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miércoles, 25 de octubre de 2017

NUEVO ORDEN EN CIERNES: ¿LA ECONOMÍA SOLIDARIA REPRESENTA UN MODELO VIABLE A ESCALA GLOBAL?





Fernando de la Cuadra

ALAI AMLATINA, 25/10/2017.-  Hace ya algunas décadas atrás el economista húngaro Karl Polanyi apuntaba que es posible pensar que existen formas de integración o de funcionamiento de la economía que no se asientan necesariamente en instituciones monetarias basadas en el intercambio convencional, es decir, que superan los movimientos de “doble mano” que se producen en el lugar del mercado, el cual representaría su locus por excelencia. De esta manera, Polanyi propuso algunas visiones alternativas de aquella existente en la economía capitalista, identificando en esa construcción tres principios de distribución distintos al modelo de intercambio mediado por el mercado y orientado a la ganancia, a saber, la administración doméstica, la redistribución y la reciprocidad. Según él, en la economía real pueden coexistir dos o más principios en los cuales esté presente inclusive la ganancia monetaria, aunque su presencia no necesariamente debe representar el principio dominante.

La importancia de estas formas para entender la actividad económica, residiría en que ellas no solo poseen una dimensión histórica sino que además ostentan una expresión empírica demostrable en actividades concretas realizadas por las personas, lo cual demostraría las limitaciones de la perspectiva de Olson y seguidores, en torno al lugar central ocupado por el comportamiento egoísta y la acción racional que tendrían los grupos y sus miembros individuales en las actividades desarrolladas cotidianamente.

Especialmente la noción de reciprocidad permite visualizar otros aspectos en torno a los cuales se organizan las sociedades, ya no basadas únicamente en la idea de interés y de competencia entre las personas y las organizaciones, sino también o sobre todo en torno a prácticas de cooperación destinadas a preservar los lazos sociales dentro y entre los diversos tipos de agrupaciones

En el caso latinoamericano es necesario considerar especialmente la prevalencia de formas de economía doméstica, visto el papel prioritario que dichas formas de integración ejercen en la conformación de grupos y comunidades que insertan las actividades económicas de producción y distribución en las diversas formas de sociabilidad presentes en la esfera local. Ello es especialmente significativo en el caso de aquellos países de cultura andina o mesoamericana. En este marco, tal como enunciado por José Luis Coraggio, la cuestión económica sustantiva se resuelve como una economía ‘natural’ o comunitaria, cuyo sentido es asegurar la autosuficiencia de todos los miembros o grupos que comparten los medios de sustento según reglas y estructuras no estrictamente económicas.

Una reflexión sobre la obra de Polanyi nos plantea el desafío de postular otras formas de organización económica de la humanidad, o como dicen sus principales adherentes, de pensar “Otra Economía” que supere el paradigma de la competitividad impuesto por la civilización del capital y de los mercados globales. En otras palabras, es necesario pasar de un paradigma centrado en la competitividad y la posesión de riqueza pecuniaria para un modelo centrado en las energías y capacidades que surgen desde las personas, en el trabajo y la cooperación que abunda en las comunidades. Ello implica, que los diversos actores (personas, comunidades y entidades públicas) sean capaces de construir nuevos espacios de cooperación, solidaridad y convergencia que integre lo económico en lo que verdaderamente es, un entramado de relaciones de sociabilidad -de parientes, amigos y vecinos en el territorio-, que buscan establecer vínculos equitativos y justos entre los diversos participantes del proceso económico y, de esta manera, propender hacia el bienestar de todos. A este tipo de prácticas cooperativas, asociativas y comunitarias se las conoce con el nombre de economía social y solidaria.

Pero no obstante las premisas recién expuestas, igual se mantiene en el aire la interrogante de si puede existir efectivamente una economía social y solidaria que supere el ámbito local. Esta es una pregunta que se podría responder – y descartar casi automáticamente – con un no rotundo. Para ciertas visiones, la evidencia acumulada hasta ahora nos permitiría concluir que el conjunto de experiencias que se sustentan en formas solidarias, cooperadoras y autogestionarias de concebir la actividad económica, difícilmente pueden traspasar los límites de lo local. Por lo mismo, es improbable que ellas lleguen a constituirse en modalidades globales de funcionamiento de la economía y las sociedades contemporáneas.

Aceptar esta premisa sin más, significa admitir que las sociedades y las personas poseen una naturaleza inmutable y que el estado de cosas con el cual nos deparamos cotidianamente va a seguir su mismo curso. Desde otra tradición crítica de esta ideología del status quo, Piotr Kropotkin, Marcel Mauss o Marshall Sahlins han podido demostrar que por el contrario las comunidades humanas han desarrollado preferentemente estrategias de cooperación para poder afrontar en conjunto la lacha por la supervivencia. Es decir, los seres humanos necesitamos de construir persistentemente lazos de cooperación con los otros para enfrentar los avatares de la vida, desde las estructuras familiares y de parientes (lealtades primordiales) hasta comunidades más amplias y complejas de colaboración.

Si admitimos que la humanidad no se encuentra condenada a la acción individual de personas que emprenden batallas competitivas sin cuartel, en las cuales necesariamente se debe producir una solución del tipo “suma cero”, la perspectiva de dar un giro a esta narrativa no resulta tan ilusoria. Entonces, el mayor desafío de este giro consiste en ir edificando un sistema multiescalar, en el que se articulen las diversas experiencias que se originan en un plano local, para ir ascendiendo a una escala regional, nacional y global.

Si bien es cierto el horizonte de un sistema económico solidario de alcance global se ve muy lejano, cada vez son más las experiencias que intentan construir áreas de intercambio y flujos de bienes y servicios que no se rigen necesariamente por el parámetro de transacciones de equivalentes en mercados convencionales. Sus principales impulsores no han sido ni los conglomerados políticos ni las agencias públicas, sino que un sinfín de asociaciones y organizaciones de ciudadanos, que se han inspirado en experiencias históricas (mutualistas, cooperativas, asociaciones de autogestión o cogestión) o que han concebido nuevas modalidades de poner en común sus capacidades y deseos de complementarse solidariamente. Son Bancos de tiempo, de monedas alternativas o sociales, cajas populares de ahorro y crédito, mercados de trueque, cooperativas de diversa índole (vivienda, previsión, salud, educación, saneamiento, compra y venta), grupos de producción y consumo autogestionarios, etc. Es una enorme constelación de experiencias, muchas veces desperdigadas, pero que pueden ir convergiendo en una escala planetaria a partir de elementos comunes que las unen y que son susceptibles de articular en entes mayores.

Son iniciativas que demuestran que la historia de la humanidad está llena de millares de esfuerzos por construir relaciones basadas en la cooperación, la reciprocidad, la solidaridad y la búsqueda del bien común. Su transformación en iniciativas que vayan conformando una red cada vez más densa de relaciones y sinergias no solo representa una tendencia deseable y urgente, sino que es absolutamente posible en función de los repertorios culturales con que cuenta la humanidad para construir decididamente un futuro más viable, justo y fraterno.

- Fernando Marcelo de la Cuadra es académico, Escuela de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales y Económicas, Universidad Católica del Maule


lunes, 17 de abril de 2017

SEIS AÑOS EN AUTOGOBIERNO EN MÉXICO: CHERÁN: CAMINANDO ES COMO SE CONSTRUYE EL PROYECTO






17-04-2017
Integrantes de las comisiones operativas, explican su estructura y dificultades para lograr un gobierno propio y que sirva para todos.


¿Qué es lo que sigue? se pregunta Julio, abogado de profesión e integrante del Consejo de Desarrollo Económico, una de las instancias operativas del Gobierno Comunal de Cherán K’eri. “Nosotros ya tenemos la seguridad y ahora viene lo otro, no podemos tener sólo seguridad, necesitamos impulsar desarrollo e infraestructura. Las personas que viven en las orillas del pueblo necesitan servicios básicos”, responde Julio. 

Después del 15 de abril 2011, el pueblo de Cherán dio vida a un proceso de organización popular e indígena, que logró establecer una forma única y autentica de gobierno propio. Organizados en cuatro asambleas barriales y en pequeñas células organizativas, las fogatas, los cheranenses establecieron “desde abajo” una estructura de gobierno que favorece la participación democrática de la población en las decisiones de gobierno.

La población encontró en la organización y participación comunitaria una respuesta concreta a la lucha contra la violencia social, estructural y del crimen organizado. Los consejos, comisiones y colectivos representan una forma de “sanación” social frente a la violencia vivida: esto protegerse y hacer frente a las problemáticas de manera conjunta. Los espacios deliberativos adentro del gobierno comunal, de los barrios o en el ámbito religioso hacen que la comunidad tenga nuevamente actividad comunitaria. En entrevista, integrantes de distintos consejos nos ofrecen sus testimonios a seis años de la creación de su gobierno.

“La gente se cansa si no ve los resultados de un sistema”, expone el joven abogado; “nosotros tenemos que trabajar para que la gente se convenza de que un sistema como el nuestro no se levanta de la noche a la mañana”.

Entrevistados en las oficinas de la Casa de Gobierno Comunal, que antes pertenecían al “sistema de partidos” y en algunos espacios recuperados por los comuneros que eran utilizados como bodegas por el antiguo gobierno municipal, integrantes de las comisiones y consejos operativos exponen lo que realizan, así como las dificultades que encuentran en el desempeño de sus responsabilidades. Ellos son parte de la segunda administración del Concejo Mayor del Gobierno Comunal de Cherán, cuyo periodo finalizará en 2018.

La estructura del Concejo Mayor de Gobierno Comunal de Cherán K’ eri

El Concejo Mayor de Gobierno Comunal está compuesto por doce personas, tres representantes por cada uno de los cuatro Barrios: ellos son los K’eris Jánaskaticha. Dentro de esta estructura se encuentra un responsable mayor, el K’eri Tánkurhikua.

Para el funcionamiento del gobierno civil se crearon Consejos Operativos: los Consejos de Bienes Comunales, de Programas Sociales, Económicos y Culturales, de Honor y Justicia, de Asuntos Civiles, de Desarrollo Económico, de Administración Local, de Jóvenes, de Mujeres y el Consejo de Barrios. Cada administración adecua la estructura de acuerdo a las necesidades de gobierno, compuesto por Comisiones de Trabajo o nuevos Consejos. 

Integrantes de los Consejos de Asuntos Civiles y de Desarrollo Comunitario explican que para realizar su tarea recabaron información en los cuatro barrios y las fogatas. Recolectaron propuestas y testimonios, realizaron un diagnóstico para la implementación de las actividades prioritarias, y a partir de la opinión y las necesidades de los comuneros elaboraron el plan de trabajo. 

“El problema que tenemos siguen siendo los partidos políticos”

Uno de los problemas que enfrentan las comisiones en el desarrollo de su trabajo es el faccionalismo propiciado por las distintas militancias políticas, coinciden miembros de Desarrollo Económico, “ya que los representantes partidistas gestionan recursos y establecen programas paralelos a la administración comunal, y esto va dividiendo”.
“Algunos pobladores están acostumbrados a que les den algún recurso, y cambian su afiliación de acuerdo a sus beneficios. Son secuelas del viejo sistema de gobierno, este es el segundo gobierno y nosotros también tenemos errores. La seguridad ya no es solamente lo que necesitamos, queremos más y también lo quiere la gente. Caminando es como se construye el proyecto, tenemos esa apuesta”, menciona un miembro del Consejo de Desarrollo Económico. 

Siempre hemos tenido “problemas con los partidos políticos, ya que cada vez que hacemos algo siempre se quieren meter. La seguridad ya la mejoramos, el desarrollo lo estamos mejorando. No es fácil pero tampoco es imposible, los partidos siempre están esperando un error, siempre han querido quebrarnos”, denuncia otro integrante del Consejo.

La identidad y la responsabilidad de la población: un reto para el Consejo de Asuntos Civiles 
 
“El Consejo de Asuntos Civiles es una de las partes más importante para el desarrollo de la comunidad, pues es donde están la educación, la cultura y el deporte” expone Imelda Fabián Rangel, responsable del Consejo. Imelda fue elegida en el Barrio Tercero, es la encargada de recibirnos y presentarnos a los integrantes de las comisiones que están bajo su responsabilidad: las comisiones de archivo, educación, cultura y artesanía, deporte y salud.

Juana Díaz, elegida por el Barrio Primero para cumplir esta labor, informa que están “trabajando bajo un esquema ya elaborado por la primera administración de este nuevo gobierno comunal. Nuestro proyecto de educación tiene el enfoque en el rescate de las tradiciones y la preservación de nuestra lengua materna, el p’urhépecha. Trabajamos en una Casa de Cultura, estamos mejorando el edificio y su infraestructura”.

La comunidad de Cherán cuenta con escuelas de preescolar, primaria, secundaria, preparatoria y universidades: el Colegio de Bachilleres, el Instituto Tecnológico Superior Purépecha, la Normal Intercultural Indígena y la Universidad Pedagógica Nacional. “Nosotros tenemos una coordinación con estas escuelas, no interferimos con sus áreas de trabajo educativas de la Secretaria de Educación Pública, nuestro gobierno tiene un proyecto de rescate de la lengua p’urhépecha , queremos que esto no sea sólo un taller sino también una asignatura”.

En Cherán se ha perdido el habla de la lengua p’urhépecha, relata Juana Díaz, desde que se implementó el Proyecto Carapan, “proyecto de gobierno que nos arrebató la lengua en Cherán, mientras en los alrededores, como en la comunidad de Turicuaro o Comachuén se habla mucho más”.

El Proyecto Carapan fue un experimento educativo-indigenista que se desarrolló a partir del año 1932 y se implementó con mucha fuerza en la región llamada Cañada de los Once Pueblos, y cuyo objetivo era la integración del mundo indígena a la sociedad nacional, promoviendo la asimilación y la desintegración de la cultura y las instituciones p’urhépechas. 

Resultado del Proyecto Carapan o Tarasco fue el paulatino abandono del idioma p’hurépecha: “cuando fuimos a la escuela no nos enseñaron. Mis padres sí lo hablan, pero a ellos hasta con golpes les decían que dejaran de hablar lengua. A mí me decía mi madre: ‘háblame el Turihisï’ (mestizo) y de esa manera nos quitaron la lengua, nos obligaron a no hablarlo. Ellos se criaron y enseñaron que era mala la lengua p’urhépecha, y eso fue lo que nos inculcaron. Ahora nosotros lo estamos reivindicando, aunque nadie del Consejo habla la lengua, solo entendemos pocas palabras”. 

La educación primaria es bilingüe y obligatoria, añade la responsable de educación, “es poco lo que se enseña, son palabras sueltas, y cuando un alumno sale a la cotidianidad ya no las usa. Muchas escuelas dicen que son bilingües, pero es mentira. Existe un proyecto y todas las escuelas lo tienen, pero no le dan seguimiento, ya que los maestros no saben hablar la lengua”.

La comisión de educación trabaja con los directores de todas las escuelas para incluir la enseñanza de la lengua p’urhépecha en las asignaturas del nivel medio y superior. “Nuestro proyecto educativo está basado en revalorizar la lengua, porque aún no la hemos perdido. Queremos que este programa se desarrolle a nivel superior. Nosotros como Consejo tenemos que concientizar a la población que la lengua es nuestra. Estamos tratando de reunir a las personas mayores y empezar a trabajar con sus conocimientos de p’urhépecha, para que nos enseñen”.

La cultura, un trabajo de construcción colectiva

La música es uno de los proyectos de la Comisión de Cultura, y su responsable es Cuauhtémoc Sixto Ambrosio, originario del Barrio Segundo y electo por la Fogata Nueve. “Contamos ya con una orquesta de niños y adolescentes, son setenta integrantes y realizan presentaciones de manera más profesional, la orquesta ya sale de Cherán y está tocando en Uruapan, Paracho y Zamora”. 

Estas actividades se realizan en la Casa de Cultura que se encuentra a las orillas del centro, sobre la carretera principal. Es un espacio donde la población acude para tomar talleres de música, de bailes y arte, “antes eran oficinas de gobierno del Estado, cuando estaba regido el pueblo de Cherán por partidos políticos nadie asistía, ni se conocía este lugar, no les interesaba este espacio y mucho menos la cultura”.

El proyecto musical cuenta con una banda sinfónica de niños, una rondalla y un coro infantil y juvenil. “Los niños acuden a este lugar, tenemos más a menos doscientos niños que estamos atendiendo”, remarca Cuauhtémoc.

Asimismo, relata que se ha perdido parte de “la tradición” por lo que reconstruir la cultura purépecha “es nuestro trabajo, la cultura es una construcción colectiva de la memoria”. Según el representante del Consejo de Asuntos Civiles, en Cherán se mantienen tradiciones religiosas católicas, pero también ritos y ceremonias tradicionales p’urépechas; sin embargo, “muchas de las ceremonias han perdido su sentido, algunos ya nomás se van a emborrachar”.

“Es necesario retomar esas festividades para resignificarlas. Estamos aún en la edad en que se pueden rescatar los saberes ancestrales, los viejos aun lo tienen este conocimiento, ahora en quien nos estamos enfocando es en los jóvenes. Los festejos que tenemos son por ejemplo el cambio de gobierno, el aniversario del movimiento, los ritos que se hacen para pedir permiso al sol y a la naturaleza y brindar el agradecimiento”. 

Otras actividades que desde el Consejo se impulsan para fomentar la unidad comunitaria son los “Domingos Familiares”, que consisten en convivios, bailes o paseos en bicicleta por la comunidad de manera colectiva.

La salud comunitaria como parte del “ciclo de vida”

“La misión que yo tengo es el saneamiento de la comunidad, estoy encargado de la Salud Pública. Me encargo que lo establos estén afuera de la comunidad para que no contaminen y que las campañas de vacunación y de limpieza se desarrollen bien” explica Santiago Álvarez Figueroa, electo para cumplir esta tarea por el Barrio Tercero y la Fogata Veintiuno. 

¿Cómo funciona la salud en Cherán? A esta pregunta, Santiago Álvarez responde: “la comunidad cuenta con consultorios particulares y dos clínicas de primera base, y el Hospital Integral de Cherán. En ellos se atiende a toda la comunidad y en caso que no se encuentre una atención mayor para casos graves se canaliza a otro hospital, al regional de Uruapan”.

Se ha implementado en Cherán una campaña de deschatarrización que radica en visitar casa por casa, para erradicar y controlar la proliferación del mosquito portador del virus Chinkungunya y Zika, “nos encargamos que no se tengan agua acumulada ya que en el agua verde se reproducen los moscos. Si se tiene cubetas, llantas o chatarras, ya que es ahí donde se acumula el agua y nacen los mosquitos”.

El pasado 2 de julio inició la operación de “Ciclo de Vida”, proyecto integral centrado en la separación y el sucesivo reciclajede la basura: “el cartón, el vidrio y también lo orgánico que sirve para hacer compostas”. Santiago explica que estos proyectos funcionan mientras las asambleas de los barrios estén de acuerdo y comprometidas en cambiar un poco su vida. “Las asambleas son fundamentales y como vecinos tenemos cuidarnos, vigilar y saber quién no cumple”. El programa Cero Basura opera con rutas de camiones que recolectan la basura de la comunidad. Cada día, se recoje un producto diferente. 

“Con las unidades o camiones en marcha, vamos a ver de qué manera las familias responden y a los que cumplan les ponemos una etiqueta verde en la casa, si la gente no responde y no quiere participar le vamos a poner la etiqueta roja y eso quiere decir que no cumple y que se le llamara para ir al el Consejo”, pues va ser sancionable, explica.

“Por el momento el basurero que existe no nos afecta, pero en 30 o 40 años si nos afectara, ya estamos pensando en proyectos para ese basurero”. Los jóvenes del Colegio de Bachilleres de Cherán, se incorporan a los promotores ambientales, “son los que dan la información”. 

Un reto es generar trabajo para que la gente no migre

“Este proyecto incluye una cooperativa de reciclaje de basura, que pueda aprovechar los residuos y de esa manera hacer una empresa que genere empleos”, exponen integrantes del Consejo de Desarrollo Económico.

La migración es uno de los retos que se enfrentan las comunidades de la región, “necesitamos que la gente no migre, muchos se van a la pizca de la fresa a Zamora o bien se mete a trabajos fáciles a la delincuencia organizada, extorsiones o secuestros.

“Nosotros empezamos a cambiar poco a poco nuestra forma de gobierno, y nuestra forma de vivir. Los que quieren dividir es imposible que lo logren. El pueblo ve futuro en este proyecto y en eso estamos trabajando”, concluye un joven integrante de los Consejos Operativos de Cherán.

Jaime Quintana Guerrero y Giovanna Gasparello / Tercera Vía

martes, 25 de octubre de 2016

LA HORA DE LA ECONOMÍA COLABORATIVA


25/10/2016

La economía colaborativa es un modelo económico basado en el intercambio y la puesta en común de bienes y servicios mediante el uso de plataformas digitales. Se inspira de las utopías del compartir y de valores no mercantiles como la ayuda mutua o la convivialidad, y también del espíritu de gratuidad, mito fundador de Internet. Su idea principal es: « lo mío es tuyo »[i], o sea  compartir en vez de poseer. Y el concepto básico es el trueque. Se trata de conectar, por vía digital, a gente que busca “algo” con gente que lo ofrece. Las empresas más conocidas de ese sector son: Netflix, Uber, Airbnb, Blabacar, etc.

Treinta años después de la expansión masiva de la Web, los hábitos de consumo han cambiado. Se impone la idea que la opción más inteligente hoy es usar algo en común, y no forzosamente comprarlo. Eso significa ir abandonando poco a poco una economía basada en la sumisión de los consumidores y en el antagonismo o la competición entre los productores, y pasar a una economía que estimula la colaboración y el intercambio entre los usuarios de un bien o de un servicio. Todo esto plantea una verdadera revolución en el seno del capitalismo que está operando, ante nuestros ojos, una nueva mutación.

Imaginemos que, un domingo, usted decide realizar un trabajo casero de reparación. Debe perforar varios agujeros en una pared. Y resulta que no posee un taladrador. ¿Salir a comprar uno un día festivo? Complicado… ¿Qué hacer? Lo que usted ignora es que a escasos metros de su casa viven varias personas dispuestas a ayudarle. No saberlo es como si no existieran. Entonces, ¿por qué no disponer de una plataforma digital que le informe de ello… que le diga que, ahí muy cerca, vive un vecino dispuesto a asistirlo y, al vecino, que una persona necesita su ayuda y que está dispuesta a pagar algo por esa ayuda[ii]?

Tal es la base de la economía colaborativa y del consumo colaborativo. Usted se ahorra la compra de un taladrador que quizás no vuelva a usar jamás, y el vecino se gana unos euros que le ayudan a terminar el mes. Gana también el planeta porque no hará falta fabricar (con lo que eso conlleva de contaminación del medio ambiente) tantas herramientas individuales que apenas usamos, cuando podemos compartirlas. En Estados Unidos, por ejemplo, hay unos 80 millones de taladradores cuyo uso medio, en toda la vida de la herramienta, es de apenas 13 minutos... Se reduce el consumismo. Se crea un entorno más sostenible. Y se evita un despilfarro porque lo que de verdad necesitamos es el agujero, no el taladrador...

En un movimiento irresistible, miles de plataformas digitales de intercambio de productos y servicios se están expandiendo a toda velocidad[iii]. La cantidad de bienes y servicios que pueden imaginarse mediante plataformas online, ya sean de pago o gratuitas (como Wikipedia), es literalmente infinita. Solo en España, hay más de cuatrocientas plataformas que operan en diferentes categorías[iv]. Y el 53% de los españoles declaran estar dispuestos a compartir o alquilar bienes en un contexto de consumo colaborativo. 

A nivel planetario, la economía colaborativa crece actualmente entre el 15% y el 17% por año. Con algunos ejemplos de crecimiento absolutamente espectaculares. Por ejemplo Uber, la aplicación digital que conecta a pasajeros con conductores, en solo cinco años de existencia ya vale 68 mil millones de dólares y opera en 132 países. Por su parte, Airbnb, la plataforma online de alojamientos para particulares surgida en 2008 y que ya ha encontrado cama a más de 40 millones de viajeros, vale hoy en Bolsa (sin ser propietaria de una sola habitación) más de 30 mil millones de dólares[v]

El éxito de estos modelos de economía colaborativa plantea un abierto desafío a las empresas tradicionales. En Europa, Uber y Airbnb han chocado de frente contra el mundo del taxi y de la hostelería respectivamente, que les acusan de competencia desleal. Pero nada podrá parar un cambio que, en gran medida, es la consecuencia de la crisis del 2008 y del empobrecimiento general de la sociedad. Es un camino sin retorno. Ahora la gente desea consumir a menor precio, y también disponer de otras fuentes de ingresos inconcebibles antes de Internet. Con el consumo colaborativo, crece asimismo el sentimiento de ser menos pasivo, más dueño del juego. Y la posibilidad de la reversibilidad, de la alternancia de funciones, poder pasar de consumidor a vendedor o alquilador, y vice versa. Lo que algunos llaman « prosumidor », una síntesis de productor y  consumidor[vi].

Otra rasgo fundamental que está cambiando -y que fue nada menos que la base de la sociedad de consumo-, es el sentido de la propiedad, el deseo de posesión. Adquirir, comprar, tener, poseer eran los verbos que mejor traducían la ambición esencial de una época en la que el tener definía al ser. Acumular ‘cosas’[vii] (viviendas, coches, neveras, televisores, muebles, ropa, relojes, cuadros, teléfonos, etc.) constituía la principal razón de la existencia.  Parecía que, desde el alba de los tiempos, el sentido materialista de posesión era inherente al ser humano. Recordemos que George W. Bush ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos, en 2004, prometiendo una « sociedad de propietarios » y repitiendo : « Cuantos más propietarios haya en nuestro país, más vitalidad económica habrá en nuestro país. »

Se equivocó doblemente. Primero porque la crisis del 2008 destrozó esa idea que había empujado a las familias a ser propietarias, y a los bancos -embriagados por la especulación inmobiliaria-, a prestar dinero (las célebres subprimes) sin la mínima precaución. Así estalló todo. Quebraron los bancos hipotecarios y hasta el propio Lehman Brothers, uno de los establecimientos financieros aparentemente más sólidos del mundo... Y segundo, porque, discretamente, nuevos actores nacidos de Internet empezaron a dinamitar el orden económico establecido. Por ejemplo : Napster, una plataforma para compartir música que iba a provocar, en muy poco tiempo, el derrumbe de toda la industria musical y la quiebra de los megagrupos multinacionales que dominaban el sector. E igual iba a pasar con la prensa, los operadores turísticos, el sector hotelero, el mundo del libro y la edición, la venta por correspondencia, el cine, la industria del motor, el mundo financiero y hasta la enseñanza universitaria con el auge de los MOOC (Masive Open Online Courses o cursos online gratuitos)[viii].

En un momento como el actual, de fuerte desconfianza hacia el modelo neoliberal y hacia las élites políticas, mediáticas, financieras y bancarias, la economía colaborativa aporta además respuestas a los ciudadanos en busca de sentido y de ética responsable. Exalta valores de ayuda mutua y ganas de compartir. Criterios todos que, en otros momentos, fueron argamasa de utopías comunitarias y de idealismos socialistas. Pero que son hoy –que nadie se equivoque- el nuevo rostro de un capitalismo mutante deseoso de alejarse del salvajismo despiadado de su reciente periodo ultraliberal.

En este amanecer de la economía colaborativa, las perspectivas de éxito son inauditas porque, en muchos casos, ya no se necesitan las indispensables palancas del aporte de capital inicial y del llamado a inversionistas. Hemos visto como Airbnb, por ejemplo, gana una millonada a partir de alojamientos que ni siquiera son de su propiedad.

En cuanto al empleo, en una sociedad caracterizada por el precariado y el trabajo basura, cada ciudadano puede ahora, utilizando su computadora o simplemente su teléfono inteligente, proveer bienes y servicios sin depender de un empleador. Su función sería –además de compartir, intercambiar, alquilar, prestar o regalar-  la de un intermediario. Cosa nada nueva en la economía: ha existido desde el inicio del capitalismo. La diferencia reside ahora en la tremenda eficiencia con la que -mediante poderosos algoritmos que, casi instantáneamente, calculan ofertas, demandas, flujos y volúmenes-, las nuevas tecnologías analizan e definen los ciclos de oferta-demanda.

Por otra parte, en un contexto en el que el cambio climático se ha convertido en la amenaza principal para la sobrevivencia de la humanidad, los ciudadanos no desconocen los peligros ecológicos inherentes al modelo de hiperproducción y de hiperconsumo globalizado. Ahí también la economía colaborativa ofrece soluciones menos agresivas para el planeta.

¿Podrá cambiar el mundo ? ¿Puede transformar el capitalismo? Muchos indicios nos conducen a pensar, junto con el ensayista estadounidense Jeremy Rifkin [ix], que estamos asistiendo al ocaso de la 2a revolución industrial, basada en el uso masivo de energías fósiles y en unas telecomunicaciones centralizadas. Y vemos la emergencia de una economía colaborativa que obliga, como ya dijimos, al sistema capitalista a mutar. Por el momento coexisten las dos ramas: una economía de mercado depredadora dominada por un sistema financiero brutal, y una economía del compartir, basada en las interacciones entre las personas y en el intercambio de bienes y servicios casi gratuitos... Aunque la dinámica está decididamente en favor de esta última.

Quedan muchas tareas pendientes: garantizar y mejorar los derechos de los e-trabajadores ; regular el pago de tasas e impuestos de las nuevas plataformas ; evitar la expansión de la economía sumergida... Pero el avance de esta nueva economía y la explosión de un nuevo modo de consumir parecen imparables.  En todo caso, revelan el anhelo de una sociedad exasperada por los estragos  del capitalismo salvaje. Y que aspira de nuevo, como lo reclamaba el poeta Rimbaud, a cambiar la vida.

Notas

[i] Léase Rachel Botsman y Roo Rogers: "What's Mine is Yours: The Rise of Collaborative Consumption", Harper Collins, 2010.

[ii] En España, existen varias plataformas dedicadas a eso, por ejemplo : Etruekko (http://etruekko.com/) y Alkiloo (http://www.alkiloo.com/).


[iv] El diario online El Referente, en su edición del 25 de octubre de 2015, ha recogido las principales startups dedicadas a los viajes, la cultura y el ocio, la alimentación, el transporte y el parking, la mensajería, las redes profesionales, el intercambio y alquiler de productos y servicios, los gastos compartidos, los bancos de tiempo, la tecnología e internet, la financiación alternativa y fintech, la moda, los deportes, la educación, la infancia, el alquiler de espacios, los pisos compartidos y otras plataformas de interés. http://www.elreferente.es/tecnologicos/directorio-plataformas-economia-colaborativa-espana-28955

[v] Airbnb ya vale más que Hilton, el primer grupo de hostelería del mundo. Y más que la suma de los dos otros grandes grupos mundiales Hyatt y Marriot. Con 2 millones de alojamientos en 191 países, Airbnb se coloca por delante de todos sus competidores en capacidad de alojamiento a escala planetaria. Airbnb cobra 3% del precio de la transacción al proprietario y entre el 6% y el 12% al inquilino.

[vi] El concepto de prosumidor aparece por vez primera en el ensayo de Alvin Toffler, La Tercera Ola (Plaza&Janés, Barcelona, 1980), que define como tal a las personas que son, al mismo tiempo, productores y consumidores.

[vii] « Las Cosas » (1965) es una novela del autor francés Georges Perec. La primera edición en español (trad. de Jesús López Pacheco), fue publicada en 1967 por Seix Barral. En 1992, Anagrama la reeditó con traducción de Josep Escué. Es una crítica de la sociedad de consumo y de la trivialidad de los deseos fomentados por la publicidad.

[viii] Desde hace dos años, unos 6 millones de estudiantes se han puesto a seguir gratuitamente cursos online, difundidos por las mejores universidades del mundo.


[ix] Jeremy Rifkin, « La sociedad de coste marginal cero: El Internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo », Paidós, Madrid, 2014.

Ignacio Ramonet
Director de "
Le Monde diplomatique en español"




http://www.alainet.org/es/articulo/181197