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lunes, 22 de febrero de 2021

HOY LA DEMOCRACIA COMO FARSA Y LAS INSTITUCIONES COMO DISFRAZ

Foto: Valter Campanato/Agência Brasil

Ocupó militarmente el Estado con 11 mil militares en distintas funciones de mando o de administración.

22/02/2021

 

Es un hecho confesado por el exjefe supremo de las FFAA, general Villas Boâs, que en 2018 el Alto Comando dio un golpe a la democracia brasilera, infringiendo el inciso XILV del artículo 5 de la Constitución que dice: «constituye delito indecible e imprescriptible la acción de grupos armados, civiles o militares, contra el orden constitucional y el Estado Democrático». El sentido era, presionando al STF para mantenerse distante, utilizar al juez Sérgio Moro (eximio en aplicar el law fare) para sacar a Lula de las elecciones presidenciales, condenarlo por el delito que fuera, en este caso “por delito indeterminado”, y ponerlo en la cárcel donde permaneció más de 500 días. Esto abriría el camino para la elección del ex-capitán reformado perentoriamente por mal comportamiento, Jair Bolsonaro. Es lo que realmente pasó.

Conocemos la “desolación de la tribulación” bíblica, que sobrevino a nuestro país con el presidente electo. Ocupó militarmente el Estado con 11 mil militares en distintas funciones de mando o de administración. No supo guardar la dignidad que el más alto cargo de la nación exige y se entregó a difamaciones, a mentiras directas, a las fake news, al uso vergonzoso de palabrotas con desprecio soberano de la prensa. Mente asesina, prefirió incentivar la compra de más armas por los civiles que elaborar un plan de enfrentamiento a la Covid-19, que ha causado ya más de 220 mil víctimas y nos estamos aproximando a 10 millones de infectados. En la evaluación mundial, Brasil ha quedado en último lugar en las políticas sanitarias contra la Covid-19 así como en vacunar a la población. 

Nuestra democracia que históricamente ha sido siempre de baja intensidad, ahora, con Bolsonaro y comparsas, voló en pedazos sin ni siquiera llegar a ser de bajísima intensidad. Se ha vuelto una farsa y sus principales instituciones un disfraz de legalidad, por más que se diga que “las instituciones funcionan”. ¿Cabe preguntar para quién? No para la política sanitaria mínima, no para la justicia necesaria para millones de desempleados, para los indígenas y quilombolas, no para el cuidado de la naturaleza en devastación, no para defensa contra amenazas directas al STF nicontra un propósito declarado de golpe militar. Bajo el disfraz de legalidad se blindan notorios corruptos, se concede fácilmente habeas corpus a políticos acusados de ilegalidades y hasta decrímenes y permanecen impunes los centenares de feminicidios y ofensas e incluso asesinatos de los LGBTI.

Me voy a permitir usar las palabras de dos sociólogos ya que encontré en ellos las mejores maneras de expresar lo que siento y pienso acerca de nuestra pretendida democracia: Thiago Antônio de Oliveia Sá, sociólogo y profesor universitario (cf. O sequestro das instituições brasileiras, en Carta Maior de 14/02/2021) y Pedro Demo, compañero de estudios en Brasil y en Alemania, profesor de la Universidad de Brasilia, una de las inteligencias más brillantes que conozco, con vasta obra de investigación científica. De ellas me sirvo tomando apenas algunos tópicos significativos del libro Introducción a la Sociología: Complejidad, Interdisciplinariedad y Desigualdad Social, Editora Atlas, São Paulo 2002 pp, 329-333), donde aborda directamente el tema de la democracia en Brasil. 

Comienzo con Oliveira Sá en el referido artículo de Carta Maior: «Lo público es un anexo de lo privado. La pericia cede lugar a la malicia. La corrosión institucional se visualiza fácilmente: oscurantistas y mal educados como ministros de Educación; un ecocida que pasa su boyada sobre el medio ambiente; una ruralista al frente de la agricultura nos envenena con sus más de 500 agrotóxicos legalizados; una evangélica fundamentalista cuida de las mujeres y demás minorías con su machismo y su obsesión con la sexualidad ajena. No nos olvidemos del primer ministro de Salud, lobista de los planes privados, extendiendo su mano visible sobre el SUS. Un emisario del mercado financiero dirige el ministerio de economía. Un chiflado, paria orgulloso y antiglobalizador (sea lo que sea eso), hace de Brasil vejamen internacional en las relaciones exteriores. Un racista al frente de la Fundación Palmares. Policía federal convertida en guardaespaldas particular de la presidencia y de sus hijos. La Procuraduría General de la República librando la cara del empresario de las rachadinhas. Un militar en la Salud no necesita mayores explicaciones…. jueces que toman partido, ver las nuevas filtraciones de los planes nada republicanos de Moro, Dallagnol y sus comparsas. Absurdo, pero no sorprendente: la vieja conversión de las instancias judiciales en arma de grupos dominantes. Para persecución de adversarios, para inviabilizar sus candidaturas en favor de otros».

No pierde en contundencia Pedro Demo. Lo que escribió en 2002 vale mucho más para 2021: «Nuestra democracia es escenificación nacional de refinada hipocresía, llena de leyes “bonitas”, pero hecha siempre en última instancia por la élite gobernante para que le sirva de principio a fin. Nuestra democracia refleja crudamente la “lucha por el poder” en el sentido más maquiavélico de lucha por los privilegios. Los políticos sin privilegios son figuras espurias en nuestro escenario; de entrada son personas que se caracterizan por ganar mucho, trabajar poco (mi comentario: véase al ex diputado Jair Bolsonaro en sucesivos mandatos), hacer negocios poco claros, emplear a familiares y asociados, enriquecerse a costa de las arcas públicas, entrar en el mercado por arriba. Pero hay excepciones que confirman la regla.

La propia Constitución de 1988 no alberga propiamente un proyecto nacional colectivo, afinado bajo la batuta de la justicia y la igualdad de oportunidades, sino una propuesta corporativista tallada por medio de la presión particular: los magistrados hicieron su capítulo, así como la policía, las universidades, el legislativo, el judicial, el ejecutivo y la iniciativa privada… Y la tan ponderada por Ulysses Guimarães como “Constitución Ciudadana”, pero con una concepción corporativista extrema, pero sin ninguna conexión con una base financiera e institucional … Al final hicimos otra imitación barata del estado de bienestar. Pero hay cosas buenas como la ley de responsabilidad fiscal para evitar gastar lo que no se recauda…El legislativo lejos de defender ideas, propuestas, equidad, defiende fondos, tajadas de poder, privilegios exclusivos. Es el principal lugar de negociación, de aquí y de allá… No es, pues, difícil demostrar que nuestra democracia es sólo formal, farsante, que convive solemnemente con la miseria de las grandes mayorías. Si aunáramos democracia con justicia social, nuestra democracia sería su propia negación. En la clase política dominante en general, no hay rastro de un gesto dirigido a superar males históricos enraizados en privilegios absurdos para unos pocos… Nuestra pobre política lancinante se traduce en la miseria de nuestra democracia. Por eso es tan importante mantener la ignorancia política de las masas»(333).

La realidad política de Bolsonaro es mucho peor que la delineada arriba. Su objetivo es devolver el país a la fase anterior a la Ilustración, a la universalización del saber, los derechos y la democracia en dirección regresiva a tiempos oscuros de lo peor de la Baja Edad Media; no de la dorada Edad Media con sus inmensas catedrales, con la creación de universidades, con sus sumas teológicas, con sus sabios, místicos y santos. Todo lo que se creó en los gobiernos de Lula-Dilma con sabor popular o inserción de los empobrecidos en la sociedad ha sido literalmente desmantelado de manera criminal, pues ha implicado sufrimiento para quienes siempre han sufrido históricamente.

Nos causa horror e indignación constatar que aquellas autoridades judiciales y políticas que podrían promover acciones jurídicamente fundadas contra la irresponsabilidad jurídica y delitos sociales comunes del presidente no se muevan, ya sea porque se sienten cómplices o por ausencia de espíritu patriótico, y faltos de sentido de justicia social. Como viven a kilómetros luz del drama del pueblo y ven sus derechos adquiridos y sus privilegios garantizados, no les mueve la noble compasión para usar los instrumentos jurídicos de que disponen para librar a la nación de aquel que la está destruyendo y sigue más aferrado aún a este mismo intento perverso. 

Razón tiene el Papa Francisco al hablar varias veces a los movimientos sociales mundiales, aquellos que quieren otro mundo porque este les es un infierno o un purgatorio: no esperen nada de arriba, pues siempre viene más de lo mismo o peor. Empiecen por ustedes mismos, es decir, las multitudes deben salir a las calles y las plazas y votar para echar a los que les secuestran las oportunidades de ser gente y de sentirse con un mínimo de dignidad y alegría de vivir. Esperamos que suceda eso. Sólo después de sentirse amenazados, los dominantes se adhieren. Si no tenemos cuidado, se apropian de la energía emergente para sus propios fines privados. Pero aquello que debe ser tiene fuerza: la destitución de quien conduce una política necrófila y enemiga del propio país.

Ante la oscuridad del horizonte, y con mucho coste, manteniendo la esperanza contra toda esperanza, hago mías las palabras del Maestro, transido también de profundo pesar: tristis est anima mea usque ad mortem.

 

- Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor.

 

Traducción de M.ª José Gavito Milano

 

https://leonardoboff.org/2021/02/22/hoy-la-democracia-como-farsa-y-las-instituciones-como-disfraz/

 

https://www.alainet.org/es/articulo/211063

 

 


martes, 19 de junio de 2018

LA CRISIS BRASILEÑA A LA LUZ DE LA TEORÍA DE CAOS



18/06/2018

ace ya bastantes años, científicos provenientes de las ciencias de la vida y del universo comenzaron a trabajar con la categoría del caos. Inicialmente también Einstein participaba de la visión de que el universo era estático y regulado por leyes deterministas. Pero siempre escapaban algunos elementos que no se dejaban encuadrar en este esquema. Para armonizar la teoría, Einstein creó el "principio cosmológico", del que más tarde se arrepentiría mucho, porque no explicaba nada, pero mantenía la teoría estándar del universo lineal inalterado. Con el advenimiento de la nueva cosmología cambió completamente de idea y empezó a entender el mundo como un proceso ininterrumpido de mutación y autocreación.

Todo comenzó con la observación de fenómenos aleatorios, como la formación de las nubes, y particularmente lo que se vino a llamar el «efecto mariposa» (pequeñas modificaciones iniciales, como el revoloteo de las alas de una mariposa en Brasil, puede provocar una tempestad en Nueva York), y la constatación de la creciente complejidad que está en la raíz de la emergencia de formas de vida cada vez más altas (cf. J. Gleick, «Caos: creación de una nueva ciencia», 1989).

El sentido es éste: detrás del caos presente se esconden dimensiones de orden. Y viceversa, detrás del orden se esconden dimensiones de caos. Ilya Progrine (1917-2003), premio Nobel de Química en 1977, estudió particularmente las condiciones que permiten el surgimiento de la vida. Según este gran científico, siempre que exista un sistema abierto, haya una situación de caos (lejos del equilibrio) y esté en vigor una no linealidad, es la conectividad entre las partes que la genera un nuevo orden vital (cf. Order out of Chaos, 1984).

Este proceso conoce bifurcaciones y fluctuaciones. Por eso el orden nunca se da a priori. Depende de varios factores que lo llevan a una dirección o a otra.

Hemos hecho toda esta reflexión sumarísima (requeriría muchas páginas) para ayudarnos a entender mejor la crisis brasileña. Inevitablemente vivimos en una situación de completo caos. Nadie puede decir a dónde vamos. Hay varias bifurcaciones. Cabrá a los actores sociales determinar una bifurcación que no represente la continuidad del pasado que creó el caos. Sabemos que hay oculto dentro de él un orden más alta y mejor. ¿Quién va a desentrañarlo y hacer superar el caos?

Aquí se trata, en mi modo de leer la crisis, de liquidar el perverso legado de la Casa Grande, traducida por el rentismo y por los pocos milmillonarios que controlan gran parte de nuestras finanzas. Éstos son el mayor obstáculo para la superación de la crisis. Antes bien, ellos ganan con ella. No ofrecen ninguna subvención para superarla. Y tienen aliados fuertes, comenzando por el actual ocupante de la Presidencia y parte del Poder Judicial, poco sensible a la cruel injusticia social y a su superación histórica.

Necesitamos constituir un frente amplio de fuerzas progresistas enemigas de la neocolonización del país para desentrañar el nuevo orden, ausente en el caos actual, pero que quiere nacer. Tenemos que hacer ese parto aunque sea doloroso. En caso contrario, continuaremos rehenes y víctimas de aquellos que siempre pensaron corporativamente sólo en sí, de espaldas y –como ahora– contra el pueblo.

El caos nunca es sólo caótico. Es generador de nuevo orden. El universo se originó de un tremendo caos inicial (la gran explosión). La evolución se hizo y se hace para colocar orden en este caos. Debemos imitar el universo y construir un nuevo orden que sea inclusivo de todos, a partir de los últimos.

2018-06-15




lunes, 5 de diciembre de 2016

EL DESATINO DE LOS ANÁLISIS ECONÓMICOS ACTUALES

Insensatez de la inteligencia


EL DESATINO DE LOS

ANÁLISIS ECONÓMICOS ACTUALES

28/11/2016
Opinión
Sigo con atención los análisis económicos que se realizan en Brasil y en todo el mundo. Con raras y buenas excepciones, la gran mayoría de los analistas son rehenes del pensamiento único neoliberal mundializado. Es raro que hagan una autocrítica que rompa la lógica del sistema productivista, consumista, individualista y anti-ecológico. Y aquí veo un gran riesgo ya sea para la biocapacidad del planeta Tierra o para la supervivencia de nuestra especie.

El título del libro de Jesse Souza La insensatez de la inteligencia brasileña (2015) inspiró el título de mi reflexión: “El desatino de los análisis económicos actuales”.

Mi sentido del mundo me dice que podemos conocer cataclismos ecológicos y sociales de dimensiones dantescas si no tomamos absolutamente en serio dos factores fundamentales: el factor ecológico, de carácter más objetivo, y la recuperación de la razón sensible, de sesgo más subjetivo. En cuanto al factor ecológico: la mayoría de la macroeconomía todavía alimenta la falsa ilusión de un crecimiento ilimitado, en el supuesto ilusorio de que la Tierra dispone igualmente de recursos ilimitados y tiene una capacidad de recuperación ilimitada para soportar la explotación sistemática a que es sometida. La maldición del pensamiento único muestra un soberano desprecio por los efectos negativos en términos de calentamiento global, la devastación de los ecosistemas, la escasez de agua potable y otros considerados como externalidades, es decir, datos que no entran en la contabilidad de las empresas. Este pasivo se deja para que lo resuelva el estado. Lo que debe ser garantizado en cualquier forma son las ganancias de los accionistas y la acumulación de riqueza a niveles tan inimaginables que dejarían loco a Karl Marx.

La gravedad radica en el hecho de que los órganos que se ocupan del estado de la Tierra, desde las organizaciones mundiales como la ONU, a los nacionales que denuncian la creciente erosión de casi todos los elementos esenciales para la continuidad de la vida (alrededor de 13), no se tienen en cuenta. La razón es que son antisistémicos, perjudican el crecimiento del PIB y los grandes beneficios de las empresas.

Los escenarios proyectados por centros de investigación serios son cada vez más perturbadores. El calentamiento, por ejemplo, no para de aumentar como se afirmó ahora en la COP 22 de Marrakesch. La temperatura global en 2016 ha sido 1,35º C por encima de lo normal para el mes de febrero, la más alta de los últimos 40 años. Los propios científicos como David Carlson, de la Organización Meteorológica Mundial, un organismo de la ONU, declaró: “Esto es increíble... la Tierra es ciertamente un planeta alterado”.

Tanto la Carta de la Tierra como la encíclica de Francisco Laudato Si: cómo cuidar de la Casa Común advierten de los riesgos que corre la vida sobre el planeta. La Carta de la Tierra (grupo animado por M. Gorbachov, en el que he participado) es contundente: «o formamos una alianza global para cuidar la Tierra y unos de otros o corremos el riesgo de destruirnos y destruir diversidad de la vida».

En los debates sobre economía, en casi todas las instancias, los riesgos y los factores ecológicos ni siquiera se nombran. La ecología no existe, incluso en las declaraciones del PT, en las que no aparece siquiera la palabra ecología. Y así, inconscientemente, hacemos un camino de no retorno, a causa de la ignorancia, irresponsabilidad y ceguera producidas por el deseo de acumulación de bienes materiales.

Donald Trump ha dicho que el calentamiento global es un engaño y que cancelará el acuerdo de París, ya firmado por Obama. Paul Krugman, Nobel de Economía, ha advertido de que tal decisión significaría un daño grave para EE.UU. y para todo el planeta.

Conclusión: o incorporamos los datos ecológicos en todo lo que hacemos, o nuestro futuro no estará garantizado. La estupidez de la economía sólo nos ciega y nos perjudica.

Pero este dato científico, resultado de la razón instrumental analítica, no es suficiente, ya que analiza y calcula friamente y entiende al ser humano fuera y por encima de la naturaleza. A la que puede explotar a su voluntad. Tenemos que completarla con el rescate de la razón sensible, la más antigua en nosotros. En ella se encuentra la sensibilidad, el mundo de los valores, la dimensión ética y espiritual. Ahí residen las motivaciones para el cuidado de la Tierra y para comprometernos en un nuevo tipo de relación amistosa con la naturaleza, sintiéndonos parte de ella y sus cuidadores, reconociendo el valor intrínseco de cada ser e inventando otra manera de satisfacer nuestras necesidades y el consumo con una sobriedad compartida y solidaria.

Tenemos que articular los dos factores, el ecológico (objetivo) y el sensible (subjetivo): de otro modo difícilmente escaparemos, tarde o temprano, de la amenaza de un colapso del sistema-vida.      

2016-11-25



Del mismo autor
-La vida como imperativo cósmico 31/10/2016 31/10/2016

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COLECTIVO PERÚ INTEGRAL
05 de Diciembre 2016

lunes, 31 de octubre de 2016

DÓNDE ESTÁ HOY EL PODER EN EL MUNDO



Financierismo, etapa terminal


DÓNDE ESTÁ HOY EL PODER EN EL MUNDO
27/10/2016


Hay un hecho que debe preocupar a todos los ciudadanos del mundo: el desplazamiento del poder de los estados-nación hacia el de unos pocos conglomerados financieros que operan a nivel global, cuyo poder es mayor que el de cualquiera de los Estados tomados individualmente. Estos realmente detentan el poder real en todas sus ramas: financiera, política, tecnológica, comercial, medios de comunicación y militar.

Este hecho ha sido estudiado y seguido por uno de nuestros mejores economistas, profesor del posgrado de la PUC-SP con amplia experiencia internacional: Ladislau Dowbor. Dos estudios de su autoría resumen la vasta literatura sobre el tema: “La red de poder corporativo mundial” del 04.01.2012 (http: /www.dowbor.org/wp) y el más reciente de septiembre de 2016: “Gobierno corporativo: el poder caótico de los gigantes financieros”.

Es difícil condensar el cúmulo de informaciones que parece aterrador. Dowbor sintetiza:

“El poder mundial realmente existente está en gran parte en manos de gigantes que nadie eligió, y sobre los cuales cada vez hay menos control. Son billones de dólares en manos de grupos privados cuyo campo de acción es el planeta, mientras que las capacidades de regulación global van a gatas. Investigaciones recientes muestran que 147 grupos controlan el 40% del sistema corporativo mundial, siendo el 75% de ellos, bancos. Cada uno de los 29 gigantes financieros genera un promedio de 1,8 billones de dólares, más que el PIB de Brasil, octava potencia económica mundial. El poder ahora se ha desplazado radicalmente” (cf. Gobierno corporativo, op. cit).

Además de la literatura específica, Dowbor refiere los datos de dos grandes instituciones que sistemáticamente a lo largo de los años se ocupan de los mecanismos de los gigantes corporativos: el Instituto Federal Suizo de Investigación Tecnológica (rivaliza con el famoso MIT de EE.UU.) y el Credit Suisse, el banco que dirige las grandes fortunas del mundo y, por lo tanto, sabe de estas cosas.

Los datos presentados por estas fuentes son sorprendentes: el 1% más rico controla más de la mitad de la riqueza del mundo. 62 familias tienen un patrimonio igual al de la mitad más pobre de la población de la Tierra. 16 grupos controlan casi todo el comercio de materias primas (cereales, minerales, energía, tierra y agua). Debido a que toda la comida obedece las leyes del mercado, sus precios suben y bajan a merced de la especulación, quitando a vastas poblaciones pobres el derecho a tener acceso a una alimentación suficiente y saludable.

Los 29 gigantes planetarios, de los cuales el 75% son bancos, empezando por el Bank of America y terminando con el Deutsche Bank, son considerados “sistémicamente importantes”, pues su eventual quiebra (no olvidemos que el más grande, los Lehamn Brothers de América del Norte, se declaró en quiebra) llevaría a todo el sistema al abismo o muy cerca, con consecuencias nefastas para toda la humanidad. Lo más grave es que no hay regulación para su funcionamiento, ni puede haberla, porque las regulaciones son siempre nacionales y ellos actúan planetariamente. No hay todavía una gobernanza mundial que cuide no sólo de las finanzas sino del destino social y ecológico de la vida y del propio sistema-Tierra.

Nuestros conceptos se evaporan cuando, nos recuerda Dowbor, se lee en la portada de The Economist que la facturación de la empresa Black Rock es de 14 billones de dólares, mientras que el PIB de los EE.UU. es de 15 billones de dólares y el del pobre Brasil escasamente llega a 1,6 billones de dólares. Estos gigantes planetarios manejan alrededor de 50 billones de dólares, el equivalente a la deuda pública total del planeta.

Lo importante es conocer su propósito y su lógica: buscan simplemente ganancias ilimitadas Una compañía de alimentos compra una mina sin ningún tipo de experiencia en el ramo, sólo porque da beneficios. No hay ningún sentido humanitario, como por ejemplo, tomar una pequeña porción de las ganancias para un fondo contra el hambre o para disminuir la mortalidad infantil. Para ellos, eso es tarea del estado y no para los accionistas que sólo quieren ganancias y más ganancias.

Por estas razones entendemos la iracundia sagrada del Papa Francisco contra un sistema que sólo quiere acumular a costa de la pobreza de las grandes mayorías y de la degradación de la naturaleza. Una economía, dice, “que está centrada en el dios dinero y no en la persona: este es el terrorismo fundamental contra toda la humanidad” (en el avión de regreso de Polonia en septiembre). En su encíclica ecológica lo llama un sistema anti-vida y con tendencia suicida (nº 55).

Ese sistema es homicida, biocida, ecocida y geocida. ¿Cómo puede prosperar tal inhumanidad en la faz de la Tierra y todavía decir que no hay alternativa (TINA = There Is No Alternative)? La vida es sagrada. Y cuando es sistemáticamente agredida, llegará el día en que puede tomar represalias destruyendo a quien la quiere destruir. Este sistema está buscando su propio fin trágico. Ojalá la especie humana sobreviva.
2016-10-27



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