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lunes, 2 de septiembre de 2013

BARRERAS A VENCER EN LA CONSTITUCIÓN DE LAS EMPRESAS SOCIALISTAS

  

28-08-2013

El socialismo parece ser una panacea para la sociedad; sin embargo, por mas penurias que vive el mundo ni pizca de socialismo, a lo más, socialismos políticos (de discursos) que no son suficientes para salvar a la clase trabajadora. El socialismo no termina de nacer porque no hay empresas socialistas que inicien el desarrollo de una nueva economía que le de viabilidad a una ideología, una cultura, una política, un derecho, y un Estado socialista. Si esta es nuestra situación hoy, entonces, ¿cuáles son las barreras que impiden el surgimiento de la nueva sociedad?

Un primera barrera es ideológica y es aquella que separa a los trabajadores de dirección de aquellos que administran y ejecutan las tareas de la empresa. Ni siquiera el desempleo que viven unos y otros es suficiente para unirlos. La falta de una empresa que los explote dispersa y neutraliza a los trabajadores, entregándolos a la desesperación y la desunión. Pero, cuando la empresa existe la ideología capitalista los separa con sus salarios, incentivos y diferencias de calidad de vida. Hace falta la unidad de intereses y valores que subyacen en una ideología socialista. Hace falta la empresa socialista que una los intereses de los trabajadores que ejecutan y con los que dirigen. He aquí el papel y las tareas de la vanguardia revolucionaria socialista.

La segunda barrera, que fácilmente puede ser la primera, consiste en que la vanguardia revolucionaria socialista no está preparada para dirigir las empresas sobre las que tiene la responsabilidad de transformar en socialistas. No sabe cómo hacerlas productivas y menos aún hacerlas crecer: no sabe cómo expandir la experiencia de las empresas socialistas a todos los sectores económicos del país. Esta vanguardia no sabe crear una economía socialista viable, sostenible y sustentable. Pero, quizás lo peor: no saben, que ese es su gran y único trabajo para la historia. Lo único de lo que saben, y a medias, es sobre la lucha política callejera. No comprenden, que no sólo se trata de tomar el poder político (para lo cual ya hay mucha división en la izquierda) de lo que realmente se trata es de crear una economía socialista que nos permita acceder a una nueva sociedad. Requerimos de una vanguardia de primera línea que sepa avanzar en lo político para abrir caminos a una economía que le de sustento a lo social: al socialismo.

La tercera barrera la conforman los sectores de la vanguardia revolucionara que asumen el hecho productivo como una forma de hacer política circunstancial y no como una forma de vida donde se construirán los valores y la economía socialista. El control político de las empresa, por parte de la clase trabajadora, es apenas (cuando se da) un comienzo cuyo riesgo de fracaso aumenta si no se conoce ni se asume la responsabilidad (ideológica y gerencial) de echarla adelante y hacerla crecer en forma socialista.

La cuarta barrera la conforma la visión de corto plazo de la vanguardia revolucionaria socialista; así como sus compromisos reaccionarios con la burguesía. La acción política diaria nos seduce y nos hace perder el rumbo. Pero, los compromisos con la burguesía nacional y el imperialismo convierten a esa vanguardia (como en el caso europeo) en grupos de reaccionarios y traidores, a los intereses de la clase trabajadora: promotores de catarsis social en lugar de cambios revolucionarios. De aquí la necesidad de que exista un plan de gobierno socialista y revolucionario mundial que apalanque la acción de toda la izquierda. Aquella, donde unos estén dedicados a construir las empresas socialistas, hasta lograr la hegemonía de la economía socialista; otros, dedicados a las actividades políticas, comprometidos hasta lograr la toma de poder y el resto comprometidos a construir la cultura y la educación socialista. Con esta estrategia los partidos y los movimientos sociales contarían con una dirección colectiva, multi-funcional y polifacética, donde el centro integrador sea el plan de gobierno socialista orientador, del esfuerzo conjunto de transformación de la sociedad.

La quinta barrera es el financiamiento y la prioridad que le dé el plan de gobierno socialista y la vanguardia a la conformación y formación ideológico-gerencial de la vanguardia económica socialista. Sin la esperanza puesta en la formación y en el impulso de las empresas socialista como vía para apalancar la toma del Estado burgués para transformarlo en socialista será imposible la construcción del socialismo. Venceremos y viviremos, que viva el socialismo, Carajo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


jueves, 22 de agosto de 2013

STALINISMO Y TROTSKYSMO








22-08-2013





La muerte de Lenin provocó la lucha política entre los partidarios de Stalin y los de Trotsky por captar el poder político de la Unión Soviética. Según Stalin, el socialismo podría ser alcanzado por Rusia por tratarse de un país gigantesco y con mucho recurso, en cambio Trotsky postuló la tesis de la revolución permanente, según la cual la revolución en un país atrasado como Rusia no podía sobrevivir a menos que la revolución triunfara en los países más avanzados del mundo. Trotsky creía que la historia le había jugado una broma pesada a la humanidad al crear condiciones revolucionarias en un lugar donde las bases materiales para dar cuerpo a las ideas socialistas no se habían alcanzado y que lo pasado en Rusia era el preámbulo de lo que debería suceder en Alemania o los Estados Unidos, le pareció imposible pretender la edificación del comunismo en la Unión Soviética por carecer ésta de una clase obrera desarrollada. También sostuvo que Stalin había sustituido la frase /el Estado soy yo,/del rey Sol, por /la sociedad soy yo,/y lo acusó de abandonar la revolución mundial por algo imposible, por la construcción del socialismo en un solo país, para lo cual, según Stalin, era necesaria la dictadura del proletariado. No pensaba así el marxista Plejanov, quien escribió que la dictadura de un partido termina siempre en la dictadura de una persona; por eso, para Trotsky, la de Stalin debía degenerar hasta constituirse en la negación misma del comunismo.

Trotsky era un impaciente que se dejaba arrastrar por su inmodestia y no lograba ocultar sus ambiciones personales, lo que le granjeaba el rechazo de algunos de sus camaradas. Proclamaba que el capitalismo jamás permitiría edificar una nueva sociedad y que sus ataques derrumbarían lo poco que se lograra erigir; asimismo, manifestaba que los rusos eran tan atrasados que, en el mejor de los casos, lo único que podrían establecer sería una caricatura del comunismo. Pero, a pesar de que era un conocedor erudito de la cultura europea y de su enorme preparación intelectual, fue derrotado fácilmente por Stalin no sólo porque éste supo extraer pingüe provecho del ancestral antisemitismo del pueblo ruso, y Trotsky era judío, sino porque controlaba el Partido Comunista.

Stalin no era eslavo sino georgiano, y según un decir ruso, por donde pasa un georgiano un judío no tiene nada que hacer. También fue un típico capricorneano: testarudo y tan diamantino de voluntad que sus mandatos eran inamovibles; le sobraba astucia para urdir todo tipo de intrigas; tenía la paciencia de una araña que espera a su víctima en un rincón, una ambición sin frontera y no se conocía ni lo que pensaba ni lo que deseaba. Dominaba el don de la ubicación, siempre maniobraba para estar en mayoría y en los lugares y momentos precisos. Mientras que sus camaradas dirigían el ejército, la seguridad y los sindicatos, creyendo estar más próximos al poder, él tomó un puesto que todos despreciaron, la Secretaria General del Partido Comunista de la Unión Soviética y, a través de sus organismos, controló todos los resortes del Estado. Supo sacar ventaja de las debilidades y aspiraciones de sus adversarios: se unió con Zinoviev y Kamenev para vencer a Trotsky; y con Bujarin para derrotar a Zinoviev y Kameniev. Después no le costó trabajo terminar con Bujarin, que quedó totalmente aislado.


La verdad es que tras las bizantinas discusiones sobre la revolución permanente y la fiel interpretación del legado de Lenin estaban ocultos los intereses de las distintas fracciones revolucionarias que luchaban por la toma del poder. Finalmente triunfó Stalin, y Trotsky, luego de ser expulsado del partido comunista, se exilió y organizó la "Oposición de Izquierda Internacional" a través de una facción de la Tercera Internacional. Luego de la llegada de Hitler al poder en la Alemania Nazi y de la persecución de los comunistas en Europa, Trotsky formó la Cuarta Internacional, se exilió en México, donde fue asesinado por Ramón Mercader, un personaje oscuro de la historia del que se sospecha que era agente de los servicios secretos soviéticos.


El stalinismo fue la época de la más dura represión en la Unión Soviética, pero no comenzó así, en un inicio se reprimía a la gente con la intención de reeducarla. Las construcciones de los canales Mar Blanco-Báltico y Moscú-Volga fueron, según el decir de esa época, eran escuelas de transformación de las clases parasitarias en clases útiles. Todo eso fue visto con buenos ojos por el pueblo ruso, que lo conjeturó una posibilidad de superar el ayer y obtener del hombre sus mejores cualidades. ¿Acaso no debe ser el trabajo la mejor manera de perdonar los pecados del pasado? La inmensa mayoría de los condenados a veinte años prisión por sus actividades contrarrevolucionarias fue liberada por buena conducta después de tres años de trabajo forzado. Esta "magnanimidad" duró hasta el treinta y cuatro, cuando Stalin inició su sanguinaria orgía incluso contra los comunistas.


En ese entonces se aceptaba que todos los ajusticiados debían estar involucrados en algún monstruoso complot, nadie podía suponer que se los hubiera detenido y juzgado de ser inocentes. ¿Cómo no creer en la culpabilidad de los condenados si muchos de ellos se presentaban en público, confesaban a voz en cuello sus horribles crímenes y clamaban por ser castigados con la pena máxima? ¿Cómo imaginar que todo eso fuera una farsa? Por otra parte, la gente se percataba de las exageradas e inexplicables detenciones, más que nada por el carácter masivo del fenómeno, pero querían ignorarlo pensando: ¡Ah! ¡con que fulanito ha sido un enemigo del pueblo! ¿quién lo hubiera dicho?, y se alegraban de no haber sido ellos mismos las víctimas y continuaban con su intranquilo sueño durante las madrugadas.


Para entender lo que pasó en aquella época basta con ver un sólo caso. Bujarin, en su libro “La Economía en el Período de Transición”, dio una detallada clasificación de los grupos sociales que debían ser liquidados con la finalidad de construir el socialismo, la lista parece interminable: los directores de la producción, el mando militar y espiritual, los banqueros, los altos burócratas del Estado, la grande y pequeña burguesía, los profesionales, científicos y, en general, toda la inteligencia técnica.


Lo llamaban “El amado de Lenin” y fue fusilado en 1938 luego de ser condenado en los famosos juicios públicos de 1936 cuando se declaró culpable del grave delito de traición. Con lágrimas convincentes en los ojos pidió la pena máxima para sí por deslealtad con su pueblo al haberse vendido a sus enemigos de clase y por ser un agente del nazi-fascismo. Hoy se sabe que aquellos juicios fueron una farsa y que al actuar así salvaba, según previo acuerdo con la tiranía, la vida de su joven y amada esposa. Su patética declaración persuadió incluso a Joseph Davis, autor del libro “Misión en Moscú”, quien sostuvo que la Unión Soviética no sería derrotada por la Alemania Nazi porque había eliminado a tiempo su quinta columna. Se refería a la orgía de sangre desarrollada en los trágicos años cuando él fue el primer Embajador de los Estados Unidos en ese país.


En 1988, durante la “Perestroika”, se destapó parte de la horrible tragedia. Uno de los testimonios que más hondo caló en el corazón de la sociedad mundial fue el de la viuda de Bujarin. ¡Quién lo creyera! ¡Cincuenta años después del asesinato de su esposo, vivía todavía la viuda que apenas tenía setenta y tantos años!


Bujarin, viendo eliminar uno a uno a sus antiguos camaradas y al presentir su futuro arresto, escribió un hermoso ditirambo titulado “A Las Futuras Generaciones”. En él, a más de execrar la tiranía, revelar su ideal político y proclamar su inocencia, pregonaba su firme lealtad al comunismo, en cuyo nombre ofrendaba la vida, confiando en que la historia tarde o temprano le daría la razón. Este largo documento histórico, imitando a los antiguos rapsodas, lo aprendió de memoria su cónyuge repitiéndolo todos los días algunas veces ante él. Por eso, cuando las pesquisas, lo arrestaron y confiscaron cuanto papel encontraron luego de espulgar hasta el último escondrijo de su vivienda, no pudieron hacer lo mismo con su testamento político por estar oculto en los intrincados laberintos del cerebro de esta valiente mujer.


¡Pasado medio siglo, la viuda recitaba ante una asombrada prensa el testimonio escamoteado en los juicios del año 1936!, como si fuera un médium trasmitía el mensaje de ultratumba de un optimista Bujarin, que ella había guardado en su férrea memoria a través de largos años de desolación, y a pesar de todo su infortunio nunca perdió la esperanza de que viniesen días mejores. Sin embargo, la tragedia de su marido fue completa, su ideario político se conoció demasiado tarde, cuando ya el pueblo ruso había perdido la confianza en todo lo que sonaba a comunismo.

En Stalin se concentró toda la tragedia de los pueblos de la Unión Sovética, porque en la URSS nacían, crecían y morían bajo su férula protectora; sólo a él se lo oía opinar sobre política, literatura y arte, veían las películas que le gustaban, cantaban sus canciones predilectas, escuchaban los chistes que lo hacían reír y, en general, vivían un estilo de vida que él aprobaba con meticuloso detalle. La intolerancia y delirios de grandeza de los rusos son y fueron asimismo frutos de su psiquis.


Con la muerte de Stalin, en 1953, se produjo por parte de Kruschev la crítica a sus métodos y al denominado culto de a la personalidad del camarada Stalin. Pero ¡cómo podía Kruschev intentar desestalinizar la Unión Soviética si en el fondo él mismo era un stalinista!, por haber formado parte de las troikas, grupos formados por tres dirigentes del partido que condenaban a muerte a cualquier inocente sin apelación alguna.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


lunes, 19 de agosto de 2013

LA PROPIEDAD EN EL SOCIALISMO


 

17-08-2013


La eliminación de la propiedad privada sobre los medios de producción de mercancías constituye la meta sobre el que debe transitar el socialismo para construir el comunismo. El transito de la propiedad privada capitalista a la propiedad socialista (o de los trabajadores) debe culminar con la eliminación de la propiedad sobre los medio de producción; es decir, con una economía comunista. Un comunismo donde la producción y distribución organizada y justa de mercancías, en consonancia con las necesidades de los seres humanos, no haga necesario el dominio exclusivo y excluyente de unos pocos capitalistas sobre la mayoría trabajadora. Un modo de producción comunista que garantiza la mejor calidad de vida para todos los seres humanos, en virtud de igualarnos como trabajadores productivos: sin que existan personas que vivan del trabajo de los otros.

La propiedad privada sobre los medios de producción de mercancías expresa elementos ideológicos que refuerzan el extrañamiento de los trabajadores respecto a las ganancias del proceso productivo; esto, justifican el poder de apropiación del capitalista sobre las ganancias. El trabajador asume los medios de producción y su propio trabajo como ajenos.

Por otra parte, el extrañamiento (o enajenación) del producto del trabajo respecto al trabajador tiene consecuencias ideológicas importantes al momento de crear empresas socialistas. El primer gran reto de las empresas socialistas propiedad de sus propios trabajadores consiste en romper con la ideología capitalista que le hace ver como natural que el producto de su trabajo le es ajeno: que la ganancia de la empresa no tenía nada que ver con él. Ahora en la empresa socialista el producto de su trabajo le pertenece; esto es, tanto las mercancías o servicios que produce como los ingresos que se obtienen de su venta. De aquí que romper con la ideología capitalista pasa por instaurar una ideología socialista que permita que el trabajador acepte como natural que él, su colectivo productivo y su clase trabajadora se benefician de la totalidad de lo que produce su empresa socialista. Sin embargo, tal cambio ideológico pasa por asumir algunos elementos psicológicos que subyacen en la propiedad privada y que de asumirlos los trabajadores le darían viabilidad a las empresas socialistas. El primero de ellos consiste en crear un vínculo significativo entre los trabajadores y la empresa socialista que les impulse a querer pertenecer a la misma, haciendo propios y únicos para empresas y trabajadores intereses, valores y objetivos. Para lograr esto, la dirección, la gerencia y la supervisión de la empresa socialista deben hacerse responsables de los trabajadores, más allá del hecho productivo, como persona; a fin de que en la relación ganar- ganar se creen sentimientos de arraigo, compromiso e identidad. Con base en este lazo de pertenencia mutua entre empresa (dirección, la gerencia y la supervisión) y trabajadores se pueden construir acciones dirigidas a integrar a los trabajadores en las actividades de planificación; esto, a fin de que se obligue al trabajador a hacerse consciente del vinculo que existe entre su calidad de vida y la rentabilidad de su empresa. En esta fase de desarrollo del modo de producción socialista el trabajador ya no es extraño a los intereses de la empresa y en cuanto tal se compromete con las metas planeadas, con el destino de su trabajo y con las ganancias del colectivo de trabajadores; así como, con los beneficios del resto de su clase trabajadora.

La propiedad de los trabajadores sobre la empresa socialista pasa por un compromiso que lo lleve a querer conocer y responsabilizarse por las ganancias y los gastos de empresa socialista. Como su trabajo ya no le es ajeno, el trabajador puede asumir ideológica y conscientemente la propiedad colectiva de la empresa socialista.

Por otra parte, la suma de estas empresas socialista en su fase de hegemonía económica le dará forma a una ideología socialista que será la base de las relaciones sociales dentro y fuera de la empresa; relaciones de donde emergerá el Estado socialista, como super estructura. Pero antes, las empresas socialista coexistirán y competirán, por mucho tiempo, con las empresas capitalista hasta que demuestren ser más eficiente y eficaces en la producción y distribución organizadas de mercancías para la humanidad. Finalmente, cuando ya no sea necesaria la propiedad colectiva de los trabajadores por cuanto esta también entorpece la circulación plena de mercancías entre los seres humanos, entonces y solo entonces, estarán dadas las condiciones para el desarrollo de una economía y una sociedad comunista. Estarán dadas las condiciones para una nueva humanidad. Viviremos y venceremos, que viva el socialismo, Carajo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.