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jueves, 26 de enero de 2023

A PROPÓSITO DE LA COMPLICIDAD DE LA IZQUIERDA CON EL NEOLIBERALISMO EN EL PERÚ

 


Excelente análisis de Juan Ramón Quintana: https://www.youtube.com/watch?v=lZzfw3Q9mIU

 

Más allá de ello, lo que es deplorable es que todo estaba a la vista desde hace decenas de años. Y solo la complicidad de una izquierda electorera, arribista y corrupta pudo haber logrado que los medios corruptos de la lumpen burguesía local y del imperialismo, trabajando conjuntamente, hayan podido ocultar el grado y las formas del coloniaje americano que esclaviza al Perú como nación y lo explota sin límite. Todas estas cosas que describe y denuncia Quintana era muy conocidas y denunciadas en los años 60. No fue extraño por ello que surgieran movimientos revolucionarios como el de De la Puente y el MIR, y también insurrecciones de jóvenes de la intelectualidad izquierdista como Javier Heraud. Grupos de izquierda socialista como el de Ruiz Eldredge, Ruiz Caro y sus compañeros de partido agrupados alrededor del semanario Libertad, novelistas y editores como Scorza, Mejía Baca, parlamentarios como el senador Montesinos, etc., etc., todos estaban claros en la sujeción colonial del Perú  al imperialismo yanqui y los vínculos con los descendientes locales del semifeudalismo y de la timorata pero sanguinaria burguesía lumpen, y de la APRA como principales representantes políticos de la casta estatal y gobernante.  Lo que ocurrió en los 80s y 90s es que la burguesía lumpen y sus patrones yanquis neoliberales simplemente arrasaron con todo lo que tenía nomás fuera un ligero tufo protestatario. La izquierda "revolucionaria" que amenazaba con la lucha armada de fusiles de palo quedó desnuda y de acuerdo con su cobardía y arribismo vieron su salvación en la democracia parlamentaria, para la cual muchos de esos líderes y partidos ya estaban bien entrenados en las aulas universitarias. Así se pudo ver a un "revolucionario” mini Mao peruano como Breña Pantoja proclamar enardecido que eran ellos, él y su banda Patria Roja, quienes habían organizado al campesinado contra el terrorismo subversivo y así salvado la democracia. Otros terminaron, en el curso de los años, donde en realidad les correspondía haber estado desde un comienzo: como militantes de la Apra, del belaundismo y otras capillas políticas del imperialismo y la lumpen, aplaudidos por su pasado "revolucionario" pero responsable.  Chicos buenos, demócratas certificados, por fin. ¿Lumpen-burguesía? ¿Imperialismo?, ¿semi-colonialidad? ¡No se escucha padre! Ahora tenían que preocuparse de cómo gobernar y para eso ya habían empezado a "gerenciar responsablemente" algunos sindicatos y sus ingresos. Los líderes del PUM, del PC Moscú, PR pekinés y otras sectas "revolucionarias" por fin lograron apoltronarse en el Congreso, algunos de ellos como parlamentarios permanentes a quienes la prensa lumpen estaba encantada de publicitar como "contestatarios". Esa fue la imagen que proyectaron para ganar un calientafundillos en el parlamento: defensores del pueblo (¿clase obrera? ¡Por Dios! Esas son antiguallas que no caben en el mundo globalizado. ¡Hablemos y mostremos que somos capaces de gobernar!). De los intelectuales de izquierda ni se diga.  ONGs patrocinadas por la USAID, becas y viajes en universidades como Harvard, plantillas, tests estadísticos y formatos para cómo ver la realidad, dádivas del régimen corrupto del Sr rey Juan Carlos para universidades, obras y centros de la intelectualidad peruana, publicaciones internacionales con el patrocinio de Vargas Llosa, inmediatamente hicieron comprender a esos intelectuales progres que Mariátegui y su Marxismo eran restos del pasado, antiguallas; ¿despojo de tierras? Eso no no es más que, de acuerdo a las teorías modernas de gringos sabios, más que migraciones de campesinos que ya no quieren ser pongos ni sirvientas sino ganar un salario, pues la utilidad marginal que así obtiene es mayor que sacan cultivando papas y maíz en sus tierras improductivas. Es pues el progreso y la globalización lo que los mueve. ¿La vida comunitaria? Otra antigualla propia de trasnochados, vetustos marxistas que se quedaron en el siglo 19. ¿Música criolla? Ruido para borrachines nostálgicos. ¿Huayno? ¡Caramba! Cómo querer volver al incanato, salto para atrás que solo mora en la imaginación del afiebrado José María. ¿Música chicha? ¡Horror! Eso huele a cerveza chinganera.

Pero el tiempo no pasa en vano. Y de repente estalla el pueblo trabajador desde abajo, por sus propias fuerzas y venciendo sus penas y dolores, poniendo al desnudo qué es lo que realmente ocurre en nuestra patria. La experiencia de la explotación y el sufrimiento, del menosprecio racial, ha hecho a este pueblo avanzar políticamente decenas de años, y aun sin teorías. Tal como surgen los verdaderos movimientos revolucionarios, creciendo subterráneamente hasta madurar y lograr una comprensión práctica de su condición de explotados. El Perú ya no será lo que era. Ahora el pueblo deberá coronar sus luchas organizándose, centralizando las luchas de los trabajadores asalariados industriales y de servicios en alianza con el campesinado. Hay ya los elementos del pueblo que asumirán esa lucha. Jóvenes esclarecidos y honestos. A ellos les corresponde elevar su nivel teórico revolucionario, su capacidad organizativa, la prensa popular, hacerse presentes en las organizaciones de la sociedad burguesa: municipios, regiones, departamentos. Y en las organizaciones de los trabajadores asalariados y campesinos. Esta es una tarea a su medida, no propia de iluminados ni traficantes de esperanzas. Propia de una juventud que no se arredra ante los sacrificios que demanda una sociedad gobernada por los propios productores, sin zánganos que viven del trabajo ajeno ni especuladores que se apropian de los pequeños ahorros del pueblo trabajador. ¡Hay hoy hermanos, como decía nuestro insigne vate comunista César Vallejo, muchísimo que hacer!

24 enero 2023

Rebelde Marxista

LA CRISIS POLÍTICA ACTUAL Y EL RACISMO


https://elcomercio.pe/luces/libros/luis-g-lumbreras-fiestas-patrias-el-peru-esta-muy-cansado-pero-no-es-solo-aqui-parece-que-se-estuviera-acabando-un-ciclo-en-la-historia-del-mundo-noticia/

 

A propósito de esta entrevista a Lumbreras, tengo algunas serias observaciones:

Creo que se equivoca muy lamentablemente. Su afirmación no tiene sustento histórico ni legal. Las matanzas que cometieron los bárbaros españoles, la exhibición de indios encadenados como objetos o simios o animales raros en la corte española, la acusación de idolatría, la defensa de los indígenas que hizo el padre de las Casas, etc., etc., son muestras evidentes de que los invasores españoles creían y afirmaban y actuaban como raza superior frente a semisalvajes o semihumanos. Estos hechos históricos demuestran que los bárbaros extranjeros actuaban como “nosotros” frente a los “otros”, los indios. Túpac Amaru se rebeló no solamente contra los criollos sino sobre todo contra el explotador sistema colonial español. 

A qué conducen las afirmaciones de Lumbreras sino a blanquear la barbarie española, sino a blanquear el crimen histórico de las elites españolas. ¿Consciente o inconscientemente? En el fondo es lo mismo que concluye la prédica racista de Vargas Llosa: los malos no fueron los conquistadores, el virreynato, etc., sino los hijos de los conquistadores, los criollos y mestizos. O sea: mejor hubiéramos seguido con virreyes y cortesanos españoles e indios semisalvajes.

El problema fue efectivamente uno de clase, pero uno que evidentemente surgió con la conquista y sumisión criminal, un poder extranjero que sometió a los indígenas, la clase productora esclava frente a la casta de virreyes y su séquito, un poder extranjero explotador, racista y violentamente criminal contra los indígenas.

Es esa conformación social y las concepciones de superioridad racial de la explotación colonial lo que fue heredado, por los hijos de la casta virreynal, los criollos. Y vale decir aquí que la revolución de la independencia fue obra principal de criollos esclarecidos con una ideología que ha sido ignorada y tergiversada por el poder criollo que finalmente heredó y tomó las riendas del poder o, mejor dicho, dejó en vida todo lo que era el dominio colonial de sus padres españoles. Bolívar, Túpac Amaru, entre otros, son descollantes ejemplos de criollos. Sí, Túpac Amaru era alguien que por sus funciones puede considerarse como un privilegiado, como lo eran los netamente criollos, cuya sublevación va mucho más allá de la lucha contra la explotación racial española. 

Hay pues sutilezas históricas que se ignoran o se velan a menudo, con la consecuencia, aunque fuere involuntaria, de dividir al pueblo peruano y blanquear la explotación imperial. 

Como clase social, los criollos explotadores son los que efectivamente heredaron la colonia, mas no el pueblo criollo. La revolución de la independencia, gestada por una burguesía muy embrionaria no liquidó el feudalismo, es decir la clase en el poder que se proyectó en la elite criolla mas no en los criollos pobres, artesanos y proletarios. Es claro pues lo que decía el criollo J. C. Mariátegui: el problema de las razas es el problema de la tierra; la economía, las clases sociales determinan el problema de las razas y no al revés; no son las razas, criollos e indios, las que determinan el poder económico. Esto se puede ver muy bien en el Perú de hoy: unos cuantos peruanos de neta extracción indígena son capitalistas que en mayor o menor medida se ubican ya en el poder local y son los más acérrimos defensores del capital imperialista, mientras que otros que bien se podría llamar criollos forman parte del ejército de reserva citadino, moradores de barrios tugurizados.

Lo que tenemos pues en nuestra política son poderes mafiosos, no importa si criollos o de extracción indígena. Basta para confirmarlo leer la lista de apellidos en el Parlamento.

Y lo que hay hoy no es producto del cansancio del pueblo peruano, especialmente indígena. Lo que hoy hay es hartazgo, rebelión, comprensión por el pueblo trabajador, indígena o no, comprensión, aunque fuere todavía elemental, de su situación de clase, de la explotación que sufren por su condición de trabajadores del campo o la ciudad, comprensión, embrionaria aún, de que este sistema explotador ya no da más y es necesario sustituirlo por otro superior que permita su liberación y bienestar. La clase obrera, de extracción indígena es la más esclarecida, todavía casi intuitivamente, pues sufren en carne propia la barbarie explotadora de los nuevos colonizadores, del imperialismo neoliberal. Este es el problema central del Perú de hoy: no el racismo sino el sistema de explotación clasista que perpetúa el racismo virreynal y republicano, contradicción que muy claramente fue ya señalada por Mariátegui: desalojar a las fuerzas del capitalismo imperialista es el primer paso necesario, y solo el primer paso, para resolver el problema de las razas, para que el Perú se desarrolle como nación.

20 enero 2023

Rebelde Marxista

martes, 20 de diciembre de 2022

JOSÉ CARLOS AGÜERO Y LA DEFENSA DE LA DEMOCRACIA FRACASADA

 

 La mafia celebrando el éxito de la emboscada

 José Carlos Agüero, autor de la columna “Desprecio” (noticiasser.pe, 13 dic. 2022) es un tóxico escribidor. Es el autor de un librito “Los rendidos”, librito que es una vergonzosa geremiada, un homenaje al revés a sus padres, senderistas asesinados en la lamentable sublevación senderista. Se puede condenar a Sendero, pero hacerlo de esa forma sibilina, lloriqueante, que en nada educa al lector, y que más bien manipula los sentimientos de solidaridad y compasión del lector con las víctimas de la violencia para así justificar sibilinamente la violencia contra los de abajo, es algo nauseabundo y condenable.

Nada raro que el librito fue financiado por el IEP, una suerte de ONG, avispero de elite de la clase media intelectual bien financiada por los satélites de fachada de los organismos de inteligencia americanos y acogida en las universidades americanas de elite. En el IEP han trabajado insignes intelectuales peruanos y ese instituto ha publicado valiosas investigaciones. Es por ello que su autoridad intelectual confunde al no advertido de las truculencias que se ocultan tras su fachada científica. No es de ninguna manera el primer ni único caso de esta naturaleza en América Latina. En Europa del Este, instituciones de esta naturaleza fueron activas participantes de las “revoluciones de colores” promovidas por el imperialismo.

Qué se puede esperar de este escribidor: que, por supuesto, siembre la confusión con sus jeremiadas pequeño burguesas en defensa de la democracia, ergo: en defensa del poder de la burguesía lumpen local y de sus patrones imperialistas. Ahora seguramente, con tantos muertos por la movilización social contra los corruptos golpistas parlamentarios, condenara a la violencia en abstracto, como si ésta no fuera una violencia de clase de los poderosos que gobiernan el Perú desde hace más de doscientos años (y 700 años ya si se incluye el bárbaro coloniaje español)

 

18/12/2022

Rebelde Marxista

 

Desprecio

2022-12-13

Por José Carlos Agüero

Escritor e Historiador

Hacer política desde el desprecio trae consecuencias graves. Frivolidad, cinismo, el descaro de los grupos de interés, acostumbrados a operar con impunidad, ha terminado por hacer estallar – una vez más – a la gente en todo el Perú (18 regiones de 24 con protestas activas en menos de una semana). ¿Esperas ofender a alguien y que se quede tranquilo en su casa llorando la humillación? ¿Esa es tu propuesta política, reírte del que menosprecias y ofrecerle como lugar el de espectador, testigo de las decisiones arrogantes que tomas en su nombre? ¿Qué los mates y encima lo expliques como que mataste a un vulgar azuzador?

El desprecio es lo que me llama más la atención. Porque es antiguo, lo sabemos, pero siempre se actualiza. Este momento encuadra el desprecio como un nudo, un catalizador de emociones y de fuerzas. Un señor en Huancavelica señala “…Doscientos años nos vienen haciendo lo mismo”. ¿Qué es ese “lo mismo”? En su mirada de la vida política, de la que él también forma parte, aunque a algunos sorprenda, es el remachar su inferioridad, vez tras vez. El excluirlo y justificar esta exclusión por su carácter de ser casi bárbaro. Una señora en Ayacucho dice: “Castillo será profesor, será ignorante, no hablará bien, pero es por quien votamos”. ¿Más claro? ¿Realmente se necesitan más pistas para cazar la idea?

No puedes humillar tanto a tanta gente. Burlarte. Mandarlos con sus alforjas de regreso a su pueblo como hizo un parlamentario conservador. Con sus llamas y alpacas a la aldea, y no a la alta esfera, donde no tienen lugar. Brindar, celebrar por haberlos colocado en su sitio, tomarse selfies como hicieron los congresistas el día de la vacancia, y esperar que esa gente te agradezca por supuestamente salvarlos de ellos mismos, de su propia incapacidad.

El lenguaje usado por los medios de comunicación y por los “políticos” (no se les puede considerar políticos reales, hay que ponerles comillas) han enfatizado hasta el hartazgo desde antes de la victoria electoral de Castillo las limitaciones, las incapacidades, la ignorancia, la torpeza, “la imbecilidad” en el dicho de un analista reconocido (¿se tomaría esa licencia de insultar con tanta autoridad a cualquiera de los muchos otros presidentes peruanos, todos (TODOS) procesados por esquemas de gran corrupción y también, evidentemente, ineficaces y mediocres?).

Otra líder de opinión señala refiriéndose a la presidenta actual, Boluarte “No tiene capacidades, pero ya es algo mejor que Castillo”. ¿Para estos peruanos, qué es ser capacitado para un cargo de elección? ¿Eran capaces Fujimori, Toledo, García, Humala o PPK? Evidentemente no. Fuera de cualquier prejuicio, sus resultados lo demuestran. Fueron no solo pésimos presidentes. Fueron mucho más que malos gestores. Ahondaron el colapso institucional y social del país. Destruyeron lo poco que quedaba del tejido social, criminalizaron los espacios regionales y municipales, permitieron que las mafias se hicieran de los poderes más altos. ¿Cuál es pues este estándar de la capacidad al que parecen aludir todos?

No pues, no se trata de capacidad. Están cambiando unas palabras por otras. Esas personas eran terriblemente dañinas. Pero pertenecían a grupos de poder que generaban identidad por diversas razones respecto de los grupos económicos y mediáticos: étnicos, culturales, redes de privilegio, redes económicas, círculos familiares, finalmente, parte del sistema mercantilista. ¿Castillo es mejor, es más capaz? No, claro que no. Es un incapaz más. Solo que no viene de este sector. Y les generó desde el inicio la sensación de riesgo, de falta de control total, de posible pérdida de la hegemonía absoluta al tomar las decisiones sobre la administración tanto del poder, como de la corrupción, finalmente, bienes en disputa.

Tres Pedros

Un político tradicional. - El primer Castillo es el más transparente. Un pésimo gestor. Un personaje que no pudo o no supo o no quiso romper con el modo de organizar la cultura de administración en el poder ejecutivo. Hizo lo que sus antecesores. Se rodeó de su propia argolla, se alejó de todo programa, de toda idea, de toda aspiración de mediano o largo plazo que hiciera posible una reforma social y política. Sus metas eran inverosímilmente pequeñas, mezquinas, minúsculamente coyunturales. Su primera medida como presidente lo expresa: aprobó la inscripción de su sindicato de maestros, paralelo a su rival, el antiguo SUTEP. Luego de 200mil muertos por COVID, en medio de una polarización extrema, con problemas macroeconómicos, él dedicó su primer esfuerzo a su lucha gremial, vulgar.

Como todos los otros presidentes, entendió su ubicación privilegiada al frente del aparato público como un sitio para obtener ganancias para él y sus adeptos, a partir de las inversiones públicas y la corrupción. Quizá lo peor de todo: se aisló de sus aliados, y concentró sus decisiones siempre cortoplacistas, siempre de sobrevivencia, en un grupo de personajes inescrupulosos. Estos produjeron un daño a estas alturas difícil de dimensionar: prácticamente dejaron de gobernar por un año. El país vivió en piloto automático. Sólo como un ejemplo, tuvimos más de medio centenar de ministros en un año y algo, lo que nos da una idea de la absurda inestabilidad y de la imposible gestión en tales condiciones.

En un contexto mundial adverso, dejar de gobernar ha sido grave. Cierto que una parte importante de la atención de este señor se tuvo que concentrar en defenderse de los grupos mafiosos y antidemocráticos que tienen secuestrado el poder legislativo y parte del judicial, pero también está claro algo: sí que le alcanzó la vida y el tiempo para articular su sistema de ganancias ilícitas. Angustiado por las consecuencias de sus propios actos delictivos, amenazado por sus enemigos, dio un golpe de Estado, que no por no haberlo logrado imponer deja de ser un golpe. Y con ello se convirtió en la promesa autocumplida de la derecha más irracional: ser un “dictador comunista”. No fue ni dictador ni es comunista, claro. Es solo un político tradicional, solo que, de otra rama de la política peruana, lejana de Lima, corrupto y desapegado de los valores democráticos.

¿Pedir que regrese? Si no bastara el golpe de Estado fracasado que lo desautoriza para cualquier rol en el futuro del país (espero), aún hoy sigue contribuyendo con su irresponsabilidad a incrementar el riesgo de los ciudadanos. Sus mensajes donde se reclama aún presidente, son de una terrible negligencia criminal, porque sabe que eso afecta emocionalmente a muchas personas que saldrán a protestar por ese llamado. Pedro Castillo y la gente de la que se ha rodeado este año y meses ha mostrado qué tan profundamente herida esta la izquierda, que se muere por falta de principios y no por falta de votos.

Pedro el tapón. - Ahora vemos que Castillo, allí en su lugar de presidente, aunque no gobernara en estricto, cumplía una función social. La naturaleza de la última campaña electoral, de confrontación violenta entre cruzados (terroristas y comunistas versus fascistas-fujimoristas corruptos) creaba un marco de violencia contenida. Ya hemos escrito mucho sobre ello, así que solo diremos como resumen que el nivel de agravio, de mentira, de manipulación no sería fácil de procesar ni de olvidar. Quedó cada palabra grabada, latente. Para los que votaron por Castillo, les quedó más claro que quizá en ninguna otra época de la república, lo que pensaba la élite, los grandes medios y buena parte de la ciudadanía de Lima sobre ellos y sus votos: eran votos perdidos, vacíos de contenido, viciados de origen por provenir de gente inferior, indios, ignorantes y encima, terroristas.

Pero Castillo por más de un año, pese a la campaña de sabotaje de las mafias del Congreso y de los medios, pese a los casi tres procesos de vacancia, pese a la investigación de sus familiares, se mantuvo en el Ejecutivo (haciendo nada, degradando la gestión sí, pero manteniéndose en el puesto). Su falta de pericia y su mezquindad estaban casi fuera de toda duda, incluso para la mayoría de sus votantes. Pero que ocupara ese lugar sostenía la voluntad expresada por la población pese a la campaña gigantesca de humillación y estigmatización que habían recibido en el proceso electoral. Pedro Castillo gobernando sin gobernar, robando, mintiendo y afectando incluso la subsistencia de la población, contenía la ira de un enorme sector agraviado. Uno puede comerse su rabia si estima que recibe algo a cambio. En este caso: un presidente puesto por uno. Fuera Castillo, ya no quedó contención alguna para esas emociones acumuladas y remordidas. Y la violencia se ha expresado.

Castillo símbolo. – Castillo como personaje político real, es el que ya describimos. Pero no es difícil reconocer que para la gente hay otro Castillo. Uno que vive paralelo al que come y respira en la prisión de la DINOES. Este Castillo es un símbolo, o una proyección. En las protestas lo hemos oído: es nuestro, es por quien votamos, es el que elegimos, es uno como nosotros, es cholo, es pobre, es indio, es excluido, es campesino, es un “nadie”. La verdad es que no es campesino, ni indio, ni siquiera es rondero en estricto, y a estas alturas dudo que sea muy pobre, pero es esa imagen la que la gente defiende. O sea, se defiende a sí misma, defiende su voto, la voluntad popular. Defiende pues, un valor fundamental de la democracia. Si alguien representa una fuerza con razones democráticas detrás, en este momento, son los que protestan en las diferentes regiones del país. Mi opinión es que no tienen razón respecto del programa de sus protestas ni en sus métodos, pero están defendiendo una cadena indispensable para creer en algo (al menos en algo): votamos, elegimos, aceptamos los resultados, gobierna alguien que nos representa.

Por eso el dolor con que se ha vivido su caída. Porque es la caída de una fe. La fe de que, pese a todos los insultos, de luchar contra los grandes grupos de poder, del terruqueo y la burla, a la hora de votar, somos iguales. Se puede ganar. Uno “como nosotros” puede ganar. ¿Por qué saldrían niños de colegio a protestar y morir si no los uniese algo subjetivo fuerte a este símbolo, a esta fórmula? La fe en la democracia, como reducto para los excluidos ha sido quebrantada por la caída de Castillo.

Es cierto que Castillo se suicidó políticamente, pero es mentir, mentir descaradamente, no reconocer que estaba siendo llevado a una posición imposible que tarde o temprano terminaría con su vacancia o suspensión. Y para hacerlo no primaron las razones justas (la lucha contra la corrupción), sino las injustas, las que empezaron antes de que siquiera asumiera y que jamás se detuvieron. Por lo tanto, si bien es un golpe de Estado, digamos que fue un golpe ayudado, un golpe acompañado por el sabotaje del Congreso. Otra profecía cumplida: los perdedores en la elección “salvaron al Perú del comunismo”, pero lo entregaron a sus propias fauces mafiosas.

En los comentarios de una noticia que daba cuenta de las muertes en las protestas de esta semana, que ya suman al menos siete personas, incluyendo dos niños, podían leerse: “que los militares acaben el trabajo de Fujimori (que maten a los terroristas, quieren decir, refiriéndose a la población movilizada)”, o “un par de llamas qué importan”. Escritos estos comentarios desde cuentas identificables, reales. En el centro de Lima un manifestante que no se veía muy terruco ni usaba un lenguaje muy clasista señalaba que pedía el regreso de Castillo porque era al que ellos habían elegido. Y que el golpe, en realidad, lo había dado el Congreso.

Irresponsables

Jugar a las palabras, tiene límites. Y estos suelen ser los cuerpos. Sobre todo, los ajenos. Ya son demasiados años de sostener el embrujo, esta ilusión de que tenemos sistema de partidos, representantes, padres de la patria, instituciones democráticas, medios de información. Estos eufemismos buscan encubrir que lo que hay son grupos de interés y lobby, redes de privilegio, monopolios abusivos, mafias y organizaciones criminales, todos ocupando los rótulos antes dedicados a las organizaciones políticas. Los hay de varios tipos, algunos más tradicionales, otros más cholos, algunos de alcance limeño-nacional, otros más territoriales. Estos actores han secuestrado las instituciones. El Congreso, sobre todo, pero también el sistema de justicia y los gobiernos subnacionales. No solo son abiertos grupos de interés particular o grupal, ajenos por completo a la idea de interés colectivo o público, sino que además son ferozmente antidemocráticos. Ejercen el poder de modo abusivo, discrecional, sin atenerse a reglas, ni las administrativas de sus reglamentos, ni las constitucionales, sin temor a nada porque gozan de impunidad. Pero cuando escuchamos la televisión o la radio, tenemos que oírlos nombrar por años como “los políticos”. Y este lenguaje los legitima, casi que los hace reales.

Cuando Pedro Castillo dio su golpe de Estado fracasado, su fracaso se dio en dos sentidos. El primero más simple, porque era incapaz de imponerlo, de hacerlo realidad. Nadie le iba a hacer caso, carecía de poder y “capacidad de chantaje” sobre otras fuerzas. Pero fracasó también de un modo más interesante. Realmente, en un lenguaje más primario, no había cómo dar un golpe, no había dónde, no había a quién o a qué. Los actores en disputa eran rivales para ejercer la antidemocracia. Ambos son elementos nocivos, destructores de los vínculos de confianza, de las relaciones entre personas e instituciones, de la gente con las ideas y los argumentos. No se puede dar “un golpe” así, sobre un contexto que ya ha colapsado. No un golpe a la antigua, al menos. Es como golpear el agua. O el aire.

Pedro Castillo pese al deseo de la gente, pese a la identificación simbólica o cultural o social que la está movilizando, no debe regresar. Es además de parte del problema, un enemigo de la democracia. Pero lo es también el Congreso. En un escenario donde el que gana y celebra, también es el malo, no basta con el piloto automático. No puede esperar la presidenta interina a que la gente aplauda y se siente a esperar. La manera en que es leída su presidencia para grandes sectores de la población, lo estamos viendo, es como una traición. Y eso es algo grave. Porque no hay peor pecado que la traición, no hay regreso y no hay posibilidad de esperar virtud alguna, depositar mínima confianza en alguien traidor. Quienes vienen protestando lo han expresado con claridad. Quieren que renuncie porque la entienden, no sin razón, como una presidenta del Congreso. Es decir, una especie de secretaria de los malos. La represión brutal, las declaraciones de sus ministros y su propia actitud banal, consolidan esta mirada.

Qué hacer

¿Hay razones para marchar? Desde luego. El Congreso es un actor antidemocrático y potencialmente golpista. Eso está claro. Castillo se les adelantó, porque no es muy diferente. Pero eso no quita que lo sean. No se puede esperar que de ellos florezca súbitamente un afán reformista. Van a hacer lo que puedan para sostener sus presencias y sus intereses. Si hay muertes, podrán justificarse en el enorme archivo mágico de invención de conspiraciones, comunistas y terroristas. Llamaran a aplicar mano dura. Harán invocaciones al principio de autoridad y a reinstaurar el orden cueste lo que cueste.

Dina Boluarte ha actuado con increíble irresponsabilidad. Ha dejado que pase tiempo valioso antes de ofrecer lo obvio: elecciones anticipadas y generales. Mientras, poco a poco, el país se fue levantando, indignado. Y esas muertes se explican por esa demora en ofrecer un horizonte razonable, un tiempo para que la población pudiera organizar al menos precariamente su futuro y sus expectativas. Ha elegido muy mal a su premier, que ha mostrado rápidamente ser de los que convierten población en subversivo y protesta en “turba”. Necesita conectarse con la realidad. Dejar de reprimir. Y dejar de reprimir significa claramente controlar a una policía, quitarle prerrogativas y responsabilidades -que deben de ser políticas- a unas fuerzas de seguridad que han tocado fondo.

Finalmente, y no menos importante, la violencia debería dejar de ser un recurso en disputa más. Generar condiciones que ponen en riesgo a las personas es perverso. Los cuerpos y no las palabras deben de ser el límite. Los trabajadores de las instituciones atacadas por los manifestantes también son ciudadanos, los policías no tienen que ser objetivos de agresiones potencialmente graves, lo hemos visto, desde secuestros, vejaciones hasta golpes con ladrillos y adoquines. Pescar a río revuelto entre tanta rabia, pena y luto, es más que irresponsable, es no empático. Si los dirigentes gremiales, o comunales o comunicadores locales, o políticos de izquierda tienen que usar el lenguaje en esta coyuntura, donde la gente puede sufrir seriamente, deben de cuidar su lenguaje, y deberían (deberían…) moderar, pensar, reflexionar, sus expectativas. Machacar el metal en caliente es una vieja práctica que hemos visto lo que ha significado para el siglo XX. Esgrimir ciegamente programas máximos (restitución del ex presidente, defenderlo en su decisión inconstitucional de dar un golpe, no dar tregua a la idea de una asamblea constituyente) no ayuda a encontrar respuestas, sino que exacerba los ánimos, cierra alternativas (todo o nada) y eleva el umbral de confrontación. Y como dicen por allí, es fácil ser guapo con la cartera del otro. En este caso, qué bonito, qué heroico queda ser rebelde con el cuerpo que pone un ajeno.

Si hay que marchar, no será, lo confieso, como en otras jornadas. No quiero defender a Castillo. Me parece que debe ser juzgado con arreglo al debido proceso. Tampoco quiero su restitución, ni que necesariamente caiga el gobierno de transición. Sí quisiera que este reaccionara rápidamente. Que leyera el escenario en su complejidad. Que rectifique su pésimo inicio. Que cambie de premier, porque no se puede tener a alguien que empieza su gestión justificando violaciones de derechos humanos. Y que se asuma como lo que es, un escalón breve y sobrio, eficaz si fuera posible, hacia otro momento que esperemos sea superador del actual, para lo cual, debe desprenderse de su dependencia hacia este Congreso. Que es difícil, pero es imprescindible.

Está difícil marchar así. Porque las consignas no me generan al menos a mí, suficiente razonabilidad. Pero al menos, hagamos el esfuerzo de mostrar un respaldo ante las muertes producidas por tanto desprecio e irresponsabilidad. Y ojalá todos los que tienen real influencia, pongan su mayor esfuerzo en desescalar la violencia, y procurar un contexto con posibilidades de diálogo. Más muertes no generan más épica. Ayudar a resolver, se sabe, es mucho más difícil que ayudar a destruir. El tiempo no se acaba esta semana, ni estos meses. Y la tarea en el país es grande y difícil. Tenemos para muchos años de paciencia y reconstrucción de nuestras instituciones, vínculos y respetos. Miremos un poco más allá.

Fuente: https://www.noticiasser.pe/desprecio

 

viernes, 9 de diciembre de 2022

LA OFENSIVA DE LA REACCIÓN FASCISTA EN EL PERÚ Y LA CAÍDA DE PEDRO CASTILLO

 


Lo que está ocurriendo es obviamente un golpe de estado con anuencia, e incluso incitación, del gobierno americano. Los yanquis hoy por hoy sólo se pueden permitir gobiernos cipayos, pues temen que China les mueva el piso en Latinoamérica con gobiernos que osen sacar los pies, aunque sea a medias, del plato americano.

Ni en tiempos de la Unión Soviética se ha visto tal sucia y persistente arremetida contra China y Rusia. No hay que engañarse; la guerra no declarada, ya ha sido decretada por el imperialismo americano y sus satélites, y el recurso a una conflagración internacional generalizada, nuclear, es parte de su estrategia. Están dispuestos a jugarse la vida pues tienen perfecta consciencia de su decadencia y sustitución por un mundo multipolar donde no podrán más obtener ganancias mediante el saqueo militar y económico como lo han venido haciendo a lo largo de la historia del dominio de la civilización burguesa.

Las provocaciones y mentiras imperialistas no tienen límite.  Los medios americanos y europeos son hoy por hoy el principal ariete imperialista en el frente de la guerra psicológica y de propaganda, mientras que el nazismo ucraniano es el ariete militar, el brazo del ejército americano en el frente de batalla. En Ucrania los imperialistas americanos y sus lacayos europeos están ensayando todo tipo de armamento como parte de su preparación para una guerra caliente.

De cómo se van a resolver las contradicciones en el caso específico del Perú es algo que no es previsible por ahora. Para gobernar, el lumpen imperialismo no lo podrá hacer más que con la represión pues los problemas económicos y sociales son muy grandes y no se van a resolver por solo los mecanismos económicos, y ni siquiera con un posible apoyo económico masivo de las potencias imperialistas, las que hoy en día no tienen ni para sostenerse internamente en sus propios países. Tampoco la represión generalizada, incluida la acción de las bandas lumpen de sicarios peruanos y venezolanos, puede lograr la paz de cementerio necesitada por el lumpen imperialismo aún si en un primer momento pueda ejercer una acción paralizante contra la protesta de un pueblo que ya ha sido saqueado al máximo. Una vez más el pueblo luchará a pecho descubierto, sin dirección centralizada, abandonado por una dirigencia absorbida en la lucha por el sillón parlamentario.  Sin embargo, la necesidad de reconstruir los organismos de dirección de la clase trabajadora sigue vigente, y en ello se puede avanzar justamente en los momentos en que el lumpen imperialismo saca sus garras con más virulencia. Pero será una nueva dirigencia, joven, dispuesta al sacrificio, heroica, a la cual las antiguas dirigencias deberán ceder el paso y a la cual deberán más bien contribuir a consolidarse y concretar nuevos y renovados organismos de clase. Esto es, si a esos viejos aún les queda algo de su sueño socialista de juventud.

La protesta popular contra el golpe es en realidad más que una defensa de Castillo, un rechazo al neofascismo lumpen de la burguesía local y sus aparatos político y de represión. Castillo fue abandonado por la izquierda electorera pero el mismo también cayó en el oportunismo legalista, sin atreverse a movilizar al pueblo, rodeándose de una argolla de personajes corruptos. Ya en la pusilánime defenestración de Béjar del Ministerio de Relaciones Exteriores pudo verse lo que sería el carácter y contenido del gobierno de Castillo. Lejos de movilizar al pueblo, se arrodilló una y otra vez ante el lumpen político, tratando una y otra vez de apaciguarlo, en una actitud cobarde, oportunista y de debilidad que sólo sirvió para envalentonar a toda suerte de delincuentes de la política y partidos lumpen fascistas. El ejemplo de Bolognesi en Arica le hubiera podido servir de derrotero.

El pueblo va a tener que luchar una vez más sin cabeza, sin dirección centralizada, abandonado a su suerte por una dirigencia electorera preocupada en como encaramarse a las poltronas parlamentarias. Todo está por construir y reconstruir. Esto no se logra de la noche a la mañana. Será una nueva dirigencia, joven, dispuesta al sacrificio, heroica, la que se encargue de esta tarea que es retomar el trabajo de Mariátegui. A los viejos, si aún les queda algo de su sueño socialista de juventud, les corresponde contribuir al crecimiento y desarrollo de los nuevos y renovados organismos de la clase trabajadora, sin pretender sustituirla ni irrogarse actitudes paternalistas ante las nuevas dirigencias.

09/12/2022

Rebelde Marxista

lunes, 7 de noviembre de 2022

LA NUEVA BASE SOCIAL DEL NEOFASCISMO: CASO PERUANO Y BRASILEÑO

 

Una imagen que pondera las audiencias del pasado. En el presente los pobres en vez de ir hacia la izquierda caminan hacia y con la derecha fascista. ¿Por qué es la pregunta obligada, que exige una respuesta?

Nota breve:

Presentamos estas breves anotaciones de nuestro anónimo colaborador que ponen en relieve las nuevas características de la base social del lumpen fascismo en nuestros países. Este es un magnífico ejemplo de que todavía tenemos entre nosotros continuadores del camino que inaugurará José Carlos Mariátegui. Camino que se caracteriza por priorizar el análisis concreto de las clases sociales y sus diferentes aristas en su desarrollo situacional. Estudios como este son absolutamente necesarios en medio de un panorama nublado por la ceguera intelectual dominada intencionadamente por representantes confesos o involuntarios del neoliberalismo y sus ONGs.  

En los novecientos la clase media formada por la empleocracia, intelectuales y comerciantes era la base social del fascismo italiano o de donde fuere. Hoy en este siglo de profundos cambios geopolíticos, ocurre algo extraño, los sectores más empobrecidos por el neoliberalismo en vez de engrosar las filas del socialismo o los movimientos antisistema son el principal clientelaje de los nuevos movimientos fascistas. ¿Por qué ocurre este contrasentido? Lo que pasa es que los pobres seducidos por el discurso del establishment creen, en su cada vez más creciente pobreza, que son innovadores o empresarios independientes, cuando en verdad apenas si llegan a ser obreros sin sueldo ni derechos de las empresas que les proveen las mercancías. Estos sectores de Perú han sido ganados por la propaganda del capital internacional pasando a convertirse en la base social de un neo fascismo.

Pero, porque la “torpeza” del derecha bruta y achorada (DBA) tiene tanta acogida entre los nadies. ¿No será porque los socialistas no hemos hecho bien las cosas? Veamos, después de Mariátegui los lideres del socialismo han sido básicamente caudillos, más preocupados por su lucimiento personal que de la potenciación de la organización económica, política e ideológica de la clase obrera en la lucha de clases. Este es un problema que venimos arrastrando hace mucho. Sin liderazgo la masa se diluye en cientos de micro sectas de caudillos que dominan su metro cuadrado y, como contrapartida, es el terreno fértil para que oportunistas o arribistas de poca monta arrastre tras de sí sectores de esa población empobrecida.

T. 07 nov 2022

 

LA NUEVA BASE SOCIAL DEL NEOFASCISMO: CASO PERUANO Y BRASILEÑO

Recuerdo que a muchos amigos de mi generación, los poemas de Vallejo nos llegaron en un tiempo de transición, el tiempo del ingreso a la madurez juvenil (una forma especial de inmadurez), y llegaron entrelazados con los escritos de Mariátegui, especialmente. A esa edad uno era asaltado por las disquisiciones filosóficas más elementales, como la relación del ser humano (nosotros, yo) con el universo, la existencia de Dios, la injusticia, etc., etc. Vallejo, en muchos sentidos, alumbró el parto de toda una generación iconoclasta, entre fines de los años 50 y durante el decenio de los 60s.

El análisis de clase del proceso de elecciones en el Brasil y su resultado permiten observar una característica importante del desarrollo del lumpen fascismo en Latinoamérica, característica que la ideología predominante y los papagayos ideológicos impiden percibir a simple vista: el rol de la clase media como base de masas de ese fascismo, una nueva clase media surgida al calor del desarrollo del neoliberalismo. Estos papagayos se afanan en proclamar a los cuatro vientos su análisis basado en la segmentación de la sociedad en estratos sociales con distinto ingreso; el fino análisis de las elecciones en términos de la dinámica de las clases sociales no tiene cabida en su coro. En Brasil ha sucedido algo similar a lo que ocurrió con la elección de Castillo en el Perú: sectores populares han optado por el más crudo lumpen fascismo de Bolsonaro y López Aliaga. Lo que no se les ocurre a esos papagayos es que tasajear a la sociedad según lonjas de ingreso (la ciencia estadística utilizada para justificar pseudo ciencia social) es ocultar las contradicciones de clase que existen al interior de esos sectores populares. Cómo explicar, si sólo se recurre a los niveles de ingreso, que en los sectores populares de Lima (los de menor ingreso promedio), en esos sectores precisamente, el crudo fascismo lumpen tuvo un alto volumen de votación, incluso mayoritario en algunos casos. Lo que se pasa por alto es la existencia, en esos sectores populares, de una pequeña burguesía básicamente dedicada a actividades comerciales sobre la base de las cuales han surgido intereses comunes entre esa pequeña burguesía y la gran burguesía local (ésta, una burguesía lumpen, profundamente enfeudada al capital imperialista). Pequeños negocios como talleres, fondas, tiendas de abarrotes, restaurantes, etc., e incluso actividades desarrolladas en la superestructura legal e intelectual, nacidos de la desesperación causada por el desempleo, son fundamentalmente dependientes de la penetración y desarrollo del capital local y del imperialista en los sectores comerciales y de servicios, especialmente turismo y exportación e importación de mercancías, así como de las dádivas que a gotas y que por conveniencia sueltan los organismos de penetración cultural imperialista (en gran parte fondos  dedicados a desarticular el movimiento clasista mediante el énfasis y la organización en torno al identitarismo supraclasista).

La antigua pequeña burguesía del imperialismo pre-neoliberal, pequeña burguesía basada en la empleocracia burocrática o del capital privado, ha sido sustituida por esa nueva pequeña burguesía que aparece con la penetración del imperialismo neoliberal especialmente desde la época del gobierno de Fujimori. A esta base económica de la nueva pequeña burguesía se suma la intensa y desenfrenada penetración de la ideología neoliberal en todos los rincones de la sociedad, que propaga la idea del individualismo y del emponderamiento: incluso un simple mercachifle de baratijas se ve elevado al status de "hombre (o mujer) de empresa", "hombre (o mujer) de negocios", "innovador", ocultándose lo que Marx, hace ya más de un siglo: el productor individual sólo adquiere el carácter de capitalista cuando de un lado su capital subsumido en los medios de producción, y de otro lado, la masa de trabajadores a su servicio, alcanzan ambos un cierto volumen que permite a dicho productor individual liberarse del trabajo en común con el resto de trabajadores, para dedicarse esencialmente a la explotación de la fuerza de trabajo. En estos sectores de pequeña producción y comercio, es común que el proto-capitalista, el pequeño patrón, impulsado por el afán de ganancia, lleve la explotación de su poco numerosa fuerza de trabajo a extremos inhumanos, y que los trabajadores, proletarios incipientes, vivan constantemente en la zozobra de perder sus míseros salarios si no se conforman con las condiciones bárbaras impuestas por el patrón. Esta es la base "popular", la masa movilizable del fascismo.

Nótese de paso, que esta modificación de la base social del fascismo lumpen explica también la debacle y cuasi extinción de los tradicionales partidos políticos de ideología fascista, como ha sido el caso de la APRA en el Perú.

Esta constatación obliga a los sectores revolucionarios a renovar el análisis de la realidad de las clases sociales en la sociedad concreta objeto de estudio, y a no dejarse arrastrar por el oropel estadístico de la teoría social burguesa.

6 noviembre 2022

Rebelde marxista