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jueves, 24 de agosto de 2023

LA SUPERCRISIS MUNDIAL LLEGARÁ A TIEMPO

 


Martes 22 de Agosto de 2023

 

Andrei Fursov

La aplicación de medidas antisociales fuera del núcleo del sistema capitalista ha permitido durante mucho tiempo a la dirección capitalista amortiguar los conflictos sociales en el propio núcleo y ralentizar y modificar la lucha de clases. Como dijo Cecil Rhodes a finales del siglo XIX, "o te vuelves imperialista o tienes una guerra civil". Y efectivamente, la fase imperialista del capitalismo fue un intento de evitar la guerra civil en la propia sociedad mediante la expansión exterior.

Pero la cuestión es que el imperialismo estaba limitado por el tamaño del planeta, y en el cambio del siglo XIX al XX, las zonas exteriores, a expensas de las cuales se podían suavizar los conflictos sociales en el núcleo, estaban agotadas, y para evitar la guerra civil se necesitaban guerras no coloniales sino imperialistas, es decir, entre las propias potencias imperialistas.

Entre otras cosas, esto coincidió con el desarrollo de la Segunda Revolución Industrial - 1870-1910. La Segunda Revolución Industrial significó la electricidad, el motor de combustión interna y, en la vida cotidiana, el teléfono, el telégrafo, el cine, el suministro de agua, los ascensores. Cabe señalar que la Segunda Revolución Industrial duró menos que la Primera. La primera revolución industrial fue la máquina de vapor, el ferrocarril, en el periodo 1750-1830. La línea descendente de la dinámica económica industrial del capitalismo se demuestra aún más vívidamente con la Tercera Revolución Industrial - 1970-2000. Se trata del ordenador, el teléfono móvil, Internet y los robots.

"La posmodernidad es el estado natural de la civilización occidental después de la modernidad, es decir, la era de la tormenta y el embate de una sociedad industrial de masas progresiva con un sistema comercial-industrial que ha destruido sucesivamente la organicidad de la jerarquía social de la Edad Media y ha creado progresivamente un hábitat global tecnotrónico artificial y el culto al individualismo.

Hace ya 60-70 años, algunos escritores de ficción estadounidenses dibujaban distopías en las que las cosas son casi desechables, porque es necesario asegurar la carga de la industria con altos niveles de empleo y consumo, y la gente es absolutamente tolerante entre sí, y por lo tanto en la sociedad no debe haber nadie que se eleve por encima de los demás con sus cualidades superiores, porque genera una envidia de masas malsana y malestar social" - az118.livejournal.com.

Comparada con los logros de las dos primeras revoluciones industriales, la Tercera Revolución Industrial parece muy pálida, y duró incluso menos que la segunda. Además, los dirigentes mundiales frenaron deliberadamente el desarrollo científico y tecnológico, que ya se desvanecía, limitándolo en su propio interés a una sola esfera, la de la información y la comunicación, es decir, las tecnologías digitales. Éstas pueden utilizarse para un fantástico lavado de cerebro y control de la población.

A finales del siglo XX, la introducción de la ciencia aplicada en la producción real, con la excepción de la esfera militar, quedó bloqueada casi por completo, y como resultado del control casi total del capital financiero, es decir, no productivo, sobre el capital industrial, por así decirlo. La mayoría de los últimos inventos de las últimas décadas han ido por el lado del ocio y el entretenimiento, no de la producción. Recuerde los últimos siglos del Imperio Romano, donde la situación era más o menos la misma. Y la tasa de crecimiento de la productividad y el crecimiento económico durante la Tercera Revolución Industrial es menor que durante la Segunda Revolución Industrial, pero es una tendencia. Y aquí llegamos a una conclusión paradójica.

La fase tecnoindustrial del desarrollo del capitalismo desde los años 60 es un camino ascendente que conduce hacia abajo, no hacia el progreso sino hacia la regresión. Además, la expansión del sistema patronal, así como del sistema esclavista, en su momento, apoyó el desarrollo de este sistema a costa de destruir el entorno exterior a él, es decir, el segundo principio de la termodinámica, al aumentar la entropía del entorno exterior. Y cuando el entorno externo se agotó, comenzó la entropía del propio sistema capitalista, la fase final y terminal a la que estamos asistiendo.

Un buen ejemplo de regresión industrial y económica a partir de cierto punto del desarrollo del capitalismo es el crecimiento medio de la productividad del trabajo desde la segunda revolución industrial. Veamos esta cifra. De 1891 a 1972, la tasa de crecimiento de la productividad del trabajo es del 2,33; del 72 al 96, del 1,38; del 96 al 2004, 8 años, de nuevo del 2%, debido al saqueo del antiguo campo socialista y a la reducción temporal del gasto occidental en guerra y a la distribución generalizada de productos chinos baratos. Pero terminó rápidamente. De 2004 a 2012 la tasa de crecimiento de la productividad laboral es del 1,33 y a partir de 2012 del 0,4-0,5%. Es lo que se llama: "Hola, asíntota". Estoy de acuerdo con los economistas que creen que no habrá más revoluciones industriales o científicas y tecnológicas. Pues bien, no podemos considerar que la cuarta revolución industrial de Schwab sea una revolución científica y tecnológica.

A finales del siglo XXI, si no se produce una catástrofe mundial, el mundo, sobre todo teniendo en cuenta la desindustrialización en curso, volverá completamente a la asíntota, al 0,2-0,4. El célebre economista Gordon, de la Northeastern University de Estados Unidos, ha demostrado muy bien con el ejemplo de Estados Unidos, por así decirlo, sólo con los dedos de las manos, cómo se producirá el retorno a las tasas de crecimiento del 0,4 e incluso del 0,2. Identificó 6 factores, cada uno de los cuales es capaz de garantizar el retorno a la asíntota. Identificó 6 factores, cada uno de los cuales reduce una parte del crecimiento económico.

El primer factor. La escasa demografía de la mano de obra, a pesar de que de 1965 a 1990 las mujeres entraron en el mercado laboral como otra reserva a explotar. Hoy esa reserva se ha agotado, los baby boomers, la generación que traicionó a Estados Unidos, como se la llama, están muriendo, jubilándose. De ahí el descenso de las horas trabajadas per cápita y la caída del 0,2 en el crecimiento económico. Réstelo del 1,8 actual y obtendrá un 1,6.

Debido a la baja tasa de natalidad, Estados Unidos espera una "gran recuperación" en el futuro, afirmó el multimillonario estadounidense Ilon Musk. Así comentó el empresario la publicación de Reuters de que las reservas del principal fondo fiduciario del sistema de seguridad social estadounidense se agotarán en 2033, un año antes de lo previsto en las previsiones del año pasado. "Se avecina un gran ajuste de cuentas debido a las bajas tasas de natalidad. Japón es un indicador adelantado", escribió Musk en su Twitter. En 2022 nacieron en Japón 799.700 personas. Es la primera vez desde 1899, cuando se empezaron a llevar estas estadísticas, que la tasa de natalidad cae por debajo de los 800.000 nacimientos.

El segundo factor es que, desde la década de 1990, EE UU no ha visto aumentar su nivel educativo y el país ha ido cayendo cada vez más en el porcentaje de personas con un título universitario. Gordon resta otro 0,2%, por lo que ahora tenemos 1,4.

Tercero. El rápido crecimiento de la desigualdad en Estados Unidos desde la década de 1980. Tercero. El rápido crecimiento de la desigualdad en EE.UU. desde la década de 1980. Después de la crisis de 2008, empezó a crecer a un ritmo monstruoso. Del 93 al 2008, el crecimiento medio de la renta real en EEUU fue del 1,3%, con un crecimiento del 99% del 0,75% y del 1% del 52%. Es decir, el 99% tiene menos del 1% y el 1% el 52%. Desde 2009, el 1% de la población estadounidense ha recibido el 93% de la renta nacional del llamado crecimiento de sustitución. Gordon resta otro 0,5% y ya se queda con el 0,9.

Cuarto. Las modernas tecnologías de la información y la globalización han tenido efectos tanto positivos como negativos en la economía estadounidense. Los centros de llamadas y otros servicios se han deslocalizado a otros países. Resta otro 0,2 y obtiene un 0,7.

Quinto. La agenda "verde" se convierte en una prioridad, a expensas de otras áreas de crecimiento económico, otro 0,2 menos. El resultado final es 0,5.

Por último, los déficits gemelos, por cuenta corriente y presupuestario, restan 0,3. Y obtenemos el 0,2% de la tasa de crecimiento de la productividad y del crecimiento económico en Inglaterra de 1300 a 1750.

A la luz de todo esto, Gordon predice una recesión mundial que durará para siempre. Sabemos que nada dura para siempre, pero la economía asintótica existe desde hace 10.000 años y el mundo moderno parece estar cayendo en ella. Esto no significa que la industria vaya a desaparecer por completo. Pero sí significa que la industria será muy limitada. La verdadera industria estará dirigida a la cima, mientras que el resto de nosotros tendremos un agujero para panecillos. O, como dice Schwab "elegantemente", entre comillas, en su libro, "a la mayor parte del mundo le espera la patagonización".

La Patagonia es una zona de Argentina donde viven pastores, gauchos y una economía de subsistencia. Quienes hayan leído Los hijos del capitán Grant, de Julio Verne, recordarán que los héroes también viajaron por la Patagonia. Esto muestra muy bien lo que es la Patagonia. Así que la Patagonia, según Schwab, es el destino de una parte más amplia del mundo, es decir, la vida en una economía preindustrial. Balatsky está básicamente de acuerdo con las conclusiones de Gordon. No sé si Balatsky está familiarizado con su trabajo, pero ambos piensan en la misma línea, por así decirlo.

Según Balacki, tras una breve pausa de 250 años, el mundo está volviendo a la trampa maltusiana. Yo diría que en el seno de la asíntota, pero da igual. Balacki cita estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que muestran que la tasa de crecimiento de la productividad laboral, una de las medidas más importantes del rendimiento económico, cayó del 2,3% al 1% en EE.UU. en 2006-17, y del 2,2% a medio punto porcentual en el Reino Unido. Que la tasa de crecimiento económico se está ralentizando y los cálculos de Gordon sugieren que estamos ante un 0,2-0,4% para 2030.

E incluso Tom Piketty escribió que "a principios del siglo XXI, el volumen de capital inmobiliario acumulado presenta todos los signos de un exceso de oferta". De ahí la caída de su rentabilidad. Según este indicador, como señaló Piketty, "el mundo se encuentra hoy al nivel de las dos guerras mundiales anteriores del siglo XX". De hecho, añadiría yo, estas guerras fueron el medio para elevar este indicador. Y lo elevaron, por así decirlo, hasta mediados de los años 60 del siglo XX.

¿Qué significa esto en términos de conclusiones sociales y políticas? Balatsky, estoy de acuerdo con él, predice el comienzo de una nueva ola de inhumanidad de las clases altas hacia las clases bajas. Pero el hecho es que ¡esta ola ya ha comenzado! A continuación analizaremos sus principales corrientes.

Fuente: http://geoestrategia.es/index.php/tribuna-libre/41315-2023-08-18-21-26-20

 

 

martes, 24 de noviembre de 2020

PEQUEÑA BURGUESÍA Y LUCHA DE CLASES: EL DILEMA DEL TRABAJADOR AUTÓNOMO

Enviado por Gavroche en Lun, 23/11/2020 - 14:24

Secretario de Acción Criminal - Fuente: Solidaridad Obrera

En las sociedades capitalistas actuales, al igual que ocurría en el siglo XIX, existe una división marcada entre dos grandes clases sociales. La primera, que generalmente se denomina burguesía o clase capitalista, es propietaria de los medios de producción. La segunda, la clase trabajadora, clase obrera o proletariado, únicamente posee su propia fuerza de trabajo y está obligada a venderla a la burguesía a cambio de un salario, lo cual da origen a la explotación. El antagonismo entre estos dos bloques, la disparidad de intereses existente, se concreta en la llamada lucha de clases. Aunque cuando se habla de clase trabajadora se piensa principalmente en los obreros manuales, trabajadores de la industria o de la construcción, podemos encontrar aquí también personas que trabajan como teleoperadoras, sanitarias, en la hostelería o cualquier otro sector laboral. La clase trabajadora, por lo tanto, no ha ido desapareciendo; simplemente se ha ido transformando. Desde sus inicios, en el período manufacturero (XVI-XVII), marcado por el carácter artesanal, pasando por los albores del período industrial (XIX), dominando ya la máquina, hasta las sociedades de finales del siglo XX y la actualidad, donde predomina el sector servicios, encontramos la misma clase social. Bien sea en el taller, la fábrica, la oficina, el call center o el hospital, la posición desempeñada por las dos clases sociales en el proceso productivo, y el tipo de relaciones productivas (técnicas y sociales) que se establecen en el mismo -siendo clave la propiedad de los medios de producción-, no cambian en lo esencial. En tanto trabajadoras y trabajadores asalariados nos vemos obligados a vender nuestra fuerza de trabajo a cambio de un salario [1]

El Instituto Nacional de Estadística nos indica que, en el tercer trimestre de 2020, dentro de la población ocupada, encontramos más de 16 millones de trabajadores asalariados (sin olvidar que la mayoría de los 3,7 millones de parados pertenecen a la misma clase social). En general, los trabajadores asalariados siempre representan entre un 80-90% de la población ocupada. Los empleadores (sobre todo, los grandes capitalistas) representan, en cambio, una parte irrisoria de la población. Encontramos, por otra parte, dentro de lo que se denominan trabajadores por cuenta propia, a 2 millones de trabajadores independientes o empresarios sin asalariados. [2] En nuestros estatutos establecemos que se puede afiliar a la organización toda persona trabajadora, incluyendo no solamente toda persona asalariada, sino también “autónoma sin personal asalariado o profesional liberal, en activo o en paro, es decir, toda aquella que no es ni patrona ni explotadora”. Aquí entrarían esos 2 millones de trabajadores por cuenta propia que hemos señalado. Eso sin contar, que entre los mismos encontramos falsos autónomos. Sea como sea, antes de proseguir, hay que dejar bien claro que la CNT es una organización creada para servir principalmente a los intereses de la clase trabajadora, es decir, a esos muchos millones de trabajadores asalariados. Nos preguntaremos aquí, no obstante, por el papel que pueden desempeñar los trabajadores autónomos en una organización como la nuestra. Aunque no suene bien los incluiremos dentro de la llamada pequeña burguesía.

El concepto de pequeña burguesía, que más que despectivo pretende ser aquí descriptivo (ilustrar una realidad concreta), comenzó a utilizarse para designar a pequeños productores independientes, tales como campesinos autónomos, artesanos o pequeños comerciantes. La progresiva desaparición de las relaciones de producción feudales, basadas en la servidumbre, dio paso a la aparición de campesinos relativamente autónomos, con reducidas parcelas de tierra para cultivar, que sufrirían sucesivos procesos de expropiación hasta prácticamente desaparecer. También los artesanos, provenientes de los gremios medievales (donde habían sido maestros), con sus pequeños talleres característicos del período manufacturero, desaparecerían con la progresiva industrialización o devendrían pequeños industriales, pero difícilmente pudieron mantener su posición en un mercado cada vez más dominado por grandes capitalistas y sus colosales fábricas repletas de máquinas a no ser, claro, de convertirse en éstos. La competencia siempre favorece la centralización de capitales y la concentración de la propiedad en unas pocas manos. La pequeña burguesía, de hecho, se considera una clase social “de transición”, que tiende en mayor medida a proletarizarse, es decir, a integrar las filas de la clase trabajadora, especialmente durante crisis económicas. Su posición en la estructura de clases es, por tanto, inestable. A pesar de ser propietarios de algunos pocos instrumentos de producción, o funcionar en pequeños negocios familiares, se suelen diferenciar de la clase capitalista en que desempeñan un papel activo en el proceso de producción, poniendo en marcha su fuerza de trabajo, y no dependiendo -al menos totalmente- de la explotación del trabajo asalariado. El bando por el que tomarán parte en la lucha de clases no es siempre claro, pudiendo desarrollar posiciones conservadoras o incluso reaccionarias.

Los trabajadores autónomos serían una de las fracciones que entraría dentro de esta clase social de transición conocida como pequeña burguesía. En organizaciones sindicales como CNT, de naturaleza clasista, aspiramos a agrupar a toda la clase trabajadora, aunque como ya hemos señalado permitimos que integren nuestras filas elementos de la pequeña burguesía. Esto puede resultar un alma de doble filo, como analizaremos a continuación. La pertenencia de trabajadores autónomos a una organización diseñada para trabajadores asalariados pone de manifiesto diversas contradicciones, en tanto puede existir un conflicto de intereses. Los trabajadores autónomos viven entre dos mundos, y ni tan siquiera la ideologización de aquellos que se consideran anarcosindicalistas o sindicalistas revolucionarios previene de nada. Tras una radicalidad aparente en el discurso podemos encontrar a veces análisis desvinculados de la realidad material, puramente idealistas, o que defienden intereses que son absolutamente ajenos -cuando no sencillamente contrapuestos- a los de la clase trabajadora. Pondré un ejemplo que puede considerarse paradigmático para ejemplificar, donde abundan precisamente los autónomos: el sector del taxi. En este sector han aflorado todas las contradicciones. Muchos de ellos se han unido a CNT por afinidad ideológica, y podemos constatar que han llevado a cabo una labor encomiable, sirviendo para atraer taxistas asalariados y movilizar a todo el sector. Disponen de su propio medio de producción, aunque generalmente están hipotecados por la licencias. Es decir, sus condiciones laborales pueden ser también muy precarias, echando horas y horas para llegar a final de mes, y pagar todas sus deudas.

Dentro del ramo del taxi se ha vivido alguna problemática digna de mencionar. La incursión en el sector de empresas del negocio de las VTC como Uber o Cabify ha servido para poner de manifiesto varias contradicciones que pasaremos a comentar. Algunos taxistas autónomos, bajo una retórica superficialmente revolucionaria, acusando a CNT prácticamente de aliarse contra el gran capital, criticaban que pudieran afiliarse trabajadores asalariados de este sector, o pudieran defenderse sus condiciones laborales, culpando a estos trabajadores de desplazarles, de precarizar el sector e incluso llegándoles a negar su condición de trabajadores. Todo esto en lugar de orientar sus ataques a la patronal que dirige estas empresas, que al fin y al cabo forma una misma clase junto a la del taxi. No nos engañemos, pues tras todos estos discursos solamente se encuentra la defensa de los intereses particulares del trabajador autónomo, ya que desde su posición estas empresas se ven como una amenaza, pero desde una óptica obrerista el asunto clave aquí son las condiciones laborales de los trabajadores asalariados independientemente del sector. Sea como sea, este conflicto se saldó dentro de CNT con que algún que otro trabajador autónomo del taxi abandonase la organización. Evidentemente, no todos, ya que hay quienes saben en el tipo de organización en la que se encuentran; tener consciencia de esto es clave. No podemos discriminar entre trabajadores asalariados de una empresa u otra. El verdadero enemigo en todo caso, insisto, son los empresarios de Uber, Cabify, del taxi y de entidades como el Institut Metropolità del Taxi (IMT), que protegen a los floteros que fueron apareciendo especialmente con la liberalización del sector. Es comprensible que la competencia desleal sea considerada un gran problema por la pequeña burguesía, pero es preciso que se entienda también que ciertos discursos -y por consiguiente, ciertas luchas- son díficilmente asumibles por una organización de clase como CNT.

Otra situación digna de mencionar en este sector es la conversión de trabajadores autónomos en empresarios con asalariados. No resulta extraño que un trabajador autónomo logre organizar su propia flota (que asume la forma jurídica de SL, la más común entre los pequeños empresarios), y reúna dos o tres asalariados. Incluso se ha dado el caso en antiguos afiliados a CNT. Confiamos en que, al menos, estos antiguos compañeros de organización mantendrán unas condiciones laborales dignas para sus trabajadores. En caso contrario, les avisamos de que nos pueden encontrar de frente. De cualquier forma, es evidente que ya no podían seguir siendo parte de la organización. Aquí ya no se trata de un pequeño conflicto de intereses, sino que han pasado a formar parte de la clase capitalista, cuyos intereses son contrapuestos a los nuestros. Esto que ocurre en el taxi también ocurre en muchos otros sectores, como por ejemplo el de la hostelería, es decir, antiguos compañeros que han abierto un bar y tienen personal trabajando para ellos. Decorar el local con carteles de la CNT de los años treinta o parafernalia revolucionaria varia no cambia esta realidad. También han pasado por nuestra organización personas “asalariadas”, que en realidad eran parte de un pequeño negocio familiar, que probablemente heredarían, por mucho que exaltaran la condición de asalariada. No hemos de olvidar tampoco, como ya se ha señalado, el fenómeno de la proletarización de la pequeña burguesía, ya que es común que muchos pequeños negocios vayan a la quiebra, y sus integrantes pasen a nutrir las filas de la clase trabajadora. Nunca sabemos el rumbo que tomarán los individuos particulares de esta clase “de transición”, y por esto debemos mantener siempre nuestras reservas, y extremar las precauciones. Hemos de tener en cuenta en nuestro análisis la posición que cada individuo y cada clase ocupa en la estructura económica propia del capitalismo.

Para finalizar es interesante destacar que muchos de los conflictos que se han vivido en CNT han tenido precisamente como protagonistas a elementos de la pequeña burguesía (y también del lumpen, pero esto daría para otro artículo), personas en todo caso no asalariadas, sea trabajadores autónomos, integrantes de pequeños negocios familiares o incluso socios de cooperativas. Al final son los que menos tienden a centrarse en cuestiones sindicales ya que no tienen un patrón contra el que llevar a cabo una lucha. Son tendentes, muy al contrario, a poner sobre la palestra debates que muchas veces deberían sernos ajenos, no ya sobre temas culturales, sino también sobre cuestiones políticas o ideológicas en las que nos deberíamos entrar (llegando a formar claros grupos de presión), metiéndonos en debates sobre todo tipo de marcianadas, o incluso atacando a la organización por no seguir una determinada línea. Claro está que las trabajadoras y trabajadores asalariados, especialmente cuando sus secciones sindicales están en conflicto abierto contra la patronal, no tienen tiempo que perder en estas cuestiones. Pero independientemente de quien protagonice estos conflictos, incluso si se trata de asalariados, hay que señalar bien claro donde está la puerta y que no se toleran dinámicas destructivas. Por si no quedaba claro se dirá aún más. El peso de esta organización lo debe llevar la clase trabajadora, naturalmente, y nunca debemos desviarnos en base a intereses ajenos. La CNT es una casa donde cabe casi todo el mundo, pero tiene unas normas que debemos encargarnos de dejar claras. Esperemos que este artículo sirva de reflexión.

 

CITAS

[1] Utilizaremos aquí el término clase trabajadora con preferencia al de proletariado (en referencia al latín proles, es decir, prole o descendencia), que suena claramente desfasado, y más teniendo en cuenta la baja tasa de natalidad de la población española. También lo utilizaremos con preferencia al término clase obrera, en tanto lo de “obrera” suele dar lugar a confusiones que reducen esta clase a su fracción productivista o industrial.

[2] Encuesta de población activa. EPA. Tercer trimestre 2020: https://www.ine.es/daco/daco42/daco4211/epa0320.pdf. Los ocupados, que son alrededor de 19 millones, junto a los parados, que son 3,7 millones, forman parte de la población activa. La tasa de paro es del 16,26%. Por otra parte, dentro de los más de 47 millones de españoles tenemos también una población inactiva en torno a 16 millones de personas, entre los cuales se encuentran jubilados, amas de casa (el trabajo reproductivo o doméstico sigue sin reconocerse como ocupación), estudiantes o personas incapacitadas. La tasa de actividad es, pues, del 57,83%.

Fuente: http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/44972

 


jueves, 23 de enero de 2020

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y LA ROBÓTICA: DESAFÍOS ESTRATÉGICOS GLOBALES 4.0.




Opinión
23/01/2020 

Parece que el término Inteligencia Artificial se ha instalado en nuestra mente y de hecho forma parte de nuestro vocabulario cotidiano desde hace un par de años, pero lo cierto es que fue en 1956 cuando un profesor universitario, John McCarthy, lo acuñó en una conferencia académica. Aunque las Leyes de Turin y de Asimov son de 1950, habría que esperar 6 años para acuñar este término y referirse a ese conjunto de tecnologías con las que se pretende que las máquinas sean inteligentes.

La Robótica también ya es término muy asiduo y cotidiano en nuestros días, hace no más de un par de años atrás, parecía ser de ciencia ficción, algo que quedaba muy lejos, pero nada más real, a punto tal que vino para quedarse para siempre en nuestro entorno. Robótica es un concepto que etimológicamente viene del idioma checo, es la unión de dos términos: robota que es como se lo define al trabajo forzado, y robota, sinónimo de servidumbre; esta palabra se empezó a usar por primera vez o hacerse referencia, allá por el año 1920.

Actualmente la Robótica es definida como la ciencia y la técnica que está involucrada en el diseño, fabricación y utilización de robots, así mismo, el robot es, por otra parte, una máquina que puede programarse para que interactúe con objetos y lograr que imite, en cierta forma, el comportamiento humano o animal.

Desde entonces, y volviendo a la Inteligencia Artificial, han pasado más de 6 décadas, y los avances han sido llamativos: ordenadores capaces de ganar a campeones de ajedrez, máquinas que aprenden solas, coches que se conducen solos, entre otras…

Pero, ¿qué será capaz de hacer realmente la Inteligencia Artificial dentro de 10 años? ¿Seguiremos llamando Inteligencia Artificial a la Inteligencia Artificial? ¿Qué hay de realidad y qué de ciencia ficción o esperanza en lo que se dice sobre estas tecnologías?

Si hacer predicciones a futuro es difícil, hacerlo sobre una tecnología como la Inteligencia Artificial se antoja complicada incluso para los propios expertos que trabajan en su desarrollo y análisis cotidiano, galopando a un ritmo vertiginoso que va marcando esta nueva era.

En la actualidad existe a nivel global una mitad de expertos que dicen que la robotización va a destruir empleo de una manera inexorable; uno de los emblemas de estos denominados tecno-pesimistas es Marin Ford, autor del libro El ascenso de los robots: la tecnología y la amenaza del desempleo masivo, un ex-emprendedor de Silicon Valley que está convencido de que las máquinas inteligentes eliminarán muchos más empleos en el futuro. Este experto en la materia esboza que no es un enemigo de la tecnología, pero que debemos tener respuestas económicas y políticas para la ola de desempleo tecnológico que se viene.

Martin Ford es uno de los voceros de un ingreso básico universal para los ciudadanos de todos los países, para que puedan hacer frente a la disrupción tecnológica.

Sin dudas en el pasado, la automatización era un fenómeno que solía estar concentrado en una industria a la vez; eso permitía a los trabajadores que eran desplazados por la tecnología en una industria moverse hacia una nueva industria emergente. Pero en la actualidad todo es diferente –manifiesta Ford- y esto se debe a que la IA puede utilizarse en todas las industrias y hace que la automatización se pueda dar simultáneamente en muchas industrias.

A medida que los algoritmos sean cada vez más inteligentes, el proceso se va acelerar, agrega Martin Ford, quien también expresa su preocupación de que si se trabaja menos horas y se gana un sueldo menor ¿cómo se haría para sobrevivir?, entre los grandes interrogantes que exponen este grupo de expertos respecto al avance tecnológico.

Del otro lado de los expertos de las academias, se encuentran quienes miran con optimismo todo lo que ocurre en la Cuarta Revolución Industrial del siglo XXI que está generando sin dudas cambios estructurales en el empleo así como también en otras actividades. Si bien no desconocen que la IA y la automatización ocasionan un aumento de la productividad, incentivan la relocalización y emergen interrogantes sobre su impacto en el empleo y la equidad social, entre otras. un estudio realizado por la Universidad de Oxford, pronostica que el 47% de los empleos corren riesgo de ser reemplazados por robots y computadores con Inteligencia Artificial, durante los próximos 15 o 20 años.

Si bien este fenómeno no es nuevo, también es verdad que nunca antes se había dado aceleradamente (y esto es a raíz de lo que caracteriza a esta nueva era: la Digitalización y la Velocidad). La destrucción de puestos de trabajo a manos de la tecnología siempre ha existido, y esto data desde la revolución industrial a fines del siglo XVIII, pero hasta ese momento los seres humanos siempre habíamos logrado crear muchas más fuentes de trabajo que las que se habían aniquilado con la tecnología.

Los ejemplos son múltiples en la actualidad de procesos de destrucción creativa de la tecnología que está logrando crear nuevas empresas, pero siempre a costa de terminar con otras que empleaban muchas más personas, una de las que más resaltaron en el mundo fue Kodak a manos de Instagram, o también de Blockbuster a manos de Netflix, y esto ocurre en gran parte porque las empresas como las antes enunciadas no han sabido innovar a tiempo, como una de las grandes causales.

Como lo expresé ut-supra, Frey y también Osborne fueron los primeros que alertaron sobre los riesgos de la Inteligencia Artificial y la Robótica a raíz de sus efectos disruptivos, y esto se daba, a diferencia del pasado, de manera exponencial, es decir cada vez más acelerada.

También es dable destacar que ya en 2003, economistas como Maartin Goos y Alan Manning, advertían que ese avance exponencial de la tecnología estaba empezando a crear una polarización laboral en la que solo sobrevivirán los trabajadores con mayor y mejor educación.

Ahora bien, volviendo a la temática en cuestión en lo que atañe a la realidad y a nuestra región (Latinoamérica) es un imperativo saber cómo enfrentar estas cuestiones, sobre las cuáles se debe dar respuestas acabadas y precisas en el menor tiempo posible, con el objeto de poner andar políticas públicas acordes a la nueva era tecnológica.

Son varias las voces que tratan estos temas trascendentales, dando una impresión de que la discusión del tema tecnológico se haya planchado, debido a la masividad; pero nada más distante que ello, el debate se debe dar de cara a la sociedad y con todos los actores que forman ésta.

La IA y la Robótica ya no pertenecen a un futuro lejano sino que se están convirtiendo en realidad con rapidez. Si bien lo observamos con cotidianeidad en el sector manufacturero, también se están comenzado a ver sus ventajas en otros ámbitos importantes de la vida humana.

El Dr. Gustavo Beliz fue uno de los pioneros en tratar estas cuestiones tecnológicas en la región y principalmente en nuestro país, un profesional que abrió el debate en torno a las nuevas tecnologías. Entre sus tantas ponencias, hace poco tiempo atrás, en la Pontificia Academia Vaticana lanzó una advertencia sobre los riesgos que emanan de la Inteligencia Artificial y la Robótica, expresando que todos, en especial dirigiéndose a los latinoamericanos, debemos ser conscientes de que existe un calentamiento global tecnológico sobre nosotros. Y agregó también que los avances tecnológicos co-existen con el hambre en nuestra región y una muestra acabada de ello es el ejemplo de que la mitad de los latinoamericanos tiene un Smartphone y de ese 50%, el 31% no le alcanza sus ingresos para vivir y un 16% de ese tercio pasa hambre, esto nos habla de “pobreza analógica y riqueza digital”.

A su vez, Beliz también resalta el abuso de la tecnología; puesto que esto provocaría inexorablemente un problema de salud pública, es por eso que reafirma que el abuso del celular sin dudas puede derivar en una enfermedad social. Y también señaló que la adicción tecnológica y las fake news representan en la actualidad problemas de salud pública, debido a que afectan la cohesión social, la calidad democrática y la productividad laboral. Otro ejemplo al que hace alusión es que Latinoamérica tiene los niveles más bajos de adhesión al sistema democrático, con una gran demanda de equidad, y además la región posee la inter-confianza interpersonal más baja del mundo con el 14%, y esto genera el famoso Panic Atakk en los latinoamericanos respecto a los cambios tecnológicos, que sin dudas, repetimos, hay que revertir con políticas publicas acordes a estos nuevos tiempos, quizás tratando de comprender y estudiando lo que este experto cree que es posible como ya ocurrió una vez en el mundo.

Para Beliz es hora de crear un Nuevo Contrato Social Tecnológico, que tenga como eje 3 elementos indispensables: La geopolítica de los robots, la tecno-gobernanza y la cognificación, pues al día de hoy existe un nivel muy alto de desconfianza entre los latinoamericanos respecto a estos cambios exponenciales, un ejemplo de ello es que 4 de cada 5 latinoamericanos creen como una creciente amenaza a las nuevas tecnologías.

Además es dable advertir y tener plenamente en cuenta que el Smartphone es una herramienta de conexión y trabajo, pero a su vez también es un arma de destrucción masiva y de obesidad tecnológica. Por último es necesario redefinir el contrato de propiedad en un mundo digital que incluya nuestros datos y la necesidad de que los algoritmos sean un derecho universal; siguiendo en estas líneas, según la Doctrina Social de la Iglesia, esa propiedad debe tener una función social, en otras palabras es darle “un alma a la tecnología”.

Sin dudas es hora de reinventar el trabajo, a través de nuevas formas de trabajo que se focalicen principalmente en habilidades blandas como ser: la Empatía, el trabajo en equipo y la inteligencia emocional; también es posible reinventar el trabajo con nuevas habilidades del sector civil, para no tener zombis tecnocráticos, sino servidores tecno-saphiens.

También reclamo un no a la manipulación y esclavitud digital, como lo expresa y se suma a ese pedido desde la Santa Sede, con una mirada ecuménica, el Papa Francisco en su encíclica “Laudato Si” en donde expresa el cuidado de la casa común. También en la Exhortación Apostólica Postsinodal “Christus Vivit” hace un llamado especialmente a los jóvenes para abordar el ambiente digital, celebrando sus avances a favor de la humanidad, pero a la vez resaltando sus defectos y más aún las consecuencias nefastas que aún son una materia pendiente.

Por último, es preciso tener presente, ante varios interrogantes que aún nos restan dilucidar y muchos más los que aun vendrán, que en el mundo contemporáneo se vive una cultura ampliamente digitalizada, afectando de manera muy profunda la noción del tiempo y del espacio, la percepción de uno mismo y de los demás con respecto al mundo o al entorno en que convivimos, el modo de aprender, de comunicar, de informarse y de relacionarse con los demás.

Una manera de acercarse a la realidad que suele privilegiar la imagen, en vez de la escucha y la lectura, y esto incide en el modo de aprender y en el desarrollo del sentido crítico.

Si el conocimiento puede crear problemas, no es a través de la ignorancia el camino para resolverlos, sino que será a través de la creatividad.

No hay tiempo que perder. La velocidad del cambio es de tal magnitud que profesiones y oficios útiles de repente parecen pre-históricos. Nuestro deber es estar preparados y crear las condiciones para conducir el cambio tecnológico hacia estados más inteligentes y economías más sólidas e inclusivas que creen trabajos sustentables. Porque con cada empleo que se pierde, una persona queda herida en su dignidad, y ninguna tarea cobra más sentido que remediarlo.

El momento es ahora, capital humano sobra, la Cuarta Revolución Industrial no espera, es una coproducción de todos, entender y comprender el tiempo en que vivimos, pero el éxito, repito, estará y será tal cuando le demos realmente a todo esto “un alma a la tecnología”.

Fuentes consultadas

ROBOTLUCION. El futuro del trabajo en la integración 4.0 – Autor: Dr. Gustavo Beliz. Editorial: Planeta. (2017).

EL AUGE DE LOS ROBOTS. – Autor: Martin Ford. Editorial: Paidós. (2016)

SALVESE QUIEN PUEDA. – Autor: Andrés Oppenheimer. Editorial: Debate. (2018).

LAUDATO SI. – Autor: Papa Francisco. Ediciones: Paulinas (2015).

CHRISTUS VIVIT. – Autor: Papa Francisco. Ediciones: Paulinas (2019).




Dr. Mario Ramón Duarte
Abogado (UCASAL)
Juez Administrativo de Faltas Sauce (Ctes.)
Especialista Derecho Faltas y Contravencional (UCSF)
Investigador y consultor seguridad
Miembro Dossier Geopolítico (CBA. ARG)
Colaborador CENEGRI (RJ. BRA.)
ESP. Ciberseguridad y ciberdefensa

https://www.alainet.org/es/articulo/204354