Escribe: Milcíades Ruiz
Como es norma en todo el mundo, hemos
tomado el triunfo electoral de Perú Libre como corresponde consuetudinariamente.
Son los partidos políticos los que compiten y el ganador, es la persona
jurídica, más no las personas naturales. Triunfó el lápiz, pero el borrador
hace desaparecer lo escrito y se esfuma como el gas de Camisea.
Todas las disposiciones del proceso jurídico
electoral, giran en torno a los partidos políticos. Por consiguiente, el
actual, es el gobierno ejecutivo del partido Perú Libre, como se ha reconocido
siempre a los partidos políticos que ganaron las elecciones a lo largo de
república. La asamblea general de los partidos, designa a las personas que los
representan y estas, deben lealtad a la línea política de sus asociaciones
políticas. El partido está por encima de cualquier militante y no, a la
inversa.
Como en toda asociación civil, el ingreso y retiro
es voluntario. Aquel que no está de acuerdo con la línea política del partido
puede renunciar. Pero si en representación del partido postula y accede a un
cargo público, este se lo debe al partido, al cual la persona, natural solo lo
representa. Si en el ejercicio de esta representación se desliga de su
representada, es impropio llevarse el cargo que no le pertenece. Sería un
delito de usurpación representativa, estafa política, apropiación ilícita y
contra la fe pública.
Es lo que hacen los tránsfugas parlamentarios. El
cargo público no es propiedad privada. Así también, las asociaciones políticas
pueden sancionar y expulsar a los miembros nocivos al estatuto, o que
perjudiquen la buena imagen del partido. Es lo podría hacer Perú Libre, aplicando
su estatuto a quienes corresponda. Nadie es el dueño del partido. La asamblea
general es la máxima autoridad.
“Perú Libre”, ha sido acreditado por el JNE pues,
en cumplimiento de la normatividad electoral, se ha presentado textualmente,
como un partido “antiimperialista, revolucionario y propugna la
autodeterminación de los pueblos, tiene fijado como tarea principal la
integración y unidad de los peruanos en defensa de nuestra soberanía y
patrimonio nacional, como base fundamental para mejorar las condiciones de vida
de la gran masa de peruanos desfavorecidos”.
“Su lucha está orientada a la instauración del
socialismo, en conjunción con los sectores progresistas, estudiantes,
empleados, obreros y campesinos, con una verdadera democracia, en el que no
haya lugar la explotación y discriminación del ser humano. Su posición
internacionalista nos hace solidarios con todas las organizaciones del mundo
que luchan por el socialismo, por la paz y la justicia social.”
Esta es su línea política, aceptada formalmente
por el JNE como se ha hecho respectivamente, con los demás partidos inscritos.
Por consiguiente, es su derecho a gobernar conforme a esos propósitos,
legalmente aceptados por el vigente “estado de derecho”. Querer obligar a Perú
Libre para que vaya contra propia concepción de gobierno, traicionando sus
principios ideológicos, es ilegítimo, por más que utilicemos subterfugios en
nombre de las libertades democráticas.
Este mismo derecho es el que se le ha reconocido
siempre a los partidos de derecha y no hay por qué, negárselo a la actual
administración. Otra cosa es que no pueda aplicar sus enunciados. Son las
condiciones imperantes, las que determinan la factibilidad de los propósitos.
Los hechos reales, suelen ocurrir de manera diferente a la teoría, porque
intervienen una serie de factores de diversa predominancia que configuran una
situación favorable o no.
Querer, no es poder. Sobreponerse a los factores
adversos, requiere de una fortaleza de convicción ideológica a toda prueba. Si
no la hay, o es, solo en parte, habrá siempre el riesgo de desviaciones y
claudicaciones. Influye la calidad de la militancia y la capacidad
institucional, cuya solvencia determina si está en condiciones de asumir el
reto. Si no lo está, se verá obligado a improvisar y buscar ayuda, para cubrir
deficiencias. Pero hay ayudas buenas y malas.
De lo que conozco sobre el proceso de desarrollo
de la asociación Perú Libre (PL), es que empezó modestamente como organización
política regional para luego tener débil presencia nacional. La necesidad de
crecer hizo que proliferaran los oportunistas de toda índole. Buscó aliarse con
otros movimientos de izquierda, pero sin éxito. Hizo alianza con “Democracia
Directa”, partido surgido de traficar con los reclamos de los jubilados y usado
como “vientre de alquiler, por Gregorio Santos. Esta alianza tampoco prosperó.
En los últimos años, se introdujeron activistas
clasistas y, sindicalistas magisteriales que fueron tomando predominancia. Con
motivos electorales llegaron otros invitados izquierdistas y, los militantes
antiguos fueron desplazados por los recién llegados, que manejaban un leguaje
político más amplio. Esta primera injertación dio lugar a otra predominancia
ideológica. Impedimentos judiciales, hicieron que el candidato a la presidencia
en las últimas elecciones, no fuese el líder del partido Vladimiro Cerrón, sino
Pedro Castillo. Tampoco se vislumbraban posibilidades.
Por circunstancias del momento histórico social,
el electorado inesperadamente le dio preferencia al candidato de PL, Pedro
Castillo, que por ello pasó a segunda vuelta electoral. Ignorábamos que el
triunfador provenía del partido “Perú Posible”, en el que militó por 15 años,
pero ahora representaba a un partido de izquierda. Solo importaba esto y así,
lo consideramos con mucho cariño, aunque sus colaboradores cercanos decían que
no lo era claramente.
Los halagos de la izquierda no se hicieron esperar
y de pronto se encontró que tenía que asumir un libreto netamente de izquierda
y enarbolar sus banderas. Para la segunda vuelta electoral, hubo necesidad de
ratificar el triunfo y asegurar el apoyo de otros movimientos populares
asumiendo compromisos de cogobierno con el frente de izquierda que lidera
Verónica Mendoza y, con el movimiento “RUNA”.
Esta segunda injertación, también traería sus
consecuencias. El 5 de mayo pasado, Pedro Castillo, no como persona sino en
representación de Perú Libre, y Verónica Mendoza en representación del “Acuerdo
Político Nuevo Perú/Juntos por el Perú”, firmaron una Declaración Conjunta
comprometiéndose a “…construir un nuevo pacto social a través de una Asamblea
Popular Constituyente”. Pero el borrador del lápiz está haciendo una mala
pasada.
Obtenido el triunfo definitivo en segunda vuelta,
armar el equipo de gobierno se tornó problemático, porque no había la calidad
requerida en propias filas. La injertación de alianzas hacía perder unidad
ideológica. Al iniciar el mandato hubo otra injertación de derecha en la
cancillería. Esta mezcolanza ocasionó versiones gubernamentales sobre temas
políticos puntuales que no concordaban. La yuxtaposición ideológica produjo
desavenencias que no fueron encausadas, ni acopladas por un liderazgo
presidencial.
Ante el vacío de liderazgo gubernamental,
aparecieron varias cabezas supletorias: Vladimir Cerrón queriendo hacer
prevalecer la línea del partido, el premier Guido Bellido tomando iniciativas
inconsultas, el ministro Aníbal Torres, fungiendo como el otro yo del
presidente, el canciller Maúrtua actuando al margen con su propia política, el
ministro Francke llevando de la mano al Presidente. Cada uno jugando para su
santo.
Desde la izquierda, no convendría criticar las
falencias del gobierno ejecutivo, encumbrado por Perú Libre y sobre el cual,
recae una lluvia de ataques desestabilizadores, lanzados desde la derecha
mediante su poder mediático. Pero entonces, ¿Salimos en su defensa ciegamente a
pesar de que cada vez se aleja más de los deseos de izquierda? Entre nos, si
podemos expresar lo que pensamos, a su debido momento y no cuando ya es tarde.
Está en juego, la imagen de gobierno de la
izquierda en general, porque la derecha no hace distingos. Por ello,
quisiéramos que esta gestión gubernamental sea exitosa en lo económico, social
y en sentar las bases de una nueva república. Pero nuestro gallo no responde a
las expectativas. Quizá porque la trayectoria toledista, pesa más que el
izquierdismo forzado. Se le ve atolondrado, porque lo jalonean de uno y otro
lado. Entonces prefiere “estar bien con Dios y con el diablo”, dice y se desdice
según interpósita persona.
En campaña electoral, decía “No más pobres en un
país rico”, pero al igual que Toledo y Kuczynski (también toledista), fue en
busca del imperialismo yanqui para ofrecerse ante los ricachones empresarios
norteamericanos y decirles: “No tengan temor de invertir en Perú, les damos
todas las garantías”. “El Perú es un país atractivo, no solamente turístico
sino también, por los recursos que tiene en su subsuelo”. Sí, pues, más
extractivismo, primario exportador, más entreguismo de nuestros recursos
naturales.
Pero el imperialismo yanqui, tantas veces
maldecido por la izquierda, seguramente se habrá preguntado. ¿Bajo qué
garantías? ¿De la constitución vigente o de la nueva constitución para la cual
se recolectan firmas? A lo que, el ministro Francke respondió: “El gobierno no
promoverá una nueva constitución”. Estando en esto, inesperadamente el premier
lanzó el asunto de renegociar el contrato sobre el gas de Camisea, dejando mal
parado al presidente Castillo, pues en el consorcio concesionario están los
intereses del imperialismo yanqui, Hunt Oil Company, y otros inversionistas.
Lo dicho me expone
a malas interpretaciones, pero aclaro que no tengo nada que ver con Perú Libre
ni defiendo a Cerrón. Si es un corrupto está por verse. Si fuera el caso, lo
repudiaré. La verdad, es que, el Plan de Gobierno de PL (Cap III) aceptado por
el JNE, dice textualmente lo siguiente:
«Como medida no descartada frente a no
aceptar las nuevas condiciones de negociación, el Estado peruano debe proceder
a la nacionalización del yacimiento en cuestión de los sectores mineros,
gasíferos, petroleros, hidroenergéticos, comunicaciones, entre otros. En
algunos casos solamente debe recurrirse a la nacionalización y no la estatización,
indemnizando al privado lo invertido y administrando el total de las utilidades
generadas, industrializando el país, generando empleo, fortaleciendo los
sectores estratégicos (educación, salud, agricultura, defensa, etc.), y
sosteniendo los programas sociales». (…) «Punto
aparte merece la estafa al Perú respecto de la explotación del gas de Camisea.
PlusPetrol Camisea compra al Perú a 0.54 USD el millar de pies cúbicos de gas
(mientras Bolivia lo vende a 7 USD, Chile 10 USD y Argentina a 15 USD) y lo revende
entre 10-14 USD. Paga al Perú regalías e impuesto a la renta 1,135 millones USD
y no los 23,000 millones USD que corresponden por los precios de mercado. Los
23,000 millones USD equivale al monto de 75,900 millones de soles, es decir, el
presupuesto anual de 340 gobiernos regionales.
(…) «Pluspetrol Lote
56, no declaró utilidades netas el 2018, pero reporta ventas de 207 millones de
USD y años anteriores había declarado 158 millones de USD de utilidades netas.
Así como Pluspetrol Lote 56, oculta información, también lo hacen Primax,
Repsol, Peruana de Combustibles, Gas Natural Lima Callao, Hunt Oli Company SP,
Repsol Marketing, Solgas, Cía Operadora de Gas de la Amazonía – COGA, Llama
Gas, Herco Combustible, etc».
Bueno
pues, si Pedro Castillo accedió a la presidencia con este Plan de Gobierno, no
podría negar su pertinencia. O, es que el borrador del lápiz interfiere. “Estar
bien con Dios y con el diablo” genera incertidumbre, tanto en la izquierda,
como en la derecha. Es de imaginarse el cruce que tendrán los “clasistas”
magisteriales. Pero a todos nos concierne, tener confianza en el gobierno
ejecutivo de izquierda. Muchos socialistas capacitados quisieran ayudar. Ojalá
se les permita.
Esta
es solo una apreciación particular, como ustedes tienen la suya. Quizá es muy
pronto para calificar el desempeño gubernamental. Disculpen las objeciones.
¿Qué hacemos? ¿Rezamos? ¿Ustedes qué dicen?
Octubre
02/ 2021
Otra información en https://republicaequitativa.wordpress.com/