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domingo, 16 de julio de 2017

EL COMPROMISO DE LOS INTELECTUALES EN EL SIGLO XXI


13/07/2017

Intervención en 80 Aniversario del II Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura. La Habana, 10 y 11 de julio de 2017

Antes que nada quiero agradecer a la Fundación Nicolás Guillén, a la Unión de Nacional de Escritores y Artistas de Cuba y al ministerio de Cultura de Cuba su invitación a este Congreso y felicitar por su celebración. Igualmente agradezco la colaboración de la embajada de España en La Habana y la presencia del embajador y su agregado cultural. Ojalá esto suponga un mayor compromiso del gobierno de España con la memoria histórica de nuestro país y la justicia con nuestro pasado.

Dijo el lingüista Noam Chomsky en su obra La responsabilidad de los intelectuales, allá por 1969 con motivo de la guerra de Vietnam, que la responsabilidad del intelectual es, sencillamente, “decir la verdad y denunciar la mentira”. Es impresionante que ese reto sea tan simple y al mismo tiempo tan complicado en los tiempos actuales. Existen momentos históricos en los que el papel del intelectual es fundamental y debe mostrar si trabaja para perpetuar el sistema de los poderosos o, al contrario, se sitúa al lado de los pueblos. La guerra civil española fue una de esas situaciones. Pero también la de Vietnam, la revolución cubana, la invasión de Iraq, la revolución bolivariana de Venezuela.

La otra función del intelectual es acortar al máximo la brecha que existe entre él y el ciudadano. Es decir, elevar el nivel cultural de cada hombre y cada mujer para que la literatura, el arte, la música, el cine y el resto de ciencias y artes dejen de ser privilegio de pocos para convertirse en riqueza de todos. Y ahí es donde se comprueba si un gobierno de verdad quiere un pueblo culto, con conciencia, sin miedo al conocimiento, al debate o la confrontación de ideas.

El gobierno de Cuba, en esta ocasión y en otras muchas, ha convocado a los intelectuales que se sitúan al lado de los pueblos. Y el gobierno de Cuba ha demostrado su apuesta por elevar el nivel cultural de los cubanos: con su lucha contra el analfabetismo nada más llegar al poder, con su política editorial, su apoyo al teatro, a la danza, a la pintura, su capacidad de enfrentar al mercado también en el dominio cultural.

Es mi intención hablar del compromiso de los intelectuales en el siglo XXI. Alguien podrá plantear que este siglo no tiene nada de diferente a cualquier otro a la hora de plantear el papel de los intelectuales. En parte es verdad, algunos elementos no han cambiado: la necesidad de unos intelectuales que respondan a los intereses de las clases populares y a ellas se deban, un poder que intenta comprarlos como primera opción o silenciarlos como segunda, un mercado como principal herramienta para ejecutar esas acciones del poder. Pero hoy tenemos características nuevas, sin precedentes:

– Un mundo globalizado

Si siempre, por razones éticas o morales, nos debía resultar cercana cualquier injusticia contra cualquier persona en cualquier lugar del mundo, ahora todo se encuentra interrelacionado. Cuando una persona es explotada laboralmente quizás una empresa a la que nosotros apoyamos sea responsable, cuando una bomba cae sobre una población quizás detrás esté nuestros ejército o el dinero de nuestros impuestos, cuando un gobierno occidental apoya un golpe de Estado quizás detrás esté nuestro voto a ese gobierno. Por tanto, la necesidad de un compromiso del intelectual que llegue a cualquier lugar del globo hoy es más importante que nunca. Es más, la ausencia de compromiso con el combate a la injusticia hoy ya deja de ser un signo de indiferencia para ser directamente crimen.

– Un mundo multipolar

Pasamos de un mundo dividido en dos bloques al derrumbe de un de ellos y la, aparente, victoria del otro. Es verdad que el bloque capitalista tiene un claro predominio mundial, pero están surgiendo otras potencias con gran capacidad de contestacion: China, Rusia, Irán, Brasil, India. ¿Alguna de ellas son nuestro referente o alternativa? No. ¿Son tan peligrosas para la paz mundial y tienen las manos igual de manchadas de sangre que Estados Unidos? Tampoco. Por tanto, en nombre de la equidistancia y de la pureza de ideas no debemos aceptar el trato por igual. El intelectual no silenciará injusticias, pero no deberá permitir que, con la coartada de combatirlas se cometan más crímenes. No debíamos aceptar que en nombre de la lucha contra la opresión de las mujeres se invada Afganistán, no debíamos permitir que bajo lo excusa de la defensa de minorías étnicas se destruya Yugoslavia, tampoco que la excusa de déficits democráticos se utilice para bombardear Libia o Siria y derrocar gobiernos. No vamos a permitir que el vecino que lanza a sus hijos por la ventana nos diga que debemos denunciar al que les da un azote. No seremos coartada para el crimen. El imperio ha aprendido que necesita excusas y coartadas para los genocidios, las encuentra con la complicidad de gobiernos lacayos, de medios de comunicación sumisos y de intelectuales rastreros. Nuestro deber es denunciarlo.

– El uso y abuso de la religión como arma de enfrentamiento de los pueblos

Durante siglos los poderosos han utilizado el nombre de Dios para llevar a las gentes a la guerra y la muerte. Durante el siglo XX, a pesar de sus guerras y sus holocaustos, parecía que el racionalismo se iba imponiendo. Ahora vemos que no está siendo así. De nuevo apelar a Dios sirve para intereses de los poderosos. Sirve para atacar cuando se está desesperado y para contraatacar cuando se quiere criminalizar al diferente. Sirve para reclutar mercenarios a los que ahora se les paga con la promesa del paraíso y sirve para sembrar el miedo que nos paralice y nos hace aceptar la opresión. Los intelectuales solo aceptaremos y principios basados en el racionalismo nacido en la revolución francesa y en las banderas de justicia e igualdad que se alzaron en posteriores revoluciones. Si el creyente se quiere unir a ellas bienvenido será.

– El siglo de la información

Otra de las novedades de nuestra era es que estamos viviendo los tiempos de la información. El mundo ha producido en 30 años más informaciones que en el transcurso de los 5.000 años precedentes… Un solo ejemplar de la edición dominical del New York Times contiene más información que la que durante toda su vida podía adquirir una persona del siglo XVII. Por poner un ejemplo, cada día, alrededor de 20 millones de palabras de información técnica se imprimen en diversos soportes (revistas, libros, informes, disquetes, CD-Rom). Un lector capaz de leer 1.000 palabras por minuto, ocho horas cada día, emplearía un mes y medio en leer la producción de una sola jornada, y al final de ese tiempo habría acumulado un retraso de cinco años y medio de lectura…1 ¿Ha servido el manejo de esa información para crear individuos más sensibles al dolor de los lejanos, para reconocer mejor a los responsables de las injusticias, para organizarse mejor en la búsqueda de alternativas? Sinceramente creo que no.

Y mi respuesta es que no, porque desde el poder se han encargado de sepultar las grandes verdades con ruido, paja e incluso mentiras. Porque los grandes pensadores, los grandes luchadores, las grandes causas siguen siendo silenciadas. Como decía el arzobispo Heldert Camara, cuentan que la gente es pobre pero se cuidan mucho de explicar por qué son pobres.

De ahí que otra de las responsabilidades de los intelectuales en el siglo XXI es explicar el mundo con el arma de la verdad. Algo que, paradójicamente, quizás hoy sea más difícil por dos razones. Porque los altavoces los tienen otros y porque, a diferencia de otras épocas, la gente cree, equivocadamente que sabe la verdad. Y es más difícil convencerles de que viven en una mentira que enseñar la verdad al ignorante. Los ciudadanos en España, en Europa, en Estados Unidos, creen que Venezuela es una dictadura cuando hubo más elecciones y más justas que en nuestros países, creen que la oposición es pacífica cuando lleva un centenar de asesinatos, algunos quemando vivos a partidarios del gobierno sin que lo sepan en nuestros países, creen que EEUU está preocupado por llevar la democracia y la libertad a otros países y solo ha llevado muerte, creen que los empresarios crean trabajo y que lo estados son ineficientes y desconocen que la mayoría de los empresarios del mundo acumulan riqueza con la explotación de una humanidad que no tiene otro patrimonio que su fuerza de trabajo que debe ofrecer prácticamente gratis. Y no saben que solo tendrán salud, sanidad, salarios justos y paz si tienen un Estado fuerte y democrático. Y ahí debemos estar los intelectuales que hemos logrado movernos en la búsqueda de una información rigurosa y veraz, en el compromiso de llevarla a las gentes. La verdad os hará libres, dijo Jesús, el de la Biblia. Y en eso tenía razón, aunque luego la Iglesia de Roma se haya dedicado dos mil años a difundir mentiras. La verdad, además es revolucionaria cuando se vive en un mundo donde predomina la mentira, como es el actual.

Para ello debemos enfrentar a todo el aparato mediático. Un aparato que se ha demostrado mucho más eficaz en silenciar las voces de los dignos que cualquier dictadura. Hoy no haría falta encerrar a Miguel Hernández hasta que muriese de tuberculosis, ni fusilar a Lorca o que se tuviese que exiliar Antonio Machado. La plutocracia mediática los silenciaría con quizás el mismo efecto. ¿Acaso pensamos que un gran medio de difusión masiva publicaría hoy los llamados revolucionarios de Bertolt Brecht? ¿o defendería “violencias” como las de franceses o italianos bajo la ocupación nazi? Al contrario les llamarían terroristas ¿Cómo tratarían hoy los medios al Che si existiera? ¿qué diría hoy lo crítica si un escritor plantease el dilema de Camus en Los Justos?

La tragedia de los últimos cincuenta años es la puesta en marcha de un sistema de genocidio informativo de todo intelectual rebelde y de consolidación de la meritocracia mediática del sumiso y halagador.

Por eso tenemos ante nosotros un gran reto, que forma parte del compromiso intelectual. El de romper el cerco mediático, romper el bloqueo. Durante la clandestinidad, el Partido Comunista de España creó lo que llamó los “equipos de pasos”. Eran comandos de militantes cuya función era que los líderes y militantes comunistas pudiesen atravesar los Pirineos sorteando los controles fronterizos. Ahora debemos crear también “equipos de pasos” para que el pensamiento, las ideas y las palabras, sonidos e imágenes que traen la verdad atraviesen los controles fronterizos interpuestos por los grandes medios de los grandes capitales entre los ciudadanos y los intelectuales díscolos. Los militares de fronteras y represores o el burdo censor que antes había que burlar para que el intelectual subversivo no terminará en prisión, ahora se ha transmutado en responsable de medios que son la voz de su amo, gran empresa accionista o publicitaria.

Los intelectuales comprometidos debemos también ir organizando grupos de pasos que emitan al aire la palabra, que impriman las letras, que iluminen las imágenes.

La era de Internet

Sí, el papel de los intelectuales, hoy y siempre, es intentar iluminar, con humildad y con modestia, es un mundo en el que hay más poderes interesados en mantenernos en las tinieblas. Pero cada época tiene sus propias formatos de dominación y, por tanto, también debemos aprender las técnicas de liberación. Nuestros tiempos son indisociables de internet, la era de la internet le llaman incluso. Y es en ese ciberespacio donde se está desarrollando parte de la batalla. No toda, pero sí parte. Internet puede servir para alienarnos con sus chisporreteos de frivolidades e intrancendencias, con los narcisismos de sus redes sociales, con su alud de mentiras y falsedades, con una falsa sensación de militancia. Pero también puede servirnos para enfrentar al oligopolio de los grandes medios de la información, para tejer redes de solidaridad e interacción que se materialicen en la vida real, para llevar la cultura donde nunca pudimos llevarla. Los intelectuales debemos saber utilizar en cada época las armas que disponemos, y ni una sola del enemigo debemos ignorar. Pero siempre recordando que el hambre, la opresión y las injusticias se producen en el mundo real no el virtual.

Muchas gracias

    Ramonet, Ignacio. La explosión del periodismo. Clave Intelectual, Madrid, 2011.

11 de julio de  2017

https://lapupilainsomne.wordpress.com/2017/07/11/el-compromiso-de-los-in...
http://www.alainet.org/es/articulo/186775



miércoles, 18 de febrero de 2015

¿Y SI EL PROBLEMA SON LOS RICOS?






La corrupción solo se erradica combatiendo la desigualdad entre un delincuente millonario y un decente empobrecido

Mundo Obrero
18-02-2015

Si Bill Gates contase un dólar por segundo, día y noche sin parar, necesitaría 1.680 años en sumar todo el dinero que posee. Es decir, si hubiese empezado a contarlo en el año 330 estaría terminando justo ahora. Ya sé que es un ejercicio algo estúpido esto que acabo de explicar, pero creo que sirve para imaginar el dinero que algunos han llegado a acumular. ¿Y cuál es el problema de que Gates o algunos otros dispongan de todo ese dinero?, pueden pensar algunos.

Los problemas son dos. El primero que, según un cálculo de la ONG Oxfam, los ingresos (ingresos, no patrimonio) de las cien personas más ricas del mundo sumaron en 2012 200.480 millones de euros. Y con esa cantidad se puede erradicar cuatro veces la pobreza extrema mundial[1]. De modo que si arrebatásemos esos ingresos a esos cien tipos dejarían de morir miles de niños inmediatamente. ¿Demagogia? A mí solo me parecen matemáticas y humanidad.

Pero el segundo problema no me parece menos grave. Consiste en que en el capitalismo, los macropropietarios terminan dominando el sistema. Lo dijo ya a comienzos del siglo XX, el juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos Louis Brandeis: “En este país podemos tener democracia o podemos tener la riqueza concentrada en pocas manos, pero no podemos tener ambas cosas”.

En la película El lobo de Wall Street hay una escena en la que Leonardo DiCaprio, un corredor de Bolsa, es visitado en su yate por dos inspectores de policía que investigan su más que posibles delitos financieros. DiCaprio los recibe con dos prostitutas a su disposición, junto con champán, caviar y langosta. Les insinúa un soborno de mucho más dinero del que nunca cobrarán en su vida los policías y estos se niegan, se despiden y le amenazan con descubrir todos sus delitos. DiCaprio se indigna con soberbia y, mientras se alejan, les tira a los pies las langostas y los billetes con los que pretendía sobornarlos. En esa ocasión no funcionó su intento de corrupción, pero mientras haya alguien con todo el dinero del mundo y otros con un modesto sueldo, el sistema estará podrido. La corrupción no se puede combatir solo cesando o encarcelando al corrupto, porque el millonario encontrará a otro para corromper (si antes no corrompe al que debía encarcelar al corrupto, o al que tenía que hacer la ley para encarcelarlo). La corrupción solo se erradica combatiendo la desigualdad entre un delincuente millonario y un decente empobrecido.

La mayoría de los partidos políticos y sus líderes, habla de acabar con la pobreza. Plantean el problema de la pobreza, pero ni se le ocurre insinuar el problema de la fortuna de los ricos. No se atreven a reconocer que la acumulación de enorme riqueza es, además del origen de la pobreza, un grave obstáculo para conseguir una sociedad digna y democrática.

No se trata de pedir la absoluta igualdad de ingresos, una razonable desigualdad no es ningún problema y puede ser debida a diferentes formas de entender el trabajo, el esfuerzo o el deseo de consumo por parte de los individuos. El problema es que los 300.000 estadounidenses más ricos ganan actualmente casi lo mismo que 150 millones de norteamericanos empobrecidos. En 2007, el gestor de fondos de alto riesgo, John Paulson, ganaba 3.700 millones de dólares, más de 80.000 veces el sueldo medio de Estados Unidos. O dicho de otra forma, un señor cuyas apuestas contra el mercado de hipotecas basura contribuyeron a desencadenar el hundimiento financiero de 2008 y la crisis global, ganaba tanto como 80.000 enfermeras que dan asistencia sanitaria esencial a seis millones de ciudadanos. ¿Cuál es la lógica humanística y decente que pretende hacernos creer que ese hombre vale tanto como 80.000 enfermeras? Sobre todo, si algunos pensamos que no vale ni como tan solo una.

Nota:

1. Billionaires' fortunes hinder fight against poverty, says Oxfam. http://www.theguardian.com/society/2013/jan/19/super-rich-fight-poverty-oxfam

Gran parte de los datos presentados en este texto proceden del recomendable libro El problema de los supermillonarios, de Linda McQuaig y Neil Brooks (Capitán Swing, 2014)

Fuente: http://pascualserrano.net/es/noticias/y-si-el-problema-son-los-ricos/
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195588

lunes, 2 de septiembre de 2013

ENTREVISTA A WILLIAM PARRA: "ME IMPRESIONÓ VER UNA BANDERA DE AL QAEDA EN LA BASE MILITAR DE LOS REBELDES EN SIRIA"


William Parra, periodista colombiano que pasó dos meses en el frente de guerra sirio


Público.es
02-09-2013

El periodista colombiano William Parra, que pasó dos meses en el frente de guerra sirio como enviado especial de Telesur, narra su experiencia y su sorpresa de descubrir que los combatientes a los que apoya Occidente son implacables islamistas fanáticos.

Julio y agosto de 2012 fueron uno de los periodos de mayor enfrentamiento entre el Ejército de Bashar al Asad y los rebeldes. Aunque en aquellas fechas la capital, Damasco, estaba tranquila, los combates se desarrollaban en Alepo, donde tropas de los dos bandos se disputaban a tiros cada calle y cada edificio. Fueron fechas -y lo siguen siendo- donde la información que llegaba a occidente de esa guerra era peor que confusa. Ni el gobierno ni los rebeldes facilitaban el trabajo a los periodistas por lo que las mentiras y las manipulaciones estaban a la orden del día. Para unos, Siria se encontraba bajo la bota de un cruel dictador y un pueblo se había levantado en armas; para otros, mercenarios financiados por potencias extranjeras junto a terroristas islámicos querían derrocar a un presidente que se había mostrado firme frente a Estados Unidos y leal a las luchas palestinas y antiimperialistas.


Durante esas fechas, el periodista colombiano William Parra estuvo en Siria al frente de un equipo de televisión de Telesur, el canal público multinacional con sede en Caracas. Durante sus informaciones diarias los periodistas no deben hablar de cómo deben hacer su trabajo o las dificultades que encuentran, deben limitarse a contar y explicar la guerra. Tampoco tienen por costumbre detallar el funcionamiento del resto de medios de comunicación, y mucho menos criticarlos. Pero cuando han abandonado el lugar de los hechos y el debate en torno a lo que es verdad y mentira en la guerra de Siria y el comportamiento de los medios es tan agitado, el testimonio de un periodista honesto que vivió directamente los acontecimientos resulta tan valioso como necesario.

-¿Cómo entráis en Siria y cuál es vuestra primera experiencia?

-Entramos con un visado de diez días emitido por la embajada siria en Caracas. Después lo renovaría dentro de Siria. Nuestra cobertura comienza con tres días en Damasco. Un equipo integrado por un cámara venezolano, un traductor sirio y yo visitamos un campo de refugiados palestinos, bajo control del Frente Popular de Liberación de Palestina, donde cayeron numerosos morteros procedentes de los rebeldes. El ambiente es hostil, los palestinos han comprobado que poco después de recibir la visita de los periodistas vienen los bombardeos. Es evidente que había muchos espías infiltrados como periodistas. Observamos una estación policial bombardeada pero también muchos civiles, un hombre le cuenta que le mataron dos hijos y necesitó que pasaran cinco días para encontrar el momento tranquilo para enterrarlos.

-¿Qué periodistas viste en Siria? ¿Percibiste suficiente presencia de medios en el conflicto?

-Sinceramente, en Damasco solo vi, ya cuando me iba, un equipo de Televisión Española y a unos japoneses. Y en el lugar donde de verdad se desarrollaban los combates, en Alepo, al británico Robert Fisk. Casi todos estaban y escribían desde Turquía. El asunto funcionaba así. Los rebeldes se entrenaban y refugiaban en Turquía, donde tenían sus bases. Allí tenían a los periodistas, los llevaban de excursión algún rato a Alepo, recogían algún testimonio de algún civil y se volvían a Turquía. Imagina el rigor y libertad del testimonio de ese civil que lo está entrevistando un periodista rodeado de milicianos rebeldes.

-¿Simplemente se refugiaban en Turquía o consideras que ese país les estaba ayudando?

-Los propios rebeldes nos reconocían que Turquía les daba ayuda y refugio. Incluso les proporcionaba medicamentos y algunos armamentos.

-También se decía que algunos periodistas no lo eran o estaban con otra intención que no era la de informar

-Te cuento un ejemplo muy elocuente. Estando yo en Siria murió en un tiroteo una periodista japonesa que viajaba en un coche con los rebeldes. Primero se dijo que mataron a cuatro periodistas, luego que se trataba de un muerto y tres desaparecidos. No es fácil comprender cómo en un tiroteo muere uno y tres desaparecen. Al final allí se supo que los "desaparecidos" que iban con la periodista japonesa eran tres generales japoneses. El Ejército sirio reconoció que disparó al vehículo donde viajaban porque formaba parte de un convoy rebelde, al final Japón no montó mayor escándalo y no se habló más del asunto. Si de verdad hubieran muerto cuatro periodistas, como dijeron, se hubiera organizado más lío, de modo que todos prefirieron no remover el tema. 

En otras ocasiones comprobabas cómo mentían. Recuerdo estar viendo la televisión Al Jazira decir que el Ejército sirio estaba bombardeando la zona en la que precisamente nosotros estábamos en ese momento tan tranquilos, allí no pasaba nada. Salía en pantalla un periodista que decía que estaba en Alepo y, a continuación, aparecían unas imágenes muy precarias y movidas, como grabadas con un móvil. Era una cosa absurda: si tenían una cámara adecuada para grabar al periodista hablando, deberían tenerla para captar también las imágenes del bombardeo. En otra ocasión emitieron unas imágenes que decían eran de la llegada de los rebeldes a un barrio donde los civiles les recibían con vítores y aplausos; fuimos allí y no había nada.

-¿Te podías mover con facilidad por la zona de conflicto? ¿Cómo se comportaba cada una de las partes?

-El Ejército nos dejaba pasar porque nuestro medio era de Venezuela, Telesur. El problema era con los rebeldes. No podíamos mostrar ni permisos ni pasaportes venezolanos, ellos consideraban que el Gobierno de Venezuela apoyaba al presidente sirio. Sólo yo podía ser aceptado porque mi pasaporte es colombiano, y yo les decía que el Gobierno colombiano les apoyaba.

El principal problema es que no podíamos enviar las notas desde Alepo, no nos dejaba el Gobierno sirio. Debíamos volar a Damasco y lo más peligroso era ir al aeropuerto. En Alepo, en la zona controlada por el Gobierno, nos dejaban mover con total libertad para ir donde quisiéramos. Cuando tropezabas con los rebeldes era más peligroso, mataban a cualquier periodista que no fuera desde Turquía. Como ya te dije, nosotros nos libramos porque nos presentábamos como colombianos. Al final, mi cámara venezolano y mi traductor sirio apenas se podían mover y debía ser yo el que más se movía. En una ocasión vi un retén de rebeldes que eran todos libios, degollaron a varios periodistas sirios y a las mujeres les obligaban a ponerse el pañuelo islámico.

Lo más peligroso eran los francotiradores rebeldes. En una ocasión estábamos grabando y comenzaron a dispararnos, pasaban las familias con mujeres y niños y les disparaban. Pude comprobar cómo disparan de forma indiscriminada, vi cómo abatían a una mujer y nadie podía acercarse a socorrerla.

-¿Cuéntame más de cómo eran los rebeldes?

-Eran muy jóvenes, en torno a 18 años, e incluso menores, de 16 años. Nunca vi mujeres. No vi un solo rebelde que no fuese un fundamentalista islámico.

-Disculpa que te interrumpa, ¿entonces no hay ningún grupo opositor en Siria que no sea islamista?

-Sin duda hay opositores de izquierda, pero esos no tienen presencia en el bando armado. Cuando tomaban un barrio, sacaban a los niños de los colegios y allí montaban sus bases. En una ocasión visitamos una de sus bases, conocí al que tenía rango de comandante y nos enseñó su armamento, que incluía ametralladoras. Me impresionó ver una bandera de Al Qaeda en una de las salas. Para ellos Al Asad es un infiel. En su discurso no dejaban de pedir el apoyo de Estados Unidos y de Europa. No quería darnos la entrevista, pero le dije que yo era colombiano y que Colombia era amiga de Israel y le pareció bien.

También me dijeron que tenían preso a "un perro de Al Asad", es decir, a un soldado enemigo. Nos llevaron a visitarlo. Nos conducían atravesando viviendas en las que habían perforado las paredes que las dividían. Llegamos a un lugar donde tenían a cuatro detenidos y sacaron a uno de ellos que era evidente que llevaba varios días sin comer y había sido golpeado y torturado. El soldado le golpeaba y nos decía que le preguntáramos. ¿Pero qué le íbamos a preguntar a ese desgraciado en esas condiciones?  ¿Qué nos podía contar que fuera fiable?

Nos invitó a quedarnos esa noche en la base, nos enseñó una habitación donde, dijo, se quedaba un equipo de la agencia AFP que les acompañaban a todo. En ese momento no estaban los periodistas y se los esperaba de un momento a otro. Pensé que, en cuanto volvieran, les dirían que Telesur era un medio venezolano y nos matarían, por lo que optamos por despedirnos amablemente.  

Entrevistamos a algunos civiles que estuvieron en zonas controladas por los rebeldes. Nos decían que lo primero que les hacían era cortarles la luz y luego les cerraban la panadería del barrio, su principal alimento, si no colaboraban.  El discurso de los rebeldes siempre era islámico y predominaban los extranjeros, principalmente libios, tunecinos y qataríes. Se trata de grupos muy fraccionados, ellos aspiran a que la OTAN bombardee algo y entonces ellos puedan entrar y repartirse el poder en esa zona. Su modo de actuar en Alepo ha provocado que los partidarios de Al Asad hayan pasado del 60 al 80%, porque veían que bajo el Gobierno sirio al menos las diferentes comunidades convivían.

-Entonces, ¿me estás contando que unos grupos armados que actúan bajo bandera de Al Qaeda consiguen refugio de un Gobierno que pertenece a la OTAN y que tiene como periodistas empotrados a un equipo de una agencia de noticias francesa?

-Sí

-Y los soldados gubernamentales, ¿cómo eran?

-Llamaba la atención que iban mal uniformados, sin embargo todos tenían su fusil y disponían de artillería. Sin duda, los rebeldes estaban mejor uniformados. No recurrían a bombardeos desde el aire, su recurso eran los tanques. 
En uno de los retenes militares oficiales en Alepo nos dijeron que no podíamos continuar porque teníamos un permiso pero era para Damasco, no para Alepo. Insistí con el oficial al mando y éste, un teniente, me dijo que me dejaría pasar si lo entrevistaba para que hablase sobre Chávez, en inglés. Así es como pudimos continuar. 
Los soldados gubernamentales me parecieron totalmente convencidos de su lucha y con una moral impresionante. A uno de ellos le vi una chapa del Che, les puse una canción sobre el Che que tenía en el celular y todos se pusieron a cantar. Al final el soldado le regaló la chapa al camarógrafo.

-¿Qué era lo que más te impresionaba de ese conflicto?

-Era estremecedor escuchar a los soldados sirios y a la población gritar "Alá, Siria, Asad y nada más". Por su parte los rebeldes cuando abatían a alguien gritaban "Alá es grande". Era espeluznante escuchar los tiroteos alternados con gritos de Alá es grande, indicando otro muerto más.