (Duval, 1973).

Los actores principales de este drama son: el expansionismo imperialista de Estados Unidos, expresado en su carismático presidente Teodoro Roosevelt; la quebrada Compañía Nueva del Canal, de capitales franceses, representada por Philippe Bunau Varilla; en el centro de los hechos, el prominente abogado neoyorkino William N. Cromwell, verdadero cerebro de la separación, y representante legal tanto de la Compañía Nueva del Canal como de la Compañía de Ferrocarril de Panamá; los agentes norteamericanos y panameños de la Compañía del Ferrocarril, como José A. Arango y Manuel Amador Guerrero; y, por supuesto, el venal e inepto gobierno colombiano del Vicepresidente Marroquín.

A fines del siglo XIX, Estados Unidos iniciaba su proceso de expansión en el Caribe, desplazando de allí a sus otrora rivales, España e Inglaterra. A la primera le arrebató Cuba y Puerto Rico con la guerra de 1898; con la segunda firmó el Tratado Hay-Pauncefote en 1901, por el cual se reconocía la preeminencia norteamericana en la posible construcción de un canal por el istmo centroamericano. El canal era una necesidad lógica del desarrollo capitalista norteamericano, ya que era la única forma de integrar y comunicar sus costas atlántica y pacífica.

En principio, la ruta privilegiada por Washington para construir este canal no era Panamá, sino Nicaragua, siguiendo el cauce del río San Juan hasta sus grandes lagos. Aquella parecía más factible y menos costosa, en especial si ya estaba el precedente del fracaso francés en la construcción del Canal por Panamá.

Mediante el Convenio Salgar-Wyse (1878) una empresa francesa, encabezada por el ingeniero Fernando de Lesseps, había iniciado la excavación del canal en 1880. Esta primera empresa fracasaría ante las enormes dificultades tecnológicas hacia 1888, dando paso a un nuevo intento con la Compañía Nueva en los años 90 del siglo XIX, que también fracasaría.

De manera que, para fines de 1901, la Comisión Walker del Congreso norteamericano, luego de estudiar ambas alternativas, se había pronunciado por la vía de Nicaragua, y el 18 de noviembre se firmó un tratado con ese país. ¿Qué motivó que dos años después Estados Unidos cambiara completamente de opinión?

La historia simplista narra que, en posteriores debates del Congreso, tanto Bunau Varilla como Cromwell mostraron estampillas de correo nicaraguenses en las que se aprecian los volcanes de este país, y que los senadores norteamericanos, impresionados por la explosión del volcán Mount Pelée, que había borrado del mapa la isla de Saint-Pierre, y por una falsa noticia de la erupción del Momotombo, entonces se decidieron por Panamá.

Pero, ¿qué motivó al abogado Cromwell y al ingeniero francés Bunau Varilla a intervenir tan activamente para convencer a los senadores de adoptar la ruta panameña? Lo que no se cuenta es que, ya para 1896, la Compañía Nueva del Canal, a través su presidente Maurice Hautin, dada la incapacidad para terminar el Canal de Panamá, y ante la posibilidad de perder 250 millones de dólares en inversiones cuando expirara la concesión en 1904, había contratado a William N. Cromwell para convencer al gobierno norteamericano de comprarles sus propiedades.

Cromwell no se limitó al cabildeo para el que fue contratado, sino que inició un plan que denominó "americanización del canal", por el cual reuniría un grupo de notables empresarios de Wall Street que sigilosamente comprarían las devaluadas acciones del "canal francés" y las revenderían a su gobierno. Para ello, su bufete Sullivan & Cromwell estaba en una posición privilegiada, ya que contaba con clientes como el banquero J. P. Morgan, entre otros.

El 27 de diciembre de 1899, Cromwell fundó la Panama Canal Company of America, con 5,000 dólares de capital, emtiendo acciones por 5 millones, de la que participaron empresarios como: J.P. Morgan, J. E. Simmons, Kahn, Loeb & Co., Levi Morton, Charles Flint, I. Seligman (Díaz Espino, 2003).

Este grupo influyó en el prominente senador y líder republicano Mark Hanna, quien actuó como vocero de la "causa panameña". Luego del asesinato del presidente McKinley, este grupo también convenció al presidente Teodoro Roosevelt, haciendo partícipes del negocio a Henry Taft, hermano del ministro de guerra y futuro presidente William Taft, y al cuñado de Roosevelt, Douglas Robinson.

El traspaso de la Compañía Nueva, de manos francesas a las yanquis, tardó varios meses por la resistencia inicial de Hautin a renunciar por completo a la empresa y vender a muy bajo precio. Sin embargo, la adopción de la propuesta por Nicaragua en 1901, sirvió de acicate a los accionistas franceses que sacaron de enmedio a Hautin, y nombraron vocero a Maurice Bo, director del banco Credit Lyonnais, y éste a su vez envió a Bunau Varilla para negociar con los norteamericanos.

El negocio era redondo, se invirtieron 3.5 millones de dólares en las acciones de la Compaña Nueva, que fueron compradas en lotes pequeños, y se revenderían al gobierno norteamericano en 40 millones de dólares, obteniendo los inversionistas norteamericanos utilidades por cada acción por el orden del 1.233%.

Por supuesto, concretar el negociado pasaba: primero, por convencer al gobierno y al Congreso de Estados Unidos de optar por Panamá; segundo, firmar un tratado con Colombia que autorizara a ese país para terminar la obra iniciada por los franceses. En enero de 1902, el senador John Spooner a instancias de Roosevelt presentó el proyecto de ley que autorizaba a su gobierno a negociar con Panamá y que anulaba la precedente Ley Hepburn, que favorecía a Nicaragua.

Ese año el esfuerzo se centró en negociar con Colombia el tratado. Camino que estuvo lleno de dificultades, dada la actitud patriótica del negocaciador José Vicente Concha, que objetó reiteradamente aspectos leoninos del tratado propuestos por el Secretario de Estado John Hay. Sin embargo, la presión norteamericana pudo más, forzando al gobierno del Vicepresidente Marroquín a desautorizar reiteradamente a su embajador, el cual finalmente renunció. El camino quedó despejado para un acuerdo, firmado en enero de 1903 y que llevó el nombre de Tratado Herrán - Hay.

Pero este tratado, cayó como una bomba en Colombia, y Panamá por extensión. Mediante el acuerdo se segregaba una zona de 5 kilómetros a cada lado del canal, incluyendo ríos, lagos y los principales puertos, en la cual Norteamérica tendría plena jurisdicción. El "canal francés" sólo segregaba 200 metros a cada orilla sin menoscabo de la soberanía nacional. Además la compensación económica que se proponía (10 millones de abono y 250.000 dólares anuales) era evidentemente inferior a lo que ya el estado colombiano recibía por los derechos del ferrocarril (250 mil dólares anuales) y otros tantos por uso de los puertos. Comparado con el Salgar-Wyse, el Herrán-Hay era totalmente inconveniente.

Había otro escollo: el tratado contemplaba el pago de 40 millones de dólares que Estados Unidos haría a la Compañía Nueva del Canal en compensación, pero esto era completamente ilegal, pues estaba claramente prohibido por la Constitución y por el propio Salgar-Wyse, que impedía a esta empresa traspasar sus propiedades a un gobierno extranjero. El Tratado Herrán - Hay nació, pues, condenado por la opinión pública colombiana y panameña, especialmente por el menoscabo de la soberanía.

El gobierno de Marroquín tuvo ante el Herrán - Hay una actitud incongruente: por un lado, había autorizado a su embajador a Tomás Herrán a firmarlo; por otro, no puso empeño en defenderlo, especialmente ante el Congreso, que fue convocado en junio de 1903 para ratificarlo. Pero no era la soberanía lo que preocupaba al gobierno de Marroquín, sino que se centró en tratar de recibir una tajada de los 40 millones que recibirían los accionistas de la Compañía "francesa". Sin saberlo Marroquín (creemos), con esta aspiración tocaba las fibras más sensibles de poderosos intereses norteamericanos, lo que les llevaría a secesionar al Departamento del Istmo, pues no estaban dispuestos a renunciar a su ganancia.

Cuando el Congreso colombiano cerró sus sesiones sin ratificar el tratado, a mediados de agosto, emitió una resolución que expresaba la esperanza de que en 1904, cuando las propiedades de la Compañía francesa hubieran pasado a Colombia, por expirar el contrato Salgar-Wyse, se estaría en mejores condiciones de negociar con Estados Unidos.

El razonamiento era simple, pero equivocado: en pocos meses quedarían fuera de la negociación los franceses, y podrían negociar directamente, sin un tercero de por medio, Bogotá y Washington. ¿Qué apuro podía tener Roosevelt, si hasta terminaría pagando menos, porque se podría ahorrar esos 40 millones? Era lógico, pero errado, porque Roosevelt y sus socios eran los reales beneficiarios de esos 40 millones, y no los franceses.

De ahí que el rechazo del Tratado Herrán-Hay por el Congreso colombiano, desencadenara la trama de la "Separación", que empezó a prepararse ante la eventualidad, desde junio o julio.

William N. Cromwell hizo viajar a Nueva York desde Panamá al capitán J.R.

Beers, agente de fletes de la Compañía del Ferrocarril de Panamá; se dice que se entrevistó en secreto (en Jamaica) con el abogado panameño de esta empresa, y prócer de la separación, José A. Arango; y finalmente recibió por dos meses, entre fines de agosto y fines de octubre, a Manuel Amador Guerrero, otro empleado y futuro primer presidente de la República de Panamá, para tramar los hechos del 3 de Noviembre.

La ganancia estimada, propició que los accionistas norteamericanos de la "compañía francesa del canal", invirtieran grandes sumas que sirvieron para pagar miles en sobornos que oficiaron de parteras de la nueva república, por supuesto, con el apoyo de varias cañoneras de la Armada que convenientemente Roosevelt envió a principios de noviembre para "tomar el Istmo". Lo demás es historia conocida.

Bibliografía:
1. Beluche, Olmedo. 1999. Estado, Nación y Clases Sociales en Panamá. Editorial Portobelo. Pequeño Formato 115. Panamá.
2. Beluche, Olmedo. 2003. La verdadera historia de la separación de 1903. Reflexiones en torno al Centenario. ARTICSA. Panamá.
3. Díaz Espino, Ovidio. 2003. El país creado por Wall Street. La historia no contada de Panamá. Planeta. Bogotá.
4. Duval Jr., Miles P. 1973. De Cádiz a Catay. La historia de la larga lucha diplomática por el Canal de Panamá. Editorial Universitaria. Panamá.
5. Lemaitre, Eduardo. 1971. Panamá y su separación de Colombia. Biblioteca Banco Popular. Bogotá.
6. Terán, Oscar. 1976. Del Tratado Herrá-Hay al Tratado Hay-Bunau Varilla. Historia crítica del atraco yanqui, mal llamado en Colombia la pérdida de Panamá y en Panamá nuestra independencia de Colombia. Valencia Editores. Bogotá.


de: 'Guillermo C. Cohen-DeGovia' allelon@operamail.com [nuestramerica] <nuestramerica@yahoogrupos.com.mx>
para: Nuestra América <nuestramerica@yahoogrupos.com.mx>
fecha: 3 de noviembre de 2016, 10:50
asunto: [nuestramerica] PANAMA: A propósito del 3 de noviembre de 1903
como lo mira Olmedo Beluche
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COLECTIVO PERÚ INTEGRAL
16 de noviembre 2016

viernes, 3 de junio de 2016

EL DILEMA ACTUAL: CAPITALISMO O SOCIALISMO






José Felix



Interesante el análisis de Olmedo Beluche con respecto al momento actual en América Latina y el mundo. Luego de la lectura, como conclusión, no cabe la menor duda de que el capitalismo ha dejado de coincidir con el progreso humano. Vive su crisis terminal. En efecto, como dice el autor, “Se acerca el final de doscientos años de estabilidad política en Washington, centro del capitalismo mundial”. Vale la nota que sigue, difundida el 300516, como preámbulo al artículo “PARA COMPRENDER EL MOMENTO POLÍTICO ACTUAL DE AMERICA LATINA Y EL MUNDO”. He aquí:

Al compartir la cadena solidaria con Dilma Rousseff, la Presidente de Brasil, a través de Facebook, surgió un comentario en los siguientes términos: “El gigante de Sud América, así como Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador sabemos k se encuentran con dificultades tanto social, político y económico por seguir una doctrina represiva con el fin de conseguir el máximo poder con represión y terror. Les sugiero k revisen su hoja de vida de la Sra Dilma y cómo llegó a ser la presidente de Brasil”. 

Las discrepancias son saludables cuando se sustentan en ideas racionales. No se trata de asumir una defensa ciega de un sistema caduco que para sobrevivir se ha convertido en capitalismo salvaje donde impera una represión de baja intensidad y  generalizada.

Dilma es una mujer de lucha que se inició muy joven, enfrentándose a la dictadura militar en su país. Por su acción política contestataria, fue detenida y torturada. Estas acciones de represión no doblegaron su espíritu de lucha y persistió, de acuerdo a su convicción, en la vida política de su país. He ahí su mérito.  Sin embargo este hecho es oportuno para revisar el proceso histórico y aclarar ideas.

Tanto en Brasil como en Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú, Chile y otros países, en cada proceso electoral (que es un engaño), los candidatos, sea de izquierda o de derecha, sólo llegan a la administración del gobierno más no detentan el poder (el PODER, en el actual sistema social, siempre estará detrás del trono). Ya lo dijo Evo Morales, “he llegado al gobierno más no al poder”. Lo que es más, el elegido se define en el seno de la clase dominante y no en las urnas. A estas alturas, sin llegar al 5 de junio ya saben quién es el presidente. Todo lo demás es un circo para engañar al pueblo-pueblo. El poder económico, político y cultural, está en manos de la clase dominante. Y si alguna organización política del pueblo llega al gobierno e intenta tomar el poder, desplazando a la clase dominante, como sucedió en Chile con Allende de la Unidad Popular y ahora en Venezuela, las fuerzas oscuras dirigidas desde EE.UU sacarán sus garras y los aniquilarán a sangre y fuego. De allí que es importante el trabajo metódico, participando en todo proceso electoral para hacer uso de la tribuna y difundir ideas clasista. Lo que cuenta es la preparación de la organización, vale decir un Partido de masas y de ideas, con Programa Reivindicativo y Programa Prospectivo, orientado a la toma del poder, gobierno del nuevo poder y extinción del poder. De allí también la vigencia de seguir preparando a las nuevas generaciones para que cumplan dignamente su rol cuando les corresponde asumir su gestión. Es una larga lucha iniciada, con razón y ventaja, por la primera generación del Socialismo Peruano dirigido por el Amauta y continuada con las nuevas generaciones siguiendo el Camino de Mariátegui. Tiempo al tiempo.

La historia nos da cuenta de la evolución de la humanidad. En la COMUNIDAD PRIMITIVA no existieron clases sociales (sistema social aclasista) porque no existió propiedad privada sobre los medios de producción. La Seguridad Vital (Alimentación-Comunicación-Descanso) era lo fundamental para todo ser viviente. Con el devenir de los años, aparece el Estado como órgano de represión, dando curso al ESCLAVISMO, cuya ideología se sustenta en el idealismo. Es entonces cuando nace la dictadura de la clase dominante (Los esclavistas).  Sobre el particular existen una serie de ejemplos ilustrativos, tal es el caso de Espartaco. La historia sigue su curso y al esclavismo le sucede el FEUDALISMO, sustentado en una economía autárquica donde se producía lo necesario para el consumo del feudo.  La propiedad de la tierra era la base de la riqueza. Políticamente el Rey era el elemento más importante de la sociedad feudal. Como consecuencia de largas jornadas de lucha contra el viejo orden social, surge el CAPITALISMO como un nuevo sistema  económico y político, sustentado en el liberalismo. Vale decir, un sistema que da plena libertad a las fuerzas económicas sin mayor control de parte del Estado. De ahí que los ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. En el capitalismo impera la propiedad privada sobre los medios de producción, teniendo como eje de la vida económica el acopio de capital.  La fase superior del capitalismo es el Imperialismo que se caracteriza por el dominio de una potencia a otras naciones. Para el efecto hace uso del poderío de su fuerza militar  invadiendo a países objetivos y tomando el poder total o parcial. Utiliza a líderes lacayos de países sometidos con el cuento de implantar el orden.

En la actualidad el Capitalismo como sistema social está en crisis.  A inicios de la década del 70 (siglo anterior), al darse el encuentro entre Kissinger (EE.UU) y Zhou Enlai (China Popular), en acto anecdótico, luego de haber plasmado acuerdos históricos entre ambos países, se produjo un diálogo entre ambos líderes. He aquí: Kissinger, diplomático muy hábil, al culminar la histórica reunión le jugó una broma a Zhou Enlai, destacado líder de la revolución China. Le preguntó, Zhou Enlai, ¿por qué los chinos caminan con la cabeza gacha?. El dirigente chino, de inmediato respondió: Efectivamente, los chinos caminamos con la cabeza inclinada porque estamos subiendo la montaña. En cambio ustedes caminan sacando pecho, porque están bajando de la montaña. En concreto,  Socialismo en ascenso (Progreso) y Capitalismo en descenso (crisis terminal).

Siguiendo el curso de la evolución de la humanidad, el sistema que sucederá al capitalismo es el SOCIALISMO. De allí el dilema de nuestro tiempo, Socialismo o Capitalismo. Contradicción que se resolverá en el proceso histórico de la humanidad.

El SOCIALISMO aspira a una democracia participativa, denominada también  nueva democracia. Se caracteriza porque el sistema económico es centralizado y planificado bajo la dirección estatal. El objetivo es eliminar la anarquía de la producción que se da en el capitalismo.   La producción tiene fines de uso y de allí la máxima: “de cada uno según su trabajo, a cada uno según su capacidad”.  Y para culminar, bien vale recordar el mensaje de Mariátegui: “El destino del hombre es la creación. Y el trabajo es creación, vale decir liberación. El hombre se realiza en su trabajo”. Y como mensaje final, he aquí la voz de nuestro tiempo: “Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano” (JCM)

Visto panorámicamente, en apretada síntesis,  el devenir de la humanidad, se entenderá entonces con mayor claridad lo que viene sucediendo en los diversos países de América del Sur y del mundo. Todo cambio social se desarrolla en medio y  a través de contradicciones, donde el pueblo afina su organización, adaptando diferentes denominaciones,  para la conquista de sus más altos ideales. (jfd-30.05.16)

Para comprender nuestra situación actual

PARA COMPRENDER EL MOMENTO POLÍTICO ACTUAL
DE AMÉRICA LATINA Y EL MUNDO
Por Olmedo Beluche

Comprender el momento actual que atraviesa Latinoamérica no es posible sin comprender lo que sucede en el mundo, cada vez más integrado por la globalización. Los acontecimientos dramáticos de Brasil, Venezuela, México o Argentina, solo pueden ser entendidos en ese marco general que aquí procuramos fotografiar en pocas páginas:
1. Una crisis dramática atraviesa a la humanidad entera. Una crisis que ha reducido a cenizas, literalmente hablando, países enteros en Medio Oriente (como Siria, Irak, Afganistán) y parte de África (como Libia, Sudán). Una crisis que conduce a millones de seres humanos, niños incluidos, a deambular hacia los países del norte en busca de una esperanza, ya sea que lleguen a pie desde Oriente a tocar las puertas de Europa, en pateras desde África, cruzando el río Grande y el desierto en Estados Unidos. Esa crisis humanitaria es la crisis sin salida del sistema capitalista mundial, como la ha llamado el compañero Fred Goldstein. Crisis del capitalismo depredador que saquea países enteros, lucra con las armas, destruye los derechos sociales de los pueblos, todo para asegurar la sacrosanta ganancia de un puñado de empresas y sus dueños.

2. Esa enorme crisis humana es más grave aún, porque también están sumidos en ella los países a los que acuden en busca de esperanza de un pedazo de pan para sus hijos y de un trabajo, esas millones de personas. Europa occidental y Estados Unidos están sumidos en una crisis económica de gran envergadura, con grandes segmentos de su población sumidos en la pobreza, bajos salarios, desempleo y marginalidad. De manera que los millones de pobres que tocan a la puerta de los países capitalistas industrializados se suman a los millones de pobres que ya viven ahí. Una crisis humana de esa envergadura no se veía desde la Segunda Guerra Mundial y, como aquella, es una crisis del capitalismo sin salida.

3. Pero la crisis actual tiene una dimensión adicional que no existía antes: una catástrofe ambiental gigantesca, cuyo aspecto más dramático es el llamado cambio climático y sus consecuencias a escala global. Que también se expresa en cada país, ya sea como polución industrial o como resultado de la destrucción masiva de la naturaleza con la industria extractiva de minerales y el abuso de las hidroeléctricas. Catástrofe ambiental producida por la depredación del modo de producción capitalista cuyo objetivo es una absurda e irracional búsqueda de la ganancia, pasando por encima de la naturaleza, la gente y las comunidades. Es la crisis del capitalismo sin salida.

4. La crisis económica y humana tiene sus claras expresiones en la política. La "anomalía" que han representado en el sistema político norteamericano las candidaturas del socialista Bernie Sanders, por los demócratas, y del ultraderechista Donald Trump, por los republicanos, son la expresión de la búsqueda de una salida de millones de ciudadanos que intuyen o son conscientes de que "las cosas no pueden seguir como antes". Se acerca el final de doscientos años de estabilidad política en Washington, centro del capitalismo mundial. Europa también ve crecer las alternativas a la izquierda y a la extrema derecha, mientras se desvanecen los partidos de "centro" (como la socialdemocracia) que garantizaron la gobernabilidad los últimos sesenta años. Fenómenos como los indignados en España o Francia, o el nuevo laborismo en Inglaterra, así como el crecimiento de los partidos xenófobos en Alemania y Austria son expresiones de esa crisis del capitalismo y de la búsqueda de una salida por parte de la gente.

5.  América Latina vive de manera particular la crisis de la globalización neoliberal. Tal vez su aspecto más dramático, por ser el que destacan los medios de comunicación de masas siguiendo objetivos políticos inconfesables, es la crisis de aprovisionamientos (tanto de alimentos, como de medicinas) que vive la República Bolivariana de Venezuela, y las dificultades del gobierno de Maduro para resolverla. Aunque los medios no lo destacan, la crisis golpea al conjunto de los países, no importa si gobierna la derecha neoliberal o el llamado "progresismo". La enorme crisis social, humana y la guerra civil no declarada que vive México es otra cara dramática de la crisis latinoamericana. Las maras de Centroamérica y el extendido fenómeno del narcotráfico, son otra cara de la crisis, así como la crisis social que hace décadas vive Colombia que siguen expulsando millones de emigrantes. A lo que se suma ahora la crisis brasileña y el rápido desprestigio del recién subido gobierno derechista de Macri en Argentina, y los problemas de la "socialista" Bachelet en Chile. Cada una a su manera, expresa la crisis sin salida del capitalismo mundial.

6. La crisis de América Latina es, en primer lugar, una crisis de la economía dependiente y mono exportadora de materias primas, que asiste al final del auge momentáneo de sus exportaciones (petroleras y mineras) por el creciente estancamiento de la economía China, su principal comprador. La crisis de los precios de las materias primas, se expresa como caída de los ingresos de las  exportaciones, lo que lleva a crisis presupuestarias, que conducen a una disyuntiva: o se rompe con el modelo capitalista dependiente y el pago de la deuda a la banca, o se cortan los beneficios sociales (transferencias, misiones, programas de asistencia, salud y educación). Es la crisis sin salida del capitalismo.

7. La disyuntiva que vive América Latina es concreta: o se rompe con el capitalismo, y su crisis sin salida, adoptando verdaderas medidas socialistas (como la expropiación de la banca, la gran industria y la nacionalización del comercio exterior), o se debe atacar a los pueblos y sus derechos sociales para asegurar los beneficios capitalistas. Los gobiernos de derecha neoliberales, apoyados por el imperialismo norteamericano, no tienen problemas de disyuntiva, pues saben bien de qué lado están, por lo que sus programas atacan directamente los derechos sociales y defienden el capitalismo en su crisis agónica.

8. La disyuntiva es más dramática para los gobiernos progresistas latinoamericanos porque sufren las presiones políticas, las campañas sucias internacionales y el sabotaje económico permanente del imperialismo yanqui y sus socios internos de la oligarquía, para que rompan con los programas sus programas sociales o directamente cedan el gobierno a la derecha, como pasó en Brasil o pretenden que suceda en Venezuela. Los sectores reformistas de esos gobiernos, quienes no desean ir más allá de reformas moderadas dentro del capitalismo, creen equivocadamente que haciendo algunas concesiones políticas y económicas a la burguesía puede salvarse la situación. Ese fue el error de Dilma Rousseff, que derivó en su separación del poder por sus socios derechistas en el gobierno. Venezuela sufre una agresión mayor y más descarada del imperialismo norteamericano y la burguesía interna, con un sabotaje económico inhumano. El presidente Maduro, para enfrentar el sabotaje económico y la agresión extranjera, asegurando la comida para el pueblo, está obligado a golpear el corazón económico de la burguesía venezolana nacionalizando el comercio exterior, la banca y la gran industria alimentaria, apelando a la movilización popular. O avanzar a verdaderas medidas socialistas o la derrota estará asegurada lamentablemente, como ha pasado antes en otros países.

8. Enfrentar con éxito la crisis del capitalismo requiere la construcción de alternativas políticas consecuentemente revolucionarias que comprendan que la verdadera esencia del problema está en un sistema de clases sociales llamado capitalismo, y que la única salida es caminar hacia una sociedad sin explotadores, donde el bienestar de los seres humanos sea el objetivo y no el enriquecimiento de unos pocos. Vencer al capitalismo no será obra de un grupito de conspiradores, sino de la acción consciente de millones de personas que actúen y lo hagan debatiendo democráticamente en grandes asambleas que preludian la democracia socialista, como ha hecho la juventud indignada que se reunía en la Plaza del Sol en Madrid y que ahora lo hace en la Plaza de la República de París. Ese es el germen de un nuevo tipo de democracia. Esa democracia asamblearia, que en Rusia llamaron "soviets", fue lo que posibilitó la victoria de la primera revolución socialista hace cien años, y es la que parirá las revoluciones del siglo XXI, que darán salida a la crisis del capitalismo.

9. La enormidad de la crisis humana y planetaria que ha producido el capitalismo obliga a construir una nueva dirección política revolucionaria que supere dos obstáculos que afectan a la clase trabajadora: los partidos reformistas que pretenden amarrar a los pueblos al carro capitalista alegando que "no hay condiciones objetivas para ir más allá"; y los sectarios, que pretenden actuar sólo con el "programa máximo", sin entender las mediaciones de la conciencia de la clase trabajadora, sin tener la paciencia para acompañar que madure y haga sus experiencias. Como dijo Trotsky, la revolución no tiene etapas, pero la conciencia de las masas que la deben hacer sí pasa por etapas, que no se pueden saltar artificialmente.

10. La crisis actual de la humanidad se parece a la crisis de los años 20 y 30 del siglo pasado que terminó en la Segunda Guerra Mundial, con sus 40 millones de muertos. La humanidad está en la disyuntiva que señaló Rosa Luxemburgo: o socialismo o barbarie. Para salvarnos de la barbarie capitalista hay que construir partidos revolucionarios que levanten un  programa de lucha que combine la ferviente defensa de los derechos democráticos, sociales y antiimperialistas, con la lucha por medidas socialistas como el control obrero, la nacionalización de la banca y del comercio exterior. Un partido que levante con inteligencia un "programa de transición" al socialismo, como dijera Trotsky antes de la guerra.

Panamá, 29 de mayo de 2016.


de: Olmedo Beluche olmedobeluche@yahoo.es [nuestramerica] <nuestramerica@yahoogrupos.com.mx>
fecha: 29 de mayo de 2016, 9:33
asunto: [nuestramerica] Rv: Para comprender el momento político actual de América Latina y el mundo Por Olmedo Beluche
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