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miércoles, 24 de junio de 2020

LA CONSTRUCCIÓN MEDIÁTICA DEL CORONAVIRUS Y LOS INTERESES CREADOS DETRÁS DE LA GRAN RECLUSIÓN



·        Isaac Enríquez Pérez
23/06/2020
“Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más para temer menos”. (Marie Curie).

En principio y como lo señalamos en otros espacios, más allá de conspiranoias encubridoras, existe un virus. Específicamente, un coronavirus llamado SARS-CoV-2 que no fue inventado en un laboratorio –si creemos esto tendríamos que asumir también la posibilidades de que lo implantaron extraterrestres–, sino que al ser alojado en el organismo humano, produce una enfermedad llamada Covid-19. Oficialmente, ante ello se decretaron confinamientos que aislaron a alrededor de 6000 millones de seres humanos, como medida preventiva para detener el contagio del nuevo mal.

Lo anterior no es ninguna sorpresa: los seres humanos vivimos inmersos en virus y bacterias como parte de la contradictoria relación sociedad/naturaleza. Esos patógenos son consustanciales en los procesos de adaptación, co-evolución y de los equilibrios de los ecosistemas. De ahí que la actual crisis epidemiológica global está estrechamente relacionada con el colapso climático. Cuando esos virus y bacterias ven diezmadas las barreras que les separan de los humanos, provocaron –a lo largo de la historia de la humanidad– enfermedades contagiosas, y se reaccionó ante ello a través del aislamiento físico de los individuos y familias. Lo contrario, significa mayor muerte, desolación y dolor humano. Hasta allí, nada nuevo bajo el sol pandémico de los últimos meses.

Lo inédito en el primer semestre del año 2020 es el cambio de ciclo histórico inducido (https://bit.ly/3fULDsl), que se compagina con –y es antecedido por– la crisis estructural del capitalismo que nutre lo que podríamos llamar una crisis sistémica ecosocietal. También señalamos que la declarada pandemia protagonizada por el SARS-CoV-2 es un hecho social total, que cimbra los fundamentos de las instituciones, estructuras y relaciones del conjunto de la sociedad. Sin embargo, como tal no es fruto de la generación espontánea, ni responde a la lógica propia de las calamidades y eventos catastróficos naturales. Responde, más bien, a decisiones y acciones sociales concretas que le dan forma a los acontecimientos. Esto es, existen fuerzas, agentes, actores y poderes fácticos concretos que tomaron esas decisiones e indujeron no sólo una gran reclusión, sino el agravamiento del colapso mismo de la economía mundial.

El apocalipsis mediático (https://bit.ly/3esaRhl) y la desinfodemia (https://bit.ly/2YrkO8U) sembrados desde la industria mediática de la mentira, presentan a la actual crisis sanitaria como algo natural; como un accidente que se atravesó en el ascenso progresivo, meteórico e ilimitado de la humanidad (una crisis transitoria, declararían, con desatino, algunos gobernantes). Sin embargo, esta magnificación mediática del virus no fue obra de la casualidad; sino resultado de intereses creados que perfilan decisiones concretas en torno a una excusa –más que a una causa profunda– que perfila la reestructuración de la economía mundial. En este escenario, buena parte de los Estados –en primer lugar, pero no solo ellos– se erigen en generadores de noticias falsas y conforman una narrativa fundamentada en el síndrome de la desconfianza, el miedo, el pánico y la manipulación emocional. Ello se complementa con la postración de estos Estados (https://bit.ly/2Z3YYre) y la ineficaz operatividad en sus reacciones ante la irradiación global del virus.

Entre esa magnificación mediática, se arguye sin responsabilidad alguna y con una narrativa bélica que el coronavirus es un “enemigo común” y que –como tal– detonó la crisis de la economía mundial. Entonces, bajo el imperativo de “salvar vidas”, esbozado por el nuevo Estado sanitizante de excepción, se justifica el parón de las economías nacionales y la gran reclusión.

Sin embargo, es necesario mostrar indicios de un mínimo análisis sociológico para comprender la correlación de fuerzas que está detrás de las decisiones tomadas en torno a la magnificación mediática de la pandemia, el parón de amplios segmentos de la economía mundial, los confinamientos y la apertura de un nuevo ciclo histórico a partir de esta coyuntura.

En principio, es necesario reconocer que los mercados son finitos y que la fase expansiva e integradora del capitalismo llegó a su fin con la incorporación –a partir de 1991– de las áreas de influencia de la antigua Unión Soviética, en lo que fue un nuevo proceso de acumulación originaria del capital tras el desmonte del modo de producción estatista con economías centralmente planificadas. Cumplido este proceso y agotados los territorios para la expansión irrestricta de la acumulación del capital, los últimos resquicios que le restan al capitalismo para mantener a flote su modelo de crecimiento económico ilimitado regido por el consumismo y la obsolescencia tecnológica programada, es el de las tecnologías de las llamadas energías alternativas en el marco de un Green New Deal y del control privado de los recursos naturales.     

A su vez, las élites plutocráticas despliegan –durante el último lustro– una lucha desenfrenada y sin cuartel por la defensa de dos concepciones y modelos contrapuestos de capitalismo. Por un lado, los acaudalados grupos bancario/financieros globales que –a través del proceso de financiarización de la economía mundial– condujeron el dislocamiento de las actividades especulativas respecto a la fase de producción. Nos referimos a grandes bancos, fondos de inversión, aseguradoras y agencias financieras y calificadores, que aprovechan la globalización y los flujos irrestrictos de capital para afianzar un patrón de acumulación rentista, informacional, ficticio/especulativo y parasitario, En estos grupos financieros globales sobresalen nombres como Goldman Sachs, Citigroup, Bank of America, Wells Fargo, Black Rock (fondo de inversión que hacia el 2019 administró 6960 billones de dólares), Vanguard Group (con 5600 billones de dólares), Charles Schwab (3360 billones de dólares), JP Morgan Chase (2780 billones de dólares), y State Street Global Advisors (2700 billones de dólares).

Estos y otros bancos y fondos de inversión –que pueden llegar a manejar hasta 4 cuatrillones de dólares–, a su vez, son aliados del complejo militar/industrial de los Estados Unidos, del llamado Deep State (Estado profundo) de esta nación, de los contratistas del Pentágono, los corporativos de la economía informacional (Facebook, Amazon, Twitter, Microsoft, Apple, Google, etc.), del Big Oil, del Big Pharma –con sus tentáculos en la Organización Mundial de la Salud (OMS)– y de los grandes mass media (CNN, CNBC, The New York Times, The Washington Post). El Foro Económico Mundial de Davos, George Soros, Bill Gates, la Comisión Trilateral, la Familia Rockefeller y sus fundaciones filantrópicas, son solo algunos de los rostros visibles de estos grupos.

Más aún, la llamada Alianza Democrática, creada en el 2005, y relacionada con la dinastía Clinton, atrae a caras visibles como el mismo George Soros, Pete Lewis y Rob Stein (antiguo alto funcionario del gobierno de Bill Clinton), así como a los intereses corporativos del complejo comunicacional, cinematográfico y tecnocientífico. Anclados al dogma del libre mercado y a ideales progresistas, financian movimientos sociales, grupos de desestabilización política, y organizaciones no gubernamentales que reivindican causas feministas, homosexuales, ambientalistas, pro derechos humanos, pro derecho a la información, etc. Bajo la premisa –estipulada en los libros escritos por Soros– de que el caos y las crisis son la mejor oportunidad para generar mayores ganancias, promueven la noción –tras asumir una ideología de más mercado, menos Estado– de un gobierno global a través de las finanzas.   

Por otra parte, despunta un grupo industrialista y regido por el nacionalismo económico, que si bien perdió protagonismo en las últimas cuatro décadas, su poder económico y político se mantiene latente. El rostro visible es el grupo ultraconservador, supremacista y compacto que se nuclea en torno a Donald J. Trump, y que proclama los lemas de “Make america great again” y “America first”. Este grupo, a su vez, tiene el respaldo de las viejas aristocracias europeas, el Vaticano, y los agentes financieros de Hong Kong, Singapur y de la City de Londres. Con la red Koch como principal financista, y que cohesiona a Koch Industries Inc. y a múltiples empresarios del petróleo y la minería. Apuntalada esta plutocracia a través de las alianzas estratégicas con las élites políticas chinas y rusas. En última instancia, el objetivo del movimiento político cuya imagen visible es Trump consiste en la erosión sistemática y la destrucción definitiva de los Acuerdos de Bretton Woods –y de sus organizaciones emblemáticas: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial–, así como del patrón de acumulación regido por modelo petro/dólar.

Como esta lucha plutocrática no es viable dirimirla a través de una guerra nuclear que podría comprometer la misma existencia y estabilidad de estas élites, las disputas se presentan en el ámbito mediático o entre las facciones con las cuales están aliados estos grupos antagónicos en múltiples naciones.

La finalidad de las élites y plutocracias financieras y de sus fundaciones filantrópicas (Open Society Foundations, Bill & Melinda Gates Foundation, The Rockefeller Foundation) es el control y reducción del crecimiento poblacional, la (re)concentración de la riqueza, la quiebra masiva de la economía real, el hiper-desempleo, y la exacerbación de la desigualdad social. Estas tres últimas se perfilan como alternativas para desprestigiar a Donald Trump ante sus bases electorales y socavar el poder de la élite nacionalista que pretende desmantelar al viejo establishment político de Washington. Si para ello es necesario propiciar las condiciones y la percepción para un confinamiento masivo, se echa mano de la magnificación mediática y de la mentira en aras de sobredimensionar los riesgos de un virus. Incluso, si el dispositivo de poder del coronavirus, no funciona para defenestrar al señor Trump, la plutocracia financiera global ahora financia los movimientos contra el racismo que incendian Estados Unidos, con la finalidad de desestabilizar al gobierno de Trump y ponerlo contra las cuerdas en aras de evitar su reelección en noviembre próximo. Como no funcionó el expediente del juicio político contra el mandatario estadounidense, se recurrió a la pandemia y a las protestas financiadas.   

En el caso de la crisis epidemiológica global, que ya cruza lo que va del año 2020, la declarada pandemia del COVID-19 se configura como un dispositivo de poder y dominación a través de la mentira mediática y los consensos que ello genera.     

¿Cómo funciona la manufactura del apocalipsis mediático relacionado con la proclamada pandemia? La clave en esta lucha entre élites plutocráticas pasa por el control de los mass media convencionales. A través de ese control, no solo se ataca permanentemente al señor Trump, sino que desde ellos y sus correas de transmisión al interior de las naciones alineadas, se despliega un poder sobre los jefes de Estado y de gobierno, con el fin de abonar a acatar los lineamientos en torno al manejo de las distintas crisis mundiales. Lo contrario, supone que con estos medios se les puede destruir en su carrera política y credibilidad. Entonces, esas alianzas entre las élites bancario/financieras globales y las élites políticas nacionales pueden ser por convencimiento y consentimiento mutuo, pero también a través de apoyos de distinto tipo, sobornos e, incluso, chantajes, sometimientos y desprestigios mediáticos.

Estos mass media y los gobiernos alineados reproducen un discurso bélico fundamentado en el miedo, el pánico y la manipulación emocional a partir del posible riesgo ante la enfermedad y la pérdida de la vida. Pero no solo estos poderes fácticos lo hacen: la misma OMS con 118 000 casos en 114 países, y con 4291 personas que perdieron la vida al 11 de marzo (https://bit.ly/2BvGBDG), declararon son celeridad y sin suficiente fundamento como pandemia a esta enfermedad del Covid-19.

Entonces se crean las condiciones emocionales a partir de la idea –repetida hasta la saciedad– de que existe un patógeno maligno e infeccioso que se contagia por la cercanía y el contacto físico; que goza de ubicuidad al posar en objetos y superficies; que aún infectados, los individuos se enfermarán de manera asintomática, y que –pese a ello– serán un foco de infección para otros. Difundido así, es para paralizar el cuerpo y la mente de cualquiera, hasta ser presa del miedo y el pánico. Esta narrativa mediática, se convierte en un insumo perfecto para controlar sensaciones, pensamientos, comportamientos y hábitos, pese a que la letalidad del Covid-19 es del 1%.

A partir de lo anterior y asumiendo los dispositivos de la era del capitalismo de vigilancia (noción introducida por Shoshana Zuboff), se crearon las múltiples condiciones para el confinamiento y su simultaneidad, en lo que podría ser un ejercicio masivo y global en tiempo real. Y éste ejercicio se emplea como justificación del colapso económico y del desempleo masivo. Entonces, la gran reclusión se emplea con el objetivo oculto de emprender transformaciones radicales de la economía mundial, y, sobre todo, en el campo laboral.

Sin embargo, cuando la mentira se impone como racionalidad, lo que se encubre es el hecho de que el confinamiento global ni el parón de amplios segmentos de las economías nacionales representan soluciones viables ni estrategias efectivas ante la crisis epidemiológica. Por el contrario, los perjuicios –desempleo, aumento de la pobreza, mayor desigualdad, probables hambrunas, enfermedades mentales– gestados con la gran reclusión serán mayores que los efectos negativos infligidos en la salud humana por el coronavirus SARS-CoV-2.

Entonces, lo que se perfila con estas decisiones es la quiebra premeditada e inducida de la economía mundial con miras a reestructurar el paradigma tecnológico y a transitar a una sociedad de los prescindibles donde las principales víctimas serán –ya lo son– las clases trabajadores (tan solo en los Estados Unidos se registraron, al 18 de junio, 45,7 millones de desempleados). Lo que también se disputa en este proceso es la reafirmación o no del patrón energético y extractivista, opuesto al patrón de acumulación de las llamadas energías limpias, de la robotización y la inteligencia artificial. De ahí que el Foro Económico Mundial, desde principios de junio, hable de una estrategia denominada the great resert del capitalismo (https://bit.ly/2YqyFMN), con miras a reestructurar la educación, las relaciones laborales y los contratos sociales.

Este proceso a gran escala de monopolización extrema de la economía mundial y de reconcentración del capital y la riqueza, supone –además de lo que podemos denominar como consenso pandémico– un avasallamiento sistemático de la fuerza de trabajo, con la consustancial precarización de las clases medias y en condición de pobreza, a través de la destrucción de empleos, Lo que también supone una destrucción de las clases medias. Si los Estados Unidos se acercan a los 50 millones de desempleados, serán, en realidad, 200 millones de seres humanos (a razón de cuatro miembros por familia) los que se precipitarán en una situación de pauperización social.

La masiva transferencia de recursos públicos a manos privadas bajo el pretexto de evitar la quiebra de empresas y el despido de trabajadores, adquiere sentido con la pandemia como gran excusa manipulada. Hacia el 2016, ya se perfilaba la necesaria recapitalización de buena cantidad de bancos italianos (https://bit.ly/3fUMqcN) amenazados, entonces, por la quiebra. Con la crisis sanitaria –de la cual Italia es uno de los epicentros–, las cuantiosas deudas de 114 bancos quebrados serán condonadas o desgravadas. En ello radica la fragmentación de la Unión Europea respecto a los rescates que se pretenden para los países del sur del continente. 

Este cambio de ciclo histórico (https://bit.ly/2YpCNgd), en el contexto de la crisis sanitaria está en función de una sofisticada operación y de decisiones perfectamente meditadas por los poderes fácticos. De ahí que los escenarios y acontecimientos desplegados en los últimos meses no son casuales, accidentales, espontáneos o sujetos a una calamidad sobrenatural.

Para esta industria mediática de la mentira, que explota la veta del pánico y la vulnerabilidad humana, el efecto negativo indeseado o el daño colateral socioeconómico de la pandemia es el hiper-desempleo, la pobreza, la muerte, la vulnerabilidad, la angustia y la ansiedad. Entonces –como se trata de pasar la factura de esta inducida quiebra de la economía mundial–, esta plutocracia bancario/financiera y sus fundaciones filantrópicas abogan por postergar el confinamiento global y la reactivación de las actividades económicas. De ahí la presión mediática y médica para alargar la gran reclusión y continuar con la suspensión de la vida económica y el distanciamiento social atomizador.

Es muy probable que ello sea lo que explique las reticencias de gobiernos conservadores como el de Donald Trump y Jair Bolsonaro a mantener el encierro y el parón económico. O la dosificación que hace el gobierno mexicano del confinamiento, sin forzarlo ni estipularlo como obligatorio, en un escenario dramático que sitúa a alrededor del 60 % de la población en la economía informal. Es evidente la displicencia del gobierno mexicano ante un problema sanitario mediáticamente magnificado; y ello se evidencia con su llamado al retorno en múltiples actividades económicas. Es muy probable que algo sepan estos gobernantes en torno a las luchas que están detrás de la declarada pandemia.

Más aún, en un informe oficial (https://bit.ly/3dnUEIr) encargado por el Ministerio del Interior del gobierno alemán a expertos en diversos temas (desconocido por dicha agencia pública y que vio la luz a través de las filtraciones a la prensa), se concluyó que la peligrosidad y letalidad de la enfermedad Covid-19 fue sobreestimada; al tiempo que en dicho informe de le categorizó como una “falsa alarma global”. El documento indica que en el mundo las muertes por Covid-19 (250 mil hacia principios de mayo) está dentro de los parámetros normales cuando los cuerpos de personas ancianas y débiles en su salud, se exponen a la gran cantidad de virus que les rodean. Esa cifra –indica el informe– está por debajo del millón y medio de muertes por la ola de de gripe o influenza suscitada entre 2017 y 2018. De igual manera, se denunció que alrededor de 52000 cirugías para el tratamiento de distintos tipos de cáncer fueron aplazadas en Alemania (https://bit.ly/31475Xz) por privilegiar la atención al Covid-19. Los riesgos por esta decisión serán evidentes dentro de poco tiempo

El otro gran tema es el relativo a los indicios que apuntan a que en países europeos como Italia, España, Francia y otros, las poblaciones de ancianos y sus residencias o asilos padecieron negligencia y abandono durante los primeros meses de la pandemia (https://cnn.it/3dnUMaT y https://bit.ly/312HiPw), aumentado con ello su vulnerabilidad y el riesgo de muerte ante el virus.

Por último, pero no al último, es de destacar la importancia del análisis que enfatice en los poderes fácticos que están detrás de toda decisión pública. Al margen de las interpretaciones mediáticas y de las noticias falsas (fake news) que le dan forma a la era de la post-verdad, lo relevante es que las sociedades se acerquen a información confiable que ayude a romper con el miedo, el pánico y el consenso pandémico, que serán más nocivos que el mismo coronavirus. Lo que también está en juego es el tipo de cultura política que construyen para sí los pueblos; en tanto antídoto de cara a los intereses creados de quienes controlan las decisiones en el capitalismo contemporáneo.

Isaac Enríquez Pérez
Académico en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Twitter: @isaacepunam






miércoles, 21 de diciembre de 2016

LA MASACRE DEL MERCADO NAVIDEÑO EN BERLÍN ES PROBABLEMENTE UNA FALSA BANDERA






Global Research, 21 de diciembre de 2016

Descuento ISIS reclamando la responsabilidad. Alemania junto con Estados Unidos, otras naciones de la OTAN y socios de Oriente Medio (Arabia Saudita, Qatar Turquía) apoyan al grupo terrorista ISIS-Daesh. UN
 
Ampliamente documentada, la alianza militar occidental es el patrocinador estatal tanto de Al Qaeda como del ISIS. ¿Por qué ISIS "mordería la mano alimentándola", proporcionándola armas? ¡No tiene sentido!

Las reivindicaciones de responsabilidad carecen de credibilidad sin pruebas verificables. Ninguno hasta ahora existe. Lo que se sabe sobre el incidente del lunes sugiere la responsabilidad de la bandera falsa.

Son identificables como identifican las huellas dactilares. Están estratégicamente programados para un propósito. Están diseñados para capturar los titulares del mundo, ocultar la responsabilidad del perpetrador, y apuntar con los dedos a un patsy conveniente o patsies.

El miércoles, los informes indican policía de Berlín encontraron documentos de identidad (al parecer un pasaporte) que pertenecen a un tunecino llamado Anis A. en la cabina del camión utilizado para matar y herir a decenas el lunes.

Después de un anterior ataque de bandera falsa, un dibujo animado en medios independientes mostraba a un individuo vestido de negro, una chaqueta suicida atada a su pecho, con el dedo en el mecanismo de disparo, comentando "olvidé mi pasaporte" - burlándose de lo absurdo De un delito que deja identificando los documentos en la escena del crimen, haciendo la captura más fácil.

La madre del 11-S de todas las falsas banderas proporcionó un tesoro de información, mostrando lo que sucedió fue diferente a la narrativa oficial. Lo más obvio era ¿cómo podría un puñado de terroristas superar a las 16 agencias de inteligencia de Estados Unidos, incluyendo la sofisticada NSA escuchando a alguien o algo sospechoso en ese entonces?

Ninguna evidencia implicaba a Al Qaeda. Las reclamaciones oficiales del 11 de septiembre eran contradicciones de principio a fin y falsas noticias, interminables guerras imperiales siguiendo el elaborado engaño.

Las banderas falsas son una tradición occidental, notablemente en América. ¿Fue el lunes el ataque de Berlín y el mismo día el asesinato del embajador de Rusia en Turquía los últimos ejemplos?

¿Están las manos sucias de la CIA involucradas en uno o ambos incidentes? ¿Están vinculados a la liberación de Alepo, Rusia, Irán y Turquía cooperando trilateralmente en el cese de las hostilidades y la resolución de conflictos en Siria, excluyendo la participación estadounidense, junto con el temor jihadista a presionar a Trump para que siga librando guerras imperiales y quizás otras razones?

Cuando se trata de la geopolítica, las cosas rara vez son como parecen. La verdad es diferente de lo que se ha informado ampliamente.

Stephen Lendman vive en Chicago. Él puede ser alcanzado en [email protected] .
Su nuevo libro como editor y colaborador se titula "Flashpoint in Ukraine: How the US Drive for Hegemony Risks WW III."
Visite su sitio de blog en sjlendman.blogspot.com.
Escuche las discusiones de vanguardia con invitados distinguidos en la hora de las noticias de la radio progresiva en la red de radio progresiva.
La fuente original de este artículo es Global Research
Copyright © Stephen Lendman , Global Research, 2016

sábado, 10 de diciembre de 2016

QUÉ SE ESCONDE TRAS LOS ESCÁNDALOS DE EVASIÓN FISCAL QUE ESTÁN SALIENDO A LA LUZ




viernes, 9 de diciembre de 2016

¿Se han preguntado ustedes por qué razón, estos últimos años, se han revelado tantos y tantos escándalos de evasión fiscal en paraísos fiscales, por parte de ricos, multimillonarios y grandes corporaciones?

Posiblemente, la mayoría de gente lo vea con indignación y sea precisamente, esa indignación, la que le impida hacerse las preguntas pertinentes o adquirir una perspectiva más amplia de los hechos.
El mensaje que se nos repite como un mantra, por parte de todos los medios de comunicación, es que “se tiene que perseguir la evasión y el fraude fiscal” y que si “no hubiera tantos evasores fiscales, nuestros estados podrían funcionar mucho mejor”. 

Y el mensaje, obviamente, es cierto. 

No obstante, todo lo que estamos viendo, como por ejemplo, los escándalos de los “Panama Papers” o de los “Football Leaks” de turno, no aparecen por casualidad. 

Cumplen una función: están sentando las bases para el Nuevo Orden Mundial. 
Es una operación a gran escala, cuyo objetivo es reconfigurar la economía y la sociedad a medida de las élites, pero consiguiendo a la vez, la conformidad total y sumisa de la propia sociedad para ello. 

Un mundo en el que las multinacionales tendrán un control total y absoluto sobre nuestras vidas y cuyo poder estará por encima del de los estados.

Y lo más grave es que van a conseguir que la población lo aplauda como un logro. 

Estos son los pasos que creemos que está siguiendo esta operación a gran escala … 

1. LA CRISIS 

El primer paso indispensable, ha sido crear una gran crisis internacional, basada en el endeudamiento de los estados occidentales.

Los estados, especialmente los europeos, se han visto incapaces de afrontar sus obligaciones para mantener el conocido como “estado del bienestar”.

En estos momentos, muchos países no pueden financiar la sanidad, la educación, el mantenimiento de las infraestructuras, la seguridad, el pago de las pensiones, etc…

Como consecuencia directa de esta crisis de deuda de los estados, han empezado a producirse privatizaciones de las funciones públicas, que recaen en las grandes empresas multinacionales de forma paulatina.

Eso ha provocado una oleada de descontento social y críticas al establishment político, que se presenta, no solo como corrupto, sino como ineficaz.

2. EL CULPABLE

Ante la situación de crisis de los estados y su incapacidad para hacer frente a sus obligaciones, ha empezado a presentarse un culpable de forma insistente: la evasión y el fraude fiscal.

Se nos ha empezado a vender el argumento de que “si no hubiera fraude fiscal, el estado podría afrontar todas sus funciones sin problemas”.

De esta forma, se culpa de muchos de los efectos de la crisis al elevado nivel de evasión fiscal, tanto de individuos como de empresas, así como a la economía sumergida.

Los medios de comunicación juegan un papel indispensable y el tema se convierte en protagonista tanto de mítines políticos como de tertulias periodísticas, todos vomitando la misma consigna, repetida como un mantra hipnótico: “se debe perseguir el fraude fiscal, se debe perseguir el fraude fiscal…”

Coincidiendo con este mensaje, empiezan a aflorar gran cantidad de fraudes, evasión fiscal y paraísos fiscales, la mayoría impulsados por asociaciones periodísticas de ámbito internacional que “aparecen de la nada” y que disponen de una “mágica” capacidad para recibir de forma incesante, todo tipo de filtraciones de información financiera. 



Así es como vemos desvelarse todo tipo de chanchullos a gran escala, desde el escándalo de los “Panama Papers”, hasta los escándalos de evasión fiscal de futbolistas de los “Football Leaks”.

3. EFECTOS INMEDIATOS

El primer efecto que ha tenido la “persecución de la evasión fiscal”, ha sido sido empezar a perseguir los pagos con dinero en efectivo en todos los países del mundo.

El objetivo que se plantea en el horizonte inmediato, es acabar eliminando el dinero en efectivo y sustituirlo por los pagos electrónicos y con ello, acabar con la libertad de movimiento de los ciudadanos.

Esta eliminación del dinero en efectivo, se realiza de forma paulatina y diferenciada en cada país, dependiendo de su situación y características propias.

Así, en España, hemos pasado de poder pagar cualquier cantidad con dinero legal en efectivo, a ver como se prohibían los pagos superiores a 2500 euros, y ahora los superiores a 1000 euros, presuntamente, con el objetivo de perseguir “la economía sumergida”. 

Paulatinamente, esa cantidad se irá reduciendo, al mismo ritmo en que se vayan implementando los métodos de pago con dinero electrónico, de manera, que al final, no se pueda pagar ninguna cantidad con dinero en efectivo, y todas las transacciones se deban hacer de forma electrónica, para tener así un control y un monitoreo total sobre las actividades de todos y cada uno de los ciudadanos, de forma automática, instantánea y fácilmente rastreable.

Es decir: control y esclavitud total para todos y cada uno de nosotros.

¿Pero cómo se consigue que la población acepte sin rechistar la imposición de estas cadenas?

Pues muy fácil: castigando primero a los más ricos y generando la ilusión de una presunta “justicia social”… 

4. CASTIGOS EJEMPLARES 

Aquí es donde adquieren pleno sentido las acusaciones de fraude o evasión fiscal hacia personajes ricos y famosos. 

Dos buenos ejemplos de ello, lo tenemos en los dos mejores futbolistas del planeta: Messi y Cristiano Ronaldo, cuyas revelaciones de fraude fiscal, están circunscritas en gran parte a esta maniobra global de manipulación (aunque cabe destacar que ambos casos tienen diferencias de trato entre sí, debidas a los conflictos de intereses a nivel local del país). 

Estas revelaciones, como otros muchos fraudes desvelados relativos a personajes célebres, ricos y poderosos, buscan implantar la siguiente idea en la mente del ciudadano medio:

“Si a tus ídolos no se les permite evadir fiscalmente, a ti tampoco. Si a ellos, que son ricos y poderosos los perseguimos, tú también tendrás que aceptar el control sobre todas tus actividades económicas”.

Y si alguien protesta y aduce que se está ejerciendo un excesivo control y represión sobre la clase media o los más humildes, le responderán: “No tienes nada de lo que protestar. La ley se ha aplicado primero a los más poderosos, que parecían intocables”.

Como vemos, es una jugada maestra a escala psicológica. 




5. EL NUEVO PAPEL DE LAS GRANDES CORPORACIONES 

Asimismo, también estamos viendo como salen a la luz las evasiones fiscales y los fraudes de las grandes empresas y corporaciones.

A medida que vaya persiguiéndose la evasión de las grandes corporaciones, lo que sucederá finalmente es que estas empresas acabarán pagando los impuestos correspondientes.

Y no solo eso: los paraísos fiscales a los que evaden, también serán perseguidos y acorralados, e irán cayendo uno tras otro, de forma paulatina.

Pero no caerán todos. 

De hecho, el dinero de esos paraísos fiscales, será trasladado a nuevos paraísos fiscales, muchos de los cuales estarán situados en EEUU; recordemos el ejemplo de los nuevos paraísos fiscales norteamericanos impulsados por la familia Rothshild, que denunciabámos en el artículo ¿QUÉ SE ESCONDE REALMENTE TRAS LOS “PAPELES DE PANAMÁ”?

Y a estos nuevos paraísos fiscales, nadie tendrá acceso gracias a ese agente de los Rotschild y los Goldman Sachs, recientemente situado en la Casa Blanca llamado Donald Trump, que al mantener un férreo proteccionismo y no firmar ningún tratado multinacional, no adquirirá con ello, ningún compromiso para revelar datos al respecto.

¿Cómo se justificaría que EEUU firmara un tratado comercial de gran calado con otros países y a la vez tolerara que en su país se evadieran impuestos perjudicando los intereses de sus socios comerciales? 

Esa es una de las principales razones por las que estas élites han puesto a Trump en la presidencia y se ha paralizado la participación de EEUU en los grandes tratados comerciales.

El mandato Trump, coincidirá con toda la cascada creciente de revelaciones de evasiones fiscales y la posterior eliminación de todos los paraísos fiscales, y será el periodo idóneo para el traslado del dinero a los paraísos fiscales de EEUU, gestionados muchos de ellos por los Rothschild y compañía.

El gobierno de Trump representará pues, un paréntesis antes de realizar las reformas correspondientes al gran cambio que se avecina; el paréntesis permitirá realizar maniobras a gran escala, como la creación de los nuevos paraísos fiscales o las últimas inyecciones de dinero y poder en masa a las grandes petroleras, para que puedan afrontar, bien reforzadas, los cambios que se deban realizar después y que exigirán de ellas, una transformación profunda en una era post-petrolífera. 

Pero volvamos al argumento central.

La cuestión es que finalmente, las grandes corporaciones transnacionales pagarán los impuestos correspondientes.

¿Y qué significará eso?

Pues que los estados quebrados, incapaces de afrontar por ellos mismos los gastos del “estado del bienestar”, DEPENDERÁN de forma explícita del pago de impuestos de estas multinacionales para mantener el sistema en pie.

¿Y qué nos venderán entonces los medios de comunicación y los periodistas y tertulianos pagados para vomitar propaganda?

Pues nos venderán la idea de que “si usted cobra la pensión, dispone de una educación gratuita, tiene carreteras, trenes o dispone de seguridad social, es gracias al dinero que pagan estas multinacionales con sus impuestos”. 




Y puesto que ellas serán las que mantendrán con sus impuestos las funciones propias del estado y dado que los gobiernos seguirán siendo ineficientes e incapaces de hacerlo en solitario, la idea que nos venderán finalmente será “que lo lógico es que la gestión de todo lo público sea compartida con estas multinacionales”.

Dicho de otra manera: el resultado final, será entregarle el poder a las multinacionales y subyugar totalmente a los gobiernos a sus designios.

Las grandes empresas tendrán el control de facto de los estados y gestionarán todo el ámbito público, en una especie de gestión mixta entre lo privado y lo público (aparte de grandes secciones del ámbito público que serán directamente privatizadas sin ningún reparo, como ya está sucediendo).

Pero evidentemente, eso provocará protestas sociales. Los movimientos sociales saldrán a la calle y denunciarán que “no podemos entregar el poder del estado directamente a las multinacionales”.

Sin embargo, este argumento se enfrentará con lo que nos venderán como una realidad tangible e indiscutible: “que los estados no pueden mantenerse sin la aportación indispensable de las multinacionales”.

Y ante esta dicotomía, entrarán en escena los agentes sociales y políticos de izquierdas que las élites ya han creado y situado ex profeso para cuando llegue el momento. Sí, esos grupos de personas de la “nueva política” que van en mangas de camisa y llevan coletas o incluso rastas y que de forma tan sospechosa han tenido libre acceso a los platós de televisión para llegar a las masas y escalar políticamente. 






Ellos aportarán “la solución” y nos dirán que: “las multinacionales que ahora gestionan todo lo público, deben aceptar tener un cierto grado de supervisión directa por parte de la población”; nos dirán que “en los consejos de administración de las grandes corporaciones, deben haber representantes del pueblo, (es decir, ellos mismos), que defiendan los intereses de las clases medias y populares”.

Esto permitirá colocar con buenos sueldos a los que ahora se presentan como “revolucionarios de la nueva política”, tener una disidencia controlada conformada por personas cuya máxima aspiración será acceder a dichos puestos de privilegio y finalmente, otorgarle una carta de soberanía total a las multinacionales para que hagan literalmente lo que les de la gana y actúen como el gobierno de facto, puesto que el pueblo, teóricamente, ahora tendrá representación directa en sus puestos directivos y podrá monitorear sus actividades (no hace falta decir que todo será una gran patraña)

Así pues, el estado y las multinacionales, se fundirán en una misma cosa y todo funcionará desde una lógica empresarial y tecnocrática, basadas en la eficiencia y el balance de resultados. 

¿Creen que la población no aceptará que sus estados sean gestionados como una empresa, dirigida por grandes empresarios o gestores a los que adorar como los nuevos amos?

La idea para que la población acepte este concepto, acaba de ser implantada: se llama Donald Trump, y ha sido puesto como líder del país más poderoso de la tierra, bajo el lema de que “él hará ‘America Great Again'”, porque “la gestionará como una empresa”.

¿Lo ven? Nada es casual.

Por lo tanto, los crecientes escándalos de evasión fiscal que florecen de forma misteriosa e incesante en estos últimos meses, cumplen con una función concreta y buscan alcanzar un objetivo final: lo que conocemos como Nuevo Orden Mundial, en el que todos estaremos sometidos a la esclavitud total de los pagos electrónicos rastreables y donde las élites tendrán un control total y absoluto sobre todas y cada una de nuestras actividades como individuos. 

Y esta, es solo una de las múltiples maniobras a gran escala que se están produciendo … como ya indicamos en anteriores artículos, las revelaciones de los grandes escándalos de pederastia, la aparición de todos esos “héroes” tipo Assange que filtran datos ocultos de los grandes gobiernos, todas las corrupciones políticas que salen a luz, o los ascensos de presuntos líderes alternativos “por sorpresa”, no tienen nada de casual: todo forma parte de una gigantesca maniobra de transformación del sistema, para llevarnos a un Nuevo Orden.

Todo ha sido dirigido y todo tiene una función que cumplir y un objetivo que alcanzar.

Desgraciadamente, detrás de cada una de las “revelaciones” que vienen produciéndose últimamente y que mucha gente interpreta como una “victoria sobre el mal”, se esconde un nuevo mal y un conjunto de oscuros objetivos. 

Y hay mucha gente pagada para hacernos creer lo contrario …

(Visto en GAZZETTA DEL APOCALIPSIS)