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jueves, 13 de abril de 2023

ARDAN LOS BANCOS Y LA TECNOLOGÍA DIGITAL AL SERVICIO DE LOS USUARIOS

 


5 abril, 2023

Publicado originalmente en Sinpermiso.info

Yanis Varoufakis

La crisis bancaria es esta vez diferente. De hecho, es peor que en 2007-08. En aquel entonces, podíamos culpar del colapso secuencial de los bancos al fraude al por mayor, a la generalización de los préstamos abusivos, a la connivencia entre las agencias de calificación y a los banqueros sospechosos de vender derivados, todo ello propiciado por el entonces reciente desmantelamiento del régimen regulador por parte de políticos criados en Wall Street, como el Secretario del Tesoro norteamericano, Robert Rubin. Las actuales quiebras bancarias no pueden achacarse a nada de esto.

Sí, el Silicon Valley Bank había sido lo bastante insensato como para asumir un riesgo extremo de tipos de interés mientras atendía a depositantes en su mayoría no asegurados. Sí, Credit Suisse tenía un sórdido historial con delincuentes, defraudadores y políticos corruptos. Pero, a diferencia de 2008, no se ha silenciado a ningún denunciante, los bancos han cumplido (más o menos) la normativa reforzada posterior a 2008 y sus activos eran relativamente sólidos. Además, ninguno de los reguladores de Estados Unidos y Europa podría afirmar de forma creíble -como hicieron en 2008- que les había pillado por sorpresa.

De hecho, los reguladores y los bancos centrales lo sabían todo. Tenían pleno acceso a los modelos de negocio de los bancos. Podían ver claramente que estos modelos no sobrevivirían a una combinación de aumentos significativos de los tipos de interés a largo plazo y una retirada repentina de depósitos. Aun así, no hicieron nada.

¿No previeron los funcionarios la huida en manada, presa del pánico, de los depositantes grandes y, por tanto, no asegurados? Tal vez. Pero la verdadera razón por la que los bancos centrales no hicieron nada ante la fragilidad de sus modelos de negocio es aún más inquietante: Fue la respuesta de los bancos centrales a la crisis financiera de 2008 la que dio origen a esos modelos de negocio, y los responsables políticos lo sabían.

La política posterior a 2008 de dura austeridad para la mayoría para la mayoría y socialismo de Estado para los banqueros, practicada simultáneamente en Europa y Estados Unidos, tuvo dos efectos que dieron forma al capitalismo financiarizado de los últimos catorce años. En primer lugar, envenenó el dinero de Occidente. Más concretamente, garantizó que ya no existiera un tipo de interés nominal único capaz de restablecer el equilibrio entre la demanda y la oferta de dinero, evitando al mismo tiempo una oleada de quiebras bancarias. En segundo lugar, como era de dominio público que ningún tipo de interés podía lograr a la vez la estabilidad de los precios y la estabilidad financiera, los banqueros occidentales supusieron que, si la inflación volvía a asomar la cabeza, los bancos centrales aumentarían los tipos de interés mientras los rescataban. Tenían razón: esto es precisamente lo que estamos hoy presenciando.

Ante la disyuntiva de frenar la inflación o salvar a los bancos, los comentaristas venerables apelan a los bancos centrales para que hagan ambas cosas: que sigan subiendo los tipos de interés al tiempo que continúan con la política de socialismo para los banqueros posterior a 2008, la cual, en igualdad de condiciones, es la única manera de evitar que caigan los bancos como fichas de dominó. Sólo esta estrategia -apretar la soga monetaria alrededor del cuello de la sociedad mientras se prodigan los rescates al sistema bancario- puede servir simultáneamente a los intereses de los acreedores y de los bancos. También resulta una forma segura de condenar a la mayoría de la gente a un sufrimiento innecesario (por precios altos evitables y desempleo evitable) mientras se siembra la semilla de la próxima conflagración bancaria.

Que no se nos olvide que siempre hemos sabido que los bancos no se diseñaron para ser seguros y que, en conjunto, forman un sistema constitucionalmente incapaz de respetar las reglas de un mercado que funcione correctamente. El problema es que, hasta ahora, no teníamos alternativa: los bancos eran el único medio de canalizar el dinero hacia la gente (a través de cajeros, sucursales, cajeros automáticos, etc.). Esto ha convertido a la sociedad en rehén de una red de bancos privados que monopolizan los pagos, el ahorro y el crédito. Hoy, sin embargo, la tecnología nos ha proporcionado una espléndida alternativa.

Imaginemos que un banco central proporcionara a todo el mundo un monedero digital gratuito, es decir, una cuenta bancaria gratuita con un interés equivalente al tipo de interés a un día del banco central. Dado que el sistema bancario actual funciona como un cártel antisocial, el banco central podría utilizar la tecnología basada en la nube para proporcionar transacciones digitales gratuitas y almacenamiento de ahorros a todos, con sus ingresos netos pagando bienes públicos esenciales. Liberados de la obligación de guardar su dinero en un banco privado, y de pagar un dineral por realizar transacciones utilizando su sistema, los ciudadanos serán libres de elegir si quieren utilizar instituciones financieras privadas que ofrezcan intermediación de riesgo entre ahorradores y prestatarios, y cuándo hacerlo. Incluso en tales casos, su dinero seguirá residiendo en perfecta seguridad en el libro mayor del banco central.

La hermandad de los de las criptomonedas me acusará de impulsar un banco central a lo Gran Hermano que vea y controle cada transacción que hacemos. Dejando a un lado su hipocresía – se trata de la misma banda que exigió un rescate inmediato del banco central a sus banqueros de Silicon Valley – cabe mencionar que el Tesoro y otras autoridades estatales ya tienen acceso a cada una de nuestras transacciones. La privacidad podría salvaguardarse mejor si las transacciones se concentraran en el libro mayor del banco central bajo la supervisión de algo así como un “Jurado de Supervisión Monetaria” compuesto por ciudadanos y expertos elegidos al azar y procedentes de un amplio abanico de profesiones.

El sistema bancario que damos por sentado no tiene arreglo. Esa es la mala noticia. Pero ya no necesitamos confiar en ninguna red de bancos privada, rentista y socialmente desestabilizadora, por lo menos no de la forma en que lo hemos hecho hasta ahora. Ha llegado el momento de hacer saltar por los aires un sistema bancario irredimible que beneficia a los propietarios y accionistas a expensas de la mayoría.

Los mineros del carbón han descubierto por las malas que la sociedad no les debe una subvención permanente por dañar el planeta. Es hora de que los banqueros aprendan una lección semejante.

Fuente: https://attac.es/ardan-los-bancos/

 

sábado, 25 de julio de 2020

UE, LA GUERRA DE CLASES DEL COVID

Por Yanis Varoufakis | 24/07/2020 | Economía

Fuentes: Project Syndicate


Por mucho tiempo se ha descrito la crisis del euro que estalló hace una década como un choque entre el norte frugal y el sur derrochador del continente. En realidad, fue en esencia una cruda guerra de clases que dejó a Europa, incluidos sus capitalistas, muy debilitada frente a los Estados Unidos y China. Peor todavía, la respuesta de la Unión Europea a la pandemia, incluido el fondo de recuperación de la UE que se está debatiendo, no hará más que intensificarla y asestar otro golpe al modelo socioeconómico europeo.

Si algo hemos aprendido en las últimas décadas es que no tiene sentido centrarse aisladamente en la economía de un país determinado. Hubo un tiempo en que el dinero fluía entre países principalmente para financiar el comercio y la mayor parte del consumo beneficiaba a los productores locales, condiciones en las cuales se podían evaluar las fortalezas y debilidades de una economía nacional. Pero ya no es el caso. Hoy las debilidades de, por ejemplo, China y Alemania están entrelazadas con las de países como los Estados Unidos y Grecia.

La liberalización de las finanzas a principios de la década de los 80, tras la eliminación de los controles de capitales que seguían en pie en el sistema de Bretton Woods, posibilitó la generación de inmensos desequilibrios comerciales financiados por ríos de dinero creado por el sector privado mediante ingeniería financiera. La hegemonía de Estados Unidos creció a medida que pasaba de tener un superávit comercial a un enorme déficit. Sus importaciones mantienen la demanda global y se financian por el flujo de las utilidades extranjeras que se transan en Wall Street.

El banco central de facto del mundo, la Reserva Federal estadounidense, administra este extraño proceso de reciclaje. Y mantener una creación así de notable –un sistema global en permanente desequilibrio- precisa de la constante intensificación de la guerra de clases tanto en los países deficitarios como en los que cuentan con superávit.

Todos los países deficitarios se parecen en un aspecto importante: ya sean poderosos como Estados Unidos o débiles como Grecia, parecen condenados a generar burbujas de deuda mientras sus trabajadores contemplan impotentes cómo las áreas industriales se convierten en zonas oxidadas de fábricas en decadencia. Cuando las burbujas estallan, los trabajadores en el Medio Oeste o el Peloponeso quedan encadenados a sus deudas y sufren una brusca caída en sus niveles de vida.

Si bien los países con superávit también se caracterizan por una guerra de clases contra los trabajadores, difieren entre sí de manera importante. Por ejemplo, China y Alemania. Ambos presentan grandes superávits comerciales con Estados Unidos y el resto de Europa. Ambos limitan el ingreso y la riqueza de sus trabajadores. La principal diferencia entre ellos es que China mantiene enormes niveles de inversión a través de una burbuja crediticia interna, mientras que las corporaciones alemanas invierten mucho menos y dependen de burbujas crediticias en el resto de la eurozona.

La crisis del euro nunca fue un choque entre los alemanes y los griegos (simplificación del supuesto y mítico choque entre norte y sur). En lugar de ello, se originó en una intensificación de la guerra de clases al interior de Alemania y Grecia a manos de una oligarquía sin fronteras que vive de los flujos financieros.

Por ejemplo, cuando el estado griego entró en bancarrota en 2010, la austeridad impuesta a la mayoría de los griegos hizo maravillas para restringir la inversión en el país. Pero hizo lo mismo en Alemania, al refrenar indirectamente los salarios alemanes en momentos en que la emisión de dinero del Banco Central Europeo hacía que se dispararan los precios de las acciones (y los bonos de los directores germanos).

Se supone que la guerra de clases es más brutal en China y Estados Unidos que en Europa. Pero la falta de unión política de Europa hace que esta bordee el sinsentido, incluso desde la perspectiva de los capitalistas.

No es difícil encontrar evidencias de cómo los capitalistas alemanes derrocharon la riqueza extraída a las clases trabajadoras de la UE. La crisis del euro provocó una masiva devaluación de un 7% de los superávits que el sector privado alemán había acumulado desde 1999, ya que los dueños del capital no tuvieron más alternativa que prestar estos billones a extranjeros cuyos problemas subsiguientes llevaron a sufrir grandes pérdidas.

Este no es un problema alemán solamente, sino uno que afecta a otros países con superávits de la UE. El periódico alemán Handelsblatt reveló hace poco un notable revés. Mientras que en 2007 las corporaciones de la UE ganaron cerca de €100 mil millones ($113 mil millones) más que sus contrapartes estadounidenses, en 2019 la situación se había revertido.

Más aún, se trata de una tendencia en aceleración. En 2019, las ganancias corporativas se elevaron un 50% más rápido en EE.UU. que en Europa, y se espera que la recesión causada por la pandemia las afecte menos, con una pérdida de 20% en 2020 comparada con un 33% en Europa.

El núcleo del enigma europeo es que, si bien es una economía con superávits, su fragmentación asegura que las pérdidas de ingreso de los trabajadores alemanes y griegos ni siquiera se conviertan en utilidades sostenibles para los capitalistas europeos. En pocas palabras, tras la narrativa de la frugalidad del norte acecha el fantasma de una explotación inútil.

Los reportes de que el COVID-19 hizo que la UE elevara sus apuestas son muy exagerados. La lenta muerte de la mutualización de la deuda europea garantiza que al gigantesco aumento de los déficits fiscales nacionales le siga una austeridad de proporciones equivalentes en cada país. En otras palabras, aumentará la intensidad de la guerra de clases que ya ha socavado los ingresos de las mayorías. “Pero ¿qué hay del fondo de recuperación de €750 mil millones que se ha propuesto?”, se podría preguntar. “¿No es un paso adelante el acuerdo de emitir deuda en común?

Sí y no. Los instrumentos de deuda en común son una condición necesaria pero no suficiente para aliviar la guerra de clases intensificada. Para desempeñar un papel progresista, la deuda en común debe financiar a los hogares y las empresas más débiles en toda el área económica común: tanto en Alemania como en Grecia. Y debe hacerlo automáticamente, sin depender de la buena disposición de los oligarcas locales. Debe funcionar como un mecanismo de reciclaje automático que traspase superávits a aquellos en déficit dentro de cada ciudad, región y estado. Por ejemplo, en los EE.UU. las estampillas de alimentos y los pagos de seguridad social apoyan a los más vulnerables en California y Missouri, al tiempo que reasignan recursos netos de un estado al otro sin la intromisión de los gobernadores estatales o los burócratas locales.

En contraste, la asignación fija del fondo de recuperación de la UE a los estados miembros hará que se enfrenten entre sí, ya que la cantidad fija de dinero que se dé a Italia o Grecia se presenta a la clase trabajadora alemana como un impuesto. Más todavía, la idea es transferir los fondos a los gobiernos nacionales, lo que en la práctica equivale a confiar su distribución a la oligarquía local.

Fortalecer la solidaridad de los oligarcas de Europa no es una buena estrategia para empoderar a las mayorías del continente. Muy por el contrario. Cualquier “recuperación” que se logre con esa fórmula defraudará a los europeos y lanzará a la mayoría a un sufrimiento mayor.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Yanis Varoufakis, cofundador del Movimiento por la Democracia en Europa (DIEM25), Yanis Varoufakis es diputado y portavoz de este grupo en el Parlamento griego y profesor de economía de la Universidad de Atenas. Ex-ministro del Gobierno de Syriza, del que dimitió por su oposición al Tercer Memorándum UE-Grecia. Es autor, entre otros, de El Minotauro Global.

Fuente: https://www.project-syndicate.org/commentary/covid19-economic-recovery-class-war-by-yanis-varoufakis-2020-06/spanish

https://rebelion.org/ue-la-guerra-de-clases-del-covid/

 

sábado, 30 de enero de 2016

CAPITALISMO HOY




UNO: MARX


EL CAPITAL Y SU LÍMITE

El verdadero límite de la producción capitalista lo es el propio capital; es éste: que el capital y su autovalorización aparece como punto de partida y punto terminal, con motivo y objetivo de la producción, que la producción sólo es producción para el capital, y no a la inversa, que los medios de producción son meros medios para un desenvolvimiento constantemente ampliado del proceso vital, en beneficio de la sociedad de los productores. Los límites dentro de los cuales únicamente puede moverse la conservación y valorización del valor de capital, las que se basan en la expropiación y empobrecimiento de la gran masa de los productores, esos límites entran, por ello, constantemente en contradicción con los métodos de producción que debe emplear el capital para su objetivo, y que apuntan hacia un aumento ilimitado de la producción, hacia la producción como fin en sí mismo, hacia un desarrollo incondicional de las fuerzas productivas sociales del trabajo. El medio desarrollo incondicional de las fuerzas productivas sociales entra en constante conflicto con el objetivo limitado, el de la valorización del capital existente. Por ello, si el modo capitalista de producción es un medio histórico para desarrollar la fuerza productiva material y crear el mercado mundial que le corresponde, es al mismo tiempo la constante contradicción entre esta su misión histórica y las relaciones sociales de producción correspondientes a dicho modo de producción.

Carlos Marx
EL CAPITAL
1867
Tomo III CAPÍTULO XV
1894
DESARROLLO DE LAS CONTRADICCIONES INTERNAS DE LA LEY*
*Se refiere a Sección Tercera LEY DE LA TENDENCIA DECRECIENTE DE LA CUOTA DE GANANCIA Capítulo XIII LA LEY COMO TAL
(Énfasis agregado)


DOS: VAROUFAKIS


La mayor amenaza al capitalismo es el capitalismo mismo

El capitalismo está en crisis, dice usted. Pero, ¿de qué capitalismo estamos hablando, del anglosajón, el alemán, el chino?
Desde luego, hay muchas formas de capitalismo. Por mi parte, hablo del capitalismo como sistema global, que está en crisis desde 2008. Es la crisis más larga y más seria que hemos vivido desde hace 200 años. Hay similitudes con algunos aspectos de la crisis de los años 1920–1930. Pero los responsables de los bancos centrales son hoy más hábiles a la hora de responder a ella.

¿Qué es lo que resulta disfuncional?
Un ejemplo: en los Estados Unidos y en Europa, estos tres últimos meses el montante total de las inversiones se ha elevado a cerca de 34.000 millones. Al mismo tiempo, más de 50.000 millones siguen ociosos sin nada que hacer en el sistema financiero. Por un lado, tenemos una deuda extremadamente elevada; por el otro, tenemos una enorme cantidad de dinero inutilizado, que no se invierte, que queda en el circuito de las instituciones financieras.

Es un derroche extremo, y eso explica en gran medida la situación de Europa. Los bancos centrales han fracasado y están cada vez más lejos de sus objetivos. En Occidente, Japón incluido, hasta un 30% de quienes tienen entre 18 y 50 años está en situación de desempleo. Se trata de una crisis de envergadura para el capitalismo. Se podría seguir con el catálogo. Todo lo que tenía sentido hasta 2008 ya no lo tiene. Tenemos una crisis de inversión, una crisis de deuda, una crisis de ese dinero que está ocioso. Nunca hemos tenido un volumen de ahorro tan elevado en Europa y un volumen tan débil de inversiones. Este es el problema.

¿Cuál es su remedio? ¿Hay que salir del capitalismo, es reformable?
La izquierda ha tenido siempre el proyecto de substituir el capitalismo por el socialismo. Ese proyecto murió en 1991. Sencillamente, no estaba en situación de llevarlo a buen término. La mayor amenaza al capitalismo es el capitalismo mismo. Puede usted observarlo en Europa. Europa no está amenazada por la izquierda. Hasta un pequeño país dirigido por la izquierda, en el que yo era ministro de Economía, ha acabado por tomar medidas muy conservadoras, simplemente para tratar de estabilizarlo para los bancos. Este diálogo debería haberse producido hace un siglo cuando la izquierda tenía un proyecto para substituir al capitalismo. Pero el socialismo ha muerto. Dicho esto, si esperamos que el mercado obre un milagro y coordine una salida para esta crisis, vamos sin más a fracasar.

¿Qué hacer?
La solución no puede venir sólo del mercado, hay que tener a la gente en cuenta. Los mercados están prisioneros de profecías autocumplidas que agravan los problemas. ¿Por qué no hay inversiones? Porque los inversores, los industriales, los que controlan esos billones durmientes, temen que si invierten el dinero, no acudirá la demanda que lo haga rentable. Dado que no invierten, no hay demanda, y eso confirma sus expectativas negativas de que no habrá demanda. El mercado no hace más que repetir este esquema. Al mismo tiempo, los Estados están paralizados, son incapaces de actuar. Los Estados miembros de la zona euro están ya fiscalmente al límite, no pueden pedir más prestado para gastar más. Los Estados Unidos son casi ingobernables con un Congreso que bloquea a la Casa Blanca. China ya está bastante intervenida y no puede hacer ya más. Nos hace falta una coordinación política racional en el plano del G20, sin la cual va a acabar sucediendo algo terrible. En la década de 1930, fue la guerra finalmente la que tuvo como resultado una coordinación de la política de intervención. La innovación tecnológica interviene en el plano de la microeconomía. Esos progresos son a la vez muy prometedores y muy inquietantes. Los nuevos cambios de la productividad y los aparatos que facilitan el trabajo son la clave del futuro. Este puede revelarse sombrío o agradable. La diferencia vendrá de la forma en que nuestros gobiernos, sobre todo en el plano del G20, respondan a los retos.

El marxista que es usted preconiza una solución política…
Todo es política. La cuestión estriba en saber si se trata de una acción política racional o no, si está coordinada. Comprar un «ipod», un «smartphone» o un automóvil son actos políticos. El problema con el mercado es que todos estos actos políticos no están bien coordinados. El capitalismo no es duradero, pero la izquierda ha desperdiciado todas las ocasiones que ha tenido, y todos los modelos teóricos, para substituir al capitalismo. Pero el capitalismo – ese es mi lado marxista – es un sistema contradictorio que produce su propia Némesis deconstruyendo el orden social.

Volvamos a la innovación: ¿cómo hacerla «agradable» a sus ojos?
Tomemos el ejemplo de las impresoras 3D, una tecnología descentralizada basada en Internet, que va a hacer cada vez más improbable la supervivencia de las empresas que hoy existen. ¿Por qué tenemos necesidad de empresas? Por razones de constancia y de escala de producción, pero ese se vuelve cada vez más redundante. El modelo de capitalismo de empresas se ve cada vez más minado por los productos de esas empresas. Sabiendo que vamos a asistir a una descomposición del poder de las empresas, la cuestión consiste actualmente en saber qué es lo que va a reemplazarlas. ¿Vamos hacia un escenario de segunda era del maquinismo, con un fracaso masivo en producir suficiente demanda para los productos de estas máquinas o encontraremos una vía en la que reestructuremos la forma en la que mantenemos relaciones entre nosotros y relaciones con las máquinas para producir y compartir la prosperidad que estas tecnologías hacen posible?

Es una cuestión política. No se puede resolver por medio de abogados ni por medio de compradores ni de vendedores. Hace falta un esfuerzo por parte de los gobiernos, de los actores del mercado financiero, así como del mundo empresarial. Hay que crear algo nuevo, y acaso se le llame postcapitalismo. En todos los casos, el tipo de acuerdo que resulte de ello será enormemente inestable.

¿Cómo explica usted que los Estados Unidos, parangón del capitalismo, sea el país que mejor se ha recuperado desde 2008 siendo a la vez el principal crítico de la austeridad en Europa?
Los norteamericanos son pragmáticos. No son de los que tiran el dinero. Cuando Richard Nixon se dio cuenta, a finales de los años 60, de que el sistema de Bretton Woods estaba muerto (un sistema inventado por los norteamericanos en los años 40), acabó con él. Los Estados Unidos creen que hay que eliminar lo que ha fracasado. Comprenden que hay que acabar con una deuda insostenible. Entienden que hay que substituir una arquitectura financiera que se ha desfondado. A la inversa, el capitalismo europeo, dado que es bastante más oligárquico, es bastante menos capaz de autocríticas. En el caso griego, los norteamericanos, sean representantes del gobierno o de Wall Street, están completamente de acuerdo conmigo cuando digo que los problemas de Grecia desde 2010 son imputables a los banqueros. No es más que simple sentido común.

¿Se siente decepcionado porque Alexis Tsipras prosiga la misma política que sus predecesores con un tercer plan de ayuda europea?
Evidentemente, esa es la razón por la que dimití. Está claro que estoy en contra, pero no quiero personalizar, la política debe seguir siendo civilizada. Este tercer plan es el mismo que el primero o el segundo. Se prolonga la crisis, se ahonda, pretendiendo que se va a resolver pidiendo prestado a los estados banqueros todavía más dinero de acuerdo con condiciones que nos arruinan. Todavía tendrán que pasar diez años para que nos demos cuenta de que esto no puede funcionar.

Ha declarado usted que la política de austeridad de la que es adalid Alemania se dirigía en realidad a Francia. ¿Qué quiere usted decir exactamente?
Lo que he dicho es que la implosión de las finanzas mundiales en 2008 ha actualizado las fragilidades de la arquitectura del euro. Las reglas sobre las cuales había acuerdo eran imposibles de respetar, pues estaban mal concebidas. Antes que plantearse la cuestión de qué nuevas reglas necesitamos para que funcione, Europa se ha quedado en la negación. Fue el primer periodo durante el cual Bruselas, Frankfurt y Berlín trataban sólo de apagar un incendio. Fue una simple gestión de crisis. Más recientemente, el Banco Central Europeo, gracias a Mario Draghi, que es el operador más hábil de Europa, ha logrado contener los incendios con un cierto éxito. Eso permite ganar tiempo. Los políticos empiezan a reflexionar. París y Berlín están de acuerdo en mejorar la arquitectura, hay una necesidad de unidad política a causa de la unión monetaria.

Pero hay una diferencia de importancia en lo que se refiere a saber qué tipo de unión política es necesaria: los franceses quieren bastante más reciclaje de los superávits de la zona euro hace aquellas partes que son deficitarias, los alemanes quieren más disciplina. Hay un conflicto directo. En esta lucha a Grecia se le ha reservado el papel de laboratorio. ¿Por qué este desorden? Puesto que su relación es problemática, su diálogo no progresará.

¿Va a terminar por imponerse la salida de Grecia del euro [Grexit]?
No. Jamás he apoyado el «Grexit» ni he utilizado este argumento como mercadeo. Hace años que digo que no debíamos haber entrado en el euro. Pero desde el momento en que estamos dentro, hay que resolver el problema. Creo por contra que deberíamos proceder a una suspensión de pagos de nuestra deuda. Cuando se tiene una deuda insostenible, lo que no se puede pretender es que se puede gestionar. Habría que volver a poner en solfa un acuerdo que no funciona, según todas las evidencias.  

Hoy saluda usted el valor de la señora Merkel en su gestión de la crisis de los refugiados…
Nada me regocija más en principio que ver a un oponente político que hace algo bueno. Creo que es mi deber transmitir mis felicitaciones a la señora Merkel. Ha estado absolutamente brillante al dar pruebas de humanismo en un universo sombrío.

Berlín dice que puede mostrarse generoso porque el presupuesto del estado está controlado. ¿No le da eso la razón a su gestión económica?
Eso no tiene nada que ver con el presupuesto. ¿Por qué habría que tener un presupuesto equilibrado? Las familias deben tener un presupuesto equilibrado, pero eso no sirve de nada en el caso de un país. Los Estados Unidos no han tenido jamás un presupuesto equilibrado desde su revolución. Lo que hace falta es un presupuesto duradero. Los Estados no tienen que reembolsar su deuda, todo lo que tienen que hacer es refinanciarla. Mientras dirijas una política fiscal responsable y crezca tu PIB, se puede mantener un poco de déficit. Si Merkel tuviera un déficit superior al 3%, ¿habría hecho regresar a los refugiados, les habría cerrado las fronteras al acercarse? No lo creo.

Suiza ha puesto fin al secreto bancario. ¿Qué piensa usted de la cooperación entre Berna y Atenas en materia de intercambio de información fiscal? ¿Está usted satisfecho de cómo se desarrolla?
No. Queda mucho por hacer. Yo tenía muy buena relación de trabajo con mi homóloga suiza [Eveline Widmer-Schlumpf] y estaba dispuesto a cooperar con aquellos griegos que hicieran una declaración voluntaria de sus cuentas en Suiza. Pero hubiera querido que la transparencia anunciada para 2018 se aplicara desde ahora. A todo el mundo se le dice que la transparencia se la ha impuesto a Suiza la Unión Europea. ¿Por qué no aplicarla inmediatamente? Habría sido estupendo que mi ministerio –mientras era yo ministro– hubiera tenido acceso a los datos de los ciudadanos griegos, al montante de sus haberes en los bancos suizos. Eso habría facilitado la persecución de los defraudadores y ayudado a nuestro presupuesto. Esto nunca llegó a suceder, nunca. Suiza podía haberlo hecho mucho mejor.

Según sus informaciones, ¿cuánto dinero griego hay en las arcas suizas?
No lo sabemos.

Yanis Varoufakis
Declaraciones recogidas por Frédéric Koller para el diario ginebrino Le Temps.
(Énfasis agregado)
Se presenta como economista marxista y se distinguió por ser el principal contradictor de Alemania y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, durante la crisis griega. El exministro griego de Economía, Yanis Varoufakis – que dimitió del gobierno de Alexis Tsipras en julio tras el referéndum sobre el tercer plan de rescate –, estaba invitado el martes [8 de diciembre] por la tarde a un TEDGlobal celebrado en Ginebra. FK
Fuente: Le Temps, 9 de diciembre de 2015
Traducción: Lucas Antón
Fwd: "Hay que crear algo nuevo"
Yanis Varoufakis ex-ministro griego de Economía
Remite: Jairo Mayorga jairomayo@gmail.com 
25 de enero 2016 11:52


TRES: UN COMENTARIO


No podemos seguir en la enredada y soslayada teoría de Francis Fukuyama del Fin de la Historia y el Último Hombre y cantar el final del socialismo. El socialismo sigue y seguirá existiendo y quienes seguimos esa doctrina no somos los que hemos abortado, sino el influjo del peso del imperio del capitalismo que por acciones propagandísticas de sus grandes medios de comunicación, el uso de agresivas políticas de estado, la manipulación de la moneda y el uso de las armas, impide que el socialismo impere como respuesta a las arremetidas vulgares del capitalismo; empero, los que impiden el surgimiento del socialismo son economistas o personas como usted, que creen junto con el citado escritor, que el socialismo murió en 1991 y que además promueven esa teoría y que han sido incapaces, como usted, que aun detentando el poder en la Grecia Posclásica, no pudo con su inexacta ciencia, dar siquiera un puntal de reorganización de la economía griega para que aún que no se apartara del dominio de la banca de occidente, se avizorara por lo menos entre difusas cortinas del Gobierno Griego una solución que salvara al pueblo griego de la debacle económica y social y la sorprendente es que su genialidad fukuyamista y su tendencia extremista que llama, se encaminó por la renuncia en la creencia ciega de que esta es la única alternativa de gobernar un pueblo como el griego preñado de tanta historia y que tantas clases de democracia y del poder y de las ciencias ha dado a la rueda de la historia, en aras de hacer posible en alguna manera, el imperio de la justicia, la equidad, la igualdad y el reparto equitativo de la riqueza y la disminución de la pobreza y en fin del respeto de los derechos fundamentales del pueblo. ¡Qué orgullo, para Grecia!, que su genialidad esté sustentada en gritar que el cadáver del socialismo yace desde el año de 1991 en Wall Street, en los bancos y en las bolsas de sistema capitalista o neocapitalista o que la solución de los grandes problemas de los países pobres se asiente en el extremismo de ¿derecha? ¿Dónde generó usted idea genial alguna para posibilitar que el pueblo griego no siga irradiando al mundo miseria, pobreza, desolación, terror, miedo y angustia y que no siga gritando viva el extremismo y viva el empobrecimiento y viva el hambre?
De: german gustavo rodriguez valencia <consolidesa@hotmail.com>
Remite: Jairo Mayorga jairomayo@gmail.com
25 de enero 2016 11:52


         Nota.-

¿Qué es lo que está en estado terminal: el capitalismo, el izquierdismo, el socialismo?

         La crisis griega es punto clave para comprender este tema de actualidad.

         No es lo mismo señalar el límite del capital, como lo dice Marx, que señalar la amenaza al capital, como lo dice Varoufakis.

         Marx no alcanzó a redactar totalmente su medular obra. Pero en el tercer tomo adelantó la guía de todo su análisis, que es lo que cobra ahora mayor actualidad. Con esta guía se comprende mejor la obra total. Queda para una próxima entrega exponer sus hitos de actualidad: la reproducción simple (una ficción teórica que le hizo posible iniciar el análisis), y el mundo sólo de capitalistas y obreros (una ficción teórica que le hizo posible exponer el límite del capital)

         Cierto, para Varoufakis “el cadáver del socialismo yace desde el año de 1991 en Wall Street, en los bancos y en las bolsas de sistema capitalista” Y por eso se inventa lo de “post-capitalismo” ¿Acaso el feudalismo fue un “post-esclavismo”? ¿Acaso el capitalismo fue un “post-feudalismo”? Esto nomás indica el límite teórico a que ha llegado el izquierdismo, en Grecia y en todas partes.

         Por eso ahora, más que nunca antes, se impone hacer la diferenciación tajante entre izquierda y socialismo. La izquierda está atada de pies y manos al capitalismo y su etapa terminal, la bancocracia, el financierismo. El socialismo está unido al presente-futuro cercano de la humanidad. Por eso el socialismo es humanista y el humanismo es socialista.

         Lo ocurrido recientemente en Grecia, con Tsipras como político y Varoufakis como economista, nos sirve de libro abierto para comprender lo ocurrido en nuestro país, sobre todo en el reciente proceso electoral. En uno y otro lado la crisis económica se expresa en crisis social, ésta en crisis cultural, ésta en crisis política. Si no comprendemos la primera, mal podemos comprender las restantes, menos la política.

         Para eso, la comprensión básica de la medular obra de Marx nos puede abrir las puertas para comprender nuestra realidad actual.

         Es lo que se procurará cumplir en próxima entrega.

Ragarro
30.01.16

  
COLECTIVO PERÚ INTEGRAL
30 de enero de 2016