Mostrando entradas con la etiqueta Jack London. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jack London. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de enero de 2017

JACK LONDON VUELVE



Gregorio Morán
La Vanguardia
30-01-2017


Hubo una época en que los obreros leían y los banqueros no. Hecho sorprendente a primera vista. Leían las señoras de los banqueros, pero sus maridos estaban demasiado ocupados en otras cosas y “no tenían tiempo”. Los trabajadores que sabían leer, y querían sobre todo formarse una idea del mundo, echaban mano de los libros más insólitos y de los autores más raros. En España hay auténticos expertos en literatura popular.

¿Qué leía la clase obrera culta? Textos tan insólitos como Las ruinas de Palmira, del conde de Volney, que nunca pisó Palmira, cosa que sí hizo y durante un buen tiempo Agatha Christie, casi un siglo después. ¡Y pensar que Volney, en un libro interesante de masón deísta, evocaba en su imaginación las ruinas de la gran Palmira! ¿Qué escribiría hoy de las ruinas que siguieron a aquellas ruinas y que es nuestro miserable legado de una supuesta civilización más cuidadosa y modernizada?

Entre los autores favoritos de la clase obrera culta, que la había en España y que fue diezmada por la Guerra Civil y la posguerra implacable, estaba un tipo fuera de serie, Jack London (1876-1916). Confieso que no soy un admirador de los Estados Unidos de América como sociedad, pero me inclino ante algunos personajes que fue capaz de parir. Uno de mis favoritos es Jack London. Europa, reconozcámoslo, no puede competir con tipos así. Quizá lo provoquen los espacios. Quizá también por eso es probable que Rusia y China tengan ejemplares únicos. El espacio cuenta, y si no que se lo pregunten a la literatura de San Marino o de Andorra.

Jack London fue uno de los escritores más leídos en el siglo XX. Escribió 20 novelas, 19 narraciones cortas –entre ellas Por un bistec, un texto que adoro y que presté tanto, amén de hacerlo leer a mis hijos como obligación, que alguien se quedó con él, hasta que un lector de La Vanguardia ,de Vulpellac, al que estaré eternamente agradecido y al que no conozco de nada, me envió un ejemplar que no saldrá de mi casa hasta que llegue la hora funeraria–. Artículos escribió hasta cansarse, porque no era un reportero al uso; era un escritor que iba a donde había que ir. Y sobre todo, fue un inmenso fotógrafo cuya obra es para nosotros prácticamente desconocida –12.000 fotos memorables– editadas hace años y que merecen la pena sin excepción, porque ahí está la leprosería de Molokai (1907), con una placa de la orquesta de leprosos vestidos de alcurnia, que te deja con la retina congelada. Y el terremoto de San Francisco de 1906. Y la guerra ruso-japonesa (1904) y hasta la Revolución Mexicana de 1914. Una exhibición de talento, de audacia, donde reproduce una foto suya desnudo, con sus partes pudendas cubiertas con un taparrabos tahitiano, que merecería un Pulitzer.

Y todo eso y mucho más en 40 años de vida, hasta que el inevitable suicidio le arrastró al final. Seamos sinceros, aunque muchos no admitan la muerte voluntaria: lo había hecho todo. Novelas irregulares como El talón de hierro. La sugerente autobiografía enmascarada, Martín Eden, recientemente editada por Akal. Pero a mí lo que más me emociona es que alguien que llegó a ganar tanto dinero que no sabía ni cómo gastarlo, porque le pagaban por sus textos cantidades astronómicas para nuestro pacato mundo europeo, lo que le permitía barcos, viajes exóticos, una vida que ya hubiera deseado Scott Fittzgerald, de pronto se decide a ir a donde nadie va voluntariamente. El East End de Londres. Del Yukon canadiense, a la mugre del capitalismo europeo.

Quien no ha tenido el privilegio de ver sus fotos de esos bajísimos fondos londinenses no sabe que ahí está concentrado mucho Zola, incluso Victor Hugo, y toda una retahíla de escritores que no alcanzaron gloria alguna porque, desmembrados ante aquella miseria en su más alto grado, renunciaron y se fueron. Jack London se quedó. Como tenía sentido del humor en alto grado, pudo compaginar lo que esperaba, la hez del capitalismo en su época más agresiva y contemplar los festejos que conmovieron la Europa de la riqueza: la coronación de Eduardo VII.

La recolección de reportajes, aunque mejor sería decir fotogramas literarios de la miseria de un tiempo atroz, se tituló La gente del abismo, y acaba de aparecer en Gatopardo Ediciones, editorial de la que desconozco todo. Pero es muy bestia que no haya encontrado ni una reseña, ni una evocación, ni la dignidad de reforzar unos artículos que conmueven por su fuerza y su desolación. Es literatura. De la buena. No puedes hacerte pajas mentales como Virginia Woolf, aquella cursi que reprochaba a James Joyce su vulgaridad lingüística. (Siempre sentí cierta piedad hacia ella, porque murió fría, en un río, tal como había vivido, sin ningún calor ni pasión que le hubiera podido recordar el ardor, aunque durara un chispazo.)

Paradojas de la vida. Jack London consiguió que su editor vendiera diez mil ejemplares de La llamada de la naturaleza en un solo día. Y de pronto un pringao, estudios elementales, una semana y media en una universidad de postín, unos matrimonios desastrosos, se convierte en aquello que alimentó el gran genio de la promoción publicitaria, Ernest Hemingway: transformarse en noticia y vivir de ello. Hasta que un día ese hilo fino que liga la inteligencia, la sensibilidad y la honradez profesional se rompe. Y entonces todo se va al carajo.

Tenía un cuerpo para pelear, una cabeza para llegar lejos, una sensibilidad que sólo se les consiente a los poetas, él, que llegó a la cultura y no digamos a la poesía demasiado tarde para que calara. Pero dejó una obra de una fuerza extraordinaria que irrita a todos los pijos de la tierra. Un escritor menor, aseguran. No lo era, pero por encima de todo era un hombre que muere en el momento que cualquiera de los suyos se hubiera ido al sur de Francia a gastarse una cuantiosa fortuna. Se quedó, el ciclo de su vida había terminado. Había luchado hasta en el Partido Socialista norteamericano, se afilió en 1896 y lo mandó a la mierda veinte años más tarde. Ya eran una institución exitosa, aunque efímera.

¿Por qué ahora vuelve Jack London? Independientemente del impulso editorial, que debe ser reconocido, porque su mundo se nos echa encima. Una literatura muerta, sin fuerza, castrada por principio de nacimiento, se ve de pronto reforzada por una historia antigua que evoca tiempos pasados: cuando los obreros que leían querían conquistar el mundo, y los banqueros no leían más que los balances, porque no tenían tiempo.

¿Por qué ahora vuelve Jack London? Independientemente del impulso editorial, porque su mundo se nos echa encima. Una literatura muerta, sin fuerza, castrada por principio de nacimiento, se ve de pronto reforzada por una historia antigua que evoca tiempos pasados: cuando los obreros que leían querían conquistar el mundo y los banqueros no leían más que los balances porque no tenían tiempo.


domingo, 1 de julio de 2012

EL FINAL DE "EL TALÓN DE HIERRO"

Ramón Pedregal Casanova
Rebelión
0-06-2012

La reedición de “El talón de hierro”, de Jack London, es tan oportuna en los momentos de crisis capitalista que vivimos que si siempre ha sido una lectura ha hacer, quizás resulte ahora el momento más oportuno.

Jack London, el escritor que desde la clase obrera escribió sobre aventuras en la naturaleza apenas explorada, sobre la transformación de la conciencia, sobre la vida de la clase a la que pertenecía y pertenece, y sobre sus luchas por cambiar la realidad, Jack London, el joven obrero que se hizo escritor, un grandísimo escritor, se nos ofrece ahora en una de sus obras más conocidas, “El talón de hierro”: “El talón de hierro” se cuartea bajo su crisis, que si ha ido agudizándose ha terminado siendo irresoluble, y las luchas populares han resuelto la contradicción social. To se nos cuenta desde el tiempo en que está superada, desde el tiempo en que ha terminado con el estado y el sistema de producción dirigidos por la clase minoritaria.

En el prólogo Howard Zinn (autor de “La otra historia de EEUU”, obra que no deben dejar pasar) nos habla de la narración de Jack London como “su gran novela socialista”, a lo que yo añadiría que nutre el ánimo y agranda la pupila deseosa del lector, eso que hace que un libro ofrezca y dé algo que se alcanza más allá de su lectura: la capacidad crítica y la propuesta de otra realidad.

“El talón...” lo escribió su autor en 1906, ¿es posible que sea actual?. El sistema social se ha globalizado y las diferencias se han hecho extremas, la riqueza del mundo está en manos de un grupo reducido de individuos que manejan las grandes corporaciones financieras, que a su vez disponen de los resortes para imponer gobiernos con el beneplácito electoral de los votantes, a eso sumemos las guerras que emprenden para apropiarse de las riquezas naturales. Parece que estamos en el final y en el principio, lo contaremos en unos años. Así es “El talón de hierro”. Howard Zinn hace una reflexión sobre las posibilidades de los métodos para transformar la sociedad que se han empleado en nuestro tiempo,armas y urnas, y se pregunta sobre su idoneidad. Y uno se pregunta si los obstáculos no son más que contradicciones en el momento histórico en que vivimos. ¿Superaremos, modificaremos, intentaremos nuevas formas de organización social?.

Los mineros del estado español llevan más de 40 días en huelga, es buen momento para leer “El talón de hierro”; varios grupos de mineros están siguiendo la huelga general de la minería a 3.000 metros bajo tierra, los enemigos de leer “El talón de hierro”, desde sus periódicos y emisoras, no informan de nada de lo que está sucediendo, solo nos administran la droga fútbol, toros, crímenes y chismorreo, y los banqueros son unas víctimas a quienes hay que defender.

Los mineros van andando hasta Madrid, para entrar en la capital el día 11, miércoles, aunque el 8 llegarán a las inmediaciones. Déjenme que les diga lo que el protagonista de “El talón de hierro” dice a algunos sindicalistas ante la perspectiva de una Huelga General: “Nunca se había visto una manifestación tan hermosa de la solidaridad y el poderío del trabajo. El trabajo puede y debe regir el mundo. Si continuáis estando de nuestra parte, pondremos fin al reinado del capitalismo. Es vuestra única esperanza; y, lo que es más, bien lo sabéis, no hay otra salida”. La clase trabajadora, en general, los parados en particular, casi 6.000.000, deberíamos recibir a nuestra selección, los mineros, con la mayor muestra de solidaridad.

Casco minero de resistencia: Caja España: 2096 0000 85 347 2463104

Título: El talón de hierro. Autor:Jack London. Editorial: HIRU. Prólogo: Howard Zinn. Traducción:María Ruipérez.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

viernes, 25 de mayo de 2012

LEÓN TROTSKY Y ANATOLE FRANCE ESCRIBEN SOBRE EL TALÓN DE HIERRO, DE JACK LONDON


Estas notas de Anatole France, Premio noble, militante socialista desde el “affaire Dreyfus”, y más tarde simpatizante del Partido Comunista francés de los primeros tiempos, así como las más conocidas de León Trotsky, vienen ahora a cuento por una reciente edición de bolsillo (*) de la célebre novela “distópica” de Jack London, un autor constantemente reeditado tanto en su variante más “popular” y aventurera (La llamada de la selva, Colmillo blanco, etc) como su producción en tanto que militante socialista que fue, a pesar de sus contradicciones, y muestra de ello es la edición de Tiempos de ira. Textos anticapitalistas de Jack London aparecido en Libros de la Frontera. George Orwell, que fue uno de sus admiradores, escribió que London había escrito un alegato antifascista porque el también era un poco fascista. De lo que no hay duda es que London es un autor para el debate, pero dicho esto, se puede asegurar que esta es una de las novelas de anticipación revolucionaria más subyugantes de la literatura universal, y que tanto un texto como el otro, inciden claramente en estos aspectos. La carta de Trotsky a Joan London contiene elementos de reflexión de gran interés. Joan había continuado la tradición socialista de la familia, y en la segunda mitad de los años treinta militó en el Socialist Worker Party, que jugó un papel determinante en la creación de la IV Internacional. Joan también escribió una biografía de su padre que es citada por todos los especialistas. Biografía que, por cierto, se encuentra anunciada en el catálogo de Editorial Renacimiento con el un significativo título: Jack London: primer escritor proletario de América (PG-A).

1. Trotsky

Querida camarada: Experimento cierta confusión al confesarle que sólo estos últimos días, es decir, con un retraso de treinta años, he leído por primera vez El talón de hierro, de Jack London. Este libro me ha producido --lo digo sin exageración- una viva impresión. No por sus estrictas cualidades artísticas: la forma de la novela no hace aquí más que servir de cuadro al análisis y la previsión sociales. Voluntariamente, el autor es muy parco en el uso de los medios artísticos. Lo que le interesa no es el destino individual de sus héroes, sino el destino del género humano. Sin embargo, no quiero con esto disminuir en nada el valor artístico de la obra, y principalmente de sus últimos capítulos" a partir de la Comuna de Chicago. Lo esencial no es eso. El libro me ha impresionado por el atrevimiento y la independencia de sus previsiones en el terreno de la historia.

El movimiento obrero mundial se ha desarrollado, a fines del siglo pasado y comienzos del presente, bajo el signo del reformismo. De una vez para siempre parecía establecida la perspectiva de un progreso pacífico y continuo del desarrollo de la democracia y las reformas sociales. Desde luego, la revolución rusa fustigó al ala radical de la socialdemocracia alemana y dio por algún tiempo Un vigor dinámico al anarcosindicalismo en Francia. El Talón de hierro lleva, por otra parte, la marca indudable del año 1905. La victoria de la contrarrevolución se afirmaba ya en Rusia en el momento en que apareció este libro admirable. En la arena mundial, la derrota del proletariado ruso dio al reformismo no sólo la posibilidad de recuperar posiciones perdidas un instante, sino incluso los medios de someter completamente al movimiento obrero organizado. Basta recordar que fue precisamente en el curso de los siete años siguientes (de 1907 a 1914) cuando la socialdemocracia internacional alcanzó al fin la madurez suficiente para jugar el bajo y vergonzoso papel que fue el suyo durante la guerra mundial.

Jack London ha sabido traducir, como verdadero creador, el impulso dado por la primera revolución rusa, y también ha sabido repensar en su totalidad el destino de la sociedad capitalista a la luz de esta revolución. Se ha asomado más particularmente a los problemas que el socialismo oficial de hoy considera como definitivamente enterrados: el crecimiento de la riqueza y de la potencia * de uno de los polos de la sociedad, de la miseria y de los sufrimientos" en el otro polo. La acumulación del odio social el ascenso irreversible de cataclismos sangrientos, !todas estas cuestiones las ha sentido Jack London con una intrepidez que incesantemente nos obliga a preguntarnos con asombro¡; pero ¿cuándo fueron escritas estas líneas? ¿Fue acaso antes de la guerra?

Hay que destacar muy particularmente el papel que Jack London atribuye en la evolución próxima de la humanidad a la burocracia va la aristocracia obreras. Gracias a su apoyo" la plutocracia americana logrará aplastar el levantamiento de los obreros y mantener su dictadura de hierro en los tres siglos venideros. No vamos a discutir con el poeta sobre un plazo que no puede dejar de parecernos extraordinariamente largo. Aquí lo importante no es el pesimismo de Jack London, sino su tendencia apasionada a espabilar a quienes se dejan adormecer por la rutina, a obligarlos a abrir los ojos, a ver lo que es y lo que está en proceso. El artista utiliza hábilmente los procedimientos de la hipérbole. Lleva a su límite extremo las tendencias internas del capitalismo al avasallamiento, a la crueldad, a la ferocidad ya la perfidia. Maneja los siglos para medir mejor la voluntad tiránica de los explotadores y el papel traidor de la burocracia obrera. Sus hipérboles más románticas son, en fin de cuentas, infinitamente más justas que los cálculos de contabilidad de los políticos llamados «realistas».

No es difícil imaginar la incredulidad condescendiente con la que el pensamiento socialista oficial de entonces acogió las previsiones terribles de Jack London. Si nos tomamos el trabajo de examinar las críticas de El talón de hierro que se publicaron entonces en los periódicos alemanes Neue Zeit y Worwaerts, en los austriacos Kampf y Arbeiter Zeitung, no será difícil convencerse de que el «romántico» de treinta años veía incomparablemente más lejos que todos los dirigentes socialdemócratas reunidos de aquella época. Además, Jack London no sólo resiste, en este dominio, la comparación con los reformistas y los centristas. Se puede afirmar con certeza que, en 1907" no había un marxista revolucionario, sin exceptuar a Lenin ya Rosa Luxemburgo, que se representara con tal plenitud la perspectiva funesta de la unión entre el capital financiero y la aristocracia obrera. Esto basta para definir el valor específico de la novela.

El capítulo "La bestia gimiente del abismo» es, indiscutiblemente, el centro de la obra. Cuando fue publicada la novela" este capítulo apocalíptico debió parecer el límite del hiperbolismo. Lo que ha ocurrido después lo supera prácticamente. Y, sin embargo" la última palabra de la lucha de clases no ha sido aún dicha. Escribo precipitadamente estas líneas. Mucho temo que las circunstancias no me permitan completar mi apreciación de Jack London. Me esforzaré más tarde por leer las otras obras que usted me ha enviado, y en decirle lo que pienso de ellas. Puede hacer de mis cartas el uso que usted misma juzgue necesario. Le deseo éxito en el trabajo que ha emprendido sobre la biografía del gran hombre que fue su padre.

Con mis saludos cordiales.

Coyoacán, 16 de octubre de 1931.

(*) El talón de hierro Jack London ed. Akal ISBN 978-84-460-3471-1 | 304 págs. | 10 euros. Traducción de Julio García Mardomingo

2. Anatole France.

El talón de hierro ha conocido otras ediciones, creo que la primera fue la de Ayuso, Madrid, 1976, tr. María Ruipérez, prólogo de Anatole France; y la más reciente nos llegó desde Editorial Hiru. Hondarribia 2003, con un prólogo de Howard Zinn. El texto que sigue es el de Anatole France.

Anatole France

Este prefacio fue escrito por Anatole France para la primera edición francesa de El Talón de Hierro de 1923.

Talón de Hierro es la expresión enérgica con la que Jack London designa a la oligarquía. El libro que lleva este título fue publicado en 1907. Expone la lucha que algún día estallará entre la oligarquía y el pueblo, sí los hados, en su cólera, lo permiten. ¡Ay! Jack London tenía el genio que ve lo que permanece oculto a las muchedumbres y poseía una ciencia que le permitía anticiparse a los tiempos. Previó el conjunto de los acontecimientos que se desarrollan en nuestra época. El espantoso drama al que nos hace asistir en espíritu en El tolón de hierro, aún no se ha convertido en realidad, y no sabemos dónde y cuándo se cumplirá la profecía del discípulo americano de Marx.

Jack London era socialista, más aún, socialista revolucionario. El hombre que en su libro descubre la verdad, el sabio, el fuerte, el bueno, se llama Ernesto Everhard. Como el autor, fue obrero y trabajó con sus manos. Pues habéis de saber que aquel que escribió cincuenta volúmenes prodigios de vida y de inteligencia y murió joven era hijo de un obrero y comenzó su ilustre existencia en una fábrica. Ernesto Everhard es un hombre lleno de coraje y de sabiduría, lleno de fuerza y de dulzura, rasgos comunes a el y al escritor que le ha creado. Y para terminar con la semejanza que existe entre ambos, el autor atribuye a su criatura una mujer de alma grande y de espíritu inconmovible, de la que su marido había hecho una socialista. Y todos sabemos, por otra parte, que Mrs. Charmian abandonó, juntamente con su esposo Jack, el Partido Laborista cuando esta asociación dio señales de moderación.

Las dos insurrecciones que constituyen la materia del libro que presento al lector francés son tan sanguinarias, y suponen en el plan de los que las provocan tal perfidia y tanta ferocidad en la ejecución, que uno se pregunta sí serían posibles en América, en Europa; sí serían posibles en Francia. Yo no lo creería sí no tuviera el ejemplo de las jornadas de junio y la represión de la Comuna de 1870, que me recuerdan que todo está permitido contra los pobres. Todos los proletarios de Europa han sentido, como los de América, el talón de hierro.

Por el momento, el socialismo en Francia, lo mismo que en Italia y en España, es demasiado débil para tener nada que temer del TALÓN DE HIERRO, pues la extrema debilidad es la única salvación de los débiles. Ningún TALÓN DE HIERRO pisoteará este partido aniquilado. ¿Cuál es la causa de su merma?. No hace falta mucho para abatirlo en Francia, donde el número de proletarios es escaso. Por diversas razones, la guerra, que se mostró cruel con el pequeño burgués, al que despojó sin hacerlo chillar, pues es un animal mudo, no fue demasiado inclemente con el obrero de la gran industria, que pudo vivir torneando obuses, y cuyo salario, bastante exiguo después de la guerra, nunca cayó, sin embargo, demasiado bajo. Para eso velaban los amos de la hora, pero ese salario no era, después de todo, más que papel que los patrones opulentos, cercanos al poder, no tenían demasiado trabajo en procurarse. Bien o mal, el obrero fue viviendo. Había escuchado tantas mentiras, que ya no se asombraba de nada. Fue ese el momento elegido por los socialistas para desmigajarse y reducirse a polvo. Esto también es --sin muertos ni heridos-- una bonita derrota del socialismo. ¿Cómo ocurrió? ¿y cómo todas las fuerzas de un gran partido cayeron en tal letargo?. Las razones que acabo de dar no son suficientes para explicarlo. La guerra debe tener algo que ver con ello, la guerra que mata lo mismo a los espíritus que a los cuerpos.

Pero un día comenzará de nuevo la lucha entre el capital y el trabajo. Entonces se verán días semejantes a los de las revueltas de San Francisco y de Chicago, cuyo horror indecible Jack London nos muestra por anticipado. No hay, sin embargo, ninguna razón para creer que ese día (próximo o lejano) el socialismo será una vez más despedazado bajo el TALÓN DE HIERRO y ahogado en sangre.

En 1907 le gritaron a Jack London: «Usted es un horrible pesimista». Socialistas sinceros le acusaban de sembrar espanto en el partido. Estaban equivocados. Es menester que los que poseen el don precioso y raro de prever publiquen los peligros que presienten. Recuerdo haber oído decir más de una vez al gran Jaurés: «Entre nosotros no se conoce bastante bien la fuerza de las clases contra las cuales tenemos que luchar. Ellos tienen la fuerza y se atribuyen la virtud: los sacerdotes se han despojado de la moral de la Iglesia para adoptar la de la fábrica; cuanto se sientan amenazados, la sociedad entera acudirá para defenderlos". Y tenía razón, como la tiene London cuando nos tiende el espejo profético de nuestras culpas y de nuestras imprudencias.

No comprometamos el porvenir; es nuestro. La oligarquía perecerá. En su poderío se advierten ya los signos de su ruina. Perecerá porque todo régimen de castas está condenado a muerte; el régimen del salario perecerá porque es injusto. Morirá hinchado de orgullo en plena potencia, como murieron la esclavitud y la servidumbre.

Ahora mismo, observándolo atentamente, se advierte que está caduco. Esta guerra, que la gran industria de todos los países ha querido, esta guerra que era su guerra, esta guerra en la cual aquélla ponía una esperanza de riquezas nuevas, ha causado tantas y tan profundas destrucciones, que ha sacudido a la oligarquía internacional y ha aproximado el día en que se desmoronará sobre una Europa arruinada.

No puedo anunciar sí morirá de golpe o sin luchas. Ha de luchar. Su última guerra será tal vez larga, y su fortuna podrá variar. Oh, vosotros, herederos de los proletarios; oh, generaciones futuras, hijos de los días nuevos, lucharéis, y cuando crueles reveses os hagan dudar del éxito de vuestra causa, recobraréis confianza y os diréis con el noble Everhard: «Perdida esta vez, pero no para siempre. Hemos aprendido muchas cosas. Mañana la causa volverá a levantarse más fuerte en disciplina y en sabiduría».

Fuente: http://socialismoactual.blogspot.com/2012/05/leon-trotsky-y-anatole-france-escriben.html

domingo, 26 de febrero de 2012

RESEÑA DE "EL TALÓN DE HIERRO" DE JACK LONDON


Contando el final del capitalismo desde el futuro socialista

Ramón Pedregal Casanova
Rebelión
25-02-2012


“ La historia de la lucha de la clase obrera por su emancipación, por la justicia social, no se puede entender más que como parte de la historia del poder político, el cual, en sus niveles más altos, es el poder de los imperios y los estados.”

Jack London (1876-1916) sería un escritor de palabra pod erosa y combativa, criado por una esclava, que cuando tenía 14 años dejó la escuela y emprendió su formación autodidacta a base de leer filosofía, literatura, ciencias de la naturaleza, sociología y política. Se citan entre los autores que recorrió a Nietzsche, Flaubert, Darwin, y, Karl Marx. Jack London contaba que la lectura de “El Manifiesto Comunista” le impulsó como militante comunista. Fue minero en Alaska, fue contrabandista, pescador, corresponsal de guerra, vendedor de periódicos y obrero en fábricas.

En 1900 publicó “El hijo del lobo”, una serie de relatos que le hicieron muy conocido; en 1903 “Los de abajo”, “La llamada de la selva”, y , “El pueblo del abismo”; en 1904 “El lobo de mar”; en 1905 “Guerra de clases”; en 1906 “Colmillo blanco”; en 1907 “El talón de hierro”; en 1909 “Martín Eden”; en 1910 “ La Revolución y otros ensayos; en 1911 “El crucero del Snarki”; en 1913 “John Barleycorn”; en 1915 “El vagabundo de las estrellas”; … Lenin leía en sus últimos días “Amor a la vida” . El conjunto es una producción enorme. En algunos de sus libros apreciamos más directamente su fortaleza ideológica , como en “El pueblo del abismo”, “El talón de hierro”, “Amor a la vida”, “La revoluci ón y otros ensayos” . La entrega a su labor como escritor le hacía dedicar un mínim o de 6 horas diarias, en las que empleaba historias de otros autores, noticias periodísticas, contradicciones ideológicas, luchas obreras y perspectivas sociales.

En “ El talón de hierro”, recientemente reeditada, Jack London narra , desde su vivencia proletaria y conciencia re volucionaria, el tiempo en que la clase obrera vive en barrios paupérrimos, sórdidos, degradados, pero tiene algo especial, es el tiempo de la última crisis del capital ismo; y pone esa misma luz de conciencia social a la expresión y obra de la clase explotadora, la alta burguesía o “ El t alón de hierro”, propietarios de los medios de producción y propaganda. Tan actual es su exposición que reconocemos a los que hoy imperan, propietarios del Estado, que ejercen el poder político y disponen de los medios de coacción, de los medios para ejercer la violencia física, moral y económica y la emplean para mantenerse y seguir robando la plusvalía , los reconocemos , los reconocemos a pesar de que hace casi un siglo que la novela fue escrita: “ El talón de hierro” ilumina el escenario que pisamos.

Jack London coge por dentro y por fuera a las huestes mercenarias de que dispone la gran burguesía y las oímos alto y claro, esas que la defienden desde el periodismo, desde la iglesia, desde la policía, los jueces, los gobernan tes,,,, y dejan constancia de su propósito, de su objetivo, de sus formas de interpretar y vender al pueblo o imponer al pueblo la sociedad que dirigen, y el plan de futuro . La novela, construida con dos voces debido a que se presenta como un documento encontrado, se nos presenta con el prólogo de quien ha descubierto el documento y nos lo muestra, y la voz narrativa de la novela es la de la esposa del protagonista contando el proceso revolucionario en el que era dirigente , así se nos entregan los acontecimientos . A su vez, a pie de página aparecen las acotaciones d e quien tiene el documento buscando aclarar asuntos que des de la distancia temporal, siete siglos despu és de aquella lucha final , necesitan algún dato histórico que complet e la lectura. Estas son las primeras palabras con las que recuerda la esposa-heroína a su marido Ernest Everhard, el revolucionario que perdería la vida dirigiendo la Segunda Sublevación que daría al traste con el capitalismo: “¡No podemos fracasar!. Su tenacidad y su meditado esfuerzo m erecen el éxito. ¡Acabemos con E l t alón de hierro!, que se hunda y se libere la humanidad postrada, ¡que se levante al unísono la masa trabajadora del mundo entero! Nunca ha habido nada parecido en la historia de la humanidad. La solidaridad obrera esta asegurada y habrá, por primera vez, una revolución internacional a lo largo y ancho del mundo.”

La discusión filosófica, los acontecimientos fundamentales en la historia, la realidad del momento , descubren pormenorizadamente los antagonismos de clase desde el principio . El diálogo en torno a una huelga entre el protagonista y un responsable de la iglesia le hará decir a éste que la violencia será la solución si no se aúnan el capital y el trabajo “para su beneficio bruto”. Esa discusión abrirá una brecha en el obispo que sentirá la necesidad de observar sus propios ac tos y los de su institución y como consecuencia de ello , en el desarrollo novelístico, adoptar a posturas contrarias a la norma. Ernest, sin dejar de batallar, habrá de poner en cuestión a los comerciantes, a los pequeños y medianos empresarios, a los profesionales, a todos tan serviles que desaprueban cualquier observación científica sobre la realidad. En ese camino seguimos el proceso de cambio de quien sería su compañera y su padre sumados a la lucha por el socialismo, sufriendo persecuciones y librando batallas que desembocarían en la revolución. En la novela encontramos “libertad” de horarios comerciales, accidentes laborales, robos, “los robos eran cosa habitual. Se robaban los unos a los otros. Los poderosos de la sociedad robaban legalmente, o legalizaban sus robos, mientras que los robos de las clases más bajas eran siempre ilegales. No había nada seguro a no ser que estuviera bien guardado. Había batallones de vigilantes para tratar de impedir los robos. Las casas de los acomodados eran una combinación de depósitos seguros, cajas fuertes y cámaras acorazadas.” Y aparecerá la distinción entre la ley y la justicia, y por ahí pasaran las formas de hacerse rico, la colaboración de los cuadros medios con el poder establecido, la información controlada, las decisiones sobre la vida de los trabajadores escudadas en el nombre de Dios, las bombas de racimo como respuesta a las reivindicaciones obreras, la aprobación de leyes de carácter preventivo, los asaltos y violencia física del aparato estatal, la negación o suspensión de la misma ley cuando la circunstancia la hace desfavorable al capital, la lucha clandestina, la agudización de las contradicciones políticas y sociales, y la huelga general de los trabajadores que se ve enfrentada con la guerra total declarada por la oligarquía, “E l Talón de hierro”. Si el escrito encontrado termina abruptamente con lo que parece en un primer momento la victoria de los explotadores, ahí suspende la escritura Avis Everhard, la esposa revolucionaria, el segundo narrador, que es quien ha encontrado siglos después el escrito, nos cuenta el resultado de la lucha desde el socialismo.

Si usted no ha leído “El Talón de hierro”, como si lo ha leído, es el momento de leerlo, contarlo e invitar a su lectura. Es todo un clásico actual de la revolución.

Título: El Talón de hierro.
Autor: Jack London.
Editorial Akal.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Puede encontrar el libro en el siguiente enlace: http://librosgratis.liblit.com/index.php?subdir=L%2FLondon%2C%20Jack%20(1876-1916)&sortby=size