Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Savio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Savio. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de junio de 2018

TRUMP ESTÁ AQUÍ PARA QUEDARSE Y CAMBIAR EL MUNDO



20/06/2018

Roma, junio – Donald John Trump, 45º y actual presidente de Estados Unidos, ha sido considerado en muchos círculos ilustres como una anomalía que no puede durar. Pero es hora de mirar la realidad. Visto a través del lente de quienes sufrieron mermas en sus ingresos y temen el futuro, Trump está aquí para quedarse y es un resultado, no una causa.

En sus dos años de gobierno, Trump no perdió ninguna de sus batallas. Ha cambiado el discurso político en todo el mundo, ha establecido nuevos estándares de la ética en la política, ha dado un nuevo significado a la democracia y su base electoral no ha disminuido en absoluto. Sus críticos son los medios de comunicación (que una gran mayoría de los estadounidenses ve con desagrado), la élite (que es odiada) y los profesionales (que se considera se benefician a expensas del segmento inferior de la clase media). En la actualidad, es marcada la brecha que existe con el mundo rural, con las zonas desindustrializadas de Estados Unidos, con los mineros con sus minas cerradas, etc. Además, los estadounidenses blancos se sienten cada vez más amenazados por los inmigrantes, las minorías, las corporaciones y las industrias, que han venido usando a los gobiernos en su beneficio. En cada elección, su número se reduce un 2 %. No olvidemos que Trump fue elegido por el voto de la mayoría de las mujeres blancas, en un país que es la piedra angular del feminismo.

Reconozco que esto podría generar algunas reacciones airadas. En Estados Unidos se encuentran las mejores universidades del mundo, los investigadores más brillantes, como lo demuestra el número de premios Nobel obtenidos, muy buenas orquestas, bibliotecas, museos, una sociedad civil vibrante, etc. Pero la triste realidad es que esas élites ya no son más que el 20 % de la población, en el mejor de los casos. Y en cuanto a los asuntos internacionales, sin dudas está por debajo del 10 %. Las noticias televisivas son la única fuente de información sobre asuntos internacionales en casi el 80 % de los casos. Los periódicos generalmente son solo locales, a excepción de unos pocos (WSJ, NYT, WP, LAT, en total menos de diez), y su número de lectores equivale al 35 % de la población. Solo hay que viajar al interior de Estados Unidos para descubrir dos hechos sorprendentes: es muy raro encontrar a alguien que sepa algo de geografía e historia y todos están convencidos de que Estados Unidos ha estado ayudando a todo el mundo y que nadie lo agradece. Una investigación del NYT determinó que los estadounidenses están convencidos de que su país ha gastado al menos el 15 % de su presupuesto en asistencia y filantropía. En realidad, en las últimas décadas, este monto no ha superado el 0,75 %. Por otro lado, cuenta con numerosos institutos de estudios internacionales del más alto nivel, brillantes analistas y un gran número de ONGs internacionales, pero solo el 34 % de los miembros del Senado y el 38 % de los representantes tienen pasaporte.

El país está dividido en dos mundos. Algo similar ocurre en todos los países. Por supuesto, en África o en Asia, esta división entre la élite y la población de clase baja es aún más extrema. Pero Estados Unidos es un país próspero, donde durante más de dos siglos se realizaron esfuerzos por la educación y la integración, en un país que también fue llamado “el crisol” y donde la gente está convencida de que son la mejor democracia del mundo, si no la única.

Por lo tanto, Trump tiene un electorado fácil y cautivo compuesto por firmes creyentes. Y no podremos entender por qué es así a menos que repasemos la historia de la política estadounidense, que de hecho es paralela a la historia política de Europa. Entonces, lo siento, pero tendremos que entrar en un largo análisis, y esto es algo que falta en los medios actuales.

Debemos dividir la política estadounidense, de un modo aproximado, en tres ciclos históricos. En el primero (1945-1981), desde el final de la segunda guerra, la clase política estaba convencida de que la prioridad era evitar una nueva guerra mundial. Para ello, se debían construir instituciones para la paz y la cooperación y las personas debían conformarse con su estado y su destino. A nivel internacional, existía el multilateralismo como una forma de negociar con participación y consenso y la cooperación internacional como un modo de ayudar a los países pobres a desarrollarse y reducir las desigualdades. Internamente, esto se hizo dando prioridad al trabajo sobre el capital. Surgieron sindicatos fuertes y, en 1979, los ingresos del trabajo representaban el 70 % del ingreso total. La misma tendencia fue la visión en Europa, que tuvo una historia política paralela.

El segundo ciclo va de 1981 hasta 2009, la presidencia de Obama. Reagan, en nombre del mundo corporativo, comenzó la ola neoliberal. Empezó por cerrar el sindicato de los controladores de tráfico aéreo y siguió con el desmantelamiento de gran parte de la red social y de bienestar construida en las cuatro décadas previas, eliminando regulaciones, permitiendo la libre circulación de capitales, creando el libre comercio irrestricto, etc.

Eso condujo a la deslocalización de las fábricas, la declinación de los sindicatos y su capacidad de negociación y una reducción muy dolorosa de la participación de la fuerza laboral en la riqueza. Pasó del 70 % en 1979 al 63 % en 2014 y desde entonces sigue bajando. Las desigualdades sin precedentes se han tornado normales y son aceptadas. Hoy, en Live Nation Entertainment, una empresa de venta de boletos, un empleado que gana el salario promedio de 24.000 dólares anuales, necesitaría 2.893 años para ganar los 70,6 millones de dólares que el año pasado ganó su director ejecutivo, Michael Rapino.

Reagan tenía su contraparte en Europa, Margaret Thatcher, quien desarmó sindicatos, ridiculizó el concepto de comunidad y bienes y objetivos comunes (no hay sociedad, solo hay individuos), seguida parcialmente por Gerard Schroeder en Alemania. La globalización era la nueva e indiscutible visión política, lejos de las rígidas ideologías que crearon el comunismo y el fascismo y que fueron responsables de la Segunda Guerra Mundial. El mercado beneficiaría a todos, resolvería todos los problemas. Los gobiernos debían mantenerse alejados y permitir que el mercado hiciera todo el trabajo.

A Reagan le siguió Bush padre, George H. W. Bush, quien de alguna manera moderó las políticas de Reagan. Si bien él inició la guerra con Iraq, no invadió todo el país. Y le sucedió un presidente demócrata, Bill Clinton, que no cuestionó toda la globalización neoliberal, sino que intentó manejarla, demostrando que la izquierda (en términos estadounidenses) podía ser incluso más eficiente que la derecha. Para dar solo un ejemplo, fue Clinton quien completó la desregulación del sistema bancario, derogando la Ley Glass-Steagall, que establecía una separación entre los bancos comerciales y los bancos de inversión. Esto hizo que miles de millones de dólares pasaran del ahorro a las inversiones, o la especulación. Como resultado, los bancos actualmente consideran que la actividad de los clientes es menos lucrativa que las inversiones y las finanzas se han convertido en un sector totalmente separado de la producción de bienes y servicios. En un día, hay 40 veces más transacciones financieras que productos de la industria y los servicios y las finanzas son el único sector de la actividad humana que no tiene ningún órgano de control internacional. Los mercados son más importantes, en muchos casos, que el voto de los ciudadanos, por cuanto ellos deciden la viabilidad de un gobierno. Además, se ha convertido en un sector sin ninguna ética. Desde la crisis financiera de 2008, los bancos han pagado la agónica cantidad de 321.000 millones de dólares en multas por actividades ilegales.

La convicción de Clinton de que la izquierda podía tener éxito también tuvo su contraparte en Europa, como Thatcher con Reagan. Fue Tony Blair, quien fue capaz de construir un diseño teórico para explicar la sumisión de la izquierda a la globalización neoliberal. Se llamaba la Tercera Vía y, en los hechos, era una posición centrista que trató de conciliar la economía de centro derecha con las políticas sociales de centro izquierda.

Pero quedó claro que la globalización neoliberal estaba de hecho beneficiando solo a unos pocos y que el capital sin regulaciones se estaba convirtiendo en una amenaza. Las injusticias sociales iban en aumento y legiones de personas en las zonas rurales sentían que las ciudades se estaban apropiando de todos los ingresos, pensaban que la élite las ignoraba y los trabajadores desempleados, la clase media empobrecida, ya no sentía lealtad hacia la izquierda, que ahora era considerada como representativa de la élite y los profesionales. En Estados Unidos, el Partido Demócrata, que ahora estaba también en la visión neoliberal con Clinton, comenzó a cambiar su agenda de la economía a los derechos humanos, defendiendo a las minorías, los afroamericanos, los inmigrantes y abogando por su inclusión en el sistema. La pelea ya no era entre las corporaciones y los sindicatos. Y Obama fue el resultado de esa pelea, y fue el campeón de los derechos humanos también como herramientas en los asuntos internacionales. De hecho, aunque tuvo una agenda brillante sobre los derechos humanos, hizo muy poco en el frente social y económico, más allá de la ley nacional sobre la salud. Pero su alianza con las minorías y los blancos progresistas eran su bagaje personal, que no pudo ser traspasado a una figura emblemática del establishment como Hillary Clinton.

Esto condujo a una nueva situación en la política estadounidense. Los que quedaron fuera vieron la defensa de su identidad (y su pasado) como la nueva pelea, ahora que la división tradicional entre izquierda y derecha había menguado. La identidad religiosa, la identidad nacional, la lucha contra el sistema y los que son diferentes se convirtió en acción política. Debemos señalar que el mismo proceso ha tenido lugar en Europa, en una situación cultural y social totalmente diferente. Los que quedaron fuera abandonaron el sistema político tradicional, para votar por aquellos que estaban en contra del sistema y prometían cambios radicales para restaurar las glorias del pasado. Su mensaje era necesariamente nacionalista, porque denunciaban que todos los sistemas internacionales solo respaldaban a las élites, que eran los beneficiarios. También era necesario encontrar un chivo expiatorio, como los judíos en los años treinta. Los inmigrantes eran perfectos, porque traían miedo, pérdida de la identidad tradicional, una amenaza en un período de gran desempleo. El nuevo mensaje político de los recién llegados era para elevar a los que quedaron fuera, a los que sentían miedo, a los que habían perdido toda confianza en la clase política, y prometía devolverles su soberanía, rechazar a los intrusos y sacar del poder a las viejas élites, los profesionales de la política, para conseguir personas reales.

Desde el final de la crisis del 2008 (que generó una situación social y económica aún más deteriorada), esos partidos, llamados populistas, comenzaron a crecer y ahora casi dominan el panorama político. En Estados Unidos, los republicanos del Tea Party, legisladores radicales de derecha, pudieron cambiar el Partido Republicano desplazando a los conservadores llamados compasivos, porque tenían una preocupación social. En Europa, los medios se sorprendieron al ver a los trabajadores votar por Le Pen en Francia. Pero la izquierda había perdido toda legitimidad como representante de los grupos de menores ingresos; el cambio tecnológico hizo desaparecer las identidades sociales, como la de los trabajadores. Y en tiempos de crisis, no había capacidad de redistribución. La izquierda está en medio de una crisis de identidad, de la cual no saldrá pronto.

Volvamos ahora a nuestros tiempos. En noviembre de 2016, para el asombro universal (y el suyo propio), Trump fue electo presidente. Y solo cuatro meses después, en marzo de 2017, el Brexit fue un rudo despertar para Europa. Los resentidos y los temerosos acudieron a las urnas para sacar a Gran Bretaña de Europa. El hecho de que la campaña estuvo plagada de falsedades, algo reconocido por los ganadores después del referéndum, fue irrelevante. ¿Quién estuvo en contra del Brexit? El sistema financiero, las corporaciones internacionales, las grandes ciudades como Londres, los profesores universitarios… en otras palabras, el sistema. Más que suficiente.

Hemos agrupado deliberadamente a Estados Unidos y la UE para mostrar que la globalización tuvo un impacto global. Y Estados Unidos, que fue creador y garante del sistema internacional, comenzó a retirarse de él con Reagan, cuando sintió que se estaba convirtiendo en una camisa de fuerza. Ahí comenzó la declinación de la ONU: por iniciativa estadounidense, se separó el comercio de la ONU y se creó la Organización Mundial del Comercio. La globalización tiene dos motores, el comercio y las finanzas, y ambos están fuera de la ONU, que se ha convertido en una institución para la salud, la educación, la infancia, la mujer y otros sectores no productivos, de acuerdo con el mercado. No es coincidencia que ahora Trump esté luchando contra la globalización que Estados Unidos inventó, y uno de sus principales enemigos es la Organización Mundial del Comercio.

Una antigua máxima es que las personas tienen el gobierno que merecen. Pero también debemos estar conscientes de que son empujadas por una nueva alianza: la alianza de la derecha alternativa. Que en todos los países tiene el mismo objetivo: destruyamos lo que existe. Esta red es alimentada al mismo tiempo por Rusia y Estados Unidos. Los ideólogos de la derecha alternativa, como Bannon, se dirigen al público europeo para fomentar el fin de la Unión Europea, con el claro apoyo de la Casa Blanca. Los populistas en el poder, como Orbán en Hungría o Salvini en Italia (así como los que no están en el poder, como Le Pen) consideran a Trump y Putin como sus puntos de referencia. Salvini cerró su campaña electoral con la frase “Bien hecho, Putin, bien hecho, Trump”. Estas alianzas son nuevas y se tornarán muy peligrosas.

Y ahora pasemos a Trump. Con todas las consideraciones anteriores, ahora puede entenderse por qué se lo debería considerar un síntoma y no una causa. Pero su personalidad juega un papel significativo. Tengamos en cuenta que no ha perdido ninguna batalla importante desde que asumió el poder. Ha podido conquistar el control total del Partido Republicano, que ahora es, de hecho, el Partido de Trump. En las primarias para las elecciones de noviembre (todos los escaños de la Cámara y el 50 % del Senado), intervino para apoyar a los candidatos que le gustaban, y sus oponentes perdieron en todos los casos. En Carolina del Sur, Arrington, una legisladora estatal local, le ganó a un oponente mucho más fuerte, Mark Sanford, después de un tweet de Trump. Ella declaró en su discurso de aceptación: Nuestro partido es el partido Trump. Él sabe perfectamente lo que piensan sus votantes y siempre actúa de manera de fortalecer su apoyo, más allá de lo que haga. Se conoce su sexismo, ¿y ahora está involucrado en un escándalo con una estrella porno? Traslada la embajada en Israel a Jerusalén y ahora cuenta con el apoyo de los evangélicos, un grupo protestante muy numeroso y puritano, que son una fuente importante de votos. (Curiosamente, Guatemala y Paraguay, que decidieron trasladar sus embajadas a Jerusalén, también son países dirigidos por evangélicos.) Según una encuesta de Pew de 2004, los evangélicos representaban el 26,3 % de la población, mientras que los católicos eran el 22 % y los protestantes tradicionales el 16 %. Los evangélicos creen que las Escrituras deben seguirse literalmente y Jerusalén es la capital de Israel.

Trump se ha negado a dar a conocer sus ingresos e impuestos, y no se ha separado de sus negocios de manera formal. En Estados Unidos, esto generalmente es suficiente para presentar la renuncia. Ha sacado de su gabinete a todos los representantes de las finanzas y la industria que puso a su llegada (para ser aceptado por el establishment), y los que puso en su lugar son todos halcones de derecha, muy eficientes, y ninguno de ellos es un tonto, desde Bolton hasta Pompeo. Ha logrado poner como directora de la CIA a una mujer, Gina Hastel, notoria torturadora, con los votos de los demócratas. Se retiró de un tratado muy estructurado con Irán (y otros cuatro países principales), para llegar a un acuerdo totalmente incierto con Corea del Norte, lo que genera problemas con Japón, aliado estadounidense por definición. Ha decidido ponerse del lado de Israel y Arabia Saudita contra Irán, porque esta medida cuenta con el apoyo de un gran sector de Estados Unidos. Una de las principales razones por las que no se entienden sus medidas es porque (además del narcicismo) lo que lo mueve no son los valores, sino el dinero. A Trump le interesa el dinero, no los valores. Se ha peleado con todos los aliados históricos de Estados Unidos y ahora está planteando una guerra arancelaria con ellos, al mismo tiempo que comienza otra con China, simplemente por dinero.

Pero, aunque es errático, no es impredecible. Todo lo que ha hecho fue anunciado durante su campaña electoral. Y no cree que deba rendirle cuentas a nadie. Ha creado una relación directa con sus electores, pasando por alto a los medios. Según Fact Checker, desde que asumió el cargo ha dicho 3.000 mentiras. A nadie le importa. Muy pocos son capaces de juzgarlo. Cuando un presidente de Estados Unidos anuncia que se retira del tratado con Irán “porque son el principal financiador del Estado Islámico y Al Qaeda” y no hay ninguna reacción pública, esa es una buena medida de la total ignorancia del pueblo estadounidense. Los estadounidenses no tienen idea de que el islam está dividido en sunitas y chiitas, ni que los terroristas son sunitas y se basan en una interpretación extrema del islam, el wahabismo o salafismo. Los iraníes, que no son árabes, son chiitas, y son considerados apóstatas por los extremistas sunitas, y han perdido miles de hombres en la lucha contra el Estado Islámico. Esta ignorancia le ayuda a Trump a tener a los votantes republicanos, bajo cualquier condición. Pasó de un 37 % de aprobación al actual 44 %; en el mismo momento de su presidencia, Obama bajó del 46 % al 44 %. En el Partido Republicano, su aprobación es del 82 %.

Trump sabe perfectamente lo que sus votantes sienten y piensan. Esto alimenta su narcicismo. Después de la reunión con Kim, en la conferencia de prensa, dijo: “No pienso que los presidentes anteriores hubieran tenido la misma capacidad”. No tolera ninguna crítica o desacuerdo, como bien sabe su equipo. Como resultado, está rodeado de personas que dicen a todo que sí, más que cualquier presidente anterior. Su asistente para el comercio, Peter Navarro, declaró que debería haber un lugar especial en el infierno para los líderes extranjeros que no están de acuerdo con Trump, refiriéndose a Trudeau de Canadá. Al comienzo de su presidencia, los rasgos de su personalidad fueron descritos por 1.500 psiquiatras estadounidenses como patológicos. La guerra de aranceles que acaba de iniciar con sus aliados más China, según la gran mayoría de los economistas, producirá una baja del crecimiento en todo el mundo. Pero en Estados Unidos nadie reacciona. Todo esto es irrelevante para sus votantes. Ahora tiene una tasa de fidelidad del 92 %, la más alta desde que Estados Unidos existe.

Considerando todo lo que ha hecho en menos de dos años en contra del orden existente, nos hace pensar que el peligro real es que gobierne un segundo término y se vaya recién en 2014. Para entonces, los cambios en la ética y el estilo serán realmente irreversibles. Hay muchos candidatos en varios países que lo consideran un ejemplo político. Sin dudas, podrá cambiar el mundo en el que hemos crecido y que, con muchas fallas, ha sido capaz de generar crecimiento y paz. Es verdad que el sistema político tradicional necesita una actualización radical y que no parece poder hacerlo. Tenemos que volver a la división histórica e inevitable entre los que quieren cambio y justicia y los que no lo quieren. Si bien es difícil prever cómo un mundo basado en el nacionalismo y la xenofobia podrá vivir sin conflictos, ahora con la fuerte suba del costo de los armamentos en todo el mundo, y con muchos otros problemas globales, desde el cambio climático hasta la ausencia de políticas para la migración, mientras que la deuda mundial ha subido en diez años hasta alcanzar el 225 % del PNB, lo que sí sabemos es que el mundo que ha salido de la Segunda Guerra Mundial basado en la idea de paz y desarrollo, el mundo que está en nuestras constituciones, ese mundo desaparecerá. Y la democracia puede ser una herramienta perfecta para legitimar a un dictador. Es lo que está sucediendo en Rusia, Turquía, Hungría, Polonia: un autócrata gana las elecciones. Luego comienza a hacer cambios en la constitución, para tener más poder. Un tercer paso es ubicar a todos sus compinches en las instituciones, reducir la independencia de la justicia, controlar los medios de comunicación, y así sucesivamente. El cuarto paso es actuar en nombre de la mayoría, contra las minorías. Esto no es nuevo en la historia. Hitler y Mussolini al principio fueron elegidos. Son muchos los “hombres de la providencia” que cierran filas…

Roberto Savio 
El periodista y economista  ítalo-argentino, Roberto Savio  fue cofundador y director general de Inter Press Service (IPS), de la que ahora es presidente emérito. En los últimos años fundó Other News. También es asesor del Consejo de Cooperación Global y de INPS-IDN, la agencia insignia del International Press Syndicate.


https://www.alainet.org/es/articulo/193611


jueves, 5 de abril de 2018

REFLEXIONES SOBRE LA CRISIS



05/04/2018

Roma, 4.04.18 – Ahora ya nos queda claro que estamos en un período de transición, aunque no sepamos a dónde vamos. Lo que resulta evidente es que el sistema político, económico y social que nos ha acompañado desde el final de la segunda Guerra Mundial no se puede sostener más. Las desigualdades que crecen de manera exponencial, nos han retrotraído a los niveles de la época de la reina Victoria, según Amnesty International; pero ahora en el nivel global.

Hace diez años, 652 personas poseían la misma riqueza que el conjunto de dos mil trecientos millones de personas. Hoy sólo son ocho. Según las proyecciones de la Organización Internacional del Trabajo, los jóvenes que ahora tienen 18 años se jubilarán con una pensión mensual promedio de 632 euros. A pesar de los discursos oficiales, nos estamos sumando a la indiferencia general sobre el límite de dos grados centígrados de aumento en la atmósfera desde 1854, considerado como el límite para que en nuestro planeta ocurran cambios irreversibles.

Las finanzas ya salieron de la economía y han creado su propio mundo en el que, actuando sin organismos internacionales de control, las transacciones financieras de sólo un día son cuarenta veces superiores a la producción mundial de bienes y servicios. Los bancos más importantes han pagado de 2009 al día de hoy, algo así como 800 mil millones de dólares en multas por operaciones ilegales. La participación política descendió un promedio de 86 por ciento en 1960 al 63.7% de hoy.

Un análisis a profundidad es muy complejo dado que incluye todos los aspectos de nuestra vida. Empero, lo que sí es posible es individualizar los puntos importantes de reflexión y debate para concentrarnos juntos en ello, con la esperanza de que nos conduzcan a otras reflexiones y otros puntos de vista dado que el tema de la crisis es global y tiene que ver con todos los aspectos de nuestra vida. Las reflexiones son siempre sugerentes. Las que se presentan a continuación, se plantean a partir de hechos en los que yo he participado. Pero sólo son hechos…

Reflexión No. 1

Las raíces de la crisis vienen de tiempo atrás. En 1973 la Asamblea General de las Naciones Unidas adopta por unanimidad un plan de gobernabilidad global que tiende a la reducción de las desigualdades entre sus miembros y lo llama Nuevo Orden Económico Mundial. El plan nace con el apoyo de los Estados Unidos (aunque fue un proyecto de México y Argelia). El sistema internacional posguerra, así como las Naciones Unidas nacen por iniciativa de los Estados Unidos, vencedor principal de la segunda Guerra Mundial que tiene interés en la preservación de la paz y el desarrollo, luego de una guerra en la que perdieron cerca de medio millón de soldados sobre una población de 140 millones de personas (Alemania perdió a su vez 15 sobre una población de 78 millones de habitantes, además de dos millones de civiles frente ninguno de Estados Unidos y los veinte millones de muertos de la URSS). Las Naciones unidas nacen con el compromiso de Washington de contribuir con el 25 por ciento de su presupuesto, dato que compara la diferencia con el día de hoy cuando Trump amenaza con su retiro. Hasta la Cumbre de Cancún en 1981 que reunió a los 22 jefes de Estado más importantes del mundo (con excepción de los del campo comunista) se vivía con la ilusión del final de las desigualdades sobre la base de una democracia mundial en la que la mayoría de los países decidiría el curso a seguir en aras del el bien común.

En Cancún participó el recién electo presidente Reagan quien anuncia que los Estados Unidos no aceptarán más sujetarse a las reglas de una abstracta democracia mundial. Los Estados Unidos no son un país como los demás y regresarán a decidir sus políticas internacional y comercial. A la misma reunión asistió Margaret Thatcher que se convierte en el lado europeo de Reagan. Nace entonces una nueva visión del mundo. La sociedad no existe, existen los individuos (Thatcher). Las fábricas no contaminan, son los árboles (Reagan). La pobreza produce pobreza y la riqueza produce riqueza. De ahí que hay que reducir al mínimo los impuestos a los ricos a efecto de que ellos distribuyan la riqueza.

Reflexión No. 2

Algunos años después de Cancún, en 1989, cae el muro de Berlín, lo que significa el fin de las ideologías, las camisas de fuerza que nos llevaron al nazismo y al comunismo. La idea es que hay que ser pragmáticos. La política debe resolver problemas concretos, no andar buscando utopías. Sin embargo, la solución de un determinado problema sin que esté inserta en la visión final de la sociedad (de derecha o izquierda, poco importa), en realidad se llama utilitarismo y la política destinada a la administración y no a las ideas, nos aleja de la participación política y aumenta la corrupción. Sin programas con ideales se incrementa la importancia personal del político, posiblemente fotogénica y por analogía telegénica, que se mide en la tv y no en las plazas públicas. Es el marketing y no las ideas o los programas el instrumento principal de las campañas electorales.

Reflexión No.3

Al mismo tiempo, aparece un solo pensamiento sin alternativa TINA (por sus siglas en inglés, There Is No Alternative) acuñado por la Thatcher, la globalización neoliberal. Resulta curioso que antes de la caída del muro de Berlín, el término globalización no aparece en los medios de comunicación. Se fundamenta en el modelo socioeconómico y político del llamado Consenso de Washington, el paradigma de desarrollo impuesto por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos que establece la adopción de las siguientes reformas: estabilización macroeconómica, liberalización (comercial, financiera y de inversión) privatización y desregulación. Elimina por todos lados las barreras de protección nacionales, reduce los gastos no productivos (educación, salud, asistencia social) y promueve la libre competencia entre los Estados. Famosa es la definición que de ello hace Kissinger “el nuevo paradigma de la supremacía americana”. Los países en desarrollo la viven con sumisión a las reglas económicas dictadas por el Norte. Kissinger no vio que una vez abierta la vía de la libre competencia, China y otras naciones podrían emerger.

Reflexión No. 4

Las reacciones de la izquierda frente al pensamiento único que llega y puede llamarse Tercera vía, propuesta con buen éxito por Tony Blair, son abandonar las viejas ideas de la izquierda, cabalgar con la globalización y aceptar la falta de alternativas. La socialdemocracia, desde Blair a Renzi busca transformarse en un partido transversal que incluya aún al centro con una política proactiva basada en hechos concretos, sin jaulas ideológicas ya superadas. De hecho, la izquierda pierde a sus adherentes y la crisis de 2008 que se debió a la ausencia de controles sobre los bancos americanos desembarca luego en Europa (con gobiernos de izquierda casi en todas partes) y elimina su capacidad de distribuir los excedentes. Crisis para los obreros, la clase media, víctimas de la globalización quienes buscan nuevos defensores y comienzan a votar por la extrema derecha, por los Le Pen, los Farage, los Wilder y ahí se van para llegar a votar ahora por Salvini y las 5 Estrellas.

Reflexión No. 5

Muchos historiadores sostienen que la codicia y el miedo han sido unos de los principales motores del cambio en la historia. Ricardo Petrella en su último libro “En nombre de la humanidad” piensa que estos motores fueron utilizados mediante tres trampas: en nombre de Dios, en nombre de la Nación y en nombre del lucro. No cabe duda de que, desde la caída del Muro, los valores de la globalización (competencia, lucro, individualismo, exaltación de la riqueza), al igual que la desaparición del debate político sobre la justicia social (solidaridad, transparencia, equidad, etc.) han creado una ética fundamentada en la codicia. Veinte años después, en 2009, la crisis económica y financiera en los Estados Unidos, primero con la especulación inmobiliaria y luego en Europa con los bonos soberanos, abre un segundo ciclo, el del miedo.

Reflexión No. 6

El ciclo del miedo, en el que nos encontramos plenamente (sin haber abandonado la codicia mientras vuelven las trampas en nombre de Dios, de las Naciones y del lucro), crea una nueva derecha sin ideas y está sustentada en emociones. El Brexit y Trump son fenómenos que fácilmente lo demuestran. Pero el fenómeno es mucho más profundo. Vivimos en una sociedad líquida, sin estructura de ideologías o de clases. En esta sociedad resulta fácil para los dirigentes montarse en el miedo y la codicia para brincar al escenario público…

La crisis del 2009 se suma a la inmigración masiva proveniente de los países invadidos por occidente para deponer a los dictadores e instaurar automáticamente la democracia (la segmentación de la antigua Yugoslavia, un país moderno y europeo, luego de la muerte de Tito debió haber sido una advertencia). No llega la democracia, pero sí el caos, la guerra civil, la sangre y la destrucción. En 2003 George Bush inicia la invasión de Iraq. En 2011 estalla la guerra civil en Siria que se convierte en un desencuentro que opone a las potencias árabes, europeas, la americana y la rusa (con seis millones de desplazados y medio millón de muertos),

En 2011 Sarkozy propicia la invasión de Libia. De las ruinas de Iraq nace el ISIS, el terrorismo en el nombre de Dios que propugna un retorno al islam original (el wahabismo financiado en el mundo por Arabia Saudita con 80 mil millones de dólares en los últimos veinte años). Todo esto después de que quince años antes se unieron en Al Qaeda las fuerzas veteranas de la guerra financiada por Estados Unidos contra la ocupación rusa de Afganistán, bajo el mando de Bin Laden quien perpetró el primer ataque de la historia en suelo americano. Como dice el famoso caricaturista el Roto del País: “nosotros mandamos bombas y ellos nos mandan refugiados”. Los refugiados que llegan disparan dos trampas: el nombre de Dios y el de la Patria. En la Europa de hoy los partidos de extrema derecha y los soberanistas representan la segunda fuerza política frente a los socialistas. Si hoy se llevaran al cabo elecciones europeas, la derecha radical obtendría 40 millones de votos, en adición a los gobiernos de Hungría, Polonia, las RR Checa, Eslovaca y Austria, pero también afecta a los gobiernos nórdicos, Holanda y la misma Alemania desde que el AFD obtuvo 92 curules.

Orbán de Hungría lanza la llamada “democracia illiberal”, Polonia denuncia el laicismo de la Unión Europea y convoca a una gran marcha con los populistas soberanistas de toda Europa al grito de “en el nombre de Dios”. El Grupo de Visegrad (Hungría, RR. Checa, Eslovaca, Polonia y ahora Austria) denuncia la entrega de Europa al Islam lo que crea una fractura entre el Este y Oeste de Europa, misma que se suma a la del Norte-Sur bajo la perspectiva de la economía: austeridad o solidaridad. Empero, aparece una novedad.

Estados Unidos intervienen en Europa abiertamente apoyando a partidos nacionalistas de derecha y xenófobos que no sólo miran hacia Trump, sino también hacia Putin. Como resultado, en una Europa que envejece rápidamente (por ejemplo, en Italia los jóvenes de entre 18 y 25 años sólo representan el 3 por ciento de los votantes), la inmigración se ha convertido en una gran bandera de la derecha populista y los xenófoba. Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional ha lanzado una advertencia: Europa necesita absorber en el corto plazo 20.5 millones de inmigrantes para sostener su sistema de pensiones y la productividad. Las estadísticas demuestran que los inmigrantes contribuyen más al sistema de lo que le cuestan; constituyen la mayoría de las nuevas pequeñas empresas, cuyo sueño es integrarse rápidamente al sistema. Mas no existe un debate sobre la migración y qué tipo de inmigrantes hay que aceptar y recibir. Ahora son vistos todos como invasores peligrosos con intenciones de destruir la identidad europea, de criminalidad, de ocupar los puestos de trabajo de los ciudadanos europeos, víctimas de un intenso desempleo. Aun así Trump, en un país integrado por inmigrantes ha hecho del control de la inmigración uno de sus caballos de batalla.

Un fenómeno trágico es que los jóvenes, muchos menos que los jubilados ya no están activos políticamente. En el curso de la historia, los jóvenes irrumpían en la escena política para cambiar el mundo que encontraban. Si hubieran votado el Brexit no habría ocurrido. Pero el sistema político de los viejos los ignora. El gobierno Renzi asignó 30 mil millones de euros para salvar a cuatro bancos. El presupuesto total anual dedicado a los jóvenes italianos es de dos mil millones.

Desde la creación de las Naciones Unidas en 1945 pasamos de 2.5 mil millones de habitantes a 7.5 mil millones hoy día. El crecimiento de la población sólo se detendrá en el 2050 cuando seamos 9.5 mil millones. Durante el mismo período, África se duplicará. O encontramos un necesarísimo acuerdo de gobernabilidad y de la inmigración, o habremos de disparar sobre los migrantes como algunos proponen.

Reflexión No.7

Los intelectuales y los politólogos están siempre sorprendidos por la pasividad de los ciudadanos que parecen completamente anestesiados y ya no reaccionan a nada, aunque la política vaya en contra de sus intereses. La historia del Brexit ha sido objeto de muchos análisis. ¿Cómo es posible que las zonas más deprimidas que tanto recibían de Europa hayan votado la salida? ¿Cómo es posible que Polonia, el mayor beneficiario de los fondos europeos (tres veces el Plan Marshall) vote en contra de Europa? ¿Cómo es posible que Trump, quien debiera drenar los pantanos de los grandes intereses a favor del pueblo ignorado por los grandes poderes, gobierne aliándose con los grandes capitales y el ejército (además de sus propios familiares) y sus electores le permanezcan fieles? El 92 por ciento de sus votantes se declara hoy en amplia disposición para reelegirlo. Existen muchas interpretaciones de esta situación paradójica. Pero como decía Thalleyerand “cada Nación tiene el gobierno que se merece”.

Debemos reconocer que desde la crisis del 2009 la clase política es la que más crédito ha perdido. Habría que examinar el impacto de las evasiones televisivas de “Big Brother” de 1989: la sensación de distanciamiento del poder político, cómo un refugio hacia un espacio virtual, como Internet, ha contribuido a un individualismo fruto de la frustración y de la falta de debate sobre las ideas. El ejemplo macroscópico de esta anestesia general es el cambio climático. Los ciudadanos comunes lo ven todos los días en su vida cotidiana: fotos impresionantes de la desaparición de glaciares, nevadas en el Sahara, huracanes, incendios, tormentas… Todos tienen los datos de la comunidad científica que comprometió en París a los gobiernos de todo el mundo mediante la firma de un acuerdo insuficiente y sin controles. No necesitan estudiar para saber. Pueden ver cómo los gobiernos hablan de ello, mas no hacen nada. Continúan gastando para financiar tres veces más en la industria fósil que lo que invierten en la industria renovable. Incluso, Italia ha convocado un referéndum para continuar con la explotación de campos petroleros en el sur.

Y estos días, el gobierno español combate a las industrias eléctricas que quieren clausurar sus centrales de carbón. En España los jubilados han hecho una marcha impresionante para defender sus pensiones. Empero, ningún país ha convocado una marcha sobre el clima. Se podría escribir mucho sobre la ausencia de reacciones de los ciudadanos sobre problemas vitales. Y ello constituye la base del cambio de época en el que nos encontramos.

Reflexión No. 8

El impacto de la tecnología. Tomemos el impacto de la IV Revolución Industrial que llega. Recordemos que la Primera fue a principios de los 1800 cuando la mecanización sustituyó al trabajo individual, como los telares mecánicos frente a los manuales. Entonces fue fácil reciclar a los trabajadores que pasaron de los telares de casa a los de la fábrica. La Segunda fue hacia el final de los 1800 gracias a la utilización de máquinas activadas por energías mecánicas con origen en nuevas fuentes como el vapor. Nacen las redes ferroviarias, la construcción de embarcaciones de vapor y veloces medios de comunicación con importantes descubrimientos en los campos químico, médico, la cadena de ensamble, la electricidad, el teléfono, etc. Aún en ese momento, gracias al traslado del campo a la fábrica, el hombre sigue siendo vital para la producción.

Nacen también las batallas políticas por un reconocimiento equitativo de su trabajo, así como la política moderna. La Tercera Revolución se ubica al final de la segunda Guerra Mundial cuando el progreso de la tecnología y después, con el internet a la cabeza cambia la manera de trabajar. Ahora, como consecuencia, está iniciando la Cuarta que se fundamenta en la inteligencia artificial y la robotización que producen el 17 por ciento de los bienes y servicios, más se calcula que en el 2030 generarán el 30%. Sólo la autonomía del transporte desplazará en Europa a seis millones de taxistas, camioneros, choferes de medios públicos; cambiará totalmente el sistema de transporte, la industria automovilística, las aseguradoras, etc.

Empero, esta vez, ¿sabrán reciclarse los conductores de taxis en una sociedad que privilegia el conocimiento tecnológico frente al trabajo tradicional? Vamos hacia un problema estructural que la política ya dirigida hacia tiempos brevísimos ignora todavía. Todo esto, ¿no corre el riesgo de aumentar el desempleo, el miedo y las tensiones sociales y políticas? Es sólo un ejemplo de cómo la distancia entre la política y la tecnología, las finanzas y la globalización se va ampliando dramáticamente.

Reflexión No.9

La crisis del multilateralismo. De las ruinas de la segunda Guerra Mundial nació la conciencia de que sólo a través de la cooperación multilateral se podría buscar una paz duradera, luego de la tragedia provocada por el nacionalismo y de la idea del dominio sobre los demás. Nacieron también organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, con todas sus agencias y fondos, del Unicef a la Fao, de la Organización Mundial de la Salud a la de la Energía Atómica y, en Europa, el gran proyecto de la Comunidad Europea, todos junto a proyectos regionales de la Asean a la Organización de Estados Americanos, el Mercosur, etc. Todo bajo el sistema multilateral hoy en crisis. Las guerras comerciales de Trump están destruyendo el sistema de intercambios comerciales.

De la democracia mundial de Roosevelt al libre intercambio y competencia de Reagan, hemos pasado a los intereses americanos únicamente, America first. Las guerras monetarias despuntan en el horizonte. He aquí la idea de competir y no cooperar, la codicia como valor que sustituye al valor de la cooperación que ayuda a los débiles y controla a los fuertes se está extinguiendo. Así como Kissinger no vio que un día la libre competencia se rebelaría contra los Estados Unidos, Trump no ve que una política de enfrentamientos podrá revertirse un día. Rusia, China y los Estados Unidos regresan a la era de los cañonazos que parecía ya desaparecida. El presente y futuro inmediato se asemejan a una peligrosa reedición de los años treinta, borrosos y desenfocados por la segunda Guerra Mundial. ¿Tendrán conciencia de ello los que votan por el nacionalismo?

Como dice el Papa Francisco, estamos ya en una fraccionada tercera Guerra Mundial… ya superamos el número de refugiados de entonces. A las guerras en nombre de la patria en África, se agregan aquellas en el nombre de Dios, de los Rohyngia en Birmania a los terroristas islámicos… Habíamos pasado decenios derribando muros y ahora estamos construyendo más que antes… Pareciera que el futuro va en contra de los intereses de la humanidad que ahora conoce la amenaza planetaria que no existía en los años treinta, del clima a lo nuclear, en un proceso de darwinismo social y económico que ya sabemos a dónde conduce…

Reflexión No. 10

Resulta evidente que la reflexión final es la necesidad de encontrar una gobernabilidad de la globalización y de la Cuarta Revolución Industrial. No es verdad que carezcamos de ideologías. La globalización neoliberal es una ideología de una fuerza sin precedentes que ha producido nuevos fenómenos, como las finanzas globales, un sistema multinacional más fuerte que los gobiernos en el que el ejemplo de uso del Facebook para usar a los ciudadanos como mercancía, para influir en sus preferencias políticas y comerciales demuestra que estamos inmersos en una profunda crisis de democracia.

Entramos en un mundo inimaginable descrito por los pioneros de la ciencia ficción, Orwell y Clark, fundamentado en las máquinas y el poder de pocos. Hace sólo diez años en China era impensable el ascenso al poder total como el de Xi, de Erdogan en Turquía o de Putin en Rusia. Eran impensables el Brexit y Trump. Era impensable que los paraísos fiscales acumularan la cifra colosal de 80 billones de dólares. Era impensable que ocho personas poseyeran la riqueza de 2.3 mil millones. Era impensable que Noruega tuviese un invierno con temperaturas cercanas a las de primavera. Hace diez años la crisis financiera abría un período de profundas y dramáticas transformaciones. A este ritmo de la aceleración de la historia como lo llamaba Toynbee ¿dónde estaremos dentro de diez años?

Se impone encontrar rápidamente un diálogo entre todos que sólo puede fundamentarse en el redescubrimiento de los valores comunes, en la construcción de la paz y la cooperación, en el derecho internacional como base de las relaciones entre los Estados y reencontrar el sentido del reparto, de la paz y de la justicia social como base de la convivencia, que conduzca al hombre al centro de la sociedad y no al capital, a las finanzas o a la codicia y que nos libre del miedo. ¿Encontraremos el camino para hacerlo?

Concluyen aquí las 10 reflexiones para observar de dónde venimos y a dónde vamos. Sólo es una propuesta para pensar… Vivimos en una sociedad que se barbariza, en la que se dialoga y se lee cada vez menos. Se gasta el doble más en publicidad que en educación. El elector no tiene brújula. Si algún lector se siente animado a otras reflexiones, bienvenido. ¡Lo que importa ahora es reflexionar!

El periodista italo-argentino Roberto Savio es presidente  de Other News, asesor de INPS-IDN y del Consejo Global de Cooperación. También es cofundador y presidente emérito de IPS.


 
https://www.alainet.org/es/articulo/192048