Mostrando entradas con la etiqueta Izquierda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Izquierda. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de mayo de 2020

EL MUNDO DESPUÉS DEL CORONAVIRUS: "EL IMPULSO ES HACIA UN SISTEMA POSTCAPITALISTA"

11/05/2020

Walden Bello, autor de “Desglobalización”



Walden Bello es autor de numerosos libros sobre la globalización y en 2003 recibió el Premio Nobel Alternativo.
Foto: Página 12

El director ejecutivo de Focus on the Global South asegura que la pandemia de covid-19 surgió en un sistema económico global ya desestabilizado en el Norte y el Sur por la ira contra las elites. En ese marco, considera que solo la izquierda y la extrema derecha están en condiciones de aprovecharla. ¿Quién será capaz de dirigir toda esa ira desatada?

Del Sur hacia el Sur y de allí al mundo hay pocos pensadores tan entrañablemente lúcidos y precisos como el filipino Walden Bello. Sociólogo, director ejecutivo de Focus on the Global South, profesor de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Filipinas e investigador asociado del Transnational Institute, Walden Bello plantó en las espaldas de Occidente la espina de un concepto que lo haría famoso en todo el planeta y que, hoy, ha recobrado toda su enérgica legitimidad: en 2002 escribió el libro “Desglobalización: ideas para una nueva economía mundial” (Icaria editorial). El libro se convirtió en uno de los manuales del movimiento antiglobalización. El oportunismo de las extremas derechas del Norte y de algunos socialdemócratas adeptos a la soberanía hizo que las ideas de esta obra fueran literalmente saqueadas con fines electorales. El ensayo contiene muchas claves que exceden el ya indigesto catálogo de libros-diagnósticos sobre el liberalismo. Bello demostraba la enfermedad genética de una globalización que pretendía curar al mundo, la forma en que esta globalización sacrificaba el desarrollo de los países del Sur y proponía una escala de medidas reactualizadas por la pandemia que paralizó a las sociedades durante 2020. Sus ideas vuelven a resonar en todas partes, muy especialmente aquella que promueve la reorientación de las economías mediante una transferencia de la producción destinada a la exportación hacia la producción concentrada en los mercados locales. Sólo para dar un ejemplo: la falta dramática de máscaras protectoras en todo el mundo (estaban producidas en China) demuestra el acierto de su enunciado.

Walden Bello es autor de numerosos libros sobre la globalización y en 2003 fue galardonado con el Premio Nobel Alternativo. Bello es igualmente profesor Adjunto de Sociología en la Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton y fue miembro de laCámara de Representantes de Filipinas (parlamento,2009-2015). Sus últimos libros publicado en inglés (2019) son: The Global Rise of the Far Right (El ascenso global de la extrema derecha), y Paper Dragons: China and the Next Crash (Dragones de papel: China y el próximo Crash).

En esta entrevista con Página/12, el sociólogo filipino explora ese “nuevo mundo” que casi tocamos con los dedos sin que sea aún real. Robusto en sus planteos, Bello admite las posibilidades que se ofrecen sin por ello esconder los límites de una transformación que, asegura, depende de la acción de las fuerzas progresistas y de la reconfiguración del Sur como actor renovado.

--Usted dijo muchas veces que era preciso moverse hacia un sistema post capitalista. La gente siente que ha llegado el momento. Otros dudan. ¿Usted presiente que la crisis provocada por la pandemia reúne las condiciones para reconfigurarlo todo ?

---Si, pero me explico. Creo que las posibilidades que ofrece el momento, la coyuntura, son el resultado de dos cosas: la crisis objetiva del sistema y la fuerza subjetiva que puede actuar sobre esta crisis. Mi sensación es que la crisis financiera mundial de 2008 fue una profunda crisis del capitalismo, pero el elemento subjetivo aún no había alcanzado una masa crítica. Debido al crecimiento impulsado por los gastos del consumidor y financiado con deuda, la crisis sorprendió a la gente, pero no creo que se hayan alejado tanto del sistema. Hoy es diferente. El nivel de descontento y alienación con el neoliberalismo es muy alto en el Norte global debido a la incapacidad de las élites arraigadas para enfrentar el declive, mejorar los niveles de vida y tratar la desigualdad vertiginosa en los años que siguieron a la crisis financiera. En el Sur global la crisis de legitimidad ya había afectado al neoliberalismo y la globalización y sus instituciones clave, como la Unión Europea, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, incluso antes de la crisis de 2008. La pandemia del covid-19 surgió a través de un sistema económico global ya desestabilizado que sufría una profunda crisis de legitimidad. La gente tenía la sensación de que las cosas estaban realmente de fuera de control. La ira, la frustración y la sensación de que las elites y los poderes gobernantes perdieron el control, y que el sistema se fue al diablo está muy extendida hoy, en contraste con las secuelas inmediatas de la crisis de 2008. Es este torbellino, es precisamente este elemento subjetivo el que debe ser aprovechado por las fuerzas políticas. El sistema global, por supuesto, intentará recuperar la "vieja normalidad", como lo demuestra la infame teleconferencia de Goldman Sachs, cuyos participantes acordaron que no hubo una crisis sistémica inducida por covid-19 y que lo importante es garantizar una vuelta prolija al orden anterior al covid-19. Pero no hay que obligar al genio a que vuelva a la botella. Simplemente hay demasiada ira, demasiado resentimiento, demasiada inseguridad que se han desatado, y solo la izquierda y la extrema derecha están en condiciones de aprovechar esta tormenta subjetiva. Entonces, sí, el impulso es hacia un sistema post-capitalista o, en cualquier caso, post-neoliberal, y la pregunta clave es ¿ quién será capaz de aprovechar toda esa ira desatada y dirigirla ?

--Allí se teje el horizonte futuro. El fracaso de la democracia liberal para mejorar la vida de las personas y la igualdad ha llevado a la aparición de movimientos populistas en todo el mundo. En cierto sentido, la extrema derecha secuestró la desglobalización. Esta crisis ha expuesto como nunca antes la gran fractura del mundo. ¿ El escenario posterior al virus puede ser una oportunidad mucho mejor para que la extrema derecha llegue al poder?

--Desafortunadamente, es la extrema derecha la que está mejor posicionada para aprovechar el descontento global porque, incluso antes de Covid-19, los partidos de extrema derecha ya eran elementos claves de las posiciones y programas anti neoliberales promovidas por la izquierda independiente. Por ejemplo, la crítica de la globalización, la expansión del "estado de bienestar" y una mayor intervención estatal en la economía. Lo que hizo la extrema derecha fue plantearlos como un paradigma propio. En Europa, los partidos de derecha radical abandonaron parte de los viejos programas neoliberales que abogaban por una mayor liberalización y menos impuestos que habían apoyado y se pusieron a decir que estaban a favor del Estado de bienestar y de una mayor protección de la economía nacional ante los compromisos internacionales. Pero claro, sólo en beneficio de las personas con el "color de piel correcto", la "cultura correcta", la población étnica "correcta", la "religión correcta". Esencialmente, es la vieja fórmula "nacional socialista" inclusiva de clase, pero racial y culturalmente excluyente. La extrema derecha oportunista está, desafortunadamente, por delante de la izquierda en este momento. El amplio movimiento progresivo tendrá que moverse más rápido y asegurarse de que los socialdemócratas desacreditados en Europa y los demócratas de Obama y Biden en los Estados Unidos no vuelvan a canalizar la política hacia un nuevo compromiso con un neoliberalismo moribundo. Si esto sucede, entonces esa escena escalofriante que aparece en la película Cabaret, donde la gente común que apoya a los nazis canta "El futuro nos pertenece", casi con seguridad se hará realidad.

--La izquierda tiene muchas ideas, pero no está unida. Además, si la crisis demostró la importancia de las ideas de la izquierda, no hay líderes legítimos para llevarlas a cabo. En resumen: ¿ cómo crear la base que la convertirá en una fuerza material ?

---Este es el desafío. Nosotros, en la izquierda, tenemos una gran cantidad de ideas, pero una pobreza de estrategias políticas y líderes unificadores eficaces. Y allí donde hay personalidades carismáticas estas parecen estar principalmente a la derecha. Sin embargo, estoy seguro de que estas estrategias y personas surgirán en el seno de la izquierda. La dinámica del cambio histórico inevitablemente producirá esto, y algunas veces en las circunstancias más improbables. Las únicas preguntas son quién, cómo, dónde y cuándo, y si esto surgirá en esta generación. Los progresistas tienen una serie de buenas ideas y estrategias desarrolladas en las últimas décadas sobre cómo avanzar hacia un sistema pos capitalista. La izquierda plantea paradigmas como descrecimiento, desglobalización, ecofeminismo, soberanía alimentaria y "Buen Vivir". El problema es que estas estrategias aún no han encontrado una base masiva, y una gran parte del problema radica en el hecho de que las personas asocian la izquierda con la izquierda centralizada, es decir, los socialdemócratas en Europa y, en los Estados Unidos, el Partido Demócrata. Ambos estaban implicados con el viejo sistema neoliberal al que presentaban con un "rostro humano". En el Sur global, los gobiernos democráticos liberales que suplantaron las dictaduras en la década de 1980, muchos de ellos dirigidos por coaliciones que incorporan progresistas, también han sido desacreditados debido a su adopción de medidas neoliberales, mientras que la "Marea Rosa" en América Latina se topa con sus propias contradicciones, y los estados comunistas en el este de Asia se han convertido en sistemas capitalistas de estado. Pero creo que no podemos descontar a la izquierda. La historia tiene un movimiento dialéctico complejo y a veces hay desarrollos inesperados que conducen a resultados progresivos o regresivos. Permítanme decir esto, aunque la situación no parece tan buena para los progresistas en este momento, estoy seguro de que nuestro equipo ganará al final. La Segunda Guerra Mundial no terminó en Dunkerque, aunque, en ese momento, parecía que todo apuntaba a una victoria alemana.

--Tampoco puede excluirse una nueva alianza entre las clases medias y formas más autoritarias de liberalismo, tal y como sucedió en Chile en la década de los 70, con el único propósito de no perder privilegios.

---Sí, por supuesto, esta es una posibilidad. Al mismo tiempo, el modelo chileno de una alianza de clase media-elite basada en un programa neoliberal clásico ya no podría ser una opción. Una nueva alianza autoritaria probablemente tendría que incluir a grandes sectores de las clases bajas para tener un grado significativo de legitimidad, y esta incorporación de las clases bajas podría lograrse haciendo algunas concesiones económicas paternalistas y dirigiendo las energías de la alianza contra las minorías y los migrantes. Desde India, donde el BJP (partido en el poder) está creando un estado anti musulmán hasta Filipinas, donde los consumidores de drogas son chivos expiatorios de los males de la sociedad, hasta Europa y los Estados Unidos, donde los migrantes son el foco del odio de la mayoría blanca "inclusiva solo para su clase", esto es lo que está pasando.

--Usted acuñó la palabra desglobalización en su libro, "Desglobalización: Ideas para una nueva economía mundial". ¿ Siente en este momento que las condiciones son mejores para hacer realidad esa desglobalización teorizada en el libro ?.

---Sí, por ejemplo, la locura de las cadenas de suministro mundiales demostró que era completamente inoperante durante la crisis del coronavirus. Debido a los cálculos neoliberales basados ​​en la reducción del costo unitario de producción, las élites corporativas, con el consentimiento de sus gobiernos, transfirieron gran parte de sus instalaciones industriales a China, de modo que cuando la producción china se detuvo durante la crisis de covid-19, muchos países carecían de componentes industriales claves y descubrieron que incluso producir máscaras y otros equipos de protección del personal era algo de lo que ya no eran capaces. Al mismo tiempo, la interrupción inducida por covid-19 de la cadena de suministro agrícola mundial amenaza con una hambruna generalizada. En varios países del Norte global y del Sur global se ha permitido que sus sectores agrícolas locales se marchiten. Entre el 30 y el 50 por ciento de los alimentos que se consumen en China, el sudeste asiático y América Latina ahora no se producen localmente, sino que son suministrados por cadenas de suministro agroalimentarias mundiales y regionales. Creo que habrá un movimiento hacia una mayor autosuficiencia en la producción industrial y agrícola. La pregunta es si tales estrategias serán desarrolladas por regímenes de derecha o gobiernos progresistas.

--De los quince pilares incluidos en su concepto de desglobalización, ¿ cuáles cree que son más urgentes de ahora en adelante ?.

---Creo que lo más urgente es la reorientación de la producción hacia el mercado interno y desvincular la producción local de las cadenas de suministro mundiales a través de una política comercial progresiva, una política industrial agresiva y una política agrícola que promueva la autosuficiencia alimentaria y la soberanía alimentaria. Nuevamente, es importante que tales políticas sean emprendidas por progresistas y no por nacionalistas de derecha que las utilizarán principalmente para servir a los intereses del grupo étnico y cultural dominante contra las minorías y los migrantes.

--¿ Qué podría reemplazar a la globalización como el nuevo prototipo después de la pandemia de Covid-19 ? En una entrevista reciente de Página/12 con el sociólogo francés Michel Wieviorka, el intelectual dijo: "lo peor será peor y lo mejor será mejor".

-–Se trata ahora de una carrera entre una desglobalización progresista y una regresiva, nacionalista. En el caso de la primera, "lo mejor será mejor". Si gana el segundo, estoy de acuerdo con Wieviorka en que "lo peor será peor".

 --En su idea de desglobalización, usted no propuso que los países se aparten de la comunidad internacional, sino la construcción de un modelo alternativo. ¿ Esta crisis cambia su propia perspectiva de ese modelo ?

--Incluso después de la pandemia y en un proceso de desglobalización, será importante una interacción creativa con la comunidad internacional. Como siempre he dicho, la desglobalización no se trataba de desvincularse de la economía internacional, sino de lograr una relación equilibrada entre la economía local y la economía internacional en la que la integración de la economía nacional no se sacrificara en el altar de la integración liderada por las empresas de diferentes partes del mundo.No se puede sacrificar la economía nacional por una economía globalizada. Un alto grado de autosuficiencia en la producción agrícola e industrial es una característica clave de la economía nacional. Pero este es solo un aspecto del paradigma de la desglobalización. También sería importante la promoción radical de la igualdad, que es crítica tanto por razones de justicia social como por la expansión de la demanda interna. Urge la democratización de la toma de decisiones económicas desde la cumbre del Estado hasta la fábrica y la elaboración de una relación benigna entre la economía y el medio ambiente, que a veces se llama el "nuevo acuerdo verde".

--La Argentina fue el último país del mundo en sufrir el brutal asalto del híper liberalismo y la globalización entre los años 2015 y 2020. Luego, el gobierno cambió. Para países como Argentina y, en general, para los países del Sur, ¿ representa esta crisis una nueva oportunidad para recuperar su soberanía, su posición en el mundo y su identidad?

--Sí, por supuesto, pero como dije anteriormente, estas oportunidades surgirán de la dialéctica y la sinergia entre la crisis objetiva y la respuesta a la crisis proveniente de grupos e individuos progresistas. El problema es que, incluso con las mejores intenciones, no se puede forzar la aparición de lo nuevo dentro de lo viejo. Las cosas pasan. A veces uno solo tiene que ser paciente. Pero cuando las estrellas comienzan a alinearse, entonces el tiempo lo es todo. ¿ Es el covid-19 el equivalente de la Primera Guerra Mundial, o sea, ese momento histórico donde todo se desmoronó y los gobernantes ya no podían gobernar de la misma manera antigua, para usar la frase de un famoso revolucionario ?. Tal vez. Y debemos recordar que de esa crisis anterior surgieron tanto el socialismo como la barbarie, por citar a Rosa Luxemburgo.

--Hace décadas que se sueña con un New Deal interno al Sur. Ha quedado en eso, en un sueño.

---Quizás ocurra, quizás no. Una cosa que no debemos olvidar es que la crisis del neoliberalismo y la globalización, junto con el deterioro del conflicto entre China y los Estados Unidos, podría crear ese espacio de maniobra para los países del Sur que ya existía antes de 1989 debido al conflicto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Ese conflicto fue una de las condiciones para las victorias de los movimientos de liberación en Vietnam, Cuba, Mozambique, Angola, Guinea Bissau. De allí también nació el Movimiento de Países No Alineados después de la conferencia Bandung y surgió la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) bajo la inspiración del gran economista argentino Raúl Prebisch. La solidaridad del Sur global, que siempre se ha sentido en todos los países y diferentes regímenes, nació durante ese período.

--Después de la crisis financiera de 2008-2009, la pandemia de covid-19 es la segunda gran crisis de la globalización en este Siglo. Pero ya antes de esta crisis, en Argentina, Ecuador, Chile, Francia con chalecos amarillos, Argelia, Líbano, Irán o Hong Kong, habíamos visto el renacimiento de un sujeto social globalizado. ¿Esos movimientos de protesta global podrían ser una de las fuerzas de transformación en el mundo ?

 --Sí definitivamente. Estas son algunas de las fuerzas que me dan esperanza sobre el eventual triunfo de la izquierda. La sed de la gente por la justicia y la igualdad siempre saldrá a la superficie. Lo importante es asegurarse de que sea la izquierda la que lidere estas luchas y que la derecha no secuestre y pervierta estas energías que brotan desde abajo para su agenda autoritaria oportunista como lo ha hecho en Europa, India, Estados Unidos y Filipinas.










sábado, 19 de enero de 2019

¿POR QUÉ SE IMPONE LA ULTRADERECHA?



18/01/2019
Por supuesto que hay luchas de clase, pero es mi clase, la clase rica, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando.
Warren Buffett, multimillonario estadounidense

Con suma preocupación puede verse como, en estos últimos años, las tendencias políticas dominantes se han venido inclinando poderosamente hacia la derecha en todo el mundo. El fenómeno parece instalado con mucha fuerza, y nada hace pensar que en lo inmediato pueda revertirse. Por el contrario, parece extenderse.

Ello, por supuesto, no quita que las mismas poblaciones que han elegido en las urnas a esos candidatos de ultraderecha, se vean perjudicadas por las políticas que los ungidos aplican, y que consecuentemente protesten. Lo curioso es cómo, pese a que la situación económico-social dominante en la mayor parte del mundo no es buena (o es desastrosa), los votantes se inclinan por propuestas tan antipopulares.

Sin caer en el simplismo, o peligro ideológico, de afirmar que las poblaciones son “ignorantes” en términos políticos, podrían proponerse cuatro elementos para explicar el fenómeno, sin dudas interactuantes entre sí:

1. Crisis general del sistema capitalista

El sistema capitalista global viene sufriendo una crisis desde hace ya una década, que golpea fundamentalmente en el Norte, pero también con repercusiones en los países capitalistas periféricos. La crisis financiera desatada en el 2008 aún no ha terminado, y la supuesta reactivación económica no llega. Eso no significa que sea una crisis terminal. Para la principal economía del mundo, Estados Unidos, el negocio de la guerra es siempre una válvula de escape: inventar guerras en cualquier parte, lejos de su territorio obviamente, lo que le permite reconstruir los países destruidos (ganando por ello) y mover su complejo militar-industrial, ariete dinamizador de su economía doméstica. Para las potencias europeas y para Japón, los embates de la crisis son más profundos.

Por otro lado, el traslado de buena parte de su parque industrial a los países pobres del Sur (aprovechando los bajos salarios de allí, las exenciones fiscales, la falta de controles ambientales y de trabajadores sindicalizados) ha dejado empobrecida a su propia población trabajadora. Para las compañías multinacionales no hay problemas, sino por el contrario: mayores ganancias. Pero para los asalariados nacionales (obreros industriales, clase media), ese traslado sí ocasiona pérdidas. Es obvio que el capitalismo está hecho a la medida de las empresas y no de los trabajadores. Como respuesta a esa crisis, el discurso político busca chivos expiatorios en los migrantes indocumentados (latinoamericanos para Estados Unidos, africanos para Europa). Ante la crisis, la respuesta visceral y emotiva que pone la causa de los males en esos “ilegales que quitan puestos de trabajo” es una salida rápida: hay que levantar muros para frenar las migraciones. De ahí a posiciones fascistas, racistas y xenofóbicas, un paso.

El paso está dado, por ello los triunfos electorales en muchos países del Norte, con una marcada carga anti-inmigrantes. Lo que parecía increíble algunos años atrás, es ahora una cruel realidad. El neonazismo no está muerto. Evidentemente la manipulación de las masas es fácil, y hoy día las técnicas ad hoc son super eficientes.

2. Consecuencia del neoliberalismo imperante

En los países del Sur las políticas neoliberales hace ya unas cuatro décadas que se vienen implementando. Es decir: proyectos de absoluto beneficio para los capitales (nacionales y globales), que postran totalmente a la clase trabajadora, sojuzgándola y chantajeándola en forma continua (tener trabajo es ya un “privilegio”, y hay que cuidarlo a toda costa, por lo que debe agacharse la cabeza y aceptar cualquier condición laboral). A su vez, esas políticas profundizan la dependencia del Sur respecto a las economías prósperas del Norte, aumentando a niveles impagables las deudas externas, con una continua transferencia de riqueza que posterga por décadas el desarrollo, o simplemente lo impide.

Pero aunque parezca increíble, esas políticas absolutamente antipopulares –que, por supuesto, han recibido y siguen recibiendo el rechazo de los pueblos, en forma violenta muchas veces–, también han calado en la conciencia colectiva. Con una prédica interminable sobre la ineficiencia del Estado como administrador, endiosando hasta niveles supremos la calidad de la empresa privada (engañosamente, por supuesto), una población desesperada y falta de proyecto político (por la ausencia de organizaciones de izquierda con verdadera fuerza), puede caer fácilmente en la manipulación y apostar por discursos mesiánicos, profundamente conservadores.

La tendencia actual, en buena medida mediada por las iglesias evangélicas fundamentalistas de ultraderecha, es buscar respuestas efectistas, viscerales, que prometen soluciones casi fantásticas con una confusión de base que permite creer en “salidas mágicas” (la “mano dura” para terminar con la delincuencia, un discurso de ribetes moralistas que pone como chivo expiatorio a la corrupción –la corrupción es efecto y no causa–). Todo eso permite el triunfo de propuestas de ultraderecha, contrariamente a lo que parecería indicar la lógica.

3. Manipulación fabulosa de las masas

Todo lo anterior, en el Norte y en el Sur, responde a una “ingeniería” social magistralmente trazada por los grupos de poder, Estados Unidos a la cabeza. El manejo de las masas alcanzó niveles increíbles con las modernas técnicas de psicología social-publicitaria y mercadotecnia, y la manipulación logra verdaderos “milagros”. La masa (lo cual hacer recordar a la masa de panadería, por lo maleable que resulta), según el psicólogo de las multitudes Gustave Le Bon, es “Una agrupación humana con los rasgos de pérdida de control racional, mayor sugestionabilidad, contagio emocional, imitación, sentimiento de omnipotencia y anonimato para el individuo [por lo que] la multitud es extremadamente influenciable y crédula, careciendo de sentido crítico.” Evidentemente, esa caracterización estaba en lo cierto, pues hoy vemos cómo los grupos dominantes, sin el más mínimo pudor, apelan a las más increíbles mentiras para mantener engañado al público. Y por cierto, lo consiguen con muchísima eficiencia.

Los medios masivos de comunicación, las redes sociales que posibilita el internet con los net centers o troll centers operando (mentiras organizadas), la promoción inmoral de lo que hoy día se ha dado en llamar –con total tranquilidad y desvergüenza– fake news (noticias falsas), mantienen el mundo de la llamada “post verdad”. Ya no hay verdades, eso no importa; lo único que cuenta es el efecto que se consigue con un mensaje. Y aunque se hable de “desarrollo” y “evolución” de los pueblos, todos somos bombardeados a diario con innúmeras mentiras, grotescas, burdas, pero que a la postre dan resultados. Para el caso, no hay pueblos “evolucionados” y “cultos” que saben identificar las manipulaciones: todos caen bajo el mismo rasero.

La Guerra Fría, en términos ideológicos, no ha terminado, sino que continúa al rojo vivo. El más visceral anticomunismo, absolutamente primitivo en términos de racionalidad pero efectivo en términos políticos, no está frío: está enormemente caliente. Para muestra estos dos sencillos ejemplos: buena parte de la clase media antichavista de Venezuela cree a rajatablas que en las lámparas ahorradoras de procedencia cubana facilitadas por el gobierno bolivariano a la población… ¡hay instalados micrófonos! (sic). Y el Senado estadounidense fue convencido por el lobby guatemalteco (exponente de las mafias empresariales-políticas-militares que manejan el Estado) que la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala –CICIG–, financiada por el mismo Estados Unidos, es “comunista”, cuando en realidad se trataba de una instancia que investigó parte de los ilícitos de esos grupos de poder (recontra sic).

En el Norte con la prédica anti-inmigrante, en el Sur con la cantinela anti-corrupción (“el problema de los males sociales serían los malos funcionarios que roban del erario público”), esa proliferación infinita de mentiras ha logrado que los electorados terminen aprobando propuestas mesiánicas de ultraderecha.

4. Crisis en las propuestas de izquierda

El anticomunismo al que nos referimos, aunque pueda parecer burdo, es una absoluta realidad, cruda y brutal. Y lo peor de todo: con evidentes efectos. Como lo dice el epígrafe citado, obviamente que hay lucha de clases. Y están al rojo vivo. Todo el siglo XX fue una brutal demostración de ello. La Guerra Fría que dominó buena parte de las pasadas décadas fue una expresión de ello. Sucede que con la caída del Muro de Berlín la derecha dio un golpe enorme. No mortal, pero sí que dejó fuera de combate por un tiempo todas las propuestas de transformación.

En ese sentido, el ideario de izquierda, que obviamente no ha desaparecido ni dejado de tener validez (porque si hay clases enfrentadas, la izquierda es la expresión de una de esas clases: la clase trabajadora), hoy día fue adormecido. La reversión de esos dos grandes procesos históricos que fueron la revolución rusa y la china, permitió a la derecha sentirse victoriosa. De ahí que declaró su triunfo, el fin de las ideologías y la terminación de los conflictos interclasistas. Pero la realidad, siempre tozuda, muestra que ello no es así. De todos modos, las izquierdas han quedado muy golpeadas, y su propuesta en la actualidad no parece encontrar mayor eco.

No caben dudas que la lucha ideológica, en este momento, tiene como ganador al capital. Las ideas socialistas, las ideas de transformación revolucionaria de la sociedad, hoy están desacreditadas, y la derecha se encarga muy bien de remarcarlo.

Por otro lado, los gobiernos progresistas habidos en Latinoamérica en estas últimas décadas no pudieron pasar de propuestas capitalistas redistribucionistas, sin tocar los cimientos básicos de la sociedad. Las fuerzas del capital supieron reacomodarse, y el discurso político de derecha tomó nuevamente la supremacía. Si bien hay reacción popular, descontento, expresiones antisistémicas por todos lados, esos fermentos no encuentran de momento una direccionalidad racional que permita modificar el sistema dominante. Hasta se podría decir que los gobiernos de centro-izquierda que conocimos últimamente, donde también se dieron hechos de corrupción, funcionaron como una “mala propaganda” para el ideario de transformación social, para el campo popular. Ello, arteramente utilizado por la derecha, propició la aparición de estas respuestas ultras. El agotamiento de los reformismos permitió la contraofensiva hiper conservadora y fundamentalista. No hay en este momento una claridad ideológica que muestre el camino para los sectores populares, lo cual no significa que las injusticias hayan terminado (por tanto, el discurso contestatario de izquierda sigue teniendo vigencia). La cuestión es encontrar esos caminos.

¿Qué hacer entonces?

Quedarse llorando este retroceso no sirve. En todo caso, hay que reconocer que en este momento las propuestas de izquierda siguen estando golpeadas, sin rumbo claro. Pero reconocer eso es justamente lo que podrá ayudar a encontrar ese rumbo, por ahora ausente.

El campo popular está desconcertado, hipócritamente manipulado, conquistado por los grupos neoevangélicos que funcionan como monumentales instrumentos de control social y freno a la protesta. El embobamiento a través de los medios de comunicación y las redes sociales es proverbial. ¿Cómo es posible que se pueda hablar con toda impunidad de post verdad? Obviamente la lucha ideológico-cultural está muy bien manejada por las fuerzas del capital. Ante todo ello no se puede oponer sino una frontal lucha ideológica, para rescatar la verdad. El ideario socialista no está muerto; en todo caso, como dijera Frei Betto, “El escándalo de la Inquisición no hizo que los cristianos abandonaran los valores y las propuestas del Evangelio. Del mismo modo, el fracaso del socialismo en el este europeo no debe inducir a descartar el socialismo del horizonte de la historia humana”.

Por todo ello, la lucha sigue. Y la verdad, aunque se quiere empañar con fake news y “post” verdades, ahí está presente, esperando la justicia.


https://www.alainet.org/es/articulo/197642


martes, 21 de marzo de 2017

LA IZQUIERDA Y LOS COMUNISTAS EN EL PERÚ, SU NECESIDAD DE SER ORIGINALES





21-03-2017

“El virreinato del Perú, cuya población asciende a millón y medio de habitantes, es sin duda el más sumiso y al que más sacrificios se le han arrancado para la causa del rey; y bien que sean varias las relaciones concernientes a aquella porción de América, es indubitable que ni está tranquila, ni es capaz de oponerse al torrente que amenaza a las más de sus provincias”.

Esta apreciación contenida en La Carta de Jamaica (Documento que Simón Bolívar escribió en Kingston el 6 de septiembre de 1815), a pesar de los más de 200 años transcurridos y otros casi 200 de lograda la independencia del Perú, mantiene una actualidad consternante, en relación ahora al imperio de las transnacionales.

Es indudable que el Perú, en su condición de miembro de la humillante Alianza del Pacifico, es pues aquel perrito simpático para los Estados Unidos al que se refiere el actual presidente Pedro Pablo Kuczynski, por el que la izquierda electoral llamo a votar, dicen por ser el mal menor, pero en realidad entregando el poder político del estado, a este presidente, con el aval de la votación mayoritaria con la cual gano la segunda vuelta electoral, y que hizo que PPK afirmara que la mayoría de la población había votado por su plan de gobierno y que en consecuencia lo iba a aplicar. Ahora ya sabemos realmente en que consiste ese plan: mover la colita al amo imperialista.

Resulta inquietante también que tal afirmación de Bolívar se haya dado a pocos años de la rebelión Tupacamarista, precursora del movimiento independentista de aquel entonces; y, la situación actual del Perú también se dé a pocos años de la guerra interna, la insurgencia de grupos armados y de una etapa de apogeo y desarrollo del movimiento popular cuyo punto más alto se tradujo en la construcción de la Izquierda Unida y de la Asamblea Nacional Popular.

Ahora existe una izquierda electoral acomodaticia y vacilante, pero también un movimiento popular en lucha a la cual podríamos denominar izquierda social, aquellas organizaciones populares que se encuentran en lucha en distintas partes del Perú, básicamente con un contenido de defensa de los recursos naturales, mal denominados conflictos medio ambientales, cuando en realidad son conflictos económicos y políticos que tienen que ver no solo con la protección del medio ambiente, sino también con el sistema económico imperante.

El Perú tiene una gran historia de resistencia y rebeldía, desde la heroica rebelión de Manco Inca y los Incas de Vilcabamba, la resistencia y rebelión de Juan Santos Atahualpa, la gran rebelión de Túpac Amaru II,  la insurgencia de la década del 50 del siglo pasado y el apogeo de la izquierda (política y social, electoral y no electoral) hasta la década de los 80, también del siglo pasado. Una historia larga, siempre actual y vigente hasta estos días con las dignas luchas de los pueblos en defensa de los recursos naturales, en defensa de la vida, de la soberanía, y de la dignidad nacional.

Igualmente, el Perú tiene un legado ancestral, al cual Mariátegui llamaba a recuperar para hacer la revolución americana y  construir el socialismo indoamericano sin calco ni copia.

La izquierda electoral, y los partidos de izquierda, comunistas y socialistas, andan a la deriva y tras la oportunidad de subirse al carro de algún líder o lideresa carismática a la cual le atribuyen posibilidades de llegar a ser gobierno, dejando de lado sus principios originales y fundacionales, planteados en las obras de Marx y Engels, los clásicos del materialismo histórico, y principalmente en el legado Mariateguista, el cual se deforma, se malinterpreta y se abandona, todo en nombre de la modernidad y de que “es lo único que nos queda”, confundiendo la verdadera política izquierdista  con aquella inducida por el imperio, de que hay que respetar las reglas de juego de esta democracia y finalmente se “domestican”, y creen que hacer política comienza por recolectar firmar para una inscripción formal y reconocimiento legalista, dejando de lado y poniéndose al margen de la verdadera lucha política que se da en las calles y los campos, y que lo está haciendo el movimiento popular emergente.

Es vital para el movimiento popular, para el pueblo peruano, para recuperar la patria, la soberanía la dignidad y lograr la definitiva liberación, que los partidos comunistas y socialistas (sus direcciones nacionales y regionales, y mejor aún, su militancia), recuperen su sentido de historia, se vuelvan parte de la larga tradición de lucha y rebeldía, retomen las banderas de la lucha antiimperialista y anticapitalista, y mantengan su identidad fundacional, que no se desliguen de sus orígenes, a los cuales difaman los claudicantes y oportunistas, para quienes el capitalismo ya no es lo que decía “el viejo Marx” y el imperialismo ya no existe, que lamentablemente son los que siguen actuando y teniendo presencia en las organizaciones sociales y opinión en los medios, y a los cuales en forma negligente esta militancia escucha y acata dócilmente.

Es necesario que estas organizaciones y los intelectuales identificados con ellas, retomen el materialismo histórico, más allá de la retórica seudo-marxista o anti marxista, mas allá de la ridícula disyuntiva de que si es bueno o malo leer al “viejo Marx”, recuperen su confianza y fe en los principios y convicciones fundacionales, aún planteados en sus documentos partidarios, y armados de estos asuman la lucha política, desde y con los más pobres, por el cambio, la transformación, la revolución y la verdadera y definitiva liberación de nuestros pueblos. El espectro de la izquierda es amplio, hay lugar para distintas vertientes y pensamientos, pero el lugar que deben ocupar las organizaciones comunistas y socialistas, no claudicantes, es un espacio que no se debe dejar vacío.