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jueves, 31 de octubre de 2019

CUANDO LOS PUEBLOS SE SUBLEVAN Y NO DEJAN HUELLAS PROFUNDAS



Dr. Hugo SALINAS

Las dos grandes movilizaciones de los últimos tiempos en América Latina son, sin lugar a dudas, el de los pueblos de Chile y Ecuador. Y si los miramos de cerca, ellos se hermanan en un mismo dolor: ingresos monetarios irrisorios, subempleo masivo y desempleo. Si ampliamos nuestro horizonte, no podemos dejar de mencionar, y por los mismos motivos, a la gran movilización de los chalecos amarillos en Francia.

Estos fenómenos de la sociedad moderna deberían ser el primer objetivo de todo movimiento o partido político serio. Sin embargo, que yo sepa, por ejemplo en el Perú, no existe ningún movimiento o partido político que enuncie como prioridad la eliminación del desempleo, del subempleo y un incremento significativo de los ingresos monetarios de las personas que trabajan. Un aumento del salario mínimo que alcance al estándar internacional de los salarios mínimos.

A pesar de no tener el nivel científico y tecnológico con el que ahora contamos, nuestros antepasados, los pueblos originarios del Tawantinsuyo, en ningún momento de sus vidas sufrieron de desempleo, menos aún de subempleo masivo. Y ellos gozaron, en condiciones más o menos iguales, de la totalidad del resultado de su actividad económica. 

No es posible que, ahora, desarrollando la actividad económica con un proceso de trabajo que es capaz de generar “n” puestos de trabajo, se viva en desempleo y en un masivo subempleo. La juventud que ni estudia ni trabaja supera el 25% de dicha población. El subempleo supera el 60% de la población económicamente activa. Y ya no hablemos de las personas con más de 50 años que pierden su trabajo. Ya no encontrarán un lugar decente para obtener ingresos que les permita vivir. 

Una sociedad más cruel que ésta es imposible imaginarla. Y los partidos políticos, tanto de derecha como de izquierda, hacen los oídos sordos y miran pero no ven. Sus programas políticos nos hablan de todo, menos de los dolores más profundos de millones de seres humanos. Y los gobernantes piden perdón de sus actos, pero sin considerarse culpables. 

Ante tal magnitud de la problemática, las medidas progresistas solamente nos conducen al desaliento. El problema queda intacto. Como prueba ahí lo tenemos a los gobiernos “progresistas” de Lula, Evo Morales, Correa-Moreno, Chávez-Maduro… Lo único que vemos florecer es la corrupción y un manejo venal del erario nacional; un uso malsano de instituciones como el de la Presidencia de la República, del Congreso, del Poder Judicial, de las Fuerzas Armadas… 

La actividad económica que fomentan en prioridad estos villanos no apunta a resolver los problemas cotidianos de la población, menos aún a darle una visión de futuro a la juventud. No se está creando sociedad con lazos fuertes de confraternidad, cooperación y motivación. Sólo impera la idea estúpida del enriquecimiento inmediato y por cualquier medio. 

Este comportamiento perverso de personas, empresas y políticos, tiene su origen en algo simple de comprender. Sin embargo, todos lo miramos pero no queremos ver. Todos los sentimos pero no hacemos ningún esfuerzo de reflexión. Estamos sumidos en un modelo socio-económico que nos deprava, desde hace diez mil años en el viejo mundo, y desde hace seis siglos en América Latina.

Se trata de lo siguiente. Por un lado, la actividad económica moderna ya no piensa en todos los integrantes de la sociedad. Tiene como objetivo único el de hacer dinero y más dinero. Para ello usa hasta la última gota de sangre del trabajador para producir los bienes económicos que le producirán una alta rentabilidad. Por otro lado, esta actividad económica está controlada por un reducidísimo número de familias, a nivel mundial.

Es decir, el dueño de un acto económico es el propietario de la totalidad del resultado de la actividad económica. No solamente es dueño absoluto de las utilidades que genere su empresa, sino también incluso del salario que supuestamente pertenece a los trabajadores. La masa salarial de un país no lo manejan los trabajadores. Es por ello que, mientras perdure este modelo de hacer actividad económica, los salarios seguirán siendo irrisorios como lo fueron desde el inicio. 

Recientemente, el profesor Thomas Piketty lo ha expresado con claridad, y con cifras en mano. La institución Oxfam Internacional agregó algo que es, ni más ni menos, un cuento de horror.  Oxfam nos dice con toda claridad y dureza que, ¡solamente 8 personas tienen una riqueza acumulada igual a la riqueza acumulada por la mitad de la población mundial! Son ellos, los verdaderos gobernantes a nivel local, nacional, regional y mundial.

Espero equivocarme, y qué bueno que así fuera. Pero, hasta el momento, los pueblos se sublevan, con gran pérdida de vidas humanas, realizan grandes revoluciones que han asombrado a muchas generaciones, pero luego vuelven al letargo, a la sumisión, a la pobreza y el desempleo.

Y todo ello porque nuestras grandes movilizaciones no apuntan a transformar el modelo socio-económico responsable de esta tristeza humana. Mientras siga este comportamiento de las masas y sus dirigentes, seguiremos siendo asesinados por las balas que nosotros mismos producimos, y seguiremos siendo el pasto que alimenta los grandes negocios de los grandes multimillonarios.

Saint-Nazaire, Francia, 30 de octubre del 2019

domingo, 15 de septiembre de 2019

EL MUNDO DE ABAJO CRECE EN SILENCIO





09/09/2019 | Raúl Zibechi, Juan Wahren 

Hay vida (y lucha) más allá de las elecciones. En nuestros países (Argentina, Uruguay), desde los focos mediáticos hasta las conversaciones entre militantes de los movimientos sociales, están centradas y concentradas en las próximas jornadas electorales, con la esperanza de que, esta vez sí, habrá cambios. Aunque sabemos que esos cambios no vienen de arriba y que los verdaderos son los que construyamos desde abajo y por abajo, una y otra vez nos dejamos arrastrar por los fuegos artificiales de las elecciones. Volvemos a diluir nuestra potencia del hacer desde abajo en la delegación del Poder hacia arriba...

Sin embargo, los pueblos de América Latina siguen construyendo sus mundos otros, muy lentamente, a contracorriente, en la oscuridad de la vida cotidiana, lejos, muy lejos de las campañas que derrochan recursos y discursos. ¿Quién pudo enterarse que este año se creó la Guardia Indígena Comunitaria “Whasek” Wichi en el Impenetrable, en el Chaco, Argentina? ¿Quién sabe de la creación del Gobierno Territorial Autónomo de la Nación Wampis, en el norte del Perú, camino que comienzan a recorrer otros tres pueblos amazónicos?

¿Cuántos medios han informado que el pueblo mapuche en el sur de Chile ha recuperado 500 mil hectáreas por acción directa desde la década de 1990, cuando se restauró la democracia para arrinconarlos con la aplicación de la ley antiterrorista heredada de la dictadura de Pinochet, pero luego aplicada igualmente por gobiernos progresistas y conservadores?

¿Dónde leemos acerca de la tremenda lucha de los tupinambá del sur de Bahía (Brasil), que en pocos años recuperaron 22 haciendas, miles de hectáreas, pese a la represión y las torturas a sus dirigentes? ¿Cuándo le dedicamos algún tiempo a comentar la victoria de las 30 comunidades de Molleturo (Azuay, Ecuador) que consiguieron frenar la minera china Ecuagoldmining, luego de quemar el campamento? ¿Quién habla del reciente triunfo campesino de todo el Valle de Tambo, ante el proyecto cuprífero Tía María, en el sur de Perú?

Ahora vemos cómo los pueblos mayas del sur de México, organizados en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), pasaron a la ofensiva y rompieron el cerco militar e informativo del gobierno mexicano de la autodenominada Cuarta Transformación, creando siete nuevos caracoles y cuatro municipios autónomos, con los que suman ya 43 espacios de autogobierno zapatista en esa región.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) saludó y otorgó su aprobación a los nuevos municipios autónomos zapatistas, no sabemos qué responderán los y las zapatistas, pero podemos observar que en todos estos años fueron construyendo de hecho su autonomía en los territorios insurgentes donde se encuentran sin la necesidad de la aprobación de ningún gobernante. Los Acuerdos de San Andrés firmados en el año 1996 y que reconocían la autonomía de los pueblos indígenas de todo México fueron negados y traicionados por cada uno de los sucesivos gobiernos; esto no impidió el crecimiento de la autonomía en territorio zapatista y en decenas de municipios autónomos de otros pueblos indígenas del país. Más que aprobar o no, de palabra, estos procesos de autonomía, el gobierno de AMLO bien podría poner en práctica los Acuerdos de San Andrés y dejar que siga floreciendo la autonomía indígena en vez de continuar y fortalecer el cerco policial y militar a las comunidades en rebeldía, tal como vienen denunciando las propias comunidades indígenas de Chiapas, tanto las zapatistas como muchas otras no zapatistas.

Para nosotros estos hechos son motivo de la mayor alegría y nos llenan de entusiasmo y esperanza, ya que confirman la decisión política de construir abajo con las y los de abajo, de forma autónoma, nuestra salud y nuestra educación, nuestros espacios de vida y nuestra justicia, en base a los poderes propios que hemos creado por fuera del Estado.

Han conseguido romper el cerco que decenas de miles de militares mantienen desde el levantamiento del 1º de enero de 1994, cuando el gobierno decidió movilizar la mitad de sus efectivos para rodear y cercar a las comunidades rebeldes autónomas zapatistas. ¿Cómo han sido capaces los y las zapatistas de multiplicarse, de salir del cerco y construir más mundos nuevos? Como lo hacen siempre las y los de abajo: “compañeras de todas las edades se movilizaron para hablar con otras hermanas con o sin organización”, explica el subcomandante insurgente Moisés en su último comunicado. Las mujeres y los jóvenes son quienes fueron a conversar con sus semejantes de otras comunidades, no para convencerlos, porque las y los oprimidos saben de sobra quiénes son, sino para organizarse juntos; para autogobernarse juntos.

En esa movilización silenciosa entre los abajos, comprobaron que las limosnas de los gobiernos (eso que aquí llamamos con cierta pompa políticas sociales y que no es más que contrainsurgencia) lastiman la dignidad por el desprecio y el racismo que implican. Los mundos nuevos nacen por contagio y por necesidad, sin seguir las instrucciones de los manuales partidarios, ni las recetas predeterminadas de viejos o nuevos líderes.

¿Cómo hemos perdido la “capacidad más linda del revolucionario”, la de sentir “en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo”, como decía el Che? ¿Por qué ya no nos alegrarnos cuando, en cualquier parte del mundo, los de abajo ponen su dignidad como escudo ante los poderosos, levantando mundos otros, como los kurdos del norte de Siria?

Las personas militantes necesitamos reformar nuestros sentidos y sentimientos de vida, reencontrarnos con nuestros propios fuegos y retomar la lucha más allá de los fuegos artificiales de las elecciones, volver a confiar en nuestra propia potencia y autogobernarnos a distancia del Estado, des-alienarnos y des-colonizarnos para caminar junto, no delante marcando línea, hombro con hombro con las rebeldías que siguen (re)emergiendo desde abajo y por abajo en toda Nuestra América.

20/08/2019
Raúl Zibechi, Periodista, Uruguay; Juan Wahren, Sociólogo, Argentina

viernes, 19 de enero de 2018

CONTRA EL INDULTO Y TODA FORMA DE ENGAÑO EN LA CONVIVENCIA DEMOCRÁTICA





PRONUNCIAMIENTO

 16. 01. 2018

El Centro de Psicoterapia Psicoanalitica de Lima se adhiere a los más de 500 psicólogos que  firman un pronunciamiento donde expresan su rechazo al indulto otorgado a Alberto Fujimori, además de cuestionar la forma en que se pretende imponer una "reconciliación" sin tener en cuenta los elementos esenciales que se requiere para este proceso.

Ante la coyuntura actual, en la que Alberto Fujimori ha sido indultado y graciado por el presidente Pedro Pablo Kuczysnki, las psicólogas y psicólogos abajo firmantes nos encontramos en el deber de hacer pública nuestra posición, construida en base a un trabajo de debate y consenso. Esto debido a que, por nuestra labor, conocemos cómo los contextos histórico-sociales producen eventos y fuerzas que someten y hacen padecer al ser humano de múltiples formas. Advertimos, entonces, que la decisión tomada por el Gobierno –considerada inicialmente perniciosa e ilegal por la Corte Interamericana de Derechos Humanos– deja al país en un grave riesgo de fractura social.

Consternados, hemos asistido los últimos días a un elevado grado de perversión del uso del poder en el Perú. Es perturbadora la evidencia de cómo el presidente ha actuado en su beneficio y en beneficio del expresidente Fujimori, sentenciado por delitos considerados de lesa humanidad. El resultado es la grave interferencia y modificación de los efectos de resarcimiento psicológico y moral que emanan de la justicia, además de hacernos retroceder años de severo esfuerzo por lograr procesos judiciales justos y transparentes. Que el Gobierno haya difundido, incluso, comunicaciones públicas buscando encubrir la existencia e ilegalidad del proceso, repite métodos de la violencia estatal de la década de 1990 y completa, así, un pernicioso círculo de impunidad entre las más altas autoridades del país.

Sabemos que el tejido social peruano es débil, entre otras cosas, por el reiterado incumplimiento de las promesas electorales realizadas a las mayorías. El indulto y la gracia constituyen la cúspide de esa inaceptable instrumentalización política. Es necesario recordar que fue Kuczysnki, de candidato, quien buscó a las víctimas del fujimorato y firmó un acuerdo con ellos donde se comprometía a no dar el indulto a cambio de recibir sus votos. Romper una promesa tan delicada –lo decimos con certeza– es asestar un grave golpe en el mismo núcleo de la confianza, componente esencial para la construcción de cualquier vínculo, incluyendo el que forjamos con nuestros políticos. Al golpear la confianza, se dañan los vínculos necesarios para construir y afirmar la democracia. Inclusive, puede sumir a individuos y comunidades en estados de desesperanza y confusión. Así de grave.

La reconciliación, que significa una nueva convivencia entre víctimas y victimarios, no se impone por decreto ni al margen de la ley. Debe partir del reconocimiento de la verdad histórica y sostenerse en la equidad y la justicia. No habrá reconciliación mientras unos sean escuchados y otros acallados, mientras algunos privilegiados sean sujetos de derecho y otros estén sujetados al abuso de poder. Las tergiversaciones del Gobierno buscan deliberadamente presentar al mentiroso como legítimo, al violento como víctima y al silencio como apoyo incondicional; asimismo, el abuso de la retórica del terrorismo lo que está provocando es miedo, desconfianza y agresividad entre peruanos, además de transmitir la errónea idea de que exigir justicia por los atropellos del fujimorato es como desconocer la violencia política ocurrida entre 1980 y 2000. La distorsión de la verdad ataca nuestra capacidad de pensar y nuestra memoria, niega la verdad de la historia y vuelve a violentar el recuerdo del secuestrado, del desaparecido, del torturado, del ejecutado y del calcinado.

Exhortamos a colegas y estudiantes de Psicología a pensar críticamente la idea de neutralidad, fundamental a nuestra práctica pero en ocasiones extrapolada y malinterpretada como imperativo de omisión política. El reconocimiento de los otros implica mirar a quienes más sufrieron y menos justicia obtuvieron, condiciones que nos colocan, inexorablemente, en el plano del pacto social y la vida política. En nuestra profesión, donde la escucha y la palabra son herramientas fundamentales para acercarnos a otros, no debemos permitirnos ser rehenes de nuestros propios silencios. Estamos comprometidos con un país democrático que pueda evolucionar hacia una sociedad justa, solidaria, ética e integrada. Los invitamos, entonces, a seguir debatiendo sobre lo que estamos viviendo, a sumarse a este pronunciamiento si lo consideran necesario y a los actos ciudadanos organizados por la sociedad civil, que demandan nuestro compromiso. A la opinión pública, a reflexionar sobre este documento y conversarlo con la más amplia vocación democrática en sus círculos sociales y profesionales.

En las calles y en las aulas también nos encontraremos.

Centro de Psicoterapia Psicoanalitica de Lima