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sábado, 3 de agosto de 2013

SOBRE LA QUINTA ALEMANIA. ENTREVISTA



El lunes pasado Àngel Ferrero fue entrevistado para el programa Suelta la Olla, de la radio libre vasca 'Hala Bedi' (http://halabedi.org/). Lo que sigue es la transcripción de esa entrevista radiofónica.

Hala Bedi: Tenemos ya a nuestro próximo invitado, con el que vamos a charlar los próximos minutos. Él es Ángel Ferrero y es el co-autor del libro que os queremos presentar. La quinta Alemania es el título de este libro, un trabajo colectivo realizado con Rafael Poch y Carmela Negrete que pretende acercarnos a la realidad de Alemania, un país que está hoy más en boca de todos que nunca. Egu Non, Buenos días, Ángel.

Àngel Ferrero: Buenos días.

HB: Empecemos por el título, La quinta Alemania. ¿A qué hace referencia?

AF: La quinta Alemania fue una propuesta de Rafael Poch de periodización para contextualizar lo que está ocurriendo ahora mismo en Alemania. Él propuso esta periodización, en la que la primera Alemania sería la de Carlomagno; la segunda, la de la unificación hasta la República de Weimar; la tercera, la del Tercer Reich; la cuarta, la Alemania dividida; y la quinta sería la que surge después de la Reunificación. También nos interesó el título para intentar desplazar un poco todas estas expresiones y términos que están copando la prensa últimamente y que en realidad desvían el foco de atención. Este tipo de metáforas y comparaciones con el IV Reich, el nazismo, etcétera.

HB: La quinta Alemania arrancaría, pues, con la Reunificación de las dos repúblicas, la República Federal Alemana y la RDA tras el colapso de la Unión Soviética. Aquí se cierra un ciclo histórico y se abre uno nuevo que es en el que estamos inmersos.

AF: Exactamente. No sólo se produce la reunificación de la República Federal y la República Democrática Alemana, sino que eso fue un paso previo en la construcción europea tal y como hoy la conocemos, en la medida en que muy pocos años después la Unión Europea se amplió hacia el Este y se propuso la construcción del euro, y en fin, este proceso nos ha llevado a donde nos encontramos actualmente. De hecho, una de las cosas interesantes que se tratan en el libro es cómo muchas de las fórmulas que se están aplicando ahora mismo a Europa del Sur, los programa de austeridad, en realidad tuvieron su precedente en los mismos programas que Alemania occidental aplicó a Alemania oriental inmediatamente después de la Reunificación.

HB: O sea, que de alguna manera nos están aplicando los mismos programas que permitieron esa
Reunificación alemana y que convirtieron a Alemania en uno de los ejes principales, sino el principal, de la Unión Europea.Sobre la quinta Alemania. Entrevista www.sinpermiso.info

AF: Ahora mismo es el eje principal, en la medida en que Francia se ha visto relegada a un segundo plano. Cómo está actuando Alemania en esa Unión Europea es algo que, por ejemplo, un economista griego que seguro conocéis, Yanis Varoufakis, ha explicado muy bien. De todos modos, hay que tener en cuenta, que Alemania, que la propia élite alemana, es muy consciente de que, para ser una potencia con proyección mundial, necesita a la Unión Europea, que no puede ser una potencia fuera de la Unión Europea. Todos estos discursos de desintegración europea no sé si no podemos tomárnoslos seriamente, pero sí al menos tendríamos que colocarlos entre paréntesis, al menos hasta que avancen un poco los acontecimientos.

HB: Alemania necesita a Europa para consolidarse como nación clave en el contexto mundial. Nos gustaría hablar de cómo ha cambiado las referencias que teníamos de Alemania. Ya antes de la Reunificación se tenía la visión del estado alemán, de la República federal por lo menos, como un estado con una gran cobertura de derechos sociales, laborales, que se miraban con envidia desde otros países, como el nuestro, que no habían alcanzado esas conquistas.

AF: Y era una visión correcta, en el sentido de que aquí existía, me refiero a la República Federal, un modelo de Estado social fuerte, que no tenía nada que envidiar al modelo escandinavo. ¿Por qué existía este modelo social? No sólo se debe a la presión social de los sindicatos, en la medida en que Alemania tenía y sigue teniendo los sindicatos con más afiliados de toda Europa, sino por la presencia del bloque oriental a las puertas.

HB: Algunos estudiosos han dicho que de alguna manera (no sé si compartes esta tesis) cuando termina la Segunda Guerra Mundial, con la política de bloques, se intenta hacer atractivo el capitalismo en Europa, y particularmente en Alemania, frente al temor de que los europeos cayesen en los brazos ideológicos de los comunistas.

AF: Efectivamente, es una tesis que tiene mucho de cierto, sin intentar ahora embellecer por otra parte el modelo soviético, que tenía graves deficiencias, como todos sabemos. Pero la puesta en marcha del Plan Marshall, por ejemplo, muchos analistas, muchos expertos lo creen así, y hay un consenso razonable como para decir que es cierto, sirvió para crear un mercado para los excedentes de capital estadounidense y al mismo tiempo, ideológicamente, cerrar un acuerdo entre Europa y Estados Unidos y bloquear el paso si no del comunismo, al menos sí de las fuerzas de izquierda en toda Europa occidental, en la medida en que eran muy atractivas para la clase obrera de la época y que, incluso descartando la opción comunista, habían demostrado logros considerables, como el laborismo en el Reino Unido.

HB: Y todo eso de alguna manera comienza a desmantelarse con la Reunificación, desaparecido ya el bloque soviético. Un proceso que yo creo que ya lo están agotando. Podemos preguntarnos qué queda de ese Estado social en Alemania.

AF: En comparación con el sur de Europa, donde el estado del bienestar llegó tarde y mal, y el caso señalado fue siempre el español, en Alemania siguen persistiendo algunas de esas estructuras. De todos modos, en estos últimos años se han ido desmantelando. Uno de los grandes dramas de este país es que precisamente el gobierno que lo hizo no fue un gobierno conservador, no fue una coalición entre conservadores y liberales, sino que fue una coalición entre socialdemócratas y verdes la que puso en marcha un programa de desmontaje del Estado del bienestar que la prensa económica calificó como el más duro de toda la posguerra alemana. Eso afectó al sistema sanitario, afectó, y muchísimo al mercado laboral: se introdujeron los famosos miniempleos o minijobs que ahora tanto se comentan en España, y el mercado laboral se precarizó muchísimo, con salarios inferiores a los mil euros, gente que tiene que hacer tres trabajos simultáneamente para llegar a final de mes. Muchos de ellos son incluso lo que los ingleses llaman 'working poors' o trabajadores pobres, gente que trabaja y cuyo salario no les permite llegar a final de mes, y tienen que pedir ayudas al estado para poder llegar a final de mes.

HB: ¿Podemos afirmar entonces que el modelo alemán está inspirado en el neoliberalismo anglosajón?

AF: A mí no me cabe ninguna duda. Si no pueden llevarlo más allá es porque persisten ciertos sectores sociales, señaladamente los sindicatos, que obligan a que todos estos cambios sean pactados o que hayan llegado con más lentitud que las terapias de choque aplicadas en Estados Unidos, el Reino Unido, Europa oriental y Rusia. Pero de todos modos lo han conseguido con cierto éxito. Se puede decir que los sindicatos alemanes han sido en buena medida cooptados e integrados en cierta manera en la estructura estatal y no han opuesto demasiada resistencia, y en algunos casos ninguna resistencia, a todos estos programas. Mucho peor aún: muchos de ellos han colaborado activamente en ese desmontaje del Estado del bienestar.

HB: Una de las cosas que afirmáis en vuestro libro es que las estructuras del estado alemán se han creado de tal manera que nadie que no acepte estas reglas del juego puede participar en él. Sobre la quinta Alemania. Entrevista www.sinpermiso.info

AF: Hay un consenso muy extendido y un cierre de filas, llamémosle así, que no sólo incluye a la clase política, sino a los medios de comunicación, la mayoría de los cuales está en manos de unos pocos oligopolios y sobre todo los más difundidos, que pertenecen a dos o tres grandes grupos editoriales radicados en Hamburgo, lo cual hace que la crítica quede finalmente en los márgenes y que las alternativas no tengan espacio público ni espacio mediático. Un caso claro es el del partido de La Izquierda alemana, al cual se le niega en buena medida una voz en los medios de comunicación y cuando se le presta es para condenarlo como un partido incapaz de gobernar, incapaz de llegar a acuerdos.

HB: Comentábamos que Alemania es el motor de esta Unión Europea, pero parece que estamos viviendo un momento en que está produciéndose una fractura entre muchos de los países que forman parte de ella por el ritmo que está imprimiéndole el estado alemán. Algunos hablan incluso de una posible desintegración de la Unión Europea, de seguir esta dinámica. ¿Es mucho decir todo esto?

AF: Yo sería muy cauto con ese tipo de pronósticos, con la salida de Grecia del euro, por ejemplo, algo que se comenta desde hace años. Una opción así perjudicaría, y mucho, al resto de economías. No es una fórmula que las dos grandes economías europeas, Francia y Alemania, estén dispuestas a aceptar. En la medida de lo posible intentarán mantener a la periferia europea dentro de esa Unión. Recientemente hemos sabido que Letonia entrará en el euro y ese proceso se extiende, pero a medida que se extiende incluye una sustracción de soberanía de los estados nacionales hacia las estructuras de la Unión Europea en Bruselas.
No parece que se pueda hablar de una desintegración rápida del espacio europeo.

HB: Pero lo que parece claro es que las normas económicas se van a imponer desde Alemania y eso va a traer la extensión de ese desmantelamiento del estado del bienestar al resto de la Unión Europea.

AF: Bueno, me gustaría matizar algo: has dicho “desde Alemania” y, efectivamente, Alemania juega un papel muy importante, pero conviene recordar que hay un grupo de países que secundan esa política.

Holanda formaba parte de ese grupo, Austria forma parte de ese grupo y Luxemburgo y Bélgica. Es una política que se aplica con la complicidad de las élites y oligarquías locales. Lo hemos visto en Grecia, con el gobierno de Nueva Democracia, y lo estamos viendo en España con el gobierno del Partido Popular.

HB: Muchos estados, de hecho, se excusan en la “excusa alemana” para implementar ellos sus propias políticas que, como bien dices, coinciden con las de los sucesivos gobiernos alemanes.

AF: Es justamente eso. De hecho, una de las mayores ironías que hemos visto en estos últimos años es ver cómo la prensa de Berlusconi ha pasado de mantener posiciones favorables a todos estos desarrollos, a de repente, en el momento en que Berlusconi tiene que abandonar el poder, que en los titulares se hable del IV Reich, aparezcan caricaturas muy duras contra Merkel presentándola como una reencarnación del canciller de hierro, etcétera.

HB: Lo que sí da la sensación, en cualquier caso, es que por mucho que se haya intentado armonizar las políticas económicas de los distintos estados de la Unión Europea, este modelo beneficia a algunos países pero a otros no, o que se han perdido determinadas herramientas: cuando un país tenía su propia moneda, por ejemplo, podía devaluarla, tenía más margen.

AF: Aquí hay tres cosas diferentes a responder o tres preguntas dentro de una misma pregunta. Respecto a la primera: sí, hay países que se están beneficiando de esta crisis. Y sí, probablemente el más beneficiado es Alemania, cuyos bonos del tesoro se han convertido en un puerto seguro para muchos inversores y eso la ayuda a refinanciarse a tasas muy bajas. En cuanto a la segunda pregunta, sobre la pérdida de soberanía, es cierto que esta soberanía se ha ido delegando en las estructuras europeas, muchas de las cuales son opacas o no se ha explicado bien a la población, o son difíciles de controlar democráticamente.

En cuanto a la devaluación de la moneda, me consta que en estos últimos meses se ha hablado mucho de España de un retorno a la peseta como una de las salidas a la crisis, pero es algo que cualquier economista serio descarta de inmediato porque acarrearía muchos problemas para el estado español.

HB: También se ha oído, y quizá no pase de boutade, que la propia Alemania abandonase el euro...

AF: Se ha comentado y hay algunos analistas que hablan de que es una carta que Alemania se guarda como amenaza al resto de economías, pero como comentaba antes, muchos alemanes, no sólo conservadores, son conscientes de que Alemania fuera del euro no tendría el mismo peso internacional y no pueden promover seriamente esa opción, más aún cuando últimamente se habla de profundizar esa unión europea para crear una unidad supranacional capaz de competir con los Estados Unidos, pero también con los nuevos bloques económicos y geopolíticos que están surgiendo, concretamente los estados BRIC (Brasil, Rusia, India, China).Sobre la quinta Alemania. Entrevista www.sinpermiso.info

HB: Empezamos esta entrevista hablando de la historia de Alemania. Alemania, que fue la gran derrotada en la Segunda Guerra Mundial, ahora es el motor de la Unión Europea. Apuntábamos también que muchos gobiernos europeos evitan asumir su propia responsabilidad achacando las políticas económicas a las decisiones de Berlín. ¿No corremos el riesgo de crear un sentimiento de germanofobia en Europa una vez más?

AF: Bueno, lamentablemente no es que corramos ese riesgo, es que ese riesgo ya está en marcha. Lo está en muchos medios de comunicación, en la opinión de la calle. Es algo que se atiza también desde los medios de comunicación y que encuentra su respuesta, o mejor dicho, su origen, cuando los medios de comunicación populistas iniciaron una campaña contra Grecia en términos culturales y me atrevería a decir que cuasirracistas sobre las causas de la crisis griega. Una campaña que después se extendió a otros medios que estaban considerados “de prestigio” como el Spiegel, con argumentos como que en el sur de Europa se trabaja poco, que los griegos son vagos, que son corruptos, que son incapaces de gestionar su propio estado, que no saben ahorrar, etcétera. Muchos de estos argumentos son por supuesto falsos, pero obedecen a una intención consciente de desplazar la atención de las causas reales de la crisis, que fue el rescate bancario que generó una deuda pública, a una versión del cuento de la cigarra y la hormiga. Por supuesto, toda esta simplificación tiene mucha fuerza y consigue calar entre la población, lo mismo en Alemania que en España.

HB: Para ir acabando, en este libro que estamos presentando hoy, La quinta Alemania, editado por Icaria, precisamente el subtítulo de este libro que planteáis es que es un modelo hacia el fracaso europeo. ¿Por qué?

AF: A largo plazo creemos que así es, y lo estamos viendo ahora mismo: está generando tensiones en la Unión Europea, tensiones que van del plano político al social. Es un modelo hacia el fracaso social porque genera grandes diferencias sociales que dentro de poco podrían llevar a escenario como el que hemos visto en Grecia en el resto de Europa, y no cabe descartar que eso mismo pudiera acabar ocurriendo en Alemania si la población va perdiendo poder adquisitivo y continúa la segregación económica por barrios.

HB: Para terminar, tú que vives en Alemania, ¿cómo se está viviendo toda esta crisis en Alemania?

AF: Se ha creado la falsa impresión de que en Alemania no hay crisis y de que, de alguna manera, es una isla de bienestar rodeada de países arrasados económicamente, lo cual, por supuesto, es una percepción equivocada y el desencanto dentro de unos años podría ser peor, pero la idea que se ha generalizado es ésta.

HB: Muchas gracias Àngel, por estar con nosotros estos minutos y aclararnos algunas cosas sobre
Alemania y sobre la construcción europea, algo que nos afecta a todos.

AF: Y que seguirá dando mucho que hablar en los próximos años.

HB: Espero que tengamos la oportunidad de volver a charlar de nuevo. Esker [Gracias] y hasta la próxima.

AF: Gracias a vosotros.

Àngel Ferrero es miembro del Comité de Redacción de SinPermiso.


jueves, 16 de diciembre de 2010

¿A dónde va Rusia, China y Europa?




Del mundo bipolar a uno multipolar: el papel de Rusia, China y Europa en un escenario internacional postunilateral
Entrevista a Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia
Àngel Ferrero
El Viejo Topo

Las columnas de Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona, 1956) para La Vanguardia son un soplo de aire fresco en el apolillado panorama periodístico español, en el que los calificativos de “independiente” y “crítico” que encabezan los rotativos rara vez se corresponden con lo finalmente publicado. Poch es además autor de La actualidad de China. Un mundo en crisis una sociedad en gestación (Barcelona, Crítica, 2009), La gran transición. Rusia 1985-2002 (Barcelona, Crítica, 2003) y Tres preguntas sobre Rusia: estado de mercado, Eurasia y fin del mundo bipolar (Barcelona, Icaria, 2000), entre otros. Rafael Poch estuvo en Barcelona el pasado 16 de septiembre para ofrecer una conferencia en el CIDOB sobre la actualidad de China y su futuro como actor internacional, en el marco de unas jornadas sobre la emergencia de los BRIC y la consolidación de un escenario internacional postunilateral organizadas por la Associació Cultural Roig en colaboración con la Fundació Pere Ardíaca. Lo que sigue es la entrevista que tuvo lugar a su término.


Fuiste corresponsal en Berlín con el comienzo de la implosión de la RDA debido a sus contradicciones internas, en Moscú con la desintegración de la Unión Soviética, en China en el momento de su emergencia como superpotencia y ahora de nuevo en Berlín, el epicentro del terremoto financiero en Europa. ¿Casualidad u olfato periodístico?

El mundo del Este me atrajo desde mi época de estudiante. En los años setenta, y en los ochenta hasta casi finales de la década, con el paréntesis de la crisis de Solidarnosc, el Este estaba completamente abandonado informativamente. En Barcelona solo recuerdo a una persona que se dedicara profesionalmente a ello: Carmen Claudín. En la universidad no había departamento de eslavas y la mayoría de las grandes obras de la literatura rusa que uno encontraba en las librerías estaban traducidas del francés... Yo fui a Berlín por interés en la URSS. No era un interés de “admirador prosoviético”, ni siquiera de “desencantado de...”, pues había pertenecido más bien a la izquierda antiautoritaria que no se hacía ninguna ilusión por la URSS. Se trataba de un interés general que, aunque muy politizado, trascendía a lo político; geográfico, por un espacio tan enorme y cerrado, cultural, por el genio que irradia todo lo ruso, histórico, por los enigmas no resueltos de la historia soviética... Para todo eso, Berlín era la atalaya ideal a principios de los ochenta, tanto por razones, digamos, académicas, como geográficas y humanas. Tanto en Berlín Oeste, como en Berlín Este, por razones obvias tratándose de la capital de un país socialista, había un contacto con las realidades de la URSS mucho mayor que en cualquier otra ciudad europea. No hubo carrerismo alguno en esa trayectoria. He seguido siempre mi interés personal y he tenido la suerte de que La Vanguardia me lo financiara a partir de la época de Moscú.

Si te parece bien, comencemos por Rusia. Después de que los acontecimientos desbordasen el programa reformista de Gorbachov y éste fuese sustituido por la terapia de choque de Yegor Gaidar. ¿cómo ha evolucionado políticamente el país?

Las bases del nuevo régimen las puso Boris Yeltsin, con el aplauso de Occidente, en su golpe de estado de octubre de 1993. El actual sistema ruso es una especie de síntesis negativa de lo peor de la burocracia soviética y lo peor del capitalismo, pero no es el peor escenario posible, que sin duda es el de una Rusia, potencia nuclear, sumida en el caos y la guerra... Podríamos hablar de un capitalismo burocrático basado en el acuerdo entre la burocracia y el capital privado. El Estado permite al capital ganar dinero como sea, y a cambio el capital no debe meterse en política. Meterse en política fue la infracción de ese acuerdo cometida por el magnate Jodorkovski, que le llevó a la cárcel, y antes que él a los Gusinski y Berezovski, que tuvieron que marchar al extranjero. Pese a la apariencia de ruptura con el “comunismo” hay un gran nivel de continuidad: alrededor del 70% de la elite postsoviética proviene del antiguo régimen.
Los medios de comunicación transmiten una imagen dual de Rusia: por una parte, la de una relativa estabilidad económica, por otra, la de un sistema político oportunista y corrompido hasta el tuétano. ¿Cómo definirías exactamente el sistema político post-soviético? En la prensa se habla alternativamente de “democracia tutelada”, “democracia dirigente” y hasta de “putinismo”. Michael T. Kläre ha llegado a alertar de una evolución del país hacia una suerte de “fascismo energético”, basado en el control geopolítico del gas de Rusia, poseedor de las mayores reservas del mundo.

La estabilidad es engañosa. El aumento de precios del petróleo fue positivo porque permitió estabilizar la situación: por primera vez en más de diez años, el nivel de vida de los rusos no empeoró con Putin, lo que explica mucho de su popularidad. Pero los precios del petróleo también tuvieron un efecto negativo, porque la cantidad de dinero que entró permitió al gobierno seguir con más de lo mismo, sin cambiar las cosas. Al mismo tiempo se ha puesto un orden elemental en algunos ámbitos... Lo del “fascismo energético” no me parece acertado. La demonización de Rusia tiene una larga tradición académica, pero tiene el problema de hacerla incomprensible. Lo que ocurre con los recursos energéticos es que Rusia juega con ellos, porque es una de las pocas cartas de poder efectivo que tiene para seguir afirmándose como una potencia regional. Si en su devaluación como potencia perdiera esa condición mínima de potencia regional, podría sumirse en el caos.

Lo que hay que comprender es que Rusia es un país en crisis. El complejo militar-industrial trabaja, fundamentalmente, para la exportación. El ejército no recibe armas nuevas. Se van a China, Venezuela, Malasia, pero no a Rusia. La reconversión militar apenas ha tenido lugar. La desigualdad social es muy grande: si con la URSS era de 6 a 1, ahora es de 17 a 1, en Moscú incluso de 40 a 1.

El país ocupa el tercer puesto mundial en fortunas de miles de millones de dólares y tiene una gran cantidad de pobres. Y lo más significativo, porque habla de la insostenibilidad de toda la construcción: en los últimos años el índice de desarrollo humano ha bajado mientras el PIB crecía de una forma bastante dinámica. La única ventaja económica con respecto a la URSS es la desaparición del “defitsit”, de la escasez de productos: ahora hay de todo.

La polarización social existente en Rusia no parece que se haya traducido en una polarización política, sino acaso en todo lo contrario: hasta el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) ha basculado de manera clara hacia la derecha, adoptando una línea nacionalista y patriótica y abandonando su laicismo para alinearse con la Iglesia ortodoxa. No sólo no critica, sino que hasta celebra su pasado estalinista y llegó a tener a Aleksandr Dugin –un reconocido fascista– entre los redactores de su programa. ¿Qué alternativas reales hay a Rusia Unida, el partido oficialista? ¿Qué incidencia tiene la coalición Otra Rusia, la alianza improbable entre los liberales de Kasparov, el neofascista Partido Nacional-Bolchevique (PNB) de Limónov y la extrema izquierda representada por la Vanguardia de la Juventud Roja (AKM)? Por último, ¿cómo gestionan los ciudadanos rusos el legado político-cultural de la Unión Soviética?

Me parece que los rusos comprenden que lo que ocurre en su país no tiene futuro. Los ricos lo entienden y por eso lo primero que hacen es comprarse propiedades en el extranjero e invertir fuera. Los de abajo también lo entienden pero la tendencia mayoritaria es el rechazo a ser sujeto. Hay una idea anclada en la conciencia social de que si el pueblo toma la palabra las cosas se ponen aún peor. Cierta memoria histórica de las penalidades de la revolución y la guerra, y el recuerdo, mucho más cercano, de las consecuencias que tuvo la última movilización popular en apoyo de Yeltsin y contra el “comunismo” (la disolución de la URSS), apoyan esa mentalidad. El resultado es algo contradictorio. Por un lado no se confía en el gobierno, pero por el otro se favorece la “mano dura”. Como dice la socióloga Liudmila Bulavka, “la gente quiere vivir en la época de Brezhnev pero con un Stalin y sin terror”.

Sobre esa consciencia social se asienta el sistema político, que es una “democracia de imitación” (Dmitri Fuman). En la democracia de imitación hay partidos políticos, parlamento y medios de comunicación, pero hay poco pluralismo y mucha autocracia. Es un sistema cerrado a la rotación en el poder, en el que el ejecutivo organiza los partidos, domina el parlamento y al poder judicial, siempre gana las elecciones y en el que el Presidente nombra a su sucesor, que es votado por el pueblo sin posibilidad de perder. Sin oposición ni medios de comunicación vivos, las autoridades pierden el sentido de la realidad sobre lo que ocurre en el país, el régimen atrae a los más conformistas, la corrupción se dispara. Conforme la sociedad se libere de su alergia a ser sujeto, ese corsé se quedará pequeño y el régimen entrará en crisis. La democracia de imitación rusa está más cerca de la democracia que el sistema zarista o el soviético, pero su transformación en algo más genuino requiere una presión social de abajo. Creo que dentro de algunos años habrá una crisis política muy seria en Rusia y que el actual régimen caerá.

El capitalismo oligárquico, por su propia naturaleza, no puede tener una “orientación social”. Es un sistema que genera una creciente injusticia social y que convierte en papel mojado cualquier intento de “política social”. Hoy más de la mitad de la industria petrolera está en manos privadas, que no reinvierten apenas en modernización y se preocupan sólo por sus beneficios. El sector del aluminio es privado en un 100%. El bancario en un 70%, incluidos los tres principales bancos del país. Sin un movimiento civil eso no se puede cambiar. Para estabilizarse, Rusia necesita un bandazo a la izquierda, con keynesianismo económico y libertades civiles más genuinas. En algunos años la crisis política estallará.

Se puede preguntar, qué relación guarda la situación actual con la Revolución de Octubre, y cómo se sitúa todo eso desde un punto de vista histórico. Creo que hay que verlo como un bandazo más de la serie abierta en 1917. Tomemos la Francia del XVIII: La revolución fue hacia la izquierda, luego a la dictadura jacobina. Luego a la derecha con el golpe termidoriano, el régimen napoleónico y la restauración borbónica. De nuevo a la izquierda con las revoluciones de 1830 y 1848 hasta llegar a la Comuna. Sólo después de todo eso, ochenta años después de la Revolución, se llega a un orden republicano estable. En Rusia tenemos una serie parecida: el comunismo de guerra, la NEP, el cambio estaliniano, el deshielo de Jrushov, el estancamiento de Brezhnev y las convulsiones de la perestroika, el yeltsinismo y el actual régimen que, de forma muy dinámica, contribuye a volver a ver con simpatía mucho de la tradición de Octubre... El zigzag de la historia continúa.

Con toda probabilidad sea China –donde fuiste corresponsal durante seis años, esforzándote por ir más allá del tópico y del prejuicio– el país que más interés despierta a los lectores. De China has escrito que «todos los problemas de la crisis mundial están contenidos en ella» y que nuestro provenir está en juego en su futuro. Has recurrido también con frecuencia a la metáfora de una mujer embarazada. ¿Qué quieres decir con ello?

Esa metáfora es una invitación a un cambio de mentalidad, sin el cual no parece que nuestro mundo pueda ser viable a medio plazo. Quiere ser una parábola, es decir una alegoría de la que se deduce una enseñanza moral, sobre la relación de Occidente con su enorme entorno en desarrollo, particularmente con las dos grandes ancianas que cada vez cuentan más en el mundo, India, país que desconozco, y China, pero especialmente con China. El mundo del futuro sólo será viable si es democrático, es decir si todos sus 9000 millones de habitantes tienen derechos sociales, económicos y políticos, comparables. El orden mundial desigual del capitalismo, con minorías sociales y regionales que dictan su voluntad al resto y afirman su bienestar a expensas de los demás, se sigue manteniendo con la guerra. El “conflicto de civilizaciones” es su programa para el futuro. Pero ahora la proliferación de las armas de destrucción masiva -hasta Corea del Norte puede hacerse con ellas- convierte en peligroso ese belicoso modus operandi tradicional. La socialización de la destrucción masiva sugiere que se han acabado las guerras de fusiles contra lanzas, sin riesgos para el conquistador. Por otro lado, el bienestar de la minoría más gastadora de recursos se afirma, con la misma inclinación suicida, no ya a costa de los demás, sino a costa de lo que podríamos llamar el “interés general planetario”, lo que incluye a la propia minoría privilegiada. En esa perspectiva de nueva civilización, se precisan nuevos conceptos.

La expansión desarrollista china expresa el ansia de un país en desarrollo por salir del agujero, el legítimo deseo del pobre por dejar de serlo, y, al mismo tiempo, evidencia la inviabilidad de la economía mundial inventada por Occidente. Los equilibrios de China son los más críticos del mundo porque es el país que tiene la peor relación entre (mucha) población y (escasos) recursos. Con sólo el 6% de la tierra cultivable del mundo, da de comer al 22% de la población mundial. Si China consigue afirmar un sistema de vida medianamente justo y sostenible, quiere decir que todo el mundo puede conseguirlo, pero para que lo consiga, y con ella todo el mundo en desarrollo, son necesarios cambios de valores en todas partes, y en primer lugar en Occidente. De ahí esa metáfora.
Actualmente la República Popular China cuenta con la mayor clase obrera del mundo. A finales de junio se registraron varias huelgas y protestas por las regiones costeras del país, donde se concentra mayoritariamente la industria. A la vez, la “fábrica del mundo” se enfrenta al debilitamiento del poder de compra de sus principales clientes. Seumas Milne ha escrito en The Guardian que la administración de Hu Jintao está intentando reducir la desigualdad, retomar una educación y sanidad gratuitas y mejorar las condiciones de los trabajadores inmigrantes. ¿Cómo está gestionando el ejecutivo chino la crisis?

A diferencia de sus colegas occidentales, los gobernantes chinos no habían perdido el control de los bancos y los créditos, y han podido reaccionar a la crisis introduciendo mecanismos keynesianos con mucha más eficacia y rapidez. La máquina exportadora ha aguantado el bache, y China, de momento, sigue creciendo al 10% anual. Desde 2002, los dirigentes chinos eran conscientes del peligro derivado de la dependencia que supone su economía exportadora. Por eso comenzaron a partir de entonces a plantearse un cambio de estrategia con miras a afirmar un modelo de desarrollo más endógeno, más basado en el consumo interno de su enorme mercado nacional, y menos dependiente de la exportación. Para eso deben invertir en la población, porque una población pobre consume poco y el nuevo esquema no funcionaría. En los próximos años quieren crear un sistema de seguridad social nacional, tarea complejísima. La crisis incrementa esa lógica de cambio, que habrá que ver si contribuye a la mayor nivelación social que buscan conceptos como el de “Xiaokang”. En cualquier caso, este marco general favorece a los obreros. El Estado ha confeccionado nuevas leyes laborales que podrían mejorar la situación en las fábricas, pero es una tarea muy compleja, pues los impulsos que se lanzan desde el gobierno central muchas veces quedan en papel mojado en las provincias y localidades concretas. La presión de abajo también es muy importante, pero es complicada, porque la prioridad de la autoridad china en el día a día no es la justicia social, sino la estabilidad. Cualquier desafío o manifestación de autonomía obrera, por ejemplo, los intentos de crear organizaciones obreras independientes, es aplastado de la forma más feroz. El resultado es un equilibrio complicado entre los intereses del gobierno, sus posibilidades de hacerse cumplir en provincias, y una rebeldía obrera que intenta jugar en el espacio de la legalidad, pero que cuando no tiene más salida legal, explota en revueltas violentas, que a su vez obligan a las autoridades a corregir cosas...

La importancia de este tira y afloja trasciende a China. En los últimos veinte años, el ingreso de China, el bloque del Este e India en la economía mundial, duplicó el número de la fuerza de trabajo global. Eso alteró la correlación de fuerzas entre capital y trabajo, porque el doble de obreros tuvieron que competir por el mismo capital, con el resultado de la degradación que hasta en Occidente se ha notado, con más explotación, deslocalización, contratos basura y retroceso de derechos sindicales. China responde de la mitad de ese incremento de fuerza de trabajo. Si la condición de los obreros chinos, y sus salarios, mejoran, China contribuirá a equilibrar esa situación global. Es un proceso que hay que seguir con la máxima atención. En cualquier caso, el dato central de China en la actual crisis es su extrema debilidad en la globalización. Su mérito es administrar con habilidad esa debilidad. Eso quiere decir que está muy expuesta a la crisis.

Otro de los problemas a los que se enfrenta China –y no el menor precisamente– es el de la urgencia de la crisis ecológica. Su modelo productivo, basado en los combustibles fósiles, no sólo tiene fecha de caducidad, sino que contribuye peligrosamente a la aceleración del deterioro medioambiental. Su ambigüedad en Copenhague ha sido criticada por muchas organizaciones ecologistas. ¿Qué peso tienen los activistas medioambientales en China? ¿Ves indicadores de cambio por parte del gobierno de Hu Jintao?

En 2008 se registraron cambios muy significativos en la posición de China en materia de calentamiento global. Pero China no va a liderar el proceso para salir de una situación en la que Occidente tiene la principal responsabilidad histórica. ¿Quién no ha sido ambiguo en Copenhage? Me parece que si Occidente predicara con el ejemplo en esta materia, China seguiría. Los conflictos sociales por motivos medioambientales son muy numerosos. El papel de los activistas varía mucho. Hay un espacio de permisibilidad pero también infinidad de casos de activistas maltratados por investigar o pedir cosas esenciales, sobre todo en provincias. En general el sistema tiene una alergia total a la autonomía social, lo que contradice su propósito de “gobernar de acuerdo a la ley”.

Otra característica que pasa desapercibida de China es su encaje geopolítico. El ascenso de China es uno de los factores más importantes –sino el que más– del fin de la hegemonía estadounidense que, con toda probabilidad, marcará la primera mitad del siglo XXI. Sin embargo, China es reconocida por intentar resolver los problemas diplomáticamente. ¿Cómo está gestionando China las maniobras estadounidenses en el sudeste asiático por mantener el control en el Pacífico?

La política exterior china gana en protagonismo y proyección, especialmente en su entorno de Asia Oriental, pero sigue y seguirá marcada por la prudencia, la paciencia y la moderación. Eso se ve con claridad en los dos focos más calientes, ambos resultado de la guerra fría: Taiwán y la crisis coreana. El origen de la prudencia china es muy antiguo y tiene que ver con la propia dificultad de gobernar China, país que tiene un enorme potencial de caos. Gobernar China es el arte de mantener estable un polvorín. Eso viene de muchos siglos y explica, en gran parte, el desinterés de los gobernantes chinos por las aventuras exteriores: ¡bastantes problemas tenían con gobernar su país! En la historia china de los últimos quinientos años, lo exterior está en función de lo interior, la estabilidad de China requiere un entorno tranquilo, y ese es el objetivo de la política exterior, no interesada por el comercio de larga distancia y por la conquista, factores de imperialismo. Me parece que esa pauta histórica se mantiene hoy, pero evidentemente hay que observarla. El hecho es que, mientras el joven gamberro global se empeña en rodear militarmente a China, esta nación anciana mantiene, más allá de las leyendas, un nivel moderado de gastos militares y un reducido arsenal nuclear (equivalente al británico) que no se ha renovado apenas en los últimos veinte años. El mito de una China agresiva, no es más que una ideología inventada por quienes precisan crear enemigos para justificar su propia quimera imperial.

Ahora que has regresado en Berlín, te has encontrado con que la capital de Alemania se ha convertido en el centro neurálgico de la crisis económica en Europa. ¿Qué papel ha desempeñado el capital alemán en la gestación y el desarrollo de la crisis? ¿Cómo está afectando a la coalición negrigualda entre conservadores y liberales? ¿Tiene posibilidades de éxito un nuevo gobierno rojiverde, ahora que el SPD comienza a remontar en las encuestas y Los Verdes se perfilan como la fuerza que más sube?

El regreso a Europa es, en primer lugar, el encuentro con un universo soñoliento, con una serie de países socialmente dormidos, que contrastan mucho con el dinamismo socioeconómico de Asia y la fuerza vital e inquietud social de América Latina. En Europa la derecha es hegemónica en parte porque la izquierda establecida ha practicado una política de derechas. En medio de ese general bostezo europeo, Alemania, país de revoluciones fracasadas con una sociedad de referencia estatal, es curiosamente, el menos dormido. Como consecuencia de la incorporación de la antigua RDA, la consciencia social ha girado un poco a la izquierda. La actual coalición de gobierno conservadora continua la política de derechas de las dos coaliciones anteriores; la de verdes y SPD, y la de éstos con Merkel después. Intervención militar en el extranjero, desmontaje del Estado social, aumento de la desigualdad y de la precariedad, son el resultado de esa línea. No hay que esperar gran cosa de una reedición de la coalición rojiverde, mientras sus protagonistas no corrijan las decisiones que en su día tomaron en materia social y militar.

Respecto al capital alemán, en los últimos diez años se ha beneficiado de los desequilibrios de la eurozona. Apostó por la competitividad de su exportación a base de reducir costes. Le fue muy bien e invirtió los superávits de su balanza comercial en el ladrillo de los PIIGS y en la estafa inmobiliaria americana. Ahora, cuando de lo que se trata es de salir de ese esquema, continua manteniendo la misma estrategia nacional que profundiza el desequilibrio de la zona euro, ignorando el hecho de que perjudica al terreno de juego común de la moneda única, lo que a la larga se volverá contra la propia Alemania. Es una política corta de miras, cuyo objetivo, como ha explicado Merkel es que Alemania salga reforzada de la crisis en el conjunto del G-20, y que conduce a un segundo batacazo en Europa mucho peor que el anterior.

También la República federal a la que has vuelto es la de la aparición y consolidación de Die Linke, el nuevo partido de la izquierda. ¿Qué perspectivas de futuro le ves a este partido socialista a la izquierda de la socialdemocracia? ¿Puede que Die Linke sea, como sostienen algunos analistas, el partido que haya de ofrecer el modelo al socialismo del siglo XXI en Europa?

Die Linke es uno de los raros partidos europeos que está situado fuera del bostezo conservador. La línea divisoria es la guerra de Afganistán: quien está en contra es un “marginal” en Europa. Die Linke está en contra y es una fuerza ascendente. Una anomalía. Además, algunos de sus dirigentes mantuvieron un discurso crítico en política social y económica, cuya corrección quedó demostrada por el estallido de la crisis. Die Linke tiene una gran influencia en el debate político alemán, porque obliga a posicionarse a los otros en temas que sin ella no se plantearían, y desempeña un papel que recuerda al de los Verdes en los años ochenta. La diferencia es que tiene un nexo con el mundo del trabajo del que los Verdes carecían y carecen. El riesgo es que se obsesionen demasiado con gobernar, porque pueden hacer un buen trabajo sin necesidad de gobernar. Por otro lado, si Verdes y SPD llegaran a replantearse Afganistán y su apoyo al recorte social, algo muy difícil, se podría crear condiciones para un tripartito de izquierda de cara a las elecciones generales del 2013. En Alemania se observa una significativa presión mediática, con campañas de desprestigio contra Die Linke o contra cualquier posibilidad de un pequeño giro a la izquierda del SPD, destinada a impedir ese tripartito... Es imaginable que Merkel y Sarkozy salten del poder para entonces, pero me parece que el fin de la Europa neoliberal no vendrá por resultados electorales, sino como consecuencia de cambios, y del trabajo, en la base. Die Linke puede ser una referencia, sobre todo en la actual travesía del desierto, pero quizá sea más importante fijar la atención en el entorno más inmediato: en la simple construcción de una red civil básica que contribuya a un despertar en la base misma de la sociedad. Sin un impulso ciudadano, el proyecto europeo carece por completo de interés.

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