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viernes, 29 de julio de 2016

HACIA EL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ, SEGÚN LOS ESPAÑOLES …





Coloquio:
HACIA EL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ, SEGÚN LOS ESPAÑOLES …


En el blog de Juan Luis Orrego, a quien respeto y admiro por su abundante trabajo de difusión histórica, aparece la información sobre el Coloquio hacia el Bicentenario de la Independencia del Perú realizado en noviembre de 2014 y quisiera saber cuál fue el resultado (http://blog.pucp.edu.pe/blog/juanluisorrego/2014/10/01/vi-coloquio-hacia-el-bicentenario-de-la-independencia-del-per/) y debo admitir que me ha alarmado. En su artículo dice lo siguiente:

La importancia de este Coloquio Hacia el Bicentenario de la Independencia del Perú consiste, en mi opinión, en que:
“La edición del coloquio de este año contará con la participación de los académicos Manuel Chust Calero (Universidad Jaime I de España), Alfredo Moreno Cebrián(Consejo Superior de Investigaciones Científicas), Ascensión Martínez Riaza (Universidad Complutense) y Carmen McEvoy (University of the South, Sewanee, Estados Unidos), y presentará dos tipos de actividades.
En primer lugar, habrá un taller, previa inscripción, con profesores de colegios y alumnos de Historia, que estará a cargo de los invitados extranjeros. COMO RESULTADO DE ESTOS TALLERES DE TRABAJO GRUPAL, SE EDITARÁN LOS CUADERNOS DEL BICENTENARIO, UN MATERIAL DE ENSEÑANZA PARA LOS COLEGIOS A NIVEL NACIONAL. Luego habrá dos sesiones plenarias, abiertas al público: la conferencia magistral del profesor Manuel Chust y la presentación del libro “La Independencia inconcebible: el trienio liberal español y la pérdida del Perú” (1820-1823) a cargo de los invitados.
Aplaudo la iniciativa de que se actualicen los textos de historia del Perú en general y sobre todo los textos escolares, porque son parte de los elementos que forman o deforman la idiosincrasia nacional.

Sería muy conveniente que el Estado Peruano haga un esfuerzo por incluir los textos difundidos por Charles Mann en su obra 1491, publicada en 2005, donde describe los últimos descubrimientos científicos sobre la realidad en el continente americano antes de la llegada de los europeos.

Así, por fin, sabremos el auténtico valor de nuestra cultura y de nuestros ancestros.

Pero, me pregunto:
¿Dos catedráticos españoles nos vinieron a enseñar cómo fue el proceso de independencia en nuestro país?

Y formulo otra pregunta incauta:

¿El ministerio de Educación de Chile permitiría que dos catedráticos peruanos incluyan en el programa oficial de educación sobre la Historia de Chile la versión peruana sobre la Guerra del Salitre? 

Mi última pregunta ingenua:

¿Habrán incluido en los Cuadernos del Bicentenario el verdadero papel y decisivo aporte de las partidas de Montoneros, de héroes como Ninavilca entre centenares más?  Las partidas de Montoneros  y sus heroicas Rabonas surgieron patriótica y casi espontáneamente en la Sierra del Perú.

Me preocupa que los textos de historia, en su gran mayoría, hagan hincapié en la deuda que tenemos los peruanos con las expediciones libertadoras del sur (San Martín) y del norte (Simón Bolívar) que fueron remuneradas con préstamos que el Perú contrajo con Inglaterra o el bloqueo naval que fue financiado por  Chile (a quien no se ha agradecido nunca el gesto). 

Hubo cerca de 20 mil británicos en nuestra independencia porque el objetivo de Inglaterra era apropiarse de nuestros territorios, abundantes en recursos naturales, en cuanto España los dejara ir. Prueba de su éxito, es que al independizarnos de España todas nuestras riquezas quedaron en manos de los británicos.

Los generales de San Martín fueron premiados con haciendas y fincas y todos los soldados extranjeros recibieron sueldos que eran el doble de lo que ganaban en el ejército británico. La mayoría de los extranjeros eran mercenarios y fueron compensados por su trabajo y recompensados  con dinero o con propiedades, por sus hazañas.

No fue así con los montoneros peruanos, indígenas casi todos, que fueron carne de cañón, lo único que recibieron del país, por su contribución a la independencia, fueron sus muertos para enterrarlos, ni siquiera les dieron las gracias, no figuran en ningún texto de historia ni en ningún monumento o memorial y sin embargo fueron ellos, miles de ellos, PERUANOS, que con sus mujeres padecieron hambre, frío, torturas y vieron sus pueblos arrasados por los españoles que San Martín ordenó que fueran respetados por los montoneros, al salir derrotados por el tenaz y exitoso cerco que formaron en Lima miles de indígenas.

Esos verdaderos héroes peruanos, cambiaron el resultado de las batallas poniéndolas a favor del Perú cuando las expediciones del norte y del sur ya se habían rendido.

Los únicos peruanos que figuran en el panteón de los próceres, en los billetes, calles, avenidas y monumentos son en su mayoría los vende-patrias que negociaban la entrega de nuestros territorios y ofrecían convertirnos en protectorado inglés o norteamericano o devolvernos al seno de España, o los que se enriquecieron ilícitamente en sus cargos públicos.

¿Cómo se puede luchar contra la corrupción si la historia que enseñan en las escuelas nos dice que a los peruanos nos tuvieron “que regalar” la independencia, porque éramos tan cobardes que no luchamos por ella? ¿Si nos inyectan en la mente el modelo del gobernante que puede robar, siempre y cuando haga una que otra obra?, ¿si la impunidad campea oronda a todo lo largo de la historia del Perú?

Ya es hora de que los historiadores escriban la verdadera historia del Perú y no esos cuentos que nos ponen por modelo a los políticos deshonestos, a los que agasajaban y les pagaban su sueldo a los soldados españoles, mientras que les negaban un pan y un vaso de agua a los montoneros que eran quienes defendían a la patria.

¿Cómo es posible que se rinda pleitesía a los caudillos corruptos y que los “vecinos notables” (que les pagaban el sueldo a los soldados realistas) firmaran el acta de la Independencia, mientras que héroes como los montoneros que obligaron a los españoles a rendirse, no fueron ni siquiera invitados a esa ceremonia?

Quispe Ninavilca, líder huarochirano, BRINDÓ TODA SU FORTUNA EN PRO DE LA CAUSA DE LA INDEPENDENCIA, Y COMBATIÓ SIN DAR RESPIRO AL ENEMIGO ESPAÑOL. Por su patriotismo y entrega a favor de la emancipación, se hizo acreedor a una medalla de oro, que le concedió el Libertador San Martín, el 1 de octubre de 1821. Asimismo, por sus méritos y servicios a favor de la libertad del Perú, el generalísimo le confirió el grado de capitán, el 13 de febrero de 1822 y el 1 de julio del mismo año, el grado de sargento mayor.

El patriotismo y valor fueron las principales características de este prócer, quien muchas veces fue calumniado y combatido por jefes extranjeros. Ninavilca, siempre luchó por los intereses de sus coterráneos y nunca estuvo de acuerdo en mantener mandos foráneos en los destinos de la naciente república, por ello fue atacado.

El líder huarochirano MURIÓ EN LA MÁS ÍNFIMA POBREZA EN EL EXTRANJERO Y YACE EN ALGUNA FOSA COMÚN EN EL CEMENTERIO DE GUAYAQUIL. Lamentablemente, sus restos no han sido hallados porque QUIEREN MANTENERLO ETERNAMENTE ANÓNIMO Y DESCONOCIDO.

Lima, 27 de julio 2016
Yolanda Sala Báez
DNI 10558636

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Categorías: Uncategorized | Enlace permanente.
Autor: la narradora
Estudié antropología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, me dediqué 35 años a la traducción y hoy, por fin, escribo relatos y estoy trabajando en mi primera novela


viernes, 28 de marzo de 2014

TIENES 53 AÑOS Y TIEMBLAS



       Tienes 53 años, estás empezando una nueva relación sentimental, un nuevo abalorio en el collar de la vida y te sientes fuerte, poderosa, capaz de ser feliz y de hacer felices a quienes te rodean.

       Pero una mañana te despierta el temblor involuntario de un pie y de una mano. No le prestas atención: tienes que ocuparte de cosas mucho más importantes. Pero el temblor se repite, te produce malestar porque distrae a tu interlocutor del mensaje que le transmites. Lo peor es que se presenta cuando compartes algo que te produce pasión, tristeza o furia.

     La frecuencia de esos episodios te arrincona y obtienes una cita con el médico de la familia. Estás en otro país y ésta es tu primera atención de salud en él. Afortunadamente nuestro médico de familia, el Dr. Johan  Thielen habla cinco idiomas, es amable, eficiente y callado, es uno de los pocos profesionales de la salud que dedica media hora de atención a sus pacientes y evita bombardearnos con medicamentos, apelando a soluciones naturales y aplicando sentido común. 

     Te escucha atentamente, te hace varias pruebas de coordinación pero no quiere adelantarte una opinión y te indica que debes acudir a un neurólogo.

      Sigues sus instrucciones y te recibe un médico serio, formal, que te pide que camines hasta la puerta y luego te indica que te sientes al borde de la camilla, te formula preguntas sencillas que respondes tranquilamente. Te solicita que hagas movimientos de coordinación con las manos y tú piensas que estás perdiendo tu tiempo.

      Luego te sientas frente a él y te dispara estas frases:

—Usted padece una enfermedad neurológica, degenerativa e incurable. Usted tiene el mal de Parkinson.

         Y crees que ese médico serio y formal está desplegando contigo su insospechado sentido del humor. Como para rubricar el momento, tu mano y tu pie izquierdos se sacuden y tú sientes mucho frío.

         Te explica que el Parkinson aparece cuando ya no puedes producir suficiente dopamina, una hormona que actúa como cable de comunicación, como un conector, entre tu cerebro y tus músculos. Ante la insuficiencia de dopamina los músculos se mueven espontáneamente.

         El Parkinson no se puede curar, te advierte el médico, pero se puede controlar en cierta medida con medicación. —Usted tendrá que tomar toda su vida un sucedáneo de la dopamina que su organismo ya no produce.

         Tu familia no puede aceptar esa noticia, apelas a una segunda opinión. Y acudes a un renombrado especialista, el doctor y profesor Patrick Santens, en el hospital universitario de Gante, para que te dé una respuesta que puedas asimilar.

         Esta vez conversas con un neurólogo que tiene mayor sensibilidad y  que es más didáctico.

         —Sin que lo hayan invitado, el señor Parkinson ha decidido compartir su vida con usted y solo le queda aprender a vivir con él. Usted es una mujer fuerte y luchadora. Su futuro bienestar depende mucho de la actitud que usted adopte y aquí estamos para ayudarla.

         Empiezas a investigar, a preguntar, a leer más sobre este mal y descubres que de él se sabe muy poco, a pesar de que sus síntomas se describen en textos vedas fechados dos mil años antes de Cristo y en papiros egipcios. Te preguntas si habría la misma ignorancia si este mal afectara los órganos reproductivos masculinos…

      El origen del Parkinson parece ser una mezcla de factores genéticos y ambientales, y la verdad es que no te consuela saber que en el mundo la prevalencia del mal sea de siete por ciento, ni que haya alrededor de cinco millones de personas que lo sufren como tú.

         Has aprendido que en la enfermedad no hay justicia, que no es un castigo merecido y que, por mucho que te quieran tus familiares y amigos más cercanos, el Parkinson no se puede compartir y no se puede curar.

         De ahora en adelante depende de ti. Tienes que enfrentar a tus dos verdaderos enemigos: el stress y la depresión, y debes aprender a vivir con míster Parkinson.

         El vigía eficiente que la naturaleza puso en tu cerebro, y cuyos sabios consejos te han salvado varias veces, te lanza un solo mensaje: no te atiborres de medicamentos. Desde que la medicina optó por aliviar los síntomas, en vez de curar el origen de las enfermedades, los humanos nos envenenamos con productos cuyos efectos finales todos desconocen, incluso los laboratorios que los fabrican y que se enriquecen con ellos.

       Lo ves claramente cuando tu neurólogo se encuentra ausente y su suplente, una joven doctora, te evalúa, determina que realmente tú no quieres adaptarte a los medicamentos y te conmina, con severidad, a poner más de tu parte. Sin mirarte y muy suelta de huesos te receta una pastilla para que no se te paralice el pie y para que pueda temblar, otra gragea para suprimir los temblores, una cápsula relajará tus músculos pero hará que te inclines hacia un costado al caminar. Para enderezar tu postura garabatea otro producto en la receta y te advierte que esta tableta te producirá una jaqueca que debes aliviar con un analgésico que te irritará el estómago y para eso sigue anotando nombres ilegibles…

         Botas a la basura la larga receta y acudes a la medicina natural.

         Sacha Barrio Healey, el sanador que has tenido la suerte de encontrar, te escucha atentamente, estudia tu pulso, tus manos, tu lengua, tus pies, evalúa tu energía, te prescribe una dieta nutritiva y saludable porque “somos lo que comemos” y te pone en manos de dos plantas humildes pero eficaces: la coca y la cúrcuma para que colaboren con la dopamina química que tienes que tomar.

       Así conoces personalmente a una hoja maravillosa que tiene muy mala prensa pero que potencia la acción de la dopamina. Es una planta que hace milenios que lucha exitosamente contra la depresión, que fortalece tus huesos, te hace comprenderte mejor, refuerza tu memoria, despierta tu alegría, te reconoce como parte integrante de la naturaleza y hace que te quieras y respetes como nunca lo habías hecho.

      Gracias a la harina de la coca, sagrada y generosa, a pesar de haber sido tan injustamente perseguida y humillada, logras convivir en paz con míster Parkinson, incluso aceptas los temblores con alegría, porque sabes que cuando dejes de temblar estarás cruzando el umbral del Parkinson rígido, que tiene mal pronóstico.  Y con estos aliados desarrollas una existencia útil, activa y hasta feliz durante diez años.

       Sabes que arrasar con la coca porque puede  ser convertida en cocaína es como destruir para siempre la vid porque puede ser convertida en licor. La coca fue un descubrimiento de una cultura de sabios ingenieros, conectados respetuosamente con la naturaleza. Es una generosa fuente de calcio (dos mil unidades de calcio por 100 gramos de coca), hierro, vitaminas, el mejor legado que nos dejaron nuestros antepasados precolombinos.

         La vida te envía al Doctor Nicanor Mori, un experimentado neurólogo, joven, de mentalidad abierta, y juntos estudian como dominar al señor Parkinson. Tu neurólogo te dosifica mejor la dopamina y te anima y fortalece. En lugar de recetarte mecánicamente una sarta de productos químicos, aplica brillantemente su sentido común.

         En tantos años de convivencia con el sísmico Parkinson han surgido muchas “curas definitivas”, te has ilusionado en vano con las células madres, con el implante de chips, has tenido buenos resultados con los imanes. Acudiste al Reiki, la reflexología, los masajes y la acupuntura. Has consultado a especialistas de Europa y Argentina, has indagado sobre los tratamientos de Cuba.

       Apenas ayer te enteraste de las bondades de la apiterapia y hoy tuviste tu primera sesión. La abeja transmite, entre otros neurotransmisores, Dopamina y Serotonina. Rosa Luz, la persona que te hizo el tratamiento te agradó, su respeto y gratitud hacia los laboriosos insectos y hacia la naturaleza en general te levantaron el ánimo. La naturaleza nos ofrece lo que necesitamos en la forma más saludable.

      También te enteras de que la Mucuna es una especie de frejol que produce dopamina pero su consumo directo es un poco complicado porque puede ser tóxico. Tal vez si la hubieras tomado al comienzo de tu enfermedad te podría haber ayudado.

         Pero el mal avanza y necesitas tomar más dopamina, enfrentas otros decenarios en el rosario de tu vida. Ya no puedes trabajar como antes, ahora tienes 63 años, y aunque tu cerebro no ha perdido muchas facultades, te sientes más vulnerable.

        Ya no eres la mujer pulpo que hacía eficientemente seis cosas a la vez, intérprete simultánea que viajaba por el mundo traduciendo temas técnicos, emitidos por los oradores en exóticos acentos. Te has vuelto lenta, tu pie izquierdo es más autónomo, se acalambra, se agarrota, frena y te atormenta cuando menos lo esperas, y cuando menos lo deseas.

        Ya no puedes viajar, a veces apenas puedes caminar. Pero, felizmente, puedes hacer en casa traducciones escritas y correcciones, puedes leer, puedes escribir y, afortunadamente, todavía tiemblas.

         Estás en esa etapa de la vida en que empiezan a irse para el silencio tus seres más queridos, tus mascotas, tus colegas, tu adorada y admirada hermana, arrasada en pocos meses por otro mal neurológico. Te divorcias, vives sola. Entonces se envalentona la depresión y la madre coca se ve en aprietos para dominarla.

        Quieres aislarte, te fastidia que te hablen, odias las preguntas. Te estás volviendo un ogro.

         Te detienes y analizas todo lo que te rodea, ¿Qué ves en la televisión? Basura, cinismo y violencia que te estresan. ¿Qué oyes en la radio? Estridentes tonterías y chismes que te repugnan. ¿Qué lees en los diarios? Mentiras, calumnias, insultos.

       Y todo eso te afecta, temes ser una víctima más de la cacareada violencia ciudadana, mientras que los verdaderos ladrones: los bancos se roban impunemente tus ahorros y los de todo el mundo, escudados por gritos de Goooool y  concursos que humillan a los participantes.

       Te das cuenta de que se transmite la misma basura, en distintos idiomas, en todo el mundo. ¡Cómo no vas a deprimirte!

         Recurres entonces a la mejor terapia posible: deshacerte de la televisión. Buscas en internet la información verdadera en medios y foros alternativos, escuchas los programas radiales del argentino Felipe Pigna sobre historia, relatos a cargo de admirables escritores. Resucitas tu música preferida para huir de ese taladro monocorde, que hace papilla las neuronas en casi todas las estaciones de radio y lugares públicos. Frecuentas a tus queridos amigos pensantes, disfrutas con ellos de la música que te alegra, sostienes largas conversaciones que te enriquecen, evocas gratas anécdotas, disfrutas con películas en las que los actores actuaban, con documentales y series históricas. Relees los clásicos de tu infancia, aquellos libros que sí que formaban, que tenían ética y que nos convirtieron en personas útiles, no en bobos consumidores estresados porque no podemos comprarlo todo.

       Caminas en el parque, aprendes yoga, recibes acupuntura, contemplas el mar al atardecer con tus primas queridas, hueles las flores, aspiras con avidez el aire salado de tu océano Pacífico que tanto echaste de menos. Conversas con desconocidos que al despedirse te bendicen, agradeces el trato preferencial que te dan en los lugares públicos.

      Te simplificas la vida: remplazas los estresantes botones, broches y cierres con cómodos elásticos, los pasadores ceden el paso al velcro y ya no te atormentas luchando contra tapas herméticas pues algún genio (¡quizás parkinsoniano!) diseñó abrelatas y tijeras con orejitas especiales para esos avatares.

         Descubres las regalías de la soledad a tu edad. Ya no tienes que adaptarte a nadie, complacer a nadie, sacrificarte por nadie. Si no quieres hablar: cantas, si quieres bailar ¿qué te lo impide? Si quieres comer: ¡buen provecho! comes lo que te apetece y cuando lo deseas. Ya no tienes que cumplir con las obligaciones y expectativas que otros te imponen. Por fin eres libre de ser como tú quieres ser.

         Pero debes admitir que Mr. Parkinson no ha sido solo el malo de la película. También te ha permitido ser más selectiva en materia de trabajo y disponer del tiempo para escribir y estudiar literatura, sin sentirte culpable.

         Y, por haber sabido reconocer las ventajas de la vejez, te premias con el mejor regalo que la madre naturaleza ha puesto a tu alcance.

         Desde que perdimos el don de comunicarnos con ella, cuando permitimos que nuestra especie la deprede, empezamos a irnos cuesta abajo. Nos volvimos peones que no valemos nada en un sistema que todo lo destruye, un sistema que no se cansa de acopiar riquezas a expensas del padecimiento de los más débiles. Un sistema que inventa religiones que justifican el robo y que le conceden al ser humano una supuesta superioridad, nombrándolo “rey de la creación” con licencia para destruir todo lo que tiene vida.

         Tu vigía te advierte que necesitas recuperar la comunicación con la tierra, aquel contacto directo, equitativo y natural que nos era innato y que se nos ha atrofiado. Y buscas – o te encuentra – un conector mejor que la dopamina.

         Adoptas o, mejor dicho, te adopta una gata. Una gata majestuosa y maternal que ha sufrido, que reparte su tiempo entre su bella existencia y la tuya; que te relaja con el ronroneo que emite en la misma frecuencia que los latidos de la tierra; que te abriga el corazón y el cuerpo. Ella te acompaña, te sosiega; tiene un refinado sentido del humor y se divierte compartiendo juegos contigo, alejándote de la computadora y el sedentarismo, vigila que tomes tu medicina, te tiene paciencia y jamás te considera una vieja temblorosa, inútil o vulnerable.

         Es más, cuando un leve temblor de tierra mueve la cama, tu gata abre su único ojo, te mira como diciendo: ¡Ah! Eres tú, y regresa a sus ocupaciones favoritas: ronronear y dormir

         Recuperas las riendas de tu vida.

          Cuando no vivías con el señor Parkinson solamente supiste dar, ahora tienes que aprender a recibir.

          Por eso aceptas y agradeces el cariño solidario de tu hija, de tus primas, tus amigas, tus sobrinos, tus colegas y te dedicas seriamente a estudiar, para escribir lo que consideras importante preservar en la memoria de esta absurda y arrogante especie a la que perteneces.

         Y le dices a Mr. Parkinson que no tienes tiempo que perder con sus caprichos, que ya has puesto mucho de tu parte y que ahora es su turno: ¡O se acomoda o se larga!

Lima, Marzo 2014

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