Roberto
Montoya
24
octubre 2020
El campo popular
boliviano después de la victoria aplastante del MAS-IPSP (Movimiento al
Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos) en las
elecciones tiene una gran oportunidad para recuperar su rumbo, rectificar
ciertas políticas polémicas y actitudes personales de Evo Morales que le habían
restado apoyos sociales en los últimos años y profundizar y ampliar las
reformas de calado que se hicieron durante sus casi catorce años de gobierno.
El principal
candidato de la derecha, Carlos Mesa, durante su campaña electoral intentó
utilizar precisamente ese descontento con Evo Morales de algunos de los
movimientos sociales que lo auparon al poder, asegurando que Luis Arce
Catacora, el ahora nuevo presidente, era una simple marioneta suya. “Arce es
Morales”, fue una de las consignas utilizadas en la campaña electoral por Mesa.
Tras su triunfo,
Luis Arce reconoció errores del gobierno de Morales -del cual era ministro de
Economía- pero aclaró en una entrevista a la BBC un día después de las
elecciones, cuando se le preguntó sobre el tema: “No soy Evo Morales. Soy Luis
Arce Catacora”. “Dijimos que teníamos que tener renovación en el MAS, para la
gente joven. Si Evo Morales quiere ayudarnos será muy bienvenido pero eso no
quiere decir que él estará en el gobierno. Será mi gobierno. Si quiere volver a
Bolivia y ayudarnos, no hay ningún problema”.
En una entrevista
posterior con El País, el periodista Fernando Molina preguntaba a
Arce: “Evo Morales tiene una personalidad exuberante y muy centralista. ¿Eso le
va a afectar?” Y el nuevo presidente respondía: “Él no va a cambiar, es un
líder indiscutible e histórico del proceso de cambio, es un líder
internacional. No va a cambiar y tampoco pretendemos que cambie. Va a ser así
nomás”. Y volvía a repetir: “Pero lo cierto es que en el Gobierno no tiene
ninguna participación; él tiene su rol como presidente del MAS, que es
importantísimo. En este tiempo nos hemos dado cuenta de que fallamos al no
fortalecer las instancias del propio MAS”.
Y acotaba: “Y
también va a estar bastante ocupado tratando de resolver los juicios que
tiene”. En Bolivia esa frase no pasó inadvertida. Además de las varias causas
que se le abrieron durante el Gobierno golpista de Añez por sedición, terrorismo,
genocidio y alzamiento armado para poder impedir su candidatura a la
presidencia -la Fiscalía de Bolivia pidió por ello su detención en diciembre de
2019- también tiene causas por estupro, por sus relaciones sexuales con al
menos dos jóvenes -con una de ellas convivió- que se habrían iniciado
supuestamente cuando estas eran menores de edad.
Su declarado
interés por menores ya le habían valido en el pasado duras críticas del
movimiento feminista boliviano, y los golpistas han utilizado ese secreto a voces
como arma electoral y judicial.
Evo
Morales seguirá siendo clave en el MAS-IPSP
A pesar de las
declaraciones del presidente electo, pocos creen sin embargo que Evo Morales se
vaya a resignar con jugar un papel secundario en esta nueva etapa. El ex líder
cocalero se ganó a pulso el liderazgo del MAS y la presidencia de Bolivia tras
muchos años de lucha, y su desgaste de los últimos años no supone que sea un
dirigente ya amortizado.
En la reunión de
la dirección ampliada del MAS-IPSP de diciembre de 2019 donde se acordaron las directrices fundamentales para todas sus
organizaciones integrantes y movimientos aliados frente a esta pasada campaña
electoral de 2020, se nombró formalmente a Evo Morales como Jefe Nacional de
Campaña.
De hecho, Arce le
debe su candidatura a Morales. Varias de las organizaciones indígenas y
campesinas integrantes del MAS-IPSP no apostaban inicialmente por Luis Arce
Catacora como candidato presidencial para sustituir a Evo Morales, inhabilitado
y exiliado en Argentina desde hace meses.
Propusieron como
candidato a presidente al ex canciller de Morales, a David Choquehuanca. El
extitular de Exteriores del Gobierno de Evo Morales se ha mostrado como un
hombre clave no solo para coordinar la acción de distintos sectores sociales de
la Bolivia andina, sino que también ha jugado un papel central para evitar que
las diferencias de estrategia que se produjeron en el seno del MAS y otros
movimientos sociales cuando Morales dimitió y se hizo con el poder Jeanine
Añez, terminaran en una fractura del partido.
Cofundador del MAS
-mientras que Arce se integró en 2005- Choquehuanca parecía durante años
destinado a ser el sustituto de Morales, pero este lo cesó como canciller y lo
relegó, según se asegura, para evitar que se convirtiera en un importante
competidor.
A pesar de las
presiones de las bases para que Choquehuanca fuera el candidato a presidente el
Evo Morales caudillo se impuso y el MAS terminó aceptando que Luis Arce
Catacora fuera el candidato a presidente y que David Choquehuana fuera
candidato a vicepresidente.
Nadie duda de la
solvencia como tecnócrata del que fuera ministro de Economía con Morales, al
que se considera cerebro del boom económico de Bolivia y del
crecimiento sostenido que tuvo el país durante años, lo que permitió sacar de
la pobreza a dos de los once millones de bolivianos, mejorar drásticamente la
sanidad, acabar con el analfabetismo y emprender importantes obras de
infraestructura en zonas rurales históricamente abandonadas.
Es pronto aún para
saber si Arce será capaz de sustituir a un líder con la tradición de lucha y el
carisma de Evo Morales. Para el MAS-IPSP se abre una nueva etapa. Es la primera
vez que su candidato presidencial no es el propio Evo Morales.
No pocos analistas
pronosticaban que la ausencia de Morales supondría una fuerte caída de puntos
para el partido al observar otros precedentes en América Latina. Lenín Moreno
fue el candidato presidencial en Ecuador propuesto por Rafael Correa en 2017
pero el brusco cambio de rumbo hacia la derecha que hizo su delfín al llegar al
poder convirtió en poco tiempo a ambos en enemigos acérrimos.
Cristina Fernández
de Kirchner propuso por su parte en 2015 como candidato para sustituirla a
Daniel Scioli pero buena parte del electorado tradicional kirchnerista no se
reconoció en él y perdió las elecciones.
En Venezuela,
cuando Hugo Chávez, ya muy enfermo, pidió en 2012 a sus militantes y seguidores
que votaran en las siguientes elecciones por su vicepresidente, por Nicolás
Maduro, el chavismo, aunque ganó, obtuvo su votación más baja desde 1998.
En Bolivia, en
cambio, a pesar de la ausencia forzada de Evo Morales el MAS-IPSP obtuvo con la
candidatura Arce-Choquehuanca aún más votos que los conseguidos por Morales en
la polémica votación de 2019 que dio lugar al golpe de Estado de la derecha.
Partido y
movimiento social
Habrá que ver
cuáles de las corrientes internas del MAS cuenta con más peso en este nuevo
periodo y si el partido logra mantener su fuerza con un liderazgo distinto.
El MAS-IPSP,
nacido en los años 90, no es un partido al uso, está constituido por
organizaciones sindicales campesinas, indígenas y de trabajadores y movimientos
sociales. Esa articulación de movimientos, sindicatos y partido es compleja, a
menudo provoca tensiones y choques, pero es a su vez el gran capital del MAS.
Sus raíces son muy
sólidas y extendidas, lo que la convierte en una fuerza política y social
sumamente poderosa y representativa de las mayorías sociales de Bolivia.
Las organizaciones
pilares fundacionales del MAS-IPSP en los años ´90 fueron la CSUTCB
(Confederación Sindical Única de Trabajadores de Bolivia), la CSCIB
(Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia) y la
CNMCIOB-BS (Confederación Nacional de Mujeres Campesinas, Indígenas y
Originarias de Bolivia-Bartolina-Sisa).
Las trillizas,
como se las conoce popularmente, siguen teniendo gran influencia en el partido,
pero en congresos posteriores se fueron incorporando también fuerzas como la
Federación Nacional de Cooperativas Mineras o el Centro Regional de
Trabajadores de El Alto.
A su vez las
organizaciones que componen el MAS-IPSP conforman, junto con la Confederación
de Pueblos Indígenas de Bolivia y el Consejo Nacional de Ayllus y Markas de
Qullasuyu el llamado Pacto de Unidad y existe un sinnúmero de organizaciones
sindicales aliadas, como la poderosa COB (Central Obrera Boliviana) y
movimientos sociales de distinto tipo con las que se acuerdan importantes
alianzas puntuales.
Esa peculiaridad
del MAS, esa autenticidad, es la que ha hecho que las disidencias internas no
pudieran ser acalladas fácilmente de forma burocrática. Varias de sus
organizaciones denunciaron una y otra vez el autoritarismo de Morales, los
muchos casos de instrumentalización de los movimientos sociales y el
incumplimiento del Estatuto Orgánico
interno fundacional, actualizado en 2012 para los nombramientos de cargos.
A esto parecía
aludir Luis Arce cuando dijo lo de “nos hemos dado cuenta de que fallamos al no
fortalecer las instancias del MAS”.
Como analizábamos
en estas mismas páginas hace
un año, fueron muchas las críticas que los gobiernos de Morales recibieron
de sus propias bases sociales: la incoherencia de su defensa de la Pachamama
(la Madre Tierra) por un lado y una política de intenso extractivismo y
deforestación de la Amazonia por otro, o con la realización de grandes
infraestructuras que afectaban de lleno a territorios de pueblos originarios.
Una parte
significativa de las bases sociales del Gobierno de Evo Morales –incluidos
sectores de la ciudadanía urbana progresista, minoritaria, cuyas demandas nunca
se atendió- se indignó también por las artimañas legales utilizadas por Evo
Morales para desoír el resultado del referéndum popular de 2016 que rechazó
permitirle presentarse para un tercer mandato. Un 56,5% de los bolivianos no
aceptaron su propuesta para reformar la Constitución de 2009 para poder ser
reelegido.
Fue una
advertencia importante que Morales no supo ver y de la que hasta el día de hoy
no se ha autocriticado.
Morales logró en
aquel momento que el Tribunal Constitucional hiciera una torticera
interpretación de la ley y considerara que la Declaración de Derechos Humanos
de la ONU -que da derecho a cualquier ciudadano a ser elegido para cargos
públicos- estaba por encima de Constitución… que su propio Gobierno había
logrado sacar adelante en 2009.
Esa misma
interpretación es la que utilizó para presentarse por cuarta vez en 2019
gracias a la sumisión de la Justicia, la misma que poco después se ponía a las
órdenes del gobierno golpista.
Los
movimientos sociales dejaron de lado sus diferencias con el MAS-IPSP para
poder recuperar el
poder
Frente a aquellos
sectores del partido que propusieron desde el primer momento resistir y
enfrentar al Gobierno de Jeanine Añez con protestas callejeras, movilizaciones
y una actitud parlamentaria bronca, el sector liderado por Arce optó por una
actitud más moderada y paciente.
Se mantuvo la
presión contra el Gobierno a través de la mayoría parlamentaria que mantuvo el
MAS-IPSP y se aguantó el hostigamiento político, judicial y policial a sus
militantes, evitándose la confrontación directa.
La política
derechista, racista y represiva del gobierno de Jeanine Añez surgido del golpe
de Estado cívico-policial de hace un año, el comienzo del desmantelamiento de
conquistas sociales logradas por el Gobierno de Evo Morales y la pésima gestión
de la crisis provocada por la pandemia de la covid-19 y la brusca crisis
económica desatada, ayudaron a que las divisiones que habían surgido en el seno
del MAS y en otros sectores de su electorado potencial se cerraran y todos
unieran fuerzas ante las elecciones.
Hasta dirigentes
de peso como el histórico y radical líder campesino Felipe Quisque,
tradicionalmente duramente crítico con Evo Morales, decidió hacer campaña
activa a favor de la candidatura Arce-Choquehuanca.
La división de la
derecha hizo el resto. Los propios candidatos de la oposición, Carlos Mesa y
Luis Fernando Camacho, criticaron también, interesadamente, la pésima gestión
de la pandemia por parte del Gobierno y le acusaron de facilitar con ello la
recuperación del MAS.
En solo once meses
el gobierno golpista acabó con el crecimiento económico que se mantenía desde
hace años, subió del 6% al 9% el déficit fiscal, se aumentó considerablemente
la deuda externa y el PIB cayó 11 puntos, elementos que incidieron en el voto a
favor del MAS-IPSP incluso de sectores que tradicionalmente no lo votaban.
Aparte de
represor, racista y defensor de una política neoliberal y elitista, el Gobierno
de Añez demostró ser un pésimo gestor.
Un gran
desafío para sacar a Bolivia de la crisis actual
El nuevo
presidente, un reconocido economista de izquierda, ya lo adelantó. Volverá a
aplicar las mismas recetas económicas que utilizó durante los anteriores
gobiernos de Morales y que permitieron el despegue de Bolivia.
Es consciente que
la herencia recibida del Gobierno de Añez tras solo 11 meses de gestión es
pésima, no solo por la reorientación neoliberal que hizo de la política
económica, sino también porque Bolivia, como el resto del mundo, se enfrenta a
los estragos económicos y sociales provocados por la pandemia de la covid-19.
Sin embargo, el
FMI prevé que para 2021 Bolivia podría conseguir un gran repunte, con un
crecimiento del 5.6%.
Arce reconoce que
la situación es sumamente adversa pero insiste en que la única salida es
recuperar el rumbo que venía llevando la política económica cuando él era
ministro de Morales: volver a aplicar una política fiscal que aumente la
presión sobre las grandes fortunas de forma progresiva -afectaría a unas 12.000
personas-; devolución del IVA para los sectores de bajos ingresos; recurrir a
la inversión pública como principal motor económico; lanzar programas que
aseguren la soberanía alimentaria con impulso especial a la producción de
alimentos que hoy día se importan; industrialización soberana del
litio -tiene las mayores reservas del mundo que hasta ahora no se
comercializan- con alianzas estratégicas de inversión conjunta con el sector
privado.
La estrategia
económica de Arce se basa en utilizar los excedentes que proporciona la
industria minera, eléctrica y del gas para invertir en el sector agropecuario,
en manufactura, construcción y turismo.
Arce propone
renegociar el pago de capital e intereses de la deuda externa, intentando
obtener una moratoria por dos años, lo que supondría un balón de oxígeno, al
menos temporal, para poder orientar esos recursos hacia la reconstrucción de la
economía.
El nuevo equipo de
gobierno prevé la utilización de bonos contra el hambre y otro tipo de
subvenciones para atender temporalmente a aquellos sectores que requieren una
ayuda humanitaria urgente, y apoyo a trabajadores, autónomos y pequeñas
empresas.
En política
exterior el nuevo gobierno se proponer restablecer las relaciones con Venezuela
y Cuba rotas por el gobierno golpista de Añez; seguramente se reintegrará al
ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América-Tratado de
Comercio de los Pueblos) creada por Hugo Chávez y Fidel Castro en 2004 y tendrá
que recomponer sus relaciones con la Unión Europea.
Vergonzosamente el
Gobierno de Añez fue reconocido rápidamente por la UE, al igual que lo hicieron
Rusia, Estados Unidos y otros países.
Contra los
pronósticos de muchos, el MAS-IPSP no solo logró resistir la fuerte ofensiva de
las elites bolivianas -incapaces de articular un proyecto alternativo- sino que
se recuperó con bríos. El binomio Arce-Choquehuanca obtuvo el 55,10% de los
votos en estas elecciones, Carlos Mesa el 28,83% y Luis Fernando Camacho el
14%, mientras que en las elecciones de hace un año Evo Morales consiguió el
47,08% de los votos y Carlos Mesa 36,51%.
Se abre así una
oportunidad histórica para el MAS-IPSP para reconducir y profundizar el cambio
iniciado en 2006, lo que supone también un gran aliciente para la izquierda y
las mayorías sociales en América Latina y el Caribe.
23/10/2020
Roberto Montoya, escritor y periodista, forma parte del Consejo
Asesor de viento sur
Fuente: https://vientosur.info/segunda-oportunidad-para-reorientar-su-rumbo-y-profundizar-el-cambio/