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lunes, 11 de enero de 2021

DEL 2020 AL 2021, AMENAZAN LOS FRAUDES DE “EL GRAN REINICIO” Y EL NUEVO (VIEJO) ORDEN MUNDIAL

 

Foto: https://democracianacional.org/

 

Dos grandes vertientes del capitalismo imperialista de las últimas décadas están en plena disputa por el control de los mercados internacionales y la hegemonía global.

11/01/2021

 

-El uso de la pandemia para ocultar la crisis terminal del capitalismo imperialista y depredador

-Los metacapitalistas o billonarios pugnan por la supremacía de la tecnología e igual quieren el NOM 

Claro que hay una lucha de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está librando esta guerra (además)… tengo la inmensa suerte de haber ganado la lotería genética”: Warren Buffet en 2012. 

Lamentablemente, los próximos cuatro a seis meses podrían ser los peores de la pandemia..., habrá otras 200,000 muertes adicionales. En el corto plazo, son malas noticias”: Bill Gates (el gurú de la pandemia), 14 dic. 2020.

 

El año 2020 fue terrible. Y la prospectiva del 2021 no apunta a ser mejor, salvo que todos nos crucemos de brazos. ¿A quién le corresponde revertir esta siniestra tendencia? A la sociedad, a los pueblos, a los hombres, a los individuos, a todos: armas legales y tribunales públicos, como los juicios de Nuremberg, para los culpables. Denuncias públicas. Medidas coordinadas, como estar bien informados.

Por tratarse de un asunto de vida o muerte, de sobrevivencia; de atentado contra la naturaleza y amenaza criminal a la humanidad; violaciones al derecho al patrimonio, a la vida, a la estabilidad, a todas las conquistas humanas, sociales y laborales, ganadas a pulso en siglos de lucha, y porque unos cuantos sujetos se han abrogado ilegalmente el derecho de decidir el futuro de todos.

El dilema radica en que pocos saben realmente lo que está ocurriendo. Hay demasiada confusión. La clave radica en estar informados para tomar decisiones correctas, precisas. ¿Cómo hacerlo ante tanta desinformación de los grandes medios de comunicación, artífices de las fake news, de la manipulación y a fin de cuentas el adoctrinamiento? Ese es el reto para medios alternativos.

Porque la elite del poder mundial arremete contra todos. Son los billonarios o milmillonarios (“metacapitalistas, o capitalistas con esteroides”), unos cuantos individuos que operan al margen de la ley y se ven a sí mismos como dioses.

Unos, los dueños de empresas como Microsoft, Amazon, Google, Apple, Facebook; Baidu, Ali Baba y Tencent (de origen chino), de personajes como Bill Gates, Jeff Bezos, Sergey Brin, Larry Page y el mismo Mark Zuckerberg. Otros, los principales accionistas de grandes corporativos, como las empresas “tradicionales” que mueven el capital financiero y especulativo global. Ahí figuran los grandes, como Wal-Mart, ExxonMobil, Goldman Sachs (algunas) y personajes como Warren Buffet, los Rockefeller, Soros, entre ellos.

Con todo y ambos tipos de negocios, boyantes, conforman dos grandes vertientes del capitalismo imperialista de las últimas décadas, y están en plena disputa por el control de los mercados internacionales, por la hegemonía global.

 

Viejo, el sueño por el NOM

 

Un pleito encarnizado los unos contra los otros. Bien, o mal —sin maniqueísmos—, pero ellos son los que están echando a caminar el viejo sueño de los grupos de elite de hace algunas décadas atrás: el Nuevo Orden Mundial (NOM).

Sería H.G. Wells, el novelista británico conocido por obras como La máquina del tiempo o La guerra de los mundos, quien hablaría por primera vez del “Nuevo Orden Mundial” en Un mundo liberado, obra de 1914. Y en 1940 otro libro llevaría el título El Nuevo Orden Mundial.

Fue en 1991 cuando el entonces presidente de EE.UU. George Bush, en plena invasión de Irak y tras asegurar el triunfo de sus soldados y la “coalición de 28 países”, afirmó que la situación se aprovecharía para la instauración del NOM. Dijo: “Lo que está en juego es más que un pequeño país, es una gran idea: Un nuevo orden mundial donde diversas naciones se unan en causa común para lograr las aspiraciones universales de la humanidad; paz y seguridad, libertad y el imperio del derecho”. Se quedó como aspiración mencionada por un presidente estadounidense.

El caso es que ahora, el nudo gordiano o gran pretexto para la imposición del NOM, lo han creado con la pandemia del Covid-19. Un virus —¡a nadie le interesa el origen ya!—, que bien a bien no se sabe si es fruto de laboratorio, de origen natural —del murciélago a los humanos— y se “escapó” de Wuhan en China. El caso es que fue esparcido por el mundo como rocío de plagas, en cosechas o plantíos de marihuana, para la extinción. Ahora no de bichos sino de personas.

Es por ello que el virus suena parapeto, como gran pantalla donde se proyectan visiones futuristas de un mundo de zombis o robotizado; distractoras de un proceso en destrucción, donde hasta los ovnis aparecen ahora brotando de los escritorios del Pentágono y la CIA. Esa serie de productos distractores para que la gente no vea más que tele en sus casas sin darse cuenta lo que sucede fuera.

Así el “Gran Hermano” esté plenamente activo vigilante de todo movimiento de personas como ya sucede en China, so pretexto de controlar al virus hay ciudades donde ningún movimiento escapa al registro del ojo electrónico y, con la identidad facial o algorítmica de todo lo que se mueve en las calles, se ha invadido la libertad individual en aras del control del partido. Se justifica con premios o castigos.

 

Las otras guerras, bacteriológicas

 

El tema es que 2020 el mundo cambió. La humanidad se enfrenta ahora a una realidad, o muchas, distintas: el mundo postCovid-19, como en las postguerras, Primera y Segunda guerras mundiales, continuidad la una de la otra. Todo un siglo de guerras discontinuas. De la recomposición colonial al reparto territorial bipolar del mundo. Pretextos imperiales. Ahora no es distinto.

Solo que ha cambiado el método de las guerras, y el siglo XXI no apunta a ser mejor que el XX. Porque el capitalismo y su hijastro el imperialismo es insaciable, como lo son los superricos que no contienen su avaricia por el dinero, y el control también. No importa que buena parte de la humanidad muera, de hambre o por los coronavirus.

Entre las formas “modernas” de la guerra, claro, destaca la “bacteriológica”. Esa es la realidad del 2020 que amenaza el año 2021. ¿Qué tan profunda o extensa será esta guerra que está utilizando el conocimiento biotecnológico? Sí que depende de la contención global; denuncia y protesta social. Porque muchos cambios están en puerta, legislativos entre ellos, también políticos para revivir el Estado de bienestar, gran parapeto para fines de control.

Los promotores del NOM temen que el mundo despierte y vea su realidad, descubra que pretenden desaparecer de ¡tres a cuatro mil millones de personas en el mundo! Como si las alimentaran, o fueran dioses de quienes depende la vida de los demás.

Ese es uno de los proyectos de las fundaciones Rockefeller y Melinda y Bill Gates. El dueño de Microsoft, por ejemplo, igual financia la elaboración de vacunas. De ahí la suspicacia sobre el “interés” de las mismas. ¿Cómo es que contra los virus la ciencia no había podido crear vacunas y de pronto ya? Sabido por décadas. Lo único es fortaleciendo el sistema inmunológico.

Sin embargo, ahora las farmacéuticas en plena carrera maratónica luchan las unas contra otras, para encontrar la vacuna contra un virus que ciertamente no admite tregua. ¿Por qué laboratorios de renombre cuyo fin se supone radica en la salud de la población, se vuelcan a la vacuna? De ahí la suspicacia: por los laboratorios, por los inversionistas, por la oscura carrera de la “ciencia”. La política por encina de la ciencia en la toma de decisiones.

 

Desconfianza por las vacunas

 

Cuánta desconfianza generan países como Gran Bretaña y la vacuna Covid-19 de Pfizer, por ejemplo, que luchan a contracorriente por sacar al “mercado” un producto cuyo desarrollo tardaría décadas, solo para “competir” con otros cuya efectividad está demostrada, esa sí, con amplios ensayos en laboratorio y animales, antes que aplicarla en el ser humano, versus Rusia y la vacuna Sputnik.

¿O por qué Pfizer busca alianza con Sputnik, para mejorar la primera? ¿Quién requiere de cuál para tener control de calidad o efectividad? ¿La primera de la segunda o viceversa?

Queda claro que para las farmacéuticas de “occidente” no importan los logros, es el negocio de la venta de vacunas con pedidos millonarios. 100 millones de dosis habría ordenado Estados Unidos solo en julio, y la Unión Europea muchas más: 300 millones de dosis. Pero inclusive y ojalá fuera solo el negocio. Porque hay más.

El problema mayor radica en que según especialistas la vacuna de Pfizer “se basa en una tecnología de ARNm de edición genética experimental que ¡¡¡influye en el genoma humano!!! Y que junto con la iniciativa de la vacuna está el desarrollo de un llamado pasaporte digital que se impondrá a poblaciones enteras”. El chip.

Es por lo anterior que, según la fuente: “A principios de diciembre, el Dr. Michael Yeadon junto con el Dr. Wolfgana Wodarg presentaron una solicitud ante la EMA, la Agencia Europea de Medicina responsable de la aprobación de medicamentos en toda la UE, para la suspensión inmediata de todos los estudios de la vacuna contra el SARS-CoV2 (coronavirus 2), en particular BioNtech/Pfizer estudio sobre BNT162b…”. (Fuente: https://tinyurl.com/ycjl42rf). Denuncia improcedente.

Aparte, que durante la experimentación (¡sic!): “Seis personas murieron en la última etapa del ensayo de la vacuna Covid-19 de Pfizer…”. ¡Y cuántos gobiernos están haciendo sus pedidos de vacunas a Pfizer! O ya la están aplicando. México entre ellos.

¿Con qué más tiene que ver la vacunación, cual pretensión es llegar al 80/90 por ciento de la población mundial? Con los avances de la biotecnología, pero también con la tecnología 5G, y ¡la violación de la seguridad de las personas! A cambio del control del “Gran Hermano”, como soñó Orwell.

El mundo proyectado de los promotores, los enterradores de la libertad de las personas o de su vida por causas que de entrada remiten al aislamiento, a la inanición de las economías familiares, a la hambruna y la violencia por conseguir alimento. A presiones tales donde las personas permitirán lo que sea, como hipotecar la libertad, a cambio de dádivas. La cosa es seria.

 

¡Será que llega el chip con la vacuna!

 

¿Será que la vacuna está acompañada de la colocación del chip? ¿Alguien podrá decir lo contrario? ¿Si no hay vacuna contra el virus de la gripa —por cierto, el coronavirus no es más que una variante de la influenza estacional—, por qué sí para el Covid-19?

¿Es la vacuna el gran pretexto para la modificación genética de la población en general, o para inducir cambios de conducta? ¿Quién puede negar que el simple encierro no descarta actitudes, por decir lo menos, de mayor violencia en las propias familias? No se descarta con la vacunación la inserción del chip para la geolocalización de las personas, una tecnología que ya se aplica vía el GPS del smartphone. Pero hay más: el control del mundo a través de la vigilancia digital.

Nada hipotético. Porque estas políticas de “vigilancia” ya son una realidad. También, porque va de la mano de otro de los intentos de la elite global que amenaza la población mundial a partir del 2021 con el “Gran Reinicio” o “El Gran Reseteo”. Como un subproducto de la “Cuarta Revolución Industrial” propuesto por el Foro Económico Mundial (FEM) y su creador, el profesor Klaus Schwab.

En otras palabras, no se trata de ninguna “teoría conspiratoria”, sería lo menos. El gran reinicio es un proyecto, una plantilla social para algunos o un plan para llevarse a cabo justo ahora desde los escenarios del coronavirus. ¿Maquiavélico? Lo es.

“El Gran Reinicio”, una suerte de nuevo “contrato social”. Lejos de la concepción roussoniana, del grupo social cohesionado en torno a un Estado y para el cumplimiento de los deberes ciudadanos, la concepción clásica. Se trata de lo contrario, cercano al “Gran Hermano”. Como ya ocurre en China. En YouTube sobre los videos sobre el tema metiendo: “China, inteligencia artificial, vigilancia”.

“El Gran Reinicio” pasa por: los registros de salud de cada persona, sus cuentas bancarias, la identificación de créditos; va de la salud al monitoreo y control del mundo por la vigilancia y la inteligencia artificial. Esa suerte de transhumanismo, donde el fin es el “bienestar” del ser humano, aumento de sus capacidades físicas e intelectuales, hasta la “eterna juventud”; o donde el hombre se vería “reconfortado” con la aplicación “científica” de los avances tecnológicos. La ciencia para unos cuantos, claro, los que puedan pagar, si no es que antes se habrían ido a otro planeta.

 

Del humanismo al transhumanismo

 

La economía en torno a la tecnología, la inteligencia artificial, la vigilancia artificial, el Big data o macrodatos (que para eso es la “computación cuántica”), la digitalización y robotización de la industria y el gobierno, la automatización y la reingeniería social. Entre otras cosas, como la llamada “tecnocracia”. Es la Cuarta Revolución Industrial, donde se fusionan los “sistemas digitales, físicos y biológicos”. Para un nuevo sistema económico donde se fusionen mente y máquinas con la inteligencia artificial. El transhumanismo.

El gran reinicio es lo que el FEM el califica como el abordaje de “un futuro más justo, sustentable y resiliente, así como un nuevo contrato social enfocado a la dignidad humana, la justicia social y donde el progreso no se vea opacado por el desarrollo económico” (https://tinyurl.com/y7hucxbn).

Y Schwab define: “El Gran Reinicio es una gran campaña de propaganda y publicidad para una nueva marca que la elite global está tratando de inculcar en la sociedad. Es solo una nueva propaganda en una farsa más antigua. Este es el Nuevo Orden Mundial redefinido. Es solo un nuevo nombre para él”.

Schwab, además, alude que El Gran Reinicio no se relaciona con el virus, que es una agenda gestada en años y que no es el fin de la globalización sino una globalización multiplicada; es decir, acelerada. Pero como dice una cosa dice otra.

En la obra COVID-19: The Great Reset, escrita por Schwab y Thierry Malleret, se apresuraron a afirmar: “Si ninguna potencia puede imponer el orden, nuestro mundo sufrirá una ‘falta de orden global’. A menos que las naciones y las organizaciones internacionales puedan encontrar soluciones para colaborar mejor a nivel global, corremos el riesgo de entrar en una ‘era de entropía’ en la que la fragmentación, la ira y el provincialismo definirán cada vez más nuestro panorama, el hacerlo menos inteligible y más desordenado”.

No hay lugar para ningún orden social espontáneo, solo el poder centralizado y vertical será capaz de hacer cumplir el orden social, ambiental, económico y geopolítico que solo “El Gran Reset” es capaz de proporcionar.

Lo remarca en su página el FEM en su página web de manera directa: “Existe una necesidad urgente de que las partes interesadas mundiales cooperen para gestionar simultáneamente las consecuencias directas de la crisis del COVID-19. Para mejorar el estado del mundo, el Foro Económico Mundial está iniciando la iniciativa The Great Reset”.

Y agrega en “Contexto”: “La crisis del Covid-19 y las perturbaciones políticas, económicas y sociales que ha provocado están cambiando fundamentalmente el contexto tradicional para la toma de decisiones. Las inconsistencias, definiciones y contradicciones de múltiples sistemas, desde la salud y las finanzas hasta la energía y la educación, están más expuestas que nunca en un contexto global de preocupación por las vidas, los medios de vida y el planeta. Los líderes se encuentran en una encrucijada histórica, gestionando las presiones a corto plazo contra las incertidumbres a medio y largo plazo”.

Sobre “La oportunidad”, el FEM agrega lo siguiente: “A medida que ingresamos a una ventana de oportunidad única para dar forma a la recuperación, esta iniciativa ofrecerá ideas para ayudar a informar a todos aquellos que determinan el estado futuro de las relaciones globales, la dirección de las economías nacionales, las prioridades de las sociedades, la naturaleza de los modelos de negocios y la gestión. de un bien común global. Basándose en la visión y la vasta experiencia de los líderes involucrados en las comunidades del Foro, la iniciativa Great Reset tiene un conjunto de dimensiones para construir un nuevo contrato social que honre la dignidad de cada ser humano.”

 

No hay retorno a “lo normal”

 

Y en el libro Schwab-Meyssan, cierran con esta idea: “Al enfrentarlo, algunos líderes y ejecutivos podrían sentirse tentados a comparar el reinicio con una reanudación, con la esperanza de regresar a la normalidad y restaurar lo que funcionó antes: tradiciones, procedimientos y métodos para hacer las cosas, en resumen, un regreso a la normalidad. Esto no sucederá porque no es posible. En su mayor parte, «el negocio como siempre» murió (o al menos fue infectado por) el COVID-19”.

Como podrá verse, la cura es peor que la enfermedad. Dirigida por unos cuantos, por la elite dominante o que no quiere perder el poder redefiniendo el control social, económico, político y geopolítico también. De hecho, se trata claramente de una reconfiguración geopolítica PostCovid-19. Pretendida imposición que costará gran número de muertes, sin olvidar la crisis o llamado estrés pandémico en la salud pública, con malestares físicos incluso sin contraer el virus.

Mientras tanto, el crimen contra la humanidad no pasa ni quedará impune. Ya se ha informado que un grupo de expertos, abogados y profesionales de la salud están preparando la denuncia colectiva más grande de la historia, en contra de los responsables de estas medias globales, desde los políticos hasta la propia OMS.

Cuatro abogados que fundaron el “Corona Extra-Parliamentary Inquiry Committee” en Alemania dicen que la pandemia del Covid-19 es ‘quizá el mayor crimen contra la humanidad jamás cometido’. Y las medidas pandémicas estaban destinadas a difundir el miedo para permitir una transferencia masiva de riqueza, y se han utilizado pruebas fraudulentas para mantener el engaño”.

Además, que la mortalidad por el coronavirus no ha sido tan letal, no hay evidencia que el confinamiento o las medidas económicas hayan generado resultados favorables. Y se han eliminado derechos humanos básicos. Esta última es bandera de Corona Extra-Parliamentary… (la siguiente cita, larga, vale la pena):

“Se afirma que la Agenda del 2030 de la ONU con sus Objetivos de Desarrollo Sustentable ‘asegura la paz y la prosperidad para las personas y el planeta’. Se dice que estas acciones abordan la pobreza y el hambre, mejoran la salud y la educación, reducen las desigualdades y salvan los océanos, los bosques y el clima. ¿Quién puede argumentar contra esas metas tan benévolas?

“Pero eso tiene un precio: Eliminar nuestra libertad personal. Los principales socios del proyecto de los Objetivos Globales de las Naciones Unidas revelan el verdadero objetivo tecnocrático que se esconde detrás de esta fachada, el cual implica integrar a la humanidad en un aparato de vigilancia tecnológica supervisado por una poderosa IA.

“El actual miedo a la pandemia ha sido un detonante perfecto para impulsar estos objetivos. El Foro Económico Mundial y su presidente Klaus Schwab consideran la crisis del COVID-19 como el detonante perfecto para implementar su plan tecnocrático. Las grandes compañías tecnológicas llegaran a rescatar el mundo.

“Esto se integrará en la agenda del G20 y de la Unión Europea, de una manera no democrática, sin ningún debate público o investigación, al ser renombrada como el Gran Pacto Verde.

“Como era de esperar, Klaus Schwab no menciona su propio papel y el de sus compinches en crear este desastre económico global, ya que fue ‘previsto’ con precisión en el Evento 201 de Bill Gates (octubre 2019) del Foro Económico Mundial y en los escenarios del Informe de la Fundación Rockefeller para el futuro de la tecnología y el desarrollo internacional (2010)”.

 

El fin del “bienestar” social

 

A esto hay que agregar las violaciones a los derechos humanos en todo el planeta. ¿Es la imposición del Estado de Bienestar o del policial? El primero es parapeto, el segundo es la triste realidad. Que además va de la mano de la vigilancia del “Gran Hermano”.

El llamado “Gran Reinicio” es la Gran Mentira para derrumbar por fin al Estado de Bienestar que solo subsiste, para la instrumentalización del Estado Policial.
Son los instigadores que amenazan la propia existencia humana, los promotores del NOM que apelan a la eficacia del miedo como estrategia infalible para lograr sus fines.

Por ejemplo, ya en marzo en los EEUU el Departamento de Justicia solicitó nuevos poderes al Congreso, para que los “jueces principales detengan a las personas por tiempo indefinido sin juicio durante las emergencias, como parte del impulso por nuevos poderes que se producen a medida que el nuevo coronavirus se propaga por todo EEUU.” (Más información en Político: https://tinyurl.com/vzmvwss). El tema quedó pendiente.

Por el pretexto del coronavirus, en muchos países los gobiernos están forzando a los ciudadanos a recluirse en casa, sin que ello sea garantía de resultados, en tanto las economías de las familias se descomponen. Todavía más en países donde la informalidad es el sostén de muchas personas. Donde si no se trabaja no se come. Y las familias no son de pocos integrantes, los pequeños son los que la pagan.

Así, de la mano de la peor crisis económica mundial del capitalismo a cuestas, la instalación del Estado totalitario, autoritario y policial, se acelera rumbo al control de la población planeado desde la sombra del poder oligárquico, por los países impostores de una globalización hoy a pique.

Del llamado “Gran Reinicio” es importante decir que, entre otras cosas, es la Gran Mentira para derrumbar por fin el Estado de Bienestar, que solo subsistirá para la instrumentalización del Estado policial en el futuro mediato. Contra eso hay que estar alertas.

 

¡Cuidado con el Estado totalitario!

 

La instauración del Estado totalitario y policial se acelera para el control de la población a la sombra del Nuevo Orden Mundial (NOM) impulsado por las oligarquías de los países occidentales, principalmente anglosajones quienes se resisten a perder la hegemonía prevaleciente desde el fin de la Segunda GM, y los privilegios y la riqueza acumulada. Para eso requerían una guerra, para conservar el pellejo sin importar arrasar con todo.

Es claro que las guerras han servido para el reacomodo del poder y el reparto de territorios entre las potencias, como mecanismo para salir de las crisis cíclicas del capitalismo. Solo que ahora la guerra es —de última generación— bacteriológica, para culparla de la debacle y para imponer el NOM.

De ahí la siguiente sugerencia: “Es hora de que todos salgan de este trance negativo, esta histeria colectiva, porque el hambre, la pobreza, el desempleo masivo matará y destruirá las vidas de muchas más personas que el SARS-CoV-2”. (Dr. Pascal Sacré. En https://tinyurl.com/y3nwuhqd).

 

Anexo

 

Sobre las Medidas Preventivas

 

Según estudios, las reuniones entre “amigos” procedentes de distintas familias parecen ser el caldo de cultivo del coronavirus. Ya sea por la “respiración” o la “saliva” al hablar sin la protección del cubrebocas respectivo. No así los lugares abiertos, porque tampoco el bicho vuela en el ambiente, sobrevive en los materiales o se esconde en las perillas y manijas de las puertas de acceso.

Las medidas sanitarias, como lavarse las manos con jabón y usar desinfectante son obligadas Cierto que quizá tengamos que vivir en el futuro con esto, pero debemos conocer los alcances y limitaciones.

La eficacia de la vacuna está por verse. Pero sí es importante acudir de inmediato a un médico si se presentan alguno de los síntomas conocidos. Hay muchos doctores que ya tienen experiencia en el tratamiento desde esos primeros síntomas.

Hay que considerar que se han adoptado algunas medidas que resultan excesivas. Pero hay que estar seguros. Por ejemplo, urge tener en claro si es necesario portar el cubrebocas en casa y caminando por la calle, porque el virus no está en el ambiente y resulta contraproducente reciclar bióxido de carbono de nuestra propia respiración.

Es urgente que tanto biólogos como especialistas e investigadores, informen con precisión a la sociedad sobre estos asuntos. Para no causarse más daño del que pretendemos evitar.

Porque la desorientación sobre la pandemia la generan los políticos, urge la asesoría de las universidades, de instituciones ajenas quienes anteponen el interés sobre la salud y la vida de las personas.

En pocas palabras, cada sector o parte de la sociedad que tenga algo que aportar, incluidos médicos, virólogos, biólogos, laboratorios y otras instancias que pueden apoyar informando para despejar dudas a la sociedad.

Principalmente insistir en las medidas preventivas.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/210457

 


jueves, 29 de agosto de 2019

EN EEUU Y EL MUNDO, LA CRISIS DE 2020 SERÁ PEOR QUE 1929 O 2008



Imagen: tacnacomunitaria.blogspot.com
 



28/08/2019

-La gran depresión amenaza con desbaratar la hegemonía estadounidense
-Si Trump pretende desarticular el viejo modelo predominante, a punto está
-Cíclicas, las crisis del capitalismo están vigentes, como lo describió Marx
La guerra comercial y tecnológica es el detonante de una nueva depresión mundial”:
 Michael Roberts

La crisis que viene será peor a la gran depresión de 1929 del capitalismo de principios del siglo XX, solo 10 años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial (2ªGM).

Nada comparable a la debacle de 2008, la “crisis” que provocó el hundimiento del sistema hipotecario —sostén del sistema financiero/bancario con todo y los “rescates” promovidos por los bancos centrales (Reserva Federal y el BCE, etc.), de los fondos de inversión como Lehman Brothers o las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac—, de Estados Unidos de América y que afectó al mundo parecerá juego de niños.

Es decir, la crisis de 2020 será peor todavía para el capitalimperialismo estadounidense y el resto del mundo capitalista, porque asoma la crisis cíclica, la que según el académico Kondratieff —que tomarán posteriormente otros como Joseph Schumpeter— ocurre aproximadamente cada 52 años. El diagnóstico apunta a no fallar, pues también conforme a la teoría marxista la gran crisis es inminente.

Porque será más profunda que las anteriores y afectará tanto al sistema de producción de capital en sus entrañas, a la economía real —la industria, el comercio, los servicios, el campo, la economía tradicional—, como, sobre todo, derribará al mismísimo sistema financiero especulativo, el de las volátiles burbujas especulativas que ha creado riqueza ficticia a costa de las ganancias “futuras”, pero sostenida con alfileres.

La crisis será profunda porque irá más allá:

1) Pondrá en jaque la existencia misma del capitalismo como sistema de producción, ahora que se topó ya con que la explotación de los recursos naturales es finita;

2) Está en juego el esquema imperialista de control mundial, con la economía estadounidense a la cabeza;

3) El sistema financiero mundial está en jaque;

4) La subsistencia de los grandes corporativos con ganancias tienden inevitablemente a la baja;

5) Una hegemonía, la de los Estados Unidos de América, en disputa, nunca como ahora desde el fin de la 2ª GM.

Todo asoma a la vuelta de la esquina. No menos importante es que la crisis de 2020 puede terminar con el esquema de control heredado de la segunda posguerra; es decir, que suceda una recomposición del mundo, con China a la cabeza desde la influencia y poder conseguidos en las últimas décadas en la economía mundial, y con la hegemonía de Rusia en el terreno de la geopolítica, les guste o no al mundo Occidental de ahora.

El mundo, a partir de entonces, bien puede comenzar una etapa nueva; si bien dentro de una globalización de corte no muy distinto —las inversiones vigentes han apuntado siempre a la explotación y la ganancia (cual naturaleza del capital), las otras, a la inversión también pero con infraestructura en los países; las de EUA y las chinas, respectivamente—, sí sería con otros actores, porque la batuta cambiará de manos: de los EUA a China en la economía, de los EUA a Rusia en la geopolítica. La crisis profunda podrá cambiar, ahora sí y de manera pacífica, la hegemonía estadounidense sobre el mundo.

Quedará en juego todavía, el potencial nuclear, porque los estadounidenses son potencialmente tan fuertes como peligrosos. Pero por lo pronto los controles de mando de la Matrix estarán del otro lado del mundo. Y la crisis puede lograr eso y más, en tanto el principal país afectado por la misma será, precisamente, el estadounidense.

Como quiera que suceda —tan pronto como la caída de las bolsas que en tiempos de debacle suceden en pocas semanas—, el mundo podrá cambiar, primero desde el punto de vista comercial. Luego desde la geopolítica, donde a la vista Trump está perdiendo las batallas (¿deliberadamente para desarticular el viejo modelo depredador y de guerra del Estado profundo y el Pentágono, con todo lo que implica?).

Claro que, con resistencia a morir, el mundo anglosajón de EUA y Gran Bretaña, podrá desarticularse paulatinamente en tanto sea desplazado por otros jugadores internacionales, los instrumentos internacionales perderán su rol o de plano desaparecerán.

Sin la hegemonía estadounidense el mundo puede cambiar a paso firme. Por cierto, que el viejo continente europeo —como integrante del mundo occidental, con o sin Euro como moneda común—, saldrá más afectado de lo resquebrajado que está.

No queda claro cómo podrá retomar la recuperación económica, en un otro contexto y sin la ayuda estadunidense. Sin el amo de quien ha dependido en materia de inversiones y directrices, con los grilletes puestos desde el final de la 2ªGM a la fecha.

Trump, en campaña

Por lo pronto, las señales que aparecen tanto políticas como económicas son de cuidado. De un lado el presidente Donald Trump, por el otro —con la misma estrella hollywoodense en la frente— sus declaradas guerras comerciales, la más importante de ellas contra China, por un multimillonario déficit que no resolverá.

Hablando de política, en alusión a “aquellos que quieren afectar la reelección”, dice Trump: “Algunas personas que hacen previsión económica, grupo de elites que no saben nada de la economía real”, como a los medios de comunicación a quienes culpa de “provocar una recesión y afectar sus posibilidades de seguir en la Casa Blanca”.

Hace unos días el The Washington Post dijo que el mandatario está preocupado ante la posibilidad de que una recesión económica a nivel mundial golpee de lleno al mercado estadounidense y frustre su reelección (cuando el rio suena es porque agua lleva).

“Los medios de noticias falsas están haciendo todo lo posible para colapsar la economía porque piensan que eso será malo para mí y para mi reelección. El problema que tienen es que la economía es demasiado fuerte y pronto estaremos ganando mucho en comercio, ¡y todo el mundo lo sabe, incluso China!”, escribió, lo cual se duda.

Sin embargo, el inquilino de la Casa Blanca cree que los medios de comunicación se están confabulando en su contra para evitar su reelección, lo que bien puede suceder. Pero de ahí a considerar que sean los medios, quienes con el apoyo de las elites que nada saben de economía, están “provocando la recesión para impedir su reelección”, está de risa.

Cierto que son muchos los expertos que ven en la disputa comercial iniciada contra China y la Unión Europea (UE), por el propio Trump, como la razón principal de que la economía mundial haya entrado en una fase de deceleración a nivel global. Pero ese solo consenso pone en entredicho el supuesto de Trump. Pues lo que tenga que pagar por su responsabilidad en esa guerra comercial que le resultará fatal, será a su cuenta personal. No de los medios de comunicación ni de quienes hacen los diagnósticos.

Lo cierto es que, cuando Trump dice que la economía estadounidense goza de buena salud, se olvida que —si se topara con un buen contrincante de campaña—, bien le podría refrescar la memoria del publicista de Bill Clinton, James Carville, con aquella frase que le ganó a George Bush en 1992: “Es la economía, estúpido”.

Es la economía, claro, y solo una parte le corresponde a la guerra comercial, porque el fondo está marcado por los problemas estructurales de la economía estadounidense, que están en plena ebullición.

Por cierto, que los datos están ahí, y son nada alentadores. Antes de los indicadores de la economía real, veamos parte del impacto de la guerra comercial. Para empezar, el proteccionismo estadounidense, más que beneficios económicos está generando la desaceleración en la economía mundial. Las continuas alzas arancelarias impiden pactar los precios a futuro, que son el alimento de la especulación financiera y de las ganancias de las corporaciones estadounidenses.

Ni los aranceles le serán suficientes a Trump para desarmar a China —y los recursos que se quedan por ello tienen un impacto pírrico—, todo lo contrario, le está poniendo el escenario comercial mundial a sus pies.

Dos ejemplos claros. Así como con el gigante Huawei lo único que Trump logró al cerrarle las puertas del mercado estadounidense, fue posicionarlo afuera al desmarcarlo de la competencia interna, de igual manera la carrera por la tecnología ultramoderna del G5, que han desarrollado aceleradamente los chinos, la está ganando el país asiático por encima de las empresas de EUA.

En ambos terrenos quedó en claro que los perdedores son Trump y sus corporativos locales, en ganancias y competencia tecnológica. Por ejemplo, solo en junio pasado 141 asociaciones de empresarios y 520 compañías enviaron misiva al presidente, para explicarle que la escalada está afectando al consumidor y a sus negocios, además de pérdida de empleos y bajo crecimiento —del 1.8 por ciento, comparado con el 2.9 del año anterior. Trump envió contraindicación ordenando que las compañías “busquen inmediatamente alternativas” frente a China.

Es decir, la guerra está cambiando el flujo de bienes globales, y en general impactando a la economía que Trump tanto quiere proteger —su “América primero”—, pero consigue lo contrario: enfriar la economía para conducirla al colapso, como puede medirse en el mercado bursátil de Wall Street (índice Dow Jones, S&P y Nasdaq), los mercados de petróleo (Texas y Brent), las bolsas del mundo en (EUA y Europa) y la economía global a quien el FMI resta el 0.3 por ciento al crecimiento mundial para 2020.i Y en materia migratoria no le va mejor, porque está despidiendo mano de obra barata.

El pulso de las calificadoras

Volviendo a las señales de la crisis. La burbuja económica de hoy en EUA es peor que la del desplome del 2008. Para comenzar está el riesgo de estanflación: estancamiento crecimiento con inflación, una situación que Japón ha vivido durante décadas. La señal la daría la Fed, al recorte de las tasas de interés, para “evitar que el aire salga de la burbuja” como ha dicho Peter Schiff, director de Euro Pacific Capital.

El caso es que, si fuera cierto que la economía marcha bien, como twittea con frecuencia Trump, el responsable de la Fed, Jerome Powell, debería elevar las tasas en lugar de recortarlas. Pero lo cierto es que la economía estadounidense se encuentra peor que antes del colapso de 2008. Porque, afirma Schiff, EUA se dirige hacia una recesión, independientemente de lo que haga la Fed.

El especialista, quien predijo la última crisis económica global, aparte alerta que lo grave es que el colapso establecerá una estanflación; pero más allá, habrá una recesión acompañada de inflación, mucho mayor de la estanflación de los años 70.ii

De entrada, incluso la Fed establece en un 29.62 por ciento la posibilidad de que ocurra una recesión, un nivel no visto desde mayo de 2008 (la debacle ocurrió en septiembre cuando se llegó al 32 por ciento), anticipando mayores problemas para los 12 meses siguientes, mediados del 2020. (El reporte es de mediados de junio).iii

Y a la guerra comercial, la Fed agrega un menor crecimiento económico por no contar con el efecto positivo de los impuestos o un mayor gasto público como en 2018. A estas alturas, ni la estrategia keynesiana aplica para evitar la crisis: bajar en las tasas de interés e impresión de billetes para inundar el mercado, o un gobierno que crea demanda, como sugirió recientemente Paul Krugman, en Princeton.

En este contexto, el consenso es que una recesión ocurre cuando la actividad económica registra por lo menos tres trimestres consecutivos de variaciones negativas. En 2019 el PIB se espera en 2.5 por ciento —contra el 2.9 por ciento de 2018—, mientras para 2020 podrá caer al 2 por ciento —o un 1.9 según encuesta Bloomberg—.iv PIB a la baja.

También en encuestas, dos tercios de los economistas de empresas prevén en un 56 por ciento que la contracción ocurra en 2020, y solo un 33 por ciento de que se presente en 2021 (sondeo entre el 28 de agosto y el 17 de septiembre, de 2018, de la Asociación Nacional de Economía Empresarial).v

También directores de finanzas de EUA encuestados por la Universidad de Duke, el 82 por ciento opina que la recesión comenzará a finales de 2020. Un final cercano para el colapso del crecimiento económico global da casi una década de duración.vi Sin embargo, podría ser en 2019, si la Fed sube las tasas o si la guerra comercial entre EUA y China se “deteriora sustancialmente”, dijo el jefe de Ameriprise, Russell Price.

La administradora de fondos de inversión y capital de riesgo estadounidense KKR (Kohlberg, Kravis, Roberts) predijo en 2017 que la recesión para el 2019, acompañado de un ciclo masivo de desapalancamiento de los millennials luego de la expansión de crédito al consumo en forma de préstamos para alimento y automóviles.

El siguiente cuadro muestra las principales métricas del crecimiento económico y valoración de activos en EUA que dan señales de advertencia.


“Prácticamente todas las principales métricas de crecimiento económico y valoración de activos de los EUA están dando señales de advertencia rojas en relación con las normas históricas”.

Conclusiones de KKR: 1) los precios de los activos están entre razonables y caros; 2) estamos en medio o al final del ciclo, EUA incluido; 3) Casi 96 meses en la fase de expansión típica de 37 meses, el tercer periodo más grande de los EUA. Y en términos de rentabilidad de acciones, los retornos de S&P en los últimos 8 años sólo han sido superados por los retornos que precedieron a la gran depresión, el crack de 1987 y el tecnológico.

La propia extensión del ciclo expansivo empieza a poner nerviosos a muchos analistas económicos, que escudriñan los indicadores adelantados de actividad para calibrar en qué momento el país comienza a frenarse”, dijo entonces. El economista Henry H. McVey escribió en abril de ese año en el portal de KKR que las deudas del gobierno estadounidense y el sector corporativo crecieron 112 por ciento y 41 por ciento, respectivamente. E incluyó la idea de Tom Wolf: “Te dirá la verdad: Estás débil’”.vii

Para estos mismos consultores, las condiciones para la debacle en 2020 están puestas. 1) Volatilidad del mercado, 2) Impacto del proteccionismo que reduce el crecimiento, 3) Apalancamiento de la curva de rendimiento (cuando los rendimientos de los Bonos a 2 y 10 años se acercan al punto en que se revierten: que las de corto plazo son más altas que las de largo plazo).

Aparte, los niveles de apalancamiento corporativo podrían prolongar la desaceleración y conducir a muchas bancarrotas, pues los niveles de deuda son bastante altos, habría dicho la presidenta de la Fed, Janet Yellen, en diciembre de 2018.viii

Black Rock, la mayor gestora de activos del mundo, lleva la recesión en EUA hasta 2021. La economía global, dijo en diciembre de 2018, y las ganancias de las empresas frenarán su crecimiento el próximo año (2019), y las probabilidades aumentarán en más de 50 por ciento de que la recesión ataque a finales de 2021.ix

Hasta aquí la perorata de las calificadoras que negocian en el mercado especulando con el dinero de los inversionistas. Quisieran que la debacle no llegara, y no pocas veces aplican la política del avestruz.

La otra realidad

Si bien ya en 2008 se planteó que “la crisis no fue el resultado de una sobreacumulación de capital en sectores de punta, sino de la creciente desconexión entre la nueva economía financiera (colosal masa de sobreacumulación de capital-dinero especulativo en búsqueda de colocación lucrativa por cualquier medio), y de las dimensiones de la economía real, la demanda social y la inversión productiva en Estados Unidos y en la mayor parte del mundo.”x

La desproporción es tal que el capital financiero representa 160 mil billones de dólares, lo equivalente a tres o cuatro veces el PIB mundial, un capital ficticio que descansa en el sobreendeudamiento; es decir, las anticipaciones a futuro. La capitalización de estas anticipaciones alimenta la liquidez de la economía a través del reciclaje bancario de plusvalías ficticias, lo que permite a los EUA un crecimiento económico basado en el endeudamiento interno y externo, como motor principal del crecimiento mundial.

Ni lejos que la economía real, de la producción industrial, logre crecimientos sostenibles y significativos durante años, capaces de valorizar los capitales acumulados, por lo que corresponde al capital financiero que se mueve entre el sobreendeudamiento y los futuros.

Cabe aclarar, por cierto, que Marx con El Capital no ha perdido la guerra. Ignorado sí. Pero entregó importantes claves para entender el mundo en sus obras. Aún a contracorriente, sus leyes han sido probadas con el tiempo, a beneficio de la clase obrera y el cambio de este modelo explotador que es el capitalismo, en cualquiera de sus facetas, como la actual de hegemonía imperialista de los EUA.

Para él, las crisis son inherentes al capitalismo, en cualquiera de sus facetas —como la actual de corte imperialista y predominio estadounidense—, y por tanto inevitables.

Lo cierto es que la crisis en los EUA se encuentra a un tris del estallido. Y las condiciones internas así lo demuestran:

1.     Déficit presupuestal elevado;

2.     Endeudamiento interno y externo del sector privado desbordado;

3.     La rentabilidad y las ganancias a la baja;

4.     Dólar en declive por la relación adversa con el resto de monedas del mundo y su paulatino abandono como moneda de intercambio mundial;

5.     Tasas cero de interés, con impresión de billetes sin control desde la Fed;

6.     La guerra comercial declarada contra China que amenaza al mundo.

El propio Trump no se da cuenta, como el rey del cuento de Andersen, que va desnudo por el mundo. Pero sí alude, como veíamos, que posiblemente se retire de la contienda 2020 por el temor a la debacle, porque ciertamente la crisis está dando señales claras. Para ese año, es el consenso de las mayorías consultadas, de expertos y analistas.

Por consiguiente, con un crecimiento a la baja: En 2019 con un PIB de 2.5 por ciento —el 2.9 por ciento de 2018—, y un 2 para 2020, la caída es inminente. Y las condiciones ya están dadas.

Por ejemplo:

1.- El bajo crecimiento del PIB en 2018 trajo consigo una caída en los mercados de valores hacia finales del año, lo que alarmó a los mercados.

2.- Los precios del mercado de valores desde 2009 se ha sostenido sólo por el bajo nivel de los tipos de interés a largo plazo, cercano a cero, y por la flexibilización cuantitativa (compra de activos con crédito).

3.- Ese mismo año, los inversionistas captaron que el aumento de las tasas de interés vs. una tasa de rendimiento del capital tocó techo, lo cual devino en una caída en 2019.

4.- Todas las previsiones de crecimiento son más bajas en 2019 (FMI, OCDE, BM).

5.- un crecimiento más rápido viene acompañado de rentabilidad y ganancias, y la deuda global, la del sector privado que aumenta.

6.- Las condiciones de la deuda han comenzado se ha endurecido.

7.- Ante declaraciones como las de Jenet Yellen sobre los “gigantescos agujeros en el sistema financiero”, donde la regulación está sin terminar y el gobierno no hace lo debido.

8.- El endeudamiento corporativo sin respaldo (los préstamos apalancados) puede representar un “contagio financiero”.xi

La caída de la segunda semana de agosto de Wall Street, con el Dow Jones del 3 por ciento o 800 puntos, el S&P 500 que cayó un 2.9 por ciento y el Nasdaq de tecnología en 3 por ciento, es muestra de que las condiciones para la debacle están dadas.

Factores que contribuyeron a la caída del mercado: Signos claros de una contracción global; la continua caída de los rendimientos de los bonos; un reconocimiento creciente de que el estímulo monetario por parte de los bancos centrales del mundo no van a traer un repunte de la economía global; una crisis financiera en Argentina; la actual guerra comercial entre EUA y China; inestabilidad política en Europa como ejemplo de la crisis del Brexit y la ruptura del gobierno italiano; el crecimiento de la oposición social en la clase trabajadora, ejemplificada en las 10 semanas de protestas y manifestaciones en Hong Kong.xii

La teoría de Marx sobre las crisis

La tasa de ganancia. Marx se propuso desentrañar todo lo referente al capitalismo. Y lo logró, hasta donde la vida le alcanzó. Su ley para comprender las crisis del capitalismo está en El Capital, se basa en la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (Libro III), sustentada a su vez en la ley del valor (Libro I).

El capitalismo tiene crisis regulares y concurrentes, y crisis financieras. Las primeras son por la dinámica propia del capital, las segundas por una economía monetaria con fines de lucro.

La ley se sostiene en que el valor de los medios de producción (maquinaria, equipo, oficinas), con el tiempo aumenta en relación con el valor de la fuerza de trabajo; a eso Marx le llamó composición orgánica del capital. Como el valor solo se crea por la fuerza de trabajo, con el tiempo disminuye respecto de la inversión en medios de producción. Y la tasa de ganancia cae.

Por tanto, la ley se basa en dos supuestos: 1) La ley del valor implica, que el valor y la plusvalía son creados solo por el trabajo vivo; 2) La acumulación capitalista conduce a un aumento de la composición orgánica del capital.

En la práctica, este aumento implica que hay un incremento de la productividad del trabajo, como consecuencia de la mecanización. Al mismo tiempo que la máquina desplaza trabajadores, la modernización exige mano de obra especializada. En ambos casos deviene el desempleo. El capitalista invierte en máquinas porque cree que eso es lo que le da ganancias, dejando de lado que es la mano de obra explotada, pero a quien solo interesan las ganancias.

Sobre la crisis de 2008, en el periodo previo a la gran recesión de 2008-2009, se puede ver la causalidad visiblemente para las ganancias, la inversión y el PIB de los EUA.


La masa de ganancias alcanzó su techo a mediados de 2006, la inversión y el PIB dos años más tarde. Las ganancias vuelven a recuperarse a finales de 2008, y la inversión un año más tarde.

La ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia predice que, con el tiempo, habrá una caída en la tasa de ganancia a nivel mundial, provocando una crisis de carácter devastador.xiii Tal vez ahora sí, la oportunidad histórica para el cambio profundo que necesita la humanidad: deshacerse del capitalismo atroz y destructor, de la naturaleza y la vida humana.

Teoría de las ondas largas

Se atribuye al académico y ruso Kondratieff la teoría de las ondas largas, pero su origen es invariablemente marxista, desarrollada por pensadores como Parvus, Kautsky, Van Gelderen y Trotski. Luego adoptada por Shumpeter, Simiand y Dupriez.

“El caso es que la existencia de las ondas largas en el desarrollo capitalista difícilmente puede negarse, a la luz de unas pruebas abrumadoras”, dice al respecto Ernest Mandel.xiv

La estadística prueba que, si se toma en cuenta indicadores clave como el crecimiento de la producción industrial, el crecimiento de las exportaciones mundiales en diferentes periodos, las fluctuaciones son claramente marcadas, en las tasas medias de crecimiento, con altibajos entre las sucesivas ondas largas que oscilan entre el 50 y el 100 por ciento.

Dichas ondas largas con evidentes en las economías de los países capitalistas más avanzados, así como en la producción mundial en su conjunto. La gráfica última revela la tendencia última que enmarca la debacle hacia el 2020. No más allá. Ondas largas y crisis del capitalismo, en una sola exposición gráfica.


Gráfica: Quigley, Christopher. Kondratieff Waves y la gran depresión de 2013-2020. Febrero 12 de 2012.xv Ver tmb.: https://tinyurl.com/y6qq8kfw.

25 de agosto de 2019.

Notas
iv Ibidem
xiv Mandel, Ernest. Las ondas largas del desarrollo capitalista, S. XXI. 1986.