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martes, 5 de marzo de 2024

LOS NOMBRES Y LA REPRESENTACIÓN (CON PEQUEÑA ALUSIÓN A LA IDEOLOGÍA POLÍTICA Y A LOS ALQUILERES)



 Publicado por Francisco Umpiérrez Sánchez

lunes, 4 de marzo de 2024

 

“Cuando el mundo comenzó a existir, no había nombre alguno. Para quebrar, pues, la indestructible muralla de la no existencia, es preciso despertar a la nada”. Viaje al Oeste. Las aventuras del rey mono. Autor anónimo.

 

Al igual que los nombres fueron uno de los grandes saltos en el nacimiento y evolución de la humanidad, de igual modo sigue desempeñando en la actualidad una función decisiva en nuestra vida consciente. Necesitamos ponerle nombres a las cosas y a las personas y a toda clase de entes, actos y relaciones. Es una condición indispensable para poder comunicarnos con los demás y que sepan de qué les estamos hablando. También es la principal fuerza propulsora de la representación. De hecho, en toda nominación, en todo acto nominativo, refiérase o lo que se refiera, siempre hay una componente de representación. De ahí que entre nombre y objeto o situación objetiva nominada nunca haya absoluta y completa coincidencia. Y en ocasiones, lo que le ocurría a Alonso Quijano cuando estaba transfigurado en Don Quijote, no hay correspondencia alguna entre la nominación y la situación objetiva nominada. En este caso la representación suplanta por completo a la percepción. Pero eso nos ocurre a todos, aunque no en esa medida tan exagerada. Nunca hay plena coincidencia entre el ejemplo o modelo y nuestra nominación. Siempre hay un componente de representación. (Recuerdo al lector que en la percepción el objeto viene dado, mientras que en la representación el objeto lo pone el sujeto. Así en el caso de Don Quijote percibía un molino de viento y se lo representaba como un gigante, percibía una venta y se lo representaba como un castillo. En el caso de Don Quijote el objeto representado era pura fantasía. No siempre cuando alguien se representa una cosa que no corresponde con el ser del objeto percibido debe ser necesariamente un objeto fantástico ni deber haber disparidad absoluta con el objeto representado).

La representación en la ideología política

En el ámbito de la ideología política, por boca de los creadores de opinión y los propios parlamentarios, se lleva a cabo multitud de actos nominativos donde en ocasiones la representación suplanta casi por completo a la percepción. Esto lo hace mucho Isabel Díaz Ayuso. La consecuencia es que los seguidores del PP se hacen con una representación del mundo que no coincide con el ser del mundo. No digo con ello que esto no ocurra también en ocasiones en las filas de la izquierda reformista y de la izquierda radical. Es en parte la magia del lenguaje y el engaño del lenguaje: crea la posibilidad de que nuestra representación del mundo, siendo distinta al ser del mundo, se imponga como ideología dominante entre una buena parte de la población. Pero ¿por qué puede ocurrir esto? Porque en nuestra vida consciente solo podemos tener una percepción inmediata de un número muy limitado de situaciones objetivas. Más del setenta por ciento de nuestro conocimiento del mundo tiene carácter mediato, esto es, lo obtenemos por medio de la televisión, internet y la prensa escrita. De manera que nuestra percepción del mundo, en muy buena parte, está mediada por el lenguaje y las imágenes televisivas y de todas clases de dispositivos móviles. De ahí que yo me incline a denominar percepción mental a toda percepción que no es inmediata. Y ahí está el secreto de por qué una persona puede tener una percepción falsa del mundo: porque su percepción es mental, porque su percepción depende de las imágenes y del lenguaje que nos proporcionan los otros. En este caso la representación se impone sobre la percepción y la suplanta. Y como lo que se afirma no es un disparate, puesto que del hecho del que se habla, por ejemplo, de la corrupción económica, es común, la representación falseadora circula con muchos grados de verosimilitud. Resulta cómico que Díaz Ayuso se presente como defensora de la libertad y señale a “los comunistas”, los militantes de Sumar y Podemos, como la fuerza política que quiere privar a los españoles y españolas de su libertad. Esto es posible porque por medio de los conceptos se puede suplantar la percepción por medio de la representación. No otra cosa es en este caso mentir: suplantar la percepción por la representación por medio de los conceptos. Este es el mundo tan complejo en el que nos ha tocado vivir y por eso se vuelve tan difícil luchar con éxito en el plano de la ideología. (Recuerdo igualmente al lector, de acuerdo con la epistemología de Karl Marx, que los conceptos también se pueden elaborar con representaciones. Y en ocasiones las representaciones, como ocurrió con Einstein en la elaboración de la relatividad espacial, pueden coincidir plenamente con las percepciones).

La representación en la ciencia

La representación es uno de las funciones principales de la actividad psicológica superior. La cuestión es que con la representación en el ámbito de la ciencia se intenta reflejar el ser del mundo y no camuflarlo. La representación nos da a conocer situaciones objetivas que en ningún caso puede darnos la percepción. La física cuántica no sería posible sin representación. Así, por ejemplo, Wolfgang Smith, en su obra El enigma cuántico, distingue el mundo corpóreo del mundo físico. El mundo corpóreo es el mundo del que tenemos una percepción directa, mientras que el mundo físico es el mundo que construyen los físicos mediante mediciones y conceptos. De ahí que el mundo físico sea cognoscible no en el ámbito de la percepción, sino en el de la representación. No en vano Wolfgang Smith define la percepción como “sensación catalizadora de un acto inteligente”.  En El Capital de Karl Marx la representación también es una función cognitiva decisiva para conceptualizar el mundo mercantil. Les pongo un ejemplo. Para probar que el trabajo que constituye la sustancia de los valores de las mercancías es trabajo humano igual, Marx se expresa en los siguientes términos: “Toda la fuerza de trabajo de la sociedad que se representa en los valores del mundo de las mercancías rige aquí como una sola y la misma fuerza de trabajo humana, aunque conste de innumerables fuerzas de trabajo individuales”. Es decir, bajo el punto de vista de la percepción, la fuerza de trabajo de la sociedad consta de innumerables fuerzas de trabajo individuales diferenciadas, mientras que bajo el punto de vista de la representación rige como una sola y misma fuerza de trabajo. Hay que saber que la representación es la fase intermedia entre percepción y concepto. La representación es la puerta de salida de la percepción hacia el concepto, de la particularidad hacia la universalidad. De manera que es una función cognitiva básica y decisiva en la actividad nerviosa superior del ser humano.

La mediación de la percepción por los conceptos

La percepción, sobre todo en los adultos, está mediada por los conceptos. Los conceptos, en este caso siguiendo a Mao Zedong, nos permiten captar las esencias, las conexiones internas y la visión de conjunto de las cosas. Pero hay personas que son conceptualmente muy ricas y otras que no lo son tanto. También sucede que todo concepto está compuesto de muchas determinaciones, que mantiene interrelaciones con otros conceptos y que experimenta transiciones hacia otros conceptos. Por lo tanto, en toda nominación está presente no solo la percepción, sino también las representaciones y los conceptos. Puede que una persona disponga de pocos conceptos y de aquellos de los que dispone conozca una parte muy pequeña de sus determinaciones. Si ese es el caso, en el acto de nominación hay poca o pobre coincidencia entre el contenido significativo de la palabra que funciona como nombre y el contenido del objeto o situación objetiva nominada. También ocurre que el mundo cambia, esto es, cambian todos los entes en su naturaleza, en su forma y en su posición. De manera que si no tenemos en cuenta los cambios que se producen en el mundo, a la hora de nominar no reflejaremos los aspectos nuevos del mundo, sino un mundo inexistente. En este caso, la representación suplanta por completo a la percepción. Tal vez ahora podamos comprender mejor de lo que nos advierte el autor de Viaje al Oeste: ¿Cómo superar la indestructible muralla de la no existencia? Hablamos no de la existencia en sí, sino de la existencia en relación con la conciencia. Hablamos de si la conciencia, mediante sus actos de nominación, capta la existencia en su ser y en su esencia. Podríamos afirmar de modo general que superamos la indestructible muralla de la no existencia y despertamos o movilizamos a la nada, cuando en nuestros actos de nominación los conceptos desempeñan el papel estelar, en parte como conjunción de percepciones y representaciones, y en parte, como medio para captar la esencia y las conexiones internas y obtener una visión de conjunto de la parte del mundo en la que nuestra mente esté ocupada.

Hablemos de los incrementos irracionales de los alquileres en las grandes ciudades. Hablemos de una de las esencias principales de esta existencia. Cuando los alquileres suben de forma imparable hasta límites irracionales, esto implica que una gran parte del alquiler es renta del suelo. De manera que una buena parte del alquiler que se paga no está reponiendo el interés ni el capital invertido en la construcción de la vivienda, sino sencillamente pagando a su propietario una renta por ser propietario. Esto es un rasgo de feudalismo en el desarrollado capitalismo. Como la renta del suelo no es más que un resultado social, un fruto histórico, un resultado de los esfuerzos de muchas generaciones en la creación de la ciudad, un fruto de las grandes obras de infraestructuras y servicios creadas por el Estado, dicha renta del suelo debería ser requisada por completo por el Estado. Los mercados, y esta experiencia es accesible al conocimiento de todo el mundo, deben ser intervenidos. No solo la pandemia lo puso así de manifiesto, también lo hizo la guerra en Ucrania, como lo pone igualmente de manifiesto la movilización de los agricultores. En un mundo cada vez más globalizado, el Estado tiene que ser cada vez más fuerte y debe intervenir con total determinación en el mercado. Y no sucederá, circunstancia de la que nos advierten los idealistas neoliberales, que perderemos la libertad, todo lo contrario, ganaremos la libertad, sobre todo los más desposeídos. Desde Hegel sabemos que la garantía para que haya libertad objetiva es el Estado, que no es más que la objetivación de la sociedad en una entidad dotada de muchas funciones, que se asegura de ese modo la defensa del interés común, del interés de la mayoría, frente a los intereses limitados y mezquinos de las minorías. Por lo tanto, solo con el conocimiento de esta esencia superaremos el indestructible mundo de la no existencia y habremos despertado a la nada, a la parálisis mental, a la inacción.

Hablemos ahora del mismo problema, pero desde el ámbito de la percepción. El incremento desproporcionado de los alquileres está expulsando de las grandes ciudades a las personas con poco poder adquisitivo. Progresivamente las grandes ciudades, en especial su centro, se convertirán en un lugar habitado por personas con grandes y medianos ingresos. Se convertirán, aunque no aparentemente, sí funcionalmente, en castillos. Nos retrotraerán a aspectos propios del régimen feudal.   Los grandes fondos de inversión, que cada vez se apropian de más y más viviendas, es uno de los principales causantes de este cambio económico social. Si deseamos que el mundo sea más feliz y más libre, debería impedirse que los fondos de inversión acumulen tanta masa monetaria. No deberían ostentar un poder económico superior al producto interior bruto de la media de los países miembros de la Unión Europa. Su libertad económica, al concentrar tanto poder de compra, expropia en la práctica a la mayoría de la población de la tierra.  Es el imperio arrasador de la propiedad privada que prohíbe en los hechos el movimiento libre de las personas dentro del territorio de la Unión Europea. También la falta de regulación e intervención en el alquiler vacacional es otros de los causantes de este nuevo feudalismo. 

Despidámonos con un concepto revolucionario y esperanzador sobre el futuro de las sociedades humanas de la mano de Karl Marx, contenido en su obra magna El Capital: “Desde el punto de vista de una formación económica superior de la sociedad, la propiedad privada de los individuos sobre la tierra parecerá algo tan absurdo como la propiedad privada de una persona sobre otra. Ni siquiera una sociedad entera, ni una nación, ni todas las sociedades que coexistan al mismo tiempo, son propietarias de la tierra. Solo son sus poseedores, sus usufructuarias, y como boni patres familias tienen que dejársela mejoradas a las generaciones futuras”. Poderosas palabras llenas de verdad. Hay que tener una visión de la evolución de la humanidad a lo largo de muchos siglos. Hoy día nos parece absurdo la propiedad privada de una persona sobre otras, circunstancia que parecía normal en la época esclavista, pues del mismo modo desde la visión de una formación económica superior la propiedad privada sobre la tierra debe parecer igualmente absurda. Algunos, tal vez muchos, nos llamarán utópicos. Sin embargo, quienes nos llaman utópicos, creen en Dios y en el reino de los cielos, un mundo donde no hay ricos ni pobres y donde nadie es propietario privado de bien alguno.  Luego, ¿por qué esas personas que creen en ese mundo feliz del más allá no pueden concebir un mundo más feliz en el más acá? Respuesta sencilla: porque en la práctica, aunque se proclamen cristianos y defensores de la caridad y de la igualdad de todos los seres humanos ante Dios, son personas éticamente malas, están más cerca de Lucifer que de Dios. Son detestables impíos.

Fuente:  http://fcoumpierrezblogspotcom.blogspot.com/2024/03/los-nombres-y-la-representacion-con.html

 

 

viernes, 1 de mayo de 2020

REPRESENTACIÓN Y PENSAMIENTO O EL PENSAMIENTO COMO RELACIÓN


viernes, 1 de mayo de 2020


El pensamiento conceptual se puede ejercer sobre cualquier objeto, incluso sobre objetos inexistentes. Hegel convierte a Dios en objeto de su pensamiento conceptual en su obra Lecciones sobre la filosofía de la religión. La clave para mí no está en el objeto sobre el que reflexiona, que como adelanté puede existir o no existir, sino en la calidad del pensamiento conceptual que aplica en la indagación sobre la naturaleza de ese objeto. Y en ese ámbito y bajo esas premisas Hegel reflexiona sobre la representación y el pensamiento y hace una reflexión o afirmación sobre el pensamiento que me ha resultado muy iluminador. Hay dos categorías operativas que en esa reflexión de Hegel son fundamentales: distintividad y relación. Con la representación como con la percepción logro establecer distinciones entre los objetos o descubro distinciones entre los objetos y en el interior de los objetos. Esta es la distintividad. Pero con el pensamiento logro relacionar unos objetos con otros o partes de un objeto con otras partes del mismo objeto. Esta noción del pensamiento como relación me resultó del todo reveladora. Me generó un enorme entusiasmo intelectual. De momento no le doy desarrollo. Lo dejo para más adelante. Pero quería comunicar a los lectores el revelador hallazgo.

Les transcribo la cita de Hegel del libro citado: “El pensar se traslada al conocimiento auténtico, que antes fue caracterizado como momento de egoidad,  porque el yo, el pensar es RELACIÓN en general, y ciertamente de aquello que es”.




miércoles, 2 de mayo de 2018

EL CONCEPTO Y SU REALIZACIÓN




martes, 1 de mayo de 2018


En el trabajo de hoy expondré de modo reflexivo unas ideas de Hegel contenidas en las dos primeras páginas de la introducción de Principios de la Filosofía del Derecho. Los hago con el objetivo de que el lector se familiarice con el pensamiento de Hegel y compruebe su beneficiosa influencia en el pensamiento de Marx. En la evaluación del pensamiento de cualquier pensador hay que contemplar tres aspectos: contenido y grado de conocimiento sobre el objeto de estudio, método de pensamiento –si es metafísico o dialéctico–, y línea de pensamiento –si es empirista,  materialista o idealista–. Si expresara en términos porcentuales cómo participa cada aspecto en la evaluación total del pensador en cuestión, afirmaría que el contenido y grado de conocimiento representa el 70 por ciento, el método de pensamiento el 25 por ciento, y la línea de pensamiento el 5 por ciento. Es importante esta idea puesto que muchos marxistas dogmáticos siguen creyendo que la línea de pensamiento es el aspecto decisivo en la evaluación del pensamiento filosófico.

En Primer lugar traeré a colación dos ideas de Engels contenidas en su obra Ludwig Feuerbach y el fin de la Filosofía Clásica Alemana y que se refieren al tema que nos ocupa. Primera idea: “…los sistemas idealistas fueron llenándose más y más de contenido materialista y se esforzaron por conciliar panteísticamente –ver a Dios en todo –la antítesis entre el espíritu y la materia; hasta que, por último, el sistema de Hegel ya no representaba por su método y su contenido más que un materialismo que aparece invertido de manera idealista”. Lo puesto entre guiones es mío. De esta idea es fácil extraer una lección: Por el contenido y el método  Hegel es un pensador materialista. Lo único a tener en cuenta es que ese materialismo aparece invertido de modo idealista. Y ese materialismo aparece tanto en el contenido como en el método del conocimiento. Habrá que saber si los marxistas dogmáticos que tan a la ligera critican de idealista a Hegel son por el contenido y el método tan materialista como lo fue el genial pensador alemán. Yo puedo afirmar que no.

Segunda idea: “Y aquí vuelve a sorprendernos la pobreza asombrosa de Feuerbach, comparado con Hegel. …Aquí todo lo que tiene de idealista la forma, lo tiene de realista el contenido. (Engels se refiere aquí al pensamiento de Hegel). En Feuerbach, es al revés. Por la forma, Feuerbach es realista, arranca del hombre; pero como no nos dice ni una palabra acerca del mundo en que vive, este hombre sigue siendo el mismo hombre abstracto que llevaba la batuta en la filosofía de la religión”. De aquí también es fácil extraer una lección: formalmente Feuerbach es materialista, esto es, atendiendo a la línea de pensamiento, pero por el contenido Feuerbach es idealista, el ser humano sujeto de su reflexión teórica es un ser abstracto, muy pobre en determinaciones históricas, económicas y políticas. Por el contrario, Hegel por la forma es idealista, pero por el contenido es realista, el ser humano objeto de su reflexión teórica es rico en determinaciones históricas, económicas y políticas. Solo hay que estudiar Filosofía de la Historia y Principios de la Filosofía del Derecho, ambas obras teóricas de Hegel, para constatar la riqueza de contenido del ser humano que es objeto de la reflexión teórica de Hegel. Solo me resta decir en lo que se refiere a este tema, y de acuerdo con lo afirmado por Engels, que el carácter materialista o idealista de un pensador no solo debe referirse a la forma del pensamiento, lo que yo he denominado línea de pensamiento, sino también al contenido y al método de pensamiento.

Pasemos al objetivo central de este trabajo. Expondré las ideas de Hegel numeradas para favorecer una lectura cómoda. Recuerdo que estas ideas están contenidas en la introducción de Principios de la Filosofía del Derecho. Primera idea: “La ciencia filosófica del derecho tiene por objeto la Idea del Derecho, es decir, el concepto de derecho y su realización”. Aquí es importante destacar dos aspectos: el concepto y la realización del concepto. Y Hegel engloba ambos aspectos en lo que él denomina la idea. De este modo establece la unidad entre el concepto y su realización. Después hablaremos de la importancia del concepto de realización en el pensamiento de Marx. Hegel añade a continuación que la Filosofía trata con ideas, esto es, con el concepto más su realización, y no con meros conceptos; puesto que si en el estudio de los conceptos no incluimos su realización, a juicio de Hegel estaríamos incurriendo en el pensamiento unilateral y dichos conceptos estarían carentes de verdad.

Ahora Hegel afirma que el concepto es lo único que posee realidad, pues se la da a sí mismo. Esta afirmación nos parecerá en primera impresión que tiene un carácter idealista, pero veremos a continuación que no es así. Marx afirma en el análisis del proceso de trabajo que “lo que distingue al peor arquitecto de la mejor abeja es que ha construido la celdilla en su cerebro antes de construirla en la realidad. Al final del proceso de trabajo se obtiene un resultado que existía ya al comienzo del mismo en la imaginación del obrero en forma ideal”. Lo que Marx llama aquí existencia del objeto en la imaginación del obrero es lo que debemos entender por concepto, y lo que denomina resultado es lo que hemos denominado realización del concepto. La clave aquí es que el concepto es anterior al ser o a la realidad; es así como se presenta en el proceso de trabajo.  De manera que todos los valores de uso que pueblan nuestra vida y sean productos del trabajo han existido primero como conceptos y después como realidad. Hay valores de uso como los ríos o los árboles que no han existido previamente como conceptos. De ahí que Hegel afirme que los conceptos es lo único que posee realidad, puesto que se la da a sí mismo. Dicho en otras palabras: el ser de la realidad la ha recibido del concepto. Debemos advertir que si nos comportáramos como pensadores dogmáticos, esto es, pensadores atados a ideas fijas, afirmaríamos que en lo que atañe a la línea de pensamiento materialista primero existe el ser o la realidad y después el concepto o el pensamiento. De manera que en esta atadura a la línea de pensamiento materialista expresado como consigna rígida de que primero es la realidad y luego el concepto, tendríamos que catalogar las ideas de Marx formuladas en el proceso de trabajo de idealistas.

Más adelante Hegel hace esta gratificante afirmación: “La configuración que se da el concepto en su realización es, para el conocimiento del concepto mismo, el momento esencial de la idea, que difiere de su forma de ser solo como mero concepto”. La elaboración del concepto, la casa que hace el arquitecto primero en su cabeza, pertenece la etapa teórica del conocimiento, mientras que la construcción de la casa en la realidad, esto es, la configuración objetiva del concepto elaborada por el arquitecto en su cabeza, pertenece a la etapa práctica del conocimiento. Luego cuando Hegel afirma que para el conocimiento del concepto mismo la configuración que se da el concepto en su realización es el momento esencial, está afirmando que la etapa práctica del conocimiento es el momento esencial para comprender el concepto en su etapa teórica. Por lo tanto, en este caso Hegel está formulando un principio materialista de primer nivel.

Ilustraré con un ejemplo las ideas expuestas hasta aquí. La mesa en la que escribo puedo concebirla como un mero objeto exterior. Así proceden los empiristas: el objeto está fuera de mi conciencia y mi capacidad para conocerlo está salpicado de obstáculos insalvables. Pero si la mesa en la que escribo la concibo como la realización del concepto de mesa, esto es, la realización del concepto que previamente elaboró el carpintero en su cabeza, mantendré la unidad del concepto y de la realidad, puesto que la realidad se me presenta como la realización del concepto. La realización del concepto es un momento del concepto, al decir de Hegel, el momento esencial.

Solo me resta hablar del concepto de realización. Marx afirma en El Capital que el valor de uso se realiza en el consumo y el valor se realiza en el mercado. Y si el valor no se realiza en el mercado, esto es, la mercancía que contiene dicho valor no se vende, entonces el trabajo gastado en producir esa mercancía no es socialmente necesario. Y si el trabajo humano abstracto en producir esa mercancía no es socialmente necesario, entonces el trabajo concreto productor de ese valor de uso es inútil. Por lo tanto, el momento de la realización es el momento esencial para demostrar, por una parte, que el trabajo social empleado en producir una mercancía es socialmente necesario, y por la otra, que el valor de uso portador del valor es útil. Así que Marx heredó de Hegel, entre otras cosas, la idea de que la realización es el momento esencial del valor  y del valor de uso. Lo que Hegel afirmó del concepto, Marx lo trasladó al ser.





miércoles, 20 de diciembre de 2017

VALOR, PRECIO, CONCEPTO Y REALIDAD





Publicado por Francisco Umpiérrez Sánchez
martes, 19 de diciembre de 2017

El 15 de diciembre del año en curso Rebelión publicó un trabajo mío titulado El Capital de Karl Marx. La dirección de Rebelión me hizo llegar el siguiente comentario crítico de un lector llamado Manuel: “¿Alguien conoce a Francisco Umpiérrez para advertirle que es falso que según Marx “los precios gravitan, acercándose o alejándose, en torno a los valores”, como dice el artículo de hoy en Rebelión “El Capital” de Karl Marx? Marx no escribió eso, yo explico lo que escribió (lo que recogió Engels) en “Valor y precio en Marx”. Y, si lo hubiera dicho y, por tanto, se hubiera equivocado, de nada valdría cubrirlo con “Y de todos modos, por mucho que el precio se diferencie de su valor, eso no quita nada al hecho de que el precio sea la expresión del valor en dinero”, disparate que justificaría cualquier arbitrariedad en la práctica científica. Y eso que el artículo hace algunas observaciones interesantes. Pero, quitando a Sweezy, todos caen en lo mismo”.

El texto de El Capital del que haré uso será el editado por Akal en 1977. Dicho esto, advierto en principio en que el error de base de Manuel consiste en no reconocer que una cosa es que el precio sea la expresión del valor y otra muy distinta es que el precio no expresa con exactitud la magnitud del valor.  Se trata, en primer lugar,  de distinguir entre la sustancia del valor y la magnitud de valor, y en segundo lugar, de aceptar que es una peculiaridad de la forma de precio que haya incongruencia cuantitativa entre valor y precio. Esta afirmación la argumentaré y la documentaré más adelante. Creo igualmente que lo que escribió Engels sobre el valor en su obra Antidühring poco tiene que ver con lo que aquí debatimos. A mi juicio los conceptos e ideas esgrimidas son elementales y no recogen la complejidad con la que se presentan en El Capital y que nosotros aquí debemos traer a colación.

La definición de precio

En la sección de El Capital titulada Paso de la forma general del valor a la forma de dinero, Marx se expresa en los siguientes términos: “La expresión relativa simple del valor de una mercancía, por ejemplo, de la tela, en mercancía que funciona ya como mercancía dinero, por ejemplo el oro, es la forma de precio. De ahí que la forma de precio de la tela sea: 20 varas de tela = 2 onzas de oro, o si dos libras esterlinas es el nombre monetario de dos onzas de oro, 20 varas de tela = 2 libras esterlinas”. Es evidente, por tanto que, de acuerdo con Marx, el precio es la expresión del valor de la mercancía en dinero. Así que no entiendo por qué Manuel llama a esa afirmación mía, que he tomado de Marx, “disparate que justificaría cualquier arbitrariedad en la práctica científica”. Creo que quien conozca al detalle el análisis de las formas simple, desarrollada y general del valor, sabrá con total evidencia que el precio no puede ser otra cosa que las expresión en dinero del valor de las mercancías. Después responderé a la otra parte del juicio de Manuel donde hablo de las diferencias entre valor y precio y que forma parte del juicio que él cataloga como disparate científico.

La idealidad de los conceptos o de la ciencia

Escuchemos a Marx en el capítulo VIII de El Capital titulado Distinta composición orgánica de los capitales en distintas ramas de la producción y consiguiente diversidad de las cuotas de ganancia, perteneciente al tomo I del libro III: “En esta investigación general se parte siempre del supuesto de que las condiciones reales corresponden a su concepto o, lo que es lo mismo, las condiciones reales solo se exponen en la medida en que corresponden a su propio tipo general y lo expresan”. La realidad, además de hechos esenciales y regulares, está salpicada de hechos casuales y accidentales. Pero en la elaboración teórica todos los hechos casuales y accidentales deben quedar fuera del análisis. En la elaboración teórica, la realidad tiene que acomodarse al concepto. Le sucedía a Dühring cuando analizaba la naturaleza del valor: hablaba de los precios de monopolio en el sector de alimentación, esto es, hablaba de unas condiciones de mercado que hacía imposible analizar en su pureza la naturaleza del valor y su expresión en los precios. Pero también le sucedía a Böhm-Bauerk cuando criticaba la teoría del valor de Marx. En la elaboración teórica debe predominar la pureza de los conceptos y las condiciones reales deben corresponder a dichos conceptos. Si se tienen en cuenta otros aspectos de la realidad, en primer lugar, debe saberse si son regulares o casuales, y en segundo lugar, si son regulares, deben modificarse los conceptos. La idealidad de los conceptos en relación con la realidad afecta a todas las ciencias. Los laboratorios donde se realizan todos los experimentos científicos representan condiciones ideales, puesto que se han aislado los factores pertinentes del fenómeno que se investiga del resto de factores con los que coexisten aquellos en la realidad. Lo que sucede es que los fenómenos de las ciencias sociales, en este caso los fenómenos económicos,  no se pueden reproducir en los laboratorios. De ahí que sea la fuerza de abstracción la herramienta que se emplee para analizar los fenómenos en su pureza. La demagogia de Böhm-Bawerk consiste en no admitir este principio metodológico en el análisis de los fenómenos económicos, cuando en la práctica la propia economía convencional también lleva a cabo muchas abstracciones. Tanto cuando analizan las familias como las empresas hacen abstracción de un sinfín de aspectos y factores presentes en las mismas. 

Incongruencia cuantitativa entre valor y precio 


En la sección dedicada al proceso de intercambio del tomo I del libro I ya Marx nos hace la siguiente advertencia: “En cuanto la magnitud de valor se transforma en precio, esta relación necesaria aparece como relación de intercambio de una mercancía con la mercancía dinero existente fuera de ella. Pero en esta relación también la magnitud de valor puede expresarse como el más o menos en que se enajena en las circunstancias dadas. Así, pues, la posibilidad de incongruencia cuantitativa entre precio y magnitud de valor, o de la divergencia del precio respecto de la magnitud de valor, radica en la misma forma de precio”. La idea esencial que podemos extraer de esta cita es la siguiente: radica en la misma forma de precio la incongruencia cuantitativa entre precio y magnitud de valor. Y esto se debe a que el precio, a diferencia del valor que es una relación inmanente, se establece como una relación de intercambio de una mercancía con la mercancía dinero  que existe fuera de ella. De ahí que Marx señale que dependiendo de las circunstancias dadas, la misma magnitud de valor se puede expresar en más o menos dinero. Esta idea es muy decisiva, puesto que se encuentra en el capítulo dedicado al intercambio del primer libro de El Capital; de manera que no es necesario esperar al tercer libro, donde se habla de los precios de producción y se indica por otra razón la diferencia entre valor y precio.  A este respecto no está de más destacar la artimaña de Böhm-Bawerk cuando trata de desbaratar las ideas de Marx sobre la cuota media de ganancia y de los precios de producción. En el capítulo II de su obra La conclusión del sistema marxiano elabora la siguiente conjetura: “¿Cómo trata Marx de resolver esta contradicción? Esto sucede, dicho brevemente, a costa del presupuesto del que Marx venía partiendo, esto es, que las mercancías se venden con arreglo a sus valores. Ahora bien, lo que Marx hace realmente es abandonar este supuesto”. La artimaña de Böhm-Bawerk consiste en lo siguiente: uno, no hace distinción entre el hecho de que los precios son la expresión del valor y el hecho de que hay incongruencia cuantitativa entre precio y magnitud de valor, esto es, no es lo mismo afirmar que el precio es la expresión en dinero del valor de las mercancías que decir que el precio no expresa con exactitud la magnitud de valor de la mercancía, y como dice Marx dependiendo de las circunstancias concretas siempre hay un más o un menos del precio en relación al valor; y dos, no tiene en cuenta las contradicciones entre concepto y realidad, de manera que en ocasiones, y ya lo advirtió Marx, se supone que las condiciones reales corresponden al concepto, o lo que es lo mismo: las condiciones reales solo se exponen en la medida en que corresponden a su propio tipo general y lo expresan.

Realidad, irregularidad y ley

Rescatemos la última idea de Marx contenida en la cita anterior. Después de afirmar que radica en la misma forma de precio la incongruencia entre precio y magnitud de valor, Marx hace la siguiente afirmación: “Esto no es ningún defecto de la forma de precio, sino que, por el contrario, hace de ella la forma adecuada de un modo de producción en donde la regla solo se puede imponer como ley media y ciega de la irregularidad”.  La realidad está salpicada, y más en periodos de loco crecimiento o de turbulencias, de irregularidades. Después hablaré de estas irregularidades. ¿Qué se quiere decir que la regla de que los precios son la expresión de la magnitud del valor se impone como ley media? Primero, que como en el ámbito individual, empresarial o familiar, se vende por encima o por debajo del valor, en el ámbito social, considerando el conjunto de las empresas como una sola empresa, los precios expresan con relativa exactitud la magnitud del valor. Y segundo, que como hoy se vende una mercancía a un precio y al mes siguiente por diversas razones se vende a otro, de manera que dependiendo del momento se vende por encima o por debajo del valor, la regla se impone como ley media considerando el periodo de un año o de varios años.

Veamos ejemplos de irregularidades. Una industria de alimentación le factura a un pequeño supermercado 3.000 euros mensuales, a una cadena de hoteles 20.000 euros mensuales, y a una cadena de supermercados 50.000 euros mensuales. ¿La industria de alimentación le vende sus productos a estas tres clases de clientes al mismo precio? Pues no. Los clientes que tienen mayor poder de compra le exigen a la industria de alimentación que les vendan más barato; y así lo hacen. De manera que con respecto a un mismo producto y el mismo valor, dependiendo del poder de compra de los clientes el precio será distinto. Por lo tanto, en un caso el precio está por encima del valor y en otros casos por debajo del valor. Pensemos ahora en las rebajas, que las hay ya prácticamente todo el año. Un par de zapatos pueden tener hoy el precio de 120 euros y el mes siguiente tener el precio de 80 euros. Esto que sucede con los zapatos, sucede con la mayoría de los productos de consumo: a lo largo del año el mismo producto no tiene el mismo precio. Luego aquí también se produce el hecho de que un mismo producto tiene en un momento determinado un precio por encima del valor y en otro tiempo determinado un precio por debajo del valor. En la sección dedicada al comercio exterior del capítulo que analiza las causas contrarrestantes de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia de El Capital, Marx formula la siguiente idea: “Los capitales invertidos en el comercio exterior pueden arrojar una ganancia más elevada porque, en primer lugar, se compite con mercancías que otros países producen con menos facilidades, de suerte que el país más avanzado vende sus mercancías por encima de su valor, aunque son más baratas que las de los países competidores”. En suma, la realidad está salpicada de irregularidades, esto es, de hechos donde las mercancías se venden por encima o por debajo de su valor.

La gravitación de los precios en torno al valor

Y llegamos a la dichosa cita donde Manuel dice que Marx no lo dijo; y si lo dijo, se equivocó. No se equivocó, puesto que en todo lo que llevamos dicho se ha demostrado con creces la diferencia entre magnitud de valor y precio. Expondré las cosas de modo muy sencillo. En el capítulo VIII Marx habla de la distinta composición orgánica de los capitales en las distintas ramas de producción y la consiguiente diversidad de las cuotas de ganancia. Y en el capítulo IX habla de la formación de una cuota general de ganancia (cuota media de ganancia) y de la transformación de los valores de las mercancías en precios de producción. En el ejemplo, siguiendo a Marx, vamos a considerar que la cuota de explotación es la misma para todas las ramas y empresas, de manera que si el capitalista invierte 20 millones de euros en capital variable obtiene una plusvalía de 20 millones. Consideremos solo dos empresas: una con 80 millones de capital constante, 20 millones de capital variable y 20 millones de plusvalía, y la otra con 60 millones de capital constante, 40 millones de capital variable y, por consiguiente, 40 millones de plusvalía. En principio, y considerando que no se ha establecido una cuota media de ganancia, el valor del producto mercantil de la primera empresa será de 120 millones de euros, y el de la segunda, de 140 millones de euros. Pasemos ahora a considerar el capital global y no el capital individual. De esa manera, sumando los valores de una empresa y otra, tendremos que la composición medial del capital será: 140 (de capital constante) + 60 (de capital variable)  + 60 (de plusvalía). De manera que el valor total producido será de 260 millones de euros. Así que el precio de cada medio del producto global, es decir, de cada una de las dos empresas, será de 130. Dicho de otro modo: el producto mercantil de cada una de las empresas tendría que venderse a 130 millones de euros. Por lo tanto, en cuanto consideramos el capital global y suponemos que se ha establecido una cuota media de ganancia, la primera empresa venderá su producto a 130 millones, 10 millones por encima de su valor, y la segunda venderá igualmente su producto a 130 millones de euros, esto es, 10 millones de euros por debajo de su valor. Esto es lo que permite, a juicio de Marx, que la cuota de ganancia sea uniforme, independiente de las diferencias en la composición orgánica del capital. Según Marx: “Los precios obtenidos sacando el promedio de las distintas cuotas de ganancia de las diferentes esferas de producción y sumando esta media a los precios de coste de las diferentes esferas de producción son los precios de producción”. Y desde que las mercancías se venden por los precios de producción, la mayoría de las empresas venden por encima o por debajo de su valor. Aquí no hay contradicción entre valor y precio, sino diferencia entre la magnitud de valor individual y precio. El cambio de carácter en la formación de los precios de la producción en relación con el valor, Marx lo aclara en los siguientes términos: “Los distintos capitalistas se comportan aquí, por lo que a la ganancia se refiere, como simples accionistas de una sociedad anónima en donde las participaciones de la ganancia se reparten porcentualmente y, por tanto, solo se distinguen para los diversos capitalistas por la magnitud del capital invertido por cada uno de ellos en la empresa común, por el número de sus acciones”. 

Y ahora, por último, vamos a por la cita de Marx puesta en cuestión  por Manuel, que se contiene en al capítulo X dedicado a la nivelación de la cuota general de ganancia por medio de la competencia. La cita la encuadraré en una más larga, para que se entienda mejor lo que son los conceptos dialécticos, animados de fluidez y matices, frente a los conceptos metafísicos, fosilizados por la rigidez mental. En la página 231  del tomo I del libro III de El Capital podemos leer lo siguiente: “La hipótesis de que las mercancías se venden por sus valores solo significa, naturalmente, que su valor es el centro de gravitación en torno al cual giran sus precios y a base del cual se compensan sus constantes alzas y bajas”. Si Marx afirma, y eso lo afirma, que las mercancías se venden por sus valores, los metafísicos lo entienden en sentido absoluto y de forma rígida. Pero Marx como es un pensador dialéctico, matiza afirmando que eso naturalmente solo significa que el valor es el centro de gravitación de los precios, y que en ocasiones estarán por encima y en ocasiones por debajo. Después de formular esa idea Marx sigue precisando: “Además, habrá que distinguir un valor de mercado –del que hablaremos más adelante– respecto del valor individual de las mercancías individuales producidas por los diversos productores. El valor individual de algunas de estas mercancías estará por debajo del valor de mercado, el de otras será superior a él”. Hay que distinguir, por lo tanto, entre el valor individual de cada mercancía del valor de mercado, y ocurrirá que algunos valores individuales estarán por debajo del valor de mercado y otros por encima de él. Esto se llama, vuelvo y repito, matizar los conceptos, dotarlos de fluidez y plasticidad. Solo me resta traer a colación una cita de Marx, página 210, contenida en el capítulo IX del tomo y libro citado: “En toda la producción capitalista la ley general se impone como tendencia predominante solo de un modo muy complicado y aproximativo, como una media de oscilaciones que no se puede fijar nunca”. Esta idea es mala para los metafísicos, que solo piensan en cosas fijas e inamovibles, cuando en la realidad capitalista su ley general solo se impone, de una parte, de una manera complicada y aproximada, y de otra parte, como una media de oscilaciones que no se puede fijar nunca.

Conclusión

Creo que ha quedado suficientemente demostrado que en el pensamiento económico de Marx el precio no es la expresión exacta de la magnitud del valor. Primero, porque radica en la misma forma de precio la incongruencia cuantitativa entre valor y precio, segundo, porque el establecimiento de una cuota media de ganancia genera la formación de los precios de producción y, por consiguiente, la diferencia entre magnitud de valor y precio, tercero, porque el surgimiento de un valor de mercado por medio de la competencia vuelve a redundar en la diferencia entre valor individual y valor de mercado, y cuarto, porque, como dice Marx, la hipótesis de que las mercancía se venden por sus valores solo puede significar que el valor es el centro de gravitación en torno al cual giran, una vez acercándose y otra vez alejándose, los precios.