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martes, 13 de abril de 2021

TRIUNFO DE PEDRO CASTILLO, AVANCE DE LA REPÚBLICA CHOLA EN EL BICENTENARIO

Por: Vicente Otta

 

Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor…


Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros; doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelvan amarillos.


Que estén hablando, pues; que estén cotorreando si eso les gusta…

Carta a algunos doctores. JM Arguedas

 

Hasta desde predios izquierdistas osan ningunear al candidato ganador de esta primera vuelta; ¿Alguien tiene argumentos válidos para desmerecer el triunfo de Pedro Castillo?

¿Todos somos ciudadanos?

La constitución de 1979, reconoce el quechua como idioma oficial y consagra el voto al analfabeto.  En estos 50 años los ninguneados y oprimidos de siempre han tratado de lograr representación propia sin conseguirlo. La izquierda que se asume vocera y representante de las causas justas no ha terminado de profundizar raíces y comprender al mundo andino-amazónico, que es la sustancia del Perú. La savia vital del Perú de todas las sangres que preconizaba Arguedas. De ahí su desubicación

En 1990, un ingeniero de origen plebeyo y japonés derrota al aspirante a marqués, Vargas Llosa, el año 2000, un ciudadano de rasgos andinos pero barnizado en Oxford y USA obtiene la presidencia; el año 2006 y el 2011, un militar retirado de origen ayacuchano, cholo, es candidato presidencial y lo obtiene en el segundo intento. Previo cambo de su programa de la Gran Transformación por la Hoja de Ruta, que la gran burguesía le impone como condición presidencial.

Este recuento pretende graficar que, en los últimos 50 años, desde que se rompe el Perú oligárquico, se va organizando el país, que durante 350 años convivió como republica de indios y república de blancos, como una república de cholos. Que accede a ciertos derechos pero no termina de igualarse con los blancos, que ejercen el poder y el control del universo simbólico del país. Los gustos, las modas, lo light. Lo decente y políticamente correcto, lo decide esta clase. Por supuesto en función de los cánones occidentales, de matriz eurocéntrica.

Este dominio de lo simbólico es lo que ni el velasquismo pudo modificar. Las mentalidades tienen un proceso de formación en periodos de muy larga duración, densidad compleja y reproducción permanente.

La izquierda peruana, que teóricamente es la llamada a dinamizar la subversión del dominio cultural eurocéntrico, que descalifica y hace escarnio de nuestra milenaria historia y sus extraordinarias conquistas, en no pocas oportunidades, comparte la mirada eurocéntrica y prejuiciosa contra nuestros pueblos y sus costumbres. Mira el Perú como vástago de la Lima criolla-señorial.

La izquierda peruana, entre la ideología y lo étnico cultural

Desaparecido Mariátegui y derrotada en ese periodo, su propuesta teórica y política, se producen casi 40 años de hegemonía aprista en el campo popular.

Solo Arguedas mantuvo la vigencia del socialismo marxista y su vínculo profundo con el Perú, sus cambios y permanencias.

La izquierda que se reorganiza en los años 60, al influjo de la revolución cubana y China, no logra retomar el camino de la praxis mariateguista. Entre el dogma y la praxis, opta y se sumerge en el dogma. Hasta ahora cultivamos y cosechamos el fruto estéril del dogmatismo.

Por eso la extrañeza y lejanía de lo andino-amazónico, por eso el servilismo a lo europeo, a lo limeño. Lo extranjero como sinónimo de superioridad y buen gusto. Nuestros referentes académicos, políticos y culturales son de sello anglosajón. Lo andino-amazónico, se desconoce o subvalora y menosprecia. Ideología sin sustento social ni experiencia colectiva, discursos autocentrados.

Una obra en busca de actor

Esta desubicación de la izquierda es tan marcada que sigue confundida respecto del contenido y apariencia de la lucha política social. Lo que la gran mayoría nacional busca es la autoafirmación de su ser nacional, de su identidad andino-amazónica. Hace de este aspecto factor sustancial de su actividad social y cultural, y a partir de ahí su protagonismo político.

Arguedas que privilegió lo cultural en sus estudios teóricos y su práctica social, pudo entender no solo las características esenciales de la cosmovisión andina sino sus manifestaciones prácticas y su incidencia en la sociedad operante.

Mientras la izquierda ideologizada y desvinculada de la vida de  los pueblos indígenas y mundo popular, se desenvuelve bajo parámetros ideológicos exclusivamente. Las clases populares, tienen en la cuestión identitaria, en su mestizaje y  andinidad, los ejes de actividad social, cultural y política.

Pide y exige respeto y reconocimiento de su lengua, de su música y canto, de sus comidas y fiestas. De su color de piel y rasgos físicos. ¡Cómo todo esto no va a ser de primordial importancia¡

Esta situación ha devenido en un marcado desencuentro entre izquierda y mundo popular, se transita por carriles diferentes. Aunque parecen ir en la misma dirección se camina a lugares distintos. 

Por eso, en 1990, 2000, 2006 y 211, la izquierda carecía de rumbo claro y terminó cada vez más reducida y marginal o como comparsa de proyectos nacionalistas de poco calado, que terminaron claudicando ante el sistema.

La construcción del Perú de todas las sangres, del Estado Pluricultural y Descentralizado, sigue siendo una gran obra en busca de autor. 

Con Perú Libre, un gran frente nacional para ganar la segunda vuelta y sacar al Perú de la crisis

La pandemia se ha convertido en plebiscito del modelo neoliberal. Ha mostrado la absoluta orfandad del Estado que mercantilizó las urgencias de la población. Salud, educación, vivienda, seguridad, dependen completamente de que haya o no dinero para comprarlas en el mercado. Los millones de pobres carecen de recursos para adquirirlo, por eso sobre ellos se abate la muerte y miseria y caen como moscas.

La constitución de 1993 que consagró la desigualdad social extrema también sembró y fertilizó la corrupción, vinculando a grandes empresarios mafiosos con militares y sistema judicial.

Dada la magnitud de la crisis, tan o más grave que la producida en la guerra con Chile, resolver la terrible crisis sanitaria y de alimentación y seguridad de la población exigirá un esfuerzo titánico, que excede a un partido o gobierno. Solo podrá salirse victorioso de esta hecatombe, si somos capaces de unir a las fuerzas políticas diversas, al gobierno y agentes privados, concentramos todas las fuerzas y sumamos energías por el Perú, como un solo puño.

Las fuerzas democráticas, progresistas y socialistas estamos llamadas a encabezar esta cruzada para reconstruir nuestra patria.

Para eso la izquierda debe llegar al gobierno y ponerse al frente de esta tarea.

Un gran frente nacional que aglutine a todos los peruanos de buena voluntad, ganemos gobierno y conjuremos la profunda crisis que nos abate.

Rumbo a la Nueva República, al Estado Pluricultural y Descentralizado

Fuente: http://otramirada.pe/triunfo-de-pedro-castillo-avance-de-la-rep%C3%BAblica-chola-en-el-bicentenario

 


viernes, 19 de marzo de 2021

LENIN: «EN MEMORIA DE LA COMUNA»

 



Publicado en: En Rabóchaia Gazeta, núm.4-5, 15 (28) de abril de 1911.

Han pasado cuarenta años desde la proclamación de la Comuna de París. Según la costumbre establecida, el proletariado francés honró con mítines y manifestaciones la memoria de los hombres de la revolución del 18 de marzo de 1871. A finales de mayo volverá a llevar coronas de flores a las tumbas de los communards fusilados, víctimas de la terrible “Semana de Mayo”, y ante ellas volverá a jurar que luchará sin descanso hasta el total triunfo de sus ideas, hasta dar cabal cumplimiento a la obra que ellos le legaron.

¿Por qué el proletariado, no sólo francés, sino el de todo el mundo, honra a los hombres de la Comuna de París como a sus predecesores? ¿Cuál es la herencia de la Comuna?

La Comuna surgió espontáneamente, nadie la preparó de modo consciente y sistemático. La desgraciada guerra con Alemania, las privaciones durante el sitio, la desocupación entre el proletariado y la ruina de la pequeña burguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia en la clase obrera, descontenta de su situación y ansiosa de un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional, que hacía temer por el destino de la República, todo ello y otras muchas causas se combinaron para impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se había unido a ella.

Fue un acontecimiento histórico sin precedentes. Hasta entonces, el poder había estado, por regla general, en manos de los terratenientes y de los capitalistas, es decir, de sus apoderados, que constituían el llamado gobierno. Después de la revolución del 18 de marzo, cuando el gobierno del señor Thiers huyó de París con sus tropas, su policía y sus funcionarios, el pueblo quedó dueño de la situación y el poder pasó a manos del proletariado. Pero en la sociedad moderna, el proletariado, avasallado en lo económico por el capital, no puede dominar políticamente si no rompe las cadenas que lo atan al capital. De ahí que el movimiento de la Comuna debiera adquirir inevitablemente un tinte socialista, es decir, debiera tender al derrocamiento del dominio de la burguesía, de la dominación del capital, a la destrucción de las bases mismas del régimen social contemporáneo.

Al principio se trató de un movimiento muy heterogéneo y confuso. Se adhirieron a él los patriotas, con la esperanza de que la Comuna reanudaría la guerra contra los alemanes, llevándola a un venturoso desenlace. Los apoyaron asimismo los pequeños tenderos, en peligro de ruina si no se aplazaba el pago de las deudas vencidas de los alquileres (aplazamiento que les negaba el gobierno, pero que la Comuna les concedió). Por último, en un comienzo también simpatizaron en cierto grado con él los republicanos burgueses, temerosos de que la reaccionaria Asamblea Nacional (los “rurales”, los salvajes terratenientes) restablecieran la monarquía. Pero el papel fundamental en este movimiento fue desempeñado, naturalmente, por los obreros (sobre todo, los artesanos de París), entre los cuales se había realizado en los últimos años del Segundo Imperio una intensa propaganda socialista, y que inclusive muchos de ellos estaban afiliados a la Internacional.

Sólo los obreros permanecieron fieles a la Comuna hasta el fin. Los burgueses republicanos y la pequeña burguesía se apartaron bien pronto de ella: unos se asustaron por el carácter socialista revolucionario del movimiento, por su carácter proletario; otros se apartaron de ella al ver que estaba condenada a una derrota inevitable. Sólo los proletarios franceses apoyaron a su gobierno, sin temor ni desmayos, sólo ellos lucharon y murieron por él, es decir, por la emancipación de la clase obrera, por un futuro mejor para los trabajadores.

Abandonada por sus aliados de ayer y sin contar con ningún apoyo, la Comuna tenía que ser derrotada inevitablemente. Toda la burguesía de Francia, todos los terratenientes, corredores de bolsa y fabricantes, todos los grandes y pequeños ladrones, todos los explotadores, se unieron contra ella. Con la ayuda de Bismarck (que dejó en libertad a 100.000 soldados franceses prisioneros de los alemanes para aplastar al París revolucionario), esta coalición burguesa logró enfrentar con el proletariado parisiense a los campesinos ignorantes y a la pequeña burguesía de provincias, y rodear la mitad de París con un círculo de hierro (la otra mitad había sido cercada por el ejército alemán). En algunas grandes ciudades de Francia (Marsella, Lyon, Saint-Etienne, Dijon y otras) los obreros también intentaron tomar el poder, proclamar la Comuna y acudir en auxilio de París, pero estos intentos fracasaron rápidamente. Y París, que había sido la primera en enarbolar la bandera de la insurrección proletaria, quedó abandonada a sus propias fuerzas y condenada una muerte cierta.

Para que una revolución social pueda triunfar, necesita por lo menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivas y un proletariado preparado para ella. Pero en 1871 se carecía de ambas condiciones. El capitalismo francés se hallaba aún poco desarrollado, y Francia era entonces, en lo fundamental, un país de pequeña burguesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía un partido obrero, y la clase obrera no estaba preparada ni había tenido un largo adiestramiento, y en su mayoría ni siquiera comprendía con claridad cuáles eran sus fines ni cómo podía alcanzarlos. No había una organización política seria del proletariado, ni fuertes sindicatos, ni sociedades cooperativas…

Pero lo que le faltó a la Comuna fue, principalmente tiempo, posibilidad de darse cuenta de la situación y emprender la realización de su programa. No había tenido tiempo de iniciar la tarea cuando el gobierno, atrincherado en Versalles y apoyado por toda la burguesía, inició las operaciones militares contra París. La Comuna tuvo que pensar ante todo en su propia defensa. Y hasta el final mismo, que sobrevino en la semana del 21 al 28 de mayo, no pudo pensar con seriedad en otra cosa.

Sin embargo, pese a esas condiciones tan desfavorables y a la brevedad de su existencia, la Comuna adoptó algunas medidas que caracterizan suficientemente su verdadero sentido y sus objetivos. La Comuna sustituyó el ejército regular, instrumento ciego en manos de las clases dominantes, y armó a todo el pueblo; proclamó la separación de la Iglesia del Estado; suprimió la subvención del culto (es decir, el sueldo que el Estado pagaba al clero) y dio un carácter estrictamente laico a la instrucción pública, con lo que asestó un fuerte golpe a los gendarmes de sotana. Poco fue lo que pudo hacer en el terreno puramente social, pero ese poco muestra con suficiente claridad su carácter de gobierno popular, de gobierno obrero: se prohibió el trabajo nocturno en las panaderías; fue abolido el sistema de multas, esa expoliación consagrada por ley de que se hacía víctima a los obreros; por último, se promulgó el famoso decreto en virtud del cual todas las fábricas y todos los talleres abandonados o paralizados por sus dueños eran entregados a las cooperativas obreras, con el fin de reanudar la producción. Y para subrayar, como si dijéramos, su carácter de gobierno auténticamente democrático y proletario, la Comuna dispuso que la remuneración de todos los funcionarios administrativos y del gobierno no fuera superior al salario normal de un obrero, ni pasara en ningún caso de los 6.000 francos al año (menos de 200 rublos mensuales).

Todas estas medidas mostraban elocuentemente que la Comuna era una amenaza mortal para el viejo mundo, basado en la opresión y la explotación. Esa era la razón de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el ayuntamiento de París ondeara la bandera roja del proletariado. Y cuando la fuerza organizada del gobierno pudo, por fin, dominar a la fuerza mal organizada de la revolución, los generales bonapartistas, esos generales batidos por los alemanes y valientes ante sus compatriotas vencidos, esos Rénnenkampf y Meller-Zakomielski franceses, hicieron una matanza como París jamás había visto. Cerca de 30.000 parisienses fueron muertos por la soldadesca desenfrenada; unos 45.000 fueron detenidos y muchos de ellos ejecutados posteriormente; miles fueron los desterrados o condenados a trabajar forzados. En total, París perdió cerca de 100.000 de sus hijos, entre ellos a los mejores obreros de todos los oficios.

La burguesía estaba contenta. “¡Ahora se ha acabado con el socialismo para mucho tiempo!”, decía su jefe, el sanguinario enano Thiers, cuando él y sus generales ahogaron en sangre la sublevación del proletariado de París. Pero esos cuervos burgueses graznaron en vano. Después de seis años de haber sido aplastada la Comuna, cuando muchos de sus luchadores se hallaban aún en presidio o en el exilio, se iniciaba en Francia un nuevo movimiento obrero. La nueva generación socialista, enriquecida con la experiencia de sus predecesores, cuya derrota no la había desanimado en absoluto, recogió la bandera que había caído de las manos de los luchadores de la Comuna y la llevó adelante con firmeza y audacia, al grito de “¡Viva la revolución social, viva la Comuna!” Y tres o cuatro años más tarde, un nuevo partido obrero y la agitación levantada por éste en el país obligaron a las clases dominantes a poner en libertad a los communards que el gobierno aún mantenía presos.

La memoria de los luchadores de la Comuna es honrada no sólo por los obreros franceses, sino también por el proletariado de todo el mundo, pues aquella no luchó por un objetivo local o estrechamente nacional, sino por la emancipación de toda la humanidad trabajadora, de todos los humillados y ofendidos. Como combatiente de vanguardia de la revolución social, la Comuna se ha ganado la simpatía en todos los lugares donde sufre y lucha el proletariado. La epopeya de su vida y de su muerte, el ejemplo de un gobierno obrero que conquistó y retuvo en sus manos durante más de dos meses la Capital del mundo, el espectáculo de la heroica lucha del proletariado y de sus sufrimientos después de la derrota, todo esto ha levantado la moral de millones de obreros, alentado sus esperanzas y ganado sus simpatías para el socialismo. El tronar de los cañones de París ha despertado de su sueño profundo a las capas más atrasadas del proletariado y ha dado en todas partes un impulso a la propaganda socialista revolucionaria. Por eso no ha muerto la causa de la Comuna, por eso sigue viviendo hasta hoy día en cada uno de nosotros.

La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal.

Fuente: Marxists.org.

https://elporteno.cl/lenin-en-memoria-de-la-comuna/#more-19640

 

 

domingo, 25 de octubre de 2020

Bolivia, Victoria del MAS-IPSP: SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA REORIENTAR SU RUMBO Y PROFUNDIZAR EL CAMBIO


Roberto Montoya

24 octubre 2020

 

El campo popular boliviano después de la victoria aplastante del MAS-IPSP (Movimiento al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos) en las elecciones tiene una gran oportunidad para recuperar su rumbo, rectificar ciertas políticas polémicas y actitudes personales de Evo Morales que le habían restado apoyos sociales en los últimos años y profundizar y ampliar las reformas de calado que se hicieron durante sus casi catorce años de gobierno.

El principal candidato de la derecha, Carlos Mesa, durante su campaña electoral intentó utilizar precisamente ese descontento con Evo Morales de algunos de los movimientos sociales que lo auparon al poder, asegurando que Luis Arce Catacora, el ahora nuevo presidente, era una simple marioneta suya. “Arce es Morales”, fue una de las consignas utilizadas en la campaña electoral por Mesa.

Tras su triunfo, Luis Arce reconoció errores del gobierno de Morales -del cual era ministro de Economía- pero aclaró en una entrevista a la BBC un día después de las elecciones, cuando se le preguntó sobre el tema: “No soy Evo Morales. Soy Luis Arce Catacora”. “Dijimos que teníamos que tener renovación en el MAS, para la gente joven. Si Evo Morales quiere ayudarnos será muy bienvenido pero eso no quiere decir que él estará en el gobierno. Será mi gobierno. Si quiere volver a Bolivia y ayudarnos, no hay ningún problema”.

En una entrevista posterior con El País, el periodista Fernando Molina preguntaba a Arce: “Evo Morales tiene una personalidad exuberante y muy centralista. ¿Eso le va a afectar?” Y el nuevo presidente respondía: “Él no va a cambiar, es un líder indiscutible e histórico del proceso de cambio, es un líder internacional. No va a cambiar y tampoco pretendemos que cambie. Va a ser así nomás”. Y volvía a repetir: “Pero lo cierto es que en el Gobierno no tiene ninguna participación; él tiene su rol como presidente del MAS, que es importantísimo. En este tiempo nos hemos dado cuenta de que fallamos al no fortalecer las instancias del propio MAS”.

Y acotaba: “Y también va a estar bastante ocupado tratando de resolver los juicios que tiene”. En Bolivia esa frase no pasó inadvertida. Además de las varias causas que se le abrieron durante el Gobierno golpista de Añez por sedición, terrorismo, genocidio y alzamiento armado para poder impedir su candidatura a la presidencia -la Fiscalía de Bolivia pidió por ello su detención en diciembre de 2019- también tiene causas por estupro, por sus relaciones sexuales con al menos dos jóvenes -con una de ellas convivió- que se habrían iniciado supuestamente cuando estas eran menores de edad.

Su declarado interés por menores ya le habían valido en el pasado duras críticas del movimiento feminista boliviano, y los golpistas han utilizado ese secreto a voces como arma electoral y judicial.

Evo Morales seguirá siendo clave en el MAS-IPSP

A pesar de las declaraciones del presidente electo, pocos creen sin embargo que Evo Morales se vaya a resignar con jugar un papel secundario en esta nueva etapa. El ex líder cocalero se ganó a pulso el liderazgo del MAS y la presidencia de Bolivia tras muchos años de lucha, y su desgaste de los últimos años no supone que sea un dirigente ya amortizado.

En la reunión de la dirección ampliada del MAS-IPSP de diciembre de 2019 donde se acordaron las directrices fundamentales para todas sus organizaciones integrantes y movimientos aliados frente a esta pasada campaña electoral de 2020, se nombró formalmente a Evo Morales como Jefe Nacional de Campaña.

De hecho, Arce le debe su candidatura a Morales. Varias de las organizaciones indígenas y campesinas integrantes del MAS-IPSP no apostaban inicialmente por Luis Arce Catacora como candidato presidencial para sustituir a Evo Morales, inhabilitado y exiliado en Argentina desde hace meses.

Propusieron como candidato a presidente al ex canciller de Morales, a David Choquehuanca. El extitular de Exteriores del Gobierno de Evo Morales se ha mostrado como un hombre clave no solo para coordinar la acción de distintos sectores sociales de la Bolivia andina, sino que también ha jugado un papel central para evitar que las diferencias de estrategia que se produjeron en el seno del MAS y otros movimientos sociales cuando Morales dimitió y se hizo con el poder Jeanine Añez, terminaran en una fractura del partido.

Cofundador del MAS -mientras que Arce se integró en 2005- Choquehuanca parecía durante años destinado a ser el sustituto de Morales, pero este lo cesó como canciller y lo relegó, según se asegura, para evitar que se convirtiera en un importante competidor.

A pesar de las presiones de las bases para que Choquehuanca fuera el candidato a presidente el Evo Morales caudillo se impuso y el MAS terminó aceptando que Luis Arce Catacora fuera el candidato a presidente y que David Choquehuana fuera candidato a vicepresidente.

Nadie duda de la solvencia como tecnócrata del que fuera ministro de Economía con Morales, al que se considera cerebro del boom económico de Bolivia y del crecimiento sostenido que tuvo el país durante años, lo que permitió sacar de la pobreza a dos de los once millones de bolivianos, mejorar drásticamente la sanidad, acabar con el analfabetismo y emprender importantes obras de infraestructura en zonas rurales históricamente abandonadas.

Es pronto aún para saber si Arce será capaz de sustituir a un líder con la tradición de lucha y el carisma de Evo Morales. Para el MAS-IPSP se abre una nueva etapa. Es la primera vez que su candidato presidencial no es el propio Evo Morales.

No pocos analistas pronosticaban que la ausencia de Morales supondría una fuerte caída de puntos para el partido al observar otros precedentes en América Latina. Lenín Moreno fue el candidato presidencial en Ecuador propuesto por Rafael Correa en 2017 pero el brusco cambio de rumbo hacia la derecha que hizo su delfín al llegar al poder convirtió en poco tiempo a ambos en enemigos acérrimos.

Cristina Fernández de Kirchner propuso por su parte en 2015 como candidato para sustituirla a Daniel Scioli pero buena parte del electorado tradicional kirchnerista no se reconoció en él y perdió las elecciones.

En Venezuela, cuando Hugo Chávez, ya muy enfermo, pidió en 2012 a sus militantes y seguidores que votaran en las siguientes elecciones por su vicepresidente, por Nicolás Maduro, el chavismo, aunque ganó, obtuvo su votación más baja desde 1998.

En Bolivia, en cambio, a pesar de la ausencia forzada de Evo Morales el MAS-IPSP obtuvo con la candidatura Arce-Choquehuanca aún más votos que los conseguidos por Morales en la polémica votación de 2019 que dio lugar al golpe de Estado de la derecha.

Partido y movimiento social

Habrá que ver cuáles de las corrientes internas del MAS cuenta con más peso en este nuevo periodo y si el partido logra mantener su fuerza con un liderazgo distinto.

El MAS-IPSP, nacido en los años 90, no es un partido al uso, está constituido por organizaciones sindicales campesinas, indígenas y de trabajadores y movimientos sociales. Esa articulación de movimientos, sindicatos y partido es compleja, a menudo provoca tensiones y choques, pero es a su vez el gran capital del MAS.

Sus raíces son muy sólidas y extendidas, lo que la convierte en una fuerza política y social sumamente poderosa y representativa de las mayorías sociales de Bolivia.

Las organizaciones pilares fundacionales del MAS-IPSP en los años ´90 fueron la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores de Bolivia), la CSCIB (Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia) y la CNMCIOB-BS (Confederación Nacional de Mujeres Campesinas, Indígenas y Originarias de Bolivia-Bartolina-Sisa).

Las trillizas, como se las conoce popularmente, siguen teniendo gran influencia en el partido, pero en congresos posteriores se fueron incorporando también fuerzas como la Federación Nacional de Cooperativas Mineras o el Centro Regional de Trabajadores de El Alto.

A su vez las organizaciones que componen el MAS-IPSP conforman, junto con la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia y el Consejo Nacional de Ayllus y Markas de Qullasuyu el llamado Pacto de Unidad y existe un sinnúmero de organizaciones sindicales aliadas, como la poderosa COB (Central Obrera Boliviana) y movimientos sociales de distinto tipo con las que se acuerdan importantes alianzas puntuales.

Esa peculiaridad del MAS, esa autenticidad, es la que ha hecho que las disidencias internas no pudieran ser acalladas fácilmente de forma burocrática. Varias de sus organizaciones denunciaron una y otra vez el autoritarismo de Morales, los muchos casos de instrumentalización de los movimientos sociales y el incumplimiento del Estatuto Orgánico interno fundacional, actualizado en 2012 para los nombramientos de cargos.

A esto parecía aludir Luis Arce cuando dijo lo de “nos hemos dado cuenta de que fallamos al no fortalecer las instancias del MAS”.

Como analizábamos en estas mismas páginas hace un año, fueron muchas las críticas que los gobiernos de Morales recibieron de sus propias bases sociales: la incoherencia de su defensa de la Pachamama (la Madre Tierra) por un lado y una política de intenso extractivismo y deforestación de la Amazonia por otro, o con la realización de grandes infraestructuras que afectaban de lleno a territorios de pueblos originarios.

Una parte significativa de las bases sociales del Gobierno de Evo Morales –incluidos sectores de la ciudadanía urbana progresista, minoritaria, cuyas demandas nunca se atendió- se indignó también por las artimañas legales utilizadas por Evo Morales para desoír el resultado del referéndum popular de 2016 que rechazó permitirle presentarse para un tercer mandato. Un 56,5% de los bolivianos no aceptaron su propuesta para reformar la Constitución de 2009 para poder ser reelegido.

Fue una advertencia importante que Morales no supo ver y de la que hasta el día de hoy no se ha autocriticado.

Morales logró en aquel momento que el Tribunal Constitucional hiciera una torticera interpretación de la ley y considerara que la Declaración de Derechos Humanos de la ONU -que da derecho a cualquier ciudadano a ser elegido para cargos públicos- estaba por encima de Constitución… que su propio Gobierno había logrado sacar adelante en 2009.

Esa misma interpretación es la que utilizó para presentarse por cuarta vez en 2019 gracias a la sumisión de la Justicia, la misma que poco después se ponía a las órdenes del gobierno golpista.

Los movimientos sociales dejaron de lado sus diferencias con el MAS-IPSP para poder recuperar el poder                                  

Frente a aquellos sectores del partido que propusieron desde el primer momento resistir y enfrentar al Gobierno de Jeanine Añez con protestas callejeras, movilizaciones y una actitud parlamentaria bronca, el sector liderado por Arce optó por una actitud más moderada y paciente.

Se mantuvo la presión contra el Gobierno a través de la mayoría parlamentaria que mantuvo el MAS-IPSP y se aguantó el hostigamiento político, judicial y policial a sus militantes, evitándose la confrontación directa.

La política derechista, racista y represiva del gobierno de Jeanine Añez surgido del golpe de Estado cívico-policial de hace un año, el comienzo del desmantelamiento de conquistas sociales logradas por el Gobierno de Evo Morales y la pésima gestión de la crisis provocada por la pandemia de la covid-19 y la brusca crisis económica desatada, ayudaron a que las divisiones que habían surgido en el seno del MAS y en otros sectores de su electorado potencial se cerraran y todos unieran fuerzas ante las elecciones.

Hasta dirigentes de peso como el histórico y radical líder campesino Felipe Quisque, tradicionalmente duramente crítico con Evo Morales, decidió hacer campaña activa a favor de la candidatura Arce-Choquehuanca.

La división de la derecha hizo el resto. Los propios candidatos de la oposición, Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho, criticaron también, interesadamente, la pésima gestión de la pandemia por parte del Gobierno y le acusaron de facilitar con ello la recuperación del MAS.

En solo once meses el gobierno golpista acabó con el crecimiento económico que se mantenía desde hace años, subió del 6% al 9% el déficit fiscal, se aumentó considerablemente la deuda externa y el PIB cayó 11 puntos, elementos que incidieron en el voto a favor del MAS-IPSP incluso de sectores que tradicionalmente no lo votaban.

Aparte de represor, racista y defensor de una política neoliberal y elitista, el Gobierno de Añez demostró ser un pésimo gestor.

Un gran desafío para sacar a Bolivia de la crisis actual

El nuevo presidente, un reconocido economista de izquierda, ya lo adelantó. Volverá a aplicar las mismas recetas económicas que utilizó durante los anteriores gobiernos de Morales y que permitieron el despegue de Bolivia.

Es consciente que la herencia recibida del Gobierno de Añez tras solo 11 meses de gestión es pésima, no solo por la reorientación neoliberal que hizo de la política económica, sino también porque Bolivia, como el resto del mundo, se enfrenta a los estragos económicos y sociales provocados por la pandemia de la covid-19.

Sin embargo, el FMI prevé que para 2021 Bolivia podría conseguir un gran repunte, con un crecimiento del 5.6%.

Arce reconoce que la situación es sumamente adversa pero insiste en que la única salida es recuperar el rumbo que venía llevando la política económica cuando él era ministro de Morales: volver a aplicar una política fiscal que aumente la presión sobre las grandes fortunas de forma progresiva -afectaría a unas 12.000 personas-; devolución del IVA para los sectores de bajos ingresos; recurrir a la inversión pública como principal motor económico; lanzar programas que aseguren la soberanía alimentaria con impulso especial a la producción de alimentos que hoy día se importan; industrialización soberana del litio -tiene las mayores reservas del mundo que hasta ahora no se comercializan- con alianzas estratégicas de inversión conjunta con el sector privado.

La estrategia económica de Arce se basa en utilizar los excedentes que proporciona la industria minera, eléctrica y del gas para invertir en el sector agropecuario, en manufactura, construcción y turismo.

Arce propone renegociar el pago de capital e intereses de la deuda externa, intentando obtener una moratoria por dos años, lo que supondría un balón de oxígeno, al menos temporal, para poder orientar esos recursos hacia la reconstrucción de la economía.

El nuevo equipo de gobierno prevé la utilización de bonos contra el hambre y otro tipo de subvenciones para atender temporalmente a aquellos sectores que requieren una ayuda humanitaria urgente, y apoyo a trabajadores, autónomos y pequeñas empresas.

En política exterior el nuevo gobierno se proponer restablecer las relaciones con Venezuela y Cuba rotas por el gobierno golpista de Añez; seguramente se reintegrará al ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos) creada por Hugo Chávez y Fidel Castro en 2004 y tendrá que recomponer sus relaciones con la Unión Europea.

Vergonzosamente el Gobierno de Añez fue reconocido rápidamente por la UE, al igual que lo hicieron Rusia, Estados Unidos y otros países.

Contra los pronósticos de muchos, el MAS-IPSP no solo logró resistir la fuerte ofensiva de las elites bolivianas -incapaces de articular un proyecto alternativo- sino que se recuperó con bríos. El binomio Arce-Choquehuanca obtuvo el 55,10% de los votos en estas elecciones, Carlos Mesa el 28,83% y Luis Fernando Camacho el 14%, mientras que en las elecciones de hace un año Evo Morales consiguió el 47,08% de los votos y Carlos Mesa 36,51%.

Se abre así una oportunidad histórica para el MAS-IPSP para reconducir y profundizar el cambio iniciado en 2006, lo que supone también un gran aliciente para la izquierda y las mayorías sociales en América Latina y el Caribe.

23/10/2020

Roberto Montoya, escritor y periodista, forma parte del Consejo Asesor de viento sur

 Fuente: https://vientosur.info/segunda-oportunidad-para-reorientar-su-rumbo-y-profundizar-el-cambio/

 

viernes, 3 de julio de 2020

RAFAEL BAUTISTA: “EL PUEBLO SE VIO NO SOLO DESORGANIZADO, SINO ARREBATADO DEL ESPÍRITU QUE HABÍA PROMOVIDO EL PROCESO DE CAMBIO” (I)


·        Correo del ALBA
01/07/2020


Rafael Bautista S.
Foto: https://www.resumenlatinoamericano.org/

Rafael Bautista S. es un pensador y escritor boliviano, dirige el Taller de la Descolonización. Autor de más de 20 libros, su última publicación es El tablero del siglo XXI. Geopolítica des-colonial de un nuevo orden post-occidental. Para pensar el mundo actual, América Latina y el Caribe, y la coyuntura boliviana, Correo del Alba le entrevistó. A continuación, publicamos la primera parte de este diálogo.

¿Cómo piensa actualmente el mundo desde Bolivia, bajo el dominio del Covid-19?

No creo que se pueda hablar de un “dominio” del Covid-19. Si hacemos una ligera rememoración histórica, podemos ver que esta inflamada pandemia forma parte de una frecuente planificación cuasi militar que ha venido antecediendo reconfiguraciones estratégicas del poder imperial. El 9-11 es la muestra más reciente y clara de ello. Después del autoatentado de las Torres Gemelas, Estados Unidos sufre un rapto siniestro, todavía no analizado en toda su complejidad y que nos daría claves para interpretar lo que significa. A propósito del Covid, una cuarentena global que no es sino un Estado de excepción no declarado, de alcances mundiales y de consecuencias imprevisibles; no solo en el ámbito de la economía, sino, sobre todo, en lo que significaría la sobrevivencia o no del Estado de derecho en el contexto del colapso civilizatorio que estamos viviendo.

En ese sentido, el golpe blando geopolítico que sucedió en Bolivia no es ajeno a lo que iba a desplegarse a nivel global. Pues uno de los propósitos que se va descubriendo es la implosión nacional vía implantación dictatorial del Estado de no-derecho, lo cual nos conduciría, trágicamente, a la figura de la “anomia estatal”, que podría ser la fisonomía post-covid de, especialmente, los Estados periféricos.

Un tiempo en nuestra revista usted analizaba que el poder imperial se enfrenta a un nuevo orden geopolítico con visiones distintas a las de la Guerra Fría, en tanto Rusia, China e Irán no miran como paradigma a Occidente, ¿está en decadencia la hegemonía impuesta durante siglos?

Está en decadencia vertical y la muestra de ello es que todas las potencias que usted menciona, ninguna es occidental, ni siquiera Rusia que, en palabras de su propio canciller Lavrov, ya venía sugiriendo (por ejemplo, en las Conferencias de Seguridad de Múnich) la necesidad de un “nuevo orden post-occidental”. Aunque una declaración no produce automáticamente esa necesidad, la inminencia de un nuevo orden lo configura el desmoronamiento del diseño geopolítico que había hecho posible al sistema-mundo moderno, es decir, el diseño centro-periferia.

Lo que se tiene actualmente es un des-orden tripolar, es decir, un supuesto orden sin fisonomía definida, porque todo se halla en disputa, desde las narrativas hegemónicas moderno-occidentales hasta las propias áreas de influencia anteriormente de “propiedad” anglosajona y francesa, por ejemplo. La presencia de las nuevas potencias emergentes, sobre todo de China y Rusia, pone en crisis completamente el diseño geopolítico centro-periferia. Sin la continuidad de ese diseño, se desploma definitivamente la influencia imperial y, en consecuencia, se acaba la estabilidad del primer mundo.

Han llegado a Venezuela barcos con combustible iraní; Estados Unidos lanzó amenazas de no dejar pasar los cargueros, Irán respondió, pero finalmente las intimidaciones no se cumplieron. ¿El Imperio teme la reacción persa en el escenario geopolítico?

Más que la reacción iraní, lo que teme Washington es que el poder militar disuasivo que posee ahora Venezuela ponga al descubierto la vulnerabilidad imperial. Si un país periférico, que forma parte de su “patio trasero”, es capaz de representar un nuevo Vietnam, incluso con capacidad ofensiva, entonces se cae el mito del poder omnímodo imperial. Rusia es ahora la primera potencia militar y ya ha demostrado en Siria que, en una guerra convencional, podría desbaratar el poder militar conjunto de Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y Venezuela posee un envidiable abastecimiento militar ruso.

Por su parte, Irán ya ha demostrado que no solo posee la capacidad militar para enfrentar la soberbia imperial, sino que hasta podría poner en jaque a la economía mundial, cerrando el Estrecho de Ormuz, por donde se distribuye el 40% del petróleo mundial.

En cuanto a Bolivia, ¿en qué punto dejó al pueblo y el país el Proceso de Cambio, para enfrentar la arremetida de Estados Unidos e Israel que se ha visto están manejando al gobierno de facto?

El objetivo del golpe no era simplemente bajar al Gobierno, sino destruir el carácter plurinacional del Estado boliviano, es decir, minar definitivamente nuestra soberanía. El “proceso de cambio” era el motor que debía impulsar ese carácter; por eso el objetivo no era acabar con el Evo, sino con lo que él representaba. El ensañamiento simbólico de la insurrección fascista demostró eso; no fueron episódicas la quema de la wiphala o el actual impedimento, vía “confinamiento”, de celebrar el año nuevo aymara. Por eso no es aventurero señalar que se trata, como también lo delataron los propios golpistas, de una “guerra espiritual”.

La premeditada demolición estructural del Estado que promueven los golpistas busca, en definitiva, el cercenamiento definitivo del espíritu nacional-popular, es decir, acabar con el sujeto plurinacional, lo indígena. Hacer imposible una restauración plurinacional del Estado, significa lo que ya se escucha en boca de los propios golpistas: restituir su fisonomía republicana. En el caso boliviano, en esa fisonomía constitucional se naturalizó el carácter antinacional y antipopular del Estado oligárquico-señorial. En ese sentido, ahora, más que hablar del “proceso de cambio”, sería más adecuado referirse al sujeto plurinacional como el necesario activante histórico-político de una posible restauración nacional-popular que instaure un segundo proceso constituyente de alcances mucho más revolucionarios que el que tuvimos en el periodo 2006-2010.

¿En qué avanzó el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), en cuanto a concebir a una nueva Bolivia frente al mundo, y cuáles fueron sus errores?

El MAS fue la determinación política circunstancial que adquirió el “proceso de cambio”, pero, como toda apuesta partidaria, además heredera del nacionalismo movimientista, desató las contradicciones inherentes de la política nacional para su propio infortunio. Esto se vio cuando, desde el interior del Gobierno, se gestaron también las condiciones para la continua transferencia de legitimidad que recibió la derecha para empoderar sus opciones.

Esta transferencia fue producto del vaciamiento simbólico y espiritual del propio proceso, que mermó seriamente las capacidades estratégicas de resistencia popular ante el golpe. Cuando se desplazó al sujeto plurinacional y, en su lugar, se apropió del poder de decisión estatal un sujeto sustitutivo que generó una ortodoxia centralista (que confió demasiado en la lógica instrumental y prebendas de la política tradicional), se creó el escenario preciso para la derechización del panorama urbano-social.

Se fueron abandonando los cambios estructurales necesarios y se fue optando peligrosamente por los pactos interesados con los grupos de poder. La propia complicidad policial y militar en el golpe se puede explicar, en parte, por la ausencia de una política de Estado descolonizadora y antiimperialista de ambos ámbitos estatales. 

¿Cómo se explica que surgieran algunos movimientos de corte fascista paramilitar en octubre pasado?

Es algo transversal en el propio horizonte de prejuicios de la clase media urbana, que por reiteración pedagógica y cultural absorbe y naturaliza la ideología señorial y, de ese modo, se constituye en base de reclutamiento derechista que aprovecha la oligarquía para reponer su influencia en la vida política y social. El fascismo se explica porque es un dispositivo ideológico pensado para ámbitos subalternizados que apuestan por el ascenso social a toda costa, como única opción de vida. Por ello se constituyen en los custodios de una clasificación social como exteriorización de una previa clasificación racial.

El orden racializado es la base de la desigualdad como principio rector de una sociedad autocomprendida como “moderna”. Por ello era necesario insistir en el contenido propositivo del “proceso de cambio” como “revolución democrático-cultural”. Ese contenido es el que se fue postergando, con la amarga consecuencia de la reposición señorialista en el imaginario social, que se activó mediáticamente para legitimar un golpe con cara “democrática”.

En 2005-2006 el MAS accedió al poder con un horizonte anticapitalista y un fuerte aporte de una mirada indígena, el Vivir Bien y el comunitarismo campesino como nueva forma de entender la producción, ¿cree que se abortó eso? Y ¿cómo se recupera ese horizonte, si es que aún existe?

Bolivia es la muestra fehaciente de la incompatibilidad entre un genuino proyecto nacional-popular y la imposición de apuestas “universalistas”. El componente de izquierda en el gobierno del MAS, asumiendo la dirección del proceso, nunca estuvo a la altura de una verdadera transformación en el propio horizonte propositivo que significaba el “vivir bien”, el “Estado plurinacional” y la “descolonización” como política de Estado. Ello es también producto de la ortodoxia marxista, que no es capaz, ni teórica ni existencialmente, de trascender el horizonte cultural y civilizatorio que ha hecho posible al capitalismo, es decir, la modernidad.

Por eso promueven, a nombre de socialismo, una economía del crecimiento, que es precisamente lo que define al capitalismo como economía suicida. Lo que debiera ponerse en cuestión, los mitos modernos, y subsumido bajo nuevos criterios económicos postcapitalistas, son asumidos como “banderas emancipatorias”; siendo más bien estas las que generan la reposición de las condiciones que hacen posible al propio capitalismo; estas banderas son los mitos que hacen posible al capitalismo y su continua reposición: el desarrollo y el progreso.      

¿Cómo se explica el derrumbe tan vertiginoso del Proceso de Cambio, entendiendo que se proyectaba como uno de los procesos de base más profundos y sólidos del continente?

La transferencia de legitimidad ya mencionada produjo que, mientras el gobierno abandonaba las banderas del cambio y reducía la política estatal a la simple mantención del poder político, dejaba libre el campo para que la derecha se viera ungida de legitimidad creciente; mientras el pueblo, simultáneamente, iba siendo vaciado del espíritu democrático y revolucionario. La dirección gubernamental nunca comprendió que ese abandono iba dejando huérfano al pueblo, sin horizonte político, y sin la unción democrática de su constitución como sujeto histórico (reducido a simple obediente, se lo excluía de toda decisión y, de ese modo, se reducía hasta su capacidad protagónica).

Mientras el Gobierno iba cediendo hasta discursivamente lo propositivo del proceso, la derecha acopiaba diligentemente esa legitimidad transferida, empoderando a la base de reclutamiento oligárquico, sumando sectores amplios de clase media, sobre todo; que fueron funcionalizados para brindarle al golpe la cara supuestamente democrática, apareciendo como los “extras” de la escenografía fílmica local de una “revolución de colores”.

El pueblo se vio no solo desorganizado, sino arrebatado del espíritu que había promovido el “proceso de cambio”; por ello la resistencia fue esporádica, espontánea e improvisada. El pueblo se vio huérfano del espíritu democrático y revolucionario que el propio Gobierno se encargó de ir diluyendo, una vez que el sujeto sustitutivo fue reduciendo todas las apuestas históricas al puro cálculo político y al culto a la personalidad.

Eso hizo que calara muy bien, en el racismo urbano, la narrativa derechista del “fraude”, la “corrupción”, la “tiranía”, la “eternización del poder”, entre otros, dando los mejores argumentos para configurar toda una plataforma política de supuesta “resistencia democrática”. De ese modo, la violencia fascista podía asumirse como legítima. Frente a ese panorama, el pueblo se encontraba desprovisto de respuesta democrática que le permitiera hacerle frente a la propaganda fascista que, mediáticamente, supo horadar muy bien hasta la propia confianza revolucionaria del campo popular, haciendo aparecer a la derecha como la democrática y al pueblo como antidemocrático.

La cosa estaba resuelta y el Gobierno pecó de ingenuo y de ceguera analítica, al no saber cómo eludir el callejón sin salida al cual iba siendo arrastrado. La supuesta y arrogante “infalibilidad” del llamado “círculo blancoide”, coadyuvó al desmoronamiento interno del propio gobierno, que fue decisivo para que la derecha, en connivencia con la negligencia de los aparatos coercitivos, supiera inflamar muy bien un ambiente beligerante cargado de terrorismo, discriminación y racismo, que se vendió al mundo como una “auténtica revolución”, siendo, nada más ni nada menos, que la versión autóctona de una “revolución de colores”. 



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