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miércoles, 22 de diciembre de 2021

LA RENDICIÓN INCONDICIONAL DE BORIC

 


 

por Gustavo Burgos

Contra lo que irresponsablemente sostienen los reformistas, las elecciones representativas jamás expresan la voluntad popular. Y esto es así porque la democracia patronal no es sino una forma —más o menos sofisticada— a través de la cual los capitalistas ejercen su dictadura sobre el conjunto de la sociedad para garantizar el orden de explotación. Precisamente por eso y porque la distribución de los votos apenas registra fotográficamente la capacidad del régimen para movilizar a la población tras su institucionalidad, es que el triunfo de Kast el domingo pasado es irremontable —políticamente— para Boric. La única posibilidad que tiene el candidato del árbol de imponerse en diciembre es saliendo a disputar el voto de centro, conservador, y todo indica que esa pelea la tiene perdida. Si la pelea es entre momios, ya se sabe quién gana.

Hoy en la mañana Boric en lugar de visitar a los presos políticos prometió más comisarías en las poblaciones, en lugar de visitar a la heroica y recientemente electa senadora, Fabiola Campillai, se reunió con la irrelevante Carmen Frei. Ahora en la noche penosamente, en lugar de alzar la voz y defender siquiera su programa frente al de Kast, ha anunciado en televisión que su programa deberá ajustarse a la realidad del nuevo parlamento derechizado. Resulta increíble que con esta política desdentada se pretenda presentar al candidato como defensor del orden democrático frente al fascismo.

La rendición de Boric frente a Kast nada tiene que ver con algún rasgo sicológico del sujeto. Esta capitulación, idéntica a la de la Concertación frente al pinochetismo a fines de los 80, tiene una raíz de clase. Efectivamente, porque Boric podría revertir la situación electoral en la que se encuentra si levantara los reclamos populares en los que se apoyó el lavamiento del 18 de Octubre. Boric podría resolver esto presentándose como alguien dispuesto a levantar las banderas de los trabajadores, exigiendo la libertad inmediata de todos los presos políticos, en una palabra: enfrentando a Kast desde un planteamiento de clase. Pero Boric no es un dirigente dispuesto a dar ninguna pelea. Es más, mientras millones se batían en las calles y eran masacrados por la represión de Piñera, el candidato del árbol en el baño de la Cámara de Diputados inició los contactos con el piñerismo para sellar el Acuerdo por la Paz.

La sola aparición de Boric como candidato en las primarias de Apruebo Dignidad resultó un hecho sorprendente, porque si en algo destacó durante el período anterior a su aparición como presidenciable, lo fue por impulsar la ley antibarricadas y por prestar con su compulsiva «condena a la violencia», apoyo político a la política represiva de Piñera. A Boric no lo recordamos en Plaza Dignidad, porque en ese escenario solo compareció para ser defenestrado.

No obstante esta realidad —desde Apruebo Dignidad hasta los escombros de la Concertación— de forma inexplicable pero comprensible, parece interpretarse la derrota de Boric como el resultado de una abrupta derechización del electorado, una especie brote psicótico colectivo. Sus parciales aparecen ofuscados con el populacho inconsciente, con los que no fueron a votar y con la ultraizquierda facciosa. Como decimos en el campo, esta gente le echa la culpa al empedrado. Prisioneros de sus prejuicios institucionales y de su narcisista adaptación al régimen responsabilizan al movimiento de masas, a las asambleas, a la primera línea y a las organizaciones de trabajadores por no haber concurrido entusiastas tras la candidatura de Boric. Una candidatura que solo ofrecía estabilizar el régimen.

La verdad es muy distinta.

La Derecha se impuso electoralmente con tan solo la preservación de los votos del rechazo. No es verdad que haya crecido Kast y que presenciemos una ola de ascenso fascista. Lo que vemos en la realidad es el derrumbe político de la oposición a Piñera como resultado de una política que da las espaldas hasta en el discurso, a los intereses populares, al pueblo explotado. Si algo fue derrotado el domingo pasado es precisamente el discurso posmoderno, particularista, de minorías, que caracteriza al neoconcertacionismo agrupado tras Apruebo Dignidad. Porque esta derrota está prefigurada con cada paso que dieron de sumisión al gran capital. Esta derrota comenzó reivindicando el Acuerdo por La Paz, prometiendo evitar nuevos estallidos, condenando la violencia popular y garantizando los intereses de los inversionistas extranjeros. Esta derrota se comenzó a proyectar el mismo domingo en la noche: mientras Kast profería a voz en cuello amenazas y alentaba un claro discurso anticomunista, Boric con una voz temblorosa comenzaba discurso advirtiendo que él no tenía enemigos.

No se le puede pedir a los trabajadores que apoyen a Boric, como tampoco se les puede responsabilizar de una derrota de Boric en diciembre. No sabemos qué ocurrirá en la segunda vuelta, pero sí sabemos qué resultará de ella: un feroz gobierno patronal. Uno gris, piñerista como el de Kast o uno multicolor, concertacionista, como el de Boric. En cualquier caso será un gobierno patronal, sin mayor apoyo popular y condenado a profundizar la crisis social que se desprende de la putrefacción del orden capitalista.

La presión sobre los grupos de izquierda será brutal y a ella solo puede oponérsele una inquebrantable independencia de clase. Entendemos a los luchadores quiénes quieran ir a votar por Boric, entendemos su confusión, nos limitamos a decirles que están equivocados y que el camino a seguir —el único para conjurar la amenaza fascista— es la férrea unidad de la clase trabajadora y la reivindicación de un gobierno revolucionario, un gobierno de la clase trabajadora que se oriente a barrer con la institucionalidad patronal. El fascismo nunca ha necesitado de elecciones para hacerse del poder, porque su planteamiento de fondo es arrasar con todas las libertades demócráticas y toda forma de organización de los trabajadores. Por lo mismo no tiene sentido intentar un frente antifascista votando por un liberal demócrata como Boric.

Necesitamos un frente de clase y eso es evidente y urgente. A ese frente, que hoy hemos iniciado desde el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora (FUT), invitamos al activismo, a los militantes, a las organizaciones que estén dispuestas a enfrentar la ofensiva patronal que se fragua en la cocina del poder, tras la mascarada electoral. Invitamos también a todos los que entienden que es necesaria la construcción de una nueva dirección política de los trabajadores, te invitamos, como dice la hermosa canción española «al frente de batalla, primera línea de fuego»

Fuente: https://elporteno.cl/la-rendicion-incondicional-de-boric/

 

viernes, 29 de noviembre de 2019

PIÑERA PREPARA SU PROPIA DICTADURA



por Gustavo Burgos

Con la obsecuencia que los caracteriza, un grupo importante de senadores oficialistas y opositores, entre estos últimos se cuentan Insulza y Quinteros (PS), Goic y Rincón (DC), Quintana y algún otro irrelevante, salieron a respaldar la política represiva de Piñera. Con pusilanimidad declaran no haber estado a la altura de las circunstancias, que la crisis social es muy profunda y que la conviviencia social -esto es lo único importante- debe ser restaurada a la brevedad y que para ello el Presidente cuenta con las herramientas adecuadas. La carta de apoyo es presentada por los medios oficiales como un respaldo unitario, transversal y de compromiso democrático que legitima el accionar de la fuerza pública. 


Mientras redactaban y publicaban esta carta de la infamia, las FFEE de Carabineros cegaban a la obrera Fabiola Campillay a quien -mientras esperaba la locomoción colectiva- dispararon una lacrimógena en el rostro; horas después, en el Paradero 16 de Gran Avenida fue encontrado el cuerpo inconsciente del destacado abogado de los DDHH, Hiram Villagra y hasta estas horas se encontraba en el Hospital Barros Luco de la capital. Pero ni estos hechos, ni la ceguera confirmada de Gustavo Gatica, ni los allanamientos masivos en Valparaíso, ni el ataque a dos locales del Partido Comunista, ni el informe de Human Right Watch que constata masivas violaciones a los DDHH por parte del Gobierno, parecen hacer cambiar de opinión a los «demócratas» patronales. Efectivamente, en conjunto se han puesto al servicio del plan represivo del Gobierno porque saben que la dominación capitalista -también en su conjunto- está en juego. Revolución o contrarrevolución.



Con estos golpes represivos Piñera busca aglutinar en su entorno a la burguesía y establecer un régimen dictatorial. Ese es su plan, como Bordaberry en junio del 73 en Uruguay, y como Fujimori en abril del 92 en Perú. Apoyado en el Congreso -a estos efectos tiene una amplia mayoría- Piñera persigue imponer una Dictadura, éste es el sentido del proyecto de ley para incorporar a las FFAA en tareas de orden público garantizándoles completa impunidad para los actos que perpetren en cumplimiento de tales labores. La iniciativa inequívocamente inconstitucional, ha sido planteada con discusión inmediata en el parlamento lo que supone que si logra las mayorías -que ya tiene- en una semana podríamos tener un nuevo Gobierno de Piñera-Congreso-FFAA. Este es el plan explícitamente proclamado por el sanguinario ladrón de bancos que está en La Moneda.

La perorata sobre los saqueos y la protección de los comerciantes y la «clase media» es el torpe manto con que se desarrolla este plan golpista. Nunca les han preocupado los pequeños propietarios. Al Gobierno, y a los que le han antecedido, sirvientes del mismo plan imperialista, sólo le preocupa cautelar los intereses del gran capital financiero que administra los más de 260 mil millones de dólares de las AFP; cautelar a las grandes corporaciones que se roban día a día nuestro cobre, litio y demás recursos naturales. A Piñera, por cierto le interesa por lo mismo preservar los intereses de los grupos económicos, de sus socios y sus propios intereses como especulador financiero. Este es el verdadero saqueo cometido durante décadas en contra del pueblo. 

No son los «vándalos» los que han destruido el país. Son los grupos económicos, los bancos, los mall y las cadenas comerciales los que han barrido con la pequeña propiedad comerciante: este es parte importante de la tragedia de Valparaíso, de calle Serrano, Victoria, Pedro Montt. O es que no han visto los fines de semana los miles de desesperados que ponen sus mantas en la calle para vender baratijas, aguijoneados por el hambre y la miseria. ¿Ellos no fueron saqueados señores demócratas de pacotilla?; ¿no fueron saqueados los millones de trabajadores a los que se les robaron sus fondos previsionales?. No nos saquean día a día los grandes explotadores impidiéndonos la organización sindical y el derecho a huelga y negociación colectiva por rama de producción. No, esos saqueos no importan, sólo importan las bandas de miserables que empujados por el hambre y la miseria han salido desesperados a hacer pillaje aprovechando el desorden. Pero no nos vengan a decir que la amenaza a la convivencia nacional y el orden público proviene de los «vándalos». No señores, la amenaza a la convivencia nacional, al orden público y a toda forma de civilidad proviene desde las esferas del poder. Los enemigos del pueblo explotado son quienes nos gobiernan y usurpan las banderas democráticas para preservar sus espurios intereses de clase.

Compañeros, no nos dejemos confundir. No abramos las puertas a la división del movimiento. Juntos, unidos como un solo puño contra Piñera, sus sirvientes y las clases patronales hemos de vencer. Desde las calles y asambleas, desde las bases, organizaciones sindicales, territoriales, de DDHH, Coordinadoras, Mesas Sociales, todas estas instancias tienen hoy la palabra. De nosotros depende impedir que se materialice el Golpe de Piñera. De nosotros depende que no se establezca una Dictadura que aplaste al movimiento en un baño de sangre.

Hoy vociferan en contra de los vándalos y de los nobles compañeros de la Primera Línea. Mañana lo harán con las organizaciones de base, el activismo y la militancia comprometida en esta lucha. Nos quieren de rodillas, nos quieren aterrorizados y resignados al itinerario del «Acuerdo por La Paz» de los cementerios.

Clase contra clase. Trabajadores contra explotadores. Este es el terreno en que se dirime la crisis chilena. La burguesía juega con las ilusiones de un plebiscito fraudulento en abril, pero lo que prepara es un baño de sangre. No nos engañemos. Defendamos nuestros espacios, fortalezcamos nuestras organizaciones, preparemos una Huelga General Indefinida con ocupación de lugares de trabajo y estudio. Unifiquemos los órganos de lucha. En Valparaíso ocupemos todos los espacios para la movilización, desde el Grupo de Trabajadores 1º de Mayo construimos una trinchera en este movimiento y a él te invitamos.

Fuera Piñera!! Abajo el Acuerdo de Paz!! Abajo el plan golpista!! La única salida democrática es el poder de los trabajadores.



miércoles, 27 de noviembre de 2019

LA SOLUCIÓN A LA CRISIS: QUE GOBIERNEN CABILDOS Y ASAMBLEAS



por Gustavo Burgos

Desde el Gobierno se prepara una ofensiva para reinstalar la represión masiva, como único camino para restablecer el orden público de los capitalistas. No les basta con el castigo indiscriminado e inclemente de las FFEE sobre las movilizaciones, los asesinados, mutilados, heridos y apresados ilegalmente. Ahora Piñera pide que se le de libertad de convocar a las FFAA para preservar el orden público (la excusa es el cuidado de instalaciones) y en Educación han desempolvado el libreto pinochetista del «adoctrinamiento» y se disponen a imponer un discurso único, que por supuesto llaman «apolítico», en contra de las ideologías.

Esto es lo que ha logrado el Acuerdo por la Paz: envalentonar a un Gobierno moribundo y quebrado, como el de Piñera, y permitirle salir a la ofensiva. Como ya hemos dicho la única pretensión de este Acuerdo es desmovilizar, legitimar la represión y abrir las puertas a una nueva Dictadura. Lo dijimos desde el primer momento y es lo que se ha visto materializado en la práctica. La condena de Amnistía Internacional, la que se espera para mañana de Human Right Watch y la de las Naciones Unidas, ponen de manifiesto el aislamiento internacional del régimen y los crecientes rasgos dictatoriales de un Gobierno que fue ungido por el sufragio, pero que en su ejercicio ha devenido en dictatorial, en un Gobierno que sistemáticamente viola los DDHH. Los recientes gestos represivos de Piñera confirman este aserto y por lo mismo avanza raudo al establecimiento de un régimen autocrático y dictatorial. Si no lo hace, indefectiblemente cae. 

Pero la ofensiva piñerista tiene un efecto venenoso que ataca las bases del único sostén que hoy día mantiene colgado, con alfileres, al Gobierno. Efectivamente, esta ofensiva torpedea -un torpedeo bajo la línea de flotación- al propio Acuerdo por la Paz. Cada medida represiva que compulsivamente adopta el Gobierno erosiona la base de sustentación del mismo y lo hace notoriamente inviable. Esta semana se han ido abriendo grietas en el Acuerdo sobre cuestiones claves como la llamada hoja en blanco, la elección de los delegados, el mecanismo de acuerdo, entre otros igualmente sustanciales. La propia oposición se ha dividido sobre estas cuestiones y lo que hace menos de 15 días era un acuerdo que ponía fin al conflicto, ha pasado ser un leño más en la hoguera política.

Esta semana tuve el honor de ser invitado a dos Cabildos en Valparaíso. Uno de Laguna Verde y otro en Barón. Como abogado se me invitó a informar sobre el proceso constituyente y en este marco las discusiones giraron en torno a una idea central: la reivindicación de la Asamblea Constituyente, lejos de ser un estrecho camino uniforme, es, en realidad, un campo de batalla. Mientras para el régimen la Asamblea Constituyente -degradada por el acuerdo a «Convención»- es una forma de expropiar de su fuerza a los organismos de base y dejarla constreñida al aparato estatal patronal, muy por el contrario, lo que entiende el movimiento, es que la Asamblea Constituyente es una soberana expresión de poder popular, de poder generado desde las bases y una nueva forma de Gobierno.

El tipo de discusión que pude observar en estas asambleas populares, y que se replica ampliamente, no se limita a lo informativo ni a lo meramente electoral como pretenden los «demócratas» del Acuerdo por la Paz. En efecto, al revés de lo que pretende el régimen, las bases movilizadas de trabajadores, jubilados, estudiantes, pequeños comerciantes, profesionales y población general, han entendido que durante este mes de movilizaciones nos hemos ganado el derecho a decidir sobre los grandes problemas nacionales. Los Cabildos y Asambleas son, en la práctica Asambleas Constituyentes, por lo mismo en estos espacios se discute no sólo sobre aquello que impulsó originariamente el movimiento , el transporte, sino que también sobre derechos laborales, previsionales, sobre la propiedad de los recursos naturales y los grandes medios de producción, sobre la tierra y el agua y sobre el castigo a los violadores de los DDHH de este propio movimiento. Lo que se discute en las bases es la formación de un nuevo Gobierno, de un Gobierno de los de abajo, un Gobierno de Trabajadores.

Tarea central de este momento, así se debatió, es la unificación de los Cabildos y Asambleas. Primero a nivel ciudad, luego regional y finalmente a nivel nacional. Ya hay algunos intentos en este camino de reunir delegados mandatados por las bases para expresar la voluntad no de las cúpulas y las élites que pontifican desde el Congreso, sino que para expresar la voluntad política de quienes se juegan la vida día a día luchando en contra del régimen y el Gobierno piñerista.

Si las asambleas y cabildos se unifican nacionalmente, estarán echadas las bases no sólo de una nueva forma de Gobierno y Constitución. Tal unificación dará en realidad cuerpo a un gobierno de los explotados, abriendo las puertas de la revolución que se ha iniciado en Chile desde el 18 de octubre . Con esta unificación del movimiento se crearán las herramientas para cambiar desde la base bases la totalidad de la estructura social. Tal cambio pondrá fin al orden capitalista, pondrá el poder en manos de los trabajadores y explotados y será el Chile nuevo, la República de los Cabildos y Asambleas, el rojo amanecer y la liberación popular cuyas banderas enarbolan millones hoy día en las calles. Tal es la tarea, tal es la revolución, en esta lucha desde las bases, habremos de vencer.