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martes, 6 de febrero de 2024

¿CÓMO SE LLEGÓ AL PARTIDO ÚNICO?

 


REVOLUCIÓN DE OCTUBRE DE 1917

SAMUEL JOHSUA

10/ENE/2018

 

En 1927, Bujarin escribe: “En la dictadura del proletariado, puede haber dos, tres o cuatro partidos, pero con una única condición: uno, en el poder, y los otros, en prisión”. Un análisis transformado en siniestro dogma. Sin embargo, el proceso que llevó a ello no sólo fue lento, sino que contradecía completamente la práctica histórica del partido bolchevique y, más aún, su teorización. ¿Fue el resultado de circunstancias incontrolables o algo con profundas raíces ?


Lo que es verdad es que la trágica ocurrencia de Bujarin representa muy bien la línea oficial de los bolcheviques en las deliberaciones del catastrófico X Congreso del Partido Comunista de 1921. Este es generalmente conocido por tres circunstancias cuya coincidencia fue muy criticada. Se dió en un momento en el que la guerra civil estaba ganada en su mayor parte, pero en el que el país estaba exhausto y estalla la revuelta de Kronstadt. Una revuelta deformada y vilipendiada que se reprime con dureza (200 congresistas tomaron personalmente las armas contra Kronstadt). El segundo acontecimiento en importancia es que el Congreso prohíbe las fracciones internas del partido (y de hecho, cierra la puerta a toda expresión pública de divergencias entre comunistas). Por último, al terminar el Congreso, y con muy poco debate, se adopta la Nueva Política Económica (NEP). Esto es: se cede a nivel económico, restableciendo mecanismos abiertamente reconocidos como capitalistas, al mismo tiempo que en el plano de las libertades democráticas se es intransigente.

Es este Congreso el que teoriza, de hecho, la dictadura del partido único.


Trotsky defiende entonces “el derecho de primogenitura (droit d"aînesse) histórico revolucionario del partido”, y explica que “el partido está obligado a mantener su dictadura (…) sean cuales sean las dudas temporales, incluso en la clase obrera. (…) La dictadura no se fundamenta siempre en el principio formal de la democracia obrera”. Es evidente que la cuestión no es aquí la relación con otros partidos, sino la relación con la propia democracia obrera. Por entonces, hace tiempo ya que la democracia no se entiende como un debate entre partidos, sino directamente como una relación que hay que gestionar entre el partido, la clase obrera y los campesinos pobres. Pero ni siquiera esto último funciona, y es lo que dice Trotsky. Existe aún, para Trotsky, el sentimiento de una excepcionalidad de la situación. Que la dictadura no se fundamente “siempre” en la democracia obrera da a entender que, en general, sí ha de ser así.


No ocurre igual con Lenin, quien en el mismo Congreso va al grano: “El marxismo enseña que el partido político de la clase obrera, esto es, el Partido Comunista, es el único capaz de agrupar, educar y organizar a la vanguardia del proletariado y de todas las masas trabajadoras; que es el único capaz (…) de dirigir todas las actividades unificadas del conjunto del proletariado, es decir, de dirigirlo políticamente y, por medio de él, de guiar a todas las masas trabajadoras. De lo contrario, la dictadura del proletariado es imposible”. El rol dirigente del partido es la condición misma de la dictadura del proletariado. Se puede deducir de ello que la dictadura de su Comité Central es, también, la garantía del rol dirigente… Es lo que va a decidirse en este Congreso. Parece que nos encontramos a años luz de la famosa obra de Lenin, El Estado y la revolución. En realidad esto no es una certeza (es un debate en sí mismo). En esta obra, no hay una sola mención a los partidos políticos, ni por lo tanto a la organización del espacio y de los debates políticos propiamente dichos.


Sea como fuere, lo cierto es que, en ese momento, la ocurrencia de Bujarin corresponde de manera muy exacta a una realidad bastante teorizada.

Un largo camino

Sin embargo, hizo falta un largo recorrido para llegar a este punto, y la idea del partido único no se encuentra, ni mucho menos, presente “desde el principio”. Esto es evidente antes de 1917. El programa oficial de Lenin es “la dictadura democrática de obreros y campesinos”, concretada en la batalla de cara a la convocatoria de una Asamblea Constituyente una vez derrotado el zarismo. El único debate entonces es saber si el partido socialdemócrata ha de pretender participar en el gobierno que salga elegido (y bajo qué condiciones) o si no. Pero, por definición, esta Asamblea supone el multipartidismo.

Y la cuestión es (más o menos) la misma en el propio ámbito soviético. Una vez que se produjo la toma del poder con la insurrección de Octubre, los bolcheviques —tal y como estaba previsto— otorgaron formalmente este poder recién conquistado a los soviets, reunidos en su II Congreso, justo después de la toma del poder. Este Congreso estaba compuesto de representantes de todos los partidos soviéticos: es, por tanto, multipartidista. Inmediatamente, una parte de los delegados abandona la sala. En un conocido discurso que concluye con la imprecación de Trotsky a propósito de los “basureros de la Historia”, el futuro jefe del Ejército Rojo echa la culpa a los que se van. Trotsky propone una moción: “El II Congreso ha de constatar que la salida de los mencheviques y de los social-revolucionarios es un intento criminal y sin esperanza de romper la representatividad de esta asamblea en el momento en que las masas se esfuerzan por defender la revolución contra los ataques de la contrarrevolución”.

El debate se concentra entonces en la formación de un gobierno leal tanto a los soviets como a la insurrección que acaba de tener lugar. Cuando los que dejan el Congreso apuestan por una especie de coalición entre el ex gobierno provisional y el nuevo poder, se trata de quedarse con los partidos que aceptan que todo el poder vaya a los soviets. Al final, fundamentalmente, no serán más que los bolcheviques. Pero no es una elección, sino que se hace por defecto (aunque Lenin parece haber sido reticente a la idea de un gobierno de coalición incluso con los partidos que aceptaban la segunda revolución). Por lo demás, los otros partidos que se quedan en el Congreso también dudan. En el caso de los social-revolucionarios de izquierda, Karelin interviene a favor de una coalición con aquellos que se han ido del Congreso. Pero se preocupa de declarar que “los bolcheviques no son responsables de su salida”. Precisa incluso: “No queremos avanzar hacia un aislamiento respecto a los bolcheviques; comprendemos que al destino de estos está vinculado el destino de toda la revolución: su derrota es la de la propia revolución”.

Así pues, con la excepción de algunos aliados anarquistas, los bolcheviques se encuentran solos. Pero no se teoriza la cuestión: la razón de ello es únicamente la negativa de los otros. Por otra parte, a partir del III Congreso de los Soviets la situación cambia. El gobierno bolchevique disuelve la Asamblea Constituyente al acabar la sesión del 5 y 6 de enero de 1918. El 10 de enero, el III Congreso de los Soviets —en el que los bolcheviques se vieron considerablemente reforzados— da legitimidad a la acción de los bolcheviques, así como a la decisión de disolver la Constituyente. Los social-revolucionarios de izquierda apoyan la mayoría de medidas, tras lo cual entran en el gobierno. Ahí seguirán hasta la crisis ocasionada por el tratado de Brest-Litovsk, que hará que muchos de ellos inicien un conflicto armado con el nuevo gobierno.

El camino hacia el problema que nos interesa es inexorable. Con la disolución de la Constituyente ya no se garantiza la posibilidad de existencia real de los partidos no soviéticos (o, de manera más precisa, aquellos que no aceptan la revolución de Octubre y su corolario, todo el poder a los soviets). Pero el multipartidismo nunca se pone en tela de juicio. Son, más bien, los demás partidos los que abandonan a los bolcheviques; y una parte de ellos entra en guerra. No existe una teoría explícita sobre ello; nos encontramos de facto con un partido único que asume a la par la revolución de Octubre, el poder soviético, las medidas tomadas por este nuevo poder, así como la organización de la guerra civil y del comunismo de guerra.

En tanto que esta situación no es teorizada, podemos decir que es posible volver hacia atrás. En primer lugar, en lo relativo a los partidos que aceptan la legalidad del nuevo poder; también los partidos soviéticos, sean los que sean; e incluso todos los partidos, incluso los burgueses, con la condición de que se adapten a las reglas del juego. Lo cual, ya sabemos, no ocurrirá. Muy al contrario, el X Congreso grabará en marmol algo completamente diferente: el partido único como condición misma de la dictadura del proletariado. Hay una manera justa y clásica de dar cuenta de esta mutación. El hecho es que Lenin y los suyos prolongaron lo que no debía ser más que una sucesión de actuaciones excepcionales, a las que todas las revoluciones se ven obligadas si no quieren ser derrotadas a la primera. Todos los bolcheviques habían sido formados en este sentido, gracias al balance de la Comuna de París y de su negativa a tomar las medidas de excepción que en algunos casos habrían sido indispensables. El problema es cuando la excepción se vuelve norma. Ciertamente, esta línea de análisis es completamente aceptable. Pero, por desgracia, deja de lado lo que finalmente hace posible la teorización de las medidas de excepción, hasta tal punto que Lenin declara que se trata de una “situación normal”.

Así, constatamos que desde el principio se pone en tela de juicio la cuestión del multipartidismo. Prueba de ello es el decreto sobre la prensa que Lenin somete a voto en el II Congreso: “El gobierno obrero y campesino defiende la liberación de la prensa del yugo del capital, la transformación de las papelerías e imprentas en propiedad del Estado, la atribución a cada grupo de ciudadanos de un tamaño determinado (10 000, por ejemplo) de un derecho igual al uso de una parte correspondiente de las reservas de papel y de la mano de obra necesaria para la impresión”. Así pues, la primera nacionalización real del nuevo poder no afecta a las fábricas, sino a la prensa. Es evidente que, con fórmulas de este tipo, se priva de facto a todos los partidos no-obreros del derecho de expresión (recuérdese que la Constituyente será disuelta unos pocos meses más tarde). Aun así, no está muy claro, ya que además de estos elementos de fondo (dejar la prensa en manos del gobierno y de “grupos de ciudadanos”) hay argumentos de oportunidad. De hecho, los periódicos burgueses son invadidos por las masas, y los obreros que los confeccionan los expropian. Entonces, Lenin responde el 7 de noviembre a los social-revolucionarios de izquierda descontentos con la prohibición de periódicos burgueses: “¿Acaso no prohibimos los periódicos zaristas tras la derrota del zarismo?”. No es un principio pues, sino la consecuencia de una actitud. Pero aun así la cuestión desorienta y muchos bolcheviques protestan: por ejemplo, Yuri Larin propone al comité ejecutivo central una moción pidiendo la abolición de las medidas contra la libertad de prensa, moción que es rechazada con sólo 2 votos de diferencia.

Así pues, la cuestión está presente desde el principio, con esa mezcla de posiciones de principio que limitan el multipartidismo y argumentos de oportunidad. Pero debe hacerse más amplia si se quiere captar la amplitud del problema. La declaración de Lenin a propósito del papel dirigente del partido hace temblar cuando se sabe lo que vino después. Pero, ¿acaso no posee aspectos inevitables? En general, para discutir sobre ello se aborda la cuestión de la representación obrera y de su poder real. Sin embargo, si nos alejamos un poco de esta manera de verlo, la cuestión adquiere otra naturaleza. El programa que Lenin y Trotsky defienden es, como se sabe, “Pan, paz y tierra”. Ahora bien, desde el principio hacen muchas otras cosas más. Por ejemplo, en lo relativo a las problemáticas que hoy en día calificaríamos como societales. Está la igualdad de derechos para las mujeres, incluyendo el derecho al aborto. En materia educativa, está la implantación de la “escuela del trabajo”, mixta, de 7 a 17 años. Se rompe con las Iglesias a través de la nacionalización de todas las escuelas religiosas en diciembre de 1917. La supresión de los signos religiosos de los centros escolares planteó más problemas, aunque se hizo en un solo año, en 1918. En Francia, para aplicar la ley de laicidad de 1905, hicieron falta décadas (y no se ha terminado completamente). Aunque la homosexualidad no es explícitamente despenalizada, el gobierno se sirve del mismo artificio que la Revolución Francesa al respecto: la despenalización de la “sodomía” (en Francia, el 6 de octubre de 1791, en Rusia, en el nuevo código de 1919). Es una honra para esta revolución el haber efectuado tales avances. Pero estos no dependen en modo alguno del poder soviético desde abajo. En un país muy arcaico, con una fuerte mayoría campesina, pensar que estas medidas podían haberse originado a través de un verdadero proceso democrático desde abajo es una broma. La Revolución se hizo con otras consignas; además, el pueblo estaba muy lejos de estas medidas. Así pues, el que decide es el partido. ¿Quién puede reprocharselo? Cuestión punzante: ¿hasta qué punto no se trata de una cuestión general válida para toda revolución, cuestión que da —aunque sea sólo un poco— la razón al Lenin de 1921?


Frente a tales observaciones, no faltan compañeros que creen que la conclusión que debe sacarse es sencilla: al pueblo (al proletariado) habría que hacerlo adepto a todo el programa, en todos sus aspectos y en todas sus consecuencias, y ello antes de la revolución. Cuando, por el contrario, toda la experiencia histórica enseña que es precisamente la revolución la que radicaliza el pensamiento y hace posible, quizás, tal conversión. Cuestión grave, ¿no? Si se va más allá, sin embargo, es evidente que con las declaraciones, las decisiones y las teorizaciones de 1921 todo está listo para que, más tarde, gane alguien como Stalin. No depende únicamente de eso, claro. Por ejemplo, en aquel momento no se sabe aún que la revolución alemana será definitivamente derrotada. Pero incluso así. La posibilidad de evitar esta transformación depende entonces sólo de la naturaleza y de la calidad del personal político, con la convicción de que Lenin no es Stalin. Importante, pero muy frágil. En definitiva, el pensamiento profundo de Lenin no está lejos de la frase de Mao: “perder el poder político equivale a perderlo todo”. Si esto es así, hay que evitar todo riesgo de que ocurra: ni se convocará una nueva Constituyente que acompañe la marcha atrás económica de la NEP, ni se abrirán espacios democráticos más amplios. Todo lo contrario: se aplasta Kronstadt y se prohíben las fracciones. En los bastidores del Congreso de 1921, Lenin resume su estado de ánimo así: “Si perecemos, lo más importante es salvaguardar nuestra línea ideológica y legar enseñanzas a aquellos que continuarán nuestra tarea. Eso no hay que olvidarlo nunca, por desesperada que sea la situación”.

Así pues, el camino es extremadamente estrecho. Es imposible imaginar una revolución sin estar preparados a saltarse líneas rojas que no estaban previstas. Estaría bien saber que estamos saltándonoslas y que habrá que pagar caro el hecho de atentar así contra los principios democráticos. Y estaría bien, de la misma manera, prepararse para recorrer el camino inverso una vez que la excepcionalidad se acaba, incluso a riesgo de perder el poder. Como diría Maquiavelo, haría falta mucha virtud. Pero por lo menos podemos —debemos— educarnos ahora en estas contradicciones si queremos que la lección de Octubre no caiga en agua de borrajas… la próxima vez.

Contribución presentada el 18 de noviembre de 2017 en la charla titulada “El aliento de Octubre”, organizada en el centenario de la Revolución Rusa.

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42547

Traducción: viento sur

 

Fuente: https://vientosur.info/como-se-llego-al-partido-unico/

 

viernes, 4 de noviembre de 2022

Comentario al Mensaje del Comité Central de “Patria Roja” con ocasión del 94 aniversario de la fundación del Partido: “POR LA UNIDAD DE LOS COMUNISTAS PERUANOS”

 


“POR LA UNIDAD DE LOS COMUNISTAS PERUANOS”

 

Pusilánimes = temerosos, dubitativos y faltos de coraje. 

 

Interesante disertación. Vamos primero con lo menos importante:

 

(1) El objetivo de la cita utilizada.  Me gustaría saber Quien o quienes representan a Grouchy y a Napoleon y cuál es el momento efímero y crucial. 

 

(2) La aparición de Eudocio Ravines fue realmente "sorpresiva”? Si mal no recuerdo, leí que el tránsfuga del Apra fue nombrado secretario general del Partido socialista con el consentimiento del Amauta. Más adelante, al fallecer Mariátegui, Ravines le cambia de nombre al partido y lo coloca bajo la tutela del aparato político soviético, como Partido comunista del Perú.

 (3)  Lo cual me hace recordar que hay mucha confusión en la utilización de los términos Socialismo y Comunismo, sugiero los definan. 

 

(4) Interesante la descripción de lo que es un VERDADERO partido político de Izquierda. Y así llegamos a la parte más importante de la disertación.

 

(5) Como hacer para reunir en un solo partido a las izquierdas que existen en el Perú? 

 

(6) Se podría decir que el PC y PR se compraron un pleito que no les pertenecía y en eso no fueron NADA Mariateguistas?  

 

(7) Qué tanto tienen que perdonarse el PC y el PR que hace tan difícil el reencuentro?

 

(8)  Si ambos partidos son y cito:  "partidos desfasados del tiempo, sin ideas, organización, líderes, vínculos con el movimiento popular, derrotados y marginados al extremo que hoy son dos fuerzas en proceso de extinción que han perdido credibilidad y no tienen la menor posibilidad de convertirse en esa “vanguardia” que hablaba el Amauta"... Pues pienso que ya no estamos hablando de partidos, sino de dos grupúsculos, algo que fue y cito una vez más: "no aprendieron nada de sus derrotas, siguen dominados por una visión sectaria, sobreviven aislados del movimiento popular 

 

(9) Y vuelvo a citar con referencia a lo que se debería hacer:  "refundación del comunismo peruano en base al:

(a) debate (...) de ideas, (b) la definición de propuestas y alternativas de esa nueva sociedad (...) (c) identificación con los intereses de las masas populares (d) una praxis coherente que con el ejemplo y la lucha diaria que nos permita ser (...) vanguardia, (e) un partido para la revolución, intransigente con los principios y que tenga una táctica asumida (...) por todos los militantes. Realmente todo, no solamente necesario, sino indispensable. 

 

(9) Y llego casi al final, aunque hay mucho más por decir. Fallece el Amauta y cito:  "ese vacío nunca pudo ser cubierto".  No hay partido sin, esto es elemental, un verdadero líder admirado y respetado. Creo que el frente amplio no hubiera ganado SIN Lula.

 

(10) Mi número mágico. Si me atengo a los comentarios sobre lo que son actualmente el PC y PR ... debo concluir que cenizas quedaron pero que desgraciadamente ya les cayó la lluvis del tiempo. No nos quedaría si no dos posibilidades:

(a) la FUNDACION de un Nuevo Partido no sin antes responder a las siguientes preguntas: ¿POR QUE lo necesitamos? Eso ya lo sabemos: neoliberalismo, subdesarrollo, capitalismo desenfrenado, corrupción, ya mencionado en la disertación. ¿COMO vamos a proceder? Me imagino que en lo que creemos SI estamos de acuerdo.

(b) UNIRNOS a otro partido que tenga iguales o parecidas convicciones... {acabado de agregar, lo había olvidado-02/10}

 

Cristina Sanguinetti

 

Comentarios:

Gracias Cristina por tu opinión muy interesante y que obliga a una reflexión profunda. Creo que en el tema de la unidad de los comunistas peruanos hay muchas cosas por decir, descubrir, imaginar y, por qué no, inventar.

Cristina Sanguinetti

Fredy León Me hubiese gustado que respondas a los diferentes putos, los he numerado. Cierto que hay mucho por decir pero con referencia a lo poco que he escrito, me encantaría recibir tus comentarios. Deale tio y sin miedo😊

Fredy León

Cristina Sanguinetti Tengo algunas ideas sueltas, pero me falta tiempo para desarrollarlas. Creo que este tema es muy importante para mí y debe ser tratado con la seriedad y profundidad del caso. Espero tener listo mi respuesta para el fin de semana. Un abrazo

Cristina Sanguinetti

Fredy León SUPER !!!!

Cristina Sanguinetti

UNIDAD: 'En este grandioso proceso de cambios históricos corresponde construir la más amplia y profunda unidad de los comunistas, socialistas, corrientes democráticas, movimientos diversos que combaten las inequidades, aspiran a un mundo nuevo y se enfrentan al imperialismo norteamericano y sus socios. Mirar el horizonte, poner en primer plano las coincidencias y tratar paso a paso las diferencias, es la clave para lograrlo" https://patriaroja.pe/.../ponencia-de-manuel-guerra-en.../

 

 

 

(Mensaje del Comité Central con ocasión del 94 aniversario de la fundación del Partido que motivan los comentarios de Cristina Sanguinetti)

 

Es hora de refundar el Perú

Mensaje del Comité Central con ocasión del 94 aniversario de la fundación del Partido

Estimados amigos que nos acompañan,

Camaradas,

Permítanme saludar a los representantes de Cuba socialista, de Venezuela, de Rusia, que nos acompañan. A los amigos que comparten con nosotros esta velada.

Este siete de octubre celebramos el 94 aniversario de la fundación del Partido en una circunstancia crítica para el país y el pueblo peruano. Las elecciones regionales y municipales que acaban de concluir son la expresión patética de una sociedad fragmentada y de una democracia que se asfixia en sus propias mentiras, no una señal de madurez ni de claridad de rumbo que es lo que el país necesita.

Dos siglos de vida republicana fue tiempo suficiente para sentar las bases de una sociedad desarrollada y próspera. No ha sido así, pese a contar con recursos naturales, una historia prolongada, un pueblo que podía incorporarse a este proceso de renovación nacional.

¿Qué falló? El factor subjetivo, la conciencia de esa necesidad, la voluntad transformadora de una realidad insostenible heredada de la colonia y continuada a lo largo de la república. Faltó el factor dirigente, la fuerza conductora que lo permitiera, la organización necesaria para ello.

Tres décadas después de impuesto el modelo neoliberal de economía y de Estado fundado en el mercado como factor ordenador, con la promesa de que abriría las puertas de la prosperidad para todos, lo que constatamos es todo lo contrario: prosperidad para pocos, exclusión, inseguridad y pobreza para los más.

Lo que es peor, una sociedad que ha perdido el rumbo mientras destruye sin cesar sus valores éticos, erosiona sus instituciones, asume como conducta el “todo vale” de sello pragmático, destruye los partidos políticos o los reduce a la insignificancia.

¿Puede en estas condiciones hablarse de democracia y asegurar alguna perspectiva creíble para el país? Lo que aguarda a las nuevas generaciones es la incertidumbre, el dominio de la ruleta del día a día.

En esas condiciones ¿cómo contar con un plan o proyecto que ordene, priorice, unifique y aproveche las ventajas disponibles? ¿Cómo enfrentar la corrupción o la violencia social cada vez más extendida? ¿Cómo ingresar al ritmo de un mundo que cambia a una enorme velocidad? ¿Cómo garantizar estabilidad, orden, confianza, despliegue de la iniciativa de la gente?

La crisis política, que entrampa al país tiene aquí su origen. El conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso viene desde el gobierno de Kuczynski. Es una larga zaga en cuyo trasfondo no está la preocupación por el Perú y los peruanos, sino la pugna por intereses subalternos que se acepta como normales.

Por donde se mire, los resultados no pueden ser peores. ¿Qué pueden ofrecernos como viabilidad de país quienes nos han conducido a la quiebra social y moral que impera en el Perú de hoy? ¿Qué confianza pueden garantizar a las nuevas generaciones quienes han hecho de la demagogia, la injusticia y la corrupción, norma de conducta? ¿Qué garantías de un Perú distinto puede ofrecernos la Constitución de 1993, si no es la continuidad de lo conocido?

No hay que olvidar la historia. En épocas de crisis y de vacíos de representatividad, cuando la democracia liberal es desbordada por tensiones 0 por la inestabilidad, se crean condiciones para que emerjan tendencias autoritarias, incluso fascistoides, con el pretexto de orden y seguridad. Hoy tenemos signos claros al respeto. No sólo desde la derecha más conservadora, también desde posturas aparentemente críticas, pero, en realidad, egocéntricas. La manipulación, la demagogia, el caudillismo, ganan posición en el vacío político y ante la falta de protagonismo consecuente de la izquierda y el movimiento popular. No advertir esta amenaza sería un serio error.

Tiempos de crisis sin duda. También tiempos de renovación. Lo que el Perú necesita es una renovación radical que sólo puede surgir desde las entrañas mismas del pueblo, de la reflexión que permita desentrañar la raíz de la crisis, de la visión estratégica y de la determinación de quienes apuestan por un país soberano en sus decisiones, desarrollado, autocentrado económicamente, integrado en su diversidad, plurinacional, ecológicamente sostenible, paritario, con justicia social, moralmente regenerado, seguro, culturalmente avanzado.

Un Perú que avance a la igualdad, en lugar de que la desigualdad se ensanche más. Con soberanía sobre sus recursos naturales, avanzado en el campo de la ciencia y la tecnología, con seguridad alimentaria. Sólo si producimos abriremos camino a la prosperidad, tanto más cuando el trabajo físico y la inteligencia son la fuente de la riqueza. Que la educación, la salud, la seguridad, alcance a todos y no sea privilegio de pocos.

Este Perú es posible y realizable. En la lucha por hacerlo realidad pueden converger sectores muy amplios de la sociedad: obreros, campesinos, intelectuales, emprendedores, empresarios, comunidades étnicas, es decir mujeres y varones de bien. Una gran unidad para un gran cambio no es solo un slogan de agitación, es la convocatoria a la unidad más amplia del pueblo peruano en la gran tarea de la renovación nacional.

Pero ello requiere una nueva mirada del país y su futuro. Una nueva cultura política donde el proyecto y el plan fundados en la realidad sustituyan a la improvisación, el rol dirigente del Estado a la anarquía, el sentido social al individualismo, los valores morales al pragmatismo sin bandera. Exige también recuperar el sentido ético y de servicio de la política, hoy degradado por el utilitarismo y la corrupción.

Camaradas y amigos:

Entendemos que la construcción de una alternativa que signifique un cambio de fondo, sin perder de vista ni descuidar las tareas y las urgencias que corresponde resolver a todo gobierno, exige tomar en cuenta el mediano y largo plazo. La demagogia, la promesa fácil, el clientelismo, pueden permitir obtener votos, pero jamás será una siembra segura.

Es verdad que el pueblo tiene urgencias. Espera soluciones inmediatas. La lucha contra la pobreza, la desigualdad, la precariedad del trabajo, la corrupción, la violencia social, por mejores condiciones de salud y educación, son tareas urgentes, que hay que empezar a resolver. Pero aspirar a encontrarles solución duradera requiere tiempo, esfuerzo, un gobierno que asegure continuidad y que está preparado para gobernar. El problema es cuando la aventura sustituye a la gobernanza, tan frecuente en estas latitudes.

La propuesta de nuestro Partido es clara, integral. No está demás insistir en esta oportunidad: es la política del Nuevo Curso. Tenemos 12 Constituciones fallidas hasta el presente. La de 1993 construida como soporte del “proyecto neoliberal” fue impuesta fraudulentamente. Tres décadas después se revela incompetente, comenzando por el Estado subsidiario que tenemos hoy. Pero no sería suficiente una nueva Constitución si no tuviera como referente una nueva República, que se apoya en un proyecto de país viable en nuestro tiempo. Pensemos el Perú como totalidad y con visión de futuro, que es lo que nos falta. La mirada corta produce resultados cortos.

Renovar es precisamente iniciar un nuevo camino para el país. La derecha no lo hará. Dos siglos de república lo confirman hasta el cansancio. Por el contrario, lo que nos ofrece es la continuación de una historia de fracasos que se niega a aceptar. No podemos dejar de admitir que su programa de que todo continúe como está, hasta el momento, ha tenido éxito. Los resultados están a la vista.

Es hora de acabar con este mito. La crisis, cuya profundidad y extensión no acaba de mostrarse del todo, es la mejor invitación para iniciar esta larga marcha. Ganar la conciencia del pueblo, tal la tarea. Construir un nuevo liderazgo colectivo es una necesidad imperiosa. Sin el protagonismo popular, sin el despliegue de su iniciativa, sin el retorno a la consigna ¡todo con las masas, nada sin ellas”, nada grande se puede construir. Incluso la lucha electoral adquirirá nuevos tonos, pues permitiría construir puntos de apoyo firmes donde ahora todo se diluye.

Camaradas y amigos:

Los factores de cambio hace mucho que están presentes. Son los que llamamos factores objetivos que maduran en las entrañas mismas de la sociedad. ¿Qué falta, entonces? ¿Qué está ausente o nos negamos a aceptar?

El factor subjetivo, la conciencia de esa necesidad de renovación política, intelectual y moral, la hegemonía y la organización que lo permita. En suma, la correlación de fuerzas que asegure que esos cambios se produzcan a pesar de la resistencia de quienes se consideran dueños del Perú. Eso: construir hegemonía y correlación de fuerzas. Esta es una tarea estratégica a desarrollar.

En las elecciones generales últimas cerca del 30 por ciento del electorado votó cambio, aunque no tuviera claridad de sus contenidos, alcances y condiciones. Allí radica su debilidad: la creencia de que es suficiente el voto para alcanzarlo. El resultado está a la vista para el que quiera ver: un gobierno sin claridad de objetivos, ni unidad interna, ni fuerza organizada, menos capacidad de gobernanza. Si un sector de la derecha busca su vacancia no es por que represente una amenaza al sistema dominante ni un riesgo de recambio de la Constitución de 1993. Son razones de otro orden que encubre su miseria política.

El respaldo de Luis Almagro, secretario general de la OEA, al presidente Pedro Castillo en su reciente Asamblea General, no es casual ni menos principista. Él entiende claramente que es funcional al sistema, y la confrontación entre el Ejecutivo y el Legislativo un contrasentido que no permite la estabilidad política que necesitan.

El problema está en la izquierda que no ha logrado, hasta el presente, constituirse en la fuerza alternativa capaz de disputar la conducción del país y la construcción de una propuesta viable de cambio. Se conformó con ser oposición. A veces ni eso.

En sus orígenes, con Mariátegui, la izquierda se abrió paso como una alternativa socialista que hundía sus raíces en una prolongada historia de la que se definía continuadora. Un socialismo que fuese “creación heroica”, que se nutriese de la “propia realidad” y se expresase en su “propio lenguaje”. Por eso su enorme labor ideológica y cultural, su esfuerzo para organizar a los trabajadores y el pueblo, su determinación para construir el partido político que asumiera la tarea de dirigir el proceso transformador en marcha.

Esta visión integral de la lucha se pierde con su desaparición física. Lo que vino después, en el Partido Comunista, es el achatamiento ideológico, político y cultural, que perdía de vista la imposibilidad de construir una alternativa de cambio sin ganar la conciencia, la confianza y la participación de los trabajadores y el pueblo como sujetos de esa transformación. Más tarde, paso a paso, el Partido fue adaptándose, en lo interno, a la estrechez del dogma o a la pereza para entender la realidad del país y crear teoría. En lo externo, a las condiciones impuestas por el adversario por medio del terror y la represión, o por el encanto de participar dentro de los límites tolerables del sistema.

No es que el pueblo trabajador peruano y los comunistas dejaran de luchar. Jornadas como las de julio de 1977 que paralizó el país, es un claro ejemplo de ello. Pero allí faltó abrir paso a una alternativa popular y democrática con definido contenido político.

El auge de las luchas populares y de la izquierda en las décadas de los sesenta al ochenta del siglo pasado pudo permitir romper este lastre e iniciar una nueva etapa, de flujo revolucionario. No fue así. Conflictuado erróneamente entre lucha armada y lucha legal, entre revolución y reformas, no encontró el camino que le permitiese convertirse en la gran fuerza política, social y cultural que pudo ser. Izquierda Unida y su autodestrucción sintetiza ese desastre del que no podemos reponernos hasta el presente.

Por eso apostamos por la unidad. La asumimos responsablemente. Pero apostamos por una unidad madura, duradera, organizada sobre bases democráticas, que incorpore en un proyecto y programa común todas las fuerzas sanas de la sociedad, y no se limite a una repartija de cupos electorales. Tarea nada fácil, desde luego, pero indispensable.

Estimados camaradas:

Los comunistas no ocultamos nuestra responsabilidad en estos hechos. Solamente una actitud crítica y autocrítica honesta permitirá calibrar la dimensión de los aciertos, que no son pocos, y de los desaciertos acumulados a lo largo del tiempo. El mayor de ellos, seguramente, la dificultad para entender, asumir y continuar el camino abierto por Mariátegui, con el mismo sentido creador e innovador del Amauta, con la misma actitud ética de la política que hizo suya, con la visión de largo plazo y de integralidad que orientó su pensamiento y acción.

Quienes militamos en el Partido de Mariátegui estamos obligados a hacer política comunista, a pesar y por encima de la campaña anticomunista. A explicar y esclarecer a los trabajadores, al pueblo peruano, su programa, estrategia y políticas. No ceder frente a la presión del anticomunismo ni del oportunismo político. Si aceptamos colocarnos a la defensiva, ya estamos derrotados. En este aspecto debemos tener una actitud más firme, inteligente y oportuna. La lucha de clases es una realidad incuestionable. No la crearon los comunistas ni la desaparecerán quienes la niegan. La batalla en el ámbito de las ideas y el programa es de fundamental importancia. Pero aquí importa poco la emoción social.

Tenemos que mirar más lejos que nuestros oponentes, tener solvencia teórica e intelectual, estar preparados para la lucha en todos los escenarios posibles. También los pies bien puestos sobre la tierra. Entender que el único punto de apoyo firme con que contamos es la relación estrecha y respetuosa con las masas populares.

Esta es una exigencia aún más importante en estos tiempos de confusión, de incertidumbre, de ausencia de rumbo.

Estimados camaradas:

No son tiempos cómodos los que nos toca vivir. Pero sí una oportunidad que madura, que invita al optimismo en medio de la niebla. “Nunca es más oscura la noche que cuando está por amanecer”. Esta es una verdad que no deberíamos perder de vista.

El Reordenamiento partidario cobra hoy más fuerza que en otros momentos. Poco podremos avanzar en esta tarea si no vencemos los muros del espontaneísmo, el formalismo o el burocratismo. La victoria será una quimera si no recuperamos nuestras mejores experiencias de lucha de masas. Si no persistimos en la determinación de convertirnos, paso a paso, en el partido de masas, en la defensa de la unidad partidaria, en el crecimiento audaz de nuestra militancia, en la expansión de la influencia de las ideas socialistas y de izquierda en la sociedad.

Patria Roja surgió bajo el empuje de una militancia joven, entusiasta, convencida de la recuperación de las tradiciones revolucionarias del Partido. Hoy no tiene por qué ser distinto. Potenciar nuevos cuadros, promover nuevos dirigentes, perfeccionar la labor de dirección de los organismos partidarios son tareas de orden. Ser capaces de llevar a cabo, en orden, la renovación de los organismos dirigentes, incorporando contingentes de cuadros intermedios y jóvenes, es una tarea que hay que asumir con firmeza.

Es la oportunidad para saludar a los camaradas hombres y mujeres de la generación mayor del Partido, quienes fueron su columna vertebral en los momentos más difíciles de su existencia. Sin ellos no seríamos lo que somos hoy.

A la mujer comunista que siempre supo estar en lo más avanzado de la trinchera de lucha, firme y tenaz siempre, siempre consecuente e innovadora.

A la nueva generación de comunistas, en especial a los militantes de la Juventud Comunista, cuyos militantes se forjan en el espíritu de Mariátegui. En ustedes descansa el futuro del Partido. Con ustedes el socialismo sigue siendo una bandera que ondea sin ceder a las tormentas.

Finalmente, nuestro homenaje a la memoria de camaradas fallecidos después del IX Congreso, víctimas del COVID o por el devenir natural de la vida. No son pocos y todos ellos y ellas dejan huellas muy hondas en el Partido y en nuestra memoria.

¡Gran unidad para el gran cambio!

¡Es hora de refundar la República!

¡Viva el Partido Comunista del Perú –Patria Roja!

¡Viva el socialismo!

https://patriaroja.pe/pronunciamiento/es-hora-de-refundar-el-peru/  octubre 08/2022

 

Publicado por cristina sanguinetti  en respuesta a: 

 

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