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miércoles, 17 de diciembre de 2025

MARX – ENGELS: “LA FUERZA PRODUCTIVA MÁS GRANDE ES LA PROPIA CLASE REVOLUCIONARIA” Y LA REALIDAD MUNDIAL

 


ALGUNOS ASPECTOS DE LA REALIDAD MUNDIAL ACTUAL

 

(16 de diciembre de 2025)

Por Miguel Aragón

 

Esta será la segunda vez, que el foro virtual La Escena Contemporánea HOY, nos convoca a reunirnos virtualmente para conversar.

El objetivo primario de este foro ha sido, y continúa siendo, conmemorar dignamente el Centenario del Libro La Escena Contemporánea HOY publicado por José Carlos Mariátegui, en noviembre de 1925.

El cumplimiento de ese objetivo, que parcialmente lo estamos postergando para todo el mes de enero de 2026, implícitamente nos obliga a conversar sobre la realidad mundial actual.

Al culminar el primer cuarto del siglo XXI, nuestra opinión sobre el mundo convulso en que actualmente estamos viviendo, no la podremos exponer plenamente en una sola reunión, como la de hoy día. Por eso, me voy a reducir a plantear algunos ejes centrales, de la actual realidad mundial, con cargo a continuar desarrollándolos, más adelante, en otras oportunidades, con todos los interesados.

Desde mi punto de vista, un temario básico, debería incluir los siguientes temas:

1.       Continuación acelerada de los cambios en las fuerzas productivas en los países más desarrollados. 

2.      Necesario cambio obligado, en las relaciones sociales de producción, acordes con las nuevas fuerzas productivas en desarrollo.

3.      Continuación de la construcción del socialismo en varios países en Asia (China, Corea, Vietnam, Laos) y en América (Cuba), como puntales del mundo nuevo en desarrollo.

4.      Continuación del proceso de descomposición del capitalismo monopolista, que todavía cuenta como centro, con el capitalismo monopolista norteamericano.

5.      Formación de un amplio frente unido anti hegemonista, conformado por la Asociación de los países BRICS+.

6.      Tránsito complejo, de un mundo unipolar en decadencia, a un mundo multipolar en desarrollo.

7.      Ucrania y la gran crisis política y económica de la civilización europea.

8.      Palestina y la gran crisis del Medio Oriente.

9.      El viraje de la política exterior   norteamericana hacia América Latina, y la continuación de la lucha de los pueblos de Nuestra América por la unidad latinoamericana.

 

CINCO ANOTACIONES DE MARX Y ENGELS SOBRE LA IMPORTANCIA DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS

 

(30 de octubre de 2025)

Recopilado por: Miguel Aragón

01

De Carlos Marx, en Miseria de la Filosofía, 15 de junio de 1847, pp.159

(…) La emancipación de la clase oprimida implica, pues, necesariamente la creación de una sociedad nueva. Para que la clase oprimida pueda liberarse, es preciso que las fuerzas productivas ya adquiridas y las relaciones sociales vigentes no puedan seguir existiendo unas al lado de otras. De todos los instrumentos de producción, “la fuerza productiva más grande es la propia clase revolucionaria”. La organización de los elementos revolucionarios como clase supone la existencia de todas las fuerzas productivas que podían engendrarse en el seno de la sociedad.

02

De Carlos Marx y Federico Engels, en Manifiesto Comunista, febrero de 1848, Edición peruana, pp.76

La burguesía desde su advenimiento, apenas hace un siglo, “ha creado fuerzas productivas” más variadas y colosales que todas las generaciones pasadas tomadas en conjunto. La subyugación de las fuerzas naturales, las máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la navegación a vapor, los ferrocarriles, los telégrafos eléctricos, la roturación de continentes enteros, la canalización de los ríos, las poblaciones surgiendo de la tierra como por encanto ¿qué siglo anterior había sospechado que semejantes fuerzas productivas durmieran en el seno del trabajo social?  

He aquí, pues lo que nosotros hemos visto: los medios de producción y de cambio, sobre cuya base se ha formado la burguesía, fueron creados en las entrañas de la sociedad feudal. A un cierto grado de desenvolvimiento de los medios de producción y de cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía y cambiaba, toda la organización feudal de la industria y de la manufactura, en una palabra, las relaciones feudales de propiedad, “cesaron de corresponder a las nuevas fuerzas productivas”. Dificultaban la producción en lugar de acelerarla. Se transformaron en otras tantas cadenas. Era preciso romper esas cadenas, y se rompieron.

03

De Carlos Marx, en Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política, enero de 1959, en Obras Escogidas de Marx y Engels en un tomo, pp.184

El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, “las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes”, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas.  Y “se abre así una época de revolución social”. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre “los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción” y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo (…)  (…)

A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas “épocas de progreso, en la formación económica de la sociedad”, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el moderno burgués.

04

De Carlos Marx, en El Capital, Tomo I, 25 de julio de 1967, pp. 130

El trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza. En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza exterior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él y sometiendo el juego de sus fuerzas a su propia disciplina.  (pp.130)

(…)

Los factores simples que intervienen en el proceso de trabajo son: La actividad adecuada a un fin, o sea, el propio trabajo, su objeto y sus medios.  (ibid. pp.131)

(…) El uso y la fabricación de medios de trabajo (..) caracterizan el proceso de trabajo específicamente humano (…) Lo que distingue a las épocas económicas unas de otras no es lo que se hace, sino el cómo se hace, “con que instrumentos de trabajo se hace”. Los instrumentos de trabajo no son solamente el barómetro indicador del desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre, sino también el exponente de las condiciones sociales en que se trabaja (…) (ibid. pp.132)

05

De Federico Engels, en Ludvig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, comienzos de 1886, Obras Escogidas de Marx y Engels en un tomo, pp.617

Sólo en la clase obrera perdura sin decaer el interés teórico alemán. Aquí no hay nada que lo desarraigue; aquí, no hay margen para preocupaciones de arribismo, de lucro, de protección dispensada de lo alto; por el contrario, cuanto más audaces e intrépidos son los avances de la ciencia, mejor se armonizan con los intereses y las aspiraciones de los obreros. La nueva tendencia, que ha descubierto en “la historia de la evolución del trabajo” la clave para comprender toda la historia de la sociedad, se dirigió preferentemente, desde el primer momento, a la clase obrera y encontró en ella la acogida que ni buscaba ni esperaba en la ciencia oficial. (…)   

 

(*) Anotaciones escritas, como preparación para exponer sobre Las Ingenierías, la Cibernética y la I.A., el día 30 de octubre de 2025, en el auditorio de la Facultad de Ingeniería Económica de la UNI, como parte de la conmemoración del Centenario del libro La Escena Contemporánea, organizado por las Escuelas Libres Perú.

 

jueves, 4 de mayo de 2023

EL ORIENTALISMO DE KARL MARX

 

The Relief of Lucknow, 1857, de Thomas Jones Barker (1859). (Wikimedia Commons)

Kevin B. Anderson

Traducción: Florencia Oroz

Entrevista por
Jacobin Magazine

Una cuidadosa lectura de toda la obra de Marx, incluidos sus textos olvidados o inéditos, demuestra que Marx estaba mucho más en sintonía con las cuestiones de raza y liberación nacional de lo que se ha sugerido comúnmente

os críticos del marxismo afirman que es incapaz de reconocer formas de opresión que no estén vinculadas a una estrecha comprensión de clase. También acusan a Karl Marx y a quienes siguieron sus pasos de intentar encajar toda la historia de la humanidad en un modelo rígido y unilineal basado en la experiencia de Europa Occidental.

Kevin B. Anderson —profesor de sociología, ciencias políticas y estudios feministas en la Universidad de California— cuestionó este punto de vista en su libro Marx at the Margins: On Nationalism, Ethnicity, and Non-Western Societies. Basándose en una cuidadosa lectura de toda la obra de Marx, incluidos muchos textos olvidados o inéditos, demuestra que Marx estaba mucho más en sintonía con las cuestiones de raza y liberación nacional de lo que se ha sugerido comúnmente.

 

JM

Edward Said acusó a Karl Marx de expresar una perspectiva eurocéntrica y orientalista en sus artículos sobre la conquista británica de la India en la década de 1850. ¿Cree que esa crítica estaba justificada?

KA

Solo en parte. Said hizo dos acusaciones. Una era que Marx expresaba opiniones etnocéntricas y cierta condescendencia hacia las sociedades y pueblos asiáticos. La otra era que Marx consideraba que el progreso histórico emanaba de Europa y sacudía Asia.

Podemos encontrar pruebas que apoyan esa crítica en el Manifiesto Comunista, donde Marx y Friedrich Engels escribieron que el colonialismo burgués se adentró en lugares como Asia, derribó las «murallas chinas» y obligó incluso a las naciones «más bárbaras» a someterse a la civilización. Incluso allí, Marx obviamente no decía esto porque amara el colonialismo. Más bien, veía su impacto desarrollándose en paralelo a la forma en que la burguesía ascendente en Europa había derribado el feudalismo, lo que abrió posibilidades para las masas populares.

En los escritos de Marx de 1853 sobre la India, que fue donde Said centró su ataque, el caso es en realidad más complicado. Marx repitió algunas de esas expresiones sobre el atraso de la India y el progreso económico que traía consigo el colonialismo británico, tal como él lo veía. Pero al mismo tiempo era muy crítico con el colonialismo. También apoyaba la posibilidad de que los indios lucharan contra el dominio británico para lograr su independencia.

En 1857-58, su visión del colonialismo había cambiado. En 1856, los británicos invadieron China en la Segunda Guerra del Opio. Hubo una vigorosa resistencia china, que Marx y Engels apoyaron firmemente. Marx se refirió mordazmente a los invasores británicos como «traficantes de civilización que arrojan proyectiles calientes sobre una ciudad indefensa y añaden la violación al asesinato». En 1857 comenzó en la India el Levantamiento de los Sepoy. Duró dos años e hizo que la India fuera efectivamente ingobernable por los británicos durante largos periodos de tiempo. Marx y Engels apoyaron este movimiento y denunciaron las atrocidades cometidas por los británicos mientras lo reprimían.

Al final de su vida, Marx sugería que los levantamientos campesinos en lugares como Rusia, que tenía una estructura social similar a la de la India en el sentido de que era predominantemente rural y agraria, podrían ser el punto de partida de una revolución mundial más amplia. Había dado un giro de casi 180 grados con respecto a la opinión expresada en el Manifiesto Comunista, cuando la única posibilidad de revolución parecía emanar de Europa Occidental.

 

JM

¿Cómo entendía Marx los acontecimientos políticos que estaban teniendo lugar en China durante su propia vida?

KA

A diferencia de la India, China nunca fue colonizada. Aunque las zonas costeras y algunas de las principales ciudades fueron ocupadas por guarniciones europeas, el Estado se mantuvo gracias a la tremenda resistencia de la sociedad china (y a la enorme extensión del país).

Además de los movimientos cuasi nacionalistas de resistencia al colonialismo británico, Marx también analizó la Rebelión Taiping, que se extendió desde 1850 hasta mediados de la década de 1860. Se trataba de una rebelión interna, de base campesina, contra las clases dominantes chinas. En sus fases iniciales, el movimiento Taiping era bastante igualitario. Una de sus características era su apoyo a la emancipación de las mujeres de algunas de las duras restricciones a las que las sometía el sistema confuciano.

Marx sugirió que podría tener enormes implicaciones para la lucha democrática en Europa, más que «cualquier otra causa política que exista ahora». En la década de 1860, sin embargo, la rebelión estaba colapsando tras una ofensiva del gobierno chino con el apoyo de las potencias coloniales europeas. Marx observó que, para entonces, los rebeldes habían alienado a su base social debido a la brutalidad con la que gobernaban las zonas de las que se apoderaban.

 

JM

¿Por qué la causa de la independencia polaca fue una piedra de toque política para Marx y Engels?

KA

Polonia fue un caso especialmente importante para la izquierda porque todos los socialistas y liberales europeos apoyaron su causa (con una excepción importante: el pensador anarquista francés Pierre-Joseph Proudhon). Esto se remontaba al siglo XVIII, cuando Prusia, Austria y Rusia se habían repartido Polonia entre ellas, con la mayor parte en manos rusas. Los polacos nunca lo aceptaron y hubo un levantamiento tras otro.

En 1848, por ejemplo, hubo una gran manifestación obrera en París con dos cánticos principales: «Abajo la burguesía» y «Viva Polonia». Se consideraba que la causa de Polonia estaba ligada a la revolución europea. Como consecuencia de los levantamientos polacos, muchos polacos tuvieron que huir al exilio y formaron parte del movimiento revolucionario en casi todas partes.

Todos los revolucionarios, ya fueran democráticos, liberales o socialistas, consideraban que el Imperio Ruso era una fuerza malévola que haría todo lo posible por aplastar la revolución en cualquier parte del mundo. Durante las revoluciones de 1848-49, el zar ruso envió no menos de cuatrocientos mil soldados para derrotar los levantamientos en Austria-Hungría. Dado que la mayor parte de Polonia estaba dentro del Imperio ruso, el pueblo polaco y sus movimientos fueron vistos como un aliado de la revolución europea.

A diferencia de la India o China, la resistencia polaca a la dominación extranjera tenía una forma más política. Se organizó sobre una base moderna, laica, nacionalista y democrática, y a veces incluso socialista. En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels escribieron que los trabajadores no tenían patria. Pero también dijeron que en Polonia, los comunistas apoyaban «al partido que insiste en una revolución agraria como condición primordial para la liberación nacional».

 

JM

¿Podría decirnos algo más sobre cómo entendía Marx el régimen político de Rusia y sus estructuras sociales subyacentes? ¿Cambió esa percepción con el tiempo?

KA

Marx y Engels escribieron algunos artículos bastante notorios sobre Rusia a finales de la década de 1840 y principios de la de 1850 en los que describían la sociedad rusa como servil, no solo las clases medias o los parásitos del régimen, sino la población en su conjunto. Hablaban de las raíces asiáticas de la monarquía rusa, que se había originado en parte en el Estado mongol que la había precedido, ocupando grandes franjas de Rusia. Presentaban el Imperio ruso como asiático y no europeo, utilizando un lenguaje etnocéntrico y frases como «barbarie asiática».

Sin embargo, hacia 1858-59, la reforma agraria había entrado en la agenda de Rusia. El zar Alejandro II empezó a desmembrar algunos de los grandes latifundios y a repartir la tierra. Se hizo de forma que los campesinos se endeudaran inmediatamente y no obtuvieran el control total de la tierra. No obstante, fue un avance significativo.

Marx escribió una carta a Engels en la que le decía que los dos grandes procesos revolucionarios que estaban ocurriendo en el mundo eran la emancipación de los siervos en Rusia y el ataque de John Brown a Harpers Ferry. Por aquel entonces, había disturbios dentro de Rusia de los que Marx y Engels tomaron conciencia. Hablaban de la revolución campesina que se avecinaba en Rusia y estaban rompiendo con su anterior visión de Rusia como una sociedad monolítica con una población servil.

Al final de su vida, Marx escribió a la revolucionaria rusa Vera Zasulich sobre el destino de la comuna aldeana rusa (mir). Rusia seguía siendo una sociedad casi totalmente agraria, y sus aldeas tenían un sistema comunal muy antiguo por el que los campesinos no ocupaban parcelas individuales a perpetuidad. El control de la tierra cambiaba cada pocos años cuando el consejo de la aldea se reunía y redistribuía la tierra en función de las necesidades.

Marx y Engels sugirieron que el comunismo primitivo, como ellos lo llamaban, de los mir rusos podría convertirse en la base de una transformación comunista en Rusia. Si estallaba una revolución rusa basada en esas aldeas, tal vez podría ser el punto de partida de una revolución europea más amplia si conseguía enlazar con el proletariado socialista de Europa Occidental.

 

JM

¿Cómo entendía Marx el racismo y la esclavitud en Estados Unidos, y qué argumentos esgrimía sobre la Guerra Civil en particular?

KA

Aunque Marx pudo haber cambiado de opinión sobre algunos temas, como Rusia o la India, sus ideas sobre la esclavitud y la raza fueron coherentes desde el principio. La oposición a cualquier tipo de esclavitud está presente en todos sus escritos.

Cuando escribía sobre la antigua Grecia y Roma, hablaba de los horrores del sistema esclavista. Pero consideraba la esclavitud moderna de la era capitalista como la peor forma de esclavitud jamás desarrollada, porque combinaba la vigilancia y la organización de un proceso de producción capitalista intensivo con todas las brutalidades ancestrales de azotes, palizas y quemas.

En la época de la Guerra Civil, él y Engels se pusieron del lado del Norte, por supuesto, y escribieron muchas cartas y artículos sobre lo que estaba ocurriendo. Estaban muy interesados en la radicalización de la guerra a través de acontecimientos como el uso de tropas negras por parte del Norte y la división de las grandes plantaciones de esclavos. Estaban en contacto con algunos de los abolicionistas de izquierdas, y sus artículos periodísticos aparecieron en el New-York Tribune, que era proabolicionista.

El capital, que fue publicado en 1867, justo después de la Guerra Civil, incluía algunas líneas famosas sobre el derrocamiento de la esclavitud:

En los Estados Unidos de América, todo movimiento obrero independiente estuvo paralizado mientras la esclavitud desfiguró una parte de la república. El trabajo de una piel blanca no puede emanciparse cuando está marcado a fuego en una piel negra. Sin embargo, una nueva vida surgió inmediatamente de la muerte de la esclavitud. El primer fruto de la Guerra Civil estadounidense fue la agitación de las ocho horas, que se extendió del Atlántico al Pacífico.

Marx terminó El capital justo antes de que el sucesor de Abraham Lincoln como presidente, Andrew Johnson, fuera juzgado por destitución. Marx se refirió con aprobación a los discursos del senador Benjamin Wade de Ohio, que habría asumido la presidencia si Johnson hubiera sido destituido. Wade pedía la redistribución de la propiedad de la tierra en el Sur reconstruido.

Hubo redes europeas de activistas obreros y socialistas que surgieron para apoyar al Norte porque se hablaba de la posibilidad de que Francia y Gran Bretaña intervinieran del lado del Sur. Al mismo tiempo, se produjo un levantamiento en Polonia en 1863. Las mismas redes que se unieron para apoyar a Polonia y al Norte de Estados Unidos acabaron formando la Primera Internacional.

En Gran Bretaña existía una división de clases en torno a esta cuestión. Las clases trabajadoras apoyaban al Norte y estaban en contra de la idea de que Gran Bretaña interviniera con su gran poder naval del lado de la Confederación, mientras que las clases terratenientes y la aristocracia, que seguían dominando la estructura política, tendían a inclinarse por el Sur.

Había mucha discusión sobre la relación entre raza y clase en la obra de Marx, con una teorización más desarrollada de esa cuestión en sus escritos sobre Irlanda, donde comparaba la experiencia de los trabajadores irlandeses en Gran Bretaña con la dominación racial que experimentaban los trabajadores negros en Estados Unidos:

En todos los grandes centros industriales de Inglaterra existe un profundo antagonismo entre el proletario irlandés y el proletario inglés. El obrero inglés común odia al obrero irlandés como competidor que rebaja los salarios y el nivel de vida. Siente por él antipatías nacionales y religiosas. Lo ve de forma similar a como los blancos pobres de los estados del Sur de Norteamérica veían a los esclavos negros.

Para Marx, hasta que no se resolvieran esas divisiones, iba a ser muy difícil tener un movimiento obrero fuerte en Gran Bretaña.

 

JM

Abundando en este último punto, ¿qué importancia tuvieron Irlanda y el movimiento nacional irlandés para el desarrollo del pensamiento político de Marx?

KA

Desde el primer día, Marx y Engels apoyaron firmemente la causa irlandesa, y la Primera Internacional apoyó la independencia de Irlanda. Esto fue más difícil que persuadirla de que apoyara la independencia de Polonia, porque era predominantemente británica, al menos en términos de liderazgo.

Con la ayuda de socialistas de Alemania, Francia y otros países, Marx se dirigió a los trabajadores británicos de la Primera Internacional: «Si acuden siempre a las manifestaciones por Polonia, deben que ser consecuentes, superar sus prejuicios y apoyar también la independencia de Irlanda». Ganaron esos votos y consiguieron que la Internacional emitiera declaraciones contra la ejecución de presos políticos irlandeses, incluso en un caso en el que miembros de los fenianos, el movimiento revolucionario irlandés, intentaron liberar a algunos de sus presos y mataron a un agente de policía en Manchester.

Marx y sus aliados convencieron a los sindicatos británicos más importantes de la época para que hicieran constar su oposición a la ejecución de los acusados. Por un lado, esto nos muestra que los trabajadores británicos tenían sus prejuicios; pero, por otro, nos muestra que bajo ciertas condiciones, y con el impulso de Marx y algunos de los otros revolucionarios de toda Europa, se les podía mover en una dirección radical.

En comparación con Polonia, la Iglesia católica tenía a menudo una influencia mucho mayor sobre el movimiento nacional irlandés de aquella época, lo que le daba un tinte conservador. La forma de nacionalismo respaldada por la Iglesia era partidaria de la independencia política o la autonomía, pero no de la revolución agraria. A finales de la década de 1860 surgió el movimiento Fenian, más plebeyo. Aunque no era socialista, defendía una revolución agraria contra la clase terrateniente, además de estar en contra del colonialismo británico.

En una de sus cartas, Marx escribió que había cambiado de opinión sobre la cuestión de Irlanda. Ahora creía que Irlanda tenía que ganar primero su independencia: solo entonces se sacudiría la conciencia de los trabajadores británicos hasta el punto de que serían capaces de unirse con la clase obrera inmigrante irlandesa dentro de Gran Bretaña.

Hay un texto muy interesante de Marx conocido como la «Comunicación Confidencial», una comunicación privada dentro de la Primera Internacional. Empezaba sugiriendo que la revolución europea probablemente empezaría en Francia, como había ocurrido tan a menudo. Sin embargo, continuaba argumentando que Gran Bretaña, como el país más completamente capitalista, tendría que servir de «palanca para una Revolución económica seria». Sin embargo, para Marx, el único lugar donde podía asestarse un «gran golpe» contra la clase dominante británica era en Irlanda:

Irlanda es el baluarte del terrateniente inglés. Si cayera en Irlanda, caería en Inglaterra. En Irlanda esto es cien veces más fácil porque allí la lucha económica se concentra exclusivamente en la propiedad terrateniente, porque esta lucha es al mismo tiempo nacional y porque allí el pueblo es más revolucionario y está más furioso que en Inglaterra.

Tenemos aquí un esbozo de una revolución a escala europea que comienza en Francia, fermenta entre los campesinos irlandeses con su levantamiento anticolonial, y luego alcanza su clímax dentro de Gran Bretaña, que era con mucho el país más desarrollado industrialmente y con la clase obrera más numerosa.

 

JM

Mientras escribía y revisaba El capital, ¿esperaba Marx que la forma británica de desarrollo capitalista se repitiera y generalizara en el resto de Europa y el mundo?

KA

Hay una frase famosa en el prefacio del volumen uno de El capital en la que Marx dice que «el país que está más desarrollado industrialmente solo muestra, a los menos desarrollados, la imagen de su propio futuro». Junto con afirmaciones que se pueden encontrar en textos anteriores como el Manifiesto Comunista, esto se prestaba a la opinión de que Gran Bretaña, como primer país capitalista, iba a ser el primer vagón de un tren que circulaba por una vía en la misma dirección, con países como India y China a la cola.

Sin embargo, cuando apareció de la edición francesa de El capital, que se publicó por entregas a partir de 1872, Marx empezaba a cuestionar este punto de vista. Añadió algunas palabras importantes a la frase que he citado antes: «El país más desarrollado industrialmente solo muestra, a los que le siguen en el camino industrial, la imagen de su propio futuro».

Países como Alemania, Francia y los Países Bajos estaban bien encaminados hacia la industrialización en 1870. Iban a verse obligados a seguir el modelo capitalista que Gran Bretaña había desarrollado. Sin embargo, eso dejaba fuera a una gran parte del mundo. En otra parte de la edición francesa, en el capítulo sobre la acumulación primitiva, Marx especificó que «todos los países de Europa Occidental» estaban pasando por el mismo proceso de desarrollo que Gran Bretaña.

Como he mencionado antes, Marx especuló hacia el final de su vida con que las comunidades aldeanas de Rusia podrían quizás constituir la base del desarrollo comunista moderno. Estudió comunidades de ese tipo en todo el mundo, descubriendo también que algunas de ellas practicaban relaciones de género más igualitarias.

Marx siempre subrayó que sería necesario que el mir ruso se vinculara a la lucha más amplia de las clases trabajadoras de Europa Occidental, porque no apoyaba la idea de un socialismo de baja tecnología y poco desarrollado industrialmente. No defendía la conservación de la sociedad rural en su forma actual. Más bien parecía creer que sus estructuras organizativas comunistas podían ser el punto de partida de una modernidad no capitalista.

Fuente: https://jacobinlat.com/2023/04/30/el-orientalismo-de-karl-marx/

 

miércoles, 16 de diciembre de 2020

ENGELS, CONTRA EL REFORMISMO EN ALEMANIA Y FRANCIA

 


Douglas Greene*||

Historiador. Universidad de Boston||

*Left Voice, 28 de noviembre de 2020.

Hace más de un siglo, Eduard Bernstein afirmó que era hora de que los socialistas abandonaran su objetivo revolucionario de derrocar al capitalismo. Argumentó que el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) debería adoptar un enfoque reformista que se basara estrictamente en los canales legales, como las elecciones en las que el socialismo podría llegar al poder lentamente. 

Para apoyar su posición, Bernstein citó la autoridad de Friedrich Engels, quien supuestamente había llegado a conclusiones similares en una de sus últimas obras. Citando la introducción de Engels a “Las luchas de clases en Francia”, de Marx, Bernstein argumentó: “Engels está tan profundamente convencido de que las tácticas orientadas a una catástrofe han tenido su momento que considera que una revisión para abandonarlas se debe hacer incluso en los países latinos donde la tradición les es mucho más favorable que en Alemania“. 1 

Bernstein no es el único que reclama a Engels como reformismo; más tarde, se le unieron otros como Karl Kautsky, Ralph Miliband y Santiago Carrillo. 2  Incluso el socialista demócrata estadounidense Michael Harrington, que por lo demás veía a Engels como un “distorsionador” del marxismo, no tuvo ningún problema en utilizarlo para reivindicar una estrategia socialista democrática: “En su Prefacio de 1895 a una nueva edición de Marx’s Class Struggles in France, Engels resumió la estrategia democrática en términos históricos amplios…. El giro de Engels hacia lo que solo puede llamarse socialismo democrático fue una profundización de importancia crítica en la idea del socialismo mismo”. 3

¿Están en lo correcto Bernstein, Harrington y sus partidarios al citar a Engels en apoyo de su reformismo? O, por el contrario, ¿Engels siguió siendo un devoto revolucionario en sus últimos años? Sus intervenciones en los movimientos socialistas en Francia y Alemania no dejan dudas de que Engels siguió siendo un comunista revolucionario comprometido hasta su último aliento.

El General de Marx

Como hijo del dueño de una fábrica, Engels nació privilegiado con un futuro brillante planeado para él. Sin embargo, decepcionó a su padre al dedicarse a los oprimidos a una edad temprana. Mientras estaba en la empresa de su familia en Inglaterra, Engels fue testigo directo de los efectos de la revolución industrial, donde la burguesía se enriqueció explotando a la clase trabajadora. A partir de esta experiencia, Engels se dio cuenta de que la clase trabajadora tenía el potencial de liberarse a sí misma y a toda la humanidad a través de una revolución comunista.

En 1844, cuando Engels y Karl Marx descubrieron que compartían la misma cosmovisión materialista y comunista, unieron fuerzas y comenzaron una colaboración de por vida. Engels consideraba a Marx un genio y creía que sólo le tocaba un papel secundario. 

Sin embargo, la contribución de Engels al desarrollo del socialismo científico fue mayor de lo que sugería su modestia. Para apoyar económicamente el trabajo de Marx sobre El capital, Engels sacrificó su propia felicidad y pasó años trabajando en la empresa de su padre como gerente de fábrica. Junto a Marx, fue coautor de la Sagrada Familiala ideología alemana y el Manifiesto Comunista. También popularizó su cosmovisión compartida en una serie de obras. 

Después de la muerte de Marx, en 1883, trabajó incansablemente para asegurarse de que los siguientes volúmenes de El capital fueran editados y publicados. Engels no fue simplemente un teórico, sino un hombre de acción. Apodado “el General” por sus amigos, tuvo un interés de por vida en el arte de la guerra y luchó en las barricadas durante la revolución de 1848, en Alemania. Si Engels simplemente jugó un papel secundario, ninguno lo jugó mejor.

Engels y los partidos proletarios

Cuando Marx murió, en 1883, se estaban formando en toda Europa partidos de masas de la clase trabajadora con programas socialistas. Los líderes de estos nuevos partidos buscaron consejo en Engels, considerándolo la voz más autorizada del socialismo científico. 

Con cierta aprensión, Engels estaba dispuesto a asumir este papel. “Pero ahora que, de repent, se espera que tome el lugar de Marx en cuestiones de teoría y toque el primer violín”, escribió, “inevitablemente habrá errores y nadie es más consciente de eso que yo“. 4 En los años siguientes, la casa de Engels en Inglaterra recibió cartas de socialistas de toda Europa y Estados Unidos pidiendo consejos sobre cuestiones de teoría, estrategia y táctica. En Estados Unidos y Gran Bretaña, donde la clase trabajadora estaba políticamente subordinada a los partidos de la clase dominante, Engels abogó por la creación de partidos obreros independientes. En Alemania y Francia, donde ya existían partidos declaradamente marxistas como el SPD y el Parti Ouvrier Français (POF), Engels se centró más en desarrollar teoría, programa y estrategia.

Alemania. El Programa de Gotha

Ningún partido ocupó la atención de Engels (y Marx) más que el SPD alemán. Durante el siglo XIX, el SPD se convirtió en el partido socialista más grande del mundo. Sus amigos y enemigos lo consideraban el modelo de un partido marxista exitoso. Por tanto, Engels pensó que era imperativo orientar al SPD por el camino adecuado y evitar compromisos innecesarios.

En 1875, en un Congreso en Gotha, el Partido de los Trabajadores Socialdemócratas liderado por marxistas se fusionó con la Asociación General de Trabajadores Alemanes (ADAV) para crear un partido unificado. La ADAV se inspiró en Ferdinand Lassalle, quien defendió el socialismo de Estado, hizo propuestas amistosas al canciller alemán Bismarck y sostuvo una serie de puntos de vista erróneos sobre economía política, como la “ley de hierro de los salarios“. El nuevo programa del SPD reflejó estas concepciones, y Marx escribió una extensa crítica del Programa de Gotha por sus concesiones teóricas y programáticas al lassalleanismo. 5 Según Engels, “nuestro partido no tiene absolutamente nada que aprender de los lassalleanos en el ámbito teórico”. 6

Marx y Engels no se opusieron a unificar las dos alas de la socialdemocracia, pero ambos creían que la fusión no debería producirse a expensas de la claridad programática. Normalmente, Marx y Engels se abstuvieron de intervenir en los asuntos internos del partido, pero considerando lo que programáticamente estaba en juego, creyeron que era necesario intervenir. Como dijo Engels en una carta al líder del SPD, August Bebel,

La gente imagina que dirigimos todo el espectáculo desde aquí, mientras que tú sabes tan bien como yo que casi nunca hemos interferido en lo más mínimo en los asuntos internos del partido, y sólo en un intento de hacer lo mejor posible, en la medida de lo posible. Considerados como errores, y solo errores teóricos en eso. Pero, como usted mismo se dará cuenta, este programa marca un punto de inflexión que bien puede obligarnos a renunciar a cualquier tipo de responsabilidad con respecto al partido que lo adopta”7

 

A pesar de sus duras críticas, Marx y Engels siguieron asociados con el SPD. Desafiando sus expectativas, el SPD se mantuvo unido y siguió creciendo. Mientras tanto, sin embargo, tanto los capitalistas como los trabajadores veían el Programa de Gotha como comunista. Debido a estos felices accidentes, Marx y Engels mantuvieron un silencio público sobre las deficiencias teóricas del SPD. Como dijo Engels, “Mientras nuestros oponentes, así como los trabajadores, sigan leyendo nuestras opiniones en ese programa, tenemos justificación para no decir nada al respecto”. 8 Cuando se trató de defender la integridad programática del partido, Marx y Engels fueron intransigentes.

La ciencia de la revolución

El bajo nivel teórico del SPD siguió siendo una preocupación constante para Marx y Engels. A finales de la década de 1870, las ideas de Eugen Dühring estaban ganando protagonismo. Dühring criticó el determinismo económico, la dialéctica materialista y la política revolucionaria que son fundamentales para el marxismo. Dühring atrajo a seguidores en el SPD, incluidos miembros de la dirección como Bebel y Bernstein, que veían con amabilidad sus ideas. A regañadientes, Engels asumió la ardua tarea de refutar las ideas de Dühring. Años más tarde, dijo: “El Dr. Dühring procedió abiertamente a formar a su alrededor una secta, el núcleo de un futuro partido separado. Por lo tanto, se hizo necesario tomar el guante que se nos arrojó y librar la lucha, nos gustase o no ”. 9

Publicado en 1878, el Anti-Dühring de Engels tuvo un éxito sin precedentes. El libro fue más que una simple polémica; es la declaración más completa de la cosmovisión marxista. El trabajo de Engels no solo demolió la influencia de Dühring dentro del SPD, sino que también popularizó el socialismo científico a millones. Marx, que había escrito un capítulo para el Anti-Dühring, defendió su valor para el SPD: “Hay mucho que aprender de las exposiciones positivas de Engels, no solo de los trabajadores comunes e incluso de los ex trabajadores… que se suponen capaces de llegar a conocer todo y pronunciarse sobre todo en el menor tiempo posible, pero incluso por personas con formación científica “. 10 El Anti-Dühring mostró la comprensión de Engels de que un movimiento revolucionario requiere una filosofía revolucionaria.

Oposición pura

Una prueba importante para el SPD se produjo en 1878, cuando Bismarck aprobó las leyes antisocialistas, ilegalizando al SPD y su prensa. Sin embargo, el partido aún podría presentar candidatos. En lugar de mantener su oposición revolucionaria intransigente a Bismarck, la facción parlamentaria del SPD, incluido Wilhelm Liebknecht, manifestó su voluntad de comprometerse con el gobierno alemán manteniéndose dentro de la ley y votando por los aranceles y el presupuesto estatal. Al mismo tiempo, Bernstein declaró que el partido debería apelar a la burguesía y la pequeña burguesía, además de adoptar un enfoque conciliador hacia Bismarck.

En septiembre de 1879, Engels respondió a Bernstein en una circular. Reconoció nada menos que un abismo entre su posición y la de los oportunistas:

En cuanto a nosotros, considerando todos nuestros antecedentes, solo tenemos un camino abierto. Durante casi 40 años hemos enfatizado que la lucha de clases es el motor inmediato de la historia y, en particular, que la lucha de clases entre burguesía y proletariado es la gran palanca de la revolución social moderna; de ahí que no podamos cooperar con hombres que buscan eliminar esa lucha de clases del movimiento. En la fundación de la Internacional formulamos expresamente el grito de batalla: la emancipación de la clase trabajadora debe ser lograda por la misma clase trabajadora. Por lo tanto, no podemos cooperar con los hombres que dicen abiertamente que los trabajadores son demasiado incultos para emanciparse, y primero deben ser emancipados desde arriba por miembros filantrópicos de las clases media alta y baja. Si el nuevo órgano del partido va a adoptar una política que se corresponda con las opiniones de estos señores, si es burguesa y no proletaria, entonces todo lo que podríamos hacer -por mucho que lo lamentemos- sería declararnos públicamente en contra y abandonar la solidaridad con la que hasta ahora hemos representado al partido alemán en el exterior. Pero esperamos que no llegue a eso”.11

 

En otras palabras, según Engels, el partido no debería incluir a quienes niegan el carácter obrero del partido o la primacía de la lucha de clases y la emancipación de la clase obrera.

Con respecto a la facción parlamentaria del SPD y su apoyo a los aranceles, Engels enfrentó la desviación residual de Lassalle en el partido que vio elementos progresistas en las intervenciones económicas de Bismarck. Aunque el SPD no adoptó una posición oficial sobre los aranceles, Engels argumentó que apoyarlos violaba dos principios fundamentales del partido: (1) la abolición de los impuestos indirectos, “que es expresamente exigida por el programa del partido“, y (2) “ni un centavo por este gobierno”. 12

En una carta escrita a Bebel dos meses después, Engels fue aún más claro. Afirmó que el SPD no podía ofrecer apoyo material a ninguna medida que aumentara el poder represivo del Estado burgués:

En el caso de todas las demás cuestiones económicas, como tarifas proteccionistas, nacionalización de los ferrocarriles, compañías de seguros, etc., los diputados socialdemócratas deben defender siempre el principio vital de no consentir nada que aumente el poder del gobierno frente a la gente. Y esto se hace aún más fácil porque los sentimientos dentro del partido mismo, por supuesto, estarán invariablemente divididos en tales casos y, por lo tanto, se requiere automáticamente la abstención, una actitud negativa”13

 

Engels exigió que el SPD se opusiera directamente al estado capitalista y rechazara la colaboración con todos los partidos burgueses. Sin embargo, esto no significaba que Engels se opusiera a comprometerse con otras fuerzas políticas. Hacerlo estaba permitido, dijo, para apoyar las mociones y proyectos de ley de otras partes “si valía la pena el esfuerzo”. Añadió: “Y siempre que el carácter de clase proletario del partido no se vea comprometido por ello. Hasta ahora y no más, estoy preparado para ir “.14 Para Engels, el SPD luchó por reformas no para obtener una ventaja parlamentaria o permitirse acuerdos secretos, sino para organizar a la clase trabajadora para luchar por sus propios intereses inmediatos y por la revolución socialista.

Programa de Erfurt

A pesar de las leyes antisocialistas, el SPD logró aumentar su representación parlamentaria. En 1890, quedó claro que la política de Bismarck había fracasado y se legalizó el SPD. En 1891, animado por este éxito, el Congreso de Erfurt del SPD decidió adoptar un nuevo programa de inspiración marxista. Engels, sin embargo, seguía preocupado por el lassalleanismo residual en el SPD y los elementos oportunistas en la facción parlamentaria del partido.

La salva inicial de Engels fue la publicación de la “Crítica del programa de Gotha” de Marx, que escandalizó a la dirección del SPD con su mención de la “dictadura del proletariado”. En el Reichstag, el diputado del SPD Karl Grillenberger repudió públicamente a Marx y declaró que “el Partido Socialdemócrata no accedió a esta propuesta programática de Marx. Marx estaba, de hecho, indignado de que la socialdemocracia tomara sus decisiones programáticas tal como lo consideraba adecuado para las condiciones alemanas y que, en consecuencia, para nosotros nunca se planteó una dictadura revolucionaria del proletariado“. 15 Engels respondió varias semanas después al publicar una nueva introducción a “La lucha de clases en Francia”, de Marx, sobre la Comuna de París de 1871. Pensando en los debates en Alemania, el párrafo final de Engels celebraba la Comuna como la dictadura del proletariado: “Últimamente, el filisteo socialdemócrata se ha vuelto a invadir de un terror saludable ante las palabras: Dictadura del proletariado. Bueno, señores, ¿quieren saber cómo es esta dictadura? Miren la Comuna de París. Esa fue la dictadura del proletariado”.16

Para Engels, el Programa de Erfurt fue un avance sobre el Programa de Gotha. Se basó firmemente en el análisis de Marx del capitalismo, con su tendencia a la quiebra y la necesidad del socialismo. El Programa de Erfurt también enfatizó la misión histórica de la clase trabajadora y el papel del partido en la conducción de esa lucha. Como observó Engels con satisfacción,

A Liebknecht le tocó la amarga tarea de tener que recomendar el borrador del programa de Kautsky que, con el apoyo de Bebel y mío, fue aceptado como base de la sección teórica del nuevo programa. Hemos tenido la satisfacción de ver triunfar la crítica de Marx en toda la línea. Incluso se han eliminado los últimos vestigios del lassalleanismo. Con la excepción de unos pocos bits mal escritos (aunque es solo la forma en que se expresan lo que es débil y común), no hay nada de qué quejarse en el programa o no, en cualquier caso, después de una primera lectura”. 17

Pero una segunda lectura reveló que Engels tenía muchas críticas. “Las demandas políticas del borrador tienen un gran defecto”, señaló. “Carece precisamente de lo que debería haberse dicho”18 A saber, la falta de auténtica libertad política que prevalece en la Alemania imperial. En lugar de plantear un desafío revolucionario al Estado, el Programa de Erfurt enfatizó la lucha por las reformas. Al acentuar las demandas inmediatas, sintió Engels, el programa fortaleció la mano de los oportunistas dentro del SPD, quienes creían que el Estado era lo suficientemente maleable para aceptar reformas importantes. El énfasis del Programa de Erfurt en la lucha cotidiana en oposición a la revolución provino, sin duda, de los temores de una nueva ola de represión estatal. Como señaló Engels, estos temores mostraban cuán inaceptable era reformar el orden actual: 

Temiendo una renovación de la Ley Antisocialista, o recordando todo tipo de pronunciamientos apresurados hechos durante el reinado de esa ley, ahora quieren que el partido encuentre el orden legal actual en Alemania adecuado para llevar a cabo todas las demandas del partido por medios pacíficos. . Se trata de intentos de convencerse a sí mismo y al partido de que “la sociedad actual se está desarrollando hacia el socialismo” sin preguntarse si no por ello necesariamente sobrepasa el viejo orden social y si no tendrá que romper este viejo caparazón por la fuerza. como un cangrejo rompe su caparazón, y también si en Alemania, además, no tendrá que romper las cadenas del orden político todavía semi-absolutista, y además indescriptiblemente confuso ”. 19

Otra crítica de Engels al Programa de Erfurt fue que retrocedió en los llamamientos del SPD a una república democrática. Para sortear esta demanda, dijo Engels, el programa debe exigir “la concentración de todo el poder político en manos de los representantes del pueblo. Eso sería suficiente por el momento si es imposible ir más lejos“. Para Engels, esta era la esencia de una república democrática por la que el SPD tenía que luchar. Si bien el Programa de Erfurt vaciló sobre la cuestión de la libertad política, Engels afirmó sin rodeos que consideraba que una república democrática era el único sistema de gobierno en el que el SPD podía llegar al poder y era “incluso la forma específica de la dictadura del proletariado“. 20

Engels tenía grandes esperanzas en el SPD, creyendo que las tácticas del partido le permitían conquistar a la clase obrera y que era sólo cuestión de tiempo que el SPD llegara al poder. Sin embargo, le preocupaba que los éxitos del partido y la fuerza del oportunismo amenazaran su carácter de clase: “[Bebel] se queja con razón de que el partido se está volviendo burgués. Ésa es la desgracia de todas las partes extremas cuando se acerca el momento de convertirse en ‘posibles’ ”. 21. Lamentablemente, el curso del SPD tras la muerte de Engels fue hacer realidad estos temores.

Francia. Formando el Partido

A diferencia de otros países europeos, Francia tenía un movimiento socialista grande y diverso que abarcaba proudhonianos, bakuninistas, blanquistas, sindicalistas y reformistas. Una corriente claramente marxista no surgió hasta finales de la década de 1870 bajo el liderazgo de Jules Guesde. La aceptación del marxismo por parte de Guesde se produjo en un momento oportuno, cuando el movimiento obrero francés revivió después de la derrota de la Comuna de París. Después de una amnistía general para los comuneros exiliados y encarcelados, Guesde y otros socialistas dieron el siguiente paso y formaron un partido obrero conocido como Federación de Trabajadores Socialistas de Francia (FTSF). 22

Pero este nuevo partido estaba fuertemente dividido entre reformistas y revolucionarios. Guesde quería fusionar estos elementos diferentes en una organización disciplinada en la que un programa revolucionario proporcionaría un punto de encuentro común. En mayo de 1880, Guesde fue a Londres en busca de orientación de Marx y Engels para desarrollar un programa. Marx obedeció y dictó el programa, que consistía en una sección introductoria que describía el objetivo final del comunismo. A esto le siguió una segunda sección que constaba de varias demandas económicas y políticas mínimas alcanzables bajo el capitalismo. 23  Según Engels, el programa era una “obra maestra de razonamiento convincente, calculado para explicar las cosas a las masas en pocas palabras; Rara vez he visto algo parecido e, incluso en esta versión concisa, lo encontré asombroso“. 24 Para Engels, el programa del Partido de los Trabajadores Franceses sirvió como modelo que luego recomendaría al SPD alemán en Erfurt.

Las cosas llegaron a un punto crítico en el FTSF, que se dividió en 1882 entre revolucionarios y reformistas. Engels dio la bienvenida a la división. “Ha sucedido lo inevitable, los elementos irreconciliables se han separado”, escribió. “Y eso es algo bueno“. 25 Además, Engels reconoció que la lucha ideológica y política era ineludible y necesaria en un partido proletario: “Parecería que cualquier partido obrero en un país grande sólo puede desarrollarse a través de la lucha interna, como de hecho se ha establecido generalmente en las leyes dialécticas de desarrollo“. 26

Los marxistas franceses formaron rápidamente una nueva organización: el POF. Si bien el POF era ideológicamente marxista, su nivel teórico era bastante bajo. Además, el POF tenía una militancia pequeña y le fue mal en las elecciones en comparación con el SPD. Fue dirigido por Guesde y Paul Lafargue (yerno de Marx). Guesde era un agitador eficaz, pero no un teórico serio ni un líder político brillante. Si bien Lafargue estaba mucho más desarrollado teóricamente y fue un popularizador eficaz del marxismo, ejerció un juicio deficiente que causó a Engels una frustración sin fin.

Sufragio universal

A diferencia de Alemania, Francia era una república y el POF operaba legalmente. Engels imploró al POF que se aproveche de su legalidad agitando y difundiendo su mensaje revolucionario por Francia. Las elecciones fueron un método que Engels instó especialmente al POF a utilizar. Como le dijo a Lafargue, en 1892,

¿Te das cuenta ahora de la espléndida arma que has tenido en Francia durante cuarenta años en el sufragio universal? ¡Si tan solo la gente hubiera sabido cómo usarlo! Es más lento y aburrido que el llamado a la revolución, pero es diez veces más seguro y, lo que es mejor, indica con la mayor precisión el día en que se debe hacer un llamado a la revolución armada; es incluso diez a uno que el sufragio universal, inteligentemente utilizado por los trabajadores, llevará a los gobernantes a derrocar la legalidad, es decir, a ponernos en la posición más favorable para hacer la revolución”27

Una lectura atenta de este pasaje deja claro que Engels no veía las elecciones como un fin en sí mismo. Más bien, vio las elecciones como un termómetro para medir el apoyo que los socialistas tenían en la sociedad. Esta medida de apoyo fue también un medio para juzgar si era el momento propicio para que el partido pasara al terreno de la revolución armada. Para que las elecciones desempeñaran este papel, creía Engels, los socialistas tenían que defender su propio programa y actuar de forma independiente en oposición a todos los partidos burgueses. Lo que dijimos de Bebel con respecto al SPD se aplica igualmente a la situación en Francia:

Es más de lo que esperaba. Estoy menos preocupado en este momento con el número de escaños que eventualmente se ganarán…. Lo principal es la prueba de que el movimiento avanza a un ritmo tan rápido como seguro, que circunscripción tras circunscripción se ha dejado llevar por él y ha dejado de ser un asiento seguro para los demás partidos. Pero lo que también es espléndido es la forma en que nuestros trabajadores han manejado el asunto, la tenacidad, determinación y, sobre todo, el humor con el que han capturado cargo tras cargo y anulado todas las evasiones, amenazas y acoso por parte del gobierno y burguesía”28

En última instancia, el principal logro de los socialistas en las elecciones fue aumentar la autoorganización del proletariado y su capacidad para luchar por la revolución. 29

Mientras Engels creía que una “república democrática es la única forma política en la que la lucha entre la clase obrera y la clase capitalista puede primero universalizarse y luego culminar en la victoria decisiva del proletariado”.30 También destacó que la república francesa sólo era formalmente democrática, ya que su carácter de clase era burgués. Sostuvo que “una república, como cualquier otra forma de gobierno, está determinada por lo que la compone; mientras sea la forma de gobierno burgués, será tan hostil para nosotros como cualquier monarquía (salvo en las formas de esa hostilidad). De ahí que sea una ilusión gratuita tratarlo como una forma esencialmente socialista; encomendarle, mientras está dominado por la burguesía, tareas socialistas. Podemos sacarle concesiones, pero nunca esperamos que lleve a cabo nuestro trabajo“. 31 En otras palabras, Engels reconoció que todos los estados capitalistas, por muy democráticos que parezcan, no podían introducir el socialismo porque seguían siendo, en el fondo, la dictadura de la burguesía.

Reacción de lucha

A pesar de todas las críticas de Engels a un gobierno republicano bajo el capitalismo, lo reconoció como el mejor terreno político para la lucha de la clase trabajadora y llamó a los socialistas a defender las libertades democráticas de cualquier restricción. Una prueba importante para esto se produjo a fines de la década de 1880 con el surgimiento del movimiento boulangista. Durante este tiempo, la Tercera República francesa estuvo sumida en la inestabilidad, la corrupción, el patrocinio político y el escándalo. Francia también se encontraba en medio de una larga recesión económica en la que los trabajadores sufrieron privaciones y desempleo. Esto desacreditó a los partidos políticos y a la propia Tercera República, abriendo la puerta al movimiento boulangista.

El general Boulanger, un ex ministro de guerra, se les apareció a muchos trabajadores como un “hombre a caballo” que vengaría la derrota de Francia a manos de Alemania, favorecería al hombre común y acabaría con la corrupción republicana. Para los enemigos de la Tercera República, ya fueran nacionalistas blanquistas, antisemitas o realistas exiliados, el ascenso de Boulanger presagiaba la caída del odiado régimen.

Engels prestó mucha atención a Boulanger y vio en él la amenaza de una dictadura militar. Engels reconoció que el peligro de una dictadura boulangista significaba el fin tanto de la Tercera República como del movimiento socialista. Advirtió a los socialistas de Francia,

Lo mejor de todo es que en tres meses… Boulanger será con toda probabilidad el dictador de Francia, acabará con el parlamentarismo, depurará a los jueces con el pretexto de la corrupción, tendrá un gouvernement à poigne (trans. Gobierno fuerte) y una chambre pour rire (trad. cámara ridiculizada), y aplastar a marxistas, blanquistas y posibilistas todos juntos. Y luego, ma belle France – ¡tu l’as voulu! (trad. mi hermosa Francia – ¡eso es lo que querías!)” 32

Para Engels, la cuestión principal no era solo cómo analizar el bulangismo, sino cómo combatirlo. Tuvo que lidiar con dos corrientes diferentes en el POF. Por un lado, Guesde vio la lucha entre Boulanger y los oportunistas burgueses como una disputa entre dos sectores de la burguesía en la que la clase obrera no tenía ningún interés. Guesde resumió esta posición con la frase “entre el cólera y la peste, no se elige“. Engels se enfureció y escribió que los vínculos de Boulanger con los realistas y la amenaza de guerra se utilizarían para acabar con el movimiento obrero. Engels advirtió a los guesdistas que no permitieran que su odio a los partidos burgueses y la Tercera República los cegara ante la amenaza de una dictadura de derecha.

Lo conseguirás de todos modos, el buen Boulanger que anhelas, y los socialistas serán sus primeras víctimas. Porque un Primer Cónsul tiene que ser imparcial y, por cada vez que deje salir la sangre de la Bolsa, pondrá otro freno al proletariado, aunque sólo sea para equilibrar las cosas”. 33

 

Engels les dijo a los trabajadores que defender la democracia era vital, tan vital, de hecho, que no podía dejarse en manos de la burguesía. Más bien, los socialistas tenían que liderar la lucha para preservar las libertades democráticas, utilizando métodos revolucionarios.

Algunos marxistas, como Paul Lafargue, fueron blandos con el boulangismo, viéndolo como un movimiento que expresaba el descontento popular con la corrupción republicana. Lafargue creía que, dado que Boulanger era tan popular, el POF no debería atacarlo por miedo a quedar aislado. Si los socialistas atacaban a Boulanger, temía Lafargue, serían confundidos con republicanos burgueses y perderían votos.

Engels advirtió que no era el trabajo de los socialistas simplemente seguir la corriente, incluso si el boulangismo era popular momentáneamente, argumentando que tal curso estaba políticamente en bancarrota. Más bien, los socialistas debían adoptar una visión a largo plazo:

Pero si no vamos a ir en contra de la corriente popular de tonterías momentáneas, ¿qué demonios es nuestro trabajo?” 34

Engels recalcó a Lafargue y Guesde que las opciones que tenían ante ellos no eran simplemente entre los partidos burgueses y Boulanger, sino que existía la tercera opción de acción política independiente de la clase obrera. Instó a los socialistas a presentar sus propios candidatos, opuestos a los de ambos bandos. Cuando los marxistas presentaron su propio candidato en París en 1889 contra los boulangistas, Engels lo elogió como “al menos un paso en la dirección correcta al proclamar la necesidad de una candidatura socialista independiente“.35 Engels recordó a Lafargue: “Durante los últimos veinte años hemos estado abogando por la formación de un Partido distinto y opuesto a todos los partidos burgueses”.36

Para Engels, la lección del asunto Boulanger fue que la clase obrera no podía renunciar a la lucha contra el populismo reaccionario o verlo como un asunto más interburgués, pero que la clase trabajadora tenía un interés en esa lucha. Para derrotar a la reacción, la clase trabajadora no podía depender de las urnas ni de la buena voluntad de la clase dominante. Más bien, la clase trabajadora necesitaba defender las libertades democráticas, principalmente por medios extraparlamentarios y organizando su propio partido independiente.

Ganar a los campesinos

Un problema urgente que enfrentaba el POF y el SPD era cómo ganar el apoyo del campesinado. Ambos partidos estaban fuertemente concentrados en la clase trabajadora urbana, y el campesinado constituía la mayoría de la población tanto en Francia como en Alemania. Pero el campesinado aparentemente había sido descartado por los partidos socialistas. 

Sin embargo, Marx y Engels se opusieron a esas tendencias sectarias. Por ejemplo, el Programa de Gotha había sido criticado por Marx y Engels por describir a todas las clases fuera del proletariado como “una masa reaccionaria“. Como dijo Engels a Kautsky en 1891: “Mientras no seamos lo bastante fuertes para tomar el timón del Estado nosotros mismos y realizar nuestros principios, no se puede hablar, estrictamente hablando, de una masa reaccionaria frente a nosotros. De lo contrario, toda la nación se dividiría en una mayoría reaccionaria y una minoría impotente”.37 Para Engels, la clase trabajadora necesitaba ganar a la mayoría de los oprimidos y explotados bajo su dirección si quería tener éxito en la revolución socialista.

Engels siguió con gran interés las tendencias en desarrollo del campesinado. Cuando el campesinado francés de inclinación realista comenzó a aceptar la Tercera República, Engels la saludó

como un cambio de suma importancia… Significa también la próxima alianza entre los trabajadores de las ciudades y el campesinado del campo… El establecimiento definitivo de la República ha dado por fin a los trabajadores franceses el terreno sobre el que pueden organizarse como un partido político independiente y librar sus futuras batallas, no en beneficio de los demás, sino en el suyo propio; el terreno, también, sobre el que pueden unirse con la masa hasta ahora hostil del campesinado y así obtener futuras victorias no, como hasta ahora, triunfos efímeros de París sobre Francia, sino triunfos finales de todas las clases oprimidas de Francia, dirigidas por los obreros de París y las grandes ciudades de provincia”. 38

 

Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, el campesinado se presentó ante muchos en el SPD y el POF como una circunscripción electoral más para ganar votos. Esto llevó a la superficie enfoques oportunistas para diluir el programa del partido y atraer a los campesinos más ricos. En Alemania, esta tendencia estuvo representada por Georg Vollmar y el SPD de Baviera. En Francia, esta tendencia se manifestó en la Conferencia de Marsella (1892) y la Conferencia de Nantes (1894), que pretendía conquistar al gran campesinado terrateniente, en contraposición a los pequeños campesinos y al proletariado agrícola. Engels contrarrestó estas desviaciones escribiendo “La cuestión campesina en Francia y Alemania” (1894) para explicar cómo los socialistas podían conquistar al campesinado sobre la base de su programa revolucionario.

Engels argumentó que el partido debería proponer políticas para aliviar la suerte del campesinado más pobre bajo el capitalismo y ganar su lealtad:

El sacrificio material que se hará con este fin en interés de los campesinos y se sufragará con fondos públicos puede, desde el punto de vista de la economía capitalista, ser visto sólo como dinero tirado, pero sin embargo es una excelente inversión porque efectuará un ahorro quizás diez veces mayor en el costo de la reorganización social en general. En este sentido, podemos, por lo tanto, permitirnos tratar muy liberalmente a los campesinos39

 

Aquí, Engels dijo que el partido no debe hacer promesas demagógicas al campesinado para ganar votos. Más bien, el partido necesitaba aprender a ganar al campesinado para la lucha revolucionaria por el socialismo.

Para mantenerse fiel a su programa revolucionario, el partido debe apelar principalmente a los pequeños campesinos y al proletariado agrícola. El partido necesitaba ganarse a los campesinos pequeños e incluso medianos no haciendo falsas promesas sobre detener los efectos del capitalismo en el campo e insistiendo en que no tenía intención de expropiar por la fuerza a los campesinos bajo el socialismo:

Para empezar, el programa francés tiene toda la razón al afirmar que prevemos la inevitable ruina del pequeño campesino, pero que no es nuestra misión acelerarla con ninguna interferencia de nuestra parte. En segundo lugar, es igualmente evidente que cuando estemos en posesión del poder estatal, ni siquiera pensaremos en expropiar por la fuerza a los pequeños campesinos (con o sin compensación), como tendremos que hacer en el caso de los grandes campesinos, terratenientes”40

 

En cuanto a los trabajadores agrícolas, Engels argumentó que el partido necesitaba apoyar la expropiación de latifundios y crear las bases para una agricultura socializada a gran escala. Engels también afirmó, sin embargo, que puede ser posible y más fácil simplemente comprar grandes terratenientes después de la revolución: “De ninguna manera consideramos que la compensación sea inadmisible en cualquier caso; Marx me dijo (¡y cuántas veces!) que, en su opinión, saldríamos más baratos si pudiéramos comprar a todos ellos”. 41

El enfoque de Engels hacia el campesinado se basó en la necesidad de crear una alianza obrero-campesina. Con ese fin, buscó a los sectores del campesinado que más podían ganar con una revolución socialista y cómo ganar su apoyo, o, al menos, neutralizar su hostilidad. Si bien Engels era tácticamente flexible, no estaba dispuesto a cruzar la línea de sacrificar la integridad programática. Los oportunistas del POF y del SPD se rebelaron contra una adherencia “dogmática” al programa del partido y estaban dispuestos a diluir su carácter de clase basándose en las ganancias percibidas a corto plazo. En última instancia, el enfoque de Engels hacia el campesinado no tenía nada en común con este oportunismo, pero fue fundamental para las tácticas revolucionarias del bolchevismo.

El testamento

En los últimos años de la vida de Engels, el POF rompió finalmente su aislamiento y logró sus primeros avances electorales importantes. Al mismo tiempo, el SPD ganó casi una cuarta parte de los votos en las elecciones al Reichstag de 1893. Engels especuló razonablemente que si continuaban las tendencias actuales, el SPD podría esperar obtener una mayoría en la próxima década: “Si el crecimiento de nuestro Partido continúa a su ritmo normal, tendremos una mayoría entre los años 1900 y 1910. Y cuando lo hagamos, puede estar seguro de que no nos faltarán ni ideas ni hombres para llevarlas a cabo”. 42

Engels reflexionó sobre el éxito de los socialistas en las urnas en su introducción de 1895 a “Las luchas de clases en Francia”, de Marx, a la que a veces se hace referencia como su “Testamento“. Observó que las condiciones habían cambiado desde las revoluciones de 1848, lo que permitió a los socialistas usar las urnas en su beneficio: “Con esta utilización exitosa del sufragio universal, entró en vigor un modo completamente nuevo de lucha proletaria,y esto se desarrolló rápidamente. Se encontró con que las instituciones estatales, en las que se organiza el dominio de la burguesía, ofrecen aún más oportunidades para que la clase trabajadora luche contra estas mismas instituciones estatales”. 43

Engels señaló la ironía que hizo que las elecciones y la legalidad parecieran un rumbo razonable a seguir por los socialistas: “La ironía de la historia mundial lo pone todo patas arriba. Nosotros, los ‘revolucionarios’, los ‘elmentos subversivos’, estamos prosperando mucho mejor con los métodos legales que con los métodos ilegales y la revuelta. Los partidos del orden, como se llaman a sí mismos, están pereciendo bajo las condiciones legales creadas por ellos mismos“. 44 También observó que las insurrecciones urbanas parecían estar pasadas de moda: “La rebelión a la vieja usanza, la lucha callejera con barricadas, que hasta 1848 otorgaba en todas partes la decisión final, era en buena medida obsoleta”45

Si esto fuera todo el “Testamento” de Engels, entonces quizás Bernstein y Harrington podrían reclamar a Engels por el reformismo y el socialismo democrático. Afortunadamente, esta no fue toda la historia. El testamento de Engels fue escrito con el conocimiento de las restrictivas leyes de prensa en Alemania. Como resultado, deliberadamente bajó el tono de su defensa de la revolución armada. Incluso la autocensura de Engels no fue suficiente para el SPD, que temía una reanudación de las Leyes Antisocialistas si daban algún indicio de favorecer la revolución. Como resultado, Liebknecht editó aún más el texto de Engels para eliminar todos los pasajes dedicados a la lucha callejera, la violencia y la revolución. Cuando Engels se enteró de estos cambios editoriales, le escribió airadamente a Kautsky:

Me sorprendió ver hoy en el Vorwärts un extracto de mi ‘Introducción’ que había sido impreso sin mi conocimiento previo y elaborado de tal manera que me presentaba como un defensor de la legalidad amante de la paz [pase lo que pase]. Razón de más por la que me gustaría que apareciera íntegramente en el Neue Zeit para que se borrara esta vergonzosa impresión. No dejaré a Liebknecht sin ninguna duda sobre lo que pienso al respecto y lo mismo se aplica a quienes, independientemente de quiénes sean, le dieron esta oportunidad de pervertir mis puntos de vista y, lo que es más, sin una palabra para mí sobre eso”. 46

 

Uno de los pasajes clave eliminados del texto implica a la calificación sobre la obsolescencia de las luchas callejeras. Aquí, Engels dejó en claro que la lucha callejera no estaba permanentemente fuera de la mesa de los socialistas: “¿Significa eso que en el futuro la lucha callejera no jugará más papel? Ciertamente no”. 47 Más bien, debido a que las condiciones políticas y técnicas se habían vuelto “mucho más desfavorables para las luchas civiles, mucho más favorables para los militares” en Europa occidental, las futuras insurrecciones urbanas podrían “por lo tanto, salir victoriosas solo cuando esta situación desfavorable sea compensada por otros factores“. 48

¿Cuáles eran estos “otros factores” que Engels tenía en mente? Engels tenía claro que el éxito en la guerra urbana requería “sacudir la firmeza de los militares“. 49 Esto significó ganar el apoyo socialista de los soldados y, en última instancia, dividir el ejército. Como había señalado dos años antes, el ejército alemán estaba “cada vez más infectado con el socialismo. Hoy tenemos un soldado de cada cinco, dentro de unos años tendremos uno de cada tres, para 1900 el ejército, hasta ahora el elemento prusiano más destacado de Alemania, tendrá una mayoría socialista”. 50

En su “Testamento”, Engels dice que la clase dominante es absolutamente impotente para evitar el crecimiento de los partidos socialistas. Si se lee fuera de contexto, esto podría fortalecer la posición oportunista de que los socialistas ganarían inexorablemente más miembros del partido y votos y crearían pacíficamente un gobierno socialista. Engels no compartía las ilusiones de lo que se podría llamar “idiotez lineal“. No esperaba que la clase dominante dejara que las cosas llegaran tan lejos:

Para empezar, nunca he dicho que el partido socialista se convertirá en la mayoría y luego tomará el poder. Por el contrario, he dicho expresamente que las probabilidades son de diez a uno de que nuestros gobernantes, mucho antes de que llegue ese momento, usarán la violencia contra nosotros, y esto nos cambiaría del terreno de la mayoría al terreno de la revolución”51

 

Engels esperaba que la clase dominante golpeara primero contra las crecientes fuerzas del socialismo. De hecho, prácticamente los desafió: “Queda por ver si serán los burgueses y su gobierno los primeros en dar la espalda a la ley para aplastarnos con la violencia. Eso es lo que estaremos esperando. Disparen primero, señores burgueses“.52 Si la burguesía utiliza la violencia, Engels prometía que la clase obrera respondería de la misma manera: “Si, por tanto, se rompe la constitución del Reich, entonces la socialdemocracia es libre, puede hacer y abstenerse de hacer lo que quiera en tu contra. ¡Pero lo que hará entonces difícilmente te lo revelará hoy! “. 53 Esta no es la advertencia de alguien firmemente devoto de la legalidad a toda costa.

Engels es nuestro

A diferencia de Bernstein, Michael Harrington es, al menos, lo suficientemente honesto como para admitir que el “Testamento” de Engels fue torpemente editado. Sin embargo, ambos reclaman todavía a Engels por sus estrategias reformistas y socialistas democráticas. Tampoco tiene derecho a reclamar a Engels. 

Engels pasó toda su vida luchando contra la política representada por Bernstein y Harrington. Defendió la perspectiva de construir un partido proletario basado en un programa revolucionario que utilizara tácticas y estrategias flexibles, pero nunca se retiró de la lucha por el objetivo final del comunismo. 

Por lo tanto, en su 200 cumpleaños, debemos recordar orgullosamente a Engels junto a Marx, Lenin, Luxemburgo y Trotsky como uno de los más grandes revolucionarios comunistas.

*Douglas Greene es un historiador comunista independiente, autor de la obra “Communist Insurgent of Revolution de Blanqui”, y de una biografía del fundador del DSA, Michael Harrington, próxima a ser editada.

Notas

1.       Bernstein, Preconditions of Socialism, ed. y trans. Henry Tudor (Cambridge: Cambridge University Press, 1993), 4.

2.       Kautsky invocó a Engels en apoyo de la “estrategia de desgaste” reformista de facto del SPD. Kautsky, “Mass Strike”, en Kautsky: Selected Political Writings, ed. Patrick Goode (Londres: Macmillan, 1983), 55–56; Ralph Miliband fue un teórico marxista polaco-inglés. Véase Miliband, Marxism and Politics (Oxford: Oxford University Press, 1977), 79–80; Santiago Carrillo era un líder del PCE y utilizó a Engels para defender el eurocomunismo. Ver Carrillo, Eurocommunism and the State (Westport: Lawrence y Wishart, 1978), 92–95.

3.       Harrington, Socialism: Past and Future (Nueva York: Mentor Books, 1989), 45–47. Para más información sobre Harrington, ver Doug Enaa Greene, “Michael Harrington and His Afterlives” , Cosmonaut , 8 de abril de 2019; Doug Enaa Greene, A Failure of Vision: Michael Harrington and the Limits of Democratic Socialism (Alresford, Reino Unido: Zero Books, de próxima publicación).

4.       Engels a Becker, 15 de octubre de 1884”, en Obras completas de Marx y Engels [en adelante MECW ], vol. 47 (Londres: Lawrence y Wishart, 1975), 202

5.       Marx, “Crítica del programa de Gotha”, en MECW, vol. 24, 75–99.

6.       Engels a August Bebel, 18-28 de marzo de 1875”, en MECW , vol. 45, 60.

7.       Ibíd., 65.

8.       Engels a August Bebel, 12 de octubre de 1875”, en MECW , vol. 45, 98.

9.       Engels, “Introducción a la edición inglesa (1892) de Socialismo utópico y científico ”, en MECW , vol. 27, 278.

10.  Marx a Wilhelm Bracke. 11 de abril de 1877”, en MECW , vol. 45, 218.

11.  Marx y Engels, “Carta circular a August Bebel, Wilhelm Liebknecht, Wilhelm Bracke y otros”, en MECW , vol. 24, 269.

12.  Ibid., 260. Véase también Hal Draper, Karl Marx’s Theory of Revolution , vol. 4, Crítica de otros socialismos (Nueva York: Monthly Review Press, 1990), 92–97.

13.  Frederick Engels to August Bebel 24 de noviembre de 1879”, en MECW , vol. 45, 423-24.

14.  Engels to Gerson Trier 18 de diciembre de 1889”, en MECW , vol. 48, 424.

15.  Hal Draper, Teoría de la revolución de Karl Marx, vol. 3, La “dictadura del proletariado” (Nueva York: Monthly Review Press, 1986), 313.

16.  Engels, “Introducción a “La lucha de clases en Francia”, de Karl Marx, en MECW , vol. 27, 191.

17.  Engels a Sorge, 24 de octubre de 1891”, en MECW, vol. 49, 266.

18.  Engels, “Crítica del proyecto de programa socialdemócrata de 1891”, en MECW, vol. 27, 225.

19.  Ibíd., 226.

20.  Ibíd., 227.

21.  Engels a Paul Lafargue, 22 de noviembre de 1894”, en MECW, vol. 50, 369.

22.  Partes de esta sección reproducen libremente de Doug Enaa Greene, “The Rise of Marxism in France” , Links, 11 de mayo de 2016; Doug Enaa Greene, “Engels, Boulanger y la lucha contra el fascismo” , Blanquist , 6 de enero de 2018.

23.  Para el texto completo, ver Karl Marx, “Preámbulo al Programa del Partido de los Trabajadores Franceses”, en MECW, vol. 24, 340–42, 638.

24.  Engels a Bernstein, 25 de octubre de 1881”, en MECW, vol. 46, 148. Según Engels, fue en respuesta a la vulgarización de las ideas de Marx por parte de Guesde que Marx dijo que no era “marxista”: “Ahora bien, lo que se conoce como” marxismo “en Francia es, de hecho, un producto completamente peculiar – de modo que Marx dijo una vez a Lafargue: ‘Ce qu’il ya de Certain c’est que moi, je ne suis pas Marxiste’ ”.“ Engels a Bernstein, 2-3 de noviembre de 1882, en MECW , vol. 46, 356.

25.  Engels a Bernstein, 20 de octubre de 1882”, en MECW, vol. 46, 341.

26.  Ibídem. 342.

27.  Engels a Paul Lafargue, 12 de noviembre de 1892”, en MECW  vol. 50, 29.

28.  Engels a August Bebel, 29 de octubre de 1884”, en MECW, vol. 47, 210.

29.  Esta conclusión se extrae de August H. Nimtz Jr., Marx y Engels: su contribución al avance democrático (Albany: State University of New York Press, 2000), 261.

30.  Engels, “Respuesta al Honorable Giovanni Bovio”, en MECW, vol. 27, 271.

31.  Engels a Paul Lafargue, 6 de marzo de 1894”, en MECW, vol. 50, 276.

32.  Engels a Laura Lafargue, 7 de mayo de 1889”, en MECW, vol. 48, 309.

33.  Engels a Paul Lafargue, 1 de abril de 1889”, en MECW, vol. 48, 288.

34.  Engels a Laura Lafargue,. 4 de febrero de 1889”, en MECW, vol. 48, 262.

35.  Engels a Laura Lafargue. 2 de enero de 1889”, en MECW, vol. 48, 244.

36.  Engels a Paul Lafargue. 16 de noviembre de 1889”, en MECW, vol. 48, 406.

37.  Engels a Kautsky. 14 de octubre de 1891”, en MECW, vol. 49, 262.

38.  Engels, “Los trabajadores de Europa en 1877”, en MECW, vol. 24, 224-25.

39.  Engels, La cuestión campesina en Francia y Alemania, en MECW. , vol. 27, 498.

40.  Ibíd., 496.

41.  Ibid., 500. Para más información sobre la actitud de Marx y Engels hacia el campesinado, ver Hal Draper, Karl Marx’s Theory of Revolution, vol. 2, The Politics of Social Classes (Nueva York: Monthly Review Press, 1978), 358–452.

42.  Entrevista de Frederick Engels por el corresponsal del Daily Chronicle a fines de junio de 1893”, en MECW, vol. 27, 553.

43.  Engels, “Introducción a las luchas de clases de Karl Marx en Francia ”, en MECW, vol. 27, 516.

44.  Ibíd., 522.

45.  Ibíd., 517.

46.  Engels a Karl Kautsky. 1 de abril de 1895”, en MECW, vol. 50, 486. Para más antecedentes sobre la introducción de Engels, véase A. Neuberg, Armed Insurrection (Londres: New Left Books, 1970), 33–36; Doug Enaa Greene, “Balas y barricadas: sobre el arte de la insurrección” , Links , 6 de noviembre de 2016.

47.  Engels, “Introducción”, 519.

48.  Ibídem.

49.  Ibíd., 518.

50.  Engels, “Socialism in Germany”, en MECW, vol. 27, 240. Para más información sobre Engels y la necesidad de que los revolucionarios dividan el ejército, véase Gilbert Achcar, “Engels: Theorist of War, Theorist of Revolution”, International Socialism 2, no. 97 (invierno de 2002).

51.  Engels, “Respuesta al Honorable Giovanni Bovio”, 271. Para conocer lo que Marx imaginó si un gobierno socialista llegara al poder, véase Doug Enaa Greene, “Defending First Principles” , Blanquist , 5 de mayo de 2020.

52.  Engels, “Socialism in Germany”, pág. 241.

53.  Engels, “Introducción”, 523.