Mostrando entradas con la etiqueta Juanlu González. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juanlu González. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de febrero de 2024

ISRAEL DEBE DESAPARECER

 


Por  Juanlu González

 

08/02/2024


La solución de los dos estados no es más que una ilusión

A raíz del genocidio de Gaza, la comunidad internacional, la misma que había decidido enterrar definitivamente la causa palestina, se está aferrando de nuevo a la vieja solución diplomática, basada en la coexistencia de dos estados trazados sobre la geografía de la Palestina histórica. Salvo Israel y Estados Unidos, que supedita el reconocimiento palestino a lo que decida el estado sionista en la mesa de nonegociaciones, buena parte del mundo apoya esta salida. Incluso la Liga Árabe y algunas facciones palestinas la ven como la única factible, tal es el poder del sionismo para imponer su realidad sobre el terreno, por muy injusta, aberrante y ahistórica que sea.

Y hasta cierto punto tiene su lógica, ya que la solución de dos estados se apoya en resoluciones internacionales de la Asamblea y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que articulan parte del corpus de lo que se conoce como “legalidad internacional”. Sin embargo, jamás ha estado cerca de implementarse por causa de la oposición frontal de Israel, cuyo objetivo primario fue siempre adueñarse de toda Palestina, como lo demuestra el que sea el único estado del planeta que tiene sus fronteras sin delimitar, tras más de 70 años de belicosa existencia y como también lo demuestra el asesinato de Folke Bernadotte, el mediador sueco de la ONU, enviado a la región para delimitar las fronteras palestinas, que fue baleado por los sionistas.

Las ofertas que Israel ha puesto sobre la mesa jamás incluyeron a Jerusalén ni los lugares santos del islam para los palestinos. Las más recientes tampoco les dejan el control sobre su espacio aéreo, ni sobre sus fronteras, aguas territoriales o las riquezas del subsuelo (agua, gas…). Hasta le prohíben expresamente que pudiese tener un ejército propio en el futuro. En definitiva, cualquier parecido con la realidad de un estado soberano es pura coincidencia. Realmente lo que han ofrecido negociar es un conjunto de cárceles, rodeadas de colonias habitadas por extranjeros extremistas fuertemente armados, flanqueados por muros de la vergüenza, por vallas con concertinas y de checkpoints militarizados para controlar los movimientos  dentro del archipiélago de campos de concentración en los que los invasores dejarían, graciosamente, vivir a los habitantes originarios.

Evidentemente, ningún dirigente palestino podría aceptar tal cosa, por muy al servicio que estuviese de Estados Unidos y sus aliados, ya que no duraría en el cargo ni una semana. Sin embargo, la prensa corporativa, tras cada ruptura de las negociaciones, nunca dudó ni un segundo, en culpar a la intransigencia palestina del fracaso de las pantomimas que el Occidente colectivo ha sido capaz de armar con la connivencia de la OLP o la ANP. 

Así se ha ido forjando la falsa imagen de unos árabes intransigentes que no han querido negociar porque lo “pedían todo”, y de un Israel que hacía enormes y dolorosos sacrificios para lograr una paz que siempre, supuestamente, le negaron los palestinos. Pero es aún peor. Cuanto más tiempo ha pasado, los territorios ocupados por la fuerza se han ido afianzando como conquistas, gracias a la llegada de alrededor de medio millón de extranjeros venidos de muchos países del mundo para expulsar a la población local. 

Cada vez que se ha denunciado un nuevo asentamiento ilegal, el gobierno de Tel Aviv contestaba con un absurdo mantra: “las colonias no son un obstáculo para la paz”. Así es como, poco a poco, el espacio para el futuro país palestino se fue reduciendo hasta el punto de que hoy es imposible trazar unas fronteras para la constitución de un estado viable. Se podrá aducir que los asentamientos ilegales, los que están dentro de las fronteras trazadas en 1967, que se consideran las internacionalmente reconocidas, se tendrían que desmantelar o bien quedarían dentro del futuro estado palestino, pero eso es algo que nadie con un mínimo de información sobre la región puede ver como factible.

¿Cuál es entonces la solución? ¿Hay solución? Al sionismo se le han visto claras sus intenciones durante el presente genocidio. Son las mismas que pretendía Hitler, la solución final. Matar a todos los palestinos que les sea posible y deportar al resto fuera de su tierra. Esos eran los planes que había detrás de la anexión de Cisjordania que estaban preparándo antes del ataque de la Resistencia a los territorios ocupados el 7-O y es también lo que están intentando ahora con los gazatíes. De hecho han tanteado a Jordania y Egipto, a Europa… incluso a la República del Congo y otros países del África subsahariana, como posibles lugares a donde expulsar —voluntariamente, eso sí— a los palestinos de la Franja. Ahora que eso no parece posible, con permiso de lo que pueda suceder en Rafah durante los próximos días o semanas, Israel se centrará en pretender mantener el status quo anterior, aunque controlando Gaza de manera aún más directa, del mismo modo que hacen en Cisjordania, donde no cesan de entrar a cada pueblo, a cada campo de concentración o cada casa, para asesinar a quien quieran sin apenas resistencia. 

Pero no es eso lo que afirma pretender la UE, la ONU o la comunidad internacional. Mayoritariamente dicen que contemplan la creación de un estado palestino según dictan las resoluciones de Naciones Unidas. Sin embargo, nadie se atreve a dar ningún detalle adicional sustancial. Israel jamás lo aceptará, ellos están donde siempre han estado y jamás han querido reconocer: en la construcción del Eretz Israel, como algunos quieren interpretar en las franjas azules de su bandera: desde el río hasta el mar. 

Así las cosas, la única solución justa y duradera para la región pasa por la desaparición del estado fallido de Israel, la vuelta de millones de colonos judíos a sus países de origen (casi todos tienen doble nacionalidad), el retorno de los palestinos de la diáspora, tal y como dicta la Resolución 194 según los registros oficiales de la UNRWA (¿se entiende ahora por qué Israel quiere acabar con esta Agencia de la ONU?) y restablecer un único estado multiconfesional, de nombre Palestina. 

Obviamente los judíos quedarían en minoría, justo como estaba la población blanca en Sudáfrica tras el apartheid, como siempre fue así en Palestina. No podemos ser ilusos, Occidente jamás permitirá una solución de este tipo, pues equivaldría a perder su mayor colonia y puesto avanzado militar en Asia Occidental, en la gasolinera del mundo. Pero es la única manera de hacer justicia, de reparar el daño causado y restablecer la paz en la región. 

No olvidemos que Israel ocupa por la fuerza, además de Palestina, zonas de Siria y Líbano y es el principal foco de inestabilidad mundial desde su ilegal y arbitraria creación. Basta abrir un periódico para darse cuenta de que es así.

Sin embargo, hay que ser consciente de que nada de esto será posible mientras EEUU continue siendo el hegemón mundial, un trono que está en disputa en estos momentos en muchos ámbitos como el económico, el militar o el tecnológico. Quizá eso de los dos estados podría ser útil como paso intermedio hacia la solución definitiva, pero poco más. Pero algo deben tener presente esos colonos sionistas. Deben saber que, en el momento en el que un nuevo mundo multilateral surja sobre las cenizas del orden basado en las reglas norteamericanas, «Israel» será el primero en caer, y esta vez para siempre.

Fuente: https://www.bitsrojiverdes.org/wordpress/?p=22417

 

 

miércoles, 20 de enero de 2021

DESMONTANDO LA PLANDEMIA

Por Juanlu González

 

18/01/2021

 

Veamos con atención este paquete de medidas adoptadas contra la pandemia provocada por el Covid-19 durante los últimos días:

  • Uso obligatorio de mascarillas
  • Distanciamiento social
  • Lavado y desinfección de manos
  • Confinamiento domiciliario excepto para tareas esenciales 
  • Cierre de bares (salvo comida para llevar) y del ocio nocturno
  • Cierre de cines y teatros
  • Cierre de gimnasios
  • Clausura de parques
  • Limitaciones al transporte público 
  • Cierre perimetral de provincias y de ciudades con controles policiales.
  • Prohibición de fiestas particulares
  • Exigencia de PCR negativo para turistas que entren en el país 
  • Interrupción del curso escolar
  • Clases por televisión
  • Vacunaciones masivas

No parece que sean especialmente extrañas. Tampoco muy diferentes a las tomadas, por ejemplo en el Estado español ¿verdad? Lo único que puede chirriar del recetario anterior es que las clases no son por vía telemática, sino por televisión. Y es que el país en cuestión sufre un brutal e ilegal bloqueo económico por parte del Tío Sam que le impide, por ejemplo, usar Zoom —la omnipresente herramienta de videoconferencia— dentro de sus fronteras y es más fácil hacerlo usando las redes de TV que las de fibra óptica para llegar a todos los hogares sin excepción.

Creo que ya no es necesario dar más pistas. Se trata del conjunto de medidas adoptadas por la Cuba comunista para enfrentar al virus. La mayor parte de ellas están vigentes estos días por ejemplo en La Habana, el mayor foco de contagio del país y han sido extraídas del Consejo de Defensa provincial de la capital caribeña, entre un total de 22 medidas dictadas ante el pico tan «grave» detectado en días atrás, además de otras de Pinar del Río. ¿Sabéis a cuánto asciende la ratio de contagio para tomar esas medidas tan drásticas?  A 46,1 casos por cada 100.000 habitantes. El sueño húmedo de cualquier gobernante de nuestro país, sobre todo en momentos en que estamos, a nivel general, en niveles cercanos a los 1.000, no siendo infrecuentes municipios que superan los 2.000 casos por cada 100.000 habitantes. 

O sea, que las medidas que se están tomando con ratios que aquí podríamos considerar despreciables, se toman en Cuba con afecciones 20 veces menores. Y lo peor es que, según la opinión de un sector de la población, todo se trata de una campaña de mentiras para lograr controlar a la población y quitarles su libertad, además de eliminar a buena parte de los habitantes del planeta en una especie de programa eugenésico o, simplemente, de desconeje masivo. En esa campaña participarían los gobiernos, las élites financieras, los medios de comunicación de masas, las farmacéuticas, la Organización Mundial de la Salud, BillGates, Soros y hasta el sursum corda… que las variantes de las teorías alternativas mutan más que las cepas del virus.

A pesar de las evidencias que relacionan a la extrema derecha norteamericana con la campaña de bulos sobre el coronavirus, sigue habiendo una minoría ruidosa de conspiranoicos de izquierda que insiste en que todo lo relacionado con el covid es un plan ideado en las cloacas del «Satánico Doctor No». Teniendo el origen que tiene, no es de extrañar que los máximos seguidores de estas teorías en el mundo sean los Trump, Bolsonaro, Orban, Salvini o los mismísimos líderes de Vox en las españas. No en vano tienen en común la asesoría de Steve Bannon, el gran Goebbels de nuestro tiempo, un ejecutivo de medios de comunicación y banquero que fue pillado financiando el «informe» de la científica china que defiende que el coronavirus se creó en un laboratorio del país de los dragones. 

Es normal que entre ellos se retroalimenten, pero… ¿cómo gentes de izquierda se prestan al juego de la extrema derecha mundial? ¿Cómo se convierte a una persona profundamente anticapitalista en funcional al neoliberalismo más salvaje? Pues usando la desconfianza natural que profesan contra el sistema y subiéndole un nivel más de descreimiento. Así, a través de ingeniería social, mediante el uso de redes sociales, se convierten en perfectos bots útiles al capitalismo. Porque es el capitalismo lo que ha sido tocado por esta pandemia y es el estado quien puede protegernos de este tipo de catástrofes. El mercado se muestra absolutamente inútil frente a este tipo de sucesos; sólo un estado fuerte puede encargarse con garantías de la seguridad de su ciudadanía. Por eso la extrema derecha está tratando de desviar la atención para que miremos el dedo y no a la luna. Para que nos entretengamos con el árbol que no nos deja ver el bosque.

¡Claro que ha habido cientos, miles de errores! A los españoles se nos ha caído el mito de que teníamos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, probablemente perderemos por el camino a un centenar de miles de personas, hemos visto cómo el sistema de atención de nuestros mayores raya en la indignidad, cuando no vulnera abiertamente los derechos humanos. Se han probado tratamientos que resultaron ser un fracaso, se aprobaron medicamentos que luego se certificaron como inútiles y viceversa. Se dejó a morir a ancianos por aplicación de triajes de guerra por incapacidad de un sistema sanitario colapsado… La lista podría ser interminable y los responsables deberían pagar por ello algún día.

Pero en vez de exigir reparación, muchos se entretienen con estrambotes inútiles, con bazofia lisérgica creada ex profeso para cambiar el punto de mira y el objetivo de la lucha. Así, en vez de demandar en las calles estados fuertes con una cobertura social acorde a las necesidades reales de la población, se dedican a mostrar su rebeldía con estupideces tales como no usar la mascarilla o tomar un café un minuto después de la hora oficial de cierre. ¿Habrase visto actos más revolucionarios?

Bueno, ¿pero qué pinta Cuba en todo esto? —os preguntaréis—. Precisamente es la prueba fehaciente de que las molestas medidas que todos y todas estamos sufriendo son las únicas que pueden adoptarse frente a una pandemia de estas características. Nadie en su sano juicio creería que el gobierno cubano esté complotando junto con las multinacionales farmacéuticas o los conglomerados mediáticos contra su propio pueblo, al menos nadie en la izquierda real o revolucionaria. Y Cuba, igual que España, confina, obliga al uso de mascarillas, al distanciamiento social y está vacunando a la población… incluso con valores de afección infinitamente más bajos que nosotros. Es cierto que también hay que poner en valor la calidad del sistema nacional de salud de la isla, incluso en tiempos duros como los que atraviesan en estos momentos debido a los efectos recrudecidos del bloqueo en la era Trump. Las medidas preventivas tomadas por su gobierno han sido tremendamente exitosas, así como la colaboración ciudadana de una población, tan preocupada siempre por lo colectivo. 170 fallecidos en total desde el inicio de la pandemia, es menos que el número de muertes en nuestro país en un solo día cuando ya dejaron de ser noticia. Una vez más Cuba nos muestra de lo que es capaz un gobierno centrado en defender a su gente y, por comparación, nos muestra la verdadera faz del capitalismo. Justo por eso es tan odiada por los neoliberales.

Ya basta de basura funcional al capitalismo, basta de apuntar al enemigo equivocado, de hacer el juego a la extrema derecha, de magufos y chamanes apocalípticos. Recuperemos el sentido común y luchemos por recuperar la soberanía popular frente a los ataques del capital y sus brigadas mediáticas negacionistas. Esa es la tarea prioritaria de la que no debemos distraernos.

Fuente: https://www.bitsrojiverdes.org/wordpress/?p=20207

 


martes, 31 de marzo de 2020

LOS REVOLUCIONARIOS EFECTOS DEL CORONAVIRUS


Por

29/03/2020

Las autoridades responsables de enfrentar la crisis del coronavirus insisten en que tenemos ante nosotros un parón económico de duración incierta, que puede ser cifrado entre 3 y 6 meses y que, luego, la economía seguirá el curso que traía antes de la pandemia. Solo es un paréntesis —afirman alegremente nuestros gobiernos. Pero todo indica que se trata de únicamente de insuflar ánimos para una improbable y rápida remontada. Hay que ser conscientes de que en adelante, nada va a ser igual. Lo que vendrá es una incógnita, no tenemos una bola de cristal con la que poder adivinar el futuro. Sin embargo, sí que pueden analizarse qué fuerzas se van a enfrentar en los próximos años para definir el venidero escenario político, económico y geopolítico mundial; o intentar comprender las tendencias generales que van a verse alteradas por la brutal capacidad de contagio del COVID-19.
Se están implementando dos diferentes modelos de superación de la crisis, la de aquellos países que pretenden salvaguardar la economía pase lo que pase y los de aquellos que están poniendo a la población por encima de cualquier otra derivada. Luego, entre medias, hay una amplia gama de situaciones que apuestan por fórmulas mixtas o más o menos escoradas hacia cada extremo. Lo normal, lo que incluye a nuestro gobierno, es que se pretenda salvar a la población sin dañar demasiado a la economía y que solo cuando se demuestra que la situación humanitaria no mejora, se siguen añadiendo nuevas medidas que, seguramente, se deberían haber puesto en marcha mucho antes. Esa es la dinámica mas frecuente en occidente. En el vértice opuesto tenemos a Estados Unidos, cuyos dirigentes temen la pérdida de influencia mundial si se ocupan de la población como debieran, e incluso abogan por la inmolación de sus ancianos para que la máquina económica norteamericana no cese. El propio presidente no para de gritar a los cuatro vientos que el remedio puede ser peor que la enfermedad y que su país no puede seguir cerrado más tiempo. Afortunadamente, muchos estados obviaron las recomendaciones de su presidente y sí decretaron confinamientos y el cierre de la actividad económica no esencial para evitar contagios al margen de la errática política federal, aunque, a pesar de todo, Estados Unidos ya es el epicentro de la pandemia a nivel mundial.
Las pocas veces que nuestros políticos se han dedicado a lanzar proyecciones del futuro a medio plazo nos hemos encontrado con dos tipos de discursos. Los que pretenden preparar al estado para enfrentar luchas similares a la que ahora libramos y los que pretenden dejar al mercado que dirija nuestro destino a pesar de catástrofes naturales como esta pandemia. Los primeros apuntan a la mejora de los sistemas sanitarios, algo que incluso el FMI demanda a España tras años sucesivos de recortes y privatizaciones realizados a derecha e izquierda y de norte a sur, aunque con distintas intensidades y modelos. Los especialistas piden reformas profundas no centradas tanto en el paciente sino en la sociedad en su conjunto, implicando los sistemas ambulatorios de proximidad e incluso visitas a domicilio para tratar epidemias, evitando colapsos y contagios por traslados masivos a hospitales. También se ha mencionado, en el caso de nuestro país, profundizar en la aplicación de la Ley de la Dependencia para proteger a nuestros mayores, ya que la ley se aplica cuando hay presupuestos o voluntad política para hacerlo y eso deja en la estacada a centenares de miles de personas que jamás recibirán la prestación a la que tienen derecho y sin remunerarse a la mayoría de los cuidadores y cuidadoras de personas dependientes. En definitiva, más estado, mas cosa pública. Por contra, lo que llaman el centro derecha patrio nos advierte que viene la generalización de la uberización de la economía, la robótica, el teletrabajo, la desaparición del dinero físico… o sea, la eliminación estructural de centenares de miles o millones de puestos de trabajo que jamás van a ser reemplazados, simplemente porque no va a haber cómo. 
Veremos qué sucede finalmente y si avanzamos hacia modelos más estatalistas o a sistemas aún más liberales y globalizados. Sin embargo, una cosa ha quedado clara. Es fundamental para un gobierno tener el control de todos los servicios básicos, ya que el mercado por sí mismo, no puede satisfacer las necesidades de la ciudadanía en tiempos de crisis, máxime cuando se ha producido un fuerte proceso de deslocalización de la capacidad productiva fuera de las fronteras de los estados. Si hoy no disponemos de mascarillas, de medicinas, de respiradores… porque se producen fuera de España y otros estados los acaparan para sí, eso es algo que no es admisible como país. Pero podríamos estar diciendo lo mismo de productos de alimentación para enfrentar una hambruna local, cuando hemos desmantelado nuestra agricultura en aras de una reorganización de una Unión Europea que ahora muestra su cara más insolidaria, individualista e ineficaz. Por otra parte, si el agua o la energía y su distribución se mantuviesen en manos estatales, sería posible arbitrar medidas de protección de la ciudadanía en tiempos de crisis, como ha sucedido en otra países que no han privatizado todo lo privatizable, como hicieron aquí tanto el PSOE como el PP, principalmente durante los años 80 y 90 del siglo pasado. Que hoy gobiernos de derecha como los de Alemania, Francia o EEUU hablen de nacionalizaciones o de compra de acciones de sus empresas más señeras, nos hace pensar que el virus, más que patógeno, tenga un componente alucinógeno, máxime cuando las ayudas a la empresa privada eran hace días un verdadero anatema contra la ortodoxia europea.
Precisamente la UE se enfrenta a un reto existencia de enorme magnitud. Si, finalmente triunfan las tesis de Alemania, Holanda y Austria y obligan a los países más afectados a acudir al fondo de rescate europeo —lo que equivale a más austericidio— en vez de buscar la manera de enfrentar juntos este desastre natural, como la mutualización de alguna emisión de deuda especial para esta catástrofe, los coronabonos, su futuro va a verse seriamente comprometido. Ya tenemos la nefasta experiencia de 2008 y su inacción completa hasta 2012 y habría que esperar que no repitiesen el error. Si a ello unimos la negativa a proporcionar asistencia a Italia y España de países como Alemania o Francia, prohibiendo la venta de material de protección privado a los países más afectados, se va conformando un peligroso cóctel que va a provocar un repunte peligroso del euroescepticismo. No sé de qué se extraña Macron cuando dice que en Italia solo se habla de la ayuda rusa. Esas cosas calan en lo mas profundo de las personas y dejan un poso duradero. Nadie olvidará lo que China, Rusia o Cuba han hecho por ellos en el momento que mas lo necesitaban y cuando sus más cercanos socios y aliados les dieron la espalda.
Es indudable que China va a salir especialmente fortalecida de la pandemia. No solo por haberla vencido en un tiempo relativamente corto, sino por el músculo de estado que ha exhibido ante el mundo, por la imagen que ha proyectado de un país solidario y, sobre todo, porque se convirtió en su día, con la complicidad del empresariado y de los mercados occidentales, en la fábrica del mundo. La inmensa mayoría de las medicinas que se consumen en EEUU son de China, las mascarillas que, al fin, nos están llegando a los españoles y españolas vienen de China, también los respiradores, los Equipos de Protección Individual, los tests de contagio… nada que no supiéramos ya desde hace mucho, demasiado tiempo. Es más, la economía planificada y sus estrategias a corto y largo plazo, perfectamente ejecutadas, van a permitir a Pekín salir del trance relativamente indemne, no como va a suceder en Europa o en Estados Unidos, que seguramente van a enfrentar una recesión de enorme y duro alcance, encadenada con otra de la que apenas conseguimos hemos logrado sobreponernos a día de hoy, tras 12 años de recortes y austeridad que, entre otras cosas, han degradado enormemente a nuestro sistema sanitario hasta hacerlo incapaz de enfrentar eficazmente al coronavirus.
Y eso es lo que más teme Estados Unidos. Su decadente imperio, solo ya sostenido por el poderío militar y por la posesión de las imprentas de billetes verdes, va a tener que ceder el trono planetario si frena la economía durante un trimestre o mas. Sobre todo mientras China acelera su producción para suplir el vacío occidental y despega en solitario con toda la maquinaria industrial puesta a punto, cuando medio mundo parece deseoso de acceder a sus productos, y hasta rivalizan entre ellos para poder ser servidos con rapidez.
Su punto débil es la capacidad militar, sin embargo, las armas más poderosas, como los portaaviones, ya están en construcción y a la espera de entrar en servicio en los próximos años. El mayor plan de infraestructuras del mundo, la Ruta y Cinturón de la Seda 2.0, está en marcha y los instrumentos financieros puestos a su servicio compiten con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Mientras China ejerce su poder, desplegando influencia a través del desarrollo de infraestructuras a cambio la explotación de recursos naturales, EEUU lidera golpes de estado y guerras coloniales para directamente robarlos con el apoyo de un ejército imperial desplegado en los cinco continentes en forma de 800 bases militares y bombardeos, portaaviones y submarinos nucleares moviéndose permanentemente alrededor del mundo.
Pase lo que pase, el coronavirus va a provocar cambios de magnitud telúrica en el planeta, acelerando procesos, desatando otros, tejiendo y deshaciendo alianzas… En nuestro país está en riesgo, ya no solo el modelo económico general, como en el resto de Europa, sino la existencia de la mismísima Casa Real, la preciada herencia del franquismo. Una corona por otra. Pero una cosa es bien segura, mientras Merkel le ha espetado un nein como una casa a todo el sur de Europa, Xi Jinping, Díaz-Canel y Putin se han mostrado en otro registro muy diferente. A ojos del mundo, ya ni el eje del mal es tan malo, ni el eje del bien tan bueno. ¡Hay que ver el poder que tiene un bichito tan pequeño…!


viernes, 30 de enero de 2015

HEZBOLLAH HUMILLA DE NUEVO A ISRAEL



Bits Rojiverdes
30-01-2015

Israel se ha vuelto a meter en un atolladero, su diligencia al actuar como la fuerza aérea de al Qaeda en el conflicto sirio le ha supuesto un nuevo problema diplomático, una nueva derrota militar y una humillación ante la resistencia libanesa de Hezbollah que tendrá repercusiones en la consabida debilidad psicológica de la población israelí, especialmente las de los colonos ocupantes y los habitantes de las zonas fronterizas con Gaza o Líbano.

Situemos los hechos, el día 18 de enero la aviación israelí atacó un convoy en Quneitra, para apoyar a los terroristas del Frente al Nusra que combaten contra Siria protegidos, armados y atendidos por Israel en Los Altos del Golán, territorios ocupados a este país en 1967, desde donde esta rama de al Qaeda hostiga al gobierno legítimo de Damasco. En este ataque murieron seis miembros de la guerrilla libanesa, incluido un comandante y un general de la Guardia Revolucionaria iraní.

Cuando el gobierno sionista fue consciente del alcance real de su operación de ataque, literalmente entró en pánico. Obviamente sabía que no iba a quedar sin respuesta y que ni Irán ni Hezbollah iban a permitirlo sin más. Usando como mediador a la diplomacia rusa le hicieron llegar a sus oponentes mensajes de contención, mendigando que la acción se limitara a objetivos militares y no a civiles, al contrario de lo que suele hacer Israel en todas sus guerras de agresión. Aún así, las carreteras del norte del país se blindaron con muros de hormigón, se reforzaron las defensas, la población entró en psicosis de pánico y el ejército se puso en alerta máxima.

Pero, a pesar del operativo, Hezbollah ha demostrado ser capaz de atacar con éxito a un convoy israelí que circulaba por la zona ocupada de las Granjas de la Shebaa con explosivos situados en los bordes de la carretera y varios misiles. El resultado, dos muertos del lado de las IDF y ocho heridos de diversa consideración. Del lado de la resistencia libanesa no hubo ningún herido, todos escaparon ilesos habiendo infringido una sonada humillación al mayor ejército de la región, apoyado sin límite por el país más poderoso del mundo.

No acaba aquí la cosa. A pesar de la proporcionada respuesta de la guerrilla, ministros de Israel pidieron una desproporcionada venganza, por aquello de tratar de restablecer su tradicional disuasión militar basada en la brutalidad y en el asesinato de civiles indefensos, como pudimos comprobar recientemente en Gaza. Dando palos de ciego, dispararon granadas de mortero sin ton ni son alcanzando de lleno a un puesto de control de las fuerzas de pacificación de la ONU (UNIFIL) en el que se encontraba el soldado español, que murió asesinado impunemente. Asesinado porque el ejército hebreo sabía perfectamente dónde se encontraba la instalación de los cascos azules, tienen perfectamente geolocalizadas todas las infraestructuras de UNIFIL. Asesinado porque no avisaron del ataque, como suele ser el proceder de las IDF cada vez que bombardean el sur de Líbano, algo que hacen frecuentemente. Asesinado porque cuando avisaron los cascos azules que había un herido y que iban a evacuarlo, siguieron disparando bombas de mortero durante al menos tres horas, impidiendo la asistencia médica por si había posibilidad alguna de salvarlo.

Así, la vergonzante operación acaba además con un conflicto diplomático con la ONU y con España. A pesar de que la derecha patriótica protestará sólo con la boca pequeña e intentará tapar el incidente, hoy algunos medios de comunicación han destacado los paralelismos con los últimos ataques sobre los colegios de la ONU en Gaza donde mataron a alrededor de 500 niños y su desprecio secular por la vida. Pero aún hay más, si bien Estados Unidos había logrado separar a la resistencia en la región mediante una hábil manipulación de las relaciones públicas y los medios de comunicación en el inicio de la guerra contra Siria, acciones como esta están sumando decididamente para unir a la resistencia palestina y a la libanesa y Siria en un mismo frente contra el imperialismo norteamericano, el sionismo y sus aliados sunitas, los terroristas de al Qaeda y el Estado Islámico apoyados por Arabia Saudí, Qatar o Turquía. No hay más que ver las celebraciones palestinas por el éxito de Hezbollah para comprobarlo.

Para colmo, algunas de las imágenes que hemos visto de los bombardeos sobre Líbano se corresponden inequívocamente con el uso de fósforo blanco, un arma química prohibida si se usa contra la población civil, como estamos acostumbrados a ver en Gaza en multitud de ocasiones. Las IDF, el ejército «más moral» del mundo, por defender a al Qaeda, ha asesinado a un casco azul de la ONU, ha usado armamento ilegal y ha recibido una nueva humillación a manos de la misma milicia irregular que ya lo expulsó de Líbano en dos ocasiones.

La invulnerabilidad e invencibilidad de Israel, si alguna vez fue un hecho manifiesto, hoy ya es cosa del pasado. La base sobre la que se asentaba la inmigración de judíos —y oportunistas— de todo el mundo para ocupar Palestina se está disolviendo como un azucarillo. Por eso, en estos momentos, el proceso migratorio se ha invertido, hay más gente que sale de Israel de la que emigra a este estado fallido. Y es un proceso que no se prevé que se detenga… todo lo contrario.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194887