domingo 28 de junio de 2026, 22:00h
Carlos X. Blanco
Es sabido que el Marx genuino es
un pensador que deriva directamente del idealismo. Hay muchas razones
historiográficas y hermenéuticas para situar al filósofo revolucionario dentro
de la serie de los pensadores de la praxis. No es el Marx que ha fundado el
materialismo histórico y dialéctico, sino el genuino filósofo idealista y digno
sucesor de Hegel. No es el creador de una nueva forma de realismo que cifra
toda la ontología en un fisicismo a partir del cual se hacen juegos de
malabares, de esos que acaban refiriéndose al conocimiento humano, al trabajo
del pensar, en términos de “producciones del cerebro”. Ese Marx no es el
auténtico. La lucha marxiana en contra del naturalismo ilustrado, en contra de planteamientos
antropológicos planos, como los de Feuerbach y los socialistas utópicos, es de
sobra conocida. La antropología “tridimensional” de Marx, por el contrario,
salida de los talleres conceptuales de Hegel, es un fruto muy sabroso y
complejo. Arranca, aun antes de la dialéctica hegeliana, del propio Kant. Con
Karl Marx se completa todo un arco de medio punto idealista, que arranca en
Kant, y pasa por el punto más alto en Hegel.
En nuestros días y en nuestros
lares, hay un empeño estéril en resucitar el materialismo plano, originado en
los días ilustrados. Es el empeño de los Churchland, los Bunge, los Gustavo
Bueno…Un mundo plano que consta, como diría éste último, de “géneros de
materialidad” diversos y superpuestos, pero dotado tod él materialidad
reconstruida por analogía con la materialidad fisicista: ese mundo es, a fin de
cuentas, el mundo de una ontología plana. Pues frente a la genérica
“materialidad” siempre se debe alzar un Ego que reúne, sintetiza, superpone,
etc. los distintos géneros supuestamente irreductibles.[i]
En cambio, en Marx hay una
filosofía de la praxis. Desde el principio, en su ontología hay acción (remite
la acción a un Sujeto) y cualquier género de materialidad es incomprensible sin
dicha acción. A la manera de un espacio tridimensional, por ejemplo la
habitación de una casa, el Sujeto “construye” en cada instante dicho volumen
como marco de posibilidades de acción, unas realizadas y otras susceptibles de
serlo, avanzando y retrocediendo, yendo de aquí para allá, subiéndose a una
silla o tumbándose en el suelo. Así opera el Sujeto en su propia habitación: la
“construye” habitándola, afincando en ella y desplazándose dentro de sus
confines. No es un mero “reflejo” de una materia que se alza ante él, sino que
es la realidad misma en proceso de constitución. Ese es el Sujeto gnoseológico
de Marx, y, por ende, ese el Sujeto de la Historia.
Ya para Kant el conocimiento era
un “mero hacer” (bloßes Thun) [Antropologie, VII, 140]. El verdadero padre del
idealismo contemporáneo, Kant, entendió el conocimiento en términos de acción.
Esto supuso un giro radical con respecto a la tradición griega y medieval
(Moya, p.171). Para el filósofo de Königsberg, la experiencia debe der hecha,
no dada. Hay una especie de “gramática del pensamiento” (las categorías)[ii],
con la cual la mente humana todavía no conoce, simplemente se dispone a
conocer. El conocer supone una sucesión de actos, en ellos, en la actividad,
está el conocimiento. Como dice el profesor Moya:
“Las categorías de sujeto y
objeto poseen un significado derivado, pues el lugar principal lo ocupa la
categoría de actividad” (Moya, p. 229).
Las bases para la tan discutida
tesis undécima sobre Feuerbach, estaban plenamente asentadas ya en Kant.
Recordemos a Marx:
[XI] “Los filósofos no han hecho
más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de
transformarlo.”[iii]
Queda claro que un Marx “no
contemplativo”, que nadie puede aceptar en serio, no puede contraponer
“interpretación” y “acción”. En la acción, el Sujeto ya está envuelto en el
Objeto y viceversa. Todo conocimiento es también producción, producción
simbólica. No cabe hablar de un conocimiento que no sea, en algún aspecto y
bajo algún criterio, utilitario y práctico.
Como dice el profesor Faerna, los
filósofos pragmatistas americanos, también partieron de Kant. Lo que hicieron
fue generalizar el uso regulativo de la Razón. Se trata de un uso siempre
práctico:
“A los pragmatistas, la idea de
que la razón puede erigirse en instancia regulativa que dota de sentido en
relación con la acción la multiplicidad y heterogeneidad de una experiencia
puramente constatativa, infundiendo en ella una continuidad y dirección que no
posee por sí misma, sino solo en la medida en que es la experiencia de un
sujeto que aúna su condición de agente con la de puro espectador, no podría
resultar más atractiva, pero, al mismo tiempo, la propia separación entre usos
teóricos y prácticos de la razón, así como entre “fenómeno” y “noúmeno”, les
era ajena. Ellos optaron más bien por extender la función regulativa a todo el
conjunto de la actividad conceptualizadora, al entender que todos los usos de
la razón confluyen en la dirección de la práctica” (Faerna, p. 90).
Varios años antes que el
pragmatismo americano, la Filosofía de la praxis implícita en Marx realiza dos
operaciones fundamentales: a) rompe con los restos de dualismo metafísico, lo
cual no podría dejar de hacer Marx, como hegeliano que era, y b) generaliza el
concepto de “uso regulativo”. En este punto, si el lector me lo permite, cabe
gritar un eslogan: Si todo es metafísica, la ontología consiste en hacer. La
propia actividad del hombre, su hacer o realización (palabra que significa,
“hacer real” la cosa), nunca es una actividad pura. Es volver a un pensamiento
prekantiano pretender, como hacen hoy tantos filósofos analíticos, los
materialistas cientifistas (a lo Bunge, a lo Bueno), etc., distinguir entre
ciencia (pura) y metafísica (no ciencia, ideología…). No hay pureza que valga.
La confrontación de los hombres con las cosas está mediada por la confrontación
de los hombres con los hombres. En ese despliegue de operaciones de los
sujetos, la propia realidad se va conformando. La realidad incluye sistemas de
sujetos, no siempre armonizados ni racionalmente coordinados, que luchan por
regularla. No podemos deslindar ciencia y metafísica. “Somos” metafísica y la
vivimos con nuestros actos.
La experiencia es
“interpretación”. Y la interpretación consiste en cambiar el mundo. El propio
idealismo que parte de Berkeley y de Kant ya había superado la confrontación
“plana” entre representación y mundo. Escribe Faerna:
“…la experiencia es esencialmente
interpretación; no un fuente que se da (datum) al sujeto, sino un proceso en el
que ésta toma unas ideas como signo de otras, o ajusta las intuiciones a formas
y categorías propias. Esta alteración tiene consecuencias profundas. En
términos generales, debilita la concepción de la experiencia como fundamento
retrospectivo de la cognición. Ni Kant ni Berkeley creían ya que el
conocimiento se pudiera analizar a partir de una simple relación causal entre
el objeto real y su representación en la mente […]” (Faerna, p. 92).
Ni qué decir tiene que la
metáfora del espejo, y la gnoseología realista simple según la cual el objeto
es la causa de la representación en el sujeto, no tenían cabida ya en Marx.
Estas recaídas son prekantianas. El propio idealismo avanzó hacia el papel que
“el futuro” juega en las acciones y representaciones del sujeto. La experiencia
del hombre es, intrínsecamente, proyectiva, “futurocéntrica”, basada en
representaciones anticipadas de los consecuentes. No es un mero resultado de
los antecedentes. Además de lo dicho, cabe afirmar que en los tiempos de Marx
ya se habían acumulado ciertos saberes positivos en química, biología
(fisiología y teoría de la Evolución), etc., que permitieron al filósofo
albergar una imagen del Sujeto orgánico mucho más esclarecida. Un sujeto que
pugna por su adaptación, entendido funcionalmente y no sólo estructuralmente
(idea de función muy presente en el propio Kant), etc.
Karl Marx es mucho más que un
“materialista”. A fin de cuentas, esta palabra poseía en él, las más de las veces,
un simple sentido polémico, no un sentido de militancia filosófica bien
definida, tema del cual los gustavobuenistas del llamado “materialismo
asturiano” no se quieren descolgar. Materialista en Marx era un sinónimo de
“científico” frente al idealismo de la burguesía y al utopismo estéril de
muchos socialistas y reformadores de su época. Si Marx se sentía materialista,
en realidad quería decir a su público: “soy científico o pretendo serlo”. En el
gran filósofo que fue Marx, hay planos de cientificidad, momentos categoriales,
sin duda (su Economía, sus esbozos de Sociología y Ciencia Histórica, incluso
una Ecología in nuce). Pero más importante e imperecedero en su obra, sin
rechazar estos momentos categoriales y positivos, es su ontología. Una ontología
de la praxis.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
Blanco, C.X., Ensayos
antimaterialistas, Letras Inquietas, La Rioja, 2021
Faerna, A.M., Introducción a la
teoría pragmatista del conocimiento. Siglo XXI, Madrid, 1996.
Moya, C. ¿Naturalizar a Kant?
Criticismo y Modularidad de la Mente. Biblioteca Nueva, Madrid, 2003.
[i] Remito al lector a mi libro
Ensayos antimaterialistas, Letras Inquietas, La Rioja, 2021.
[ii] “Las categorías conforman,
en todo caso lo que podemos llamar la gramática del pensamiento. Kant ha hablado,
de hecho, de la Grammatica universalis. También de gramática trascendental”
(Moya, p. 188)
[iii] 1910 [Quinta edición,
gótica, por el mismo editor de Engels en 1888, que ignora también los
subrayados del manuscrito]
Die Philosophen haben die Welt nur
verschieden interpretiert, es kommt aber darauf an, sie zu verändern.
1978 [Karl Marx u. Friedrich
Engels, «Thesen über Feuerbach», Werke, Bd. 3, Berlin 1978, pp. 5-7.]
Die Philosophen haben die Welt
nur verschieden interpretiert, es kömmt drauf an, sie zu verändern.
Ver: https://www.filosofia.org/lec/marfeu11.htm
Como se puede apreciar, la
diferencia en las distintas versiones reside en la segunda parte de la frase, a
partir de la coma: “hay que cambiarlo”, “el punto” o “la cuestión está en
cambiarlo”…
Fuente: https://geoestrategia.eu/noticia/46417/opinion/karl-marx-filosofo-de-la-praxis.html