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lunes, 7 de noviembre de 2022

LA DETESTABLE OEA

 



Escribe: Milciades Ruiz

En el colonialismo monárquico, la población nativa pagaba la “contribución indígena” que fortalecía el régimen de su opresión. Hoy también pagamos para que nos opriman. Parte de los impuestos que pagamos al erario nacional, se va para sostener a la OEA, el organismo testaferro de la dominación estadounidense. Desde su creación en EE UU, el pueblo peruano como de otros países latinoamericanos, vienen sufragando millones de dólares para su sostenimiento. ¿A cambio de qué?

Lo que recibimos a cambio de nuestro aporte son, injerencias en nuestros asuntos internos, respaldo a las invasiones norteamericanas a países miembros, como se hizo con Panamá y, el envío de mercenarios para invadir Cuba, derrocamiento de gobiernos populares, bloqueo genocida a los países que no se alinean con el amo yanqui y toda una serie de represalias para hacer prevalecer la doctrina de Monroe, “América para los norteamericanos”.

El diario español “El País” dijo sobre la OEA: “Su vinculación a la política exterior de los Estados Unidos quedó de manifiesto en la crisis de Guatemala (1954), Panamá (1959), Nicaragua (1959) y, sobre todo, en Cuba, en 1962, cuando la OEA apoyó todas las medidas de la «cuarentena» declarada por el presidente Kennedy y expulsó de la OEA al Gobierno cubano, alegando la incompatibilidad de los principios de la organización con el «comunismo».

Recordamos esto, porque en esa ocasión, el entonces canciller peruano Raúl Porras Barrenechea, que no era comunista, se opuso a tal medida en un brillante discurso doctrinario y, defendió a Cuba, desobedeciendo la orden del presidente Prado, quien lo conminó a renunciar. Parte de su extenso discurso es el siguiente texto:

“La no intervención es pues, uno de los puntos claves del interamericanismo. Es una sólida doctrina multilateral proclamada y sustentada por todas las repúblicas americanas, reafirmada en la Declaración de Lima de 24 de diciembre de 1938 que ordena el procedimiento de consulta para hacer efectiva la solidaridad americana contra cualquier atentado a su soberanía e independencia. El artículo 15 de la Carta de la OEA establece que ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, ya sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro, y agrega terminantemente que este principio excluye no solamente la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de dependencia atentatoria de la personalidad del Estado y de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen.

(…) “Confiamos en que la revolución cubana que ha proclamado principios que significan una honda transformación económica, la mejora de los niveles de vida y una más justa distribución de la riqueza, no se desvíe de su camino original y su destino americano que comparte la mayoría de nuestros pueblos y gobiernos”

En estos días, la Organización de la Naciones Unidas con sede en EE UU, acaba de aprobar casi por unanimidad, el cese del bloqueo a Cuba. ¿Alguna vez la OEA ha condenado este bloqueo a un país miembro? Ya van 30 resoluciones de la ONU en el mismo sentido y no hay sanción para el agresor, ni la OEA se pronuncia al respecto. De acuerdo al informe previo, entre agosto de 2021 y febrero de 2022 esa política unilateral causó a Cuba pérdidas en el orden de los 3 806,5 millones de dólares.

A precios corrientes, los daños acumulados durante seis décadas del bloqueo ascienden a 150 410,8 millones de dólares. Solo en los 14 primeros meses del gobierno de Biden, las pérdidas ocasionadas por el bloqueo ascendieron a 6 mil 364 millones de dólares, lo que equivale a una afectación de más de 454 millones de dólares mensuales y más de 15 millones de dólares diarios, de acuerdo con el documento.

Esta semana una comisión de alto nivel de la OEA visitará al Perú para intervenir en nuestros asuntos internos a petición del presidente Castillo que, pide la aplicación de la “Carta Democrática” aduciendo que hay peligro de golpe de estado. Este mismo pedido se hizo para desconocer al gobierno legítimo de Venezuela y, reemplazar a Maduro por Guaidó. Ante el fracaso, se formó el “Grupo de Lima” con los países que estaban de acuerdo con EE UU para atacar a Maduro. En ese contexto, Juan Guaidó se juramentó como presidente encargado de Venezuela y la Asamblea General de la OEA reconoció al gobierno paralelo.

Entonces, ¿Con qué moral la OEA viene al Perú, pretendiendo arreglar nuestros asuntos internos? ¿No ha sido la OEA la que, ha respaldado intervenciones militares de EE UU en Panamá (1989), Guatemala (1954, 1967-1969), ¿Cuba (1961), Nicaragua (1980-1990), y muchas otras intervenciones encubiertas, contra la democracia en los países latinoamericanos?

¿No ha sido la OEA la que ha conspirado contra Allende y defendido a Pinochet? El siguiente comunicado lo dice.


COMUNICADO DE PRENSA DEL SECRETARIO GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS

Washington, DC, 11 de diciembre de 1998

El Secretario General de la OEA, César Gaviria, ante la decisión del gobierno británico de permitir la extradición del General Augusto Pinochet, expresó su preocupación por lo que puede constituirse en un nuevo antecedente de la aplicación unilateral de la extraterritorialidad de las leyes nacionales, en violación de la igualdad jurídica de los Estados y de la no intervención en los asuntos internos, principios éstos, que son pilares fundamentales del derecho interamericano. Expresó también que es necesario el absoluto respeto a la igualdad soberana de los Estados, tal como lo disponen las Cartas de la OEA y de las Naciones Unidas como base de la convivencia internacional. En consecuencia, reiteró que la lucha por la plena vigencia y el respeto de los derechos humanos debe darse dentro de este marco.

El Secretario General, César Gaviria, afirmó que los países americanos disponen hoy de los instrumentos adecuados para solucionar los problemas jurídicos en el ámbito de sus propios territorios, con plena garantía para las partes. Las naciones de América están hoy plenamente comprometidas con el fortalecimiento y consolidación de la democracia y a tales efectos han adoptado instrumentos jurídicos obligatorios, que son fundamento del proceso de integración de los pueblos de nuestro continente. Asimismo, estas naciones cuentan hoy con procedimientos e instituciones regionales que aseguran el pleno respeto de los derechos humanos.

Esta es la OEA. Pero también el presidente de Bolivia, Luis Arce, en entrevista concedida a France 24 en el marco de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, el 28/09/2021 dijo: “La OEA ha jugado un rol nefasto en el golpe de Estado de 2019 en Bolivia”. Por su parte, el ministro de Justicia de Bolivia, Iván Lima, afirmó que el secretario general de OEA, Luis Almagro, y un grupo de políticos opositores del expresidente Evo Morales fueron los encargados de propalar el entuerto de fraude electoral en 2019, al entregar en la madrugada del 10 de noviembre un informe preliminar que indicaba que existieron irregularidades. Hoy sabemos que era falso. Esto nunca se demostró, ni siquiera durante los 10 meses de gobierno de facto de Áñez.

Con estos antecedentes, ¿Qué podemos esperar de la Comisión especial de la OEA en su visita al Perú? La correlación de fuerzas está cambiando en la OEA, con representantes de nuevos gobiernos populares, pero no al punto de cambiar la trayectoria de sumisión a EE UU. En el Perú, ni el poder ejecutivo ni el legislativo son un peligro para EE UU. Dicha comisión de “alto nivel” no tiene facultad para poner orden al caos político en nuestro país. No hay sustento para temer un golpe de estado retórico, pero si para nuevas elecciones.

Entonces, todo quedará en simples recomendaciones teóricas para el entendimiento entre ciegos que no quieren ver y sordos que no quieren oír. La solución la tiene el pueblo si supera el marasmo que lo tiene en la desesperanza. Sacudirlo del ostracismo político y estimular su protagonismo histórico, es nuestra responsabilidad. Salvo mejor parecer.

Noviembre 4- 2022

Mayor información en https://wordpress.com/view/republicaequitativa.wordpress.com

 

 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

¿VIENTOS DE CAMBIO EN LA OEA?

·         Sergio Rodríguez Gelfenstein

16/12/2020

Aunque se ha vendido como una gran victoria, la resolución aprobada por la Organización de Estados Americanos (OEA) el miércoles 8 a través de la cual no reconoce el resultado de las elecciones parlamentarias de Venezuela, en realidad es expresión de la profunda crisis por la que atraviesa la institución. Que la resolución haya sido presentada por Estados Unidos, Brasil y Colombia transforma el panfleto en una condecoración que honra a la nación bolivariana.

Conformada por 33 países después del formal retiro de Venezuela en 2019 y la expulsión de Cuba en 1962, más de un tercio de sus miembros no apoyaron la resolución lo cual muestra una organización dividida y carente de liderazgo que en realidad en su ejecutoria práctica se muestra como una alianza de gobiernos de derecha dirigidos por Estados Unidos para mantener y profundizar su dominio sobre la región.

Incluso su tradicional caracterización como ministerio de colonias de Estados Unidos se ha reducido casi exclusivamente a la organización de fraudes electorales y golpes de Estado. En este sentido, tuvo éxito al imponer a Juan Orlando Hernández en Honduras en 2017 y a Jeanine Añez en Bolivia en 2019, pero ha fracasado estrepitosamente en Nicaragua (2018) cuando aupó la insurrección golpista contra el gobierno del comandante Daniel Ortega, en San Vicente y las Granadinas así como en Guyana durante este 2020 donde infructuosamente intentó “ensuciar” las elecciones para que se declarara fraude y poder imponer a sus candidatos.

Ni hablar de Venezuela donde desde su elección como secretario general, Luis Almagro, de manera continua ha intentado derrocar al gobierno del presidente Maduro utilizando para ello todo tipo de velados y abiertos subterfugios así como los variados instrumentos que Washington ha puesto a su alcance para lograr tal fin. En la búsqueda de este objetivo se asemeja al Cártel de Lima, su hijo putativo, parido contra natura, que también ha fracasado.

Si nos atenemos al desprecio que ha manifestado el presidente Donald Trump contra el multilateralismo y sus instituciones, al punto que ni siquiera quiso “ensuciar su reputación” formando parte del Cartel de Lima, deberíamos concluir que Almagro ha actuado por iniciativa propia en su interés personal de servir a Estados Unidos como forma de prolongar su estadía en la secretaría general, llegando al paroxismo cuando en septiembre de 2018, anunció que no se podía descartar una intervención armada contra Venezuela, pasando por encima incluso de la Carta de la ONU.

Sin embargo, pareciera que el golpe de Estado contra Evo Morales en 2019 que Almagro ha reivindicado como de autoría propia en un reciente libro publicado el pasado noviembre bajo el título "Luis Almagro no pide perdón", ha rebasado toda tolerancia, incluso de aquellos que lo promovieron y auparon.

Por supuesto, todo se produce cuando Trump ya va de salida. En los últimos 4 años, ciertas fuerzas y personajes guardaron silencio cómplice antes los desmanes y tropelías del ex ministro de relaciones exteriores del gobierno de José Mujica. Uno de ellos es el ex presidente colombiano Juan Manuel Santos quien afirmó recientemente que:”La OEA no está funcionado”. Según el periódico bogotano “El Espectador”, Santos hizo esta aseveración el pasado jueves 10 de diciembre durante un foro virtual organizado por el think tank Dialogo Interamericano con sede en Washington, en el que también participaron los ex mandatarios Ricardo Lagos de Chile, Ernesto Zedillo de México y Laura Chinchilla de Costa Rica.

Ahondando en el asunto, Santos aseveró que los países de la región han sido incapaces de acordar una visión básica o un objetivo para la institución en el mundo actual y remató ratificando que no creía que hubiera liderazgo alguno dentro de la OEA. El ex presidente colombiano se lamentó de la situación de la organización panamericana construida bajo el alero de Washington certificando que: “Es muy triste decirlo, pero es la realidad, ahora mismo la OEA no está abordando los problemas que debería abordar”.

Santos cree que es necesario crear un nuevo tipo de liderazgo para “revitalizar” estas organizaciones para que puedan cumplir con sus objetivos básicos. Remató su intervención diciendo que: “Si no lo hacemos, estas organizaciones van a seguir siendo algo irrelevantes”, porque “las instituciones internacionales son lo que los países miembros quieren que sean”.

Por su parte, Ricardo Lagos, quien fue el primer mandatario en todo el mundo en manifestar su apoyo al golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez en 2002, llamó a “repensar” el sistema. Lagos opinó que le parecía que había llegado el momento de una “revisión” del sistema interamericano, ya que su “arquitectura es un poco anticuada”.

En una propuesta propia de Lagos y de los últimos presidentes chilenos que actúan “tirando la piedra y escondiendo la mano”, el expresidente que protegió a Pinochet durante su prisión en Londres, propuso un sistema que sea como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), “pero sin carácter militar”, algo difícil de entender y mucho más de ejecutar pero que pudiera ser entendido como la fusión de la OEA con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Según Lagos: “…eso sería mucho más importante en lugar de tener un sistema interamericano extremadamente anticuado”.

 

Para el expresidente chileno llegó el momento de “repensar” qué tipo de institución es necesaria para tener un entendimiento entre los países de América Latina y el Caribe y Estados Unidos, y destacó que en esto, el rol de Canadá es “extremadamente importante”.

En el caso de Santos, es claro que ambiciona ponerse en la mira de Biden por si éste, en interés de hacer efectiva su doctrina multilateralista de agresiones e intervenciones coordinadas, comienza a pensar en la sustitución de Almagro, quien es cada vez más impresentable y contrario a la necesidad de estabilidad que Estados Unidos -verdadero elector y mentor de la OEA- necesita para mantener su “patio trasero”. Hay que recordar que el gobierno de Obama en el cual Biden fue vicepresidente, tuvo una excelente relación con Santos en el tiempo en que éste fue la máxima autoridad política de su país. Obama incluso apoyó en todo momento a Santos durante las negociaciones de paz con la guerrilla de las FARC que concluyeron en La Habana en 2016 y fue pieza fundamental para el Premio Nobel que le compraron en Oslo.

De la misma manera, una eventual destitución de Almagro serviría de alguna forma de equilibrio en las instituciones regionales tras el nombramiento por parte de Trump de Mauricio Claver-Carone como presidente del Banco interamericano de Desarrollo (BID). Este americano de origen cubano, fue “sembrado” por Trump en esa responsabilidad burlando la tradición que señalaba ese puesto para un latinoamericano

Así mismo, con tal designación Trump honró su compromiso con el republicano Marco Rubio y el exilio cubano de Miami. Florida y Miami votaron por Trump y tal vez Biden quiera desquitarse sacando del juego a Almagro quien se ha transformado en una pieza sólida del terrorismo cubano y venezolano asentados en el sur de la Florida. Así, Biden también intentaría poner en la OEA un peón más “digerible” en su afán de construir la “diplomacia coercitiva” que ha propugnado el futuro secretario de Estado, Anthony Blinken.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/210220

 


jueves, 16 de enero de 2020

LA OEA NO PUDO DESARROLLAR UNA TEORÍA DEL FRAUDE ELECTORAL EN BOLIVIA



Opinión
15/01/2020

El Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR) denunció que la Organización de Estados Americanos (OEA) no ha presentado evidencias de que haya habido fraude en las elecciones de Bolivia a partir de la investigación de los sucesivos informes de la Misión de Observación Electoral (MOE) de la OEA y luego la auditoría del propio organismo en el país.

Un exhaustivo informe final del CEPR sobre la observación electoral de la OEA en las elecciones presidenciales bolivianas del 20 de octubre se publicará en los próximos días.

Para analizar el informe, Nodal entrevistó a Guillaume Long, investigador del CEPR de Washington DC, un “tanque de pensamiento” con larga trayectoria en el estudio de políticas económicas y sociales que incluye a América Latina. Long fue canciller durante el gobierno del expresidente de Ecuador Rafael Correa (2007-2017), así como ministro de Cultura y Patrimonio y ministro de Conocimiento y Talento Humano. En 2018 renunció como embajador antes la ONU en Ginebra por sus profundos desacuerdos con el gobierno de Lenin Moreno.

-El CEPR viene insistiendo desde finales de octubre 2019 que los hallazgos de la Misión de Observación Electoral de la OEA en Bolivia han sido problemáticos y que la OEA no ha presentado evidencias de fraude en las elecciones. El CEPR dijo que “la auditoría final de la OEA no prueba -ni siquiera argumenta de manera convincente- que los resultados de las elecciones fueron manipulados”. ¿Por qué el CEPR hace esta denuncia y cuándo empezaron a dudar de la idoneidad de la observación electoral llevada adelante por la OEA?

-Sin duda, el elemento que despertó nuestra sospecha inicial fue el comunicado de prensa de la Misión de Observación Electoral (MOE) de la OEA del 21 de octubre, el día después de la elección. Nos sorprendió el tono del comunicado: agresivo, sin ningún elemento técnico, pero llamando a que se respete la voluntad de los electores e insinuando que había algo fraudulento.

El único elemento que comunicó la MOE fue un supuesto “cambio de tendencia” de los resultados electorales, después de la interrupción del TREP [conteo preliminar de los votos] con el 84% de los votos contados. Entonces nos pusimos a estudiar si realmente se había dado ese “cambio de tendencia”. Pudimos mostrar que no hubo cambio de tendencia desde el principio, empezando con nuestro comunicado de prensa del 22 de octubre y que toda la premisa de la OEA sobre la cual la oposición boliviana y los medios de comunicación basaron su relato defraude era básicamente una mentira.

-¿A qué se refieren cuando dicen que no hubo cambio de tendencia?

-Es muy sencillo. Con el 83,85% del conteo preliminar, había 7,9 puntos de ventaja para Evo Morales sobre Carlos Mesa, es decir una diferencia insuficiente para ganar sin segunda vuelta. Pero ya con el 95% del conteo preliminar, Morales había sobrepasado el umbral de los 10 puntos para ganar en primera vuelta. [NDE: en Bolivia, las elecciones presidenciales se pueden ganar en primera vuelta si un candidato ha alcanzado el 50% de los votos, o un 40% con 10 puntos de diferencia con el siguiente candidato].

La diferencia se explica porque faltaba contabilizar una gran cantidad de votos en zonas donde ya existían tendencias de votación muy favorables a Evo Morales. Era obvio que, al ingresar esos votos, la diferencia entre ambos candidatos se iba a agrandar.

-¿Cree que esto era “obvio”, como dice, que saltaba a la vista de que faltaban los votos de estas áreas por contar?

-Sí. Muchas zonas de gran apoyo a Morales y al MAS no habían sido computadas. Zonas donde Morales ganaba con 30 puntos o más de diferencia y donde solamente se había contado un pequeño porcentaje de los votos. Era obvio que al legar al 100%, iba a cambiar el resultado. De hecho, no es la primera vez que sucede esto en Bolivia. En ocasiones anteriores, Morales y el MAS obtuvieron un incremento importante de votos en la fase final del conteo.

-¿Cómo por ejemplo en qué elección?

-Por ejemplo, en el famoso referéndum sobre la reelección presidencial de enero del 2016, que de hecho fue observado por la OEA. Con el 83,1% de los votos contados, el Sí a la reelección perdía con 46,2%, cuando finalmente el Sí acabó perdiendo, pero con el 48,7%; un incremento en la fase final del conteo aún mayor que en las elecciones presidenciales del 2019. Esto es un antecedente que la OEA no podía ignorar.

-Y, sin embargo, esta denuncia de la MOE de la OEA sobre un supuesto cambio de tendencia tuvo consecuencias graves para la democracia boliviana…

-Así es. Esa falacia dio cabida a un relato sobre un posible fraude, lo que conllevó una auditoría de las elecciones por parte de la OEA, lo que a su vez abrió la puerta para que la OEA concluyera sin presentar pruebas que hubo una “manipulación intencional” de los resultados electorales, y que llamara a elecciones con un nuevo Tribunal Supremo Electoral. Es decir que sin esta denuncia inicial de la MOE es probable que no hubiese podido prosperar el golpe de Estado que se desencadenó posteriormente.

-El argumento del cambio de tendencia fue lo que abrió la puerta a la auditoría posterior. ¿Pero no cabe el argumento de que el pretexto inicial para la auditoría pudo haber sido falaz, pero finalmente encontraron muchos elementos que pusieron en entredicho la idoneidad del proceso electoral?

-No, no cabe. Vayamos por partes. En primer lugar, creo que no es menor que la auditoría haya surgido de una mentira. Cuando se miente una vez, ¿qué garantía se tiene de que el resto del proceso no va a seguir siendo una mentira?

En esencia, lo que hizo la auditoría de la OEA fue hacer un listado de la mayor cantidad de irregularidades posibles para vender la idea de que el resultado electoral había sido alterado. Creo que cabe preguntarnos si la auditoría de cualquier elección latinoamericana – y no solo latinoamericana – con este nivel de escrutinio, también hubiera arrojado irregularidades parecidas. No lo sabremos porque la OEA no suele llegar a estos niveles normalmente. Por eso, no debemos menospreciar la importancia de la mentira inicial, porque es la que permitió abrir una caja de pandora para todo lo posterior.

Más allá de esto, es importante tener claro que hacer un listado de irregularidades no es demostrar un fraude. Y aquí, lo fundamental que hay que entender es que la OEA no pudo desarrollar una teoría del fraude.

-¿Qué entiende por “teoría del fraude”?

-Una tesis, una explicación de en qué consiste el fraude, de cómo se lo realizó.

-¿La OEA no presenta ninguna explicación del fraude?

-Lo que hace la OEA es explorar varias posibilidades, pero ninguna de las pistas que sigue prospera. A ver. Un fraude se puede realizar de varias maneras. Una posibilidad es intervenir a nivel del cómputo, es decir, cambiar en el sistema informático los resultados de las actas físicas. De hecho, la OEA exploró ese camino con su denuncia del famoso servidor oculto.

-¿La detección de un acceso no autorizado al sistema informático?

-Sí. Pero no presentó evidencias de que este servidor haya sido usado para alterar el resultado de la elección. De hecho, sin justificar su existencia, puede haber varias razones por las cuales se pudo haber instalado otro servidor. La auditoría dela OEA debía demostrar que el servidor había sido utilizado para este propósito.

-¿Y no existe forma de verificar si el servidor fue usado para este fin, si lo que está en el sistema es lo mismo que lo que dicen las actas físicas?

Claro que se puede. Y creo que era legítimo esperar que una auditoría de la OEA realice un trabajo así. Lo increíble es que recién nos enteramos en una nota de pie de la página 84, que la OEA realizó una muestra de más de 2800 actas, de las cuales se analizaron casi 900, para cotejar con el material electoral original.

La nota nos dice que los auditores se trasladaron a cinco departamentos para realizar ese trabajo y que 230 de esas actas habían sido quemadas en protestas de la oposición. ¿Pero y el resto de las actas? ¿Las que fueron analizadas? ¿Fueron iguales al cómputo o no? Increíble el informe de la OEA no nos dice nada de cuál fue el resultado de este análisis.

Es obvio que si hubiesen encontrado diferencias, este dato no estaría en una discreta nota de pie sino que sería la prueba madre del fraude en el informe. El hecho de que la auditoria de la OEA sí revisó las actas, pero escondió sus hallazgos, es sumamente deshonesto y grave. Para mí, solo este hecho amerita una investigación a fondo.

-Habló de varias maneras de realizar un fraude. ¿Cuáles son las otras?

-Bueno, otra manera es falsificando las actas en sí, es decir generar actas físicas falsas.

-Se refiere a la falsificación de las actas que dan fe de los votos en cada una de las mesas de votación.

Así es. Y la OEA también exploró esta avenida. De nuevo, escogieron una muestra, en este caso de casi 4700 actas. Había varios criterios para la selección de actas, pero uno era que sean actas “sospechosas”, es decir que favorezcan desproporcionalmente a Morales. De hecho, esto también es impensable para una auditoria imparcial.

Si haces una auditoría de un proceso electoral no puedes estar buscando perjudicarle a uno de los candidatos más que al otro. Pero así fue. No se revisaron actas con una votación inusualmente favorable a Mesa.

La OEA realizó hizo varias revisiones, incluyendo un análisis de caligrafía de estas 4700 actas, y determinó que, en el caso 226 actas, una misma persona había llenado dos o más actas, lo que es irregular: cada acta debe ser llenada por una sola persona. Un medio boliviano llegó incluso a informar que las 226 actas habían sido llenadas por una misma persona, lo que es falso y habría sido mucho más grave.

En realidad, fueron 85 personas que llenaron 226 actas, es decir, dos o más actas llenadas por una misma persona, pero en todos los casos en los mismos recintos.

-¿Estamos hablando de centros de votación en zonas rurales?

-Casi el 80% de estas 226 mesas corresponden a centros de votación muy pequeños de máximo cuatro mesas, en muchos casos de menos. Estamos hablando de lugares donde puede haber una persona que ha llenado los números en el acta de su mesa y en el acta de la mesa de en frente. Es esto de lo que estamos hablando. Claro que es una irregularidad. ­ ¿Pero fraude? Esto denota una falta de comprensión hasta antropológica de ciertas realidades. O simplemente mala fe.

-Una falta de comprensión antropológica dice…

-Sí. Se me ocurre la imagen de la chica o del chico con la letra bonita para que llene los números en las dos hojas. De hecho, no es el único aspecto en que la OEA no tiene lecturas antropológicas finas, o sí las tiene, las esconde. El voto masivo a favor de Morales en comunidades indígenas no tiene por qué ser necesariamente sospechoso. Es desconocer los procesos de toma de decisión colectivos en muchos lugares de los Andes, donde el voto a menudo se decide en la comunidad.

-¿Qué otras irregularidades son señaladas por la auditoría?

-Realmente, no hay mucho más. La auditoría hace mucho énfasis en la presencia de imágenes de actas del conteo preliminar, el famoso TREP, en los resultados del conteo final, cuando debieran ser procesos separados. Pero luego, el mismo informe de auditoría nos informa que el 91% de las actas del conteo preliminar que fueron incluidas en los resultados del cómputo final provienen de centros de votación fuera de Bolivia, que es lo que estipula la ley.

Y en el 9% de los casos restantes, este uso de actas del TREP es porque las actas físicas fueron quemadas – además e irónicamente– por la oposición. Entonces usaron las fotos de las actas del conteo preliminar. Es decir, una vez más, no hay nada. Puros fuegos artificiales, ¡pero con qué consecuencias para Bolivia!

-Usted ha sido observador de la OEA, incluso fue jefe de MOE de la OEA en la propia Bolivia en las elecciones judiciales del 2017. Por lo tanto, conoce como funcionan estas misiones. ¿Según usted, quién tomó la decisión de atacar la legitimidad de las elecciones bolivianas a pesar de la ausencia de evidencias contundentes de que se trate de un proceso viciado?

-Bueno, el CEPR no se ha dedicado a analizar los procesos de toma de decisión dentro de la OEA, los cuales no son para nada transparentes. En esencia, hemos analizado la validez de su trabajo técnico. Mi experiencia personal de las MOEs, tanto como país anfitrión cuando era canciller y tuvimos elecciones observadas por la OEA en Ecuador, cuánto como observador, no ha sido mala.

 Es claro que las MOEs cuentan con importantes capacidades técnicas. En el caso del Ecuador, creo que el comportamiento de la MOE en las elecciones presidenciales del 2017 fue técnico. Fueron elecciones apretadas en las que el candidato presidencial perdedor quiso apelar a la posibilidad de un fraude, como suele suceder cuando hay pocos votos de diferencia…

-¿Se está refiriendo al candidato Guillermo Lasso y las elecciones que ganó Lenin Moreno en el 2017?

-Así es. Lasso quiso desvirtuar las elecciones y logró movilizar a una parte de su electorado en las calles de Quito. Pero la OEA se mantuvo firme y validó el proceso electoral. Pocos meses después, una MOE de la OEA fue muy crítica con el referéndum constitucional orquestado por Lenin Moreno en el 2018.

Denunció la ausencia de filtros de constitucionalidad, el direccionamiento de las preguntas, y básicamente cómo el gobierno ecuatoriano se había saltado la Corte Constitucional para reformar la Constitución.

Ahora también es cierto que ha habido ocasiones en que las MOEs de la OEA no han realizado un buen trabajo; por ejemplo, en la elección presidencial haitiana de 2011, que es recordada como una página oscura en la historia de la observación electoral. Y creo que es el destino que tendrá el caso boliviano, pero pienso que, con mayores consecuencias sobre la OEA y su legitimidad, dadas el desenlace político que tuvo y el contexto político sudamericano que está más en disputa.

El punto, y esto me parece muy importante, es que las MOEs no pueden ser serias, rigurosas e imparciales algunas veces, o la mayoría de las veces, ni siquiera casi siempre. Tienen que ser rigurosas e imparciales en todo momento, sin excepción alguna. Y lo que ha sucedido con la MOE en Bolivia es muy preocupante.

Esto debió haber generado una grave crisis de institucionalidad. Deberíamos estar presenciando una investigación exhaustiva de lo ocurrido, con una revisión de todos los procesos, pedidos de los Estados miembro para mayor transparencia, etc. Y, sin embargo, nada de esto está sucediendo.

-¿Y los observadores electorales desplegados son, de alguna manera, copartícipes de esta manipulación por parte de la OEA?

-No. Es importante entender cómo funciona una MOE. En la misión en Bolivia, se desplegaron 92 observadores electorales. La gran mayoría de estos observadores son contratados por la OEA para la MOE. Suelen venir del mundo de la política, de la academia o tener competencias técnicas específicas que necesita la MOE. Estos observadores suelen ser muy buenos profesionales y realizan un gran trabajo. Cada cual tiene su función. Algunos tienen que analizar la parte legal, otros el tema informático, otros están desplegados en territorio para observar lo que sucede en los lugares de la votación. Cada cual reporta desde su rol, está atento a los requisitos del jefe de misión, y al finalizar el proceso manda su informe con todo lo que ha observado. Por supuesto que todos deben señalar las irregularidades que han detectado.

El rol de una observación electoral es justamente el de recopilar y sintetizar toda esta información para hacer importantes recomendaciones. En varios casos, las observaciones electorales han sido muy útiles para que las autoridades electorales de los países puedan mejorar sus procesos.

Pero también es importante entender que la elaboración de los informes es un proceso muy centralizado. La gran mayoría de los observadores no participa de ello. Mandan sus insumos y punto. El proceso de redacción del informe está, en teoría, en manos del jefe de misión.

Pero a menudo son los especialistas del Departamento para la Cooperación y Observación Electoral (DECO), es decir el personal de planta de la OEA, el que redacta al menos un primer borrador para consideración del jefe de misión, quien a su vez es una persona externa a la organización, invitada para la tarea de liderar el equipo.

 Dependiendo de qué tan experimentado o listo sea el jefe o jefa de misión, el control sobre el informe y qué se incluye o excluye de él, lo tiene esencialmente el DECO, es decir la OEA. Eso está bien siempre y cuando no hagan trampas.

-¿Cree que hubo injerencia del Secretario General de la OEA en el proceso de observación de las elecciones en Bolivia?

-Es posible. Esto es justamente lo que debería determinar una investigación, una auditoría interna. Averiguarlo también debería ser el trabajo del periodismo investigativo. Lastimosamente ha habido poco interés.

Ahora es evidente que la hostilidad de Almagro con Morales, el hecho que no le importó el papel de los militares en la “transición”, ni las violaciones de los DDHH, todo eso nos lleva a sospechar más. El resultado final de todo esto es que tiene al menos un voto más para su candidatura a la reelección en marzo. Y es evidente que los dobles raseros en esto son terribles. Con Honduras, donde hubo un claro fraude, Almagro no dijo ni una palabra, y aquí donde no lo hay, atacó con todo.

-¿Fue un ataque planificado con antelación?

No necesariamente. Sospecho que las cosas fueron surgiendo poco a poco. Pudieron aprovechar el hecho de que el margen de los 10 puntos fue apretado – cerca de 40,000 votos por encima del 10% de diferencia para Morales. Y esto, sumado a la fuerte polarización política en Bolivia, generó condiciones favorables para un cambio de régimen apoyado además por los EEUU.

Hay que recordar que Almagro fue muy atacado por la derecha latinoamericana cuando en junio del 2019 fue a Bolivia y ofreció una MOE para las elecciones presidenciales. Ahora Almagro está en paz con una parte de la derecha regional con la que se había distanciado y ha conseguido el apoyo de la administración Trump, cuando sabemos que en el Departamento de Estado había mucha resistencia a su reelección.

Pero más allá de Almagro, es probable que varios factores hayan confluido. Lo de ponerle freno a la reelección presidencial se ha vuelto un importante leitmotiv para muchos funcionarios en la OEA. Es uno de los grandes temas en la organización, y aparentemente de mayor preocupación que los golpes de Estado que se dan impunemente en nuestra región.

-Se refiere al rechazo que hay en la OEA a la interpretación que dan algunos países de que la reelección es un derecho…

- Exacto. Esta idea de que el artículo 23 de la Convención Americana de Derechos Humanos significa que la reelección es un derecho de participación política.

-Y en el caso de Bolivia, esa molestia con lo de la reelección fue agudizada por la decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional de permitir la reelección a pesar de los resultados del referéndum de enero de 2017…

-Sin duda. Esto ha generado mucha indignación. Y es probable que, hasta cierto punto, de forma más o menos subrepticia, esta indignación haya mermado la imparcialidad de la MOE en las elecciones bolivianas. Una hostilidad de origen si se quiere. Pero insisto, son sospechas y especulaciones. Esto se debería probar o descartar con una investigación a fondo de lo sucedido.

El punto es que cualquiera que sea el sentir sobre el tema de la reelección en Bolivia, una MOE no puede generar dudas sobre los resultados electorales sin tener evidencias de que se haya irrespetado la voluntad popular expresada en las urnas.

Una cosa es señalar que hay malestar por parte de ciertos sectores de la población con lo de la reelección. (De hecho, la MOE que yo dirigí en Bolivia en el 2017 señaló claramente que era probable que ese malestar haya tenido un impacto sobre el alto porcentaje de voto nulo en las elecciones judiciales de ese año). Otra cosa es generar un relato sobre un fraude sin evidencia alguna, especialmente cuando este relato se convierte en un factor determinante en el desencadenamiento de un golpe de Estado.

-¿La OEA ha reaccionado ante los informes del CEPR?

-Oficialmente, nada. Extraoficialmente: hay mucho nerviosismo. Saben que técnicamente lo que han hecho no tiene defensa alguna, y que es muy grave. No contestan preguntas de la prensa. Ni siquiera han contestado un pedido de preguntas que les hicieron llegar formalmente varios congresistas de los EEUU, un país miembro de la organización. Se han encerrado sobre sí mismo.

-¿No han recurrido a ningún argumento para contrarrestar sus críticas?

-Ninguno. Su estrategia ha sido escudarse tras el argumento de que son la OEA, los únicos detentores del conocimiento, los únicos técnicos. De hecho, el informe de auditoría final está hecho para ahuyentar y confundir a cualquier lector y repeler el escrutinio de periodistas. Adjuntaron centenares de páginas de anexos para dar la impresión de que existen muchas evidencias, cuando no las hay.

Si algo hemos logrado desde el CEPR en esta ocasión, es demostrar de que es hora de que los Estados miembro de la OEA, y los medios de comunicación en general, ejerzan su derecho a pedir que la organización rinda cuentas y transparente su actuar.

Pedro Brieger
Sociólogo, analista internacional argentino, Director de nodal.am
  
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