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martes, 17 de noviembre de 2020

PERÚ AHOGADO EN UNA CRISIS QUE LLEVA 30 AÑOS: ¿SE HACE CAMINO AL ANDAR?

 


Por Aram Aharonian | 17/11/2020

El congresista Francisco Sagasti, del derechista Partido Morado, asumirá la Presidencia peruana luego que el lunes 16 el Congreso aprobara la lista para la Mesa Directiva del Parlamento que lideraba y que completan los parlamentarios Mirtha Vásquez (Frente Amplio) en la primera vicepresidencia, Luis Roel (Acción Popular) y Matilde Fernández (Somos Perú).

Sagasti Hochhausler recibió el inmediato apoyo del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA). La semana pasada la OEA no reconoció a Manuel Merino como mandatario legítimo y llamó al Tribunal Constitucional a pronunciarse. “Lo que queremos en este momento es encausar este proceso de transición y garantizarlo de la manera más adecuada, correcta y más confiable para la población”, dijo la frenteamplista Mirtha Vásquez.

Limeño, ingeniero industrial y político, Sagasti es fundador y militante del Partido Morado, y se desempeñaba como presidente de la Comisión de Ciencia, Innovación y Tecnología del Parlamento. Ha ocupado importantes cargos: fue asesor del canciller Allan Wagner (1985) y fue jefe de la División de Planeamiento Estratégico y asesor principal de los Departamentos de Evaluación de Políticas y de Relaciones Externas del Banco Mundial (1987).

Ha sido docente en la Universidad del Pacífico y en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y en el exterior en el Instituto de empresa de Madrid y la escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania.

Hartos de estar tan hartos

La sociedad peruana ya no aguanta más la crisis económica, fiscal social sanitaria. Salió a la calle con las añejas banderas del “que se vayan todos”. ¿Y entonces, qué va a pasar en un país que tiene cinco presidentes corruptos presos y uno suicidado y que sumó tres mandatarios en una semana: Martín Vizcarra, Manuel Merino y Sagasti?

A Merino le quitaron el respaldo: Las Fuerzas Armadas aseguraron que pondrán todos su medios y capacidades “en defensa del pueblo y del Estado de Derecho”, tras lamentar el fallecimiento de los dos jóvenes y “reiteró su respaldo y defensa del pueblo y la Constitución”.

Perú vive una emergencia sanitaria y económica remarcada por la pandemia y que ha mostrado la precariedad y la informalidad en la que han vivido y viven millones de ciudadanos, y lo han convertido en el país con más alta letalidad del planeta.

A cinco meses de las elecciones generales, que deberían renovar las instituciones en ocasión del bicentenario de la independencia, con los graves problemas económicos y de salud pública que afligen a la población, parece sumamente irresponsable provocar una crisis política de esta gravedad. Todo por ambiciones e intereses personales.

Marchas iguales o mayores que las que desembocaron en la de los Cuatro Suyos en el 2000, que combinan la alegría y el desenfado con la indignación, donde jóvenes que no habían nacido o que eran muy niños entonces, marchan como veteranos de esas jornadas, con la determinación de no parar hasta la salida del impuesto gobierno de Manuel Merino y Ántero Flóres-Aráoz. No es sólo en la ciudades: los pequeños pueblos más alejados de la Amazonía y del altiplano también se están movilizando.

Y cuatro días después de haber asumido, Merino “el breve” tuvo que presentar su renuncia irrevocable al cargo, tras la dimisión de más de la mitad del gabinete de ministros y luego de una noche de manifestaciones que dejó al menos dos muertos y centenares de heridos. “Ha salido un dictadorzuelo del palacio”, dijo el destituido Martín Vizcarra .

La saga de los presidente corruptos

Hay algo para destacar: la tardía valentía de algunos medios de comunicación llamando las cosas por su nombre, definiendo como «golpe de Estado» lo que la mayoría de la prensa hegemómica y las agencias internacionales han titulado asépticamente «Vacancia del presidente Martín Vizcarra por el Congreso de Perú».

«El golpe no deja de ser golpe. (…)El hecho de que un grupo conspirador se haya apropiado del gobierno poniendo fin a 20 años de democracia, quebrando la Constitución y colocando al país nuevamente en un tránsito aciago gobernado por la codicia y la corrupción», dijo La República.

La operación tuvo un ensayo general, un intento fallido hace dos meses, usando la misma causal de «incapacidad moral permanente», repitiendo el esquema de la acción del anterior parlamento cuando destituyó al presidente anterior Pedro Pablo Kuczynski, en marzo de 2018.

Vizcarra, en una sesión de tan solo cinco horas, fue acusado de recibir sobornos y coimas del llamado Club de la Construcción –una red mafiosa para ganar licitaciones– cuando era gobernador de la sureña región de Moquegua (2011-14), pero nada ha sido probado por ningún juez o fiscal, y sólo se sostiene en las declaraciones de unos aspirantes a colaborar con la justicia, gente que con tal de salvar el pellejo declararía cualquier cosa.

De un total de 130 congresistas que votaron para destituir a Vizcarra, 68 tienen investigaciones judiciales en curso y denuncias por diversos delitos, pero ninguno de ellos ha dejado el cargo o renunciado a la inmunidad. Al contrario, este Congreso parece más un refugio sagrado que un parlamento.

Merino, un oscuro empresario ganadero del norte y conocido por obtener la condonación fiscal para sí y sus pares de Tuimbes, se sacó las ganas de ser presidente, aunque sea hasta abril próximo cuando se debieran realizar las próximas elecciones generales, aplaudido solo por congresistas. 151 jueves y 183 fiscales involucrados en actos de corrupción.

El golpe encontró un fuerte rechazo popular. El Tribunal Constitucional aún no se ha pronunciado definitivamente sobre la vacancia, pero las ceremonias de investidura ya han sido oficiadas.

Sin embargo, las manifestaciones crecientes de estos días hablan de una sociedad civil harta de políticos y empresarios corruptos. Sin duda, este nuevo eslabón es otra exhibición del desdén de las clases políticas hacia la voluntad popular, cuando las encuestas señalaban, y las movilizaciones callejeras han ratificado, que el Ejecutivo contaba con un respaldo muy superior al del Legislativo.

El gobierno entrante ha respondido con un feroz despliegue represivo a las protestas contra lo que muchos ciudadanos consideran una usurpación y una tentativa para incidir en los comicios presidenciales en seis meses, mientras Merino integraba en su gabinete a personajes tan impresentables como el genocida Antero Flores-Aráoz, ministro de Defensa durante el segundo mandato de Alan García.

Diversos factores confluyen en esta crisis que creo va más allá de lo político institucional y compromete al régimen instaurado en 1992 con el golpe de estado de Alberto Fujimori y la Constitución de 1993 que fue su producto y el marco en el cual se han regido el Estado, la economía y la sociedad en los últimos 30 años.

Pero se vino el declive del boom económico producido por los extraordinarios precios de los minerales que evidenció que lo vivido había sido una “prosperidad falaz”. Las evidencias de corrupción estimuladas por el caso Odebrecht y otros en el que estuvieron involucrados los presidentes, pero también los grupos de poder económico, dejó al desnudo la captura corrupta del Estado, que se acentuó con el gobierno de Kuczynski.

La disputa entre fracciones de los grupos de poder económico y su representación política de derecha por el control del Estado expresada entre el grupo más liberal, lobista y ligado al gran capital de Kuczynski y el más emergente, mafioso y conservador expresado por Keiko Fujimori, que implicó como hasta hoy un enfrentamiento de poderes entre el ejecutivo y el legislativo.

¿Por un gobierno popular?

Los sectores populares son los más afectados por esta crisis ya que la descomposición política, la crisis sanitaria y social, que no logran encontrar una salida en los actuales marcos políticos y económicos, continúan excluyendo a las grandes mayorías y beneficiando a los grupos de poder económico.

Hoy quedó demostrada la necesidad de garantizar la lucha contra la corrupción, fortalecer el sistema de justicia para que no haya borrón y cuenta nueva y reactivar la economía en función de las grandes mayorías, junto a la necesidad de una reforma política que democratice realmente el sistema político y lo libere de las mafias y el gran poder económico.

En la izquierda se considera que se debe avanzar hacia una refundación del país, partiendo de una reforma constitucional. Este no es solo el problema del Estado neoliberal y su modelo económico, es el fracaso del Estado fundado hace 200 años que una y otra vez ha sido reactualizado y que en esencia ha sido patrimonializado por los sectores dominantes.

Mientras, la crisis generada por las grietas del consenso construido desde 1992 se llena con discursos reaccionarios y muy conservadores. Lo que hace falta son cambios de fondo, estructurales que deben expresarse a todo nivel y deberían estar contenidos en un nuevo pacto constitucional donde el centro deben ser los derechos de las personas, y un Estado y economía al servicio de ello, señala el politólogo Álvaro Campana.

Desde los sectores populares se tiene conciencia de que antes serán necesarios otros pasos como pelear por una respuesta popular a la emergencia sanitaria y social y una reactivación económica que no repita lo ocurrido en desastres anteriores, favoreciendo solo los negocios particulares de los privados. Politizar y movilizar a la ciudadanía en este proceso es vital, que obligue a abrir un momento de transición al que Vizcarra se negó y que el actual gobierno ilegítimo también niega.

Con la pandemia ha quedad desnudo un gobierno, el de Vizcarra, en el mismo rumbo con lo cual el Perú tiene ya la misma cantidad de muertos por Covid que los que hubo en el Conflicto Armado Interno que ocupó una década. Los trabajadores, los productores agrarios, los pequeños empresarios, las mujeres y los pueblos indígenas han sido los más golpeados.

Hay una especie de piloto automático económico y un fracaso del Estado neoliberal para garantizar derechos carcomidos por la corrupción de lobbys y mafias, así como un avance importante de discursos reaccionarios y conservadores que cabalgan y crecen en la desesperación de la ciudadanía. Mientras, “los políticos” siguen abocados a las disputas de parcelas del poder y garantizar los intereses a los que representan, añade Campana.

Perú da señales de haber entrado a un proceso de reconstitución popular y de ruptura con la partidocracia que lo somete desde hace años y desde la calle se hace protagonista; una de las expresiones populares que acompañan la movilización y la lucha es el movimiento Nuevo Perú, fundado en 2017 que, hasta ahora, no ha logrado conformar una alianza más grandes sobre propuestas consensuadas y realizables para un país en crisis ¿terminal?.

Se trata de una organización en la que convergen diversos espacios de izquierda provenientes de los sectores históricos, pero también de las luchas recientes en el Perú y que participaron en las elecciones de 2016 en el marco de lo que fue el Frente Amplio y que llevó a Verónika Mendoza como candidata a la presidencia, quien ahora será candidata. para las próximas elecciones de abril de 2021, por la coalición Frente Político Juntos por el Perú.

Una gran tarea para los sectores populares es construir una gran plataforma político social y ciudadana que permita alcanzar un gobierno de mayorías y que posibilite los cambios estructurales y otra es  avanzar hacia un proceso constituyente que concluya en una nueva constitución.

Lo cierto es que se requiere de una profunda reconstrucción del Estado con una perspectiva descentralizadora y garante de los derechos de la ciudadanía, con capacidad de planificación, regulación y participación estatal en las actividades económicas estratégicas y servicios fundamentales.

El combate a la corrupción no es sólo como un asunto moral, sino la expresión sistémica de un estado puesto al servicio de intereses particulares. Se necesita una economía diversificada, con una perspectiva territorial y centrada en potenciar y mejorar las condiciones de la pequeña agricultura, las pequeñas y medianas empresas, en vincular la economía con la innovación tecnológica y la planificación ecológica.

Los sectores populares reclaman, asimismo, una reforma tributaria que permita una redistribución económica y sea la garantía del ejercicio de los derechos sociales. Deben ser respetados los derechos de los trabajadores, los productores del campo y la ciudad, los ciudadanos, los pueblos indígenas, las mujeres, la comunidad LGTBI, señalan desde las calles, caminos y carreteras del Perú..

Aram Aharonian. Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.

Fuente: https://rebelion.org/peru-ahogado-en-una-crisis-que-lleva-30-anos-se-hace-camino-al-andar/

 

viernes, 31 de julio de 2020

LA HUMANIDAD PROTESTA CONTRA LOS CRÍMENES DE MUERTE

Frew Kebede (Etiopía), Shimutt, 2018.

·        Instituto Tricontinental de Investigación Social

31/07/2020

 


El 23 de julio, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunció que ya hay 15 millones de personas infectadas con covid-19 en el mundo. “La pandemia ha trastornado la vida de miles de millones de personas. Muchas han estado en casa durante meses”, dijo. El trauma del Gran Confinamiento está teniendo un grave efecto psicosocial. “Es completamente comprensible que la gente quiera retomar su vida”, dijo el Dr. Ghebreyesus, “Pero no volveremos a la ‘vieja normalidad’. La pandemia ya ha cambiado la forma en que vivimos nuestro día a día. Parte de la adaptación a la ‘nueva normalidad’ consiste en encontrar maneras de vivir nuestras vidas de forma segura”.

 

En la conferencia de prensa del 23 de julio en Brazzaville (República del Congo), el Dr. Matshidiso Moeti, director regional de la OMS para África, dijo que “El crecimiento que estamos viendo en los casos de covid-19 en África está ejerciendo una presión cada vez mayor en los servicios sanitarios de todo el continente”. Ya hay alrededor de 10.000 casos confirmados de covid-19 entre lxs trabajadorxs sanitarixs en África. “Esto tiene consecuencias muy reales para los individuos que trabajan en [el sector sanitario]”, dijo el Dr. Moeti. “Una infección entre lxs trabajadorxs de la salud ya es demasiado. Lxs médicxs, enfermerxs y otros profesionales de la salud son nuestras madres, hermanos y hermanas. Están ayudando a salvar vidas que corren peligro por la covid-19. Debemos asegurarnos que tengan el equipamiento, las habilidades y la información que necesitan para que ellxs mismxs, sus pacientes y colegas se mantengan sanxs”. Las cosas están tan mal —o peor— en todos lados. A fines de mayo, dos organizaciones de enfermerxs de Brasil (el Consejo Federal de Enfermería [COFEN] y el Consejo Internacional de Enfermerxs [ICN, su sigla en inglés]) anunciaron que el país tenía la cifra más alta del mundo de muertes de enfermerxs —la mayoría mujeres— por covid-19.

 

Los sentidos comentarios del Dr. Moeti me recordaron nuestro dossier 29 (junio de 2020), La salud es una decisión política. Nuestrxs investigadorxs conversaron con trabajadorxs de la salud en Argentina, Brasil, India y Sudáfrica, para conocer sus condiciones de trabajo y sus preocupaciones sobre cómo sus gobiernos están manejando la pandemia. Lerato Madumo, presidenta del Sindicato de Enfermeras Jóvenes Indaba (Sudáfrica), nos dijo: “Incluso antes de que llegue la covid-19, nuestro sistema de salud ya estaba deteriorado. Lo primero en la lista era la escasez de enfermeras. Entramos en esta pandemia con un personal de enfermería esquelético”. Cada una de las personas con las que hablamos nos dijo que sus sistemas de salud pública han sido debilitados por los presupuestos de austeridad, usualmente impuestos por los ricos tenedores de bonos y el Fondo Monetario Internacional, quienes exigen el pago del servicio de la deuda y no les importa si ese dinero viene de sistemas públicos de salud, educación o bienestar social. Este es un buen motivo para unirse al llamado a la abolición de la deuda de los países en desarrollo.

 

En abril, la OMS —junto con el Consejo Internacional de Enfermerxs y Nursing Now— publicó un informe llamado “Situación de la enfermería en el mundo 2020”. La cifra clave del informe es que el mundo tiene un déficit de casi seis millones de enfermerxs. Asombrosamente, el 89% de este déficit está concentrado en el Sur Global, “donde el crecimiento en el número de profesionales de enfermería apenas sigue el ritmo del crecimiento demográfico”. Cabe señalar que la presión del FMI para mantener bajos los sueldos del sector público a cambio del alivio de la deuda externa tiene como consecuencia bajos salarios para lxs enfermerxs, quienes muchas veces migran a países de mayores ingresos, creando lo que Zuhal Yeşilyurt Gündüz llama “fuga de cuidadorxs”.

 

Cuando hablamos de enfermerxs estamos hablando en su gran mayoría de mujeres, y aquí tenemos que centrarnos en el menosprecio y la discriminación. Un documento de la OMS de marzo de 2019 tiene una frase que debiera detener la retórica hipócrita sobre la equidad de género: “Las mujeres representan alrededor del 70% de la fuerza laboral de salud, pero ganan un promedio de 28% menos que los hombres”. En el Instituto Tricontinental de Investigación Social, con el liderazgo de nuestra subdirectora Renata Porto Bugni, estamos realizando un estudio detallado sobre el impacto de género del coronashock que abordará con profundidad estos hechos. Este informe será publicado en los próximos meses.

 

 A partir de las entrevistas con trabajadorxs de la salud realizadas por nuestro equipo para La salud es una decisión política, nuestro dossier desarrolló un programa de dieciséis puntos para cambiar la prioridad de los sistemas sanitarios en los países capitalistas. Seis de ellos merecen especial atención:

 

1.           Aumentar sustancialmente las pruebas de covid-19 para lxs trabajadorxs de salud.

 

2.           Proteger a lxs trabajadorxs proveyendo EPP y mascarillas de alta calidad, así como otros equipos necesarios. Lxs trabajadorxs de primera línea deben estar adecuadamente capacitadxs para enfrentar la enfermedad.

 

3.           Desembolsar inmediatamente los recursos para establecer escuelas de capacitación para lxs trabajadorxs de la salud, incluidos médicxs, enfermeras y trabajadorxs de la salud pública.

 

4.           Aumentar los salarios de lxs trabajadorxs de salud y pagarles con frecuencia y regularidad.

 

5.           Reconocer que lxs trabajadorxs tienen el derecho de retirarse de su labor si deciden que su trabajo conlleva un riesgo inminente para su salud o su vida (con base en las Convenciones 155 y 187 de la OIT).

 

6.           Garantizar la inclusión de los sindicatos de trabajadorxs de la salud en los comités que formulan políticas para el sector salud en general y para la crisis de covid-19 en particular, y que tengan voz en la determinación de tales políticas.

 

Estas son demandas básicas, políticas con las que cualquier persona sensata estaría de acuerdo después de ver la catástrofe infligida a la población de los Estados capitalistas durante la pandemia. Muchas de esas demandas reaparecen en nuestro Programa de diez puntos para el Sur Global post covid-19. Debiéramos agregar a la lista:

 

1.           Presionar al FMI y al Departamento del Tesoro estadounidense para que dejen de dictar los niveles de los sueldos del sector público como condición para los préstamos, de modo que los gobiernos en el Sur Global puedan compensar adecuadamente a sus trabajadorxs de la salud.

 

En septiembre de 1947, un médico en Faqus (en el norte de Egipto) vio a dos pacientes que mostraban síntomas de intoxicación por alimentos; al día siguiente llegaron dos pacientes más y él les recomendó ir al hospital. El funcionario de salud de Al Qarnah (en el centro de Egipto) “estaba perplejo con el informe de diez muertes durante ese día”, según señaló posteriormente un informe de la OMS. Egipto había experimentado seis pandemias previas de cólera (1817, 1831, 1846, 1863, 1883 y 1902), y aún así esta vez lxs funcionarixs médicxs no tenían certeza de qué estaba causando la enfermedad. El cólera se propagó por todo el país antes de que “un ejército de médicxs, funcionarixs sanitarixs, enfermerxs y personal de aseo” pudiera romper la cadena de infección: 10.277 personas murieron durante este brote. Los rumores de que el cólera llegó a Egipto a través de los soldados británicos que se encontraban en el país durante la Segunda Guerra Mundial fueron descartados por las autoridades británicas.

 

En Irak, Nazik al-Malaika (1923-2007) escuchó información sobre los brotes de cólera en la radio. Su congoja se volvió un hermoso poema: Cólera (traducido al inglés por Husain Haddawy).

 

Es de noche.

Escucha los lamentos que resuenan

por sobre el silencio en la oscuridad.

 

el duelo agonizante se desborda

chocando con los lamentos.

En cada corazón hay fuego,

en cada choza silenciosa, dolor,

y en todas partes, un alma llorando en la oscuridad.

 

Es de noche.

Escucha los pasos del transeúnte,

en el silencio del amanecer.

Escucha, observa las procesiones fúnebres,

Diez, veinte, no… innumerables.

En todas partes yace un cadáver, llorado

sin un discurso o un momento de silencio.

La humanidad protesta contra los crímenes de muerte

 

El cólera es la venganza de la muerte.

Hasta el sepulturero ha sucumbido,

el muecín está muerto,

y quién hará el elogio de los muertos?

Oh Egipto, mi corazón está desgarrado por los estragos de la muerte.

 

Hasta el sepulturero ha sucumbido a la enfermedad, pero también lo han hecho lxs trabajadorxs de la salud. Nuestros corazones están desgarrados por los estragos de la muerte, por el profundo dolor de la pandemia del coronavirus, la pandemia del hambre, la pandemia contra la esperanza. Pero aún así, en la penumbra, la poeta nos recuerda que “la humanidad protesta contra los crímenes de muerte”.

 

Fuente: https://www.thetricontinental.org/es/ - Boletín 31 (2020)

 

https://www.alainet.org/es/articulo/208211